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La televisión también tiene fiebre de reboot

Nerea Dolara

Foto: NBC News
NBC

Will & Grace y Curb Your Enthusiasm son dos de los últimos regresos televisivos, pero no serán los únicos. La pequeña pantalla también sufre la enfermedad de la nostalgia.

El cine no es el único que ha sucumbido a la era de los reboots y remakes. Puede que la televisión esté viviendo una época dorada, pero eso no ha evitado que recurra a la nostalgia como garantía de audiencia. Este año, y el que viene, tienen muchos ejemplos de reboots de antiguas series que pretenden, aunque sea con una sola temporada nueva, atraer audiencias. Normalmente se trata de canales abiertos americanos que están sufriendo los embates de la competencia que significan los servicios de streaming. Pero no es así en todos los casos y no siempre resulta una mala idea.

Este mes ha habido dos ejemplos claros de clásicos televisivos que han intentado un regreso, más o menos exitoso: Will & Grace y Curb Your Enthusiasm.

La primera, mito televisivo por su normalización de sus personajes gays (en un panorama televisivo que los utilizaba como estereotipos o chistes generalmente) que comenzó a emitirse en 1998, vuelve a las pantallas en un tiempo en que la cultura es completamente otra: la fluidez de género y de preferencias sexuales es básicamente la norma en la juventud. Pero la serie, que regresa con sus cuatro protagonistas originales (los excelentes: Debra Messing, Erick McCormack, Sean Hayes y Megan Mullally), ha logrado adaptarse a los tiempos sin perder su esencia original y su excelente humor.

Menos buenas críticas ha recibido el regreso de Larry David. El co-creador de Seinfeld protagonizó Curb Your Enthusiasm en HBO desde 2002 y su insoportable personaje representaba un cierto tipo de hombre blanco privilegiado e iracundo que le daba a los espectadores alguien a quien detestar y, a la vez, apoyar (cuando sus némesis eran hombres blancos privilegiados e iracundos peores que él). Pero a su vuelta muchos han criticado la falta de adaptación a los nuevos tiempos que demuestra la serie. Las bromas se sienten desconectadas de una realidad en que un hombre blanco privilegiado e iracundo es el peligroso presidente o en la que los chistes étnicos o machistas suenan anticuados.

Ya hace unos meses David Lynch protagonizó el reboot más esperado y celebrado del año (algunos críticos no fueron tan positivos, pero el balance general fue bueno): el regreso de Twin Peaks.

La serie responsable de incluir el surrealismo en el panorama televisivo, volvió en un tiempo en que su forma de relatar ya no es tan original (su influencia es clara en mucha televisión desde hace años), pero que sigue siendo seductora.

Otros muchos reboots se esperan para lo que queda de 2017 y para el próximo 2018.

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Imagen de la primera temporada de Roseanne | Imagen vía ABC

Roseanne (2018)

Un clásico de la comedia de los noventa, y una rareza en los panoramas actuales por retratar a una familia obrera con problemas de dinero, la serie volverá haciendo algunos cambios a su final. Por ejemplo, el glorioso John Goodman no estará muerto. Roseanne vuelve en un tiempo en que el presidente Trump se ha dedicado a insultar a la comediante homónima por sus opiniones contrarias, por lo que no es difícil intuir que el reboot tendrá peso político y una maldad seductoras para mucha audiencia.

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Un clásico de las telenovelas, más que de las series, Dinastía. | Imagen vía IMDB

Dinastía (2017)

Esta mítica telenovela de los ochenta vuelve más joven y más provocadora. Los encargados de revivirla son los creadores de The O.C. y Gossip Girl, por lo que es predecible esperar buenos personajes y mucho drama. El melodrama, que se centra como antes en dos familias millonarias y sus rencillas, tiene protagonistas femeninas fuertes y promete traer de vuelta algunos de los personajes originales.

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Charmed, las tres hermanas que también eran brujas Imagen vía Sony

Charmed (2018)

¿Se acuerdan de este trío de hermanas brujas? Pues parece que el año que viene estarán de vuelta. Tras la serie, que será realmente una precuela en que tres chicas descubren sus poderes en 1974, tiene a la cabeza a dos escritoras de Jane The Virgin, que pretenden darle más humor a la trama de las hermanas brujas y sus luchas contra hechiceros y demonios. La serie aún no está confirmada, pero tampoco ha sido descartada… queda esperar.

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Clásico intergaláctico | Imagen vía IMDB

Star Trek: Discovery (2017)

La serie sobre la tripulación del USS Enterprise ha tenido varias iteraciones en diferentes momentos del siglo XX y XXI. La primera tuvo a la cabeza al rebelde Capitán Kirk y el racional Spock, pero luego vinieron el Pickard, Archer, Sisko, Janeway… y ahora hay una nueva versión para los tiempos millenial. En esta versión, que es una precuela y que tiene como protagonista a una hermana adoptiva de Spock, las mujeres tienen el mando de la trama. La crítica ha sido buena y la serie ha emitido unos pocos episodios, con éxito. Queda ver qué vendrá y cómo adaptarán sus historias al futuro que ya conocemos todos.

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6 series animadas que no son para niños

Nerea Dolara

Bojack Horseman estrenó su cuarta temporada la semana pasada rodeada de alabanzas críticas. Pero no es la única serie animada que todos los adultos deberían ver. ¿Qué crees que es tema de niños? No tienes idea.

La semana pasada se estrenó la cuarta temporada de Bojack Horseman en Netflix. Esta serie, que en su última entrega podría definirse con dos adjetivos – devastadora e hilarante – es la última en una lista creciente de show animados para adultos que bien podrían ya tener su propia categoría como series de comedia y drama en los Emmy. Bojack es genial en su mezcla de temáticas fuertes (la nueva temporada se adentra en la herencia del trauma, la demencia y la desintegración de un matrimonio) y de risas encantadoras (como sus chistes visuales, su visión humorística con respecto a sus personajes animales y su enganche con tramas de humor del más tontuno). Una serie que, si no fuese animada (además de no ser tan brillante) sería tomada mucho más en serio.

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Los personajes de Bojack Horseman | Imagen vía Netflix

Bojack Horseman tiene como protagonista al personaje homónimo, un ex actor fracasado, que vive del dinero de una vieja mala sitcom que hizo en los noventa. Con él vive Tod, un joven sin trabajo y con una constante necesidad de complacer a todo el mundo, que es también asexual. También le acompañan su agente es una gata rosa llamada Princess Carolyn, que afronta el paso del tiempo y su frustración por no poder formar una familia. Diane, una periodista frustrada que se hace su amiga cuando escribe su biografía, lucha con la depresión y una enorme sensación de insatisfacción. Y el esposo de Diane, Mr. Peanutbutter, un labrador ex actor, es un tonto dulce con nada de maldad y mucha ignorancia. Con el paso de las temporadas la oscuridad de las tramas y la complejidad de las tramas, así como las consecuencias de las malas decisiones, pesan sobre estos personajes de maneras sublimes y dolorosas.

La serie del ex actor-caballo consumido por su vacío existencial no es la única que seduce a adultos en busca de series de buena calidad que ver. Incluso algunas que se suponen para niños… ofrecen tramas y personajes atractivos para un público que dejó la infancia atrás hace rato.

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Archer | Imagen vía FX

Archer

Esta serie de FX cuenta con nueve temporadas y tiene como protagonista a Sterling Archer, un espía que se autocataloga como “el mejor del mundo”. Como es de esperar es un ególatra, pero es también una sátira de Don Draper que bebe y trata a las mujeres como, bueno, como estos hombres retro y machistas. Trabaja junto a su madre, jefa de su agencia, una mujer castradora y hostil. La serie dio un giro absoluto en la temporada cinco cuando, tras ser desbancados por el gobierno, deciden convertirse en narcotraficantes… de ahí Archer ha jugado a cambiar y reinventarse muchas veces, siempre con humor negro.

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Bob’s Burgers | Imagen vía FOX

Bob’s Burguers

Con ocho temporadas y dos Emmys a programa animado, esta sitcom sobre una familia que lleva un restaurante de hamburguesas. La historia de los Belcher se centra en la lucha por hacer que su negocio funcione y, a la vez, en las relaciones de la familia. Muy graciosa y con corazón, merece la pena ser vista. Y todos los críticos llevan años diciéndolo. En 2012 la eligió la décima mejor serie del año.

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Rick y Morty | Imagen vía IMDB

Rick and Morty

Tiene sólo tres temporadas, pero es otra de las que tiene una lista de fieles seguidores. Comenzó como un corto animado de parodia de Regreso al futuro y se convirtió en una oscura (tiene un humor muy negro y sarcástico) serie sobre un abuelo cínico, que además es un cinetífico loco, y su manipulable nieto. La historia salta entre su dinámica familiar y sus experimentos alocados e interdimensionales.

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Adventure Time creada por Pendleton Ward para Cartoon Network. | Imagen vía Cartoon Network

Adventure Time

Pensada para niños, esta serie, que lleva nueve años al aire, mezcla la imaginería de videojuegos y juegos de mesa, como Calabozos y dragones. De todas es la que más premios ha recibido: Emmy, Peabody, Critic’s Choice y hasta un premio de Sundance. Los protagonistas son Finn, un niño aventurero, y su hermano adoptivo, Jake, un perro que puede cambiar de tamaño y forma.

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Steven Universe fue creada por Rebecca Sugar para Cartoon Network. | Imagen vía Cartoon Network.

Steven Universe

Prima cercana de Adventure Time, fue creada por una ex dibujante de la primera. La serie infantil se centra alrededor de Steven quien vive con tres “Gemas” una mezcla mágica de alien y humanoide. Juntos protegen al mundo. La serie ha ganado seguidores rápidamente, tiene sólo cinco temporadas, por su trato de sus personajes LGBTQ o de las diferencias en el color de piel o la identidad corporal.

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Continúa leyendo: 5 sitcoms que salvan el género porque son tan actuales como graciosas

5 sitcoms que salvan el género porque son tan actuales como graciosas

Nerea Dolara

Las sitcoms tuvieron una era de oro con Friends y Seinfeld, pero hoy las que triunfan son las que además de humor hablan del mundo actual. Estas son las sitcoms de hoy que deberías conocer.

Los ochenta y noventa fueron las décadas de la sitcom. Esta abreviación de comedia de situación ofrecía un formato práctico y adaptable: episodios de menos de media hora, un reparto variado de personajes y, lo más importante, la posibilidad de presentar situaciones en cada ocasión, pero regresar al status quo previo al final del episodio. Es decir, un formato en que los personajes podían crecer pero siempre se mantenían más o menos iguales y, por ende, serializables hasta el infinito. Como se sabe la posibilidad de infinito no era del todo cierta (igual que la del progreso) sitcoms que fueron mitos cayeron de sus altares tras años al aire debido al descenso de su calidad.

La invasión de sitcoms que produjo el éxito de Friends y Seinfeld -dos series que aún mantienen altos niveles de espectadores en plataformas de streaming- hizo que a principios de los 2000 nadie quisiese acercarse al género, por cansado. Era el tiempo de los dramas, del antihéroe, de la seriedad televisiva que inició “la era dorada” de la que tanto se habla hoy. La sitcom perdió su estatus y su respeto. Se desdeñó como un género fácil y poco elegante (aunque hubo excepciones como How I Met Your Mother que sobrevivieron a la extinción del género utilizando la originalidad narrativa). Pero en los últimos años estos prejuicios han sucumbido ante comedias que se merecen mucha más audiencia y amor de la que actualmente tienen. Sitcoms que asumen su esencia sin dudarlo, que miran a los clásicos del pasado y los reinventan para estos tiempos.

Series como Friends o Seinfeld, ejemplos calidad que se mantiene en el tiempo, son también un retrato claro de su momento histórico: repartos enteramente blancos y heterosexuales, chistes homofóbicos, comportamientos machistas (por dios hasta How I Met Your Mother tendría problemas para emitirse hoy en día). La razón es simple: salas de guionistas llenas casi exclusivamente de, sí, hombres blancos heterosexuales. Con la presión por la diversidad que se ha apoderado del mundo audiovisual actualmente, incluso con creadores que son hombres blancos heterosexuales, las nuevas sitcoms ofrecen un panorama muy diferente.

5 sitcoms que salvan el género porque son tan actuales como graciosas

Modern Family (2009-presente)

Cuando se estrenó despertó amor y alabanzas en la crítica y los espectadores. La historia fragmentada de una familia actual -un patriarca en sus segundas nupcias con una mujer latina más joven, una hija mayor con un matrimonio de décadas y tres hijos y un hijo menor gay con una pareja de años- se convirtió en la portadora de la llama olímpica de las sitcom en televisión, que en ese momento eran poquísimas. Parte del entusiasmo provino de la diversidad (Mitch y Cam son una pareja gay que adopta una hija y Gloria es una inmigrante colombiana) y parte de la magia que exudaban unos personajes perfectos en su mezcla de humanidad, realismo y humor. Pero también del hecho que Modern Family es, a la vez, conservadora y segura. La serie no se arriesgó del todo y es por eso que ahora, con los años, se tilda de aburrida y segura en los círculos de Hollywood. Pero no hay que olvidar que, como sus buenas predecesoras, esta sitcom tiene el potencial de verse una y otra vez y un reparto mágico.

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Superstore (2015-presente)

Otra serie que se desarrolla en un ambiente laboral, pero en este caso además de asumir la diversidad como algo normal en el mundo, también es una serie que habla de los problemas económicos de la clase trabajadora. Superstore se desarrolla en una mega tienda al estilo de Makro o Alcampo. Sus empleados, que ganan un sueldo ínfimo, han pasado por tramas -llenas de humor pero también de serio comentario social- sobre la formación de un sindicato o la falta de cobertura médica. Superstore es una sitcom poco conocida pero realmente disfrutable, que además piensa sobre el país en que se desarrolla y habla de los problemas de quienes más sufren.

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Brooklyn Nine-Nine (2013-presente)

Esta es una sitcom que casi podría haberse sacado del pasado, si no fuese por todo lo que realmente es. El formato es básico: una comisaría de policía y sus integrantes. Pero son esos integrantes los que le dan a esta serie su toque único. Detrás de su creación esta Mike Schur (responsable de Parks and Recreation y The Good Place) por lo que no es una sorpresa que sus personajes sean humanos e hilarantes. En Brooklyn Nine-Nine el reparto es diverso a más no poder: hay razas, géneros y preferencias sexuales variadas. Pero eso no es el punto, de hecho lo que le da frescura es que su variedad es algo que sus personajes y el espectador con ellos asume como lo que es, algo normal. La serie además disfruta haciendo bromas sobre los prejuicios del pasado, burlándose de las mentalidades reprimidas y retrógradas que aún existen en muchos sitios con agudeza.

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Fresh off the Boat (2015-presente)

Es la historia de una familia taiwanesa que emigra a Estados Unidos en los noventa, y abre un restaurante de carne con temática cowboy, y su adaptación vista desde diversas generaciones. Antes de esta serie la representación asiática en la televisión americana era casi inexistente o casi en exclusiva centrada en estereotipos. Con ella llega una historia de inmigrantes, de lo difícil que es la adaptación, de la nostalgia, las diferencias culturales y los nuevos comienzos. Una serie perfecta para explorar la experiencia de quien llega a otro país en busca de una mejor vida y sus particulares circunstancias.

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Black-ish (2014-presente)

Una familia negra -padre, madre y cuatro hijos- viven una existencia acomodada gracias al éxito profesional del padre. Pero él comienza a cuestionarse si su familia ha perdido contacto con sus raíces, con su cultura, gracias a estas comodidades y al hecho de que estén rodeados de familias blancas. Así comienza esta excelente comedia que, en principio podría parecer otra sitcom familiar al estilo de Príncipe de Bel-Air o Cosby Show, sino fuese porque el hecho de ser afroamericanos es parte fundamental de esta familia y no algo que es pero no se habla. La serie discute la raza, la cultura y la política con humor pero también con profundidad y corazón. Uno de sus mejores episodios se centra en la familia lidiando con el tema de los asesinatos policiales a jóvenes negros.

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House of Cards fue el comienzo de una era... pero esa era la dejó atrás

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

Ya no sólo se trata de la injustificable conducta de Kevin Spacey, House of Cards, la primera serie en streaming, había muerto mucho antes de que su protagonista fuese descubierto como un depredador. Analizamos la serie: su triunfo, su influencia y su caída.

En un tiempo en que Netflix estrena series cada semana y producciones de Hulu o Amazon Prime, como The Handmaid’s Tale y Transparent, ganan Emmys por decenas, es difícil imaginar cómo era el mundo de las series antes del streaming. Pero no es imposible. Porque si se piensa un poco, esta tendencia, que cambió el mundo de la televisión y tiene bajo amenaza a los canales de señal abierta,  comenzó en 2013… no hace 20 años. House of Cards, la serie que actualmente ha sido cancelada con la excusa de la indefendible conducta de Kevin Spacey (actualmente las acusaciones de abuso incluyen a varios hombres, incluidos miembros del equipo del show), pero que ya había perdido combustible y amor de la crítica y el público, fue quien inauguró una era que ha cambiado el panorama considerablemente.

En enero de 2013, Netflix estrenó este thriller político (basado en una serie inglesa homónima) y estrenó un modelo de distribución que modificaría, luego, la forma en que se mira televisión: toda la temporada fue subida al mismo tiempo a la web del servicio de streaming. Los canales de señal abierta criticaron la decisión, decenas de artículos hablaron de cómo este sistema no funcionaría: la gente vería la serie en un fin de semana y todo el proceso mediante el cual la crítica, las reseñas, la publicidad y el ciclo de la prensa funcionan se perdería y con ellos la posibilidad de éxito del programa. Significaba saltarse años de tradición, de una forma de hacer las cosas. La realidad fue otra. House of Cards fue un éxito instantáneo a su estreno, y no sólo eso: probó que el binge watching estaba aquí para quedarse. Netflix ya había anunciado con su estreno que invertiría 300 millones de dólares en varias series y que se proponía, por lo menos, estrenar 5 programas originales al año.

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El controversial Frank Underwood interpretado por el controversial Kevin Spacey. | Imagen via Netflix.

House of Cards fue la primera prueba de que el mundo televisivo estaba adaptándose a los tiempos, buscando una manera de conectar con nuevas audiencias de la sociedad de la información que prefieren acceder al contenido cuando y donde quieran. No sólo se trató de espectadores y críticos, la serie recibió en su primer año varios Emmy: tres de 14 nominaciones. Fue la primera vez que un productor de contenido exclusivamente online recibía premios de la Academia de Televisión.

Siguió un cambió de ritmo en producción y distribución de programas de televisión como pocos han visto en otros ámbitos. De facto todo el sistema tuvo que abrir sus puertas y recibir a nuevos competidores.

En sus cinco años de existencia, House of Cards ha sido siempre un estandarte de la era streaming, pero en sus últimas temporadas ha perdido relevancia. Igual que en 2013 fue una novedad llena de atrevimiento y sarcasmo, cinco años después se convirtió en un producto de una vieja escuela que ya no atrae a los espectadores. ¿Qué pasó?

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¿Llegará finalmente Claire Underwood a la presidencia? | Foto vía Netflix.

Bueno, el mismo nuevo universo que inauguró ha sido su perdición. La competencia se ha hecho férrea y amplísima. Hay series por doquier y cada una mejor que la otra. En un mundo en que hay más de 500 series sucediendo al mismo tiempo la excelencia es vital, y House of Cards dejó atrás la calidad al poco tiempo de comenzar. No sólo se trató de que no pudiese competir en el mismo ámbito que creó. El momento político tampoco favoreció su causa. Mientras series como Veep, que se burlan de los políticos de la Casa Blanca y se han convertido en comentaristas sarcásticos y críticos de la actualidad, House of Cards continuó con su primera elección: un protagonista deleznable con ansias de poder por el que la audiencia siente fascinación. Y sí, cuando la Casa Blanca no estaba ocupada por un aprendiz de tirano peligrosamente ignorante, esto podía ser atractivo. Pero cuando la realidad se hizo grave y los giros de trama noveleros de la serie se hicieron irreales e incluso patéticos ante el presente, House of Cards perdió cualquier posibilidad de volver a ganar su sitio.

Se suponía que la serie tendría una sexta temporada, pero la producción se detuvo. Netflix afirmó que no trabajaría más con Kevin Spacey en House of Cards, por lo que si la serie continúa en producción para finalizar la temporada que queda, Frank Underwood ya no estará en ella.

La verdad es que el servicio de streaming ya se había planteado acabar con la serie tras una sexta temporada (los números, que no revelan nunca, no deberían ser buenos). Nunca han sido de la política de cancelar series, de hecho comenzaron sólo hace poco, pero su producción estandarte llevaba años siendo un peso a la espalda de una compañía que cuenta ya con suficientes buenas producciones como para prescindir de las que no funcionan. El escándalo con respecto a la imperdonable conducta de Spacey es el último clavo en el ataúd. House of Cards puede haber cambiado el mundo de las series, pero ese mismo mundo se hizo mejor muy rápido y la dejó atrás. Ser un pionero no garantiza el éxito a largo plazo.  

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Nouvelle Vague o cómo vivir una noche a lo Twin Peaks en Madrid

Redacción TO

Una de las peculiaridades de la tercera temporada de Twin Peaks es sin duda ese espacio que David Lynch, melómano empedernido, decidió darle a la música, específicamente a la música de bandas indies desconocidas pero maravillosas. Generalmente al final de cada episodio una escena en el Bang Bang Bar sirve de excusa para ver un performance de grupos como The Cactus Blossoms, Chromatics o Au Revoir Simone. Luces bajas, ambiente placentero, música sugerente.

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“Il fait chaud” | Foto: The Objective.

En el caso de Nouvelle Vague, el colectivo francés liderado por Olivier Libaux y Marc Collin que ayer cerraba el ciclo de Madtown Days en la Sala But de Madrid, están lejos de ser desconocidos ya que llevan más de una década (re)interpretando algunas de los mejores temas de bandas icónicas del punk y post-punk de los 80s y 90s como The Clash, Buzzcocks o Joy Division con sus inconfundibles arreglos en clave de jazz y  bossanova. Sin embargo, qué sorpresa, las luces, el ambiente, la música…

En vivo Nouvelle Vague tiene una fuerza y una presencia inesperadas. Elementos precisos, guitarra, contrabajo, teclados, una percusión muy interesante y dos voces femeninas que le dan vida tanto a los clásicos como a los temas originales que desde la publicación del álbum I Could Be Happy en 2016 acompañan a la apuesta de la banda.

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Melanie Pain, una de las cantantes de Nouvelle Vague. | Foto: The Objective.

A lo largo de esa hora y media que pasó rápido y lento, como en los sueños o las pelis de Lynch, sonaron maravillas de los 80s como How Does It Feel, Ever Fallen in Love, I Wanna Be Sedated, In a Manner of Speaking, pero definitivamente uno de los momentos más sorprendentes de la noche fue la batucada con la que cerraron la versión de I Just Can’t Get Enough de Depeche Mode. Sí, Depeche Mode en batucada.

Definitivamente el cierre ideal para una cuarta edición inolvidable de Madtown Days que comenzó con la presentación de los colombianos electropicales de Bomba Estéreo en la Sala Riviera y se despide justo cuando el frío comienza finalmente a apoderarse de la ciudad.

MTD by Jim Beam, promovido por Radio Madrid, ha logrado que la capital sea el centro representativo de diferentes apuestas musicales dirigidas a los amantes del directo y desde ya estamos esperando la quinta edición.

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