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La tristeza también tiene su lado bueno

María Hernández

Cada vez más vemos cómo las empresas intentan fomentar entre sus empleados la positividad y la felicidad. En algunas agencias de publicidad, por ejemplo, los creativos cuentan con lo que llaman “sala de pensar”, un espacio diferente y divertido para fomentar la creatividad. Y no solo pasa esto en las empresas: anuncios a todas horas nos recuerdan que debemos evitar la tristeza, buscar motivos para ser felices, para estar alegres.
Sin embargo, varios estudios científicos han demostrado que las emociones negativas despiertan mucho más la creatividad. Si no, que se lo digan a cantantes y poetas del mundo entero, que nos ofrecen constantemente sus letras más profundas sobre sus amores, o más bien sus desamores. Vamos, que si necesitas buenas ideas, mejor estar triste.

Todo tiene una explicación

El hecho de que las emociones negativas faciliten la creatividad tiene una explicación bastante sencilla: una de las habilidades necesarias para ser creativo es la de solucionar problemas, y esto es mucho más sencillo si se han tenido problemas reales. La científica Anna Jordanous, de la Universidad de Kent, y el lingüista Bill Keller, de la Universidad de Sussex, han llevado a cabo un estudio en el que han determinado cuáles son los componentes que intervienen en el proceso creativo. Son catorce en total, entre los que se encuentran la capacidad de tratar con lo incierto, la independencia y la libertad, la originalidad o la espontaneidad. Según la actividad que tengamos que llevar a cabo, estos catorce componentes deberán encontrarse en un nivel u otro para ser efectivos, es decir, no existe la fórmula exacta de la creatividad.

Pero no han sido ellos los únicos en estudiar este tema. Numerosos estudios han tratado de establecer la relación entre la creatividad y enfermedades mentales como la depresión. El danés Karol Jan Borowiecki examinó en un estudio el estado emocional de Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y Franz Liszt, tres de los compositores más influyentes en la cultura occidental.

Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia (Foto: Kerstin Joensson/AP)
Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia. (Foto: Kerstin Joensson/AP)

Utilizó un software de análisis del lenguaje para estudiar textos escritos por estos tres artistas en busca de emociones, tanto positivas como negativas, y después los comparó con sus composiciones más importantes en ese periodo de tiempo. Así, el autor de este estudio descubrió que había una unión entre los períodos más tristes de la vida de estos compositores y sus mejores piezas musicales. “La creatividad, medida por el número de composiciones importantes, es atribuible causalmente a estados de ánimo negativos, especialmente a la tristeza”, explica el investigador.
“La tristeza es una emoción importante, muy importante. La tristeza se genera por la constatación y aceptación de una pérdida, pérdida que incide en nuestro mundo afectivo-relacional”, explica Antonio Esquivias, especialista en educación emocional, y añade que “los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza y esta emoción se encuentra en el origen de algunas de las más bellas obras de arte, tanto de la literatura, como de la música o la pintura y el cine”.

” Los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza”

Como todo, esto se ve mucho mejor con ejemplos. Por eso hemos decidido ahondar un poco más en el mundo de la música y la pintura para buscar signos de esta relación en algunos de los artistas más reconocidos, tanto nacional como internacionalmente.

La “nube negra” de Joaquín Sabina

El famoso cantautor andaluz Joaquín Sabina es un perfecto ejemplo de que una depresión puede ser la causa de la creación de verdaderas obras de arte.

En el año 2005, tras superar una depresión causada por una enfermedad y una ruptura, el cantante publicó su disco “Alivio de luto”. Este álbum dio un paso hacia la sencillez, con una instrumentación más básica para centrarse en la sensibilidad de la música.

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte”

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte, cuando corta la espada de lo que ya no existe, cuando deshojo el triste racimo de la nada”. Estos son algunos de los versos de “Nube negra”, una de las canciones de este disco, que expresa claramente la difícil época por la que pasó el artista.
Sabina, en numerosas entrevistas, declaró que fue adicto a la cocaína y que, durante la época en que consumía, también se bebía a menudo más de una botella de whisky. Explica que fueron sus amigos los que lo sacaron de esta depresión en la que no sabe cómo entró.

Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU  (Foto: Donald Traill/AP)
Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU. (Foto: Donald Traill/AP)

“Me falta una mujer, me sobran seis tequilas, no ver para querer, malditas sean las pilas que me hacen trasnochar echándonos de menos, echándome de más, almíbar y centeno”. Así comienza la canción “Seis tequilas”, otra muestra de que los malos momentos por los que pasó el cantautor le inspiraron la creación de canciones que, como la mayoría de sus letras, son verdaderas obras de arte.

El rock más triste

Saliendo del territorio nacional y acercándonos a otro género musical, nos encontramos con los casos de Axl Rose, el vocalista del grupo Guns n Roses, y Kurt Cobain, el nombre más conocido del grupo Nirvana.

Kurt Cobain en un documental emitido en 1993 (Foto: Mark J.Terrill/AP)
Kurt Cobain en un documental emitido en 1993. (Foto: Mark J.Terrill/AP)

De ambos artistas se ha dicho durante años que fueron diagnosticados como bipolares. Aunque ha habido mucha polémica y mucha especulación alrededor de estos diagnósticos, lo cierto es que, bipolares o no, ambos cantantes pasaron por etapas realmente complicadas durante su vida, tanto que Kurt Cobain se acabó suicidando a los 27 años.
El último albúm del grupo Nirvana, “In Utero”, es considerado por algunos como una nota de suicidio del cantante. Canciones como “Rape me” (Viólame) muestran su rabia: “Rape me, rape me my friend, rape me, rape me again” (viólame, viólame mi amigo, viólame, viólame otra vez). Y otras, como Heart-Shaped Box, son una muestra de su melancolía y su tristeza: “I’ve been locked inside your Heart-Shaped box for weeks” (he estado encerrado en tu caja con forma de corazón durante semanas).
Lo mismo ocurre con “Appetite for destruction”, el primer álbum de Guns n’ Roses, en el que encontramos letras con mucha fuerza y rabia, como las de “Out ta get me”: “They scream and yell, and fight all night, you can’t tell me, I lose my head, I close my eyes, they won’t touch me, cause I got somethin, I been buildin up inside, for so fuckin long” (Chillan y gritan, y pelean toda la noche, no puedes decírmelo, pierdo la cabeza, cierro los ojos, no me tocarán, porque tengo algo, que he estado construyendo dentro de mí, durante un jodido largo tiempo).

Axl Rose en un concierto de Guns n' Roses en el O2 Arena de Londres (Foto: Mark Allan/AP)
Axl Rose en un concierto de Guns n’ Roses en el O2 Arena de Londres. (Foto: Mark Allan/AP)

La tristeza también se pinta

Pero la tristeza no solo se manifiesta con palabras. Y una prueba de ello son las numerosas obras de Vincent Van Gogh. El famoso pintor holandés sufrió numerosos problemas de salud durante su vida, entre los que se encontraban ataques de epilepsia y episodios de lo que se cree que podría ser bipolaridad. Además, el artista ingería grandes cantidades de Absenta, cuyos componentes agravaban su epilepsia y depresión.

En Mayo de 1889, Van Gogh ingresó en un hospital psiquiátrico, y durante el año que permaneció allí pintó algunos de sus cuadros más conocidos, como “Lirios” o “La noche estrellada”. Durante ese año pintó alrededor de 140 cuadros.

"La noche estrellada" de Van Gogh en una exposición en Beijing (Foto: Mark Schiefelbein/AP)
“La noche estrellada” de Van Gogh en una exposición en Beijing. (Foto: Mark Schiefelbein/AP)

Esto es una prueba más de que no es necesario ser feliz o estar contento para tener ideas creativas o para crear obras de arte realmente buenas.

Estos cuatro artistas son solo un ejemplo de todas las teorías que relacionan la tristeza y la creatividad, pero no son los únicos: Woody Allen, Agatha Christie, Charles Dickens, Ernest Hemingway, Joan Miró, Sylvia Plath, Edgar Allan Poe, Paul Gauguin, Franz Kafka y muchos otros, que nos han dejado un increíble legado cultural, también sufrieron depresiones a lo largo de su vida.
Pero, como dice la frase popular “la excepción confirma la regla”, no todas las obras de arte vienen de la tristeza o la depresión. Así que todavía nos quedan opciones de convertirnos en artistas. Y si no, pues al menos seremos felices.

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Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo y España no es uno de ellos

Redacción TO

Foto: ELOY ALONSO
Reuters

En la esfera internacional, los españoles tenemos fama de perezosos, de pasar todo el día de fiesta o de dormir la siesta. Estos prejuicios están muy equivocados como pone de manifiesto un nuevo estudio en el que se asegura que España es uno de los países más activos del mundo.

Un grupo de científicos estadounidenses ha estudiado durante meses la actividad física de más de 700.000 personas en todo el mundo a través de la aplicación Argus, y ha usado los datos anónimos de estas personas para elaborar un mapa con los países más activos y más sedentarios del mundo.

Los científicos de la Universidad de Stanford han analizado la actividad física de personas de 111 países, recopilada durante unos 95 días de media, sumando en total 68 millones de días de actividad física registrados.

¿Quiénes son los más activos?

España es el quinto país más activo del mundo. Los españoles dan 5.936 pasos de media al día, solo superados por China, Japón, Rusia y Ucrania.

La aplicación, instalada en los smartphones de 717.000 personas, cuenta los pasos diarios que da cada uno de los individuos, así como las calorías quemadas durante el ejercicio físico, además de controlar los periodos de reposo y la dieta de cada persona.

Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo, y España no es uno de ellos 2
Los investigadores han creado un mapa de actividad en el mundo. | Foto: Tim Althoff/ Universidad de Stanford

Hong Kong es el lugar más activo del mundo, con una media de 6.880 pasos al día.

¿Quiénes son los menos activos?

Los países más inactivos se encuentran sobre todo en el Golfo Pérsico, como Arabia Saudí y Qatar, y en el sudeste asiático, como Filipinas y Malasia. Los ciudadanos con menos actividad física diaria son los indonesios, con casi la mitad de pasos que los chinos.

Los países de América Latina se encuentran hacia la mitad de la tabla, con Brasil en el puesto 40, por ejemplo. Los venezolanos, argentinos o colombianos tampoco son muy activos.

Pero quizás los que más destacan en este mapa son países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, que se encuentran entre los diez lugares menos activos y los más obesos del mundo.

Desigualdad entre géneros

Además de medir el nivel de actividad física que existe en cada país, con este estudio los investigadores han descubierto una gran diferencia entre hombres y mujeres en ciertos países.

Algunos estudios hechos anteriormente, principalmente en Estados Unidos, habían mostrado que los hombres andan más que las mujeres, y las investigaciones de la Universidad de Stanford demuestran que este hecho es cierto también a nivel global.

Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo, y España no es uno de ellos 3
Las mujeres suelen tener menos actividad física en los países con desigualdad entre géneros. | Foto: Bob Edme/AP

Sin embargo, la desigualdad varía según el país. “Por ejemplo, Suecia tiene una de de las menores grietas entre los ‘ricos’ y los ‘pobres’ en lo que se refiere a actividad, y tiene la menor disparidad entre los pasos de los hombres y las mujeres”, explica uno de los autores del informe, Tim Althoff.

Además, explica que la desigualdad afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. “Cuando la desigualdad en la actividad es mayor, la actividad de las mujeres se reduce mucho más dramáticamente que la de los hombres”, explica otro de los autores principales del informe, Jure Leskovec.

La desigualdad y la obesidad

Los lugares donde los índices de obesidad son más bajos tienen una mayor igualdad en cuanto a actividad física y sus ciudadanos andan una cantidad de pasos similar.

“En países con poca obesidad, la gente mayoritariamente da una cantidad de pasos similar al día. Pero las grandes diferencias entre la gente que anda mucho y la que anda muy poco coinciden con altos niveles de obesidad”, explica el informe.

Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo, y España no es uno de ellos 4
La obesidad es mayor en países donde hay una gran desigualdad entre la cantidad de pasos que anda cada ciudadano. | Foto: Mark Lennihan/AP

Un ejemplo de esto es Estados Unidos, que se sitúa en el cuarto puesto por la cola respecto a desigualdad en actividad, también es el quinto por abajo en diferencias entre géneros y tiene unos elevados índices de obesidad.

Los investigadores querían ayudar con este estudio a determinar por qué la obesidad es un problema mayor en algunos países, ya que alrededor de 5,3 millones de personas mueren por causas asociadas a la falta de actividad física cada año.

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Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

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Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 3
Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 2
El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 4
Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

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El jardín prohibido

José María Albert de Paco

Foto: Francois Mori
AP Photo, File

“Saquen su rosario de nuestros ovarios, saquen su doctrina de nuestra vagina. / Ni amo ni Estado ni partido ni marido.” Tal es el estribillo de ‘Mi cuerpo es mío’, del dúo cubano Kruda Cubensi, cuyas componentes, Odaymara y Olivia, militan en el feminismo negro (lo he buscado y no es ninguna perversión recreativa), el veganismo y la cultura ‘queer’. ‘Mi cuerpo es mío’ es la primera de las 200 canciones del playlist ‘no sexista’ que ha elaborado el Instituto Vasco de la Mujer para que suene en los bares y txoznas de los pueblos durante las fiestas patronales. Entre los hits del Beldur Barik Playlist, que así se llama el bando, figuran también ‘Antipatriarca’ (Ana Tijoux), ‘Ella’ (Bebe), Jodida pero contenta (Buika); Mi barba (también de Kruda Cubensi), ‘I’m not your toy’ (La Roux) y ‘Machirulo escóndete’ (Tongo). Esta última (una cumbia arrebatadora) dice así: “Llámame loca del coño, no me puedes detener. / Feminazi me han parido, machirulo escóndete”.

El Beldur Barik es una sugerencia, no una imposición. Se trata de que las txoznas pinchen de vez en cuando alguna de esas canciones para, de ese modo, promover “comportamientos basados en el respeto y la igualdad ” y “prevenir agresiones machistas”. Una propuesta asertiva que, por descontado, no pretende impedir que las cuadrillas disfruten del repertorio habitual por estas fechas: el ‘Sarri Sarri’ de Kortatu, que celebra la fuga de dos etarras de la cárcel de Martutene, el ‘Jimmy Jazz’ del mismo grupo (“puso veinte kilos de goma 3 / mandó a tomar por culo todo un cuartel”), ‘Aprieta el gatillo’ de Cicatriz, ‘Txibato’ de Kojón Prieto (“A los chivatos y a todos sus jefes, en un paquete mandaba yo a volar. / Chivato, los días que te quedan son una cuenta atrás”), ‘El último txakurra’ de Lendakaris Muertos (“Antes te echábamos un cóctel molotov / y ahora te echamos de menos”). Un playlist un pelín terrorista, de acuerdo, pero del que no se puede decir que incite a violar a la vecina, como en cambio sí hacen Bisbal, Fonsi o El Puma.

(Pero no nos pongamos dramáticos. Según consta en la wiki, Odaymara y Olivia, nuestras queer-black-feminist-vegan, huyeron de Cuba en 2006 y, a través de la frontera mexicana -y amparadas por la ley de pies secos y pies mojados-, se plantaron en Estados Unidos. Aún más tortuosa que su travesía fue la razón que les llevó a ella: “La decisión del grupo de abandonar Cuba vino motivada por su deseo de luchar por la justicia social en otras partes del mundo, sobre todo en lo que respecta a la denuncia de la marginación de las lesbianas latinas y caribeñas”.)

Continua leyendo: El futuro pertenece a los menos inteligentes (si no lo evitamos)

El futuro pertenece a los menos inteligentes (si no lo evitamos)

Miguel Ángel Quintana Paz

A diferencia de la literatura o la religión, tan reconfortantes a menudo, la ciencia no tiene por qué resultarnos consoladora. Con frecuencia, de hecho, nos cuenta verdades un tanto fastidiosas. Incómodo resultó Galileo cuando decidió tomarse en serio el sistema copernicano e insistió en que la Tierra no era el centro del universo. Incómodo resultó Darwin cuando mostró que nuestro origen biológico y el de las cucarachas era el mismo. Incómodo es saber que hoy no contamos con una cura eficaz para todos los tipos de cáncer. Por latosas que resulten, ninguna de esas verdades pierde por ello ni un solo pellizco de verdad.

Esto no significa, naturalmente, que los científicos ignoren el revuelo que a veces podrían desencadenar sus descubrimientos. Ni que ello deje de provocarles cierto vértigo. Fue el caso, sin ir más lejos, del propio editor de Copérnico en el siglo XVI, el protestante Andreas Osiander. Temeroso de que su libro le acarreara una persecución religiosa, le añadió un precavido prólogo en que aseveraba que cuanto allí se contaba no debía tomarse como verdadero: “Esto, muchachos, es solo un hábil modo de resumir cómo se pueden hacer mejores cálculos en astronomía”, venía a decir el prologuista, “pero ni se os ocurra tomaros en serio este mero truco matemático, ni vayáis a creeros de veras que la Tierra no sea el centro de todo, líbrenos Dios”. La cautela de Osiander no parece excesiva: otro teólogo, Giordano Bruno, se negó a tomarse las cosas como proponía Osiander y se obstinó en sacar consecuencias de que nuestro planeta no fuera el centro del universo. ¿Resultado? Terminó en la hoguera donde un papa, de nombre Clemente, resolvió calcinar parejos atrevimientos.

Hoy los papas ya no achicharran más que terneras argentinas, pero ello no obsta para que los científicos sigan amedrentándose ante la reacción que sus estudios podrían desencadenar. Es lo que pensé al descubrir que uno de los asuntos más palpitantes de la psicología contemporánea contaba por fin, desde hace un año, con una pista para resolverse… pero esa pista aparecía, toda tímida, solo en el material suplementario de un artículo científico. Sus autores no parecían querer insistir en tal hallazgo. El asunto al que me refiero es fácil de formular: ¿favorece la selección genética actual a la gente más inteligente o a la menos dotada intelectualmente? Dicho de otro modo: ¿a este paso, los humanos seremos cada vez más listos, de media, o cada vez menos? La respuesta que se daba en los Proceedings of the National Academy of Sciences era contundente, y se corroboró con otro artículo de la misma revista en diciembre pasado: sí, la inteligencia es en parte heredable; sí, las personas más inteligentes tienden a tener menos hijos que el resto; y por lo tanto, sí, de seguir la actual tendencia, la especie humana estará cada vez menos dotada (intelectualmente).

(De desear adentrarse en los detalles científicos del asunto, cabe acudir a esta nutritiva entrada del blog de @DrXaverius).

¿A qué velocidad se producirá ese previsible entontecimiento de nuestras generaciones futuras, que hace unos años ya describió (menos científica, pero más entretenidamente) la película Idiocracy? Con el auxilio de un tercer estudio podemos confiar un cálculo: implicará unos 0,3 puntos menos de cociente intelectual por década. Esto significa que si Javier Marías o Antonio Navalón (recientemente aupados por periódicos de referencia como eldiario.es al rango de “odiadores de los millennials”) viven cincuenta años más, comprobarán entonces que la media de inteligencia a su alrededor descenderá hasta 1,5 puntos. Quizá no parezca demasiado, como no se lo parecen a algunos los grados de temperatura que se prevé aumentar en las próximas décadas; pero, en términos evolutivos, si ese proceso no se interrumpe, en mil años el humano medio tendría una inteligencia que hoy se considera retrasada.

¿Ese milenarismo va a llegar? Todo depende de si nos ponemos manos a la obra para remediarlo. Y de si queremos hacerlo, claro. A diferencia de la belleza o la fuerza física, que cabe reconocerlas perfectamente en los demás aunque uno carezca por completo de ellas (bien lo sabe un servidor, que humilde reconoce andar falto de la segunda), para apreciar la inteligencia hay que poseer, en parte, esa misma facultad. De modo que, si queremos encontrarle una solución a este asunto, más fácil será emprender tal tarea hoy que convencer a los atolondrados humanos de dentro de diez siglos de su importancia.

¿Qué se podría hacer? La entrada del blog que antes enlacé sugiere aplicar métodos como la selección de embriones o la ingeniería genética para compensar esa idiotización generalizada de nuestra especie. Son apuestas éticamente peliagudas, que entrañan un cierto tipo de eugenesia. Merecerían por sí solas otro artículo, de modo que no entraré a debatirlas aquí.

Hay, sin embargo, otra vía de solución más sencilla, que podríamos denominar “socialdemócrata”, en la que sí me detendré. Sabido es que a los socialdemócratas les encanta solucionar las cosas por medio de subvenciones. Y sabido es, al menos desde tiempos de la new left, que a los socialdemócratas les apasiona apoyar a las minorías, en particular aquellas en situación más vulnerable. Y bien, la conclusión es obvia, como habrá inferido el sagaz lector: creo que, desde el campo socialdemócrata, debería empezar a exigirse que el Estado subsidie a la gente más inteligente para que pueda tener más hijos de los que hoy tiene. Los listos son, al fin y al cabo, una minoría en evidente riesgo de extinción, si nos fiamos de la ciencia.

Además, no me cabe duda de que una medida como esta recabaría un apoyo electoral considerable. Al fin y al cabo, la mayoría de los votantes se considera del lado intelectualmente brillante de la sociedad, como notó ya Descartes al inicio de su Discurso del método. Votando a favor de esta subvención, pues, creerían en el fondo estar apoyando subvenciones para sí mismos. Quizá más tarde descubrieran que no es así: pero parece poco probable que masas de personas que se confesaran poco inteligentes se manifestaran luego para reclamar que son más tontos de lo que se creían.

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