Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

La valentía de ser migrante

María Hernández

La globalización que experimenta la sociedad de hoy en día ha hecho que vivamos con normalidad la mezcla de culturas, de razas, de religiones y de nacionalidades en un mismo lugar, algo que era impensable hace tan solo unas décadas. Pero lo que no ha cambiado en absoluto es la valentía de todos aquellos que, sea por el motivo que sea, dejan su país para empezar una nueva vida en otro lugar.
Las facilidades que ofrecen el transporte y los medios de comunicación actuales facilitan la decisión a todas aquellas personas que deciden superar los obstáculos que supone establecerse en un nuevo país. Sin embargo, también hay otros muchos migrantes a los que no les queda otra opción, pues la falta de trabajo o, lo que es peor, la guerra, el hambre y la enfermedad hacen insostenible la vida en su tierra de origen.

Una mujer lleva a su hija a través de una playa de la isla griega de Lesbos a la que acaban de llegar. (Foto:  Fotis Plegas G/ Reuters)
Una mujer lleva a su hija a través de una playa de la isla griega de Lesbos a la que acaban de llegar. (Foto: Fotis Plegas G/ Reuters)

La Organización Internacional para las Migraciones define a un migrante como “la persona que se muda o se ha mudado cruzando una frontera internacional o dentro de un Estado lejos de su habitual lugar de residencia, sin importar el estado legal de la persona, si el movimiento es voluntario o involuntario, cuáles son las causas del movimiento o la duración de la estancia”.
A todas estas personas, sin importar de dónde vengan o hacia dónde se dirijan, está dedicado el Día Internacional del Migrante. Y es tanta la importancia de esta forma de vida que personalidades del mundo de la política y del arte le dedican a menudo discursos, versos, canciones e incluso novelas.

Políticos divididos

Con opiniones muy variopintas, políticos de todo el mundo han hablado sobre la migración, sobre sus consecuencias, sobre su porqué, sobre quienes la protagonizan. Si bien es cierto que en la mayoría de ocasiones se trata este tema en su relación con la economía, hay que recordar siempre que, tanto inmigrantes como emigrantes, son mucho más que simples números.
Franklin D. Roosevelt, por ejemplo, trataba de recordar a los ciudadanos estadounidenses que a todos nos toca de cerca el tema de la inmigración : “Recordad, recordad siempre, que todos nosotros, y tú y yo especialmente, descendemos de inmigrantes”.
Descendiente directo de inmigrantes, Barack Obama también ha defendido a aquellos valientes que buscan una vida mejor en su país: “Nuestro camino no está completo hasta que encontremos una mejor forma de dar la bienvenida a los inmigrantes luchadores y esperanzados que aún ven América como la tierra de la oportunidad”.

Una pareja se despide en la estación de tren de Beijing. (Foto: Jason Lee / Reuters)
Una pareja se despide en la estación de tren de Beijing. (Foto: Jason Lee / Reuters)

Pero, por desgracia, no todo son buenas palabras. También hay quien se centra en controlar la entrada en sus países de aquellos que buscan ayuda, que buscan huir del desempleo, de sueldos más que insuficientes, o incluso de guerras y muertes, que en lo que realmente supone llevar una vida así.

“Recordad, recordad siempre, que todos nosotros, y tú y yo especialmente, descendemos de inmigrantes”

Una muestra de esto es la opinión de Ronald Reagan, que dijo que “una nación que no puede controlar sus fronteras no es una nación”. Mucho más cercano, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha protagonizado algunos de los discursos más racistas de la política actual: “Cuando México envía a su gente, no están enviando lo mejor […]. Traen drogas. Traen crimen. Son violadores…Y algunos, asumo, son buena gente”.

La migración en libros y canciones

Por suerte, el mundo del arte es mucho más amable y, sobre todo, parece estar más concienciado con las dificultades que supone cualquier tipo de migración. Como experiencias propias o intentando ser la voz de otros, novelistas, poetas y cantantes nos trasladan con sus mejores palabras las sensaciones, emociones y vivencias que supone vivir en un país que no es el tuyo.
Federico García Lorca escribió ‘Poeta en Nueva York’ durante su estancia en esta ciudad, y sus líneas, escritas desde el punto de vista de un inmigrante, muestran su dura crítica hacia la sociedad norteamericana: “No hay más que un millón de herreros forjando cadenas para los niños que han de venir. No hay más que un millón de carpinteros que hacen ataúdes sin cruz. No hay más que un gentío de lamentos que se abren las ropas en espera de la bala”.

In this photo taken Jan. 30, 2013, Amalia Reigosa, hugs her sister Jaynet goodbye at the Jose Marti International Airport in Havana, Cuba, before her trip to Milan, Itlay. Reigosa was one of the first Cubans to take advantage of a travel reform that went into effect a year ago this week, when the government scrapped an exit visa requirement that for five decades had made it difficult for most islanders to go abroad. (AP Photo/Ramon Espinosa)
Dos hermanas se despiden en el aeropuerto de la Habana, Cuba (Foto: Ramon Espinosa/ AP)

El escritor portugués José Saramago también quiso recordar a todos sus lectores, como ya hizo Franklin D.Roosevelt con los ciudadanos de Estados Unidos, que la migración no nos queda lejos a ninguno: “Deja a aquel que no tenga una simple mota de migración para mancillar su escudo familiar que lance la primera piedra… si tú no migraste, tu padre lo hizo, y si tu padre no necesitó moverse de un lugar a otro, entonces fue solo porque tu abuelo antes no tuvo más opción que irse, que poner su antigua vida detrás de él y salir a buscar el pan que su propia tierra le denegó”. Este fragmento obtenido de su obra póstuma ‘El último cuaderno’, resume lo que muchos saben y no quieren reconocer, y es que sus antepasados también fueron migrantes.
Más positivo es John Lennon en su canción ‘Imagine’, donde se imagina un mundo sin fronteras, sin países, donde todos fuéramos iguales, donde existiera la paz real. “Imagina que no hay países, no es difícil de hacer. Nada por lo que matar o morir. Sin religión, también. Imagina a toda la gente, viviendo la vida en paz”, dice esta canción convertida en todo un símbolo a favor de la fraternidad y de un mundo en paz.

En primera persona

Pero sin duda, las citas más emotivas sobre la migración son las de aquellos que lo han vivido en primera persona. Son los testimonios de quienes han tenido que dejar su país, su familia, sus amigos, los que de verdad despiertan nuestras emociones. No importa si el personaje es real o ficticio, estas historias de superación consiguen llamar nuestra atención.
“Así que aquí estás, demasiado extranjero para casa, demasiado extranjero para aquí. Nunca suficiente para ambos”. Estas palabras de la poeta Ijeoma Umebinyuo describen a la perfección cómo se siente una persona que se encuentra a medio camino entre dos lugares, diferente de la gente de su país, pero también demasiado diferente en su nuevo hogar.

Un avión sobrevuela Nevada. (Foto: Brando.n/ Flickr)
Un avión sobrevuela Nevada. (Foto: Brando.n/ Flickr)

Aunque este sentimiento no es nada comparado con el dolor de tener que dejarlo todo atrás. “Dices adiós a tu país, tu gente, tu casa, tus amigos, tu familia. A todo lo que conocías. Lloras durante todo el vuelo”. La activista Arnesa Buljusmic-Kustura, que narra la experiencia de vida de los refugiados en Estados Unidos, describe con estas palabras lo difícil de abandonar todo aquello que conforma tu vida.

“¿Sabes lo que es un acento extranjero? Es un signo de valentía”

También describe este dolor la joven poeta canadiense Rupi Kaur en su libro ‘Milk and Honey’ (Leche y miel): “No tienen ni idea de lo que es perder tu hogar con el riesgo de nunca encontrar un hogar otra vez, tener tu vida entera dividida entre dos tierras y convertirte en un puente entre dos países”.
Vengan de donde vengan o vayan a donde vayan, lo importante de la migración son las personas, sus vidas, sus historias, sus sentimientos y sus luchas. Porque, como dice la abogada y escritora Amy Chua: “¿Sabes lo que es un acento extranjero? Es un signo de valentía”.

Continua leyendo: Glaciares sorpresa

Glaciares sorpresa

Jesús Nieto Jurado

Foto: POLICE CANTONALE VALAISANNE
AFP

Si en España se nos agrietara un pobre glaciar aparecerían, si es por el Aneto, una ristra de facturas impagadas de los ‘pujoles’. O quizá el cadáver momificado de un autónomo que fue a probar suerte como heladero vegano donde el cielo besa al picacho nevado. En España no quedan glaciares que merezcan la pena, sino una nieve sucia que queda pisada por el polvo sahariano en las zonas umbrías del Veleta cuando voy de senderismo con mi amigo Pulido en un ejercicio de tolerancia sufí y piedras. En Suiza han encontrado, a la sombra derretida de un glaciar, a un matrimonio de pastores que llevaba desaparecido setenta años – lo menos- en la alta montaña. Lo que en España es un ‘guerracivileo’ de cunetas por abrir, en Suiza es un obsequio de los glaciares a las familias grisonas por tantos años de callada neutralidad con vacas y oro. Y esto no es ni bueno ni malo, sino una observación del talante helvėtico, del talante hispano, del cambio climático ese que niegan hasta cuando los osos polares, hoy, se marcan un guaguancó cubano. La montaña tiene a veces estas sorpresas que reconcilian a las familias con sus abuelos, o que abocan al Hombre al canibalismo ultracongelado como pasó en Los Andes y como recordó Risto Mejide con sofá, mala leche y frente de publicista malencarado. Pero es que la imagen que acompaña a esta columna justifica una serranilla suiza, un canto alpino a la justicia poėtica de los glaciares en retroceso. Nunca fueron tendencia las nieves del Kilimanjaro. Pobre Ernest, pobre planeta, pobres suizos y pobre glaciar. Yo ya me voy a un glaciar patagónico a ‘jartarme’ de orfidales y congelarme de lirismo y quedarme pajarillo. Porque después del feminazismo llega el proglaciarismo y ahí sí que me encontrarán en la causa. Frost, claro.

Continua leyendo: Locos por la maría

Locos por la maría

Melchor Miralles

Foto: Matilde Campodonico
AP

Fue abrir las farmacias de Montevideo y arrasar. Se agotaron las existencias de las 16 farmacias de Montevideo en nada. Era el primer día que se podía vender legalmente marihuana en las boticas, y fue una cuerda locura. Ahora lo que no saben es cuando podrán reponer existencias. Uruguay ha sido el primer país del mundo en experimentar la venta legal del cannabis para uso recreativo, y no parece que haya sucedido nada, más allá del furor de los compradores, consumidores habituales que prefieren comprarla legalmente a hacerlo en el mercado negro.

Es un gran asunto, de fondo. Hay debate. De hecho, solo 16 de más de 1.000 farmacias de Montevideo se apuntaron al asunto. Las demás consideran que no es atinada la venta con fines recreativos, aunque si cuando se trata de aplicación terapéutica. Y aquí está la clave, y se me ocurren argumentos en ambas direcciones. Pero me puede el creer que siempre será mejor la venta legal y controlada que el fomento del mercado negro, que posibilita además la puesta en circulación de porquería más dañina y que enriquece a las mafias.

No tiene discusión a estas alturas que la marihuana tiene una aplicación terapéutica beneficiosa en muchos casos. Como no la tiene que su consumo habitual, en exceso, es dañino, como sucede con el consumo de cualquier sustancia, como el alcohol o el tabaco, que se venden legalmente. Y ahí está la clave. El prohibicionismo se ha impuesto durante muchos años y todo apunta que favorece el enriquecimiento de los cárteles, destroza la vida de muchos intermediarios de medio pelo y perjudica a quien tiene decidido el consumo sea legal o ilegal. Veremos cómo avanza la prueba uruguaya, pero quizá hayan sido pioneros en una salida a un problema social de envergadura. Y después, como siempre, está la educación, la formación, la información y el sentido común de cada cual. Porque el que quiere consumir, consume. Por eso la locura de Montevideo, la locura por hacer normal lo que es habitual. Con rigor, sensatez, seriedad y control. La vida misma.

Continua leyendo: Errejón y cierra España

Errejón y cierra España

Gonzalo Gragera

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP PHOTO

Aunque la RAE, ejercicio de mérito notable, haya provocado un debate –mediático, ¡mediático!- entre filólogos, y en pleno verano, la noticia política de esta semana es el acuerdo que firmaron en el Congreso las cúpulas del PSOE y de Podemos. Un acuerdo que busca afinidad ideológica, puntos en común, entre dos partidos no tan semejantes como pudiera parecer, vista primera, al ciudadano medio. Las medidas con las que ambos partidos mostraron su colaboración son, como se puede imaginar, de carácter social; es decir, mayor prestación de becas, aumento del gasto público para contribuir al empleo entre los jóvenes, medidas de emancipación, etc. Lo que cualquier dirigente de aspiración socialdemócrata desea. Pero no todo fue concordia. La distancia llegó en cuanto se habló de Cataluña. Mejor: del referéndum que los nacionalistas e independentistas catalanes plantean para el 1 de octubre. Las discrepancias, siempre presentes entre ambos partidos en cuanto el derecho a decidir decide aparecer, son, por ahora, insalvables. Ante estas diferencias respecto del nacionalismo catalán, optan por el silencio: lenguaje que en la política, al igual que en la literatura, es clave para entender una parte del todo.

El coqueteo de Podemos con las formaciones nacionalistas, y sus intereses, es de sobra conocido. Jamás se han pronunciado sobre las dos preferencias que permite el asunto, aunque seamos fan de la casuística y de la alternativa: o se está por el cumplimiento de los preceptos constitucionales o se está por el referéndum, que es la vulneración de la legalidad vigente y la apuesta por el juego del arbitrio de un partido, de hago esto porque me da la gana, sin respeto ni consideración a los límites de la norma. De esa tímida postura, ellos, tan vehementes y convencidos en otras, estos lodos. O estos desacuerdos. La oposición conjunta con el PSOE, un camino que bien podría traer votos y escaños, y lo más importante, progreso, se torna un imposible.

Sobre nacionalismo, patriotismo y sus formas ha hablado Errejón, quien sigue a la sombra del pensamiento de su partido, acaso el papel más interesante en el poder. ¿Alguien dudaba de que su figura iba a ser sustituida o desplazada? Errejón ha propuesto un patriotismo fuerte y desacomplejado desde ideas progresistas y democráticas. Lo que se percibe de estas inclinaciones, dada la trayectoria, es una llamada al patriotismo como un elemento de cohesión populista. Como lo fue en el peronismo. Como en aquellas marchas de la dignidad, perfectamente orquestadas en tiempo y forma. Un valor, dignidad, al que le atribuimos un referente, nuestras siglas. Por tanto, quien no apoye esa manifestación no estará a favor de un valor como la dignidad, valor que representa, en el ideario de Podemos, su partido. Aunque sea, evidente, universal y ajeno a una determinada política. Con la idea de patriotismo de Errejón sucedería algo similar: ellos representarían el valor de España, del pueblo –el apelativo cursi e idealista de sociedad-, enfrentado con otros que han ensuciado, corrupción y paro mediante, su nombre.

Raro es el populismo que convence sin un elemento nacionalista o de patriotismo emocional. La patria como propiedad de un pueblo que se encuentra en un eje opuesto al de una casta de dirigentes que han llevado a su nación al abismo. Errejón lo sabe. Y va a empezar, se masca la estrategia, por ahí. Más aún cuando necesitan despojar su prejuicio patriótico en relación con un PSOE que le pide una vuelta de tuerka, con K. Errejón es un inamovible, una santidad de su cúpula. Ahora que se acercan las fiestas de Santiago, habrá que cambiar la popular consigna medieval: Errejón y cierra España. O cierta España.

Continua leyendo: La novela siciliana de Miguel Blesa

La novela siciliana de Miguel Blesa

Antonio García Maldonado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Es mítica la visita que en El Padrino II hace el abogado de la familia Corleone, Tom Hagen, a un pentito Frank Pentangelli apunto de hablar ante el tribunal que investiga a la Mafia siciliana en Estados Unidos. Pentangelli es un hombre protegido por las autoridades, por lo que sólo cabe apelar a su (mala) conciencia.

–Siempre te ha interesado la política, la historia. Ya hablábamos de la trascendencia de Hitler en el 33 –arranca Hagen.

–Sí, sigo leyendo, tengo un montón de libros.

–Tú fuiste de los pioneros… De los que soñaban con que la familia debería organizarse. Y copiasteis mucho las antiguas legiones romanas, jefes y soldados… Aquello funcionó.

–Sí, desde luego que funcionó, eran días gloriosos aquellos, y nosotros el Imperio Romano, la familia Corleone era un Imperio Romano…

–Sí… Lo fue… Frankie, si fallaba un complot contra el emperador, los conspiradores tenían una oportunidad para que sus familias conservaran sus bienes.

–Sí, pero sólo los ricos, Tom. Los pobres lo perdían todo, se lo quedaba el emperador… a no ser que fueran a su casa y se suicidaran, así no ocurría nada y sus familias… sus familias tenían resuelta su vida.

–Sí, una solución buena… Única.

Mi hermano Rafa me ha recordado esta escena al calor del suicidio de Miguel Blesa. Algunos hechos no muy distintos han sucedido en Majer, el territorio imaginario de sus novelas. El hermano del expresidente de Caja Madrid fue notario en nuestro pueblo, donde se le recuerda como un hombre íntegro, cabal, cercano. Firmó muchas de las hipotecas que concedían los bancos –entre ellos Caja Madrid– durante la obnubiladora burbuja inmobiliaria que late de fondo en la muerte de su hermano. Uno no puede dejar de pensar en el sufrimiento que el comportamiento de Blesa causó en su familia, y en el postrero intento del vilipendiado banquero por expiar inútilmente sus culpas. No hay juez más severo que la propia conciencia, y Blesa gritó con su suicidio que un tal Hagen iba a visitarlo cada día, y que si iba y le zarandeaba, es que aún era un ser humano digno de pena. Su desesperación y el ocultamiento de su hundimiento –como confirma la familia– nos hacen pensar en el arrepentimiento, y esa es quizá la última muestra de humanidad de hombre que no dio demasiadas muestras de ellas durante muchos años.

Las circunstancias de su suicidio también hablan: vuelve de noche a la tierra que le vio nacer, sin equipaje, desayuna con los amigos y, antes de desaparecer de la escena con una mala excusa relacionada con su coche, le da el número de móvil de su mujer a uno de los amigos congregados en el coto de la sierra. “Por si tienes que llamarla”, le explica. Ha contado un psiquiatra en la radio que la vuelta a un lugar querido es un patrón de conducta habitual en los suicidas. Recuerda a algunos pasajes y a la atmósfera de ciertas novelas de Leonardo Sciascia. Un lugar apartado, personas poderosas y búsqueda de un sentido, como en Todo Modo, una de las novelas más conocidas del siciliano, llevada al cine en 1976 por Elio Petri, con Marcelo Mastroianni en el papel protagonista.

Y, cómo no, también parece un caso del comisario Montalbano, el policía siciliano creado por Andrea Camilleri, nacido en Porto Empèdocle, cerca de Agrigento, el pueblo de Sciascia y de Luigi Pirandello. Los lectores de su saga –y los seguidores de la estupenda serie de la RAI que la adaptó para la televisión– sabemos del gusto del policía de Vigàta por los casos que trascienden el propio hecho de la muerte violenta, por los sucesos que retratan un momento histórico convulso o un estado del alma. Este sería uno de esos casos que le atraparían hasta la insania. Montalbano ha visto a más de un retornado a Sicilia para vivir sus últimos días, a más de un corrupto o un mafioso con mala conciencia, a más de un suicida inesperado. El comisario, hombre duro y hosco, es incapaz de evitar un último gesto de pena y lamento por ellos. Es el personaje de ficción que más se me parece al ideal del “ironista melancólico” que reclama Manuel Arias en La democracia sentimental.

Una condena judicial con obligaciones pecuniarias, multa y cárcel habría reparado a muchos, a demasiados. Pero su mala conciencia –que no su consecuencia extrema, el suicidio– nos repara, aunque sea mínimamente, a todos.

TOP