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La vida de Ahmad en España después de la guerra

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

En el barrio madrileño de Quintana, que une la plaza de toros con la mezquita de la M-30, se encuentra una pastelería árabe con las paredes pintadas de verde y un espejo largo que se extiende al fondo. Los clientes van y vienen y no es extraño que esta conversación sufra las interrupciones lógicas de una jornada de trabajo.

Antes de trasladarse a Madrid, Ahmad era arquitecto en la ciudad siria de Alepo y se había comprado un coche nuevo, tenía un piso y esperaba su segundo hijo junto a su mujer, que es española, de origen árabe. La conoció en unas vacaciones que ella pasó en Siria. “Yo la vi, y ahí empezó todo”, cuenta. Se casaron en 2008 y un año más tarde nació su primera hija. La vida avanzaba tranquila y en calma; Ahmad tenía su oficina de arquitectura y un negocio de decoración y reformas, y su mujer trabajaba en casa y cuidaba de su hija, muy pequeña. “Éramos felices”, dice, apenado. Me da a probar una baklawa, que es un dulce tradicional hecho de hojaldre y frutos secos, y nos sentamos en dos taburetes, frente al escaparate. Desde aquí vemos la calle.

La guerra de Siria comenzó en 2011, pero no llegó a Alepo hasta un año después. Cuando echa la vista atrás, Ahmad no crea divisiones en el tiempo, conjuga en presente y en pasado sin distinción; puede ser que en su memoria las longitudes sean más cortas. “El día más triste para nosotros fue un viernes por la mañana, eran las nueve. Ese día nos despertamos por la explosión de una bomba. Yo vivo en un edificio grande y enfrente hay un centro de policía secreta. Allí hicieron explotar un coche. Dormíamos con mantas gruesas, hacía frío, y se cayó toda la casa, todo por encima de las mantas. De haber estado despiertos, no seguiríamos con vida”.

Alepo dejó de ser una ciudad segura y Ahmad supo que debían abandonar Siria por un tiempo, no demasiado. “Vinimos a España en 2012. Mis suegros viven aquí desde hace cincuenta o sesenta años, casi toda la vida, y mi mujer estaba embarazada de nuestro segundo hijo. Decidimos dejar Alepo para volver en pocos meses. Pensamos que en ese tiempo acabaría la guerra, como en Egipto. Es lo que se hablaba. Algunos decían dos meses, otros decían tres”.

Pasaban las semanas en la casa de sus suegros y Ahmad hablaba a menudo con sus padres, que se quedaron en Siria, con la firme esperanza de regresar pronto. Pero siempre ocurría la misma historia. Sus padres le insistían, semana tras semana, en que siguiera esperando, porque cada vez la situación iba a peor, todo era más peligroso, todo era más complicado. Los meses se sucedían y con este ánimo Ahmad comenzó a comprender que no volvería a casa tan pronto como suponía, que los meses en España se convertirían en años y que sus hijos tendrían una infancia lejos de su país.

Ahmad asumió el golpe. Se dijo que ya no podían vivir en la casa de sus suegros, que era hora de buscar piso, de buscar trabajo. Tenía un dinero guardado que bastaría para los primeros meses de alquiler y mientras tanto, creyó, encontraría un empleo como arquitecto. Fue a todas las oficinas, a todas las empresas. Entregó currículums por internet, en mano. Y luego de aburrirse de no encontrar nada, desesperado, renunció a la arquitectura y buscó trabajo en otro sitio: en bares, en tiendas, en supermercados. Hasta que un día le comentaron que un restaurante libanés frente a la Plaza de las Ventas buscaba empleado: “Fui al día siguiente y hablé con el jefe, le conté mi situación. Me preguntó en qué podía ayudar, de qué trabajaba, y le dije que era arquitecto. Él me dijo que lo sentía, que como arquitecto no tenía cómo ayudarme. Pero yo le dije que se olvidara, que quería trabajar de lo que fuera, y entonces me dijo que podía ofrecerme ser camarero. No me lo podía creer, yo me puse súper contento; nos salvaron de dejar el país. No teníamos dinero para pagar el alquiler del mes siguiente y hubiéramos tenido que regresar a Siria”.

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Protesta contra el presidente Bashar Al Assad en Maraa, cerca de Alepo, el 16 de marzo de 2012 | Foto: REUTERS/Shaam News Network/Handout

Otro comienzo

En este punto es difícil imaginar al arquitecto con casa propia, con el coche nuevo, con dinero en el banco. Ahmad estaba en España con dos niños que no podía alimentar y con la idea clara de volver a un país en guerra. Ahora cuenta que salieron adelante sin un euro de ayuda, que todas las solicitudes que presentaron fueron desatendidas por el Ayuntamiento de Madrid y por el Gobierno central, que no tuvieron nada salvo a ellos mismos.

Después de cinco meses en el restaurante libanés, con el fin de la temporada alta, su jefe le puso a trabajar en esta pastelería, que era otro de sus negocios. Aquí trabajó Ahmad durante dos años y medio. Porque, al tercero, su jefe le trasladó que tanto él como sus socios pretendían venderla. “No me explicaba por qué querían hacerlo. Me dijo que porque no daba los beneficios que esperaban. Volví a preocuparme, aunque me dijo que no lo hiciera, que tendría un puesto en la fábrica, que seguiría trabajando con ellos. Yo veía que la gente venía a la pastelería con ilusión, la pastelería funcionaba bien. Para mí fue un shock. Los pasteles tienen buena fama. La fábrica donde los hacen, que es de ellos, los hace muy bien. Así que le dije que si querían vender la pastelería, yo estaba dispuesto a comprarla, que podríamos seguir como socios: ellos fabricando y yo vendiendo. Y le pareció una buena idea”.

Ahmad trajo dinero de Siria, sus suegros aportaron otro poco, y a eso se sumó los ahorros de estos años. Los propietarios le pusieron facilidades con el precio de venta. El arquitecto sirio comenzó así a trabajar como autónomo, a mejorar las calidades de los pastelitos, a manejar sus propios tiempos. En su tercer año fuera de Alepo, Ahmad encontró un camino y de algún modo imprimió esa nostalgia en el nombre de su pastelería, a la que llamó Sham, como el territorio que abarca la Gran Siria.

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Miembros de la Defensa Civil y civiles, en una casa dañada por un ataque aéreo en Idilb en marzo de 2017 | Foto: Ammar Abdullah / Reuters

Volver a Alepo

La nueva vida de Ahmad se construyó sobre la tristeza y el miedo de tener a sus padres y hermanos en tierra de nadie, con la certeza bien presente de que cada día podía ser el último. Ahmad no ha hecho otra cosa que pelear por traerlos a España, pero una y otra vez se ha encontrado con una burocracia que lo impide. “He sufrido mucho”, me dice. “El Gobierno no concede ningún permiso de entrada al país a ningún sirio. Es lo que yo he visto, aunque eso no lo cuentan. He presentado todos los papeles que piden para darles el visado. Me he gastado mucho dinero. ¡Ellos se han gastado mucho dinero! Tienen que viajar de Alepo a Líbano porque la embajada española está allí…”.

Los familiares de Ahmad, como tantos otros sirios, han sufrido el cierre de la embajada de España en Damasco tras el estallido de la guerra civil en 2011. La delegación en Beirut, Líbano, asumió las funciones, pero no todo el mundo puede permitírselo.

“¡La embajada más próxima está en otro país!”, continúa Ahmad. “Son 24 horas de un viaje muy duro y muy caro que luego no sirve de nada”.

Ahmad me enseña la pastelería, me explica cada dulce. Después de cinco años en España, cuando iba a ser por unos meses, añora profundamente Alepo. Le pregunto cómo era la ciudad antes de la guerra. “Uff”, responde, emocionado. “Alepo era maravillosa”. Ahmad mantiene la esperanza intacta, es tenaz, y siente la seguridad de que regresará algún día, joven o viejo: “No he vendido mi vivienda (en Alepo) porque volveremos. Yo estoy trabajando al máximo aquí, mi mujer también, pero no me veo en España toda la vida. Planteo mis planes en Siria, no compro una casa aquí porque quiero volver. Me gusta España, es parte de mi vida, me he adaptado a las costumbres, a la comida… Pero yo nunca dejaré Siria”.

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Vídeo | La lucha histórica de Murcia que dice 'No al muro'

María Hernández

Los vecinos de Santiago el Mayor y del Barrio del Carmen, en Murcia, están más unidos que nunca. Y además, han conseguido sumar a su causa a la mayoría de los murcianos. Desde el 12 de septiembre se concentran cada día para pedir al Gobierno regional que, en lugar de construir un muro entre los dos barrios para llevar el AVE a la ciudad, empiecen las obras para soterrarlo.

Puedes leer el reportaje completo aquí.

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La lucha histórica de Murcia que dice ‘No al muro’

María Hernández

Foto: Plataforma Soterramiento Murcia

Los vecinos de Santiago el Mayor y del Barrio del Carmen, en Murcia, están más unidos que nunca. Y además, han conseguido sumar a su causa a la mayoría de los murcianos. Desde el 12 de septiembre se concentran cada día para pedir al Gobierno regional que, en lugar de construir un muro entre los dos barrios para llevar el AVE a la ciudad, empiecen las obras para soterrarlo.

El 30 de septiembre, 50.000 personas se manifestaron en Murcia para pedir que no se construyera el muro, pero esta masiva protesta no tuvo mucho efecto, y dos días más tarde la constructora comenzó las obras en las vías del tren.


Sin embargo, los vecinos no sólo no abandonaron sus protestas sino que siguen concentrándose cada día en el paso de Santiago el Mayor, hasta que un grupo de radicales decidió intervenir y tirar el muro que se había empezado a construir. Peleas con los antidisturbios, desalojos de las vías y tres días sin que los trenes pasaran por la estación de la capital de la región, es lo que se ha visto reflejado en los medios de comunicación, pero la reivindicación de los murcianos ha sido y continúa siendo mucho más que eso.

La lucha histórica de Murcia que dice ‘No al muro’ 2
Un grupo de mujeres se manifiesta a diario para pedir el soterramiento. | Foto: María Hernández/ The Objective

Tanto los vecinos como los miembros de la Plataforma Prosoterramiento condenan este acto vandálico que se hizo tan mediático y aseguran que sus protestas siempre han sido pacíficas.

Una lucha histórica

Esta lucha por conseguir el soterramiento del tren no es nada nuevo. En 1989 comenzaron las reivindicaciones, en 1991 las manifestaciones, y fue ese mismo año cuando se firmó el primer acuerdo para soterrar las vías del tren. Tras años de protestas, en 1998 se consiguió financiación para este proyecto.

Sin embargo, el dinero no llegó, y en 2001 se acordó un proyecto para traer el AVE a Murcia. Fue entonces cuando los ciudadanos decidieron continuar con las manifestaciones para “coser esta cicatriz que cruza la ciudad de Murcia”, nos explica Domingo Centenero, de la Plataforma Soterramiento Murcia.

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Santiago el mayor está lleno de murales y carteles pidiendo que no se construya el muro. | Foto: María Hernández/ The Objective

Tras otros cinco años de manifestaciones, en 2006 se firmó un convenio que incluía el soterramiento de las vías del tren y del AVE cuando llegara a la ciudad de Murcia.

Pero tampoco esto se cumplió, y a pesar de que en 2011 se creó el primer proyecto para soterrar las vías, en 2012 el Gobierno regional decidió que el AVE llegaría a Murcia por la superficie.

Por ese motivo continuaron las manifestaciones. Y ahora, en 2017, a pesar de haberse reconocido el derecho de los vecinos a que se soterren las vías en un tramo de un kilómetro aproximadamente, han intentado iniciar las obras para construir el muro de cinco metros y medio de alto y 11 kilómetros de largo que dividirá Murcia para que el AVE llegue antes de que se completen las obras del soterramiento.

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Los vecinos han llenado el barrio de murales reivindicativos. | Foto: María Hernández/ The Objective

El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna dijo en la sesión de control al Gobierno del 27 de septiembre que en marzo de 2018 comenzarán las obras para el soterramiento de 530 metros y que se ha firmado un proyecto complementario para soterrar otros 580 metros. Además, dice que el propósito del Gobierno es soterrar cuatro kilómetros con un proyecto en el que se invertirán 606 millones de euros. Pero los ciudadanos no creerán estas declaraciones hasta que se deje de construir el muro.

¿Qué supondrá la construcción del muro?

Los vecinos de Murcia tienen muy claro que no quieren que un muro parta en dos la ciudad, y tienen sus razones para pedirlo. El Gobierno regional asegura que el muro es temporal, que las obras del soterramiento comenzarán en pocos meses y Murcia volverá a la normalidad. Pero los ciudadanos no confían en estas promesas y temen que, una vez construido el muro, nunca tenga lugar el soterramiento.

El primer problema que supone la construcción de este muro es el cierre del principal paso a nivel que actualmente permite cruzar de una parte de Murcia a la otra. Por este paso a nivel cruzan a diario miles de personas y vehículos que se tendrían que desplazar unos dos kilómetros para poder cruzar las vías y llegar al centro de la ciudad.

“Yo paso todos los días cuatro veces por este paso a nivel para llevar a mi hija al colegio. Si lo cierran, tendré que ir hasta el cruce de Ronda Sur (a casi dos kilómetros) con el carrito de la niña”, nos cuenta Mari Carmen Ruiz, una vecina del barrio, que explica que la otra opción para cruzar es un paso subterráneo que se inunda a menudo por las lluvias y que se ha convertido en el refugio de drogadictos. “Yo no quiero llevar a mi hija por un paso donde hay agujas en el suelo”, añade.

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Los vecinos se reúnen cada tarde y cortan el paso a nivel de Santiago el Mayor. | Foto: María Hernández/ The Objective

El otro problema de traer el AVE por la superficie es la instalación de las catenarias que alimentan de energía a los trenes. Se han colocado junto al lugar donde se planea construir el muro, y los vecinos consideran que no cumplen las medidas de seguridad necesarias. “Están poniéndonos unas catenarias con unos cables de alta tensión cerca de las viviendas, cerca de los colegios y cerca del instituto”, nos explica María Dolores Sánchez, otra vecina. “Nosotros solo pedimos un poco de cordura a nuestros dirigentes”, añade.

Además de tener que desplazarse a otro paso para cruzar al otro lado o el peligro que suponen las catenarias, los murcianos tienen otra gran preocupación, la marginación de una gran parte de la población de la ciudad, si finalmente se construye el muro.

“Se trata de la segregación de 200.000 vecinos de Murcia durante años, con el deterioro irreversible que esta marginación y exclusión supondrá para los vecinos por el muro”, denuncia la Plataforma Soterramiento Murcia en un comunicado.

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Los vecinos temen que el muro provoque la marginación de más de 200.000 personas. | Foto: María Hernández/ The Objective

Alrededor de 200.000 personas viven al otro lado del muro que quieren construir, y los vecinos consideran que esta separación supondrá su marginación y exclusión debido a sus dificultades para comunicarse con el centro de la ciudad, un problema que afecta no sólo a los ciudadanos sino también a los comercios.

¿Qué demandan los vecinos de Murcia?

Con sus concentraciones diarias, los vecinos de Murcia piden que se adopte una alternativa a la llegada del AVE por la superficie.

La primera opción que proponen los ciudadanos es la llegada del AVE a Beniel, un pueblo situado a unos 15 kilómetros de Murcia, en lugar de a la estación del Carmen. “Si el AVE no llega soterrado, preferimos que se quede en la estación de Beniel”, nos explica Antonio Hernández, de la Plataforma Soterramiento Murica. “Beniel coste cero, no hay que gastar nada, hay una estación que está hecha hace cinco años”, añade María Dolores Sánchez.

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Los vecinos piden que el AVE llegue a la estación de Beniel en lugar de a Murcia. | Foto: María Hernández/ The Objective

Su otra alternativa es, simplemente, esperar a que el soterramiento se pueda hacer de forma completa sin necesidad de instalar los muros de manera provisional.

Manifestaciones diarias

De manera espontánea, los vecinos de Santiago el Mayor y el Barrio del Carmen se reúnen todos los días en las vías del tren para protestar por esta situación. Sobre las 20:00 horas, comienzan a concentrarse en el paso a nivel de Santiago el Mayor y poco después cortan el paso.

Una vez se ha concentrado una cantidad de gente suficiente, los manifestantes se dirigen hacia el centro de la ciudad, a la Delegación del Gobierno la mayoría de los días, a pedir que los escuchen.

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Dos vecinas del barrio visten a la ‘virgen del muro’. | Foto: María Hernández/ The Objective

Además, un grupo de vecinos ha acampado junto a las vías, donde se reúnen también a diario y organizan actividades para pedir que se les escuche. Y desde este campamento sale todos los días la Virgen del Muro, una ‘virgen’ creada por los manifestantes que sale en procesión con cada manifestación a hombros de cuatro vecinos, sobre una valla amarilla de una obra y al ritmo de un tambor. Esta misma ‘virgen’ los acompaña en su recorrido hasta las sedes del Gobierno, frente a las que piden a diario que paren las obras del muro.

Los vecinos de Murcia han decidido seguir luchando por su causa, y el 28 de octubre han convocado una manifestación en Madrid frente al Ministerio de Fomento con la esperanza de ser escuchados por el Gobierno central.

Continúa leyendo: ¿Qué es el espacio? La incógnita por resolver 300 años de debate después

¿Qué es el espacio? La incógnita por resolver 300 años de debate después

Redacción TO

Foto: NASA
Reuters

Si bien la respuesta sobre nuestra existencia parece más o menos resuelta, hay cuestiones que quizá damos por hechos sin saber por qué. Por ejemplo, ¿qué es el espacio? En 1717, como recuerda la revista The Conversation, surgió un debate enfrentado para dar respuesta a esta pregunta, parece que sin éxito definitivo. 300 años después seguimos sin ponernos de acuerdo.

Algunos matemáticos como Hermann Minkowski o físicos como Albert Einstein sostuvieron que el espacio y el tiempo están unidos en una continuidad. Sin embargo, esta ecuación deja sin resolver qué es el espacio. Así, los físicos del siglo XXI dan distintamente validez a dos formas de comprender el mismo, y se dividen –aunque esta sea una materia para filósofos– entre relacionistas y absolutistas. Las posturas cobraron popularidad cuando así lo quiso una reina inglesa con raíces en Alemania: Caroline de Ansbach (1683-1737). La reina de Gran Bretaña propuso a las grandes mentes enfrentar sus corrientes filosóficas en un tiempo de apogeo racionalista en las islas y de empirismo en el continente.

¿Qué es el espacio? La incógnita por resolver 300 años de debate después 1 Un meteorito visto en el cielo de Sarajevo. | Foto: Dado Ruvic/Reuters

La respuesta fue inmediata: el racionalista alemán Gottfried Leibniz y el empirista británico Samuel Clarke –próximo a Isaac Newton– debatieron epistolarmente sobre el espacio y encontraron ciertos lugares comunes, en un plano intelectual. Aquella compenetración fructificó en 1717, y fue toda una revolución en el plano filosófico.

Leibniz dedujo, poniendo de manifiesto su doctrina relacionista, que el espacio existe en función de la relación entre las cosas. Eso quiere decir que el espacio es lo que hay entre las estrellas y los astros, y que si no hubiera nada dentro del espacio, el espacio no existiría. Si acabaran con el universo, no existiría el espacio. Clark llegó a una conclusión distinta: el espacio es todo y como tal está en todas partes. En los árboles, en las estrellas y en nosotros. El espacio es el contenedor donde estamos. El espacio explica el movimiento y explica la vida. Además, Clark relacionó el espacio directamente con la divinidad: Dios es el espacio y está en todas partes. No puedes prescindir del espacio y no puedes prescindir de Dios.

Con la llegada del siglo XVIII, se incorporaron a la discusión otros pensadores, como Isaac Newton, que escribió que el espacio va más allá de los objetos y es una entidad que lo abarca todo y que, como tal, todo se mueve en relación a él. Igual que la Tierra se mueve en relación al Sol. Immanuel Kant, por su parte, definió el espacio como un concepto ideado por los humanos para explicarse el mundo y dotarlo de significado. Era un época de ebullición intelectual y de replanteamiento de la relación del hombre con Dios.

¿Qué es el espacio? La incógnita por resolver 300 años de debate después 2 Las luces de Perth, Australia, vistas desde el espacio. | Foto: NASA/Reuters

En este sentido, fueron muchos quienes se alertaron por la idea de que Dios fuera el espacio. Dios no solo estaría en todas partes, sino que sería el contenedor en que se encuentran todas las partes. También se preguntaron si, por tanto, el tamaño de las cosas implicaría un mayor valor, como recuerda la revista especializada, que cita a Bertrand Russell y su posición al respecto, ya en el siglo XX: “Sir Isaac Newton era mucho más pequeño que un hipopótamo, pero no lo valoramos menos que la bestia más grande”.

Ahora la opción divina ya está fuera de la ecuación, incluso para los pensadores contemporáneos que secundan las visiones de Clark. Es el caso de Tim Maudlin y Graham Nerlich. Los puntos de vista de otros coetáneos como Kenneth Manders o Julian Barbour no descartan que ambas posturas sean compatibles. Se cumplen tres siglos desde que Caroline de Ansbach lanzara la piedra, y el debate continúa, sin resolverse.

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Los doce imperdibles del Festival Eñe

Saioa Camarzana

Llega un año más el Festival Eñe al Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pero en esta edición se presentan, por lo menos, dos novedades gustosas. Por primera vez, podemos pensar que con el objetivo de llegar a un público más amplio, todos los eventos son gratuitos. Por otro lado el CBA, aunque seguirá siendo la sede central donde se realicen la mayoría de los encuentros, no es el único punto neurálgico de esta cita con las letras (aquí el programa completo). Pero hay más, porque esta vez no serán solo las voces de los escritores contemporáneos quienes tomen Madrid sino que se abre también a la música, a la fotografía, al cine, al teatro y a la ilustración. El escritor y periodista Antonio Lucas ha sido el encargado de emparejar a más de 139 autores en 50 actividades. Pero, si hay algo que se le puede criticar es que la presencia femenina es, de largo, muy inferior a la masculina. Tan solo 28 mujeres. No nos vamos a meter en terreno activista, que por supuesto daría para ello, y vamos a mencionar las citas imperdibles de esta edición que se celebra del 23 de octubre al 28 de octubre.

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Imagen del Festival EÑE 2017

Durante los primeros días del festival, del 23 al 26, son los nuevos espacios los encargados de reunir a diversas personalidades. Entre la programación de la Biblioteca Nacional, del Instituto Cervantes y del Club Matador destacamos tres encuentros que desgranamos a continuación:

Día 23 a las 19:00h: Isabel Muñoz y Enrique del Río

La fotógrafa Isabel Muñoz conversará en el Club Matador con Enrique del Río, miembro fundador de WeCollect Club. La obra de Muñoz, Premio Nacional de Fotografía 2016, se centra en la exploración del cuerpo humano y aúna el compromiso social con la belleza que le rodea. Ha viajado por todo el mundo para adentrarse en las culturas de Papua Guinea, China, Cuba… para realizar estudios antropológicos en forma de fotografía. Casi siempre en blanco y negro a la fotógrafa le interesa que los protagonistas de sus instantáneas participen de manera activa en el momento de la captura. Entre ambos desgranarán toda una trayectoria de una de las fotógrafas más importantes de la actualidad.

Día 25 a las 19:00h: Juan Mayorga y Javier Gomá

Juan Mayorga es uno de los dramaturgos más importantes de nuestras tablas y Javier Gomá uno de los filósofos y ensayistas que se ha iniciado en esta profesión con un monólogo. El teatro, del que nos podemos sentir cerca y a la vez lejos, puede plantear preguntas que no tienen respuesta y ahí reside su importancia. Estas cuestiones son las que interesan e importan a Mayorga, un nombre ya vital de nuestra dramaturgia. De sus trabajos conversarán estas dos voces en el Instituto Cervantes.

Día 26 a las 19.00h: Rosa Montero, Álex Grijelmo, Carolina Reoyo y Javier Rodríguez Marcos

Detrás de un gran autor hay (o debería haber) un gran corrector. Así se llama la mesa redonda en la que participan estos cuatro protagonistas a los que reúne la Unión de Correctores en la Biblioteca Nacional. En ella le darán el protagonismo que se merece a la figura del editor de textos que es tan importante como desconocido en el proceso editorial. Lo cierto es que sin una figura como esta los libros no llegarían al lector con la misma calidad. Cada texto requiere de unos ojos vírgenes y objetivos que detecten los fallos, lo que funciona y lo que no. A este oficio en palpable retirada se dedicará la charla.

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Asistentes a la última edición del Festival EÑE. | Imagen vía Festival EÑE.

El día 27 arranca la programación del Círculo de Bellas Artes con una programación interesante durante dos días. Destacamos varias citas de diferentes disciplinas.

Viernes 27

19.00h: Arturo Pérez Reverte, Javier Marías y Agustín Díaz Yanes

Sin duda son cuatro nombres con tanta personalidad como para poner en marcha la programación del Círculo de Bellas Artes. El viernes 27 en el Teatro Fernando Rojas, dos escritores cinéfilos como Pérez Reverte y Marías, que por cierto participan en la cita por primera vez, se sentarán junto al cineasta Agustín Díaz Yanes en una conversación moderada por el periodista Jacinto Antón. La ficción y la vida, la actualidad y la historia, el humor y la seriedad, serán algunos de los temas que traten con la libertad y la astucia que les caracteriza.

20.30: Marta Sanz y Ramón Andrés

Que la literatura puede ser una herramienta de sanación, un bálsamo para almas atormentadas y un ejercicio catalizador se sabe a través de las novelas que abordan el tema. Una de las voces más singulares de nuestra literatura es Marta Sanz que, junto a Ramón Andrés, uno de los intelectuales más originales del país, se preparan para hablar sobre la literatura y el daño. El periodista Manuel Llorente será el encargado de que ambos aborden cuestiones como si la filosofía puede ser una cura, si la palabra es un pabellón de reposo y la literatura un bálsamo.

20.45h: Joan Fontcuberta, Sofía Moro, José Manuel Navia y Chema Conesa

¿Cómo se crea un buen libro de fotografía? Esa es la pregunta que se plantea este encuentro que nace con motivo de la edición número 100 de la colección PHotoBolsillo. Chema Conesa es, además del director de la colección, uno de esos fotógrafos incombustibles que suma ya más de 40 años de recorrido. Él ha sido el encargado de reunir a Fontcuberta, Moro y Navia en una charla en la que abordarán, seguro, más temas que el que los une inicialmente.

21.30h: Manuel Borja-Villel, Niño de Elche y Pedro G. Romero

Algunos se preguntarán qué conexión existe entre el director del Reina Sofía (Manuel Borja-Villel) y el artista flamenco (Niño de Elche). Pues bien, el cantante ofreció el pasado mes de mayo un concierto en la pinacoteca con motivo del Día de los Museos. Poco a poco las diversas disciplinas se van uniendo creando nuevas sinergias que se retroalimentan y crean nuevos espacios. El arte puede servir de rebelión pero, ¿qué tipo de herramienta puede ser el flamenco en todo esto? Esa es la clave que intentarán desentrañar entre los tres.

Los doce imperdibles del Festival Eñe
Editoriales presentes en la última edición del Festival EÑE. | Imagen vía Festival EÑE.

Sábado 28

17.00h: Isaac Rosa, Daniel Gascón y Elvira Navarro e Inés Martín Rodrigo

¿Puede ser la literatura una herramienta para el desarrollo de una conciencia cívica? Esta es la cuestión troncal que abordarán Rosa, Navarro y Gascón, tres escritores que se relacionan a través de unas obras donde la memoria sirve de herramienta política y la desolación como forma de conciencia. ¿Hasta dónde llega la realidad? Inés Martín Rodrigo modera este encuentro en el que se determinará si realmente la realidad se agota y si la literatura puede ser un estímulo, un bálsamo o todo lo contrario.

18.15h: Eduardo Madina y Bernardo Atxaga

La última vez que el político Eduardo Madina y el escritor Bernardo Atxaga se vieron fue con motivo de <em>La pelota vasca. La piel contra la piedra</em> que dirigió Julio Medem. Han pasado ya varios años de aquel encuentro en 2003 en el que la conversación giraba en torno al terrorismo de ETA. Lo que les une ahora es algo completamente diferente y divertido: la literatura. En la educación sentimental de Madina están algunos de los libros de Atxaga y con Atxaga, que acaba de subir a los escenarios Obabakoak, hablará sobre ello en una conversación moderada por Javier Gómez Santander.

18.15h: Andrés Trapiello y Felipe Benítez Reyes

Gran admirador de Cervantes hace un par de años Andrés Trapiello tradujo El Quijote al lenguaje actual. Fue una labor, que además de ser una tarea ardua, estuvo destinada a ese 80% de españoles que no lo han leído. Felipe Benítez Reyes, por su parte, volvió con a la novela tras diez años silencio con El azar y viceversa, una historia de apariencia picaresca. A ambos les une, por tanto, haber trabajado con vidas de otros y, en algún momento, haber asumido la escritura como una espeleología por vidas ajenas. La conversación entre ambos, que moderará el periodista Luis Alemany, girará en torno a cuestiones como hasta dónde se puede contar y hasta dónde se puede inventar cuando se aborda una biografía.

20.15h: Manuel Vicent y Raúl del Pozo

Un gran momento para los periodistas y los amantes de la profesión. Manuel Vicent y Raúl del Pozo, dos de esos periodistas que llevan el oficio en la sangre abordarán, moderados por Antonio Lucas, cuestiones internas de esta profesión de carácter pasional. Cómo ha evolucionado al periodismo, cuáles son sus mutaciones, la presencia de la literatura en los periódicos, la dicotomía entre el papel y lo digital, los aciertos y los fallos y, sobre todo, la herencia de aquellas generaciones de escritores en prensa del siglo XX serán los temas que entretendrán a todos los asistentes.

21.30h: Carlos Boyero y Borja Hermoso

Si hablamos de crítica de cine seguro que muchos lo relacionarán, de manera automática, con Carlos Boyero, que hace lo propio en el periódico El País. La suya es siempre una opinión tan personal que no tenemos por qué compartir pero es esa libertad de la que goza la que le hace especial. Lleva en esto más de 40 años y no le da miedo equivocarse, porque, como hemos apuntado, su opinión es suya propia. Pero la música y la literatura también son parte de su genética y el periodista Borja Hermoso, con quien comparte mesa, lo conoce bien. Podría decirse que es un encuentro imperdible.

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