Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

La vieja izquierda catalana quiere plantar cara al independentismo

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

José Antonio Canillas mira a su alrededor con aire satisfecho. Los ecos de La Internacional todavía resuenan en el salón de actos del Centre Cívic La Sedeta. El lugar, a pocas manzanas de la Sagrada Familia, ha acogido este martes un acto contra el referéndum que ha terminado con los 200 asistentes cantando el himno obrero a pleno pulmón. “Hacía tiempo que no veía a tanta gente de la izquierda clásica junta”, asegura este veterano de Comisiones Obreras, un sindicato al que lleva afiliado desde el tardofranquismo. En Cataluña, en los últimos años, el nacionalismo ha devorado lo que él llama “izquierda clásica”.

El acto, impulsado por el Foro de las Izquierdas No Nacionalistas, había comenzado dos horas antes con los altavoces reproduciendo “Mi tierra”, una oda a España cantada por Nino Bravo. Entre la balada del cantautor y el himno de la clausura nueve ponentes –con el ex fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo y el viejo líder comunista Paco Frutos como estrellas invitadas– se habían dedicado a no dejar títere con cabeza; Carles Puigdemont, Ada Colau, la CUP, ERC, Podemos, Pablo Iglesias o Mariano Rajoy. Hubo para todos.

La vieja izquierda catalana quiere plantar cara al independentismo 2
Dos centenares de personas acudieron al acto convocado en el Centre Cívic La Sedeta. | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Puigdemont y sus antecesores, Artur Mas y Jordi Pujol, fueron acusados de querer una república catalana para poder robar más y mejor. Ada Colau fue acusada de seguir permitiendo desahucios en Barcelona. La CUP recibió la acusación de traición a la izquierda y de servir como caballo de Troya a las élites capitalistas, que gracias a ellos habrían podido penetrar finalmente en los barrios obreros. ERC fue acusada de catalanista y, como la CUP, de ser los tontos útiles del poder. Podemos de partido sectario y de haber permitido gobernar al PP. Y Pablo Iglesias fue tildado de “ignorante” por el propio Villarejo para gran regocijo de la concurrencia. Mariano Rajoy, en cambio, sólo se llevó algún palo suelto. De pasada y no precisamente por despertar simpatía alguna entre los presentes; más bien al contrario. En su caso los palos se daban por supuestos.

Desahogos al margen, el acto también sirvió para hablar del objetivo que la ‘izquierda verdadera’ debe perseguir. En palabras del propio Paco Frutos: Una España federal, republicana y socialista. La invocación de semejante España fue ovacionada largo y tendido. El antiguo secretario general del Partido Comunista no compartió, sin embargo, ninguna pista sobre cómo se podría avanzar hacia esa realidad soñada.

La vieja izquierda catalana quiere plantar cara al independentismo
Voluntarios de Recortes Cero animan a firmar su próximo manifiesto. | Imagen vía: Borja Bauzá/The Objective

Quienes sí lo hicieron, aunque de manera un tanto vaga, fueron Miguel del Amo, de la organización En Positivo +, y Vicente Serrano, de Alternativa Ciudadana Progresista. El primero explicó desde el estrado que en las próximas elecciones autonómicas no se puede abandonar a la izquierda no nacionalista a su suerte. Vicente Serrano, por su parte, me confirmó al terminar el acto que la creación de un partido político es algo que está sobre la mesa. El problema de la izquierda es que ha perdido la hegemonía política y cultural, sostiene Serrano. Eso explicaría, en su opinión, por qué partidos como Unidos Podemos se habrían asociado con el nacionalismo catalán a la hora de pedir la celebración de un referéndum. Es una forma de mantenerse a flote.

Esta negativa no ya a la independencia sino a la celebración del referéndum es el denominador común que todos los asistentes al acto comparten y es, también, lo que separa a estas organizaciones de otros partidos de izquierdas que, sin buscar la independencia de Cataluña, piden respetar su derecho a decidir. Los más puristas de entre los presentes alegan que cuando Marx defendía el derecho de autodeterminación lo hacía pensando en las colonias, algo que Cataluña no es. Nuria Suárez, cabeza visible de la plataforma Recortes Cero, es más pragmática al exponer que la consulta es “una estafa antidemocrática” porque no se celebraría con garantías de ningún tipo.

La vieja izquierda catalana quiere plantar cara al independentismo 1
Los ponentes cantan La Internacional al terminar el acto. | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Echando un vistazo a su popularidad en redes sociales uno podría pensar que Recortes Cero es un movimiento anecdótico. Sin embargo, esta es la organización que promovió el manifiesto 1-O Estafa Antidemocrática que causó tanto revuelo tras aparecer en las páginas de El País firmado por personalidades de toda España como el escritor Juan Marsé o la cineasta Isabel Coixet. De hecho, Recortes Cero ha utilizado el acto de Barcelona para impulsar la publicación de un tercer manifiesto en El Mundo antes del domingo. “Nos sale por 8.000 euros”, explica una voluntaria mientras recoge firmas y pide donaciones.

Pero hay límites. No todo vale en la lucha contra el independentismo. Cuando pregunto a José Antonio Canillas, el sindicalista de Comisiones Obreras, si sería capaz de hacer causa común con partidos como el PP o Ciudadanos me mira con incredulidad. “Con la derecha no se va a ningún lado”, aclara. “Otra cosa es que estén ellos también ahí; entonces estaríamos juntos, pero nunca revueltos”.

Cuando me despido de Canillas son cerca de las diez de la noche y el salón de actos está prácticamente vacío. Esther Vila, una maestra retirada, intenta ocultar un puñado de pósteres en su bolso antes de salir a la calle. No lo hace por la lluvia; es que no quiere que se vean. Por si las moscas. “En Cataluña no existe libertad de expresión”, me explica. El póster reza: “Si vas a votar, aunque votes no, ganan ellos.

Save

Continúa leyendo: Estas son las 41 mujeres asesinadas por sus parejas en España en 2017

Estas son las 41 mujeres asesinadas por sus parejas en España en 2017

Redacción TO

Foto: Marcos Brindicci
Reuters

Se confirma la muerte de otra mujer en España. No conocemos su nombre, pero tenía 66 años y vivía en Rubí, muy cerca de Barcelona. La asesinó presuntamente su expareja, que fue detenida horas más tarde.

Su nombre se suma a una larga lista de víctimas que, ya en el último trimestre del año, alcanza las 41 mujeres asesinadas. En 2016 fueron 44. Desde 2003, 912. Los datos pertenecen al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Los números podrían ser más alarmantes, según el portal Feminicidio.net, que aporta información sobre sus identidades y circunstancias.

Estas son las mujeres asesinadas por sus parejas desde el pasado 1 de enero en España:

1 de enero:

Matilde Teresa de Castro. 40 años. En Rivas Vaciamadrid (Comunidad de Madrid). Había denunciado y tenía una orden de protección activa; su pareja la quebrantó por consentimiento mutuo.

Identidad desconocida. 25 años. En Madrid (Comunidad de Madrid). Deja un hijo huérfano.

14 de enero:

Blanca Esther Marqués Andrés. 48 años. En Burlada (Navarra).

15 de enero:

Antonia García Abad. 33 años. En Huércal de Almería (Almería, Andalucía).

27 de enero:

J.D.L.M. 40 años. En Seseña (Toledo, Castilla-La Mancha). Había denunciado. Deja un hijo huérfano.

29 de enero:

Virginia Ferradás Varela. 55 años. En O Carbaliño (Orense, Galicia).

5 de febrero:

Cristina Martín Tesorero. 38 años. En Mora (Toledo, Castilla-La Mancha).

7 de febrero:

Carmen González Ropero. 79 años. En Suria (Barcelona, Cataluña).

11 de febrero:

Laura Nieto Navajas. 26 años. En Seseña (Toledo, Castilla-La Mancha).

13 de febrero:

Ana Belén Ledesma. 46 años. En Daimiel (Ciudad Real, Castilla-La Mancha).

19 de febrero:

Margaret Stenning. 79 años. El Campello (Comunidad Valenciana).

21 de febrero:

Gloria Amparo Vásquez. 48 años. En Valencia (Comunidad Valenciana). Deja una hija huérfana.

Dolores Correa. 47 años. En Gandía (Valencia, Comunidad Valenciana). Había denunciado y tenía una orden de alejamiento activa.

22 de febrero:

Identidad desconocida. 91 años. En Villanueva del Fresno (Badajoz, Extremadura).

Leydi Yuliana Díaz Alvarado. 34 años. En Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona, Cataluña). Había denunciado y tenía orden de alejamiento activa. Deja a cinco hijos huérfanos.

1 de marzo:

Erika Lorena Bonilla Almendárez. 32 años. En Madrid (Comunidad de Madrid).

29 de marzo:

Ana María Rosado. 42 años. En Campo de Criptana (Ciudad Real, Castilla-La Mancha).

31 de marzo:

Yurena López Henríquez. 23 años. En Telde (Las Palmas, Canarias).

1 de abril:

María Victoria Zanardi Maffiotte. 44 años. En La Laguna (Tenerife, Canarias).

10 de abril:

Andra Violeta Nitu. 24 años. En El Alquián (Almería, Andalucía).

16 de abril:

María Rosario Luna Barrera. 39 años. En Alcolea del Río (Sevilla, Andalucía). Deja una hija huérfana.

21 de abril:

Rosa. 45 años. En Barcelona (Cataluña).

2 de mayo:

Raquel López Airas. 45 años. En Alcobendas (Madrid, Comunidad de Madrid).

12 de mayo:

Eliana González Ortiz. 27 años. En Madrid (Comunidad de Madrid).

27 de mayo:

Susana Galindo Morena. 55 años. En Madrid (Comunidad de Madrid).

Valentina Chirac. 37 años. En Collado Villalba (Comunidad de Madrid). Deja una hija huérfana.

28 de mayo:

Beatriz Ros. 31 años. En Molina de Segura (Región de Murcia).

13 de junio:

Encarnación García Machado. 55 años. En Las Gabias (Granada, Andalucía).

24 de junio:

Encarnación Barrero Marín. 39 años. En Sevilla (Andalucía). Había denunciado y tenía una orden de alejamiento activa. Deja varios hijos huérfanos.

25 de junio:

Fadwa Talssi. 29 años. En Salou (Tarragona, Cataluña).

15 de julio:

Mari Carmen Carricondo Reche. 66 años. En Huéscar (Granada, Andalucía).

16 de julio:

Irina G. 38 años. En Valencia (Comunidad Valenciana).

2 de agosto:

María Raquel Castaño Fenoll. 63 años. En Getafe (Comunidad de Madrid).

5 de agosto:

Ana Belén García Pérez. 38 años. En Santa Cruz de Tenerife (Canarias).

16 de agosto:

Catalina Méndez García. 48 años. En Totana (Región de Murcia).

24 de agosto:

María Sofía Tato Pajares. 42 años. En Arroyo de la Luz (Cáceres, Extremadura). No solicitó orden de alojamiento. Deja dos hijas huérfanas.

25 de septiembre:

Rosa María Sánchez Pagán. 20 años. En Canteras (Cartagena, Región de Murcia). Había denunciado.

28 de septiembre:

Noelia Noemí Godoy Martínez. 32 años. En Sestao (Vizcaya, País Vasco).

1 de octubre:

Felicidad Bruhn. 25 años. En Barcelona (Cataluña). Deja una hija menor huérfana.

3 de octubre:

Ana Belén Jiménez. 44 años. En Miranda de Ebro (Burgos, Castilla y León). Deja un hijo menor huérfano.

14 de octubre:

Identidad desconocida. 66 años. En Rubí (Barcelona, Cataluña).

Estas son las 40 mujeres asesinadas por sus parejas en España en 2017 1
MAPA ELABORADO POR THE OBJECTIVE. | FUENTE: MINISTERIO DE SANIDAD, SERVICIO SOCIALES E IGUALDAD

Este mapa de 2017 evidencia aquellas regiones donde se han producido más casos. Así, la Comunidad de Madrid lidera la lista con 8 feminicidios, y le siguen Cataluña y Andalucía (6),  Castilla La-Mancha (5), Comunidad Valenciana (4), Canarias y Región de Murcia (3), Extremadura (2) y País Vasco, Navarra, Castilla y León y Galicia (1).

Continúa leyendo: Tener pene

Tener pene

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: Erol Ahmed
Unsplash

Para esa mitad aproximada de la población que dispone de uno, tener pene puede parecer algo más o menos trivial. En realidad no lo es. Tener pene es importante. O, mejor dicho, no tenerlo lo es. Cuando empecé a relacionarme con politólogos e intelectuales en seguida noté algo extraño: era como si no existiera. Los corros siempre se cerraban ante mis narices, casi nadie prestaba atención si me atrevía a decir algo y con frecuencia no llegaba a terminar mi excurso porque alguien me interrumpía antes.

Era una situación desconcertante por nueva. Nunca me había pasado en un aula, donde uno sabe que se sienta entre semejantes y donde la brillantez de las ideas y la cuantía de los conocimientos las examina un evaluador externo al grupo: un profesor.

Al principio achaqué estas reticencias a mi edad. Era un poco más joven que la mayoría de ellos, así que pensé que quizá se tratara de eso. Y, claro que tenía que ver, pero pronto noté que había otros chavales a los que se integraba y se dispensaba el trato considerado que a mí me negaban. Aquel entorno era muy masculino, pero imagino que muchas mujeres habrán vivido experiencias similares en ámbitos distintos.

Yo decía algo y nadie se dignaba mirarme. Un rato después, algún tenedor de pene repetía el mismo argumento y era recibido con asentimiento y celebración. Así asumí que mi problema era no tener pene. La otra opción era aceptar que era más tonta que el resto, y yo, que me tengo por una persona segura, alguna vez dudé de mí, y me avergoncé de mis opiniones y pensé que quizá no estuviera a la altura.

Escribir se convirtió en la única forma de poder expresarme sin interrupciones, sin sonrisas paternalistas ni gestos de desdén. Después, claro, mis artículos no se leían como los de ellos y mucho menos se compartían. Todavía es así. Cuando eres mujer es duro labrarte un espacio propio. Tienes que ganarte el respeto de todos: de los desconocidos, de los amigos y hasta de tu novio. Aprendí que, a veces, para obtener la bendición de los cercanos tienes que conquistar primero el favor de los extraños. También, que es más fácil conseguir el aplauso de los próceres que de quienes creen competir contigo. Pero sería injusto generalizar y no admitir que me he cruzado con hombres estupendos que me han tratado como a una igual y que hoy me son muy queridos.

Como soy muy cabezota, no dejé de escribir. Me dije: “Te va a costar un poco más que a ellos, pero, al final, llegarás tan lejos como te propongas”. Sigo convencida de ello. No me malinterpreten: no creo en esas frases de autoayuda barata que lo conminan a uno a perseguir sus sueños, como si la intención forjara el éxito. Pero creo tener algún talento, aunque publicarlo sea probablemente pretencioso y poco femenino. No escribo esto buscando explotar el victimismo con el que tontea algún feminismo. No soy débil. Me gustan las personas fuertes. Me gustan las mujeres fuertes.

Una vez, cuando era pequeña, una mujer (una amiga de mi familia, además) me preguntó, casi retóricamente, si yo quería ser un chico. Supongo que lo decía porque me pasaba el día saltando, trepando, corriendo, jugando al fútbol. No me gustaban las muñecas ni esos vestidos incómodos. Me identificaba con personajes como Peter Pan, Tintín, Basil, aquel ratón émulo de Sherlock Holmes, o Arturo, en la película que Disney dedicó al mago Merlín. Me aburrían los cuentos de princesas, pobres muchachas pasivas a la espera de un señor guapo, y me daban miedo las brujas. Nunca respondí a aquella pregunta, “¿A que te gustaría ser un chico?”, porque me quedé sin palabras. El mensaje era aterrador: todo lo que me hacía feliz era impropio de una chica. Estaba íntimamente escandalizada y furiosa, aunque fui incapaz de manifestar escándalo o furia.

La contestaré hoy, cuando han pasado más de veinte años y tengo, por fin, algún público que me lea: no quiero ser un chico. No queremos ser hombres. Solo queremos ser iguales.

Continúa leyendo: La retirada melancólica

La retirada melancólica

Ricardo Dudda

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Es difícil ser optimista con el problema del independentismo catalán. El procés puede durar eternamente porque es un fenómeno retórico, eufemístico, una sucesión de escenificaciones. Pero sus efectos en la sociedad catalana son reales y se perciben. Aunque las sociedades son muy volubles y nada es nunca irreversible, el esfuerzo de unir a las dos Cataluñas será enorme; el esfuerzo del independentismo para reconducir el entusiasmo hacia cauces menos rupturistas también.

Es posible que, del mismo modo que desde 2012 hasta hoy el independentismo ha crecido radicalmente, podrá retroceder. Pero tardarán en desaparecer el victimismo, el resentimiento y el rencor, la cultura del agravio, el uso de la memoria, siempre selectiva, la política como un acto expresivo, épico y “divertido”, más allá de la transacción y la negociación. Vivimos una época en la que cada generación necesita un momento épico fundacional, una Transición a nuestra medida. Como escribía un difunto tuitero, cada nueva generación piensa que el colectivismo (y puede sustituirse con cualquier otro ideal político) falló porque no lo lideraron ellos.

El procés vive jornadas históricas casi cada semana; acostumbrados a esto, los independentistas, y quizá no solo ellos, exigirán algo más que bienestar o reconocimiento. Quizá exijan entretenimiento, emoción, pasión. Durante años, millones de ciudadanos catalanes han depositado mucho capital emocional en el procés. El processisme ha devuelto eufemismos, hipérboles, momentos históricos, pero es posible que su impresionante capacidad para renovarse llegue a su fin. Difícilmente habrá un momento de responsabilidad colectiva de las élites, y dudo que llegue el momento de la rendición de cuentas. El procés intentará sobrevivir. La sociedad civil se decepcionará. Y, cuando esto ocurra, quizá lo mejor sea una lenta y melancólica retirada.

Continúa leyendo: Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Anna Maria Iglesia

Foto: DANIEL AGUILAR
Reuters

El legado de Leonora Carrington, artista surrealista británica, no solo está compuesto por una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX, sino también por textos de indudable interés, entre ellos uno de los más importantes es Memorias de Abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora publica Alpha Decay con prólogo de Elena Poniatowska.

“¡No admito su fuerza, el poder de ninguno de ustedes, sobre mí. Quiero ser libre para obrar y pensar; odio y rechazo sus fuerzas hipnóticas!”, se rebeló de pronto Leonora Carrington al doctor Luis Morales, bajo cuya supervisión médica estaba recluida en el sanatorio mental de Santander. Pocos meses antes, Max Ernst, había sido detenido por la República de Vichy. De origen judío y vinculado a la resistencia, Ernst fue detenido en su casa de Saint Martin d’Ardèche, donde vivía con una jovencísima Leonora, una joven inglesa llamada a ser una de las pintoras más relevantes del surrealismo. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, lo cambió todo: Ernst terminó detenido en el campo de concentración de Les Milles,  en la República de Vichy, y Leonora encerrada en una clínica psiquiátrica en Santander.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 1

Los gritos de Leonora, reclamando su libertad, retumbaban en la clínica santanderina el agosto de 1940. Tan solo unas semanas antes, la pintora había sido obligada por su padre a un internamiento forzoso en la clínica del Dr. Morales, un psiquiatra de ideología nazi que, por entonces, regentaba una de las clínicas psiquiátricas con más prestigio entre la burguesía europea. El Dr. Morales era considerado una excelencia por llevar a cabo “milagrosas” y experimentales curaciones sobre sus pacientes, curaciones que se basaban principalmente en un choque convulsivo químico con cardiazol. A pesar de que el Dr. Morales la cogiera del brazo, afirmando, sin titubear, “aquí soy yo el amo”, aquellos gritos de Carrington anunciaban el final de su encierro. Ella estaba en aquella clínica por orden de su padre, un tradicional hombre de la burguesía inglesa que nunca había aprobado la conducta de su “rebelde” hija, y bajo el control permanente del Dr. Morales, ocupado, más que preocupado, en quitarle las ideas delirantes que la joven padecía desde la detención de Ernst.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 2
La posada del Caballo del Alba (1936-1937), autorretrato de Leonora Carrington | Imagen vía: Wikimedia Commons

“Cuando los alemanes invadieron Francia, temiendo por su propia seguridad, Leonora decidió escapar a España, con la intención de obtener un visado para el pasaporte de Max, que ella guardaba consigo”, cuenta Victoria Combalía en Amazonas con pincel. Por entonces, Carrington “ya comenzaba a ser presa de alucinaciones que le desencadenarían ataques de locura”, unos ataques que la acompañarían a lo largo de su huida de Francia, desde Andorra, pasando por la Seu d’Urgell y Barcelona, hasta Madrid, donde llegó acompañada por Catherine Yarrow y Michel Lucas.

La locura de Carrington era resultado de lo vivido, ¿cómo sino podría reaccionar alguien a quien, en palabras de Elena Poniatowska “de pronto los gendarmes se presentan y se llevan a su amor alegando razones de religión o de raza o de ideología”. La violencia, sin embargo, no abandonó a Leonora: no sólo llegaba a una España que acaba de salir de la Guerra Civil, una España cruel, dice Poniatowska, un país que “con su guardia civil intentó destruir su mundo imaginario y afectivo”, sino que nada más llegar sería víctima de una banda de requetés, que la raptaron y la violaron.

“Se levantaron algunos de aquellos hombres y me metieron a empujones en un coche. Más tarde estaba ante una casa de balcones adornados con barandillas de hierro forjado, al estilo español. Me llevaron a una habitación decorada con elementos chinos, me arrojaron sobre una cama, y después de arrancarme las ropas me violaron el uno después del otro”, recordaría tiempo después en Memorias de abajo. A partir de entonces, Carrington ya no pudo más, los delirios se incrementaron como si delirar fuera la única manera de huir de aquella vida hostil a la que parecía estar condenada.

“En sus raptos de locura, Leonora asumía el comportamiento de varios animales: rugía como una hiena, relinchaba como un caballo, ladraba como un perro…” cuenta Combalía. Fue entonces cuando el padre de Leonora entró en escena y obligó su internamiento: “Mi primer despertar a la conciencia fue doloroso: me creí víctima de un accidente de automóvil; el lugar me sugería un hospital, y estaba siendo vigilada por una enfermera de aspecto repulsivo y que parecía una enorme botella de Lysol. Me sentía dolorida, y descubrí que tenía las manos y los pies atados con correas de cuero. Después me enteré de que había entrado en el establecimiento luchando como una tigresa, que la tarde de mi llegada, don Mariano, el médico director del sanatorio, había intentado convencerme para que comiera y que yo le había arañado”.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista
Leonora Carrington | Imagen vía Alpha Decay

Así recuerda Leonora Carrington su llegada a la clínica psiquiátrica en Memorias de abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora la editorial Alpha Decay publica en una nueva edición con prólogo de Elena Poniatowska. Como cuenta Poniatowska, autora del libro Leonora, en la vejez, la pintora apenas hablaba de Max Ernst, pero sí de su estancia en la clínica: “De su niñez, Leonora habló con felicidad; del Cardiazol en la clínica del doctor Mariano Morales en Santander, en cambio, con verdadera angustia”. De hecho, añade la escritora mexicana, “con el terror impreso en sus ojos, volvía a caer en el agujero negro: ‘Me impidieron cualquier movimiento, me amarraron, me inyectaron…’”. Si bien para Bretón el libro de Leonora fue un texto imprescindible para sus estudios en torno a la locura y los delirios, no debe olvidarse que Memorias de abajo es, ante todo, un libro sobre la reclusión y el abandono.

Carrington no sólo se siente atrapada en esa clínica, no sólo siente que aquellos tratamientos, hoy absolutamente superados, no hacían otra cosa que hundirla más en su locura, sino que se sentía abandonada, sobre todo por un padre que parecía estar haciéndole pagar el precio de la libertad disfrutada años atrás en París. Como relataba hace algunos meses en The Guardian su sobrina Joanna Morhead, Carrington –Prim, así la llamaban- era considerada la “niña salvaje” de la familia: “Nunca escuché ni una sola buena palabra hacia ella”, recuerda Morhead, para quien fue todo un descubrimiento saber que su tía era un nombre imprescindible dentro de la historia de la pintura. “Durante décadas, ella fue relativamente desconocida: el convencional mundo artístico pasó por encima de ella y los comerciantes la ignoraron. Cuando entró en los ochenta años, sin embargo, encontró, con lentitud, pero con firmeza, la fama”, afirma Morhead y sigue: “Su trabajo fue redescubierto por los historiadores; las mujeres surrealistas fueron ‘recuperadas’ y conocidas por sus talentos individuales antes que por su papel de musas. Al inicio del siglo XXI, ella se convirtió en una especie de tesoro nacional para su país de adopción”, México.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 3
Cocodrilo de Leonora Carrington, en Ciudad de México. | Imagen vía Carlos Valenzuela/Wikicommons

Carrington llegó a México en 1942, tras un año en Estados Unidos. A finales de 1940, gracias a la intermediación de un primo suyo, salió de la clínica de Santander, aunque su padre ya había decidido su destino: “Su familia ha decidido enviarla a Sudáfrica, a un sanatorio donde será muy feliz porque es delicioso”, le dijeron nada más llegar a Madrid, primera etapa de un viaje que Leonora no estaba dispuesta a realizar. Acompañada por Frau Asegurado, encargada de su cuidado y vigilancia, fue embarcada a Lisboa, teóricamente la segunda parada antes que Sudáfrica. Sin embargo, Leonora, consciente de que “no había que luchar con esa clase de gente, sino pensar más deprisa que ellos”, no dudó en escapar en cuanto tuvo la posibilidad y esconderse en la Embajada de México, habiendo conocido al diplomático mexicano, Renato Leduc, pocos días antes en Madrid: “El embajador se portó maravillosamente conmigo, después. Tuve que entrar a verle, y dijo: ‘Está usted en territorio mexicano. Ni siquiera los ingleses pueden tocarla’. No sé cuándo apareció Renato. Al final, dijo: ‘Vamos a casarnos. Sé que es horrible para los dos, porque no creo en esa clase de cosas, pero…’”.

Fue así como Leonora pudo escapar. ¿Fue un matrimonio concertado aquello que le concedió la libertad? Ella nunca lo negó. Si bien el matrimonio con Renato durara tan solo un año, su amistad perduró hasta el final y él nunca dejó de visitarla en su casa de Chihuahua. En México, Leonora retomó su carrera como pintora que la guerra había interrumpido y aquellas alucinaciones cabalísticas y astrológicas sufridas durante su estancia en Santander terminaron plasmando un mundo interior, del cual sus pinturas fueron reflejo: “su pintura desvela la vertiente mística de la vida cotidiana. Sus escenas recuerdan los cuentos de hadas y los relatos infantiles irlandeses y celtas que le contaban de niña, repletos de druidas y magos que conocen una dimensión superior de la realidad. Personajes como la diosa Danu o la figura del caballo como símbolo de la búsqueda de renovación abundan en sus lienzos, así como gatos, cisnes, serpientes y alusiones a la cábala y a la alquimia”, apunta Victoria Combalía.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 4
El mundo mágico de los mayas de Leonora Carrington en el Museo Nacional de Antropología de México | Imagen vía Loppear / Wikimedia Commons

Leonora Carrington murió en 2011 en México. Tenía 91 años. Nunca quiso volver a Europa para vivir, aunque sus viajes a Inglaterra y Francia fueron constantes. Tras de sí, no sólo deja textos de indudable interés, sino una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX. “Su trabajo evoca de muchas cosas y su enormemente complejo”, comenta Matthew Gale de la Tate Modern, “su producción no fue masiva porque su técnica es muy meticulosa y su trabajo muy detallista”.  

TOP