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Las 7 superpotencias culturales están en Florencia (y España no es una de ellas)

Redacción TO

Foto: Maurizio Degl Innocenti
AP Photo

La ciudad de Florencia acoge este jueves y viernes la primera reunión del G7 dedicada a la cultura, una iniciativa impulsada por Italia, un país que busca posicionarse en el primer plano de la defensa del patrimonio mundial. “En el origen de este proyecto está una evaluación que hicimos para el gobierno y que muestra que Italia dispone de un liderazgo cultural debido a la importancia de su patrimonio”, ha defendido Dario Franceschini, ministro italiano de Cultura.

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Irina Bokova, directora general de la UNESCO, siendo recibida por el alcalde de Florencia, Dario Nardella. | Foto: Maurizio degli Innocenti/AP Photo

“Italia busca transformar esta fuerza en acción en el plano internacional para introducir la noción de diplomacia cultural en la agenda de las naciones”, ha agregado. Este encuentro se celebra coincidiendo con la presidencia italiana del G7, cuyos jefes de Estado se reunirán a finales de mayo en la ciudad siciliana de Taormina.

En la reunión de dos días, los ministros de Cultura de los siete países se van a juntan en la ciudad de la Toscana para debatir el tema de la “cultura como instrumento de diálogo de los pueblos“. El jefe del gobierno italiano, Paolo Gentiloni, ha abierto oficialmente la cita cultural.

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Una reproducción del Arco del Triunfo de Palmira, en la Piazza della Signoria en Florencia | Foto: Maurizio Degl’ Innocenti/AP Photo

Franceschini ha destacado que los trabajos de preparación de esta cumbre deberían terminar en la elaboración de un documento final que perpetúe las reuniones del G7 en materia de cultura. “La atención de la opinión pública sobre la salvaguardia del patrimonio aumentó después de eventos traumáticos como la destrucción del sitio de Palmira por la organización Estado Islámico”, ha explicado el ministro italiano. El G7 reúne a Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Canadá e Italia.

España no forma parte del grupo, a pesar de ser el tercer país del mundo en bienes materiales declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con 45, sólo por detrás de Italia (51) y China (48), también ausente.

El plan del alcalde de Londres para tener cero emisiones en 2050

Cecilia de la Serna

Foto: STEFAN WERMUTH
Reuters

Londres es la ciudad europea más contaminada, según datos recientes de la Agencia Europea del Medio Ambiente. El pasado 6 de enero, la capital británica ya había superado los límites de contaminación para todo el 2017. Sus habitantes, literalmente, se ahogan.

La contaminación se cobra allí unas 9.500 muertes prematuras al año de las 40.000 en todo el país en ciudades como Glasgow, Leeds, Nottingham o Port Talbot. La mala calidad del aire de las grandes ciudades británicas las ha colocado en la mirilla de la Organización Mundial de la Salud.

Esta problemática es una prioridad a atajar para el alcalde Sadiq Khan, que sufre de asma desde que era niño a causa de la contaminación de su ciudad. Por este motivo, ha decidido presentar un plan muy ambicioso cuyo objetivo es claro: cero emisiones en 2050. Son más de 30 los años por delante para lograr dicha meta, que se adivina complicada, pero no imposible.

El plan del alcalde de Londres para tener cero emisiones en 2050
Sadiq Khan quiere abanderar la lucha contra la contaminación en Londres. | Foto: Toby Melville / Reuters

El plan del alcalde Khan consiste, sobre todo, en una estrategia de transporte, que incluye la sustitución de todos los taxis y coches de transporte privado con conductor, como Uber, por vehículos de cero emisiones en 2033, además de la sustitución de los autobuses por otros de cero emisiones en 2037, y del resto de vehículos en 2040. Además, Khan pretende eliminar casi por completo los vehículos privados para promover el uso de la bicicleta, el caminar y el transporte público. Concretamente, su plan pretende que el 80% de los desplazamientos por la ciudad se realicen a través de estos medios. Para el alcalde Khan es imprescindible que “no usar el coche sea la opción más asequible, segura y conveniente para los londinenses en sus desplazamientos diarios”.

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Londres es la ciudad más contaminada de toda Europa. | Foto: Toby Melville / Reuters

Otras medidas incluyen “barrios habitables” y “rutas saludables”, que proporcionarían espacios seguros y transitables para los londinenses. La estrategia de transporte también menciona las restricciones de aparcamiento, entre otras. Todas estas medidas, que cambiarían sustancialmente y para mejor la vida de los ciudadanos, forman parte de un gran sueño pero, sobre todo, de un gran reto. Es bastante improbable que Sadiq Khan sea el alcalde de Londres en 2050, y cuando alguien ocupe su lugar deberá elegir entre seguir la guía marcada por él o elegir otro camino. La propuesta del alcalde será sometida a consulta pública el próximo 2 de octubre.

La contaminación es una problemática que afecta a millones de personas en el mundo. La sociedad se enfrenta ahora a todos los retos del cambio climático, ante los que las grandes iniciativas globales como el Acuerdo del Clima de París no parecen ser suficientes. Las iniciativas locales, de las pequeñas comunidades, son esenciales para paliar los efectos del cambio climático y mejorar la vida de los ciudadanos.

El Prado se apunta al WorldPride con un itinerario de arte homoerótico

Cecilia de la Serna

Foto: Museo Nacional del Prado

Durante dos intensas semanas, Madrid celebra el WorldPride 2017, un acontecimiento de trascendencia global con el que la reivindicación y la fiesta se darán la mano entre unos tres millones de personas. Muchas son las actividades de ocio, deportivas o culturales que acompañarán a madrileños y foráneos en torno a la diversidad, y la mayor pinacoteca de España no podía faltar. Por eso el Museo del Prado inaugura una nueva forma de ver su colección permanente, La mirada del otro: Escenarios para la diferencia.

Este proyecto, que se inscribe en el marco de las actividades relacionadas con la celebración del WorldPride Madrid 2017 y viene acompañado por una publicación patrocinada por la Comunidad de Madrid, es un itinerario inédito en la pinacoteca madrileña.

Diversos recorridos por 30 obras de distintas épocas que revelan, de una forma u otra, una mirada sobre la sexualidad de manera no normativa. No es en sí una exposición de facto, como la que exhibe la Tate Gallery de Londres (Queer British Art), sino una mirada diferente a obras que ya pertenecían al Prado. Sus comisarios rechazan utilizar la palabra “homosexual” para dar nombre a este nuevo itinerario, ya que el término no apareció hasta el siglo XIX y las obras del recorrido son anteriores.

El Prado se apunta al WorldPride con un itinerario de arte homoerótico
Orestes y Pílades o Grupo de San Ildefonso. | Foto: Museo Nacional del Prado

Cada uno de los diferentes recorridos propuestos, independientes pero complementarios entre sí, refleja “una realidad afectiva cuya consideración social ha sido cambiante con el paso de los siglos y en función de los lugares, y que ha ofrecido diversos y atractivos reflejos en el Arte”, aseguran los comisarios del itinerario. En ellos se subraya, por un lado, el carácter inadvertido, o incluso oculto, que se confirió en el pasado a las iconografías del amor más diverso y, por otro, “el hecho naturalmente inclusivo de su existencia”, apuntan desde el museo.

El viaje inclusivo del Museo del Prado lo iniciamos con esculturas de parejas clásicas como Orestes y Pílades, Adriano y Antínoo, Aristogitón y Harmodio o la de Safo de Lesbos, directamente llegada del almacén de la pinacoteca y que, hasta ahora, no se podía ver. Más allá del mundo clásico, destacan piezas de Botticcelli, Leonardo y Caravaggio y dos obras realmente excepcionales de la colección del Prado: El Cid de Rosa Bonheur y El maricón de la Tía Gila de Goya. Ambas son poco conocidas por el público pero visibilizan dos realidades complementarias de una artista y una iconografía claramente alusiva a los contenidos de este itinerario expositivo. Rosa Bonheur, primera pintora que recibió la Legión de Honor francesa y la Gran Cruz de Isabel la Católica, solicitó a las autoridades un permiso de travestismo para poder vestir con pantalones e ir a ferias de ganado, granjas y trabajar con animales salvajes.

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El Cid, de Rosa Bonheur. | Foto: Museo Nacional del Prado

La mirada del otro: Escenarios para la diferencia estará disponible en el Museo Nacional del Prado hasta el 10 de septiembre de 2017.

El museo del fracaso de Suecia que expone a Donald Trump

Redacción TO

Foto: Eric Thayer
Reuters

Hay detalles que pasan desapercibidos por un tiempo, pero no eternamente. Cuando Donald Trump lanzó al mercado en 1989 su propia versión del Monopoly, con su rostro presidiendo la caja sobre la ciudad de Nueva York, pensó que se convertiría en un éxito de ventas. Sin embargo, sus pronósticos fallaron. Ahora, este juego, que se llamaba Yo estoy de vuelta y tú despedido — Trump, el juego, forma parte de un museo que sirve como alegoría del fracaso.

Suecia tiene un museo del fracaso que expone a Donald Trump
La versión de Monopoly con la imagen de Donald Trump. | Fuente: Ebay

Situado en la ciudad sueca de Helsingborg, esta casa de los horrores se ha convertido en todo un reclamo turístico. En sus pasillos se pueden observar artilugios a los que nunca se encontró utilidad y que, en muchos casos, despiertan la risa de los visitantes. Entre ellos está el Teleguide, un precursor de internet con una aplicabilidad limitada que amenazó con arruinar por costoso a las telecomunicadoras de Suecia; la bicicleta Itera, sacada a la venta en 1982 y hecha completamente de plástico -era terriblemente inestable y frágil y nunca funcionó en el mercado-; y el Ford Edsel, de 1958, un coche con un diseño extraño, ruidoso y con una facilidad alarmante para averiarse.

Se puede encontrar fracasos estrepitosos y recientes como el Amazon Fire, un teléfono inteligente con muchas deficiencias, o la máscara tonificadora Rejuvenique, una careta eléctrica y estéticamente inquietante que aplicaba pequeñas descargar sobre el cutis facial con la supuesta capacidad de rejuvenecer las facciones del rostro.

Aunque muchos de estos inventos o innovaciones fallidas sean motivo de sorna en nuestros días, el comisario de la exposición, Samuel West, se esfuerza por explicar a los visitantes del museo, en muchas ocasiones llegados desde países tan lejanos como Canadá o China, que el fracaso no debe ser una causa de sonrojo; más bien un paso adelante hacia la obtención de nuevos objetivos.

“Creo profundamente que como sociedad infravaloramos el fracaso. El fracaso es lo que nos permite aprender a caminar, lo que nos permite aprender a hablar”, argumenta West en una entrevista concedida a la cadena norteamericana NBC. “Cualquiera de tus habilidades se debe a que te has equivocado antes”.

En este sentido, defiende con fervor que el museo es una reivindicación de esta idea y que su finalidad es la de lanzar, finalmente, un mensaje positivo. “Entiendo que a los medios les gusta hacer reportajes sobre la muestra porque así tienen cosas divertidas sobre las que escribir un titular que venda”, asume. “Sin embargo, el mensaje de fondo no puede tomarse a broma“.

Porque en los pasillos del museo no solo se encuentran extravagancias y rarezas que pueden erizar la piel y de las que nunca oímos hablar. En esta exposición de Helsingborg hay, por ejemplo, una réplica del DeLorean DMC-12, un coche deportivo fallido que saltó a la fama por la saga de películas de Regreso al futuro.

Con todo, no puede evitarse la idea de que el juego de mesa de Trump pueda ser considerado como un error que ha conllevado necesariamente al actual presidente de los Estados Unidos a cosechar nuevos éxitos. West, de hecho, reconoce que sus teorías no encuentran justificación en el juego lanzado por la marca del magnate.

“Es una versión muy mala del Monopoly”, sentencia West, reconociendo que el producto de Trump es, en cualquier caso, una de las piezas que más curiosidad despierta en el emblemático museo.

Francia, "casa tomada"

Recaredo Veredas

Foto: CHRISTOPHE ARCHAMBAULT
AP

Cortázar empezó mejor que acabó. Suele ocurrirles a muchos escritores que mezclan la reivindicación, aunque sea justa, y el arte. Sin embargo, su primer relato publicado aún permanece en el Olimpo de la inquietud y así ocurrirá hasta el fin de los tiempos. Se titula Casa Tomada. En sus páginas vemos cómo un fantasma nunca definido ocupa lentamente las estancias de un viejo piso porteño, habitado por una pareja de ancianos hermanos cuyo vínculo oscila entre la polilla y el incesto. El ocupante no es visto, ni siquiera sabemos si lo es o asistimos a un brote psicótico del narrador. Los hermanos no plantan cara a la ocupación de su hogar, se limitan a cambiar de habitación y a continuar con sus costumbres: ella teje, él bebe mate y vegeta. Les rodea un Buenos Aires que se intuye árido, cansado. Cuando la energía oscura toma la última estancia y son arrojados a la calle incluso sienten alivio, el descanso que embarga a cualquiera cuando abandona una carga demasiado pesada para la fragilidad de sus hombros. Salgamos del relato y vayamos a la cruda e idealizada realidad.

Europa vibra con cada palabra y cada gesto de Emmanuel Macron, ese JFK que todos necesitábamos para volver a sentirnos orgullosos de nuestros políticos. Sin duda Macron reúne capacidad intelectual, dominio de los omnipresentes medios, carisma, astucia política y un sutil encaje con la tradición cultural francesa (fue asistente del filósofo Paul Ricoeur). Su mayor amenaza no son unos rivales cuya inoperancia ha sido más que constatada sino un vacío insólito para un candidato que se pretende arrollador. Una ola de energía negra, similar al que ocupaba la vieja casa bonaerense creada por Cortázar, está abduciendo a los franceses. Cuando en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales la suma de quienes optaron por la abstención y votaron en blanco superó el 30%, muchos culparon al izquierdista Jean Luc Mélenchon por su ambigüedad. No quiso apoyar a un candidato liberal, aunque se enfrentara al ultranacionalismo aggiornado de Marine Le Pen. Sin embargo, en las elecciones al parlamento se han presentado todos los partidos y la abstención ha sido aún mayor. Un 57% de los electores inscritos decidieron quedarse en casa, batiendo el anterior record de abstención en más de 10 puntos. Macron dominará una Asamblea Nacional cada vez más carente de auténtica representatividad. El centro de las ciudades, gentrificado tras el abandono y la decadencia de los 80 y los 90, y la periferia adinerada están entusiasmados. Sin embargo les rodea un fantasma colectivo -formado por millones de ciudadanos que nunca escriben en twitter y contemplan cómo lo que creían eterno se desvanece- que pronto convertirá al sufragio universal en un remedo no declarado del censitario.

La pereza, más propia de ese Estados Unidos que desea desaparecer en la anestesia de la heroína, ocurre en el país más politizado del mundo, la tierra de la Revolución y del mil veces mitificado mayo del 68, donde los obreros, los estudiantes y los burgueses salían a la calle, con una virulencia envidiada en España, ante la menor modificación de sus libertades y sus derechos laborales, donde cuentan con un sistema educativo envidiado por medio mundo y con un salario mínimo de 1.457 €. Pese a tantas virtudes y tan envidiada historia –o tal vez por las inevitables expectativas que despiertan- Francia ha caído en el marasmo. Las fábricas abandonadas, o reconvertidas en inútiles centros culturales, son el recordatorio de las causas. Los franceses silenciosos parecen saber que la globalización es inevitable, que el regreso al paraíso proteccionista creado por el General de Gaulle es una utopía y que el voto a opciones extremas, como las representadas por Mélenchon o Le Pen solo traería una breve alegría y un largo desastre. Pero no pueden votar a quien les obligará a competir con los insuperables costes laborales del antes conocido como Tercer Mundo. La consecuencia de ese cruce, tan esquizoide como lúcido, es un silencio doloroso, amordazado.

Ni siquiera la receta de dosis masivas de fluoxetina a los millones de silenciosos solucionaría un problema que dista mucho de ser imaginario. Tal vez el alivio, que no la solución, se encuentre en aquello que hemos dejado atrás, incluso con asco: el regreso a los valores elementales del ser humano, aquellos que llenaban el corazón de los amordazados con palabras tan vaciadas de sentido como amor, compañía, esperanza y perdón, aquellos que predicaban la sencillez y el contacto humano por encima de anhelos creados en agencias de publicidad. La felicidad, lo sabemos todos, no se encuentra en el estímulo de compra continuo. Pero tal solución ataca al consumo salvaje cuya adicción es, a la vez, el motor de la economía y uno de los pilares de la letal pereza que toma, sin olvidar ni un rincón, nuestra casa.

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