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Las huellas del tsunami que hizo temblar al mundo

Christian Rubio

El 26 de diciembre de 2004, a las 7:58 de la mañana hora local, un terremoto de 9,1 grados de magnitud despertaba a 30 kilómetros de profundidad en el Océano Índico y a 260 kilómetros al oeste de la costa de Aceh, en Indonesia. El terrible rugido de la tierra desencadenó una serie de poderosos tsunamis que devoraron todo a su paso. Islas y poblaciones enteras de Indonesia, Malasia, India, Tailandia, Sri Lanka y las Maldivas desaparecieron del mapa. Aún hoy, 12 años después, las cifras no están claras, pero se calcula que al menos 230.000 personas perdieron la vida en el que está considerado el desastre natural más destructivo de la historia.

Resulta imposible describir el mortal fenómeno, equiparable a la energía de 23.000 bombas atómicas, desde una perspectiva única. Cada región del sudeste asiático fue castigada con su propia tragedia, cada una de ellas escribió su propia crónica negra de un día aciago cuyos efectos desataron otras fatalidades. Epidemias de enfermedades e infecciones como el cólera, la disentería o la hepatitis se extendieron entre los que lograron sobrevivir a la furia de la naturaleza. La escasez de alimentos y agua potable multiplicaron el número de víctimas en las siguientes semanas. Se registraron nuevos temblores que aterrorizaron a los que luchaban cada segundo por mantenerse con vida en campamentos improvisados, rodeados de cuerpos y escombros. Las labores de rescate se prolongaron durante meses.

Monumento conmemorativo de las víctimas del tsunami en Banda Aceh, Indonesia. (Foto: Beawiharta / Reuters)
Monumento conmemorativo de las víctimas del tsunami en Banda Aceh, Indonesia. (Foto: Beawiharta / Reuters)

Indonesia

El país más afectado por la catástrofe fue sin duda Indonesia, que se encuentra en el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, la falla sísmica conocida por originar algunos de los peores terremotos registrados. Allí murieron unas 160.000 personas, de las cuales se han confirmado poco más de la mitad. Olas de hasta 30 metros estallaron en las costas de sus islas, como Sumatra, donde numerosas localidades fueron engullidas por el agua y, literalmente, borradas del mapa. La provincia de Aceh, en el extremo norte de Sumatra, es el punto más occidental de Indonesia y fue el lugar más cercano al epicentro del terremoto. Aproximadamente 70.000 de las víctimas vivían en Banda Aceh, su capital.

Organizaciones internacionales, entre las que se encuentra el Banco Mundial, estimaron que los daños materiales superaron los 14.000 millones de dólares. La inversión para reconstruir la zona alcanzó los 7.000 millones. Una ayuda que resultó fundamental para obrar el milagro de salir adelante y recuperar Banda Aceh, que había quedado completamente devastada e incomunicada. Se da la paradoja de que esta ciudad, según múltiples testimonios, está mucho mejor en la actualidad que antes del tsunami. Incontables muestras de apoyo extranjero llegaron como un vendaval de esperanza. Etnias, idiomas y religiones pasaron a un segundo plano.

Diez años después del desastre, un grupo de fotógrafos de todo el mundo acudieron hasta Aceh para capturar el milagro. Su trabajo habla por sí mismo. Las primeras fotografías son de los días posteriores al tsunami. Las siguientes, de 2014.

Banda Aceh. Enero de 2005 / Enero de 2014 (Foto: Bay Ismoyo / AFP)
Banda Aceh. Enero de 2005 / Enero de 2014 (Foto: Bay Ismoyo / AFP)
Banda Aceh. Enero de 2005 / Enero de 2014 (Foto: Bay Ismoyo / AFP)
Banda Aceh. Enero de 2005 / Enero de 2014 (Foto: Bay Ismoyo / AFP)
Banda Aceh. Enero de 2005 / Enero de 2014 (Foto: Chaideer Mahyuddin / AFP)
Banda Aceh. Enero de 2005 / Enero de 2014 (Foto: Chaideer Mahyuddin / AFP)
Aceh Besar. Enero de 2005 / Noviembre de 2014 (Foto: Bay Ismoyo / AFP)
Aceh Besar. Enero de 2005 / Noviembre de 2014 (Foto: Bay Ismoyo / AFP)

Sri Lanka

Cerca de 35.000 personas murieron en este país asiático situado al sur de India. Las pequeñas comunidades pesqueras fueron las más castigadas por el oleaje, que golpeó prácticamente la totalidad de sus playas. Las imágenes de un satélite de la NASA revelaron que el borde de la costa de Sri Lanka retrocedió más de 150 metros del litoral. Las inundaciones bloquearon las vías de acceso a hospitales y poblados, lo que convirtió el proceso de evacuación de los heridos en una labor casi imposible.

En las semanas posteriores, Sri Lanka atravesó varios episodios desagradables que empañaron la imagen de unión y solidaridad ofrecida en otros países afectados. A pesar de las ayudas de organizaciones no gubernamentales y otros organismos internacionales, multitud de voces denunciaron que el dinero no llegaba a emplearse de manera efectiva en los trabajos de reconstrucción. La sociedad civil se desmarcó de un Gobierno acusado de haberse apoderado de la mitad de los fondos, y su esfuerzo por mirar hacia el futuro fue clave.

Una madre y su hija observan un grabado que ilustra el drama del tsunami en Sri Lanka. (Foto: Dinuka Liyanawatte / Reuters)
Una madre y su hija observan un grabado que ilustra el drama del tsunami en Sri Lanka. (Foto: Dinuka Liyanawatte / Reuters)

India

Las Islas de Andamán y Nicobar, al este del Golfo de Bengala, y el Estado de Tamil Nadu, en el sur de India, fueron las zonas más golpeadas, aunque también se vieron afectados los estados de Kerala y Andhra Pradesh. Se calcula que hubo 16.000 muertos y que los daños materiales superaron los 3.800 millones de dólares. Los sobrevivientes, aterrorizados, tardaron tiempo en volver a las pequeñas aldeas costeras. Algunos ni siquiera han querido regresar.

El Gobierno indio, con el mismo temor que sus ciudadanos a que se repitiera el horror, mandó construir nuevas poblaciones hacia el interior del país. Esto provocó que muchos pescadores de la región, que subsistían gracias a su trabajo en primera línea de costa, tuvieran que cambiar completamente de forma de vida. El miedo les impedía volver a estar cerca del mar, aunque los programas de ayuda habían dedicado parte de lo recaudado a la reparación y compra de barcos pesqueros.

En India, muchos pescadores perdieron su forma de ganarse la vida tras el desastre. (Foto: Arko Datta / Reuters)
En India, muchos pescadores perdieron su forma de ganarse la vida tras el desastre. (Foto: Arko Datta / Reuters)
Las olas devoraron numerosas aldeas costeras en el sur de India. (Foto: Stringer / Reuters)
Las olas devoraron numerosas aldeas costeras en el sur de India. (Foto: Stringer / Reuters)

Tailandia

Las playas de Khao Lak, en Tailandia, fueron devastadas por el tsunami unas dos horas después del terremoto. Las olas superaron los 11 metros. El paisaje y las edificaciones de la zona fueron arrasados junto a más de 5.000 vidas, según cifras oficiales. En el momento del incidente, las playas tailandesas estaban llenas de turistas que pasaban allí las fiestas, un entorno paradisíaco en plena Navidad que se convirtió en un cementerio. Casi la mitad de los fallecidos eran extranjeros. El director de cine Juan Antonio Bayona llevó a la gran pantalla la historia de una heroica familia española que logró sobrevivir al calvario. La película, titulada Lo Imposible, muestra la crudeza de los acontecimientos que marcaron las vidas de María, Henry y sus tres hijos.

Quizá una de las mejores muestras de los efectos del tsunami en Khao Lak es la lancha de policía que fue arrastrada dos kilómetros tierra adentro. La embarcación custodiaba a una de las personalidades más conocidas del país, cuya muerte causó un gran impacto entre sus ciudadanos. Era el nieto del rey de Tailandia, Khun Poom Jensen, que se encontraba de vacaciones con su familia. La lancha se dejó tal y como quedó como símbolo del duelo, en memoria de las víctimas.

Miles de personas quedaron sepultadas bajo toneladas de fango y escombros (Tailandia). (Foto: Karim Khamzin / Reuters)
Miles de personas quedaron sepultadas bajo toneladas de fango y escombros (Tailandia). (Foto: Karim Khamzin / Reuters)
La lancha policial que escoltaba al nieto del rey de Tailandia fue arrastrada dos kilómetros tierra adentro. (Foto: Adrees Latif / Reuters)
La lancha policial que escoltaba al nieto del rey de Tailandia fue arrastrada dos kilómetros tierra adentro. (Foto: Adrees Latif / Reuters)

El alcance de la tragedia

El tsunami se expandió con fuerza hacia muchas otras regiones. Su voraz oleaje llegó hasta Malasia, Birmania, Bangladesh, las Islas Maldivas, Australia, Nueva Zelanda e incluso la costa este de África (Somalia, Tanzania, Kenia y Madagascar). El número de muertos aumentó sin descanso, y todavía hoy se cree que miles de cadáveres sin identificar permanecieron sepultados bajo el fango sin que nadie los añadiera a las cifras oficiales.

Cientos de linternas de papel iluminaron el cielo nocturno de Ban Nam Khem, en Indonesia, en homenaje a las víctimas el 26 de diciembre de 2014. (Foto: Athit Perawongmetha / Reuters)
Cientos de linternas de papel iluminaron el cielo nocturno de Ban Nam Khem, en Indonesia, en homenaje a las víctimas el 26 de diciembre de 2014. (Foto: Athit Perawongmetha / Reuters)

Billones de toneladas de roca se desplazaron cientos de kilómetros por encima de la falla que dio origen al terremoto de mayor magnitud en 40 años. Los sismógrafos detectaron el potente temblor durante aproximadamente 9 minutos agónicos que hicieron vibrar el planeta entero un centímetro. Pero el caos y la desgracia consiguieron agitar mucho más que eso. Lograron sacar las mejores virtudes de la comunidad internacional, que luchó unida para recuperarse de una tragedia que cada 26 de diciembre irrumpe inevitablemente en la memoria colectiva.

Continúa leyendo: Un año de portadas: Donald Trump, el presidente más ridiculizado de la Historia

Un año de portadas: Donald Trump, el presidente más ridiculizado de la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: Der Spiegel

Donald Trump cumple ahora su primer año de mandato. El magnate, que atrajo una gran atención hacia sí mismo tanto durante la campaña de los republicanos como durante la presidencial norteamericana, seguirá previsiblemente tres años más en la Casa Blanca (a falta de un impeachment inmediato a la vista).

El primero de sus ejercicios en el poder ha estado marcado por no pocas controversias: su veto a la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana, sus comentarios racistas, la relación de su entorno más próximo con agentes rusos o la construcción de un muro con México que por ahora parece más obra de su imaginación que de la realidad.

Una de esas polémicas que ha planeado constantemente sobre Trump y su propio ego ha sido la relación con la prensa, a la que ha acusado constantemente de verter noticias falsas sobre él cada vez que había un tema de actualidad que podía afectarle. La expresión “fake news” ha servido como una especie de escudo, transmitiendo un mensaje que sin duda ha calado sobre sus seguidores y provocando un descrédito desmesurado de la prensa.

Esa prensa a la que él ha acusado de mentirosa ha publicado numerosas portadas, algunas auténticas obras maestras de la ilustración y el humor, que lo han convertido no sólo en el presidente más controvertido sino también en el más ridiculizado que se recuerde. A continuación, un repaso de esas portadas, tanto de medios serios como de publicaciones satíricas, de uno y otro lado del charco.

La revista New Yorker

Desde la polémica por las largas estancias del presidente Trump en sus complejos de golf, al apoyo por parte de grupos de supremacía blanca o el pozo en el que para muchos está el mandatario a estas alturas, las célebres ilustraciones de portada de la prestigiosa revista New Yorker han mostrado a un Donald Trump poco adecuado para el cargo que ostenta.

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

La revista Time

La famosa publicación Time ha sido una de las más incisivas a la hora de retratar a Donald Trump en su portada. Las dos imágenes que hemos seleccionado son muy violentas, y muestran ese odio y esa furia que lo caracterizan.

Imagen: Time

Imagen: Time

La revista The Week

Con ocasión del lanzamiento de Fire and Fury del periodista Michael Wolff, la publicación The Week divulgó esta portada en la que mostraban al Trump que ama la comida rápida totalmente furioso por lo que el libro cuenta.

Imagen: The Week

El New York Magazine

Por el mismo sendero caminaba New York Magazine cuando publicó esta portada en la que se representan los malos hábitos alimenticios de Donald Trump y que se ven reflejados en el libro de Wolff.

Imagen: New York Magazine

Der Spiegel

Más allá de las fronteras norteamericanas, una de las publicaciones que ha publicado las portadas más notables durante el primer año de Trump en la Casa Blanca ha sido el alemán Der Spiegel. En ellas ha puesto de relevancia temas como el exacerbado patriotismo del presidente e incluso ha llegado a retratarle como la viva imagen de la involución humana.

Imagen: Der Spiegel

Imagen: Der Spiegel

La revista The Economist

Con sus siempre acertados análisis, The Economist ha dedicado varias portadas al presidente norteamericano. De entre todas destacamos la última, en la que pretenden hacer balance del primer año del presidente en el poder ilustrando a un bebé Trump.

Imagen: The Economist

Bloomberg Businessweek

Las polémicas medidas firmadas durante este año por el mandatario estadounidense inspiraron la portada de Bloomberg Businessweek en la que, en lugar de una orden ejecutiva, podemos leer en un documento firmado por Trump: “insertar orden ejecutiva redactada precipitadamente, jurídicamente dudosa y económicamente desestabilizadora”.

Imagen: Bloomberg Businessweek

La revista elJueves

Para terminar: una publicación española. Los chicos de elJueves utilizaron su acertado sentido del humor para alumbrar la boca de Trump con una antorcha sostenida por un miembro del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan.

Imagen: elJueves

Un nuevo año comienza para Trump, y para todos aquellos maestros ilustradores a los que les espera mucho trabajo para retratar las facetas de un icono mediático irrepetible.

Continúa leyendo: Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Redacción TO

Foto: DADO RUVIC
Reuters

De las 100 principales criptomonedas que actualmente están en el mercado, un total de 96 están en números rojos, es decir, la práctica totalidad de las criptodivisas pierde dinero (y con ellas, sus inversores). Solo se salvan de esta guillotina económica Tether, Gas, Neblio y Cryptonex. El martes se conocía la noticia de que la criptomoneda por antonomasia, bitcoin, se desplomaba un 16% y que sus casi igualmente famosas compañeras Ethereum y Ripple (las dos más populares después de bitcoin) perdían un 16% y un 24% de su valor, respectivamente. Uno podría pensar que este pesimista panorama alertaría a los inversores y que estos cruzarían tierra, mar y aire para salir de semejante embrollo. Pero se equivocaría. Los grandes inversores han cruzado mar sí, pero en crucero, con toda la calma.

Alrededor de 600 entusiastas de las criptomonedas se embarcaron el lunes por la noche en Singapur en el segundo Blockchain Cruise anual, una suerte de vacaciones en el mar con una temática entrada en las criptodivisas. El valor del bitcoin se situaba entonces cómodamente por encima de los 13.500 dólares (unos 11.000 euros) pero para cuando el buque llegó a el miércoles a Tailandia, donde los viajeros pudieron dedicarse a beber, a tomar el sol y a disfrutar de conferencias sobe la criptoeconomía, el bitcoin había caído ya hasta los 10.000 dólares (algo más de 8.000 euros), informa Bloomberg. En el transcurso de esos días, el grupo, compuesto en su mayoría de hombres jóvenes, muchos de los cuales han hecho fortunas gracias a bitcoin, habían perdido probablemente millones de dólares.

Pero el batacazo no detuvo la fiesta. Según ha explicado Ronnie Moas, uno de los conferenciantes del miércoles, el bitcoin alcanzaría, en el mejor de los casos, los 300.000 dólares (más de 245.000 euros) en tan solo siete años. “Nada crece en línea recta”, razona. Pero la lista de conferenciantes del exclusivo crucero no acaba ahí e incluye nombres fuertes como José Gómez, hombre cercano al expresidente de Venezuela Hugo Chávez; Kaspar Korjus, el hombre detrás de la “nación digital” de las e-residencias impulsada por el Gobierno de Estonia; Jorg Molt, que -de ser cierta su afirmación de que posee un cuarto de millón de bitcoins– tiene una fortuna de 2.800 millones de dólares (casi 2.300 millones de euros), e incluso el mismísimo John McAfee, el empresario de la compañía de ciberseguridad McAfee (cuyos antivirus se encuentran hoy en día en dispositivos de todo el mundo).

Precisamente McAfee se ha convertido en los últimos tiempos en un gran promotor de las criptodivisas a través de su cuenta de Twitter, donde también ha incluido una fotografía del crucero.

“¡Que todo el mundo se relaje!”, ha dicho recientemente, citado por International Business Times. “No sé si será el bitcoin o múltiples divisas pero habrá un estándar de criptomonedas para el mundo les guste a los gobiernos o no”.

Con este panorama, el mundo de las criptomonedas sigue festejando su repentino éxito, ajeno a los últimos datos, que apuntan a que estas divisas experimentarán una caída tan potente como lo fue su ascenso. Y olvidan el tortazo que se pegaron en 2007 las hipotecas subprime (disparador de la crisis económica) y de la explosión de la burbuja de las puntocom a principios de siglo. Los seguidores más acérrimos de la moda del bitcoin, según una de las conferencias, tendrán que ver una caída de más del 50% del valor antes de que salgan espantados. 

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La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Estamos sentados frente a una mesa, en silencio. B. B. Mukherjee observa la pantalla de su teléfono, pone la cabeza en alto, con sus gafas de diseño a rayas grises y negras sobre su nariz. Mukherjee luce un estrecho bigote con una forma más parecida a un triángulo que a un cuadrado, y viste un traje descatalogado de franela y color marfil que combina con una corbata de otra década. Estamos sentados a la distancia de un metro y B. B. Mukherjee, que es subgerente del Ministerio de Turismo indio en España, sigue en silencio tras cinco minutos y mirando con atención vídeos indescifrables con un volumen moderadamente alto. Tiene un reloj de oro en su muñeca izquierda y tantos anillos como dedos en sus manos. La responsable de prensa está sentada a mi izquierda y me mira con nerviosismo, como esperando una respuesta, y yo le sonrío y eso le tranquiliza.

Estoy sentado frente a Mukherjee en el stand indio de Fitur porque los dos responsables más importantes de la delegación de la India, que puso mucho interés para promocionar su país y mucho dinero para instalar este espacio tan grande –por no hablar de que el nombre de la marca, Incredible India, aparece prácticamente en cada folleto que circula por aquí dentro como principal patrocinador del evento–, están en sus respectivos hoteles desde una hora indeterminada que no logro averiguar, cuando quedan todavía dos horas para el cierre de la jornada.

La situación es particularmente divertida y extraña. Mukherjee levanta repentinamente la mirada, sonríe mucho y extiende la mano, como advirtiendo –en este momento– que está acompañado. Luego entrecruza los dedos, esperando la primera pregunta, y sus anillos brillan como diamantes.

Le comento, a modo de arranque, que han aumentado mucho su disposición en 2018. Él asiente con la cabeza y dice, con un acento marcadamente indio que solo escuché en películas: “Sí, este año hemos estado en todas las ferias importantes de Europa como patrocinadores”. Pero, casi en una maniobra de escapismo, desvía con velocidad su respuesta y sostiene que India es un país tremendamente rico y diverso, con bosques y templos y ruinas y playas y montañas, y continúa con una explicación nada concisa e inesperada del estado de salud del sistema judicial y político indio y de la calidad sanitaria. “Tendrías que ver qué cirujanos tenemos”, dice, levantando las cejas. “Son muy buenos”.

Después le pregunto por la vocación de su presencia en Madrid y no parece importarle: continúa con su respuesta anterior, explicando las bondades de su presidente y la fortaleza de su democracia, y describe a la India como un país muy rico y “paradójico” donde la riqueza no impide la miseria. Le digo que eso significa que hay mucha desigualdad. El subgerente de Turismo sonríe y concluye: “Sí, qué paradójico, ¿verdad?”.

Y en cada pregunta hay una respuesta similar, como si nos encontráramos en conversaciones ajenas, y la conversación es tan frustrante y claramente incontrolable que finalmente desisto y pienso en la segunda entrevista.

La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur
Entrevista a B.A. Devaiah en uno de los stands de ‘Incredible India’. | Foto: Interface

Más al sur, Karnataka

La responsable de prensa se disculpa mientras me conduce hasta el área donde se instala la delegación de Karnataka, una región del sur con 55 millones de habitantes, más salvaje y más verde que el norte –el lugar al que suelen ir a parar los turistas–. La parada está adornada con plantas y una ambientación premeditadamente exótica, con bancos en todas partes y la representación más o menos conseguida de un tigre de Bengala sobre una alfombra verde. Karnataka es una de las zonas que persiguen explotar en los próximos años y hacen un esfuerzo verdadero por crear una imagen atractiva.

Así que el gabinete de comunicación organiza una conversación con el consejero de Turismo, un hombre joven y bien vestido con un inglés perfecto. Esperamos mientras cumple con otro compromiso y al volver se acerca hacia nosotros, con rostro serio, y dice que prefiere no hacerla: se niega, en principio, por estar cansado. Ellos procuran convencerle de lo contrario y finalmente concede una confesión: él no es el consejero de turismo, sino B.A. Devaiah, de Starks Communications, una agencia contratada por el Gobierno regional para representarlos. Lo hace extendiendo una tarjeta que recojo.

Le pregunto si está legitimado para hablar en nombre del Gobierno y él asiente, nos sentamos y hay una conversación fructífera en un primer momento: responde con interés y educación y habla de una región que conoce porque es la suya. Karnataka está en el sur del país y las diferencias respecto al norte, más transitado, más exprimido, son abismales. Un modo distinto de comprender la religión y las tradiciones, un idioma que no es el mismo –hablan mayoritariamente el kannada– y una gastronomía que, presume, únicamente se asemeja en la frecuencia del arroz blanco. Un atributo que, de cualquier modo, comparten la mayor parte de los países de la región.

Devaiah se encuentra menos cómodo y pone más reparos si hay que hablar de seguridad. Él alude, directamente, a las violaciones de mujeres. No las niega, aunque asegura que muchos occidentales viven en la zona y lo hacen con tranquilidad. Dice que si se producen tantas es porque hay muchos habitantes, sin aludir a razones concretas.

–¿Y en cuanto a las infraestructuras?–le planteo.

“Sí, tenemos”, responde, con un largo silencio.

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La modelo Tess Holliday lucha este 2018 para que la alta costura venda tallas grandes

Redacción TO

Foto: Instagram
@TessHolliday

Tess Holliday, la modelo de Mississippi que acapara titulares por expresarse habitualmente en favor del feminismo, la aceptación del propio cuerpo y la maternidad, luchará este año para lograr que las marcas de alta costura amplíen su rango de tallas para las compradoras. En una entrevista para Vogue, afirma que quiere trabajar más con la alta costura, para aparecer en las revistas con piezas de firmas de lujo. “Ya es hora de que se vea representada la gente de mi tamaño ¡y ya he hecho todo lo demás!”.

A pocas semanas de la New York Fashion Week, que inicia el 8 de febrero, espera que su presencia en la pasarela dé a la gala una variedad en tallas que no suele ser tan común en el mundo de la moda. Sin dejar esto a un lado, la modelo insiste en que el debate ya debe centrarse en otra cosa: “¿Cuándo llegará el momento en que los diseñadores -que ya cuentan con modelos no convencionales en sus desfiles- decidirán ampliar su rango de tallas para las compradoras?”.

“¿Por qué querría desfilar con una marca y hacer de su chica grande simbólica cuando ni siquiera fabrican mi talla?”, ha expresado para la revista. “Cuando estas grandes marcas con tanta influencia empiecen a producir tallas grandes, me llamarán el 100% de ellas, porque eso querrá decir que de verdad les interesa y que están invirtiendo en ello”, añade.

Holliday ha conquistado pasarelas y portadas con unas medidas poco habituales entre las modelos: una altura de 1,60 cm y una talla 50. Su ascenso de desconocida a estrella se dio tras varios tropiezos. Al participar en un casting en Atlanta, le insistieron en que debía abandonar el sueño de hacer carrera en el modelaje. “Me rechazaron por mi altura y mi peso, pero eso solo me hizo intentarlo con más fuerza”, recordó para Vogue. A los 24 años, se mudó a Los Ángeles para continuar con su objetivo pero encontró su verdadero camino en el poder de las redes sociales.

“Conseguiría llamar la atención de todo el país en 2013 con su hashtag viral #effyourbeautystandards (algo así como ‘a la mierda con tus cánones de belleza’), lema con el que animó a todas las mujeres, sin importar su talla, a repudiar las idealizaciones obsoletas y que impulsaría definitivamente su carrera como modelo”, publica la revista. Tras firmar con la casa de estrellas Milk Model Management, comenzó a recibir un importante reconocimiento. Ya acumula 1.5 millones de seguidores en Instagram y protagoniza portadas en revistas de gran calado como People. También trabaja con marcas muy populares como H&M.

En 2017, publicó un libro llamado The Not So Subtle Art of Being A Fat Girl (El arte poco sutil de ser una chica gorda) que se convirtió rápidamente en un ‘bestseller’. En la reciente entrevista se ha mostrado más fuerte que nunca: “Siento que ha llegado el momento de liarla. Quiero ser de las que cambian las cosas, o al menos abrir las puertas a otras”. ¿Será el 2018 finalmente el año de Tess Holliday?

“Los anuncios llevan mucho tiempo sin incluir a las personas de talla grande, y me parece una locura. Los productos de peluquería y maquillaje son cosas que todo el mundo usa, no tiene ningún sentido (…) Quiero acceder a la alta costura porque sí vemos a famosas con tallas grandes, y consumidoras, pero aún no hay un reflejo de esa realidad. Solo abordar el tema puede ayudar a movilizar a la gente”.

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