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Las lolitas en la literatura: una alucinación colectiva

Romhy Cubas

Foto: Cordon Press
Cordon Press

“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta”

En los libros se puede consultar como un término más. El diccionario Merriam-Webster explica que es una “hermosa y seductora joven”, su historia puede ser percibida como una redada de amor, una confesión autobiográfica, el producto de una mente retorcida o todas las anteriores, pero cuando Nabokov sirvió en un mismo plato a una niña de 11 años, un hombre de 38 y un concubinato ilegal -por decir algo- le puso nombre a una alucinación colectiva, fetiche, sueño, naturaleza, entretenimiento, etc.

El creador de Lolita fue un profesor nacido un 22 de abril de 1899 que enseñaba literatura en Estados Unidos, y por más de seis décadas esa creación ha ocupado un curioso legado cultural que se regenera con cineastas como Kubrick y cantantes como Lana Del Rey en un arquetipo de tres sílabas escrito por un ruso lepidóptero –o amante de las mariposas para ponerlo más sencillo.

Vladimir Nabokov y Lolita son signos inseparables de la literatura, no es ni de lejos su única novela, antes había publicado algunos libros sin mucho éxito: King, Queen, Knave, Laughter in the Dark o Despair son algunos de los títulos que arrojan su interés por marcar el erotismo en sus textos.

“Lolita es un retrato ácido y cabal de los Estados Unidos, de su cultura elástica y una censura oportuna para cada ocasión”

El inmigrante ruso que llegó a Estados Unidos a los 40 años e irónicamente escribió uno de las grandes novelas americanas, dejó de lado las disputas generacionales de Emily Bronte y el romanticismo de época de Jane Austen para lanzar su “bomba del tiempo”, como llamó a la novela cuando comenzó a enviar el manuscrito a las editoriales. Su rechazo reiterado lo llevó a una editorial francesa -las estadounidenses temían ir a la cárcel de solo considerarla- y fue gracias a Olympia Press que el verde oliva del primer volumen de Lolita creó un personaje literario que ha calado en la cultura del siglo XX como pocos desde El Gran Gatsby de Fitzgerald.

La de Nabokov es la historia de un hombre obsesionado con la temporalidad efímera de la edad y la juventud. El deseo hacia una adolescente que eventualmente dejaría de ser lolita para convertirse en Dolores, un recuerdo etéreo que en el libro representa las confesiones de Humbert Humbert y todo lo que puede salir mal cuando la edad sí importa. Lolita también es un retrato ácido y cabal de los Estados Unidos, de su cultura elástica y una censura oportuna para cada ocasión.

El estereotipo ha evolucionado entre modas, libros, cine, arte, música y personalidades públicas, pero la original, la de labios escarlata y piernas infinitas fue su transgresión personal. Poe la llamaba Virginia y para Dante su nombre era Beatriz, pero obviando el evidente factor pedófilo que Nabokov introdujo en la trama sin cortinas de humo, en la literatura ha habido y habrán muchas lolitas -unas menos explícitas que otras-, sin embargo, esa característica incorpórea de ninfa en la que Humbert Humbert se excusa para fantasear con su hijastra tiene matices similares en las manos de Lewis Carroll o Mario Vargas Llosa.

Estos son algunos de los escritores que han revivido ese sentimiento o remordimiento en relatos tan diversos como sus plumas.

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Portada de “Bestias” de Joyce Carol Oates | Imagen: Goodreads

Las Bestias de Joyce Carol Oates

Son los años 70 en el sureste de Massachusetts -Nueva Inglaterra- y en un “College” de mujeres un puñado de veinteañeras privilegiadas estudia artes y literatura mientras intentan descifrar su lugar en el mundo fuera de la burbuja familiar; es algo así como La Sonrisa de la Mona Lisa pero mucho más siniestro. Gillian Brauer es una estudiante que se involucra con su profesor de literatura, André Harrow, en lo que luego se convierte en una obsesión que lleva a caminos resbaladizos. En Bestias se renueva ese pasaje entre edades demasiado distantes y el fanatismo entre dos personas devotas a la vaguedad de la juventud.

Lo que parece una simple atracción adolescente se convierta en una angustiosa situación de dependencia, donde el sexo y el arte se adhieren para hacer que Gillian se aparte de un camino que ya no le pertenece. El sentimiento de que solo una persona puede calmar la tormenta se asemeja al de Humbert Humbert en Lolita, y de nuevo se cuestionan los límites de ese amor etéreo que las palabras dibujan con más gracia que los actos. Y así en menos de 200 páginas Oates –escritora norteamericana- relata con frases sísmicas que no son más largas que el aliento que se precisa para pronunciarlas -como diría el escritor italiano Errin De Luca-, una historia de horror, obsesión, lujuria y pasión en donde la premisa es una: “Somos bestias, ese es nuestro consuelo”.

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Alice Addell disfrazada de mendiga | Fotografía de Charles Dodgson, nombre real de Lewis Carroll (1858)

Alice y Carroll en un país no tan maravilloso

Así como Lolita el de Alicia es un nombre difícil de olvidar, su cabellera amarilla, sus medias de colegiala, su vestido azul. El libro explora una fascinación inquietante con la juventud en un arquetipo que Disney obviamente no sostiene en sus dibujos, pero esa ligera obsesión de Carroll con fotografiar niños y la publicación de la historia de Alicia en el País de las Maravillas no son pura casualidad. Varios historiadores lo han señalado de pedófilo, especialmente por aquello de fotografiar a menores de edad, aunque las pruebas no son claras. Carroll escribía odas hacia un estereotipo muy parecido a Alice Liddell. Liddell fue la hija de una familia acomodada que el escritor conoció en 1856 y a quien supuestamente le pidió matrimonio cuando esta tenía tan solo trece años.

Aunque la prensa francesa a principios de los 70 popularizó el término “lolita” para definir a aquellas jóvenes rubias y delicadas que despertaban “malos pensamientos”, la Lolita original sólo resultaba maravillosa a los ojos del protagonista, así como Alicia ante la pluma y el lente de Lewis.

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Portada de Travesuras de una niña mala de Mario Vargas Llosa | Imagen: Alfaguara

La “niña mala” de Vargas Llosa

Otro fanático confesado de Lolita, Vargas Llosa, conocido por contraer matrimonio con dos familiares directas escribe en Travesuras de la Niña Mala una turbulenta historia de amor y obsesión por un amor adolescente con muchas caras y continentes.

El factor Lolita aquí sigue siendo el de la niña mala, una mujer idealizada desde la juventud que a pesar de las décadas se le revela a un hombre con los mismos ojos de cuando era niño. Aquí el punto de la edad no juega un papel relevante, y las cuestiones morales y éticas sobre escenas que podrían haber escandalizado demasiado en un pasado no tenían tanto mérito en el momento de su publicación; sin embargo, Lolita sigue ahí cuando esa pureza impuesta por el protagonista es contaminada inevitablemente por agentes externos que este no puede controlar.

Entre encuentros y desencuentros esta se vuelve cada vez más clara en su papel de ninfa inalcanzable. A pesar de que Llosa sí expone los cambios de la edad y la vejez, su juego es ante ese amor impreciso que a pesar de sus numerosas caras tiene un estereotipo matemático: el de la “niña mala”.

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Portada del libro de Almudena Grandes, Las Edades de Lulú | Imagen: La Casa del Libro

La edad circunstancial de Lulú

Este libro de la española Almudena Grandes despierta opiniones tan contrarias como las que en su momento escandalizaron a los críticos de Lolita, demostrando que el sexo en la literatura sigue siendo motivo incómodo para algunos. Es calificada como una novela erótica, y si bien el texto peca de excesos en las descripciones y situaciones sexuales, el factor a resaltar aquí es el arquetipo de la protagonista: una adolescente de 15 años que se inicia con un amigo de su hermano mayor y a raíz de esta experiencia alimenta el fantasma de aquél hombre como Humbert Humbert alimentaba el de Lolita.

Lulú juega el papel de la niña eterna y hermosa, con una juventud que nunca se acaba y que se esconde en las obsesiones adolescentes para sobrevivir en el mundo exterior.

Ético o no el mito de Lolita  expresa una verdad que articula lo injustificable en justificable, una ficción en donde la moral puede doblarse precisamente por su característica ilusoria. Desde entonces la literatura ha jugado demasiadas veces con el estereotipo de Lolita y su creador –Nabokov- sin lograr complemente ese factor en donde la empatía por una mente resbaladiza perdona todas las transgresiones de su confesor.

“Entre los límites temporales de los nueve y los catorce surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino de ninfas (o sea demoníaca): propongo llamar ‘nínfulas’ a esas criaturas escogidas”. Lolita. Vladimir Nabokov.

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Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte

Clara Paolini

Foto: Robert The

En los últimos capítulos de la era Gutenberg, poco influyen los debates sobre la inminente muerte o final supervivencia de la palabra impresa: seguimos amando los libros.

Decía Ray Bradbury que “los libros sólo tienen dos olores: el olor a nuevo, que es bueno, y el olor a libro usado, que es todavía mejor”, y es porque hemos asociado su perfume a una experiencia placentera que vuelve a activarse con su contacto. Los libros son objetos vivos que se acumulan, se pierden, se regalan, reaparecen, envejecen y al ser leídos, vuelven siempre a renacer sin perder su inconfundible aroma.

Desde 1995, cuando en una reunión de la UNESCO en París se decidió declarar la fecha del 23 de abril como Día Mundial del Libro, ha sido costumbre celebrar dos temas: la industria del libro y la importancia de la lectura. ¿Por qué no volver a la esencia y homenajear al objeto en sí?

Con esta intención hemos recopilado una selección de artistas que utilizan el libro como materia prima para la creación de sus obras utilizando una gran variedad de técnicas que renuevan el significado de sus páginas. Las historias siguen ahí, escritas en un pasado que ahora revive gracias a su nueva forma más allá de los límites de la literatura.

Un homenaje a los libros, la creatividad y los objetos mágicos

A Humument, Tom Phillips

El 5 de noviembre de 1966 el artista británico Tom Phillips se dirigió a una tienda de segunda mano con una misión: comprar un libro por menos de 3 peniques, y con todas las técnicas que estuvieran a su alcance, transformar por completo la obra hasta que tanto su forma como su contenido fueran totalmente nuevos.

La novela que eligió hace ya más de 50 años era A Human Document, escrita en 1892 por el novelista victoriano William Mallock. Para 1973 ya había trabajado en cada una de las páginas, alterando la obra literaria con ejercicios creativos propios. Empezó tachando frases dejando visibles sólo algunas palabras, que al leerse seguidas, formaban frases con un nuevo sentido. Además, incluyó poesías visuales, pinturas, retratos expresionistas, guiños puntillistas, expresionismo abstracto, collage, caligramas… El resultado es una gran pieza de casi 400 páginas en las que la creatividad fluye sin cortapisas.

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Evolución de una de las páginas de A Humument. Original, primera versión y segunda versión | Foto: Tom Phillips

Lo llamó A Humument porque como explica el artista, “doblando una página por la mitad y volviéndola hacia atrás para revelar la mitad de la siguiente página, el título se abrevió a A HUMUMENT, una palabra terrosa que contiene la humanidad y el monumento, así como el sentido de algo interrumpido, cortado o exhumado para terminar en las salas de documentos del un mundo archivado”.

La pieza pasó de la londinense Serpentine Gallery, hasta el Museo Gemeente de La Haya para terminar en Basel. ¿Acaba ahí la historia? Por supuesto que no. Considerado como un perpetuo work in progress, Phillips sigue trabajando sobre el mismo libro desde entonces extrayendo pequeños párrafos, utilizando hojas y dando lugar a nuevas piezas que han llegado a formar parte de importantes colecciones como la de la Tate. El libro, por fin digitalizado, se puede descargar aquí y la editorial Thames & Hudson ya va por la sexta edición de A Humument mientras Tom Philips sigue creando piezas derivadas de aquella idea surgida a finales de los 60.

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Entre las páginas de A Humument | Foto: Tom Phillips

La fragilidad del lenguaje, Pablo Lehmann

El argentino Pablo Lehmann cala, deshilacha y destroza el texto para crear un nuevo discurso. En su obra, las palabras sobresalen de complejos entramados hasta convertirse en imágenes dejando el lenguaje en un segundo plano que, paradójicamente, le sitúa como protagonista.

“Mi intención es darle al texto la seducción de la imagen; mi máximo placer es volver al lenguaje más ilegible, no-decir, sino quitar sentido”, asegura el artista.

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La estrategia de la ficción I, de Pablo Lehmann. Papel calado a partir de un libro de Borges

Para su obra, Lehmann Selecciona textos relacionados en sí mismo con la temática del lenguaje, de literatos como Borges, Cortázar y teóricos como Barthes, Derrida, o Lacan y basta visitar su blog para observar como absorbe, como una esponja, las palabras de grandes intelectuales que llegaron a predecir la idiosincrasia del mundo actual.

Con influencias como Louise Bourgeois y Rembrandt, el artista argentino reflexiona sobre la palabra a través de complejos entramados de papel. “La palabra es esencialmente problemática para mí y por ello estoy constantemente buscándola, redefiniéndola, escribiéndola”, explica.

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Escritura Colgada I, una obra de Pablo Lehmann.

La literatura es un arma cargada de arte, Robert The

“La poesía es un arma cargada de futuro”, una frase de Gabriel Celaya tomada, en este caso, en sentido literal. La palabra escrita tiene una innegable fuerza, pero hay pocos artistas que hayan trasladado esta afirmación de forma tan precisa como el filósofo, matemático y artista Robert The.

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The Catcher in the Rye, Robert The

En su serie Book Guns, Mister The utiliza libros encontrados en tiendas de segunda mano movido por sólido trasfondo que va más allá de la broma duchampiana:  “La obsesión por la erosión semiótica del sentido y la realidad me llevó a crear objetos que evangelizan su propia relevancia mediante una fusión directa de palabra y forma. Los libros (muchos sacados de los contenedores de basura y los depósitos de la tienda de segunda mano) son amorosamente vandalizados de vuelta a la vida para poder afirmarse contra la cultura que los convirtió en escombros”.

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Psychotherapy with Adolescent Girls, Robert The.

Estructuras de papel, Jonathan Callan

El artista británico  Jonathan Callan ha pasado los últimos 20 años utilizando libros de bolsillo y revistas para crear obras de arte a gran escala. En su statement explica que gran parte de su obra se basa en los libros no porque tenga ninguna actitud fetichista hacia ellos, sino porque entiende que las palabras son ineficientes para expresar la experiencia y su propio entendimiento del arte.

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The solution, Jonathan Callan

“La mayor parte de la gente rara vez piensa en un libro como un objeto, las palabras dentro se consideran mucho más importantes que la forma. Me pareció que este hecho expresaba perfectamente el problema que tenía al pensar en el debate sobre el arte y cómo se valoraban sus significados, y por eso empecé a considerar los libros de la misma manera que un alfarero podría considerar la arcilla. En muchos sentidos, pienso en ello como una forma de abordar la ecuación de la forma y el contenido”.

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The Library of Past Choices, Jonathan Callan.

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IT: el payaso más famoso de la literatura sonríe de nuevo para el cine

Romhy Cubas

Foto: YouTube
Youtube

“El hogar es ese lugar en el que cuando llegas, tienes que enfrentar finalmente esa cosa en la oscuridad”

Stephen King

Hasta 1986, en el género de la literatura de terror, el payaso como figura mitológica y de horror se limitaba a relatos cortos y algunos libros de siglos pasados, nada muy concreto ni extenso; el hombre de sonrisa circense se mostraba en su máxima distorsión como un asesino, un borracho, un ser sumido en la depresión y sus sombras o todas a la vez. El principal elemento de terror se manipulaba con la tentación de atreverse a ver más allá del manojo de globos o el maquillaje derretido, aquello del hombre detrás de la máscara y el monstruo que se esconde en la casa de al lado. Pero cuando el escritor estadounidense Stephen King publicó It, Ronald McDonald fue desplazado de su trono de felicidad inquietante por Pennywise, el payaso asesino de Derry y uno de los personajes de terror mejor logrados en la literatura.

El próximo 8 de septiembre se estrena en cines el segundo remake cinematográfico basado en la novela de King . La primera versión cinematográfica del libro fue dirigida por Tommy Lee Wallace en 1990 en formato de teleserie y, aunque cualquier niño de diez años que haya visto la adaptación habría tenido pesadillas, la producción naufragó intentando plasmar la esencia de la ciudad y sus engendros. Empezando por las actuaciones y pasando por los pobres escenarios y efectos especiales, aún para la época, de no ser por la expectativa creada por King alrededor del payaso en sus relatos, muchos ni siquiera la recordarían.

Dejando de un lado las licencias artísticas-creativas, y aunque 120 minutos de película no se comparan con el minucioso relato plasmado en el libro que te mantienen en el sillón por días, la nueva adaptación proyecta –tal vez con demasiada certeza- una historia con todas las intenciones de asomarse en la oscuridad a la hora de dormir. El primer tráiler de esta versión del 2017 dirigida por el argentino Andrés Muschietti fue visto 200 millones de veces en 24 horas, convirtiéndolo en el tráiler más visto en la historia de Youtube.

IT: el payaso más famoso de la literatura sonríe de nuevo para el cine 1
Poster de la versión de It 2017 Foto: IMDB

Y aunque seis niños rodando en bicicleta en los años 80 entre árboles y casas pueblerinas recuerdan fácilmente a Stranger Things, la casualidad no es tal ya que precisamente los relatos del escritor norteamericano  -especialmente la historia de It– fueron influencias importantes para escenificar ese sentimiento atemporal al que se aferran los creadores de la serie. En el nuevo tráiler de It se repite esa escena familiar, la calma antes de la tormenta y la inocencia interrumpida sobre ruedas, porque las mejores historias de terror comienzan cuando todavía tienes tiempo para creer en ellas.

El libro:

“Todos flotan. Ellos flotan, Georgie, y cuando estés acá abajo conmigo, tú también flotarás” It. Stephen King

La receta es la siguiente: un pequeño pueblo Americano, un grupo de pre-adolescentes incómodos y solitarios, un verano aburrido, una serie de crímenes sin explicación y un hombre vestido de payaso. Si un globo rojo aparece en tu mente y crees recordar que en algún lugar todos flotan es porque lo has leído, visto, o alguien te ha contado sobre él. Si les tienes fobia a los payasos es muy probable que él haya sido el culpable.

Si unes todo lo anterior en un concepto solo obtendrás un resultado, o una novela, o una pesadilla: It (Eso), el libro de terror de más de 1000 páginas de Stephen King que moldeó como solo los escritores pueden hacerlo un monstruo tan inquietante y espeluznante como adictivo.

El estado de Maine en Estados Unidos, donde King nació en la vida real, se representa en muchos de sus relatos. En este, particularmente uno de sus pueblos –Derry- protagoniza una entidad aparte tan importante para el relato como sus personajes, mero reflejo de una ciudad “maldita” en donde los niños desaparecen y hay toque de queda a las 7pm. La historia es la del Club de los Perdedores, siete niños de 11 años atrapados un verano en un pueblo en apariencia tedioso y ordinario hasta que Georgie, de 6 años de edad, es encontrado un día lluvioso entre las cloacas de Derry descuartizado.

It es también el espejo de la costumbre y la memoria a corto plazo de los pueblos, lejos de política o cuestiones sociológicas y teóricas, es fácil identificarse con el síntoma de ver para creer, creer para ignorar. Los habitantes de Derry saben que algo no está bien con la naturaleza de aquél pueblo, pero sobreviven a las tragedias y asesinatos que cada dos décadas se presentan con características similares gracias a su capacidad para olvidar y evitar ser parte de lo que no pueden controlar.

Y es así hasta que Ben, Richie, Stanley, Beverly, Bill, Mike y Eddie se juntan un verano y descubren que, además de la incomodidad que viene con la adolescencia, todos han visto algo que no puede ser real, porque lo fantasmas y los monstruos no existen, pero de algún modo cada uno ha tenido una experiencia directamente ligada al pueblo que excluye el sentido común del mundo real; y sin embargo, la cordura que existe cuando se es niño y la luz del día borra las preocupaciones de la noche anterior, les ayuda a enfrentarse a It, a Pennywise, el payaso que todos han visto en sus pesadillas.

En It el relato alterna dos espacios temporales, el pasado de 1957-58 cuando el Club de los Perdedores hace frente a Pennywise, y el presente en 1985 cuando aquel verano lleva 27 años en el olvido de la adultez y con treinta años se ven obligados a regresar a Derry. It ha vuelto y los niños desaparecidos se esconden en las cloacas de siempre. La adultez, ese lugar en el que protocolarmente una persona debe tener un sentido de responsabilidad que va más allá del parque de juegos, que exige tácitamente una profesión y un nivel de propiedad y producción creciente se refuta ante la realidad de que inclusive a los treinta años, es válido mirar debajo de la cama.

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El Club de los Perdedores. Fotograma: Youtube

La premisa de King va más allá de las historias que no se deben contar antes de dormir, Pennywise es una sombra sin forma que desde el establecimiento de Derry recorre las tuberías del pueblo y se despierta cada cierto tiempo hambriento de miedos. Tiene cientos de caras que cambian ante los ojos y fobias de quien se tropieza con él: un vampiro, un borracho leproso y sádico, un águila gigante, niños muertos en el agua, una anciana vieja y amarillenta o un manantial de sangre en el lavamanos. La única forma identificada unánimemente en algún momento es su disfraz frecuente, la cara del prólogo, un payaso que ronda invariablemente las calles del pueblo desde que el mundo se creó.

Un hombre alto e inflado con la cara pintada de blanco, labios carmesí sonrientes, traje de colores y formas geométricas abombado, zapatos risibles que apuntan hacia el cielo a través de un manojo de globos rojos, un rostro eufórico y grotesco que se distorsiona con el viento. King recurre al miedo como sentimiento universal, y vuelve a una edad que es constante en sus libros, una en donde parece que las preocupaciones no van más allá del colegio y las vacaciones, pero que demuestra ser más afectiva cuando se trata de pelear con monstruos.

La película:

Entre 2009 y 2015 las expectativas de la nueva adaptación se elevaron cuando se supo que Cary Fukunaga, director de la impecable primera temporada de True Detective, sería el encargado de moldearla; sin embargo, semanas antes de comenzar la filmación este dejó la producción debido a diferencias creativas con el estudio. Originalmente planeaba dividir el film en dos partes, como en el libro, la de los niños y la de su retorno a Derry 27 años después.

Luego de la partida de Fukunaga, Andrés Muschietti, director de Mama, tomó su lugar. El tráiler, que comienza con una escena clave del libro mientras Georgie corre hacia las cloacas de Derry en busca de su barco de papel, muestra que por ahora el Club de los Perdedores será el único espacio temporal ejecutado en la película, lo adultos quedaron por fuera. Ante las críticas e inquietudes de quienes conocen el libro como la palma de su mano el propio King aclaró por Twitter que esta era solo la primera parte, y que el remake de Muschietti superaba sus expectativas. “Relájense, esperen y disfruten”, escribió en la red social.

El reparto de It incluye a Finn Horward (actor de Stranger Things) como Richie Tozier, el actor de Midnight Special  Jaeden Lieberher como Bill Denbrough, Jeremy Ray Taylor como Ben Hanscombe, Sophia Lillis como Beverley Marsh, Wyatt Olef como Stan Uris, Chosen Jacobs como Mike Hanlon y Jack Dylan Grazer como Eddie Kasbrak.

King es uno de los escritores más versionados en la televisión y el cine. Sus relatos, que suman un modesto número de más de cien novelas (publicadas), llegan constantemente a la pantalla. Carrie, La Milla Verde, The Shawshank Redemption y The Shinning no son ni una cuarta parte de esta lista; sin embargo, es usual aunque no definitivo que los directores no entiendan que el libro y la película son entes y experiencias separadas, tal vez ahí el error y el fracaso de la mayoría de estas adaptaciones que fallan ante el espejo de las palabras y terminan en productos confusos y poco memorables.

Un ejemplo que puede jugar con esto es The Shining, dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Jack Nicholson en 1980. La cara deformada de Nicholson incrustada en el marco de una puerta astillada, mientras grita ¡Here’s Johnny¡ con ojos delirantes y sonrisa frenética es una épica y asombrosa escena de cine, y su popularidad reside precisamente en que Kubrick logró separar las palabras de las imágenes. La película dista mucho de la historia escrita por King, omite y cambia cientos de detalles esenciales para el libro y la convierte en una historia parecida pero diferente, con ritmos y sombras particulares que la evangelizaron en un clásico cinematográfico.

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Jack Nicholson como Jack Torrance en la adaptación de Stanley Kubrick de The Shining. Fotograma: Youtube

Por este camino parece ir la nueva adaptación de It, cuyo tráiler precisa esa nostalgia ochentosa que tan bien practica el escritor, además de dejar claro que esta vez el payaso es mucho más terrorífico que la anterior. No obstante, para entender la historia completa de It hay que ir directo a la fuente, a un verano de 1957 en donde todos flotan y los niños pequeños desaparecen.

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Clima Ficción: La literatura del Antropoceno

Beatriz García

Rascacielos sumergidos, huracanes azotando ciudades, plagas y extinciones masivas, mutaciones genéticas y bandadas de aves que queriendo llegar a África aterrizan en nuestros balcones. Niebla tóxica. Marte como el próximo planeta que convertir en vertedero…  Desde los años setenta, la ciencia ficción ha sido el agorero oráculo de los desastres ecológicos del planeta. Así surgió la novela de clima ficción o ‘cli-fi’, un género centrado en el cambio climático y sus efectos futuros que se ha popularizado en los últimos años y apunta a ser la literatura del Antropoceno. A saber: la era en la que el hombre ha pasado de inquilino del planeta a su verdugo.

No todo es esperar al Apocalipsis. Incluso en la más oscura de las distopías ambientales hay una oportunidad para el cambio a una nueva y urgente conciencia ecológica. Así lo creen escritores del género como Kim Stanley Robinson, quien en numerosas entrevistas ha defendido el poder de la ciencia ficción no sólo para desarrollar futuros posibles, sino como crítica metáfora de un presente que nos negamos a ver llevando la mirada a las estrellas. En una de sus obras más premiadas,  la Trilogía marciana (1992-1996), de la que este año se estrena adaptación televisiva, narra la colonización durante 35 años del planeta rojo por parte de un grupo de humanos, los Primeros Cien, y las disputas entre quienes quieren modificar las condiciones de vida en Marte para que se parezca a la Tierra –calentamiento global incluido- y quienes luchan para protegerlo. La ilusión de pretender reparar los problemas del mundo explorando el espacio es un tema que orbita en esta trilogía y en otras novelas, como ‘2312’ (2013) y ‘Aurora’ (2015), donde pasajeros de una nave que viaja a otro sistema solar llevan la devastación con ellos.

Trilogia-Marciana-Robinson

Las novelas de clima ficción crean puentes entre la ciencia y la cultura, exploran nuevas soluciones e inspiran a la acción

Considerado un novelista político, Robinson, que visitará Barcelona a finales de marzo para participar en Kosmopolis’17, aborda también cuestiones relativas al poder de las corporaciones, la necesidad de una ética social y la amenaza del capitalismo neoliberal. Coincidencia o no, su último libro, ‘New York 2040’, llega a las librerías norteamericanas este marzo, tres meses después de que el ahora presidente Trump convirtiera el cambio climático en leyenda urbana y a Estados Unidos en la protagonista de otra terrorífica anti-utopía.

En 'cuchillo de agua' el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.
En ‘cuchillo de agua’ el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

La fuerza de la narrativa de clima ficción no reside sólo en sus aspectos críticos, sino que además crea puentes entre la ciencia y la cultura, acercándonos a complejas teorías científicas a la vez que explora posibles soluciones e inspira a la acción comunitaria, como asegura la bióloga y escritora Barbara Kingsolve, autora de la novela ‘Conducta Migratoria’ (2014). Prueba de ello es que en años recientes se ha empezado a introducir este tipo de literatura en las escuelas; aunque haya voces críticas que acusen al género de despojar de realismo y gravedad el problema del calentamiento global.

La autores de cli-fi emplean datos científicos para recrear un futuro que es suma de presentes y acciones humanas

“Las personas necesitan estas historias porque la oscuridad con voces en su interior es mejor que un vacío silencioso”, escribía Margaret Atwood en ‘MaddAddam’ (2013), novela que forma parte de una trilogía junto a ‘El año del diluvio’ (2009) y ‘Oryx y Crake’ (2003),  y en la que describe un futuro post-apocalíptico gobernado por grandes corporaciones donde la modificación genética es algo común. Fue la escritora y activista canadiense quien en 2012 popularizó en Twitter el término ‘clima ficción’, que había inventado unos años antes el activista Dan Bloom.

Los autores de cli-fi no profetizan, o al menos no al estilo de Nostradamus; emplean datos científicos para dibujar un futuro que es suma de presentes, acciones humanas y avances que hoy en día parecen tan de ciencia ficción como las novelas donde figuran. En sus libros encontraremos niños que nacen sin necesidad de vientre materno, máquinas que controlan el clima, ascensores que levitan, ciudades sumergidas y barrios de ricos en Marte, pero, sobre todo, una advertencia para quien esté dispuesto a leerlos. Nosotros te recomendamos tres:

Libros-Climate-Fiction-Cli-Fi

1. La sequía (1965)

Una de las novelas más extrañas e inspiradas de J.G Ballard que presenta un mundo donde ya no llueve a causa de la contaminación y se producen grandes migraciones de gente en busca de agua. ‘La sequía’ conforma junto a ‘El viento de la nada’, ‘El mundo sumergido’ y ‘El mundo de cristal’ una casi tetralogía que aborda catástrofes relacionadas con los cuatro elementos.

2. Solar (2010)

Si escribir comedia es difícil, lograr un carcajada con un tema tan crudo como el cambio climático es una proeza literaria. Y el novelista británico Ian McEwan lo consigue narrando las vicisitudes de un Nobel de la Física cínico, mujeriego y bebedor, que cree haber descubierto la solución al calentamiento global.

 3. Cuchillo de agua (2016)

¿Qué ocurriría si el río Colorado se secase? El escritor Paolo Bacigalupi, que ya había despuntado con la publicación de otra novela de clima ficción, La chica mecánica, dibuja un futuro no muy lejano donde los cárteles buscan acuíferos y el sur de los Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

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El Prado se apunta al WorldPride con un itinerario de arte homoerótico

Cecilia de la Serna

Foto: Museo Nacional del Prado

Durante dos intensas semanas, Madrid celebra el WorldPride 2017, un acontecimiento de trascendencia global con el que la reivindicación y la fiesta se darán la mano entre unos tres millones de personas. Muchas son las actividades de ocio, deportivas o culturales que acompañarán a madrileños y foráneos en torno a la diversidad, y la mayor pinacoteca de España no podía faltar. Por eso el Museo del Prado inaugura una nueva forma de ver su colección permanente, La mirada del otro: Escenarios para la diferencia.

Este proyecto, que se inscribe en el marco de las actividades relacionadas con la celebración del WorldPride Madrid 2017 y viene acompañado por una publicación patrocinada por la Comunidad de Madrid, es un itinerario inédito en la pinacoteca madrileña.

Diversos recorridos por 30 obras de distintas épocas que revelan, de una forma u otra, una mirada sobre la sexualidad de manera no normativa. No es en sí una exposición de facto, como la que exhibe la Tate Gallery de Londres (Queer British Art), sino una mirada diferente a obras que ya pertenecían al Prado. Sus comisarios rechazan utilizar la palabra “homosexual” para dar nombre a este nuevo itinerario, ya que el término no apareció hasta el siglo XIX y las obras del recorrido son anteriores.

El Prado se apunta al WorldPride con un itinerario de arte homoerótico
Orestes y Pílades o Grupo de San Ildefonso. | Foto: Museo Nacional del Prado

Cada uno de los diferentes recorridos propuestos, independientes pero complementarios entre sí, refleja “una realidad afectiva cuya consideración social ha sido cambiante con el paso de los siglos y en función de los lugares, y que ha ofrecido diversos y atractivos reflejos en el Arte”, aseguran los comisarios del itinerario. En ellos se subraya, por un lado, el carácter inadvertido, o incluso oculto, que se confirió en el pasado a las iconografías del amor más diverso y, por otro, “el hecho naturalmente inclusivo de su existencia”, apuntan desde el museo.

El viaje inclusivo del Museo del Prado lo iniciamos con esculturas de parejas clásicas como Orestes y Pílades, Adriano y Antínoo, Aristogitón y Harmodio o la de Safo de Lesbos, directamente llegada del almacén de la pinacoteca y que, hasta ahora, no se podía ver. Más allá del mundo clásico, destacan piezas de Botticcelli, Leonardo y Caravaggio y dos obras realmente excepcionales de la colección del Prado: El Cid de Rosa Bonheur y El maricón de la Tía Gila de Goya. Ambas son poco conocidas por el público pero visibilizan dos realidades complementarias de una artista y una iconografía claramente alusiva a los contenidos de este itinerario expositivo. Rosa Bonheur, primera pintora que recibió la Legión de Honor francesa y la Gran Cruz de Isabel la Católica, solicitó a las autoridades un permiso de travestismo para poder vestir con pantalones e ir a ferias de ganado, granjas y trabajar con animales salvajes.

El Prado se apunta al WorldPride con un itinerario de arte homoerótico 1
El Cid, de Rosa Bonheur. | Foto: Museo Nacional del Prado

La mirada del otro: Escenarios para la diferencia estará disponible en el Museo Nacional del Prado hasta el 10 de septiembre de 2017.

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