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Las mayores excentricidades del mundo de la robótica (o quizás no)

Redacción TO

Foto: Miso Robotics
Miso Robotics vía Facebook

Detrás de los fogones del restaurante CaliBurguer, en California, hay un nuevo asistente de cocina que funciona con inteligencia artificial. ‘Flippy’ le da la vuelta a las hamburguesas mientras se cocinan y después las sitúa cuidadosamente en los panes. El resto de los ingredientes los completa un cocinero humano, pero todo se andará…

Este robot, desarrollado por Miso Robotics y Cali Group, utiliza cámaras, sensores y un software de aprendizaje profundo. Además de dar la vuelta a las hamburguesas, ‘Flippy’ puede controlar la temperatura y el tiempo de cocción, así que, si todo va como debiera, en esta cadena de comida rápida no te encontrarás con una hamburguesa cruda o demasiado pasada (si esto sucede, desde luego nadie podrá utilizar como excusa lo de “todos somos humanos”).

David Zito, CEO de Miso Robotics, mencionó que “al igual que los vehículos sin conductor, nuestro sistema va aprendiendo de su propia experiencia para mejorar con el tiempo”. De esta forma, el robot podría ayudar en más tareas en el futuro como por ejemplo cortar vegetales o freír pollo.

Una vez que se apruebe el paso de ‘Flippy’ por la cocina de CaliBurger, la compañía planea colocar al robot en más de 50 locales en los próximos dos años, y se supone que su única función será realizar el trabajo repetitivo que puede frustrar a los humanos. No es difícil que alguien se asuste al pensar que los robots reemplazarán a las personas, aunque, al menos de momento, ‘Flippy’ está diseñado para trabajar en un equipo humano, algo que permitirá mantener el toque innato y poco robotizado de aquellos que tienen mano en la cocina.

Se casa con su mujer-robot por todo lo alto

Pero lo de que un robot te cocine una hamburguesa puede ser de lo más normal, teniendo en cuenta los avances de la robótica. Y si no, presta atención a este titular: “Un ingeniero chino se casa con una mujer-robot construida por él mismo”. Sí, como lo lees. Zheng Jiajia es un ingeniero experto en inteligencia artificial que se ha casado con su mujer-robot, en una ceremonia a la que asistió su madre, amigos y compañeros de universidad, informa la web Sina.com.

El matrimonio no tiene valor legal, ya que las nupcias entre humanos y androides por ahora no están contempladas en la legislación china, aunque no por ello la ceremonia fue menos pomposa: hubo banquete, regalos y el velo rojo sobre el rostro de la novia típico de las bodas tradicionales de esta cultura oriental.

La novia, creada por Zheng en 2016, se llama Yingying y según el novio, que tiene 31 años, comenzó una relación con él hace dos meses. Zheng, que no tenía novia desde hace años, optó por fabricarse su propia esposa después de que su familia y amigos llevaran tiempo presionándole para que se casara, según contó a la prensa.

Yingying es capaz de hablar mediante una conexión a un ordenador con textos y archivos de audio almacenados y también puede reconocer fotografías y objetos. De momento, aún no está programada para caminar pero su esposo y desarrollador afirmó que está trabajando en ello.

El joven Zheng, que trabajó unos años en la multinacional tecnológica Huawei pero en 2014 abrió su propia compañía, aseguró que piensa vivir con Yingying hasta que la muerte -o los problemas de batería- les separe.

Las mayores excentricidades del mundo de la robótica
Algunos expertos predicen bodas entre humanos y robots para 2050. | Foto: Shizuo Kambayashi / AP

Y quizás en unos años la boda entre este ingeniero chino y su mujer-robot no sea tan rara, y no lo decimos solo por Los robots del amanecer, del escritor Isaac Asimov, donde uno de los personajes mantiene una relación duradera con un robot (sexo incluido); sino porque algunos expertos ya predicen que en 2050 nos casaremos con los humanoides de manera legal y que este paso será “positivo para la sociedad”.

El profesional en inteligencia artificial, David Levy, afirma en el medio canadiense CBC que “hay millones de personas por ahí que, por diversas razones, no tienen a nadie a quien amar o alguien que los ame. Y para estas personas, creo que los robots van a ser la respuesta”.

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Los tres ejercicios diarios para rejuvenecer el rostro

Redacción TO

Foto: Lesly Juarez
Unsplash

Una serie de ejercicios faciales diarios o incluso realizados en días alternos durante 20 semanas –5 meses– mejoran considerablemente la apariencia de nuestra cara, tal y como ha revelado un estudio publicado en JAMA Dermatology. “Ahora tenemos evidencias de que hay ejercicios faciales que reducen los signos visibles de la edad”, explica Murad Alam, director del estudio y profesor de Dermatología en la Northwestern University Feinberg School of Medicine, en unas declaraciones recogidas por la revista Futurity. “El resultado de esta práctica estira y fortalece los músculos de la cara, provocando que se mantengan más firmes y tonificados, igual que los de una persona más joven”.

Alam reivindica las conclusiones de su investigación como un complemento para otros tratamientos cosméticos y defiende que se trata de una solución “low-cost y saludable” para parecer “más joven”, así como la primera que prueba científicamente esta premisa.

Con el paso de los años, la piel pierde elasticidad y la capa de grasa entre el músculo y la piel se vuelve más fina. El principal problema de esta circunstancia es que esta capa es decisiva para dar forma al rostro. A medida que avanzan los años, estas capas de grasa pierden firmeza y la piel presenta una apariencia más caída. Con todo, este equipo científico parece haber encontrado una forma de combatir este fenómeno. “Si el músculo que está por debajo se hace más grande y más firme, la piel mantiene su forma”, relata Emily Poon, profesora de Dermatología en Feinberg y colaboradora del estudio.

Los tres ejercicios diarios para rejuvenecer el rostro
El estudio revela la importancia de sonreír como ejercicio antiedad. | Foto: Alvin Mahmudov/Unsplash

Las mujeres que fueron objeto de análisis tenían edades que oscilan los 40 y los 65 años y recibieron sesiones de entrenamiento para aprender a hacer estos ejercicios durante una hora y media. Después tuvieron que continuarlos en sus casas: las primeras 20 semanas haciendo estas prácticas a diario durante 30 minutos y luego entre nueve y 20 semanas en días alternos. Los participantes aprendieron hasta 32 ejercicios distintos.

Uno de ellos consistía en el siguiente proceso: abrir la boca en forma de O, colocar el labio superior sobre los dientes, sonreír ampliamente para levantar las mejillas, colocar los dedos sobre la parte superior de la mejilla y hacer una pequeña sucesión de levantar y soltar las mejillas. Otro ejercicio se basaba en sonreír sin mostrar los dientes y juntando los labios, forzando a los músculos de las mejillas a quedar bien arriba. Luego se deben poner los dedos en las comisuras de la boca y deslizarlos en un movimiento ascendente, persistiendo en esta presión durante 20 segundos.

Aunque los resultados son esperanzadores, el estudio se realizó sobre una muestra relativamente pequeña –26 personas– y únicamente sobre mujeres de mediana edad. Sin embargo, el análisis posterior determinó que el rejuvenecimiento era visible y de hasta tres años según la Merz-Carruthers. Asimismo, descubrieron que en el proceso hay dos fases determinantes, y estos son la octava y la vigésima semana. En YouTube hay cuentas como la de Dakidissa S. que muestran cómo ejercitar otras modalidades de gimnasia facial.

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Melania Trump, primera dama a la fuerza

Redacción TO

Foto: Alex Brandon
AP

Dicen que Melania lloró cuando su marido Donald Trump ganó, contra todo pronóstico, las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre de 2016. Dicen que sus lágrimas no eran precisamente de alegría. Así se ha publicado en el polémico libro ‘Fire and Fury’. Dicen que la idea de convertirse en primera dama del país más poderoso del planeta jamás formó parte de sus planes. Y, sin embargo, cuenta Vanity Fair que fue la propia Melania quien animó a su marido a anunciar su candidatura a presidente del país, pues era algo que realmente quería hacer desde hacía tiempo. Con todo, parece que le animó porque pensó que jamás ocurría lo que pasó en noviembre de 2016.  “Esto no es algo que ella quisiera y nunca pensó que ocurriría”, dice Vanity Fair citando a alguien muy cercano a Melania.

Se entiende así el gesto serio, más bien triste, que captaron las cámaras del mundo entero el 20 de enero de 2017 en la ceremonia en la que su marido juraba el cargo como 45º presidente de Estados Unidos. Melania forzó una sonrisa cuando Donald Trump se volvió a ella para dirigirle unas palabras, pero en cuanto él le dio la espalda, la sonrisa de Melania dio paso a una expresión taciturna que desencadenó los primeros comentarios sobre la presunta infelicidad de Melania y la poca gracia que le hacía protagonizar el papel de first lady.

Según el New York Daily News, cuando le preguntaron a Ivana -la primera mujer de Trump y madre de Donald Jr., Ivanka y Eric, tres de los cincos hijos del magnate – por las aspiraciones de su exmarido a entrar en la carrera política y presentarse como candidato a la Presidencia del país, contestó: “Sí, es verdad, pero el problema es ¿qué va a hacer con su tercera mujer? No habla, no puede dar un discurso, no acude a actos y, no parece muy interesada en implicarse”.

Algo de razón tenía Ivana, pues si algo ha destacado del primer año de Melania como primera dama es su perfil bajo, convirtiéndose en la más “enigmática” de todas las primeras damas de Estados Unidos, según coinciden en destacar la mayoría de los medios estadounidenses.

Nacida el 26 de abril de 1970 y ex modelo de profesión, Melania es la tercera mujer de Donald Trump con quien se casó en 2005. Él era un empresario multimillonario conocido por sus excentricidades que casi le dobla la edad, que demostró no tener ningún sentido del ridículo al protagonizar un reality en la televisión, y con el que tuvo un hijo, Barron, el quinto de él y el primero de Melania.

Melania Trump, primera dama a la fuerza
Donald Trump y su entonces novia Melania Knauvs en Nueva York en mayo de 2003. | Foto: Peter Morgan / Reuters

Ajena a lo que pudieran decir de ella, tras casarse con uno de los hombres más ricos del país, Melania vivía cómodamente ejerciendo de ama de casa y volcada en su hijo. Nacida en Novo Mesto, Eslovenia, cuando el país era parte de la Yugoslavia comunista, Melania Knavs es hija de un empleado de un concesionario de coches mientras que su madre hacía patrones de ropa infantil. Creció en una vivienda modesta junto a su hermana menor. Tiene, además, un hermanastro por parte de padre de una relación anterior.

A los 16 años Melania, que mide 1.80, comenzó a trabajar como modelo y sólo dos años después firmó un contrato con una agencia en Milán. Apenas pisó la Universidad de Ljubljana, ya que tras un primer año matriculada parece ser que en Arquitectura y Diseño, optó por dejar los estudios para centrarse en su carrera como modelo. Parece ser porque este es un dato que ha desaparecido del perfil de la primera dama.

Abandonó su actividad profesional cuando contrajo matrimonio. Más allá de su carrera, lo más destacado de la primera dama es que no nació en Estados Unidos, que su lengua materna no es el inglés, aunque habla varios idiomas, y que en 2006 adquirió la nacionalidad.  Además, Melania ha roto con una tradición, al ser la primera mujer de un presidente de EEUU que no se instaló en la Casa Blanca junto a su marido cuando éste tomó posesión de su cargo. ¿El motivo? Quiso quedarse en Nueva York en vez de irse a Washington argumentando que quería que su hijo Barron terminara el curso en el elitista colegio privado de la Gran Manzana. Y así lo hizo. Mientras Donald Trump empezaba su vida en la Casa Blanca, por primera vez en la historia del país, una primera dama no se instalaba en la residencia oficial hasta cinco meses después.

Melania rompió con la tradición de sus antecesoras y tardó cinco meses en instalarse en la casa Blanca tras la toma de posesión de Donald Trump

Melania ha sido también la única primera dama que en el pasado posó desnuda para una publicación y la primera también que se querelló contra el Daily Mail después de que el diario británico publicara que había ejercido la prostitución en los años 90. Melania ganó el pasado año la batalla judicial y 3.000.000 de dólares como compensación. En definitiva, es una primera dama atípica por su pasado pero también por su presente, pues sus apariciones públicas son escasas y su agenda como primera dama se ha limitado a varias visitas a colegios y algún hospital donde se la ha visto hablando con estudiantes o pacientes del servicio de pediatría. Poco más.

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Donald Trump junto a su mujer Melania y el hijo de ambos, Barron en Los Angeles en enero de 2007. | Foto: Chris Pizzello / Reuters

Antes de convertirse sin quererlo en primera dama, Melania tuvo una intensa carrera como modelo que la llevó a trabajar en ciudades como Milán y París, antes de trasladarse a Nueva York en 1996, apareciendo en portadas de revista emblemáticas como Vanity Fair, GQ donde posó desnuda en enero del 2000 – imagen que The New York Post recuperó cuando Trump ganó las elecciones y Melania acaparó la atención de un mundo ávido por saber más de la exmodelo extranjera casada con el controvertido empresario multimillonario y sucesora de Michelle Obama en el papel de primera dama.

Un papel nada fácil para Melania, sobre todo, después de que se hiciera viral su discurso en Cleveland ante la Convención Republicana que nominó a su marido candidato a la Presidencia de EEUU por incluir párrafos enteros plagiados que los del discurso que Michelle Obama había pronunciado ocho años antes en la Convención Demócrata de Denver en la que su marido Barack Obama fue nominado candidato demócrata a la presidencia de EEUU. Fue un auténtico escándalo y la imagen de Melania como alguien con pocas inquietudes y sin un discurso propio creció como la espuma. Nadie creyó, como se aseguró desde el equipo de Trump, que ella había escrito su intervención y al final la excusa que se dio fue que una persona del equipo de Trump había traspapelado el discurso de Michelle a la que Melania admitía admirar.

Quién le iba a decir a Melania en 1998, cuando coincidió en una fiesta de moda en Nueva York con Donald Trump que viviría una situación tan desagradable años después. Cuentan que Melania tardó en aceptar una cita con el multimillonario, cuya insistencia acabó dando sus frutos, y un tiempo después comenzaron a salir.

En 1994 la pareja anunció su compromiso y se casó en Palm Beach, Florida, al año siguiente. Una boda por todo lo alto a la que asistieron personalidades del mundo de la cultura, de la farándula, del deporte y de la política, entre los que estaban el expresidente Bill Clinton y su mujer, la entonces senadora demócrata por Nueva York, Hillary Clinton, que en 2016 se convirtió, casualidades de la vida, en la rival de Trump en las elecciones presidenciales de EEUU que el magnate ganó ante la incredulidad de muchos de su propio partido y, quién sabe, si también de la propia Melania.

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El matrimonio Trump despide a los Obama en el Capitolio, Washington, el 20 de enero de 2017. | Foto: Jonathan Ernst / Reuters

Sea o no cierto que a Melania no le haga feliz su papel como primera dama de Estados Unidos, está claro que por ahora no acaba de ajustarse al perfil de lo que tradicionalmente se espera de su nueva responsabilidad. Por el momento no tiene una causa concreta por la que batallar como muchas de sus antecesoras, incluida la admirada Michelle Obama que se centró en luchar contra la obesidad infantil. La pregunta es si acabará encontrando su sitio y dejando su impronta personal como ha ocurrido con las anteriores primeras damas. El tiempo lo dirá.

Continúa leyendo: Vídeo | Dylan Farrow habla sobre el presunto abuso sexual por parte de su padre adoptivo, Woody Allen

Vídeo | Dylan Farrow habla sobre el presunto abuso sexual por parte de su padre adoptivo, Woody Allen

Redacción TO

Dylan Farrow, ha hablado por primera vez en la televisión sobre el presunto abuso sexual por parte de su padre adoptivo cuando ella tenía apenas 7 años. En un avance de la entrevista, que será emitida este viernes en el programa ‘CBS This morning’, la mujer, que ahora tiene 32 años, ha dicho que considera importante que “la gente se dé cuenta de que una sola víctima, un acusador, importa y es suficiente para cambiar las cosas”. Por su parte, el cineasta ha insistido -a través de un comunicado- que las denuncias son falsas.

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Continúa leyendo: Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data

Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

En la nave 4 de Fitur, en el lugar reservado a Oriente Medio, los contrastes provocan que te frotes los ojos: llaman la atención las casetas discretas de Siria –que vuelve a vender turismo- y Palestina –que no se olvida de reivindicar Jerusalén- entre la gama amplia de colores de los puestos turcos e israelíes. La diferencia de presupuestos es enorme y todo se explica por las circunstancias particulares, más si cabe en un año donde la palabra tecnología está presente en cada rincón.

Ya lo decían los organizadores: si el año pasado se impuso la sostenibilidad, en este se impone el maching learning, la computación cognitiva, la inteligencia artificial y una red de términos que no nos resultan tan extraños. El sector turístico nos prepara para un futuro que ya no debe sorprendernos: los colchones sabrán cómo adaptarse a nuestro sueño, las puertas de los hoteles nos reconocerán facialmente –y no importará que olvides la tarjeta-, los usuarios podrán visitar los resorts con realidad virtual y desde casa, las empresas conocerán nuestros deseos antes de conocer nuestros nombres.

Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data
Myriam Younes, directora comercial de Expedia, durante su charla. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

Este mundo que llega está hecho a medida para las nuevas generaciones: nada se les escapa sobre los Z y los millennials y esto lo da a entender Myriam Younes, directora comercial de Expedia, desde el inicio de su discurso. Younes proyecta las conclusiones de los análisis de su corporación sobre una pantalla grande y saca a relucir los atributos principales de los jóvenes: viajamos más al exterior que por el propio país, en avión mejor que en tren, y siempre con la clara intención de buscar experiencias, movimiento y conocer cultura. Una especie de culto, dice Younes, a la era del selfi y al concepto YOLO: You Only Live Once. Solo vives una vez.

La inteligencia artificial está presente todo el tiempo, en esta conferencia y en las restantes, que se suceden durante seis horas. Todos comparten el patrimonio común de resaltar que sí, que estamos expuestos y minuciosamente analizados, pero que no importa, que es el espíritu del tiempo y es nuestro beneficio, siempre que no caiga en las manos equivocadas. Es el punto, por ejemplo, de Marta García Aller, autora del libro El fin del mundo y periodista de El Independiente, que hace un alegato a la calma. Existe un peligro, claro, igual que existe la posibilidad de crear una sociedad con mayores privilegios y una tecnología que sea proactiva, que se anticipe a los problemas y produzca una realidad más cómoda.

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Moon Ribas, entrevista durante un acto organizado por Fiturtech. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

Algo verdaderamente interesante de Fitur es que, si bien todo parece girar en torno a los viajes y el turismo y el consumo, abre una ventana interesante a relatos nada convencionales. Es reconfortante encontrar escenarios tan entregados a la tecnología que, por momentos, uno olvida que se encuentra en una feria de turismo. En este caso, el Fiturtech invitó a la artista catalana Moon Ribas, quien se reconoce como cyborg neurológico. Moon tiene implantes en los pies y puede sentir el pulso de la Tierra. Emplea la tecnología para potenciar sensibilidades biológicamente imposibles. Los dispositivos que tiene bajo la piel le permiten saber si en algún punto del planeta, no importa si Granada o Japón, se está produciendo un terremoto. Ella puede sentirlo, literalmente. Mientras habla le tiemblan los pies, y lo reconoce. Antes, a veces, se despertaba en medio de la noche y se asustaba, pero ahora dice que está acostumbrada y puede continuar con la conversación y sin problema.

Ella es bailarina y se desafía a comunicar esa sensación a través de la danza. En otra época también colgaban de sus orejas unos pendientes que medían la velocidad con la que camina y descubrió, por ejemplo, que inconscientemente uno camina más deprisa en Londres que en Roma, y eso dice mucho de las sociedades. Existe toda una lucha y una reivindicación en su caso: Moon presume de ser cyborg y -en consecuencia- transespecie. Porque asegura que cyborgs, sin saberlo, ya lo somos todos: ¿por qué decimos, si no, que nos hemos quedado sin batería? ¿Lo decimos por el teléfono o lo decimos por nosotros?

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