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Las obras maestras de Budapest llegan al Thyssen

Jorge Raya Pons

Entre el 18 de febrero y el 28 de mayo, el museo Thyssen-Bornemisza expondrá una colección esperadísima, Obras maestras de Budapest, que representa en sí misma la Historia del Arte europeo. Una muestra privilegiada que acoge a los hombres más talentosos de cada siglo: Velázquez, Zurbarán, Goya, Murillo, Rubens, Rafael, Durero, Monet…

Se trata de 90 lienzos llegados desde el Museo de Bellas Artes de Budapest, en el corazón del antiguo Imperio austro-húngaro, que contiene una de las colecciones extranjeras más valiosas de pintura española. Una remodelación de su pinacoteca ha permitido que estos cuadros puedan exponerse temporalmente en Madrid.

La muestra, cuyos comisarios son Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, y Mar Borobia, jefa del Área de Pintura Antigua, se organiza en siete secciones:

1. El Renacimiento en el norte, con pintura alemana y flamenca del siglo XVI y autores como Alberto Durero, Lucas Cranach el Viejo o Hans Baldung Grien.

Salomé, de Lucas Cranach, 1530. (Fuente: wikimedia.org)
Salomé, de Lucas Cranach, 1530. (Fuente: wikimedia.org)

2. El Renacimiento en el sur, con Leonardo da Vinci, Lotto, Rafael o Bronzino.

Estudio de patas de caballo, de Leonardo Da Vinci (1490-1492)
Estudio de patas de caballo, de Leonardo Da Vinci, 1490-1492. (Fuente: wikimedia.org)

3. El Barroco en Flandes y Holanda, con Peter Paul Rubens y Anton van Dyck.

Mucio Escévola ante Porsena, de Peter Paul Rubens y Anton van Dyck (1618-1620)
Mucio Escévola ante Porsena, de Peter Paul Rubens y Anton van Dyck, 1618-1620. (Fuente: wikimedia.org)

4. El Barroco en Italia y España, con pinturas de Annibale Carracci, Alonso Cano o Diego Velázquez.

Almuerzo de campesinos, de Diego de Velázquez (1618-1619)
Almuerzo de campesinos, de Diego de Velázquez, 1618-1619. (Fuente: wikimedia.org)

5. El siglo XVIII, donde destacan Sebastiano Ricci y Giambattista Tiepolo, de la escuela veneciana.

Canaletto-dolo
La esclusa de Dolo, de Canaletto, 1763. (Fuente: wikimedia.org)

6. La nueva imagen de la mujer, con Manet o Kokoschka.

Dama con un abanico, de Édouard Manet (1862)
Dama con un abanico, de Édouard Manet, 1862. (Fuente: wikimedia.org)

7. Del Impresionismo a las Vanguardias, un recorrido desde el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial.

(Adolf Fényes, Bizcocho de semillas de amapola, 1910)
Bizcocho de semillas de amapola, de Adolf Fényes, 1910. (Fuente: wikimedia.org)

En cualquier caso, explica Mar Borobia a la revista Hoy es Arte, escoger entre las obras, crear una armonía, fue un trabajo laborioso: “Ha sido difícil que no sea simplemente un espacio dedicado a una obra maestra tras otra. Lo que queríamos es que también hubiera un hilo de conexión entre las escuelas, entre los artistas”. Y finalmente lo lograron, con un resultado prometedor y unos precios asequibles: las tarifas oscilan entre los 8 y los 12 euros.

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Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

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Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

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Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

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El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 4
Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

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Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas

Ana Laya

Foto: Noches del Botánico

Rubén Blades no hará más giras de salsa. El cantante que acaba de cumplir 69 años (el 16 de julio) y quien ha destacado en el mundo entero tanto por la maestría de su música y de sus letras provocadoras y poéticas, como por su compromiso y activismo político, sobre todo en su natal Panamá y en Latinoamérica en general, anuncia que Caminando, adiós y gracias, será su última gira, y se despide de España en los escenarios de Vitoria, Madrid, Barcelona y Canarias.

El concierto en Madrid, en el marco de las Noches del Botánico, junto a la Big Band de 16 miembros encabezada por Roberto Delgado con quienes grabó su último disco, fueron dos horas y media enérgicas de música y baile, como era de esperar, pero también de anécdotas, recuerdos y homenajes.

Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas 3
Con Coque Malla y Jorge Drexler. | Foto: Noches del Botánico.

“Nacimos de muchas madres, pero aquí solo hay hermanos… “

Comienza la noche y la promesa de despedirse como se debe, todos bailando, todos felices. Cuatro canciones (Las calles, Pablo Pueblo, La canción del cazanguero y Arayué) y cuatro anécdotas más tarde, el público confirmaba que Rubén Blades no venía solo a cantar, venía a conversar con los más de 3.000 amigos presentes, a “echar cuentos”, a confesar motivos, nostalgias, dudas y esperanzas.

Ojos de perro azul fue el quinto tema de la noche, adaptado de un cuento de García Márquez que en la época fue recibido con malas críticas: “Me pegaron los salseros porque no era salsero, y los intelectuales porque había destruido los cuentos cortos de García Marquez”. “Yo no quería hacer adaptaciones de los cuentos cortos de Gabo”, sigue Blades, “yo quería interpretarlos, y eso fue lo que a él le interesó, y por eso el disco nos gustó a los dos y por eso esas eran las únicas dos copias que se vendieron.”

Lleno total y dos horas y media de música y anécdotas para la despedida de Rubén Blades en Madrid 6
Rubén le dedica este tema a Venezuela. | Foto: The Objective.

Entramos en calor, la gente que está de pie ha dejado ya de moverse tan tímidamente y le va soltando más la rienda a las caderas, cuando para empezar el quinto tema Blades dice: “A Venezuela”, comienza Prohibido olvidar y el Botánico complutense estalla.

“Prohibido esperar respuestas. Prohibida la voluntad. Prohibidas las discusiones. Prohibida la realidad. Prohibida la libre prensa y prohibido el opinar. Prohibieron la inteligencia con un decreto especial. Si tú no usas la cabeza, otro por ti la va a usar. ¡Prohibido olvidar!” La vigencia y la universalidad de la letra es emocionante y triste. Pero hey, ¡a secarse las lágrimas que la fiesta sigue!

Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas 7
Cae la noche en el Botánico complutense. | Foto: Noches del Botánico.

Cuentas del almaApóyate en mi alma un bolero de Santos Colón y Juan Pachanga, el segundo tema que grabó con las estrellas de Fania, precedieron al clásico de 1981 Ligia Elena, canción que Blades dedica a las víctimas del racismo. A la cándida niña de la sociedad le sigue una adaptación del vals del poeta peruano César Miró “que en español se titula Todos vuelven, y en inglés se titula… Todos vuelven.”

El poeta de la salsa ha decidido pasearse por toda América Latina rindiendo homenaje a sus artistas e intelectuales, desde Ray Barreto y Tito Puente a los dos Carlos, Fuentes y Monsiváis. Y ahora llega el turno, cómo no, del gran Héctor Lavoe. “La muerte comienza solo por el olvido, así que mientras recordemos a Héctor, Héctor sigue vivo”. Vamos cantante comienza. La versión de Blades es sublime y los metales de la banda se lucen.

“Como en una novela de Kafka…”

Entre las muchas cosas que probablemente los asistentes desconocían era la influencia de Mack the Knife de Bobby Darin en la creación de Pedro Navaja. Blades, tan didáctico como casual nos abre la puerta una vez más a su proceso. ‘La ópera de los vagabundos’ y ‘La ópera de los 3 centavos’, cuenta, le ayudaron a crear a Pedro y el arreglo de Darin le dio su estructura progresiva. Acto seguido la big band se lanza a interpretar su versión de Mack the Knife, a la que seguiría un Pedro Navaja épico que mezcló nuevos arreglos con ese sonido emblemático de los 70 -casi se podía distinguir a la aguja rayando el vinilo- y hasta un toque de Michael Jackson (minuto 5’20” en el vídeo).

Despuéd de Pedro Navaja probablemente todo el mundo podría haberse ido a casa feliz, con la seguridad de haber visto uno de los mejores conciertos de salsa de su vida, pero la noche estaba lejos de acabarse y siguieron clásicos como Plástico, Buscando América, Sin tu cariño y Maestra vida, esa obra maestra que escribió cuando tenía apenas 32 años y que como dijo, ahora a los 69, la canta y la siente distinta.

La ecléctica y espectacular selección de esta especial noche en la que se entrelazaron música e historias, terminaría con Patria, un regalo de todos los panameños “para todo Madrid y todos los que están aquí”. Dos horas y media más tarde nadie está cansado, nadie quiere dejar de bailar. Ojalá fueran así todas las despedidas. Quedan tres fechas y tres escenarios para ver a Rubén Blades, hoy 19 en Barcelona, el 21 en Santa Cruz de Tenerife y el 22 en Las Palmas de Gran Canaria. Si aún no se deciden recuerden que aunque todo es pasajero -y tal vez esta despedida también lo sea-  estas son dos horas y media que definitivamente valen la pena.

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7 planes para disfrutar de Madrid en verano

Redacción TO

En Madrid en verano hace calor, sí. Y no hay playa, es cierto. Un amigo con piscina se convierte en un verdadero tesoro en estos días calurosos y las fotos en las redes sociales de aquellos que han podido irse de vacaciones a cualquier lugar más fresco que Madrid son una gran fuente de envidia.

Pero quedarse en Madrid en verano no es tan malo, y no tener vacaciones en estos meses tampoco. Madrid ofrece un sinfín de posibilidades para los ratos de ocio que nos dejen nuestras obligaciones.

Desde terrazas con vistas increíbles hasta escapadas para pasar un día en plena naturaleza, los días de verano en Madrid pueden convertirse en unas mini vacaciones con las que también se puede dar envidia a través de las redes sociales.

Una película al aire libre

Se puede ir al cine durante todo el año, pero los cines de verano tienen algo especial. Esa sensación de ver una película al aire libre, con las palomitas en una mano y el refresco, o la cerveza, en la otra, no la da un cine tradicional.

7 planes para disfrutar de Madrid en verano
El mayor autocine de Europa se encuentra en Madrid. | Foto: Lucas Jackson/ Reuters

Además, los cines de verano ofrecen a menudo la posibilidad de ver clásicos del cine que normalmente solo revivimos en la pequeña pantalla.

Madrid cuenta con numerosos cines de verano, algunos en pleno centro de la ciudad, para poder alejarse de la rutina durante un par de horas con un plan fresco y tranquilo. Uno de ellos es el que el Ayuntamiento de Madrid ha apostado por establecer en su patio central. Cibeles de cine cuenta con una película cada día hasta el 7 de septiembre.

También hay un autocine en la capital, en Chamartín, que ha abierto recientemente y es el más grande de Europa. El Autocine Madrid RACE es la opción para los que prefieran los cómodos asientos de sus coches para disfrutar de las películas en la gran pantalla.

Las ‘playas’ de Madrid

Vaya, vaya, aquí sí hay playa. Vale, no hay mar, pero sí hay pantanos y piscinas naturales en los que darse un buen baño refrescante y tomar el sol alejados del ruido y la contaminación de la ciudad.

Un clásico del veraneo madrileño es el Pantano de San Juan. Con 14 kilómetros de playas, es el único embalse de Madrid donde está permitido bañarse, y cuenta además con zonas específicas para practicar deportes acuáticos.

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El pantano de San Juan es el único embalse de Madrid donde está permitido bañarse. | Foto: Dani Oliver/Flickr

Como en toda buena playa familiar, escasean los huecos para colocar la toalla y la sombrilla, así que en los meses de verano más vale llegar temprano para encontrar un sitio en el que secarse al sol.

Otra opción son las piscinas naturales de Rascafría, o las de Riosequillo. Ambas cuentan con zonas donde comer o practicar deporte y permanecen abiertas durante todo el verano.

Si lo que buscamos es un día de ‘playa’ en Madrid, solo hay que saber bien dónde buscar y confiar en las recomendaciones de los que llevan muchos años luchando contra el calor lejos de la costa.

Los jardines de Madrid

Los atascos, la contaminación, las aglomeraciones… todos los defectos de una gran ciudad desaparecen en sus rincones más verdes. Madrid no podía ser menos y esconde en plena ciudad algunos jardines que verdaderamente nos permiten alejarnos del ajetreo urbano.

Un ejemplo de esto son los jardines de la Casa Sorolla. Un museo con la obra de Joaquín Sorolla, situado en la casa donde vivió el artista cuenta, además de con 250 obras, con un bonito jardín para pasar un rato entre arte y naturaleza.

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Los jardines de Sorolla se encuentran en el museo del artista. | Foto: Jose Luis RDS/Flickr

La Rosaleda del Parque del Oeste es también un buen lugar para pasear entre la vegetación. Flores, fuentes y arbustos construyen un bonito paisaje en medio de los grandes edificios y carreteras de la capital española.

Las azoteas 

Las tardes y noches de verano son para pasarlas en buena compañía, y si además hay buenas vistas, mejor que mejor. Madrid cuenta con numerosas terrazas en las azoteas de hoteles y edificios más emblemáticos desde donde se puede disfrutar de las vistas al centro de la ciudad y, en algunas de ellas, incluso de un buen cóctel.

El Círculo de Bellas Artes es quizás la más conocida entre quienes vienen de visita a Madrid e incluso entre los propios madrileños. Por 3 euros se puede subir a su azotea, donde a veces hay alguna exposición fotográfica para acompañar a las ya de por sí bonitas vistas.

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Las vistas desde el Círculo de Bellas Artes de Madrid. | Foto: David Hurt/Flickr

Un clásico de la noche madrileña es The Roof, en la Plaza de Santa Ana. Conocido por sus vistas pero también por sus cócteles, una combinación perfecta para las noches veraniegas.

Una visita al Ice Bar

Salir a tomar algo con los amigos a una terraza está muy bien por la noche, pero las temperaturas diurnas a veces no permiten hacer de esta actividad algo agradable. Pero si eres más de salir de día, el Ice Bar es la solución.

Este bar de hielo, junto al metro de Tirso de Molina, abre a las 17:00 horas para todo aquel que quiera no solo escapar del calor, sino tener que protegerse del frío.

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El Ice Bar ofrece cócteles y otras bebidas en un ambiente helado. | Foto: Jesús Pérez Pacheco

La entrada cuesta 15 euros e incluye una consumición. Pero también es posible conseguir una entrada a un precio mucho menor si estamos atentos a las ofertas que páginas como Groupalia o Groupon lanzan todos los veranos para los que quieran probar un cóctel bien helado.

Wakeboard

¿Quién ha dicho que los deportes acuáticos se practican solo en la costa? Madrid cuenta con varias escuelas en las que se pueden practicar todo tipo de deportes de agua, como el surf, el esquí acuático, o el wakeboard.

Quizá este último es el menos conocido y por tanto, la mejor opción si lo que buscamos es probar algo nuevo y diferente para aprovechar nuestro día libre. El wakeboard es similar al esquí acuático, pero se practica sobre una tabla. En otras palabras, es como hacer snowboard pero sustituyendo la nieve por agua.

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El wakeboard se puede practicar en varios lugares de Madrid. | Foto: Sergei Grits/AP

En el Pantano de Entrepeñas hay una empresa que enseña a hacer wakeboard, pero si solo quieres ir de acompañante, también puedes dar un paseo en barco y disfrutar del buen tiempo.

El Club de Esquí Náutico de Madrid, situado en Valdemorillo, también ofrece clases y cursos de este y otros deportes acuáticos, tanto para particulares como para empresas.

Un poco de turismo, pero sin cansarse

Por muy madrileño que seas, seguro que no conoces toda la historia de los lugares más importantes de la ciudad. Y si llevas poco tiempo en la capital, más motivo aún para dedicar uno de los días libres de verano para hacer un poco de turismo.

Además, el verano es la época perfecta para visitar los monumentos de Madrid que, aunque nunca están vacíos, están bastante menos concurridos durante los días más calurosos del año.

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El autobús turístico es una buena opción para visitar la ciudad sin pasar mucho calor. | Foto: Bombman/Flickr

Pero como tampoco queremos andar durante todo el día bajo los rayos del sol, el autobús turístico es una muy buena opción para conocer la ciudad sin demasiado esfuerzo. Un tour por los principales enclaves de la ciudad, acompañado de la explicación de un guía, puede ser un buen plan para una tarde de verano.

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Madrid en tempo de 'swing'

Clara Felis

Foto: Bob Sands BIg Band
Bob Sands BIg Band

Suenan los primeros acordes de Sh-Boom, la mítica canción doo-woop que el conjunto vocal The Chords grabó en 1954. Varias parejas comienzan a bailar y deslizan sus pies al compás de la música. Sh-boom sh-boom Ya-da-da Da-da-da reza el estribillo. Juan coge a su compañera. Gira sobre ella y vuelve a la posición inicial. Ambos avanzan hacia adelante al mismo ritmo. Entrecruzan brazos y piernas en el más estricto orden. Rítmico y estético. Efecto swing: Deslizarse sobre la pista sin que el eje central (leader) pierda la noción y la coordinación sobre el follower (el integrante que sigue los pasos del leader).

Juan José Pacheco (Juanjo en las distancias cortas) decide parar la música. Se coloca en el centro de la pista y vuelve a dar instrucciones sobre el movimiento que debe adoptar tanto el líder como el otro miembro de la pareja. Tras las nuevas indicaciones se retira y vuelve a reproducir la canción. “Uno, dos y vuelta. ¿Lo tenéis claro? No os agobiéis bailando. Vamos otra vez. Intentad haced todas las figuras”. Todos retornan a su sitio inicial y vuelven a comenzar desde el principio. Juanjo observa a sus alumnos con detenimiento. Lo lleva haciendo desde hace diez años en Blanco y Negro Studio, la primera academia que surgió en Madrid dedicada a los sonidos norteamericanos. Allí tienen cabida el swing, el lindy hop, el Rock & Roll o el blues.

Implantar el sistema noruego

Reconoce que cuando fundó el centro Madrid era un desierto. Muy poca gente de la ciudad conocía el swing y casi ningún espacio facilitaba las cosas para poder practicarlo. Vacío absoluto. Mutismo total. “Hasta hace cinco años aquí en Madrid no había nada de nada. ¡No había ni siquiera salas para poder hacer fiestas! Por aquel entonces pocos espacios te dejaban organizar nada porque la gente de baile en general no somos productivos. Por ejemplo, en la sala Beethoven Blues Band las primeras veces no nos dejaban bailar. No era normal ver a gente bailando mientras todos se tomaban sus copas. Lo que hacíamos era bailar en los pasillos del baño y a final conseguíamos que nos invitaran dentro”, recuerda con cierto impacto Juanjo cuando se da cuenta de cómo ha cambiado la situación en estos últimos años. Ahora cada jueves puede impartir sus lecciones y organizar una sesión swing en la sala Ya’sta de Madrid. Algo impensable hace casi treinta años.

Fue a finales de los 90 cuando decidió emprender su aventura escandinava. Llegó hasta Noruega para recibir nociones de swing en pleno revival del género. Tras el estudio y práctica de todas las técnicas y movimientos posibles, regresó para ver si también en su ciudad podía implantar aquella “forma de vida”, como define él mismo. Fue cuestión de tiempo lograrlo.

Una descripción del baile que también comparte Juan, uno de los bailarines aventajados de su grupo. A sus 25 años, este joven estudiante de informática no sólo tiene agilidad con la tecnología, sino también con la danza. Su afición por el swing vino principalmente por la música, uno de los motivos principales que le llevó hasta el escenario. Frankie Manning tuvo la culpa. Quería ser como él. Moverse como hacía él con Norma Miller, la reina del swing, en Savoy Ballroom. El lugar de Harlem (Nueva York) donde nació y se desarrolló un nuevo estilo de danza llamado Lindy Hop.

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Pablo y Julia de Big South en acción. | Foto via Big South.

Aquel baile de finales de los años 20 en el que se mezclaban los movimientos del estilo charlestón con otros de nueva creación como los aéreos. Acrobacias que inventó Manning para tocar el cielo. “He visto muchos vídeos suyos y lo tengo como referencia pero no lo imito, creo que cada uno tenemos que tener un estilo propio. Todo este baile exige improvisación se trata de entenderse con el otro porque es como si fuera otro idioma”.

Un lenguaje musical que ha ganado cada vez más adeptos, especialmente entre la población joven. Hasta cuatro generaciones coinciden en la pista cuando se organizan este tipo de eventos, como sucedió este jueves en Madrid Swing & Vintage Party, la fiesta de estética vintage que tuvo lugar anoche dentro de las Noches del Botánico. En ella, los aficionados al swing y a los sonidos de los años 30,40 y 50 pudieron recrearse en aquella época a través del piano y la banda de Scott Bradlee. También por medio de la ambientación propia de la época. Viaje a través del tiempo. Back to the past.

Mantener el espíritu intacto

Ahí se encuentra la magia de este baile, que reunifica las notas antiguas y modernas de esta música a través de las distintas voces que la defienden. Relato histórico en ocho tiempos protegido por sus expertos según las normas iniciales del mismo. No hay que caer en la moda. Tampoco en el show business. Lo que tenemos que vigilar es que no desaparezca la esencia. A veces sí tengo miedo de que haya una cierta masificación, porque eso puede llevar a que se pierda el espíritu comunitario”, señala Claire de Broche, vicepresidenta de la asociación Mad For Swing de Madrid.

 

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Lourdes Ibiricu, presidenta de Mad For Swing (derecha) y Claire de Broche (izquierda), vicepresidenta. | Foto: Clara Felis.

Claire señala que durante este último año la asociación ha contado con 100 miembros más (en total son 315), lo que les ha permitido desarrollar nuevas vías de comunicación y desarrollo. “Nos unificamos en 2012 para que todos aquellos que quisieran hacer actividades relacionadas con el swing tuvieran cobertura. De hecho, todas las actividades de swing programadas en Madrid están en nuestro calendario. Apoyo institucional no hay, todo nos cuesta sangre, sudor y lágrimas. Si tuviéramos apoyo de un organismo público tendríamos un permiso para bailar todos los viernes en Madrid Río o nos dejarían locales públicos para utilizarlos gratis, y a veces, nos lo ponen extremadamente difícil”, remarca con tono reivindicativo Lourdes Ibiricu, presidenta de Mad For Swing.

Complejidad burocrática que sufrieron también para celebrar el Madrid Lindy Exchange, el evento de mayor asistencia que organiza Mad For Swing y que llegó a congregar a más de 1.000 visitantes al día durante el pasado mes de junio. “Teníamos a 450 personas que venían a Madrid para bailar y hasta el viernes por la tarde no les pudimos decir dónde tenían que acudir el sábado a las doce de la mañana. El Ayuntamiento nos mandó los permisos el último día. De los cuatro sitios que pedimos, recibimos tres autorizaciones a las seis de la tarde del día anterior. Pero vamos, lo hacen con todos”.

Tampoco son fáciles los trámites que exigen las salas de Madrid, cuyo precio por alquilar sus espacios es a veces inasumible. “Las salas en Madrid son muy caras. Faunia por ejemplo nos pedía 18.000 euros por una sola noche. Lo que también pasa es que hay muy pocos empresarios a los que les interesemos. No producimos, esa es la palabra. Los bailarines bailamos, pero no bebemos.”

Ante el monopolio del sector, su asociación pide mayor existencia de edificios civiles para poder desarrollar su actividad. Petición que han formalizado por medio de una propuesta que han presentado ante el Ayuntamiento de Madrid. Su idea es crear una pista de baile al aire libre en Conde Duque, iniciativa que se ha incluido dentro de los Presupuestos Participativos 2017. Que se lleve a cabo o no se decidirá el próximo 13 de julio, cuando el consistorio haga públicos los proyectos ganadores. “De momento la primera fase que es la de apoyos ya está superada. Ahora se tiene que hacer la valoración técnica, y eso es lo difícil, porque necesitas muchos votos, pero puede que salga”, señala con ilusión Lourdes.

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Gente bailando al ritmo de Madrid Swing | Foto: Clara Felis

La arquitectura del baile

Reclamo que apoya Pablo Sánchez, profesor de swing y fundador de la escuela Big South. Hace cinco años que decidió dejar de lado su anterior vida y crear junto a su pareja, Julia, esta academia de baile. Ella, arquitecta de formación y él, profesional de las Bellas Artes levantaron este centro en plena crisis y actualmente cuentan con 280 alumnos. “Empezamos con esto porque a los dos nos gustaba bailar.  Para nosotros el swing es un baile para la vida humana, por eso insistimos en la improvisación, porque hemos perdido la desinhibición, la expresión corporal. Estamos muy alejados del cuerpo y queremos que la gente se deje llevar”.

“El hecho de bailar, de estar juntos y disfrutar de la actividad pasa en el swing de una manera muy certera. Esa es la esencia del ser humano”.

Él, que en su momento también fue alumno de Blanco y Negro, recalca que el desafío actual es que exista el mismo número de salas que de academias. “Lo que queremos es que haya una mayor proclamación sobre el swing en Madrid. Deberían abrirse más salas,  pero es muy difícil porque la normativa es muy estricta y el precio del suelo es desorbitado. El problema es que los promotores culturales de esto somos los propios bailarines, y claro, hacer una actividad que no es la del bailarín o la del profesor te quita tiempo”.

Para él este baile debe alejarse de cualquier idea egocentrista, ya que esto puede ser peligroso para la supervivencia del verdadero swing. “El hecho de bailar, de estar juntos y disfrutar de la actividad pasa en el swing de una manera muy certera. Esa es la esencia del ser humano”.

Parte de esa sustancia radica en la música en directo tocada en numerosas ocasiones por las big bands, conjuntos musicales que también han vivido un importante repunte durante estos últimos años.

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Bob Sands, director de Bob Sands Big Band | Imagen cortesía Bob Sands Big Band.

Bob Sands, saxofonista de jazz y director de la Bob Sands Big Band, ha participado en numerosos eventos y conciertos de swing y es un habitual del Café Berlín. Entre su repertorio nunca falla Duke Ellington, Count Basie o Slide Hampton. Tres de sus referentes principales, aunque su lista se amplíe hasta el infinito. Abandonó su Manhattan natal para recorrer Europa de manera temporal, aunque su espíritu nómada desapareciera en Madrid, ciudad en la que decidió asentarse hace ya 25 años. “Yo quería vivir un año en París, que es muy típico entre los músicos de jazz.  Antes de decidirme, visité a un amigo de Barcelona y otro de aquí… En un principio iban a ser seis meses”, recuerda entre risas y nostalgia.

Con motivo de su 34 cumpleaños decidió crear una Big Band, para así disfrutar de la música que le gustaba. El experimento dio sus frutos y los 17 miembros que participaron durante aquella jornada siguen hoy dentro del grupo. “Mi idea no era tener una Big Band permanente, pero todo el mundo quería seguir y fue entonces cuando empezamos a ensayar cada semana en la Escuela Creativa, donde yo era profesor. Ahora ensayamos en un sitio que se llama El Molino”.

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La banda en acción. | Foto via Bob Sands Big Band Website.

“La música que tenemos hoy en día sería diferente sin Miles Davis, ni Duke Ellington. Miles decía que un día al año todos los músicos deberían dejar sus instrumentos al lado y dar las gracias a Duke Ellington”.

Este músico ha compartido escenario con algunas de las eminencias del jazz, como Lionel Hampton, Dizzy Gillespie o Gerry Mulligan. También aquí ha tocado con músicos de la talla de Perico Sambeat, Jorge Pardo o Chano Domínguez. Oportunidades que le sirvieron para seguir perfeccionando en su estilo jazzístico. “Esta música se aprende con la oreja, tocando por encima de los discos. El jazz es un idioma, con su gramática y sus registros. Es un lenguaje y muchos a la vez. El jazz es lo más variado que hay. Más que el rock, más que el pop y más que el funk”, define con énfasis.

Desde que comenzó a tocar hasta ahora confiesa que ha ido alejándose del vanguardismo. Ha vuelto al jazz y al swing más clásico, según él porque allí se encuentra el origen de todo. “La música que tenemos hoy en día sería diferente sin Miles Davis, ni Duke Ellington. Miles decía que un día al año todos los músicos deberían dejar sus instrumentos al lado y dar las gracias a Duke Ellington”. Aunque reconoce que el registro más complicado es el swing y el virtuosismo que tenían sus grandes maestros.

“En mi vida musical intento tener swing, es decir, sacar los solos y tener ese soniquete. Para lograrlo la única manera de aprenderlo es tocar como los que tocan swing y esa es una de las cosas más difíciles de hacer en el mundo. Me encanta el repertorio de Count Basie. De hecho, cuando hemos tocado piezas para bailarines en una sala llena de gente bailando y vestida de época nos hemos divertido mucho. Es una manera sana de pasarlo bien”.

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