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Las obras maestras de Budapest llegan al Thyssen

Jorge Raya Pons

Entre el 18 de febrero y el 28 de mayo, el museo Thyssen-Bornemisza expondrá una colección esperadísima, Obras maestras de Budapest, que representa en sí misma la Historia del Arte europeo. Una muestra privilegiada que acoge a los hombres más talentosos de cada siglo: Velázquez, Zurbarán, Goya, Murillo, Rubens, Rafael, Durero, Monet…

Se trata de 90 lienzos llegados desde el Museo de Bellas Artes de Budapest, en el corazón del antiguo Imperio austro-húngaro, que contiene una de las colecciones extranjeras más valiosas de pintura española. Una remodelación de su pinacoteca ha permitido que estos cuadros puedan exponerse temporalmente en Madrid.

La muestra, cuyos comisarios son Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, y Mar Borobia, jefa del Área de Pintura Antigua, se organiza en siete secciones:

1. El Renacimiento en el norte, con pintura alemana y flamenca del siglo XVI y autores como Alberto Durero, Lucas Cranach el Viejo o Hans Baldung Grien.

Salomé, de Lucas Cranach, 1530. (Fuente: wikimedia.org)
Salomé, de Lucas Cranach, 1530. (Fuente: wikimedia.org)

2. El Renacimiento en el sur, con Leonardo da Vinci, Lotto, Rafael o Bronzino.

Estudio de patas de caballo, de Leonardo Da Vinci (1490-1492)
Estudio de patas de caballo, de Leonardo Da Vinci, 1490-1492. (Fuente: wikimedia.org)

3. El Barroco en Flandes y Holanda, con Peter Paul Rubens y Anton van Dyck.

Mucio Escévola ante Porsena, de Peter Paul Rubens y Anton van Dyck (1618-1620)
Mucio Escévola ante Porsena, de Peter Paul Rubens y Anton van Dyck, 1618-1620. (Fuente: wikimedia.org)

4. El Barroco en Italia y España, con pinturas de Annibale Carracci, Alonso Cano o Diego Velázquez.

Almuerzo de campesinos, de Diego de Velázquez (1618-1619)
Almuerzo de campesinos, de Diego de Velázquez, 1618-1619. (Fuente: wikimedia.org)

5. El siglo XVIII, donde destacan Sebastiano Ricci y Giambattista Tiepolo, de la escuela veneciana.

Canaletto-dolo
La esclusa de Dolo, de Canaletto, 1763. (Fuente: wikimedia.org)

6. La nueva imagen de la mujer, con Manet o Kokoschka.

Dama con un abanico, de Édouard Manet (1862)
Dama con un abanico, de Édouard Manet, 1862. (Fuente: wikimedia.org)

7. Del Impresionismo a las Vanguardias, un recorrido desde el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial.

(Adolf Fényes, Bizcocho de semillas de amapola, 1910)
Bizcocho de semillas de amapola, de Adolf Fényes, 1910. (Fuente: wikimedia.org)

En cualquier caso, explica Mar Borobia a la revista Hoy es Arte, escoger entre las obras, crear una armonía, fue un trabajo laborioso: “Ha sido difícil que no sea simplemente un espacio dedicado a una obra maestra tras otra. Lo que queríamos es que también hubiera un hilo de conexión entre las escuelas, entre los artistas”. Y finalmente lo lograron, con un resultado prometedor y unos precios asequibles: las tarifas oscilan entre los 8 y los 12 euros.

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Este otoño, de museo en museo: 8 exposiciones imprescindibles en Madrid

Saioa Camarzana

Foto: Henri de Toulouse-lautrec | La pelirroja con blusa blanca, 1889
Museo Thyssen-Bornemisza

Los meses de septiembre y octubre, además de ser una de las mejores épocas para los afortunados que salen de vacaciones, es el momento en el que se reactiva toda la agenda cultural. Los escritores vuelven a publicar, a los teatros vuelven las obras y los museos, que durante el verano siguen abiertos, renuevan su agenda para empezar el curso con sus mejores apuestas. Después de Apertura Madrid Gallery Weekend, iniciativa que lleva en marcha desde hace ya ocho años, el próximo jueves es el turno de Barcelona Gallery Weekend, que con el mismo espíritu madrileño, lleva a sus artistas a inaugurar simultáneamente. Entre unas cosas y otras recomendamos ocho exposiciones que se van a inaugurar en madrileños en los próximos días.

William Kentridge en el Museo Reina Sofía

Sin duda va a ser la exposición del año. Aunque aún queda algo más de un mes de espera, se inaugura el 31 de octubre, es una de las citas que no pueden faltar en las agendas. William Kentridge. Basta y sobra es una muestra hilada a través del trabajo escénico, en el que se incluye ópera, teatro y performance, que cuenta la historia de un solo protagonista. El proceso creativo en el caso de Kentridge es vital y en la muestra se intercalan bocetos, dibujos y grabados que sirven de punto de partida. La obra del último Premio Princesa Asturias de las Artes cuenta con algunas constantes como el dibujo, el collage, el retrato y el cine que, por supuesto, forman parte de la cita del año.

Cai Guo-Qiang en el Museo del Prado

Es uno de los artistas chinos con más proyección internacional hasta la fecha. La chispa de Cai Guo Qiang está en el uso de pólvora para dinamitar su trabajo. Probablemente su obra más célebre sea Escalera al cielo, una obra efímera que le llevó varios intentos y ha tenido la entidad suficiente para el rodaje de un documental sobre su gestación. En el Museo del Prado, que en ocasiones se abre al arte contemporáneo, recibe a este artista en una especie de residencia destinada al diálogo con nuestros maestros más indiscutibles que inspiren nuevas piezas que se expondrán en el Salón de Reinos bajo el nombre de El espíritu de la pintura. Pero el momento clave de su paso por Madrid tiene una fecha concreta: 25 de octubre. Ese día Cai Guo Qiang dinamitará una obra de gran tamaño dentro de las paredes del edificio. Además, Isabel Coixet está preparando un documental sobre su proceso creativo.

Picasso / Lautrec en el Museo Thyssen-Bornemisza

Picasso y Toulouse-Lautrec nunca se llegaron a conocer pero la influencia que el último ejerció sobre el maestro malagueño es palpable en sus obras. Cuando Picasso visitó París a finales de 1900 conoció su obra y su manera de entender el arte y la modernidad. Lautrec aunó alta y baja cultura, arte y publicidad y esta manera de trabajar impactó de manera radical en Picasso y condicionó su futuro estilo artístico. Hasta la fecha no se ha puesto en relación (no al menos en forma de exposición) las afinidades de ambos que pasan por el gusto por temáticas como los burdeles, los retratos caricaturescos, la noche, los cabarets y el circo.

Este otoño, de museo en museo: 8 exposiciones imprescindibles en Madrid 4
Detalle de “Historia do Brasil. Little Girls and Boys”, 1975. | Imagen vía La Casa Endcendida.

Anna Bella Geiger en La Casa Encendida

La experta en arte Estrella de Diego es la comisaria de la muestra Geografía Física y Humana de la artista brasileña Anna Bella Geiger. Se ha alzado como uno de los nombres imprescindibles del arte conceptual brasileño y La Casa Encendida le dedica un recorrido que reúne cerca de 100 obras para que el visitante se adentre en el universo de esta artista radical. Vídeos, fotografías, collage y obras en tres dimensiones reflexionan a cerca de las políticas coloniales, los estereotipos culturales, las exclusiones y los discursos impuestos por la hegemonía. Y si hay algo que le interese en particular ese es el mapa, elemento protagonista de una obra frágil y delicada que convierte los asuntos políticos y sociales en objetos poéticos.

Cristina Lucas en Alcalá 31

La artista de Jaén aterriza en la Sala Alcalá 31 con Manchas en el silencio, un proyecto político y social que aún es sensible de ampliar. El asunto que retrata Cristina Lucas es el de los bombardeos aéreos contra la población civil que se han llevado a cabo desde que en 1912 se inventó la aviación. La pieza central está formada por tres grandes pantallas en las que se muestran los lugares de los bombardeos acompañadas de imágenes documentales de las víctimas. Esta pieza central se complementa con unos tapices en los que ha bordado mapas con esos mismos nombres de los lugares atacados llegando, en ocasiones, a convertirlos en un borrón debido a la cantidad de bombas caídas. En la planta de arriba 360 relojes marcan la hora de todo el globo con un tic tac tan sutil como ensordecer que hace que el tiempo quede suspendido.

Este otoño, de museo en museo: 8 exposiciones imprescindibles en Madrid
Zuloaga Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, 1913.

Zuloaga en la Fundación Mapfre

El pintor vasco inaugura una muestra monográfica en la Fundación Mapfre este jueves 28 de septiembre. La fundación se ha centrado en la época en la que Zuloaga se trasladó a la capital francesa cuando tan solo tenía 19 años. Zuloaga en el París de la Belle Époque. 1889-1914 incide en esos años en los que el pintor desarrolla su lenguaje en esta ciudad que se convierte en el centro del mundo moderno. Allí, el pintor encuentra un estilo que va acorde a la ebullición que se encuentra. A través de 90 piezas el espectador puede formarse una idea detallada de cómo Zuloaga gestó un lenguaje que está a medio camino entre la cultura francesa y la española. Además, aparece retratado junto a otros artistas como Picasso, Toulouse-Lautrec, Rodin y Bernard que funcionan como diálogo entre el pintor de Eibar y el París de la época. Además, piezas del Greco, Zurbarán y Goya, que el pintor coleccionó, complementan una exposición que quiere ofrecer un nuevo acercamiento a este genio de la pintura.

Itziar Okariz en el CA2M

A partir del 27 de octubre el CA2M dedica una de las antológicas más completas a la artista vasca Itziar Okariz. Bajo el título …una contrucción, es decir, una jerarquía de momentos, expresiva de cierto concepto grande o pequeño, abstracto esotérico, extracto de Oficio de poeta de Cesare Pavese, la conexión del lenguaje y del cuerpo que erigen todas sus piezas serán los protagonistas en el CA2M. Siendo, como es, una de las artistas del performance que amplía y eleva a un nuevo nivel esta disciplina en la que se inscriben hoy infinidad de artistas, Okariz utiliza la voz y el silencio para crear nuevos contextos.

Este otoño, de museo en museo: 8 exposiciones imprescindibles en Madrid 2
GATO Y GRANADAS
Serie: Bodegones Almodóvar | Imagen vía La Fresh Gallery.

Pedro Almodóvar en La Fresh Gallery

El cineasta se ha pasado a la fotografía y lo hace con unos bodegones tan personales que utiliza la encimera de su casa y los objetos que ha ido comprando. Algunos recuerdan al artista italiano Morandi, otros crean figuras femeninas y estilizadas y en casi todos aparecen detalles de la realidad más cercana. Enchufes, paredes manchadas, clavos que en algún momento han sostenido un cuadro… Almodóvar presenta en La Fresh Gallery 70 fotografías a modo de bodegones posmodernistas que forman una especie de autobiografía íntima. El dinero recaudado con la venta de estas piezas irá destinado a Mensajeros por la paz.

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Dignitex protesta por el rostro oculto de la moda de cara a la Fashion Week Madrid

Anna Carolina Maier

Foto: Ana Laya
The Objective

Una mujer está guindada entre telas rojas en la Plaza Callao de Madrid. A sus pies, unos maniquíes tirados en el suelo. Se trata de una escultura humana que representa la precariedad de las condiciones laborales de la industria textil.

A la vez, a 40 minutos en metro y a 20 en coche, en la Feria de Madrid (IFEMA) se lleva a cabo la ‘Mercedes-Benz Fashion Week Madrid’ (MBFWM). Inició este jueves y es su 66ª edición. Allí, las principales marcas de moda, en 47 desfiles, presentarán hasta el martes sus nuevas colecciones para la temporada Otoño-Invierno 2017.

“Se está llevando a cabo la Semana de la Moda de Madrid y queremos mostrar la otra cara de esta moda. Hay muchos casos de explotación, de esclavitud e incluso, empleo de niños confeccionado la ropa”, señala desde Callao Juan Sabin, quien pertenece a la agrupación Dignitex, movimiento que pretende luchar “por la dignidad de los puestos de trabajo en la industria textil”.

Dignitex protesta por el rostro oculto de la moda de cara a la Fashion Week Madrid 1
En algunos países unirse a un sindicato es motivo de despido. | Foto: Ana Laya / The Objective

Además de presentar el performance, activistas reparten volantes de concientización a los transeúntes. Insiste en mostrar “la cara oculta de la moda”.

Dignitex está compuesto por organizaciones defensoras de Derechos Humanos y también políticas. Además de Sabin, que forma parte del partido Sain, está Lola Sánchez Caldentey, eurodiputada de Podemos.

La parlamentaria señala que en abril fue aprobado en la Eurocámara un informe –resolución 2016/2140(INI)– que insta a la Comisión Europea a “iniciar un proceso legislativo para acabar con la situaciones de esclavitud de casi 75 millones de personas en el mundo de las cuales, la gran mayoría, son de mujeres y de niños”.

“Le toca el turno a la Comisión Europea. Son ellos los que tienen que dar el paso para agilizar este proceso legislativo para que algún día veamos una ley que sea vinculante” y establezca condiciones laborales para evitar la esclavitud en la industria textil.

A pesar de mostrarse contenta ante el paso dado en abril, considera que “la Unión Europea no trabaja demasiado para las personas y sí para las grandes empresas”. De modo, que “siguen defendiendo las iniciativas voluntarias que se pusieron en marcha después del derrumbe del Rana Plaza (Bangladesh) con casi 1.200 muertos”.

Caldentey sostiene que “las iniciativas voluntarias” no van a solucionar este problema.

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Manifiesto de Dignitex. | Foto: Ana Laya / The Objective.

The Objective consultó a Inditex, una de las principal compañías de la industria textil en el mundo, sobre su postura ante la resolución 2016/2140(INI) y las acusaciones de violación a los Derechos Humanos de los trabajadores que confeccionan la ropa.

A pesar de haber contestado a un correo electrónico, la respuesta se basa en la protección medioambiental pero no toca la protección de derechos de los trabajadores o sus condiciones.

Señala que Inditex es una industria “libre de tóxicos” que busca constantemente la “mejora de su cadena de suministro”.

“Nuestros proveedores y sus fábricas asociadas deben cumplir con unos requisitos mínimos en la gestión de productos químicos si desean trabajar con nosotros”, acota.

También dice que aplica “mejoras en todas las fases” de su cadena de valor para reducir su “consumo energético” ya que se preocupa por el Cambio Climático.

“Otro de nuestros objetivos es que en 2020 ninguno de los residuos que proceden de nuestras oficinas, centros logísticos y tiendas acabe en un vertedero”.

Asimismo, añade “que ha iniciado un programa con el Massachusets Institute of Technology (MIT-MISTI) para financiar la investigación y desarrollo de nuevas técnicas de reciclaje”. Pero el mail no toca el asunto laboral.

Dignitex protesta por el rostro oculto de la moda de cara a la Fashion Week Madrid 2
Hasta SuperMujer se une a la causa de Dignitex. | Foto: Ana Laya / The Objective

Daniel Sabin, por su parte, hace una crítica directa a esta empresa. “En el caso de Inditex, hay muchas denuncias e investigaciones abiertas en todo el mundo. En Brasil, ha habido condenas en tribunales por tener a trabajadores en condición de esclavitud. Es una cosa generalizada en el mundo de la industria de la moda porque son de los que marcan la senda. Desde H&M, Mango, El Corte Inglés hasta Benetton, han deslocalizado su producción a países donde la legislación es muy flexible y quien paga eso son niños esclavos y mujeres y hombres explotadas”.

“¿Seguro que esta temporada otoño/invierno necesitas vestir explotación? No dejes que tus prendas y sus derechos acaben en la basura”.

“El algodón con el que se hace mucha de la ropa que se vende en tiendas españolas viene en buena parte de Uzbekistán. Uno de los países con mayor trabajo infantil y forzado”.

“Y así llegamos a una fábrica en Sri Lanka, Pakistán o Bangladesh; como la de Rana Plaza, que se derrumbó en 2013 matando a más de 1200 personas”.

Estas son algunas de las frases que se llevan los panfletos informativos que dejan a quien pase por Callao.

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Ignatius Farray: "Sigo siendo un p*** loser"

Jorge Raya Pons

Foto: EL FIN DE LA COMEDIA
COMEDY CENTRAL

Es importante que sepan esto: he visto dos veces a Ignatius Farray y la primera fue en una sala de espera. Era junio y hacía tanto calor que sus gafas estaban empañadas. La segunda fue en el bar Picnic, en Malasaña, y a falta de media hora tenía el recinto lleno. Era septiembre y volvía a los monólogos. Hizo esperar al público una hora. Salió con energía, nos miró a todos y, en un paréntesis de intimidad, dijo: “Sabíais que esto iba a empezar tarde”. Y todo el mundo respondió con risas.

* * *

Es mediodía en la segunda planta de la sede de Comedy Central en Madrid. Entra Ignatius Farray vestido de corto: una camiseta negra, los pantalones de chándal de un azul eléctrico, los calcetines por los tobillos, las deportivas blancas. Fuera hace calor, y le caen unas gotas de sudor alrededor de las cejas. No levanta mucho la mirada. “Soy Nacho”, dice, presentándose. “Encantado”.

Ignatius Farray está en todas partes: con Andreu Buenafuente en Late Motiv (Movistar+), con David Broncano y Quequé en La vida moderna (Cadena Ser), tiene su propia serie de televisión (El fin de la comedia), tiene sus monólogos casi semanales en distintos bares de Malasaña. Está en todas partes, le digo, y arrastra dos o tres años de éxito. Él se apresura a desmentirlo, con una risa muy sincera: “En realidad solo este último año. Sigo siendo un puto loser.

Ignatius Farray: "Sigo siendo un puto loser" 1
Ignatius Farray, posando en el ático del edificio de Comedy Central. | Foto: Ana Laya/The Objective

Ignatius Farray es el rey de la comedia. Un canario de metro ochenta, que ha pasado los cuarenta, calvo salvo por una pelusa que cubre la parte alta de su cabeza –la llama la Selva-. Tiene una barba poblada, de varios meses y sin recortar, y unas gafas negras de pasta como Woody Allen. Ignatius lleva un año creciendo sin parar en la comedia. “Este año la cosa no ha parado”, dice. “La rueda de la comedia me ha pasado por encima. Lo noto porque la gente me saluda por la calle”.

Uno se pregunta qué ha sido de él todo este tiempo. Nació en un pueblo llamado Granadilla del Sur, al sur de la isla de Tenerife, y el absurdo comienza en el momento en que no hay una Granadilla del Norte. Dice que allí fue muy feliz, que tuvo una infancia tranquila, que aquello es muy distinto a Madrid. Dice que fue un chico más bien tímido, pero que en determinado momento algo se desató por dentro: “Recuerdo que hubo un año, no sé si fue en 5º o 6º de EGB –con 10 ó 12 años–, que de repente me vine arriba y me convertí en el payaso de la clase. ¡Me llamaban Woody!”.

–¿Por qué? –le pregunto.

–Por Woody Allen. Me decían: “Eh, Woody, ¡háztelo ahí!”.

Tiene anécdotas de infancia que son memorables, algunas aficiones inimaginables cuando uno solo conoce el personaje, y todas ellas permiten comprender mejor que Ignatius no solo es divertido, sino también retorcido. “Me acuerdo de que en una época me dio por el tenis”, cuenta Ignatius, conteniendo la risa. “Había una cancha en el pueblo y me pasaba la tarde allí solo, peloteando contra la pared. Era por el 88 y ya se sabía que los Juegos Olímpicos iban a ser en Barcelona. Yo llegué a falsificar cartas que me enviaba a mí mismo poniendo que era Samaranch, el presidente del Comité Olímpico, que se dirigía a mí diciendo que habían estado observándome y que querían que yo representara a España en tenis. Yo luego esas cartas se las enseñaba a mi hermano para impresionarle. Y él se lo creía”.

Pasó poco tiempo hasta que comprendió que no solo se divertía haciendo chistes, sino que quería hacerlos todo el tiempo. Ignatius supo que le ilusionaba cada vez más hacer reír a la gente, y comenzó a alimentar esa ilusión, aun creyendo que nunca sería capaz de ganarse la vida con ello. “Me impresionaban Faemino y Cansado”, dice. “La primera vez que me subí a un escenario fue para imitarlos en el casino del pueblo”. ¿A los dos?, le pregunto. Y él se ríe, afirmando con la cabeza.

* * *

Es septiembre y el calor no remite. El bar Picnic cumple nueve años, casi una década de monólogos y cervezas, y desde hace unos meses cuenta con un embajador de oro. Este local tiene dos plantas, una a nivel de calle y otra subterránea, y es en la segunda –con poca luz, tonos rojizos y un paisaje hawaiano de fondo– donde está el pequeño escenario.

Es miércoles y son las diez de la noche. Ignatius toma el micrófono y todo el mundo se encorva hacia delante, como esperando el momento de reír. El público está expectante. En la planta de arriba hay tanto ruido que se hace difícil escuchar a Ignatius. Él dice: “Habrá un momento en que os daréis cuenta de que arriba se lo están pasando mejor”. Luego pregunta si hay alguien que se ofenda con facilidad y descubre que hay un negro. Le apunta con el dedo, con una risa incontenible. “¿Eres negro?”, le pregunta. El chico le responde que aunque lo parezca no lo es. Ignatius exclama: “Eso es todavía más insultante que cualquier cosa que pudiéramos decirte”. Entonces Ignatius comienza a imitarle con una voz extraña: “No, no. Aunque lo parezca. Me ha pasado mil veces. ¡Soy como vosotros!”. Pide un aplauso y todos aplauden. El chico, que no es negro y quizá solo un poco moreno, también aplaude.

* * *

Ignatius siempre quiso hacer reír, pero comenzó en el humor bastante tarde. Tenía 29 años y volvía a Madrid desde Londres. Allí vivió dos años. “Recuerdo que fui a la aventura”, dice, rememorando una historia que cuenta a menudo. “Solía ir a un comedy club. La propietaria se dio cuenta de que no entendía demasiado bien a los cómicos y me dejaba entrar por la mitad de precio. A mí me gustaba solo por estar allí. En Londres comencé a tomármelo más en serio. Luego llegó la casualidad de que en España estaba empezando a llegar la moda de los monólogos con El club de la comedia, Paramount Comedy… Aquella confluencia me lo hizo imaginar de una manera más concreta… A lo mejor sí me atrevía a subirme al escenario para actuar”.

El líder de los Canarios arios habla con mucha dulzura y tiene la voz grave. A veces pierde la compostura y se pone a gritar, sin que nadie pueda verlo venir. Y es gracioso porque es su factor sorpresa. Tiene un humor muy salvaje y sin prejuicios: no le importa bromear sobre los negros, los judíos o el nazismo. Y, como él dice, puede hacerlo porque no es racista, ni antisemita, ni fascista. Es más bien izquierdista y sin horizontes. Es ese humor negro el que causa muchas veces las críticas. “Igual que mucha gente admite hablar de muchas cosas de cualquier manera, hay gente que enseguida cae en el malentendido, que cree que hay un propósito de hacer daño o para que ellos se sientan ofendidos”, dice, dando una justificación. “Llega a ser un poco ridículo. Con eso no digo que un cómico no pueda meter la pata. Creo que se puede hablar de todos los temas, pero no se puede hablar de todos los temas de cualquier manera. Se puede ser desagradable o impertinente, y eso ya no es comedia”.

Y tras una breve pausa, continúa: “Pienso que la comedia debe crear conciliación. Desde el momento en que tenemos ese punto de complicidad y nos estamos riendo juntos de algo, nos acerca más que enfrenta. Creo que la gente que se ofende no está entendiendo de qué va el asunto”.

Ignatius comienza a sentirse más suelto en la entrevista y le pregunto a qué le teme más, si al silencio o a la ofensa. Su respuesta es clara, aunque fragmentada: “Los silencios no me molestan especialmente, forman parte de esa tensión. Un cómico tiene que estar acostumbrado a ese tipo de situaciones. Si te dedicas a esto, ese tipo de situaciones tensas en las que algo no está yendo bien te ocurren continuamente. De alguna manera tienes que aprender a disfrutar de esos momentitos. Si no, lo vas a pasar bastante mal. Hay que encontrarle la gracia”.

¿Y en cuanto a la ofensa? “Yo… Yo lo paso muy mal. Cuando noto que he metido la pata… Cuando veo que la gente se ofende y no hay ningún motivo, me quedo bastante tranquilo. Pero cuando noto que he metido la pata y he podido ofender a alguien… que he hecho algo a alguien que realmente le molestaba… siento una sensación horrible. Te lo juro: no paro de pedir perdón. A veces lo paso mal si pienso que tengo que disculparme con alguien y al final de la actuación no lo encuentro. En los 15 años que llevo en la comedia, la sensación que más se ha repetido es la de arrepentimiento y remordimiento”.

Y entonces ríe, pero se siente como una risa nerviosa: “La sensación de remordimiento es permanente”.

* * *

La función de Ignatius esta noche es servir de gancho comercial: se limita a presentar a otros cómicos más jóvenes antes de que ellos se lancen al vacío y luego se pone a un lado. Es un gesto generoso. Pero eso el público no lo sabe porque han venido a ver a Ignatius. La sala se vacía paulatinamente. Ignatius se sienta muy cerca del escenario y se esfuerza por reír. Da una palmada a cada cómico cada vez que su espectáculo termina. Les dice unas palabras. No solo les presenta, sino que les apoya. Algunos de ellos tienen verdadero talento. Ignatius se gira a menudo para comprobar que los otros espectadores también disfrutan, y unos pocos lo hacen. A veces se gira y levanta el dedo índice y sonríe y pide silencio cuando algunas hablan.

* * *

En El fin de la comedia, Ignatius se expone a conciencia y sin reservas: es tímido, discreto y profundamente nostálgico. Casi una molécula de agua. Ignatius confiesa que su personaje es bastante genuino, pero reconoce que uno no puede renunciar siempre a ciertas construcciones que gustan al espectador: “Un cómico está para que la gente se ría y se lo pase bien”, dice, agregando: “Pero no puedes caer en hacer cosas que no te apetecen hacer. Cuando te das cuenta de que estás hablando de ciertas cosas, no porque te salgan del corazón sino porque es lo que quiere la gente, acabas cayendo en esa trampa. Es una tentación de la que hay que huir”.

Se puede advertir de sus palabras que a Ignatius no le importa ser una estrella. Él persigue otras metas no tan efímeras, quizá la más evidente sea la autenticidad. Ignatius tiene un pensamiento muy colectivo, tiene ese sentimiento de comunidad, y eso está presente en la proximidad que plantea constantemente al público. Ignatius es la antítesis del ególatra y parece evitar distracciones: si bien asegura que no ha tenido tentaciones de la industria del cine, afirma que tampoco le atraen en absoluto. Incluso estando en la cresta de la ola, lo que quiere es conservar su teleserie, su programa en la radio, los monólogos nocturnos. Disfrutar el momento.

“Es verdad que tradicionalmente en el mundo del stand-up comedy muchos cómicos –la generación de los 70 en Estados Unidos, la época dorada– terminaron siendo muy mediáticos, estrellas de cine. Como Robin Williams o Steve Martin”, dice, poniendo un contexto necesario a la pregunta. “Comenzaron de una manera muy arrastrada y terminaron así. En cuanto pudieron lo dejaron para dedicarse al cine o a otras cosas. Luego les quedó la sensación, y esto lo han dicho ellos, de que fue una especie de traición a sí mismos. Muchos de ellos, en la medida que pudieron al final de sus carreras, trataron de retomar esos inicios que ellos sentían como más auténticos. Hay que intentar mantener la llama viva”.

En cualquier caso, le pregunto nuevamente si le ha surgido la posibilidad de tomar ese tren que han aprovechado Dani Rovira o Berto Romero, por ejemplo. Ignatius dice que no con la cabeza y ríe: “La verdad es que a mí eso me ha pasado. He tenido esa suerte. Intento disfrutar de mi trabajo, de mi oficio, sin caer en esa locura”. Luego hace una pausa y concluye: “No doy la talla”.

* * *

Cuando termina son las doce y media y espero a Ignatius casi en la puerta. Le digo: “Hola, Nacho”. Y él me saluda, recordándome vagamente. Hace unos minutos le ha lamido el pezón a un joven. Lo ha levantado muy alto y sin esfuerzo, como si tuviera el peso de una pluma, y le ha lamido el pezón izquierdo. Ignatius y yo comentamos la noche, la actuación de Pedro Silva y recordamos la entrevista de junio. Viste una camiseta negra, los pantalones de chándal de un azul eléctrico, los calcetines por los tobillos, las deportivas blancas. Nos despedimos y le digo que la vamos a publicar esta semana.

Entonces me da las gracias y un abrazo, y luego se marcha.

Ignatius Farray: "Sigo siendo un puto loser" 2
Ignatius Farray, sobre el escenario del Picnic. | Foto: Jorge Raya/The Objective

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Jana Leo: "La histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir."

Ariana Basciani

Foto: Lince Ediciones
Lince Ediciones

Un total de 1.127 mujeres fueron violadas en España durante el año 2015. Hace 17 años en la ciudad de Nueva York, la artista Jana Leo también se convertía en una víctima más en la estadística de la violencia: un hombre armado la violó en su propia casa.

“No me podía creer que hubiera un hombre con una pistola junto a la puerta de mi piso”, relata en la artista en el primer capítulo de su libro Violación Nueva York. Fue en ese momento, mientras pensaba que iba perder su vida, Jana Leo tomó algunas decisiones que ella misma no entendería tiempo después. Leo invitó al hombre a pasar a su casa, no perdió el control, le ofreció algo de beber, fue cool –como ella misma afirma- y simpática, hasta que le pasó por la cabeza que quizás ese hombre quería violarla pero sin forcejeo, con intimidad. Durante la violación el hombre inclusive osó con preguntar si podía besarla y ella, pasiva, se obligó a permitirle que la besara. Al finalizar, ella dialogó con él, le cuestionó sus formas de acercarse a las mujeres, le preguntó si vivía cerca, hasta le abrió la puerta de su casa, después de que ella lo convenciera de que no iría a la policía. Su comportamiento era lógico, el instinto de sobrevivir era prioridad para Leo.

A partir de esa experiencia Jana decidió actuar y contar su historia, no solo como forma de desahogo sino como relato policíaco, una huella que guarda pruebas de un hecho violento, sin sangre, sin golpes. Violación Nueva York (Lince Ediciones, 2017), es una forma de dar a entender que vivir en una ciudad gentrificada con pobreza alrededor incide directamente en la violencia social.

Jana Leo: "la histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir." 2
Portada de Violación Nueva York | Imagen vía Lince Ediciones

¿Por qué decidiste escribir sobre tu propia violación?

Son cosas que tienes que decirlas pero tampoco tienes porque ocultarlas, automáticamente es algo que no lo puedes contar, ese era el punto uno del libro, ‘esto me jode’. Porque al final acabas contando entre amigos tus experiencias sexuales, primeros las buenas y luego las malas. Parece que se cuenta en un entorno que ya has creado, si bien cuando vas a tener relaciones sexuales con alguien o si las has tenido o si alguien te ha contado algo al respecto, pero es algo de lo que uno no habla. Estoy acostumbrada a documentar las emociones, más que a contarlas. Mi trabajo ha sido sobre eso, así que tenía mucha ventaja. He creado una red con este libro, si mi mundo normal se tambalea estoy creando uno nuevo con este libro. Empecé a escribir y a describir lo que me había pasado desde la mañana siguiente, sin consciencia de libro sino pensado en cómo librarte de la muerte.

¿Es un proyecto como resistencia si el violador volvía?

Era dejar rastro, es supervivencia y lo único que puedes hacer si eres víctima es recordar, eso tiene un poder contra la persona que lo ha hecho y tú puedes identificar mil cosas. Mientras yo estaba allí estaba atenta a la supervivencia, pero con los ojos abiertos. El hecho de que recuerdes una marca en el estómago es algo que después te va a dejar poder identificarlo. Eso es instintivo.

¿Tiene que ver con un tabú con respecto al sexo?

Yo creo que sí, pero no he descubierto exactamente por qué, por qué la gente no habla de esas cosas. La violación es tabú cuando tiene poca violencia física, porque si te han violado en la calle, en un parque o en un viaje, yo creo que la gente habla más de ello porque no está relacionado con su entorno, con su vida normal puedes decir que son sucesos que ocurren sin más, desde la lejanía. El problema es que no se cuenta porque tiene que ver realmente con el entorno, con la intimidad, más que con el sexo.

¿Por qué existe un tabú con la violación que ocurre de un padre a su hija más que una violación que pueda ocurrirte en un viaje a la India?

En el caso de la violación en el entorno íntimo, la gente suele pensar que es como la peste, que se contagia. Si le cuentas a alguien algo que te ha pasado en un entorno lejano, implica que eso no le va a pasar a los que estamos aquí. Además si cuentas algo que pasa en un entorno lejano no estás agrediendo verbalmente, porque si te cuento cosas que pueden estar en tu entorno, es una agresión.

¿Contar un suceso violento es una agresión?

Hay gente que lo considera una agresión. Realmente tiene que ver con la intimidad, hay cosas que no salen de casa y no salen de tu cuerpo; y si el hecho violento ocurre en tu casa y en tu cuerpo, no lo puedes contar porque lo ves demasiado cercano al entorno.

¿Qué reacción de ti misma te sorprendió mientras te violaba?

Me sorprendió cuando le pregunté al tipo si me iba a matar. Yo pasé de una actitud relativamente cool porque yo lo confundí con el vecino de abajo. Primero le confundo con el vecino de abajo y luego llega un momento en que lo cool se me pasa porque estoy literalmente acojonada y le pregunto: ‘¿me vas a matar?’. Y al segundo pensaba: ¿eres gilipollas?, no le des ideas, no le muestres que tienes miedo y allí me sorprendí a mi misma diciendo: ¿quieres algo de tomar? Era la adrenalina. En ese momento estás bregando con tu vida. La adrenalina y el carácter se impone en esos momentos.

Jana Leo: "la histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir." 3
Algunos de los documentos que recopiló Leo durante la investigación de su violación | Imagen vía Jana Leo

¿Cómo sociedad debemos educar a las posibles víctimas de una violación?

A nivel ideológico me fastidian todas las recomendaciones que te dicen para combatir un acto violento: ¿por qué tienes que ser dócil, maja y suave? Casi te fuerzas a ti misma a colaborar. En cierto modo a las víctimas nos educan en lo que hay que hacer, a convertirte en tu propio verdugo, porque psicológicamente estás obligando a que tu cuerpo se abra en vez de decir no y que el otro te fuerce. Si no eres tu propio verdugo posiblemente vas a salir más dañado, pero por otro lado estás siendo coherente con que no quieres sentirte violado. Tú no asumes la figura del violador, no la internalizas, con lo cual dejas muy claro que es violación; por lo tanto, no estás eliminando al sujeto de culpa. Con las recomendaciones de convertirte en un ser dócil, casi estás facilitando que te violen y que el otro crea que no es violación y, que a la hora de denunciarlo, tengas menos posibilidades de que te crean pero, por otro lado, nos están educando también para el instinto de supervivencia, a preservar la vida.

¿Sigues molesta con esa guía de supervivencia?

Como instinto de supervivencia funciona, pero luego genera una serie de movimientos psicológicos que son violentos para la víctima.

¿Cómo enfrentaste al momento después de la violación?

Me enfrenté a varias cosas. Por un lado a nivel físico no me producía demasiado trauma, posiblemente porque tenía 30 años y había tenido sexo en otras ocasiones, me llevaba bien con mi cuerpo y no me estaba enfrentando a algo nuevo. Además, el mayor problema para mi era la posibilidad de muerte, el miedo a morir, más que el rechazo sexual, ni siquiera decrecía mi libido. Por otra parte, me generaba miedo estar en casa, miedo a que el violador volviera, miedo al control de otra persona, miedo a la amenaza, porque es esa sensación como en las películas de ‘primero te violo, luego te mato’ o ‘si vas a la policía vuelvo y te mato’, esa sensación de que el violador hasta que no esté en la cárcel sigue teniendo control sobre mí porque sabe donde vivo. Es el miedo a que esté allí y de la sensación de que alguien está tomando ventaja sobre ti, de engaño en cualquier situación cotidiana a la que yo estaba predispuesta.

¿Nunca tuviste una reacción histérica o desesperada durante tu encuentro con el violador o posteriormente hacia algún hombre en tu vida cotidiana?

Hablando con una amiga psicóloga, me decía que el gran problema de que nos violen a las mujeres es que nos hacemos histéricas, que es en cierto modo lo que se define como histeria, pero que es una relación desmesurada a algo que no es apropiado. La histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir. No es que sea el carácter de la mujer, sino que hemos sido abusadas y nos lo hemos callado. Ya sea que no hayas podido decir nada por supervivencia, porque fue una violación en casa o por lo que sea, entonces debes expresarlo de otra forma a través de las acciones cotidianas. La histeria no está relacionada con el sexo, sino con la violación, cuando alguien te está utilizando como objeto, y las mujeres estamos acostumbradas a que nos traten mal. Es un comportamiento que ocurre, que lo ves, te molesta, te vas tragando toda esa molestia y terminas convirtiéndote en una histérica porque no hemos puesto límites. Quizás eso fue una de las cosas que más me molestó después, la falta de capacidad física para defenderme porque no estoy entrenada.

¿Cómo puedes hablar de tu violación ahora conmigo? ¿Cómo lo manejas?

Es muy difícil hablar cuando te está pasando. Ahora que ya han pasado 17 años me sigue molestando pero no hay un efecto físico, sí intelectual, lo que tienes más cerca es la soledad. No había manera de hablarlo “te han violado y ya está”. No pasas un duelo, mi investigación de la violación fue una forma de resistencia porque mi novio ya no podía más con el tema.

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Jana Leo | Imagen vía Lince Ediciones

¿Las cifras de denuncias por violación no son suficientes?¿Hay una doble amenaza al no poder hablar del tema especialmente si es una violación pasiva?

Es que no sabes qué hacer. La persona puede volver de cualquier manera. Es una forma de resistencia a la dominación.

La violación es una forma de pertenecer, de que el violador se adueñe de ti, pero si el cuerpo es una casa, ¿por qué ocurren las violaciones pasivas ocurren en la intimidad del hogar?

Lo primero es hablar sobre ello. Que se reconozcan, por lo menos si uno reconoce a un violador durante una cita, entiendo que es una violación con cita, en el momento que tu reconoces sus mecanismos ya no te sientes tu mal.

¿Cuáles violaciones pasivas existen?

La más habitual es la date rate, la de que es tu novio y sales a cenar o que vas a una discoteca y te echan algo en la bebida y luego te arrastran a casa hasta los abusos de poder: maestras con niños o con niñas. En realidad las violaciones pasivas son más frecuentes que las violaciones con alto grado de violencia lo que pasa es que las pasivas están tan en nuestro engranaje y tan cerca de casa, que no quieres hablar de ello. Me acuerdo que en el colegio una novicia me llevaba a su cuarto y me tocaba y yo al decírselo a mi madre, ella me decía: ¿cómo puedes decir estas guarradas de una monja?

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Investigación de Jana Leo sobre su violación  | Imagen vía Jana Leo

La violación y la ciudad

¿Cómo comenzaste hacer conexiones con la violación, la ciudad y la casa?

El miedo a estar en casa lo tengo desde pequeña. No creía que en casa pasaba, pero vas creciendo y esas cosas se te olvidan. Estudiando en Princeton empecé a leer sobre la casa como lugar de horrores, así que no era yo la única que sentía esto. Allí me puse a investigar sobre el tema. Empecé estudiar la muerte en la fotografía, la muerte como escenografía, es ahí cuando incluí la casa, porque las imágenes que yo estaba recopilando habían ocurrido en casas y el cuerpo de la mujer. La muerte de la mujer sucede en sitios domésticos y allí comencé a elaborar un cruce de caminos que fue previo a mi violación. A partir de mi violación me encuentro con que la gente comienza a contarme cosas, que si le ocurrió lo mismo en una escalera, en un ascensor, en su casa. Es así como conceptualizo la casa, derrumbo el mito de que todo ocurre fuera y entiendo la dejadez con el código técnico, que no hay reglamento alguno para exponer al potencial traspasador – violador, salvo que una cámara de vídeo te grabe. En el momento de su violación, mi cámara de fotografía estaba encima del trípode y en algún momento pensé en levantarse juiciosamente y encenderla para tener evidencia de lo que estaba sucediendo pero no lo hice por miedo.

¿Por qué no abandonaste Harlem?

Dejar tu casa es dejar tus recuerdos, me resistía a eso y aceptar que realmente había ocurrido una violación. La aceptación del hecho. Si al violador lo hubiesen metido en la cárcel al mes, yo no me mudaba. Hasta que me di cuenta de lo de casero, quien había dejado el edificio en manos de la delincuencia y de la pobreza exterior.

Y Madrid, ¿cómo ves el crecimiento de la capital?

Madrid era una ciudad peligrosa en los 80 y los 90 y ahora de repente tiene un boom. Y lo que hace que suba el precio del metro cuadrado es la falta de criminalidad.

¿Cuál es el problema con la gentrificación de las ciudades?

Es un problema de controlar el proceso. La ciudad es un animal vivo y la gentrificación es algo natural. En cuanto a Harlem es lo mismo, hay nuevas generaciones de inmigrantes que se mueven y eso es la ciudad. El cambio se va dar, pero de muchas maneras. ¿Por qué no hay un mecanismo de inspección y control de los cambios que ocurren en la ciudad? porque tenemos a un animal desbocado, sobre todo en los últimos años en que las ciudades han cambiado de una manera brutal y no ha crecido junto a ello ningún organismo a nivel urbanístico que haya cuidado de eso, que ejerza un control. La legislación claro que ha favorecido a que el proceso ocurra y que haya un cambio; por otro lado es algo natural, no hay trabajo, el turismo y las inmobiliarias se han convertido prácticamente en las industrias número uno y número dos.

AirBnB es un fenómeno que se ha satanizado, ¿qué piensas de la empresa con respecto al crecimiento de la ciudad?

El fenómeno es muy complejo desde Airbnb al couchsurfing. Por un lado está la necesidad de la gente de relacionarse con el otro de una manera distinta y tener relaciones anónimas porque en el espacio público no están ocurriendo. Por ejemplo, las plazas se llenan de terrazas que son sitios privados donde debes consumir, al haber inmigrantes te da miedo sentarse en los parques, entonces hay una especie de aislamiento y se necesita salir de él a través del viaje, así empieza el couchsurfing. Luego del couchsurfing se piensa que a partir de eso se puede capitalizar, al cobrar un alquiler y si eso lo juntas con la crisis, entonces el problema real es la pobreza. Es importante que los fenómenos se hablen desde la complejidad. El problema no es Airbnb, está genial compartir tu casa.

¿Existe un vínculo entre la violencia de género, la vivienda y la pobreza?

Recuerdo que un sociólogo español en el 2008 dijo que había una sola razón por la que la violencia doméstica era mucho mas alta en España que, por ejemplo, en Alemania, y es el precio de los alquileres. Y claro tiene sentido, si me cuesta 900 euros un piso cómo me voy de allí, pues acepto que mi pareja me pegue. Una política de cualquier tipo tiene un vinculo ligado al individuo, punto.

Jana Leo sigue viviendo en Nueva York y aprecia lo que le ha dado la ciudad y las raíces intelectuales que para ella son fundamentales, más allá de cualquier violencia que pueda ocurrir en su contra debido al crecimiento de la ciudad. Su libro Violación Nueva York está disponible en España a partir del 11 de septiembre y si quieres leer su primer capítulo puedes hacer click aquí.

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