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Las otras víctimas (in)visibles del terrorismo

Verónica F. Reguillo

Foto: Eduardo Munoz
EFE

Pakistán, 16 de febrero: 88 muertos (al menos, 20 eran mujeres y 9, niños). Irak, 19 de febrero: 5 muertos. Pakistán, 21 de febrero: 7 muertos. Egipto, 22 de febrero: 2 muertos. Afganistán, 28 de febrero: 12 muertos (todos policías). Afganistán, 8 de marzo: más de 30 muertos.

Son solo algunos de los últimos atentados yihadistas de este 2017 cometidos en países de mayoría musulmana. Más del 90% de las personas que viven en Irak, Afganistán o Pakistán profesan esta religión, según publica Pew Research Center, y son también los que más sufren la violencia de los grupos terroristas islamistas.

En el mundo hay 1.600 millones de musulmanes, es decir, alrededor de un 23% de la población mundial. Se estima que alrededor de 100.000 militan en grupos terroristas, lo que supone el 0,006%, sin embargo, en numerosas ocasiones los musulmanes son colocados en la posición de verdugos, olvidando que ocupan el primer lugar en la categoría de víctimas.

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En Siria, el número de víctimas se cuenta por miles. | Foto: Ameer Alhalbi / Reuters

Día para recordar

Este 11 de marzo se conmemora el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. La elección de esta fecha fue consecuencia directa del brutal atentado que azotó Madrid en 2004, que fue perpetrado por una célula terrorista de Al-Qaeda y en el que murieron 192 personas. Fue el mayor atentado yihadista en el viejo continente hasta ese momento, pero no sería el último.

Entre 2000 y 2015, alrededor de 430 personas han perdido la vida en Europa Occidental por un ataque terrorista islamista. Las bombas en Atocha, el atentado en el metro de Londres o las explosiones en la sala Bataclán, en Francia, han sido algunos de los actos que han conseguido sembrar el terror en Europa. Mientras tanto, Oriente también se desangraba. Cada víctima cuenta, cada víctima duele, cada víctima se llora, en todas partes del mundo.

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En noviembre de 2015, el Estado Islámico asesinó a 130 personas en un atentado en París. | Foto: Yoan Valat / EFE

“Menos del 3% de las muertes por terrorismo suceden en Occidente”

Las cifras de muertos en países como Irak, Pakistán o Afganistán se cuentan por miles. En un solo año, en 2014, hubo 32.658 víctimas, lo que supuso un incremento del 80% con respecto al año anterior. Los más afectados fueron los propios países musulmanes, mientras que las muertes por terrorismo ocurridas en Occidente no superaron el 3%.

Si nos centramos, por ejemplo, solamente en Irak, la ONU alerta de que en un año se produjeron 8.493 asesinatos de civiles y más de 10.000 fueron sometidos a vejaciones de todo tipo; hombres, mujeres y niños que sufrieron violencia sexual o fueron reclutados en los propios grupos terroristas. En este país de mayoría musulmana la guerra entre las Fuerzas de Seguridad Iraquí y el autoproclamado Estado Islámico está acabando con su propia gente.

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En Afganistán lloran a sus muertos tras una ataque. | Foto: Stringer / Reuters
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La batalla entre las fuerzas iraquíes y el ISIS se reproducen cada día en Irak. Foto: Zohra Bensemra / Reuters

En numerosas ocasiones, este colectivo se ha levantado en contra de los grupos islamistas que siembran el terror alrededor del mundo. En Reino Unido, jóvenes musulmanes británicos declararon su propia ‘yihad’ contra el Estado Islámico y contra todos los demás grupos terroristas. La Liga Juvenil Musulmana en el país anunció su lucha contra el EI diciendo que los militantes no tenían “ningún vínculo con el Islam o con la comunidad musulmana”.

Veto de Donald Trump

A pesar de que el número de muertos afecta en primer lugar a los musulmanes, la adopción de políticas como las llevadas a cabo por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, criminalizan de manera general a este colectivo. El primer veto migratorio de Trump fue paralizado por la justicia, sin embargo, el presidente estadounidense ha firmado uno nuevo con el que pretende prohibir la entrada de refugiados al país y detener la emisión de visados a los ciudadanos de Irán, Somalia, Yemen, Libia, Siria y Sudán. Trump juega con el argumento de la seguridad nacional.

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Las reacciones contra el veto de Trump a los Musulmanes fueros masivas. | Foto: Clemens Bilan / EFE

Sin embargo, si recordamos la tragedia del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, los terroristas procedían de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, pero Trump no ha incluido a ninguno de estos países en su lista negra. Un reportaje del Washington Post vincula esta decisión a que la organización comercial del presidente estadounidense tiene intereses comerciales en algunos de los países a los que no se les ha impuesto veto migratorio.

Sea como fuere, este tipo de políticas difuminan la realidad de unas víctimas que parece que duelen menos.

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De uno en uno

Ferrán Caballero

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP

Dice Carmena que un homenaje a Miguel Ángel Blanco menosprecia a otras víctimas y me parece muy normal. Porque ella y su izquierda no se conforman con recordar a un solo hombre; quieren acabar con el mal. A Carmena y a los suyos les sabe a poco un homenaje a Miguel Ángel Blanco, porque Miguel Ángel Blanco no son todas las víctimas de Eta. Y por eso le sabría a poco un homenaje a todas las víctimas de Eta, porque no son todas las víctimas del conflicto, que tampoco son todas las víctimas del terrorismo, que no son tampoco todas las buenas gentes que sufren y han sufrido y sufrirán en este mundo lleno de injusticia y de dolor.
Si el amor a la humanidad se vuelve indistinguible del desprecio al hombre es porque la teoría según la cual lo que le damos a uno se lo quitamos a otro es tan equivocada cuando se aplica a la economía como cuando se aplica a la moral. Porque no hace falta ser premio Nobel para entender que el enriquecimiento de África no nos hace más pobres a nosotros, ni es necesario ser madre de familia numerosa para entender que la llegada de un nuevo hijo no hace menos querido al anterior. Que del mismo modo que no hay en la tierra una única bolsa de monedas a repartir entre todo el mundo, el amor, el afecto y el respeto y todos los sentimientos nobles no son una constante a ir gastando a lo largo de la vida.
De hecho, y si no me fallan los números, diría que para recordar a todas las víctimas habrá que recordar a cada una de ellas. Que los afectos concretos no son sino la condición de posibilidad de los afectos universales, que deben consistir en algo parecido a ver en la humanidad entera el rostro del hombre concreto. Homenajear a Miguel Ángel no es faltar al respeto a los demás, sino recordarnos que también ellos merecerán nuestro homenaje cuando proceda. Homenajear “a todas las víctimas del conflicto” sí es en cambio negarse a homenajear a una de ellas. Y así, faltándole el respeto a una, se le falta el respeto a todas.

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6 momentos que han marcado la cumbre del G20

Redacción TO

Foto: LUDOVIC MARIN
Reuters/Pool

Hamburgo ha acogido una nueva reunión del G20, los países más ricos del mundo, con la canciller alemana Angela Merkel como anfitriona, y con todas las miradas puestas en Donald Trump, no sólo por ser la primera vez que el presidente de Estado Unidos asistía a esta reunión de los más poderosos, sino también por el esperado encuentro con su homólogo ruso, Vladimir Putin. Mientras en el interior los líderes debatían sobre cuestiones globales como el cambio climático, el terrorismo o el comercio, en las calles de la ciudad alemana las manifestaciones y protestas violentas contra la globalización volvían a dejar imágenes de enfrentamientos entre policías y ciudadanos antisistema.

Protestas y seguridad

Durante la cumbre, fuertes medidas de seguridad y protestas han ido de la mano. Manifestantes ataviados con pasamontañas y pertenecientes a grupos antisistema, protagonizaron desde la víspera del inicio de la cumbre y hasta el último día situaciones especialmente violentas, que obligaron al gobierno de Merkel a sitiar literalmente la ciudad alemana y pedir refuerzos a las policías de otros países. Los actos vandálicos incluyeron la quema de contenedores y coches, la rotura de lunas de numerosos comercios con piedras, y mobiliario urbano destrozado.

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Grupos antisistemas prenden fuego a las barricadas colocadas en las calles de Hamburgo con motivo del G20 | Foto: Hannibal Hanschke / Reuters

Un total de 213 policías resultaron heridos y 144 personas fueron detenidas entre el jueves y el sábado, según el balance final oficial que, sin embargo, no ha aportado datos sobre el número de heridos entre los manifestantes. El gobierno alemán criticó la actuación de estos grupos antiglobalización que empañaron la cumbre, comparándolos con yihadistas y nazis.

Donald Trump y Vladimir Putin

La asistencia de Donald Trump a esta cumbre ha acaparado la atención de los medios pero también la de los propios líderes mundiales asistentes. Era su primera vez en este foro y, lo que era más importante, su encuentro con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, creó una expectación inusitada. Más allá de si ambos hablaron o no de la crisis relacionada con la presunta implicación del Kremlin en los comicios presidenciales de EEUU del pasado noviembre y de las supuestas relaciones de miembros del equipo de campaña de Trump con altos cargos rusos, los dos mandatarios acordaron declarar un alto el fuego en el suroeste de Siria a partir del domingo 9. Los analistas han comentado que, al menos, la esperada entrevista tuvo un efecto positivo.

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El presidente de EEUU, Donald Trump y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en su primer encuentro
en Hamburgo el 7 de julio de 2017 | Foto: Carlos Barria / Reuters

Cambio climático

Angela Merkel dijo que el cambio climático era uno de los principales temas de la cumbre del G20 y el objetivo de los líderes era evitar una ruptura con Estados Unidos, como ocurrió recientemente en la reunión del G7. En Hamburgo, los socios se esforzaron por acercar posiciones con Washington, que culminaron con concesiones a Donald Trump y su política contraria a los principios del Acuerdo de París sobre el clima, del que ha anunciado su marcha. En el comunicado final de la cumbre se indica que el grupo “toma nota” de la decisión de Estados Unidos anunciada en junio de retirarse de las políticas para luchar contra el calentamiento global, mientras que Washington se compromete a lograr una reducción de las emisiones, siempre y cuando sea compatible con el crecimiento económico del país.

Comercio 

La cuestión comercial, otro de los puntos de fricción de la cumbre, junto con la llegada de Trump y sus posiciones proteccionistas, pusieron patas arriba el statu quo que existía hasta ahora en el G20 a favor del libre comercio.

El comunicado final refleja este difícil equilibro entre las dos visiones, porque por un lado renueva su compromiso de luchar contra el proteccionismo, pero por primera incluye también una referencia a los “instrumentos legítimos de defensa comercial”.

Los gobiernos acuerdan aunar esfuerzos contra el terrorismo yihadista actuando sobre sus vías de financiación y compartiendo información

Terrorismo

Si en algún punto de la agenda de trabajo del G20 hubo un acuerdo unánime fue al referirse al terrorismo y la necesidad de aunar esfuerzos para luchar contra los yihadistas. En un documento, los países miembros del G20 se comprometieron a compartir información y a actuar sobre las vías de financiación de los grupos como el Estado Islámico, según se felicitó la canciller alemana, Angela Merkel, que recordó que el terrorismo islamista afecta a todos los países y no entiende de fronteras, como ha quedado patente en los atentados cometidos en los últimos años en muchos países del G20.

Venezuela 

La excarcelación por sorpresa de Leopoldo Lopez en la madrugada del sábado obligó a los presidente de los gobiernos de España, Argentina, México y Brasil a incluir en su agenda el tema de la crisis política y económica que vive Venezuela. Los cuatro coincidieron en pedir al Gobierno de Nicolás Maduro la “liberación de todos los presos políticos y la organización de elecciones libres y democráticas” en el país. López fue trasladado de la prisión de Ramo Verde en Caracas a su residencia donde permanece en arresto domiciliario.

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El opositor venezolano Leopoldo Lopez saluda desde su casa en Caracas tras ser excarcelado | Foto: Andres Martinez Casares / Reuters

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¿Y si el yihadismo es invencible?

Andrés Ortiz Moyano

Foto: Romeo Ranoco
Reuters

“Las personas necesitan ejemplos drásticos para salir de la apatía. Como hombre pueden ignorarme o destruirme, pero como símbolo puedo ser incorruptible, inmortal”.

“¿Qué clase de símbolo?”.

“Algo primario, algo aterrador”.

Sirvan como ejemplo ilustrativo, quizás frívolo o gratuito por la tesis que viene a continuación, las palabras de Bruce Wayne a su buen Alfred para justificar el nacimiento del caballero oscuro.

Y es que no hay nada peor que batirse el cobre con un enemigo descabezado, fantasmal. A pesar de que nos empeñemos en demostrar lo contrario, los seres humanos somos individuos racionales. Creemos en lo que vemos y entendemos, y aquello que escapa de nuestra sobresaturada gnosis adquiere unas connotaciones de terror arcano y supersticioso que nos inquieta irremediablemente. En la guerra y los conflictos ocurre algo parecido. Las fronteras ya no existen, y es en este panorama donde ha medrado el terrorismo islámico. Pensemos en el Daesh. Parece que llevemos toda la vida sufriéndolos cuando, en realidad, hace apenas tres años nadie sabía quiénes eran.

La proclama del califato puso dirección postal y razón social a un enemigo que luego tardamos un tiempo en tomar en serio. Concretamente, lo que esperaron para atacarnos en nuestro propio suelo. Y antes, que exterminaran yazidíes, prostituyeran hazaras o aniquilaran minorías cristianas y chiíes, no parecía ser para tanto.

En cualquier caso, todo apunta a que la historia de su califato será fugaz, pues tres-cuatro años no son nada en la inmensidad de la Historia. Pero lo terrible, para nosotros, etnocentristas, es lo que está por llegar. Le hemos dado credibilidad y alas a la supuesta omnipresencia y omnipotencia red de ‘franquicias’ Daesh. Este meteórico ascenso se entiende, por supuesto, como consecuencia de este mundo de tuits, hashtags y análisis prematuros e irresponsables. Vivimos aterrados porque puedan asesinarnos cuando, estadísticamente, es más probable que nos mate la coz de una mula torda.

Y, sin embargo, así es. Como decía el señor Wayne, el verdadero terror se alza etéreo por encima de territorios y banderas, por encima de credos y xenofobias; se ha convertido en algo «inmortal, primario y aterrador». Se ha consolidado como una suerte 2.0 del anillo de Sauron, capaz de aunar a todo extremista, radical, amargado e incluso perturbado que deteste a su prójimo, por una falsa licencia religiosa, pero que, en realidad, es debido a la más profunda y cobarde mezquindad humana.

Sirvános como botón de muestra la tan célebre figura de los lobos solitarios. A pesar de su llamativo nombre, en realidad no existen. No en vano, se ha demostrado que, en la mayoría de los casos, hay al menos una mínima conexión entre los terroristas ejecutores y la matriz, lo que, por lógica, los convierte en terroristas puros y duros. Pero otra cosa es ese ‘franquiciado’ yihadista que organiza sus propias acciones de microterror, provocando el mayor daño posible con los medios más escasos y rudimentarios, y en el último instante grita “Allahu Àkbar” (y nosotros, zotes, hemos sido cómplices del secuestro de esas palabras de educación y paz). Es ese tipo, y no el otro, el que simboliza la indestructibilidad del yihadismo. El triunfo del mal radica en aquel que corre a abrazarse a un simbolismo perverso e intangible que trasciende la lógica.

Por ello, quizás debamos reflexionar de forma honesta. ¿Y si no podemos ganarles? ¿Y si ya hemos perdido la batalla dejando que el enemigo tangible se convierta en un inmortal abstracto? Como decía el Santiago de la formidable novela homónima de Mike Resnick, «los revolucionarios no queremos ganar porque no vamos a ganar. Pero es que quizás lo que queramos es no perder». Y así es. Nadie en su sano juicio se puede creer que este u otro califato futuro se vaya a extender a lo largo y ancho del planeta, pero quizás no le haga falta o simplemente no lo busque. Les basta con tenernos amedrentados, supersticiosos ante su supuesto poder infinito. Y parece que sí, asumiendo esta realidad, la yihad sea, en nuestro acervo, indestructible.

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Antonio Pampliega: “El terrorismo es una agencia de marketing”

Clara Felis

Foto: Cecilia de la Serna
The Objective

Su mirada proyecta cierto cansancio y escepticismo. Es difícil recordar. También repetir el discurso e indagar en el inconsciente para detallar todo aquello que en su día enterró el sufrimiento. Los golpes. La escasa dieta de olivas y arroz. La pérdida del juicio. El nombre propio. La condición de ser humano.

Antonio Pampliega (Madrid, 1982) busca siempre una salida de emergencia y dirige su foco visual hacia ambos laterales. Es su manera de resetearse. De intentar no caer en el discurso lacrimógeno y sobreactuado. Le da prioridad a los datos, fechas y personajes. Las conclusiones que las saque el de enfrente. Periodismo sin aditivos: investigar, contrastar y escribir. El mismo método que ha empleado en todas las páginas que conforman En la oscuridad. Diez meses secuestrado por Al Qaeda en Siria (Ediciones Península, 2017), un extenso reportaje en formato libro en el que el periodista de guerra relata cada uno de los 299 días que pasó secuestrado por la organización terrorista. Los sueños de la guerra producen monstruos. La memoria también.

Jugabas habitualmente al ajedrez con Tom, como llamas en el libro a uno de tus secuestradores. ¿Cuál es la partida más difícil que tuviste durante tu cautiverio?

La partida más dura fue aguantar solo. Estar solo en una habitación sin poder salir de allí es muy muy duro. Te meten con todos tus fantasmas y te machacan psicológicamente porque te presionan para que digas que eres un espía y no un periodista. Yo sabía que si les decía algo al día siguiente me iban a cortar la cabeza. Tuvimos mucha suerte de que nos cogiera Al Qaeda, si hubiera sido el Estado Islámico nos parte por la mitad.

La escritura te salvó de caer en la demencia…

Cuando me separaron de mis compañeros me dieron papel y lápiz. Fue entonces cuando le iba contando a mi hermana lo que me ocurría, no todos los días, pero sí en momentos puntuales. Acordarme de las fechas y escribir era lo único que tenía para no perder el norte, aunque muchas veces estando solo ni me reconocía (resopla con cierto reparo).

“El terrorismo es una agencia de marketing”/ “En 140 caracteres no entra una historia” 2
Entrevista a Antonio Pampliega. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

Con varios de tus captores hablas sobre sus motivaciones políticas y la defensa de la sharía. ¿Llegaste a comprender su comportamiento y el trato recibido?

Sí que acabas entendiendo por qué hacen ciertas cosas. Desde Europa a esta gente se les tacha de terroristas. Por ejemplo, Tom me decía que no quería ir a Europa, que lo único que deseaba era quitar a al Assad y vivir libre. Es entonces cuando piensas, ¡pero si mi abuelo hizo lo mismo hace 80 años! Cogió un rifle y se fue a combatir por la República. ¿Es mi abuelo un terrorista?

¿Has vuelto a saber de Usama, el contacto que te traicionó?

Me escribió hace poco pero no me interesa. No quiero saber por qué me vendió. Él dice que también fue víctima del secuestro, pero le pedí que no me escribiera más porque no quería saber nada de él. Me ha decepcionado.

¿Y nunca llegaste a sospechar de él?

Durante un año estuve trabajando el contacto de Usama. Pregunté a gente que conocía sobre el terreno, a compañeros que habían trabajado con él y todos me hablaban muy bien. Yo me fío de lo que dice un compañero porque cuando otros han ido a sitios donde yo he trabajado les he dejado mis contactos y mis traductores. Si un compañero me dice que el chaval es bueno, que habla buen inglés y que tiene buenos contactos, me fío de él.

¿Preguntar sobre el terreno, buscar fuentes, es algo que se ha perdido en el periodismo actual?

Para mí es la única manera de hacer periodismo. Ahora es todo a golpe de tweet y en 140 caracteres no entra una historia.

¿Crees que L.M., el ex militar que se presenta como tu amigo, buscaba reconocimiento?

Buscaba reconocimiento, por supuesto, pero quiero creer que lo hizo de buena voluntad. Él no pensaba que me iba a meter en un problema.

Y no sabes nada de él..

Desde 2016 no he vuelto a tener noticias suyas. Habrá leído las entrevistas y se daría cuenta del lío en el que me ha metido.

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Antonio Pampliega. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

Al inicio del libro describes cómo se te para el reloj de pulsera. Una señal, según indicas, de que las cosas no iban salir bien. ¿Sabías que esta iba a ser tu última vez en Siria?

Sí, yo sabía que nos iban a pillar. Si no era en esta era en la siguiente.Desde 2014 la situación había empeorado y cada vez te vas a arriesgando más. Sin embargo, cuando pasa no lo ves venir, no te lo esperas.

¿Merece la pena pagar para ir a la guerra?

Merece la pena contar la verdad. La guerra del freelance es cada vez más dura porque pagan peor y hay más competencia. Yo he ido a zonas de guerra donde periódicos me han pagado 35 euros a dividir entre el fotógrafo y yo por una crónica en Siria. El problema es que va a peor y el día de mañana nos extinguiremos como los dinosaurios. Por eso secuestran y matan periodistas, porque somos prescindibles.

Hay muchísimos chicos jóvenes que salen de la universidad con una cámara  y se van a Siria sin saber donde se están metiendo. Parte de la culpa tienen las redes sociales. Para nosotros, los free, las redes sociales son nuestro portfolio, nuestro currículum. Es el espacio donde colgamos todas las fotos, los textos y los vídeos. A él accede mucha gente, especialmente aquella que nos tiene como foco y piensa que puede hacer lo mismo.

¿Qué duele más, la culpa propia o las torturas de terceros?

La culpa propia (se queda en silencio varios segundos asimilando lo que acaba de decir). Es lo que más me dolió, porque las torturas las puedes llevar mejor o peor, pero la culpa propia es una losa complicada. Me sentía culpable de haber ido. Me sentía culpable de haberme equivocado con el fixer. Me sentía culpable de haber obligado a llevar a mis amigos a Siria. Me sentía culpable de haber mentido a mi familia, porque les dije que no iba a volver a Siria. Me sentía culpable de muchas cosas. Todavía hoy me siento culpable de algunas.

¿Qué muere de Antonio cuando nace Wail, el nuevo nombre que te asignan tus secuestradores?

Muere todo porque me lo quitaron todo. Te acaban anulando, ese es el objetivo. Cuanto más te aprietan más fácil eres de manejar. Al final del secuestro es cuando encuentro un poco de valor. Era como Alicia detrás del espejo. No sabía lo que era real o no.

¿Ir a la guerra también te convierte en un mercenario?

Sí, pero no solamente la guerra, aquí también hay historias que te pueden convertir en un mercenario. La gente va a la guerra porque es un chute de adrenalina, vanidad, ego. Busca reconocimiento. Lo digo porque he pasado por todas esas etapas. Yo quería reconocimiento, quería destacar, quería ser alguien importante dentro de la profesión y ¿qué es lo que más eco tiene dentro de nuestra profesión? Ser corresponsal de guerra. A mí se me ha reconocido porque me han secuestrado pero si valgo ahora no es por el secuestro, yo era bueno o malo antes.

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Antonio Pampliega. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

¿Cuánto marketing sustenta este tipo de terrorismo?

El terrorismo es una agencia de marketing. Ahora mismo la marca del Estado Islámico pesa mucho más que la de Al Qaeda, y todas las que formaban parte de ella son ahora del Estado Islámico. Boko Haram, por ejemplo. Son los mismos con el mismo ropaje y mismos objetivos: Sembrar terror.

¿Cómo se puede frenar este conflicto y qué papel juegan los distintos organismos internacionales como la ONU?

La gente se echó a manos del Estado Islámico porque no se aguantaban unos a otros. En Mosul los que estaban gobernando eran chiitas, pero el 90% de Mosul son sunitas. Los chiitas masacraban a los sunitas. Ese es el problema. Hay sumisión y hay miedo, pero hay gente que se lo cree y quiere eso a otras cosas. Contra eso no se puede luchar. Es imposible. No hay solución.

No creo en los organismos internacionales porque parte de los que cortan el bacalao son los que te venden las armas. Naciones Unidas es un cáncer y tiene parte de culpa en todo esto. En Sudán del Sur no puedes ir a un campo de refugiados ni un sábado ni un domingo porque los cooperantes están de barbacoa y tienen que  descansar. A la prensa no la dejan entrar en los campos de refugiados. Esto es verídico y me ha pasado. Gervasio Sánchez tiene una frase que me gusta mucho en la que dice que las guerras dejarán de existir en el momento en el que dejen de ser rentables.

Llama la atención que los propios secuestradores dejaran al alcance los cuchillos y nunca les atacarais..

Éramos más en número, teníamos cuchillos y sabíamos dónde estaba el kalashnikov que guardaban, pero para matar hay que valer. Yo no valgo.

¿Crees que el suicidio es un acto valiente?

Visto desde aquí no. Allí, con esas circunstancias, era mi vía de escape. Quitarse la vida nunca es valiente.

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