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Las otras víctimas (in)visibles del terrorismo

Verónica Reguillo

Foto: Eduardo Munoz
EFE

Pakistán, 16 de febrero: 88 muertos (al menos, 20 eran mujeres y 9, niños). Irak, 19 de febrero: 5 muertos. Pakistán, 21 de febrero: 7 muertos. Egipto, 22 de febrero: 2 muertos. Afganistán, 28 de febrero: 12 muertos (todos policías). Afganistán, 8 de marzo: más de 30 muertos.

Son solo algunos de los últimos atentados yihadistas de este 2017 cometidos en países de mayoría musulmana. Más del 90% de las personas que viven en Irak, Afganistán o Pakistán profesan esta religión, según publica Pew Research Center, y son también los que más sufren la violencia de los grupos terroristas islamistas.

En el mundo hay 1.600 millones de musulmanes, es decir, alrededor de un 23% de la población mundial. Se estima que alrededor de 100.000 militan en grupos terroristas, lo que supone el 0,006%, sin embargo, en numerosas ocasiones los musulmanes son colocados en la posición de verdugos, olvidando que ocupan el primer lugar en la categoría de víctimas.

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En Siria, el número de víctimas se cuenta por miles. | Foto: Ameer Alhalbi / Reuters

Día para recordar

Este 11 de marzo se conmemora el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. La elección de esta fecha fue consecuencia directa del brutal atentado que azotó Madrid en 2004, que fue perpetrado por una célula terrorista de Al-Qaeda y en el que murieron 192 personas. Fue el mayor atentado yihadista en el viejo continente hasta ese momento, pero no sería el último.

Entre 2000 y 2015, alrededor de 430 personas han perdido la vida en Europa Occidental por un ataque terrorista islamista. Las bombas en Atocha, el atentado en el metro de Londres o las explosiones en la sala Bataclán, en Francia, han sido algunos de los actos que han conseguido sembrar el terror en Europa. Mientras tanto, Oriente también se desangraba. Cada víctima cuenta, cada víctima duele, cada víctima se llora, en todas partes del mundo.

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En noviembre de 2015, el Estado Islámico asesinó a 130 personas en un atentado en París. | Foto: Yoan Valat / EFE

“Menos del 3% de las muertes por terrorismo suceden en Occidente”

Las cifras de muertos en países como Irak, Pakistán o Afganistán se cuentan por miles. En un solo año, en 2014, hubo 32.658 víctimas, lo que supuso un incremento del 80% con respecto al año anterior. Los más afectados fueron los propios países musulmanes, mientras que las muertes por terrorismo ocurridas en Occidente no superaron el 3%.

Si nos centramos, por ejemplo, solamente en Irak, la ONU alerta de que en un año se produjeron 8.493 asesinatos de civiles y más de 10.000 fueron sometidos a vejaciones de todo tipo; hombres, mujeres y niños que sufrieron violencia sexual o fueron reclutados en los propios grupos terroristas. En este país de mayoría musulmana la guerra entre las Fuerzas de Seguridad Iraquí y el autoproclamado Estado Islámico está acabando con su propia gente.

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En Afganistán lloran a sus muertos tras una ataque. | Foto: Stringer / Reuters
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La batalla entre las fuerzas iraquíes y el ISIS se reproducen cada día en Irak. Foto: Zohra Bensemra / Reuters

En numerosas ocasiones, este colectivo se ha levantado en contra de los grupos islamistas que siembran el terror alrededor del mundo. En Reino Unido, jóvenes musulmanes británicos declararon su propia ‘yihad’ contra el Estado Islámico y contra todos los demás grupos terroristas. La Liga Juvenil Musulmana en el país anunció su lucha contra el EI diciendo que los militantes no tenían “ningún vínculo con el Islam o con la comunidad musulmana”.

Veto de Donald Trump

A pesar de que el número de muertos afecta en primer lugar a los musulmanes, la adopción de políticas como las llevadas a cabo por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, criminalizan de manera general a este colectivo. El primer veto migratorio de Trump fue paralizado por la justicia, sin embargo, el presidente estadounidense ha firmado uno nuevo con el que pretende prohibir la entrada de refugiados al país y detener la emisión de visados a los ciudadanos de Irán, Somalia, Yemen, Libia, Siria y Sudán. Trump juega con el argumento de la seguridad nacional.

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Las reacciones contra el veto de Trump a los Musulmanes fueros masivas. | Foto: Clemens Bilan / EFE

Sin embargo, si recordamos la tragedia del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, los terroristas procedían de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, pero Trump no ha incluido a ninguno de estos países en su lista negra. Un reportaje del Washington Post vincula esta decisión a que la organización comercial del presidente estadounidense tiene intereses comerciales en algunos de los países a los que no se les ha impuesto veto migratorio.

Sea como fuere, este tipo de políticas difuminan la realidad de unas víctimas que parece que duelen menos.

Francia: una elección y 5 candidatos

Karem Pirela

Foto: CHRISTIAN HARTMANN
Reuters

Abril de 2017 se encuentra con una Francia convulsionada por el terrorismo que ha decidido instalar abiertamente sus amenazas desde enero del 2015 con el ataque al semanario Charlie Hebdo, y que luego del atentado de ayer demuestra que no tiene planes de acabar pronto. Con las elecciones presidenciales en ciernes, el panorama es un tanto incierto para la mayoría de los franceses, sobre todo cuando los candidatos son catalogados de extremistas o tibios, unos enfrentan investigaciones por posibles casos de desvío de fondos y otros desean crear alianzas con la revolución bolivariana en América Latina.

Las elecciones galas cuentan con dos vueltas: la primera se celebra este domingo 23 de abril con la participarán 11 candidatos distribuidos entre la izquierda, la derecha y el centro; la segunda vuelta, el 7 de mayo, enfrentará a los dos que hayan recibido más votos, ya que se descarta que alguno de los presidenciables logre la mayoría absoluta (más de la mitad) de los votos emitidos necesaria para evitar esa segunda vuelta. Durante semanas se han realizando encuestas que han situado como ganadores a casi todos los candidatos, pero hay una persona que siempre aparece entre los vencedores de la primera vuelta, la candidata del partido de extrema derecha, Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, y una de las principales propulsoras de Frexit, la salida de Francia de la Unión Europea.

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Manifestaciones en contra de la campaña de Marine LePen este 19 de abril en las calles de Paris. | Foto: Philippe Laurenson / Reuters.

Desde los años 80 el Frente Nacional ha sido parte de la vida política del país y ha intentado ubicarse como el favorito de las clases media y alta; con la caída del muro de Berlín y la desaparición de los regímenes comunistas en Europa el discurso cambió, el partido dio un giro para orientar su búsqueda de adeptos entre la clase obrera y los desempleados, un objetivo que han logrado alcanzar con un esfuerzo constante que en los últimos 40 años le ha ganado un 40% de apoyo entre los electores, según explica el sociólogo y profesor de la Universidad Sorbonne París 3, Frederic Farah.

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Foto: Karem Pirela / The Objective.

En el lado contrario está el candidato de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, quien no solo propone abandonar los tratados realizados con Europa conducidos por lo que él denomina en su programa de gobierno “obsesiones ideológicas” de la UE y Alemania, sino que a través de su programa “la Francia insumisa” llama a recuperar la soberanía del país y a crear la sexta república, gracias a un cambio de Constitución que aboliría la monarquía presidencial y otorgaría nuevamente el poder al pueblo; propone también realizar la transición ecológica, cambiar los métodos de producción y acabar con el uso de la energía nuclear, todo esto de la mano de una revolución ciudadana, donde todos y cada uno de los franceses y extranjeros que habitan en el país deberán trabajar en pro de este cambio.

Un poco menos a la izquierda, pero sin acercarse al centro está Benoît Hamon, candidato del partido socialista, a quien la suerte no lo acompaña en las encuestas, incluso en la región de Bretaña – de donde es oriundo – no cuenta con una gran popularidad. El diario francés de izquierda, Libération, afirma que Hamon se convirtió en el candidato de los socialistas gracias al apoyo que le prestaron las zonas aledañas a París (banlieu), pero durante su campaña los dejó un poco de lado, lo que consideran ha impactado negativamente en su popularidad, colocándolo en el quinto lugar. Quizá Hamon no sea quien logre hacer latir el corazón de Francia.

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Foto: Karem Pirela / The Objective.

Uno de los candidatos más polémicos ha sido el representante de Los Republicanos (derecha), François Fillon, quien desde el 24 de febrero se enfrenta al sistema judicial por la investigación de puestos de trabajo ficticios en los que se supone estaban contratados su esposa, Penélope, y sus dos hijos. En cuanto se hizo pública esta información en el 2016 el candidato expresó que se retiraría de la contienda electoral si era formalmente investigado, pues no se consideraría moralmente capaz de dirigir al país; llegado el momento en el que la imputación se formalizó, Fillon no se retiró, lo mismo ocurrió con el apoyo de los adeptos de la derecha.

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Macron: “el heredero”. | Foto: Karem Pirela / The Objective.

El candidato más joven es Emmanuel Macron (39), ex ministro de Economía de François Hollande entre el 2014 y el 2016; creó su propio movimiento En marcha! y su programa de gobierno mezcla ideas consideradas de izquierda y otras de derecha, pero él prefiere no ser llamado “centrista”; por eso sus contendientes con frecuencia afirman que Macron siempre está de acuerdo con todo. Su programa está a favor de la apertura de Francia y la implantación de nuevas ideas a través de una nueva generación. Sus detractores comparan sus promesas electorales con las realizadas por Hollande para las elecciones del 2012.

En los últimos días los sondeos están aún más cerrados, Ipsos coloca en los primeros puestos a Marine Le Pen, Emmanuel Macron y Jean-Luc Mélenchon.  A pocas horas de que comiencen las elecciones son muchas las dudas por parte de los ciudadanos, mientras los candidatos que han suspendido las campañas en vista del atentado del jueves 20 de abril, verán si las últimas estrategias que les habrán permitido captar la atención de ese 44% que aún no está convencido de ir a votar este 23 de abril. Las principales ciudades de Francia han sido protagonistas de grandes encuentros con los electores y se han sumado recorridos más íntimos para estar en contacto directo con la gente, pero no será sino hasta este domingo cuando los franceses se encuentren frente a las papeletas y el destino de Francia – y quizá el de la Unión Europea – empiece a ser redefinido.

De profundis

Gregorio Luri

Foto: File Photo
Reuters

Aquel mayo de 1984 mi hermana y mi cuñado vinieron a pasar unos días a nuestra casa, cerca de Barcelona. La tarde del 27 dimos un largo paseo por la sierra litoral y regresamos a casa al atardecer satisfechos, agotados y hambrientos. Conectamos la televisión mecánicamente mientras poníamos la mesa y nos explotó de lleno la noticia: acababan de asesinar en Pamplona al hermano de mi cuñado. A las ocho y cuarto de la tarde, al poner en marcha su coche, estalló una bomba de cuatro o cinco quilos de Goma 2 colocada en los bajos de su vehículo. Tenía 54 años. Había nacido en Ochagavía y todos sus apellidos eran vascos.

Mi cuñado, paralizado por la emoción, no estaba en condiciones de conducir y los llevé yo a Pamplona.

Recuerdo bien aquel viaje: la noche escandalosamente estrellada, tristemente espectacular, y el silencio, profundo, intenso, que nos empequeñecía por la carretera desierta bajo la inmensidad de la bóveda celeste cuando atravesábamos los Monegros. Mi cuñado no dijo ni una palabra en todo el trayecto. Simplemente rezaba en silencio un rosario tras otro. Yo no podía acompañarlo porque tenía mi propia y contradictoria letanía rondándome en la cabeza: “nous cherchons notre passage / dans le ciel où rien ne luit”. El cielo que nos cubría estaba iluminado por mil señales, pero sólo daban forma a mi perplejidad.

No había ninguna cólera en mi cuñado o, al menos, yo no se la veía. Rezaba y en el silencio compacto de la noche a veces se insinuaba su siseo como un lamento.

Esos días pasados he vuelto a recordar aquel silencio que, para mí, es la voz de los familiares de las víctimas. Es el silencio de un mundo radicalmente opuesto al de la  desolación de la goma 2. Es un silencio que, ahora lo sé, anunciaba su olvido, que es la derrota inapelable.

La sangre narrada de las víctimas ni huele ni mancha. Es una sangre literaria y remota, como es matemática su muerte: un mero dato en una estadística. No trocea nuestra vida ni deja astillada nuestra biografía. Sólo es sangre auténtica en los muñones de los supervivientes y en las memorias abiertas de las viudas y de los huérfanos. Pensando en ellos doy, sinceramente, la bienvenida al silencio de las pistolas. Pero me parece que a los pistoleros desarmados les falta un gesto elemental de sinceridad: el reconocimiento de que el precio pagado por esta locura ha sido absurda y trágicamente excesivo. Los que arrastran de por vida el lastre de la ausencia de sus seres queridos se lo merecen. Pero se lo merecen, sobre todo, las generaciones futuras, precisamente porque, ya que no recordarán el nombre ni de las víctimas ni de los verdugos, deberían aprender de este desastre qué es el fanatismo.

Lo que queda de ETA

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters/File

La escenificación el sábado 8 de abril en la localidad francesa de Bayona del desarme de la banda terrorista ETA es para muchos un “teatrillo” o “acto propagandístico” insuficiente, mientras que para otros es la señal inequívoca de la disolución definitiva de la organización.
El anuncio llegó el 17 de marzo a través del periódico francés Le Monde y del grupo de mediadores, personas “de la sociedad civil” que, según su portavoz Michel Berhocohirigoin, mantiene “relaciones” con todas las partes confiando en que los gobiernos de España y Francia “no pongan trabas al desarme definitivo”. La confirmación oficial llegó apenas 24 horas antes de dicha entrega por parte de la propia ETA a través de una carta publicada por la BBC.

Lo que queda de ETA
Jean Michel Berhokoirigoin, portavoz de la sociedad civil vasca junto al resto del grupo de mediadores en la rueda de prensa en Francia el 23 de marzo de 2017, anuncian el desarme de ETA | Foto Bob Edme / AP

Cese de la violencia

El 20 de octubre de 2011, tres encapuchados anunciaron públicamente el “cese definitivo de la actividad armada“. Acosada por las policías española y francesa, abandonada por gran parte de la sociedad vasca, la organización no estaba anunciando una de sus numerosas treguas trampa para forzar una negociación con las autoridades; estaba realizando un anuncio histórico que implicaba acabar con 43 años de crímenes y 828 víctimas mortales. En el comunicado leído tampoco se hablaba de condiciones más allá de instar al gobierno español a participar en un diálogo dirigido a resolver las consecuencias del “conflicto”. Así es como los etarras se referían a los asesinatos, extorsiones y secuestros.

Los principales partidos se congratularon de la noticia coincidiendo en destacar que el anuncio era el resultado de la acción policial, judicial y política contra ETA, en la que había jugado un papel importante la colaboración internacional, sobre todo, del Gobierno de Francia, país durante muchos años utilizado como santuario para los terroristas. Atrás habían quedado los años en los que los etarras cometían atentados en España y cruzaban a Francia sabiendo que no serían detenidos por los gendarmes.

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ETA anunció el cese de la violencia el 20 de octubre de 2011 a través del diario Gara | Foto Bob Edme / AP

El asesinato de Miguel Ángel Blanco

La sociedad vasca, que durante décadas miró hacia otro lado ante los atentados e incluso justificó las acciones de ETA, hacía años también que había dejado de apoyar a los terroristas. El asesinato del concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco, después de permanecer secuestrado tres días, supuso un antes y un después en la historia de ETA.

Blanco fue secuestrado a primeras horas de la tarde del 10 de julio de 1997. Horas después ETA emitía un comunicado en el que exigía al Gobierno el acercamiento de los presos de la organización a cárceles del País Vasco, amenazando con matar al concejal en el plazo de 48 horas si no eran atendidas sus peticiones. El Gobierno presidido por José María Aznar, apoyado por el resto de las fuerzas políticas, no cedió al chantaje y el sábado 12 de julio a las cuatro de la tarde, tras cumplirse el plazo, los terroristas asesinaron a Blanco de dos disparos y lo dejaron en un descampado en la localidad de Lasarte, en Guipúzcoa. Según las autoridades, el joven falleció al día siguiente.

Partidos y ciudadanos se unieron en un clamor hasta entonces desconocido contra la brutalidad de ETA. Se produjeron manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades del país condenando la ejecución; las condenas llegaron también desde la comunidad internacional que, hasta entonces, se había mantenido al margen de una cruenta realidad que se vivía en España desde los años 60.

Más de 300 asesinatos sin resolver

Si en el caso del asesinato de Miguel Ángel Blanco, sus asesinos fueron detenidos y fueron condenado tras un juicio que se celebró en el año 2006, todavía hoy los familiares de más de 300 asesinados por ETA esperan que se haga justicia. En diciembre de 2016 quedaban 312 atentados que aún no han sido juzgados, según datos de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

Desde 2011 se han reabierto 20 sumarios sobre ETA, 12 de ellos correspondientes a casos “sin autor conocido”. Además de las más 800 personas asesinadas en sus medio siglo de actividad criminal, los terroristas dejaron más de 20.000 heridos y damnificados y casi un centenar de secuestrados.

Las víctimas reclaman que ETA deje las armas, sí, pero también exigen justicia, que los terroristas paguen por todo el sufrimiento que han causado. Con este objetivo, un grupo de intelectuales y víctimas de ETA han hecho público el Manifiesto ‘Por un fin de ETA sin impunidad’. Una de sus promotoras, la eurodiputada de UPyD y ex presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Maite Pagazaurtundúa, nos cuenta que el documento presentado en San Sebastián 48 horas antes del desarme de ETA está teniendo un gran acogida y nos habla del anuncio de los etarras.

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Maite, hermana de Joseba Pagazaurtundúa, asesinado por ETA en 2003, es una de las promotoras del Manifiesto #FinDeEtaSinImpunidad y eurodiputada por UPyD | Foto: UPyD

Catedráticos, artistas, escritores, víctimas, periodista y políticos se han sumado a este documento al que en sólo unas pocas horas ya se habían adherido 14.000 personas. Un texto en el que se dice “no al proyecto político de ETA; sí a la justicia y no a la impunidad; sí a la verdad, no a la falsificación de la historia”, en el que se exige que la política no se convierta en una política de gracia y se aboga por “un final de ETA basado en la dignidad”.

“Hemos conseguido ganarles desde el punto de vista policial, operativo, pero no desde el punto de vista político porque ellos no han renunciado a ser lobystas de los asesinos, a verlos como héroes, a intentar que los presos de ETA sean el foco de la opinión pública”, añade Maite. “Lo que hay que hacer es no dejarles y obligarles a que evolucionen. Cuando se ha hecho tanto daño y se quiere estar en el espacio público, hay que  asumir la responsabilidad política y social pero eso no quieren hacerlo, quieren que los demás asumamos la suya, y eso no puede ser”.

¿Y ahora qué?

Después del desarme o de la escenificación en Bayona, ¿qué queda de ETA? Para las víctimas y para el Gobierno de España así como los principales partidos políticos, no basta con que los terroristas hayan cesado la violencia o que digan que han entregado las armas a la sociedad civil.

“Que se desarmen y que se disuelvan, que pidan perdón y que ayuden a clarificar los crímenes que aún quedan por resolver, que es la mejor manera de ayudar a las víctimas”. Esta es la opinión del Gobierno presidido por Mariano Rajoy, según ha recordado la víspera del desarme de ETA, el portavoz y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. “Que no espere ETA ningún tipo de rédito ni compensación por parte del Gobierno”, ha añadido. En esto, el gobierno cuenta con el apoyo de los principales partidos políticos. 

Para las víctimas, la situación ideal sería la de una organización que anuncia “que se disuelve, que condena el pasado, que intenta integrarse en la sociedad sin hacer trampas, sin decir mentiras y sin manipular moralmente a los demás, porque hay secuelas todavía de miedo, sobre todo en el País Vasco y Navarra”. Esa sería la situación ideal que facilitaría todo mucho, pero esto no es así, lamenta Maite Pagazaurtundúa, hermana de Joseba, asesinado por ETA en 2003 tras años de amenazas, acoso y agresiones.

En su opinión los etarras “quieren seguir en política porque saben que en el siglo XXI, el negocio del terrorismo no lo pueden seguir haciendo porque los que son terroristas y suicidas se han hecho con el mercado del terrorismo de verdad”.  Para la eurodiputada es clave el hecho de que haya una gran colaboración internacional contra el terrorismo, que las víctimas hayan ayudado “muchísimo a deslegitimar el terrorismo” y por lo tanto “no nos merecemos una chapuza”.

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Miembros de partidos y sindicatos del País Vasco a favor del desarme de ETA

Para EH Bildu, el partido abertzale, en el que milita Arnaldo Otegi, condenado a seis años y medio de cárcel por pertenencia a ETA, el desarme de la organización es un “acontecimiento histórico” que hay que llevar a cabo con “garantías, con credibilidad, con presencia internacional, con presencia de la sociedad civil y de las instituciones”, ha dicho en declaraciones públicas. El portavoz de Sortu ha lamentado que se diga que el desarme “ es un acto de propaganda” cuando es una “buena noticia”  aunque “hay gente interesada en que eso no salga bien”.

Tanto para las víctimas como para EH Bildu, una cosa está clara y es que el proceso de la desaparición definitiva de ETA va a ser largo.

Desde el ámbito de la Justicia también queda mucho por hacer y, en este sentido se enmarca el anuncio hecho por la Audiencia Nacional esta semana de que va a investigar el arsenal que entregue ETA, a petición de la fiscalía, por si puede contener pruebas que puedan llevar a esclarecer los asesinatos de ETA aún sin resolver.

Por un fin de ETA sin impunidad

Gorka Maneiro

Foto: Vincent West
Reuters/File

Pernando Barrena, en 2009, uno de los líderes políticos de la mafia etarra, escribió que “los terroristas de hoy puede que mañana no lo sean; depende de quién escriba la historia”, razonamiento que explica perfectamente cuáles son las intenciones de la banda terrorista una vez que asumió que ha sido policialmente derrotada por el Estado de Derecho y especialmente por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Tras décadas tratando de imponer su proyecto político totalitario al conjunto de la sociedad a través del terrorismo, su intención ahora es reescribir y falsear la historia, de modo que los terroristas que buscaron y provocaron el asesinato de centenares de inocentes y los responsables políticos que los justificaron, ayudaron y cobijaron, pasen a ser considerados seres angelicales, artesanos de la paz o defensores del “Pueblo Vasco”. Ante esta pretensión falsaria, los ciudadanos libres y comprometidos con la Verdad, la Justicia, la Democracia, el Estado de Derecho y las víctimas del terrorismo, debemos volver a alzar la voz, contar la verdad, desmontar sus falacias y llamar a las cosas por su nombre… además de denunciar a quienes, convencidos de sus pretensiones, tontos útiles o despistados varios, están dispuestos a facilitar o permitir a ETA el blanqueo histórico inaceptable que obviamente pretende.

El terrorismo es terror y es propaganda. Y en la propaganda y la mentira se basan sus acciones durante los últimos tiempos: de ahí que, acertadamente, Fernando Savater dijera ayer en San Sebastián, acompañado de lo mejor de la sociedad española, que “no queremos que ETA cambie las armas de matar por las armas de mentir”, que es como decir que, efectivamente, queremos que se desarme (mejor, que los demócratas le desarmemos), pero que no aceptamos que siga utilizando la mentira en beneficio de sus intereses, arma utilizada históricamente por los totalitarios, como hemos podido comprobar en su repugnante comunicado, donde, de manera ruin, afirma, entre otras lindezas, que “tomamos las armas por el Pueblo Vasco y ahora las dejamos en sus manos”. El trabajo es ingente y la batalla para derrotarlos políticamente durará años, pero conviene dejar claro hoy mismo y repetir en la cara de los terroristas y servicios auxiliares lo que la gente decente ya sabe: que no tomasteis las armas por el Pueblo Vasco sino que voluntariamente las tomasteis para matarnos, quitarnos la libertad, acabar con la democracia e imponernos vuestro proyecto totalitario.

Históricamente, han sido (hemos sido) miles de ciudadanos comprometidos los que hemos plantado cara a la banda terrorista: además de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, cuya labor nunca agradeceremos suficientemente, intelectuales, cargos públicos, profesores, activistas pro derechos humanos, jueces y magistrados, periodistas y centenares de personas anónimas que vieron, por eso, su vida perjudicada… cuando no definitivamente truncada. Ciertamente no fuimos tantos como era preciso y la decencia exigía, pero ahí estuvimos… y seguimos estando, como acabamos de ver en la respuesta que ha recibido el Manifiesto “Por un fin de ETA sin impunidad”, promovido por Fernando Savater, Maite Pagazaurtundua, Teo Uriarte, Martín Alonso, Joseba Arregi, Consuelo Ordóñez y Luis Castells, apoyado por miles de personas comprometidas con la Verdad y la Justicia.

A menudo suelo decir que importa más lo que los ciudadanos comprometidos digamos y hagamos que lo que los terroristas vociferen; y es por esto que nosotros seguimos dispuestos a parar lo que antes fueron las armas de matar y hoy pretenden ser las armas de seguir mintiendo. Frente a sus falacias, ofrecemos un relato veraz, libre de manipulaciones y mentiras.

En este manifiesto se dicen cosas necesarias, como que “el futuro de la sociedad vasca y navarra no puede escribirse en la estela del miedo y la autocensura generados por ETA, aunque su acción terrorista haya dejado de amenazarnos”; “en un modelo de fin de ETA que llegue a tolerar diversos grados de impunidad, el pretendido apoyo a las víctimas del terrorismo se convertirá en un cruel sarcasmo, por mucho que lleguen a instalarse en los medios fórmulas retóricas eufemísticas tendentes a enmascararlo”; “lo primero que se debe exigir a la organización terrorista, y a su trama política, es la condena de la historia de terror de ETA, para garantizar que no nos encontramos con una de sus habituales jugadas puramente tácticas”; “si los responsables del daño causado no asumen su responsabilidad y no repudian la historia del terror, contribuirán a relativizar nuestra memoria y verdad, como si esta fuera una versión más a añadir a un muestrario de relatos equivalentes”; “una política penitenciaria que llegue a basarse en la excarcelación anticipada de presos juzgados y sentenciados, enmascarándolo en una aplicación laxa de la progresión de grados u otras medidas similares, supondría una forma de impunidad”, por lo que “el requisito de la colaboración es el único que beneficia a las víctimas y que prueba el arrepentimiento real de los criminales. La reinserción es un objetivo deseable pero conlleva un arrepentimiento cabal respecto al pasado criminal, el único medio capaz de romper la identidad entre el asesinato (el acto) y el victimario (la persona)”; “los ciudadanos y los gobiernos no han de perder la brújula moral ni política, ni sobre ETA, ni sobre el Estado de Derecho” porque “un final basado en la dignidad de los acosados y asesinados es aquel que se construye sobre la verdad, la memoria, la justicia y la reparación. La deslegitimación del lenguaje de ETA es, simultáneamente, una condición inexcusable para afrontar otra cuestión pendiente: el miedo y el desistimiento de una parte de la sociedad durante los años del terror”.

Así que pueden mentir cuanto quieran los terroristas y servicios auxiliares; miles de ciudadanos decentes seguiremos contando la verdad de los hechos ocurridos. Y exigiendo a las instituciones y gobiernos democráticos que actúen en consecuencia: que impidan cualquier tipo de impunidad y que lideren la deslegitimación del terrorismo y defiendan la dignidad de las víctimas y del conjunto de la sociedad a la que representan. En defensa de la democracia.

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