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Las otras víctimas (in)visibles del terrorismo

Verónica F. Reguillo

Foto: Eduardo Munoz
EFE

Pakistán, 16 de febrero: 88 muertos (al menos, 20 eran mujeres y 9, niños). Irak, 19 de febrero: 5 muertos. Pakistán, 21 de febrero: 7 muertos. Egipto, 22 de febrero: 2 muertos. Afganistán, 28 de febrero: 12 muertos (todos policías). Afganistán, 8 de marzo: más de 30 muertos.

Son solo algunos de los últimos atentados yihadistas de este 2017 cometidos en países de mayoría musulmana. Más del 90% de las personas que viven en Irak, Afganistán o Pakistán profesan esta religión, según publica Pew Research Center, y son también los que más sufren la violencia de los grupos terroristas islamistas.

En el mundo hay 1.600 millones de musulmanes, es decir, alrededor de un 23% de la población mundial. Se estima que alrededor de 100.000 militan en grupos terroristas, lo que supone el 0,006%, sin embargo, en numerosas ocasiones los musulmanes son colocados en la posición de verdugos, olvidando que ocupan el primer lugar en la categoría de víctimas.

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En Siria, el número de víctimas se cuenta por miles. | Foto: Ameer Alhalbi / Reuters

Día para recordar

Este 11 de marzo se conmemora el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. La elección de esta fecha fue consecuencia directa del brutal atentado que azotó Madrid en 2004, que fue perpetrado por una célula terrorista de Al-Qaeda y en el que murieron 192 personas. Fue el mayor atentado yihadista en el viejo continente hasta ese momento, pero no sería el último.

Entre 2000 y 2015, alrededor de 430 personas han perdido la vida en Europa Occidental por un ataque terrorista islamista. Las bombas en Atocha, el atentado en el metro de Londres o las explosiones en la sala Bataclán, en Francia, han sido algunos de los actos que han conseguido sembrar el terror en Europa. Mientras tanto, Oriente también se desangraba. Cada víctima cuenta, cada víctima duele, cada víctima se llora, en todas partes del mundo.

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En noviembre de 2015, el Estado Islámico asesinó a 130 personas en un atentado en París. | Foto: Yoan Valat / EFE

“Menos del 3% de las muertes por terrorismo suceden en Occidente”

Las cifras de muertos en países como Irak, Pakistán o Afganistán se cuentan por miles. En un solo año, en 2014, hubo 32.658 víctimas, lo que supuso un incremento del 80% con respecto al año anterior. Los más afectados fueron los propios países musulmanes, mientras que las muertes por terrorismo ocurridas en Occidente no superaron el 3%.

Si nos centramos, por ejemplo, solamente en Irak, la ONU alerta de que en un año se produjeron 8.493 asesinatos de civiles y más de 10.000 fueron sometidos a vejaciones de todo tipo; hombres, mujeres y niños que sufrieron violencia sexual o fueron reclutados en los propios grupos terroristas. En este país de mayoría musulmana la guerra entre las Fuerzas de Seguridad Iraquí y el autoproclamado Estado Islámico está acabando con su propia gente.

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En Afganistán lloran a sus muertos tras una ataque. | Foto: Stringer / Reuters
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La batalla entre las fuerzas iraquíes y el ISIS se reproducen cada día en Irak. Foto: Zohra Bensemra / Reuters

En numerosas ocasiones, este colectivo se ha levantado en contra de los grupos islamistas que siembran el terror alrededor del mundo. En Reino Unido, jóvenes musulmanes británicos declararon su propia ‘yihad’ contra el Estado Islámico y contra todos los demás grupos terroristas. La Liga Juvenil Musulmana en el país anunció su lucha contra el EI diciendo que los militantes no tenían “ningún vínculo con el Islam o con la comunidad musulmana”.

Veto de Donald Trump

A pesar de que el número de muertos afecta en primer lugar a los musulmanes, la adopción de políticas como las llevadas a cabo por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, criminalizan de manera general a este colectivo. El primer veto migratorio de Trump fue paralizado por la justicia, sin embargo, el presidente estadounidense ha firmado uno nuevo con el que pretende prohibir la entrada de refugiados al país y detener la emisión de visados a los ciudadanos de Irán, Somalia, Yemen, Libia, Siria y Sudán. Trump juega con el argumento de la seguridad nacional.

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Las reacciones contra el veto de Trump a los Musulmanes fueros masivas. | Foto: Clemens Bilan / EFE

Sin embargo, si recordamos la tragedia del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, los terroristas procedían de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, pero Trump no ha incluido a ninguno de estos países en su lista negra. Un reportaje del Washington Post vincula esta decisión a que la organización comercial del presidente estadounidense tiene intereses comerciales en algunos de los países a los que no se les ha impuesto veto migratorio.

Sea como fuere, este tipo de políticas difuminan la realidad de unas víctimas que parece que duelen menos.

Continúa leyendo: Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Lidia Ramírez

Foto: Jorge Raya
The Objective

Parece cansada, apoya la barbilla en sus dos manos. En una de ella lleva un rosario, asegura no separarse de él nunca. Con la mirada perdida me pregunta: “¿Cómo estás?”. Le sonrío.

–”Yo emocionada y agradecida de estar aquí” –responde mirando ahora todo con detalle.

Rebeca Bitrus sólo tiene 29 años, y los últimos dos los cumplió en manos del grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico, Boko Haram. Ahora, gracias a la organización española Ayuda a la Iglesia Necesitada, especializada en la denuncia de la persecución religiosa, se encuentra en España para relatar su calvario; el mismo que miles de víctimas llevan años sufriendo en Nigeria a manos de este grupo islamista.

Madre de dos hijos, estuvo dos años en garras de esta milicia activa en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Malí.

El secuestro

Era 21 de agosto de 2014 cuando Boko Haram asaltó su localidad, Baga, al noreste de Nigeria. Con mirada seria y un sentimiento de honda tristeza cuenta cómo junto a su marido, Bitrus, y sus dos hijos (Zacarías, de 3 años, y Jonatan, de uno) huyeron de su hogar. “Pensábamos que el objetivo principal era mi esposo porque a los hombres cristianos los mataban”, cuenta visiblemente emocionada, “así que decidimos que él escapara y se escondiera dejándonos a nosotros atrás”.

Bitrus pudo escapar de las garras de Boko Haram, pero Rebeca y sus pequeños no. Lo que ocurrió a partir de ese momento nunca lo olvidará. “Cuando los milicianos me encontraron, me dijeron: ‘Tú y tus hijos vais a trabajar para Alá’. Después me golpearon con un arma pesada y me sacaron de cuajo varios dientes”.

Ahí comenzó su pesadilla. Fue vendida varias veces a varios milicianos que la torturaban –”cada día me propinaban 98 golpes”– y usaban como esclava sexual. Rebeca cuenta cómo cada día se frotaba por su cuerpo las heces de sus hijos para mantener alejado a sus secuestradores. Fruto de una de esas violaciones quedó embarazada. Hoy día aún lucha por aceptar a ese “hijo de Boko Haram”, como ella se refiere a él. “Me atormenta saber que tengo un hijo con un terrorista, ¿y si cuando sea mayor es como su padre?”. Esa, asegura, es su mayor preocupación.

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"
Rebeca, junto a su marido y sus hijos, en Nigeria. | Foto: Ayuda a la Iglesia Necesitada

Dos años en manos de Boko Haram

Rebeca habla hausa, idioma oficial de Nigeria. Un intérprete nos acompaña durante toda la entrevista. Junto con más de 100 mujeres secuestradas, cuenta, lo primero que debían hacer antes de comenzar el día era hacer el rezo musulmán. “Posteriormente nos adoctrinaban y pasábamos a hacer las tareas del hogar, como limpiar y cocinar”. Muchos días eran los que se quedaba sin comer porque su comida era las sobras de sus secuestradores.

También las obligaban a memorizar varios versículos del Corán para, una vez aprendidos, inmolarse. “Yo quería que me dieran un cinturón de explosivos, pero nunca lograba memorizar los versículos”, cuenta la joven, quien asegura que su único objetivo era escapar.

–¿Conociste a algunas de las niñas de Chibouk?

–Conocí a varias de ellas. Una de ellas me aconsejó que me convirtiera al islam –responde.

Pero Rebeca no lo hizo, y como consecuencia, uno de sus hijos, de tan sólo un año, fue asesinado por un terrorista de Boko Haram. Lo tiró al lago Chad. Murió ahogado.

Nigeria fue el tercer país más castigado del mundo por el terrorismo en 2016, después de Irak y Afganistán, y en lo que va de año más de 400 civiles han sido asesinados por el grupo terrorista Boko Haram. 12 de sus 19 estados están bajo la ley de la sharía.

La huida 

Después de algo más de dos años, al fin llegó la luz de la libertad. Rebeca recuerda que fue una madrugada cuando escuchó hablar a varios milicianos que los soldados de Nigeria se acercaban. “Aproveché la situación de pánico para coger a mis hijos y huir”, explica. Pasó un día entero escondida en el bosque: “Los terroristas me buscaban por todos lados, pude ver a varios coches patrullando el bosque para encontrarme, pero pude esconderme bien”.

Finalmente, tras varios días caminando, llegaron a Diffa, sureste de Níger, donde se encontraron con soldados estadounidenses. Estos atendieron a su hijo y les dieron algo de pan. Al poco los llevaron a Damaturu, Nigeria, donde había soldados nigerianos. “Ellos fueron maravillosos: me llevaron directamente a la ciudad de Maiduguri, junto a mi marido”, sonríe al fin.

–¿Volverás algún día a tu aldea?

–Quizás algún día vuelva, pero ahora allí no hay nada –responde–. Todo fue quemado y destruido por Boko Haram.

Hoy, junto a más de 500 personas en su situación, se encuentra en un campamento de desplazados de la Diócesis de Maiduguri. Poco a poco, gracias al cariño que allí recibe ella, sus hijos y su marido, están saliendo adelante.

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Continúa leyendo: Jana Leo: "La histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir."

Jana Leo: "La histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir."

Ariana Basciani

Foto: Lince Ediciones
Lince Ediciones

Un total de 1.127 mujeres fueron violadas en España durante el año 2015. Hace 17 años en la ciudad de Nueva York, la artista Jana Leo también se convertía en una víctima más en la estadística de la violencia: un hombre armado la violó en su propia casa.

“No me podía creer que hubiera un hombre con una pistola junto a la puerta de mi piso”, relata en la artista en el primer capítulo de su libro Violación Nueva York. Fue en ese momento, mientras pensaba que iba perder su vida, Jana Leo tomó algunas decisiones que ella misma no entendería tiempo después. Leo invitó al hombre a pasar a su casa, no perdió el control, le ofreció algo de beber, fue cool –como ella misma afirma- y simpática, hasta que le pasó por la cabeza que quizás ese hombre quería violarla pero sin forcejeo, con intimidad. Durante la violación el hombre inclusive osó con preguntar si podía besarla y ella, pasiva, se obligó a permitirle que la besara. Al finalizar, ella dialogó con él, le cuestionó sus formas de acercarse a las mujeres, le preguntó si vivía cerca, hasta le abrió la puerta de su casa, después de que ella lo convenciera de que no iría a la policía. Su comportamiento era lógico, el instinto de sobrevivir era prioridad para Leo.

A partir de esa experiencia Jana decidió actuar y contar su historia, no solo como forma de desahogo sino como relato policíaco, una huella que guarda pruebas de un hecho violento, sin sangre, sin golpes. Violación Nueva York (Lince Ediciones, 2017), es una forma de dar a entender que vivir en una ciudad gentrificada con pobreza alrededor incide directamente en la violencia social.

Jana Leo: "la histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir." 2
Portada de Violación Nueva York | Imagen vía Lince Ediciones

¿Por qué decidiste escribir sobre tu propia violación?

Son cosas que tienes que decirlas pero tampoco tienes porque ocultarlas, automáticamente es algo que no lo puedes contar, ese era el punto uno del libro, ‘esto me jode’. Porque al final acabas contando entre amigos tus experiencias sexuales, primeros las buenas y luego las malas. Parece que se cuenta en un entorno que ya has creado, si bien cuando vas a tener relaciones sexuales con alguien o si las has tenido o si alguien te ha contado algo al respecto, pero es algo de lo que uno no habla. Estoy acostumbrada a documentar las emociones, más que a contarlas. Mi trabajo ha sido sobre eso, así que tenía mucha ventaja. He creado una red con este libro, si mi mundo normal se tambalea estoy creando uno nuevo con este libro. Empecé a escribir y a describir lo que me había pasado desde la mañana siguiente, sin consciencia de libro sino pensado en cómo librarte de la muerte.

¿Es un proyecto como resistencia si el violador volvía?

Era dejar rastro, es supervivencia y lo único que puedes hacer si eres víctima es recordar, eso tiene un poder contra la persona que lo ha hecho y tú puedes identificar mil cosas. Mientras yo estaba allí estaba atenta a la supervivencia, pero con los ojos abiertos. El hecho de que recuerdes una marca en el estómago es algo que después te va a dejar poder identificarlo. Eso es instintivo.

¿Tiene que ver con un tabú con respecto al sexo?

Yo creo que sí, pero no he descubierto exactamente por qué, por qué la gente no habla de esas cosas. La violación es tabú cuando tiene poca violencia física, porque si te han violado en la calle, en un parque o en un viaje, yo creo que la gente habla más de ello porque no está relacionado con su entorno, con su vida normal puedes decir que son sucesos que ocurren sin más, desde la lejanía. El problema es que no se cuenta porque tiene que ver realmente con el entorno, con la intimidad, más que con el sexo.

¿Por qué existe un tabú con la violación que ocurre de un padre a su hija más que una violación que pueda ocurrirte en un viaje a la India?

En el caso de la violación en el entorno íntimo, la gente suele pensar que es como la peste, que se contagia. Si le cuentas a alguien algo que te ha pasado en un entorno lejano, implica que eso no le va a pasar a los que estamos aquí. Además si cuentas algo que pasa en un entorno lejano no estás agrediendo verbalmente, porque si te cuento cosas que pueden estar en tu entorno, es una agresión.

¿Contar un suceso violento es una agresión?

Hay gente que lo considera una agresión. Realmente tiene que ver con la intimidad, hay cosas que no salen de casa y no salen de tu cuerpo; y si el hecho violento ocurre en tu casa y en tu cuerpo, no lo puedes contar porque lo ves demasiado cercano al entorno.

¿Qué reacción de ti misma te sorprendió mientras te violaba?

Me sorprendió cuando le pregunté al tipo si me iba a matar. Yo pasé de una actitud relativamente cool porque yo lo confundí con el vecino de abajo. Primero le confundo con el vecino de abajo y luego llega un momento en que lo cool se me pasa porque estoy literalmente acojonada y le pregunto: ‘¿me vas a matar?’. Y al segundo pensaba: ¿eres gilipollas?, no le des ideas, no le muestres que tienes miedo y allí me sorprendí a mi misma diciendo: ¿quieres algo de tomar? Era la adrenalina. En ese momento estás bregando con tu vida. La adrenalina y el carácter se impone en esos momentos.

Jana Leo: "la histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir." 3
Algunos de los documentos que recopiló Leo durante la investigación de su violación | Imagen vía Jana Leo

¿Cómo sociedad debemos educar a las posibles víctimas de una violación?

A nivel ideológico me fastidian todas las recomendaciones que te dicen para combatir un acto violento: ¿por qué tienes que ser dócil, maja y suave? Casi te fuerzas a ti misma a colaborar. En cierto modo a las víctimas nos educan en lo que hay que hacer, a convertirte en tu propio verdugo, porque psicológicamente estás obligando a que tu cuerpo se abra en vez de decir no y que el otro te fuerce. Si no eres tu propio verdugo posiblemente vas a salir más dañado, pero por otro lado estás siendo coherente con que no quieres sentirte violado. Tú no asumes la figura del violador, no la internalizas, con lo cual dejas muy claro que es violación; por lo tanto, no estás eliminando al sujeto de culpa. Con las recomendaciones de convertirte en un ser dócil, casi estás facilitando que te violen y que el otro crea que no es violación y, que a la hora de denunciarlo, tengas menos posibilidades de que te crean pero, por otro lado, nos están educando también para el instinto de supervivencia, a preservar la vida.

¿Sigues molesta con esa guía de supervivencia?

Como instinto de supervivencia funciona, pero luego genera una serie de movimientos psicológicos que son violentos para la víctima.

¿Cómo enfrentaste al momento después de la violación?

Me enfrenté a varias cosas. Por un lado a nivel físico no me producía demasiado trauma, posiblemente porque tenía 30 años y había tenido sexo en otras ocasiones, me llevaba bien con mi cuerpo y no me estaba enfrentando a algo nuevo. Además, el mayor problema para mi era la posibilidad de muerte, el miedo a morir, más que el rechazo sexual, ni siquiera decrecía mi libido. Por otra parte, me generaba miedo estar en casa, miedo a que el violador volviera, miedo al control de otra persona, miedo a la amenaza, porque es esa sensación como en las películas de ‘primero te violo, luego te mato’ o ‘si vas a la policía vuelvo y te mato’, esa sensación de que el violador hasta que no esté en la cárcel sigue teniendo control sobre mí porque sabe donde vivo. Es el miedo a que esté allí y de la sensación de que alguien está tomando ventaja sobre ti, de engaño en cualquier situación cotidiana a la que yo estaba predispuesta.

¿Nunca tuviste una reacción histérica o desesperada durante tu encuentro con el violador o posteriormente hacia algún hombre en tu vida cotidiana?

Hablando con una amiga psicóloga, me decía que el gran problema de que nos violen a las mujeres es que nos hacemos histéricas, que es en cierto modo lo que se define como histeria, pero que es una relación desmesurada a algo que no es apropiado. La histeria está relacionada con la violación, pero esto nunca se llega a decir. No es que sea el carácter de la mujer, sino que hemos sido abusadas y nos lo hemos callado. Ya sea que no hayas podido decir nada por supervivencia, porque fue una violación en casa o por lo que sea, entonces debes expresarlo de otra forma a través de las acciones cotidianas. La histeria no está relacionada con el sexo, sino con la violación, cuando alguien te está utilizando como objeto, y las mujeres estamos acostumbradas a que nos traten mal. Es un comportamiento que ocurre, que lo ves, te molesta, te vas tragando toda esa molestia y terminas convirtiéndote en una histérica porque no hemos puesto límites. Quizás eso fue una de las cosas que más me molestó después, la falta de capacidad física para defenderme porque no estoy entrenada.

¿Cómo puedes hablar de tu violación ahora conmigo? ¿Cómo lo manejas?

Es muy difícil hablar cuando te está pasando. Ahora que ya han pasado 17 años me sigue molestando pero no hay un efecto físico, sí intelectual, lo que tienes más cerca es la soledad. No había manera de hablarlo “te han violado y ya está”. No pasas un duelo, mi investigación de la violación fue una forma de resistencia porque mi novio ya no podía más con el tema.

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Jana Leo | Imagen vía Lince Ediciones

¿Las cifras de denuncias por violación no son suficientes?¿Hay una doble amenaza al no poder hablar del tema especialmente si es una violación pasiva?

Es que no sabes qué hacer. La persona puede volver de cualquier manera. Es una forma de resistencia a la dominación.

La violación es una forma de pertenecer, de que el violador se adueñe de ti, pero si el cuerpo es una casa, ¿por qué ocurren las violaciones pasivas ocurren en la intimidad del hogar?

Lo primero es hablar sobre ello. Que se reconozcan, por lo menos si uno reconoce a un violador durante una cita, entiendo que es una violación con cita, en el momento que tu reconoces sus mecanismos ya no te sientes tu mal.

¿Cuáles violaciones pasivas existen?

La más habitual es la date rate, la de que es tu novio y sales a cenar o que vas a una discoteca y te echan algo en la bebida y luego te arrastran a casa hasta los abusos de poder: maestras con niños o con niñas. En realidad las violaciones pasivas son más frecuentes que las violaciones con alto grado de violencia lo que pasa es que las pasivas están tan en nuestro engranaje y tan cerca de casa, que no quieres hablar de ello. Me acuerdo que en el colegio una novicia me llevaba a su cuarto y me tocaba y yo al decírselo a mi madre, ella me decía: ¿cómo puedes decir estas guarradas de una monja?

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Investigación de Jana Leo sobre su violación  | Imagen vía Jana Leo

La violación y la ciudad

¿Cómo comenzaste hacer conexiones con la violación, la ciudad y la casa?

El miedo a estar en casa lo tengo desde pequeña. No creía que en casa pasaba, pero vas creciendo y esas cosas se te olvidan. Estudiando en Princeton empecé a leer sobre la casa como lugar de horrores, así que no era yo la única que sentía esto. Allí me puse a investigar sobre el tema. Empecé estudiar la muerte en la fotografía, la muerte como escenografía, es ahí cuando incluí la casa, porque las imágenes que yo estaba recopilando habían ocurrido en casas y el cuerpo de la mujer. La muerte de la mujer sucede en sitios domésticos y allí comencé a elaborar un cruce de caminos que fue previo a mi violación. A partir de mi violación me encuentro con que la gente comienza a contarme cosas, que si le ocurrió lo mismo en una escalera, en un ascensor, en su casa. Es así como conceptualizo la casa, derrumbo el mito de que todo ocurre fuera y entiendo la dejadez con el código técnico, que no hay reglamento alguno para exponer al potencial traspasador – violador, salvo que una cámara de vídeo te grabe. En el momento de su violación, mi cámara de fotografía estaba encima del trípode y en algún momento pensé en levantarse juiciosamente y encenderla para tener evidencia de lo que estaba sucediendo pero no lo hice por miedo.

¿Por qué no abandonaste Harlem?

Dejar tu casa es dejar tus recuerdos, me resistía a eso y aceptar que realmente había ocurrido una violación. La aceptación del hecho. Si al violador lo hubiesen metido en la cárcel al mes, yo no me mudaba. Hasta que me di cuenta de lo de casero, quien había dejado el edificio en manos de la delincuencia y de la pobreza exterior.

Y Madrid, ¿cómo ves el crecimiento de la capital?

Madrid era una ciudad peligrosa en los 80 y los 90 y ahora de repente tiene un boom. Y lo que hace que suba el precio del metro cuadrado es la falta de criminalidad.

¿Cuál es el problema con la gentrificación de las ciudades?

Es un problema de controlar el proceso. La ciudad es un animal vivo y la gentrificación es algo natural. En cuanto a Harlem es lo mismo, hay nuevas generaciones de inmigrantes que se mueven y eso es la ciudad. El cambio se va dar, pero de muchas maneras. ¿Por qué no hay un mecanismo de inspección y control de los cambios que ocurren en la ciudad? porque tenemos a un animal desbocado, sobre todo en los últimos años en que las ciudades han cambiado de una manera brutal y no ha crecido junto a ello ningún organismo a nivel urbanístico que haya cuidado de eso, que ejerza un control. La legislación claro que ha favorecido a que el proceso ocurra y que haya un cambio; por otro lado es algo natural, no hay trabajo, el turismo y las inmobiliarias se han convertido prácticamente en las industrias número uno y número dos.

AirBnB es un fenómeno que se ha satanizado, ¿qué piensas de la empresa con respecto al crecimiento de la ciudad?

El fenómeno es muy complejo desde Airbnb al couchsurfing. Por un lado está la necesidad de la gente de relacionarse con el otro de una manera distinta y tener relaciones anónimas porque en el espacio público no están ocurriendo. Por ejemplo, las plazas se llenan de terrazas que son sitios privados donde debes consumir, al haber inmigrantes te da miedo sentarse en los parques, entonces hay una especie de aislamiento y se necesita salir de él a través del viaje, así empieza el couchsurfing. Luego del couchsurfing se piensa que a partir de eso se puede capitalizar, al cobrar un alquiler y si eso lo juntas con la crisis, entonces el problema real es la pobreza. Es importante que los fenómenos se hablen desde la complejidad. El problema no es Airbnb, está genial compartir tu casa.

¿Existe un vínculo entre la violencia de género, la vivienda y la pobreza?

Recuerdo que un sociólogo español en el 2008 dijo que había una sola razón por la que la violencia doméstica era mucho mas alta en España que, por ejemplo, en Alemania, y es el precio de los alquileres. Y claro tiene sentido, si me cuesta 900 euros un piso cómo me voy de allí, pues acepto que mi pareja me pegue. Una política de cualquier tipo tiene un vinculo ligado al individuo, punto.

Jana Leo sigue viviendo en Nueva York y aprecia lo que le ha dado la ciudad y las raíces intelectuales que para ella son fundamentales, más allá de cualquier violencia que pueda ocurrir en su contra debido al crecimiento de la ciudad. Su libro Violación Nueva York está disponible en España a partir del 11 de septiembre y si quieres leer su primer capítulo puedes hacer click aquí.

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11 de septiembre, el día que estremeció a Occidente

Néstor Villamor

Foto: Sean Adair
Reuters

Saltaron las alarmas a las 8:19 de la mañana, momento en que la azafata del vuelo 11 de American Airlines de Boston a los Ángeles Betty Ong llama al centro de operaciones de la aerolínea para informar de que se han producido apuñalamientos en la zona de primera clase y de que la cabina del piloto no contesta. Teme que el avión haya sido secuestrado. Minutos más tarde, a las 8:46, el boeing se estrella contra al Torre Norte del World Trade Center de Nueva York. La confusión es máxima en los primeros instantes. Los medios de comunicación barajan la hipótesis de un atentado, pero la confirmación no llegaría hasta las 9:02, cuando el avión que cubría el vuelo 175 de United Airlines de Boston a los Ángeles impacta contra la Torre Sur. La esperanza de que fuera un accidente se desvaneció en ese momento.

Los atentados del 11 de septiembre, de los que se cumplen 16 años, provocaron 3.016 muertes (incluyendo a los 19 terroristas suicidas), dejaron más de 6.000 heridos, marcaron el comienzo del siglo XXI, estremecieron a Occidente e iniciaron una nueva forma de entender el terrorismo.

Los ataques

Si bien la imagen que ha quedado como icono ya no solo del 11 de septiembre sino del terrorismo en general es la de las Torres Gemelas de Nueva York, fueron cuatro los aviones que participaron en el ataque. Además del vuelo 11 de American Airlines y del 175 de United Airlines que se estrellaron contra el World Trade Center, un tercer boeing impactó contra el Pentágono y un cuarto se precipitó en un campo de Pensilvania.

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Momento en que el avión 175 de United Airlines impacta contra la Torre Sur. | Foto: Chao Soi Cheong / AP

En el atentado del avión que atacó el epicentro del poder militar estadounidense perdieron la vida 189 personas. En el siniestro del único aparato que no llegó a su destino final, que era el Capitolio o la Casa Blanca, fallecieron 44. Las 2.783 víctimas mortales restantes perecieron en el ataque de Manhattan.

Los responsables del 11 de septiembre

Inmediatamente después del ataque terrorista más letal de la historia, todas las miradas recayeron sobre la organización yihadista Al Qaeda, liderada por Osama Bin Laden. Inicialmente, Bin Laden negó tener algo que ver con los sucesos, pero en 2004 admitió ser el responsable y que la motivación principal fue la participación de Estados Unidos en la Guerra de Líbano de 1982.

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Osama Bin Laden, autor de los atentados. | Foto: Mazhar Ali Khan / AP

La siguiente declaración forma parte de un comunicado en vídeo de Bin Laden emitido en 2004 y cuya transcripción dio la vuelta al mundo.

“Os digo que Alá sabe que nunca se nos había ocurrido atacar las torres, pero después de que [la situación] se hiciera insoportable y fuéramos testigos de la opresión y tiranía de la coalición estadounidense-israelí contra nuestro pueblo en Palestina y Líbano, se me ocurrió.

Los acontecimientos que afectaron a mi alma de manera directa empezaron en 1982, cuando Estados Unidos permitió a los israelíes invadir Líbano y la Sexta Flota de Estados Unidos les ayudó. Empezó el bombardeo y muchos murieron y otros fueron aterrorizados y desplazados y yo no podía olvidar esas escenas conmovedoras, sangre, miembros cortados, mujeres y niños tirados por todas partes. Casas destruidas junto con sus ocupantes y edificios demolidos sobre sus residentes. Cohetes lloviendo sobre nuestros hogares sin piedad. La situación era como un cocodrilo que se encuentra con un niño indefenso sin más poder que sus gritos. ¿Entiende el cocodrilo una conversación que no incluya un arma? Y todo el mundo vio y escuchó pero no respondió.

En esos momentos difíciles, burbujearon en mi alma muchas ideas difíciles de describir, pero al final produjeron un sentimiento intenso de rechazo a la tiranía y dieron a luz a una resolución fuerte de castigar a los opresores. Y mientras veía esas torres demolidas en Líbano, me entró en la mente la idea de que deberíamos castigar al opresor de la misma manera y que deberíamos destruir torres en Estados Unidos para que probaran algo de lo que nosotros hemos probado y para impedir que mataran a nuestras mujeres y niños”.

Consecuencias

El 11 de septiembre de 2001 “es cuando el mundo toma conciencia de que existe un terrorismo que ya no es local, es un terrorismo global, capaz de actuar en cualquier región del mundo”, explicó recientemente en una entrevista para TVE Miguel Ángel Ballesteros, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Ante el temor desatado, Estados Unidos inició la Guerra de Afganistán, cuyo objetivo declarado era encontrar a Osama Bin Laden, enemigo público número uno. Washington acusaba al emir del Estado Islámico de Afganistán (que llegó a controlar casi la totalidad del país) de no entregar a Bin Laden y a otros miembros de Al Qaeda. El yihadista fue encontrado y abatido en la ciudad pakistaní de Abbottabad el 2 de mayo de 2011 gracias al contacto de un miembro de su círculo con la CIA. Llevaba años recluido en una casa fortificada. La cercanía del complejo con una academia militar sugirió que quizás hubiese recibido ayuda del ejército o del servicio de inteligencia de Pakistán, o de ambos.

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Casa en la que vivía recluido Bin Laden, en Abbottabad, Pakistán. | Foto: Faisal Mahmood / Reuters

El yihadismo después del 11 de septiembre

Pero el yihadismo no murió con Bin Laden. La organización que hoy preocupa más ya no es Al Qaeda, que sigue activa bajo el control de Aymán al-Zawahiri, sino el denominado Estado Islámico, el Daesh, que ya estaba fundado antes de la muerte de Bin Laden.

¿Cómo surge el Daesh? “Cuando los americanos entran en Afganistán, se produce una diáspora” en Al Qaeda, explica Ballesteros en la entrevista con TVE. Uno de los miembros de la organización que huye entonces del país, Abu Musab al Zarqawi, se instala en Irak poco antes de la invasión estadounidense. Allí crea Yama’at al-Tawhid wal-Yihad (Organización de Monoteísmo y Yihad). Posteriormente, recluta a policías y militares expulsados del ejército de Sadam Hussein.

“Se junta el agua y el aceite: alguien que no era yihadista de ideología, como eran los militares de Sadam, pero que sí que saben combatir, con alguien que tiene la ideología yihadista. Esos militares le explican a Al Zarqawi que es fundamental controlar el territorio”. Ahí aparece el Estado Islámico de Irak, que practica un terrorismo “que ya no se oculta” sino que “quiere controlar territorio”. Cuando los estadounidenses abandonan Irak en 2011, con este Estado Islámico de Irak ya debilitado, el grupo “vuelve a coger fuerza” y se traslada a Siria, un país “más proclive” para hacer la yihad y controlar terreno porque se encuentra consumido por la Guerra Civil. “Pero ahí ya hay un grupo de Al Qaeda, el frente Al Nusra“. Fruto del choque entre ambas fuerzas aparece el monstruo del Daesh.

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El Estado Islámico, la nueva amenaza. | Foto: Stringer / Reuters

Memoria

Mientras, Nueva York intenta cicatrizar pero no quiere olvidar el 11 de septiembre. El espacio sobre el que se levantaban las torres gemelas ha sido sustituido por dos piscinas con cascadas artificiales en recuerdo de las víctimas y la Zona Cero acoge un museo sobre los atentados. Los nombres de los fallecidos están inscritos en paneles que rodean las dos piscinas.

Es, según la organización, “un poderoso recuerdo de la mayor pérdida de vida resultado de un ataque extranjero en suelo estadounidense y la mayor pérdida de personal de rescate en la historia de Estados Unidos”.

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Dos piscinas ocupan el lugar en el que estaban las Torres Gemelas en homenaje a las víctimas. En los bordes, están inscritos los nombres de los fallecidos. | Foto: Mike Segar / Reuters

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Múnich 1972: la masacre que marcó los Juegos de la Alegría

Tal Levy

Foto: Wikicommons
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A pocas millas del campo de concentración de Dachau, en Múnich, una Alemania partida en dos por un muro buscaba dejar atrás la infamia. Se suponía que esos sí serían los Juegos de la Alegría (“Die Heiteren Spiele”), o al menos ese era su lema. No como aquellos otros celebrados en Berlín en 1936, a la sombra del Führer y la pretendida supremacía aria, de las esvásticas y la propaganda nazi.

Los intentos por mejorar su reputación y desmarcarse de un pasado que la señalaba como una nación belicista que propició la Segunda Guerra Mundial no dieron el resultado esperado. La tristeza ensombreció las Olimpiadas de 1972. Pasados 45 años, poco se habla de los muchos récords alcanzados allí, solapados por la sangre derramada, por el drama imborrable de los 11 atletas israelíes asesinados en pleno sueño olímpico.

Esa fiesta deportiva que pretendía disipar ante la opinión pública el recuerdo del Holocausto fue, paradójicamente, escenario de muerte debido a un ataque que marcaría la proliferación del terrorismo como fenómeno internacional. Los judíos volvían en suelo germano a ser víctimas.

La Masacre de Múnich representó, según la autobiografía del locutor deportivo de ABC que cubrió los hechos, Jim McKay, “el final de una edad de la inocencia para el deporte”. Fueron 21 horas de suspense que acabarían trágicamente y relegarían la XX edición de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna a las páginas de sucesos.

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Familiares de las víctimas de la masacre de Múnich llegan a la pista en el aeropuerto de Lod para el servicio conmemorativo. | Imagen vía: Wikicommons/Government Press Office (Israel)

Moneda de cambio

Todo empezó a las cuatro y media de la madrugada del 5 de septiembre de 1972, cuando cinco militantes del grupo terrorista Septiembre Negro, facción de la Organización para la Liberación de Palestina, liderada por Yaser Arafat, intentaron escalar la verja de escasos dos metros que protegía la villa olímpica.

Iban camuflados, vestidos con chándal, tal como cualquiera de los 7.134 deportistas de los 121 países participantes en la competición inaugurada el 26 de agosto. Parecían uno más, tanto así que atletas estadounidenses que habían pasado una noche de copas, al verles, les ayudaron a sortear el muro sin imaginar que poco después desenfundarían las armas que llevaban ocultas en sus bolsos tras entrar en el edificio donde se alojaba el equipo israelí.

Sin levantar sospechas, se juntaron con otros tres terroristas que ya se encontraban dentro. Dos de los veinte miembros de la delegación de Israel fueron asesinados sin contemplación: el levantador de pesas Joseph Romano y el coach de lucha Moshe Weinberg, cuya voz de alarma permitió que nueve de sus compatriotas pudieran huir, toda vez que intentara en vano defenderse de los intrusos con un simple cuchillo de los que se usan para picar frutas.

“Cuando me despertaron pensé que se trataba de una broma”, recuerda Shaul Ladany. Era el único atleta israelí que se encontraba en el dormitorio 2, junto a un par de expertos tiradores a quienes les estaba permitido guardar consigo sus armas y municiones. Cree que eso fue lo que hizo que los terroristas no entraran allí, sino que siguieran a la habitación siguiente, según reseña La Nación. Esa, al menos, es la teoría que maneja este sobreviviente del campo de concentración Bergen-Belsen para explicar cómo en Múnich logró salvarse por segunda vez.

Otros nueve israelíes no corrieron con la misma suerte; se convertirían en moneda de cambio. La exigencia para entregar a los secuestrados: la liberación de 230 palestinos presos en las cárceles de Israel y de 2 en Alemania. También pedirían un avión para poder escapar a salvo a Egipto.

La televisión fijaría en la memoria a un terrorista cuyo rostro estaba cubierto con un pasamontañas, asomado en un balcón, a la luz del mundo entero.

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Firmas del libro de condolencias en la embajada de Israel | Imagen: Wikicommos/Bert Verhoeff

Una cadena de errores

La imagen del terror desde esa década de los años setenta se multiplicaría. “Lo que pasó en Múnich fue el balazo que empezó el terrorismo internacional”, afirmaría años más tarde a La Vanguardia la esgrimista devenida en periodista después de la masacre, Anky Spitzer, viuda del entrenador de esgrima André Spitzer.

El ultimátum había sido dado bajo amenaza de hacer explotar sus granadas y ejecutar a todos los rehenes. “El gobierno israelí no negocia con terroristas”, había dicho la primera ministra de Israel, Golda Meir. La última palabra la tenía la dirigencia de la República Federal Alemana (RFA), que se negó a recibir colaboración por parte de los equipos antiterroristas israelíes.  

Tras negociaciones y prórrogas, las autoridades germanas accedieron a trasladar en helicóptero a los ocho secuestradores, junto a los nueve deportistas cautivos, a la base aérea militar de Fürstenfeldbruck, desde donde abordarían un avión supuestamente en dirección a El Cairo.

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Los secuestradores hicieron estallar el helicóptero aún rehenes | Imagen vía Getty Images

La villa olímpica se alejaría del foco. Y es que allí, además, poco se podía hacer, después de que los terroristas vieran por televisión las tomas de policías haciéndose pasar con su vestimenta como deportistas, pero con las armas al descubierto. Por supuesto, ese intento de rescate murió al nacer.

Entonces, planearon sorprender a los terroristas en la aeronave que les aguardaba con policías disfrazados como tripulación, aunque los uniformes estaban incompletos. La misión fue abortada por los propios agentes que desistieron a última hora y abandonaron la nave, dejando el plan de rescate ya sólo en las manos de cinco tiradores de precisión que no habían recibido ningún tipo de entrenamiento especial, cinco tan sólo para enfrentar a ocho. La que se avecinaba era una lucha desigual.

Cuando los fedayines se encontraron con un avión vacío, supieron de inmediato que estaban frente a una trampa. Se abrió el fuego. Alrededor de las 12:30 am del 6 de septiembre se escuchó el último de los disparos que dio término a una operación marcada por el fracaso y una sucesión de errores y omisiones. Todos los rehenes fallecieron y también un policía alemán. Cinco de los secuestradores fueron abatidos y los otros tres detenidos, aunque serían liberados el 29 de octubre al ser canjeados tras el secuestro de un avión de Lufthansa.

No podía ser de otro modo si se toma en cuenta que en esa noche sin luna los francotiradores no contaban con gafas de visión nocturna, lo cual hubiera marcado la diferencia, de acuerdo con una reconstrucción llevada a cabo días después por miembros de la Fiscalía de Baviera. Tampoco tenían chalecos antibalas ni radios bidireccionales.

No extraña, por tanto, que en 2002 Michael Hershman, un alto ejecutivo de la consultora de seguridad Decision Strategies, que ha participado en varias Olimpiadas, afirmara a Time: “A lo largo de los años, Múnich ha servido como un modelo de lo que no se debe hacer de ninguna manera”.

El jefe de la delegación israelí, Samuel Lankin, había manifestado su inconformidad sobre el lugar de alojamiento de sus compatriotas por ser vulnerable, al estar sólo protegido por una verja fácil de romper o saltar. “No olvidaré cómo no escucharon mi voz”, se lamenta ya nonagenario al periódico Yediot Ajronot.

Su advertencia no fue atendida, como tampoco la que hiciera un agente de seguridad de Israel ante las autoridades policiales alemanas y el Comité Olímpico Internacional (COI).

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Homenaje a atletas israelíes asesinados en 1972 durante los JJOO de Londres 2012 | Imagen vía: Wikicommons

La persistencia de la memoria

El mismo 6 de septiembre, la fúnebre sinfonía “Heroica” de Beethoven fue entonada por la Orquesta Filarmónica de Múnich en un tributo realizado en memoria de las víctimas en el estadio olímpico.

Aquello de que el show debe continuar se impuso. Las Olimpiadas siguieron su marcha al día siguiente. La petición de Israel de suspender su curso fue desestimada alegando que significaría la rendición frente al terror. No hubo tiempo de llorar a los muertos.

En 2012 se conocería, gracias a unos 45 documentos desclasificados del Archivo Oficial israelí, que el gobierno alemán estaba renuente a interrumpir la realización de los Juegos debido, entre otras razones, a que los canales de televisión no contaban con una programación alternativa. “Total, eran 11 atletas más después del Holocausto. ¿A quién le importaba eso?”, señalaría Ilana Romano, viuda de Joseph Romano, en Yediot Ajronot.

Y allí estaban, aún tibia la sangre derramada, 80.000 espectadores vitoreando a sus equipos como si nada en el partido de fútbol entre la RFA y Hungría. Tan sólo una pancarta alzaba: “17 muertos, ¿ya olvidados?”. Esta fue desalojada sin más por los agentes de seguridad. No había cabida para cuestionamientos, como si de un plumazo pudiera pasarse de la tristeza a la pretendida alegría.

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Ankie Spitzer, viuda del entrenador de esgrima Andre Spitzer da un discurso durante un servicio conmemorativo en la base aérea de Fuerstenfeldbruck en 2012. | Imagen vía: REUTERS/Michael Dalder

Desde Montreal 1976, cada cuatro años los familiares de los 11 israelíes que perecieron en la masacre pidieron que se les rindiera algún reconocimiento en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos, pero su solicitud fue ignorada. Las 103.000 firmas que recogieron para un tributo en Londres 2012 tampoco sirvieron, bajo el alegato del temor a un boicot de las 21 delegaciones árabes, según se lee en The Guardian.

Finalmente, el 3 de agosto de 2016, en Río de Janeiro, fue inaugurada la Plaza del Duelo en la villa deportiva, en recuerdo de todos los deportistas fallecidos en los Juegos por diversas causas. Así, en los pasados Juegos se accedió a guardar un minuto de silencio en la ceremonia encabezada por el presidente del COI, Thomas Bach. “Es lo que queríamos porque eran miembros de la familia olímpica”, afirmaría Anky Spitzer.

También, a partir del 6 de septiembre de este año, un monumento en homenaje a las víctimas descansará en el parque olímpico donde estos perdieron la vida.

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Ankie Spitzer, la viuda del entrenador de esgrima Andre Spitzer, en la Villa Olímpica en 1972. | Imagen vía Associated Press

Guerra avisada…

Los sólo 2 millones de dólares gastados en seguridad en Múnich 1972 mucho costaron. También el haber hecho caso omiso al psicólogo de la policía germana Georg Sieber, que puso en el tablero los peores escenarios posibles como modo de preparar la protección de cara a los Juegos, informó la revista Time en 2002.

Sieber había esbozado 26 situaciones y, curiosamente, la número 21 calzaría con lo ocurrido: a las 5 de la mañana, unos doce palestinos armados y resueltos a no rendirse escalarían la verja de 2 metros de la villa olímpica, entrarían mediante una explosión en el edificio donde se alojaba la delegación israelí, matarían a uno o dos rehenes y pedirían la liberación de prisioneros en las cárceles de Israel y un avión para volar a alguna capital árabe.

Archivos confidenciales difundidos por Der Spiegel en 2012 daban cuenta cómo las autoridades alemanas desestimaron las advertencias sobre un inminente ataque e intentaron encubrir el error tras error en la gestión que acabó en la masacre.

El 18 de agosto de 1972, el Ministerio de Exteriores de la RFA, gracias a una información proveniente de Beirut, envió un alerta a la agencia de inteligencia bávara sobre la preparación de una acción por parte de palestinos durante las Olimpiadas, recomendando tomar todas las medidas de seguridad posibles.

Más explícita aún fue la publicación italiana Gente, que el 2 de septiembre escribía que terroristas de Septiembre Negro planeaban un “sensacional acto durante los Juegos”, advertencia que sólo fue registrada por la policía criminal de Hamburgo dos días después de la tragedia que podía haber sido evitada.

Los años han despejado también otro tipo de detalles: los tratos crueles recibidos por las víctimas, que fueron abordados en el documental Múnich 1972 y más allá. Incluían golpizas que causaron fracturas de huesos y hasta castración, a la que fue sometido Joseph Romano. Al cumplirse veinte años de la masacre, los familiares de los fallecidos tuvieron acceso a crudas fotografías que no han mostrado públicamente, así como tampoco lo hizo The New York Times al constatarlas.

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Banderas olímpicas e israelíes en 2002 cerca de una placa en honor a los miembros del equipo olímpico israelí asesinados en 1972. | Imagen vía: Enric Marti / Associated Press

La Ira de Dios

La ligereza con la que fueron recibidas por parte de la RFA las advertencias sobre un posible atentado contrastaría con la vehemencia de la represalia ejecutada por el gobierno de Israel, que persiguió a muerte a todos los involucrados de algún modo en la masacre. “Hay que buscar a los terroristas estén donde estén y convertirles de perseguidores en perseguidos”, había sentenciado Golda Meir.

La operación Ira de Dios, encomendada al Mossad (servicio secreto israelí), se desplegó en Europa, el Norte de África y Oriente Medio. Culminó con más de una docena de militantes de Septiembre Negro y de la OLP eliminados, así como un camarero marroquí muerto por error en Noruega.

En las misiones participaría un joven Ehud Barak, que en 1999 se convertiría en primer ministro de Israel, disfrazado de mujer, episodio que recrearía Steven Spielberg en su película Múnich, de 2005.

Ni las marcas batidas como las siete medallas de oro del nadador estadounidense Mark Spitz, sólo superado décadas después por “el Tiburón de Baltimore” Michael Phelps, ni Waldi, la primera mascota en la historia olímpica, signarían los Juegos de Múnich 1972.

Otro perro salchicha, este de juguete, que uno de los deportistas israelíes asesinados guardaba para regalar a su bebé recién nacida y que fue hallado junto a la sangre y los agujeros de bala en la villa olímpica, pasaría a las manos del Museo de Tel Aviv en memoria de una pesadilla que aún pasados 45 años es imposible de olvidar.

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