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Las páginas del crimen que Truman Capote omitió en “A Sangre Fría”

Rohmy Cubas

Foto: Wikipedia
Wikimedia Commons

“Es penoso para mí y penoso para ellos. Cuando hay en juego asesinatos, no se pueden tener muchas consideraciones con el dolor personal.

Ni con la intimidad. Ni con los sentimientos personales. Hay que hacer preguntas. Y algunas hieren profundamente.”

A sangre fría.

Hasta la mañana del 15 de noviembre de 1959 el pueblo de Holcomb, Kansas-Estados Unidos, era solo un anexo en el mapa. Con una población de 270 habitantes abstraídos en los clichés de los pequeños pueblos americanos, entre casas de madera plantadas en un desierto de cielo azul intenso sumidas en lo ordinario de la rutina, Holcomb llegó a los titulares de los periódicos por todas las razones equivocadas: el asesinato de Herbert William Clutter, su esposa Bonnie Clutter  y dos de sus cuatro hijos – Nancy y Kenyon Clutter-. Los responsables de sus muertes, Perry Smith y Richard Hickock, serían inmortalizados seis años más tarde por un intrépido y extravagante escritor llamado Truman Capote.

En 1966 la publicación de A Sangre Fría, una crónica de no ficción novelada sobre “la masacre de Holcomb”, se presentó como una serie de entrevistas, investigaciones, testimonios y artículos ensamblados en una especie de novela testimonial en donde Capote demostró con destreza sus capacidades narrativas. Gracias a estas páginas, el escritor se convirtió en el ejemplo más citado para entender la corriente denominada como nuevo periodismo; la unificación entre literatura e investigación periodística para contar historias reales desde una perspectiva mucho más sucinta y perceptiva, no por ello menos real o “periodística”.

Las páginas del crimen que Truman Capote omitió en “A Sangre Fría” 1
Libro “A Sangre Fría” – Editorial Anagrama

Desde su circulación han surgido varias contradicciones que alegan constantes impuntualidades, omisiones y fabricaciones en el resultado final del texto de Capote, pero tal vez la más relevante hasta ahora la dio a conocer el periodista del diario estadounidense The Wall Street Journal (WSJ), Kevin Helliker, en un artículo para el rotativo en donde asegura que A Sangre Fría no es la única versión escrita de la masacre. Richard Dick Hickock, uno de los autores de la matanza y primordial fuente de información durante las visitas a la cárcel que hizo Truman Capote para su investigación, también escribió un manuscrito relatando las ejecuciones de la familia Clutter.

Capote se desentendió ante los medios y editoriales en aquél entonces e ignoró la existencia de estas 200 páginas escritas por Hickock desde la cárcel. El WSJ asegura que este texto estuvo culminado mucho antes que la novela de Capote, y que existe correspondencia que evidencia su conocimiento sobre el manuscrito del convicto. Aunque no se dejan claros los motivos particulares de la elaboración de este libro, de haber encontrado alguna casa editorial que lo publicara hubiera representado un competidor de ventas nada despreciable para A Sangre Fría.

La principal diferencia entre ambos relatos, apartando la naturalidad idónea de Capote para convertir cualquier historia de su interés en un relato literario y periodístico a la vez, consiste en que en su versión Hickock infiere que el asesinato fue un encargo de un tercer hombre que les prometió a él y a su cómplice 5.000 dólares por ejecutar al señor Clutter, a quien Capote describe como “el más destacado ciudadano de la comunidad, el hombre más eminente no solo en Holcomb, sino de toda Garden City”.

Hickock delata esta presencia cuando escribe frases como: “Iba a matar a una persona, tal vez a más de una ¿Lo podría hacer? Tal vez, tal vez me acobarde, pero no me puedo acobardar, ya he tomado el dinero, he gastado parte de él, además, pienso, sé demasiado”. Más adelante menciona la recompensa cuando resalta: “Nos estábamos quedando cortos de tiempo, eran casi las dos y nuestra reunión con Roberts era en una hora, no nos convenía perdérnosla. Cinco mil dólares es mucha plata”.

No obstante,  aunque el incentivo del dinero se mantiene, en A Sangre Fría los detalles del crimen no incluyen ningún asesinato por encargo, más bien se describe la avaricia de dos hombres desesperados por robar una caja fuerte con 10.000 dólares que nunca habían visto con sus propios ojos, y cuya prueba de existencia residía en segundas y terceras lenguas.

Además de Capote, la única persona que sabría de la existencia del manuscrito y que lo habría mantenido bajo su protección todo este tiempo fue un periodista de la zona llamado Mack Nations, quien contactó en 1961 con los dos condenados mientras trabajaba en un reportaje sobre el corredor de la muerte para el The Wichita Eagle. Su correspondencia con Hickock fue bloqueada por una prohibición de las autoridades penitenciarias de la cárcel, el contacto directo o indirecto con los presos fue restringido pero no antes de que Hickock y Nations hicieran un acuerdo meramente verbal en el cual el asesino escribiría su historia y se la enviaría al periodista por correo, quien lo transformaría en un manuscrito literario para venderlo a alguna casa editorial. La prisión de Kansas impuso la nueva prohibición pocos meses después de que comenzara la correspondencia oficial del libro, la razón nunca se supo, pero Capote sí logró mediante un poderoso abogado conseguir una excepción a la regla de “contacto” con los presos.

En 1962, Nations mandó a las autoridades de Kansas una copia de dicho manuscrito –que logró llegar a sus manos a pesar de la prohibición- y este cayó en posesión de Robert Hoffman, un abogado del Estado involucrado en el caso de los condenados. Al morir dejó el manuscrito a su hijo, Kurk Huffman. Esta es la versión examinada por el Journal, quienes también relatan que Capote quiso comprar el manuscrito pero Nations se negó.

El artículo de Helliker relata toda una tramoya literaria en donde el manuscrito de Hickock permanece de incógnito ya que nunca consiguió una casa editorial que lo publicara, Random House devolvió el texto con la aclaración de que ya tenían un contrato con Capote. A Sangre Fría permaneció por 35 semanas en la lista de éxitos del New York Times. Para entonces un viejo caso de evasión fiscal puso fin a la carrera de Nations en el diario The Wichita Eagle. En 1968, a dos años del éxito de A sangre fría, este falleció en un accidente de coche. Su copia del libro de Hickock desapareció y encontró de nuevo su camino. Llevaba el título de Autopista al infierno.

El hijo de Nations no cree en coincidencias y recela de los cargos federales contra su padre, que aparecen pocas semanas después de que los oficiales recibieran una copia del manuscrito.

La versión de un asesino

Las páginas del crimen que Truman Capote omitió en “A Sangre Fría”
Manuscrito de Richard Hickock detallando los asesinatos de la familia Clutter FOTO: F. MARTIN RAMIN/THE WALL STREET JOURNAL

El WSJ aclara que esta “versión” de los hechos no entiende de redenciones ni arrepentimientos, no es una larga carta de disculpa, una justificación, ni muchos menos una aclaratoria, es más bien la descripción detallada de como Hickock y Perry Smith estacionaron su Chevy Sedan en la entrada de la granja de la familia Clutter e irrumpieron en ella para llevarse un botín que nunca encontraron. Según Hickock, lo único que le pesó en aquél entonces fue que su compañero se encargó personalmente de todas las matanzas, dejándolo con un sabor de impaciencia en la garganta. Inclusive detalla como iluminaba la cabeza de cada uno de los Clutter con su linterna para que Smith les pegara el tiro de gracia. “Me habría gustado ver al embalsamador rellenando esos agujeros”, escribe.

Y aunque este nuevo manuscrito no desacreditaría la versión de Capote por completo, de ser cierto, cosa que se pone en duda debido al historial incriminatorio y mitómano de Hickock, si hubiera incomodado por lo menos al Kansas Bureau of Investigation, cuya labor en el caso de Holcomb es descrita en A Sangre Fría en un retrato heroico y memorable. Al parecer el asesino no los ensalza con tanto entusiasmo como el escritor.

Según uno de los hijos de Nations, Capote contó la historia que las autoridades querían que se contara, y hay evidencia documentada de la Sociedad Histórica de Kansas en Topeca y la Universidad Pública de New York que prueban que el Bureau intentó frustrar la publicación del texto de Hickock.

A Sangre Fría

Faltando media hora para la medianoche del sábado 14 de noviembre de 1959 Perry Smith y Dick Hickock entraron a la casa de los Clutter. Después de inmovilizar a los cuatro miembros de la familia presentes registraron todo el inmueble buscando una caja fuerte que según información recibida por Hickock en la cárcel contenía diez mil dólares. Nunca encontraron la caja y se robaron algunos bienes cuyo valor no pasaba de los 40 dólares, pero antes de esto asesinaron a los Clutter uno por uno y huyeron de Kansas hacia México. Al día siguiente dos conocidas de Nancy Clutter, alarmadas por la ausencia de su familia en los servicios de la Iglesia fueron a buscarla y se encontraron con la familia muerta.

Hichcock y Smith fueron capturados el 30 de diciembre de 1959 y condenados por pena de muerte a la horca. Fueron ejecutados en la Prisión de Langsing (Kansas) el 14 de abril de 1965.

Si este nuevo manuscrito es o no verídico, su efecto en la historia de Capote bien podría ser nulo. Aunque su lectura no es desestimada será con mucha dificultad un reflejo de aquella envidiable narrativa que en 1966 hizo de Truman Stekfus Persons, quien adoptó el Capote de su padrastro de origen cubano, el precursor del “nuevo periodismo”. No obstante, la lectura de un clásico suele ser expansiva, y A Sangre Fría no es solo una novela reconocida mundialmente por decenas de culturas e idiomas, es un relato en donde el escritor hace de un crimen en un pequeño pueblo de Estados Unidos una semblanza de árboles y desiertos que todo tienen que ver con el crimen aunque no lo parezca. Es la humanización de una noche y sus consecuencias, la recreación minuciosa de un crimen americano.

 

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A propósito del Trappist-1: La colonización de Marte, crónica de Ray Bradbury

Rohmy Cubas

“- ¿Alguna vez te preguntas si existe gente viviendo en el tercer planeta?

–El tercer planeta es incapaz de mantener vida –sostuvo el esposo pacientemente- Nuestros científicos mantienen que hay demasiado oxígeno en su atmósfera.”

Ray Bradbury

En la ficción y los relatos Marte es el candidato constante para hospedar formas de vida externas a la Tierra, desde que la National Aeronautics and Space Administration (NASA) se aplica pacientemente a entender el universo en su más amplio espectro, los ocho nombres que nos aprendimos de memoria en el colegio –Plutón, Neptuno, Saturno, Urano, Marte, Júpiter, Mercurio, Venus- han prosperado en un compendio de 1.030 planetas extrasolares, a los que hay que añadir otros 4.696 planetas candidatos en diferentes sistemas solares.

El pasado 22 de febrero la lista creció cuando la NASA reveló que a 40 años luz -en la constelación de Acuario- hay un sistema solar con siete planetas que giran en torno a una estrella conocida como enana roja; todos destacan por tener un tamaño equivalente al de la Tierra, pero hay tres planetas con más probabilidades de disponer de agua líquida y océanos que el resto, colocándolos en la categoría de habitables. Y aunque los científicos afirman que harían falta unos 400 años para llegar al Trappist-1 con la tecnología actual –así llamaron al nuevo sistema- también sostienen que dentro de una década podrían confirmar la presencia de vida externa a la Tierra.

A propósito del Trappist-1: La colonización de Marte, crónica de Ray Bradbury 4
Foto: NASA/JPL-Caltech

Imaginar y dilucidar sobre la existencia de algo más que gravedad y estrellas fuera de las fronteras terrestres ha sido la base para cientos de historias utópicas y caprichosas en donde extraterrestres, conflictos bélicos, poderes sobrenaturales y una tecnología con bastantes años de ventaja se juntan para dibujar qué pasaría si pudiéramos viajar a otros planetas, una tesis cada día menos incierta. Cuando en 1950 el escritor estadounidense Ray Bradbury publicó las Crónicas Marcianas hizo un repaso bastante acertado, aunque no definitivo, de cómo sería la colonización del espacio en un escenario en donde Marte es el punto de fuga elegido para una migración masiva.

Bradbury, también conocido por ser el autor de Farenheit 451, recolectó en 25 relatos que narran desde enero de 1999 hasta octubre de 2026 una ficción en donde gracias a una guerra nuclear y a la inminente extinción de la humanidad se emprenden una serie de expediciones al “planeta rojo” para tantear el terreno. El astronauta al mando de la expedición es asesinado por un marciano, al no tener noticias de este una segunda expedición se presenta en una cadena que concluye cuando finalmente Marte es colonizado por una civilización que resbala en los mismos errores, prejuicios y censuras una y otra vez, advirtiendo que la naturaleza humana se repite en círculos sin mirar hacia abajo para atarse los zapatos.

Los hombres de la Tierra

A propósito del último descubrimiento de la NASA, los posibles escenarios de las Crónicas de Bradbury sugieren el desenlace de una futura expansión de la raza humana mientras esta baila al ritmo de carritos de perro-caliente, manicomios, pueblos en llamas, enfermedades endémicas y muertes impuestas.

A propósito del Trappist-1: La colonización de Marte, crónica de Ray Bradbury 2
“The Martian Chronicles”, ilustración de Whelan Michael

“Me imagino que no podría usted…-sugirió el capitán-,  quiero decir, en fin, no podría intentar reflexionar…-Titubeó.- Hemos trabajado mucho, hemos hecho un largo viaje y quizá pudiera usted estrecharnos la mano al menos, y darnos la enhorabuena- añadió con voz apagada-. ¿No le parece?” (Bradbury).

Bradbury plantea la colonización de un planeta, más no un descubrimiento excepcional. En un primer posible escenario los humanos no sobreviven ante la especie primigenia por ser incapaces de entender las diferencias entre sus realidades. Esa creencia científica y moral que se dispone a adueñarse de un lugar autoproclamando nombres es resistida, los mismos extraterrestres les revelan que todo lo que existe en Marte ya está nombrado y definido. Es así como las intenciones de imponer los conocimientos humanos son rechazadas como si fueran “cosas usadas”.

“Si usted me pregunta si creo en el espíritu de las cosas usadas, le diré que sí. Ahí están todas esas cosas que sirvieron algún día para algo. Nunca podremos utilizarlas sin sentirnos incómodos. Y esas montañas, por ejemplo, tienen nombres… Nunca nos serán familiares; las bautizaremos de nuevo, pero sus verdaderos nombres son los antiguos. Por mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos. Y nos pondremos furiosos, ¿y sabe usted qué haremos entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos a nuestra imagen y semejanza” (Crónicas Marcianas)

En el siguiente escenario, la imposibilidad de comprenderse mutuamente recae en la excusa de la locura. Durante la segunda expedición Bradbury narra el viaje de cuatro humanos que son encerrados en un manicomio por contar una inverosímil historia sobre cómo llegaron a Marte en una nave desde la Tierra. Los hombres que esperan ser recibidos con medallas y desfiles son recluidos en un lugar en donde todos alucinan con sus cinco sentidos, algunos inclusive pueden proyectar sus desvaríos al plano físico, por ende su historia es tomada como un trastorno mental más.

Así continúan las escenas, en un formato de acción-consecuencia. Los viajeros se encuentran con un típico pueblo americano, igual a los que dejaron bajo escombros en la Tierra; sin embargo, cuando sus amigos y familiares ya fallecidos aparecen de nuevo en aquél mundo por ilusión o secuelas del aire, se plantea el dilema de si es posible que las civilizaciones de dos planetas marchen y evolucionen de la misma manera. En un relato parecido, Bradbury juega con la nostalgia y el lado confuso de los recuerdos cuando una pareja de ancianos que se mudan a Marte buscando olvidar la muerte de su hijo, Tom, se encuentra con un marciano con la habilidad de transformarse en su hijo fallecido, como si los fantasmas de los fallecidos desfiguraran el cuerpo del desconocido.

A propósito del Trappist-1: La colonización de Marte, crónica de Ray Bradbury 5
Pintura por Les Edwards, 2009

Contagio extraterrestre

Ya ha pasado antes, un grupo de hombres llega a una isla, izan una bandera y gritan un nombre, se imponen a sus habitantes contagiándolos con enfermedades desconocidas y superponen las huellas de sus pies descalzos por las de los zapatos. Bradbury formula el exterminio de la vida en Marte mediante una epidemia que se riega como peste negra por el planeta. La varicela se convierte en la “bandera” que clavan los humanos en el planeta rojo.

Por otra parte, se presenta el escenario de dos realidades paralelas conviviendo al mismo tiempo, dos pares de ojos que observan paisajes distintos con un reloj de arena que corre a una velocidad uniforme. Mientras los marcianos ven un pueblo radiante y festivo, el hombre solo percibe un lugar en ruinas inundado por cuerpos sin vida. Y en uno de los retratos más acertados de la raza humana, Bradbury revive el tabú del racismo cuando relata cómo los “negros” emigran a Marte desafiando a sus “patrones”, quienes intentan detenerlos ante la posibilidad de quedarse sin esclavos.

Un hombre solo en Marte

Bradburry también ridiculiza al máximo la persistencia de los ritos y costumbres mercantilistas. Un hombre abre en Marte el primer puesto de salchichas con la esperanza de que al llegar diez mil cohetes que huyen de la Tierra este sea el único negocio del lugar, pero mientras espera a millones de kilómetros y luces de distancia el gran lanzamiento la guerra en la Tierra comienza, hundiendo una estela de ambición y codicia reincidente y familiar.

Las posibilidades son infinitas y Bradburry las describe guiándose por una sola referencia: el comportamiento humano, que 67 años más tarde mantiene una distancia meramente temporal con la generación del escritor. Crónicas Marcianas es una crítica diligente y lúgubre del género humano, de sus defectos, sus vicios y sus errores. Es la sátira de un planeta entero, de encuentros del tercer tipo con “los vecinos” en donde la civilización marciana desaparece para ser sustituida a medias por la terrestre, que en pocos años se consume a sí misma como lo hizo en la Tierra. Las posibilidades transitan entre la soledad del humano en otro planeta, la nostalgia por regresar a casa, la imposibilidad de convivir con otras especies, la intolerancia, el racismo, las guerras y todas esas realidades que coexisten diariamente sin necesidad de salir de la atmósfera terrestre.

La pregunta queda en el aire, luego de 25 relatos y cuatro expediciones, cuando todos desaparecen ¿quién se queda con la credencial de “marciano”, ellos o nosotros?

Qué ver y leer en tiempos de turbulencia política

Nerea Dolara

1984 es un best seller. ¿Qué otros productos culturales exploran distopias totalitarias, sociedades agresivas y gobernantes despóticos?

Desde hace unas semanas ronda la noticia de que el clásico de George Orwell, 1984, se ha convertido en un sorpresivo best seller tardío (bastante tardío, la novela se publicó en 1949). La explicación está a la vista. Tras el Brexit, las elecciones en Estados Unidos y un panorama no muy esperanzador en Europa, los lectores buscan respuestas y la distopia totalitaria de Orwell podría ofrecer algunas.

Claro que no todo es como en el mundo del Gran Hermano (sí, el nombre del reality show tiene su origen en este libro) pero en situaciones inestables y con promesas de líderes menos que democráticos la cultura siempre puede servir para pintar un panorama, para experimentar lo malo sin vivirlo del todo, para hacer catarsis. 1984 no es el único producto cultural que explora un gobierno totalitario y una sociedad reprimida y sin libertades. Ejemplos hay muchos. Y si se habla de explorar ficción para descubrir los males de los que las sociedades y sus gobiernos son capaces, pues las opciones son varias.

Los hijos del hombre (2006)

Esta película, dirigida por Alfonso Cuarón, bien podría calificarse de premonitoria. Puede que los eventos de la trama –la infertilidad de las mujeres, las guerras entre países y el uso de armas químicas– no sean reales, pero el trato a refugiados e inmigrantes, así como el control de los gobiernos a sus ciudadanos con la excusa de la seguridad son tristemente sólo un poco peores que en 2016. Una película devastadora, pero que vale la pena.

El cuento de la criada (1985)

Esta novela de Margaret Atwood, que esta semana se convirtió en la más vendida en Amazon, relata la historia de un mundo en que – tras desastres nucleares y varias guerras (¿ven un patrón?) – la natalidad se reduce y una secta conservadora toma el poder de Estados Unidos y lo convierte en la medieval República de Gilead. La protagonista es apresada y destinada a ser una de las criadas cuyo propósito es servir de útero disponible a los hombres con poder. Sutil, opresivo y angustiante, este libro será llevado a serie de televisión este año con Elisabeth Moss como protagonista.

Idiocracy (2006)

No todo tienen que ser historias de sufrimiento. El futuro puede ser oscuro, pero se puede mirar con una perspectiva de humor, aunque sea negro. Eso es lo que hace esta película, convertida en clásico de culto tras un estreno de poco éxito. Un hombre mediocre, por decir lo menos, es preservado por error durante siglos, cuando despierta el mundo se ha convertido en el reino de los idiotas. Una sociedad ignorante, corporativizada, obsesionada con el espectáculo y, sí, despótica, es lo que se encuentra. Y él termina por convertirse, por descarte, en el héroe que tal vez puede salvarlos a todos.

V for Vendetta (2005)

De nuevo los temas recurrentes de armas químicas, guerras y el miedo como arma de control. De nuevo un gobierno controlador y despótico, muy similar al de 1984. En este caso, sin embargo, el protagonista es un superviviente con sed de venganza, que promete destruir todo el aparato represivo en un año.

Black Mirror (2011-)

Esta serie británica explora, con especificidad, los posibles lúgubres futuros de las sociedades tecnológicas y coorporativizadas. Cada episodio es una historia que se cierra y -el que haya visto alguna entrega lo sabe- cada historia produce escalofríos. Una inteligente mirada crítica a una sociedad cada vez más distanciada y solitaria.

Farenheit 451 (1953)

Esta novela de Ray Bradbury retrata un Estados Unidos en que la quema de libros es ley, como una forma de control del conocimiento y, por ende, de control social. Bradbury escribió el libro durante la era de McCarthy, el congresista americano que encabezó una cacería de brujas contra los comunistas en su país que llevaría a detenciones y listas negras. François Truffaut dirigió una versión cinematográfica en 1966.

El fugitivo (1985)

Esta novela de Stephen King – la versión cinematográfica tiene a Arnold Schwarzenegger como protagonista – relata la historia de Ben Richards, concursante en un reality show en que los participantes viajan por el mundo y son cazados por otros hombres. En este mundo Estados Unidos es un régimen totalitario, la economía está en caos y el mundo es cada vez más violento. Una versión más reciente de una idea similar es la popular saga de literatura juvenil, Los juegos del hambre.

Foto cover: Jason via Flickr.

Clima Ficción: La literatura del Antropoceno

Beatriz García

Rascacielos sumergidos, huracanes azotando ciudades, plagas y extinciones masivas, mutaciones genéticas y bandadas de aves que queriendo llegar a África aterrizan en nuestros balcones. Niebla tóxica. Marte como el próximo planeta que convertir en vertedero…  Desde los años setenta, la ciencia ficción ha sido el agorero oráculo de los desastres ecológicos del planeta. Así surgió la novela de clima ficción o ‘cli-fi’, un género centrado en el cambio climático y sus efectos futuros que se ha popularizado en los últimos años y apunta a ser la literatura del Antropoceno. A saber: la era en la que el hombre ha pasado de inquilino del planeta a su verdugo.

No todo es esperar al Apocalipsis. Incluso en la más oscura de las distopías ambientales hay una oportunidad para el cambio a una nueva y urgente conciencia ecológica. Así lo creen escritores del género como Kim Stanley Robinson, quien en numerosas entrevistas ha defendido el poder de la ciencia ficción no sólo para desarrollar futuros posibles, sino como crítica metáfora de un presente que nos negamos a ver llevando la mirada a las estrellas. En una de sus obras más premiadas,  la Trilogía marciana (1992-1996), de la que este año se estrena adaptación televisiva, narra la colonización durante 35 años del planeta rojo por parte de un grupo de humanos, los Primeros Cien, y las disputas entre quienes quieren modificar las condiciones de vida en Marte para que se parezca a la Tierra –calentamiento global incluido- y quienes luchan para protegerlo. La ilusión de pretender reparar los problemas del mundo explorando el espacio es un tema que orbita en esta trilogía y en otras novelas, como ‘2312’ (2013) y ‘Aurora’ (2015), donde pasajeros de una nave que viaja a otro sistema solar llevan la devastación con ellos.

Trilogia-Marciana-Robinson

Las novelas de clima ficción crean puentes entre la ciencia y la cultura, exploran nuevas soluciones e inspiran a la acción

Considerado un novelista político, Robinson, que visitará Barcelona a finales de marzo para participar en Kosmopolis’17, aborda también cuestiones relativas al poder de las corporaciones, la necesidad de una ética social y la amenaza del capitalismo neoliberal. Coincidencia o no, su último libro, ‘New York 2040’, llega a las librerías norteamericanas este marzo, tres meses después de que el ahora presidente Trump convirtiera el cambio climático en leyenda urbana y a Estados Unidos en la protagonista de otra terrorífica anti-utopía.

En 'cuchillo de agua' el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.
En ‘cuchillo de agua’ el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

La fuerza de la narrativa de clima ficción no reside sólo en sus aspectos críticos, sino que además crea puentes entre la ciencia y la cultura, acercándonos a complejas teorías científicas a la vez que explora posibles soluciones e inspira a la acción comunitaria, como asegura la bióloga y escritora Barbara Kingsolve, autora de la novela ‘Conducta Migratoria’ (2014). Prueba de ello es que en años recientes se ha empezado a introducir este tipo de literatura en las escuelas; aunque haya voces críticas que acusen al género de despojar de realismo y gravedad el problema del calentamiento global.

La autores de cli-fi emplean datos científicos para recrear un futuro que es suma de presentes y acciones humanas

“Las personas necesitan estas historias porque la oscuridad con voces en su interior es mejor que un vacío silencioso”, escribía Margaret Atwood en ‘MaddAddam’ (2013), novela que forma parte de una trilogía junto a ‘El año del diluvio’ (2009) y ‘Oryx y Crake’ (2003),  y en la que describe un futuro post-apocalíptico gobernado por grandes corporaciones donde la modificación genética es algo común. Fue la escritora y activista canadiense quien en 2012 popularizó en Twitter el término ‘clima ficción’, que había inventado unos años antes el activista Dan Bloom.

Los autores de cli-fi no profetizan, o al menos no al estilo de Nostradamus; emplean datos científicos para dibujar un futuro que es suma de presentes, acciones humanas y avances que hoy en día parecen tan de ciencia ficción como las novelas donde figuran. En sus libros encontraremos niños que nacen sin necesidad de vientre materno, máquinas que controlan el clima, ascensores que levitan, ciudades sumergidas y barrios de ricos en Marte, pero, sobre todo, una advertencia para quien esté dispuesto a leerlos. Nosotros te recomendamos tres:

Libros-Climate-Fiction-Cli-Fi

1. La sequía (1965)

Una de las novelas más extrañas e inspiradas de J.G Ballard que presenta un mundo donde ya no llueve a causa de la contaminación y se producen grandes migraciones de gente en busca de agua. ‘La sequía’ conforma junto a ‘El viento de la nada’, ‘El mundo sumergido’ y ‘El mundo de cristal’ una casi tetralogía que aborda catástrofes relacionadas con los cuatro elementos.

2. Solar (2010)

Si escribir comedia es difícil, lograr un carcajada con un tema tan crudo como el cambio climático es una proeza literaria. Y el novelista británico Ian McEwan lo consigue narrando las vicisitudes de un Nobel de la Física cínico, mujeriego y bebedor, que cree haber descubierto la solución al calentamiento global.

 3. Cuchillo de agua (2016)

¿Qué ocurriría si el río Colorado se secase? El escritor Paolo Bacigalupi, que ya había despuntado con la publicación de otra novela de clima ficción, La chica mecánica, dibuja un futuro no muy lejano donde los cárteles buscan acuíferos y el sur de los Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

Ana Laya

Following a Mediterranean diet could help reduce the risk of contracting one of the worst types of breast cancer by 40%, according to a large study for the World Cancer Research Fund.

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