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Las Turroneras, inspiración en Cádiz y arte flamenco en Madrid

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier
The Objective

Bailan de lunes a sábado. Durante la semana, en las tardes, ya que en las mañanas deben ir al cole. Sus edades colindan entre los 10 y 12 años. Son pequeñas, pero grandes flamencas.

“Tenemos admiradores por todos lados”, suelta, entre tímidas risas, Paola Santiago de 10, mientras ve un comentario en Instagram sobre una de sus últimas presentaciones en el famoso tablao andaluz La Perla de Cádiz. Acaban de terminar una clase en el Instituto Flamenco La Truco (Parla) y comparten un rato antes de volver a casa.

El nombre flamenco de Paola es ‘La Polaca’. Se debe a sus cabellos rubios y forma parte, junto a las otras tres niñas, del cuerpo de baile Las Turroneras. Las otras son Claudia ‘La Utrerana’ de 10 años; Candela Amigo, de 12 años e Itziar San Juan, mejor conocida como ‘La Pulga’, que cuenta 11.

Formaron el grupo hace dos años gracias a Eliezer Truco (La Truco), quien comenzó siendo inspiración para ellas y terminó convirtiéndose en su maestra.

Han participado en importantes festivales como el de Pasión por la Danza realizado en febrero en Alcalá de Henares en el que lograron el primer lugar. “Competimos con niñas de 16 años y quedamos las primeras”, dicen y se ríen a la vez, nuevamente con timidez y bajando las cabezas.

Además, han bailado en legendarios tablaos, no solo en La Perla de Cádiz sino también en Casa Patas. También se han presentado en la escuela de baile flamenco Amor de Dios. “Casa Patas es un tablao muy reconocido en Madrid. Lo más grande del flamenco”, explica La Pulga. Poco después añade: “Amor de Dios es el sitio por el que todos los flamencos han pasado”.

Todas compaginan los estudios y la danza con “mucha disciplina”. Coinciden en que hacen los deberes antes del baile pues, además de hacer flamenco, quieren dedicarse a otras carreras. La Polaca quiere estudiar turismo, mientras que La Utrerana todavía “no lo tiene claro”. En cambio, Candela -que es la mayor del grupo- ya lo sabe: “Quiero, además de ser ‘bailaora’, estudiar Medicina y ser científica en Oncología Infantil”.

En cambio, a La Pulga le gustan las Ciencias Políticas. Conocen con mucha seriedad, para tan corta edad, los ‘palos del flamencos’. Se mueven entre tangos, bulerías, fandangos y alegrías, al igual que lo hiciera cualquier niña en un parque pero ellas prefieren tomar un abanico, una bata de cola o un mantón. Para ellas el baile es “como un juego”.

Asimismo, no les intimida entrar al mundo del flamenco siendo madrileñas. Por el contrario, se sienten orgullosas de ello. Aseguran que no hay fronteras, ni raza, ni nacionalidad para ese arte andaluz y que tampoco es solo es “cosa de gitanos”. “Puede bailar el que sea”, señala La Utrerana. “Todo aquel que no se rinda”, concluye, por su parte, La Polaca.

Estas niñas han recibido a The Objective para compartir qué las apasiona y cómo se puede tener tanto arte a tan corta edad.

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Miguel Poveda emociona en el Coliseum con su canto a la libertad

Lidia Ramírez

Foto: Lidia Ramirez
The Objective

Con un impoluto traje negro y camisa blanca con zapatos de brillantes lentejuelas, preludio de lo que iba a convertirse en una noche mágica, el cantaor Miguel Poveda subía al escenario entre aplausos y gritos de “libertad”. No se trataba de un concierto cualquiera. Era un canto a la diversidad, a la paz, al amor en defensa del colectivo LGTBI. Un grito desgarrado, de esos que tocan el alma y acarician el corazón, por el libre albedrío. La noche del jueves, el Teatro Coliseum de Madrid, se convirtió en un lugar para la reivindicación con el ‘quejío’ más profundo de Miguel Poveda que reunió a decenas de personas para “celebrar la fiesta de la libertad”, porque como manifestó nada más pisar el escenario “aún hay mucha intolerancia y personas que necesitan ser reeducadas”.

Y entre un juego de luces y acompañado por el reconocido instrumentista Álvaro Gandul al piano de cola, con ‘Para la libertad’ comenzaba el catalán más andaluz uno de sus conciertos más esperados del año enmarcado dentro del I Festival de Flamenco LGTB. Una actuación, que como ya nos adelantó el artista en una entrevista, es un anticipo a un nuevo disco que verá la luz el año que viene cuando cumple 30 años sobre los escenarios.

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Miguel Poveda junto a Álvaro Gandul al piano de cola. | Foto: Lidia Ramírez / The Objective

Con su bonita y elegante voz, el peso específico del concierto recayó sobre una parte más flamenca y otra con poesía y copla. Y entre canción y canción y cante a la libertad sexual, también hubo lugar para la reivindicación y la defensa de la reproducción asistida por gestación subrogada. Padre reciente de un niño mediante esta técnica, sobre las tablas, el cantaor lo quiso dejar bien claro: “mi hijo no es una mercancía, no voy a permitir que crezca en una sociedad que dice esas barbaridades. Ser padre está dentro de mi lógica y ayudaré a todas esas personas que no puedan tener hijos de forma natural”.

Con esta declaración de intenciones llegaba uno de los momentos cumbres del espectáculo, cuando el flamenco se arrancó con ‘Guerra a la guerra por la guerra’, poema de Rafael Alberti, enmarcado dentro de su último disco ‘Sonetos y poemas para la libertad’, y con la cual quiso denunciar todo tipo de violencia.

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El 30 de junio y el 1 de julio Miguel Poveda volverá a actuar en el Coliseum de Madrid. | Foto: Lidia Ramírez / The Objective

Bandera de libertad, muy presente estuvo Federico García Lorca, por el que el artista siempre ha demostrado un gran respeto y admiración y de quien dice: “ochenta años después nadie ha conseguido callarlo”. Así, con una oda del poeta granadino que Poveda interpretaba por primera vez sobre el escenario, el Teatro Coliseum se emocionaba al son de su agradable y pasional voz.

De esta forma, tras todo un homenaje al prosista, el punto más flamenco llegaba en la última parte del concierto con varias coplas, como ‘Queriendo a ciegas’ o ‘El  último minuto’, con las que el catalán mostró el ‘quejío’ y la ‘jondura’ de un buen flamenco.

El broche de oro acaecía con una especial interpretación de una de las míticas canciones de Camarón de la Isla cuando se cumplen 25 años de su muerte. Porque como dice el bueno de Poveda: “allá donde coincidan el Dios gitano y Lorca, eso sí que será Leyenda”.

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7 poemas cantados para recordar a Federico García Lorca

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Fundación García Lorca

La madrugada del 18 de agosto de 1936, uno de los grandes poetas y escritores españoles de la generación del 27, Federico García Lorca, era fusilado en algún lugar entre las localidades de Víznar y Alfacar, en Granada, y enterrado en una fosa común. Su cuerpo sigue sin aparecer a día de hoy. El irlandés Ian Gibson, uno de los mayores especialistas en la vida de Lorca, contaba en su biografía que oficialmente, Federico García Lorca murió por “ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual”. No muchos lo saben, pero su nombre real era Federico del Sagrado Corazón de Jesús, así lo bautizaron sus padres, era licenciado en derecho y, si bien nunca militó en ningún partido, desde muy joven fue un firme defensor de las clases bajas.

Desde The Objective, te ofrecemos siete poemas para recordar a este gran poeta granadino que han sido cantados por grandes referentes del panorama musical español.

Canción del jinete

El cantautor valenciano Paco Ibañez, reconocido activista de izquierdas, puso música a este poema de Lorca. Ibañez, de 82 años de edad, Ha dedicado casi íntegramente su trayectoria artística a musicalizar poemas de autores españoles e hispanoamericanos, tanto clásicos como contemporáneos. Entre sus canciones se pueden encontrar versos de Rafael Alberti, Antonio Machado, León Felipe, Gloria Fuertes, Miguel Hernández, Luís de Góngogra, Blas de Otero y Federico García Lorca, entre otros.

En 1983 el ministro de Cultura del Gobierno de Miterrand le otorgó la medalla del Orden de las Artes y las Letras, pero nunca la aceptó. “Un artista tiene que ser libre en las ideas que pretende defender. A la primera concesión pierdes parte de tu libertad. La única autoridad que reconozco es la del público y el mejor premio son los aplausos que se lleva uno a casa”.

En la luna negra

de los bandoleros,

cantan las espuelas.

Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

Romance del amargo

Uno de los grandes referentes del flamenco español, el gaditano José Monje Cruz, más conocido como Camarón o Camarón de la Isla, puso voz a este poema. El 2 de julio de 2017, se cumplieron 25 años de su muerte. La canción forma parte de la leyenda del tiempo, el décimo álbum del cantaor y considerado una de las obras más importantes de la historia del flamenco.

El veinticinco de junio

le dijeron al amargo,

ya puedes cortar si quieres

las adelfas de tu patio…

Los cuatro muleros

Si bien no es un poema propio de García Lorca, si no que es una composición tradicional de origen popular y autoría desconocida, el poeta granadino, en 1931, años antes de la Guerra Civil española,  lo grabó junto a Encarnación López ‘La Argentinita’, acompañándola al piano, para su álbum Colección de Canciones Populares Españolas. Dicen que ‘La Argentinita’ estaba muy vinculada a artistas y escritores de la Generación del 27, participando en sus veladas donde mezclaban lírica, música y coreografía.

De los cuatro muleros

que van al campo,

el de la mula torda,

moreno y alto.

De los cuatro muleros

que van al agua,

el de la mula torda,

me roba el alma…

Gacela del amor desesperado

El compositor y cantautor leonés Amancio Prada, cuya carrera se dio a conocer en los años 70 en París, donde estudió sociología, canta este poema de Lorca.

La noche no quiere venir

para que tú no vengas

ni yo pueda ir.

Pero yo iré

aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tú vendrás

con la lengua quemada por la lluvia de sal…

No me encontraron

Dicen que Lorca vaticinó su muerte en este poema. El poeta granadino, asesinado en la madrugada del 18 de agosto de 1936 por militares golpistas, parece hablar del crimen en los versos escritos durante su estancia en la Universidad de Columbia. El poema fue escrito hacia 1930, cuando todavía nadie podía imaginar que España se vería inmersa en una Guerra Civil (1936-1939). Junto a Lorca, fueron fusiladas otras tres personas, los banderilleros Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas; y el maestro de Pulianas Dióscoro Galindo Monge.

El cantaor catalán Miguel Poveda pone voz a este poema.

Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,

abrieron los toneles y los armarios,

destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro

Ya no me encontraron…

Romance sonámbulo

Esta es una rumba que se basa en un poema de Federico García Lorca, cantada y tocada por los madrileños Ketama, un grupo musical gitano español de flamenco-fusión formado a principios de la década de los 80, acompañados de José Manuel Ortega Heredia, de nombre artístico Manzanita, un cantante también madrileño que se caracterizó por su voz rota y una especial habilidad tocando la guitarra.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas le están mirando

y ella no puede mirarlas…

La leyenda del tiempo

El granadino Enrique Morente fue considerado uno de los grandes renovadores del flamenco. Entre los círculos que frecuentaba muchos le conocían como ‘el granaíno’ y esta, es una de las canciones que pertenecen a su álbum ‘Lorca’, de 1998, dedicado al poeta.

Nadie puede abrir semillas

en el corazón del sueño.

El sueño va sobre el tiempo

flotando como un velero.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

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Llega a Madrid el nuevo Paraíso de la música electrónica

Cecilia de la Serna

Foto: Unsplash

Tras más de dos décadas olvidada en la ruta festivalera patria, la capital parece estar al fin copando el protagonismo que muchos esperaban. A las ya consagradas citas musicales que suponen algunas, como el Mad Cool o el DCODE, se une una propuesta hasta ahora inédita en Madrid: la primera edición de Paraíso, un nuevo festival que tendrá lugar en un espacio verde muy próximo al centro de la capital. Concretamente, como el ya citado DCODE, Paraíso pisará la hierba del Campus de la Universidad Complutense, y durará dos días: el 8 y el 9 de junio de 2018.

El lema de Paraíso es “Música electrónica y otras artes”, que es -además de un eslogan prometedor- toda una declaración de intenciones. Este festival de nueva generación ha nacido, según sus organizadores, “para ofrecer al público la oportunidad de vivir una experiencia multisensorial”.

De uno de los creadores del FIB

Este proyecto tiene la solvencia que solo la experiencia de los que están detrás de él puede otorgar. Desde el festival recuerdan que “Paraíso nace de la mano de un colectivo de profesionales con más de dos décadas de trayectoria en la gestión cultural. A la cabeza del proyecto se encuentra José Morán, cofundador y codirector hasta 2009 del FIB (Festival Internacional de Benicàssim)”. Algo que cuidan especialmente desde la organización de Paraíso es la imagen gráfica, que han creado de la mano del estudio madrileño Serial Cut. El resultado final es onírico, con elementos relacionados con el sonido y la naturaleza, la música electrónica y otros conceptos del festival, unidos mediante texturas orgánicas y evocadoras.

Tres escenarios para una experiencia completa

La gran incógnita es su cartel, que próximamente anunciará la organización en un primer avance, así como el resto de contenidos y disciplinas artísticas que formarán parte de la primera edición de Paraíso. Lo que sí aseguran sus organizadores es que “Paraíso se estrenará con un cuidado cartel compuesto por artistas que exploran los nuevos territorios de la electrónica y su confluencia con otros géneros y expresiones artísticas”.

El recinto del festival contará con hasta tres escenarios diferenciados, intervenciones artísticas, un área recreativa, varias zonas de descanso y un espacio gastronómico. Siguiendo la tendencia impuesta por muchos festivales, este será sostenible, con aforo limitado a 15.000 personas diarias, en el que la comodidad y los detalles harán que los asistentes disfruten de una experiencia única.

Reserva anticipada

A partir de ahora se puede reservar sin compromiso, y a través de la web de Paraíso, el abono a un precio especial de 35 euros y el pase premium a 95 euros. El plazo para confirmar la compra de la reserva finalizará 15 días después de la presentación del primer avance del cartel. Los asistentes de esta primera edición tendrán prioridad para acceder a las siguientes.

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Okuda: “Me gusta tratar conceptos como la multiculturalidad”

Saioa Camarzana

Foto: Okuda
Okuda

El artista urbano Óscar San Miguel, conocido como Okuda, sigue vistiendo edificios e iglesias con sus geometrías multicolor. Sus últimos trabajos han sido, sin embargo, en formato pequeño y en forma de joya. Ha lanzado, junto a la firma Suárez, una colección de anillos, un cambio de registro y lenguaje que siempre sienta bien. Pero no abandona los grandes proyectos que le llevan a diferentes países del mundo.

Para 2018 tiene ya cerradas cuatro exposiciones individuales en México, Manila, San Francisco y Sevilla y es casi seguro que se le pueda ver en un festival de arte público en Boston. Para este proyecto vuelve a cambiar de lenguaje para llevar sus figuras animales y humanas a esculturas. Okuda en 3D, se podría decir. Como el proyecto que le lleva a las Fallas de Valencia. Sí, una escultura de 30 metros de altura será la falla central de las fiestas.

El artista ya está inmerso en viajes a la ciudad para idear su proyecto que, como todos ese día, será dinamitado. No sabe cómo será ver su obra destruida de esa manera pero antes de todo esto a Okuda se le podrá ver en la feria ArtMadrid el próximo mes de febrero donde, como artista invitado, realizará una obra de 5×3 de dimensión.

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Okuda junto a una de sus obras | Imagen concedida por el artista

Cuando abordas un nuevo proyecto, ¿cuáles son tus principales fuentes de inspiración?

Me inspiro en lo que vivo cada día y necesito música pero lo que más me inspiran son los viajes. Casi cada semana cambio de país y durante ese tiempo genero nuevos proyectos porque estás metido de manera constante en la creación y resulta desafiante.

Cuando viajas a un país para realizar un proyecto, ¿adaptas tu obra al sitio con las influencias de allí?

Mi obra tiene mucha relación con culturas ancestrales o indígenas de México, África, Asia e India sobre todo. No es que sean cosas exactas pero tienen más relación con ellas que con el street art o el arte moderno.

Tengo entendido que empezaste a pintar letras en edificios abandonados. ¿Cómo fueron esos inicios? ¿Tuviste algún percance con la policía local?

El hecho de pintar en fábricas abandonadas era precisamente para no tener problemas y no he tenido grandes problemas porque esos sitios, entre comillas, no son de nadie. Pero sí recuerdo alguna vez cuando era pequeño pero nada remarcable.

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Iglesia Santa Bárbara en Asturias transformada por Okuda | Foto: El Chino Po

Resulta curioso que de pintar de manera clandestina en edificios abandonados terminaras pintando la iglesia de Santa Bárbara, en Asturias. ¿Cómo surgió ese proyecto?

Normalmente para este tipo de proyectos me llaman pero este fue al revés. Vi una foto de la iglesia con las cúpulas arriba y las rampas en forma circular abajo y vi una simetría perfecta. Al ver las rampas pensé que se estaba haciendo algo así que me puse en contacto con los chicos que gestionaban el espacio por medio de un amigo en común. Allí conocían mi trabajo y me dieron vía libre para pintarla así que primero hicimos un crowdfunding y luego se unió Red Bull, Montana, etc.

El resultado, sin duda, es espectacular y además originó nuevos proyectos de este tipo. Cuéntanos a dónde te ha llevado este proyecto.

Ese fue el punto de inflexión de mi carrera porque a partir de ahí surgieron otros proyectos y dos iglesias más. Una en Marruecos, que estaba abandonada y me pidieron que la pintara por fuera. Cuando acabé la gente empezó a acercarse para hacerse fotos y ahora es un sitio cool del pueblo. Para mí detrás de todo esto está la idea de cómo el arte rompe fronteras religiosas y culturales. Eso es lo que me interesa.

Okuda: “Me gusta tratar conceptos como la multiculturalidad”
Mural de Okuda en Hamburgo | Foto: Stefan Groenveld

También te han llamado para pintar un castillo en París. ¿Te proponen muchos proyectos de este tipo?

A partir de la iglesia las propuestas que me llegan son de intervenir en edificios clásicos y con mi pintura multicolor el contraste es genial. Me gusta ver formas en la arquitectura y dejarme llevar por ello. Hago calaveras grandes usando las ventanas como ojos. Es interesante mezclar mi iconografía con arquitectura clásica.

¿Cuánto tiempo te lleva realizar este tipo de trabajos?

Los interiores y los techos llevan más tiempo pero con la ayuda de mis asistentes no más de 7 días. El de Asturias nos llevó siete y el de Marruecos cuatro o cinco. En Denver, sin embargo, no pudimos meter las grúas porque había escaleras y era un segundo piso. Tuvimos que hacerlo con andamios, que .es más costoso porque tienes que bajar para ver las dimensiones, que esté todo bien marcado, etc pero fueron otros cinco o seis días.

De pintar letras en la calle tu obra ha pasado a estar dominada por los colores vivos y las formas geométricas. ¿En qué momento se vuelve esta tu marca y qué significan para ti?

Llevo pintando 20 años pintando por lo que no fue algo de golpe. En el estudio llevaba tiempo haciendo trabajos de surrealismo clásico a nivel de degradados, con paisajes grises y letras en la calle desde 2005. Casi siempre las geometrizaba. De repente Okuda eran rombos, círculos y triángulos. Decidí mezclar ambas cosas, el estilo del estudio con el de la calle así que empecé a hacer más geometría en la calle. Estos cuerpos grises sin cabeza deambulaban en arquitecturas efímeras que hacía en los cuadros y poco a poco apliqué el lenguaje geométrico a las figuras humanas y animales. Lo que simbolizan esas formas geométricas y multicolor en una figura humana son todas las razas que existen, la igualdad, la multiculturalidad. Son conceptos que me gusta tratar en mi obra.

Okuda: “Me gusta tratar conceptos como la multiculturalidad” 1
Okuda en su taller de trabajo | Imagen cedida por el artista

Hay a quien tu obra le puede resultar llamativa y atractiva por sus colores y formas. Pero hay más profundidad en ella. ¿Qué es lo primordial en el arte?

El arte te tiene que enamorar. Hay muchas corrientes como el arte conceptual, que te puede llegar pero lo primero es que te diga algo a través de la imagen. Aunque luego te cuenten la historia que hay detrás y sea genial pero para mí es la primera impresión la que te tiene que enamorar. Hay cuadros que no son tan fáciles de entender pero esa primera impresión, que es el positivismo, el color y la energía creo que llega a todos. Luego, dependiendo de lo que cada uno haya vivido, se interpretan unas cosas u otras: la naturaleza, el radicalismo, libertad. Lo más importante además del flechazo es tener una identidad única, que se vea  una obra y se sepa que es un Picasso. Eso es lo complicado. Tienes que buscar tu camino sin etiquetas, que a mí no me interesan y así es como, creo, se hace un camino único y personal.

En ocasiones se te ha calificado de graffitero pero creo que tu obra más allá de dibujos en una pared. ¿Qué diferencia a un graffitero de un artista urbano?

El arte urbano es cualquier manifestación artística en el espacio público y un graffitero es quien pertenece al graffiti que, sobre todo, se basa en hacer letras o iconos. Yo pintaba letras pero con composiciones que han desembocado en los cuadros. Ahora ya no necesito hacer letras porque la identidad está por encima de las palabras.

Poco a poco, en España con artistas como tú o como el colectivo Boa Mistura, el arte urbano se empieza a ver de otro modo, la gente está entrando en él y deja de verse como vandalismo. ¿En qué momento empieza a cambiar?

Depende del país porque en Ucrania llevan años pintando edificios. En parte porque en la época de Stalin se hacían edificios de 25 pisos y una o dos caras se dejaban sin ventanas. Esos edificios piden a gritos un poco de color. En Barcelona hubo un gran boom hacia los años 2000, aunque ahora ha retrocedido. Creo que actualmente se ha mediatizado y todo tipo de gente conoce mi trabajo. Hay proyectos que he hecho que pueden interesar no solo a quien le gusta el arte, como por ejemplo la estación de Paco de Lucía o la intervención en la plaza de toros. Este tipo de acciones normalizan el arte urbano y es normal porque todo lo que sea positivizar el elemento gris es bueno para todos y crecer con una obra de así puede llegar a repercutir en los niños que van al cole en esa determinada zona.

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“Metamorphosys of a Star”. Plaza intervenida en Tennesse, EUA. | Imagen cedida por el artista

Cada vez hay una mayor cantidad de galerías dedicadas a ello. ¿Cómo se da el salto de la calle a la galería?

Llevo desarrollando el trabajo en el estudio en paralelo a la calle cerca de 15 años. Lo que pasa es que he trabajado con galerías extranjeras, sobre todo de Estados Unidos porque el coleccionismo del tipo de arte que hago allí funciona muy bien. Llevo varios años asistiendo a Scope y Contest que son las ferias paralelas a Art Basel en Miami y Basilea. Ahora parece que está llegando aquí pero fuera este movimiento es popular desde hace tiempo.

En ocasiones hay ferias paralelas que resultan más interesantes que las matrices que han dado lugar a ellas. ¿Qué opinas?

Creo que hay cosas muy interesantes dentro del arte contemporáneo, no solo el street art sino la ilustración contemporánea, por ejemplo. En ARCO, por ejemplo, ha habido un cambio pero en los últimos años. Antes no me sentía partícipe de ese punto de vista de arte contemporáneo. Esas ferias más pequeñas a veces tienen cosas más interesante. En Miami Scope mola mucho y casi todos nos conocemos de haber trabajado juntos.

¿Una de las razones puede ser por el hecho de que sean más accesibles?

Creo que es porque plantean algo diferente, una parte más joven del arte contemporáneo y no solo cerrado a los nombres que ya venden. No hay que olvidar que una cosa es el arte y otra el mercado del arte. Las grandes ferias venden producto y las pequeñas ambas cosas. Además, creo que en las ferias grandes no hay tanta apuesta por artistas diferentes.

Has viajado por muchísimos países y en todos ellos has dejado tu marca. ¿En qué país te gustaría ver tu obra?

Tenía muchas ganas de trabajar en Filipinas y hace poco recibí un email en el que me proponían hacer una exposición individual en Manila. Hay muchos países donde ir pero me apetece volver a Mali, a Sudáfrica, a Cabo Verde y me apetece por la retroalimentación cultural que me llevo de allí. Pero además de esto y de hacer macroproyectos de mucho presupuesto también me gusta combinarlo con dejar parte de mí en lugares como África, donde cuento con presupuesto cero pero lo que me llevo a nivel de sentimiento y experiencia es mayor. Me gusta estar en ese equilibrio.

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