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Lecturas infantiles aptas (y quizá necesarias) también para adultos

Verónica F. Reguillo

Foto: Verónica F. Reguillo
The Objective

Para grandes y pequeños: ¿Habéis tenido alguna vez un amigo imaginario? Alguien incondicional con quien jugar, reír, llorar, soñar… Los imaginarios (Editorial Blackie Books) es una novela que ofrece a niños, y también a adultos, aventuras e intrigas que se van resolviendo capítulo a capítulo.

La mente maravillosa de Amanda crea historias que atrapan al lector, y con su mejor amigo (imaginario) Rudger se enfrentará a un hombre extraño y a una niña misteriosa que los persiguen. Pero, ¿qué pasa con los personajes imaginarios cuando su creador desaparece? Eso es algo que tendrá que descubrir Rudger cuando se ve obligado a alejarse de Amanda.

Lecturas infantiles, aptas (y quizá necesarias) también para adultos 1
La combinación entre historia e ilustraciones convierte a ‘Los imaginarios’ es una joya de la literatura. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Este mundo de fantasía está acompañado por unas ilustraciones que nos enseñarán mucho más sobre todos y cada uno de los personajes. Detalles que nos servirán para sortear con ellos las peripecias de este viaje.

Un camino de flores: la belleza de las cosas pequeñas

Al ir caminando por la calle, allá donde estés, puede que pocas veces te des cuenta de los detalles que rodean ese paseo, aunque sean las cosas pequeñas más bonitas del mundo. Quizá seamos inmunes a todo eso: demasiados compromisos y problemas (reales o creados). La magia de Un camino de flores (Libros del Zorro Rojo) radica precisamente en eso, en la belleza de lo pequeño. Este cuento no tiene letras, no las necesita; lo que transmiten sus dibujos tiene la suficiente fuerza.

Érase una vez una niña con un abrigo rojo que salió a pasear por la ciudad de la mano de su padre. Era capaz de ver la belleza invisible para los otros. Un camino de flores, pájaros y naturaleza que genera un sentimiento ‘de abrazar’, a pesar del individualismo y la negrura urbana que domina el paisaje principal.

Lecturas infantiles, aptas también para adultos 1
El cuento va dejando y regalando flores a todos aquellos que se cruzan en el camino. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

A través de sus pasos, la niña del abrigo rojo nos va llevando a un mundo más verde, con más vida, con más alma. Reparte flores para todos aquellos que se encuentra en el camino; este cuento infantil escarba y consigue reflejar esas cosas pequeñas ante los que merece la pena parase.

¡De aquí no pasa nadie! o eso creía el general

¡Un general manda en este libro! Montado en su caballo negro-azulado y chillando a todos a su paso, el general Alcázar quiere ser el héroe de esta historia a golpe de prohibición y sin hacer nada para merecerlo. Se atribuye el derecho exclusivo de marcar la frontera y de ser el único en pasar a la página en blanco de la derecha.

El señor guardia tendrá la obligación de cumplir la orden de su superior y mantener a toda la población alejada de esta página. No podrá pasar una madre con sus cinco hijos, ni el astronauta Nelo, ni el oso Miel, ni el señor Albino con su bastón, ni los niños Simón y Cristiano para jugar con la pelota roja… Pero cuando los distintos personajes llegan a la frontera entre la página izquierda y la página derecha, algo inesperado sucede para convertir en héroe de esta historia a quien menos lo esperaba.

Con sencillos dibujos y muchos colores, este cómic para niños logra dar personalidad propia a una multitud de personajes, tan distintos y variopintos como los que dan forma a nuestra sociedad.

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El general Alcázar, subido en Relincha-Cohete, quiere imponer su ley a todos los demás. | Imagen: Takatuka

“Uno de los libros más bonitos que se ha escrito sobre la dictadura”

¡De aquí no pasa nadie!, de la editorial Takatuka, recibió el Premio Nacional de Cómic 2015 Portugal – Mejor ilustración de álbum infantil (autor portugués). Las críticas también resaltan el valor de una obra infantil que enseña valores imprescindibles en todos los adultos, y que denuncia la injusticia de aquellos que quieren imponer su voluntad sobre todos los demás. Los autores, ambos nacidos en Lisboa, dejan entrever el poderío de la Revolución de los Claveles, en 1974, que conllevó la caída de la dictadura en Portugal y propició la instauración de un nuevo y esperanzador sistema democrático.

“Uno de los libros más bonitos que se ha concebido y escrito sobre el tema de la dictadura y de la revolución pacífica. Y es para los más pequeños“, Anna Castagnoli, blog Le figure dei libri

“Es uno de los grandes libros publicados este año”
, Sara Figueiredo, Caldeirão Voltaire, diciembre 2014

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La unidad de todos los personajes tuvo resultado. | Foto: Véronica F. Reguillo / The Objective

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Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria

Romhy Cubas

En un presente que se alimenta de información y que hace todo lo posible por explotar y exponer la data mediante inagotables plataformas –mientras más mejor- es frecuente que las figuras públicas, y las que no también, cuenten con al menos una biografía visual y escrita que exponga las horas y los días de sus vivencias. Los minutos de una persona encapsulados en cuenta regresiva como aditivo social.  Es tan frecuente que el hecho de que una de las últimas producciones de Netflix sea el primer documental enfocado en la periodista y escritora norteamericana Joan Didion, mágica contadora del siglo XXI, es casi ridículo.

“Things fall apart; the centre cannot hold; / Mere anarchy is loosed upon the world”

 Joan Didion: The Center Will Not Hold, un proyecto dirigido por el sobrino de Didion, el cineasta y actor  Griffin Dunne, es esa primera vez que muchos precisaban para deshilar las capas de cebolla de una de las plumas más lúcidas y honestas de las últimas décadas. Una mujer que recibió de las manos del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama la Medalla Nacional de Artes y Humanidades, además del “Premio Nacional a la No Ficción” por su obra The Year of Magical Thinking y de la “Medalla por contribuciones distinguidas a la Letras estadounidenses” otorgada por la Fundación Nacional del Libro. No obstante, los premios son meras consecuencias de una trayectoria que se impone a la muerte y al dolor para encontrarle un nuevo sentido a la vida mediante las palabras.

Joan Didion nació en SacramentoCalifornia el 5 de diciembre de 1934, graduada de la Universidad de California Berkley y con su primera oferta de trabajo recibida a los 20 años directamente de las páginas de la revista Vogue en New York, Didion critica y analiza con agudeza sus alrededores desde antes de juzgarse periodista. En Vogue  ascendió de copywriter a editora asociada en tan solo dos años; en la legendaria revista también publicó sus primeros ensayos y artículos con una voz insolente, fresca, contraria en pequeños detalles a la típica Vogue elitista dedicada a amas de casa y trendings del New York de los 60. Mientras tanto, también publicó su primera y menos conocida novela, Run, River, y conoció a su esposo el escritor John Gregory Dunne, quien para entonces trabajaba en la revista Time.

De aquí en adelante la carrera de Didion ascendió como sucede cuando la pasión y la rutina se juntan en una sola escala. Su figura se sostiene junto a la de grandes periodistas literarios de la nueva escuela de los 60 como Tom WolfeTerry Southern y Hunter S. Thompson. Sus reportajes incisivos y veloces retaron la contemporaneidad y recorrieron los salones de la fama mientras su pluma se codeaba con músicos y actores legendarios como Harrison Ford, Steven Spielberg o Natalie Wood.

Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria
Joan Didion con su esposo John Gregory Dunne, hija, Quintana Roo Dunne y sobrino Anthony Dunne en Malibu 1972 | Foto vía: GettyImages

Aunque por años la cultura y la música ocuparon un espacio enorme en las fiestas de su casa en Malibu y en las páginas de sus columnas, la política también se acercó a Joan casi sin pretenderlo en piezas sociales de mayor espectro como su ensayo Haight-Ashbury sobre el mundo del LSD y las drogas en la comunidad hippie, su ensayo de Vogue  Self-Respect: Its Source, Its Power, su reportaje sobre la guerrilla en el Salvador o una serie de entrevistas privadas que mantuvo con una de las integrantes de la “familia” del asesino en serie Charles Manson, Linda Kasabian, mientras esta se encontraba en prisión y en proceso de testificar contra Manson.

Joan Didion publicaría ensayos y artículos retándose a sí misma en el campo del periodismo literario hasta que decide dedicarse por completo a la literatura y la redacción de guiones y obras personales –incluyendo proyectos comunes con su esposo John Dunne. Pero además de esa voz subjetiva y sensata que con constancia, sin pausa pero sin prisa, va develando pequeñas partes de la cultura americana en sus textos Didion se adueñó de un duelo particular. “Nos contamos historias para sobrevivir” acierta en su libro The White Album antes de sospechar siquiera que en un movimiento de pestañas perdería a su familia y haría de la muerte su biblioteca personal. A ese duelo se sobrepondría observando sus alrededores, para reescribirlos cuando no hubiera más historias que contar.

“El impulso de escribir cosas es peculiarmente compulsivo, inexplicable para aquellos que no lo comparten, útil solo accidentalmente, solo secundariamente, de la forma en la que cualquier compulsión intenta justificarse. Supongo que comienza o no comienza en la cuna. Aunque me he sentido atraída a escribir cosas desde que tenía cinco años, dudo que mi hija lo haga, porque es una niña especialmente bendecida y atenta, encantada con la vida exactamente como se le presenta la vida, sin miedo a irse a dormir. y sin miedo a despertar. Los encargados de los cuadernos privados son una raza completamente diferente, rebeldes solitarios y resistentes, descontentos ansiosos, niños afligidos aparentemente al nacer con algún presentimiento de pérdida.”

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Joan Didion junto al retrato de su esposo John Dunne | Foto de Eugene Richards vía The Red List

Las constantes de Didion

Además de la pluma y las palabras, la vida de Joan estuvo marcada por una constante tan inesperada como la vitalidad con la que recuerda cada sonrisa y discusión de su pasado a los 83 años de edad. En el invierno del 2003, mientras su hija Quintana Didion se encontraba hospitaliza por sepsia producto de una neumonía, su esposo John Gregory Dunne murió de un infarto el 30 de diciembre. Un año y medio después, luego de infinitas horas en el hospital, un deterioro continuo y una cirugía cerebral, su hija​ Quintana falleció de pancreatitis el 26 de agosto de 2005 a los 39 años de edad. En menos de dos años Didion perdió el centro de una vida construida a base de pequeños momentos y vicios retenidos. “La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y tu vida como la conoces acaba”, anotó con cautela tras la muerte de John.

Los libros The Year of Magical Thinking y Blue Nights son el resultado de ese duelo incompleto que el documental reúne entre fotografías, testimonios y la narración personal de Didión mientras lee sus propias líneas y recuerda una rutina que nunca más podrá repetir: levantarse y bajar a la cocina por una coca cola fría en lentes de sol mientras su esposo lleva a Quintana al colegio, discutir sobre quién tiene la razón o pasar las vacaciones en familia en el apartamento de la playa.

“El dolor resulta ser un lugar que ninguno de nosotros conoce hasta que lo alcanza. Anticipamos (sabemos) que alguien cercano a nosotros podría morir, pero no miramos más allá de los pocos días o semanas que siguen inmediatamente a una muerte tan imaginada. Malinterpretamos incluso la naturaleza de esos pocos días o semanas. Podríamos esperar sentirnos conmocionados, si la muerte es repentina. No esperamos que este choque sea obstructivo, desarticulando tanto el cuerpo como la mente. Podemos esperar estar postrados, inconsolables, locos por la pérdida. Pero en realidad no esperamos volvernos literalmente locos”.

Este es uno de los pasajes de The Year of Magical Thinking, anotaciones de una escritora que busca recordar en sus apuntes a los lugares de los cuáles no puede huir. “Un lugar pertenece por siempre a quien lo reclame con mayor intensidad, a quien lo recuerde más obsesivamente, lo despoja, le da forma, lo ama tan radicalmente que lo rehace a su propia imagen.”

En los años 70 Didion fue diagnosticada de esclerosis múltiple. Durante el documental hay un choque entre el desmejoramiento físico de una mujer con un glamour innegable y la voz melodiosa que recuenta sus propias frases sin titubear, enfrentándose con sinceridad y aplomo a  la cámara.

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Quintana Roo Dunne, John Gregory Dunne, y Joan Didion en casa | Foto de John Bryson/Netflix

Recuerdos y cuadernos

De todas las preguntas que se hace Didion durante los años, el sinsentido del destino es el que se afinca en la pantalla. Los “tal vez”, y “que hubiera pasado si” son constantes en la vida de alguien que pierde repentinamente el espectro de su vida. Joan Didion casi podría pasar por una escritora de autoayuda para superar el duelo y la muerte,  experta en estudios y ensayos sobre la superación y los niveles emocionales que se suceden al perder a alguien cercano. Este sería el caso de no ser porque en sus anotaciones hay una clara distinción entre lo que pasó y lo que podría haber pasado, entre el propósito de su presente literario y pasado periodístico.

La verdad sobre los cuadernos de Didion es que son una parte diluida de ella misma. Una manera de preservarse y combatir la desmemoria, de apostar por la vida a pesar de sus muertos.

Joan Didion: The Center Will Not Hold es solo una migaja del extenso trabajo literario y periodístico de una figura que revive los perfiles más elegantes de Truman Capote en su juventud.  Una silueta cuyo recuerdo es necesario para entender el rescate de la palabra que hace un escritor con cada página habitada en su diario.

“Mira lo suficiente y escríbelo, me digo a mí misma, y luego, una mañana, cuando el mundo aparente consumirse, drenarse, algún día cuando solo esté haciendo lo que se supone que debo hacer, que es escribir en esa mañana en bancarrota, simplemente abriré mi libreta y allí estará todo, una cuenta olvidada con interés acumulado, un pasaje pagado al mundo exterior: el diálogo escuchado en los hoteles y ascensores y en el mostrador de pabellón de Pavillon (…) Recordar lo que era ser yo: ese es siempre el punto”. Joan Didion.

Continúa leyendo: 5 sitcoms que salvan el género porque son tan actuales como graciosas

5 sitcoms que salvan el género porque son tan actuales como graciosas

Nerea Dolara

Las sitcoms tuvieron una era de oro con Friends y Seinfeld, pero hoy las que triunfan son las que además de humor hablan del mundo actual. Estas son las sitcoms de hoy que deberías conocer.

Los ochenta y noventa fueron las décadas de la sitcom. Esta abreviación de comedia de situación ofrecía un formato práctico y adaptable: episodios de menos de media hora, un reparto variado de personajes y, lo más importante, la posibilidad de presentar situaciones en cada ocasión, pero regresar al status quo previo al final del episodio. Es decir, un formato en que los personajes podían crecer pero siempre se mantenían más o menos iguales y, por ende, serializables hasta el infinito. Como se sabe la posibilidad de infinito no era del todo cierta (igual que la del progreso) sitcoms que fueron mitos cayeron de sus altares tras años al aire debido al descenso de su calidad.

La invasión de sitcoms que produjo el éxito de Friends y Seinfeld -dos series que aún mantienen altos niveles de espectadores en plataformas de streaming- hizo que a principios de los 2000 nadie quisiese acercarse al género, por cansado. Era el tiempo de los dramas, del antihéroe, de la seriedad televisiva que inició “la era dorada” de la que tanto se habla hoy. La sitcom perdió su estatus y su respeto. Se desdeñó como un género fácil y poco elegante (aunque hubo excepciones como How I Met Your Mother que sobrevivieron a la extinción del género utilizando la originalidad narrativa). Pero en los últimos años estos prejuicios han sucumbido ante comedias que se merecen mucha más audiencia y amor de la que actualmente tienen. Sitcoms que asumen su esencia sin dudarlo, que miran a los clásicos del pasado y los reinventan para estos tiempos.

Series como Friends o Seinfeld, ejemplos calidad que se mantiene en el tiempo, son también un retrato claro de su momento histórico: repartos enteramente blancos y heterosexuales, chistes homofóbicos, comportamientos machistas (por dios hasta How I Met Your Mother tendría problemas para emitirse hoy en día). La razón es simple: salas de guionistas llenas casi exclusivamente de, sí, hombres blancos heterosexuales. Con la presión por la diversidad que se ha apoderado del mundo audiovisual actualmente, incluso con creadores que son hombres blancos heterosexuales, las nuevas sitcoms ofrecen un panorama muy diferente.

5 sitcoms que salvan el género porque son tan actuales como graciosas

Modern Family (2009-presente)

Cuando se estrenó despertó amor y alabanzas en la crítica y los espectadores. La historia fragmentada de una familia actual -un patriarca en sus segundas nupcias con una mujer latina más joven, una hija mayor con un matrimonio de décadas y tres hijos y un hijo menor gay con una pareja de años- se convirtió en la portadora de la llama olímpica de las sitcom en televisión, que en ese momento eran poquísimas. Parte del entusiasmo provino de la diversidad (Mitch y Cam son una pareja gay que adopta una hija y Gloria es una inmigrante colombiana) y parte de la magia que exudaban unos personajes perfectos en su mezcla de humanidad, realismo y humor. Pero también del hecho que Modern Family es, a la vez, conservadora y segura. La serie no se arriesgó del todo y es por eso que ahora, con los años, se tilda de aburrida y segura en los círculos de Hollywood. Pero no hay que olvidar que, como sus buenas predecesoras, esta sitcom tiene el potencial de verse una y otra vez y un reparto mágico.

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Superstore (2015-presente)

Otra serie que se desarrolla en un ambiente laboral, pero en este caso además de asumir la diversidad como algo normal en el mundo, también es una serie que habla de los problemas económicos de la clase trabajadora. Superstore se desarrolla en una mega tienda al estilo de Makro o Alcampo. Sus empleados, que ganan un sueldo ínfimo, han pasado por tramas -llenas de humor pero también de serio comentario social- sobre la formación de un sindicato o la falta de cobertura médica. Superstore es una sitcom poco conocida pero realmente disfrutable, que además piensa sobre el país en que se desarrolla y habla de los problemas de quienes más sufren.

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Brooklyn Nine-Nine (2013-presente)

Esta es una sitcom que casi podría haberse sacado del pasado, si no fuese por todo lo que realmente es. El formato es básico: una comisaría de policía y sus integrantes. Pero son esos integrantes los que le dan a esta serie su toque único. Detrás de su creación esta Mike Schur (responsable de Parks and Recreation y The Good Place) por lo que no es una sorpresa que sus personajes sean humanos e hilarantes. En Brooklyn Nine-Nine el reparto es diverso a más no poder: hay razas, géneros y preferencias sexuales variadas. Pero eso no es el punto, de hecho lo que le da frescura es que su variedad es algo que sus personajes y el espectador con ellos asume como lo que es, algo normal. La serie además disfruta haciendo bromas sobre los prejuicios del pasado, burlándose de las mentalidades reprimidas y retrógradas que aún existen en muchos sitios con agudeza.

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Fresh off the Boat (2015-presente)

Es la historia de una familia taiwanesa que emigra a Estados Unidos en los noventa, y abre un restaurante de carne con temática cowboy, y su adaptación vista desde diversas generaciones. Antes de esta serie la representación asiática en la televisión americana era casi inexistente o casi en exclusiva centrada en estereotipos. Con ella llega una historia de inmigrantes, de lo difícil que es la adaptación, de la nostalgia, las diferencias culturales y los nuevos comienzos. Una serie perfecta para explorar la experiencia de quien llega a otro país en busca de una mejor vida y sus particulares circunstancias.

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Black-ish (2014-presente)

Una familia negra -padre, madre y cuatro hijos- viven una existencia acomodada gracias al éxito profesional del padre. Pero él comienza a cuestionarse si su familia ha perdido contacto con sus raíces, con su cultura, gracias a estas comodidades y al hecho de que estén rodeados de familias blancas. Así comienza esta excelente comedia que, en principio podría parecer otra sitcom familiar al estilo de Príncipe de Bel-Air o Cosby Show, sino fuese porque el hecho de ser afroamericanos es parte fundamental de esta familia y no algo que es pero no se habla. La serie discute la raza, la cultura y la política con humor pero también con profundidad y corazón. Uno de sus mejores episodios se centra en la familia lidiando con el tema de los asesinatos policiales a jóvenes negros.

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La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago

Romhy Cubas

Reflexionar en pasado, presente y futuro tiene un eco de responsabilidad innegable en la literatura. La ficción es solo otra forma de contar la realidad, sobre todo cuando esta se tambalea en su propia deshumanización. Uno de los escritores que en vida siempre insistió en presentar esta crítica en formato de ensayos ficticios e utópicos fue José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 y autor de novelas como El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004) y El viaje del elefante (2009).

El escritor portugués se afincó en la imaginación y las ironías de esa ficción tan parecida a la realidad para crear ensayos literarios con un mensaje universal que advierte contra los status quo y la contradicción del poder político.

Recordar a Saramago es entender que entre la lucidez y la ceguera hay una línea tan delicada como los fracasos políticos y sociales que cada día se afincan más en el periódico de las mañanas.

Las hipótesis de Saramago son más que conjeturas. Cuando creó aquél país en el cual más del 80% del electorado de su capital decidió votar en blanco en los comicios municipales, abrió la grieta para entrever una crisis institucional que en el presente no necesita de votos en blanco para desarrollarse. Ensayos sobre la lucidez es una crítica a la “democracia” y sus instituciones, el cuestionamiento de un sistema mediante el silencio y una papeleta en blanco. Un ensayo que luego de su publicación en el 2004 provocó molestar, sobre todo entre ciertas posiciones políticas, por el hecho de satirizar una democracia mucho más endeble de lo que quisiera aparentar.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago 1
Portada de Ensayo sobre la lucidez de José Saramago editado por Alfaguara.

Esa conjetura del voto en blanco no permanece enclaustrada en las páginas de la literatura. En Argentina en las elecciones de 1957 la proscripción y prohibición del peronismo en los comicios electorales por parte de La Revolución Libertadora provocó que desde el exilio Perón utilizara el recurso del voto en blanco como una forma de protesta entre sus acólitos. Más que un recurso fue una exigencia a distancia. Una demanda que tuvo éxito cuando el voto en blanco fue mayoría en las urnas de aquél año con 2.115.861 votantes. Sin embargo, en este escenario el voto en blanco seguía siendo un voto para un representante, y en Ensayo sobre la lucidez Saramago plantea una población totalmente insatisfecha con todos los nombres y partidos políticos; personas de todas las edades, ideologías y condiciones sociales se manifiestan contra la política como un género.

En la realidad, los votos en blanco son considerados por la ley de muchos países como votos válidos que se tienen en cuenta en la primera fase del escrutinio, cuando se procede a la barrera del 3% de los votos en cada circunscripción.

“Mal tiempo para votar” apunta Saramago en este ensayo que hace demasiados guiños al presente y sus disyuntivas. Uno en donde el voto ha perdido esa fuerza democrática por la que se libraron batallas. En la historia del Nobel los votos válidos no llegan al 25% del escrutinio, los políticos inquietos intentan hallarse en el resultado inesperado, el gesto capaz de mover montañas para evitar conjeturas internacionales y desastres nacionales. Los miembros del Gobierno implantan entonces un estado de sitio para protegerse a sí mismos, la máquina política se pone en marcha y entran factores tan desafortunadamente comunes como la corrupción, la manipulación de los medios de comunicación, las falsas promesas y los discursos de intimidación.

Esta opción del voto en blanco no fue respaldada por el escritor en la vida real, sin embargo Saramago siempre dejó clara su posición ante la historia y sus contadores. “La historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Y se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino”.

Una ceguera anunciada

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Adaptación cinematográfica de “Ensayo sobre la ceguera” dirigida por Fernando Meirelles en el 2008.

Luego está el Ensayo sobre la ceguera, o antes, si se considera que la novela fue publicada una década previa al Ensayo sobre la lucidez, en 1995, y que es de hecho la precuela de un mismo país propenso a las pandemias sociales.

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”, escribe Saramago en este ensayo en donde utiliza la deshumanización y el egoísmo de una especie que intenta sobrevivir a una ceguera que traspasa los límites físicos y se establece como una epidemia moral. Sus personajes experimentan la falta de luz desde un semáforo, un cine, una caminata por el parque. Entonces la capacidad para ver se vuelve una parábola que se deshace en la naturaleza humana. “Lo que quería era no tener que abrir los ojos”.

La incertidumbre de la civilización y la inestabilidad de  sus acciones se asemejan  a un entorno que se repite como la historia, intentando aprender de sus errores pero sin conseguirlo por completo. Y es que esta ceguera no es una simple ausencia de luz, al contrario es una  “blancura insondable como el sol dentro de la niebla” que se expande cual gripe de invierno.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago
Portada de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago editado por Alfaguara.

La vigencia de las novelas de Saramago permanece en esa especie de experimentos sociológicos que reflexionan disfrazados de ficción sobre el presente. El voto en blanco como crisis institucional, la sátira crítica de la democracia, la ambivalencia del color blanco como instrumento de ceguera y lucidez. El debate necesario e imperativo a través de una literatura que a propósito, carece de signos de puntuación.

Saramago murió de leucemia en junio del 2010, hace ya un poco más de siete años, pero de sus ensayos quedaron debates e hipótesis vigentes que aunque se expresan entre los extremos de la literatura, es necesario releer para evitar esa ceguera de luz y de lucidez que reincide con una confianza peligrosa en la actualidad.

“Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana si ya estoy ciega. Responsabilidad de qué. La responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido” 

Ensayo sobre la ceguera. José Saramago.

  

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Los monstruos que finalmente somos

Romhy Cubas

Foto: Imagen de La novia de Frankenstein (1935)
Universal Pictures

La última semana de octubre se nutre de monstruos y casas embrujadas para sobrevivir. En Halloween disfraces góticos hacen fila para conmemorar una historia que ya nadie recuerda con demasiado detalle. Ese fetiche por las criaturas perfiladas como una mezcla de humanos y animales se extiende por todas las ciudades para pretender por una noche que entendemos eso de celebrarnos entre deformidades y naturalezas ocultas.

En el siglo XIX sin ir muy lejos –aunque la práctica data desde tiempos medievales- todavía eran comunes los “freak shows” o espectáculos de monstruos en donde espectadores demasiado crédulos e individuos con discapacidades o meras diferencias físicas eran explotados por el mercado del espectáculo –especialmente el circense- exponiendo uno de los niveles morales más bajos de la civilización, aunque ni de lejos el fondo de sus “capacidades”.

La combinación de ese morbo, misterio y miedo siempre ha sido la receta perfecta para que la obsesión con criaturas a veces demasiado parecida a los humanos sea el apogeo de estas fechas.

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El actor Gary Oldman como Drácula en la película de 1992 dirigida por Francis Coppola. | Foto vía: Entertainment Weekly

Pero hay una diferencia entre ese monstruo de la mitología clásica, especialmente de la literatura greco-romana en donde odiseas y viajes infinitos se nutrían de híbridos con cuerpo de mujer y cola de pez, o torsos de hombre y garras de león, y ese monstruo intermedio que no hubiera sido posible sin Mary Shelley y su creación literaria, perfectamente deforme y alegórica, Frankenstein. Con ella nace el monstruo como criatura moderna, en un experimento fallido, mezclando la ciencia con las carestías humanas.

Más adelante, en 1920, continuaría la tradición con Dr Jekyll y Mr Hyde de  Robert Louis Stevenson, o Drácula de Bram Stoker. Los hombres lobos, las momias, los vampiros, alguno que otro extraterrestre y criaturas creadas a propósito o no entre ensayo y error colmaron la literatura y la realidad para incorporarse al folklor de Halloween, entre otras rutinas colectivas.

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Portada de Frankenstein de Mary Shelley | Imagen vía: Book Republic.

Y aunque Mary Shelley le dio forma al monstruo moderno, el contenido común del perfil se desarrolló con la industrialización y los hallazgos progresivos en la ciencia, aquellos que cambiaron básicamente la forma de subsistir.

La ciencia, la dualidad, la soledad, el aislamiento y el encuentro entre la naturaleza humana y las convenciones sociales son algunas de las estampas que crearon el lado oscuro de esos monstruos tan familiares del presente.

El escritor y profesor universitario Stephen Asma se refiere al concepto en su libro, Sobre Monstruos: Una historia antinatural de nuestros peores temores. Al monstruo lo describe como un presagio: “una muestra de la ira de Dios, un presagio del futuro, un símbolo de virtud moral o vicio”. “Durante el reinado de Pericles, un carnero con un solo cuerno nació en una de sus granjas. Un vidente determinó que el monstruoso carnero era un presagio: Pericles triunfaría sobre su rival político, Tucídides. El filósofo Anaxágoras partió la cabeza del carnero por la mitad y observó que su cerebro se había desarrollado anormalmente, lo que resultaba en un solo cuerno. Ofreció una explicación científica para el monstruo. Pero Pericles en verdad triunfó sobre Tucídides, y se celebró el poder profético del vidente.”

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El génesis

 En Mayo de 1816 la escritora británica Mary Shelley y su familia hicieron un viaje al lago Lemán, al norte de Los Alpes, en donde pasarían el verano con el poeta  Lord Byron. Entre tardes oscuras y tormentas de estío los Shelley y Lord Byron relataban viejas historias de fantasmas. La propuesta de Byron durante una noche de escribir sus propias historias de fantasmas encendió la chispa para que Mary Shelley tuviera un “sueño de vigilia”, o terror nocturno, durante el cual un cadáver era reanimado. En su edición de Frankenstein de 1831 esta escribe: “Vi al pálido estudiante de artes impías arrodillarse junto a la cosa que había juntado. Vi el espantoso fantasma de un hombre tendido, y luego, en el funcionamiento de un poderoso motor, mostrar signos de vida, y se mueven con un movimiento incómodo, medio vital. Debe ser espantoso, porque supremamente espantoso sería el efecto de cualquier esfuerzo humano para burlarse del estupendo mecanismo del Creador del mundo”.

Frankenstein fue publicado anónimamente en Londres en 1818 pero el nombre de Shelley apareció por primera vez en la novela cuando se reimprimió en 1831. Antes del siglo XX, solo en el Frankenstein de la escritora se le da al monstruo su propia narrativa.  La novela difiere de la caracterización del monstruo violento y rústico que se hace en gran cantidad de las versiones posteriores. En la historia original esta criatura es un ser sensible e inteligente que se torna amargado y vengativo –convirtiéndose finalmente en un asesino- luego de ser rechazado por la sociedad y por su creador, el Dr. Frankenstein (del cuál hereda el nombre).

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Máscara de Trump. | Foto: Imelda Medina / Reuters

Los de ahora

En el Royal College of Surgeons de Londres todavía existe una colección médica reunida entre el siglo XIII y el XIX conformada específicamente por anomalías congénitas; supuestamente estas eran utilizadas para propósitos educativos. Su categorización rumea donde siempre lo han hecho los lugares diferentes, en un limbo difícil de describir y cuyo éxito entre el público yace principalmente gracias a esa mezcla familiar e incómoda de naturalezas humanas. Este es un prototipo interesante que describe cómo hemos ido creando nuestra propia caracterización “monstruosa” a través de todo aquello que rechazamos y definimos como humano.

En el presente todavía están de moda los disfraces de vampiros y de extraterrestres, pero cada día la utopías culturales se parecen más a los barómetros en los cuales las amenazas políticas, sociales e inclusive climáticas refuerzan al monstruo del siglo XXI.

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Máscaras de Hyperflesh promocionadas en el Monsterpalooza 2017 | Imagen vía YouTube.

La autora Theodora Grass lo explica afinadamente cuando recuerda que “cada época crea los monstruos más relevantes en términos de sus preocupaciones prácticas y filosóficas centrales. El monstruo de Frankenstein responde a Locke y la Revolución Francesa. Drácula invade Inglaterra durante un momento en que el Imperio Británico parecía ser el más fuerte, pero ya comenzaba a desmoronarse. Los Hombres Bestia del Dr. Moreau reflejan, de un modo casi demasiado obvio, preocupaciones contemporáneas con las teorías del cambio evolutivo. (…) Nos identificamos con el monstruo y lo domesticamos, mientras simultáneamente creamos una nueva narrativa de monstruosos asesinos en serie y terroristas que actúan como nuestros villanos. No son monstruos, aunque a veces utilizamos ese término para ellos: son humanos, no híbridos. Tal vez indican que lo que ahora tememos, más que a cualquier otra cosa, somos a nosotros mismos y a nuestra propia capacidad para el mal”.

“Porque los monstruos siempre, finalmente, son sobre nosotros”. -Theodora Grass

De esas preocupaciones filosóficas centrales de las que habla Grass se infiere que nuestra percepción de los monstruos continuará transformándose al ritmo de nuestra cultura, de nuestras decisiones políticas y sociales. Ese es el barómetro de exhibición, el que indica que este Halloween habrán demasiadas máscaras de cabello platinado y mejillas rosadas con los rasgos de Trump en las calles. El mismo que dice que el corte de Kim Jong-un será revolucionario por una noche más. Pero especialmente, ese es el barómetro que dice que es probable que se adviertan más caras humanas que hibridas esta noche de Halloween.

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