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Lecturas infantiles aptas (y quizá necesarias) también para adultos

Verónica F. Reguillo

Foto: Verónica F. Reguillo
The Objective

Para grandes y pequeños: ¿Habéis tenido alguna vez un amigo imaginario? Alguien incondicional con quien jugar, reír, llorar, soñar… Los imaginarios (Editorial Blackie Books) es una novela que ofrece a niños, y también a adultos, aventuras e intrigas que se van resolviendo capítulo a capítulo.

La mente maravillosa de Amanda crea historias que atrapan al lector, y con su mejor amigo (imaginario) Rudger se enfrentará a un hombre extraño y a una niña misteriosa que los persiguen. Pero, ¿qué pasa con los personajes imaginarios cuando su creador desaparece? Eso es algo que tendrá que descubrir Rudger cuando se ve obligado a alejarse de Amanda.

Lecturas infantiles, aptas (y quizá necesarias) también para adultos 1
La combinación entre historia e ilustraciones convierte a ‘Los imaginarios’ es una joya de la literatura. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Este mundo de fantasía está acompañado por unas ilustraciones que nos enseñarán mucho más sobre todos y cada uno de los personajes. Detalles que nos servirán para sortear con ellos las peripecias de este viaje.

Un camino de flores: la belleza de las cosas pequeñas

Al ir caminando por la calle, allá donde estés, puede que pocas veces te des cuenta de los detalles que rodean ese paseo, aunque sean las cosas pequeñas más bonitas del mundo. Quizá seamos inmunes a todo eso: demasiados compromisos y problemas (reales o creados). La magia de Un camino de flores (Libros del Zorro Rojo) radica precisamente en eso, en la belleza de lo pequeño. Este cuento no tiene letras, no las necesita; lo que transmiten sus dibujos tiene la suficiente fuerza.

Érase una vez una niña con un abrigo rojo que salió a pasear por la ciudad de la mano de su padre. Era capaz de ver la belleza invisible para los otros. Un camino de flores, pájaros y naturaleza que genera un sentimiento ‘de abrazar’, a pesar del individualismo y la negrura urbana que domina el paisaje principal.

Lecturas infantiles, aptas también para adultos 1
El cuento va dejando y regalando flores a todos aquellos que se cruzan en el camino. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

A través de sus pasos, la niña del abrigo rojo nos va llevando a un mundo más verde, con más vida, con más alma. Reparte flores para todos aquellos que se encuentra en el camino; este cuento infantil escarba y consigue reflejar esas cosas pequeñas ante los que merece la pena parase.

¡De aquí no pasa nadie! o eso creía el general

¡Un general manda en este libro! Montado en su caballo negro-azulado y chillando a todos a su paso, el general Alcázar quiere ser el héroe de esta historia a golpe de prohibición y sin hacer nada para merecerlo. Se atribuye el derecho exclusivo de marcar la frontera y de ser el único en pasar a la página en blanco de la derecha.

El señor guardia tendrá la obligación de cumplir la orden de su superior y mantener a toda la población alejada de esta página. No podrá pasar una madre con sus cinco hijos, ni el astronauta Nelo, ni el oso Miel, ni el señor Albino con su bastón, ni los niños Simón y Cristiano para jugar con la pelota roja… Pero cuando los distintos personajes llegan a la frontera entre la página izquierda y la página derecha, algo inesperado sucede para convertir en héroe de esta historia a quien menos lo esperaba.

Con sencillos dibujos y muchos colores, este cómic para niños logra dar personalidad propia a una multitud de personajes, tan distintos y variopintos como los que dan forma a nuestra sociedad.

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El general Alcázar, subido en Relincha-Cohete, quiere imponer su ley a todos los demás. | Imagen: Takatuka

“Uno de los libros más bonitos que se ha escrito sobre la dictadura”

¡De aquí no pasa nadie!, de la editorial Takatuka, recibió el Premio Nacional de Cómic 2015 Portugal – Mejor ilustración de álbum infantil (autor portugués). Las críticas también resaltan el valor de una obra infantil que enseña valores imprescindibles en todos los adultos, y que denuncia la injusticia de aquellos que quieren imponer su voluntad sobre todos los demás. Los autores, ambos nacidos en Lisboa, dejan entrever el poderío de la Revolución de los Claveles, en 1974, que conllevó la caída de la dictadura en Portugal y propició la instauración de un nuevo y esperanzador sistema democrático.

“Uno de los libros más bonitos que se ha concebido y escrito sobre el tema de la dictadura y de la revolución pacífica. Y es para los más pequeños“, Anna Castagnoli, blog Le figure dei libri

“Es uno de los grandes libros publicados este año”
, Sara Figueiredo, Caldeirão Voltaire, diciembre 2014

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La unidad de todos los personajes tuvo resultado. | Foto: Véronica F. Reguillo / The Objective

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Pon un máster en tu vida para ganar 1.000 euros al mes

Redacción TO

Foto: Jordan Encarnacao
Unplash

El caso máster de Cristina Cifuentes ha hecho que se hable de esta titulación más que nunca. Sin embargo, en los últimos días no sólo se ha cuestionado la formación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la ‘titulitis’ entre nuestros políticos se ha expandido hasta extremos inimaginables poniendo en tela de juicio la función y el reconocimiento de esta formación.

Ejemplo de ello es también el ‘conseguido’ título de posgrado en el que se graduó el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casadodel que sólo cursó cuatro asignaturas (20 créditos) de las 22 totales (60 créditos) que componen el título. Casualmente, se trata del mismo máster en Derecho Público del Estado Autonómico de la Universidad Rey Juan Carlos que defiende haber cursado “legalmente” con cabeza alta y sonrisa permanente la mandataria popular.

“Los estudiantes de posgrado aprueban el 89,10% de los créditos matriculados”

Sin embargo, en un mercado laboral inestable, cambiante y cada vez más exigente, los jóvenes intentan disponer de las máximas herramientas posibles para aterrizar en él con buen pie. De esta forma, después de licenciarse, buena parte de ellos deciden continuar con su formación con algún título de posgrado. Así se desprende del último informe publicado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Estadísticas de Indicadores Universitarios 2017, que muestra cómo el 22,8% de los alumnos que acabaron un grado se matricularon en un máster para continuar con su formación, siendo la universidad pública la que mayor registros recibe, el 67,5% de los estudiantes, frente al 32,5% que lo hace en una privada.

En 2015/2016 –últimos años de los que se tienen datos–, 171.043 alumnos se matricularon en un máster, un 20,32% más que el curso anterior. En el caso de las carreras universitarias, fueron 345.835 los que se inscribieron en estudios superiores. Sin embargo, la tasa de rendimiento –relación entre créditos superados y créditos matriculados– muestra cómo los estudiantes de máster obtienen mejores resultados: un 89,1% frente a un 77,7% de los estudiantes de grado. Y es que, en el primer año de matriculación, un 21,8% de los jóvenes inscritos en alguna carrera universitaria terminan tirando la toalla, frente al 13,3% de los matriculados en posgrados.

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171.043 alumnos se matricularon en un posgrado en 2015/2016. | Foto: Jordan Encarnacao/Unsplash

En cuanto a la nota media, el resultado es similar. Los alumnos de máster sacan mejores notas y aprueban más que los estudiantes de grado. Un 8,2 frente a un 7,23.

Sobre la tasa de idoneidad, la cifra que evalúa el porcentaje de alumnos que aprueban sus estudios en los años correspondientes, sólo un 34,9% de los estudiantes de una carrera de cuatro años consigue titularse en ese tiempo, frente al 72,7% que sí consigue terminar a tiempo un máster que dure 12 meses.

Un 27% de los titulados de máster no supera los 1.000 euros al mes

Una de las razones por las que decidimos continuar nuestra formación con un máster, además de por seguir ampliando nuestros conocimientos, es por mejorar nuestras expectativas económicas. Según estudios, los británicos con un máster pueden ganar 5.000 libras más al año que los que solo tienen una carrera universitaria.

Sin embargo, en España las cifras son irrisorias ya que, según datos del Barómetro de empleabilidad de los universitarios en España 2017, un 26,83% de los titulados de posgrado en nuestro país no supera los 1.000 euros al mes. Entre 1.201 y 1.600 cobra un 18,49% de las personas graduadas, seguidas de las que cobran entre 1.601 y 2.100 euros (18,41%).

En este sentido, según el estudio, que contó con 6.738 titulados de máster que finalizaron sus titulaciones durante el curso 2013/2014, la causa que explica en mayor medida esta situación es “no haber podido encontrar un trabajo de jornada completa” (47,87%).

En el otro extremo, un 4,37% cobra de 3.001 a 4.500 euros, y tan solo un 1,25 percibe de 4.501 a 6.000 euros, siendo los titulados en Ingeniería y Arquitectura los que más cobran (entre 1.601 y 2.100 euros brutos al mes), y los de Artes y Humanidades los que menos (entre 601 y 1.000 euros).

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Antonio Banderas for president

Laura Fàbregas

Foto: Chris Pizzello
AP

Olé, olé y olé. Poco más se puede decir de un andaluz con tanto arte como Antonio Banderas. Nuestro actor más internacional ha demostrado, una vez más, su compromiso con la libertad y la democracia.

Antonio Banderas explicaba en The Guardian lo que había sucedido en Cataluña el 1 de octubre, más allá de sentimentalismos y victimismos. Más allá de esas imágenes que hacen temblar a los pusilánimes.

Como él mismo confesó, sabía que se metía “en un jardín”, pero decidió salir de esa zona de confort donde viven tantos artistas y en la que es más fácil sonreír y no posicionarse. Tomó partido.

No es la primera vez que Banderas da la cara. Demostró su carácter luchador y sus dotes de orador en el discurso de reivindicación de una autonomía andaluza. Tirando por los aires las falsas dicotomías de una identidad monolítica. Se dirigió a Andalucía, a España y a la humanidad.

Pero hay otro discurso suyo mejor, que es el que formuló tras recibir el Goya de honor. Este hombre, cercano al PSOE y de orígenes humildes, demostraba que es el esfuerzo y no la queja el motor del progreso. Asumía, con madurez, que la vida es un partido, en el que hay que implicarse.

De nuevo, este artista nacido bajo el sol malagueño de agosto, ha hecho más por la diplomacia española que el ministro de exteriores Alfonso Dastis.

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Ni España es el problema ni Europa la solución

Miguel Ángel Quintana Paz

Foto: Reuters

Los bilbaínos que acudieron a una conferencia de título, en principio, poco atractivo (“La pedagogía social como programa político”), pero impartida nada menos que por el filósofo José Ortega y Gasset, tuvieron allá por 1910 el privilegio de escuchar en primicia una frase que se acabaría convirtiendo en todo un lema para nuestro país. Se trata del célebre “España es el problema y Europa la solución”: una idea que al regeneracionismo de inicios de siglo apasionó, la II República ambicionó, los antifranquistas contemplaron con esperanza y nuestra democracia actual ha elevado casi al rango de dogma.

¿De dónde le viene el éxito a esta sentencia? En primer lugar, incide en que España resulta “problemática”, y aquí siempre nos ha gustado mucho vernos así.

España es por supuesto problemática para los separatistas (de hecho, tan problemática que incluso su nombre les supone un apuro, y prefieren sustituirlo por lo de “el Estado español”). España es problemática para los izquierdistas, quizá porque no siempre les vota (y de hecho también sienten recelos ante su nombre, que a menudo reemplazan por “Este país”). España fue problemática para Francisco Franco (que se sintió llamado a resolver sus aprietos con contundencia), pero también para la derecha de Manuel Fraga (que acuñó el eslogan “Spain is different”).

Incluso los regeneracionistas más modernos de hoy día siguen observando España como un problema que ellos están llamados a resolver. En un libro significativamente titulado “El dilema de España” Luis Garicano (de Ciudadanos) propuso salir de tan dilemática situación optando por parecernos a Dinamarca (que, al parecer, ni es un dilema ni un problema). A su vez, Rosa Díez llegó a aducir que la causa de que su regenerador partido, UPyD, no obtuviera el éxito electoral que hoy se prevé para C’s residió en que había diseñado un partido “para daneses” (mientras que, entendemos, por desgracia España anda aún repleta de españoles: un problemón).

Ahora bien, pese a que tantos políticos nos vean tan problemáticos, lo cierto es que la historiografía más actual se muestra reticente ante tal creencia. Lejos quedan ya los días de 1949 en que Laín Entralgo (un orteguiano de pro) publicara su “España como problema”. Actualmente, cuando uno estudia (como es deber de los historiadores) nuestro pasado en comparación con el del resto de naciones europeas, lo que encuentra son muchas más semejanzas (en las dificultades y en los logros) que abismos de diferencias infranqueables.

¿Afligen y han afligido a nuestro país diversas contrariedades? Sin duda. ¿Lo convierten eso en todo un problema radicalmente intenso en el seno de Europa? No. Autores de allende nuestras fronteras (Raymond Carr, Joseph Pérez) y de aquende (Juan Pablo Fusi, Santos Juliá, José Varela Ortega) han ido explicando esta sencilla verdad de modo tan sólido como, lamentablemente, poco eficaz para los políticos y su obsesión con lo problemática que nuestra España es.

Pero seguramente es la segunda parte de la sentencia de Ortega, “Europa es la solución”, la que siempre ha cosechado entre nosotros un éxito mayor. No es común en otros países la unanimidad que se dio tanto en el Congreso como en el Senado cuando aprobaron la integración en la Comunidad Económica Europea de 1985. Pocos pueblos votarían tan mayoritariamente como hizo España en 2005 el fallido proyecto europeo de Constitución (de hecho, Francia y Holanda votaron en contra). Si a esto unimos que durante lustros la existencia de Europa la hemos percibido sobre todo en los carteles del FEDER que nos contaban los cuantiosos fondos con que la UE regaba nuestras tierras, no sorprende el vibrante europeísmo que las encuestas siempre han confirmado que nos embarga.

Y conste que un servidor no tiene en principio nada en contra del europeísmo, e incluso tiende a considerarse partidario del mismo. Ahora bien, igualmente creo que Ortega y Gasset no debe ser la única luminaria filosófica que nos oriente en nuestras cuitas. Y que de otro gran pensador, don Miguel de Unamuno, también tenemos seguramente mucho que aprender.

Hay un texto unamuniano de 1898, tras los desastres de aquel año, que creo que puede resultarnos hoy, cuando quizá también sintamos cierto vapuleo, particularmente esclarecedor. Se titula “La vida es sueño”. Con su habitual maestría, el antiguo rector de la Universidad de Salamanca es capaz de tocar en él diversos asuntos; pero me gustaría concentrarme en el que más atañe lo que aquí venimos sopesando.

Unamuno notó que ya por entonces cundía entre los españoles una cierta obsesión regeneracionista: “hablamos ahora y a cada paso de la regeneración de España”, describe. También capta que esa manía se asocia con el progreso, con la modernidad, con el europeísmo, con dejar de ser tan problemáticos y empezar a ser más como el resto. Hasta aquí, nada novedoso, como hemos visto: 120 años más tarde seguimos dándole vueltas a la misma noria. Ahora bien, Unamuno añade en 1898 algo que también sirve para el año 2018: esa obsesión con ser como los demás se ha visto contaminada con uno de nuestros peores defectos. De suerte que, curiosamente, ya no es tan europea y sí muy españolaza. Por paradójico que resulte, hemos teñido nuestro europeísmo de algo bien poco europeo y muy nuestro: el quijotismo.

Somos unos quijotes cuando vemos Europa como solución a todos nuestros problemas. Porque Europa no es esa Dulcinea que, lozana y complaciente, viva solo para aguardarnos y satisfacer nuestros anhelos el día en que alcancemos su vera. Pecamos de quijotería cuando atribuimos a Europa la capacidad de solventar lo que nosotros no nos hayamos solventado. Porque basta conocer un poco Europa (¡o conocer mundo!) como para saber que entre sus desvelos no está el de sacarles a los perezosos castaña alguna de ningún fuego.

Hemos sido unos quijotes cuando nos hemos negado a mirar a la realidad cara a cara: y la realidad es que hoy Europa, aparte de leyes y políticos, no es una comunidad de 500 millones de personas dispuestas a jugárselo todo por edificar un proyecto común. Nos sentimos como don Quijote, derribado por unos simples molinos, cuando unos jueces regionales de Schleswig-Holstein entran a enmendar la plana a nuestro Tribunal Supremo. O cuando los socialdemócratas germanos comparan nuestro país con Turquía y dudan de que sea un Estado democrático. Pero los molinos siempre fueron molinos; y es culpa solo de nuestra loca imaginación el confiar en que los alemanes iban a apostar antes por nosotros que por el reconfortante placer de la equidistancia y la corrección política.

(Dicho sea incidentalmente: Alemania lleva doscientos años apostándolo todo al movimiento intelectual que más cunda en cada momento: y por eso fue romántica como ninguna otra nación a inicios del XIX, vitalista cuando a finales del XIX hacía falta serlo, eficacísimamente totalitaria a mediados del convulso siglo XX. Y por eso es hoy políticamente correcta como la que más).

En suma, los españoles seguimos siendo unos quijotes porque, cuando decimos que España es el problema y Europa la solución, en realidad no estamos pensando en resolver de manera realista, con nuestras propias manos, problema alguno. Estamos pensando más bien en que, sí, España es el problema, pero Europa será solo la disolución. Para qué ponernos a arreglar nuestra casa si algún día cercano viviremos en el castillo de ensueño que nos están construyendo belgas, fineses y alemanes. Hasta que Alonso Quijano, de una vez, despierte y caiga en la cuenta de que el palacio de sus fantasías no es tal, sino solo una simple venta del camino. Y que, si no quieres acabar manteado como Sancho Panza en ella, conviene que la reconozcas como tal.

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Los hogares como espacios de difusión cultural: mismos artistas, diferentes escenarios

Alejandro Alonso

Si antes consumíamos productos culturales, hoy compramos experiencias. Cada día surgen nuevas formas de presentar, generar y consumir cultura. En un momento en el que la digitalización produce una desmaterialización, desmonetización y democratización de gran parte de productos culturales, artistas y curadores han buscado nuevas vías y estrategias adaptadas a las exigencias del presente. En esta nube posmoderna aparecen propuestas enfocadas al cambio del concepto de espacio para la cultura.

Arte

Ya en los 70s la Gallery House de Londres amplió la idea de espacio expositivo con muestras en una casa unifamiliar. Open Bedroom (1993), fue una acción efímera de un joven Jeremy Deller que consistió en una exposición en la casa de sus padres –donde vivía- cuando éstos se fueron de vacaciones. En la España de los 90, tendencias como las de Window 99 o Doméstico se sirvieron de casas al uso para albergar proyectos artísticos.

Recientemente surge Salón, una propuesta de Ángela Cuadra basada en exposiciones de corta duración en el salón de su casa; o FAC (Feria de Arte en mi Casa), promovida por David Heras que apunta a su cuarta edición. Cada vez florecen más alternativas, unas enfocadas a marcar la diferencia y otras que surgen simplemente de la demanda existente de lugares donde difundir arte. 

Los hogares como espacios de difusión cultural, mismos artistas, diferentes escenarios. 2
Exposición Tender Buttons en Salón. | Foto cortesía de Ángela Cuadra.

Teatro

A finales del siglo XVIII, agrupaciones vecinales se juntaban en casas particulares para hacer teatro ante públicos reducidos. Estas representaciones que satisfacían la necesidad de ocio de vecinos y tertulianos no pudientes. En la última década, apuntando a la reubicación como respuesta a la situación político-cultural, aparece el micro teatro en 2009, de mano del dramaturgo Miguel Alcantaud en un burdel madrileño. Un año después, surge, también en Madrid el Festival internacional de Teatro Intimo en Casas Particulares promovido por Santi Senso. Esta tendencia que crece con los años, la encontramos multiplicada en varias ciudades del mundo.

Música

En el ámbito de la música están creciendo los espectáculos en viviendas, herencia de las House Rent Parties del Harlem de los años 20, una serie de eventos musicales en casas privadas que influyeron mucho en el desarrollo del blues y el jazz. Hoy en día artistas y espacios poco habituales también se ofrecen para acoger eventos musicales. La presencia de plataformas como Sofar Sounds –creada en Londres en 2009- está animando a la diversificación de los entornos de difusión cultural, proponiendo conciertos en casas privadas, habitaciones, tiendas, azoteas o jardines.

Los hogares como espacios de difusión cultural, mismos artistas, diferentes escenarios. 1
Concierto de Marcos Gallo promovido por La Casa B y exposición de Alejandro Moreno De Carlos. | Foto: La Casa B.

La Casa B Madrid

Estos lugares cotidianos originan conexiones cercanas, acercamientos que favorecen y amplían las redes de contacto entre agentes relacionados con la cultura y otros públicos. Un claro ejemplo de ello es La Casa B Madrid. Ubicada en un séptimo piso del centro de la capital, acoge en su salón iniciativas culturales de todo tipo. Sus cuatro inquilinos se encargan de la gestión del lugar con el objetivo de crear experiencias y vínculos entre la gente y los artistas. Para ellos no es una forma de ganarse la vida sino “una manera de conectar y darse a conocer dentro de la escena cultural madrileña”.

Su programación es muy variada: conciertos, exposiciones, música experimental, poesía, performance, micro teatro, micro musical, cine forum, talleres y conferencias. Aunque parece un centro cultural al uso en un contexto diferente sigue siendo una casa y en el momento en el que terminan los eventos el espacio vuelve a ser un hogar. Construyen lo efímero desde la constancia.

Nuevos continentes para viejos contenidos crecen en la capital con la intención de expandirse y permanecer. Una renovación necesaria en el ámbito de la cultura que dinamiza y empuja a la participación de nuevos espacios, refrescando las formas de hacer y vivir cultura.

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