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Lecturas infantiles aptas (y quizá necesarias) también para adultos

Verónica Reguillo

Foto: Verónica F. Reguillo
The Objective

Para grandes y pequeños: ¿Habéis tenido alguna vez un amigo imaginario? Alguien incondicional con quien jugar, reír, llorar, soñar… Los imaginarios (Editorial Blackie Books) es una novela que ofrece a niños, y también a adultos, aventuras e intrigas que se van resolviendo capítulo a capítulo.

La mente maravillosa de Amanda crea historias que atrapan al lector, y con su mejor amigo (imaginario) Rudger se enfrentará a un hombre extraño y a una niña misteriosa que los persiguen. Pero, ¿qué pasa con los personajes imaginarios cuando su creador desaparece? Eso es algo que tendrá que descubrir Rudger cuando se ve obligado a alejarse de Amanda.

Lecturas infantiles, aptas (y quizá necesarias) también para adultos 1
La combinación entre historia e ilustraciones convierte a ‘Los imaginarios’ es una joya de la literatura. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Este mundo de fantasía está acompañado por unas ilustraciones que nos enseñarán mucho más sobre todos y cada uno de los personajes. Detalles que nos servirán para sortear con ellos las peripecias de este viaje.

Un camino de flores: la belleza de las cosas pequeñas

Al ir caminando por la calle, allá donde estés, puede que pocas veces te des cuenta de los detalles que rodean ese paseo, aunque sean las cosas pequeñas más bonitas del mundo. Quizá seamos inmunes a todo eso: demasiados compromisos y problemas (reales o creados). La magia de Un camino de flores (Libros del Zorro Rojo) radica precisamente en eso, en la belleza de lo pequeño. Este cuento no tiene letras, no las necesita; lo que transmiten sus dibujos tiene la suficiente fuerza.

Érase una vez una niña con un abrigo rojo que salió a pasear por la ciudad de la mano de su padre. Era capaz de ver la belleza invisible para los otros. Un camino de flores, pájaros y naturaleza que genera un sentimiento ‘de abrazar’, a pesar del individualismo y la negrura urbana que domina el paisaje principal.

Lecturas infantiles, aptas también para adultos 1
El cuento va dejando y regalando flores a todos aquellos que se cruzan en el camino. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

A través de sus pasos, la niña del abrigo rojo nos va llevando a un mundo más verde, con más vida, con más alma. Reparte flores para todos aquellos que se encuentra en el camino; este cuento infantil escarba y consigue reflejar esas cosas pequeñas ante los que merece la pena parase.

¡De aquí no pasa nadie! o eso creía el general

¡Un general manda en este libro! Montado en su caballo negro-azulado y chillando a todos a su paso, el general Alcázar quiere ser el héroe de esta historia a golpe de prohibición y sin hacer nada para merecerlo. Se atribuye el derecho exclusivo de marcar la frontera y de ser el único en pasar a la página en blanco de la derecha.

El señor guardia tendrá la obligación de cumplir la orden de su superior y mantener a toda la población alejada de esta página. No podrá pasar una madre con sus cinco hijos, ni el astronauta Nelo, ni el oso Miel, ni el señor Albino con su bastón, ni los niños Simón y Cristiano para jugar con la pelota roja… Pero cuando los distintos personajes llegan a la frontera entre la página izquierda y la página derecha, algo inesperado sucede para convertir en héroe de esta historia a quien menos lo esperaba.

Con sencillos dibujos y muchos colores, este cómic para niños logra dar personalidad propia a una multitud de personajes, tan distintos y variopintos como los que dan forma a nuestra sociedad.

¡De aquí no pasa nadie! (o eso creía el general) 1
El general Alcázar, subido en Relincha-Cohete, quiere imponer su ley a todos los demás. | Imagen: Takatuka

“Uno de los libros más bonitos que se ha escrito sobre la dictadura”

¡De aquí no pasa nadie!, de la editorial Takatuka, recibió el Premio Nacional de Cómic 2015 Portugal – Mejor ilustración de álbum infantil (autor portugués). Las críticas también resaltan el valor de una obra infantil que enseña valores imprescindibles en todos los adultos, y que denuncia la injusticia de aquellos que quieren imponer su voluntad sobre todos los demás. Los autores, ambos nacidos en Lisboa, dejan entrever el poderío de la Revolución de los Claveles, en 1974, que conllevó la caída de la dictadura en Portugal y propició la instauración de un nuevo y esperanzador sistema democrático.

“Uno de los libros más bonitos que se ha concebido y escrito sobre el tema de la dictadura y de la revolución pacífica. Y es para los más pequeños“, Anna Castagnoli, blog Le figure dei libri

“Es uno de los grandes libros publicados este año”
, Sara Figueiredo, Caldeirão Voltaire, diciembre 2014

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La unidad de todos los personajes tuvo resultado. | Foto: Véronica F. Reguillo / The Objective

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos”

Beatriz García

Foto: Leticia Hueda

– ¿Quieres saber cuál es la mejor forma de guardar un secreto?

– Habla más bajo, te van a oír todos…

– Si susurrásemos, sospecharían. La mejor forma de guardar un secreto es exponerlo a la vista de todos.

(Conversación entre dos agentes secretos, pongamos que tú y yo…)

Conocí a Servando Rocha (Santa Cruz de La Palma, 1974 – tal vez deberíamos dudar también de eso) en dos lugares y dos épocas diferentes. En la primera ocasión, me sentí invisible; en la segunda, me enorgullecí de serlo. Y tal vez ocurra lo mismo contigo, lector. Si es así, si el Ojo de Horus de William Burroughs también te vigila desde la portada de un libro, sabrás entonces que ese libro es ‘La Horda: Una revolución mágica’ (La Felguera, 2017).

La entrevista que sigue sí tuvo lugar, aunque si sucedió o no en la forma en que lo cuento carece totalmente de importancia. El propio historicismo, me dice Servando, “es una manera de manipular y maquillar la historia”. La manipulación de la manipulación, de eso trata La Horda. Además de otras muchas cosas que iremos viendo en tanto nos  internamos por los fétidos callejones y subterráneos del París de 1623, una ciudad devastada por la Guerra de los Treinta Años donde hay espías por todas partes, alquimistas que trabajan como mercenarios a las órdenes de católicos o protestantes y una comunidad invisible, nacida al abrigo de los rosacruces, que ha existido a lo largo de los tiempos y de la que tal vez tú, lector, acabes formando parte.

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos” 1
El ojo de Horus de William Burroughs nos vigila desde la portada.

– Ése no es el principio de ‘La Horda’, o sí, pero deberías primero hablar de Morgana. Porque Morgana es como Pandora y su caja, aunque nadie sepa quién es… – Servando no susurra. Es un agente secreto dedicado a revelar secretos.

– ¿Te refieres al compilador del manuscrito que encontraron en un apartamento en Londres en los años ochenta después de la explosión? ¡Bah! No sirve de nada hablar de alguien del que ni siquiera sabemos si ha existido… Seguro que se lo inventó algún gracioso; por ejemplo, tú.

– De eso se trata. ‘La Horda’ es un libro sobre verdades que se emancipan de las mentiras para ser verdades absolutas y de secretos que a su vez se alimentan de otros secretos. Antes mencionabas a la Hermandad de la Rosacruz: hay muchos investigadores serios que creen que los primeros rosacruces fueron un invento de unos pocos, no así la segunda y la tercera generación, que creyeron en la primera, y así sucesivamente… Creer en algo hace que acabe existiendo –concluye Servando.

Caminamos intentado detectar energías ocultas en ese París renacentista y decrépito recreado por el editor de La Felguera, que cada vez nos recuerda más a un decorado expresionista, una mezcla de ‘El Gabinete del doctor Caligari’ y El ‘Jorobado de Notredame’ de Víctor Hugo. Y hay que avanzar con cuidado, evitando determinadas zonas muertas donde los Despiertos, enemigos de las células invisibles, son fuertes y peligrosos. Las ciudades de ‘La Horda’ están vivas, son ciudades que dialogan contigo. “El subsuelo tiene memoria”, leo en esta singular novela trampa por la que transitamos igual que si cruzásemos un laberinto de falsos espejos, un mapa en el que encontrar un tesoro oculto.

– En el fondo –dice Servando-, este pasear sin rumbo es una forma de conectar con el territorio. Ocurre a menudo, cuando caminas por una ciudad y de repente llegas a un lugar que te afecta de una forma especial. También Ramón del Valle-Inclán lo hacía, la naturaleza y el paseo inspiraron sus iluminaciones; era profundamente esotérico, un seguidor de la teosofía.

—–MOMENTOS PROMOCIONALES: La Felguera publicará próximamente ‘La lámpara maravillosa’ de Ramón del Valle-Inclán, con prólogo de Javier Sierra. FIN DEL COMUNICADO.—–

 

– Sí, bueno, pero ahora estamos tú y yo a merced de Ardenti, el cazador de invisibles que me cae tan bien aunque quiera acabar con nosotros, y no tenemos una triste varita…

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Se avecina una revolución mágica. | Foto: Leticia Hueda.

Servando empieza a recitar un fragmento de ‘El matrimonio entre el Cielo y el Infierno’ de William Blake: “Entonces pregunté: ¿Para que una cosa exista basta la firme convicción? Respondió: Todos los poetas lo creen”.

– Pero podemos utilizar el ingenio poético. La magia es eso, imaginación creadora. Lo hacían Baudelaire y Mallarmé, y también los grandes iconos ocultistas como Alan Moore o Aleister Crowley. Si conociéramos a nuestros héroes del romanticismo y las vanguardias nos parecerían humanos, demasiado humanos. Y no importa si empleaban la meditación, las drogas o el paseo, puedes tener una experiencia extática incluso escuchando música o cuando te enamoras.

La revolución y la magia tienen en común su voluntad de transformación, pero para ello hace falta ver más allá de los límites de esta realidad ordinaria. “Ver”, como dice el autor de ‘La Horda’, “en cursiva”. Me habla de que vivimos con la mirada más atrofiada, que caminamos sin estar conectados al presente. Tal vez, le digo, necesitamos un Apocalipsis o una revelación.

– Lo malo del Apocalipsis es que siempre está por llegar.

– Vas a hacerme llorar… Mal asunto.

– Mejor eso que arder en la hoguera como Giordano Bruno, acusado de herejía. Lo curioso de todo es que no se equivocaba, ese gran astrólogo, filósofo, poeta y mago auguró que allá donde habían levantado una pira erigirían más tarde una estatua en su honor. Y así fue. Él es una de las mentes fundacionales de La Horda. Su semilla.

Dime una cosa, en la novela cuentas que el mago John Dee y Bruno se conocieron realmente, que igual que otros invisibles que les siguieron intentaban eliminar las guerras de religión y crear una fraternidad en la tierra. ¿Eso es cierto?

– ¿Cierto? Tiene gracia que lo preguntes a estas alturas.

Hubo un tiempo en que el arte y el ocultismo, y el ocultismo y la política no estaban separados. Magos y alquimistas como John Dee oficiaban de consejeros en las cortes europeas y más tarde Bakunin, principal ideólogo del anarquismo, inventó cientos de sociedades secretas que jamás existieron. Pero, ¿y si sí lo hicieron? ¿Y si la todas las teorías de la conspiración fuesen ciertas?, se pregunta y me pregunta Servando, invocando a esos invisibles de todas las épocas y nacionalidades presentes en ‘La Horda’, como el escritor William Burroughs o el situacionista Alexander Trocci, quien habló de ‘la invisible insurrección de un millón de mentes’. Porque herejes y revolucionarios son lo mismo, los primeros precedieron a los segundos.

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Un libro repleto de juegos tipográficos y enigmas página tras página.

Los caminos se estrechan, el Mapa de los Laberintos de Giordano Bruno, que seguimos a medida que leemos ‘La Horda’, parece querer plegarse y todavía no hemos encontrado Arcadia, el fabuloso manuscrito que todos los invisibles, nosotros incluidos, hemos querido tener en nuestro poder. Tendremos que seguir creyendo en su existencia, en tanto París se nos sacude y, a lo lejos, presentimos las manecillas del Big Ben.

Londres, en algún punto del pasado cercano…

Una fachada herrumbrosa nos separa del final de la entrevista. “No podrán detenernos porque no existimos”, leemos a dúo como si conjurásemos la misma frase que fue lema de la Angry Brigade, la guerrilla urbana que sembró de atentados Reino Unido a principios de los años setenta. Esa misma invocación, esa llamada, sobrevuela ‘La Horda’.

– ¿Hay alguien ahí? – Un hombre con el cuello cortado, un antiguo miembro de los Angry Brigade, entra con nosotros en la casa okupada cuyas primeras plantas están totalmente calcinadas a causa de un reciente incendio. Afuera, en el patio, hay una hoguera y algunas personas alrededor.

– Son como nosotros, gente fuerte, gente que cree en lo mismo que nosotros – nos dice, o tal vez se lo dice sólo a Servando, o se lo dijo, mejor dicho, aquel día, años atrás, en que viajó a Londres para reunirse con supuestos miembros de esta antigua brigada furiosa y escribir ‘Nos estamos acercando. ‘La historia de Angry Brigade’ (La Felguera, 2004).

Fue ese mismo día, sí, y no otro cuando acabaron recorriendo las calles de Londres a 150 kilómetros por hora mientras el tipo del cuello cortado gritaba “¡Que le den a los pacifistas!” y le hablaba a Servando de guerrillas informativas y ‘bobbies’ asustados. Y ahora que el inglés nos hace, o le hizo, subir hasta las últimas plantas, rodeados de murales de hombres armados, el editor de La Felguera me señala una pintada:

‘Esta no es la salida’.

– Pero, ¿ y si…? –murmura.

– ¿Y si qué?

– ¿Y si hubiera una puerta detrás de ese muro?

Y si detrás de esa puerta estuviera William Burroughs mirándonos, su Ojo de Horus desde los estantes de las librerías, en la portada de un libro. Un libro que se titula ‘La Horda’ y que estás llamado a leer.

Pd. Si quieres unirte a La Horda no te esfuerces en buscarlos. Cuando llegue el momento, si estás preparado, ellos te encontrarán a ti.

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Dragon Ball, nostalgia revisitada

Jorge Raya Pons

Foto: Toei Animation

Hubo un tiempo en que en la televisión no había otra cosa que dibujos japoneses. Compartimos dos generaciones, y puede que también una tercera, ese vicio de sentarnos con las piernas cruzadas y en el suelo frente al televisor para ver los campos infinitos de Oliver y Benji, los caprichos imprevisibles de Nobita, los casos imposibles del detective Konan. Pero el entretenimiento que causaba Dragon Ball, con todas sus variables, con todas sus variaciones, marcó profundamente nuestra infancia.

En el colegio no nos perseguíamos inventando pistolitas con los dedos, sino que juntábamos las manos con las muñecas hacia dentro y gritábamos el kame kame ha. Nuestras víctimas, claro, no tenían otra salida que fingirse muertos o echar a correr. En algunos casos, eran los pocos, se atrevían a contrarrestar esa bola de luz y entonces comenzaba una batalla de la que era difícil salir con dignidad.

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El pequeño Goku, cuando no sabía hacer el kame kame ha. | Fuente: Toei Animation

La historia de Dragon Ball guarda muchos parecidos en su inicio con Superman; luego las distancias argumentales son abismales. El relato cuenta la vida de Goku, un niño con cola de mono enviado al planeta Tierra antes de que el suyo fuera destruido. Goku pertenece a la saga de los Saiyajin y en el espíritu de estos no existe otro ánimo que el de causar destrucción a su paso; el niño de pelo oscuro fue enviado a nuestro planeta para reunir el poder suficiente con el que sembrar el caos y destruirnos, pero un golpe fortuito en la cabeza le hizo caer en la amnesia y nunca pudo recordar su cometido. Fue entonces cuando lo encontró el viejo Son-Goha y lo acogió, dándole una educación fundamentada en la filosofía de las artes marciales que en adelante aplicó.

Dragon Ball nos descubrió un universo único de Apocalipsis y mil colores que nos mantenía en vilo y al borde de la epilepsia cada tarde después del colegio; todas aquellas batallas sin cuartel y a campo abierto nos enseñaron por primera vez la estrecha frontera entre el bien y el mal. En aquellos tiempos, puede ser, no nos preguntábamos tanto. Pero fue con el paso de los años que lo fuimos interiorizando, que creamos nuestras propias líneas de pensamiento sobre el porqué de esas luchas de poder, de por qué tantos seres están dispuestos a matar y solo unos pocos mantienen la entereza y el valor necesario para defender las causas justas aun a riesgo de morir.

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El pequeño Goku, en brazos de Son-Gohan. | Fuente: Toei Animation

Reconoció en una entrevista Akira Toriyama, creador de Dragon Ball, que le sorprendía la visión heroica que el mundo creó sobre Goku, al que no quiso atribuirle una conciencia social, sino una vocación individualista y de autosuperación: “Yo quería que Goku diera la sensación de ser este tipo extraño que solo persigue ser cada vez más fuerte. Al final, como resultado, termina salvando a todos. Pero Goku no tiene por qué ser un buen tipo por ello, aunque el resultado de sus acciones sí lo sean”.

Un día como hoy de 1989 se emitió en Japón el primer episodio de la serie y captó un interés inusual. Los tebeos de manga que sirvieron de semilla de la serie vendieron más de 230 millones de copias a nivel mundial y en Estados Unidos, por ejemplo, Dragon Ball superó el récord de audiencia de la cadena de animación Cartoon Network tras reunir a 1,7 millones de espectadores frente al televisor. Pero más allá de su impacto en la cartera de los productores, queda cómo influyó en nosotros. ¿Quién, a lo largo de estos años, no se ha vuelto a un amigo y ha repetido con él la extraña coreografía de fusión? Ahora casi ruboriza reconocerlo.

Madrid se viste de Sevilla

Lidia Ramírez

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters

Sólo quedan unos días para que arranque la Feria de Abril o Feria de Sevilla. Cantar, bailar y disfrutar del ‘pescaíto’ frito, los adobos y el jamón acompañados de un fino o un rebujito es premisa estos días en la capital andaluza. Sin embargo, no sólo en Sevilla se podrá disfrutar de la auténtica fiesta de la primavera. ‘La madre de todas las ferias’, que este año cumple 170 años, también estará presente en Madrid. Símbolo del arte de vivir la vida y máxima expresión de alegría y diversión, los faralaes y farolillos vestirán la capital de España durante toda esta semana hasta el 7 de mayo para que los sevillanos y andaluces de pura cepa se sientan como en casa. Por ello, The Objective recopila algunos lugares para disfrutar de la pasión, la alegría y la tradición andaluza en Madrid.

Mercado de San Ildefonso

El próximo 30 de abril, con el tradicional encendido de las luces, comenzará la Feria de Abril de Sevilla que tendrá su réplica, del 30 de abril al 7 de mayo, en el Mercado de San Idelfonso, que durante una semana vestirá de Sevilla cada uno de sus puestos. Andalucía y la Feria de Sevilla estará presente en sus paredes, en su decoración, en su música e incluso en sus bartenders. Para celebrar ‘la semana grande de la capital de Andalucía’, los distintos puestos del mercado han preparado platos muy especiales, con un toque muy andaluz. Así, Granja Malasaña ofrecerá unos exclusivos huevos camperos fritos con atún rojo de Barbate y DP Tapas propone salmorejo y ensaladilla con picos de Jerez. Por su parte, La Arepera ha preparado un delicioso pescaíto frito. La oferta se completa con otros platos estrella como las croquetitas de jamón de Tassi Gourmet, las brochetas andaluzas de La Brochette y las manzanillas, los finos, los blancos, los tintos, los dulces. . . de TaninosAdemás, durante esta semana, las barras del Mercado tendrán un protagonista muy especial, el rebujito.

La Encarna Bistró Andaluz 

Restaurante ideal en El Viso (Recaredo, 2) con patio perfecto para disfrutar del solecito y de sus tapas, raciones y medias raciones y su magnífica carta de vinos andaluces y de Jerez.  La nueva propuesta de La Encarna incluye: ‘Noches de flamenco’, ‘Sherry nights’, ‘Brunch en el patio’… donde la música, el buen ambiente y los sabores del Sur inundan cada rincón de este espacio.
Madrid se viste de Sevilla
Mejillones en cocotte y Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. | Foto: La Encarna Bistró Andaluz

Tradición y presente conviven en este restaurante referencia del estilo del Sur, una combinación que se manifiesta tanto en su carta, en la que están reflejadas recetas de toda la vida con presentaciones actualizadas y algunos guiños a la gastronomía francesa, como en su interiorismo. Como reflejo del espíritu andaluz, en La Encarna Bistró Andaluz no pueden faltar los fritos, elaborados con aceite de oliva y una mezcla de harinas ecológicas de cereales como trigo, garbanzo y maíz, entre los que destacan los salmonetes con chutney de tomate, los boquerones con emulsión de limón, las puntillitas con mayonesa de wasabi o la croqueta del choco. Las denominaciones de Jabugo, Medina Sidonia y Cumbres avalan los platos de la tierra, como las carrilleras ibéricas, guisadas en oloroso y crema de coliflor; los tacos de solomillo de ternera de pasto al whisky y papas; el corte de lomo de vaca retinta de Medina Sidonia o el magret de pato braseado.

Dirección: C/Recadero, 2

Precio medio: 25 euros

El Espigón

Es referente de la mejor mesa andaluza en la capital. Su decoración a base de excelentes maderas y efectos navales, nos aportan el escenario perfecto donde saborear los mejores pescados, mariscos, frituras, arroces, etc. Sus recetas andaluzas traen toda la frescura de la cocina mediterránea a través de sus productos frescos y de temporada en donde toman especial protagonismo sus pescados a la sal y los platos de carne como el solomillo Strogonoff. Un mundo lleno de distinción y elegancia en pleno centro financiero de Madrid.

Dirección: C/ Orense, 68
Precio medio: 50 euros

Bocaíto

La tradición de Bocaíto, la primera barra de tapas de Madrid, con más de 50 años de historia, se une a la tradición de una de las fiestas españolas con más solera. Por esa razón, Bocaíto ha diseñado una carta que transportará sensorialmente a sus clientes al recinto ferial sevillano. Los sabores de la Feria de Abril se trasladan a este pintoresco lugar que celebra esta fiesta con platos típicos, como el salmorejo, el gazpacho, las chacinas ibéricas, el rabo de toro, el potaje, la tortilla de patatas, la tortillita de camarones, las coquinas, los boquerones, los bienmesabes, las pijotas, los calamares y los salmonetes.
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Fritura de pescaíto. | Foto: Bocaíto

Todo ello acompañado de cañas, vinos, manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, fino de Jerez y rebujito.  Al frente de Bocaíto se encuentran Chris y Paco Bravo, la tercera generación de una saga familiar que ha estado al frente de este espacio durante más de 50 años, pero que en todo este tiempo ha mantenido la misma filosofía. Este leitmotiv es la perseverancia en buscar la mejor calidad en la materia prima, en la destreza de las mejores técnicas de corte de cuchillo, en la elaboración de los productos al momento y, por último, en no abandonar la esencia de la cocina tradicional castellana y andaluza.

Dirección: C/ Libertad, 6
Precio medio: 30 euros

La Gaditana

Según recoge en su web, alguien lo definió simplemente como ‘un rincón de Cádiz en Madrid’. Desde hace tiempo esta familia con raíces gaditanas tenían una ilusión que era montar una taberna como las que había en la antigua Cádiz. Sobre todo en lo concierne a la cocina y a la manera de preparar los antiguos platos gaditanos. Considerado como uno de los restaurantes referencia de la comida andaluza de la capital, situado en pleno centro de Madrid, en el barrio de Salamanca, la cocina tradicional del sur nunca había estado tan cerca y a unos precios tan competitivos. Las ortiguillas o las típicas tortillitas de camarón, además del cazón o el atún rojo son sus platos cumbre.

Dirección: C/ Lombia, 6
Precio medio: 25 euros

Google homenajea a María Zambrano, la primera mujer que ganó el Cervantes

Redacción TO

Foto: Barrio Pedro
EFE

Rodeada de plantas, sentada en el poyo de un ventanal que parece asomarse al mundo, y con un libro en sus manos. Así recibe María Zambrano -en el aniversario de su nacimiento- el homenaje del gran buscador americano Google. El sábado 22 de abril, la pensadora, filósofa y ensayista española habría cumplido 113 años. La extensa obra de María Zambrano solo fue reconocida durante los últimos años de su vida cuando recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias en 1981, y el Premio Cervantes en 1988. “Gracias por concederme, en esta hora de España y en la Universidad de Alcalá de Henares, la ocasión de haber sido la primera mujer galardonada con el Premio Cervantes”, aseguró Zambrano al recibir un galardón que no pudo recoger por su delicado estado de salud.

María Zambrano vivió casi 50 años en el exilio por ser una firme defensora de la II República y gran opositora al pensamiento único que se impuso durante los años 30 y 40, tanto en España como en Europa. Desde 1931 trabajó como profesora en la Universidad Central de Madrid, y en los años anteriores a su exilio entabló amistad con miembros de la Generación del 27 como Luis Cernuda o Miguel Hernández.

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Google se rinde ante María Zambrano. | Imagen: Google.

Al estallar la guerra, Zambrano se trasladó a Valencia y Barcelona, donde residió hasta 1939 cuando fue empujada al exilio en Francia. En los años siguientes, vivió en ciudades como París, Nueva York o La Habana. Se instaló en México donde impartió clases de Filosofía en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo en Morelia. También pasó una temporada en Puerto Rico y después en Roma, donde escribió obras como El hombre y lo divino, Los sueños y el tiempo y Persona y democracia. Más tarde volvió a Francia y en 1984 regresó a España. La filósofa falleció el 6 de febrero de 1991 en Madrid.

Más reconocimientos

Años antes de regresar a España, Zambrano fue nombrada Hija Predilecta por el ayuntamiento de Vélez-Málaga, su ciudad natal y poco después, en 1982, la Junta de Gobierno de la Universidad de Málaga acordó su nombramiento como Doctora honoris causa. Ya en 1984, y con una salud muy delicada, María Zambrano se instaló en Madrid y consumó así su vuelta a España, tras casi medio siglo de exilio.

Google también rinde su homenaje a María Zambrano, la primera mujer que ganó el Cervantes 1
La pensadora española sigue recibiendo reconocimientos. Esta vez, también del mundo digital. | Imagen: Arturo Espinosa / Flickr

A partir de ahí, continuaron los reconocimientos: Hija Predilecta de Andalucía en 1985, y la creación, en 1987, de la fundación que lleva su nombre en Vélez-Málaga. Un año después llegaría su consagración total al recibir el Premio Cervantes, considerado el ‘Nobel’ de las letras en lengua hispana. Cuando murió en 1991 fue enterrada entre un naranjo y un limonero en el cementerio de su ciudad natal, donde luego se trasladaron también los restos mortales de sus “dos Aracelis”, su madre y su hermana. En la lápida puede leerse a modo de epitafio el verso del Cantar de los Cantares, “Surge amica mea et veni”.

María Zambrano ha seguido recibiendo reconocimientos a título póstumo: Hija Predilecta de la Provincia de Málaga en 2002, y en 2006, el Ministerio de Fomento bautizó con su nombre la estación central de ferrocarril de Málaga. Este lunes, además, el pensamiento de la filósofa española se asoma al mundo a través del gran buscador Google.

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