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Póngame un consolador y la última de Stieg Larsson

Néstor Villamor

Foto: Ana Laya
The Objective

Con el sector librero español desangrándose (aunque ahora remonta, la crisis cercenó unos 2.400 puntos de venta, según datos comparados del INE y de CEGAL), la creatividad es materia troncal para la nueva hornada de vendedores de literatura. Así, estos han transformado sus negocios en empresas con amplitud de miras que no solo venden novelas, sino arte, alta cocina y hasta bolas chinas. Sin salir de Madrid, son varias las librerías híbridas. Por ejemplo, las siguientes.

Lorca y el sexo

En la balda superior de la estantería sur de A different life, dos superventas de Stieg Larsson coronan la estancia. Medio metro más abajo, las Cartas a Nelson Algren de Simone de Beauvoir se apoyan lascivamente sobre un ensayo de Foucault, atentamente observado a su vez por un poemario de García Lorca. Esta colección, fundamentalmente de literatura LGTB, está convenientemente custodiada por un nutrido ejército de consoladores, dilatadores anales, bolas chinas y demás enseres pensados para el uso y disfrute (sobre todo disfrute) de las artes amatorias. Lo que podría parecer mezclar el culo con las témporas, literalmente, es para Manuel Pérez, trabajador de esta combinación de librería y sex shop, una “idea obligada” ya que “la gente ha dejado de consumir libros”.
En… Pelayo, 30 (Chueca)
El librero recomienda… El viaje de Marcos, de Óscar Hernández (Egales)

Literatura a fuego lento

Recetarios. Ensayo gastronómico. Ficción narrativa en la que la cocina juega un papel central. A punto, una librería con “alrededor de unas 3.500 referencias” según su copropietaria Sara Cucala, marida este menú con talleres de cocina y eventos gastronómicos. “Tenemos un espacio dedicado al mundo de la docencia y de catas de vino y destilados”, presume Cucala, que define A punto como “una experiencia 360º”, porque las actividades culinarias no se limitan a la enseñanza. Para el Día del Libro, por ejemplo, han invitado a Pomi Ramírez, autor de El chef canino: Cocina para perros, a que haga un showcooking que posteriormente degustarán los canes de todo el que quiera apuntarse.
En… Hortaleza, 64 (Chueca)

La librera recomienda… Dalí: Les dîners de Gala (Taschen)

Hemingway amaba el Rioja

Y después del postre se puede ir uno a rematar la jornada a Tipos Infames, un híbrido ente librería y tienda de vinos. Un lugar para mezclar literatura y bebercio en el que no mirarán mal a nadie por catar un Chianti mientras devora una novela de Robert Walser o por devorar un Chardonnay mientras cata un poema de William Blake. “Cuando uno lee un gran libro, si lo acompaña de un buen vino, el resultado entre ambos será mejor que la suma de los dos”, receta uno de sus socios, Gonzalo Queipo, que explica que la razón de ser de Tipos Infames es “convertir el tiempo de ir a la librería en un momento de ocio”.
En… San Joaquín, 3 (Malasaña)

El librero recomienda… Kanada, de Juan Gómez Bárcena (Sexto piso)

Rock de fondo

Música y literatura. Vinilos nuevos y de segunda mano se funden en Bajo el Volcán con literatura “de calidad”, “sin best sellers“, resume el propietario, Fernando Velasco. El librero aunó los que define como sus dos mayores intereses para crear un espacio en el que el jazz convive con el ensayo y Thomas Pynchon mira de cerca a Led Zeppelin.
En… Ave María, 42 (Lavapiés)

El librero recomienda… Nog, de Rudolph Wurlitzer (Underwood)

Póngame un consolador y el último de Stieg Larsson 1
Librería Bajo el volcán. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Playa o montaña

Madrid tiene muchas librerías con cafetería, pero solo una como La ciudad invisible, en la que se mezclan la cultura literaria y la turística. “Vendemos únicamente literatura de viajes” y, entre otras actividades, “estamos abiertos a cualquiera que quiera dar una charla relacionada con ese mundo”, cuenta el copropietario Alfonso González, que también desliza un consejo para futuros libreros: “Tienes que ofrecer algo diferente si no quieres que lo grandes te coman”.
En… Costanilla de los ángeles, 5 (Palacio)

El librero recomienda… Las ciudades invisibles, de Italo Calvino (Siruela)

Amor al arte

Las dos plantas de local de Swinton and Grant sirven a un propósito doble: la de arriba es una librería-cafetería, la de abajo es una galería de arte. “Somos una librería especializada en arte, novela gráfica y cómic”, explica Sergio Bang, copropietario del negocio. Y la galería también tiene personalidad propia: “Tenemos dos líneas”, detalla Bang: “Una dedicada a artistas que utilizan la inspiración urbana y otra dedicada a artistas que tienen un trabajo más político y social”. Siempre hay una exposición de ambas corrientes en sendas salas. Ahora mismo, cuelgan de las paredes del sótano de Swinton and Grant obras del japonés Naoki Fuku y del barcelonés Spogo.
En… Miguel Servet, 21 (Lavapiés)

El librero recomienda… Disparen al humorista, de Darío Adanti (Astiberri)

Continúa leyendo: La inspiradora respuesta de unos estudiantes a las normas machistas de su instituto

La inspiradora respuesta de unos estudiantes a las normas machistas de su instituto

Redacción TO

Foto: @ocean__avenue_
Twitter

Hay lugares donde los códigos de vestimenta y los uniformes unisex persisten. Pero también hay otros donde los estudiantes se rebelan contra ellos. Esto es lo que ha sucedido en un instituto de Hollister, California, donde algunos miembros de la dirección del colegio obligaron a 50 mujeres estudiantes a irse a casa por vestir una ropa que consideraban inadecuada atendiendo a las estrictas normas de la escuela.

La razón por la que tuvieron que cambiarse y regresar es que llevaban tops con los hombros descubiertos. Las mujeres se escandalizaron y protestaron efusivamente, y un grupo de chicos desafió a las normas siendo ellos quienes vistieran los tops. Ninguna regla estipula que los hombres tengan prohibido llevar esta prenda en el instituto.

El medio Yahoo! Style informó de que esta regla se ha respetado por muchos años en la escuela, pero un estudiante –que ha preferido mantener el anonimato a petición de sus padres- ha empleado las redes sociales para desmentirlo. Y lo ha hecho abriendo el libro de fotos de otras promociones, donde se muestra claramente que muchas mujeres han enseñado el hombro a lo largo de los años sin que sufriera llamada de atención alguna.

El propio chico denuncia que la estricta política de conducta solo se ha aplicado en esta ocasión.

Movilizados por esta injusticia, los hombres se solidarizaron con sus compañeras.

Y hablaron con diferentes medios para explicar las respuestas que han recibido de la dirección por ello, y entre las justificaciones hay razones tan sorprendentes como garantizar la seguridad de las mujeres. Una chica ha declarado a Yahoo! Style que considera esta regla como “ridícula”: “La administración asegura que lo hace por nuestra seguridad, pero no entiendo de qué nos mantiene a salvo. No creo que haya nadie tan estúpido como para bajarnos la camisa, y además no tienen derecho a tocarme a mí ni a tocar a nadie”.

Uno de los jóvenes que se rebeló va un poco más lejos y argumenta su enfado a preguntas de The Huffington Post: “Lo que encuentro problemático es que si alguien intenta asaltar a una mujer, parece que la responsabilidad recaiga sobre la víctima, en lugar de en el atacante. Las mujeres merecen ser tratadas con respeto, y eso implica respetar su libertad de expresión y respetar su dignidad individual”.

El director del instituto, Adrián Ramírez, explica a Yahoo! Style que el incidente de los vestidos le ha dado una “lección”. Ahora, añade, van a reconsiderar su código de vestimenta y van a incluir en estas discusiones a los representantes estudiantiles. Esto supone todo un avance.

Continúa leyendo: Por qué la gente solitaria compra marcas con rostros

Por qué la gente solitaria compra marcas con rostros

Redacción TO

Foto: Pat Wellenbach
AP

Hay técnicas de marketing deslumbrantes. Un estudio acaba de revelar que las personas solteras o solitarias se decantan casi de una manera intuitiva e involuntaria por aquellos productos cuyas marcas sean rostros –véase Starbucks, Pringles, Kentucky Fried Chicken o Don Limpio…–. “Los logotipos pueden llenar ese vacío que los consumidores experimentan por su desconexión social”, explica Bettina Cornwell, profesora de marketing en la Universidad de Oregón, en Estados Unidos.

Y continúa: “Cuando esa persona ve una cara en el producto, su preferencia hacia la marca aumenta”.

Starbucks, una de las marcas con un logo identificable como rostro. | Foto: Mohammad Khursheed/Reuters

El descubrimiento, publicado en el European Journal of Social Social Psychology y recogido por la revista de divulgación científica Futurity, es una reafirmación contundente sobre la interdependencia de las personas y el anhelo constante de estar acompañados y vivir en comunidad. Cuando una persona pierde esa conexión fundamental, busca maneras desesperadas de cubrir los vacíos. Y esto se revela incluso en nuestra elección en los supermercados.

“Algunas investigaciones anteriores vinculan esa necesidad de relacionarnos con nuestro comportamiento como consumidores, pero se extraen pocas conclusiones sobre el rol que desempeñan los logotipos en nuestra predilección por una marca u otra”, sostiene Ulrich R. Orth, director de la investigación profesor de la Universidad de Kiel, en Alemania, que continúa: “Nuestro estudio demuestra que ver una cara aumenta el gusto del consumidor sobre esa marca, sobre todo si se sienten solos”.

Apenas importa que sonría o no; el elemento decisivo responde a la morfología en sí, a la silueta. Incluso cuando el rostro es más una representación abstracta que el calco preciso de un rostro. Este proceso, conocido como antropomorfismo, es innato a los humanos y no pasa desapercibido para los profesionales del marketing y la publicidad.

“La falta de relaciones interpersonales motiva a la gente a buscar activamente otras fuentes de conexión con la sociedad”, argumenta Cornwell. “Esto explica que las personas que se sienten solas sean más propensas a ver rostros en las imágenes”. Es una reacción a ese deseo de conocer, a esa voluntad de relacionarnos con los otros. Y consiguieron demostrarlo a través de un estante con varias botellas de vino, cada una con un diseño de marca.

Algunos ejemplos de botellas empleadas en el experimento. | Fuente: Futurity/CC

Emplearon hasta 45 etiquetas diferentes con siete niveles distintos, marcados en función de lo fácil que resultara su asociación a un rostro humano. El experimento concluyó validando la hipótesis inicial, que las caras nos acercan al producto, y los autores del mismo defienden que los hallazgos son importantes para el sector publicitario, que pueden encontrar en el perfil del consumidor solitario todo un nicho de mercado.

Con todo, los autores se esfuerzan por resaltar que estos conocimientos también pueden ser exprimidos por las instituciones públicas, que pueden comprender mejor la vulnerabilidad de los consumidores ante las multinacionales, y las organizaciones caritativas, que pueden alcanzar con mayor efectividad el corazón de las personas, tal y como explica Cornwell:

“Las organizaciones benéficas y sin ánimo de lucro pueden extraer información importante de estos hallazgos, que les ayudarán a servir a sus comunidades. Si eligen usar una cara sobre otra imagen, tendrán más probabilidades de conectar con otras personas y compartir su misión”.

Continúa leyendo: El hashtag cumple diez años: éstos han sido los más populares

El hashtag cumple diez años: éstos han sido los más populares

Lidia Ramírez

Foto: Twitter

El 23 de agosto de 2007, el usuario de twitter Chris Messina fue el primero en utilizar el símbolo de la almohadilla junto a una palabra para unificar conversaciones en la plataforma.

A lo largo de estos diez años ha evolucionado pasando de ser una forma, creada espontáneamente por los usuarios, de categorizar o ‘etiquetar’ tuits a convertirse en parte de nuestra conversación diaria, cambiando la naturaleza de la comunicación online y convirtiéndose en uno de los símbolos de la era digital. Y si en 2007 el hashtag más tuiteado fue utilizado más de 9.000 veces, este año 2017, el más popular ha sido escrito más de 300 millones de veces.

Hashtags más populares en España

Ayudando a galvanizar algunos de los momentos más importantes de los últimos diez años. Algunos de los más populares en estos últimos diez años son:

      • #RefugiadosBienvenidos, un hashtag que sigue estando en plena actualidad como muestra de solidaridad con los refugiados europeos.

      • El movimiento social generado por el #15M animó la conversación en Twitter durante la primavera de 2011.
      • #Eurovision es uno de los clásicos y se convierte en tendencia cada año durante la celebración del festival de la canción europeo.

      • #VamosEspaña se utilizan de forma reiterada cada vez que los usuarios quieren animar a los deportistas y equipos españoles en competición internacional.

      • #LaLiga y #ElClásico en el mundo del deporte.
      • #spanishrevolution y #tomalaplaza como movimientos sociales que acompañaron al #15M.
      • Las jornadas electorales del #26j y #20N o la #coronaciónfelipeVI en el terreno político.

    • El seguimiento de atentados y alertas informativas y de las primeras reacciones ante, por ejemplo, los atentados de Barcelona o de París con los hashtags #Barcelona, #Rambla, #YoTeAcompaño, #Paris, #CharlieHebdo, #JeSuiCharlie o #PorteOuverte
    • El lanzamiento de #Pokemongo, los estrenos de #JuegodeTronos o la celebración anual de los #PremiosGoya, en el ámbito del cine, la televisión, la música o los videojuegos.

El hashtag transforma el marketing digital

El hashtag, además, se ha consolidado como una potente herramienta para que las marcas consigan un mayor alcance y conexión con sus clientes y participen de la conversación mundial posicionando sus productos y servicios. Hoy en día, ninguna campaña de marketing resulta completa si no va acompañada de un hashtag, por lo que se puede afirmar que el hashtag ha cambiado la cara del marketing digital.

Utilizando un hashtag, las marcas captan la atención y permiten que sus clientes se reúnan para compartir las experiencias en Twitter; incluso se han convertido en símbolos de las acciones de comunicación online y offline al utilizarse en carteles publicitarios, anuncios impresos y, por ejemplo, la mitad de los anuncios de televisión de la Super Bowl.

Este décimo cumpleaños, que ha convertido el símbolo # en un icono, nos permite mirar hacia atrás para ver cómo las marcas han cambiado el marketing a través de sus hashtags en Twitter. Estos son algunos ejemplos destacados en España:

    • #compraruncocheportwitter fue el hashtag utilizado por el usuario Raúl Escolano (@escolano) para lanzar un reto y cubrir su demanda particular de comprar un coche. Mercedes-Benz España, Citroen, Toyota, Volvo, Kia o Skoda son algunas de las marcas que aprovecharon el momento

    • Mahou ha sido la primera marca en desarrollar un emoji en España para el lanzamiento de su nueva categoría de cerveza con el hashtag #MahouBarrica

    • Heineken con el hashtag  #UnJefeDeChampions  consiguió ser uno de los diez anuncios más vistos en 2016

    • @PlayStationEs usó la creatividad para sorprender a sus seguidores: para el lanzamiento de su juego Gravity invirtió el hashtag, #ᄅɥsnɹʎʇᴉʌɐɹƃ, convirtiéndose en la primera marca en viralizar un hashtag escrito boca abajo.

  • MediaMarkt utilizó First View para promocionar su spot a la vez que invitaba a los usuarios a expresar sus deseos con el hashtag #YTúConQuéSueñas

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Librería Lello: compre una entrada y podrá adquirir libros

Anna Maria Iglesia

Son las once de la mañana en Oporto y frente a la Librería Lello ya se agolpa un gran número de turistas esperando su turno para entrar. Todos ellos forman una rigurosa cola, escrupulosamente ordenada por el vigilante que, en la puerta de la librería, controla la lenta entrada de clientes. Delimitada por un cordón rojo que la enmarca en el lado izquierdo de la Rúa das Carmelitas, permitiendo así el continuo tráfico de transeúntes que recorren el centro histórico y universitario de Oporto – a pocos metros, en la Praça de Gomes Teixeira, se levanta la vieja Universidad, donde ya tan solo quedan algunas facultades-, la cola de turistas expectantes para entrar en la que el escritor Enrique Vila-Matas definió como una de las librerías más bonitas del mundo llega hasta la esquina con Rúa dos Clérigos.

El turista voluntariamente despistado, aquel que llega a la ciudad decidido a perderse, sin el minucioso conocimiento de quienes memorizan las guías, todas ellas adecuadamente patrocinadas, y ejecutan diligentemente el recorrido que éstas le indican, no podrá sino sorprenderse ante la larga cola que ocupa media acera y que tiene como objetivo la entrada en una librería, de cuya puerta, dividida en dos para no confundir las entradas de las salidas, sale continuamente gente de todas las nacionalidades, pero no necesariamente o, mejor dicho, no tan habitualmente como uno podría pensar –al fin y al cabo, uno entra en una librería para comprar libros- con un libro bajo el brazo.

La Librería Lello: compre una entrada y podrá adquirir libros 2
Turistas en la librería Lello | Imagen: Anna María Iglesia

Una podría dejarse llevar por vacuas y poéticas palabras y escribir el más bello elogio –siempre y cuando tenga la destreza necesaria para hacerlo- sobre ese grupo de personas, todas ellas provenientes de lugares geográficos distintos, expectante para entrar en una librería, convertida en centro de atención de la pequeña ciudad portuguesa. Sin embargo, la realidad desmentiría tan idealizado encomio: todos los allí reunidos no hacen sino seguir el ritual que toda guía de Oporto indica.

De la misma manera que autobuses llenos de turistas chinos se detienen casi a cada hora frente al centro comercial Lafayette en París, los turistas que llegan a Oporto acuden raudos a la Rúa das Carmelitas, donde la Librería Lello ejerce el perfecto papel de lugar de interés turístico, cuyo acceso, –business is business– obliga a la compra de un ticket por el precio de cuatro euros.

“Si compra un libro, le descontamos los 4 euros”, tranquiliza el vigilante a los pocos sorprendidos ante el hecho de que para entrar en una librería no sólo haya que hacer cola, sino también comprar una entrada. Algunos, incrédulos ante esta circunstancia, creen que a lo mejor la compra de una entrada se debe a que se esté celebrando una presentación de un libro –hay que recordar que, en otros países europeos, véase Alemania, no es infrecuente pagar para acudir a una presentación. “Si hay una presentación, ya vuelvo mañana”, le insisten al conserje, que con tono condescendiente les avisa: “Siempre es así. Si quiere encontrar poca gente, venga a la hora de comer, pero siempre hay cola”.

“Están los libros, pero faltan los lectores.”

A pocos metros de la librería, casi en la esquina de Rúa das Carmelitas con Rúa do. Dr. Ferreira da Silva, se encuentra la tienda donde se venden las entradas y una serie de objetos turísticos, ninguno relacionado con el mundo de los libros. La caja está al fondo, justo antes de llegar a unas escaleras por las que no deja de subir y bajar gente y que llevan a una pequeña sala, en cuya pared está pintada la ya famosa estación de tren desde la cual Harry Potter parte hacia Hogwarts. Tras la cola en la librería y la cola en la caja para comprar la entrada, ahora en aquella sala encontramos la tercera cola: esta vez para fotografiarse frente a la pared donde se recrea la estación de tren. Tan pocos resisten la tentación de fotografiarse frente al mural como pocos salen de la tienda sin la entrada y sin algún gadget que remita a la saga cinematográfica basada en las novelas de J. K. Rowling.

Es entonces cuando uno entiende que gran parte del interés turístico por la librería gira alrededor del mundo de Potter. Y no porque la película fuera rodada allí, sino porque sirvió como inspiración –en concreto la majestuosa escalera de madera y de rojos peldaños que da acceso a la segunda planta, desde donde se puente contemplar la vidriera que ocupa el centro del techo y desde la cual se filtra la luz del exterior- para la construcción algunos de los decorados de la película.

La Librería Lello: compre una entrada y podrá adquirir libros 1
La librería Lello antes del masificarse | Imagen: Aurélio da Paz dos

Fundada en 1869 por Ernesto Chardron, con el nombre de Librería Chardon, se instaló en un primer momento en Rúa dos Clérigos, número 296-298. Fue solamente en 1906, con Chardon ya fallecido y la librería en manos de los hermanos Lello, que la Librería Lello e Irmão se trasladaría al recién inaugurado edificio, obra del ingeniero Xavier Esteves. Fue el 13 de enero de 1906 cuando la librería abrió por primera vez sus puertas y el edificio neogótico de dos plantas se presentó ante la sociedad de Oporto.

Desde ese 13 de enero, la librería nunca exigió el pago de ninguna entrada, nunca hasta el año 2015, cuando se decidió que todo aquel que quisiera visitar la librería debía pagar tres euros, que se descontarían de la compra de cualquier libro. Dos años más tarde, el precio de la entrada ha subido un euro, los turistas no dejan de aumentar y la historia de la Librería Lello se desvanece en el olvido. No es el interés por los libros, ni por la arquitectura, ni por el extraordinario trabajo de carpintería y orfebrería lo que despierta el interés de gran parte de los que allí acuden. Los bustos esculpidos por Romao Júnior de alguno de los escritores más insignes de la literatura portuguesa como Antero de Quental, Camilo Castelo Branco, Eça de Queirós, Guerra Junqueiro o Teófilo Braga pasan casi desapercibidos; toda la atención se dirige hacia las escaleras, aquellas que más de uno no duda en describir como “las escaleras de Hogwarts”.

La Librería Lello: compre una entrada y podrá adquirir libros
Foto: Anna María Iglesia

Hay lectores; hay quien se detiene frente a las altas estanterías que recubren las paredes de la librería; hay quien consulta libros, en busca de un autor en lengua portuguesa que todavía le es desconocido, quien busca a Pessoa en su idioma, quien se lleva bajo su brazo O Crime do Padre Amaro de Eça de Queirós o la poesía de Antero de Quental, quien opta por el renacentista Luís de Camões o por la narrativa actual de José Luis Peixoto. Pero todos ellos son una minoría, puede que una minoría selecta, pero siempre minoría.

La Librería Lello se ha ido convirtiendo en un lugar turístico, en un lugar de foto del que se pueda decir: “Yo también estuve allí”. El pago de la entrada, oficialmente justificado por el excesivo número de visitantes, es una prueba más de que la Librería Lello ha entrado dentro de la devoradora maquinaria del turismo. Y no es la única: algo parecido podría decirse de Shakespeare and Co., donde la cantidad de turistas hace casi imposible detenerse en busca de un libro de interés. ¿Cuántos lectores de Oporto acudirán a Lello? ¿Cuántos lectores estarán dispuestos a pagar cuatro euros y esperar treinta minutos antes de poder entrar en la librería, rebuscar entre sus estantes y comprar un libro? Ahora que el debate sobre el turismo está sobre la mesa, la Librería Lello obliga a preguntarse cuán responsables somos de la “turistificación” de los espacios de nuestra ciudad.

Sigue siendo una de las librerías más bellas del mundo, pero cada vez se parece menos a una librería. Están los libros, pero faltan los lectores. Faltan los lectores, aquellos que acuden en busca de un nuevo libro, que se entretienen con el librero pidiendo consejo y recomendaciones, que se pierden entre las estanterías hasta no encontrar el título que desean, que buscan un libro y no un souvenir del lugar. ¿Qué sentido tiene una librería que posterga la entrada en una interminable espera, que no permite el entrar ocioso, aquel que no va dirigido a la compra de nada y que termina con uno o más títulos sobre el mostrador de la caja? En definitiva, ¿qué sentido tiene una librería que ya no busca lectores, sino turistas?

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