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Literatura a la carta: La abultada correspondencia de Franz Kafka

Rohmy Cubas

Foto: Biografía y Vidas
Biografía y Vidas

“Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar.”  

-Franz Kafka

Kafka lo sabía, la burocracia sería su fin. Cientos de papeles y documentos enterrados en un sistema cada día más abstracto y aburguesado. Kafkiano no es solo lo que la RAE ha definido como muestra de algo absurdo o angustioso, sino que se extiende hasta situaciones innecesariamente complicadas que interrumpen el sentido de un entorno, a esos cientos de detalles y normativas que hacen de un laberinto el “proceso” que tanto inquietó al escritor checo en sus textos. Ese mismo proceso reclamó sus cartas y manuscritos póstumos en una querella literaria-judicial digna de sus novelas; por más de cuarenta años se discutió el destino de su legado hasta que un tribunal israelí ordenó que este fuera transferido a la Biblioteca Nacional de Israel.

Si Franz Kafka, quien nació hace 134 años un 3 de julio de 1883 en Praga, hubiera presenciado su destino en el siglo XXI tal vez hubiera reconsiderado seriamente pedirle a su albacea Max Brod que quemara todo su trabajo al morir. Su legado es en realidad ínfimo comparado con los textos que escribió y destruyó en vida – se cree que desechó hasta el 90% de estos- pero la herencia rescatada va más allá de algunas historias y cuentos inconclusos. Aunque solo consideró dignos de publicar La condena, En la colonia penitenciaria, El médico rural y el relato Un artista del hambre el archivo de Kafka dispone de unos cuarenta textos en prosa junto a casi tres mil quinientas páginas de anotaciones de diarios, fragmentos y tres novelas incompletas.

Es su extensa correspondencia lo que realmente ha dejado huella en los estudiosos de Kafka. Estas cartas escritas con el mismo ritmo y claridad que sus historias más complicadas reafirman el don lingüístico de una persona que describía sus horas y pensamientos en un recuento tan narrativo como un libro. Los destinatarios de sus confesiones recibieron decenas y cientos de cartas que ya no necesitaban el cuerpo de un insecto para confesarse. Puede que la magia de Kafka esté en su propia gaceta personal.

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Primera página de la carta de Franz Kafka a su padre Hermann Kafka | Imagen vía: Brain Pickings

Cartas a su padre:

Una carta ininterrumpida de 47 páginas escrita a su padre en noviembre de 1919 es lo más cercano a una autobiografía que Kafka ha logrado escribir. Esta es un reclamo absoluto a una infancia carente de afecto y atención. La indiferencia emocional de su padre formó a Kafka en sus más profundas inseguridades, incluyendo la obsesión con su cuerpo y su salud –el escritor masticaba hasta setenta veces su comida antes de tragarla- y el fracaso de su relaciones románticas.  

Kafka escribe:

“Querido Padre: Me preguntaste una vez por qué afirmaba yo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe qué contestar, en parte, justamente por el miedo que te tengo, y en parte porque en los fundamentos de ese miedo entran demasiados detalles como para que pueda mantenerlos reunidos en el curso de una conversación. Y, aunque intente ahora contestarte por escrito, mi respuesta será, no obstante, muy incomprensible, porque también al escribir el miedo y sus consecuencias me inhiben ante ti, y porque la magnitud del tema excede mi memoria y mi entendimiento.”

El escritor veía en su padre todo lo que él no pudo ser. Se comparaba con una figura contraria y autoritaria en su vida:

“Compáranos a los dos: yo, para decirlo buenamente, un Löwy con cierto fondo de los Kafka, a quien sin embargo no impulsa esa voluntad de vivir, de comerciar y de conquistar típica de los Kafka, sino un aguijón de los Löwy, que actúa en otra dirección, más secreto, más tímido, y que con frecuencia cesa por completo. Tú, en cambio, un verdadero Kafka en cuanto a fuerza, salud, apetito, volumen de voz, cualidades oratorias, autosatisfacción, superioridad humana, perseverancia, presencia de ánimo, conocimiento de los hombres y cierta amplitud de miras.”

El mensaje detalla no solo un abuso físico sino emocional que lo persiguió hasta su adultez y sus compromisos frustrados:

“No recuerdo que alguna vez me hayas insultado directamente y con palabras concretas. Tampoco era necesario, ya que tenías otros recursos, aparte de que en las conversaciones en casa y en el negocio los insultos volaban a mi alrededor, cayendo sobre otros, en tal cantidad que, siendo todavía un niño, me dejaban a veces casi aturdido (…) Tú colocas el fracaso de mis tentativas de casamiento en el mismo nivel que mis demás fracasos; en sí, nada tendría que oponer a ello si admitieras mis anteriores explicaciones con respecto a mis demás fracasos”.

La carta, que nunca fue enviada, culmina con la claridad de una expectante pero fallida reconciliación:

“Claro está que las cosas no pueden ajustarse en la realidad tan bien la una con la otra como los argumentos en mi carta, porque la vida es algo más que un rompecabezas; pero, gracias a las enmiendas que surgen de esta confesión, y que no puedo ni quiero extender hasta el detalle, se ha logrado, a mi parecer, algo tan próximo a la verdad que podrá tranquilizarnos un poco a los dos y hacernos más fáciles la vida y la muerte.” 

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Carta de Franz Kafka a Felice | Imagen vía: 20Minutos

Cartas a Felice

No mucho después de que Kafka y la berlinesa Felice Bauer se conocieran en casa de su amigo y futuro biógrafo Max Brond, en agosto de 1912, el cortejo romántico comenzó por correspondencia en una relación que vio más palabras que encuentros. Durante los cinco años y 500 cartas intercambiadas desde que se conocieron Kafka, que entonces tenía 29 años, y Felice de 25 se vieron en contadas ocasiones: “Cuando llegué a casa de los Brod”, apuntó unos días después en su diario sobre Felice, “estaba sentada a la mesa. No sentí la menor curiosidad por saber quién era, porque enseguida fue como si nos conociéramos de toda la vida”.

Aunque estuvieron comprometidos dos veces la relación nunca se concretó, y en su penúltima carta a Felice un 30 de septiembre Kafka finalmente se escuda en su enfermedad para ponerle fin a la relación: “Mi barca es muy frágil (…) Jamás recuperaré la salud”. Durante la relación Kafka escribió sus trabajos más representativos, incluyendo La Metamorfosis.

Kafka escribe:

“Señorita: Ante el caso muy probable de que no pudiera usted acordarse de mí lo más mínimo, me presento de nuevo: me llamo Franz Kafka, y soy el que le saludó a usted por primera vez una tarde en casa del señor director Brod, en Praga. Luego le estuvo pasando por encima de la mesa, una tras otra, fotografías de un viaje al país de Talía y la mano que en estos momentos está pulsando las teclas acabó por coger la suya, con lo cual confirmó usted la promesa de estar dispuesta a acompañarle el próximo año en un viaje a Palestina. Si sigue usted queriendo hacer este viaje —en aquella ocasión dijo no ser veleidosa, y, en efecto, yo no advertí en usted que lo fuera ni un ápice—, será no ya conveniente sino absolutamente necesario que procedamos desde ahora mismo a procurar ponernos de acuerdo en lo concerniente a este viaje.”

Recopiladas en el libro Letters to Felice , las cartas expresan la necesidad de aprobación de Kafka y esa ansiedad ante la soledad que reclama anteriormente a su padre:

“Fräulein Felice: Te pediré un favor que suena completamente loco, y que yo consideraría como tal si fuera quien recibe la carta. Es también la más grande prueba al que aún la más amable persona puede ser sometida. Bien, el favor es que me escribas una vez por semana, así tu carta llega el domingo, porque no puedo resistir tus cartas diarias, soy incapaz de resistirlas. Por ejemplo, yo respondo una de tus cartas, luego estoy acostado, aparentemente en calma, pero mi corazón late a lo largo de mi cuerpo entero y sólo es consciente de ti. Para ser breve: mi salud es apenas suficiente para seguir solo, pero no es buena para casarme, y dejemos a un lado a la paternidad. Aún cuando leo tus cartas, paso por alto hasta lo que no puede ser.”

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Recopilación editorial de las cartas de Franz Kafka a Milena Jesenská | Imagen vía: The Cardiff Review

Cartas a Milena Jesenská:

Kafka se mantuvo soltero pero no completamente aislado. La compañía le llegaba asiduamente, por correspondencia.  Además de Felice se relacionó con la secretaria praguense Julie Wohryzek, mantuvo correspondencia con Milena Jesesnská y su última pareja fue Dora Diamant, quien conservó de Kafka 20 cuadernos y 35 cartas confiscadas y reveladas por la Gestapo en 1933.

Jensesnka fue una escritora y periodista checa que coincidió con Kafka en un café de Praga en otoño de 1919.  Como muchas de sus relaciones el amor fue casi platónico con escasos encuentros entre 1920 y 1921.

Kafka escribe:

¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas pueden comunicarse mediante cartas? Uno puede pensar en una persona distante y puede tocar a una persona cercana; todo lo demás queda más allá de las fuerzas humanas. Escribir cartas, sin embargo, significa desnudarse ante los fantasmas, que las esperan con avidez. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas. Con este abundante alimento se multiplican en forma desmesurada. La humanidad lo percibe y lucha por evitarlo. Y para eliminar en lo posible lo fantasmal entre las personas y lograr una comunicación natural, para recuperar la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano. Pero ya es tarde: son evidentemente inventos hechos en el momento del desastre. El bando opuesto es tanto más calmo y poderoso; después del correo inventó el telégrafo, el teléfono, la radio. Los fantasmas no se morirán de hambre, y nosotros, en cambio, pereceremos.

Su pesimismo es casi cómico, y la ironía y sátira de sus líneas se acompasan con sus ficciones ya publicadas:

“Jueves por la noche: Hoy apenas si hice otra cosa que permanecer sentado, leer un poco de aquí y un poco de allá; pero, en rigor, no hice nada o me limité a prestar atención a un ligero dolor que trabajaba en mis sienes. El día entero estuve pensando en tus cartas, con sufrimiento y con amor, con preocupación y con un miedo muy impreciso a lo impreciso, cuya imprecisión consiste fundamentalmente en que excede en una medida enorme los límites de mis fuerzas. Y, a todo esto, ni siquiera me he atrevido a leer las cartas por segunda vez y hay media página que aún no ha sido leída ni una sola vez. ¿Por qué uno no se resigna a considerar que lo acertado es vivir en esta tensión especial, sostenida, suicida? (en una ocasión comentaste algo por el estilo y yo procuré reírme de ti).”

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Franz Kafka con invitados | Imagen vía: Klaus Wagenbach

Franz Kafka murió en un sanatorio a las afueras de Viena a un mes de su cumpleaños número 41. Luego de siete años de haber vivido con tuberculosis el estado de su garganta era tal que no podía alimentarse, prácticamente murió de hambre.

Su personalidad a menudo ha sido descrita como obsesiva, depresiva y solitaria pero su biógrafo más conocido, el alemán Reiner Stach, afirma que en realidad Kafka era encantador y simpático.

Gris o luminoso Franz Kafka fue singular y neurótico, en pocas palabras: un individualista con una inmensa correspondencia.

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Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

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Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

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Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

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El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 4
Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

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Teresa Cremisi: una editora por antonomasia

Anna Maria Iglesia

Foto: Teresa Cremisi
Teresa Cremisi

Philippe Sollers la definió como la “primera ministra de las letras francesas” y no se equivocaba. Teresa Cremisi es una de las editoras más influyentes de Francia: tras trabajar en Garzanti, dio el salto y viajó hasta París para ponerse al frente de Gallimard, donde fue directora editorial y, años después, de Flammarion. En 2016, publicaba su primera novela La Triunfante (Anagrama) y dejaba la dirección editorial de Flammarion, si bien hoy sigue editando a algunos de sus autores, entre los que destaca el nombre de Houellebecq. Invitada por el Foro Edita celebrado en Barcelona, Cremisi hace hincapié en la necesidad de que, desde la política, se reconozca la importancia del mundo editorial y se proteja el mercado de los libros. “En Francia, la figura del editor es muy respetada, principalmente, porque es una figura reconocible y tiene la responsabilidad de definir el escenario cultural del país”.

Este reconocimiento del editor se hace más que evidente cuando, como usted contaba en una entrevista para Il corriere della Sera, el ministro de cultura francés la llama con frecuencia y está atento de sus opiniones.

Sí, esto de que el ministro llame y se interese por lo que se publica o por lo que yo, como editora de Gallimard o de Flammarion, pueda opinar sucede en Francia y sucede con frecuencia. Esto se debe a que hay una especie de fascinación recíproca entre el ambiente cultural y literario y el ambiente político. Esta fascinación es una constante desde siempre en Francia.

Usted ha subrayado a lo largo de su charla el compromiso de la política francesa con el mundo editorial, destacando sobre todo la figura del antiguo ministro de cultura Jack Lang.

La ley del precio único que sacó adelante Jack Lang fue determinante para el mundo literario francés, sobre todo porque fue promulgada en el momento en el que todos los mercados se habían liberalizados. Y si bien, viendo lo que sucede a día de hoy, es evidente que es muy difícil volver atrás, la ley de Lang permitió que desde las grandes cadenas de librerías hasta la más pequeña librería de un pequeño pueblo de la playa pudieran vender el mismo libro por el mismo precio. Esto ha sido determinante, porque en un país como Francia, donde la red de librerías es muy amplia, hay unas 2500 librerías y unos 4000 puntos de venta de libros en todo el país, la ley de Lang ha hecho posible que cualquier persona, encontrándose en el lugar que sea, puede conseguir cualquier libro y siempre al mismo precio.

Cuando en el 2015 Mondadori compró Rizzoli, las librerías italianas se preocuparon a pesar del discurso tranquilizador del Antitrust. En España, Penguin Random House acaba de comprar Ediciones B y, en Francia, el grupo Madrigall compró en 2012 la editorial Flammarion. ¿Entiende la preocupación de las librerías?   

Evidentemente, y hacen bien las librerías en preocuparse por estos holdings editoriales cada vez más grandes. Hacen bien en preocuparse porque cada contrato de distribución prevé un tipo de relación con el librero que podemos definir como relación comercial. Por tanto, hablamos de una relación que depende de márgenes económicos que fluctúan constantemente y, por tanto, cuanto más grande es el grupo editorial, es decir, cuantos más sellos y más poder comercial tenga el grupo editorial más disminuye el poder de los libreros. Este es el mismo problema que hay con Amazon, pero, al contrario.

Y, además, ¿no supone también una pérdida de diversidad dentro del campo editorial?

Sí, efectivamente. La conglomeración en grandes grupos afecta gravemente a la pérdida de la diversidad del mundo editorial. Por esto, hay una constante renovación fisiológica: nacen pequeños editores para publicar aquello que los grandes editores ya no pueden publicar porque dependen de los managers o de leyes económicas internas e, incluso, no pueden publicar según qué libros, que sí pueden publicar las editoriales independientes, a causa del malgasto de dinero. Aunque, hay que decir que el trabajo editorial representa, en verdad, solo un pequeño margen de ganancia para el gran grupo, puesto que es un trabajo muy específico que podemos hacer usted y yo en una habitación. Es decir, es un trabajo que ya no cuesta mucho, porque los gastos de fabricación han disminuido mucho. Lo que cuenta es distribuir el fruto de este trabajo editorial, es decir, los libros y hacer que el trabajo de edición tenga un sentido intelectual. Sin embargo, repito, el trabajo de editor es un pequeño trabajo e insertarlo en los enormes grupos es un peligro, porque los grandes grupos necesitan ofrecer mercancía para mantenerse.

Teresa Cremisi: una editora por antonomasia 1
Teresa Cremisi | Imagen cortesía de editorial Anagrama

Déjeme preguntarle sobre su experiencia personal al respecto, puesto que usted ha trabajado en Flammarion, perteneciente al grupo Madrigall, fundada por la familia Gallimard, en cuya editorial también trabajó.

Sí, aunque Gallimard es un caso algo distinto, porque sigue estando en manos de la familia Gallimard, después de 110 años de su fundación. Obviamente, ahora se ha convertido en un grupo en sí mismo, aunque hay que decir que en Gallimard usted puede encontrar colecciones de poesías que venden solamente 500 copias. Con esto lo que quiero decir es que Gallimard no se comporta como un grande grupo. Por lo que se refiere a Flammarion, ésta ha resistido cuando estaba el en grupo RCS [el grupo de Rizzoli, comprado en 2015 por Mondadori] porque era una editorial en activo con mucha fuerza, muy bien equilibrada a nivel económico y con fuerte sector obrero de distribución. Sin embargo, las otras editoriales dentro del grupo RCS han perdido identidad.

En una entrevista comentaba que los best seller hacen dormir tranquilos a los editores, sin embargo, hoy ha afirmado que los best seller desestabilizan.

Desestabilizan, sin duda. Una editorial que se sostenga solo y exclusivamente en los best seller está en peligro, porque no puede saber lo que sucederá con ellos una vez que el éxito se agote. En Francia, por ejemplo, los best seller no tienen una presencia y una importancia tan grande a nivel de mercado como en Italia o en España. Los best seller, al final, terminan por tener un coste demasiado alto para una industria delicada como la de la edición. Le cito, al respecto, unas palabras de Jerome Lindon, el fundador de Éditions du Minuit, palabras que yo adoro y que encuentro muy graciosas; decía Lindon: “No hay nada de más triste que un best seller que no se vende”.

Por tanto, ¿la clave de la edición es el equilibrio entre el espíritu de la edición y el mercado?

Creo que la única manera que tiene una editorial de sobrevivir es mantener este equilibro. Además, hay que recordar que el oficio del editor es escoger, es decir, publicar esto y no publicar lo otro. Y, una vez que se ha decidido publicar un libro, la labor del editor es defender ese libro. Por tanto, el trabajo del editor es altamente intelectual, pero, ante un mercado fragmentado y complicado como es el nuestro, el editor necesita también tener habilidades comerciales.

Pero, hay que olvidar, a veces, el mercado y publicar determinados títulos.

Sin duda, tiene toda la razón. Por esto le hablaba del equilibrio entre espíritu y mercado, un equilibrio que no se enseña. Hay que saber que, cuando se es editor, hay cosas que tienen que hacerse necesariamente y otras que se tienen que hacer como forma de compensación. El editor siempre está en un equilibrio fluctuante, caminando sobre un suelo de goma.

Usted comenzó como periodista, ¿le ha ayudado el periodismo en el momento de dedicarse a la edición?

No, no creo que me haya ayudado, porque las veo como dos profesiones distintas. El periodismo, que es un oficio que en parte he retomado ahora escribiendo en el suplemento Robinson de La Repubblica, es un oficio de la mirada y más la mirada es aguda mayor curiosidad hay. El periodismo es un oficio individual: tú periodista eres bueno si ves bien lo que sucede y lo explicas bien. La edición, en cambio, es un oficio donde una tiene que sobrevivir en medio de fuerzas contrarias sin estar nunca solo, no es un oficio individual.

Como editora, ¿es una suerte trabajar en un país como Francia, donde la figura del editor tiene prestigio y donde la compra de libros crece anualmente?

Sí, pero me ha gustado también mucho trabajar en Italia. Cuando yo comencé en Garzanti estábamos viviendo en Italia un boom cultural que no he vuelto a ver, al menos no tan fuerte. Era la época de Pasolini, de Gadda, de Volponi, de Calvino… era una época de grandísimos talentos. Piense en los poetas: Bertolucci, Caproni… Fue una época genial. Ahora veo en Italia menos riqueza de talentos, pero nunca se sabe cómo van a ir las cosas. A lo mejor hoy dices que el país está algo de declive a nivel cultural y mañana aparece un genio.

Teresa Cremisi: una editora por antonomasia 2
Portada de Sumisión de Michel Houellebecq | Imagen cortesía de editorial Anagrama

Si bien ha dejado Flammarion, sigue siendo editora de Houellebecq.

Sí, continúo siendo editora de mis autores, los conservo y los sigo. Desde el 2005, soy editora de Houllebecq y no sabría abandonar a mis autores. No puedo hablar en general, cada uno hace lo que puede, para mi seguir a mis autores es un privilegio.

¿Cómo vivió la polémica que rodeó la publicación Sumisión?

Fue una situación muy difícil para la editorial. Tuvimos que protegerlo y, de hecho, se marchó de Francia durante un periodo. Fue algo muy duro, porque fuimos todos acusados por gente que ni siquiera había leído el libro.

Esto me hace pensar en lo que decía en la conferencia: en época de crisis es peligroso ser periodista y editor porque expresas tus propias ideas.

Sí, así lo creo. Yo, de todas formas, estoy contenta de haber vivido aquel episodio, porque fue una experiencia que te marca, sin embargo, fueron días complicados y duros. Sumisión se pudo a la venta el día del atentado a Charlie Hebdo; gente que no había leído el libro le hizo responsable de lo que sucedía acusándole de islamofóbico cuando, en verdad, Sumisión no es en absoluto islamofóbico. Cuando sucede algo así, en un ambiente de tal sobre-excitación, una ya no es capaz ni de hablar ni de explicar nada.

¿El clima de sobre-excitación o la conciencia de que se puede suscitar polémica, puede llevar a un editor, a usted, a no publicar un libro?

La sobre-excitación social o la polémica influyen, claro que sí, sobre todo si vas a publicar documentos delicados. Por esto, el oficio del editor requiere tener un sentido de la política y del tiempo para saber cuándo es el momento de publicar algo o no. Dicho esto, si se tiene miedo de publicar algo por expresar algunas ideas es mejor dedicarse a otro oficio.

En Francia, algo que llama la atención, es el bajo precio de los libros de bolsillo, en particular la edición Folio de Gallimard.

En Francia, los libros de bolsillo representan cada año una elevada cifra de ventas y elevada cifra de volúmenes. Hablamos de libros de buena calidad a precios bajos, de 5 a 7 euros. Por tanto, son libros que dan fuerza a la industria editorial y construyen un público lector, porque el libro de bolsillo es el libro que se compra para leer no para regalar.  A diferencia de Francia, en Italia, donde había comenzado con buen pie a finales de los años sesenta, el libro de bolsillo de ha encarecido; esto se debe a una errónea decisión de los editores italianos que, para ganar más, han encarecido los precios, han disminuido su comercialización y las actuales colecciones de libros de bolsillo ya no se reconocen, si se piensa en lo que eran. La situación de España es similar: si hubiera sabido trabajar bien los libros de bolsillo, habría construido un fuerte público de lectores y habría cambiado la fisionomía de su industria editorial.

Aparte de los libros de bolsillo, en Francia el mercado de libros se segunda mano es muy amplio.

Sí, efectivamente, y los libros de segunda mano contribuyen y mucho a la creación de un público lector. Los libros de segunda mano tienen importancia sobre todo para todos aquellos títulos que no tienen su edición de bolsillo; pienso, en concreto, en libros de historia, de filosofía, de derecho… Si bien las ganancias son solo para las librerías, las editoriales ahí no contamos nada, para mí es muy positivo el mercado de libros de segunda mano, porque construye un público que va a la librería a buscar estos libros y, a lo mejor, entre los estantes encuentran un libro de bolsillo que les interesa y se lo llevan.

Algunos dicen que, actualmente, los grandes contrincantes de los libros son las series de televisión.

Yo no creo que sea así. De hecho, e Francia, del 2015 al 2016, el gasto en libros creció, con respecto a las otras industrias culturales, del 51% al 57%. Creo que cuando uno consume un producto consume también el otro. No creo que si usted lee libros deje de leerlos para ver la televisión. Otra cosa es en momentos concretos, como, por ejemplo, ahora en Francia con las elecciones. Es normal que la gente vea la televisión para informarse, pero son momentos puntuales.

Tras la crisis, en Francia los lectores han aumentado, pero ¿han cambiado sus intereses?

Diría que, más o menos, no ha variado nada. La literatura sigue representando un 33% de los libros que se compran; lo que sí es cierto es que aumentan las ventas de literatura juvenil.

En la conferencia comentaba cómo en Francia todos los políticos quieren escribir un libro. Aquí pasa algo similar. ¿Entiende el porqué de esta ansia de publicar?

Porque quieren que algo quede de ellos. Y, a lo mejor, esta es la explicación de la longevidad del libro. En el fondo, el libro, cuatro hojas cosidas conjuntamente, es aquello que más queda. El libro permanece más que cualquier otra cosa.

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Literatura Weird: lo insólito e inexplicable en la ficción “extraña”

Rohmy Cubas

Foto: Mónica Almeida
The New York Times

La ciencia ficción es más compleja de lo que parece, extraterrestres, viajes al futuro y naves espaciales son una pequeña cerradura entre todas las llaves que puede abrir el género. En la década de los años 20 escritores como H.P Lovecraft con Los mitos de Cthulhu y Edward Allan Poe con El cuervo popularizaron una escritura tan abstracta que fue adoptada por la colectividad con el nombre de Weird Fiction o ficción extraña. Estos clásicos perseveran como referencia de un estilo pero son pocos los escritores que han continuado con la tradición de absorber esa naturaleza verdaderamente inesperada y desconocida.

El casting de autores que escriben o han escrito Weird Fiction incluye a plumas expertas como las de George R.R. Martin, Franz Kafka, China Mieville, Clive Barker, Haruki Murakami, Neil Gaiman, Stephen King y Daphne Du Maurier.

El universo weird, que en inglés moderno significa extraño y en el antiguo hace referencia a una especie de futuro predeterminado, se aparta del romanticismo y la fantasía tradicional y ahonda en lo complejo combinando ambos elementos con el mundo real. Este tipo de ficción especulativa enfrenta al costumbrismo con escenarios incómodos e inconcebibles, dobla hacia caminos alternativos reconociendo que no todo tiene una explicación racional -científica o religiosa- y crea un sentido universal gracias a la incertidumbre que usualmente supone existir. Los monstruos y fantasmas de lo weird son las sombras de la rutina.

El estadounidense Howard Phillips Lovecraft fue uno de los primeros en materializar el término en su ensayo sobre El horror sobrenatural en la literatura, en donde escribe que en estas historias “debe haber un indicio, expresado con una seriedad y pretenciosidad que se convierta en su objetivo, de esa concepción más terrible del cerebro humano —una suspensión maligna y particular o la derrota de esas leyes establecidas por la Naturaleza- que son nuestra única salvaguardia contra los asaltos del caos y los demonios del espacio insondable”.

Literatura Weird: lo insólito e inexplicable en la ficción “extraña”
Historieta basada en el libro Los mitos de Cthulhu de H.P Lovecraft | Imagen vía: MediaFire

La muerte de Lovecraft junto a la segunda guerra mundial y la traducción de las obras de Franz Kafka al inglés fueron claves en el antes y el después del género.

En la década del 2000 el término se ha vuelto a popularizar en parte gracias a la cantidad de experimentos cinematográficos que sin poder definirse por completo mezclan lo sobrenatural con el horror, la fantasía, el relato gótico y la ciencia ficción. Y eso es precisamente lo que hace la Weird Fiction, más que una expresión es un sentimiento que apela a una atmósfera inexplicable donde las fuerzas externas y desconocidas intentan sonar familiares.

En el presente la Weird Fiction se ha reintegrado a la sociedad en el perfil de New Weird. Escritores como Murakami y China Mieville han retomado el tren que se averió luego de una temporada en la literatura del siglo XIX.

Pulp Magazines y el relato comercial

Por ser algo extravagante y bizarra la Weird Fiction ha sido asociada con un tipo de ficción de escaso valor y promocional que se usaba en la era de las revistas Pulp -publicaciones calificadas como “baratas” por el tipo de papel y encuadernación que utilizaban- dedicadas a la ficción en todos sus extremos, pero con la perspectiva del tiempo hoy muchas de estas lecturas son referentes artísticos y culturales.

Una de las publicaciones más reconocidas, Weird Tales, tiene un archivo de lápices envidiables como los de H.G Wells, Isaac Asimov, Lovecraft, Ray Bradbury, Clark Ashton Smith, Howard Wandrei y algunas mujeres -aunque no suficientes- como Mary Elizabeth Councilman y Francis Stevens.

La época de las revistas Pulp plantó la ciencia ficción y la fantasía en el imaginario colectivo y ubicó en el mapa a escritores como Arthur C. Clarke, Poul Anderson, C. L. Moore y Robert Heinlein. La crítica sobre su calidad artística choca con la evidencia que sugiere un limitado reconocimiento. Por otro lado, añade un valor histórico cuando se recuentan la cantidad de conflictos sociales y religiosos que transitó la humanidad a la par de sus publicaciones, incluyendo guerras mundiales, la creación de la bomba atómica, pandemias, genocidios y revoluciones.
Aunque la ficción es una forma de escapismo, para los autores también fue necesario algún tipo de veredicto personal en sus historias entre tantas convicciones e ideologías.

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Diseño de videojuego inspirado en los mundos de la literatura New Weird | Imagen vía: TheKillScreen

Lo “New Weird”

Lo Weird se estancó pero no desapareció. Desde 1940 en adelante trabajos como los de Mervyn Peake o Daphne Du Maurier siguieron con la tradición gótica de lo Weird, popularizando la atmósfera ya establecida por Lovecraft y Poe.
Desde entonces algunas obras han florecido del letargo como la del francés Michel Bernanos The Other Side of the Mountain –El otro lado de la montaña- y The Beak Doctor del estadounidense Eric Basso con una narrativa más modernista pero no menos sugestiva.

Stephen King también pasó por aquí en los años 70 redefiniendo el género súper natural en la literatura americana de terror junto a Clive Barker con Books of Blood –Libro de sangre- escrito en los 80.

El New Weird definitivo llegó al siglo XXI con una generación que creció sumergida en la cultura de la ciencia ficción, utilizándose como una herramienta para referirse a las múltiples dimensiones de la realidad. Escritores como M. John Harrison, Steph Swainston, China Mieville, K.J. Bishop, Michael Cisco y Jeff VanderMeer –autor de una de las antologías más completas sobre el género de invención en la literatura- reiteran interrogantes formuladas por los pioneros de la ciencia ficción, fusionándolas con lo “extraño”.

Surrealismo transgresivo, ciencia, ficción histórica, sátira política y fantasía urbana se congregan en una proyección de ciudades y personas que se mueven en lo irracional y extraordinario. En la literatura weird hallarás desde plantas asesinas, montañas humanas y colores que caen del cielo hasta un París apocalíptico y un hotel con una dimensión desconocida escondida entre sus pasillos.

La idea es desprenderse del sentido común y el escepticismo, sumergirse en lo ilógico e inexplicable. Parece “extraño”, pero no lo es.

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10 libros que ondean con la magia de la playa y el mar

Rohmy Cubas

Foto: Maryl Martin
Vintage Postcard

El agua se puede convertir en una especie de culto para el ser humano. Quienes crecieron con el mar a centímetros de su ventana y la arena a pocos pasos de sus pies lo comprenderán. Hay un apego casi hereditario que defiende el aroma a salitre aun cuando toca existir a kilómetros y hasta a países de distancia en algún momento de los años.

Por otro lado, las vacaciones y los fines de semana también están hechas de mar, sobre todo cuando este no se puede ver en el horizonte más próximo. En ese caso la playa se añora como una tregua con la rutina, como una buena noticia que solo se puede oír al ritmo de las olas. Pero independientemente del nivel de natividad que asumas la playa tiene la cualidad de transmitir tranquilidad y paz; no importa que el sol no brille como en el Caribe, la vibra de la costa bordea como una esfera todo lo que se halle próximo al océano.

Tal vez por eso es difícil que el mar sea ignorado en casi todos los aspectos de la vida. Por ejemplo, cuando se trata de escribir y contar historias hasta un párrafo azul y salado tiene ese efecto sabio y sereno que marca la diferencia.  Con el verano en pleno auge, estos son diez libros en donde hasta los personajes son más entrañables gracias al recuerdo del mar.      

10 libros que ondean con la magia de la playa y el mar
Cubierta de El señor de las moscas de William Golding | Imagen vía: Amazon

El señor de las moscas de William Golding

Clásico pero imprescindible, William Golding no solo se adelantó varias décadas a J.J. Abraham y Damien Lindelof en Lost sino que escribió una de las novelas más estudiadas y leídas del siglo XX.  

Un avión se estrella en una isla desierta con una clase entera de niños de entre cinco y doce años. Ningún adulto sobrevive y de pronto una vida sin normas ni regaños parece el paraíso. Pero ningún hombre es una isla y las sociedades son inevitables, esta mini-tribu se las arregla para sobrevivir aplicando a su lógica lo poco que saben de la vida y, como en todas las sociedades, no pasa mucho tiempo antes de que las naturalezas individuales se enfrenten en una realidad difícil de asumir a los diez años.

La isla del Señor de las moscas es hermosa y emocionante, el mar es ese lugar seguro a la orilla de la playa. Sin embargo, a pesar de que se intenta instaurar una democracia con una caracola de por medio, los niños de esta historia se ven obligados a hacer cosas inconcebibles a su edad. Estos doce capítulos sobre la pérdida de la inocencia y las caras de la civilización han demostrado ser incluso más efectivos que una clase de sociología.

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Cubierta de El viejo y el mar de Ernest Hemingway | Imagen vía: Amazon

El viejo y el mar de Ernest Hemingway

En un pueblo costero de Cuba un hombre llamado Santiago lleva 84 días en su lancha sin pescar absolutamente nada. Una mañana un pez espada se enreda en su anzuelo pero su tamaño es tal que durante tres días y dos noches el viejo lucha con el animal casi hasta la muerte.

El viejo y el mar es uno de los textos más notables de Hemingway. Es sencillo y tajante y se lee sin presión en una sola mañana. Con esa sencillez Hemingway reflexiona sobre los triunfos y las pérdidas personales, sobre la soledad y la relación del hombre con la naturaleza en una historia que apela a la moraleja de los clásicos de época.

“Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y éstos tenían el color mismo del mar…” Ernest Hemingway

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Cubierta de la versión original The Beach de Alex Garland | Imagen vía: Amazon

La playa de Alex Garland

De nuevo las playas no son lo que parecen, y en La Playa un mochilero inglés persigue una playa clandestina en Tailandia a donde pocas personas saben llegar y de donde la mayoría no vuelve.

Libre de turistas y de la sociedad en general, la playa se muestra como una aventura de escape para los mochileros del mundo, un hermoso paraíso de aguas cristalinas en donde se vacaciona todo el año. Pero las historias tienen dos caras y al encontrar la anhelada playa el mochilero también se tropieza con una tribu establecida entre reglas engañosas y secretos alarmantes.

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Cubierta de los peces no cierran los ojos de Erri de Luca | Imagen vía: Seix Barral

Los peces no cierran los ojos de Erri de Luca

El italiano Erri de Luca escribe esta hermosa historia sobre la niñez y el paso hacia la adultez en poco más de cien páginas sostenidas con frases que se quedan en la memoria más tiempo de lo previsto.  

El verano es uno del pasado. Un hombre recuerda sus vacaciones en un pueblo costero de Nápoles a los diez años, un verano en donde se enamora por primera vez y se debate con su cuerpo en desarrollo entre las ganas de pasear como un niño y querer como un adulto. La playa de Los peces no cierran los ojos es la de las primeras veces y las cosquillas de mar entre los dedos de los pies, o como relata el libro: En el mar no es como en el colegio, no hay profesores que valgan. Está el mar y estás tú. Y el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera”.

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Cubierta de Piedra de mar de Francisco Massiani | Imagen vía: Sorboletras

Piedra de mar de Francisco Massiani

Es una de las novelas más representativas de Venezuela,  un cuasi monólogo en donde Massiani narra la nostalgia de la adolescencia en una Caracas que ya no existe. Testamento de juventud que cuenta la diatriba existencial de Corcho mientras este detalla sus amistades, amores frustrados y la aprensión que le produce el futuro. La facilidad de introspección del personaje y el lenguaje intencionalmente inconsecuente crean un vínculo casi ineludible con la novela.  

“Estoy en la playa. He vuelto al mar”, escribe el protagonista. En Piedra de mar es entre la playa y la ciudad en donde los veinte años se diluyen con confesiones en la arena.  

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Cubierta de La isla del tesoro de Robert Stevenson | Imagen vía: Casa del Libro

La isla del tesoro de Robert Stevenson

La novela de aventuras ha recorrido un largo camino, Stevenson fue uno de los primeros junto a Jules Verme en popularizar el género. En la isla del tesoro Jim Hawkins roba un mapa que conduce a una fortuna escondida, el viaje se convierte en una aventura cargada de piratas y peligros marinos que el chico deberá enfrentar para encontrar la ansiada recompensa.

Como Hemingway, Stevenson apela a las moralejas de los viejos clásicos en donde la estructura es simple pero efectiva. Adaptada incontables veces al cine, la televisión y el teatro La isla del tesoro es un referente obligado de la literatura de aventuras.

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Cubierta de La vida de Pi de Yann Martel | Imagen vía: Amazon

La vida de Pi de Yann Martel

Antes de Ang Lee vino Yann Martel. O antes de la película vino el libro.  

Una familia amante de los animales y dueña de un zoológico emigra en barco a Canadá en busca de una vida diferente. Cuando su embarcación naufraga el hijo mayor Pi descubre que junto a un orangután, una hiena, una cebra y un tigre bengala, él es el único sobreviviente.  

La travesía es inmensa y azul como el mar, Pi aprende a sobrevivir con un pequeño bote y un tigre de acompañante entre tormentas y un sol inclemente, entre ballenas azules y tiburones, entre pedacitos de alegría en medio de la pérdida.

La vida de Pi es una historia de introspección que examina la resistencia del ser humano en todas sus aristas: la mente, el cuerpo y el alma.   

10 libros que ondean con la magia de la playa y el mar 8
Cubierta de Al faro de Virginia Woolf | Imagen vía: Lumen

Al faro de Virginia Woolf

Virginia Woolf fue conocida por la prosa y recursos literarios intrincados que utilizaba en sus novelas, y esta no es la excepción. Al faro se posicionó en la cumbre de la novela modernista que popularizaron escritores como James Joyce.

La historia es la de la familia Ramsay y la transición de sus relaciones en una casa de verano de Escocia en los años 20. La novela es un salto temporal y espacial entre la familia, el faro de la isla y en cierta medida la guerra.

El mar de Woolf es nostálgico y distante. El libro explora la infancia, las relaciones adultas y familiares, el papel de la mujer, su transformación en la sociedad y toda una serie de subjetividades que crean una especie de diario; pensamientos y observaciones que se guían por la anticipación que provoca en la familia la visita al faro.

10 libros que ondean con la magia de la playa y el mar 7
Cubierta de El mar de John Banville | Imagen vía: Anagrama

El mar de  John Banville

El mar es una ficción en la costa de Irlanda en donde un hombre regresa al agua para refugiarse del presente. Max Morden retorna al pueblo de verano de su infancia tras perder a su esposa gracias a un cáncer. Su huída se vuelve una evocación del pasado cuando este se refugia en el verano en el que conoció a la familia Grace y sus peculiares integrantes.  

La historia evoluciona en un misterio en el que las lagunas de la memoria de Max se aclaran para recordar lo que realmente sucedió ese verano. Su catarsis viene con el mar y el verano.  

10 libros que ondean con la magia de la playa y el mar 9
Cubierta de El mar de Iris Murdoch | Imagen vía: De Bolsillo

El mar de Iris Murdoch

Iris Murdoch escribe sobre un dramaturgo retirado que se muda de Londres a una casa en la costa. Cuando este descubre que un amor del pasado vive en el mismo pueblo con otro hombre la crónica se vuelve el relato de un hombre obsesivo que se excusa en la idealización del amor para contener sus ansiedades.

El mar es la excusa de la escritora para reflexionar sobre las vidas pasadas y futuras en una prosa filosófica y humorística que le valió su novela más celebrada.

Diez libros y diez costas para nadar en historias.

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