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Literatura a la carta: La abultada correspondencia de Franz Kafka

Romhy Cubas

Foto: Biografía y Vidas
Biografía y Vidas

“Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar.”  

-Franz Kafka

Kafka lo sabía, la burocracia sería su fin. Cientos de papeles y documentos enterrados en un sistema cada día más abstracto y aburguesado. Kafkiano no es solo lo que la RAE ha definido como muestra de algo absurdo o angustioso, sino que se extiende hasta situaciones innecesariamente complicadas que interrumpen el sentido de un entorno, a esos cientos de detalles y normativas que hacen de un laberinto el “proceso” que tanto inquietó al escritor checo en sus textos. Ese mismo proceso reclamó sus cartas y manuscritos póstumos en una querella literaria-judicial digna de sus novelas; por más de cuarenta años se discutió el destino de su legado hasta que un tribunal israelí ordenó que este fuera transferido a la Biblioteca Nacional de Israel.

Si Franz Kafka, quien nació hace 134 años un 3 de julio de 1883 en Praga, hubiera presenciado su destino en el siglo XXI tal vez hubiera reconsiderado seriamente pedirle a su albacea Max Brod que quemara todo su trabajo al morir. Su legado es en realidad ínfimo comparado con los textos que escribió y destruyó en vida – se cree que desechó hasta el 90% de estos- pero la herencia rescatada va más allá de algunas historias y cuentos inconclusos. Aunque solo consideró dignos de publicar La condena, En la colonia penitenciaria, El médico rural y el relato Un artista del hambre el archivo de Kafka dispone de unos cuarenta textos en prosa junto a casi tres mil quinientas páginas de anotaciones de diarios, fragmentos y tres novelas incompletas.

Es su extensa correspondencia lo que realmente ha dejado huella en los estudiosos de Kafka. Estas cartas escritas con el mismo ritmo y claridad que sus historias más complicadas reafirman el don lingüístico de una persona que describía sus horas y pensamientos en un recuento tan narrativo como un libro. Los destinatarios de sus confesiones recibieron decenas y cientos de cartas que ya no necesitaban el cuerpo de un insecto para confesarse. Puede que la magia de Kafka esté en su propia gaceta personal.

Literatura a la carta: La abultada correspondencia de Franz Kafka 1
Primera página de la carta de Franz Kafka a su padre Hermann Kafka | Imagen vía: Brain Pickings

Cartas a su padre:

Una carta ininterrumpida de 47 páginas escrita a su padre en noviembre de 1919 es lo más cercano a una autobiografía que Kafka ha logrado escribir. Esta es un reclamo absoluto a una infancia carente de afecto y atención. La indiferencia emocional de su padre formó a Kafka en sus más profundas inseguridades, incluyendo la obsesión con su cuerpo y su salud –el escritor masticaba hasta setenta veces su comida antes de tragarla- y el fracaso de su relaciones románticas.  

Kafka escribe:

“Querido Padre: Me preguntaste una vez por qué afirmaba yo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe qué contestar, en parte, justamente por el miedo que te tengo, y en parte porque en los fundamentos de ese miedo entran demasiados detalles como para que pueda mantenerlos reunidos en el curso de una conversación. Y, aunque intente ahora contestarte por escrito, mi respuesta será, no obstante, muy incomprensible, porque también al escribir el miedo y sus consecuencias me inhiben ante ti, y porque la magnitud del tema excede mi memoria y mi entendimiento.”

El escritor veía en su padre todo lo que él no pudo ser. Se comparaba con una figura contraria y autoritaria en su vida:

“Compáranos a los dos: yo, para decirlo buenamente, un Löwy con cierto fondo de los Kafka, a quien sin embargo no impulsa esa voluntad de vivir, de comerciar y de conquistar típica de los Kafka, sino un aguijón de los Löwy, que actúa en otra dirección, más secreto, más tímido, y que con frecuencia cesa por completo. Tú, en cambio, un verdadero Kafka en cuanto a fuerza, salud, apetito, volumen de voz, cualidades oratorias, autosatisfacción, superioridad humana, perseverancia, presencia de ánimo, conocimiento de los hombres y cierta amplitud de miras.”

El mensaje detalla no solo un abuso físico sino emocional que lo persiguió hasta su adultez y sus compromisos frustrados:

“No recuerdo que alguna vez me hayas insultado directamente y con palabras concretas. Tampoco era necesario, ya que tenías otros recursos, aparte de que en las conversaciones en casa y en el negocio los insultos volaban a mi alrededor, cayendo sobre otros, en tal cantidad que, siendo todavía un niño, me dejaban a veces casi aturdido (…) Tú colocas el fracaso de mis tentativas de casamiento en el mismo nivel que mis demás fracasos; en sí, nada tendría que oponer a ello si admitieras mis anteriores explicaciones con respecto a mis demás fracasos”.

La carta, que nunca fue enviada, culmina con la claridad de una expectante pero fallida reconciliación:

“Claro está que las cosas no pueden ajustarse en la realidad tan bien la una con la otra como los argumentos en mi carta, porque la vida es algo más que un rompecabezas; pero, gracias a las enmiendas que surgen de esta confesión, y que no puedo ni quiero extender hasta el detalle, se ha logrado, a mi parecer, algo tan próximo a la verdad que podrá tranquilizarnos un poco a los dos y hacernos más fáciles la vida y la muerte.” 

Literatura a la carta: La abultada correspondencia de Franz Kafka 2
Carta de Franz Kafka a Felice | Imagen vía: 20Minutos

Cartas a Felice

No mucho después de que Kafka y la berlinesa Felice Bauer se conocieran en casa de su amigo y futuro biógrafo Max Brond, en agosto de 1912, el cortejo romántico comenzó por correspondencia en una relación que vio más palabras que encuentros. Durante los cinco años y 500 cartas intercambiadas desde que se conocieron Kafka, que entonces tenía 29 años, y Felice de 25 se vieron en contadas ocasiones: “Cuando llegué a casa de los Brod”, apuntó unos días después en su diario sobre Felice, “estaba sentada a la mesa. No sentí la menor curiosidad por saber quién era, porque enseguida fue como si nos conociéramos de toda la vida”.

Aunque estuvieron comprometidos dos veces la relación nunca se concretó, y en su penúltima carta a Felice un 30 de septiembre Kafka finalmente se escuda en su enfermedad para ponerle fin a la relación: “Mi barca es muy frágil (…) Jamás recuperaré la salud”. Durante la relación Kafka escribió sus trabajos más representativos, incluyendo La Metamorfosis.

Kafka escribe:

“Señorita: Ante el caso muy probable de que no pudiera usted acordarse de mí lo más mínimo, me presento de nuevo: me llamo Franz Kafka, y soy el que le saludó a usted por primera vez una tarde en casa del señor director Brod, en Praga. Luego le estuvo pasando por encima de la mesa, una tras otra, fotografías de un viaje al país de Talía y la mano que en estos momentos está pulsando las teclas acabó por coger la suya, con lo cual confirmó usted la promesa de estar dispuesta a acompañarle el próximo año en un viaje a Palestina. Si sigue usted queriendo hacer este viaje —en aquella ocasión dijo no ser veleidosa, y, en efecto, yo no advertí en usted que lo fuera ni un ápice—, será no ya conveniente sino absolutamente necesario que procedamos desde ahora mismo a procurar ponernos de acuerdo en lo concerniente a este viaje.”

Recopiladas en el libro Letters to Felice , las cartas expresan la necesidad de aprobación de Kafka y esa ansiedad ante la soledad que reclama anteriormente a su padre:

“Fräulein Felice: Te pediré un favor que suena completamente loco, y que yo consideraría como tal si fuera quien recibe la carta. Es también la más grande prueba al que aún la más amable persona puede ser sometida. Bien, el favor es que me escribas una vez por semana, así tu carta llega el domingo, porque no puedo resistir tus cartas diarias, soy incapaz de resistirlas. Por ejemplo, yo respondo una de tus cartas, luego estoy acostado, aparentemente en calma, pero mi corazón late a lo largo de mi cuerpo entero y sólo es consciente de ti. Para ser breve: mi salud es apenas suficiente para seguir solo, pero no es buena para casarme, y dejemos a un lado a la paternidad. Aún cuando leo tus cartas, paso por alto hasta lo que no puede ser.”

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Recopilación editorial de las cartas de Franz Kafka a Milena Jesenská | Imagen vía: The Cardiff Review

Cartas a Milena Jesenská:

Kafka se mantuvo soltero pero no completamente aislado. La compañía le llegaba asiduamente, por correspondencia.  Además de Felice se relacionó con la secretaria praguense Julie Wohryzek, mantuvo correspondencia con Milena Jesesnská y su última pareja fue Dora Diamant, quien conservó de Kafka 20 cuadernos y 35 cartas confiscadas y reveladas por la Gestapo en 1933.

Jensesnka fue una escritora y periodista checa que coincidió con Kafka en un café de Praga en otoño de 1919.  Como muchas de sus relaciones el amor fue casi platónico con escasos encuentros entre 1920 y 1921.

Kafka escribe:

¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas pueden comunicarse mediante cartas? Uno puede pensar en una persona distante y puede tocar a una persona cercana; todo lo demás queda más allá de las fuerzas humanas. Escribir cartas, sin embargo, significa desnudarse ante los fantasmas, que las esperan con avidez. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas. Con este abundante alimento se multiplican en forma desmesurada. La humanidad lo percibe y lucha por evitarlo. Y para eliminar en lo posible lo fantasmal entre las personas y lograr una comunicación natural, para recuperar la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano. Pero ya es tarde: son evidentemente inventos hechos en el momento del desastre. El bando opuesto es tanto más calmo y poderoso; después del correo inventó el telégrafo, el teléfono, la radio. Los fantasmas no se morirán de hambre, y nosotros, en cambio, pereceremos.

Su pesimismo es casi cómico, y la ironía y sátira de sus líneas se acompasan con sus ficciones ya publicadas:

“Jueves por la noche: Hoy apenas si hice otra cosa que permanecer sentado, leer un poco de aquí y un poco de allá; pero, en rigor, no hice nada o me limité a prestar atención a un ligero dolor que trabajaba en mis sienes. El día entero estuve pensando en tus cartas, con sufrimiento y con amor, con preocupación y con un miedo muy impreciso a lo impreciso, cuya imprecisión consiste fundamentalmente en que excede en una medida enorme los límites de mis fuerzas. Y, a todo esto, ni siquiera me he atrevido a leer las cartas por segunda vez y hay media página que aún no ha sido leída ni una sola vez. ¿Por qué uno no se resigna a considerar que lo acertado es vivir en esta tensión especial, sostenida, suicida? (en una ocasión comentaste algo por el estilo y yo procuré reírme de ti).”

Literatura a la carta: La abultada correspondencia de Franz Kafka 4
Franz Kafka con invitados | Imagen vía: Klaus Wagenbach

Franz Kafka murió en un sanatorio a las afueras de Viena a un mes de su cumpleaños número 41. Luego de siete años de haber vivido con tuberculosis el estado de su garganta era tal que no podía alimentarse, prácticamente murió de hambre.

Su personalidad a menudo ha sido descrita como obsesiva, depresiva y solitaria pero su biógrafo más conocido, el alemán Reiner Stach, afirma que en realidad Kafka era encantador y simpático.

Gris o luminoso Franz Kafka fue singular y neurótico, en pocas palabras: un individualista con una inmensa correspondencia.

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La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago

Romhy Cubas

Reflexionar en pasado, presente y futuro tiene un eco de responsabilidad innegable en la literatura. La ficción es solo otra forma de contar la realidad, sobre todo cuando esta se tambalea en su propia deshumanización. Uno de los escritores que en vida siempre insistió en presentar esta crítica en formato de ensayos ficticios e utópicos fue José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 y autor de novelas como El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004) y El viaje del elefante (2009).

El escritor portugués se afincó en la imaginación y las ironías de esa ficción tan parecida a la realidad para crear ensayos literarios con un mensaje universal que advierte contra los status quo y la contradicción del poder político.

Recordar a Saramago es entender que entre la lucidez y la ceguera hay una línea tan delicada como los fracasos políticos y sociales que cada día se afincan más en el periódico de las mañanas.

Las hipótesis de Saramago son más que conjeturas. Cuando creó aquél país en el cual más del 80% del electorado de su capital decidió votar en blanco en los comicios municipales, abrió la grieta para entrever una crisis institucional que en el presente no necesita de votos en blanco para desarrollarse. Ensayos sobre la lucidez es una crítica a la “democracia” y sus instituciones, el cuestionamiento de un sistema mediante el silencio y una papeleta en blanco. Un ensayo que luego de su publicación en el 2004 provocó molestar, sobre todo entre ciertas posiciones políticas, por el hecho de satirizar una democracia mucho más endeble de lo que quisiera aparentar.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago 1
Portada de Ensayo sobre la lucidez de José Saramago editado por Alfaguara.

Esa conjetura del voto en blanco no permanece enclaustrada en las páginas de la literatura. En Argentina en las elecciones de 1957 la proscripción y prohibición del peronismo en los comicios electorales por parte de La Revolución Libertadora provocó que desde el exilio Perón utilizara el recurso del voto en blanco como una forma de protesta entre sus acólitos. Más que un recurso fue una exigencia a distancia. Una demanda que tuvo éxito cuando el voto en blanco fue mayoría en las urnas de aquél año con 2.115.861 votantes. Sin embargo, en este escenario el voto en blanco seguía siendo un voto para un representante, y en Ensayo sobre la lucidez Saramago plantea una población totalmente insatisfecha con todos los nombres y partidos políticos; personas de todas las edades, ideologías y condiciones sociales se manifiestan contra la política como un género.

En la realidad, los votos en blanco son considerados por la ley de muchos países como votos válidos que se tienen en cuenta en la primera fase del escrutinio, cuando se procede a la barrera del 3% de los votos en cada circunscripción.

“Mal tiempo para votar” apunta Saramago en este ensayo que hace demasiados guiños al presente y sus disyuntivas. Uno en donde el voto ha perdido esa fuerza democrática por la que se libraron batallas. En la historia del Nobel los votos válidos no llegan al 25% del escrutinio, los políticos inquietos intentan hallarse en el resultado inesperado, el gesto capaz de mover montañas para evitar conjeturas internacionales y desastres nacionales. Los miembros del Gobierno implantan entonces un estado de sitio para protegerse a sí mismos, la máquina política se pone en marcha y entran factores tan desafortunadamente comunes como la corrupción, la manipulación de los medios de comunicación, las falsas promesas y los discursos de intimidación.

Esta opción del voto en blanco no fue respaldada por el escritor en la vida real, sin embargo Saramago siempre dejó clara su posición ante la historia y sus contadores. “La historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Y se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino”.

Una ceguera anunciada

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago 2
Adaptación cinematográfica de “Ensayo sobre la ceguera” dirigida por Fernando Meirelles en el 2008.

Luego está el Ensayo sobre la ceguera, o antes, si se considera que la novela fue publicada una década previa al Ensayo sobre la lucidez, en 1995, y que es de hecho la precuela de un mismo país propenso a las pandemias sociales.

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”, escribe Saramago en este ensayo en donde utiliza la deshumanización y el egoísmo de una especie que intenta sobrevivir a una ceguera que traspasa los límites físicos y se establece como una epidemia moral. Sus personajes experimentan la falta de luz desde un semáforo, un cine, una caminata por el parque. Entonces la capacidad para ver se vuelve una parábola que se deshace en la naturaleza humana. “Lo que quería era no tener que abrir los ojos”.

La incertidumbre de la civilización y la inestabilidad de  sus acciones se asemejan  a un entorno que se repite como la historia, intentando aprender de sus errores pero sin conseguirlo por completo. Y es que esta ceguera no es una simple ausencia de luz, al contrario es una  “blancura insondable como el sol dentro de la niebla” que se expande cual gripe de invierno.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago
Portada de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago editado por Alfaguara.

La vigencia de las novelas de Saramago permanece en esa especie de experimentos sociológicos que reflexionan disfrazados de ficción sobre el presente. El voto en blanco como crisis institucional, la sátira crítica de la democracia, la ambivalencia del color blanco como instrumento de ceguera y lucidez. El debate necesario e imperativo a través de una literatura que a propósito, carece de signos de puntuación.

Saramago murió de leucemia en junio del 2010, hace ya un poco más de siete años, pero de sus ensayos quedaron debates e hipótesis vigentes que aunque se expresan entre los extremos de la literatura, es necesario releer para evitar esa ceguera de luz y de lucidez que reincide con una confianza peligrosa en la actualidad.

“Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana si ya estoy ciega. Responsabilidad de qué. La responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido” 

Ensayo sobre la ceguera. José Saramago.

  

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Claudia Piñeiro: “En la actualidad el pensamiento es un símbolo que se reparte como las banderas en España"

Ariana Basciani

Foto: Alejandra López
Penguin Random House

La escritora y guionista argentina, Claudia Piñeiro, pasa por Madrid en medio de la álgida situación política en España. Su libro Las maldiciones (Alfaguara, 2017) no puede estar más acorde con el momento, ya que es un thriller que se adentra en cómo la nueva política ha cambiado la sociedad y sus valores, vanagloriando el pragmatismo y el engaño, perdiendo lo esencial del pensamiento crítico y centrándose solo en el individualismo y la ambición de poder.

Piñeiro dispone de una prosa ágil, con humor, enriquecida con datos históricos –aunque ella misma diga que no podría escribir una novela histórica- y con un estilo fácil, sin caer en simplezas.

Antes de que deje Madrid, rumbo al Hay Festival, en Arequipa, Perú, se tomó unos minutos para hablar de su nueva novela y sobre cómo ha cambiado el pensamiento político tanto en los representantes del gobierno como en nosotros, los votantes.

Aunque en Las viudas de los jueves o Betibú ya tocabas el tema político ¿qué te motivó a centrarte en la política en Las maldiciones?

Normalmente yo arranco de una imagen disparadora. En este caso, no necesariamente tenía que ver con política; era esa escena en la que el líder político está en la playa con su asistente, Fernando Rovira y Román Sabaté. En el momento en que lo pensé, no sabía que pertenecían a un partido político, para mí eran un líder y su aprendiz, un jefe y su empleado; con una relación de poder en la cual el jefe cree que le puede pedir algo personal a su empleado y este tiene que decidir si lo hace o no, incluso contra sus principios. Cuando yo pensé en esta imagen que tenia mucho que ver con la relación del amo y el esclavo de Hegel, me imaginé esa escena en una playa: al chico desorientado, pensando “acepto, porque si no pierdo este trabajo, o no lo acepto”, y me pregunté en qué mundo puede transcurrir esto de una manera más rica y más potente. Y el mundo de la política es un lugar adecuado, porque es un lugar donde están las ambiciones y necesidad de subsistencia de muchos personajes. Allí se iba a dar esta historia mejor. Además, para los argentinos es un mundo de todos los días, vas a la panadería, vas en el colectivo o llegas a tu casa y encuentras un programa que está hablando de política; te da para contar un montón de cosas, interesantes, ricas. Mis otras novelas, como Las viudas de los jueves o Betibú, son políticas en cómo cuentan la sociedad, pero la política no era la protagonista.

Hablas de que la política es un tema común en Argentina, quizás en Latinoamérica y en Estados Unidos desde el mandato de Trump, ¿cómo crees que será acogido este nuevo libro por los lectores españoles?

Los escritores tratamos de escribir historias universales, aunque estemos hablando de la particular de nuestro país. Yo acabo de terminar Patria de Aramburu, que transcurre en el país vasco, y yo lo siento propio así sea un mundo en el cual no vivo. A mi me gusta que me cuenten las cosas que no conozco de ese país, pero hay muchas cosas que cuenta de los conflictos personales que son perfectamente trasladables a Argentina o a Latinoamérica. Eso de que la sociedad se divide porque unos piensan de una manera y otros de otra es fácilmente entendible y como el autor va acompañando los personajes te lleva a sentir empatía permanentemente. Entonces la novela es una novela de conflicto, de personajes con las que cualquier lector de estos países puede identificarse. Después hay otras cuestiones muy particulares de la Argentina, de otros países latinoamericanos o de España. Habrá lectores a quienes les interese cosas así y a otros menos. Siempre en un libro uno se apoya más en un aspecto que en otro, pero eso ya tiene que ver con los lectores, no tiene que ver con si se es un lector español o de un país determinado. En este caso, cada lector decidirá si le da más importancia o se entusiasma con lo que les pasa a estos personajes.

¿Hay alguna inspiración autobiográfica en el personaje de La China o de Macri con el personaje de Fernando Rovira?

Siempre la gente trata de hacer relaciones y en definitiva, a mi como escritora me pasa y quizás a otros escritores también, que los personajes son una mezcla de gente que uno conoce y uno le va incorporando características a muchas personas y hasta de uno mismo. La China, por ejemplo, fui extrayendo rasgos de muchas amigas mías periodistas, sobre todo del oficio, preocupadas por hacer su trabajo bien y que tienen que padecer un montón de cosas propias del mundo editorial y de la prensa; pero no es ninguna de ellas. Sí le he sacado cositas que me interesan a distintas personas y me las he apropiado para este personaje. En cuanto al político, la relación es muy directa porque tiene que ver con una forma de hacer política relacionada con el marketing, con los nuevos discursos. El personaje de Fernando Rovira no tiene nada que ver con Macri, yo creo que no hay ninguna relación entre los dos; los dos sí pertenecen a un tipo de partido que es lo que llamamos la nueva política, gente que viene del mundo empresarial con sus herramientas del manejo de empresas, con las que se puede dirigir un país; a veces tienen éxito, otras veces no. Es la política que se asienta en los asesores de imagen, en los focus group. En ese sentido el partido que yo invento en la novela, Pragma, es parecido al partido de Macri, pero es parecido al de otros países en Latinoamérica o en cualquier otra parte. De alguna manera, Trump por la derecha o Macron por la izquierda, son dos construcciones hechas desde la publicidad del marketing, y no desde partidos tradicionales que han venido batallando un discurso de ideologías.

 

Volviendo a los personajes y a la novela, si el verdadero libro de La China es “Las maldiciones”, ¿sería entonces “La maldición de Alsina” el verdadero libro de Claudia Piñeiro?

En esta novela el personaje de La China tiene un proyecto de libro sobre un hecho histórico. Yo nunca hice investigación historia para una novela, me costaría hacerlo, me sentiría muy presionada. Es muy probable que nunca escriba una novela de este tipo porque sentiría que no tengo todos los elementos, que no sé exactamente qué pasó. Sin embargo, sí puedo permitirme esas cuestiones en la ficción, de ir hacia la historia y si no ha ocurrido exactamente así no importa, porque es una ficción y el lector lo sabe.

Al personaje de la China le pongo cosas de mi mundo, relacionadas con la dificultad para publicar y la comunicación con los editores. Esos momentos cuando los editores te dicen: “tenés que pensar en un libro que venda, pero no, métele un muerto”. Entonces de alguna manera al hablar de la política y los políticos no quería dejar de lado también la hipocresía en el mundo editorial para algunas cosas. A mi me gusta reírme o hablar de determinados temas pero también incluirme, por ello también está incluido el mundo editorial y con lo que tenemos que transar algunas veces los escritores para poder publicar un libro.

Una especie de crítica

Sí, no mirar solamente la paja en el ojo ajeno, sino también en el propio.

Claudia Piñeiro: “En la actualidad el pensamiento es un símbolo que se reparte como las banderas en España" 1
Portada de Las maldiciones | Imagen vía Alfaguara

¿Es un libro para reivindicar la vieja política en los tiempos convulsos que vivimos?

No en todos los aspectos, porque la vieja política nos ha llevado a este punto. Pero sí rescatar cuestiones de la ideología, como comentabas parece que estamos ante una perdida de las ideologías, de que son algo malo y las ideologías implican una reflexión, un pensamiento critico. Uno no debería embanderarse detrás de una ideología porque sí, sino porque leíste, porque estudiaste, porque tenés los elementos para tomar una decisión. Y un político de la vieja política te daba un discurso que estaba lleno de contenido y de ese contenido tu podías sacar tus conclusiones; ahora lo que te dan es una apelación de marketing para que le compres el producto. Hay una reflexión menor, como instantánea, me dices esto y voy ya y lo voto. Antes había una reflexión acerca de la política, del bien común, de lo que es bueno para un país, una mirada más de estadista; ahora se parece más a un CEO de empresa, donde hay que generar determinado resultado. En ese sentido sí está la añoranza de ese discurso político anterior, de la reflexión, del pensamiento critico.

¿Allí estaría la maldición? en cómo se ha pervertido el lenguaje…

Lo más doloroso es que nos han robado la palabra relato, el relato es una palabra nuestra, de la literatura y la política nos robó esa palabra. Como si lo que hacen los políticos es un relato. En realidad es una palabra más importante, pero se ha bastardeado al punto de convertirse en una mentira hecha por un político para contarnos un cuento.

También es un tema de superficialidad, al final hacer política se convierte en algo superfluo, ¿se debe quizás a la pérdida de las ideologías?

Sí y hay una subestimación de quien recibe el relato. Si yo doy un relato completo, con ideología y con peso, lo va aburrir, no le va a interesar, no lo va a divertir, no va a querer leer, no lo va a entender. Entonces yo subestimo al que va a recibir ese discurso y lo bajo de categoría. Cada vez el discurso es más fútil, porque si no lo va a entender, no me va a votar. Cada vez se degrada más.

Ahora en España, con el independentismo, el símbolo de la bandera ha tomado una carga muy importante, quizás se han pervertido debido al extremismo ideológico de ambos lados de la historia. ¿Nos hemos quedado sin símbolos?

En Argentina no hay problema con la bandera, cada provincia tiene la suya, pero no hay necesidad de representarlas tan diferentes, de diferenciar su lenguaje, etc. En Argentina, como pasa España, por más que se dice que es un país federal, es un país absolutamente centrado en Buenos Aires. Desde los acontecimientos culturales hasta donde llegan los trenes, es tremendo; ojalá tuviéramos más peso en otras provincias, pero termina funcionando un centrismo tremendo en un país que se declara federal en su constitución. En Argentina no nos pasa con la bandera pero sí con otras cuestiones que son simbólicas y que terminan sirviendo para discutir. Las sociedades están discutiendo últimamente, le pasa a España, le pasa a Argentina, y eso genera grietas muy profundas en gente que está de un lado o del otro, y en esa grieta cualquier cosa es un símbolo; uno levanta una bandera y ya quiere decir algo. En Argentina los que tenemos la posibilidad de decir algo -periodistas, escritores- y que lo escuchen los demás, inmediatamente eso que decís es tomado para un lado u otro de esa grieta, y vos no puedes decir nada que se pueda interpretar desde el kirchnerismo o del anti kirchnerismo o desde el macrismo o del anti macrismo, porque independientemente de cuál sea tu criterio, y que no tenga nada que ver con tu posición política, es criticado por un lado o por el otro lado político. En la actualidad el pensamiento es un símbolo que se reparte como las banderas que comentas en España.

Lo único que tenemos como seres humanos es el pensamiento y la palabra, ¿Cómo podemos resistir ante el ruido?

Tenemos una obligación de seguir resistiendo y seguir diciendo lo que uno piensa. Las redes sociales no ayudan mucho por los ataques en ellas. Nosotros hasta hace poco tuvimos un caso muy importante como la desaparición de Santiago Maldonado en una circunstancia en la cual la gendarmería estaba reprimiendo un corte de rutas. Entonces si vos decís cualquier cosa o si vos vas a una manifestación, sos anti macri o sos kirchnerista. No es así, hay un montón de gente que quiere saber qué pasó con la desaparición de Santiago Maldonado. Con las redes sociales debes pensar si poner algo o no y creo que eso es lo que se busca, tratar de hacer una censura preventiva; no te prohíben que lo digas, pero te atacan tanto que la siguiente vez lo vas a pensar antes de decirlo.

En la novela, comentas sobre los casos de “NiUnaMenos” en Argentina, ¿cómo te posicionas ante la violencia de género y el feminismo de hoy en día?

Yo desde el primer momento he estado apoyando el movimiento, hay una situación muy grave de violencia de género en la Argentina, y es un problema sobre el que hay que seguir batallando y educando para que no suceda. Lo que yo hago en la novela es mostrar la falsedad de algunos discursos con respecto a eso. Cómo el personaje del político termina diciendo “Ni una Menos” si no le importa nada, ni la violencia de género ni el feminismo, lo usa porque sabe que decir “Ni una menos” le va a generar votos o simpatía entre los votantes. Y porque le dijeron decís “Ni una menos”. Me preguntas mi posición, por supuesto que es luchar por la igualdad de la mujer. En la Argentina las mujeres no ganan el mismo sueldo por el mismo trabajo que un hombre, no tienen la misma oportunidad para ciertos trabajos por más que vos digas que pueden entrar. Ves la foto del presidente con sus ministros y el 90% son hombres. Por ejemplo, yo he trabajado en empresas donde el listado de teléfono era “Juan Pérez” y “María de Tesorería”. Las Marías no tenían apellido, pero los hombres sí. Todo eso tiene que ver con la violencia de género. La situación de las mujeres en Argentina abarca muchos temas, lo que a mí me molesta es el uso político hipócrita, que se representa en la novela.

¿Crees que como electores hemos fallado al no entender el doble discurso?

Sí, aunque no se puede pedir a todo el mundo que comprenda el alcance. Nosotros como periodistas o como escritores que estamos atentos a la palabra del otro, captamos rápidamente ese doble discurso, pero lo que no debería existir es ese doble discurso. Es importante que se eduque a las nuevas generaciones con pensamiento critico, con recursos para descubrir el doble discurso. Aunque los que educan son los mismos que gobiernan, no es fácil, pero la solución está en la educación.

Las maldiciones de Claudia Piñeiro es un thriller perfecto para relatar cómo ha cambiado la política y al mismo tiempo, un reflejo de cómo seguimos pervirtiendo nuestros valores por el beneficio personal sin reflexión ni autocrítica que parezca cambiarnos al respecto.

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Duelo en la etiqueta

Lea Vélez

Foto: ELOY ALONSO
Reuters

Los muertos nos han hablado. Cada año, la tierra pasa junto a su morada, en algún punto de la órbita terrestre que coincide con el 1 de noviembre. El tiempo de difuntos es como la primavera. Un lugar. Un lugar astronómico que varía en función de la velocidad de la tierra, de la posición exacta del sol. Un espacio-tiempo con portal hacia el interior, en el que vemos con más claridad las formas que habitan en nuestra conciencia. Es la zona en la que se nos permite, como quien cruza la frontera de la consciencia, hablar de los muertos, mencionarlos sin resultar pesados con el dolor, o el llanto, o el recuerdo de batallas sencillas.

Por estas fechas, resurgen los artículos sobre literatura “del duelo” y las listas de libros que tratan sobre el tema, como si el duelo fuera un género literario. Yo no creo que sea un género, o no exactamente. Esa etiqueta “duelo”, no es el nombre de un género unificador, para atraer al lector a aquello que le gusta: “novela negra”, “novela histórica”, sino el cartel de una advertencia. “Novela de duelo” significa: si entra usted aquí, lector, le hablarán de los muertos. Y el lector, entonces, se aleja, porque imagina su propio dolor y cree que va a revivir la cara oculta del corazón, o tiene miedo cerval, instintivo, y basta. Nada hará que camine por esa vereda. Ante las palabras “literatura del duelo”, solo un lector iniciado, valeroso o motivado, abre la puerta con advertencia que es la tapa de un libro.

Por eso no me gusta la etiqueta de “duelo” como género. ¿Por qué decir “duelo”? ¿Acaso a Hamlet la etiquetamos como una “obra de duelo”? Y no es otra cosa. Es la locura del hijo que ha perdido a su padre y que siente lo que se siente en el duelo. Desesperación, normalidad, alejamiento, irrealidad. Es, en mi opinión, el texto de duelo por antonomasia, en las visiones del espíritu que se le aparece, en su búsqueda de venganza y de mantener al padre vivo en su espada, en su alteración mental, en la escena de la calavera de Yorik, pobre Yorik, que lo cargaba a hombros, en su debatirse suicida del ser o no ser, ¿para qué ser si vamos a morir, si somos cadáveres andantes? Qué absurdo es esto de la muerte… y la de Ofelia, que enloquece con la misma pasión que una mujer de hoy día a la muerte de su padre o de su madre, o una Virginia Woolf, y se suicida porque vive dos locuras, la del desamor y la de la pérdida. Y no decimos que es duelo, aunque en Hamlet no puede haber más duelo psicoanalizable en sus páginas. Decimos que es, simplemente, Shakespeare.

Claro que también puedo estar muy equivocada en mi percepción. Quizá sea necesaria la advertencia, “va usted a entrar en una zona de duelo…, esa bandera roja para que solo se adentren por algunos libros extraordinarios los sabios receptores de palabras.

Sea como sea, la advertencia, el etiquetaje, representa el tabú social que muchos de esos autores, precisamente, quieren destruir dando a conocer su visión de lo que se genera en sus mentes tras la muerte, que no es más que el retrato poético e intrigado de la vida que nos queda. ¿Pero qué es el duelo?

En este mal llamado género, hay libros muy distintos. Tan distintos como sus muertos. Libros que nada tienen que ver a veces con el duelo real, el que se produce semanas después de un fallecimiento. Un proceso largo de aceptación, de reconstrucción, de curación. En estos libros, el autor está en conexión, pulsión directa, con sus emociones animales y como él es eso, autor, encuentra formas de expresión inusuales, nuevas conexiones y significados y se produce lo que ocurre cuando se renueva el lenguaje y el simbolismo de palabras corrientes como “arena” o “voz” o “sangre”. Se produce poesía. El autor, el artista, habla de lo que ve por dentro, un universo desconocido y brillante, para el que no existe un lenguaje coloquial, o prosaico. El autor ha de encontrar las palabras, inventarlas, recolocarlas, sacarlas de su uso habitual y se producen explosiones literarias.

No, no son libros “de duelo”. Son obras poéticas, filosóficas, íntimas, extrovertidas, simples, también, de frases fascinadas por su propia capacidad de desgarro o desafecto, amor o desprendimiento, de pura rutina vital. Son vida desde el golpe de todo lo que se había comprendido mal hasta la llegada de la pérdida.

Yo siempre me pregunto lo mismo. ¿Cómo se explica el duelo? El duelo no se puede explicar igual que no podemos explicar la Gioconda. Sería absurdo decirle a alguien: es el retrato de una mujer que mira hacia el pintor como si no quisiera sonreír, pero que tampoco desea estar muy seria y caer antipática. Tiene el pelo largo y a la espalda hay un paisaje que parece que no le corresponde”. Sería absurdo narrar el arte para arrancar la misma emoción visual de una composición. Igual que es absurdo narrar la emoción del miedo o de la fe o del vértigo o del sabor a vainilla a quien nunca los haya sentido. Y como es absurdo, es literatura. El duelo, yo creo, es, en realidad, una de las formas del amor. El duelo es pensar cosas raras, asomados a un día de noviembre, y escribirlas:

“Recorro tu taller. Palos de golf, tornillos, sierras. Soy la única persona en el mundo que conoce los nombres. Los lugares. Los antiguos propietarios de cada herramienta y los mercadillos donde regateaste con aquel hombre barbudo, esa señora obesa, la viuda de algún jubilado optimista. Si no hubiera nadie, si estuviéramos muertos, las plantas no serían ni “las plantas”. Nada tendría nombre. Los perros serían salvajes y los gatos no tendrían calles. ¿Qué quedará de tus cosas cuando ya no esté yo para nombrarlas?

Las cosas de un muerto.

Las imagino solas, como extraños estorbos sin palabras.

¿Cuánto tarda un objeto en perder un cuerpo?

¿Cuándo dejará esta sábana de llevar la forma de aquellos días? El mar todo lo aguanta, pero los hombres somos barcos de cristal. Pasadas fortunas sobre la mesa, que hoy caben en el bolsillo. Nunca más. Palabras dichas mil veces que no tuvieron el más mínimo significado hasta hoy. Y hoy, de repente, estallan en mí las palabras más tristes. Las palabras ausentes. La oscuridad está sobre el pecho. Sobre mí. No me envuelve, como en las malas novelas. Me aplasta. Ya nada me envuelve, ni esta sábana que no ha cambiado. Que no ha cambiado, y precisamente por eso, no me envuelve y me quema, porque es la misma sábana nuestra de aquellos sueños entrelazados”.

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Los 5 mejores planes para celebrar el Día de las Librerías en Madrid

Redacción TO

Foto: Tyrone Siu
Reuters

Este viernes 10 de noviembre se celebra por séptimo año consecutivo el Día de las Librerías, en el que librerías de toda España abrirán hasta las 22:00 horas y aplicarán un descuento del 5% en todos sus libros.

La jornada, organizada por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal), cuenta además con numerosas actividades culturales para todos los públicos, que van desde cuentacuentos infantiles hasta firmas de libros o tertulias literarias.

Bajo el lema ‘Deja que te cuenten’, Cegal y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte han organizado una jornada festiva para los amantes de la lectura que reivindica la posición de las librerías como “espacios de fomento de la lectura cargados de actividad durante todo el año y con gran implicación cultural en los barrios”, explica el presidente de Cegal, Juancho Pons.

Muchas librerías de Madrid han decidido sumarse a esta iniciativa y ofrecen diferentes actividades para celebrar el Día de las Librerías.

Emilio Lledó protagoniza uno de los actos

La librería Rafael Alberti, situada en el barrio de Argüelles, celebra el Día de las Librerías con el encuentro del filósofo Emilio Lledó, Premio Leyenda del Gremio de Libreros de Madrid, y el escritor y periodista Jesús Marchamalo.

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Emilio Lledó participará en la actividad de la Librería Alberti. | Foto: Eloy Alonso/ Reuters

La librería aprovecha también para celebrar el 90 cumpleaños de Lledó en un evento en que Marchamalo ejercerá de maestro de ceremonias.

La ciencia llega a las librerías madrileñas

La librería Lé, situada en el Paseo de la Castellana, acoge la presentación del ciclo Ciencia de Tomo y Lomo el viernes a las 19:00 horas con una charla del director del Centro de Astrobiología, José Miguel Mass Hesse.

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Esta es la primera del ciclo de conferencias que comienza este viernes. | Foto: Cegal

Mas Hesse hablará sobre el origen del universo y la vida en el comienzo del ciclo de charlas científicas que tendrán lugar en una veintena de librerías de la Comunidad de Madrid para “divulgar y fomentar la creación literaria en el ámbito de la ciencia”.

El recuerdo de Felisberto Hernández

La librería Juan Rulfo ha decidido homenajear al escritor uruguayo Felisberto Hernández en el Día de las Librerías en un evento con música y lectura dramatizada de algunas de sus obras menos conocidas.

El evento, que comenzará a las 19:30 horas estará inspirado en dos títulos del autor publicados recientemente por la editorial Sítara.

Debates sociales y literatura

La librería Traficantes de Sueños, situada en La Latina, celebra este día con un debate en el que participarán representantes de La Tribu ‘escuelita libertaria’ y del colectivo Y Retiemble, también organizador del evento.

En este debate, que comenzará a las 19:00 horas, los participantes tratarán temas como la autogestión de la educación y la vivienda. “Queremos ver cómo se viven algunos ejemplos en tierras zapatistas y en esta orilla”, explican los organizadores del evento, que consideran que estos temas “tienen mucho que ver con las necesidades concretas de cada lugar”.

Traficantes de Sueños es una librería asociativa con un proyecto de comunicación política que habitualmente promueve debates y talleres.

Un plan para los más pequeños

Esta librería centrada en la literatura infantil y juvenil ofrece un plan para que los más pequeños también disfruten del Día de las Librerías. A las 18:00 horas, el autor Rafael Ordóñez contará su cuento ‘El pedo más grande del mundo’ a todos los pequeños que quieran pasar una tarde diferente.

En Lita Hormiguita hay también un pequeño rincón con lecturas para los adultos que acompañan a los niños.

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