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“Call Me by Your Name”: el amor hecho pequeñas sutilezas

Romhy Cubas

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Son pocos los dramas de “diversidad” que han logrado con sinceridad y sin mayores indumentarias una historia en donde guión, fotografía, escenario, banda sonora y actuación se fusionen en una pieza amplificada hacia los Oscar. Si Brokeback Mountain fijó la huella para un romance imposiblemente estelar, y más recientemente Moonlight alumbró bajo la luz de la Luna lugares incómodos que debieron ser subyugados tiempo atrás, Llámame por tu nombre –Call Me by Your Name en su título original– es esa película que recuerda que las sutilezas existen y que no siempre la palabra homosexual conlleva como destino el sufrimiento de  aquellos ignorados por sociedades aun más ignorantes. Entre el testimonio de siempre, el de que el amor es bello y no distingue colores, tamaños, géneros ni religiones el giro está en que en el más reciente drama gay lo gay es lo que menos importa, y aunque está ambientado en los años 80 la impresión es la que se debería sentir en el siglo XXI, nuestro siglo XXI.

Llámame por tu nombre es la adaptación cinematográfica de la novela original del italiano André Aciman, publicada en el 2007 y ganadora de los Premios Literarios Lambda en su edición número 20 por la categoría de Ficción Gay. Con su premier mundial en el Festival de Sundance el 22 de Enero del 2017, su versión para la pantalla fue dirigida por el cineasta italiano Luca Guadagnino, director de películas como Yo soy el amor, A Bigger Splash y el remake del clásico de terror de Dario Argento, Suspiria. El film ya ha sido escogido por la National Board del Instituto de Film Americano como una de sus 10 mejores películas del año. En la edición número 75 de los Golden Globe Awards está nominada a tres categorías incluyendo Mejor Película en la categoría de Drama y en la 24ª edición de los Screen Actors Guild Awards su protagonista -Timothée Chalame- fue nominado a Mejor Intérprete como Actor masculino en un papel principal.

Especificaciones aparte, este es un súbito pero sobre todo espontáneo romance que integra el componente homosexual para narrar el indiscutible nexo entre dos jóvenes un verano de 1983 en el norte de Italia.  El film, así como el libro, relata las vacaciones de verano en una antigua casa rural de un profesor de escultura greco/romana que todos los años extiende la invitación a alguno de los estudiantes más brillantes de su curso. Su hijo de 17 años, Elio –interpretado por Timothée Chalamet- es un adolescente que se sacude como aire y habla en francés, inglés e italiano mientras toca a Bach en el piano o la guitarra. El verano comienza cuando Elio tiene que compartir su habitación con el nuevo huésped de su padre: Oliver –interpretado por Armie Hammer-, un graduando de 24 años que acelera su curiosidad física, sexual y psíquica.

Tal vez por ubicarse durante los ochenta y en Europa todo el esquema del amorío entre personas del mismo sexo no hubiera sido aceptado con tanta tranquilidad en la realidad, de hecho la historia transcurre en un palazzo situado en un pueblo lejano en donde la concurrencia es escasa y la mayoría de las incidencias quedan en familia; sin embargo, esa impresión de sentirse socialmente obligado a encubrir una naturaleza no se halla en ningún minuto. Lo que existe es el calor y la playa, las canciones de The Psychedelic Furs y los paseos en bicicleta, los bailes en el pueblo y el sol de verano. Existe una química que proyecta olas del Caribe y un film extremadamente sensual con escenas de sexo que solo se sienten explícitas, pero en realidad no lo son.  Existe también una escena con un durazno –recomendamos googlear si no te importan los spoilers– que marca un antes y un después, especialmente en el libro.  

Es aquí donde las metáforas sobran y una fruta se convierte en un puente casi literal entre dos personas. El deseo de imitar como un espejo a una mejor versión de ti mismo. Llámame por tu nombre es esa parábola en la cual un adolescente admira con tanta pasión a un hombre “mayor” que el deseo entre ser él y estar con él se reduce a una escena con sexo y duraznos.

“Llámame por tu nombre”: la sutileza del amor en un durazno 3
Portada del libro de André Aciman: Call me by your name | Imagen: Amazon

Grandes y pequeñas sutilezas

En el libro la historia es narrada por Elio en una perceptiva y detallada descripción de sus sentimientos hacia Oliver. El autor André Aciman, quien escribió el libro casi por accidente mientras estaba atorado en otro proyecto,  comentó en una entrevista para Vulture que “el libro tiene demasiada interioridad en un sentido que no tiene coherencia filmarlo”. Pero en la misma entrevista Aciman sostiene que se sintió extremadamente feliz cuando supo que Luca Guadagnino sería el director de la adaptación. “”Me imaginé, aquí hay un italiano, él lo entiende. Un italiano entendería no las grandes, sino las pequeñas sutilezas.”

Ya que en esta historia de amor entre dos hombres el sentido de prejuicio y contexto histórico no existe, las sutilezas son precisamente mayores, y eso es esencialmente lo que el autor pretendía al escribir el texto.

“Yo no quería villanos recorriendo las calles de noche, listos para golpearlos. No quería nada de eso, porque no siempre existe, a menos que estés en una pequeña ciudad en Wyoming o Alabama, donde existe este intenso prejuicio. Gracias a Dios que estamos en un mundo donde estos problemas, aunque todavía existen, están retrocediendo,” recuerda.

Otro de los detalles de la película y su locación casi desierta, que es de hecho el pueblo donde creció originalmente Guadagnino, es que evoca lo que es crecer entre árboles y libros, lagos y apagones de luz, un mundo sin conexiones artificiales en donde lo análogo era tan y más sensual como lo tecnológico y en donde el ritmo de la biósfera y la ruralidad se mezclan con la naturaleza humana.

En cuando a Guadagnino, el mismo ha dicho abiertamente sentirse atraído hacia los hombres y ha hablado sobre su admiración hacia la comunidad y los artistas LGBTQ+, sin embargo aclara que lucha con el concepto de definir a una persona por su identidad sexual. “Me hace sentir tan incómodo. Simplemente no lo entiendo, y no creo que la lucha por los derechos civiles, que es tan crucialmente importante, vaya de la mano con la acusación de alguien por su identidad.”

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Escena de Llámame por tu nombre | Imagen: IMDB

Secuelas

El director ya ha hablado de una futura secuela con la cual Aciman está totalmente a bordo, aunque cree que todavía se necesita una trama más extensa a desarrollar. Guadagnino confesó para The Guardian, que escogió Llámame por tu nombre como su película del 2017, que los personajes son fantásticos y por ende quiere saber qué les sucede en el futuro. “Las últimas 40 páginas del libro cuentan aproximadamente 20 años en la vida de Oliver y Elio. Pienso que tal vez no es una cuestión de secuela, tal vez se trata de una crónica de todos en esta película. Creo que ver a estos personajes crecer en los cuerpos de estos actores será fantástico,” sostuvo.

Las comparaciones entre Moonlight y el presente film tampoco no se han hecho esperar, y aunque los rumores de Oscar ya están sobre la mesa, incluyendo quienes apuestan para categorías como Mejor Película, Mejor Edición, Mejor Actor Principal y de Reparto, Mejor Director y Mejor Banda Sonora,  Guadagnino aclara que siente una especie de hermandad con Barry Jenkins -el director de Moonlight-. Si hay algo que los dos logran con cordura es un nivel de detalle e intimidad que de dos maneras peculiares muestran al cine de diversidad como algo más que una anomalía en las ceremonias de Hollywood.  

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Póster promocional de Llámame por tu nombre | Imagen: IMDB

El mito de Platón

Llámame por tu nombre no es solo un agregado para la comunidad LGBTQ+ o el drama de diversidad, es un mensaje a favor de atreverse a ser tu propia persona de manera que no pierdas demasiadas “mitades” en el camino.

En uno de los diálogos más trabajados de Platón este conforma la idea del amor platónico y aclara que antaño no eran dos sino tres los sexos: masculino, femenino y un tercero, el andrógino. Cada sexo tenía cuatro brazos y cuatro piernas, cuatros orejas, dos sexos y dos rostros situados en direcciones opuestas. Gracias a su fuerza y arrogancia, y a un intento fallido de atacar a los dioses, Zeus decidió cortarlos por la mitad para hacerlos más débiles y “humildes”. Desde entonces las personas caminan sin una mitad funcional, sin una contraseña de hombre al haber quedado en una sección como los lenguados, en dos de uno que fueron alguna vez. Y por eso buscan continuamente la otra contraseña.

En este mito, y en una conversación clave reproducida hacia el final de la película por Michel Stuhlbarg –quien hace el papel del padre de Elio- inspirado en diálogos de Montaigne y su amistad especial con Étienne de La Boetie, se establece la contraseña de Llámame por tu nombre, en el interludio entre ser sin perder .

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Tonya Harding: la infalible anti heroína americana

Romhy Cubas

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“El escándalo, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales, sino contra el principio de realidad.”  Mario Vargas Llosa

Los retratos de la patinadora de hielo Tonya Harding son menos rígidos de lo que se podría esperar de una de las personas más odiadas y veneradas de América. Con 1,54 metros de altura y una sonrisa que brillaba más en el hielo que en tierra firme, la estadounidense originaria de Portland, Oregón, es la prueba viviente de esa civilización  del espectáculo de la que habla Mario Vargas Llosa.

El más reciente biopic de la deportista olímpica que le mereció el Globo de Oro como mejor actriz de reparto a Alisson Janney: I, Tonya, es un perfecto ejemplo de cómo el gusto del público puede determinar el valor de un productor “cultural”. Vargas Llosa trazó un libro entero sobre este fenómeno, y recordando solo algunas de sus frases pertinentes en este caso podríamos citar eso de que  “cuando el gusto del gran público determina el valor de un producto cultural, es inevitable que, en muchísimos casos, escritores, pensadores y artistas mediocres o nulos, pero vistosos y pirotécnicos, diestros en la publicidad y la autopromoción o que halagan con destreza los peores instintos del público, alcancen altísimas cotas de popularidad” 

La historia no es tan compleja como puede parecer cuando se busca darle sentido entre las montañas de información y registros mediáticos. Tonya Harding, hija de LaVona Golden comenzó a patinar a los 3 años de edad con la fallecida Sylvia Harpolscheimer como su principal instructora. A pesar de una infancia marcada por abusos físicos y mentales de parte de su madre y de una complicada situación económica que la hizo el centro de burla de sus compañeras de práctica,  por, entre otras cosas, coser sus propios atuendos, Tonya continuó con el patinaje durante toda su niñez y juventud logrando levantarse dos veces como campeona olímpica y dos veces como campeona en el Skate América.

La cúspide de su carrera la alcanza al lograr ser la segunda mujer —y la primera mujer estadounidense— en completar un salto triple axel con una combinación de loop doble en competición, una de las maniobras más difíciles en el deporte del patinaje y que le mereció una puntuación técnica perfecta. En el Campeonato Mundial de 1991 al volver a completar el triple axel se convierte en la primera mujer americana en realizarlo en un evento internacional.

A pesar de batir récords Harding nunca fue capaz de realizar con éxito otro triple axel en una competencia posterior a 1991, y desde aquella cumbre su carrera se inmovilizó en cuartos lugares, denuncias y dramas familiares.

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Poster promocional de la película de I, Tonya | Imagen: AustinFilm

El verdadero interés en Tonya Harding y el motivo de la nueva película protagonizada por Margot Robbie y dirigida por el australiano Craig Gillespie no es precisamente el talento tal vez incomprendido de una joven que se negaba a seguir convenciones y vestir o actuar como las demás. Tampoco es el logro más alto de su carrera, ese que la convirtió en la primera mujer estadounidense en lograr un complicado y técnico salto de patinaje a la edad de 21 años. En I, Tonya aunque las actuaciones son estelares y la producción no escatima en vestuario y fotografía, la superficie sigue siendo sobre publicidad, autopromoción y escándalos americanos.

El ángulo de I, Tonya se enfoca en el género del falso documental o mockumentary para narrar el incidente más notorio de su carrera. En 1994 su competidora ante el Campeonato Nacional, Nancy Kerrigan, fue atacada mientras salía de una sesión de prácticas. Kerrigan recibió un fuerte golpe en el muslo por un desconocido que utilizó un bastón de telescopio para herirla unas pulgadas por encima de la rodilla. Aunque el golpe le impidió participar en las nacionales Kerrigan fue seleccionada para los Juegos Olímpicos de Invierno de ese mismo año junto a Tonya, quien obtuvo el 8vo lugar en los resultados de la competencia mientras que Kerrigan recibió la medalla de plata.

La extraña coincidencia temporal del accidente reveló poco después que el marido de Tonya para ese entonces Jeff Gillooly, interpretado por Sebastian Stan –con quien contrajo matrimonio a los 19 años- había conspirado con Shawn Eckhardt –amigo y supuesto guardaespaldas– y Shane Stant para atacar a la principal contrincante de Tonya y así abrirle paso a esta en el campeonato.

El frenesí mediático fue fulminante. Tonya se convirtió en uno de los personajes más perseguidos y buscados por el público americano,  una de esas villanas deportivas de los años 90 cuya exacerbación mediática tuvo magnitudes similares a las de  O.J Simpson en su momento. La retransmisión del programa corto de los Juegos Olímpicos sigue siendo una de las más vistas en la historia de Estados Unidos.

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Portada original del Daily News el 7 de Enero de 1994 que retrata a Nancy Kerrigan momentos despues de ser golpeada por un “desconocido” en la rodilla | Imagen: Daily News

Más tarde ese mismo año, los cargos del ataque contra Kerrigan y el desconocimiento del tamaño de su participación en el ataque llevaron la Asociación de  Patinaje Artístico de EE. UU a vetarla de por vida de sus eventos, declarándola persona non grata en el círculo profesional y vetándola prácticamente de la vida que hasta ahora había logrado construir entre abusos familiares y sistemáticos de organismos deportivos.  

La historia es agua en el charco, todo los implicados incluyendo a Harding cumplieron algún tipo de castigo o condena por un crimen con múltiples actores y verdades inconclusas. Gillooly, Stant, Eckhardt y el conductor del coche en el cual se dieron a la fuga luego de golpear a Kerrigan cumplieron tiempo en prisión mientras que Harding recibió tres años de libertad condicional, 500 horas de servicio comunitario y una multa de $ 160.000 luego de declararse culpable de conspirar para obstaculizar el enjuiciamiento de los atacantes.

De aquí en adelante Harding se convirtió en un nombre más por el cual susurrar en las calles. Otra figura “pop” americana por la cual dividirse en dos bandos y restregarse en el fango.

Y aunque su carrera en el patinaje artístico culminó entonces, no así su carrera deportiva. Después del escándalo, las denuncias y el veto deportivo, Harding participó en programas de boxeo de celebridades y en distintas peleas en la rama del boxeo femenino, para así seguir recalcando una palabra que resuena con constancia en su vida y en la película: la violencia. “Era lo que yo sabía” afirma el personaje de Harding.

La cadena de televisión estadounidense ABC revivió recientemente ese escándalo deportivo que involucró a Harding en un especial llamado Truth and Lies: The Tonya Harding Story, en donde esta repite el papel que usualmente juega en las entrevistas tras su condena afirmando que nunca nadie le quiso creer y que “siempre fue la mala persona de la historia”. Sin embargo, en el mismo especial implica que tenía conocimientos previos sobre el plan de su ex esposo sosteniendo que sospechaba que algo estaba tramando.

Es difícil medir desde este lado, sobre todo para quienes no vivieron el escándalo en aquel espacio temporal, el alcance de los titulares en donde Kerrigan tirada en el suelo llorando y con una mano sobre su rodilla gritaba “porqué yo?” a todo pulmón.  La película de Craig Gillespie no se aferra a ese alcance sino que introduce la historia mediante una serie de entrevistas basadas en grabaciones reales que se pasean por la vida de los individuos más allegados a la patinadora. Incluyendo un esposo obsesionado que según declaraciones la maltrataba físicamente y una madre extravagante que habla con un loro en el hombro y lleva demasiado lejos aquello del amor duro.  

El estilo de burla de la película puede interferir un poco con la seriedad del asunto y con las verdades particulares de cada quien que nadie estuvo demasiado interesado en conocer ya que la esencia de Tonya siempre fue el escándalo y no el talento. La actriz Margot Robbie puede llegar a hacer que el público sienta empatía con la tragicomedia de I, Tonya, pero también produce sentimientos encontrados al intentar tomar en serio una de las escenas más recordadas y dramáticas del deporte del patinaje sobre hielo.

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Alisson Janney como LaVona en I, Tonya | Imagen: IMDB

En cuanto a la veracidad de los hechos

Las verdadera Tonya Harding sirvió como consultora del film.  El vigor físico y la violencia de la película no se tomaron a la ligera a pesar de lo que se puede proyectar en pantalla. El equipo pensó en ese retrato particular cuidadosamente para no llevarlo demasiado lejos ni cruzar una línea roja, sin embargo el leitmotiv es claro: “La violencia es todo lo que he conocido”.

La película no se basa específicamente en hechos reales, sino en varias versiones de los mismos eventos. Las de los tabloides y las personas involucradas. Y aunque se ubica principalmente en el lado de la historia de Tonya Harding el guionista Steve Rogers también basó su guión en la perspectiva de su ex marido Jeff Gillooly, principalmente a partir de entrevistas separadas que realizó con Harding y Gillooly. Historias que apenas coincidían según afirmó el guionista a LA Times. “Incluso los detalles de su primera cita no se alinearon”, recuerda.

Pero hay otros detalles que si han sido comprobados, como el hecho de que la madre de Tonya abusaba de ella físicamente mientras bebía todo el día. O aquel momento icónico en el que LaVona se presentó a una entrevista con un abrigo de piel y un pájaro real posado en su hombro.

El personaje de Alisson Janney es uno de los más importantes de la narración,  sin embargo gran parte de su esencia es ficción debido a que ni la actriz ni los realizadores de la película fueron capaces de localizar a la madre de Tonya. “No pudimos encontrarla en ninguna parte, así que usamos imágenes existentes y descubrí a través de Tonya cómo era su madre”, explica Janney quien solo tuvo una entrevista en video para basar su actuación. “No sabíamos en ese momento si estaba viva o muerta, así que fue más o menos la experiencia de Tonya con su madre y su licencia artística”, le comentó la actriz a Deadline.

I, Tonya no es sobre Tonya Harding, la primera mujer americana en realizar un salto triple axel a nivel internacional, o sobre su talento y aptitudes deportivas, I, Tonya es principalmente sobre América y el techo artificial del éxito al que muchos se aferran inclusive después de estrellarse. Es sobre esa civilización del espectáculo que crea sus propios productos culturales desde el escándalo y los grandes incidentes.

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Vídeo | ¿Oprah Winfrey para presidenta?

Redacción TO

En marzo de 2017, Oprah Winfrey reveló en una entrevista con David Rubenstein (Bloomberg Television) que nunca había considerado cambiar su carrera; sin embargo que visto lo visto con Donald Trump como presidente, no descartaba la posibilidad de ser candidata a la Casa Blanca. Este domingo con su discurso en los Globos de Oro, tras recibir el premio Cecil B. DeMille, ha pasado a convertirse en una de las candidatas favoritas para ser la contrincante del actual mandatario en 2020.

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Las mujeres gobernaron los Globos de Oro

Nerea Dolara

Foto: LUCY NICHOLSON
Reuters

Anoche se entregaron los Globos de Oro y la ceremonia estuvo marcada por premios a mujeres y discursos señalando la desigualdad y la hora de un cambio. Aquí los mejores momentos.

Todo fue negro. Y no, eso no significa lúgubre o triste. Significa que la alfombra roja de los Globos de Oro otorgados ayer estuvo llena de vestidos y trajes negros, en protesta por el acoso sexual. La ceremonia de este año fue un retrato claro del momento que vive Hollywood, y Estados Unidos. Las mujeres, que ya no callan y se les ve felices y empoderadas por ello, protagonizaron la gala tanto con sus premios como con sus discursos. Fue una noche marcada por un despertar feminista que lleva meses moviendo Hollywood tras las miles de denuncias contra hombres de la industria por acoso. Fue una noche de activismo, una noche memorable. Y aquí reunimos los mejores momentos.

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Oprah con su galardón. Foto: Lucy Nicholson / Reuters

El discurso de Oprah

Oprah no es el fenómeno en España que es en Estados Unidos, pero todos podemos acordar que su discurso fue poderoso y que la mujer tiene carisma para regalar. La presentadora subió al escenario a recibir el premio honorífico Cecil B. Demille y se convirtió en la primera mujer negra en recogerlo. En sus palabras no sólo reconoció esfuerzos y señaló enormes injusticias, también llamó al cambio y animó a la nuevas generaciones de mujeres a celebrar y luchar por mantener ese cambio. Sus palabras de cierre lo dicen todo: “Quiero que todas las chicas viendo sepan que hay un nuevo día en el horizonte. Y que cuando ese día llegue será porque muchas mujeres maravillosas, muchas están aquí esta noche, y hombres fenomenales, pelearon duro para asegurarse de convertirse en líderes y llevarnos a un momento en que nadie tenga nunca que decir ‘yo también’ otra vez”.

Natalie Portman y los nominados a director

Tras el discurso ovacionado de Oprah salieron al escenario Natalie Portman y Ron Howard a presentar el premio a Mejor Director. Howard intentó aligerar el momento y volver al tema de los premios tras el momento emocional anterior, pero Portman no estaba dispuesta a dejar pasar un problema obvio de la industria -justamente el mismo del que todos hablaban en otros términos y uno que los propios Globos de Oro intentaban hacer ver como que ya no tenían- así que soltó una oración que dejó a todos los hombres de la sala pasmados y a los nominados sin saber cómo responder. “Aquí están todos los hombres nominados”. Y dio un paso atrás. Hay pocas imágenes más claras de lo que pasa en Hollywood hoy, que esa.

Barbra Streisand dice verdades

No sólo estuvo Portman atenta al hecho de que los nominados a director eran todos hombres -y lo son el 99% del tiempo- sino que también lo señaló Barbra Streisand cuando subió al escenario a presentar el último premio de la ceremonia, el de mejor película-drama. Streisand es la única mujer que ha recibido un Globo de Oro por mejor dirección y lo recordó ante el micrófono: “En el backstage escuché que he sido la única mujer en ganar el Globo de Oro a mejor directora y, es decir, eso fue en 1984, eso fue hace 34 años. Amigos ¡es hora!”.

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Geena Davis y Susan Sarandon. Thelma y Louise are back! | Foto: Handout / Reuters.

Thelma y Louise vuelven

Aunque sólo sea verlas juntas en un escenario más de 20 años después, es siempre un placer presenciar una reunión de las dos actrices que encarnaron a dos de los personajes femeninos más memorables, complejos e interesantes del cine contemporáneo.

La noche estuvo gobernada por historias sobre mujeres

Las estatuillas fueron a manos de películas (Tres anuncios en las afueras y Lady Bird) y series (Big Little Lies, The Handmaid’s Tale, The Marvelous Mrs. Maisel) marcadas por las historias de mujeres con decisión, mujeres que son el centro de sus historias y el motor de sus ficciones. Fue inspirador ver tantas actrices, directoras y productoras subir al escenario y ser reconocidas, a la vez que recordaban al mundo que ser mujer, aún hoy en día, es estar en desigualdad.

Continúa leyendo: Oprah Winfrey es homenajeada en los Golden Globes y su discurso rompe Internet

Oprah Winfrey es homenajeada en los Golden Globes y su discurso rompe Internet

Ana Laya

Foto: HANDOUT
Reuters

Oprah Winfrey ha recibido en los Golden Globes el premio Cecil B. DeMille, el galardón que entrega la Asociación de Prensa Extranjera a la trayectoria, premio en los últimos años han recibido Meryl Streep, Denzel Washington, Morgan Freeman y Jodie Foster. Oprah ha sido la primera mujer negra en recibir este galardón. Su muy esperado discurso no defraudó ni a los asistentes ni a todos los espectadores que se volcaron a internet a expresar su apoyo (y algunos a pedir que se lanzara a presidente en 2020). Pero mejor que hablar del discurso de Oprah es escucharlo o leerlo.

Aquí la transcripción completa:

¡Ah! Gracias. Gracias a todos. Okay. Okay. Gracias, Reese.

En 1964 yo era una niña pequeña sentada en el suelo de linóleo de la casa de mi madre en Milkwaukee mientras miraba a Anne Bancroft presentar el Oscar a Mejor Actor en los 36 Premios de la Academia. Ella abrió el sobre y dijo 5 palabras que literalmente hicieron historia: “El ganador es Sidney Poitier”. Al escenario subió el hombre más elegante que hubiese visto. Recuerdo que su corbata era blanca, y por supuesto su piel era negra. Yo nunca había visto a un hombre negro ser celebrado de esa manera. Y he intentado muchas muchas veces explicar lo que un momento como ese significa para una niña pequeña -una niña mirando, desde los asientos baratos, mientras mi madre entraba a la casa absolutamente agotada por limpiar casas. Todo lo que puedo hacer es citar la explicación de Sidney en su performance “Lillies of the Field”: “Amén, amén. Amén, amén.” En 1982, Sidney recibió el premio Cecil B. DeMille (premio a la trayectoria) aquí en los Golden Globes, y no se me escapa que en este momento debe haber niñas pequeñas viendo cómo me convierto en la primera mujer negra en recibir ese mismo premio.

Es un honor y un privilegio compartir esta noche con todas ellas, y también con todos los increíbles hombres y mujeres que me han inspirado, retado, sostenido y que han hecho mi viaje hasta este escenario, posible. Dennis Swanson, quien me dio una oportunidad en “A.M. Chicago”; Quincy Jones, quien me vio en ese show y le dijo a Steven Spielberg, “sí, esa es Sophia en “El color púrpura”; Gayle, quien ha sido la definición de amistad; y Stedman, quien ha sido mi roca —solo por nombrar a algunos. Quiero agradecer también a la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, porque todos sabemos que la prensa está bajo constante ataque estos días.

Pero también sabemos que es la insaciable dedicación a desvelar la verdad absoluta la que nos impide mirar a otro lado cuando se trata de corrupción e injusticia. De tiranos y víctimas, de secretos y mentiras. Quiero decir que aprecio la prensa más que nunca, mientras tratamos de navegar estos tiempos complejos. Lo que me trae a esto: lo único que tengo claro es que hablar con la verdad es la herramienta más poderosa que tenemos todos. Y estoy especialmente orgullosa e me siento inspirada por todas esas mujeres que se han sentido lo suficientemente fuertes y empoderadas para romper el silencio y compartir sus historias personales. Cada uno de nosotros en esta sala somos celebrados por las historias que contamos. Este año nos hemos convertido en la historia. Pero no solo una historia que afecta a la industria del entretenimiento. Esta es una historia que trasciende culturas, geografías, razas, religiones, políticas o lugares de trabajo.

Por eso quiero aprovechar esta noche para expresar mi gratitud a todas esas mujeres que durante años han soportado abusos y asaltos, porque ellas —como mi madre— tenían hijos que alimentar y cuentas que pagar y sueños que perseguir. Esas son las mujeres cuyos nombres nunca conoceremos. Ellas son trabajadoras domésticas, granjeras; trabajan en fábricas y en restaurantes, están en la academia y en ingeniería y en medicina y en las ciencias; ellas son parte del mundo de la tecnología y los negocios; son nuestras atletas en las Olimpiadas y nuestras soldados en el ejército.

Y ellas son alguien más: Recy Taylor, un nombre que conozco y que creo que vosotros deberíais conocer también. En 1944, Recy Taylor era una joven esposa y madre. Ella caminaba a su casa luego del servicio eclesiástico al que asistió en Abbeville, Alabama, cuando fue raptada por seis hombres blancos armados, violada y abandonada con los ojos vendados a un lado del camino, el camino de vuelta de la iglesia. Ellos la amenazaron de muerte si decía lo que había pasado, pero su historia fue reportada a la N.A.A.C.P. (National Association for the Advancement of Colored People) donde una joven trabajadora llamada Rosa Parks se convirtió en la principal investigadora del caso y juntas buscaron justicia. Pero la justicia no era una opción en la era de Jim Crow. Los hombres que intentaron destruirla nunca fueron procesados. Recy Taylor murió hace apenas 10 días, a poco tiempo de su cumpleaños número 98. Ella vivió, como muchos hemos vivido, en una cultura rota por hombres brutalmente poderosos. Y por mucho tiempo las mujeres no han sido escuchadas ni les ha creído si se atrevían a hablar con la verdad ante el poder de esos hombres. Pero su tiempo se acabó. ¡Su tiempo se acabó! ¡Su tiempo se acabó!

Y espero que Recy Taylor haya muerto sabiendo que su verdad — como la verdad de tantas otras mujeres que fueron atormentadas durante esos años, y que aún ahora lo son— ha prosperado. Estaba en alguna parte del corazón de Rosa Park cuando casi 11 años más tarde decidió quedarse sentada en aquel autobús en Montgomery. Y está aquí en cada mujer que decide decir “yo también” (MeToo). Y en cada hombre — cada hombre — que decide escuchar. En mi carrera, hay algo que siempre he intentado hacer por todos los medios, así sea en televisión o en el cine, y es decir algo acerca del verdadero comportamiento de hombres y mujeres: contar cómo experimentamos vergüenza, cómo amamos, cómo nos enfadamos, cómo fallamos, cómo reintentamos, perseveramos y cómo nos superamos. Y siempre he entrevistado y retratado a personas que han logrado superar algunas de las cosas más terribles que la vida puede arrojarnos, y una característica que todos ellos parecen compartir es la capacidad infinita de mantener la esperanza en una mañana brillante, incluso en nuestras noches más oscuras.

¡Por eso quiero que todas las niñas que están mirando ahora sepan que un nuevo día está en el horizonte! Y que cuando ese día finalmente amanezca, será porque un montón de mujeres magníficas, muchas de las cuales están aquí ahora en esta sala, y muchos hombres fenomenales, han peleado duro para convertirse en los líderes que nos hagan avanzar a ese tiempo en el que nadie nunca más tenga que decir ‘Me too’ de nuevo. Gracias.

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