Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Lo que queda de ETA

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters/File

La escenificación el sábado 8 de abril en la localidad francesa de Bayona del desarme de la banda terrorista ETA es para muchos un “teatrillo” o “acto propagandístico” insuficiente, mientras que para otros es la señal inequívoca de la disolución definitiva de la organización.
El anuncio llegó el 17 de marzo a través del periódico francés Le Monde y del grupo de mediadores, personas “de la sociedad civil” que, según su portavoz Michel Berhocohirigoin, mantiene “relaciones” con todas las partes confiando en que los gobiernos de España y Francia “no pongan trabas al desarme definitivo”. La confirmación oficial llegó apenas 24 horas antes de dicha entrega por parte de la propia ETA a través de una carta publicada por la BBC.

Lo que queda de ETA
Jean Michel Berhokoirigoin, portavoz de la sociedad civil vasca junto al resto del grupo de mediadores en la rueda de prensa en Francia el 23 de marzo de 2017, anuncian el desarme de ETA | Foto Bob Edme / AP

Cese de la violencia

El 20 de octubre de 2011, tres encapuchados anunciaron públicamente el “cese definitivo de la actividad armada“. Acosada por las policías española y francesa, abandonada por gran parte de la sociedad vasca, la organización no estaba anunciando una de sus numerosas treguas trampa para forzar una negociación con las autoridades; estaba realizando un anuncio histórico que implicaba acabar con 43 años de crímenes y 828 víctimas mortales. En el comunicado leído tampoco se hablaba de condiciones más allá de instar al gobierno español a participar en un diálogo dirigido a resolver las consecuencias del “conflicto”. Así es como los etarras se referían a los asesinatos, extorsiones y secuestros.

Los principales partidos se congratularon de la noticia coincidiendo en destacar que el anuncio era el resultado de la acción policial, judicial y política contra ETA, en la que había jugado un papel importante la colaboración internacional, sobre todo, del Gobierno de Francia, país durante muchos años utilizado como santuario para los terroristas. Atrás habían quedado los años en los que los etarras cometían atentados en España y cruzaban a Francia sabiendo que no serían detenidos por los gendarmes.

Lo que queda de ETA 1
ETA anunció el cese de la violencia el 20 de octubre de 2011 a través del diario Gara | Foto Bob Edme / AP

El asesinato de Miguel Ángel Blanco

La sociedad vasca, que durante décadas miró hacia otro lado ante los atentados e incluso justificó las acciones de ETA, hacía años también que había dejado de apoyar a los terroristas. El asesinato del concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco, después de permanecer secuestrado tres días, supuso un antes y un después en la historia de ETA.

Blanco fue secuestrado a primeras horas de la tarde del 10 de julio de 1997. Horas después ETA emitía un comunicado en el que exigía al Gobierno el acercamiento de los presos de la organización a cárceles del País Vasco, amenazando con matar al concejal en el plazo de 48 horas si no eran atendidas sus peticiones. El Gobierno presidido por José María Aznar, apoyado por el resto de las fuerzas políticas, no cedió al chantaje y el sábado 12 de julio a las cuatro de la tarde, tras cumplirse el plazo, los terroristas asesinaron a Blanco de dos disparos y lo dejaron en un descampado en la localidad de Lasarte, en Guipúzcoa. Según las autoridades, el joven falleció al día siguiente.

Partidos y ciudadanos se unieron en un clamor hasta entonces desconocido contra la brutalidad de ETA. Se produjeron manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades del país condenando la ejecución; las condenas llegaron también desde la comunidad internacional que, hasta entonces, se había mantenido al margen de una cruenta realidad que se vivía en España desde los años 60.

Más de 300 asesinatos sin resolver

Si en el caso del asesinato de Miguel Ángel Blanco, sus asesinos fueron detenidos y fueron condenado tras un juicio que se celebró en el año 2006, todavía hoy los familiares de más de 300 asesinados por ETA esperan que se haga justicia. En diciembre de 2016 quedaban 312 atentados que aún no han sido juzgados, según datos de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

Desde 2011 se han reabierto 20 sumarios sobre ETA, 12 de ellos correspondientes a casos “sin autor conocido”. Además de las más 800 personas asesinadas en sus medio siglo de actividad criminal, los terroristas dejaron más de 20.000 heridos y damnificados y casi un centenar de secuestrados.

Las víctimas reclaman que ETA deje las armas, sí, pero también exigen justicia, que los terroristas paguen por todo el sufrimiento que han causado. Con este objetivo, un grupo de intelectuales y víctimas de ETA han hecho público el Manifiesto ‘Por un fin de ETA sin impunidad’. Una de sus promotoras, la eurodiputada de UPyD y ex presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Maite Pagazaurtundúa, nos cuenta que el documento presentado en San Sebastián 48 horas antes del desarme de ETA está teniendo un gran acogida y nos habla del anuncio de los etarras.

Lo que queda de ETA 2
Maite, hermana de Joseba Pagazaurtundúa, asesinado por ETA en 2003, es una de las promotoras del Manifiesto #FinDeEtaSinImpunidad y eurodiputada por UPyD | Foto: UPyD

Catedráticos, artistas, escritores, víctimas, periodista y políticos se han sumado a este documento al que en sólo unas pocas horas ya se habían adherido 14.000 personas. Un texto en el que se dice “no al proyecto político de ETA; sí a la justicia y no a la impunidad; sí a la verdad, no a la falsificación de la historia”, en el que se exige que la política no se convierta en una política de gracia y se aboga por “un final de ETA basado en la dignidad”.

“Hemos conseguido ganarles desde el punto de vista policial, operativo, pero no desde el punto de vista político porque ellos no han renunciado a ser lobystas de los asesinos, a verlos como héroes, a intentar que los presos de ETA sean el foco de la opinión pública”, añade Maite. “Lo que hay que hacer es no dejarles y obligarles a que evolucionen. Cuando se ha hecho tanto daño y se quiere estar en el espacio público, hay que  asumir la responsabilidad política y social pero eso no quieren hacerlo, quieren que los demás asumamos la suya, y eso no puede ser”.

¿Y ahora qué?

Después del desarme o de la escenificación en Bayona, ¿qué queda de ETA? Para las víctimas y para el Gobierno de España así como los principales partidos políticos, no basta con que los terroristas hayan cesado la violencia o que digan que han entregado las armas a la sociedad civil.

“Que se desarmen y que se disuelvan, que pidan perdón y que ayuden a clarificar los crímenes que aún quedan por resolver, que es la mejor manera de ayudar a las víctimas”. Esta es la opinión del Gobierno presidido por Mariano Rajoy, según ha recordado la víspera del desarme de ETA, el portavoz y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. “Que no espere ETA ningún tipo de rédito ni compensación por parte del Gobierno”, ha añadido. En esto, el gobierno cuenta con el apoyo de los principales partidos políticos. 

Para las víctimas, la situación ideal sería la de una organización que anuncia “que se disuelve, que condena el pasado, que intenta integrarse en la sociedad sin hacer trampas, sin decir mentiras y sin manipular moralmente a los demás, porque hay secuelas todavía de miedo, sobre todo en el País Vasco y Navarra”. Esa sería la situación ideal que facilitaría todo mucho, pero esto no es así, lamenta Maite Pagazaurtundúa, hermana de Joseba, asesinado por ETA en 2003 tras años de amenazas, acoso y agresiones.

En su opinión los etarras “quieren seguir en política porque saben que en el siglo XXI, el negocio del terrorismo no lo pueden seguir haciendo porque los que son terroristas y suicidas se han hecho con el mercado del terrorismo de verdad”.  Para la eurodiputada es clave el hecho de que haya una gran colaboración internacional contra el terrorismo, que las víctimas hayan ayudado “muchísimo a deslegitimar el terrorismo” y por lo tanto “no nos merecemos una chapuza”.

Lo que queda de ETA 3
Miembros de partidos y sindicatos del País Vasco a favor del desarme de ETA

Para EH Bildu, el partido abertzale, en el que milita Arnaldo Otegi, condenado a seis años y medio de cárcel por pertenencia a ETA, el desarme de la organización es un “acontecimiento histórico” que hay que llevar a cabo con “garantías, con credibilidad, con presencia internacional, con presencia de la sociedad civil y de las instituciones”, ha dicho en declaraciones públicas. El portavoz de Sortu ha lamentado que se diga que el desarme “ es un acto de propaganda” cuando es una “buena noticia”  aunque “hay gente interesada en que eso no salga bien”.

Tanto para las víctimas como para EH Bildu, una cosa está clara y es que el proceso de la desaparición definitiva de ETA va a ser largo.

Desde el ámbito de la Justicia también queda mucho por hacer y, en este sentido se enmarca el anuncio hecho por la Audiencia Nacional esta semana de que va a investigar el arsenal que entregue ETA, a petición de la fiscalía, por si puede contener pruebas que puedan llevar a esclarecer los asesinatos de ETA aún sin resolver.

Continua leyendo: El tamaño no importa

El tamaño no importa

Jesús Montiel

Un paseo por el barrio pijo de La Herradura sirve como polígrafo del alma. Para quien ande geográficamente despistado, La Herradura es un pueblo de la costa granadina frontero con Málaga que muchos extranjeros con parné eligen como diana vacacional. Se nota en los coches que pululan sus caminos asfaltados, en las propinas que uno ve en los chiringuitos con luces tropicales y también en los negros que cantan Sinatra para niños rubísimos en esos mismos chiringuitos.

Digo que mis paseos por el barrio más pijo de La Herradura me sirve como polígrafo del alma porque muchas veces, durante los mismos, me sorprendo soñando con que una de esas casas será mía cuando me haga millonario gracias a mi quehacer literario (no se rían que esto es serio). A la vuelta del paseo, no obstante, cuando entro en la casa que ocupo por dos semanas y que es la de mi abuelo paterno, me ocurre todo lo contrario: que dejo de soñar con casas a lo Bertín Osborne. Mi abuelo compró ésta con su trabajo y yo me siento culpable por ocuparla y tumbarme sobre su esfuerzo. La ocupo porque que mi abuelo ya no viene, no puede, su casa es la farmacia. A punto de cumplir noventa veranos, él y mi abuela van aprendiendo forzosamente a desprenderse de todo, son alumnos de la pérdida  porque a la muerte se entra sin piso playero, y sin libros (hace poco mi abuelo me entregó los suyos con expresión tristona).

Me encuentro entonces con dos sentimientos contrarios: de una parte mi afán de riqueza durante mis paseos matinales por el barrio más opulento de La Herradura; y de la otra un deseo de no atesorar si pienso en mi abuelo y en el piso que ocupo y que fue suyo. Quiero decir que dentro de mí anida un ansia de atesorar lo que perece, y fuera encuentro una ley antónima que me invita al desprendimiento porque nada se lleva uno más que el amor que ha procurado.

Precisamente hoy he bajado a las ocho para mi paseo por el barrio pijo y me esperaba al pie del ascensor el cadáver de un hombre que, aun con los ojos cerrados, sin vida que los abriera, me miraba con fijación a medida que yo bajaba las escaleras y los del 061 intentaban resucitarlo con desfibriladores. Afuera, su mujer gimoteaba arropada por otros vecinos disimulando el terror con palabras que todos aprendemos para momentos de catástrofe humana. Escribo ahora con los ojos del muerto delante de mí, sobre la mesa, como los cráneos que coronaban aquellas de los antiguos anacoretas. El tamaño no importa, me dice el cráneo mientras mis hijos me importunan con sus requerimientos, lo importante es que haya un hogar al otro lado de la puerta de entrada y no solo una casa.

Continua leyendo: Turismofobia

Turismofobia

Juan Claudio de Ramón

Foto: Khairil Yusof
Flickr

Recién salida de la ceca, turismofobia es ya la palabra del verano. Querría acertar a decir algo sobre el asunto y advierto de entrada un sesgo perturbador: yo adoro a los guiris, esa nación itinerante que orea naciones, ciudades y pueblos. Lo que arruinan o afean es seguramente menos de lo que resucitan o conservan y aunque no son mejores ni peores que nosotros, nos recuerdan que no somos tan malos y lo mucho bueno que tenemos: gran clima y bellos paisajes, pero también alta cultura y gastronomía, servicios de calidad, calles seguras y carácter acogedor. Además de ser ya la primera industria española, no se debe desdeñar el efecto benéfico que el turismo ha tenido en nuestra mortificada autoestima, desde aquel primer viento fresco que entró por el boquete abierto en plena dictadura por unas suecas. Por mucho sol y playa que se tenga, 80 millones de personas al año no visitan un país que no sea afortunado en más de un sentido.

Pero hoy toca encararse con el aspecto menos amable del fenómeno, que una xenofilia ingenua haría mal en minimizar. Si la convivencia entre turista y residente ha podido ser hasta ahora cordial y provechosa, es porque, en cierto modo, uno y otro vivían en ciudades distintas. La ciudad real y la turística se solapaban en algunos puntos, pero los respectivos ámbitos de influencia estaban claros: el hotel y el monumento, de un lado, el barrio y los pisos, de otro, con un amplio lugar de encuentro en la playa. La posibilidad abierta por la economía digital de que cualquier vivienda se convierta en alojamiento turístico lo cambia todo. Al contraer el menos lucrativo mercado de alquiler residencial, los locales se ven obligados a pagar rentas astronómicas por vivir en su ciudad o a marcharse a una periferia cada vez más lejana. Se quedan, literalmente, sin espacio.

Así las cosas no es difícil comprender el malestar de los afectados ni tampoco la necesidad de regular el mercado de forma que se restaure un cierto equilibrio. No es sencillo conciliar la libertad económica de los propietarios con la función social que, según nuestra Constitución, debe tener la propiedad, pero hay fórmulas sensatas para hacerlo que ya están poniendo en práctica algunas ciudades. Sin olvidar que esta polémica es otro avatar más del cuadro general de precarización de la economía, una tendencia de largo alcance que se deja sentir en numerosos debates y cuya solución duradera todavía no se avizora.

Por lo demás, tan sólo una catástrofe ecológica planetaria podría detener el triunfal avance del turista. Entre otras razones, porque el turismo es una consecuencia de la democracia. Desde los lejanos días del granturista inglés, descargando con sus criados y baúles en un palazzo romano, hasta hoy, lo que ha mediado es la gran democratización del mundo. En la medida en la que este proceso sigue en marcha, es previsible que nuevos contingentes de turistas se incorporen a la marea guiri. Y, huelga decirlo, en algún lugar de esa muchedumbre con sombrero mexicano y palo para selfies, felices y despreocupados, también estaremos nosotros.

Continua leyendo: Dormir en verano es posible: 7 formas de conciliar el sueño sin aire acondicionado

Dormir en verano es posible: 7 formas de conciliar el sueño sin aire acondicionado

Redacción TO

Foto: João Victor Xavier
Unsplash

Cada verano la misma historia. No hay quien viva con este calor que no remite y que hace que pasemos cada noche desesperados y sin dormir, sufriendo las consecuencias al día siguiente. Las habitaciones deben tener una temperatura de entre 18 y 20 grados centígrados, según la Asociación Española del Sueño y, a menos que tengas un aire acondicionado, esto parece un objetivo inalcanzable. Sin embargo, traemos buenas noticias: con los siguientes consejos podrás atenuar los efectos del calor y las noches serán más llevaderas sin necesidad de quedarte a cero a final de mes.

1. Bebe un vaso de agua fría antes de dormir

Cuando menos, un vaso de agua fría antes de acostarse. Y el vaso bien cerca para hidratar el cuerpo. Una receta sencilla y fundamental para combatir el calor.

2. Haz un hueco en el congelador para tus sábanas

Dejarás de ser reacio a hacerlo una vez compruebes su efectividad. Introduce las sábanas en una bolsa de plástico hermética, y deja que se enfríen durante varios minutos. Lo agradecerás toda la noche, o al menos el tiempo suficiente para conciliar el sueño.

Un gazpacho, la mejor cena en una noche calurosa de verano. | Foto: Jeremy Bronson/Flickr

3. Cena algo ligero

Mejor un gazpacho fresco que un chuletón de buey. Las comidas copiosas obligan al organismo a multiplicarse y a generar energía, lo cual deriva en calor. La mejor idea es tomar algo que hidrate y no sature el estómago.

4. Fabrica tu aire acondicionado casero

No subestimes el valor del ingenio. Utiliza un recipiente no muy profundo y llénalo de hielo. Luego pon el ventilador en marcha con el recipiente delante. Siente cómo el vapor helado alcanza tu cuerpo.

5. Dúchate con agua templada

Nuestro cuerpo reacciona generando calor cuando nos duchamos con agua fría. Así que no, no es una buena idea. Mejor hacerlo con agua templada.

Dormir en verano es posible: 7 formas de conciliar el sueño sin aire acondicionado
Muévete lo justo y necesario en las noches calurosas. | Foto: Will Fisher/Flickr

6. Deja de dar vueltas en la cama

Girando no haces otra cosa que aumentar la sensación de calor. La cama va absorbiendo esa temperatura y eso se traslada a tu cuerpo. Además, así podrás contener los nervios y evitarás acabar empapado. La mejor posición en tiempos excepcionales es de costado.

7. Mejor duerme solo, o al menos daos un espacio

Lo que menos necesitas cuando hace un calor extremo es que te achuchen por la noche, o que te pongan un brazo por encima, o que te respiren cerca y en la nuca. Así que mejor dormir solo. Y si no es posible, con un espacio de por medio.

Continua leyendo: La CUP y la radicalización del procés

La CUP y la radicalización del procés

Andrea Mármol

En las últimas semanas no han faltado hazañas protagonizadas por la última fuerza representada en el parlamento autonómico catalán, la CUP. Su mayor o menor recorrido mediático no es óbice, sin embargo, para que la fotografía conjunta de todas esas iniciativas permita al lector hacerse una idea bastante precisa de lo que persiguen los integrantes de la -¿formación?-.

Despidieron el curso escolar con una pegada de carteles con el rostro del caudillo que perseguía tildar de franquista a todos aquellos catalanes que se niegan a participar en la votación ilegal que teje de espaldas a la ciudadanía el gobierno catalán. La misma semana, en el parlamento, se negaron a condenar la tiranía de Maduro en Venezuela. Huelga la mención a los violentos ataques contra el turismo en la capital catalana que han marcado la primera quincena del mes. 
La guindilla: su cartel escoba. Son famosas sus reminiscencias leninistas pero lo son algo menos el uso que de la misma técnica hizo el fascismo español en los años 30, y más recientemente, la extrema derecha de la UKIP en Reino Unido. Al cabo, ¿no supone barrer todo aquello que no le gusta a uno la no aceptación de las razones del otro? ¿Y no es esa, en todo caso, una posible definición del fascismo?

Y ante la gravedad de estos hechos, hay quien se atreve a sugerir que estos episodios no son más que menudencias veraniegas que buscan acalorar las calurosoas sobremesas. Alegan, ellos, que se sobredimensiona en el debate público todo lo que tiene que ver con la CUP. Añaden que la finalidad única es, claro, dañar el ‘procés’ mediante los ataques al socio principal del gobierno desleal del convergente Puigdemont.

Algunas de esas críticas han hecho que me pregunte si es intelectualmente honesta esa asociación. Y lo cierto es que desbaratar la deriva separatista por los actos violentos y de insurrección de la minoritaria CUP es lo más justo que se puede hacer. Porque la lógica es la misma: a la CUP le parece antidemocrático tener que pagar los daños causados por el asalto violento a un autobús en la vía pública y a Puigdemont le parece antidemocrática la Constitución española. Por eso unos anuncian que no afrontarán para la multa y otros proclaman que desobedecerán al TC.

¿Cómo va a exigir Puigdemont, que ha reiterado que desoirá a los tribunales españoles, que los antisistema paguen una multa? Jugar con el desprecio a la ley y convertirlo en la única meta política de la acción de un gobierno tiene consecuencias como esta, la legitimación para que cada cual decida a su antojo qué parte del ordenamiento jurídico quiere aplicar. ¿Por qué habría de ser más tolerable desobedecer al TC que dejar de pagar una multa?

Por si fuera poco, es evidente que la lógica contraria a la legalidad del ‘procés’ cada vez concita menos apoyos. De hecho, sólo está el de la formación antisistema y contraria a la propiedad privada. Reprochar las subidas de tono de la CUP al gobierno catalán, entregado a la independencia, lejos de ser una incorrección es de lo más preciso: que expliquen Puigdemont y Junqueras por qué siguen comprando gustosos el favor de sus socios y que rindan cuentas por ellos, que nadie sino los moradores de la Generalitat decidieron auparlos al centro del debate público catalán.

TOP