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Lo que queda de ETA

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters/File

La escenificación el sábado 8 de abril en la localidad francesa de Bayona del desarme de la banda terrorista ETA es para muchos un “teatrillo” o “acto propagandístico” insuficiente, mientras que para otros es la señal inequívoca de la disolución definitiva de la organización.
El anuncio llegó el 17 de marzo a través del periódico francés Le Monde y del grupo de mediadores, personas “de la sociedad civil” que, según su portavoz Michel Berhocohirigoin, mantiene “relaciones” con todas las partes confiando en que los gobiernos de España y Francia “no pongan trabas al desarme definitivo”. La confirmación oficial llegó apenas 24 horas antes de dicha entrega por parte de la propia ETA a través de una carta publicada por la BBC.

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Jean Michel Berhokoirigoin, portavoz de la sociedad civil vasca junto al resto del grupo de mediadores en la rueda de prensa en Francia el 23 de marzo de 2017, anuncian el desarme de ETA | Foto Bob Edme / AP

Cese de la violencia

El 20 de octubre de 2011, tres encapuchados anunciaron públicamente el “cese definitivo de la actividad armada“. Acosada por las policías española y francesa, abandonada por gran parte de la sociedad vasca, la organización no estaba anunciando una de sus numerosas treguas trampa para forzar una negociación con las autoridades; estaba realizando un anuncio histórico que implicaba acabar con 43 años de crímenes y 828 víctimas mortales. En el comunicado leído tampoco se hablaba de condiciones más allá de instar al gobierno español a participar en un diálogo dirigido a resolver las consecuencias del “conflicto”. Así es como los etarras se referían a los asesinatos, extorsiones y secuestros.

Los principales partidos se congratularon de la noticia coincidiendo en destacar que el anuncio era el resultado de la acción policial, judicial y política contra ETA, en la que había jugado un papel importante la colaboración internacional, sobre todo, del Gobierno de Francia, país durante muchos años utilizado como santuario para los terroristas. Atrás habían quedado los años en los que los etarras cometían atentados en España y cruzaban a Francia sabiendo que no serían detenidos por los gendarmes.

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ETA anunció el cese de la violencia el 20 de octubre de 2011 a través del diario Gara | Foto Bob Edme / AP

El asesinato de Miguel Ángel Blanco

La sociedad vasca, que durante décadas miró hacia otro lado ante los atentados e incluso justificó las acciones de ETA, hacía años también que había dejado de apoyar a los terroristas. El asesinato del concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco, después de permanecer secuestrado tres días, supuso un antes y un después en la historia de ETA.

Blanco fue secuestrado a primeras horas de la tarde del 10 de julio de 1997. Horas después ETA emitía un comunicado en el que exigía al Gobierno el acercamiento de los presos de la organización a cárceles del País Vasco, amenazando con matar al concejal en el plazo de 48 horas si no eran atendidas sus peticiones. El Gobierno presidido por José María Aznar, apoyado por el resto de las fuerzas políticas, no cedió al chantaje y el sábado 12 de julio a las cuatro de la tarde, tras cumplirse el plazo, los terroristas asesinaron a Blanco de dos disparos y lo dejaron en un descampado en la localidad de Lasarte, en Guipúzcoa. Según las autoridades, el joven falleció al día siguiente.

Partidos y ciudadanos se unieron en un clamor hasta entonces desconocido contra la brutalidad de ETA. Se produjeron manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades del país condenando la ejecución; las condenas llegaron también desde la comunidad internacional que, hasta entonces, se había mantenido al margen de una cruenta realidad que se vivía en España desde los años 60.

Más de 300 asesinatos sin resolver

Si en el caso del asesinato de Miguel Ángel Blanco, sus asesinos fueron detenidos y fueron condenado tras un juicio que se celebró en el año 2006, todavía hoy los familiares de más de 300 asesinados por ETA esperan que se haga justicia. En diciembre de 2016 quedaban 312 atentados que aún no han sido juzgados, según datos de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

Desde 2011 se han reabierto 20 sumarios sobre ETA, 12 de ellos correspondientes a casos “sin autor conocido”. Además de las más 800 personas asesinadas en sus medio siglo de actividad criminal, los terroristas dejaron más de 20.000 heridos y damnificados y casi un centenar de secuestrados.

Las víctimas reclaman que ETA deje las armas, sí, pero también exigen justicia, que los terroristas paguen por todo el sufrimiento que han causado. Con este objetivo, un grupo de intelectuales y víctimas de ETA han hecho público el Manifiesto ‘Por un fin de ETA sin impunidad’. Una de sus promotoras, la eurodiputada de UPyD y ex presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Maite Pagazaurtundúa, nos cuenta que el documento presentado en San Sebastián 48 horas antes del desarme de ETA está teniendo un gran acogida y nos habla del anuncio de los etarras.

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Maite, hermana de Joseba Pagazaurtundúa, asesinado por ETA en 2003, es una de las promotoras del Manifiesto #FinDeEtaSinImpunidad y eurodiputada por UPyD | Foto: UPyD

Catedráticos, artistas, escritores, víctimas, periodista y políticos se han sumado a este documento al que en sólo unas pocas horas ya se habían adherido 14.000 personas. Un texto en el que se dice “no al proyecto político de ETA; sí a la justicia y no a la impunidad; sí a la verdad, no a la falsificación de la historia”, en el que se exige que la política no se convierta en una política de gracia y se aboga por “un final de ETA basado en la dignidad”.

“Hemos conseguido ganarles desde el punto de vista policial, operativo, pero no desde el punto de vista político porque ellos no han renunciado a ser lobystas de los asesinos, a verlos como héroes, a intentar que los presos de ETA sean el foco de la opinión pública”, añade Maite. “Lo que hay que hacer es no dejarles y obligarles a que evolucionen. Cuando se ha hecho tanto daño y se quiere estar en el espacio público, hay que  asumir la responsabilidad política y social pero eso no quieren hacerlo, quieren que los demás asumamos la suya, y eso no puede ser”.

¿Y ahora qué?

Después del desarme o de la escenificación en Bayona, ¿qué queda de ETA? Para las víctimas y para el Gobierno de España así como los principales partidos políticos, no basta con que los terroristas hayan cesado la violencia o que digan que han entregado las armas a la sociedad civil.

“Que se desarmen y que se disuelvan, que pidan perdón y que ayuden a clarificar los crímenes que aún quedan por resolver, que es la mejor manera de ayudar a las víctimas”. Esta es la opinión del Gobierno presidido por Mariano Rajoy, según ha recordado la víspera del desarme de ETA, el portavoz y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. “Que no espere ETA ningún tipo de rédito ni compensación por parte del Gobierno”, ha añadido. En esto, el gobierno cuenta con el apoyo de los principales partidos políticos. 

Para las víctimas, la situación ideal sería la de una organización que anuncia “que se disuelve, que condena el pasado, que intenta integrarse en la sociedad sin hacer trampas, sin decir mentiras y sin manipular moralmente a los demás, porque hay secuelas todavía de miedo, sobre todo en el País Vasco y Navarra”. Esa sería la situación ideal que facilitaría todo mucho, pero esto no es así, lamenta Maite Pagazaurtundúa, hermana de Joseba, asesinado por ETA en 2003 tras años de amenazas, acoso y agresiones.

En su opinión los etarras “quieren seguir en política porque saben que en el siglo XXI, el negocio del terrorismo no lo pueden seguir haciendo porque los que son terroristas y suicidas se han hecho con el mercado del terrorismo de verdad”.  Para la eurodiputada es clave el hecho de que haya una gran colaboración internacional contra el terrorismo, que las víctimas hayan ayudado “muchísimo a deslegitimar el terrorismo” y por lo tanto “no nos merecemos una chapuza”.

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Miembros de partidos y sindicatos del País Vasco a favor del desarme de ETA

Para EH Bildu, el partido abertzale, en el que milita Arnaldo Otegi, condenado a seis años y medio de cárcel por pertenencia a ETA, el desarme de la organización es un “acontecimiento histórico” que hay que llevar a cabo con “garantías, con credibilidad, con presencia internacional, con presencia de la sociedad civil y de las instituciones”, ha dicho en declaraciones públicas. El portavoz de Sortu ha lamentado que se diga que el desarme “ es un acto de propaganda” cuando es una “buena noticia”  aunque “hay gente interesada en que eso no salga bien”.

Tanto para las víctimas como para EH Bildu, una cosa está clara y es que el proceso de la desaparición definitiva de ETA va a ser largo.

Desde el ámbito de la Justicia también queda mucho por hacer y, en este sentido se enmarca el anuncio hecho por la Audiencia Nacional esta semana de que va a investigar el arsenal que entregue ETA, a petición de la fiscalía, por si puede contener pruebas que puedan llevar a esclarecer los asesinatos de ETA aún sin resolver.

Macron y los estados de gracia

Valenti Puig

Foto: Etienne Laurent
AFP

La norma no escrita de dar una tregua crítica a los cien primeros días de todo gobierno ha ido quedando arrumbada como un uso vetusto. En coincidencia cuantitativa con la duración del retorno de Napoleón desde la isla de Elba hasta Waterloo, esos cien primeros días a veces han ido a la par con el estado de gracia, un período de levitación en el que la confianza en el nuevo elegido parece casi unánime. No lo hemos visto con Theresa May pero sí con Macron. En general, una nueva presidencia de la Quinta República garantiza ese período de gracia. Tras la victoria presidencial, haber conseguido una nueva mayoría parlamentaria –para un partido de hace dos días- convierte a Macron en un político en estado de gracia, llegado en el momento más oportuno para, después del “Brexit”, rehacer el eje franco-alemán dándole un toque gaullista. ¿Hasta cuándo? En un mundo tan acelerado, la erosión política parece haber liquidado los privilegios del estado de gracia. Lo hemos visto otras veces: un político de nuevo cuño –caso Obama- se convierte en paradigma, para acabar entrando y saliendo del taller de reparaciones.

Ahora la fulguración del nuevo presidente de la República Francesa genera un efecto mimético aunque lo realmente significativo es que haya llegado al poder gracias al hundimiento del socialismo francés y las torpezas habituales de la derecha. ¿Macron o Corbyn? ¿Macron o Bernie Sanders? ¿Qué queda del modelo Blair? Son interrogantes que pueden aplicarse al retorno de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE, más bien dispuesto a romper con las tesis de centro-izquierda propias del felipismo y presuroso por expansionarse hacia la izquierda, colindando arriesgadamente con Podemos para conjugar una alternativa.

La posición de Sánchez en contra del acuerdo comercial con Canadá –CETA- ha resultado incómoda para Bruselas, como ya se ha cuidado de exponer el comisario Moscovici, procedente de la izquierda radical y luego ubicado en el sector rocardiano del socialismo francés. Curiosamente, Sánchez ha sido proclamado a menudo por sus partidarios como gran conocedor del laberinto comunitario, dado que de muy joven fue asesor en Bruselas antes de ser jefe de gabinete de Carlos Westendorp, alto representante de las Naciones Unidas en Bosnia, en pleno conflicto de Kosovo.

Tampoco en la oposición perduran los efectos del estado de gracia. El futuro de Pedro Sánchez, por ejemplo, depende mucho de que logre zafarse de la presión de Podemos y de la militancia socialista más radical para lograr la adhesión del electorado real de centro-izquierda, marcando de cerca a un gobierno de Rajoy debilitado por la corrupción siempre que decida, cuanto antes mejor, si quiere ser un Macron o un Corbyn. La crisis del socialismo europeo tiene una sombra muy alargada. Ahora mismo, para Bruselas, aunque Donald Tusk parafrasee a John Lennon, un PSOE deslizándose hacia la izquierda es una mala noticia. Hay abundantes quejas sindicalistas pero el PSOE todavía no ha dado un contenido coherente a su rechazo a los acuerdos comerciales EU-Canadá. ¿Qué hay de malo en mantener relaciones de libre comercio con Canadá?

Cataluña: fiarlo todo al día después

Iñaki Ellakuría

Foto: ALBERT GEA
Reuters

En estos días de verano, cuando el curso político catalán se acerca al breve parón estival, una pregunta se cuela en la mayoría de conversaciones: ¿Qué ocurrirá en otoño? A veces es planteada con una mueca de satisfacción, la del independentista que anhela tras cinco años de proceso que se rompa la baraja; otras, con un rictus de preocupación y hartazgo por un horizonte de agitación, inestabilidad y más ruido. Y en ninguno de los casos, actores del proceso, espectadores o rehenes del mismo, nadie sabe exactamente qué responder. ¡Qué decir si los dirigentes en Barcelona y Madrid parecen huidizos adolescentes cuando se les cuestiona sobre el cacareado choque de trenes!

El proceso se ha instalado en un tiempo de espera e incertidumbre, donde cualquier predicción es una osadía. Con todo, hay elementos que no invitan al optimismo de los moderados. Veamos:

Los funcionarios. El informe de los letrados del Parlament expresando su preocupación y consejos técnicos a la propuesta de modificar el reglamento de la Cámara, una treta urdida por el bloque separatista para agilizar la tramitación de la llamada ley de “desconexión”, pone en evidencia como la estrategia de la confrontación iniciada por el Gobierno de Puigdemont empieza a romper las costuras de las instituciones catalanas e incomodar a muchos funcionarios que no quieren subvertir el marco legal. Ya sea por convicción o simplemente para evitar una inhabilitación.

Escalada verbal. A medida que el proceso se ha ido acercando a la frontera que separa la retórica de los hechos (y sus consecuencias), el discurso independentista ha optado por dividir, ya sin disimulo, la sociedad entre el pueblo, los independentistas, y los “antidemócratas”, todo aquel (persona, partido o institución) que no asuma como legítimo un referéndum unilateral. Esta escalada verbal recibe, ciertamente, el aplauso del núcleo duro separatista, al tiempo que enciende redes sociales y tertulias radiofónicas, pero también agranda la brecha político/sentimental que reflejaron las urnas el 27-S. Incomoda, asimismo, al independentismo moderado y expulsa a los catalanes que apuestan por modificar desde el pacto el actual marco constitucional. Mientras, el inmovilismo del Gobierno central alimenta a los predicadores de la confrontación.

Abucheos. Un síntoma del malestar que acumulan los tildados de “antidemócratas”, fueron los abucheos dirigidos a Puigdemont en Llefiá (Badalona) y Meridiana (Barcelona), dos barrios populares y populosos, donde, como en tantos otros del área metropolitana, el artero relato del “España nos roba” no cuela. La reacción de algunos independentistas, incluido un alto cargo de la Generalitat, fue la de calificar a los presentes de arrabaleros, colonos y fascistas.

Resignación. Recientes declaraciones confirman que Gobierno y Generalitat, uno confiado en la acción de la justicia, el otro anhelando una movilización como la de la cairota plaza Tahir, dan por hecho el choque otoñal. Soraya Sáenz de Santamaría, en un acto en Barcelona, afirmó: “Se habla mucho del 1 de octubre, pero la inmensa mayoría de los que están en el debate público están pensando en el 2 de octubre, y espero que sea el día del sosiego”. Oriol Junqueras, en La Vanguardia, declaró: “Hay que pensar en el día después del 1-O y actuar con responsabilidad”.

Nos aventuramos, pues, a tres mes de larga cuenta atrás y guerra de posiciones. Paciencia y cuerpo a tierra.

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Pierre perdió a toda su familia y ahora está solo en Madrid, arrastra una mirada triste y su pelo es rubio en un tono intenso. “La vida es complicada”, dice, bajando la mirada. “Estoy aquí como refugiado político”. Tiene 27 años y salió de Camerún siendo muy joven; apenas 22 años y no tuvo más remedio que dejar atrás su vida en África. Después de un largo camino llegó en 2015 a España, vivió 10 meses en un centro de Ceuta hasta que le concedieron el asilo. Pierre se fue de Camerún acosado por ser homosexual.

“En mi país hay mucha tradición, no se acepta”, dice Pierre, en un castellano todavía pobre. “En África no tienes libertad si eres homosexual, transexual o lesbiana. Allí existe la mutilación genital. En África es complicado. En África matan por eso”. Pierre cuenta que su padre lo rechazó, que tiene un hermano en Francia con quien no se habla, que su madre fue la única que lo protegió. “Pero mi madre está muerta”, dice. “Yo estaba aquí cuando murió”.

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Pierre, refugiado camerunés, en el restaurante L’Artisan. | Foto: J.R./The Objective

Y aunque no pudo terminar la escuela, siempre se interesó por la cocina; ahora estudia en una escuela gastronómica en Alonso Cano y vive como puede en Madrid, en un piso compartido que le dispuso un amigo dominicano. Cuenta que le interesa la comida francesa, la americana, que va conociendo la española. “Hago cocido”, dice. Ahora participa en una iniciativa, Refugee Food Festival, que nació de la sinergia de la ONG Food Sweet Food y de Acnur, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pierre estará este fin de semana cocinando en el restaurante L’Artisan, en la calle Ventura de la Vega.

España solo ha acogido a 744 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió en Bruselas

En esta campaña, puesta en marcha el año pasado en París y extendida en esta ocasión a ciudades como Madrid, Florencia o Ámsterdam, varios cocineros –todos ellos refugiados- comparten su cultura a través de la cocina en una serie de restaurantes que se prestan como voluntarios. El resultado en Madrid es nueve restaurantes que dan empleo a ocho refugiados de cuatro nacionalidades durante una semana –en días alternos-, ofreciéndoles la oportunidad de compartir sus inquietudes culinarias con sus comensales.

Refugee Food Festival, que termina su segunda edición este domingo, es una ocasión para dar visibilidad a los desplazados. Hay historias trágicas detrás de cada uno de ellos; esta iniciativa nos empuja a esforzarnos por comprenderlos, por escucharlos. España es el país que más donativos privados aporta a Acnur. Sin embargo, es el mismo país que incumple los acuerdos de acogida de refugiados pactados en Bruselas: se comprometió a acoger a 17.000 personas y solo han llegado 744.

Refugee Food Festival: olvidando entre fogones la tragedia de ser refugiado
Mariana, ofreciendo uno de sus postres. | Foto: J.R./The Objective

Mariana también tuvo que abandonar Ucrania con su marido y con su hijo. Tiene 24 años y estudió Económicas en la universidad de su ciudad, Ternópil, a 200 kilómetros de Polonia. Llegó hace un año y medio y su gran barrera, confiesa, es el idioma. “Quiero vivir en España, quiero trabajar en la repostería”, dice Mariana, que prepara postres en el restaurante Keyaan’s (Blasco de Garay, 10). “Me gusta muchísimo la gente de aquí”. Mariana huye de un país en guerra, con todas sus consecuencias, y sigue en contacto con su madre, a la que escribe por WhatsApp. “España nos ha ayudado muchísimo”, dice, agradecida. “En un futuro me gustaría abrir una pequeña pastelería”. Mariana no piensa en regresar a Ucrania.

Tampoco lo hace Pierre, que remueve una tila que no ha probado. “No puedo volver a Camerún, no tengo familia allí”, dice, muy serio. “Yo sueño con estar en España, con tener mi propio negocio: un restaurante con comida de cuatro continentes –África, América, Asia, Europa-. Y ya está”.

7 destinos rurales para huir de la ciudad

Redacción TO

Foto: DAMIR SAGOLJ
Reuters

Contaminación, aglomeraciones, tráfico, estrés. La rapidez de las ciudades no se va de vacaciones, pero sus habitantes sí pueden. Irse al pueblo es una opción socorrida: ver a la familia y los amigos de toda la vida, rememorar la infancia y, sobre todo, tener alojamiento gratis son solo tres de los atractivos que ofrece esta opción. Pero ¿qué pueden hacer aquellos que han nacido en ciudad y no tienen pueblo al que ir? No entrar en pánico es el primer paso. El segundo, tomar buena nota de los siete destinos propuestos a continuación.

O Cebreiro, Lugo

7 destinos rurales para escapar de la ciudad
Las características pallozas de O Cebreiro. | Imagen: santiagoturismo.com

Estamos en el año 2017 después de Jesucristo. Toda Galicia está ocupada por los turistas… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles gallegos resiste todavía y siempre al invasor. Se trata de O Cebreiro, en el municipio de Pedrafita do Cebreiro, y todavía conserva tesoros arquitectónicos prerromanos, sus pallozas, herencia celta de esta localidad que, al no tener costa, no tiene tanto volumen de turistas. El grueso de los visitantes lo forman las personas que realizan el Camino de Santiago, ya que esta localidad forma parte de la ruta de Roncesvalles. La ausencia de playas, eso sí, queda compensada con las vistas a la Sierra del Courel.

Luarca, Asturias

7 destinos rurales para huir de la ciudad
Vista del puerto marítimo de Luarca. | Foto: turismoasturias.es

Atravesada por el río Negro, Luarca ofrece, como localidad asturiana que es, mar, campo y montaña en el mismo paquete. Luarca forma parte del municipio de Valdés, que cuenta con una de las playas más vistosas de toda la costa cantábrica, la de Barayo. El arenal forma, junto a las dunas y acantilados que lo rodean, la Reserva Natural Parcial de Barayo. Además, Luarca tiene el privilegio de ser la localidad que vio nacer a dos de los españoles más célebres del siglo XX: el ganador del Nobel de Medicina Severo Ochoa y el doble ganador del premio Oscar Gil Parrondo.

Foz de Arbayún, Navarra

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Vista aérea del cañón. | Foto: Wikimedia Commons

Este cañón de unos seis kilómetros de longitud llega a los 400 metros de profundidad y a la completa verticalidad. Un paraje de vértigo taladrado durante siglos por el río Salazar, supone uno de los paisajes más explosivos y singulares de toda la península Ibérica. Esta Reserva Natural navarra tiene, además, uno de los ecosistemas de aves más ricos y diversos de España. Desde los característicos buitres leonados hasta las águilas reales pasando por los quebrantahuesos.

Puerto Lápice, Ciudad Real

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Plaza de la Constitución de Puerto Lápice. | Foto: Ciudad-real.es

“Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino [a don Quijote] fue la de Puerto Lápice”, dejó escrito Miguel de Cervantes en el segundo capítulo de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El autor no vuelve a referirse a la localidad en ningún otro pasaje de la novela, así que el lector se queda con el misterio de saber qué ocurrió en Puerto Lápice, pero este pueblo forma parte de la ruta del Quijote. Con una plaza de la Constitución típicamente castellana y unos molinos de inconfundible sabor manchego, Puerto Lápice es uno de los destinos rurales más interesantes de Castilla-La Mancha.

Alcántara, Cáceres

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Puente romano de Alcántara. | Foto: Efe

Con un puente romano de la época del emperador Trajano que atraviesa el río Tajo en impecable estado de conservación, este municipio extremeño limita al oeste con Portugal, lo cual permite que el viajante se pueda dar una escapada (dentro de la escapada) para aprovechar y conocer tierras lusas. Además de la construcción que ha dado nombre al pueblo (‘Alcántara’ viene de ‘Al Qantarat’, que en árabe significa ‘El puente’), la localidad extremeña es famosa también por el Conventual de San Benito. En uno de sus elementos más reconocibles, la galería porticada de Carlos V, se celebra anualmente el Festival de Teatro Clásico de Alcántara.

Culla, Castellón

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Paisaje fluvial de Culla. | Foto: Turismodecastellon.com

Recorrer sus callejuelas rodeadas de pequeños edificios de piedra típicamente castellonenses, hacer senderismo por sus prados bañados por los ríos Monleón y Mollinel, hacer una excursión por las cuevas del parque minero del Maestrat… Este pueblo medieval del interior de la Comunidad Valenciana ofrece naturaleza, tradición y descanso sin el bullicio turístico de otras localidades de la autonomía, como Denia o Peñíscola.

Zuheros, Córdoba

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Castillo medieval de Zuheros. | Foto: Zuheros.es

Con su castillo medieval de origen incierto y su famosa Cueva de los muerciélagos, declarada Bien de Interés Cultural en 1985, Zuheros es uno de los destinos andaluces todavía por descubrir para el resto de España. Sin el ajetreo ni el bullicio de los pueblos de la costa andaluza pero con una arquitectura inequívocamente sureña, Zuheros se levanta sobre uno de los mayores tesoros montañosos de España: la Cordillera Subbética.

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