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13 rituales de Nochevieja que no dejarás de hacer...

Marta Ruiz-Castillo

…. si quieres tener éxito durante el año

Se acerca la noche del 31 de diciembre, ese momento en el que nos despedimos de un año y recibimos otro con la ilusión de que será mejor que el que estamos a punto de dejar atrás. Y los hacemos, sobre todo, con fuegos artificiales que llenan los cielos de colores y formas en cada rincón del planeta. La Nochevieja es un momento especial en todo el mundo, con tradiciones de lo más variadas que, en algunos casos, más bien deberíamos llamar supersticiones, pues son rituales que nos alejan de malos espíritus, nos auguran éxito en el amor, en las finanzas o en aquello que queramos conseguir. Aquí va una lista de lo que no hay que dejar de hacer en Fin de Año.

1. Uvas de la suerte

En España se despide el año comiendo 12 uvas con las 12 campanadas de medianoche. (Foto: Larry Crowe / AP Archivo)
En España se despide el año comiendo 12 uvas con las 12 campanadas de medianoche. (Foto: Larry Crowe / AP Archivo)

En España, la tradición es comer 12 uvas mientras suenan las 12 campanadas que dan la bienvenida al nuevo año. Se trata de pensar un deseo por cada uva. Además, los más puristas recomiendan comerlas de pie, incluso con el pie izquierdo en el suelo y el derecho en el aire para posarlo en cuanto terminen las 12 campanadas. En otros países lo que da buena suerte es comer judías pintas o cerdo.

2. Prósperas lentejas

Las lentejas dicen que atraen el dinero si se comen en Fin de Año o en Año Nuevo. Y con verduras, el éxito está asegurado. (Foto: Matthew Mead /AP File)
Las lentejas dicen que atraen el dinero si se comen en Fin de Año o en Año Nuevo. Y con verduras, el éxito está asegurado. (Foto: Matthew Mead /AP File)

Para que en el año que comienza la economía doméstica vaya viento en popa, cada vez está más extendida la tradición de comer lentejas. En países como Italia o Chile hace mucho que es una costumbre y, mientras en la cena de fin de año de los italianos está presente en la mesa esta legumbre para que no no falte el dinero durante los siguientes 12 meses, los chilenos toman 12 cucharadas de lentejas mientras suenan las 12 campanadas. En otros lugares del mundo, las lentejas se comen el 1 de enero para que no falte el dinero durante el año. Símbolo de dinero también son las berzas, el repollo, o las acelgas, cuya rugosidad dicen que atrae el dinero, y para que eso ocurra hay que comerlas la última noche del año. Lo que no debe comerse nunca en fin de año es pollo porque los más supersticiosos aseguran que el dinero deja de entrar en casa.

3.Ropa blanca para ahuyentar los malos espíritus

En Brasil, la Nochevieja se tiñe de blanco, el color que según la tradición atrae la buena suerte para el año entrantes y aleja a los malos espíritus. (Foto: Pilar Olivares / AP File)
En Brasil, la Nochevieja se tiñe de blanco, el color que según la tradición atrae la buena suerte para el año entrantes y aleja a los malos espíritus. (Foto: Pilar Olivares / AP File)

En lugares como Brasil, para despedir el año se visten de blanco, un color que la tradición asegura que ahuyenta a los malos espíritus y al mismo tiempo atrae el éxito. Así que, nada de vestidos negros o dorados la noche del 31 de diciembre.

4. Empezar el año con el pie derecho

En muchos lugares, nada más comenzar el nuevo año, se da un paso con el pie derecho como gesto de buena suerte para los siguientes 12 meses.

6. Fuera con lo viejo

En algunos lugares de Sudáfrica, el 31 de diciembre se tiran los muebles y electrodomésticos viejos.
En algunos lugares de Sudáfrica, el 31 de diciembre se tiran los muebles y electrodomésticos viejos. (Foto: Bobby Yip / Reuters)

En algunas zonas de Sudáfrica como Johannesburgo, el año nuevo se celebra tirando los enseres viejos por la ventana como símbolo de renovación para el nuevo año. Así que, cuidado, porque no es raro ver caer desde lugares altos todo tipo de mobiliario, sobre todo, electrodomésticos.

7. Frutos redondos

En Filipinas, las ventas de frutos redondos se multiplica ya que la tradición afirma que trae suerte. (Foto: Romeo Ranoco / Reuters)
En Filipinas, las ventas de frutos redondos se multiplica ya que la tradición afirma que trae suerte. (Foto: Romeo Ranoco / Reuters)

Las mesas de los filipinos en la última noche del año están llenas de frutos redondos que representan monedas. La tradición dice que cuantas más frutas redondas tengas en la mesa, más prosperidad obtendrás durante el año que comienza el 1 de enero.

8. Quemar imágenes

No, no hablamos aquí de la lista de cosas o propósitos que cada 31 de diciembre nos proponemos hacer a lo largo del siguiente año, quemando lo que no hemos hecho, y escribiendo una nueva lista para guardar todo el año, sino de una peculiar tradición que realizan en Ecuador. En Nochevieja, cogen una foto de algo que no queremos que nos acompañe el año que empieza y la queman. También es típico quemar espantapájaros para ahuyentar a los malos espíritus.

9. Éxito en el amor

Cada vez está más extendida la moda de llevar ropa interior en Nochevieja. (Foto: Ali Hashisho /Reuters)
Cada vez está más extendida la moda de llevar ropa interior en Nochevieja. (Foto: Ali Hashisho /Reuters)

Se ha extendido mucho en los últimos tiempos la tradición que asegura que llevar ropa interior de color rojo atrae la suerte en el amor durante el año. En algunos lugares, si lo que se buscan son unas finanzas saneadas para el año siguiente, se lleva ropa interior dorada o amarilla. Así que, si queremos amor y dinero, quizá lo que haya que hacer es combinar el rojo y el amarillo a la hora de elegir la ropa interior que llevaremos en Fin de Año.

10. Helados por los suelos.

En Suiza, sin duda, la tradición es curiosa. Si lo que quieres es un año de abundancia, nada tan fácil como tirar helado por el suelo.

11. Maletas vacías

Para los muy viajeros se recomienda salir a la puerta de casa en Nochevieja con una maleta vacía (Foto: David Goldman / AP)
Para los muy viajeros se recomienda salir a la puerta de casa en Nochevieja con una maleta vacía (Foto: David Goldman / AP)

Para quienes su deseo es viajar, lo que hay que hacer es salir a la puerta de la casa con una maleta vacía el 31 por la noche. En Colombia incluso dan una vuelta al barrio con una maleta vacía como única compañía.

12. Ruido.

Hacer mucho ruido en Nochevieja mantiene a los malos espíritus alejados. (Foto: Suzanne Plunkett / Reuters)
Hacer mucho ruido en Nochevieja mantiene a los malos espíritus alejados. (Foto: Suzanne Plunkett / Reuters)

Nochevieja y ruido son ya casi sinónimos. Cuanto más ruido se haga menor posibilidad habrá de que los malos espíritus se queden con nosotros. Así que, el 31 de diciembre lo mejor es despedir el año haciendo ruido, bailando y cantando. Y nada de llorar, porque hay quien dice que soltar unas lagrimitas la noche del 31 de diciembre trae mala suerte.

13. Bolsillos llenos

Llevar los bolsillos o l cartera con dinero en Nochevieja dicen que es lo mejor para tener dinero durante el año. (Foto: Wilfredo Lee /AP file)
Llevar los bolsillos o l cartera con dinero en Nochevieja dicen que es lo mejor para tener dinero durante el año. (Foto: Wilfredo Lee /AP file)

De dinero, claro. Hay quien cree que la noche de fin de año hay que llevar dinero en los bolsillos – aunque sea una moneda – para que durante los siguientes 12 meses no tengamos problemas económicos. Otro rito para atraer el dinero es colocar un billete debajo del plato durante la cena, después colocarlo dentro del zapato y al día siguiente, guardarlo en la cartera y llevarlo siempre encima hasta que termine el año. Cuanto mayor sea el billete más dinero atraeremos. Otras supersticiones aseguran que la noche del 31 de diciembre hay que tener la cartera llena de dinero para que esté así todo el año.

Qué no debemos hacer en Año Nuevo

Al igual que hay ritos para lograr nuestros deseos, hay también consejos para evitar que el año que entra resulte una catástrofe. Aquí van algunos de ellos:

Nada de hacer pagos o préstamos el 1 de enero, y evitaremos que se nos escape el dinero. Si hay que comprar o devolver algo en la tienda, mejor hacerlo el 31 de diciembre o esperar a que pase el primer día del año.

Tampoco es aconsejable sacar nada de casa el 1 de enero, ni siquiera la basura. Sólo se puede sacar algo si en su lugar colocamos algo, de modo que no se note el vacío.

El 1 de enero tampoco se aconseja hacer la colada o fregar los platos porque el agua se llevará la buena suerte de los próximos 12 meses por el sumidero, e incluso puede causar la muerte de un familiar en algún momento del año, según algunas tradiciones. Tal y como suelen ser los primeros de año, no parece difícil llevar a cabo este consejo, porque seguramente lo que más nos apetezca es estar tirados en el sofá sin hacer nada.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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Ojos de gata

Jaime G. Mora

Foto: Edgar Garrido
Reuters/Archivo

“Enrique, cuando estaba mal, y también cuando estaba bien, siempre a las 3 o 4 de la mañana, se pasaba por aquí y cogíamos las guitarras”. Habla Joaquín Sabina en el documental ‘Una vida a tu lado’, que celebra los cuarenta años de carrera de Los Secretos. Enrique es Enrique Urquijo, el histórico líder del grupo hasta su muerte, en 1999, de una sobredosis. “Nos hicimos prófugos, primos y amigos porque nos gustaba un mismo territorio, que era la melancolía”.

Años 80, en plena movida madrileña. “Estaba Tierno Galván, las fiestas eran una alegría… Celebrábamos mucho que Franco ya no estuviera”, recuerda Sabina. El alcohol, la heroína. “Había caballo en todas las fiestas. Si eras músico y no te metías, es como si fueras gilipollas”, escribió Miguel A. Bargueño, autor de una biografía de Urquijo.

En la casa de Tirso de Molina de Sabina ambos artistas también compartían su devoción por la música mexicana, y de esa amistad nació una de las canciones más singulares de las últimas décadas.

“Él venía de vez en cuando, o nos encontrábamos por la noche y nos veníamos aquí. Y yo le enseñaba lo que estaba haciendo”, dice el de Úbeda en el documental. “Y ese día le conté lo que estaba haciendo”. Eran las primeras estrofas de la canción ‘Y nos dieron las diez’. Pancho Varona recuerda que Sabina la había comenzado a escribir ya en los 90, en un pueblo con mar, en Lanzarote, después de un concierto:

“Fue en un pueblo con mar / una noche después de un concierto / tú reinabas detrás / de la barra del único bar que vimos abierto”.

“A él le gustó mucho y se la llevó”, añade Sabina. “Me dijo que si podía hacer lo que quisiera. Naturalmente. E hizo lo que quería. Y yo también hice lo que quería”. ‘Y nos dieron las diez’, de Sabina, y ‘Ojos de gata’, de Los Secretos, son canciones mellizas: nacidas de un mismo parto, pero desarrolladas por distintas sensibilidades.

“Cántame una canción al oído”, siguen las letras de ambas canciones. Y a partir de aquí los caminos se separan.

“Cántame una canción al oído / te sirvo y no pagas / solo canto si tú me demuestras / que es verde la luz de tus ojos de gata. / Loco por que me diera / la llave de su dormitorio / esa noche canté / al piano del amanecer todo mi repertorio”, escribió Urquijo.

“Cántame una canción al oído / y te pongo un cubata / con una condición: / que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata. / Loco por conocer / los secretos de su dormitorio / esa noche canté / al piano del amanecer todo mi repertorio”, escribió Sabina.

Le cantan los dos a la misma camarera, con los mismos ojos de gata. Pero mientras a Sabina le dan “las diez y las once” en el bar, “las doce y la una”, con los clientes marchándose, “y las dos y las tres”, ya desnudos a la luz de la luna, a Urquijo el alcohol lo acunó entre las mantas de ella, olvidando que de él algo esperaba:

“Desperté con resaca y busqué / pero allí ya no estaba / me dijeron que se mosqueó / porque me emborraché y la usé como almohada. / Comentó por ahí / que yo era un chaval ordinario. / Pero cómo explicar / que me vuelvo vulgar / al bajarme de cada escenario.

Los dos empiezan la canción en el mismo sitio, los dos se llevan a la chica. Sabina sale triunfador; Urquijo, derrotado.

Enrique vivió 39 años, la mitad de ellos recorriendo un camino de ida y vuelta que lo llevaba de la depresión a las drogas. “Era un secreto a voces entre los camaradas de la madrugada, en todas las trincheras de la noche: no siempre se encontraba a gusto por los bulevares de la vida”, escribió Manuel de la Fuente en ‘ABC’, en la muerte de Urquijo. “Enrique no se volvía vulgar cuando se bajaba del escenario, tan solo se marchaba a un mundo de corazones hechos añicos”.

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Vídeo | 11 Preguntas Random con Kevin Johansen

Ana Laya

Foto: Cecilia de la Serna
The Objective

Con motivo de la gira europea de su último álbum llamado Mis Américas Vol. ½ que comienza en Madrid, conversamos con el músico argentino Kevin Johansen, quien en 11 preguntas nos desvela cosas que no sabíamos, que no necesariamente nos preguntábamos, pero que nos mola saber.

Lee la entrevista completa aquí.

Continúa leyendo: Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas"

Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas"

Ana Laya

Foto: Sony Music España

Estamos todos trasnochados. Kevin se aferra a sus gafas de sol. Viene casi directo desde Buenos Aires para comenzar su gira europea en España (esta noche en la Sala But de Madrid y mañana en la Sala Barts de Barcelona). Lleva encima cuatro horas de jetlag que se insertan en sus ojos y se sugieren en una voz un poco más profunda de lo normal. Afortunadamente su ánimo está intacto, nos recibe con un café con leche, una sonrisa y con ganas de que tengamos una charla interesante, de que valga la pena no estar durmiendo en el hotel.

El último álbum de Kevin Johansen que le da nombre a la gira se llama Mis Américas Vol. ½ y se pronuncia volumen medio. “Un guiño para los atentos”, apunta Kevin al tiempo que enfatiza que las Américas son tan enormes que abarcarlas en un solo disco es imposible. Así que atenti que por ahí se viene un volumen 3/4 o uno 6/7… o ambos.

En Mis Américas Volumen ½ hubo más músicos invitados. Grabaron en Río, en Nueva York, en Buenos Aires, con diferentes productores… ¿fue por una razón estratégica, simbólica o solo pasó?

Pasó, sí. Fue completamente fortuito. Marías Cella, amigo productor del disco, sugirió ir a grabar con Leo Sidran en Nueva York ya que él también ha trabajado mucho con Drexler (al igual que Cella).  Yo tengo amigos ahí y la idea era grabar con alguno de ellos, y yo encantado. Así que fuimos al estudio en Brooklyn de Leo Sidran. Luego él tenía ganas de trabajar con Kassin, un gran productor brasilero, en Río de Janeiro  y se dio la posibilidad de ir una semanita y trabajar con él. Poco a poco, fueron tomando forma algunas canciones en alguna ciudad y finalmente, desembocamos en Buenos Aires donde los The Nada, con los que ya nos conocemos desde hace 15 años y fue como ponerle el moño al disco.

¿Es la primera vez que trabajas con Matías?

No, en realidad con Matías ya habíamos trabajado en Logo, en parte del disco Bi y en algunos tracks de City Zen, así que ya éramos amigos. Aparte, él también había trabajado un par de veces como nuestro sonidista. De tanto trabajar detrás de escena, ya era una persona de confianza. En cambio, nunca había trabajado con Cachorro López y Sebastián Schonn, pero eran otros socios con los que teníamos pendiente la cuenta de hacer algo e hicimos tres tracks con ellos.

Siempre he producido o co-producido discos con amigos… me acuerdo de encontrarme con Tweety González en el DF y que él me dijera: “¡Vamos a hacer algo!”. Cuando se da la oportunidad de trabajar con alguien que tiene ganas de trabajar contigo y además es alguien que sabe mucho, es súper cómodo.

También me ha pasado con Mario Broier que es un famoso masterizador que ha trabajado con los grandes, con Charly y con todos, que cada tanto me lo encontraba y él es medio parecido a Santaolalla, el look y la voz, y decía, “¿Y nosotros para cuando?”. Es lindo coincidir con gente del medio que tienen ganas de hacer algo contigo y bueno… yo tengo el sí fácil.

Yendo del living al estudio

A sugerencia también un poco de Matías, entra en Miranda, la hija mayor de Kevin a escena. Ella, así como Kim y Tom, sus hermanos menores, ya habían hecho coros y cantado fragmentos en otros discos, “es una extensión lógica es como pasar del living al estudio”. En Mis Américas, sin embargo, la participación de Miranda es diferente, más formal. Ella y Kevin cantan juntos el tema Es como el día.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Miranda?

Los hijos son una extensión lógica. Son testigos en el living de casa de que papi está ingeniando una canción. A veces son tus peores críticos y te dicen: “Pá, no hagas eso, qué horrible”, pero otras te dicen: “Ah, qué linda esa melodía, se me pegó… ¿es tuya?”. Y ahí entonces se te infla el pecho y dices: “Sí, es mía”. Por eso con Miranda fue muy bonito. Kim, la de 13, también cantó en Folky, hizo coros en Es como el día, y Tom, el de 10, cantó en el tema de Antunes, de Tribalistas, Torcer a favor.

Todos somos músicos en el fondo, la música nos toca. Ellos siempre han vivido en un entorno un poco más proclive a agarrar una guitarra, un piano, un instrumento. Ahora Miranda, sobre todo, está grabando cosas suyas. Agarró poemas de mi mamá que era poeta y está poniéndoles música y agregando líneas. Es muy emocionante ver ese proceso. Kim, está aprendiendo a tocar la guitarra, el ukelele… Tom toca la batería. Después el tiempo dirá si van hacia lo profesional o simplemente conectan con la música.

De la bossanova al foxtrot, pasando por el blues, las cumbias, los boleros y otros tantos ritmos… ¿qué le falta por explorar a Kevin Johansen?

Podría ser una cueca chilena, un joropo venezolano que es parecido en un punto a nuestra chacarera o a otros ritmos folklóricos más complejos y que son similares desde México hasta Chile o Argentina. Hay miles de ritmos y sub-ritmos, que son parecidos entre sí. Me interesan también los sonidos brasileros o los ritmos afro-peruanos.

En este disco en Dios de la marea participa Miss Bolivia y hay un tinte un poco afro-peruano de algún modo; hay un bolero que es bien de Centroamérica; hay un ritmo caribeño en homenaje a Barranquilla en Oh What a Waist (¡pero qué cintura!), hay varios guiños latinos y trabajo con bandas como Chico Trujillo de Chile, o Kanaku y El Tigre de Perú, pero esto es un aprendizaje constante, una combinación de ser permeable, empaparse cual esponja de un ritmo, aprender los arreglos, cómo lo hacen los que saben, y después ponerle tu impronta, ponerle tu personalidad, romper con eso.

Hay una frase muy linda de Samuel Beckett que dijo cuando una joven coreógrafa franco-española Maguy Marin trabajó con él. Ella estaba muy tímida y él ya era una leyenda y le dijo: “No mijita, con respeto no se crean cosas bellas”. Me gustó mucho esa frase porque a veces para ponerle tu impronta a las cosas hay que faltarles al respeto.

Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas" 1
Portada de Mis Américas Vol. 1/2.

Instrucciones para usar la ironía en español

Musicalmente Kevin Johansen es un poco Zelig, adopta personalidades, voces, ritmos, instrumentos, sonidos… pero a nivel de líricas tal vez hay dos elementos inconfundibles en su estilo: el bilingüismo y el humor. Lo primero se explica fácilmente geo y biográficamente: Kevin nació en Alaska, de padre noruego “con algo de inglés” y de madre argentina, y ha vivido entre Argentina y Estados Unidos, con varias ciudades in-between. Lo segundo me intriga un poco más. Indago.

Tal vez es mi impresión pero me parece que te resulta más sencillo hacer humor en español.

No realmente. Es cierto que Cortázar decía que la ironía era más aceptada en el mundo anglosajón como hasta algo ponderado, respetable, tal vez justamente por eso me gusta más hacerlo en castellano. La ironía con las palabras y el conjugar sonoridad con sentido es un poco la labor del compositor de canciones pero a la vez también hay que ser un poco arqueólogo de la palabra y buscar en la etimología el significado. Es un trabajo arduo jugar con las palabras.

Él (Cortázar) decía que los novelistas en habla hispana tenían mucho miedo de la ironía porque tenían temor a no ser tomados en serio y en cambio, yo creo que el único problema con el humor es, como decía Mark Twain, que nadie lo toma en serio. Y lo es, el humor es muy serio, desde Les Luthiers a Frank Zappa, siempre hay una cosa muy crítica, y hay una profundidad seria detrás. Es un poco como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas y parece una cosa risueña y por abajo te tiran la zancadilla. A mí me gusta mucho ese uso del humor. Por ejemplo, la Bach Chata en donde participa Marcos Mundstock de Les Luthiers cuyo título es Habladurías, trata de algo que los Les Luthiers hacen muy bien que es machacar el humor sobre nuestras pequeñeces humanas, sobre nuestras faltas, sobre nuestras miserias.

¿En el caso particular de Habladurías, esta cosa tan individual y humana no te parece que resulta una lectura social de los tiempos en los que estamos entre posverdades y “calumnias vertebrales”?

El tema es eterno, es un poco “pinta tu tiempo y serás atemporal”, para bien o para mal. El tema de las habladurías viene desde siempre y seguirá existiendo, el ensuciar a otro, la “calumnia vertebral”, como bien lo dijo el gran Marcos Mundstock, tiene mucho que ver con nuestra esencia. Tiene que ver también con lo que menciono en el tema que está Arnaldo Antunes que es Torcer a favor, que refleja esa ansia de dejar de festejar un gol de tu equipo solo para poder decirle a otro “¡Toma!”.

Estamos en un mundo ahora en el que en vez de celebrar las diferencias estamos padeciéndolas, estamos hinchando en contra en lugar de hinchar a favor, torciendo en contra en lugar de torcer a favor como dirían en portugués, y lamentándolo mucho es algo que sigue vigente. La plaga somos nosotros, dije en algún momento en Apocalipso, un tema que está en Bi.

Entre luthiers y cumbieras

Ganadores del Premio Princesa Asturias de Comunicación y Humanidades de 2017, es imposible no divagar un poco cuando Les Luthiers entra en escena. Creadores, músicos, artesanos, poetas y maestros cuando se trata de formas sutiles y sublimes del humor. Le pregunto a Kevin si tiene algo en común con Johan Sebastian Mastropiero, me dice que no entre risas, pero sí confiesa que le genera demasiada emoción escuchar su nombre mencionado por Marcos Mundstock, “es como escuchar a un Rolling Stone”.

Trabajar con Marcos Mundstock…

Es un genio. Cuando llegué a la Argentina con casi 12 años escuchaba a los chicos en el recreo cantando canciones de Spinetta o de Charly García, el rock argentino estaba muy fuerte en ese momento a nivel local y luego explotando más con Charly o con Soda Stereo y otras bandas en los 80’s, pero a la vez mi madre me debe haber llevado a escuchar a Les Luthiers a los 13-14 años y por eso también suelo mencionarlos a ellos como una gran influencia y unos grandes “desgenerados” a nivel de género musical, al igual que yo, porque amo aprender de la música. Eso de empaparse y aprender a tocar bien un bossanova, una chacarera, un sonido de banda mexicana, un tema country, una cueca chilena… ese proceso, creo que bandas como Les Luthiers me lo contagiaron. Ellos saben bien cómo mezclar un foxtrot con Bach con una cumbia…

Con epistemología…

¡Con epistemología! Es una anécdota muy hermosa. Los conozco gracias a Daniel Rabinovich con quien coincidí una vez y me tomó del brazo y me dijo: “Gracias por la dedicatoir”, yo les había dedicado el bolero Oops que está en City Zen que tiene mucho del espíritu de Les Luthiers. Daniel me dice: “Vente que te voy a presentar a Les Luthiers que les encanta lo que haces”.

Ahí conocí a Marcos, a López Puccio, a Núñez Cortés y a Maronna. Entonces, López Puccio me dijo: “Sabes que ese tema la Cumbiera intelectual, yo casi termino una canción hace muchos años que tiene mucho que ver porque habla de filósofos y de escritores en son de cumbia, pero bueno todavía no la terminé y me hizo acordar”.

López Pucho me llamó unos meses después y me dijo: “Terminé la Cumbia epistemológica, es parecido en esencia a tu Cumbiera intelectual pero te muestro la letra -muy profesional- fíjate si te molesta”… y obviamente sin escucharla le dije que sí, “al final la influencia de la Cumbiera intelectual, son ustedes.”

Identidad(es)

Tal vez en sus inicios el estilo ecléctico de Kevin Johansen podía verse como el resultado de la curiosidad y la geografía -que sería una variante de “la casualidad y la diplomacia” con las que Cortázar explicaba haber nacido en Bélgica- pero de un tiempo para acá, la realidad impone otra lectura más profunda y esa peculiar manera de mezcla de ritmos, acentos, historias e identidades de una forma armónica luce casi como un manifiesto.

Decía Mark Twain que viajar es fatal para los prejuicios, el fanatismo y la estrechez mental. ¿Es tu propuesta musical tan mestiza una variante de esta máxima, una manera de viajar?

Totalmente, es un disco que habla mucho de eso. Sin caer en una demagogia innecesaria pero sí, celebrar la diversidad en un continente tan vasto como las Américas. Se extiende hacia el mundo obviamente, pero sí era la intención hacerlo con lo que uno conoce, con lo que uno maneja, celebrar esa diversidad. El advenimiento de la tan defenestrada globalización nos ha acercado y nos ha enseñado a apreciar esas diferencias, nos ha hecho vernos y vernos reflejados en el otro, riéndonos de los acentos y de la forma que tienen de decir las cosas en un país y otra. Creo que hemos crecido mucho a nivel local y a nivel global… pero falta un montón.

Es curioso que de alguna manera está muy en boga la necesidad de tener tu libertad pero también tus límites bien definidos. Torcer a favor también habla de eso, porque si no el nacionalismo con Z, el nazionalismo, es tremendo, porque es poner en la cara del otro tu bandera clamando de alguna manera “yo soy de esto y tú no”. Y eso es tremendo. Lo más lindo es el nacionalismo del cariño, de querer tu comida, tu país, tu geografía, tu música, tu gente, y reconocerte en ellos pero sin que eso signifique una barrera, un muro “Trumpiano” para el otro.

Recuerdo haber leído hace poco que ya la lucha no es derecha vs izquierda, capitalismo vs comunismo, sino propaganda vs educación…

Y sí, es el signo de nuestros tiempos y es realmente increíble, hay una suerte de guerra civil solapada donde el 50% de la población piensa una cosa y el otro 50% piensa diametralmente lo opuesto, y hay un quilombo también con la prensa… y en todos los países están igual. Viajando por el continente te das cuenta, Macri, Temer, Colombia votando en contra de La Paz, Trump… ha ido subiendo una ola conservadora hecha de muros… y cruzó el océano. Esa ola de división, extraña y contradictoria, ese mecanismo de defensa de hacer ver que el mal está en el otro. Esa fue la gran estrategia de Trump, el mal son los mexicanos, nosotros estamos perfectos, el problema son los de afuera. Tremendo. Divide y conquista.

La portada de The Economist de hace un par de semanas decía que las redes sociales eran una amenaza para la democracia…

Yo la llamo la era del ego. Fíjate que ganó en Estados Unidos un gran ególatra como Trump y en general las figuras están teniendo esa impronta. Putín en Rusia, Merkel en Alemania, las figuras vuelven a ser “facistoides” en su presencia… en su omnipresencia, y las redes sociales exacerban fácilmente el ego. Mira lo bien que me va, miren lo exitoso que soy, miren lo bello que soy, con mi familia, miren los premios que me he ganado. Todo ese ego exacerbado provoca una cosa que va en detrimento de lo que se supondría que es una cosa democratizada, mancomunada y socialista si se quiere, va en contra de nivelar la cancha. No se nivela para nada. Siguen siendo pocos los poderosos, pocos lo que tienen mucho y parece que va a seguir siendo así porque siguen acumulando, ahora los social media guys son tres adolescentes que manejan el mundo. Se ha pervertido un poco esa ilusión que teníamos de que Internet y las redes nivelaran la cancha un poco… hay que ver cómo se desenvuelve. No sé si se puede afirmar directamente eso -que sean una amenaza a la democracia- pero definitivamente es una buena observación.

Es un poco como el chiste del músico brasilero que venía de ganar premios y saluda un amigo que es músico también y le cuenta:”Vengo de ganar unos premios, estoy rebien, ahora ando en unas vacaciones divinas con mi familia, y pronto iré a que me den otro premio, pero ya no hablo más de mí… ahora habla tú un poco de mi”.

Como no podía ser de otra manera, la entrevista termina así, con un chiste.

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