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13 rituales de Nochevieja que no dejarás de hacer...

Marta Ruiz-Castillo

…. si quieres tener éxito durante el año

Se acerca la noche del 31 de diciembre, ese momento en el que nos despedimos de un año y recibimos otro con la ilusión de que será mejor que el que estamos a punto de dejar atrás. Y los hacemos, sobre todo, con fuegos artificiales que llenan los cielos de colores y formas en cada rincón del planeta. La Nochevieja es un momento especial en todo el mundo, con tradiciones de lo más variadas que, en algunos casos, más bien deberíamos llamar supersticiones, pues son rituales que nos alejan de malos espíritus, nos auguran éxito en el amor, en las finanzas o en aquello que queramos conseguir. Aquí va una lista de lo que no hay que dejar de hacer en Fin de Año.

1. Uvas de la suerte

En España se despide el año comiendo 12 uvas con las 12 campanadas de medianoche. (Foto: Larry Crowe / AP Archivo)
En España se despide el año comiendo 12 uvas con las 12 campanadas de medianoche. (Foto: Larry Crowe / AP Archivo)

En España, la tradición es comer 12 uvas mientras suenan las 12 campanadas que dan la bienvenida al nuevo año. Se trata de pensar un deseo por cada uva. Además, los más puristas recomiendan comerlas de pie, incluso con el pie izquierdo en el suelo y el derecho en el aire para posarlo en cuanto terminen las 12 campanadas. En otros países lo que da buena suerte es comer judías pintas o cerdo.

2. Prósperas lentejas

Las lentejas dicen que atraen el dinero si se comen en Fin de Año o en Año Nuevo. Y con verduras, el éxito está asegurado. (Foto: Matthew Mead /AP File)
Las lentejas dicen que atraen el dinero si se comen en Fin de Año o en Año Nuevo. Y con verduras, el éxito está asegurado. (Foto: Matthew Mead /AP File)

Para que en el año que comienza la economía doméstica vaya viento en popa, cada vez está más extendida la tradición de comer lentejas. En países como Italia o Chile hace mucho que es una costumbre y, mientras en la cena de fin de año de los italianos está presente en la mesa esta legumbre para que no no falte el dinero durante los siguientes 12 meses, los chilenos toman 12 cucharadas de lentejas mientras suenan las 12 campanadas. En otros lugares del mundo, las lentejas se comen el 1 de enero para que no falte el dinero durante el año. Símbolo de dinero también son las berzas, el repollo, o las acelgas, cuya rugosidad dicen que atrae el dinero, y para que eso ocurra hay que comerlas la última noche del año. Lo que no debe comerse nunca en fin de año es pollo porque los más supersticiosos aseguran que el dinero deja de entrar en casa.

3.Ropa blanca para ahuyentar los malos espíritus

En Brasil, la Nochevieja se tiñe de blanco, el color que según la tradición atrae la buena suerte para el año entrantes y aleja a los malos espíritus. (Foto: Pilar Olivares / AP File)
En Brasil, la Nochevieja se tiñe de blanco, el color que según la tradición atrae la buena suerte para el año entrantes y aleja a los malos espíritus. (Foto: Pilar Olivares / AP File)

En lugares como Brasil, para despedir el año se visten de blanco, un color que la tradición asegura que ahuyenta a los malos espíritus y al mismo tiempo atrae el éxito. Así que, nada de vestidos negros o dorados la noche del 31 de diciembre.

4. Empezar el año con el pie derecho

En muchos lugares, nada más comenzar el nuevo año, se da un paso con el pie derecho como gesto de buena suerte para los siguientes 12 meses.

6. Fuera con lo viejo

En algunos lugares de Sudáfrica, el 31 de diciembre se tiran los muebles y electrodomésticos viejos.
En algunos lugares de Sudáfrica, el 31 de diciembre se tiran los muebles y electrodomésticos viejos. (Foto: Bobby Yip / Reuters)

En algunas zonas de Sudáfrica como Johannesburgo, el año nuevo se celebra tirando los enseres viejos por la ventana como símbolo de renovación para el nuevo año. Así que, cuidado, porque no es raro ver caer desde lugares altos todo tipo de mobiliario, sobre todo, electrodomésticos.

7. Frutos redondos

En Filipinas, las ventas de frutos redondos se multiplica ya que la tradición afirma que trae suerte. (Foto: Romeo Ranoco / Reuters)
En Filipinas, las ventas de frutos redondos se multiplica ya que la tradición afirma que trae suerte. (Foto: Romeo Ranoco / Reuters)

Las mesas de los filipinos en la última noche del año están llenas de frutos redondos que representan monedas. La tradición dice que cuantas más frutas redondas tengas en la mesa, más prosperidad obtendrás durante el año que comienza el 1 de enero.

8. Quemar imágenes

No, no hablamos aquí de la lista de cosas o propósitos que cada 31 de diciembre nos proponemos hacer a lo largo del siguiente año, quemando lo que no hemos hecho, y escribiendo una nueva lista para guardar todo el año, sino de una peculiar tradición que realizan en Ecuador. En Nochevieja, cogen una foto de algo que no queremos que nos acompañe el año que empieza y la queman. También es típico quemar espantapájaros para ahuyentar a los malos espíritus.

9. Éxito en el amor

Cada vez está más extendida la moda de llevar ropa interior en Nochevieja. (Foto: Ali Hashisho /Reuters)
Cada vez está más extendida la moda de llevar ropa interior en Nochevieja. (Foto: Ali Hashisho /Reuters)

Se ha extendido mucho en los últimos tiempos la tradición que asegura que llevar ropa interior de color rojo atrae la suerte en el amor durante el año. En algunos lugares, si lo que se buscan son unas finanzas saneadas para el año siguiente, se lleva ropa interior dorada o amarilla. Así que, si queremos amor y dinero, quizá lo que haya que hacer es combinar el rojo y el amarillo a la hora de elegir la ropa interior que llevaremos en Fin de Año.

10. Helados por los suelos.

En Suiza, sin duda, la tradición es curiosa. Si lo que quieres es un año de abundancia, nada tan fácil como tirar helado por el suelo.

11. Maletas vacías

Para los muy viajeros se recomienda salir a la puerta de casa en Nochevieja con una maleta vacía (Foto: David Goldman / AP)
Para los muy viajeros se recomienda salir a la puerta de casa en Nochevieja con una maleta vacía (Foto: David Goldman / AP)

Para quienes su deseo es viajar, lo que hay que hacer es salir a la puerta de la casa con una maleta vacía el 31 por la noche. En Colombia incluso dan una vuelta al barrio con una maleta vacía como única compañía.

12. Ruido.

Hacer mucho ruido en Nochevieja mantiene a los malos espíritus alejados. (Foto: Suzanne Plunkett / Reuters)
Hacer mucho ruido en Nochevieja mantiene a los malos espíritus alejados. (Foto: Suzanne Plunkett / Reuters)

Nochevieja y ruido son ya casi sinónimos. Cuanto más ruido se haga menor posibilidad habrá de que los malos espíritus se queden con nosotros. Así que, el 31 de diciembre lo mejor es despedir el año haciendo ruido, bailando y cantando. Y nada de llorar, porque hay quien dice que soltar unas lagrimitas la noche del 31 de diciembre trae mala suerte.

13. Bolsillos llenos

Llevar los bolsillos o l cartera con dinero en Nochevieja dicen que es lo mejor para tener dinero durante el año. (Foto: Wilfredo Lee /AP file)
Llevar los bolsillos o l cartera con dinero en Nochevieja dicen que es lo mejor para tener dinero durante el año. (Foto: Wilfredo Lee /AP file)

De dinero, claro. Hay quien cree que la noche de fin de año hay que llevar dinero en los bolsillos – aunque sea una moneda – para que durante los siguientes 12 meses no tengamos problemas económicos. Otro rito para atraer el dinero es colocar un billete debajo del plato durante la cena, después colocarlo dentro del zapato y al día siguiente, guardarlo en la cartera y llevarlo siempre encima hasta que termine el año. Cuanto mayor sea el billete más dinero atraeremos. Otras supersticiones aseguran que la noche del 31 de diciembre hay que tener la cartera llena de dinero para que esté así todo el año.

Qué no debemos hacer en Año Nuevo

Al igual que hay ritos para lograr nuestros deseos, hay también consejos para evitar que el año que entra resulte una catástrofe. Aquí van algunos de ellos:

Nada de hacer pagos o préstamos el 1 de enero, y evitaremos que se nos escape el dinero. Si hay que comprar o devolver algo en la tienda, mejor hacerlo el 31 de diciembre o esperar a que pase el primer día del año.

Tampoco es aconsejable sacar nada de casa el 1 de enero, ni siquiera la basura. Sólo se puede sacar algo si en su lugar colocamos algo, de modo que no se note el vacío.

El 1 de enero tampoco se aconseja hacer la colada o fregar los platos porque el agua se llevará la buena suerte de los próximos 12 meses por el sumidero, e incluso puede causar la muerte de un familiar en algún momento del año, según algunas tradiciones. Tal y como suelen ser los primeros de año, no parece difícil llevar a cabo este consejo, porque seguramente lo que más nos apetezca es estar tirados en el sofá sin hacer nada.

Los tiempos cambian... quién sabe hacia dónde

Víctor de la Serna

Foto: Michael Buholzer
Reuters/File

Fue hace medio siglo largo, y los chavales del ‘baby boom’ -hoy provectos ancianos- emulábamos con entusiasmo a Bob Dylan y nos desgañitábamos: “The times – they are a-changin’!”. Y poco más tarde llegaba la ópera-rock ‘Hair’ a remacharlo: “This is the dawning of the Age of Aquarius!”…

El cambio ha sido nuestro ‘leitmotiv’ desde los años 60. Su embrujo fue tan grande que una simpleza tan grande como “Por el cambio” se convirtió en magnífico lema electoral para el PSOE. Pero, ¿saben?, lo que vemos los provectos ancianos es que, sí, cambios hemos tenido. Pero nunca los previstos. Apliquémonos el cuento hoy.

Hace justo 50 años esperábamos la era de la paz y del amor fraterno: “When the Moon is in the seventh house and Jupiter aligns with Mars, then peace will guide the planets and love will steer the stars”… Pero de inmediato tuvimos una Guerra de los Seis Días, un enconamiento -que hoy perdura- de los conflictos en Cercano y Medio Oriente y dos crisis del petróleo seguidas, que nos dejaron para el arrastre a la vez que el islamismo radical se adueñaba de Irán, uno de los países entonces más avanzados de aquella zona que desde entonces tiene en vilo al mundo.

Otro cambio del que esperábamos mucho tras mil trepidaciones -que si el muro de Berlín, que si aquel golpe anti-perestroika que no se frustró hasta que el bravo Boris Yeltsin se encaramó a un tanque y lo paró- fue el colapso del comunismo, antesala de un triunfo de la economía liberal de mercado, de las mañanas capitalistas que cantan. Y no digamos cuando se descubrió la varita mágica llamada internet. Pero esa burbuja tecnológica estalló en 2000, y la de la economía dizque liberal, que resultó estar montada sobre el ladrillo y la deuda y los esquemas piramidales, en 2008. Y nuestro mundo feliz, cuasi huxleyano, se fue al garete.

Ahora los cambios que se esperan son más oscuros, más impenetrables para el común de los mortales, aún anonadados por la última crisis. Tan anonadados que absurdidades como Donald Trump se hacen realidad. Que dicen los gurús de la inteligencia artificial que ya les quedan tres telediarios a los humanos, que nunca más se volverá a crear empleo de calidad, que nuestra raza probablemente pasará a un segundo plano frente a los robots antes de fin de siglo. Y los nuevos héroes son personajes casi extraterrestres -al menos, para nosotros, los provectos ancianos- como ese Elon Musk que asegura que vamos a poder subirnos las Siete Revueltas del puerto de Navacerrada soltando el volante del coche y sin despeñarnos, porque el coche ya no nos necesitará…

En fin: que nuestra esperanza es que este nuevo cambio, que se anuncia verdaderamente telúrico, siga el ejemplo de los anteriores y, por lo menos, no acabe ciñéndose a lo anunciado. Y que, por una vez, salga mejor de lo que se espera.

La toxicidad del amor romántico

Cecilia de la Serna

Foto: LUCY NICHOLSON
Reuters

En estos tiempos modernos las relaciones fluyen de tal forma que hasta el propio concepto de amor se diluye. Los hábitos más tóxicos de los enlaces románticos que establecen dos personas de forma voluntaria no quedan muy claros. Hemos tenido que aprender y desaprender a amar reiteradamente. El concepto de ‘amor romántico’, aquel que nos enseñaron a golpe de novela de Flaubert o de Pretty Woman, ahora se ha revelado caduco. La caducidad de esta idea tiene que ver, sin duda, con el machismo que a menudo implica, y también con la toxicidad que invade cada una de sus esquinas. Por ejemplo, tras aprender que los celos eran una muestra inequívoca de amor, tuvimos que rectificar y entender que los celos llegaban de un sentimiento de posesión irracional, además de ser muy peligrosos ya que pueden llegar, incluso, a matar.

Hemos adquirido un buen puñado de hábitos que adoptamos en nuestras relaciones de manera natural, y que la mayoría de psicólogos dictamina que son tóxicos. Estos son los más comunes:

El reproche constante

A lo largo de una relación, lo más normal es que se cometan errores. Errar es humano, al fin y al cabo. Sin embargo, esos errores no pueden ser tomados como un arma arrojadiza. Es común usar los fallos del pasado para justificar los conflictos del presente, algo que para los expertos es un signo de toxicidad en las relaciones. Lo más justo es siempre tratar los problemas individualmente a menos que estén conectados de forma legítima, y si los errores del pasado no tienen nada que ver con la problemática que enfrentamos en el presente, no deberían enlazarse. Elegir estar con una pareja implica también elegir sus acciones y comportamientos anteriores. En caso de no estar en armonía con ellos, o de no haber podido perdonarlos, lo más sano es cortar, en última instancia, con esa relación.

Lanzar indirectas de forma pasivo-agresiva

Las indirectas son tóxicas precisamente por eso, por no ser directas. En lugar de manifestar un deseo o un pensamiento abiertamente, la pareja trata de empujar a través de insinuaciones lo que está ocurriendo. Lo que revela este hábito, también muy extendido, es la imposibilidad -o al menos dificultad- de la pareja de establecer una comunicación fluida, abierta y clara entre sí. Es fundamental expresar con total claridad los sentimientos y deseos en una relación, y dar a entender que, aunque nadie está obligado a hacerlo, el apoyo para escuchar y afrontar los problemas está ahí.

Culpar al otro de las emociones propias

Para los expertos, culpar a la pareja por nuestras propias emociones es una sutil forma de egoísmo, y un ejemplo clásico del pobre mantenimiento de los límites personales. Esta práctica termina desarrollando siempre tendencias codepedendientes en la relación. Asumir la responsabilidad de las emociones propias es la forma más sana de sobrellevar los días menos buenos de una pareja. Esto está directamente relacionado con la idea de sacrificio en las parejas. A menudo, las relaciones más tóxicas adquieren la dinámica de realizar sacrificios el uno por el otro, un elemento que como algo puntual y desinteresado no tiene por qué ser perjudicial, pero como algo habitual sí lo es. Cualquier sacrificio debe hacerse como una elección autónoma y no como una expectativa, advierten los expertos.

Concebir la relación como un secuestro

Una relación no es un secuestro, ni una pareja es un rehén. El chantaje emocional puede convertirse en un denominador común en el día a día de la pareja. Cada pequeño contratiempo en el flujo de la relación termina resultando en una crisis de compromiso. No estar de acuerdo con algún aspecto de la personalidad del que tenemos enfrente está bien, es algo normal en la construcción de la identidad del ser humano. Sin embargo, el que no nos guste algo no significa que lo tengamos que convertir en una forma de secuestrar al otro. Si nuestra pareja es, por ejemplo, impuntual, no podemos convertir ese rasgo en objeto de amenaza y dejar en el aire el buen funcionamiento de la pareja por ese rasgo concreto. Las personas cambiamos, pero no estamos aquí para cambiar a nadie.

Comprar el bienestar de la relación

Una relación de pareja no es un mercado ni las emociones pueden convertirse en un trueque. Por supuesto, los regalos o agasajos son bienvenidos como muestra de aprecio, y eso está bien. No obstante, no pueden ser nunca una vía de escape a los problemas. Si cada vez que surge un conflicto, la pareja lo cubre con la compra de regalos o con la planificación de un viaje, no estará enfrentando nunca esa problemática. Para los expertos, cubrir los problemas reales con placeres superficiales nunca es una opción, y al final se refiere de nuevo a uno de los puntos claves de toda relación tóxica: la imposibilidad de comunicar sus emociones o de enfrentar las contrariedades.

La toxicidad del amor romántico 1
El amor debe basarse en la confianza, no en la codependencia. | Foto: Jacquelyn Martin / AP

Mostrar “celos amorosos”

Como ya adelantábamos al comienzo, los celos nunca pueden ser concebidos como una muestra de afecto. Esta práctica puede arrastrar comportamientos totalmente tóxicos, siempre generados desde la desconfianza y la falta de autoestima, como la intromisión en la privacidad del otro. Que la confianza es la base de toda pareja es ya una muletilla que se ha repetido hasta la saciedad, pero no por ello deja de ser verdad. Nadie es nuestro más allá de nosotros mismos, por ello ese sentimiento de posesión sobre la pareja no lleva nunca a nada bueno. Una pareja es, en última instancia, un compañero de vida, no un ser que detentamos.

Estos son solo unos ejemplos de hábitos generalizados en la vida en pareja que los psicólogos suelen establecer como la raíz de la mayoría de los problemas emocionales. El concepto de amor romántico o idealizado está cayendo por su propio peso, en pro de la construcción de relaciones más sanas y racionales. No es cuestión de querer mucho, sino de querer bien.

Los Planetas: lección musical desde Zona Temporalmente Autónoma

Antonio García Maldonado

Foto: Los Planetas

Durante siglos, la comunidad científica se dividió entre los ptolemaicos y los aristotélicos. Unos decían que lo que veíamos era lo que había; los otros, que la observación no era importante, sino las ideas que sustentan –y condicionan– esa mirada. ¿Qué hacen los planetas? ¿Alrededor de qué orbitan? ¿U orbitamos nosotros alrededor de ellos? Con la banda granadina Los Planetas existe un debate que, aunque menos trascendente, en según qué entornos es igual de enconado con cada nuevo disco que presentan. ¿Confirmación y evolución de su genio? ¿Declive musical imparable?

Pocos dudan ya del magisterio de una banda de rock ecléctico que ha dado discos como ‘Unidad de desplazamiento’ (2000) o ‘La leyenda del espacio’ (2007), donde está presente la búsqueda en las raíces combinada con la psicodelia guitarrera. Aunque ya sabemos lo mal que llevan algunos el éxito de público de otros. Así que el regreso de estos Planetas ha de observarse con un telescopio sofisticado, de los que ahora la NASA o algún millonario plantan en algún desierto sin contaminación lumínica. ¿Alrededor de qué eje orbitan ahora los Planetas de J.? De uno distinto, sin duda, pero al que llevaban tiempo acercándose.

Vuelven Los Planetas y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos 2
Foto via Los Planetas.

Con ‘Zona temporalmente autónoma’, pocas dudas hay de que, sin dejar la galaxia que los ha hecho una banda inconfundible gracias a su sonido apabullante y sus letras de fuerte arraigo generacional, parecen cambiar de eje de rotación. De los rencores amorosos y las resacas juveniles de su clásico ‘Un buen día’ o ‘Canción del fin de mundo’, a las preocupaciones místicas de la intensa ‘Islamabad’. Han pasado muchas cosas entre unos discos y otros, no sólo en el mundo, sino también en ellos, como la paternidad de J. o la dedicación a proyectos paralelos como Los Evangelistas y Grupo de Expertos Solynieve.

Tras siete años y algunos EP, Los Planetas vuelven con un disco que, desde el título con referencia explícita al anarquista Hakim Bey y sus TAZ (1991), muestra la madurez político-sentimental de una banda con la que toda una generación se ha identificado durante años. Entre tanto, sobre Los Planetas han orbitado con fuerza gravitatoria extrema el flamenco del granadino Enrique Morente, el trapero Yung Beef y otros estilos populares. El resultado es un disco extraordinario, libérrimo, ecléctico, que mantiene lo mejor del guitarreo sucio estilo Spaceman 3 con la voz sugerente de un J. que canta mejor cuanto más consciente es de que su voz, sin sus letras y sin su banda, no da para mucho.

Vuelven Los Planetas y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos 1
Foto via Los Planetas.

Según explicaba el cantante en una entrevista reciente, aunque el concepto de Zona Temporalmente Autónoma tuviera esencialmente un sentido político, también debía enfocarse emocionalmente. O, mejor dicho, que esos espacios de liberad ajenos al control social hay que construirlos ahora desde lo sentimental e íntimo, y siempre bajo el incordio de un marco de relaciones sociales que no facilitan la tarea. La banda granadina no hace activismo, pero tampoco esconde aquí su posición política. Un proceso de madurez que algunos pueden ver como excesivamente crítico, como cuando al hablar del desamor veinteañero nos transmitían que sin el ligue de la noche anterior no merecía la pena levantarse el lunes para ir a la facultad. Los Planetas son intensos, para algunos demasiado, con justicia para la mayoría. En gran medida son reflejo de su generación. Espejo, pero también luz.

Es el caso de este disco, que en su memorable ‘Islamabad’ llega a colindar en su sentido más profundo con algunas tesis de la Teología de la Liberación; corriente que a su vez tiene un verso amoroso (sí, explícitamente amoroso pese a partir de un religioso como Ernesto Cardenal) en el que parece haberse inspirado J. para componer ‘Porque me lo digas tú’, una canción que puede entenderse como la secuela treintañera y cuarentona de sus primeras canciones. Los Planetas hacen suyo el verso de Gil de Biedma y lo aplican a los indies: “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

Vuelven Los Planetas y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos 4
Foto via Los Planetas.

Dice Ernesto Cardenal sobre un desamor: “Al perderte yo a ti / tú y yo hemos perdido / yo, porque tú eras lo que yo más amaba / y tú, porque yo era el que te amaba más /, pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo, / porque yo podré amar a otra como te amaba a ti, / pero a ti no te amarán como te amaba yo”. Y J. canta, acompañado de su banda rock y de unos preciosos arreglos de cuerda: “Puedes irte a Buenos Aires, puedes irte a Nueva York, no vas a encontrarte a nadie que te quiera más que yo”. En este viaje en sentido inverso hacia las mismas conclusiones, esa combinación de lo religioso-místico y lo sentimental tiene en Granada una fuente de inspiración privilegiada.

Evoluciona una generación, y cambian los juglares que la cantan y la moldean. Un disco para disfrutar más en la casa y en las butacas que en los bares. Porque, además, ya no vamos tanto de bares.

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Beber agua bendita y otras excentricidades acuáticas de los famosos

Redacción TO

Foto: Han Jae-Ho
Reuters

Agua. Para el común de los mortales es simplemente algo que se bebe todos los días para calmar la sed, refrescarse e hidratarse. Pero para los famosos es un bien que tiene que servirse con detalladísimo cuidado. Hoy, como cada 22 de marzo, se celebra el Día Mundial del Agua. Y mientras en el mundo real 4.500 niños mueren cada día por falta de acceso a agua limpia, las grandes estrellas son exigentes hasta con el H2O.

El jugador de golf Tiger Woods, por ejemplo, solo bebe Evian, mientras que su exmujer, la modelo Elin Nordegren, solo se contenta con Fiji. Y así lo hacen constar en sus contratos de apariciones públicas: “El señor Woods bebe botellas de un litro de agua Evian fría”, “la señora Nordegren bebe Fiji a temperatura ambiente”. Y estas exigencias (junto con muchas otras) eran solo parte de los términos acordados para realizar un viaje en avión.

Precisamente esas dos marcas, Evian y Fiji, son dos de las más demandadas por los famosos. AC/DC bebe la primera antes de sus shows. Los rockeros piden, concretamente, “botellas de un litro de agua Evian” junto con “galones [sin especificar cuántos] de agua de manantial que no sea Evian”. También beben cerveza Heineken, pero eso ya para después de los conciertos. También es la marca de referencia de Britney Spears, que especifica en sus contratos que quiere “12 botellas de agua Evian de un litro” en su camerino. Fiji es la que prefiere, en cambio, la cantante Mary J. Blige. En su camerino siempre debe haber “10 botellas de 1.5 litros de agua FIJI (absolutamente, categóricamente tiene que ser FIJI) a temperatura ambiente“. También esa marca es la única que bebe la cantante Kelly Rowland: “Lo único que realmente me encanta es el agua Fiji. Es mi única petición alocada, no me gusta ninguna otra”, llegó a afirmar.

Beber agua bendita y otras excentricidades acuáticas de los famosos 1
Bling, el agua favorita de Paris Hilton.

En otro nivel se encuentra Paris Hilton. La heredera, amante del lujo, solo bebe Bling, una de las marcas más exclusivas del mercado. Lejos de ser de plástico, las botellas están hechas con cristales de Swarovski y tienen hasta corcho, como el champán. También es el agua que le daba a su perro, ya fallecido, el chihuahua Tinkerbell. Un chucho que, por cierto, no vivía en una caseta, sino en una auténtica mansioneta.

Pero la que se lleva la palma en cuestiones acuáticas es la reina del pop, Madonna, que no es reina porque sí. ¿Y qué bebe su majestad? Pues agua bendita. Así. Tal cual. La cantante solo bebe agua de la cábala, bendecida por rabinos de esta fe. Y no solo la bebe: es el líquido con el Madonna llena los radiadores de su casa. ¿Y qué milagros obra esta agua? Según el Kabbalah Center (Centro Cábala), un proceso llamado Tecnología de Resonancia Cuántica, ahí es nada, “reestructura la unión intermolecular del agua de manantial”. Pero, ojo, beber agua sagrada no sale barato: Madonna se gasta en H2O unos 10.000 dólares al mes.

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