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Los 7 carnavales más locos del mundo

Redacción TO

Foto: IVAN ALVARADO
Reuters

Llega uno de los momentos más vivos y compartidos del mundo: el Carnaval. Los más famosos son los de Río de Janeiro, Venecia o Cádiz, pero hay vida más allá de ellos. Estos son los carnavales más locos, todos ellos con historias legendarias detrás:

1. Carnaval de Basilea (Suiza)

En Basilea, la tercera ciudad más habitada de Suiza y ubicada en el noreste del país, se celebra uno de los carnavales más locos del mundo. Se trata del Basler Fasnacht, conocido en el dialecto local como die drey scheenschte Dääg, frase que textualmente significa “los tres días más lindos del año”. Los festejos, que duran precisamente tres días, se inauguran con el Morgestraich (en alemán “toque de diana”) a las 4:00 de la madrugada del lunes siguiente al miércoles de ceniza, en el mes de febrero o marzo.

En Basilea, Suiza, viven sus “tres días más lindos” durante el carnaval. (Foto: Arnd Wiegmann / Reuters)
En Basilea, Suiza, viven sus “tres días más lindos” durante el carnaval. (Foto: Arnd Wiegmann / Reuters)
Waggis, Dummpeter, Ueli, Alti Dante… los personajes más pintorescos del Carnaval de Basilea. (Foto: Arnd Wiegmann / Reuters)
Waggis, Dummpeter, Ueli, Alti Dante… los personajes más pintorescos del Carnaval de Basilea. (Foto: Arnd Wiegmann / Reuters)

Los tres días más bonitos de Basilea consiguen que los suizos dejen la seriedad por la que son mundialmente conocidos. Los habitantes de esta ciudad a orillas del Rín pasan, literalmente, tres noches sin dormir y celebran la fiesta con desenfreno. Los disfraces que muestran en sus diferentes desfiles son realmente únicos, y sólo se pueden ver en Basilea. Waggis, Dummpeter, Ueli, Alti Dante… todos ellos personajes pintorescos que merecen ser conocidos de primera mano. El Carnaval de Basilea es el más importante de Suiza y el mayor de todos los carnavales protestantes a nivel mundial. No obstante, es imposible conocer su origen exacto porque durante el terrible terremoto que asoló la ciudad en 1356 se destruyeron todos los documentos. El documento más antiguo que se conoce acerca de esta celebración data de 1376. Se sabe que los gremios de Basilea tuvieron una gran influencia en la evolución del Carnaval de la ciudad. En el siglo XVI, la revista de los miembros de los gremios en edad militar estaba estrechamente vinculada al Carnaval, y fue entonces cuando aparecieron los elementos marciales que aún marcan la fiesta en la actualidad, en particular el solemne paso de marcha al son de tambores y pífanos.

En 2017, el Fasnacht se celebra el 6, 7 y 8 de marzo. Puedes encontrar más información en la web de turismo de la ciudad de Basilea.

2. Carnaval de Binche (Bélgica)

El Carnaval que se celebra en la ciudad valona de Binche es el más importante de Bélgica, y genera un gran atractivo turístico cada año. El evento se divide en dos partes: la primera, por un lado, se celebra 49 días antes del carnaval propiamente dicho, aunque se la considera también parte de las fiestas. Cada domingo de estas 7 semanas hasta el día de carnaval se realizan ceremonias, bailes, actos teatrales y algunas preparaciones previas a la gran fiesta. La segunda consiste en el propio carnaval, que se celebra en pleno centro de la ciudad.

100.000 personas visitan cada año el Carnaval de Binche. (Foto: Yves Herman / Reuters)
100.000 personas visitan cada año el Carnaval de Binche. (Foto: Yves Herman / Reuters)
El Carnaval de Binche no se entendería sin la figura de los Gilles. (Foto: Francois Lenoir / Reuters)
El Carnaval de Binche no se entendería sin la figura de los Gilles. (Foto: Francois Lenoir / Reuters)

Reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2003, unas 100.000 personas visitan cada año el Carnaval de Binche, que tiene su apogeo en el Mardi Gras o martes de carnaval. Se trata de una de las celebraciones más antiguas de Europa, cuyos orígenes no están claros y se remontan a una larga tradición oral. El Carnaval de Binche no se entendería sin la figura de los Gilles, unos personajes enmascarados ataviados con sombreros y trajes tradicionales y llamativos que desfilan al son de tambores por las calles de Binche durante la época de carnaval, cuyo origen es anterior al siglo XVIII.

Los actos centrales del Carnaval de Binche se celebran este año del 26 al 28 de febrero. Puedes encontrar más información en la web del Carnaval.

3. Carnaval de Busojaras (Hungría)

Este carnaval es uno de los eventos culturales más importantes de Hungría. Se celebra en la ciudad de Mohacs, ubicada en la orilla derecha del Danubio. Esta fiesta marca el final del invierno para darle la bienvenida a la primavera. Se trata de uno de los carnavales más peculiares del Viejo Continente.

El Carnaval de Busojaras es realmente terrorífico. (Foto: Bernadett Szabo / Reuters)
El Carnaval de Busojaras es realmente terrorífico. (Foto: Bernadett Szabo / Reuters)
Los busós intentaron expulsar a los invasores dando miedo. (Foto: Laszlo Balogh / Reuters)
Los busós intentaron expulsar a los invasores dando miedo. (Foto: Laszlo Balogh / Reuters)

La característica fundamental de este carnaval es que los busós (personas ataviadas con máscaras y trajes típicos de la zona) desfilan por las calles de la ciudad, bailando y cantando canciones folclóricas. Lo que diferencia a este carnaval de otros muchos es que las máscaras tienen son espantosas, hechas con pieles de animales, lo que resulta en una estampa realmente terrorífica. La fiesta de los Busojaras rememora la época en que los habitantes de Mohács, vestidos de esa guisa, intentaron expulsar de la ciudad a las fuerzas ocupantes turcas. Cuenta la leyenda que cientos de lugareños se refugiaron en los bosques, tallaron máscaras horripilantes, se equiparon con pieles de animales y fabricaron mazas con la madera del bosque. Una noche de tormenta regresaron al pueblo profiriendo gritos y todo tipo de ruidos escalofriantes. Los turcos sintieron tanto miedo al ver aquella horda de seres ataviados con mantos peludos y atemorizadoras máscaras con cuernos, que pensaron que eran demonios que los atacaban, por lo que acabaron huyendo del pueblo antes del alba.

En 2017, el carnaval de Busojaras se celebra del 23 al 28 de febrero. Puedes obtener más información de este evento declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en su página web.

4. Carnavales de Vilanova i la Geltrú (España)

Los carnavales de Vilanova i la Geltrú son unos de los más tradicionales del mundo. Cuentan con más de 250 años de antigüedad y su acto más espectacular son “Las Comparsas” (“Les Comparses”), donde 16.000 personas salen a la calle con sus sociedades y acompañados por más de 100 charangas o bandas de música provenientes de toda España. Los comparseros van en pareja, ellos con la barretina y ellas con un mantón de Manila. Ataviados de esta guisa tiran caramelos por las calles hasta llegar a la guerra final en la Plaza de la Villa, donde todas las sociedades se reúnen al son de la música del Turuta para tirar caramelos a todo el mundo.

En Vilanova i la Geltrú se celebran unos carnavales llenos de sátira. (Foto: Andrea Dalmau / EFE)
En Vilanova i la Geltrú se celebran unos carnavales llenos de sátira. (Foto: Andrea Dalmau / EFE)

La de Vilanova i la Geltrú es la celebración más emblemática de la localidad, además de ser el único carnaval catalán que sobrevivió a la dictadura franquista y que a día de hoy todavía sigue centrándose en la sátira. Son siete días de fiesta que se inician el “Dijous Gras” (Jueves Lardero) con la Merengada y la tradicional Xatonada. Con la llegada del rey Carnestoltes, el viernes, se inicia un intenso fin de semana marcado por los disfraces y la sátira.

La edición de 2017 se celebra entre el 23 de febrero y el 1 de marzo. Puedes encontrar más información en su página web.

5. Carnaval de Ivrea (Italia)

El histórico Carnaval de Ivrea, institucionalizado en 1808, es una de las fiestas más antiguas y peculiares del mundo. Tiene lugar en Ivrea, una ciudad piamontesa situada en la provincia de Turín. En este carnaval se celebra la rebelión popular contra la tiranía. Esta insurrección vive su momento más álgido en el espectacular desfile histórico y la famosa batalla de las naranjas, que tiñe de color y aromas toda la ciudad.

Ivrea celebra su ‘tomatina’ particular pero con naranjas. (Foto: Stefano Rellandini / Reuters)
Ivrea celebra su ‘tomatina’ particular pero con naranjas. (Foto: Stefano Rellandini / Reuters)

El carnaval se inicia con un ritual natural: removiendo la tierra para plantar un árbol que se quemará al final de la fiesta, para consentir a la comunidad que renazca de sus propias cenizas. No obstante, la batalla de las naranjas es el evento más esperado durante este histórico Carnaval de Ivrea. Se celebra durante tres días consecutivos previos al miércoles de Ceniza en diferentes plazas del casco histórico de la ciudad. Le anteceden desfiles, ritos y espectáculos que reviven episodios de la historia italiana. Durante la Edad Media, un barón hacía pasar hambre a la ciudad, hasta que los habitantes, inspirados por la molinera, deciden rebelarse. Hoy se forman nueve equipos de hasta 4.000 integrantes cada uno. El pueblo es representado por los naranjeros que no llevan ninguna protección, combaten contra el ejército del Señor Feudal, que van en carros tirados por caballos y equipados con protecciones que recuerdan las antiguas armaduras.

Este año, el carnaval de Ivrea se celebra del 25 al 28 de febrero. Puedes obtener más información en su página web.

6. Carnavales rurales en Lantz (España)

Cada martes de carnaval se celebra en la pequeña localidad de Lantz, en Navarra, el apresamiento, juicio y muerte en la hoguera del mítico y malvado bandido Miel Otxin. Este muñeco de tres metros porta los brazos en cruz, viste blusa estampada, pantalón azul y faja roja, y corona su cabeza un gorro cónico llamativamente adornado. Varios personajes le acompañan en el desfile: Ziripot, hombre bonachón y gordinflón hecho a base de sacos rellenos de helechos y heno, que apenas puede mantenerse en pie; le persigue el Zaldiko, caballo bravío que arremete contra él hasta tirarlo al suelo; los Arotzak portan martillos y tenazas, y corren tras el Zaldiko para herrarlo, y finalmente los Txatxos, que enfundados en pieles de animales y armados con palos y escobas, gritan mientras hostigan a todos los presentes.

Lantz celebra un carnaval rural de gran tradición. (Foto: Vincent West / Reuters)
Lantz celebra un carnaval rural de gran tradición. (Foto: Vincent West / Reuters)

El Carnaval de Lantz es un carnaval rural de gran tradición, en el que durante unos días las fuerzas del mal y del bien se enfrentan en una batalla simbólica en la que la sed de justicia moviliza las iras populares. El origen de su celebración no está claro. La leyenda sobre este carnaval ha pervivido gracias a la trasmisión oral. Al ser Lantz un lugar de paso hacia Francia, antaño era frecuente la presencia de bandidos en la zona, que abusaban y robaban tanto a los viajeros como a los vecinos de la villa.

En 2017, el carnaval de Lantz se celebra el 26, 27 y 28 de febrero. Puedes obtener más información en su página web.

7. Carnaval de Oruro (Bolivia)

El Carnaval de Oruro es la máxima representación de los Carnavales en Bolivia, convirtiéndose en uno de los más importantes de América Latina, y fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. A lo largo del carnaval participan más de 48 conjuntos folclóricos que son distribuidos en 18 especialidades de danzas que reúnen de distintas partes de Bolivia y que realizan su peregrinación hacia el Santuario del Socavón cada sábado de carnaval en la tradicional “Entrada”.

El Carnaval de Oruro es uno de los más famosos de Latinoamérica. (Foto: David Mercado / Reuters)
El Carnaval de Oruro es uno de los más famosos de Latinoamérica. (Foto: David Mercado / Reuters)

Oruro, situado a una altitud de 3.700 metros en las montañas del oeste de Bolivia, era un importante centro de ceremonias precolombino antes de convertirse en un importante centro minero en los siglos XIX y XX. La ciudad fue refundada por los españoles en 1606 y siguió siendo un lugar sagrado para el pueblo uru, al que venían desde muy lejos para cumplir con los ritos, especialmente la gran fiesta de Ito. Los españoles prohibieron esas ceremonias en el siglo XVII, pero éstas continúan bajo la fachada de la liturgia cristiana: los dioses andinos se ocultaban tras los iconos cristianos, convirtiéndose así en santos. Todos los años, durante seis días, este carnaval da lugar al despliegue de toda una gama de artes populares en forma de máscaras, tejidos y bordados. El principal acontecimiento es la procesión (“entrada”), durante la cual los bailarines recorren durante veinte horas, sin interrupción, los cuatro kilómetros de la procesión. Más de 28.000 bailarines y 10.000 músicos repartidos en unos cincuenta grupos participan en el desfile, que ha sabido conservar las características tomadas a los misterios medievales.

Este año, el Carnaval de Oruro se podrá disfrutar entre el 18 y el 28 de febrero de 2017. Encuentra más información en la web de turismo de Bolivia.

Macron y los estados de gracia

Valenti Puig

Foto: Etienne Laurent
AFP

La norma no escrita de dar una tregua crítica a los cien primeros días de todo gobierno ha ido quedando arrumbada como un uso vetusto. En coincidencia cuantitativa con la duración del retorno de Napoleón desde la isla de Elba hasta Waterloo, esos cien primeros días a veces han ido a la par con el estado de gracia, un período de levitación en el que la confianza en el nuevo elegido parece casi unánime. No lo hemos visto con Theresa May pero sí con Macron. En general, una nueva presidencia de la Quinta República garantiza ese período de gracia. Tras la victoria presidencial, haber conseguido una nueva mayoría parlamentaria –para un partido de hace dos días- convierte a Macron en un político en estado de gracia, llegado en el momento más oportuno para, después del “Brexit”, rehacer el eje franco-alemán dándole un toque gaullista. ¿Hasta cuándo? En un mundo tan acelerado, la erosión política parece haber liquidado los privilegios del estado de gracia. Lo hemos visto otras veces: un político de nuevo cuño –caso Obama- se convierte en paradigma, para acabar entrando y saliendo del taller de reparaciones.

Ahora la fulguración del nuevo presidente de la República Francesa genera un efecto mimético aunque lo realmente significativo es que haya llegado al poder gracias al hundimiento del socialismo francés y las torpezas habituales de la derecha. ¿Macron o Corbyn? ¿Macron o Bernie Sanders? ¿Qué queda del modelo Blair? Son interrogantes que pueden aplicarse al retorno de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE, más bien dispuesto a romper con las tesis de centro-izquierda propias del felipismo y presuroso por expansionarse hacia la izquierda, colindando arriesgadamente con Podemos para conjugar una alternativa.

La posición de Sánchez en contra del acuerdo comercial con Canadá –CETA- ha resultado incómoda para Bruselas, como ya se ha cuidado de exponer el comisario Moscovici, procedente de la izquierda radical y luego ubicado en el sector rocardiano del socialismo francés. Curiosamente, Sánchez ha sido proclamado a menudo por sus partidarios como gran conocedor del laberinto comunitario, dado que de muy joven fue asesor en Bruselas antes de ser jefe de gabinete de Carlos Westendorp, alto representante de las Naciones Unidas en Bosnia, en pleno conflicto de Kosovo.

Tampoco en la oposición perduran los efectos del estado de gracia. El futuro de Pedro Sánchez, por ejemplo, depende mucho de que logre zafarse de la presión de Podemos y de la militancia socialista más radical para lograr la adhesión del electorado real de centro-izquierda, marcando de cerca a un gobierno de Rajoy debilitado por la corrupción siempre que decida, cuanto antes mejor, si quiere ser un Macron o un Corbyn. La crisis del socialismo europeo tiene una sombra muy alargada. Ahora mismo, para Bruselas, aunque Donald Tusk parafrasee a John Lennon, un PSOE deslizándose hacia la izquierda es una mala noticia. Hay abundantes quejas sindicalistas pero el PSOE todavía no ha dado un contenido coherente a su rechazo a los acuerdos comerciales EU-Canadá. ¿Qué hay de malo en mantener relaciones de libre comercio con Canadá?

Cataluña: fiarlo todo al día después

Iñaki Ellakuría

Foto: ALBERT GEA
Reuters

En estos días de verano, cuando el curso político catalán se acerca al breve parón estival, una pregunta se cuela en la mayoría de conversaciones: ¿Qué ocurrirá en otoño? A veces es planteada con una mueca de satisfacción, la del independentista que anhela tras cinco años de proceso que se rompa la baraja; otras, con un rictus de preocupación y hartazgo por un horizonte de agitación, inestabilidad y más ruido. Y en ninguno de los casos, actores del proceso, espectadores o rehenes del mismo, nadie sabe exactamente qué responder. ¡Qué decir si los dirigentes en Barcelona y Madrid parecen huidizos adolescentes cuando se les cuestiona sobre el cacareado choque de trenes!

El proceso se ha instalado en un tiempo de espera e incertidumbre, donde cualquier predicción es una osadía. Con todo, hay elementos que no invitan al optimismo de los moderados. Veamos:

Los funcionarios. El informe de los letrados del Parlament expresando su preocupación y consejos técnicos a la propuesta de modificar el reglamento de la Cámara, una treta urdida por el bloque separatista para agilizar la tramitación de la llamada ley de “desconexión”, pone en evidencia como la estrategia de la confrontación iniciada por el Gobierno de Puigdemont empieza a romper las costuras de las instituciones catalanas e incomodar a muchos funcionarios que no quieren subvertir el marco legal. Ya sea por convicción o simplemente para evitar una inhabilitación.

Escalada verbal. A medida que el proceso se ha ido acercando a la frontera que separa la retórica de los hechos (y sus consecuencias), el discurso independentista ha optado por dividir, ya sin disimulo, la sociedad entre el pueblo, los independentistas, y los “antidemócratas”, todo aquel (persona, partido o institución) que no asuma como legítimo un referéndum unilateral. Esta escalada verbal recibe, ciertamente, el aplauso del núcleo duro separatista, al tiempo que enciende redes sociales y tertulias radiofónicas, pero también agranda la brecha político/sentimental que reflejaron las urnas el 27-S. Incomoda, asimismo, al independentismo moderado y expulsa a los catalanes que apuestan por modificar desde el pacto el actual marco constitucional. Mientras, el inmovilismo del Gobierno central alimenta a los predicadores de la confrontación.

Abucheos. Un síntoma del malestar que acumulan los tildados de “antidemócratas”, fueron los abucheos dirigidos a Puigdemont en Llefiá (Badalona) y Meridiana (Barcelona), dos barrios populares y populosos, donde, como en tantos otros del área metropolitana, el artero relato del “España nos roba” no cuela. La reacción de algunos independentistas, incluido un alto cargo de la Generalitat, fue la de calificar a los presentes de arrabaleros, colonos y fascistas.

Resignación. Recientes declaraciones confirman que Gobierno y Generalitat, uno confiado en la acción de la justicia, el otro anhelando una movilización como la de la cairota plaza Tahir, dan por hecho el choque otoñal. Soraya Sáenz de Santamaría, en un acto en Barcelona, afirmó: “Se habla mucho del 1 de octubre, pero la inmensa mayoría de los que están en el debate público están pensando en el 2 de octubre, y espero que sea el día del sosiego”. Oriol Junqueras, en La Vanguardia, declaró: “Hay que pensar en el día después del 1-O y actuar con responsabilidad”.

Nos aventuramos, pues, a tres mes de larga cuenta atrás y guerra de posiciones. Paciencia y cuerpo a tierra.

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Pierre perdió a toda su familia y ahora está solo en Madrid, arrastra una mirada triste y su pelo es rubio en un tono intenso. “La vida es complicada”, dice, bajando la mirada. “Estoy aquí como refugiado político”. Tiene 27 años y salió de Camerún siendo muy joven; apenas 22 años y no tuvo más remedio que dejar atrás su vida en África. Después de un largo camino llegó en 2015 a España, vivió 10 meses en un centro de Ceuta hasta que le concedieron el asilo. Pierre se fue de Camerún acosado por ser homosexual.

“En mi país hay mucha tradición, no se acepta”, dice Pierre, en un castellano todavía pobre. “En África no tienes libertad si eres homosexual, transexual o lesbiana. Allí existe la mutilación genital. En África es complicado. En África matan por eso”. Pierre cuenta que su padre lo rechazó, que tiene un hermano en Francia con quien no se habla, que su madre fue la única que lo protegió. “Pero mi madre está muerta”, dice. “Yo estaba aquí cuando murió”.

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado 2
Pierre, refugiado camerunés, en el restaurante L’Artisan. | Foto: J.R./The Objective

Y aunque no pudo terminar la escuela, siempre se interesó por la cocina; ahora estudia en una escuela gastronómica en Alonso Cano y vive como puede en Madrid, en un piso compartido que le dispuso un amigo dominicano. Cuenta que le interesa la comida francesa, la americana, que va conociendo la española. “Hago cocido”, dice. Ahora participa en una iniciativa, Refugee Food Festival, que nació de la sinergia de la ONG Food Sweet Food y de Acnur, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pierre estará este fin de semana cocinando en el restaurante L’Artisan, en la calle Ventura de la Vega.

España solo ha acogido a 744 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió en Bruselas

En esta campaña, puesta en marcha el año pasado en París y extendida en esta ocasión a ciudades como Madrid, Florencia o Ámsterdam, varios cocineros –todos ellos refugiados- comparten su cultura a través de la cocina en una serie de restaurantes que se prestan como voluntarios. El resultado en Madrid es nueve restaurantes que dan empleo a ocho refugiados de cuatro nacionalidades durante una semana –en días alternos-, ofreciéndoles la oportunidad de compartir sus inquietudes culinarias con sus comensales.

Refugee Food Festival, que termina su segunda edición este domingo, es una ocasión para dar visibilidad a los desplazados. Hay historias trágicas detrás de cada uno de ellos; esta iniciativa nos empuja a esforzarnos por comprenderlos, por escucharlos. España es el país que más donativos privados aporta a Acnur. Sin embargo, es el mismo país que incumple los acuerdos de acogida de refugiados pactados en Bruselas: se comprometió a acoger a 17.000 personas y solo han llegado 744.

Refugee Food Festival: olvidando entre fogones la tragedia de ser refugiado
Mariana, ofreciendo uno de sus postres. | Foto: J.R./The Objective

Mariana también tuvo que abandonar Ucrania con su marido y con su hijo. Tiene 24 años y estudió Económicas en la universidad de su ciudad, Ternópil, a 200 kilómetros de Polonia. Llegó hace un año y medio y su gran barrera, confiesa, es el idioma. “Quiero vivir en España, quiero trabajar en la repostería”, dice Mariana, que prepara postres en el restaurante Keyaan’s (Blasco de Garay, 10). “Me gusta muchísimo la gente de aquí”. Mariana huye de un país en guerra, con todas sus consecuencias, y sigue en contacto con su madre, a la que escribe por WhatsApp. “España nos ha ayudado muchísimo”, dice, agradecida. “En un futuro me gustaría abrir una pequeña pastelería”. Mariana no piensa en regresar a Ucrania.

Tampoco lo hace Pierre, que remueve una tila que no ha probado. “No puedo volver a Camerún, no tengo familia allí”, dice, muy serio. “Yo sueño con estar en España, con tener mi propio negocio: un restaurante con comida de cuatro continentes –África, América, Asia, Europa-. Y ya está”.

Algunas verdades desagradables

Andrés Cañizález

Foto: Cristian Hernandez
EFE

En estos días atroces que vive Venezuela, cuando logro desconectarme de la mecánica nacional, he vuelto sobre las páginas de un texto clásico de la historia del siglo XX. Se trata de “La República española y la guerra civil (1931-1939)” del estadounidense Gabriel Jackson, que ni más ni menos permite entender, literalmente desde su incubación, cómo se fueron dando los pasos hasta llegar a la guerra civil, cuyas heridas aún no están curadas del todo en la España del siglo XXI.

No trazaré acá un paralelismo entre aquello y lo que vivimos en Venezuela, aunque no tengo dudas de que sería un terreno de interesante indagación. En realidad, Jackson me ha permitido dar con algo que desde hace varias semanas me viene dando vueltas en la cabeza. Se trata de las verdades incómodas, aquellas que nadie quiere oír, pese a que pocos segundos antes en una reunión social o familiar alguien te dice ¿Y cómo ves la vaina?

Jackson lo sintetiza de esta forma: “las pasiones políticas impidieron a la mayoría de los observadores reconocer las verdades desagradables con respecto al bando con el cual simpatizaban”. En no pocas ocasiones he manifestado públicamente mi voto de confianza a la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En mi rol de periodista e intelectual público intento que el apoyo a la MUD no me empañe la visión y el análisis del momento tan dramático y definitorio que vivimos.

Esta adhesión pública, sin que medie un interés económico o un vínculo partidista, no la hago sólo ahora cuando día por medio tenemos a algún diputado opositor herido o vejado por estar al frente de las manifestaciones de calle. Lo expresé sin ambages en noviembre-diciembre del año pasado, cuando la vocería opositora pasaba por una hora oscura tras el fracasado diálogo con el gobierno y lo que fue, en el imaginario popular, el enfriamiento de la calle.

Sobre esto último hay mucha tela para cortar, pues si se revisan las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social en realidad la calle tiene bastante tiempo sin estar lo que se dice fría, aún pese a la represión y la criminalización de la protesta popular, ésta última ampliamente denunciada por Provea.

Primera verdad. No hay ninguna señal de un resquebrajamiento serio al interior de las Fuerzas Armadas, al menos al momento en que escribo estas líneas. Hay malestar en mandos medios y cansancio en los uniformados que deben salir a la calle, pero el duopolio represivo de alto mando de la FAN y gobierno de Nicolás Maduro se mantiene amalgamado. Sin una ruptura en esta alianza no habrá cambio. La represión de la protesta, junto a las muertes a cuentagotas que se vienen registrando, hay que decirlo, se pueden mantener por largo tiempo.

Segunda verdad. Un escenario de cambio no nos conducirá necesariamente a la democracia. Como demócrata que soy y venezolano que vive en Venezuela sin plan B de emigrar, deseo profundamente que cualquier posibilidad de cambio desemboque en la restauración democrática, bajo los principios trazados en la Constitución de 1999. Ese es, sin duda, mi deseo más profundo.

Pero existe un claro riesgo (y la constituyente empujada por Maduro le pone fecha a ese escenario) de que pasemos no a más democracia sino a más dictadura. La represión puede subir de tono, se eliminen instancias judiciales independientes y sencillamente se militariza todo aquello que tenga que ver con la protesta política (ya hay bastante señales de que se puede ir en esa dirección). El punto culminante de tener más dictadura podría ser la salida de Maduro del poder y su reemplazo por alguna junta militar que asuma bajo la lógica de que “hay que poner orden”.

Tercera verdad. La caída de la dictadura no se resolverá en cuestión de horas con la huida del tirano. En el imaginario venezolano pesa mucho la visión idílica de que una vez que Pérez Jiménez huyó hubo en el país un florecimiento democrático inmediato, en 1958.

El madurismo, como degeneración autocrática del chavismo, combina no sólo la condición de una dictadura convencional (represión, censura, control de las instituciones) sino que hay dos elementos que a veces soslayamos. Por un lado, la condición de narcotraficantes que han adquirido muchos de quienes son figuras oficiales, junto al poder tras bambalinas que tiene la dictadura cubana en Venezuela, asunto que se ha acrecentado tras la muerte de Hugo Chávez y la asunción de Nicolás Maduro.

Cuarta verdad. Tarde o temprano llegaremos a una mesa de negociación. El enquistamiento del chavismo en la estructura del Estado y la adhesión sin reticencias del sector militar (que además se encarga del trabajo represivo) no se acabará solamente con la renuncia de Maduro (en caso de que éste renuncie por voluntad propia o forzado por los militares).

Algunas verdades desagradables 1
Las autoridades venezolanas reprimen con violencia las protestas de la oposición. | Foto: Ivan Alvarado / Reuters

Lo último que se ha discutido, de un grupo de países “amigos”, con naciones que sean colocadas a partes iguales por el gobierno y la oposición, podría ser una vía concreta no de dialogar (el tiempo del diálogo creo yo se acabó el 1 de diciembre de 2016) sino de negociar. Si usted le da crédito a lo que he dicho en las líneas anteriores entenderá que hay mucho que negociar.

Ni la crisis económica (aún agudizándose como se prevé) ni una agenda permanente de protestas en la calle (con la intensidad que viene sucediendo) generarán –por sí solas- el anhelado cambio democrático.

Ni será rápido, ni será fácil. Esa es la quinta verdad. Un buen amigo me considera un pesimista, cuando le comparto esta visión. Trato de mirar la realidad sin que los cristales de mis anteojos estén empañados por lo que deseo para mis hijos (que vivan en un país libre y próspero). No estoy diciendo que estamos condenados como sociedad, sólo que debemos afrontar este momento definitorio para la vida nacional mirando no sólo las posibilidades, sino también los riesgos.

Se trata de mantenerse, en esta hora de crisis, con convicciones firmes y resiliencia en la actuación cotidiana, tanto social como individualmente.

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