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Los adolescentes vinculan su felicidad a la conexión a internet

Redacción TO

Foto: STEFAN WERMUTH
Reuters/Archivo

Los jóvenes españoles hacen un uso de los ordenadores y las redes sociales que está muy por encima de la media de otros países desarrollados del mundo. En términos generales, pasan cerca de tres horas diarias conectados durante la semana, y más de tres y media los sábados y los domingos. El 22% puede alcanzar, en un día las seis horas de navegación en la red, y son denominados como “usuarios extremos”. Todo esto afecta a su felicidad, tanto es así, que siete de cada diez jóvenes declaran sentirse “realmente mal” si no tienen conexión a internet. Todos estos datos son los que ha presentado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), recogidos en el informe PISA 2015, que analiza los índices de felicidad de más de medio millón de jóvenes de 15 años de 72 países distintos.

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el 22% de los adolescentes españoles pasan seis horas diarias navegando por la red. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters Archivo

La media mundial de estos usuarios “extremos”, aunque inferior a la española, también es alta y se sitúa en el 16%. Estos datos son “preocupantes” dado que los abusos digitales tienen repercusión en las notas, según el informe. “Los estudiantes más aislados en la escuela son los que más usan internet y eso es bueno que lo sepan los profesores y los padres. “Hay una correlación entre el uso extremo de internet y el aislamiento social”, subrayó este miércoles el director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher, en la presentación del informe PISA 2015.

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La media de acoso escolar en los países de la OCDE es más alta que en España. | Foto: Sara D. Davis / AP

Las partes positivas

Por primera vez el informe PISA analiza, junto a las competencias académicas de los alumnos, el bienestar de los jóvenes y también hay datos positivos para España. La media de alumnos adolescentes que admite sufrir acoso escolar es menor que en otros países desarrollados: alcanza el 6% frente al 8,9% de media en la OCDE. Además, el 74% de quienes estudian en España se sienten satisfechos o muy satisfechos con su vida personal, por encima de la media del 71% del resto de la organización.

España es uno de los países donde padres e hijos conviven más estrechamente y los datos de PISA muestran que la implicación de las familias en las actividades diarias de sus hijos tiene efectos positivos no solo en el rendimiento, sino también en la satisfacción de los alumnos con su vida. Más del 90% de los padres y madres dijo compartir una comida diaria con sus hijos y al menos un 74% habla con ellos sobre cómo les va en clase y en el instituto, porcentajes superiores al promedio de la OCDE.

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El 74% de los alumnos que estudian en España están satisfechos o muy satisfechos con su vida personal. | Foto: Daniel Ochoa de Olza / AP

Sin embargo, según el informe los estudiantes españoles también se estresan más ante los trabajos y exámenes escolares. En este punto, Andreas Schleicher afirma que “sería recomendable que los alumnos no tengan la sensación de no saber para qué están aprendiendo”, y señala que “si supieran que lo que aprenden es para algo, se reduciría su ansiedad”. Asimismo destaca que en España falta un enfoque más personalizado de la educación porque “no todos los alumnos aprenden igual”.

Escorpiones en una botella

Juan Claudio de Ramón

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Quienes nos oponemos a la consideración de España como un ente plurinacional hemos de admitir que nuestra postura contiene un ángulo ciego o, al menos, un zona de inconsistencia que ha de aclararse. Al fin y al cabo, nuestra actual Constitución sí habla, de manera enfática y en lugar prominente, de una nación, que es la española. ¿Por qué, a fin de cuentas, esta sí y las otras no? Algunos de nuestros conciudadanos –sospecho que no tantos, pero eso importa menos– están convencidos de la existencia sentimental y material de otras naciones, sean la vasca o la gallega o la catalana. ¿Por qué preterirlas a favor de la española?

Es un asunto con el que un antinacionalista honesto debe encararse. Por mi parte, diré de entrada que con gusto suprimiría las referencias a la nación española de nuestra Carta Magna. Allí donde se lea «nación española» preferiría que se dijese sencillamente «España», lo que supone sustituir la categoría por la cosa, lo abstracto por lo concreto. El modelo son constituciones como las de Canadá o Suiza, que se las apañan para darse fundamento y norma sin mencionar en ningún momento una palabra de la que cabe dudar tenga un significado fecundo en el siglo XXI. Porque obligar a toda comunidad a ahormarse al molde de nación es la primera violencia que se hace a la complejidad del mundo. La nación no es, como se dice, un parapeto de la diversidad, sino lo contrario: el expediente más eficaz que tuvo la modernidad para acabar con la multiplicidad de lo real.

Pero hay más. En realidad, en ningún lugar dice nuestra Constitución que España sea una nación; sencillamente lo presume. Al hacerlo, se hace cargo de una larga tradición que nace en el inolvidable momento gaditano de 1812. Esta es la clave: la oportunidad histórica. España se constituye en nación cuando procede, en el siglo de las naciones, cuando la nación era una construcción ideológica útil para legitimar el paso de una soberanía dinástica a otra popular y con el tiempo democrática. Y en ese momento, que un jurista llamaría el procesalmente adecuado, no hay duda de que vascos y catalanes no sólo se identifican plenamente con la nación española sino que contribuyen a fraguarla. Las abultadas pesquisas del profesor Marfany, recientemente publicadas, no dejan lugar a la duda para el caso catalán.

Esto es lo primero que cansa y aburre del soberanismo catalán: su intento de poner por planta en el año 2017 un programa ideológico típicamente decimonónico. Pero la pega de vetustez es lo de menos. El problema radica en que, en su empeño por asegurar la unidad, todas las naciones son excluyentes en su fase constitutiva. Todas sin excepción se erigen frente a algo, y al hacerlo mienten y violentan su propia pluralidad interna. La ventaja de la nación española, frente a la catalana o la vasca, es que, como dice Arcadi Espada, sus mentiras fueron contadas hace mucho tiempo, y ya han marchitado a la luz del estudio. Cuando menos, de sus leyendas fundantes nos permitimos tener una concepción abierta y un ojo escéptico. Por ello, la nación española, en el pasado excluyente, está ahora en condiciones de ser inclusiva, sobre todo en el marco pluralista que diseñó nuestra constitución. Puede acoger, y de hecho acoge, su multitud de lenguas, de una manera improbable en los casos de la nación vasca o catalana, a cuya forja estamos asistiendo y que son dependientes del hecho étnico y privativo de una lengua propia, que se quiere única. La nación española es, en suma y como dicen sus críticos, banal, sin entender que eso es elogio y no crítica, mientras que las suyas son plúmbeas y vienen cargadas de deberes y malos humores. La Constitución española de 1978 contiene, en fin, la simiente de un benemérito y refrescante Estado post-nacional, donde cada uno pueda vivir su identidad libre de coacciones. De ahí que sea lamentable y ridículo el empeño de volver a trazar lindes nacionales entre nosotros. Lo grotesco es que ese empeño provenga de un partido que se dice igualitarista, y que lo haga, nada menos, en nombre de la convivencia, cuando solo puede servir a su destrucción. Porque las naciones no saben convivir y llenar el Estado con más de una es como llenar una botella con escorpiones: no sale bien.

Memes literarios, el éxito tras la revolución ilustrada del humor

Jorge Raya Pons

Foto: Memes Literarios
Facebook

Hay historias de éxito que son inesperadas. Cuando a Sid se le ocurrió crear una página de Facebook donde se confabularan literatura y humor gráfico –comprendido como meme-, no imaginó que fuera a alcanzar una difusión tan grande.

Sid, el nickname tras el cual se encuentra el fundador de Memes Literarios, creó la página sin grandes pretensiones el 17 de diciembre de 2012. Lo hizo contando chistes sobre las vidas traumáticas de tantos novelistas, ilustrando bromas sobre las tramas de novela más alambicadas, compartiendo anécdotas comunes entre lectores habituales. Han pasado casi cinco años y la cuenta reúne a más de 1,3 millones de usuarios en todo el mundo. “Lo cierto es que la página se mantuvo en las sombras un buen rato”, dice Mifune, recordando un tiempo que queda lejano. “Jamás hubiéramos imaginado que alguna de nuestras publicaciones rebasaría los 20.000 likes y los 5.000 compartidos”.

Cuando Mifune se embarcó en el proyecto en septiembre de 2013, la máquina estaba en marcha y bordeaba los 17.000 seguidores. Ahora la página crece a toda velocidad y sin pausa, y varios miles de personas se suman a esta comunidad cada semana.

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Los fundadores de esta comunidad supieron ver un nicho que sorprendentemente existía; entre los cientos de millones de usuarios de internet hay lectores de novela y poesía, y muchos de ellos pasan sus horas navegando en el timeline de Facebook. “La idea de Sid fue crear una página web con contenido humorístico que estuviera dirigida a gente inclinada a la lectura”, dice Mifune. “La inspiración nació de ver otras páginas bastante populares. Como no había ninguna específica para el humor literario, se decidió hacer una”.

En Memes Literarios abordan un humor que procuran que sea inteligente, no tanto por su elocuencia como por sus referencias. Hacen chistes maliciosos sobre los libros de autoayuda, sobre las novelas de Paulo Coelho, sobre las películas de Jodorowsky. Bromean sobre las adicciones de Bukowski, la disfunción familiar de los Kafka, los placeres oscuros del marqués de Sade.

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Su gran logro reside en que lo hacen sin caer en la pedantería, sin resultar pesados. “Procuramos que nuestras bromas no caigan en la bufonería o en cierto humor cutre”, dice Mifune. “Hacer reír es una labor difícil, especialmente cuando el mundo de las redes sociales está plagado de memes y todo tipo de contenido humorístico. A esto agréguese que nuestra intención es hacer reír por medio de referencias literarias. La cosa tiene bastante dificultad. Sin embargo, nos gusta hacerlo, y nos gusta distinguirnos cuando lo hacemos, por eso partimos del supuesto de que hasta en el humor debe haber calidad. A diferencia de otros sitios, la mayoría de nuestras publicaciones son elaboradas por los mismos integrantes del staff”.

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Este staff, al que pertenece Mifune, cuenta con 25 personas. La mayoría de ellos son mexicanos, pero también hay argentinos, peruanos e incluso un catalán. Algunos de ellos se han hecho especialmente populares entre los miembros –Primate, Sheridann, Jaromir, Dies- y todos ellos guardan la característica común de firmar sus publicaciones con sus alias y no con sus nombres reales, un atributo tan ligado a los nativos de internet.

Ahora que ha pasado el tiempo y ellos mismos se sorprenden de su propio éxito, reconocen que han recibido alguna oferta suculenta para comprar el sitio. Sin embargo, tal como la han recibido la han rechazado. “La mayoría en el equipo hace esto por hobbie, dice Mifune, que bromea: “No hay planes de obtener alguna retribución económica de esto, pero no nos haría daño que hubiera donaciones”.

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Paralelamente a Memes Literarios, sus autores pusieron en marcha la revista Marabunta –un contrapunto de literatura seria– y aprovechan las visitas torrenciales a su página de humor para llenar de lectores sus artículos y ensayos. Mifune concluye que sacan partido de la comunidad para hacer humor y servir de entretenimiento, pero también para asentarse como escaparate de propuestas culturales interesantes que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidas: “Siempre nos hemos esforzado por hacerle saber al público que, si tienen algún proyecto, o si tienen alguna convocatoria para un concurso o un taller literario, por ejemplo, pueden contactarnos y pedirnos ayuda con la difusión. Siempre que quieran promover una actividad relacionada con la literatura, Memes Literarios estará abierto a la posibilidad de ayudarlos”.

La izquierda de las naciones

Ricardo Dudda

El PSOE de Pedro Sánchez compró el relato de Podemos e Izquierda Unida de que el partido no es suficientemente de izquierdas, en lugar de controlar el discurso y determinar qué es ser de izquierdas en el siglo XXI. Ser de izquierdas en el siglo XXI casa difícilmente con una declaración del país como plurinacional. España es multicultural y diversa. Tiene diferentes lenguas. Un Estado moderno debería respetar las diferencias y fomentar su reconocimiento sin mencionar naciones históricas ni atavismos.

En el PSOE afirman que su afirmación de la plurinacionalidad no trocea la soberanía, pero crea regiones más privilegiadas que otras: están las naciones y luego las comunidades autónomas. Y las naciones, en tanto naciones, necesitan un trato especial. Y cuando se reconoce simbólicamente una nación el siguiente paso es reconocer su soberanía propia, y para ello necesita convertirse en Estado. Porque el Estado es tangible, al contrario que la nación, inexplicable y mística.

El PSOE y Podemos coinciden en un discurso de una izquierda acomplejada ante los nacionalismos, que solo sabe hablar de República pero no de valores republicanos. Sin embargo, y a pesar del viraje de Sánchez hacia posturas más izquierdistas, hay todavía muchas diferencias: el PSOE sigue siendo el PSOE, y Podemos puede aprovechar (y ya está haciéndolo) para pedir a los socialistas mayor pureza (lo que entienden ellos por pureza). El caso del independentismo es una buena prueba. En Podemos afirman que hay que dejar votar a los catalanes, aunque sea en un referéndum ilegal. En el PSOE denuncian el referéndum ilegal. Entrar en la dinámica de la identidad implica competir en pureza. Si el PSOE y Podemos se plantean un futuro juntos, lo harán desde la lógica identitaria, y en ella juega mucho mejor Podemos.

Los beneficios de pagar un céntimo por enviar un email

Redacción TO

Foto: ERIK DE CASTRO
Reuters

Sellos, sobres, papel y bolígrafo para escribir una carta. Tiempo invertido en adquirir estos materiales, tiempo invertido en dejar la carta en el buzón y tiempo perdido en esperar a que la carta llegue a su destino. El coste de enviar ahora una misiva parece un disparate teniendo en cuenta que hay distintos proveedores de correo electrónico que ofrecen este servicio de forma gratuita. Pero nada es realmente gratis. Un estudio de un investigador, publicado en la Harvard Business Review, ha estimado que, en su empresa, enviar un email suponía un coste de 95 céntimos en fuerza laboral. Y hay empresas que, llegado un momento, dejarán de dar sus servicios de forma gratuita si no obtienen beneficios por otra parte (Twitter sigue sin encontrar un modelo de negocio económicamente viable).

Imaginemos que pagamos un precio simbólico por enviar un email, un céntimo. No se trata de caridad altruista, sino que este gesto tendría beneficios también sobre los usuarios. ¿Quién no tiene decenas -en algunos casos, cientos o miles- de correos electrónicos sin leer? Diariamente, la gente se dedica a leer correos electrónicos de trabajo, que, en muchos casos, no son más que ruido y no aportan nada, sino que solo suponen una pérdida de tiempo. Poner una barrera aligeraría esta tarea.

Pero para que las bandejas de entrada se llenen tanto, alguien, al otro lado, está enviando emails a diestro y siniestro. Y esto no supone únicamente una inversión de tiempo. Un estudio de la Universidad de Leihigh sugería que existe una conexión entre la lectura y envío emails a deshora y el agotamiento emocional. Y otra investigación de la Universidad de Connecticut publicado en Philosophical Transactions, de la Royal Society B, alerta de que la exposición a la luz artificial emitida por teléfonos, tabletas u ordenadores antes de irse a cama provoca alteraciones en los ritmos circadianos (el reloj biológico que regula, entre otras cosas, el ciclo natural sueño-vigilia) y provoca, por tanto, problemas de sueño. Es decir, leer un libro antes de ir a dormir en lugar de ponerse a contestar al email que te ha mandado tu jefe facilita que tengas un sueño más reparador.

Pero, si tu jefe te escribe, ¿cómo te vas a poner a leer en lugar de responderle? La solución es sencilla: si este tuviera una barrera económica, por pequeña que sea, a la hora de mandar un email, se lo pensaría dos veces. Ya hay empresas que, a su manera, han limitado económicamente el uso del correo electrónico. Facebook y LinkedIn son dos ejemplos.

La empresa analista Radicati Group estima que, en 2015 se enviaron 205.000 millones de emails cada día. Es decir, que si todo el mundo tuviera acceso al correo electrónico – y no es así -, el resultado es 30 emails por persona. Para evitar este overbooking en las bandejas de entrada de medio mundo ya hay plataformas que, conscientes de las deficiencias del correo electrónico, proponen vías de comunicación interna más directas y eficientes. Trello permite construir tableros sobre los que colgar etiquetas en la que cada empleado puede especificar en qué tarea está trabajando sin necesidad de enviarle un email a todo su equipo. Es decir, un corcho digital en el que cada empleado deja una nota que pueden ver todos sus compañeros. Y Slack permite un sistema de chats, grupos y mensajes directos entre empleados y presume de reducir el uso del correo electrónico en casi la mitad. Dos opciones para que a nadie le entre el bajón cuando vuelva de vacaciones y se encuentre una bandeja de entrada con cientos de emails con mensajes que, en la mayoría de los casos, ya han caducado.

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