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Los millennials se van asentando: estas son sus ciudades favoritas para vivir

Cecilia de la Serna

Foto: Jace Grandinetti

Una generación diferente, a medio camino entre la escéptica Generación X y la hiperconectada Generación Z. Hablamos de los célebres millennials, a menudo tachados de irreverentes, de irresponsables y de desligados de valores o raíces. Estos jóvenes que, con el paso del tiempo, van asentando la cabeza y dejando de lado esa mala fama que los persigue eligen ahora su propio destino. Lo hacen en un mundo radicalmente diferente del que crecieron, en una sociedad que ha cambiado sus prioridades, y por ende también han mutado las suyas. Las ciudades en las que se asientan o sueñan con asentarse estos treintañeros -o casi treintañeros- tienen que cumplir una serie de requisitos básicos.

Año tras año, miles de jóvenes se mudan de lugar para encontrar su sitio. Buscan ciudades vibrantes, llenas de oportunidades y que además se adapten a sus necesidades. Nestpick, una plataforma online de alquiler de viviendas enfocada especialmente a los millennials -los nacidos entre 1982 y 1994-, ha elaborado el Millennial City Ranking con las 100 ciudades preferidas por los individuos de este rango de edad. Para realizar este ranking demográfico, Nestpick ha utilizado diversos parámetros que inciden de forma directa en la vida de los millennials en las urbes. Algunos de estos parámetros se refieren a aspectos más técnicos -como la velocidad de internet, el transporte público, el nivel de empleo o la cobertura de Apple Store-, a niveles de tolerancia -como la igualdad de género, la tolerancia a la inmigración o la simpatía hacia el colectivo LGTB-, y de ocio -esencialmente la vida nocturna, el precio de la cerveza o la vida festivalera-.

A continuación presentamos las 7 primeras ciudades, todas europeas, del Millennial City Ranking:

1. Ámsterdam (Holanda)

La capital holandesa destaca de entre todas las ciudades a escala global. Los millennials la prefieren a otras grandes ciudades como Londres, Nueva York o París. Los encantos de Ámsterdam son de sobra conocidos: es una ciudad abierta, muy atractiva para los que busquen un modo de vida más bohemio, que ofrece un ocio diverso y que cuenta con uno de los usos de bicicleta más importantes del mundo.

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Ámsterdam encabeza el ranking de la ciudades favoritas de los millennials. | Foto: Ehud Neuhaus

Ámsterdam despunta por aspectos como la simpatía hacia el colectivo LGTB, la tolerancia de la población hacia la inmigración o la igualdad de género. También son reseñables sus calificaciones en cuestiones como la vida nocturna, la vida festivalera o la red de startups de la ciudad.

2. Berlín (Alemania)

Este grupo de nativos digitales tiene otra ciudad perfecta al norte de Europa: Berlín, la capital alemana. Durante décadas, Berlín ha sido un paraíso de bajo coste para jóvenes creativos y, en los últimos tiempos, se afianza también como una de las favoritas de los millennials. Son aproximadamente 40.000 los nuevos habitantes que llegan a la capital germana cada año. La mayoría de las nuevas personas que llegan son millennials atraídos por la energía social y la creciente red de startups que acoge la ciudad.

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La capital alemana es otro must para millennials. | Foto: Soroush Karimi

En el ranking de Nestpick, Berlín destaca por aspectos como la tolerancia de la población hacia las minorías, la igualdad de género, la vida nocturna o la velocidad de internet.

3. Múnich (Alemania)

Otra urbe alemana se encuentra en cabeza de esta lista: Múnich, la capital bávara. Grandes acontecimientos culturales como el Oktoberfest, el gran evento de la cerveza a nivel global, hacen de esta ciudad un atractivo para los más jóvenes.

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Múnich destaca por sus niveles de empleo. | Foto: Tobias Zils

En el ranking de Nespick, Múnich destaca sobre todas las demás en cuanto a las posibilidades profesionales: red de startups, puntuación de empleo y atractivo turístico. Tampoco se queda atrás en cuestiones como la simpatía hacia el colectivo LGTB o el ocio nocturno.

4. Lisboa (Portugal)

Parece que la capital lusa está en boga. Es un lugar barato, con un tiempo bastante estable y agradable y que acoge cada vez a más jóvenes. La revitalización de Lisboa es notable, y está conllevando a veces un fenómeno de gentrificación en algunos de sus barrios.

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La capital lusa está de moda. | Foto: Glauco Zuccaccia

Los aspectos más positivos de Lisboa según el ranking de Nestpick son el precio de la cerveza, el sistema de transporte público, el precio de la comida o el ambiente festivalero de la ciudad.

5. Amberes (Bélgica)

La ciudad belga se erige como la quinta más deseada por los millennials. La ciudad es conocida por sus numerosos edificios históricos, pero en los últimos años también por su conciencia ecológica. En Amberes la sustentabilidad es una forma de vida. El gobierno clasifica los inmuebles por su nivel de ahorro energético, confecciona un mapa geofísico que es utilizado para su control, para el del ciudadano y también para las valuaciones del mercado inmobiliario. Pone por delante el ahorro energético, y eso a los millennials les atrae especialmente.

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Amberes, un paraíso urbanístico ecológico. | Foto: Rucksack Magazine

En el ranking de Nestpick, Amberes se sitúa con excelente puntuación en la vida nocturna, el transporte o la cobertura de Apple Stores.

6. Barcelona (España)

En el sexto puesto encontramos la primera ciudad española, Barcelona -las siguientes son Valencia (puesto 13), Madrid (28), Sevilla (48) y Granada (49)-. Su fama de ‘parque de atracciones para turistas’ la persigue, y lo cierto es que cada vez son más los jóvenes extranjeros que llegan a la capital catalana para instalarse.

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Barcelona es la primera ciudad española en el ranking de Nestpick. | Foto: Dennis van den Worm

La ciudad condal destaca por su atractivo turístico, sus niveles de igualdad y por el ocio nocturno.

7. Lyon (Francia)

Esta generación también centra su atención en Lyon, una ciudad muy universitaria y la tercera más poblada de Francia. Históricamente, Lyon es la cuna de algunos de los chefs más famosos del planeta como Paul Bocuse o Eugénie Brazier y de buena parte de los platos más famosos de la gastronomía francesa. Hoy en día, se coloca también como una gran favorita de los millennials.

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Lyon, la primera francesa en la lista. | Foto: Cyril Campoli

En el ranking, Lyon destaca por su velocidad de internet, su cobertura de Apple Stores, o su acceso a anticonceptivos.

Puedes consultar el listado de las 100 ciudades para millennials de Nestpick aquí.

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La ruta del hachís: los tambores de Ketama en el Rif

Juanma Rodríguez

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters/Archivo

El pasado mes de febrero, la Guardia Civil intervino casi dos toneladas de hachís prestas para entrar a España por la costa de Barbate. Los transportistas arriesgaron su vida en una lancha de goma de varios motores cruzando las turbulentas aguas del estrecho desde Marruecos hasta la playa de El Palmar, en Cádiz. Un par de meses después cayó el resto de banda, incluido su líder, conocido como Canela, un joven que se paseaba por las playas de Barbate con impunidad, en vehículos llamativos como un quad, todo ello sin que nadie le hubiese visto trabajar en cualquier cosa. Seguramente todos los que viven a su alrededor saben a qué se dedicaba.

El tráfico, ‘menudeo’ o ‘trapicheo’ de hachís es algo que en el sur de España resulta hasta común. El consumo de cannabis también está muy extendido, ya no solo en Andalucía, sino en todo el país. Según los datos del Observatorio Español sobre Drogas (OED) el pasado año 2016 el 30% de la población española de entre 15 y 64 años aseguró haber consumido cannabis alguna vez en su vida, de los cuales un 9% aseguró haber consumido en los últimos 12 meses, el 7% en los últimos 30 días y el 2% a diario. El terreno está bien abonado para que se abra un importante nicho de mercado para los narcotraficantes de hachís.

Unos 14 kilómetros de distancia separan las costas andaluzas de la cordillera del norte de África. El Rif es una cordillera montañosa que abarca una gran parte del norte de Marruecos, hasta la frontera con Argelia, donde también se encuentra Melilla. Es una región tradicionalmente desfavorecida y olvidada por la autoridades marroquíes, según denuncian diversas ONGs que trabajan en la zona. Allí conviven bereberes, amaziges y árabes. Es un lugar mágico, donde el tiempo parece no haber pasado en siglos, aunque con una pequeña diferencia: en sus valles hay miles de hectáreas verdes donde se alzan plantas de marihuana. Para los habitantes de esta región, que viven por debajo del umbral de pobreza, es fundamental para su sustento de vida el cultivo de esta planta para la elaboración del hachís que Europa espera consumir con los brazos abiertos.

¿Cómo se elabora esta sustancia?

Antonio Escohotado, profesor, filósofo y ensayista, centró gran parte de su trabajo en el estudio de las drogas y su historia. En el documental de Canal Sur (la televisión pública andaluza) La ruta del hachís, cuenta un pasaje de Herodoto en el que los escitas se colocaban con hachís, echando al fuego grandes trozos de esta sustancia y precintando la sala donde lo hacían. Hoy, la forma de consumir esta droga ha cambiado, y su producción también. En el Valle del Rif, el cultivo del cannabis está dentro de la ley, pero no la producción de esta sustancia, que puede acarrear penas de cárcel, aunque las autoridades hacen la vista gorda para mantener una paz social que no sería posible en esta zona tan limitada en recursos económicos.

En otoño se inicia la campaña de la recogida del cannabis para la elaboración del hachís, en la que participan todos los miembros de las familias. Una vez la recogen, la dejan secar en los tejados de las casas para extraer posteriormente el polen o resina con el que se elaborará el hachís. El ritual para producirlo es algo que se ha transmitido de generación en generación, de manera artesanal, en el interior de las casas de las familias que viven de ello. Sobre una palangana colocan una tela a modo de tamizador, sobre la que colocan los cogollos de marihuana para su ‘vareo’. Encima de la marihuana se coloca un plástico sobre el que se empezará a varear, para que el polen de la planta se filtre por la tela (generalmente de seda) y se obtenga el doble cero, una sustancia muy preciada por los consumidores de hachís. El vareo se repite varias veces más, hasta que acaban por agotar el polen de estos cogollos de los que se ha extraído el doble cero, disminuyendo en calidad y en cantidad. Este proceso es el que se conoce como ‘los tambores de Ketama’.

La calidad del producto y su valor en el mercado

Escohotado asegura que Marruecos no elabora hachís, “Marruecos elabora una porquería que no da lucidez, es más un somnífero o un tranquilizante”. Esto se debe a la forma de producción y al corte con el que elaboran la droga. Marruecos es el principal productor de esta sustancia, prácticamente el único mundial, según la agencia antidroga de la UE. Por este motivo, Escohotado asegura que la calidad del producto “es bastante mala” pero para ellos es indiferente, ya que la demanda mundial de hachís es tan elevada que ni produciendo todas las hectáreas destinadas al cultivo de cannabis se podría satisfacer toda la demanda. “Actualmente Marruecos elabora una sustancia que no tiene THC porque entre otras cosas secan las plantas al sol, que mata la sustancia del tetrahydrocannabinol (THC) y la transforma en cannabidiol (CBD), que actúa como somnífero”, asegura Escohotado.

La ruta del hachís: los tambores de Ketama en el Rif
Alrededor de un gramo de doble cero. | Foto: Nick Adams / Reuters

Para ampliar la cantidad de hachís producido, la sustancia se adultera con lo que vulgarmente se conoce como ‘cortes’, por ejemplo estiércol de burro, goma arábica, leche condensada, henna, arcilla… prácticamente a partes iguales. “Hachís hay poco”, asegura Escohotado, “pero incluso ese poco hachís que hay no tiene THC”. “La juventud española está más colgada de CBD que del THC”, expresa Escohotado en el documental, afirmando, incluso, que si le ofreces un porro de hachís afgano de gran calidad o de marihuana a un joven que esté bastante acostumbrado a fumar diariamente, desde por la mañana hasta por la noche, lo consideraría muy fuerte para su gusto.

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Marihuana secada al sol para la producción de hachís. | Foto: Rafael Marchante / Reuters

G. R. S es un consumidor habitual de hachís. No ha querido dar su nombre, ya que el prejuicio y el estigma social de consumo de cannabis sigue estando muy presente en España, a pesar de la apertura mundial y la legalización en varios países y estados de Norteamérica. Este joven de menos de 25 años asegura que no fuma marihuana “porque es muy fuerte, me deja tonto, no puedo llevar una vida que considero normal”. Su día comienza con un desayuno a base de zumo de naranja, café, un bollo y un ‘canuto’ pequeño de hachís, “para empezar el día con alegría”. Una vez concluye su turno de mañana en la cafetería donde trabaja, después de comer, se fuma otro porro “para dormir una siesta en condiciones”. Tras terminar la jornada laboral alrededor de las diez de la noche regresa a casa, se prepara la cena y se fuma el último porro del día, al que llama “buenas noches” ya que “si no fumo antes de dormir no puedo pegar ojo”. G. dice que paga el gramo de esta sustancia a unos 3,5 euros, precio que le hace un amigo cercano, por lo que a la semana invierte unos 30 euros en ‘chocolate’. G. es malagueño, y por lo que tiene entendido, cuando el hachís pasa Despeñaperros el precio sube a unos 5 euros el gramo, el precio estándar y, conforme más va subiendo, el producto se va encareciendo, hasta llegar a los 6 o 7 euros en gramo, que da para unos 4 o 5 ‘canutos’.

El menudeo y los clubes de fumadores

P. H. T. También es malagueño, aunque ahora vive en el extranjero. No ha tenido una buena experiencia con el hachís. Hace 6 o 7 años la Guardia Civil le sorprendió con un kilo y 900 gramos en el maletero del coche. “Yo empecé a trapichear de forma casi inconsciente, para poder fumar gratis, tenía poca idea de lo que hacía”. Poco a poco fue haciendo cada vez más dinero y aprendiendo a vender un producto que todos sus amigos querían probar. “Empecé vendiendo unos 50 gramos a la semana, hasta que llegué a los dos kilos”. Sus proveedores siempre eran los mismos, con los que ya había establecido un vínculo de confianza, hasta el punto en que le fiaban las cantidades de hachís que iba a vender. “De lo que siempre he estado orgulloso es que nunca le debí dinero a nadie, aunque pillase ‘fiado’ el material”. Cuando le detuvieron, pasó tres días en el calabozo, antes de pasar por un juicio rápido. “Un familiar, abogado, me ayudó con este asunto del que al final no salí mal parado, ya que alegué consumo propio”. P. no se arrepiente de nada de lo que ha hecho, pero “a mis hijos les diría por mi experiencia que el trapicheo no vale para nada, no merece la pena, es mejor un trabajo normal, una vida normal, que no perder el tiempo en vender, eso es para los ‘pringados’”.

La ruta del hachís: los tambores de Ketama en el Rif 1
Paricipantes en una manifestación en Vacouver para la legalización. | Foto: Andy Clark / Reuters

Su problema con la ley se quedó al final en un mal expediente, pero no cumplió la condena de un año y 11 meses de cárcel que le pedía la fiscalía, ya que no tenía antecedentes, aunque “pasé dos años bajo investigación, por los que, si me pillaban por ejemplo conduciendo con una tasa de alcohol superior al límite, tendría que haberme tragado los meses de cárcel correspondientes más los del hachís”. También tuvo que pagar la multa correspondiente, alrededor de 6.000 euros, más el dinero que le debía al proveedor por el hachís incautado. En este mundo no hay seguros. “Era un niñato, y solo quería caprichos. Veía que los demás no podrían hacer lo que yo por el dinero que tenía, por lo que yo me sentía mejor, como un valor personal adicional”. Él pagaba el gramo a 1,80 céntimos, por lo que ha llegado a ganar en bruto entre 3.000 y 5.000 euros semanalmente. Él era una cara visible, como a los pequeños camellos a los que les vendía placas enteras de 100 gramos para poder quitarse de encima lo más rápido posible el hachís. “Por encima de mí están los traficantes que salen en las noticias, y ellos, a su vez, por encima tienen más gente”, asegura nuestro entrevistado.

Ahora, en este mundo de sobreinformación, ya se conocen los riesgos y los beneficios del consumo de esta droga, que cada vez se está desprendiendo de más prejuicios y va ganando terreno en su lucha por la legalidad. Ya no solo existen negocios de parafernalia del fumador. Barcelona y Madrid se están llenando de clubs de fumadores que actúan como los coffeshops holandeses, para los fumadores recreativos y los que sufren alguna enfermedad o están sometidos a tratamientos agresivos de quimioterapia. No obstante, el menudeo en los barrios y el consumo de hachís por parte de los jóvenes españoles y europeos sigue siendo frecuente. Las organizaciones que hay detrás saben que sacan mayor beneficio si tienen a todo un ejército de chavales rebeldes con el ánimo de meterse en un mundo complicado.

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La Generación Z también reinventa el turismo

Redacción TO

Foto: HANNIBAL HANSCHKE
Reuters

Tolerante, inconformista, emprendedora, tecnológica… Definir a la Generación Z con una sola palabra es una tarea cuanto menos ardua, y encasillar a todo un grupo de millones de personas, en este caso los nacidos entre 1994 y 2010, podría parecer superfluo. No obstante, como ya vimos en este espacio, la Generación Z repite una serie de patrones que rompe con todo lo establecido previamente. Estos jóvenes lo han reinventado todo, incluido el turismo.

La Generación Z nació, prácticamente, con un smartphone bajo el brazo. Por ello, todo lo que tiene que ver con el comercio y los servicios, como el sector turístico, está supeditado a su opinión. En forma de comentarios, o de interacción en las redes, los más jóvenes dejan claras sus preferencias a la hora de viajar. Gracias a un estudio publicado por Booking.com, uno de los portales referencia en viajes, estas preferencias son más accesibles que nunca. Para entender mejor cómo viajan y qué necesitan los adolescentes, el portal recopiló más de 22.500 comentarios escritos por jóvenes de todo el mundo tras sus vacaciones. Los resultados no sólo revelan los factores más importantes que hay que tener en cuenta para que los viajeros ‘zeta’ estén felices, sino que también muestran los destinos mejor puntuados según sus gustos.

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¿Cómo viajarán los más pequeños? Por ahora podemos conocer las preferencias los Gen Z. | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Hiperconectados hasta en la playa

Los turistas cuya edad está comprendida entre los 12 y los 15 años ponen el énfasis en las redes sociales y en mantener el contacto con sus amigos mientras están fuera. La mayoría, el 89%, considera que tener una conexión WiFi estable es esencial en su viaje. Japón se posiciona como el destino favorito gracias a su rápida velocidad de internet. Directamente relacionado con esto, tener la oportunidad de hacer buenas fotos para subir a las redes sociales es importante para casi la mitad de los encuestados, un 44%. Brasil aparece como el destino número uno para hacer las mejores fotos del verano, con apartamentos en azoteas y hoteles cool  junto a la playa con vistas al Cristo Redentor y al Pan de Azúcar. Estar en la cima de Instagram o Snapchat es algo muy serio para la Generación Z. Sin embargo, sólo el 25% de los jóvenes de entre 12 y 15 años piensa que es importante hacer amigos durante las vacaciones.

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El turismo del selfie está cada vez más extendido. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters

Despertarse tarde, un must

Casi la mitad, el 42%, de los adolescentes de 12 a 15 años y más de un cuarto, el 26%, de los niños de 5 a 11 buscan alojamientos que les den la oportunidad de quedarse en la cama un ratito más antes del desayuno. El 77% de los más pequeños cree que Polonia es ideal para desayunar tarde, mientras que los mayores dieron a Croacia una puntuación más alta. Por ello, el late check out es otro must para los turistas más jóvenes.

El turismo de sol y playa no pasa de moda

Es un clásico que sigue vigente: sol, arena y playa. Esta es la combinación perfecta para contentar al turista más joven, igual o más exigente que cualquier otro. Quedarse cerca de la orilla para hacer castillos de arena, rebozarse en la arena y mucho más es, sin duda, el segundo factor más importante para los niños de entre 5 y 11 años, y para un cuarto de los niños de 12 a 15 años. Grecia, con su gran número de islas con playas idílicas, deportes acuáticos y paisajes marinos para hacer deportes acuáticos, es uno de los claros favoritos para todas las edades. Después de Grecia, los destinos favoritos para este tipo de turismo a escala global son Croacia, México, Portugal y España.

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Sol y playa hasta en Navidad. | Foto: David Gray / Reuters

Las prioridades cambian con las generaciones que llegan. Para la Generación Z lo primero es mantenerse en contacto con su comunidad desde cualquier rincón del mundo, y poder disfrutar de las vacaciones a su ritmo. Pero hay cosas que no cambian: tomar el sol en una playa idílica gusta a todos los viajeros, sea cual sea su edad.

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¿Qué será de los actores de Girls ahora que se acaba la serie?

Nerea Dolara

Foto: HBO
HBO

El domingo llega a su final la serie más millennial de la televisión. ¿Sabes qué planes tienen sus protagonistas? Averigua qué van a hacer después de Girls.

Eran gente que no conocíamos antes de que llegara la serie en 2012. Estos jóvenes actores habían pasado desapercibidos a la mayoría de las audiencias – sí habrá alguno que ya había visto la película de Lena Dunham, Tiny Furniture, en que sale más de uno – hasta que asumieron sus papeles en Girls, esa serie –clásico contemporáneo de contenido millennial y de la era del Peak TV – de HBO que nunca ha parado de generar alabanzas, críticas y muchas discusiones y que este domingo llega a su final.

¿Qué será entonces de las chicas protagonistas? ¿De sus compañeros masculinos de reparto? Todo el que quiera saber qué será de Hannah, Shoshanna, Jessa, Marnie, Adam, Ray y Elijah… sigan leyendo.

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La amada y odiada Hannah Horvath, interpretada por Lena Dunham | Fotograma de HBO

Lena Dunham (Hannah Horvath)

La creadora de la serie, que comenzó en este viaje con 25 años y con sólo dos películas en su haber, es ahora un icono cultural y feminista, así como la abanderada de una generación (qué orgullosa estaría Hannah). Dunham, junto con Jenni Konner, su co-creadora en Girls, está ya planeando su siguiente serie. En este caso no irá de maduración o de esos confusos años que son los 20, la dupla de escritoras va a hacer una serie sobre una periodista de revistas en el Nueva York de los sesenta. Según MTV, Dunham y Konner obtuvieron la luz verde de HBO para el nuevo proyecto. La protagonista será Lisa Joyce y su historia se desarrollará en medio de la segunda ola del feminismo en la Nueva York de la época. Además de esto Dunham y Konner llevan la revista feminista Lenny Letter y Lena tiene también un podcast, que actualmente cuenta con dos temporadas, llamado Women of the Hour.

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Adam Driver | Fotograma de HBO

Adam Driver (Adam Sackler)

Este actor completamente desconocido antes de Girls es tal vez, además de Dunham, quien más ha sentido los efectos positivos de Girls. En los años en que se ha emitido la serie Driver pasó de ser un buen actor sin mucho trabajo y con rasgos particulares (vamos, que nadie le hacía audiciones para protagonista) a ser el hijo de Han Solo y Leia… vaya salto. Ya en 2012, Driver trabajó con directores indie reconocidos en proyectos artísticos de calidad pero poco alcance como Frances Ha (Noah Baumbach) y en películas con más cobertura y con directores que ya son instituciones como Inside Llewyn Davies de Joel y Ethan Coen o Lincoln de Steven Spielberg. Los papeles no eran grandes, pero le ganaron atención. Siguieron películas como While We’re Young (Noah Baumbach),  Tracks (John Curran) o This is Where I Leave You (Shawn Levy) y de repente, el rol que te cambia la vida –porque nadie en su sano juicio pensaría que no lo hace: Kylo Renn en la nueva saga de episodios de Star Wars. Y así Driver es ahora un actor de alta gama. Trabaja con Martin Scorsese en Silence y con Jim Jarmush en Paterson en 2016 y tiene proyectos pendientes con Steven Soderbergh, Sylvester Stallone, Terry Gilliam, además de la siguiente entrega de Star Wars.

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Marnie | Fotograma de HBO

Alison Williams (Marnie Michaels)

Una de las girls más detestada por los fans de la serie también ha estado metiendo los pies en las aguas del cine. Williams apareció en la versión, grabada en vivo y en modo musical, de Peter Pan que hizo NBC en 2014 y este año protagonizó, junto a Daniel Kaluuya, Bradley Whitford y Catherine Keener, el fenómeno de terror en que se ha convertido Get Out, película dirigida por Jordan Peele (sí, de Key & Peele) que se ganó a los críticos y a las audiencias por igual. Williams no ha anunciado aún nuevos proyectos (y esa chuleta de trampa que es IMDB.com no tiene nada previsto para ella tampoco). Pero es poco probable que se quede mucho tiempo sin nada que hacer.

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Jessa | Fotograma de HBO

Jemima Kirke (Jessa Johansson)

Jemima ha sido amiga de Dunham desde hace años, desde la primera juventud. Ya aparecía en Tiny Furniture (la película que le ganó el contrato con HBO), pero nunca se ha tomado la actuación como algo muy serio, porque es artista visual. Dunham ha dicho más de una vez que Jessa se parece a Kirke (una versión exagerada claro, igual que Hannah lo es de ella) y comparte con ella esa soltura con la que asume la vida. Kirke, que se casó a principios de sus veintes -actualmente está separada-, es madre de dos niños, Rafella y Memphis. Kirke, junto a Dunham, posó el año pasado en una campaña sin retoques para la marca de ropa interiore Lonely Lingery. Entre sus proyectos futuros está la película Untogether de Emma Forrest.

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Shoshana | Fotograma de HBO

Zosia Mamet (Shoshana Shapiro)

Zosia es hija del famoso dramaturgo, guionista y director, David Mamet por lo que su vida ha estado siempre algo ligada al espectáculo. Desde que terminó de estudiar su bachillerato comenzó a dedicarse a la actuación y tras interpretar a Shoshana en Girls ha obtenido varios trabajos en cine, Wiener-Dog (Todd Solondz) por ejemplo, y ha producido un cortometraje y un largometraje llamado Kate Can’t Swim. Después de la serie tiene varios proyectos alineados y puede que uno de los más emocionantes sea interpretar a Patti Smith en Mapplethorpe, tiene otras dos películas en preproducción y una terminada: The Boy Downstairs.

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Ray | Fotograma de HBO

Alex Karpovsky (Ray Ploshansky)

El más adulto, no sólo por edad numérica sino por su forma de enfrentar la vida, de todos los personajes de Girls, Karpovsky también conocía a Dunham con anterioridad (también aparece en Tiny Furniture) y ha sido siempre una presencia en el cine indie de bajo presupuesto. Ya con Girls su currículo se amplió bastante, pero siempre un poco en ese universo casi underground. Luego tiene dos películas con los hermanos Coen, Inside Llewyn Davies y Hail Cesar! y participó en una película de Netflix: Girlfriend’s Day, protagonizada por Bob Odenkirk (Better Call Saul). Tras Girls tiene pendiente los estrenos de Rosy, de Jess Bond, y Folke Hero & Funny Guy, de Wyatt Russell.

¿Qué será de los actores de Girls ahora que se acaba la serie?
“Hi, my name is Elijah Krantz” | Fotograma de HBO

Andrew Ranells (Elijah Krantz)

Krantz era posiblemente el más conocido del reparto de Girls (aunque nunca había hecho televisión) en sus comienzos, por lo menos para las personas que habían pisado Broadway. Ya en 2012, Ranells había formado parte, y en un caso protagonizado, tres musicales en el mayor escenario del mundo: Hairspray, Jersey Boys y The Book of Mormon (por la que lo nominaron a un Tony). Ranells también había hecho voces para series animadas como Pokémon o Yu Gi Oh! y había participado en algunas películas como Sex and The City 2, Bachelorette y protagonizado la serie de corta vida The New Normal. Tras entrar al reparto de Girls, Ranells ha seguido arrasando con esa mezcla de vulnerabilidad y sarcasmo que tan bien sabe hacer. Apareció en The Knick, Another Period y Why Him? Para el futuro Ranells no tiene planes específicos, o eso comentó en la entrevista extensa que le hizo New York Magazine por el final de la serie. Lo que quiere es encontrar un buen proyecto y está en su búsqueda.

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13 razones para ver 13 Reasons Why

Cecilia de la Serna

Foto: Netflix

Este artículo contiene algunos spoilers sobre la serie 13 Reasons Why de Netflix. Sin embargo, deberías leértelo.

13 Reasons Why (en español, Por Trece Razones) es el último e inesperado éxito de Netflix. Esta serie que relata desde el punto de vista de su protagonista el suicidio de Hannah Baker, y las razones que se esconden detrás de éste, es la nueva sensación entre los más jóvenes. Su argumento es sombrío y dramático, y se ha postulado con sus 13 capítulos como una de las grandes series sobre la adolescencia. Trata temas tan dispares como la relación entre hijos y padres, entre adolescentes y tecnología, el bullying o la sexualidad. Es la última gran historia sobre la Generación Z, y tenemos 13 razones para verla.

 

1. Selena Gómez está detrás de este proyecto

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Selena Gómez posa junto a parte del elenco y del equipo de 13 Reasons Why. | Foto: Steve Cohn/Invision for Netflix/AP

Empezamos por el más superficial de los motivos, al menos en apariencia. Selena Gómez no ha dudado en ponerse al frente de este proyecto, tan conmovedor como certero. Gómez sabe muy bien de lo que habla la serie. La propia cantante, que hoy en día mueve a grandes masas de gente con su música, ha sufrido en sus propias carnes el bullying y el acoso a través de las redes sociales. También ha sufrido una enfermedad autoinmune y una depresión que la apartaron durante varios meses de los escenarios.

2. Su banda sonora es increíble

La banda sonora de 13 Reasons Why combina a la perfección temas de los ochenta –al final la serie juega con acierto con la estética más vintage a través de las cintas en las que Hannah relata sus motivos para suicidarse-, con música más actual. Incluye canciones de grupos mainstream e indies como M83, Joy Division, Angel Olsen, The Kills, Chromatics o Codeine. Cada episodio tiene el cierre perfecto con la canción idónea.

3. Es una serie sobre adolescentes pero para todos los públicos

13 Reasons Why es una serie adolescente, pero no necesariamente para adolescentes. A pesar de las crudas escenas que muestran sus 13 capítulos -una crudeza que, por cierto, va in crescendo en la trama, la serie ha tenido un éxito notable especialmente entre los más jóvenes. No obstante, es una serie para todos los públicos -excepto los más pequeños, es evidente- porque trata temas que tocan a cualquier generación. El argumento de 13 Reasons Why se centra en Hannah -una chica de 17 años- y su suicidio, pero a través de sus vivencias y de las de sus compañeros, refleja las complejas relaciones entre padres e hijos, profesores y alumnos, en definitiva: adultos y adolescentes. La serie muestra, por ejemplo, todo un crisol de padres: más o menos despegados, más o menos comprensivos, más o menos abiertos, e incluso muestra los ‘no-tan-nuevos’ modelos de familia como las homoparentales o las monoparentales. Las relaciones entre padres e hijos se tornan igual o más complicadas que los modelos de padres que la serie presenta, y logra una certera reflexión sobre la crisis del modelo a seguir o la brecha generacional.

4. Reflexiona acerca de nuestra relación con la tecnología

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Clay mira extrañado la cinta de cassette grabada por Hannah. | Foto: Netflix

La tecnología cobra bastante importancia en la trama. Resulta curioso que Hannah Baker decidiera contar su suicidio en cintas de cassette -de hecho, a Clay, segundo protagonista de la serie, se le complica el escucharlas por no disponer de un reproductor-. Si echamos la vista atrás apenas 10 o 15 años, es indescriptible cómo la tecnología se ha apoderado de prácticamente cada rincón de nuestra vida diaria. Como todo en la vida, el uso de las nuevas tecnologías tiene su parte buena y su parte mala. En este caso, está directamente relacionada con el objeto central de esta trama: el bullying.

5. Pone cara al drama del acoso escolar

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Hannah Baker, la ‘protagonista muerta’ de 13 Reasons Why. | Foto: Netflix

Según un reciente estudio de la Unesco, dos de cada diez alumnos sufre acoso escolar en el mundo. Se habla mucho de bullying, pero pocas veces se le pone una cara humana a esta problemática. Y, muchas menos, se hace con la influencia que puede tener una ficción de uno de los grandes del streaming digital. Lo que ha logrado 13 Reasons Why es personalizar el drama del acoso escolar en Hannah Baker, y en el resto de personajes que también lo sufren. El miedo, el aislamiento, el sentimiento de incomprensión, son algunas de las sensaciones y vivencias con las que miles de adolescentes se sienten identificados, y que la serie logra encarnar. Esto no sólo genera debate en torno a un problema que, como en la trama, puede acabar en suicidio, sino que puede concienciar de este drama tanto a acosados como a acosadores.

6. Es un alegato contra el machismo

Los problemas que afectan a la protagonista los provocan tanto hombres como mujeres, pero casi siempre hay detrás una idea de machismo. Los patrones que marcan muchas de las relaciones de la serie reflejan una concepción sexista de la sociedad. Por ejemplo, en uno de los capítulos uno de los chicos del instituto de Hannah hace una lista de nombres de chicas basándose en criterios tan superficiales sobre quién tiene mejor o peor culo, o peor o mejor sonrosa… y esto destroza a Hannah, a pesar de estar entre las mejores. Este tipo de actitudes, así como la violencia sexual, ponen de manifiesto que el machismo sigue latente entre los más jóvenes.

7. Habla sin tapujos del descubrimiento de la sexualidad 

La adolescencia es una etapa vital que se caracteriza por el descubrimiento de elementos clave para el desarrollo de una persona, y uno de esos elementos es la sexualidad. La serie trata no sólo cómo los personajes descubren su propia sexualidad, sino cómo viven la introducción a la vida sexual. Temas como la virginidad o la orientación sexual están presentes a lo largo de la trama.

8. Trata el suicidio sin tabúes

Desde el principio mismo del primer capítulo sabemos que Hannah Baker se ha suicidado, lo que no conocemos es cuáles son las razones le han llevado a acabar con su vida. La muerte planea sobre los personajes durante toda la serie, y se va rompiendo el tabú que presenta. El suicidio puede ser un tema difícil de tratar, especialmente cuando se da entre personas que están “en la flor de la vida”, cuando todavía les queda por descubrir un mundo de posibilidades. No obstante, 13 Reasons Why muestra sin pudor una escena de suicidio, y lo que es más importante, se centra en qué pasa por la cabeza de una niña de 17 años que no tiene ganas de seguir adelante.

9. Expone la cultura de la violación

13 Reasons Why no incluye una escena de violación, sino dos. Hace tal hincapié en ello que lo que hace, al final, es exponer al mundo la cultura de la violación. Sorprende ver a chavales de 17 o 18 años normalizando una situación de abuso sexual, o cubriendo las espaldas a un violador. La serie pone sobre la mesa un problema muy común: la víctima no lo tiene fácil para denunciar, y el violador suele sentirse impune.

10. Subraya la importancia de la verdad

La idea que subyace bajo las 13 razones de Hannah Baker para suicidarse es la búsqueda constante de la verdad. Su verdad, al menos. En un mundo donde la famosa posverdad es un mal generalizado, la realidad parece infravalorada. En 13 Reasons Why, la verdad es el fin último de sus protagonistas.

 

11. Crea conciencia en torno a nuestras propias vidas

Una historia así no tiene por qué ser extrapolable -por ejemplo, en España los institutos no funcionan como las highschools norteamericanas-, pero el amplio abanico de personalidades y situaciones que presenta puede servir de ejemplo de situaciones reales. La ficción puede enfrentarnos a nuestra propia vida, y hacer que nos veamos reflejados en las tramas que presentan los guiones. Por ello, que 13 Reasons Why haya triunfado entre los adolescentes es un hilo de esperanza que no podemos obviar.

12. Recuerda a los adultos lo complicada que puede llegar a ser la adolescencia

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Tyler Down, víctima y verdugo de 13 Reasons Why. | Foto: Netflix

A veces hablamos de “la edad del pavo” con cierto desprecio, ésta y otras expresiones sirven para justificar algunas actitudes de la adolescencia. Como hemos explicado antes, esta es una etapa de la vida repleta de descubrimientos. La adolescencia es principalmente una época de cambios, y suele suponer un golpe: pasar de la inocencia del niño al a menudo feroz mundo adulto no es fácil, y no está de más recordárselo a los más mayores.

13. Tiene un final abierto

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La primera temporada de 13 Reasons Why deja varias tramas abiertas. | Foto: Netflix

El final de 13 Reasons Why es lo que todo buen amante de grandes historias puede soñar: abierto. Invita a una segunda temporada, de la que ya se ha especulado -la propia Selena Gómez ha confirmado que lo están estudiando-, y deja un montón de tramas inconclusas. Una razón más para disfrutar de una buena historia que tiene visos de continuar.

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