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Los 'millennials', la nueva e imprescindible cara de las protestas en Venezuela

Cecilia de la Serna

Foto: Carlos Garcia Rawlins
Reuters

Los jóvenes suelen ser protagonistas en los grandes movimientos sociales, como en los últimos años hemos podido presenciar en acontecimientos como la Primavera Árabe o el 15-M español. Ya en 2002, en Venezuela, muchos universitarios se levantaron contra el entonces presidente Hugo Chávez. No obstante, hace 15 años esos jóvenes aún formaban parte de una generación que había conocido la Venezuela pre chavista. Hoy, los rostros más frescos pertenecen a los millennials, que han crecido bajo la revolución que desde 1999 rige el país latinoamericano.

Los millennials y post-millennials, también denominados ‘Generación Z’, jóvenes nacidos durante la era del chavismo -y que por lo tanto no han conocido otra cosa-, adoptan un papel principal en esta nueva oleada de protestas, provocadas por una importante crisis política y socioeconómica, y que desde hace dos meses se han saldado con más de 60 víctimas mortales. Muchas de ellas eran personas de corta edad. Soñadores con un futuro mejor, o hastiados con la situación que vive su país, que luchaban por lo poco que les quedaba por perder.

Un cambio de parecer generalizado

Johan es un joven de 22 años que acude a las protestas que invaden Caracas desde hace semanas con su hijo de 2 años. Johan, como muchos otros, fue un fuerte defensor del presidente Chávez, e incluso luce un tatuaje en el brazo con la firma del mandatario chavista. A su juicio, “el camino se desvió”, por eso protesta. “Estoy aquí por mi derecho al voto, ya debería haber elecciones. Estoy aquí por mi derecho al trabajo, estoy aquí por mi país y por mi hijo”, puntualiza a la agencia EFE, indicando que ahora “hay guerreros del barrio, hay guerreros de clase media, hay guerreros de todo tipo” porque “la lucha es por un solo país”.

La fuerza opositora en Venezuela no entiende de edades. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters
La fuerza opositora en Venezuela no entiende de edades. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters

Johan no es el único decepcionado, sino que es uno de tantos a los que vendieron el sueño bolivariano como una ruta hacia la libertad y la cohesión social, como una utopía con visos a la igualdad entre todos los venezolanos. Forma parte de esa generación de hijos del chavismo, hijos de un movimiento que convenció rápidamente a una mayoría importante del pueblo de Venezuela. Ahora que ese movimiento se revela caduco y fallido, los que defendían las ideas del fallecido Hugo Chávez, apoyando sus esperanzas en él, cambian de parecer y se levantan ahora contra quien consideran un tirano, Nicolás Maduro.

Jóvenes con un porvenir incierto

Para el presidente del Comité de Alianza Social de la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria, “los jóvenes son fundamentales para construir una sociedad sana, tanto en el entorno de hoy, como en el porvenir”. En un marco como el actual, con el drama de la muerte mezclado con el fervor de la lucha, que los jóvenes se pongan en cabeza es fundamental. Ellos deben construir un futuro incierto.

Los más jóvenes toman parte activa en las protestas en Venezuela. | Foto: Nelson Ovalles / El Estímulo
Los más jóvenes toman parte activa en las protestas en Venezuela. | Foto: Nelson Ovalles / El Estímulo

Según un estudio del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), en las protestas que vive el país hay “un protagonismo de una generación de activistas millennials, que tiene como referentes la cultura digital, los videojuegos, los cómics, las series de televisión y las películas, así como referentes sociales más recientes como la Primavera Árabe”. Además, estos jóvenes también se inspiran en la Euromaidán, la revolución en Ucrania que en su clímax derrocó al presidente electo Víktor Yanukóvich.

Un 23% de los millennials venezolanos no trabaja ni estudia, y un 44% no termina siquiera bachillerato

El propio porvenir de los millennials es el que está en juego, y tomar las riendas de su futuro se revela imprescindible. Según la ONG venezolana RedSoc, un 23% de los millennials del país latinoamericano no trabaja ni estudia, y un 44% no termina siquiera bachillerato. Otros tantos han huido de Venezuela, buscando allende un futuro más prometedor. Los que están fuera son conscientes también de la desesperación que vive estos días su país, cuyas noticias copan portadas e informativos en el extranjero.

Los adolescentes también alzan su voz en las protestas en Caracas. | Foto: EMILY AVENDAÑO / El Estímulo
Los adolescentes también alzan su voz en las protestas en Caracas. | Foto: EMILY AVENDAÑO / El Estímulo

Cabe destacar que gran parte de la masa de multinacionales que operaban antaño en Venezuela, como Microsoft, el grupo Ford, la petrolera Royal Dutch/Shell o Coca-Cola, entre otras, ha abandonado el país, dejando huérfanas las esperanzas de trabajo para miles de jóvenes.

Internet como agente del cambio

El acceso a Internet en Venezuela es pésimo. Lo denuncian diversas ONGs, entre ellas las 15 que a mediados del pasado año pusieron énfasis en la “grave crisis” del sector de las tecnologías de información y comunicación en el país latinoamericano, y lo viven a diario los venezolanos para los que conectarse supone un auténtico calvario. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un organismo dependiente de Naciones Unidas, remarcó ya en 2015 que Venezuela estaba entre los últimos países en velocidad de descarga del continente, junto con Bolivia y Perú. La situación no ha hecho más que empeorar, y no parece una casualidad. Los medios de comunicación digitales, así como las redes sociales, se han convertido en el único canal fiable para entender lo que ocurre en el país, donde los medios oficiales no informan de las protestas.

La red es la última oportunidad en Venezuela para no perderse en un mar de desinformación

Los medios digitales venezolanos los encabezan hoy en día reputados periodistas, como es el caso de La Patilla, El Estímulo, Runrunes y Efecto Cocuyo, entre otros, mientras que los medios oficialistas han caído en el descrédito para la mayoría de la población. El gobierno de Maduro, en su afán de controlar la información, ha cerrado y comprado medios, ha encarcelado y amenazado a periodistas, y ahora -según denuncian los opositores- quiere bloquear el acceso a otras formas de información, aquellas que residen en la red. A pesar de las dificultades de conexión a las que se enfrentan los venezolanos, día tras día acuden a la red para conocer el estado de las manifestaciones, las detenciones, o las víctimas de las protestas. Es su última oportunidad para no perderse en un mar de desinformación.

Las redes sociales se han inundado de imágenes de las protestas en Venezuela. | Foto: Marco Bello / Reuters
Las redes sociales se han inundado de imágenes de las protestas en Venezuela. | Foto: Marco Bello / Reuters

A través de redes como Twitter, los opositores convocan las marchas, y además difunden las imágenes más crudas de la represión. En algunas ocasiones, los internautas venezolanos tienen que acudir a la imaginación y a la trampa para eludir los métodos represores y censores del gobierno de Maduro. En la oleada de protestas de 2014, los usuarios recurrieron a TunnelBear, una VPN, para evitar el bloqueo del gobierno sobre algunas webs y servicios -como las fotos de Twitter-. Las aplicaciones VPN (red privada virtual) permiten a sus usuarios conectarse a Internet como si estuvieran en otro país, de manera que pueden acceder a contenidos que están bloqueados en su propio país. Finalmente, el gobierno bloqueó también TunnelBear para evitar que los internautas lo utilizaran para librar la censura.

Los esfuerzos censores del gobierno, o la pésima calidad de la conexión, no son obstáculos insalvables. La generación más joven es consciente de ello y participa incansablemente de la conversación en redes. Incluso se convierte en el reportero de campo, en el periodista inesperado. Es el caso de decenas de jóvenes que convierten sus redes personales en agencias improvisadas de noticias. Por ejemplo, Salvador Benasayag H, un joven periodista de 22 años que desde su cuenta personal de Twitter mantiene una cobertura muy ágil que ha logrado el seguimiento de más de 4.000 personas.

Las redes también tienen su lado oscuro. En este caso, las noticias falsas y la desinformación corren con facilidad en un clima de caos informativo. Por eso es importante saber a quién seguir y qué leer para no perder el hilo.

12.000 jóvenes perdieron la vida en 2016, y el 77% quiere emigrar

Ante los obstáculos que presentan esta desinformación y la manipulación -las autoridades siguen afirmando que la violencia la provocan los manifestantes-, los jóvenes no cesan en su empeño de emprender una lucha que se adivina imparable si la represión del gobierno no logra lo que desea, que es acallar las voces a base de balazos y bombas lacrimógenas.

Los opositores más jóvenes se enfrentan con constancia a la represión de las marchas. | Foto: Marco Bello / Reuters
Los opositores más jóvenes se enfrentan con constancia a la represión de las marchas. | Foto: Marco Bello / Reuters

La disyuntiva de una generación

El drama en Venezuela trasciende la actual oleada de protestas. 21.752 personas fallecieron en 2016, según cifras ofrecidas por la Fiscalía General, de las cuales más de 12.000 eran jóvenes. Por otro lado, según resultados de una encuesta de la firma Datos, el 77% de los jóvenes de entre 18 y 21 años quiere emigrar. Otros muchos se han marchado ya. El hambre, la falta de medicamentos, la delincuencia generalizada o la violencia extrema hacen que el país sea insufrible. Ahora los millennials y post-millennials venezolanos están ante la disyuntiva de ser una generación perdida o seguir luchando hasta encabezar una nueva era. Save

Cómo los millennials árabes cambiaron el Mediterráneo

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Nasser Nasser
AP Photo, File

Los jóvenes que nacieron entre 1982 y 2004, los llamados millennials y postmillennials, serán más del 70% de la fuerza laboral del mundo desarrollado en 2025. No todos los grupos de adolescentes y veinteañeros producen movimientos históricos centrados en su identidad juvenil, pero parece que los millennials árabes lo hicieron. Hace seis años una juventud urbana irrumpió en el escenario, empujada por el malestar social y económico y por el descubrimiento de nuevas expectativas vitales, frente a unos regímenes cuyo único interés era perpetuarse en el poder.

En el el marco del Arabismos: Festival de jóvenes creadoresCasa Árabe en Madrid organizó una conferencia en la que participaron Juan Cole, intelectual público, prominente blogger y ensayista, y profesor de Historia en la Universidad de Michigan, y Nessrin el Hachlaf, licenciada en Derecho y Periodismo y miembro del Observatorio de Justicia y del Observatorio Euromediterráneo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ambos expusieron su particular punto de vista sobre estas revueltas.

Egipto y Túnez, revueltas con final agridulce

Cole asegura que las revoluciones en estos países fueron impulsadas por jóvenes, con apoyo de la clase trabajadora y que su principal preocupación actual es el terrorismo, pero con una concepción diferente a la de occidente, en la que prima el terror y el miedo. Las siguientes preocupaciones son el empleo, la seguridad y la política. Asimismo, considera que los periodistas han interpretado erróneamente estos movimientos y que el motivo fundamental de los revolucionarios no era conseguir una democracia al estilo occidental. Los jóvenes creían que los gobiernos corruptos estaban acabando con el empleo y las inversiones extranjeras, algo que se sabe por unas filtraciones de WikiLeaks de 2006.

“De hecho, McDonald’s intentó implantarse en Túnez, pero el gobierno de Ben Ali le pidió un soborno a la compañía, por lo que esta se negó y no llegó a entrar en el país africano, aunque quizá esto fue algo bueno para la salud de los tunecinos”, bromea Cole.

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Un manifestante durante las revueltas en Egipto de 2011 | Foto: Muhammed Muheisen/AP Photo File

Según este experto estadounidense estos movimientos no se fundaron con un fin religioso. Los laicos lideraron las revueltas en Egipto, a los que se unieron posteriormente los Hermanos Musulmanes. Las estadísticas indican que solo un 25% de los revolucionarios de Tahrir pertenecían a los Hermanos Musulmanes. A esto se le añade que “en países como Palestina o Túnez un gran porcentaje de los jóvenes no se sienten identificados con los islamistas, los consideran anquilosados, anticuados y que no avanzan”.

Las principales causas que impulsaron las revueltas de 2011-2013 de los millennials árabes fueron la corrupción y las denominadas “monarquías republicanas”, es decir los regímenes autoritarios hereditarios, como el de Bashar Al Assad. “Se puede decir que la llamada Primavera Árabe no fue perfecta, pero los jóvenes consiguieron acabar con las ‘monarquías republicanas’ hereditarias, como las de Gadafi, en Libia, o las de Ben Ali en Túnez”.

Lo que está claro es que los jóvenes no pudieron tener éxito sin apoyos. Los millennials que participaron en estas revueltas eran de clase media, pero con apoyos de los sindicatos y de los trabajadores. Un ejemplo claro es el Movimiento 6 de abril, que surgió a causa de una huelga de trabajadores de la industria textil en Egipto. La muhabarat – policía secreta – no dejó manifestarse a los trabajadores de  Al Mahalla en El Cairo, pero los jóvenes pudieron grabar vídeos de la represión y de esta situación con sus smartphones y compartirlos en internet. Más tarde, cadenas como Al Jazeera los difundieron a más de 20 millones de espectadores.

Cómo los millennials árabes cambiaron el Mediterráneo
Manifestantes pisan un cartel con la efigie de Ben Ali | Foto: Hassene Dridi/AP Photo Dile

Uno de los casos más sonados en Egipto fue el de Khaled Said, un joven egipcio con estudios en Estados Unidos, bloguero en Egipto y perseguido por la policía. Los revolucionarios afirman que le perseguían por recoger en su blog los abusos policiales que se llevaban a cabo en Egipto, mientras que las Fuerzas de Seguridad del entonces presidente Hosni Mubarak, aseguraba que lo hacía porque Said consumía drogas.

El 6 de junio de 2010, Said se encontraba en un cibercafé de Alejandría cuando llegó la policía y le obligó a salir a la calle, lo llevaron a un callejón, y acabaron matándolo a golpes. Cuando su familia tuvo que ir a la morgue a identificar el cadáver, su hermano no dudó ni un momento en sacar una foto, que no tardó en hacerse viral en las redes y generó protestas que derivaron en la revolución egipcia que acabaría derrocando el 11 de febrero de 2011 a Mubarak.

En cuanto a Túnez ,el caso más sonado y que también fue la mecha que prendió fuego a la revolución en el país fue el de Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante tunecino que se inmoló -se plantó delante del Ayuntamiento y se quemó vivo– el 17 de diciembre de 2010; esta fue su forma de protestar por la confiscación de su puesto de frutas y la humillación que dijo haber recibido de los oficiales municipales cuando fue a presentar una queja por este hecho. Fue un caso muy mediático y desencadenó en protestas que llevaron a las revueltas en el país y a la huida del dictador Zine El Abidine Ben Ali a Arabia Saudí.

Una de las principales tácticas de las revueltas en ambos países fue usar los flashmob como herramienta política, con quedadas en la Plaza de Tahrir de El Cairo o la avenida Habib Bourguiba de Túnez.

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Una manifestante durante las protestas de 2011 en El Cairo | Foto: Amr Nabil/AP Photo File

En Túnez, según asegura Cole, al principio tan solo un 25% de los jóvenes conocía las quedadas y manifestaciones por redes sociales, el resto lo hacía a través de llamadas, del puerta a puerta o de panfletos. Este uso de las nuevas tecnologías y de las maneras tradicionales hizo que triunfaran las revueltas.

Si bien es cierto que con estas revueltas se consiguieron algunas mejoras, según Cole, los jóvenes fueron un poco ingenuos, tras haber cumplido bien la primera parte de las protestas, pero despreocupándose de la segunda parte, las elecciones políticas, pasando el testigo a generaciones mayores. Incluso algunos jóvenes no tenían la edad necesaria para votar.  Esto derivó en el triunfo en las urnas de los partidos de derechas y los islamistas.

Para combatir estos nuevos gobiernos islamistas (Enahda en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto), los jóvenes volvieron a salir a las calles a protestar. El final en Egipto fue una regresión al antiguo régimen y un Gobierno militarizado y represor, sin haber avanzado en derechos. En Túnez, “el final fue más feliz”, con la reforma de la Constitución.

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Carros de combate en las inmediaciones de la Plaza Tahrir de El Cairo | Foto: Rodrigo Isasi

15M, la “primavera española”

“Crecimos con la caída del muro de Berlín, con la muerte de Kurt Cobain, con las olimpiadas de 1992. Nuestros padres no nos dejaron usar el móvil hasta que teníamos 16 años, pero somos adictos a él, a las redes sociales. No somos una generación dormida, como dicen de nosotros”. Así se expresa Nessrin el Hachlaf sobre los millennials españoles, y no duda en hacer una comparación de estos movimientos revolucionarios árabes con los que ocurrieron en España.

“En España nacimos en una sociedad distinta a la de nuestros padres, más estable, pero de repente chocamos con la crisis económica”. El Hachlaf también asegura que la diferencia con la generación anterior es que ellos trabajaban para sobrevivir, pero que los millennials trabajan para “vivir bien”.

El 53% de los millennials españoles, según datos de la conferenciante, tiene formación universitaria, y muchos de ellos se han visto obligados a emigrar al extranjero para “acabar trabajando en los empleos que hacían los inmigrantes en España durante la década de los 90”.

“Es una generación narcisista que quiere vivir por encima de sus posibilidades”

Según Nessrin, los millennials españoles crecieron con el 15M pero “defraudados por la democracia y la política, algo que tampoco han conseguido arreglar nuevos partidos  como Podemos o Ciudadanos”. Ante esto, los jóvenes españoles no sienten pereza por la política, pero sí por “sus políticos y por la corrupción”.

Antes se decía que no había esperanza en la política pero sí en la Justicia, en la actualidad, esto ha cambiado. “Como jurista estoy perdiendo la fe en la Fiscalía”, dice Nessrin. “Los fiscales ya no están libres de pecado”, añade.

Es verdad que las redes sociales han permitido cambiar las cosas, realizar mayores llamamientos colectivos de protestas pero, “detrás de una pantalla no se puede luchar contra la brecha salarial, la guerra en Siria, la violencia de género…”. Para Nessrin tanto el 15M como la Primavera Árabe han sido “oportunidades fallidas” y, en el caso de los países árabes, “han acabado dando mayor visibilidad a los islamistas”. “Por muchos tweets que realicemos y acampadas en Tahrir o en Sol que hagamos, no vamos a conseguir nada. Las revueltas han sido un fracaso”.

España es también un país que no cumple con las cuotas de refugiados. “Ojalá (la alcaldesa de Madrid) Carmena quitara la pancarta de ‘Refugees Welcome‘ y la pusiera cuando se cumplan las cuotas y no se niegue el asilo a miles de refugiados y no se les deje morir en las fronteras”, asegura Nessrin.

Generación Z: allí donde está la esperanza

Cecilia de la Serna

Foto: LUCY NICHOLSON
Reuters

En los últimos años, sociólogos, estudios de mercado y medios de comunicación han centrado su atención en la generación Y: los famosos millenials. Esta generación ha sido tildada de desentendida, conformista, narcisista, egoísta… En todo caso, el perfil que se ha realizado de aquellos nacidos entre 1980 y 1993 no ha sido nada alentador, desdibujando así cualquier atisbo de un futuro prometedor. La generación que le sucede es la Z -la de aquellos nacidos entre 1994 y 2010, aproximadamente-, y es exactamente la generación a la que debemos prestar toda nuestra atención ahora. La razón es sencilla: son los que coparán el mercado laboral de aquí a diez años, y son definitivamente la gran esperanza en la que depositamos nuestro futuro como sociedad.

Englobar la manera de ser de toda una generación no es fácil, y puede ser incluso frívolo, pero los estudios ya empiezan a dibujar a una generación dispuesta a romper esquemas hasta hace años inquebrantables.

Los hijos de la crisis en un mundo emprendedor

La generación Z ha nacido y crecido durante una crisis económica mundial que ha hecho tambalear los cimientos del sistema de la economía global. La Gran Recesión de 2008 ha afectado a su entorno más cercano, y ha marcado con fuego sus personalidades. Optan a unos sueldos bajos, y son conscientes de ello, por lo que su relación con el dinero ha cambiado. Según un informe publicado por la Universidad de Deusto y la consultora Atrevia, estos jóvenes “quieren disfrutar de las cosas, pero no quieren tenerlas”.

Es un cambio de mentalidad que los condiciona a varios niveles. Por un lado, no creen en un sistema caduco. Eso se traduce en, como explica el informe de Deusto y Atrevia, un destierro de “la educación formal para centrarse en proyectos de aprendizaje más vocacional”. Es decir, que la generación Z rechaza la educación como un medio de supervivencia. Esto rompe totalmente con su antecesora, y es que los millenials han buscado la forma de prolongar sus periodos educativos haciendo un sinfín de carreras y masters universitarios.

Son conscientes de que un alto nivel educativo no garantiza una remuneración multimillonaria

Para la generación Z prevalece la inteligencia y el conocimiento sobre la tecnologíafrente a la educación tradicional, y es mucho más emprendedora e innovadora que sus predecesoras. Las prioridades cambian, y ya no es primordial ganar mucho dinero -una aspiración que tampoco desdeñan-, sino trabajar en algo que disfruten, coger uno de sus hobbies como modo de vida, y marcar la diferencia para cambiar el mundo. Son conscientes de que un alto nivel educativo no garantiza una remuneración multimillonaria.

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Varios jóvenes británicos reaccionan al resultado del referéndum del Brexit en Reino Unido. (Foto: POOL New / Reuters)

Los jóvenes que coparán el mercado laboral en la próxima década no buscan un trabajo fijo -una idea que nunca ha rondado su cabeza- sino dar con un empleo acorde a su personalidad y tener la oportunidad de crecer profesionalmente. Y si para ello han de emprender nuevos proyectos, crear nuevas compañías y ser sus propios jefes, lo harán sin reticencias. En definitiva, la generación Z quiere emprender y ser dueña de su propio futuro.

Una relación rompedora con la tecnología

La tecnología es un factor fundamental que condiciona la forma de ser de la generación que viene, que nació prácticamente con un móvil o una tablet debajo del brazo. Estos jóvenes reciben más de 3.000 mensajes de texto o whatsapps al mes, y pasan en torno a siete u ocho horas al día conectados a internet a través de sus dispositivos móviles. Estas cifras estratosféricas, nunca antes vistas, determinan sus personalidades de forma crítica.

La generación Z es concisa, si quieres llegar a ellos deberás ser breve e ir directamente al grano. Su capacidad de atención gira en torno a los 8 segundos

Entender su relación con la tecnología es entender su manera de ver la vida. Por ejemplo, la generación Z es concisa, si quieres llegar a ellos deberás ser breve e ir directamente al grano. Su capacidad de atención gira en torno a los 8 segundos, más allá de ese tiempo no les interesará lo que les cuentes. Esto tiene sus ventajas y sus desventajas, y explica por qué es una generación que prefiere redes como Instagram o Snapchat a Facebook o Twitter.

El vídeo es el rey, el 70% de los Z pasa dos horas diarias viendo vídeos en YouTube

Su relación con las nuevas tecnologías ha dejado huella en su forma de recibir y dar información, también periodística. “La información es más flexible, fusionable y compartida que nunca, lo que da como resultado una generación más capaz de adaptarse a tareas más diversas y a entornos de trabajo multiculturales y de ámbito global”, señala el informe de Deusto y Atrevia.

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Una joven retransmite en directo un discurso de Donald Trump durante las elecciones norteamericanas. (Foto: Gary Cameron / Reuters)

En cuanto al formato en el que prefieren recibir dicha información, siguen la estela de sus predecesores, los millenials. El vídeo es el rey, el 70% de los Z pasa dos horas diarias viendo vídeos en YouTube. Es una generación muy visual, a la que importa tanto el contenido que le ofrezcas como el continente, el formato, en el que se lo ofrezcas.

La generación que recupera los ideales

Esta generación es sorprendentemente idealista e inconformista. Según una encuesta realizada a 2.000 jóvenes británicos y estadounidenses, que suponen ya el 25,9% de la población, tan sólo el 10% confía en su Gobierno.

Será la generación menos machista, racista y homófoba de la historia

La Gran Recesión ha traído consigo también una tremenda crisis de valores, crisis a la que estos jóvenes desean dar respuesta. Según el informe citado anteriormente, “prestan una mayor tendencia a la colaboración y a ser creativos que generaciones anteriores. Son más tolerantes y plurales, reflejo de su propia diversidad social y cultural”.

La generación que ha nacido con el primer presidente negro de Estados Unidos, que ha crecido con la normalización de la diversidad sexual y racial, ni siquiera se plantea dilemas morales en torno a ese tipo de asuntos. Según los expertos, será la generación menos machista, racista y homófoba de la historia. Los dilemas morales que sí se plantean se centran en la justicia social o el medioambiente, son conscientes de los problemas y están comprometidos con las soluciones.

Los millenials han crecido con una idea de vida falsa y han tenido que soportar la gran desilusión que supone entender que no iban a vivir tan bien como sus padres

Los millenials han crecido con una idea de vida falsa y han tenido que soportar la gran desilusión que supone entender que no iban a vivir tan bien como sus padres. Los Z, no obstante, han crecido con esa idea desechada, lo que les ha permitido centrarse en otros asuntos y cambiar las prioridades. El sistema evoluciona más rápido de lo que pensábamos, y esta generación alcanzará los 2.000 millones de personas, que cambiarán el mundo tal y como lo conocemos hoy día. Debemos adaptarnos, asumir que no son el futuro, sino el presente, y aprovechar la oportunidad de este aire fresco que supone la entrada de la generación Z en la edad adulta.

Venezuela, las voces de una crisis humanitaria anunciada

Redacción TO

Foto: Lidia Ramirez

La rutina en Venezuela: horas de colas y escasez de alimentos

Miriam Ringel, de 45 años, y madre de dos niñas de 12 y 25 años, cuenta a The Objective, cómo en su nevera sólo hay “dos tomates, una cebolla y algo de pescado”. Conseguir comida es imposible en un país donde los alimentos brillan por su ausencia y un pollo, por ejemplo, vale 4.200 bolívares. Teniendo en cuenta que el sueldo mínimo mensual está entorno a 15.000 bolívares, unos 13 euros, y que un kilo de carne equivale a la tercera parte de un salario mínimo, para que una familia de cinco miembros pueda cubrir la cesta de la compra de un mes debe invertir, al menos, 18 salarios mínimos. Y en medio de ese panorama, donde la moneda ha perdido el 99% de su valor desde 2012, el FMI pronostica que los precios subirán un 720% este año y un 2.200% en 2017.

Precios-en-Venezuela

De esta forma, Miriam asegura que lleva más de un mes sin comer carne ni beber leche. Incluso el agua es un lujo en un país donde la del grifo no es potable y en los supermercados hacerte con una botella es todo un triunfo. “En Caucagua hemos estado 19 días sin agua, los vecinos tuvimos que reunirnos y hacer un pozo. Después había que hervirla porque salía sucia”, nos comenta Miriam.

Hacer la compra en Venezuela no es una tarea fácil. Conseguir los alimentos más básicos como leche, harina o pan se ha convertido en toda una odisea que puede requerir muchas horas y esfuerzo debido a la escasez crónica. “Los lunes y los sábados –cuando a Miriam le toca hacer la compra según su libreta de racionamiento– me levanto a las cuatro de la mañana para hacer cola. Eso no me garantiza que vaya a conseguir alimentos, la mayoría de las veces me voy con las manos vacías”.

Cientos de personas esperan en la puerta de un supermercado. (FOTO: Carlos Garcia/Reuters)
Cientos de personas esperan en la puerta de un supermercado. (FOTO: Carlos Garcia/Reuters)

Pero toda esta situación se agrava aún más si de un día para otro, de repente, te quedas en la calle, sin vivienda. Y esto es lo que le ha pasado a esta joven caucagüeña, que tiene dos hijas de 14 y 20 años. Hace siete meses perdía su casa al quedar totalmente destruida cuando un árbol cayó encima y la hizo añicos. “Ahora vivimos en casa de mi suegra. El Gobierno y el Ayuntamiento me dicen que no me pueden ayudar”.

Los colegios: blanco fácil de saqueos

Los datos que aporta la ONG Observatorio de Salud añaden más leña al fuego crítico ya que señalan que el 12% de los venezolanos no tienen acceso a las tres comidas diarias. Los relatos de niños que se desmayan en los colegios son cada vez más frecuentes e incluso un gran porcentaje de pequeños están dejando de ir al colegio. “De esta forma no tienen que madrugar, se levantan tarde y, por lo tanto, no desayunan”,  nos comenta Luisa Pernalete, coordinadora del Centro de Formación e Investigación Fe y Alegría. “Es una comida que se ahorran los padres”, señala Pernalete, quien asegura que nunca ha visto a la gente tan hambrienta en su país. Voz sabia que lleva más de 40 años trabajando en zonas populares al lado de los más desfavorecidos.  “El otro día me contaban como una niña recogía la merienda que le sobraba a sus compañeros del colegio para llevársela a sus padres. Llevaban tres días sin comer”.

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Los robos de comida en los comedores de los colegios cada vez son más frecuentes. “Saben cuando llegan los alimentos de ayuda gubernamental a los centros educativos y los roban”, nos comenta Luisa que además denuncia que hace unas semanas la comida de 450 estudiantes de la escuela Santa Ana fue saqueada.  

Venezuela, se ha convertido en un estado fallido. Porque nunca un país que debería haber sido tan rico ha terminado siendo tan pobre.  Es lo que se llama un colapso social y económico completo. Y esto ha sucedido a pesar de que Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Según la Energy Information Administration, tiene una reserva de 298.000 millones de barriles. Cierto es que el precio del crudo, que ronda los 50 dólares el barril, no ha ayudado. Sin embargo, todos los demás países cuya economía dependen de este combustible han logrado evitar este final destino.

A medida que los precios del petróleo se han desplomado en los últimos dos años, también lo ha hecho la economía, que se encuentra ahora en una severa recesión. Para algunos analistas es el país con peor situación económica en el mundo. El Fondo Monetario Internacional estima que la caída del producto interior bruto durante 2015 y 2016 será de casi un 18%.

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Este país es el resultado de un desastre hecho por el hombre. Un estado corrupto donde dos ex funcionarios aseguran que unos 300 mil millones de dólares han sido objeto de apropiación indebida en la última década. Transparencia Internacional señala al país sudamericano como el noveno país más corrupto del mundo, tan sólo le superan Somalia, Corea del Norte, Afganistán, Sudán, Sudán del Sur, Angola, Libia e Irak.

Caracas, la ciudad más violenta del planeta

Sí, ya está confirmado. Caracas, tras destronar a San Pedro Sula –Honduras–, es la ciudad más violenta del mundo. Con 119,87 homicidios por cada 100.000 habitantes, en 2015 se rompieron todos los récords, 28.750 muertes violentas, según el Observatorio Venezolano de la Violencia.  Y es que la muerte te puede estar esperando en cualquier parte, en cualquier esquina, sin respetar edad, sexo, ni condición. Hace unos días una adolescente perdía la vida en un autobús cuando de repente se desató un tiroteo en la calle. Una bala la alcanzó. “Tenía sólo 17 años y se graduaba en julio”, nos cuenta la coordinadora del centro de formación.

Ciudades-mas-peligrosas-del-mundo
La comparativa con Madrid, por ejemplo, es impactante: la capital española sumó 16 homicidios en todo 2015, cuando en Caracas se ha calculado que la media diaria es de 14 asesinatos.

Casi nada parece imposible en un país donde matar sale gratis y la vida no cuesta nada. ¿La razón? Impunidad, más del 90% de los casos no llegan a juicio. Incluso salvar vidas a veces se puede volver en contra. Es lo que le pasó recientemente a un médico venezolano. Por falta de medios no pudo operar a un paciente al que atendió con un tiro en la pierna. Finalmente, para salvarle la vida, el doctor no tuvo más opciones que amputarle el miembro. Sin embargo, como si de una película de ciencia ficción se tratase, una vez recuperado, el chico estuvo buscando al médico para matarlo. Pues según el joven, le “había dejado sin pierna y debía pagar por ello”.  El chico murió finalmente en una reyerta.

Un agente yace en el suelo tras ser atropellado por un autobús durante una  protesta en San Cristobal. (FOTO: Carlos Eduardo Ramírez/Reuters)
Un agente yace en el suelo tras ser atropellado por un autobús durante una protesta en San Cristobal. (FOTO: Carlos Ramírez/Reuters)

Patricia Yala, periodista venezolana residente en España, también sabe bien las consecuencias de vivir en la ciudad más peligrosa del mundo. En tres ocasiones le robaron su coche a punta de pistola. Además, su madre fue secuestrada cuando volvía de trabajar. Horas más tarde la abandonaron sana y salva en un descampado a cientos de kilómetros de su casa, querían robarle su vehículo. Tuvo suerte, la mayoría acaban en la cuneta de cualquier carretera con un tiro en la cabeza. 

Ahora Patricia ha viajado a su país para llevar a amigos y familiares aquellos productos de primera necesidad que allí son ya imposibles de conseguir. En su maleta no hay lugar para camisetas, vestidos o pantalones; sólo hay espacio para medicinas, aceite, salvaslip, cremas, alimentos…

Maleta de Patricia Yala llena de productos de primera necesidad para llevar a Venezuela.
Maleta de Patricia Yala llena de productos de primera necesidad para llevar a Venezuela.

De esta forma, cada día son más las personas que huyen de Venezuela en busca de mejor calidad de vida, en busca de una vida. Emigrar se ha convertido en la prioridad de un país en el que se vive bajo la amenaza de la delincuencia. Y es que la migración venezolana en el mundo ha crecido hasta alcanzar el millón y medio de personas, de las cuales un 50% se han ido durante los últimos seis años, –200.000 venezolanos viven en España–.  Además, según un sondeo realizado por la empresa DatinCorp,  el 49%  de los 30 millones de venezolanos planea salir del país tan pronto se le presente alguna posibilidad.

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El drama de vivir sin medicinas

Que te diagnostiquen cáncer es una experiencia aterradora. Pero que te diagnostiquen cáncer en Venezuela es sólo el comienzo de una odisea, una batalla por la vida y otra por conseguir medicamentos para mantener el tratamiento necesario.  De acuerdo con la Federación Farmacéutica Venezolana –Fefarven– hay una falta del 95% de los medicamentos en el país suramericano a causa de una deuda de 6.000 millones de dólares que el gobierno de Nicolás Maduro tiene con los productores.

Esto es algo que conoce de buena mano Yasmari Bello, de 39 años. En noviembre de 2014 a esta joven venezolana conferencista le detectaron cáncer de mama. Desde el año pasado vive en un eterno viacrucis en busca de las medicinas que necesita para su enfermedad. De diciembre de 2015 a mayo de este año estuvo sin recibir ningún tipo de tratamiento. “Los médicos aseguran que suspender el tratamiento es tan riesgoso como no haberlo iniciado”, nos contaba una emocionada Yasmari al recordar como a una conocida, también con cáncer de mama, le tuvieron que extirpar los ovarios y el útero además de amputarle la otra mama, cuando los tratamientos que recibía le fueron interrumpidos por falta de medicación.

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Por ello, en un intento desesperado de conseguir uno de los medicamentos más necesarios para este tipo de patologías, Herceptin, Bello ha acudido a las redes sociales [email protected] iniciando una campaña a la que cada vez se suman más personas.

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El pasado 31 de marzo, la imagen de Yasmari Bello llorando en una protesta de pacientes exigiendo medicinas dio la vuelta al mundo. A partir de ese momento pidió no salir más en una foto llorando, porque esta joven venezolana es, según ella misma se define, “vida y alegría a pesar de las circunstancias”. Y eso es lo que transmite: VIDA. En ningún momento de la entrevista Yasmari perdió la sonrisa, una sonrisa que se percibe tras el teléfono con tanta fuerza que traspasó miles de kilómetros y llega en grandes dosis de felicidad a nuestra redacción de la Plaza Santa Ana, en Madrid.  “No podemos estar todo el día quejándonos”, comenta risueña.

Yasmari Bello en una clase de yoga
Yasmari Bello en una clase de yoga.

De esta forma, con el objetivo de abastecer al pueblo venezolano de medicinas, una de las principales defensoras de los Derechos Humanos de Venezuela y esposa del preso político Leopoldo López, ha lanzando una campaña mundial –#RescateVenezuela– con la que llegaba el pasado martes 7 a España. Cientos de madrileños se volcaban con esta iniciativa y la Puerta del Sol de Madrid se llenaba de medicamentos, mascarillas, tensiómetros y guantes esterilizados, recaudándose cinco toneladas de material médico.  Sin embargo, el régimen chavista de Nicolás Maduro niega toda ayuda humanitaria, por lo que Lilian, en declaraciones en exclusiva a The Objective en una entrevista que pueden leer de forma íntegra en Investigations, exige al presidente venezolano que “abra el canal humanitario porque cada día hay personas que mueren por falta de estos insumos”.

Lilian Tintori durante la recogida de medicinas en la Puerta del Sol de Madrid. Foto: Alberto Hernández/The Objective
Lilian Tintori durante la recogida de medicinas en la Puerta del Sol de Madrid. Foto: Alberto Hernández/The Objective

 Y es que el drama de Venezuela no es sólo es un gran problema democrático, político e institucional. Es mucho más grave: es un problema humanitario. Entrar en alguno de sus hospitales es como entrar en una zona de guerra, un lugar suicida. La escasez de antibióticos, de soluciones intravenosas y de alimentos, sumado a los apagones eléctricos, causa la muerte de un número incalculable de personas. Los hospitales se han convertido en improvisadas morgues –siete bebés mueren al día en ellos–, donde, en el mejor de los casos, los pacientes esperan en rotas y sucias camillas. El pasado 15 de mayo The New York Times publicaba un reportaje fotográfico que daba la vuelta al mundo.  En él se puede ver el interior de varios hospitales venezolanos que parecen los de cualquier país en guerra.

Una de las camillas de operación llena de sangre. (FOTO: Meridith Kohut/The New York Times)
Una de las camillas de operación del Hospital Luis Razetti llena de sangre. (FOTO: Meridith Kohut/The New York Times)

Impactantes fotografías del Hospital Luis Razetti donde se perciben pacientes enfermos, cubiertos de sangre, soportando la miseria y la calamidad donde los médicos no disponen de las herramientas necesarias para trabajar, obligados incluso a operar alumbrados con la luz de sus teléfonos móviles debido a los cortes eléctricos, y en sucias camillas cubiertas de sangre debido a la escasez de jabón y agua –como se puede contemplar en la fotografía–.

Esto es algo que nos ha confirmado Efraim Vegas, médico cirujano del Hospital Leopoldo Manrique Terrero, quien no sólo denuncia la falta de material médico y la suciedad, sino que también asegura que los hospitales están “plagados” de ratas. “La placenta de los partos se la comen las ratas y los gatos”, nos comenta Vegas, quién añade que en estos momentos en el centro donde trabaja hay una plaga de caracoles africanos que complica mucho más la situación. “Los hospitales están contaminados, la solución es cerrarlos todos, desinfectarlos y rehabilitarlos uno por uno”.

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La falta de ambulancias es otro de los problemas a los que tiene que hacer frente el pueblo venezolano. Enfermos trasladados a ambulatorios u hospitales en camillas improvisadas, sillones e incluso en camiones de escombros ya es una imagen frecuente por las calles de cualquier ciudad del país. “Para 10.000.000 habitantes hay sólo 18 ambulancias, lo que supone una por cada 500.000 personas”, nos confirma Efraim, quien además es profesor en la Universidad Central de Venezuela, y asegura que se está produciendo una “fuga masiva” de médicos –un profesional de la medicina cobra unos 25 euros mensuales–. “De 100 alumnos, 90 se van fuera”, apunta.

Y es que en este mundo hostil de guerras, hambrunas y conflictos políticos y religiosos, Venezuela ha conseguido algo peor que la muerte, ha conseguido el infierno.

¿Cuándo se jodió Venezuela?

Andrés Cañizález

Foto: Carlos Garcia Rawlins
Reuters

Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa tiene lo que se considera uno de los mejores inicios entre las novelas más logradas del siglo XX. En el primer párrafo ya el autor lanza la pregunta que estará dando vueltas a lo largo de centenares de páginas que siguen a continuación: ¿En qué momento se jodió Perú?. Hay muchas fechas posibles si se hace la misma pregunta sobre nuestro país: ¿Cuándo se jodió Venezuela?

Desde la primigenia irrupción de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992, con un intento de golpe de Estado que una parte de la dirigencia política tradicional aplaudió, hasta el 8 de diciembre de 2012 cuando un disminuido Chávez le pide al pueblo que respalde a Nicolás Maduro cuando él ya no esté. Entre tantas fechas posibles yo selecciono el 19 de abril de 2013, el día en que Maduro terminó investido como jefe de Estado. Ese día se jodió Venezuela, sería la respuesta a la pregunta de Conversación en la Catedral.

Pasaron ya cuatro años de la presidencia de Maduro. Cuatro años de aquella rápida actuación de los otros poderes públicos, actuando en comandita, para dejar en la presidencia al heredero de Chávez. He hecho un esfuerzo por recordar alguna política pública propia y apropiada en estos cuatro años, en materia económica o social. La respuesta es nada. La nada en cuatro años. Ha sido este período el que jodió a Venezuela.

¿Ha combatido de alguna manera la inflación el gobierno de Maduro? La respuesta es no. Al contrario, en estos años pasamos de un alza significativa de precios -pero aún acotada- a las puertas de la hiperinflación. De acuerdo con el Banco Central de Venezuela el año 2013, el primero en el cual ejerció el poder, el país tuvo una inflación de 56,2 por ciento anual. Era la época en la que todavía el ente emisor difundía públicamente las cifras del comportamiento económico.

La inflación anualizada y según estimación de la firma privada Torino Capital para el mes de febrero de 2017 se ubicaba en 455 por ciento. La más alta del mundo.

¿Ha crecido la economía venezolana bajo la administración de Maduro? La respuesta es no. En 2013 el Producto Interno Bruto (PIB) tuvo un registro positivo ya que creció 1,3 por ciento. A juicio de analistas, el país vivió el remanente de un año expansivo en el gasto público como lo fue 2012 cuando el chavismo se jugó el todo por el todo para que el Chávez enfermo fuese reelecto.

Sin datos oficiales sobre el comportamiento del PIB, apelar a las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) termina siendo un recurso inevitable para el periodismo. Según el FMI, los años de Maduro en el poder han contraído severamente el tamaño de nuestra economía. Los números en negativo son -6,2 por ciento de 2015, y -3,9 por ciento de 2014. En 2016 se vivió la mayor caída del PIB; el FMI la estima en -12 por ciento.

¿El gobierno de Maduro ha reforzado los controles sobre la economía? La respuesta es . Prácticamente las políticas públicas en materia económica de estos cuatro años han sido profundizar la receta heredada por Chávez. En sus primeros 22 meses al frente del ejecutivo, Maduro creó 16 instancias de control en lo que era el argot de aquel momento: hacerle frente a la guerra económica.

Algunas escisiones en el seno del poder chavista han permitido comprobar lo que muchos sospechábamos desde hace tiempo. El uso de controles sobre la economía venezolana no tiene tanto un sesgo ideológico, y en verdad para la cúpula se trata de la fachada para los grandes negocios de la corrupción, como ha ocurrido con el control cambiario.

De acuerdo con los datos presentados por los ex colaboradores de Chávez, los ex ministros Jorge Giordani y Héctor Navarro, sumarían 300.000 millones de dólares la suma malversada en una década de control cambiario. Maduro no sólo eludió investigar esto, sino que en cuatro años ha presentado varios esquemas para mantener el control cambiario con asignaciones totalmente opacas de divisas.

Incluso algunos, como el relanzamiento del Dicom anunciado el 27 de marzo, que sólo quedó en mero anuncio ya que un mes después sigue siendo una incógnita.

Venezuela ha vivido en los cuatros años de gobierno de Maduro un verdadero cataclismo económico con una serie de secuelas sociales que nos acompañarán largamente como sociedad. El economista Omar Zambrano, por ejemplo, considera que “entre 2013 y 2016 Venezuela experimentó la mayor y más abrupta contracción económica de su historia moderna”.
Las cifras de la Encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela, que adelantan por varios años tres universidades del país: UCV, UCAB y USB, dejan al descubierto el fracaso social de Maduro. Su gobierno no sólo jodió al país en un sentido metafórico, sino que jodió literalmente a los venezolanos, a todos (o casi todos).

En los años de Maduro en el poder, los “no pobres” bajaron dramáticamente de 44 por ciento a 16,4 por ciento. Mientras que la “pobreza crónica” prácticamente se duplicó al pasar de 16,1 por ciento a 31,09 por ciento.

La crisis económica y social durante Maduro, siguiendo la terminología médica, pasó de aguda a crónica. En sus primeros dos años de mandato no tuvo capacidad de revertirla, mientras que en los dos años siguientes fue incapaz de al menos contenerla.

No hay señales de que actuará sobre los desequilibrios económicos y las graves secuelas sociales de la crisis. No hay signos de que enfrentar la crisis sea prioridad para el Nicolás Maduro al que todavía le restan dos años en el poder, según el mandato de seis años bajo el que asumió el 19 de abril de 2013. Para mí, el día en que se jodió Venezuela.

Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de Wilson voceando los diarios de la tarde y él echa a andar, despacio, hacia la Colmena. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la Plaza San Martín. Él era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál?*

*Extracto de la novela “Conversación en la Catedral”, de Mario Vargas Llosa.

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