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Los Papeles de Panamá, un año después

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Ives Herman
Reuters/File

Hace exactamente un año, varios medios de comunicación, a través del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por su siglas en inglés) publicaron conjuntamente los Papeles de Panamá. Documentos que mostraban la existencia de una amplia red dedicada a evadir impuestos y al lavado de dinero en los que aparecían nombres de destacadas personalidades, desde destacados políticos hasta actores o directores de cine pasando por miembros de la aristocracia o la realeza europea. La publicación de la lista sacudió la escena internacional, convirtiendo los Panama Papers en uno de los mayores escándalos de corrupción en el ámbito internacional, que hizo caer a todo un primer ministro, sacó los colores a numerosos personajes distinguidos, puso en marcha investigaciones en todo el mundo y supuso un duro golpe para la imagen de Panamá.

 ¿Qué son los papeles de Panamá? 

Se trata de una filtración de 11,5 millones de archivos digitales de la firma legal panameña Mossack Fonseca que reveló cómo personajes acaudalados de todos el mundo crearon empresas offshore para ocultar sus bienes a las arcas públicas.

Los datos fueron obtenidos por el diario alemán Sueddeutsche Zietung, que los compartió con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por su sigla en inglés), y fueron divulgados el 3 de abril de 2016 por varios medios, incluida la cadena de televisión La Sexta y el diario digital El Confidencial, en España. Las revelaciones continúan apareciendo un año después.

¿Qué impacto tuvo?

La publicación de estas informaciones obligó al primer ministro de Islandia, el liberal Sigmundur David Gunnlaugsson, a renunciar a su cargo tras comprobarse que su familia había ocultado bienes en paraísos fiscales. En España, el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, también acabó dimitiendo, pese a negar en un primer momento ser él quien aparecía en los papeles como director de UK Lines Limited y tener lago que ver con la empresa familiar Consignataria Oceanic, S.A., sociedades ambas en paraísos fiscales. También apareció Rodrigo Rato, ex vicepresidente económico y ex ministro de Economía con los gobiernos de José María Aznar.

El cineasta español Pedro Almodóvar reconoció haberse equivocado, no así Pilar de Borbón, hermana del rey Juan Carlos que dijo que nunca hubo voluntad de ocultación . La infanta aparecía en los papeles a través de la sociedad Delantera Financiera S.A. fundada en 1969 y disuelta en 2014, cinco días después de que Felipe VI fuera proclamado rey.  Otros nombres españoles que salieron en los Panama Papers  fueron Oleguer Pujol, uno de los hijos del ex presidente de la Generalitat catalana, Jordi Pujol; la mujer del comisario europeo Miguel Arias Cañete, Micaela Domecq. El ex ministro del PP se limitó a decir que tiene separación de bienes y que no tenía nada que ver con los ingresos de su mujer; dos biznietos del ex dictador Francisco Franco; el ex colaborador del Ministerio del Interior y ex espía del CESID, Francisco Paesa; el ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa; los Albertos, famosos empresarios, incluso la actual mujer del ex presidente del Gobierno Felipe González, Mar García Vaquero, o la ex mujer del consejero delegado del grupo Prisa, el periodista Juan Luis Cebrián; el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, o el cantante Bertín Osborne y el actor Imano Arias, además de deportistas como Alex Crivillé y clubes de fútbol como la Real Sociedad y muchos otros nombres y empresas. En los papeles sobre españoles aparecieron unas 1.200 sociedades, 558 accionistas, 166 clientes intermediarios y 89 beneficiarios con dirección postal en España.

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COMPARACIÓN ENTRE Los datos de los Papeles de Panamá y otras filtraciones, mostrados en la presentación realizada por Mar Cabra en TEDXMADRID en septiembre de 2016.

Otras personalidades extranjeras que salieron a la luz en la documentación fueron el ahora ex primer ministro británico David Cameron, el astro del fútbol Lionel Messi, el presidente argentino Mauricio Macri, el primer ministro pakistaní Nawaz Sharif y muchos otros políticos y allegados.

Al menos 150 investigaciones se abrieron en 79 países para examinar posibles casos de evasión fiscal o blanqueo de dinero, según el Centro de Integridad Pública, un grupo estadounidense sin fines de lucro.

Tras destaparse el escándalo, Panamá lucha por demostrar a la comunidad internacional que cumple con las normas internacionales de transparencia, al compartir información tributaria con otros países y evitar entrar en otras listas negras.

Los papeles de Panamá, un año después
Los papeles se filtraron desde el despacho Mossack Fonseca | Vincent Yu / AP file

Los socios fundadores de Mossack Fonseca, Jürguen Mossack y Ramón Fonseca, fueron arrestados el 9 de febrero acusados por blanqueo de capital y están pendientes de las investigaciones sobre los posibles vínculos del despacho con el escándalo brasileño de corrupción Lava Jato, informa AFP.

Hace apenas unos días,  los fiscales panameños han anunciado su intención de reabrir el caso de los papeles de Panamá, cuya investigación quedó paralizada por motivos técnico-legales.

En muchos de los países donde ciudadanos aparecen en los documentos, se mantienen investigaciones judiciales. Además, tras la aparición de los papeles, la atención se centró también en otros paraísos fiscales como los estados de Nevada, Wyoming y Dakota del Sur en EEUU, país que no se ha adherido a una normativa de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de compartir información financiera. El escándalo también llevó a muchos países a comprometerse en la lucha contra los paraísos fiscales y a aprobar medidas dirigidas a mejorar los controles en materia tributaria de grandes fortunas y empresas.

Semana Internacional contra los Paraísos Fiscales

Con motivo de este aniversario y de la Semana Internacional Contra los Paraísos Fiscales, personajes como Hervé Falciani, confidente de la lista HSBC; Julian Assange, fundador, editor y portavoz de WikiLeaks, a través de videoconferencia; Stéphane M. Grueso, coordinador de Fíltrala; y Adriana Salvatierra Arreaza, senadora por Santa Cruz y miembro de la Comisión Especial sobre Papeles de Panamá, participaron el viernes y el sábado pasados en una unas jornadas organizadas por Podemos para hablar sobre los efectos que tienen sobre la sociedad los paraísos fiscales.

El partido político considera que estas actuaciones delictivas son “anti patriotas” y tiene “consecuencias horrorosas para los ciudadanos”, según dijo la portavoz del Grupo de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, durante la presentación de las jornadas en las que denunció que “33 de las 35 empresas del Ibex 35 tienen sucursales en paraísos fiscales”.

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El tamaño no importa

Jesús Montiel

Un paseo por el barrio pijo de La Herradura sirve como polígrafo del alma. Para quien ande geográficamente despistado, La Herradura es un pueblo de la costa granadina frontero con Málaga que muchos extranjeros con parné eligen como diana vacacional. Se nota en los coches que pululan sus caminos asfaltados, en las propinas que uno ve en los chiringuitos con luces tropicales y también en los negros que cantan Sinatra para niños rubísimos en esos mismos chiringuitos.

Digo que mis paseos por el barrio más pijo de La Herradura me sirve como polígrafo del alma porque muchas veces, durante los mismos, me sorprendo soñando con que una de esas casas será mía cuando me haga millonario gracias a mi quehacer literario (no se rían que esto es serio). A la vuelta del paseo, no obstante, cuando entro en la casa que ocupo por dos semanas y que es la de mi abuelo paterno, me ocurre todo lo contrario: que dejo de soñar con casas a lo Bertín Osborne. Mi abuelo compró ésta con su trabajo y yo me siento culpable por ocuparla y tumbarme sobre su esfuerzo. La ocupo porque que mi abuelo ya no viene, no puede, su casa es la farmacia. A punto de cumplir noventa veranos, él y mi abuela van aprendiendo forzosamente a desprenderse de todo, son alumnos de la pérdida  porque a la muerte se entra sin piso playero, y sin libros (hace poco mi abuelo me entregó los suyos con expresión tristona).

Me encuentro entonces con dos sentimientos contrarios: de una parte mi afán de riqueza durante mis paseos matinales por el barrio más opulento de La Herradura; y de la otra un deseo de no atesorar si pienso en mi abuelo y en el piso que ocupo y que fue suyo. Quiero decir que dentro de mí anida un ansia de atesorar lo que perece, y fuera encuentro una ley antónima que me invita al desprendimiento porque nada se lleva uno más que el amor que ha procurado.

Precisamente hoy he bajado a las ocho para mi paseo por el barrio pijo y me esperaba al pie del ascensor el cadáver de un hombre que, aun con los ojos cerrados, sin vida que los abriera, me miraba con fijación a medida que yo bajaba las escaleras y los del 061 intentaban resucitarlo con desfibriladores. Afuera, su mujer gimoteaba arropada por otros vecinos disimulando el terror con palabras que todos aprendemos para momentos de catástrofe humana. Escribo ahora con los ojos del muerto delante de mí, sobre la mesa, como los cráneos que coronaban aquellas de los antiguos anacoretas. El tamaño no importa, me dice el cráneo mientras mis hijos me importunan con sus requerimientos, lo importante es que haya un hogar al otro lado de la puerta de entrada y no solo una casa.

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Turismofobia

Juan Claudio de Ramón

Foto: Khairil Yusof
Flickr

Recién salida de la ceca, turismofobia es ya la palabra del verano. Querría acertar a decir algo sobre el asunto y advierto de entrada un sesgo perturbador: yo adoro a los guiris, esa nación itinerante que orea naciones, ciudades y pueblos. Lo que arruinan o afean es seguramente menos de lo que resucitan o conservan y aunque no son mejores ni peores que nosotros, nos recuerdan que no somos tan malos y lo mucho bueno que tenemos: gran clima y bellos paisajes, pero también alta cultura y gastronomía, servicios de calidad, calles seguras y carácter acogedor. Además de ser ya la primera industria española, no se debe desdeñar el efecto benéfico que el turismo ha tenido en nuestra mortificada autoestima, desde aquel primer viento fresco que entró por el boquete abierto en plena dictadura por unas suecas. Por mucho sol y playa que se tenga, 80 millones de personas al año no visitan un país que no sea afortunado en más de un sentido.

Pero hoy toca encararse con el aspecto menos amable del fenómeno, que una xenofilia ingenua haría mal en minimizar. Si la convivencia entre turista y residente ha podido ser hasta ahora cordial y provechosa, es porque, en cierto modo, uno y otro vivían en ciudades distintas. La ciudad real y la turística se solapaban en algunos puntos, pero los respectivos ámbitos de influencia estaban claros: el hotel y el monumento, de un lado, el barrio y los pisos, de otro, con un amplio lugar de encuentro en la playa. La posibilidad abierta por la economía digital de que cualquier vivienda se convierta en alojamiento turístico lo cambia todo. Al contraer el menos lucrativo mercado de alquiler residencial, los locales se ven obligados a pagar rentas astronómicas por vivir en su ciudad o a marcharse a una periferia cada vez más lejana. Se quedan, literalmente, sin espacio.

Así las cosas no es difícil comprender el malestar de los afectados ni tampoco la necesidad de regular el mercado de forma que se restaure un cierto equilibrio. No es sencillo conciliar la libertad económica de los propietarios con la función social que, según nuestra Constitución, debe tener la propiedad, pero hay fórmulas sensatas para hacerlo que ya están poniendo en práctica algunas ciudades. Sin olvidar que esta polémica es otro avatar más del cuadro general de precarización de la economía, una tendencia de largo alcance que se deja sentir en numerosos debates y cuya solución duradera todavía no se avizora.

Por lo demás, tan sólo una catástrofe ecológica planetaria podría detener el triunfal avance del turista. Entre otras razones, porque el turismo es una consecuencia de la democracia. Desde los lejanos días del granturista inglés, descargando con sus criados y baúles en un palazzo romano, hasta hoy, lo que ha mediado es la gran democratización del mundo. En la medida en la que este proceso sigue en marcha, es previsible que nuevos contingentes de turistas se incorporen a la marea guiri. Y, huelga decirlo, en algún lugar de esa muchedumbre con sombrero mexicano y palo para selfies, felices y despreocupados, también estaremos nosotros.

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La CUP y la radicalización del procés

Andrea Mármol

En las últimas semanas no han faltado hazañas protagonizadas por la última fuerza representada en el parlamento autonómico catalán, la CUP. Su mayor o menor recorrido mediático no es óbice, sin embargo, para que la fotografía conjunta de todas esas iniciativas permita al lector hacerse una idea bastante precisa de lo que persiguen los integrantes de la -¿formación?-.

Despidieron el curso escolar con una pegada de carteles con el rostro del caudillo que perseguía tildar de franquista a todos aquellos catalanes que se niegan a participar en la votación ilegal que teje de espaldas a la ciudadanía el gobierno catalán. La misma semana, en el parlamento, se negaron a condenar la tiranía de Maduro en Venezuela. Huelga la mención a los violentos ataques contra el turismo en la capital catalana que han marcado la primera quincena del mes. 
La guindilla: su cartel escoba. Son famosas sus reminiscencias leninistas pero lo son algo menos el uso que de la misma técnica hizo el fascismo español en los años 30, y más recientemente, la extrema derecha de la UKIP en Reino Unido. Al cabo, ¿no supone barrer todo aquello que no le gusta a uno la no aceptación de las razones del otro? ¿Y no es esa, en todo caso, una posible definición del fascismo?

Y ante la gravedad de estos hechos, hay quien se atreve a sugerir que estos episodios no son más que menudencias veraniegas que buscan acalorar las calurosoas sobremesas. Alegan, ellos, que se sobredimensiona en el debate público todo lo que tiene que ver con la CUP. Añaden que la finalidad única es, claro, dañar el ‘procés’ mediante los ataques al socio principal del gobierno desleal del convergente Puigdemont.

Algunas de esas críticas han hecho que me pregunte si es intelectualmente honesta esa asociación. Y lo cierto es que desbaratar la deriva separatista por los actos violentos y de insurrección de la minoritaria CUP es lo más justo que se puede hacer. Porque la lógica es la misma: a la CUP le parece antidemocrático tener que pagar los daños causados por el asalto violento a un autobús en la vía pública y a Puigdemont le parece antidemocrática la Constitución española. Por eso unos anuncian que no afrontarán para la multa y otros proclaman que desobedecerán al TC.

¿Cómo va a exigir Puigdemont, que ha reiterado que desoirá a los tribunales españoles, que los antisistema paguen una multa? Jugar con el desprecio a la ley y convertirlo en la única meta política de la acción de un gobierno tiene consecuencias como esta, la legitimación para que cada cual decida a su antojo qué parte del ordenamiento jurídico quiere aplicar. ¿Por qué habría de ser más tolerable desobedecer al TC que dejar de pagar una multa?

Por si fuera poco, es evidente que la lógica contraria a la legalidad del ‘procés’ cada vez concita menos apoyos. De hecho, sólo está el de la formación antisistema y contraria a la propiedad privada. Reprochar las subidas de tono de la CUP al gobierno catalán, entregado a la independencia, lejos de ser una incorrección es de lo más preciso: que expliquen Puigdemont y Junqueras por qué siguen comprando gustosos el favor de sus socios y que rindan cuentas por ellos, que nadie sino los moradores de la Generalitat decidieron auparlos al centro del debate público catalán.

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Lo mucho que valen y lo barato que nos salen

Ferrán Caballero

BComú se arrepiente del “salario ético” que se impuso. El entrecomillado es mío y el titular de La Vanguardia, pero el ridículo es todo del partido de Colau. Porque parece ser que han necesitado dos años de gobierno para descubrir lo poco que nos cuestan por lo mucho que valen y merecen, que es la forma menos modesta de aceptar que sus críticos tenían razón y que de la retórica revolucionaria no se come y que gobernar da mucho trabajo.

Según el documento interno que cita La Vanguardia, los 2.200€ al mes que se habían impuesto como sueldo les parecen poco porque otros camaradas revolucionarios de otros pueblos de España ganan más, y hay que combatir la desigualdad en todas sus formas, y porque ellos lo habían propuesto para no ser menos que la CUP y pensando que estarían en la oposición, donde se trabaja menos y se vive, como bien saben, mucho mejor. Ahora que están en el gobierno parece que hay prácticamente unanimidad en la necesidad de ajustarse los sueldos y que sólo queda decidir cuando hacerlo para no quedar mal ni justo antes ni justo después de las siguientes elecciones, que es otro modo de decir que lo quieren para anteayer.

Ahora que ya lo han entendido hasta ellos parece que no queda nadie a quien explicárselo, pero lo recuerdo por si acaso. Los dos argumentos principales a favor de que los políticos cobren un buen sueldo son los siguientes. El primero, para que la dedicación a la política no sea un lujo que sólo puedan permitirse hijos de papá. El segundo, para que en política entre además gente preparada y capacitada que podría cobrar un buen dinero en el sector privado, evitando que sólo se interesen por dedicar a ella su vida los que no pueden trabajar de nada más.

En resumen, para que en política pueda entrar gente como la que dice representar Ada Colau pero no sólo gente como la del partido de Colau. Que crean que la oposición debería cobrar menos y ellos más es sólo otro modo de quedarse a medias en su largo camino hacia la “profundización democrática”.

En todo caso, la decisión de los comunes de subirse el sueldo nos pone a sus críticos en un triste aprieto que son dos. El primero, que el aburguesamiento de los antisistema no puede ser sino una grata noticia para nosotros, que así los hemos querido siempre. El segundo, que no podemos criticarlos por darnos la razón, por mucho que nos pese el tiempo que se han tomado y que vayan a gozar de lo mejor de los dos mundos; la pureza del revolucionario y el sueldo de la casta.

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