Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Los perdedores habituales de la filantropía de Alfred Nobel

Romhy Cubas

Este año Bob Dylan, quien aunque se siente “muy honrado” ante el reconocimiento luego de un largo silencio ha declarado que compromisos personales no le permitirán asistir a la ceremonia en el mes de diciembre, le ganó a otros literatos en un “moderno” y controvertido movimiento de la Academia por haber “creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”, el año pasado fue la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich “por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”, en el 2014 el francés Patrick Mondiano fue honrado “por el arte de la memoria con la que ha evocado los más inasibles destinos humanos y descubierto el mundo de la ocupación”… y así la lista fluye en retroceso hasta 1901, año inaugural de la ceremonia.

Ilustración elaborada por la Academia Suiza para presentar al premio Nobel de Literatura 2016: Bob Dylan
Ilustración elaborada por la Academia Suiza para presentar al premio Nobel de Literatura 2016: Bob Dylan

El Premio Nobel de Literatura, conjurado en el testamento del filántropo sueco Alfred Nobel para la obra “más destacada en el área” es el reconocimiento de una vida para la mayoría de los escritores, pero cuando la nominación se convierte en una llamada repetida de octubre, el frenesí es opacado por la rutina del resignado.

“Aparentemente el francés  André Malraux era demasiado rojo para los jurados, y la visita que hizo Jorge Luis Borges en 1976 al general Augusto Pinochet, al que elogió en plena dictadura chilena, le costó la medalla de oro.”

Es complejo eso de pertenecer a un comité que decide si una obra tiene o no la suficiente trascendencia como para ser tomada en cuenta, sean cuales sean los cánones de deliberación -que nadie termina de aceptar por completo- los análisis y las interpretaciones de la Academia para tomar su resolución han sido tildadas de eurocéntricas, tradicionalistas y hasta “hipsters” por resistirse a aquellos con demasiado éxito comercial. Las marcas políticas, ideológicas y extra-literarias se esconden en las esquinas cuando el quórum académico choca con el del público: aparentemente el francés  André Malraux era “demasiado rojo” para los jurados, y la visita que hizo Jorge Luis Borges en 1976 al general Augusto Pinochet, al que elogió en plena dictadura chilena, le costó la medalla de oro.

El hecho es que están los laureados y los que se quedan esperando con el traje estirado. Así como Leonardo DiCaprio en los Óscar -antes de The Revenant (2015)- la Academia Sueca tiene sus perdedores habituales, eternos nominados que reciben la noticia con el vicio familiar del café mañanero. Entre los últimos contemporáneos que siguen extraviándose en las quinielas se encuentran el japonés Haruki Murakami, el americano Phillip Roth o la escritora Joyce Carol Oates; antes de su muerte Jorge Luis Borges ya había admitido adoptar aire de “perdedor experto” ante lo que parecía una tradición “escandinava” que lo relegó por casi veinte años, y el escritor francés Paul Valéry estuvo nominado doce veces antes de ser realmente considerado, precisamente el año de su muerte.

Sátira gráfica de Leonardo DiCaprio y Haruki Murakami por Cinismoilustado.com
Sátira gráfica de Leonardo DiCaprio y Haruki Murakami por cinismoilustado.com

Murakami y la pandilla de los “perdedores”

La literatura es más que letras y manos que escriben pensamientos en una copia de papel, su trascendencia viene de la mano de una abstracción natural, política y social que se desarrolla en el contexto de una época y sus penumbras, una crítica que muchas veces tarda en notarse pero que ilumina cuando se examina con detenimiento. En la nómina de la pandilla de los perdedores listan figuras como Haruki Murakami, escritor japonés con cerca de una treintena de libros publicados y una empatía especial para contar las complejidades de la soledad  a escala universal; ya es viralizado en las redes como el nuevo DiCaprio. Desde el 2010 ha figurado en el primer lugar de los seleccionados para el Nobel de la Literatura, pero novelas como “Kafka en la orilla”, “Baila Baila Baila” y “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, entre otras, han peregrinado por el jurado como los personajes de sus historias. El novelista nipón de 67 años tiene siete nominaciones y las manos “vacías”.

Joyce Carol Oates | Foto: Marion Ettlinger via Lewis Center Princeton
Joyce Carol Oates | Foto: Marion Ettlinger via Lewis Center Princeton

Otro relegado que continúa en la cola de finalistas sin diploma es Philip Roth, escritor estadounidense de origen judío y autor de libros como ‘El mal de Portnoy’ y ‘Pastoral americana’. Su obra ha sido reconocida como una constante y lúcida mirada a los problemas de identidad en la sociedad norteamericana, sus esplendores y sus miserias escritas con un humor vanidoso y rebelde. Luego está Joyce Carol Oates, otra intelectual estadounidense que ha sonado varias veces con su literatura gótica y violenta, incómoda pero ineludible. Con más de cien libros publicados, su obra sigue aleteando sobre el Nobel sin rencor.

Hay otras objeciones que se aferran a las minorías. Entre los idiomas comunes el francés y el inglés son los más condecorados mientras que las lenguas minoritarias están representadas con los únicos ganadores en yidis, en occitano o en el serbo-croata.  Fue el caso este año de Ngugi Wa Thiog´o, escritor en lengua kikuyu que se quedó en la traducción de las ilusiones y las apuestas que lo ubicaban como posible vencedor.

Vivir con los ignorados

Aunque no los tomaron en cuenta por presiones y aristas que constituyen una diatriba frecuente en homenajes de tal envergadura,  con sus historias se puede existir varias vidas simplemente leyendo; desde Marcel Proust (En busca del tiempo perdido) y James Joyce (Ulises) hasta Virginia Woolf (Las Horas), Dostoievski (Memorias del subsuelo), Mark Twain (Las aventuras de Huckleberry Finn), Leon Tolstoy (Guerra y paz) y Anton Chéjov (El jardín de los cerezos), hay mitos cuya esencia reside mejor en el “anonimato” de los perdedores que en el foco prometido del Nobel.

Continúa leyendo: Aixa de la Cruz, la otra literatura vasca

Aixa de la Cruz, la otra literatura vasca

Anna Maria Iglesia

Foto: Iván Repila
Salto de Página

“Sobre el pasado sólo conocemos la sombra de la sombra de una mentira porque lo único que el pasado ha dejado al presente son sus ruinas y sus documentos”. Estas palabras de Santi Pérez Isasi son las elegidas por Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) para presentarnos a Sofía, protagonista de su última novela, La línea del frente (Salto de página). Las ruinas y los documentos de Sofía son una relación truncada y una tesis doctoral a medio a hacer: el protagonista de la relación es Jokinn, primer amor de Sofía encarcelado por haber dejado ciego a un ertzaintza, y el protagonista de la tesis doctoral es Mikel Areilza, escritor que militó en ETA y consiguió escapar de la prisión donde cumplía condena e huir a Argentina. La culpa es el eje que reúne Mikel, Jokinn y Sofía, testigos y personajes de una historia que nunca eligieron protagonizar, pero ¿de qué historia se trata? Aixa de la Cruz pone en cuestión la idea del pasado como relato único. El pasado es, para De la Cruz, un rompecabezas construido por piezas contradictorias y divergentes donde no caben los maniqueísmos y donde los matices obligan a ir más allá de la división entre bandos.

Si bien no quieres definir tu novela únicamente a partir del tema del terrorismo, sí podríamos decir que La línea del frente entronca dentro de esta tradición, a la que hacía mención recientemente Iban Zaldúa, de literatura vasca “sobre el “conflicto vasco”, el “terrorismo vasco” o como queramos llamarlo”, del que “se ha escrito mucho y muy bueno (también muy malo), sobre todo en euskera”.

Aixa de la Cruz, la otra literatura vasca 2
Portada de “La línea del frente” editado por Salto de Página

Suscribo por completo lo que afirma Zaldúa, existe una gran tradición literaria que ha abordado el conflicto vasco, solo que como se trata de obras escritas en euskera han tenido una menor repercusión. Es una tradición con la que me siento acorde porque no he encontrado en ella ningún panfleto político; en esta tradición literaria no he encontrado relatos pretendidamente sesgados y maniqueos. Al contrario, lo que he encontrado ha sido relatos complejos, que no intentan fijar un relato único. A fin de cuentas, lo que trata de hacer la literatura es crear empatía y cuantos más relatos distintos, divergentes, centrados tanto en las víctimas como en los victimarios, construyamos más seremos capaces de entender al otro.

El eje temático de tu novela es la construcción de relatos de ficción para sobrellevar la culpa.

La novela trata de cómo construimos ficciones para todo, para construir nuestra identidad, para definir el amor romántico, para narrar nuestra historia… El desarrollo de la protagonista consiste en ir planteándose distintos relatos sobre su pasado que se van modificando a medida que transcurre la novela.  Y, efectivamente, el punto de partida es la culpa: la protagonista es alguien que siente culpa por no haber hecho nada en el pasado, por haber permanecido inmóvil, y a través de la culpa revisa su pasado, pero esta adquisición de conciencia comienza cuando está lejos de Euskadi. Junto a la protagonista, está también Mikel Areilza, que es el escritor ex perteneciente a ETA y que es objeto de la tesis doctoral de Sofía. Mikel siente culpa por lo que hizo [fue detenido por pertenecer a ETA y consiguió escapar de prisión y exiliarse en Argentina] en el pasado.

Hay sentimiento de culpa, pero no hay víctimas.

La única víctima que existe en la novela es el joven al que mata accidentalmente la policía durante los disturbios en los que es detenido Jokinn, otro de los personajes. Mis personajes son todos personajes secundarios de una historia en la que no querían participar y, en cambio, de la que forzosamente participaron. De ahí que Sofía se construya esos relatos de ficción en torno a su pasado y, al mismo tiempo, sienta culpa por haber sido una joven que no quiso percatarse hasta el final de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

¿Podemos decir que La línea de frente defiende la necesidad de superar el sentimiento de culpa?

La culpa inmoviliza y hay que superarla, porque lo que viene después de la culpa es el compromiso. Y no me refiero solo a nivel individual: forman parte del periodo de culpa todos los actos simbólicos de reparación y de pedir perdón, pero creo que el conflicto verdaderamente se acabará cuando todos estos actos hayan sido satisfechos y podamos empezar a mirar hacia adelante con un compromiso renovado y ya no hacia atrás.

¿Este mirar hacia adelante implica también cuestionar el relato oficial sobre el conflicto vasco y su fin?

Por supuesto. A mí lo que me preocupa es que consideremos positivo la idea de instaurar un relato único sobre un pasado histórico. Evidentemente, junto a los relatos que emanan de la cultura popular, están los relatos que emanan del poder. Sin embargo, no soy marxista: no creo que haya una relación inequívoca entre el poder y las manifestaciones culturales, más bien creo estamos rodeados de discursos alternativos y lo que hacemos nosotros es seleccionar ficciones. De ahí que crea que la única manera de comprender los fenómenos históricos es teniendo en cuenta distintas piezas incongruentes, sesgadas, contradictorias, pero que, en verdad, conforman un puzle mucho más completo del que puede insinuar un relato único. Los relatos únicos dejan siempre muchos flecos fuera y lo que hay que reivindicar son los flecos.

El personaje de Jokin está en la cárcel por dejar ciego a un ertzaintza. Jokin es acusado de pertenecer a banda armada y condenado por ello, cuando en verdad es un joven que estaba en el lugar equivocado el día equivocado.

Lo que comentas es interesante, puesto que la historia de Jokin es un guiño a un suceso que ocurrió hace unos años en Euskadi: era la previa a un partido de fútbol y estaba mucha gente celebrándolo, cuando se produjo una pelea de bar en un callejón cerrado donde había una Herriko Taberna. Desde el momento en que el mando policial que recibió la primera denuncia de lo que estaba sucediendo hasta que esta denuncia llegó al mando superior, se fue contaminando el relato de los hechos: al inicio, se dijo que había una pelea de bar en tal calle; luego, empezó a decirse que era una pelea de bar frente a una Herriko y, finalmente, se concluyó que frente a una Herriko había un conflicto vinculado forzosamente a temas independentistas. Cuando llegaron los antidisturbios al lugar de los hechos, cargaron con mucha fuerza, como si se tratara de una amenaza terrorista. Fue tanta la fuerza que con una pelota de goma mataron a Iñigo Cabacas, un joven que estaba allí.

Aixa de la Cruz, la otra literatura vasca 1
Aixa de la Cruz | Imagen vía Iván Repila

Es decir, se vinculó automáticamente la pelea del bar al mundo abertzale.

Efectivamente, la historia de Jokin es en parte esta y me sirve para hablar de los automatismos que seguimos acarreando en Euskadi todavía hoy, en tiempos de paz. Es decir, el hecho de que la policía cargase con innecesaria fuerza en esa disputa de bar tiene que ver con que la policía estaba demasiado acostumbrada a entrar a muerte siempre porque el conflicto estaba en la calle. Y la historia de Jokin, del chico que está en el lugar equivocado en el momento equivocado, es una historia que se ha repetido muchas veces, no sólo con ETA, sino también después de ETA. En el fondo, lo que cuenta la historia de Jokin son los prejuicios vinculados a ciertos entornos en Euskadi, aunque estos prejuicios no tengan un correlato en los hechos.

Estas inercias invaden también el ámbito judicial. Jokin no sólo es condenado, sino que su condena es más elevada porque se le considera falsamente como perteneciente banda armada.

Lo que le sucede a Jokin es, en parte, lo que ha sucedido en Alsasua, aunque es cierto que, en este último caso, no se trataba de una simple pelea de bar, puesto que había un componente ideológico. Sin embargo, también es cierto que las penas que se están pidiendo por enaltecimiento del terrorismo parecen, en principio, exageradas. Y lo que es peor, todavía hoy situaciones como la de Jokin se siguen dando en Euskadi y apuntan a que el fin de ETA no es un salto de página, sino que seguimos acarreando muchos conflictos por resolver, conflictos que, a veces, provocan injusticias como estas que comentamos.

¿El caso de Íñigo Cabacas es ejemplo de ello?

Claro. Ahora el caso judicial está avanzando poco a poco, pero durante mucho tiempo los mandos policiales que dieron la orden de entrar con un protocolo absolutamente desproporcionado no asumieron sus responsabilidades y varios de los cargos fueron ascendidos. Esto generó mucho odio social, porque una cosa es que se cometan errores y otra es que nadie pague por sus responsabilidades.

Algo que caracteriza tu novela es que, en ningún momento, describes la sociedad vasca como dos bandos. En palabras de Jabo H. Pizarroso, ¿la sociedad vasca no es o no fue dos raíles en paralelo?

No, no lo fue, no se trataba de dos bandos que no se conectaban.  Sin embargo, también es cierto que cuando pienso en mi experiencia de haber vivido en Euskadi cuando estaba ETA, me viene a la mente una sociedad que vivió muy separada, una sociedad en la que cada uno vivía alrededor de un entorno muy parcial. Yo tenía amigos que eran hijos de presos, pero nunca tuve un amigo que fuera víctima de ETA. Había muy pocos puentes entre un bando y el otro, aunque en verdad todos formábamos parte del mismo conflicto. Había un sufrimiento en las calles que nos afectaba a todos y, sin embargo, en lugar de ser capaces de hacer el zoom y ver que el conflicto afectaba a todo el pueblo, nos sectorizamos bastante.

¿Esta sectorización responde, en parte, a la necesidad de movilizarse políticamente?

Sí, yo lo experimenté así y, por esto, me pareció interesante la figura de Sofía, porque te obliga a preguntarte cómo es posible que alguien pudiera vivir sin posicionarse nunca en una época [finales de los noventa, primeros años 2000], cuando teníamos trece o catorce años, en la que solo se hablaba de política, que lo permeaba todo. La novela me obliga a preguntarme qué debía sentir una persona como Sofía cuando todos, para bien y para mal, se posicionaban, porque en Euskadi era imposible no sentirte obligado en algún momento a tomar partido. Incluso la gente que intentaba alejarse de cualquier toma de partido, terminaba siendo pisoteada por lo que estaba ocurriendo.

Antes hablabas de los automatismos de la Ertzaintza, pero, ¿podemos hablar también de otro tipo de automatismos? Es decir, en el libro, narras como los adolescentes gritan “Gora ETA” al final de un concierto. ¿Era un automatismo? ¿Se era consciente de lo que se estaba gritando?  

Yo creo que había muy poca conciencia del significado, no sólo de un lema tan explícito como éste, sino de muchos de los símbolos que nos rodeaban. Evidentemente, te estoy hablando de hace más de una década, cuando tenía catorce años y estos símbolos seguían en pie. Ahora es diferente, pero sí es cierto que, mirando hacia atrás, tengo la percepción de que por entonces en mi entorno se cuestionaba muy poco lo que veíamos a diario y se adquirían ciertos automatismos sin pararse a pensar en ellos.

Pero, ¿había un discurso que los legitimaba?

De adolescente viví ese discurso según el cual las acciones de ETA son reprochables, pero en el fondo podrían entenderse como la reacción lógica de un pueblo que está siendo pisoteado. Era un momento en el que se cerraban partidos políticos y no sólo se había cerrado el periódico Egin en 1998, sino que se tenía a sus periodistas en prisión preventiva, aunque simplemente escribieran columnas de economía. Todas estas medidas judiciales promovieron la victimización de un sector, que interpretaba que la lucha estaba legitimada dentro de la lógica acción-reacción.

¿El asesinato de Miguel Ángel Blanco implicó, tal y como se dice, una adquisición de conciencia pública por parte de la sociedad vasca?

Yo pertenezco a una generación muy curiosa porque yo era muy pequeña cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco. Yo empecé a tomar conciencia política del país en que vivía en la época de Aznar. Si el terrorismo lo que plantea siempre es una dinámica de acción-reacción, a mí me tocó vivir reacciones desproporcionadas por parte del Estado Español, sólo que desconocía cuáles habían sido las acciones desencadenantes. Esto hace que mi generación percibiera el conflicto de una manera muy sesgada. Volviendo a tu pregunta, creo que no se pueden poner inicios y finales concretos a un relato, pero sí puedo decirte que recuerdo perfectamente que cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco estaba en Laredo. Había mucho revuelo en la zona en la que vivía, yo no entendía muy bien que sucedía, pero sí entendía que había pasado algo grave. Y recuerdo que, al subir por las escaleras hacia nuestra casa, mi madre, refiriéndose a los vecinos, me dijo “no les mires” y agachó la cabeza. Y, en este sentido, sí que creo que a partir del asesinato de Miguel Ángel Blanco la sociedad vasca empezó a sentir vergüenza.

Continúa leyendo: El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones

Romhy Cubas

Foto: Wikicommons
Wikimedia Commons

“Es posible que la invasión de los marcianos resulte, al fin, beneficiosa para nosotros; por lo menos, nos ha robado aquella serena confianza en el futuro, que es la más segura fuente de decadencia”.

La guerra de los mundos

El escritor, historiador y filósofo británico Herbert George Wells es uno de los grandes precursores de la ciencia ficción en la literatura. Su obra se puede comparar en alcance y relevancia con las geografías fantásticas de Julio Verne. Hace 151 años, un 21 de septiembre de 1866, Wells nació en el seno de una familia convencional de la Inglaterra de época, su visión totalmente utópica y fantástica para entonces dejó un registro crudo de  escenarios que con el tiempo se deshicieron de la etiqueta de ciencia ficción para convertirse en sucesos concretos.

Sin la ciencia, y específicamente la biología, Wells no habría creado relatos como el del Hombre invisible o La máquina del tiempo, publicado en un principio bajo el título de Los argonautas crónicos. Wells estudió biología en el Royal College of Sciences de Londres, y eventualmente se tituló en zoología en la Universidad de Londres. Gracias a estas experiencias y a un diagnóstico de tuberculosis que lo impulsó a dedicarse exclusivamente a la escritura, reunió una centena de obras de fantasía científica, predicciones tecnológicas y agudas observaciones sobre el poder y las consecuencias de la guerra que inclusive se manifiestan con mayor lucidez en el presente que en aquella época.

En sus novelas Wells dejó constancia de una inquietud por la supervivencia de las sociedades. Sus posiciones pacifistas y políticas hicieron de su obra una declaración sobre lucha de clases, la ética científica, y las utopías –muchas de carácter socialista-. Con frecuencia propuso la creación de un Estado mundial en donde hubiera una renta universal y donde los individualismos fueran suprimidos.

En sus obras están presentes la bomba atómica, la tecnología, las puertas y censores automáticos, la guerra biológica, la comida artificial, los rayos láser y decenas de otras fantasías que en aquél entonces no tenían espacio en la racionalidad de los lectores. Hasta ahora, y que nosotros sepamos, no existen hombres capaces de volverse invisibles o máquinas para viajar en el tiempo, pero si hay un puñado de escenarios y tecnologías que Wells planteó en sus libros y que hace décadas dejaron de ser ciencia ficción, otorgándole al escritor un halo visionario y certero.

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones 4
Portada del libro Hombres como dioses de H.G.Wells | Imagen vía: Amazon

Teléfonos y televisión

En Men Like Gods (1923), Wells crea una versión futurista de la Tierra en donde luego de cientos de años de progreso la gente se comunica exclusivamente mediante sistemas inalámbricos. Los guiños con lo celulares y los correos electrónicos de los que hoy dependemos para comunicarnos son evidentes, aunque la idea es un crudo formato de lo que conocemos en el presente. El principio de acumulación de mensajes, transmisión inalámbrica y comunicación a distancia son premonitorios.

Wells también desarrolló en When the Sleeper Wakes (1899) una forma utópica de entretenimiento en donde las tecnologías del audio libro y la televisión se disfrazan de ficción.

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones 1
Comic de La isla del Dr Moreau ilustrado por Gil Kane. Basado en la adaptación cinematográfica de 1977 del libro de H.G. Wells | Imagen vía: MyComicShop

La ingeniería genética

En  La isla del Dr. Moreau (1896) una nueva especie de animales biológicamente manipulados es parte de los experimentos de un científico demente que incursiona en la ingeniería genética. Las técnicas utilizadas son crudas y primitivas, pero la idea de trasplantes de órganos entre animales y humanos para adquirir longevidad, la creación de híbridos y el intercambio de células entre las especies son principios que guardan una relación obvia con las ambiciones de los científicos, quienes se vuelven cada vez más insaciables con los años. Precisamente Wells expone la codicia que puede presentarse cuando los humanos endiosan sus capacidades de creación y buscan en la tecnología un sustituto para todas las formas de vida.

“¿Quiénes son esas criaturas? -dije, señalando hacia ellas y alzando cada vez más el tono de voz para que todos me oyeran-. Antes eran hombres, hombres como nosotros; hombres a los que ha poseído una sustancia bestial, hombres a los que se ha esclavizado y convertido en monstruos y a los que todavía teme”.

La isla del doctor Moreau. H.G. Wells

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones 3
Bomba nuclear detonada por el gobierno francés en la Polinesia Francesa. | Imagen vía: Reuters

La bomba atómica y las armas nucleares

En The World Set Free (1914) Wells plantea el concepto de objetos que explotan gracias a distintos niveles de radiactividad, adelantándose inclusive al control de las naciones ante estos objetos para evitar una destrucción masiva. En el presente estos prototipos literarios tienen nombre e historial: la bomba atómica y las armas nucleares.

Wells reconoce y plantea principalmente el poder destructivo de la tecnología y las ambiciones humanas. En sus historias estas granadas  tienen el poder de explotar continuamente por días, semanas y hasta meses.

Actualmente conocemos de sobra su poder destructivo, pero Wells literalmente anuncia la creación de un objeto portátil con la capacidad para devastar una ciudad entera.

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones
Portada del libro La guerra de los mundos de H.G. Wells | Imagen vía: GoodReads

El Láser

En uno de sus libros más famosos, La guerra de los mundos (1898), que principalmente desarrolla el escenario de una guerra interplanetaria, las armas futuristas de los marcianos incluyen un devastador rayo de calor capaz de incinerar hectáreas a kilómetros de distancia. La descripción de Wells no es tan precisa como para construir un láser de trabajo, pero su parecido con el dispositivo y otras armas de “energía dirigida” es prueba suficiente.

“Todo lo que sea combustible se convierte en llamas al ser tocado por el rayo: el plomo corre como agua, el hierro se ablanda, el vidrio se rompe y se funde, y cuando toca el agua, esta estalla en una nube de vapor”. La guerra de los mundos. H.G. Wells

Muchas de las “predicciones” de Wells son ciertamente visionarias, otras se apegan al sentido común de un hombre de letras. A la par de cada avance, por muy pequeño que sea, es inevitable magnificar sus posibilidades y consecuencias. Wells también se anticipó al aterrizaje de la nave Apolo en Los primeros hombres en la luna (1901)  y entendió las probabilidades de un conflicto global en Europa con La forma de las cosas por venir (1933). No obstante, su predicción más valiosa es la de los escenarios que germinan cuando la tecnología intenta imponerse a la naturaleza humana.

Save

Continúa leyendo: Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King

Romhy Cubas

Foto: Casa del Libro
Casa del Libro

La bibliografía de Stephen King, bautizado por muchos como el maestro del terror, da para llenar por lo menos una biblioteca dedicada exclusivamente a sus pesadillas. Con más de 70 libros publicados desde 1974 cuando firmó el contrato por su primera novela, Carrie, King es uno de los escritores modernos más lucrativos y de sus ficciones se han hecho adaptaciones en todos los formatos. Personajes emblemáticos como Jack Torrance y Pennywise se han aferrado al imaginario colectivo desde hace décadas, sus monstruos han sido la “cosa” del closet que ha obligado a dormir con la luz prendida a más de una generación.

Cuando el pasado 8 de septiembre se estrenó la nueva adaptación cinematográfica de una de sus novelas de terror más extensas y detalladas: It el payaso asesino, King demostró de nuevo que se puede vivir de fantasmas y pueblos embrujados. El libro, que ya había sido versionado en una teleserie de dos partes en 1990, relata en más de mil páginas la vida de un grupo de amigos en un pueblo maldito en donde cada 27 años se despierta una energía maligna. Esta pone en marcha masacres, incendios y, principalmente, la desaparición de decenas de niños en las circunstancias más macabras.

Y aunque es innegable que It es uno de los personajes más aterradores y mejor logrados de su bibliografía, la literatura de Stephen King está repleta de fantasmas, demonios, monstruos y males que son tan o más aterradoras como el payaso diabólico de Derry.

Con una obra tan extensa es fácil que muchos de los protagonistas que no han sido representados por grandes figuras en la pantalla grande, como Kathy Bates o Jack Nicholson, se pierdan en el mar de historias que ha producido Stephen King, por eso en este ranking rescatamos una lista con algunos de los monstruos más aterradores de su autoría, varios todavía vírgenes de adaptaciones cinematográficas.

Puede que entre las escenas más emblemáticas del cine de terror se encuentren por lo menos un par inspiradas en sus libros, incluyendo a Carrie cubierta de sangre de cerdo en su graduación, pero ninguna de estas versiones supera a los personajes narrados en su versión original, la de papel y tinta.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 2
Portada de La Historia de Lisey de Stephen King | Imagen vía: Ediciones DeBolsillo

La cosa del costado moteado de La historia de Lisey (2007)

Stephen King escribe una historia de amor que no tiene nada que ver con finales felices. Lisey es la viuda de Scott, un reconocido escritor cuyas sombras personales se presentan tan siniestras como los maltratos que sufrió en su infancia. La cosa del costado moteado es eso que no lo deja dormir por las noches, una criatura que vive en Boo’ya Moon, especie de universo paralelo que huele a fresas y violetas durante el día, pero que de noche esconde seres resbaladizos y peligrosos.

También apodado en el libro como “el chaval larguirucho de Scott”, este ser que se arrastra y corre entre la realidad y los sueños, que acecha en los espejos de la casa en la oscuridad y al cual se le oye comer cuando la luz del día se extingue con el atardecer, es uno de los personajes más inquietantes creados por King. La cosa del costado moteado inevitablemente te hará querer prescindir por algunos días de los espejos y su reflejo, sobre todo en la oscuridad.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 5
Banner de la nueva película de It -2017- dirigida por Andrés Muschietti | Imagen vía IMDB

It el payaso asesino

Con la última adaptación de “It”, el payaso de Derry se reivindica como el monstruo más famoso de King. Este es un ser que vive en un pequeño pueblo de Maine desde el principio de los tiempos, representa la maldad y la muerte y se transforma en los distintos terrores personales de aquél que se tropieza con su traje abombado. Su forma común y universal es la del payaso, Pennywise, un hombre que se pasea por las calles con labios rojos y maquillaje blanco, ofreciendo globos a los niños y prometiendo diversión en las cloacas laberínticas del pueblo.  

It es la cúspide de la coulrofobia –fobia a los payasos-, un ser que despierta cada 27 años para descuartizar niños y que busca que todos floten junto a su manojo de globos y risa inexistente.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 3
Jack Nicholson como Jack Torrance en la adaptación de El resplandor dirigida por Stanley Kubrick | Imagen vía: IMDB

Jack Torrance en El Resplandor

“¡No voy a hacerte daño! Wendy, querida, luz de mi vida, ¿de qué tienes miedo? No me has dejado acabar la frase, dije: No voy a hacerte daño, sólo voy a aplastarte los sesos. ¡Aplastaré tus jodidos sesos!”  -El Resplandor-

Es común que los libros de King sean protagonizados por escritores,  y en El Resplandor Jack Torrance es un autor alcohólico en recuperación que se traslada con su familia a un hotel de Colorado aislado del mundo. El hotel es un hervidero de fantasmas y asesinatos pasados que acechan a todo el que atraviese sus puertas. Jack es el recipiente perfecto para los demonios del lugar y poco después de su llegada su lado oscuro, su naturaleza violenta, su propensión a la bebida y su claustrofobia se explayan hasta crear a un hombre inquietante y poco cuerdo que persigue a su familia por el laberíntico hotel para asesinarla.

Jack Nicholson dio vida a este personaje en la adaptación de la novela dirigida por Stanley Kubrick en 1980. El nivel de locura que logró representar Nicholson con su famoso ¡Here is Johnny! es solo una fracción de la verdadera demencia que representa este personaje en el libro.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 6
Cujo en la adaptación cinematográfica de 1983 dirigida por Lewis Teague | Imagen vía: IMDB

Cujo, el perro asesino en Cujo

Solo Stephen King puede hacer que el mejor amigo del hombre se convierta en una fobia literaria. Cujo es un hermoso San Bernardo, grande e imponente,  juguetón y noble que es mordido en el hocico por un murciélago en uno de sus paseos diarios. Cujo, quien nunca ha sido vacunado contra la rabia, se contagia de una enfermedad que lo convierte en un animal violento y sediento de sangre con su propio monólogo interno de asesino primerizo.

El pueblo en donde habita se verá invadido por el miedo y una especie de toque de queda en donde nadie está a salvo de la rabia de Cujo.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 7
Portada de Duma Key de Stephen King | Imagen vía: Thedarktower.com

Perse, la muñeca maldita de Duma Key

En Duma Key Edgar Freemantle, el dueño de una compañía de construcción de Minneapolis, se muda a una playa ficticia de Florida para reconstruir su vida luego de sobrevivir a un accidente de tránsito que lo deja sin un brazo. El accidente no solo se lleva una extremidad de su cuerpo, sino que despierta una especie de psique expresada través de una obsesión por crear dibujos y cuadros que toman vida propia en la oscuridad.

Perse es la fuerza maligna manifestada en Duma Key, esta comanda un conjunto de almas malditas y se manifiesta a través de una vieja muñeca china con una capa roja. Su nombre completo, Perséfone, hace referencia a la diosa griega Perséfone, la reina del Inframundo.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 10
Kathy Bates como Annie Wilkes en la adaptación cinematográfica de Misery de 1990 | Imagen vía: IMDB

Annie Wilkes en Misery

Dicen que la miseria adora la compañía, y Misery es el perfecto ejemplo de este proverbio. Paul Sheldon es un famoso escritor de novelas románticas que mata a su personaje principal en su más reciente historia, “El hijo de Misery”. Un invierno, de camino a Los Ángeles y en medio de una tormenta de nieve, Sheldon sufre un accidente de tráfico. Despierta con las piernas rotas y postrado a una cama desconocida, su anfitriona Annie Wilkes resulta ser una enfermera que se declara su fan número uno.

Bajo el cuidado de Annie el escritor se comienza a recuperar hasta que la conducta de la fanática se sale de control. Cuando Annie se entera de que Paul mata a Misery en su nueva novela, comienza a drogar y torturar al escritor, obligándolo a escribir una nueva secuela del libro en donde Misery vuelva a la vida.

Annie es un personaje trastornado y demente que representa la peor pesadilla de cualquier persona que se gane “fanáticos” gracias a su obra.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 9
Escena de la nueva adaptación de El juego de Gerald producida por Netflix | Imagen vía: Netflix

Gerald Burnlingame en El juego de Gerald

En este juego mortuorio Gerald encadena a su esposa Jessie a la cama de una cabaña aislada e incomunicada en el bosque. En medio de un fallido juego erótico Gerald muere de un paro cardiaco y mientras este yace sin vida en el suelo de la habitación, Jessie -atada a la cabecera de la cama- intenta sobrevivir no solo al dolor, la sed y el hambre, sino a los fantasmas de su pasado en donde los hombres abusivos no escatiman.  La presencia de Gerald seguirá tan latente como la descomposición de su cuerpo. Los recuerdos del maltrato y los juegos soportados por Jessie a costa de su marido y su padre hacen que el personaje de Gerald, aunque muerto, sea tan o más dañino de lo que fue vida.   

Netflix  ha adaptado “El juego de Gerald” para su plataforma este año. La versión protagonizada por Carla Gugino (American Gangster), Henry Thomas (Ouija) y Bruce Greenwood (Meek’s Cutoff) se podrá ver desde el 29 de septiembre.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 8
Parte del póster promocional de la película El cazador de sueños proyectada en el 2003 | Imagen vía: IMDB

El Señor Gris de El cazador de sueños

Aunque es una historia de alienígenas y extraterrestres, King logra hacer de estas criaturas desagradables y mal olientes una pesadilla digna del autor.

El reencuentro de cuatro amigos de la infancia en una cabaña de Maine es la excusa para que una serie de comadrejas que incuban en el cuerpo de los humanos busquen exterminar la raza humana. Aunque puede parecer una forzada y ya contada historia de ciencia ficción, alienígenas y humanos, el elemento de terror se mantiene en vilo durante todo el libro.  Además está el Señor Gris, un extraterrestre que posee el cuerpo y la mente de las personas, comprometiendo su voluntad y borrando cualquier rastro humano que pueda quedar en el poseído.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 1
Portada de Buick 8 de Stephen King | Imagen vía Ediciones DeBolsillo

Buick el carro asesino

King ya lo ha logrado otras veces con celulares, con perros y en esta ocasión con un carro. No se necesita una familia poseída o un manicomio abandonado para crear una historia de terror. Para muestra el protagonista de este libro: un Buick modelo 1954 que cobra vida propia y tiene instintos asesinos.

Lo interesante aquí es la vida que le da King a lo material, algo tan simple como un carro abandonado y recuperado por unos agentes de la policía comienza a intervenir inesperada y peligrosamente en las vidas de quienes lo “conducen”.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 4
Adaptación cinematográfica de El cementerio de mascotas dirigida por Mary Lambert en 1989 | Imagen vía IMDB

Gage Creed, el niño poseído de El cementerio de mascotas

Un médico se instala junto a su familia en una nueva casa en las colinas de Maine – un pueblo recurrente en las historias King-, a pocos quilómetros del terreno un antiguo cementerio, utilizado por los niños del lugar para enterrar a sus mascotas, se erige en medio del silencio y las carreteras inhabitadas.

El cementerio parece ser un terreno ahogado de magia negra y ritos antiguos.  Cuando el hijo menor de la familia, Gage Creed, muere en un accidente de tránsito, su padre lo entierra en el cementerio de mascotas con la esperanza de que regrese de entre los muertos.

En la historia King reflexiona sobre el duelo y las consecuencias –exageradas, por supuesto, hasta su máximo elemento de terror- de sufrir la pérdida de un ser querido. El pequeño Creed regresa poseído y con un incontrolable deseo de hacer daño a su familia.     

Continúa leyendo: El verano de Piglia

El verano de Piglia

José Antonio Montano

Foto: JORGE SILVA
Reuters

No hay nada como tener un autor para un verano lector. Yo este verano he tenido a Piglia. Ha sido, para mí, el verano de Piglia.

Recuerdo otros veranos: el verano de Jünger (1991), el verano de Bernhard (2004). Ernst Jünger, con su fama de frío, me estuvo calentando después todo el invierno; sentía vivamente la brasa de aquella lectura –el calor del verano y el calor de ‘Radiaciones’–, como una estufita para los días desapacibles. Y Thomas Bernhard dejó electrificados, tensos y sin grasa, vigorosos, regocijantes, los meses (¡y años!) que siguieron.

Ahora ha sido el escritor argentino Ricardo Piglia, que murió a los setenta y cinco años en enero de este 2017. Yo no lo había leído, porque por lo que había leído sobre él pensaba que era un autor programático. Es decir, de los que tienen una teoría y luego escriben sus obras como ‘ejemplos’ de su teoría; obras que salen entonces medio muertas y como forzadas: aquejadas de abstracción. Pero Piglia no es eso. Tuve la suerte de empezar por ‘Los diarios de Emilio Renzi’ (y no porque me interesara Piglia, sino porque me interesan los diarios) y ahí me encontré su relación apasionada y nada programática con la literatura. También me había hecho la idea de que Piglia era pomposo y tampoco: como todos los maestros, es ligero, juguetón. Abre más que cierra.

Los dos primeros tomos de los diarios los leí a principio de julio. Para finales de agosto me había leído en total once libros de Piglia. El duodécimo ha sido el tercer y último tomo de los diarios, que se ha publicado en septiembre. He vuelto ahora a Piglia para terminar el verano y que sea así, definitivamente (¡programáticamente!) el verano de Piglia.

De los diarios me ha gustado su textura: cómo da cabida al ruido diarístico, el ruido de la escritura sin pulir; y que eso funcione. He leído diarios así que no funcionan, que se hacen aburridos. El de Piglia no, por puro mérito literario. Todo diario trabajado es un jardín, y la mayor sofisticación es que ese jardín retenga su aspecto agreste. Piglia lo consigue. Y además introduce variables estructurales que constituyen (¡por decirlo con el lenguaje de los profesores!) una reflexión sobre el género diarístico.

Los elementos del mundo de Piglia son limitados, controlables. Por eso se familiariza uno enseguida con él y los disfruta. Profundizando en ellos, naturalmente: son elementos contados pero fecundos. Escribe sobre la relación entre la ficción y la verdad (sobre el secreto, el enigma y el misterio, y sobre lo que él llama “la ficción paranoica”), sobre el acto de la lectura y sobre el lector como personaje, sobre el escritor también como personaje, sobre el escritor como crítico, sobre el amor y la pérdida, sobre el dinero, sobre filosofía, sobre psicoanálisis, sobre las quiebras del sujeto, sobre la vida en los márgenes, sobre la incidencia de la política en la vida (algo particularmente abrasivo en Argentina; se aprecia como en ningún otro sitio en la primera parte del tercer tomo de sus diarios, titulada “Los años de la peste”). De su mundo forman igualmente parte ‘sus’ escritores: los argentinos Borges, Arlt, Sarmiento, Alberdi, Macedonio Fernández o Manuel Puig; los extranjeros que vivieron en Argentina Gombrowicz o Hudson; y Kafka, Hemingway, Pavese, Joyce, Faulkner, Brecht o Bernhard, al que imita a veces.

En una de las anotaciones diarísticas, escrita cuando arrasa la moda del ‘boom’, se dice (y le dice al lector futuro) que debe mantenerse apartado de esa moda, trabajando a su ritmo y en su silencio. Uno de los gustos de leerlo ahora es comprobar que acertó: sus libros se mantienen cuando muchos de los otros han pasado.

¿Qué le aconsejaría al lector que quiera iniciarse en Piglia (¡aunque sé que son muchos los lectores ya iniciados en Piglia!)? Propongo los tres tomos de los diarios (o al menos el primero); el libro de cuentos ‘Nombre falso’, que incluye la novela corta de igual título; la novela ‘Respiración artificial’; y los libros de ensayos ‘Formas breves’ y ‘El último lector’. (De entre sus numerosos vídeos, recomiendo también las conferencias sobre Borges).

Por mi parte, tengo aún tres libros de Piglia sin leer, tres novelas: ‘La ciudad ausente’, ‘Plata quemada’ y ‘Blanco nocturno’. Me las dejo ya para el invierno. O sea, para el verano austral.

TOP