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Los perdedores habituales de la filantropía de Alfred Nobel

Romhy Cubas

Este año Bob Dylan, quien aunque se siente “muy honrado” ante el reconocimiento luego de un largo silencio ha declarado que compromisos personales no le permitirán asistir a la ceremonia en el mes de diciembre, le ganó a otros literatos en un “moderno” y controvertido movimiento de la Academia por haber “creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”, el año pasado fue la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich “por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”, en el 2014 el francés Patrick Mondiano fue honrado “por el arte de la memoria con la que ha evocado los más inasibles destinos humanos y descubierto el mundo de la ocupación”… y así la lista fluye en retroceso hasta 1901, año inaugural de la ceremonia.

Ilustración elaborada por la Academia Suiza para presentar al premio Nobel de Literatura 2016: Bob Dylan
Ilustración elaborada por la Academia Suiza para presentar al premio Nobel de Literatura 2016: Bob Dylan

El Premio Nobel de Literatura, conjurado en el testamento del filántropo sueco Alfred Nobel para la obra “más destacada en el área” es el reconocimiento de una vida para la mayoría de los escritores, pero cuando la nominación se convierte en una llamada repetida de octubre, el frenesí es opacado por la rutina del resignado.

“Aparentemente el francés  André Malraux era demasiado rojo para los jurados, y la visita que hizo Jorge Luis Borges en 1976 al general Augusto Pinochet, al que elogió en plena dictadura chilena, le costó la medalla de oro.”

Es complejo eso de pertenecer a un comité que decide si una obra tiene o no la suficiente trascendencia como para ser tomada en cuenta, sean cuales sean los cánones de deliberación -que nadie termina de aceptar por completo- los análisis y las interpretaciones de la Academia para tomar su resolución han sido tildadas de eurocéntricas, tradicionalistas y hasta “hipsters” por resistirse a aquellos con demasiado éxito comercial. Las marcas políticas, ideológicas y extra-literarias se esconden en las esquinas cuando el quórum académico choca con el del público: aparentemente el francés  André Malraux era “demasiado rojo” para los jurados, y la visita que hizo Jorge Luis Borges en 1976 al general Augusto Pinochet, al que elogió en plena dictadura chilena, le costó la medalla de oro.

El hecho es que están los laureados y los que se quedan esperando con el traje estirado. Así como Leonardo DiCaprio en los Óscar -antes de The Revenant (2015)- la Academia Sueca tiene sus perdedores habituales, eternos nominados que reciben la noticia con el vicio familiar del café mañanero. Entre los últimos contemporáneos que siguen extraviándose en las quinielas se encuentran el japonés Haruki Murakami, el americano Phillip Roth o la escritora Joyce Carol Oates; antes de su muerte Jorge Luis Borges ya había admitido adoptar aire de “perdedor experto” ante lo que parecía una tradición “escandinava” que lo relegó por casi veinte años, y el escritor francés Paul Valéry estuvo nominado doce veces antes de ser realmente considerado, precisamente el año de su muerte.

Sátira gráfica de Leonardo DiCaprio y Haruki Murakami por Cinismoilustado.com
Sátira gráfica de Leonardo DiCaprio y Haruki Murakami por cinismoilustado.com

Murakami y la pandilla de los “perdedores”

La literatura es más que letras y manos que escriben pensamientos en una copia de papel, su trascendencia viene de la mano de una abstracción natural, política y social que se desarrolla en el contexto de una época y sus penumbras, una crítica que muchas veces tarda en notarse pero que ilumina cuando se examina con detenimiento. En la nómina de la pandilla de los perdedores listan figuras como Haruki Murakami, escritor japonés con cerca de una treintena de libros publicados y una empatía especial para contar las complejidades de la soledad  a escala universal; ya es viralizado en las redes como el nuevo DiCaprio. Desde el 2010 ha figurado en el primer lugar de los seleccionados para el Nobel de la Literatura, pero novelas como “Kafka en la orilla”, “Baila Baila Baila” y “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, entre otras, han peregrinado por el jurado como los personajes de sus historias. El novelista nipón de 67 años tiene siete nominaciones y las manos “vacías”.

Joyce Carol Oates | Foto: Marion Ettlinger via Lewis Center Princeton
Joyce Carol Oates | Foto: Marion Ettlinger via Lewis Center Princeton

Otro relegado que continúa en la cola de finalistas sin diploma es Philip Roth, escritor estadounidense de origen judío y autor de libros como ‘El mal de Portnoy’ y ‘Pastoral americana’. Su obra ha sido reconocida como una constante y lúcida mirada a los problemas de identidad en la sociedad norteamericana, sus esplendores y sus miserias escritas con un humor vanidoso y rebelde. Luego está Joyce Carol Oates, otra intelectual estadounidense que ha sonado varias veces con su literatura gótica y violenta, incómoda pero ineludible. Con más de cien libros publicados, su obra sigue aleteando sobre el Nobel sin rencor.

Hay otras objeciones que se aferran a las minorías. Entre los idiomas comunes el francés y el inglés son los más condecorados mientras que las lenguas minoritarias están representadas con los únicos ganadores en yidis, en occitano o en el serbo-croata.  Fue el caso este año de Ngugi Wa Thiog´o, escritor en lengua kikuyu que se quedó en la traducción de las ilusiones y las apuestas que lo ubicaban como posible vencedor.

Vivir con los ignorados

Aunque no los tomaron en cuenta por presiones y aristas que constituyen una diatriba frecuente en homenajes de tal envergadura,  con sus historias se puede existir varias vidas simplemente leyendo; desde Marcel Proust (En busca del tiempo perdido) y James Joyce (Ulises) hasta Virginia Woolf (Las Horas), Dostoievski (Memorias del subsuelo), Mark Twain (Las aventuras de Huckleberry Finn), Leon Tolstoy (Guerra y paz) y Anton Chéjov (El jardín de los cerezos), hay mitos cuya esencia reside mejor en el “anonimato” de los perdedores que en el foco prometido del Nobel.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso" 1
Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

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Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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Black Friday 2017: cómo aprovecharlo y conseguir las mejores gangas

Redacción TO

Foto: NACHO DOCE
Reuters

Un año más, un día después de la festividad de Acción de Gracias en Estados Unidos, llega desde tierras americanas el Black Friday, un evento que ha adquirido ya un cariz global y que promete ofrecernos todo tipo de gangas. Desde la moda a los viajes, un infinito mundo de posibilidades se abre para los amantes de las ofertas.

Dos son las fechas clave de estas mega ofertas: el Black Friday (que se celebrará el próximo viernes 24 de noviembre), y el Cyber Monday (que se celebrará el próximo lunes 27 de noviembre y es exclusivo del comercio electrónico). No obstante, el Black Friday se extiende ya a más de una semana de ofertas, ya que muchos son los que aprovechan toda la semana anterior para lanzar ofertas bajo la premisa de la Black Week.

España es uno de los países que con mayor intensidad se lanza al mundo de las gangas, aprovechando el tirón de esta ocasión para las compras navideñas. Y el impacto es cada vez mayor: según un estudio de la firma Deloitte, una de cada tres compras de Navidad en España se realiza ya en el mes de noviembre. ¿Quieres buscar grandes gangas? Aquí una guía para no perderte en este mar de ofertas:

Amazon, protagonista indiscutible de las gangas

El gigante electrónico norteamericano es sin duda uno de los grandes clásicos en esta cada vez más extendida costumbre comercial. Para Amazon el Black Friday es una estupenda oportunidad de hacer negocio, sí, pero también una cuestión de récords. La empresa prevé superar las ventas del año pasado, cuando batió su propia marca al registrar en España solo ese día más de 940.000 pedidos en 24 horas. Para ello, alarga las ofertas durante dos semanas en esta edición.

Ya está disponible en su web un apartado especial Black Friday en la que se pueden encontrar ofertas flash que duran tan sólo unas horas y que oscilan entre, aproximadamente, el 20 y el 50% de descuento. Cuando se acaban unas ofertas, llegan otras nuevas que también desaparecen al poco tiempo. Electrónica, electrodomésticos, música, cine, accesorios, hogar… todo tipo de productos son los que cuentan con asombrosos precios. La clave está en visitar este apartado de la página cada cierto tiempo para ver si lo que estamos buscando cuenta con su propia oferta flash.

El Corte Inglés: ampliación del periodo de ofertas

A pesar de ser una empresa genuinamente española, la compañía fundada por Ramón Areces fue una de las primeras en adoptar la costumbre del Black Friday norteamericano en España. Desde que se liberaran los periodos de rebajas en el año 2012, El Corte Inglés viene ampliando su periodo de ofertas por el Black Friday.

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Hay que estar al loro ante posibles fraudes, siempre en rebajas, también durante este Black Friday. | Foto: Andrew Kelly / Reuters

En El Corte Inglés, como buenos grandes almacenes, todos los departamentos se suman al Black Friday: moda, electrónica, electrodomésticos, móviles, portátiles, videojuegos, cine, hogar, deportes, música… Además, para los poco amigos de las compras online, desde la compañía aseguran que las ofertas serán iguales en la tienda online y en los centros comerciales, así que aquí no hay discriminación. Aún no han confirmado las fechas del periodo de rebajas, pero el año pasado los descuentos se alargaron durante cuatro jornadas, y todo parece indicar que este año se ampliará aún más.

Viajar también tiene descuento

Si más que un producto físico buscas una experiencia vital, estás de enhorabuena: los viajes también tienen descuento.

El buscador Destinia ofrecerá un cupón Black Friday que incluirá viajes con hasta un 10% de descuento. Su campaña especial comienza el próximo viernes 24 de noviembre y se alargará hasta el lunes 27.

EasyJet oferta, hasta el próximo jueves 23 de noviembre, 70.000 plazas a varios destinos con precios que oscilan entre los 15 y los 25 euros. Los billetes, a la venta en su página web, son aptos para viajar entre el 28 de noviembre de este año y el 2 de septiembre de 2018.

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¿Pensando en surcar los mares? Igual ahora te sale más barato. | Foto: Alastair Miller / Viking Cruises via AP

La agencia digital Logitravel también ofrece suculentos descuentos: hasta un 65% reservando el vuelo y el hotel de manera conjunta, hasta un 20% en todos los circuitos y grandes viajes o un 5% de descuento en cruceros con salida hasta febrero, entre otras.

Para los que busquen hoteles a buen precio, Meliá Hotels International será la primera cadena hotelera del mundo en vender habitaciones en Amazon durante el Black Friday. El programa de fidelización de la hotelera obsequiará a los clientes de Amazon Prime Now, que podrán hacerse hasta con un 10% de descuento en futuras reservas realizadas en la web de Meliá.

Otras compañías como Iberia, KLM o AirFrance suelen ofertar viajes a precios más baratos que de costumbre durante esta época, aunque aún no han confirmado descuentos.

Comercio cercano a través del móvil

La aplicación para smartphones Tiendeo dispone de los catálogos de las tiendas de tu ciudad o de tu barrio, una opción muy cómoda para filtrar los mejores descuentos cerca de ti. También permite seleccionar comercios como favoritos y te avisa con las actualizaciones de las ofertas de tus comercios favoritos, algo muy útil en esta Black Week.

Saber y cultura por un módico precio

Una periodo de rebajas como el Black Friday puede servir también para enriquecer el espíritu, por lo que invertir en cultura buena y barata se adivina muy apetecible.

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Leer te ofrece un mundo de posibilidades, y ahora también está en oferta. | Foto: Dmitry Ratushny / Unsplash

Aprendum ofrece cursos online con hasta un 80% de descuento, la Casa del Libro tiene rebajas de hasta el 70% en libros, y el departamento de entradas para espectáculos de El Corte Inglés tiene tickets para todo tipo de eventos con hasta un 50% de descuento.

Mediamarkt: tecnología a precios asequibles

La tecnología ocupa un importante hueco en nuestras vidas, y no suele ser especialmente barata. Gran parte de los gastos extraordinarios los dedicamos a un móvil nuevo o a un ordenador que sustituya al anterior. Además, la tecnología es muy recurrente a la hora de hacer regalos.

La empresa Mediamarkt, especializada en este tipo de productos, ha lanzado sus ofertas para este Black Friday. Del 22 al 26 de noviembre, toda clase de dispositivos electrónicos, informáticos o electrodomésticos tendrán precios más asequibles que de costumbre. Puedes ver el folleto aquí.

Continúa leyendo: La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago

Romhy Cubas

Reflexionar en pasado, presente y futuro tiene un eco de responsabilidad innegable en la literatura. La ficción es solo otra forma de contar la realidad, sobre todo cuando esta se tambalea en su propia deshumanización. Uno de los escritores que en vida siempre insistió en presentar esta crítica en formato de ensayos ficticios e utópicos fue José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 y autor de novelas como El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004) y El viaje del elefante (2009).

El escritor portugués se afincó en la imaginación y las ironías de esa ficción tan parecida a la realidad para crear ensayos literarios con un mensaje universal que advierte contra los status quo y la contradicción del poder político.

Recordar a Saramago es entender que entre la lucidez y la ceguera hay una línea tan delicada como los fracasos políticos y sociales que cada día se afincan más en el periódico de las mañanas.

Las hipótesis de Saramago son más que conjeturas. Cuando creó aquél país en el cual más del 80% del electorado de su capital decidió votar en blanco en los comicios municipales, abrió la grieta para entrever una crisis institucional que en el presente no necesita de votos en blanco para desarrollarse. Ensayos sobre la lucidez es una crítica a la “democracia” y sus instituciones, el cuestionamiento de un sistema mediante el silencio y una papeleta en blanco. Un ensayo que luego de su publicación en el 2004 provocó molestar, sobre todo entre ciertas posiciones políticas, por el hecho de satirizar una democracia mucho más endeble de lo que quisiera aparentar.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago 1
Portada de Ensayo sobre la lucidez de José Saramago editado por Alfaguara.

Esa conjetura del voto en blanco no permanece enclaustrada en las páginas de la literatura. En Argentina en las elecciones de 1957 la proscripción y prohibición del peronismo en los comicios electorales por parte de La Revolución Libertadora provocó que desde el exilio Perón utilizara el recurso del voto en blanco como una forma de protesta entre sus acólitos. Más que un recurso fue una exigencia a distancia. Una demanda que tuvo éxito cuando el voto en blanco fue mayoría en las urnas de aquél año con 2.115.861 votantes. Sin embargo, en este escenario el voto en blanco seguía siendo un voto para un representante, y en Ensayo sobre la lucidez Saramago plantea una población totalmente insatisfecha con todos los nombres y partidos políticos; personas de todas las edades, ideologías y condiciones sociales se manifiestan contra la política como un género.

En la realidad, los votos en blanco son considerados por la ley de muchos países como votos válidos que se tienen en cuenta en la primera fase del escrutinio, cuando se procede a la barrera del 3% de los votos en cada circunscripción.

“Mal tiempo para votar” apunta Saramago en este ensayo que hace demasiados guiños al presente y sus disyuntivas. Uno en donde el voto ha perdido esa fuerza democrática por la que se libraron batallas. En la historia del Nobel los votos válidos no llegan al 25% del escrutinio, los políticos inquietos intentan hallarse en el resultado inesperado, el gesto capaz de mover montañas para evitar conjeturas internacionales y desastres nacionales. Los miembros del Gobierno implantan entonces un estado de sitio para protegerse a sí mismos, la máquina política se pone en marcha y entran factores tan desafortunadamente comunes como la corrupción, la manipulación de los medios de comunicación, las falsas promesas y los discursos de intimidación.

Esta opción del voto en blanco no fue respaldada por el escritor en la vida real, sin embargo Saramago siempre dejó clara su posición ante la historia y sus contadores. “La historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Y se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino”.

Una ceguera anunciada

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Adaptación cinematográfica de “Ensayo sobre la ceguera” dirigida por Fernando Meirelles en el 2008.

Luego está el Ensayo sobre la ceguera, o antes, si se considera que la novela fue publicada una década previa al Ensayo sobre la lucidez, en 1995, y que es de hecho la precuela de un mismo país propenso a las pandemias sociales.

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”, escribe Saramago en este ensayo en donde utiliza la deshumanización y el egoísmo de una especie que intenta sobrevivir a una ceguera que traspasa los límites físicos y se establece como una epidemia moral. Sus personajes experimentan la falta de luz desde un semáforo, un cine, una caminata por el parque. Entonces la capacidad para ver se vuelve una parábola que se deshace en la naturaleza humana. “Lo que quería era no tener que abrir los ojos”.

La incertidumbre de la civilización y la inestabilidad de  sus acciones se asemejan  a un entorno que se repite como la historia, intentando aprender de sus errores pero sin conseguirlo por completo. Y es que esta ceguera no es una simple ausencia de luz, al contrario es una  “blancura insondable como el sol dentro de la niebla” que se expande cual gripe de invierno.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago
Portada de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago editado por Alfaguara.

La vigencia de las novelas de Saramago permanece en esa especie de experimentos sociológicos que reflexionan disfrazados de ficción sobre el presente. El voto en blanco como crisis institucional, la sátira crítica de la democracia, la ambivalencia del color blanco como instrumento de ceguera y lucidez. El debate necesario e imperativo a través de una literatura que a propósito, carece de signos de puntuación.

Saramago murió de leucemia en junio del 2010, hace ya un poco más de siete años, pero de sus ensayos quedaron debates e hipótesis vigentes que aunque se expresan entre los extremos de la literatura, es necesario releer para evitar esa ceguera de luz y de lucidez que reincide con una confianza peligrosa en la actualidad.

“Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana si ya estoy ciega. Responsabilidad de qué. La responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido” 

Ensayo sobre la ceguera. José Saramago.

  

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