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Los planes de China para convertir en realidad la distopía de Black Mirror

Cecilia de la Serna

Foto: Netflix

Black Mirror, la serie de Channel 4 y Netflix, muestra un futuro no muy lejano y distópico que nos pone los pelos de punta. Cada capítulo entra en un mundo tecnológicamente horroroso. Ciencia ficción que a veces está demasiado próxima a la realidad.

En Nosedive, el primer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror, la protagonista vive pendiente de lo que la gente piensa de ella a base de calificaciones a través de una app. La interacción social se convierte de esa manera en fundamental a la hora de ser un ciudadano de primera o segunda clase, y esto tiene una repercusión directa sobre la vida de las personas: de la puntuación que te den otros usuarios depende a qué tipo de servicios puedas acceder, por ejemplo. Este esquema sociológico, propio de la distopía a la que acostumbra Black Mirror, parecía ya posible gracias, por ejemplo, a las apps de servicios en las que te puede calificar el prestador del servicio, como es el caso de empresas de transporte como Uber o Cabify, o de envíos como Glovo. No obstante, esto queda como una chiquillada al lado de lo que está preparando el gobierno chino.

Los planes de China para convertir en realidad la distopía de Black Mirror
No permitas que te den una mala calificación. | Imagen: Netflix

Un ‘Sistema de Crédito Social’ para 2020

El plan que ya está en fase de prueba piloto en China, el país más poblado del mundo con 145 habitantes por kilómetro cuadrado, consiste en un ‘Sistema de Crédito Social’ según el cual sus ciudadanos podrían ser de primera o de segunda y acceder a unos u otros servicios en función de este método clasificatorio.

Este proyecto no es ninguna novedad, aunque ahora sea noticia tras conocerse que en 2020 será obligatorio para todos los habitantes. El plan nació en 2014 con el ánimo de calificar individualmente a cada uno de los ciudadanos en función de una serie de factores como la información personal, los hábitos y preferencias, el historial crediticio, la actividad en redes sociales, las compras que hace o los lugares a los que va. Da miedo, ¿verdad?

Otros aspectos a valorar serán la capacidad del individuo para cumplir con sus obligaciones contractuales o los amigos que tenga. Si una persona tiene una mala calificación, ésta influirá en la de sus seres queridos. Nuestras madres iban a tener razón con eso de “ten cuidado con quién te juntas”. Otro detalle que hemos podido conocer es que hablar bien del gobierno otorgará puntos.

Las consecuencias que pueden llegar a tener los ciudadanos con una puntuación baja van desde las restricciones en servicios y viajes a tener un internet más lento que la media, y llegan a cuestiones tan sensibles como no acceder a ciertos trabajos, estar vetado para ostentar un cargo público o no poder matricular a los hijos en algunas escuelas.

El sistema se basa en una tabla de puntuación va desde los 350 puntos, para los “peores ciudadanos” hasta los 950 puntos, para los “ciudadanos modelo”. Hay barreras importantes, como la de los 700 puntos que otorgan facilidades para viajar. Llegar a los 750 supone, por ejemplo, la obtención de un visado para viajar al espacio Schengen para, tal vez, ¿escapar?

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Con esos puntitos puedes hacerte un tour por Europa. | Imagen: Netflix

Lo que busca el gobierno chino es, según sus propias palabras, “forjar un ambiente de opinión pública donde mantener la confianza es glorioso”. No obstante, lo que parece más de cerca de forjar el ejecutivo es un mecanismo de control donde salirse de la norma puede salirle muy caro al individuo. Aunque nos llevemos las manos a la cabeza, esta iniciativa no es de extrañar dada la falta de libertad y ausencia democrática que allí impera, aunque a veces ignoremos deliberadamente el estatus de China dada su buena salud económica.

La futurista y escalofriante experiencia de Lacie, la joven y cándida pelirroja que protagoniza Noisedive, está al alcance de millones de personas en un flagrante caso de vulneración de los Derechos Humanos. Bienvenidos a la realidad.

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Black Mirror: un futuro nada prometedor

Christian Rubio

El próximo 21 de octubre se estrena la tercera temporada de Black Mirror. Tranquilidad. Aún hay tiempo de prepararse como es debido. Toca respirar hondo. Tachar el día en el calendario. Poner varias alarmas en el teléfono. Comprar unas cuantas bolsas de palomitas. Y si aún no nos hemos suscrito a Netflix, adelante. Porque la nueva tanda de episodios de esta aclamadísima serie británica formará parte en exclusiva de su catálogo.

Se ha hecho de rogar, pero por fin vuelve. No te preocupes si no la has seguido desde el principio de los tiempos, cuando empezó allá por diciembre de 2011, porque todos los capítulos de Black Mirror cuentan una historia distinta. Una historia perturbadora, vibrante, con la tecnología siempre como factor desencadenante de un futuro lúgubre y basado en la distopía. ¿Han llegado los avances tecnológicos demasiado lejos? ¿Tanto como para despertar auténticas atrocidades en el ser humano?

El creador de la serie, Charlie Brooker, promete "más locura" en la nueva temporada. (Foto: Andrew Cowie / AFP)
El creador de la serie, Charlie Brooker, promete “más locura” en la nueva temporada. (Foto: Andrew Cowie / AFP)

Charlie Brooker, el padre de la criatura televisiva, lo tiene claro: “Black Mirror es entretenimiento y sátira. Hay drama pero también hay humor que, a menudo, tiene un aire bastante sombrío. Nos acusamos con el dedo como diciendo ‘toda la tecnología es mala’, pero no es eso. Buscamos explorar los posibles, los ‘¿y si…?’. Se trata más de un juego travieso“. Y razón no le falta, porque los guiones están repletos de travesuras casi macabras que mantienen al atónito espectador pegado frente al televisor hasta los créditos finales.

Giros maquiavélicos, bofetones de realidad, desesperanza, angustia… Pero la ficción de Black Mirror va mucho más allá. También hace reflexionar, romperse la cabeza sobre las consecuencias que tendría para la humanidad un futuro descontrolado que avanza irremediablemente hacia el apocalipsis, si es que no está ya inmerso en él. Con una sociedad aletargada, insensible y dominada por la tecnología.

Primera temporada: el origen del caos

Tres capítulos dan forma al arranque de Black Mirror en la pequeña pantalla. En El himno nacional, el primero de ellos, una llamada en mitad de la noche despierta al primer ministro británico. La princesa ha sido secuestrada. Los captores cuelgan un vídeo en Youtube y exigen para su liberación que el primer ministro mantenga relaciones sexuales ante las cámaras con un cerdo. Sin otra alternativa. Este dato parecería un spoiler como un piano si no fuera porque hablamos de los cinco primeros minutos del episodio. El resto recrea el dilema del protagonista, sometido al clamor de la opinión pública.

Black Mirror presenta un futuro lúgubre con una sociedad esclavizada y alienada. (Foto: 'Lackey writes about film')
Black Mirror presenta un futuro lúgubre con una sociedad esclavizada y alienada. (Foto: ‘Lackey writes about film’)

Las redes sociales y la tiranía del ‘Me gusta’ tienen un papel muy importante en 15 millones de méritos. Este segundo relato presenta un porvenir oscuro de la sociedad, con unos humanos esclavizados y alienados, cuyo único objetivo es pedalear en una bicicleta estática y acumular puntos -méritos- que pueden canjear por ciertas recompensas. El mayor premio, al que todos aspiran, es la participación en el reality show estrella del momento.

El mismísimo Iron Man, Robert Downey Jr., se hizo con los derechos del capítulo que cierra la temporada, Tu historia completa. Seguro que pronto veremos su adaptación cinematográfica. La trama bien lo merece, con un futuro donde no existe el olvido. Las personas son capaces de almacenar cada momento vivido en un chip insertado en sus cabezas y recordarlos a través de un mando a distancia. El problema es que estos recuerdos están al alcance de cualquiera. ¿Está desapareciendo la privacidad de nuestras vidas?

Segunda temporada y especial de Navidad

Vuelvo enseguida es el nombre con el que regresó Black Mirror, toda una declaración de intenciones. Y lo hizo con fuerza, utilizando la robótica y la añoranza como estandartes. La protagonista decide contratar un nuevo servicio online de mensajería para comunicarse con su novio muerto. Le echa demasiado de menos, hasta el punto de ser capaz de cualquier cosa por tenerle cerca otra vez. ¿Y si el software del mañana pudiera hacer fotocopias exactas de la personalidad de un individuo?

Quién sabe si, algún día, existirán dispositivos que permitan hacer una copia exacta de nuestra personalidad. (Foto: Engadget)
Quién sabe si, algún día, existirán dispositivos que permitan hacer una copia exacta de nuestra personalidad. (Foto: Engadget)

En un mundo rendido a los smartphones, donde prácticamente cada persona tiene uno en su bolsillo -o en su mano-, nuestro instinto de curiosidad nos impulsa a grabar todo aquello que nos parece interesante. Aunque sea ilícito, obsceno, violento o espeluznante. Es la premisa de la que parte Oso blanco, el segundo episodio de esta temporada, que muestra en su arranque a una mujer que despierta amnésica en un lugar que desconoce. Pronto se da cuenta de que una figura encapuchada la persigue con un rifle mientras el resto de mortales graba con sus teléfonos móviles la cacería.

Los políticos siempre están en el centro de la polémica, para bien o para mal. ¿Llegará un día en el que nos hartemos de ellos y sus promesas incumplidas? En El momento Waldo encontramos una posible respuesta: rotundamente sí. Qué se puede decir cuando el candidato más popular para las próximas elecciones es un personaje animado, deslenguado y anárquico, al que pone voz un cómico fracasado.

Por último, Blanca Navidad se emitió el 16 de diciembre de 2014 poniendo punto y seguido a la serie. En él se juega con la realidad aumentada, un efecto producido gracias a unos dispositivos implantados en los ojos de las personas como si fueran lentillas. La trama gira en torno a una casa en la que dos hombres discuten acerca de sus pasados, desvelando poco a poco sus más terribles secretos.

El 21 de octubre vuelve Black Mirror con una temporada que tendrá doce capítulos. (Foto: Netflix)
El 21 de octubre vuelve Black Mirror con una temporada que tendrá doce capítulos. (Foto: Netflix)

Lo que se sabe de la tercera temporada

Esta temporada contará con más episodios, concretamente 12. De la primera tanda de seis ya hay un desconcertante tráiler difundido por Netflix, en el que se puede ver que la serie continuará desafiándonos con sus peculiares reglas de juego. El nombre de los capítulos y su sinopsis están disponibles en IMDb para que no pierdas detalle.

También regresa -no podía ser de otra manera- su creador, Charlie Brooker. El escritor y periodista tiene las pilas cargadas, a pesar de no haber parado de trabajar. Es columnista en The Guardian y tuitero asiduo. En su currículum de guiones encontramos perlas como Dead Set, un magistral giro de tuerca a los manidos zombis, y los libretos de 10 O’Clock Live, un show en el que hace gala de ese sarcasmo y mordacidad tan característicos suyos. Ya ha anunciado que los nuevos guiones de Black Mirror son “más locos, más fuertes y más cercanos a la vida real que nunca”. Terroríficamente irresistible. ¿Seguro que estamos bien preparados?

Continúa leyendo: Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí

Nerea Dolara

Inteligencia Artificial, calentamiento global, Estados totalitarios, esos son rasgos de futuros humanos que no parecen tan lejanos. Pero el cine y la televisión no sólo se imaginan distopías viables, también las hay imposibles.

Imaginar futuros catastróficos es un ejercicio muy común en la ficción. Una especie de fábula y una oportunidad de dejar a la imaginación volar libre (la mayoría de las veces de forma sádica) y crear un mundo que no se conoce aún. La oferta es amplia y diversa y, en un momento que parece bañado por señales de malos tiempos por venir (intolerancia, prejuicios, populismos, terrorismo, calentamiento global),  (a modo de quienes guardan mochilas de supervivencia o tienen planes para una epidemia zombie) y los que son muy poco viables.

(Advertencia de Spoilers)

Firefly (2002-2003). Poco viable.

Esta serie de Joss Whedon, que sólo duró una temporada y que se ha convertido en un producto de culto, se desarrolla en el año 2517 y asume un futuro en que, sí, hay viajes espaciales y muchos planetas “terrificados” (en los que han reproducido las condiciones de la Tierra) y un gran gobierno controlador, La Alianza, pero la realidad del día a día del grupo que vuela en una nave destartalada comandada por Malcolm Reynolds (Nathan Fillion) es el de un western espacial. Y sí, puede que todo lo demás sea viable, pero que el futuro se convierta en el Viejo Oeste espacial es poco probable -a menos que se asuma como un “juego”, sí, hablo de ti Westworld-, aunque muy entretenido.

Nunca me dejes ir (2010). Viable.

Basada en una novela de Kazuo Ishiguro, esta excelente película -que pasó muy desapercibida sin merecerlo- se desarrolla en un futuro cercano, aunque al principio no sea obvio. Si no se sabe nada de la historia es mejor evitar tener más información, parte del horror proviene de la revelación de lo que este futuro significa para los protagonistas y para nosotros como humanos. Kathy, Tommy y Ruth crecen huérfanos en una escuela algo sospechosa que resulta ser el lugar en que cuidan y educan a los clones de seres humanos con recursos e intención de vivir eternamente y que utilizarán, antes de que lleguen a sus treinta años, como donantes de órganos vitales… hasta que mueran en una de las cirugías. Los problemas morales y éticos no se toman en cuenta, tampoco el hecho de que estos clones sienten y piensan. La naturalidad con que se desarrolla la historia es lo que más hiela la sangre.

La carretera (2009). Viable

Esta adaptación de la novela de Cormac McCarthy en que un padre y un niño intentan sobrevivir en un mundo arrasado por un desastre -que parece nuclear- y en el que el canibalismo, la violencia y la deshumanización son la norma no parece muy alejado de lo que podría pasar si un gran desastre acabase con los recursos y el hambre y el miedo se apoderaran de la rutina. Al final se trata, como todos los escenarios que parecen posibles, de imaginar el desarrollo de la naturaleza humana en las peores condiciones… y según los ejemplos que tenemos a mano (aunque haya excepciones de bondad y solidaridad) las probabilidades no son buenas.

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Fotograma de “Idiocracy”

Idiocracy (2006). Por favor no.

Hace unos años pensar que el mundo de esta película, en que un tipo mediocre es congelado y aparece en el futuro sólo para descubrir que el mundo se ha convertido en lo peor de la televisión basura y la publicidad engañosa -ah y que la contaminación es rampante y todo el mundo es idiota-, era viable parecía un mal chiste… una exageración ante, sí, el aumento de reality shows, productos que se inventan necesidades y una cultura que enaltece más a Kim Kardashian que a Cervantes. Ahora, con la llegada del mundo “post-hechos” no parece tan gracioso.

Bladerunner (1982). Viable.

En este futuro, 2019, el mundo está ultra contaminado, gobernado por las leyes salvajes del mercado, los animales están casi extintos en su totalidad y los replicantes, modelos de androides humanoides, son utilizados como mano de obra esclavizada fuera de la Tierra… los que se rebelan y viven en el planeta son cazados y asesinados.

Logan’s Run (1976). No viable.

A ver en este futuro la alegoría va de la obsesión con la juventud en nuestra cultura y el miedo a la sobrepoblación -miedo con base- pero la solución que ofrece este futuro parece demasiado exagerada… incluso en una lista en que el canibalismo y la inteligencia artificial asesina parecen posibles. En este mundo una vez que llegas a los 30 tus opciones son renacer o morir de forma brutal… o, como deja claro el nombre, correr a ver si escapas de la policía y logras vivir unos años más. ¿Le tenías miedo a los 30 años? Ya tienes la solución, sólo piensa en Logan y compañía, te relajará.

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Fotograma de “Black Mirror”

Black Mirror (2011-). Viable

Cada episodio es diferente en esta traumática serie británica, pero en la mayoría de los casos el futuro cercano, y terrorífico, que exhiben es tan posible que las pesadillas son una consecuencia casi indeleble. Ya sea un mundo en que chips implantados en el cerebro para hacer re-play de todo lo que hemos visto en el día o uno en que todo se define por el ránking que tengas en una red social o uno en el que un dibujo animado se postula como presidente… el futuro que presenta Black Mirror es horrible, pero nunca parece muy lejano.

The Purge (2013). No viable.

En esta franquicia cinematográfica se resume en esta premisa: en este futuro hay un día al año, el día de la purga, en que es legal matar, violar y torturar a quien sea. La gente, armada con lo que se encuentre, sale a las calles a desatar sus peores instintos… si eres pobre estás peor -nada de rejas en tu casa y ya ni hablemos si tienes la poca fortuna de vivir en la calle- y si eres rico no estás salvado, pero pagas protección. No parece un gran horizonte al que aspirar y a nivel de posibilidad está en los porcentajes bajos…a qué gobierno se le ocurriría dejar a la gente armarse y matarse un día al año (conste, la duda no proviene de que un gobierno tenga la sensatez de no hacer esto, sino de que tenga la previsión de que gente armada y suelta no tiende a dejarse controlar).

Ex-Machina (2015). Viable

Esta película indie no es Terminator, pero propone la misma premisa… sólo que con mucha menos acción y mucha más discusión moral y filosófica. En un lugar remoto un científico ha creado la que cree es la primera expresión de verdadera Inteligencia Artificial. Para comprobarlo llama a uno de sus empleados, que, encerrado en ese espacio sin ventanas y aislado, debe interactuar con la robot diariamente y evaluar si tiene conciencia. No es difícil imaginar que las cosas no terminan bien y que los humanos no están retratados de la mejor manera.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí
Fotograma de “Wall-E”

Wall-E (2008). No viable

Siempre se espera que no llegue a esto, pero en el mundo de Wall-E la Tierra ha tenido que ser abandonada – la basura se quedó con todo el espacio y el aire es irrespirable – y los humanos recorren el espacio en una gran nave crucero, subidos a sillas móviles y pegados a pantallas: sin interactuar, sin moverse, sin saber lo que es una planta o la vida como se conoce en el presente. ¿Exagerado? Sí. Viable, por favor esperemos que no.

Cuando el destino nos alcance (1973). Por dios no.

Vale, ninguno de los futuros presentados en la lista es deseable, eso es claro. Pero en este nada, y es nada, es deseable… y eso antes de conocer la revelación final. La economía del mundo ha colapsado, la contaminación es rampante, los recursos naturales casi han desaparecido y hay sobrepoblación… ah y la alimentación que provee el Estado a quienes tienen la “suerte” de recibirla es en forma de barras energética elaboradas con “plancton” o, como se descubre luego, con gente. Sí, es un muy mal futuro en el que existir.

(Fuera de la lista están las distopías más clásicas como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y otras narraciones míticas que han establecido muchas de las características de las historias posteriores).

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Qué ver y leer en tiempos de turbulencia política

Nerea Dolara

1984 es un best seller. ¿Qué otros productos culturales exploran distopias totalitarias, sociedades agresivas y gobernantes despóticos?

Desde hace unas semanas ronda la noticia de que el clásico de George Orwell, 1984, se ha convertido en un sorpresivo best seller tardío (bastante tardío, la novela se publicó en 1949). La explicación está a la vista. Tras el Brexit, las elecciones en Estados Unidos y un panorama no muy esperanzador en Europa, los lectores buscan respuestas y la distopia totalitaria de Orwell podría ofrecer algunas.

Claro que no todo es como en el mundo del Gran Hermano (sí, el nombre del reality show tiene su origen en este libro) pero en situaciones inestables y con promesas de líderes menos que democráticos la cultura siempre puede servir para pintar un panorama, para experimentar lo malo sin vivirlo del todo, para hacer catarsis. 1984 no es el único producto cultural que explora un gobierno totalitario y una sociedad reprimida y sin libertades. Ejemplos hay muchos. Y si se habla de explorar ficción para descubrir los males de los que las sociedades y sus gobiernos son capaces, pues las opciones son varias.

Los hijos del hombre (2006)

Esta película, dirigida por Alfonso Cuarón, bien podría calificarse de premonitoria. Puede que los eventos de la trama –la infertilidad de las mujeres, las guerras entre países y el uso de armas químicas– no sean reales, pero el trato a refugiados e inmigrantes, así como el control de los gobiernos a sus ciudadanos con la excusa de la seguridad son tristemente sólo un poco peores que en 2016. Una película devastadora, pero que vale la pena.

El cuento de la criada (1985)

Esta novela de Margaret Atwood, que esta semana se convirtió en la más vendida en Amazon, relata la historia de un mundo en que – tras desastres nucleares y varias guerras (¿ven un patrón?) – la natalidad se reduce y una secta conservadora toma el poder de Estados Unidos y lo convierte en la medieval República de Gilead. La protagonista es apresada y destinada a ser una de las criadas cuyo propósito es servir de útero disponible a los hombres con poder. Sutil, opresivo y angustiante, este libro será llevado a serie de televisión este año con Elisabeth Moss como protagonista.

Idiocracy (2006)

No todo tienen que ser historias de sufrimiento. El futuro puede ser oscuro, pero se puede mirar con una perspectiva de humor, aunque sea negro. Eso es lo que hace esta película, convertida en clásico de culto tras un estreno de poco éxito. Un hombre mediocre, por decir lo menos, es preservado por error durante siglos, cuando despierta el mundo se ha convertido en el reino de los idiotas. Una sociedad ignorante, corporativizada, obsesionada con el espectáculo y, sí, despótica, es lo que se encuentra. Y él termina por convertirse, por descarte, en el héroe que tal vez puede salvarlos a todos.

V for Vendetta (2005)

De nuevo los temas recurrentes de armas químicas, guerras y el miedo como arma de control. De nuevo un gobierno controlador y despótico, muy similar al de 1984. En este caso, sin embargo, el protagonista es un superviviente con sed de venganza, que promete destruir todo el aparato represivo en un año.

Black Mirror (2011-)

Esta serie británica explora, con especificidad, los posibles lúgubres futuros de las sociedades tecnológicas y coorporativizadas. Cada episodio es una historia que se cierra y -el que haya visto alguna entrega lo sabe- cada historia produce escalofríos. Una inteligente mirada crítica a una sociedad cada vez más distanciada y solitaria.

Farenheit 451 (1953)

Esta novela de Ray Bradbury retrata un Estados Unidos en que la quema de libros es ley, como una forma de control del conocimiento y, por ende, de control social. Bradbury escribió el libro durante la era de McCarthy, el congresista americano que encabezó una cacería de brujas contra los comunistas en su país que llevaría a detenciones y listas negras. François Truffaut dirigió una versión cinematográfica en 1966.

El fugitivo (1985)

Esta novela de Stephen King – la versión cinematográfica tiene a Arnold Schwarzenegger como protagonista – relata la historia de Ben Richards, concursante en un reality show en que los participantes viajan por el mundo y son cazados por otros hombres. En este mundo Estados Unidos es un régimen totalitario, la economía está en caos y el mundo es cada vez más violento. Una versión más reciente de una idea similar es la popular saga de literatura juvenil, Los juegos del hambre.

Foto cover: Jason via Flickr.

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5 razones por las que 'Nunca me abandones' es completamente vigente en 2017

Nerea Dolara

Kazuo Ishiguro se ganó el Nobel de Literatura de 2017 y Nunca me abandones es una de sus mejores novelas. La adaptación al cine es genial. Aquí te decimos por qué hay que verla (o leer e libro) en 2017.

Kazuo Ishiguro se ganó un merecido Nobel de Literatura por una carrera discreta pero excelente escribiendo silenciosos dramas que marcaron tanto a sus lectores que terminó llevándose este premio 35 años después de escribir su primer libro. Ishiguro es un autor delicado y muy particular que se extiende entre dramas muy íntimos, como Lo que resta del día (que ganó el Booker Prize en 1989), hasta historias ubicadas en mundo imaginarios muy complejos, como El gigante enterrado (2015). Pero es una de sus novelas, publicada en 2005 y adaptada al cine en 2010, la que salta para muchos como la más memorable de su no muy extensa bibliografía (tiende a tomarse unos 5 o 6 años de promedio para escribir sus novelas, aunque también escribe cuentos y guiones): Nunca me abandones.

El libro, un hermoso ejemplo de narración en primera persona, y de desapego calculado que destruye al lector en cuanto llega a los tres momentos más emocionales de la historia porque sorprende y conmueve de forma intensa y real (es un relato que saca lágrimas, sin duda), fue incluido en la lista de Times como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa desde la fundación de la publicación, en 1923. Cinco años después de su publicación la historia llegó al cine en una adaptación fiel, conmovedora y excelente que tuvo poca o ninguna repercusión (para sorpresa general de críticos y quienes la vieron). Y hoy, para celebrar el Nobel de Ishiguro (y para invitar a comprar el libro, que es una joya), vamos a revisar las razones por las que la película (y la novela) son indispensables en el presente en que vivimos.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La trama

Nunca me dejes ir es una historia dura, pero también misteriosa. Saber su secreto no cambia su impacto, pero sería ignorar los deseos del autor, que revela la terrorífica realidad lentamente, no decir SPOILER ALERT antes de seguir. En este relato tres niños, Kathy, Tommy y Ruth, crecen en un internado británico, al parecer son huérfanos, como todos los niños del lugar, en que, a cierta edad, los adolescentes son llevados a otro sitio. Desde el principio se habla de deber y servicio y cuando los niños, que crecen en una infancia casi tan idílica que es sospechosa, son informados de su responsabilidad de vida la narradora, Kathy, lo cuenta sin inmutarse: ellos, todos ellos, son clones de personas vivientes que quieren desafiar la muerte, para hacerlo sus copias humanas se convierten en donantes de órganos vitales que fallan, hasta que mueren tras haber cumplido su función.

Puede que ya en el año 2005 este futuro pareciese a la vez una paranoia retro y una escabrosa visión de futuro. Como si de un episodio de Black Mirror se tratara, pero mucho antes de que existiese, esta historia parece alcanzable en poco tiempo y tan posible que es terrorífica. ¿Quién no imagina a clases privilegiadas, a ese 1% que acumula más del 80% de la riqueza mundial, cultivando donadores eternos de órganos? ¿Quién no se imagina que esto podría pasar ya?

El problema que tienen Kathy, Ruth y Tommy es que son humanos, aunque no lo sean en origen. Sienten amor y dolor, son capaces de la traición y la amistad, son seres con emociones que serán despedazados por piezas… y eso, salvo que nos neguemos a la realidad de un mundo cada vez más indiferente y relativista, resulta altamente posible.

La estética

Mark Romanek es un buen director. Miembro de una generación de directores de vídeos musicales (como Spike Jonze), es el responsable de los vídeos de Criminal, de Fiona Apple; de Hurt, de Johnny Cash y otros cientos más. Su currículo cinematográfico tenía, antes de Nunca me abandones, a Retratos de una obsesión (esa película en que Robin Williams traumó a todo el mundo como el dependiente de un sitio de revelado fotográfico que acosa a una familia) a la cabeza, pero poco más relacionado con cine. Sin embargo, la estética retro-futurista de Nunca me abandones parece sacada de la cabeza de alguien mucho más avezado en el mundo del cine. Romanek tiñe los espacios de blancos y azules fríos, y a sus personajes de ropas entre vintage y roñosas de colores terrenales. Nunca hay colores intensos, nunca una paleta que exude felicidad… más bien una suma de colores escandinavos y estética minimalista y marrones y mostazas y espacios antiguos y descuidados. Un balance que hace de este futuro incierto (nunca se sabe el año en que se desarrolla) algo tan posible como atemporal para el espectador.

El reparto

Los tres personajes principales tienen nombres de actores británicos que en ese entonces ya eran conocidos, pero no eran nombres alla Hollywood como ahora. Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield interpretan a los adultos en que se convierten los niños protagonistas, quienes viven la desgracia y la rutina de ser quienes son y tener las responsabilidades que tienen. Charlotte Rampling es la encargada del internado en que crecen, distante y señorial, y Sally Hawkins es una de sus profesoras que, agobiada por el peso de la culpa, los abandona en su infancia y mira hacia otro lado. Hay pocos más personajes importantes. El drama, aunque plagado de ciencia ficción, se relata muy cerca del alma, del ser de cada uno, de su reducida experiencia vital.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La narración

Como la adaptación televisiva de The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood, esta adaptación al cine adopta con propiedad el monólogo interno de su narradora (ambas son mujeres). Y como en el de Atwood (aunque no en la serie, que opta por darle un espíritu más rebelde), la narradora de esta historia retrata sus circunstancias sin criticar en exceso. Ambas mujeres asumen su doloroso estatus quo porque un cambio es completamente inviable cuando el abuso y la injusticia están tan asumidas como normales. Nunca me abandones recuerda a The Handmaid’s Tale y aunque más apagada en su versión fílmica (es mucho más fiel al material original) genera la misma angustia existencial sobre el valor de la vida y el peligro del mal manejo del poder en nombre del miedo.

Las preguntas

Nunca me abandones plantea una pregunta que es casi tan vieja como la ciencia ficción: si un ser creado (sea un clon, sea un robot…) piensa y siente, ¿es humano? ¿Qué lo diferencia? ¿Ser humano está definido por la forma de nacimiento? Mucha literatura y audiovisual han explorado el tema, y en este caso no está ahí como una discusión abierta, ni siquiera los propios personajes que lo sufren se rebelan ante la idea de su “naturaleza útil”, y es justo esa indiferencia, esa normalización, ese aire de fábrica y de producción en serie lo que hacen de esta pequeña historia algo universalmente conmovedor.

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