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Los secretos del azúcar

Ana Laya

De un lujo para los más privilegiados a una adicción que muchos ni siquiera se plantean controlar porque desconocen tenerla, el azúcar es una sustancia presente a diario en nuestras vidas. Hasta hace poco tiempo se desconocía su falta de valor nutricional y la gran maquinaria millonaria que tiene detrás para promover su consumo pero, poco a poco y gracias a un grupo de científicos a quienes los grandes grupos de presión no han logrado comprar, los secretos del azúcar han empezado a revelarse. El último de ellos ha sido un escándalo digno del título: The Sugar Papers.

Un estudio publicado el pasado 12 de septiembre por la JAMA (Journal of American Medicine Association) reveló que la Fundación de Investigación del Azúcar, SRF por sus siglas en inglés (Sugar Research Foundation, ahora conocida sólo como Sugar Foundation), patrocinó un programa de investigación en las décadas de los 60s y 70s en Estados Unidos destinado a tratar de desvincular el azúcar como causa de enfermedades coronarias y dirigir, en cambio, la responsabilidad a las grasas y el colesterol, configurando lo que hasta ahora es nuestra percepción (errada) acerca del papel del azúcar en las enfermedades cardíacas.

En el documento publicado por la JAMA se describe en detalle cómo la SFR autorizó y financió el llamado Proyecto 226, un informe acerca de los factores de riesgo que inciden en las enfermedades cardíacas. Los investigadores, D. Mark Hegsted y Robert McGandy, quienes recibieron el pago, no revelaron el financiamiento y la influencia de la SRF en su trabajo, y su estudio se limitó a recomendar a los americanos, preocupados por el aumento de las muertes por enfermedades del corazón en los años 50, reducir su consumo de colesterol e intercambiar el de grasas polinsaturadas por grasas saturadas.

También describe cómo el Vicepresidente de la SFR, John Hickson, continuamente interactuó con los investigadores mientras realizaban su trabajo, proveyendo artículos, corrigiendo los borradores y recordándoles el objetivo fundamental de la SFR para financiar el estudio, a lo que Hegsted respondería: “entendemos perfectamente su interés en los carbohidratos (el azúcar es un carbohidrato de alto índice glicémico) y lo cubriremos tan bien como podamos.”

Seis cucharadas de té es la cantidad máxima de azúcar añadida que deberíamos consumir al día. Foto: Gunilla G via Flickr bajo Licencia de Creative Commons.
Seis cucharadas de té es la cantidad máxima de azúcar añadida que deberíamos consumir al día. Foto: Gunilla G via Flickr bajo Licencia de Creative Commons.

Obvia y lastimosamente Hegsted y McGandy fueron muy buenos realizando este trabajo y una de las consecuencias es la percepción equivocada que tenemos acerca del azúcar como fuente de energía. Algunos incluso apuntan a que la crisis de obesidad que afronta Estados Unidos actualmente puede tener que ver con la recomendación de consumir alimentos bajos en grasas, ya que en la mayor parte de los casos low-fat significa high-sugar, los azúcares son los que hacen que un alimento bajo en grasas aún sea apetecible para el paladar.

Otra consecuencia del estudio es el poco apoyo gubernamental con el que cuentan hasta ahora las organizaciones anti-consumo de azúcar tanto a nivel nacional como internacional. En la mayoría de los países no existen leyes, impuestos o advertencias que busquen disminuir el consumo de azúcar como las que han conseguido los activistas en contra del tabaco y el alcohol; y la industria de alimentos procesados, aprovechándose de esta situación, hace de todo para alimentar nuestra adicción, incluso seguir financiando estudios.

Una crisis de salud pública

Uno de los más reconocidos activistas contra el azúcar es el Profesor Robert Lustig, investigador de la Universidad de California, quien ha tratado de llamar la atención de la opinión pública desde el 2009 con sus charlas en YouTube. Lustig asegura de que no se trata de los malos hábitos de la gente, de falta de ejercicio o de unas dietas muy permisivas: es una crisis de salud pública. La gente no puede ser responsable de consumir demasiada azúcar si ni siquiera sabe que lo está haciendo.

En Estados Unidos, por ejemplo, cuna de la obesidad en América, como consecuencia de su peculiar dieta alta en azúcares, se invierte alrededor de 245 mil millones de dólares al año en diabetes, un gasto excesivo y absurdo sobre todo si consideramos que el 75% de los casos se puede prevenir.

Los carbohidratos de alto índice glicémico, como el azúcar, tienen efectos estimulantes sobre los centros cerebrales del deseo, recompensa, y hambre. | Foto de 0Four via Flickr bajo Licencia de Creative Commons
Los carbohidratos de alto índice glicémico, como el azúcar, tienen efectos estimulantes sobre los centros cerebrales del deseo, recompensa, y hambre. | Foto de 0Four via Flickr bajo Licencia de Creative Commons

Para Lustig, el alcohol y el tabaco son un excelente ejemplo de lo que debería hacerse con el azúcar: “tomamos una decisión consciente de no deshacernos de ellos, pero sí de limitar su consumo, y creo que con el azúcar se debe hacer exactamente lo mismo.” Algunos países ya comenzaron. El Congreso y el Senado de México, país con severos problemas de obesidad, hace un par de años accedieron a imponer un impuesto del 8% a comidas altamente calóricas y a bebidas azucaradas. En Uruguay, por otra parte, el Ministerio de Salud Pública prohibió las bebidas de cola, snacks y dulces y otras comidas “perjudiciales para la salud” de las cantinas de las escuelas.

Retomar la Dieta Mediterránea

En España, la población se ha ido alejando de forma progresiva de la Dieta Mediterránea, con cambios tanto en la alimentación, como en la actividad física y el estilo de vida, que podrían acarrear consecuencias negativas tanto en la población actual como en la futura. Según la Federación Española de Nutrición (FEN) “el sobrepeso y la obesidad afectan a más de la mitad de los adultos y a cerca del 30 % de niños y adolescentes.”

Jamón, jamón. A pesar de ser recomendado solo dos o tres veces por semana, la ventaja que ofrece el jamón ibérico es que no necesita cocinarse y así su carne no libera unos compuestos llamados nitrosaminas, que, aparentemente, son cancerígenos. | Foto: Paul Hanna.
Jamón, jamón. A pesar de ser recomendado solo dos o tres veces por semana, la ventaja que ofrece el jamón ibérico es que no necesita cocinarse y así su carne no libera unos compuestos llamados nitrosaminas, que, aparentemente, son cancerígenos. | Foto: Paul Hanna.

Entre los factores responsables se encuentra la ingesta excesiva de comida energética. En el caso particular del azúcar ésta provee al cuerpo de energía sin nutrientes, como resultado podemos comer más sin sentirnos satisfechos o llenos. Esto conduce a un riesgo mayor de aumento de peso, ciertas enfermedades, fluctuaciones bruscas de niveles de energía que te dejan más cansado y deseando por supuesto… ¡más azúcar!

Información Nutricional tomada de: http://www.coca-colaproductfacts.com/en/coca-cola-products/coca-cola/
Información Nutricional tomada de: http://www.coca-colaproductfacts.com/en/coca-cola-products/coca-cola/

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que en el continente europeo los mayores consumidores de azúcar son España y Reino Unido con un aporte diario del 16 al 17% de la ingesta calórica, lo que implica unos 57 gramos, una cifra que según un estudio de la FEN del 2013 está dentro del standard. Sin embargo, en 2015 la OMS recomendó limitar el consumo de azúcar a un máximo de 25 gr al día. Para poner estas cifras en contexto podemos decir que, por ejemplo, una Coca-Cola regular contiene 39 gr de azúcar.

La amarga verdad

Independientemente de la opinión de la industria del azúcar que enfatiza que “dado que el consumo de comidas calóricas es esencial para sobrevivir no es de sorprender que el cerebro humano lo considere placentero”, una cosa es innegable para todos: no necesitamos azúcar para vivir. Luc Tappy, científico de la Universidad de Laussane, lo pone de esta manera:

“No se puede vivir sin proteínas. Será difícil sintetizar energía suficiente si no comemos algunos carbohidratos. Pero sin azúcar, no hay problema, es una comida completamente intrascendente.”

Finalmente, el consumo de azúcar, además de ser poco eficiente a nivel energético y de estar ligado, como ya sabíamos a problemas dentales, obesidad y diabetes tipo II, y como sabemos ahora, a enfermedades cardíacas, resulta que puede ser prescindible (o por lo menos reducible) sin que esto implique infelicidad garantizada porque nuestras papilas gustativas son reprogramables. En la actualidad consumimos tanta azúcar que nuestras papilas están en estado de sobreexcitación y no perciben las azúcares naturales presentes en frutas como la piña, que la mayoría describiría como “amarga”. Basta con ir reduciendo paulatinamente el consumo de azúcar y el paladar podrá comenzar a percibir de nuevo el sabor dulce natural… incluso en el yogur griego. Bueno, tal vez no tanto, pero definitivamente parece algo que vale la pena intentar.

Desatinos de Bruselas

Valenti Puig

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters

La aberrante escenificación de la troika de la Comisión Europea aterrizando en Grecia, en plena convulsión económica para revisar las cuentas, es uno de esos errores de cálculo que el europeísmo oficialista perpetra demasiado a menudo. Si las normas –como es el caso- la capacitan para revisar las contabilidades nacionales en razón de riesgo o préstamo, la Comisión tiene el derecho y el deber de hacerlo pero, ¿no había otro modo que enviar a tres tecnócratas vestidos de negro y con samsonite? Tal vez eso generaba más aversión al proceso de integración entre la ciudadanía afectada por la crisis y, todo sea dicho, arruinada por la gestión del gobierno griego, un clásico en el incumplimiento de las normas comunitarias.

Un desatino más reciente ha sido la felicitación de Jean-Claude Juncker a Macron por su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El rol de Juncker consiste en felicitar a quien acabe siendo elegido definitivamente en la segunda vuelta. Si como hipótesis improbable imaginamos la llegada de Marine Le Pen al Elíseo, ¿cómo saludarle cuando has manifestado ostensiblemente y de modo institucional tu preferencia por Macron? Incluso con esta salvedad, un desatino similar es llamar antieuropeos a quienes han votado por Le Pen. En otra circunstancia, la consumación del Brexit dejaría Gran Bretaña fuera de las instituciones europeas pero no significa que los euroescépticos no sean ciudadanos de Europa.

Esta decantación de Bruselas es tan asombrosa como cuando, dados los postulados derechistas de Haider en Austria, se dijo de modo reiterado que eso requería expulsar a los austríacos de la Unión Europea. No era así. En realidad, Haider sigue en Austria y Austria sigue en la Unión Europea. Si Le Pen llegase al Elíseo el efecto sería catastrófico entre otras cosas por su negación del euro, pero no le corresponde a Juncker felicitar a Macron y sus votantes antes de saber los resultados del ballottage. Es más: esos parabienes pueden favorecer a Le Pen porque a casi nadie le gusta que desde Bruselas le digan cómo votar.  Todo eso corresponde a un europeísmo institucionalizado que no está a la altura de los tiempos, a diferencia de cuando -hace ahora sesenta años- Schumann impulsó el Tratado de Roma dando paso a un proceso de integración europeo que hoy tiene desencantados a sectores de la ciudadanía europea. Gran parte de la crisis europea corresponde ciertamente a la aparatosa distanciación entre la clase política –especialmente el microcosmos de Bruselas- y los que todos los días intentan sobrevivir pisando la calle y con el sueldo devaluado.

Flatulencia política

Daniel Capó

Foto: Ballesteros
EFE/Archivo

Leo en la Wikipedia que las ventosidades se componen en su mayor parte de nitrógeno, hidrógeno, dióxido de carbono, metano y oxígeno, y que su característico mal olor se debe a una proporción muy reducida de ese conjunto de gases –inferior al 1 %–, formada por distintos compuestos del azufre y del ácido butírico. Diríamos que las flatulencias no matan, pero sí incomodan e importunan, e incluso, en raras ocasiones, pueden ser el síntoma de alguna afección más grave. Como metáfora –Dante hablaba del culo como trompeta– sirve para ilustrar el estado político de nuestro país mejor que otras ocurrencias de brocha gorda con las que topamos a menudo. Me temo que, sin un barniz de humor, el uso de la escatología conduce a alguna que otra modalidad de mesianismo mal entendido.

Los continuos casos de corrupción que nos asedian desde hace años –el último, el que afecta al PP madrileño con la operación Lezo– vendrían a ser algo parecido a una digestión difícil. Y su pestilencia invita a creer que nos hallamos ante una especie de enfermedad terminal del sistema para la que no hay solución viable. Así, los profetas del apocalipsis definen España como un Estado fracasado y hablan de la corrupción endémica de los partidos y de la necesidad de superar el “régimen del 78”. Sin embargo –y a las pruebas me remito–, también cabe hacer la lectura contraria: las instituciones funcionan, la economía se recupera, hay debate parlamentario, los partidos buscan lentamente  adaptar y modernizar sus discursos y, por supuesto, se consolida el relevo generacional. En realidad, y a pesar del potente hedor de los gases de la corrupción, la historia de éxito de la España democrática –con todas sus imperfecciones– no es, ni mucho menos, desdeñable.

El lado desconocido de Amancio Ortega

Redacción TO

Foto: Iago Lopez
AP

Amancio Ortega es el segundo hombre más rico del mundo. Pero el dato es susceptible de cambiar en cualquier momento, porque la lista de millonarios que históricamente elaboraba solo de forma anual la revista Forbes se ha convertido ahora en una moderna clasificación en tiempo real y, como ya titulaba la propia publicación hace unos meses, “lo que fácil viene, fácil se va. Amancio Ortega y Bill Gates se turnan la posición de hombre más rico del mundo”. Porque el pasado septiembre, ambos intercambiaron el título en al menos cuatro ocasiones. Un mano a mano que hizo que durante las horas que duraron los dos sorpassos de Inditex, el gallego se convirtiera en la persona más acaudalada del planeta.

La mediática economía del padre de Zara contrasta con una vida discreta en La Coruña, donde vive con su segunda esposa, Flora Pérez Marcote. No concede entrevistas. No se ha escondido nunca pero tampoco se ha expuesto más de lo esctrictamente necesario. Así, nunca ha publicitado personalmente su lado filantrópico, plasmado en la fundación que lleva su nombre, cuyo objeto social es favorecer “el desarrollo de las personas”, según la propia web de la entidad.

Este reto se concreta en el trabajo en cuatro áreas: Cultura educativa (“Impulsando el cambio con el uso de nuevos instrumentos educativos y favoreciendo el acceso al conocimiento”), Infancia y juventud (“Situando a los estudiantes en el núcleo del proceso del aprendizaje potenciando sus habilidades”), Apoyo social (“Contribuyendo a encaminar las iniciativas de instituciones dedicadas a los sectores menos favorecidos”) y Sociedad/Personas (“Mejorando la calidad de vida de los beneficiarios, y facilitando soluciones, desde la igualdad de oportunidades”). O lo que es lo mismo: dar cantidades millonarias a la Seguridad Social.

Lucha contra el cáncer

Fue lo que hizo el pasado 29 de marzo, cuando anunció la donación de 320 millones de euros a la sanidad pública “para la adquisición de 290 equipos de última generación” para luchar contra el cáncer. El programa se había iniciado en Galicia y Andalucía y se extendió el mes pasado al resto de las Comunidades Autónomas.

Y la salud no es el único tema en el que trabaja la fundación del multimillonario. Cada año concede 80 becas a estudiantes gallegos y otras 420 a alumnos del resto de España para estudiar 1º de Bachillerato en Estados Unidos y Canadá. Los requisitos son estudiar 4º de ES0, tener una media igual o superior a 7 y una nota mínima de 8 en inglés en 3º de ESO, y no haber estudiado un curso en el extranjero previamente.

Las redes sociales resuenan cada vez que la Fundación Amancio Ortega anuncia una nueva donación. Por un lado, hay quienes aplauden al empresario por actuar como un filántropo y destinar millones de euros a causas sociales. Por otro, nunca faltan los críticos que opinan que se trata de una fachada para tapar las supuestas irregularidades fiscales del grupo que dirige.

La loción de censura de Pablo Iglesias

Gorka Maneiro

A pesar de todo el ruido mediático que acompaña cada representación teatral de Pablo Iglesias, esta vez le ha vuelto a salir el tiro por la culata. Algunas de sus decisiones son tan torpes, que he llegado a pensar que el actual líder supremo de la formación morada tiene como firme propósito perjudicar gravemente a Podemos, desprestigiarlo y que, con el pasar del tiempo, termine perdiendo su fuerza inicial y toda la credibilidad de la que gozaba. A veces ocurre: a veces los líderes, rodeados de una cohorte de palmeros y libres de todo aquel que ose llevarle la contraria, toman decisiones incomprensibles que solo entienden o los muy despistados o los de su propia secta.

Ya sabemos que en política todo es discutible y que hay o puede haber distintas fórmulas para desplegar una determinada estrategia comunicativa y lograr un objetivo político. Y ya sabemos también que el marketing y la propaganda son consustanciales a la actividad política… salvo que uno pretenda lograr el apoyo ciudadano y cambiar el país a base de proposición no de ley registrada en el parlamento que corresponda. Pero es que resulta que, en este caso, y en algunos otros bastantes casos anteriores, Pablo Iglesias vuelve a errar en aquello en lo que más ha destacado: la propaganda para llamar la atención de los medios y de los ciudadanos… y salir fortalecido. Y en lugar de salir fortalecido como consecuencia de una jugada que ponga en un brete al gobierno de turno o a sus rivales políticos, sale profundamente tocado. Porque se está equivocando en las formas… y en el fondo.

En el caso de la moción de censura presentada por Pablo Iglesias, se condensan todos los atributos del líder carismático venido a menos: obviando por completo a parte de los diputados de su propio grupo, presenta ante la opinión pública una supuesta moción de censura contra Rajoy y su gobierno sin disponer de candidato alternativo que haya sido pactado con aquellos a los que necesita para sacarla adelante, sin mayoría absoluta y sin programa de gobierno que sustente la iniciativa. De tanto querer salir en los medios para, seguramente, tapar sus problemas internos y el último ridículo protagonizado por Irene Montero, se olvida que si sales a los medios sin contenido y solo con continente (o ni eso), es decir, desnudo políticamente, el ridículo puede ser de órdago… por mucho que goces del trato condescendiente de muchos de ellos.

Una moción de censura es una cosa seria pero es que una cosa seria lo es la propia actividad política, hoy convertida en un instrumento para el postureo y el espectáculo circense por muchos de nuestros representantes políticos. Hoy Pablo Iglesias y Podemos vienen a convertirse en uno de los actores principales que la desprestigian… en lugar de regenerarla con todos sus 71 diputados presentes en el Congreso de los Diputados, nada menos. Quién los tuviera. Y, consecuencia de su efectista pero ineficaz acción política y propagandística, en lugar de fortalecer una posible alternativa al Gobierno de Rajoy… lo que logra es fortalecer al propio gobierno. Y lo hace justo ahora en el que se acumulan las razones de todo tipo para sustituirlo. Por cierto, la moción de censura contra Mariano Rajoy y el PP se presentó hace un año… y Pablo Iglesias y Podemos votaron en contra.

La alternativa a un gobierno conservador o conservador-liberal cuando llegue no son laslociones de censura, los selfies o los tuits más o menos ingeniosos pero en el fondo inofensivos sino una propuesta política progresista que sepa emplear, claro que sí, las nuevas formas de comunicación política, sea cercana a los ciudadanos y despliegue un amplio abanico de propuestas políticas progresistas en las instituciones.

Antes o después, esa alternativa llegará.

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