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Lucia Berlin, una vida que merece ser leída

Los caprichos del destino son -como para los católicos los caminos del Señor- inescrutables. Por dichos caprichos, Lucia Berlin -así, sin acentos- se ha convertido en la nueva musa de la literatura contemporánea norteamericana más de diez años después de su muerte, en 2004. Casualidad o no, a través de sus relatos cotidianos e íntimos, con ese inapelable aroma a autobiografía, Berlin ha logrado cautivar a millones de lectores. Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, y leer la vida pasar por los ojos de Lucia Berlin lo es.

Lucia Berlin escribió en total 77 relatos, 43 de ellos están en Manual para mujeres de la limpieza (Foto: Literary Estate of Lucia Berlin)

Lucia Berlin escribió 77 relatos, 43 de ellos están en Manual para mujeres de la limpieza (Foto: Literary Estate of Lucia Berlin)

Para comprender qué nos cuenta esta escritora atípica, sin duda atractiva, de mirada complicada, en muchos de los relatos de su Manual para mujeres de la limpieza, hay que contextualizar su historia. Una vida nada común, unas experiencias extraordinarias y una sinceridad apabullante están consiguiendo convertirla en leyenda. Pero, ¿quién era realmente Lucia Berlin?

Fue escritora, pero una infinidad de cosas más: profesora, limpiadora, enfermera, madre, hija, hermana… y cada una de esas labores, de las vivencias que conllevan, están reflejadas con mimo y ardor en sus relatos.

 

Se educó como una ‘niña bien’, lo que no le evitó tener contacto con un mundo más crudo, menos engalanado

 

Lucia Berlin nació en Juneau, Alaska, en 1936, pero su vida transcurrió entre Texas, Santiago de Chile, Nuevo México, California, Nueva York, México DF y Colorado. Pasó su infancia siguiendo el rumbo de su padre, claro está. Siendo ingeniero de minas, viajó y mucho. Esa etapa permitió a Lucia vivir en lugares tan dispares como El Paso, en la frontera de Estados Unidos con México, o en Santiago de Chile. Allí se educó como una ‘niña bien’, lo que no le evitó tener contacto con un mundo más crudo, menos engalanado. Lo cuenta en Buenos y malos, uno de los 43 relatos que componen el Manual para mujeres de la limpieza. En él relata cómo la señorita Dawson, una profesora del elitista Colegio Norteamericano de Santiago de Chile, le introduce en los estratos más desfavorecidos de la capital chilena. En 1952, año en el que tiene lugar la trama, los estratos más desfavorecidos eran directamente muy pobres y sin absolutamente nada, siquiera esperanza. Sin embargo, Lucia tenía esa capacidad de contar en un mismo espacio la dureza de la vida en las chabolas (“Se los veía contentos por el desayuno, comían en cuclillas sacando sus codos huesudos como mantis religiosas sobre los montículos de basura”) y a la vez describir la rebeldía inevitable de una adolescente consentida (“Como todo el mundo pareció tomarse muy a pecho que dedicara los sábados a la señorita Dawson, me entraron ganas de hacerlo”). A través de sus relatos podemos saber que la autora hablaba de manera fluida el castellano, un idioma que marca también sus historias, y que le llevó -entre otras cosas- a vivir un tiempo en otro país latinoamericano: México. La truculenta relación con su madre es un punto de inflexión en su vida y personalidad. La describe como a una mujer fría, alcohólica y conflictiva. Lo cuenta en Mamá, en el que con todo lujo de detalles habla de esa mujer alérgica a los afectos (“Mamá odiaba la palabra ‘amor’. La decía con el mismo desprecio que la gente dice la palabra ‘furcia’”).

 

Lucia se parecía más a su madre de lo que ella misma quisiera

 

Seguramente, Lucia se parecía más a su madre de lo que ella misma quisiera. O eso podemos adivinar tanto en su vida como en los textos en los que la cuenta. A los 32 años, contaba ya con tres matrimonios fracasados a sus espaldas y cuatro hijos. En Hasta la vista relata cómo se fueron a pique sus dos últimos matrimonios. El tercero fue con el músico de jazz y drogadicto Buddy Berlin, de quien adoptó el apellido con el que firmaba sus obras. Ella misma tuvo problemas con el alcohol y con las adicciones en general. Podría decirse de ella que era una mujer con un imán para las adicciones. Fumaba, tanto que sus propios relatos están impregnados de humo en prácticamente casi todas las ocasiones. Crió a sus cuatro hijos ella sola, mientras combatía el alcoholismo -del que siempre fue consciente-, y para más inri padeció una dolorosa esclerosis desde que era niña.

 

Manual para mujeres de la limpieza es amargo por el anhelo de su marido, muerto hace tiempo, y por la necesidad que presenta la autora en todo momento de hacerse con pastillas

 

Es su afán constante por sacar adelante a los suyos el que enriquece una vida que merece ser leída. Su lucha incesante está reflejada en las decenas de empleos temporales que tuvo, y hay uno en particular que destaca frente a los demás: el de limpiadora. Su relato más famoso es, sin duda alguna, Manual para mujeres de la limpieza, el que da nombre al compendio de relatos que ha conseguido colarse entre los libros más vendidos en Estados Unidos, según el New York Times. En él explica, como si de un manual para dummies se tratara, en qué consiste ser limpiadora. En los tips, cada cual más delirante que el anterior, aconseja a las mujeres de la limpieza no trabajar para las amigas porque “se molestan contigo porque sabes demasiado de su vida”, a no trabajar para psiquiatras porque “os volveréis locas” o a no tocar gatos para que las señoras no se pongan celosas. A pesar de tener momentos lúcidos y desternillantes, Manual para mujeres de la limpieza es amargo por el anhelo de su marido, muerto hace tiempo, y por la necesidad que presenta la autora en todo momento de hacerse con pastillas: “Las mujeres de la limpieza roban. No las cosas por las que tanto sufre la gente para la que trabajamos. Al final es lo superfluo lo que te tienta […] Creo que lo único que robo, de hecho, son somníferos”.

 

Lucia Berlin retratada por uno de sus maridos. (Foto: Buddy Berlin / Literary Estate of Lucia Berlin)

Lucia Berlin retratada por uno de sus maridos. (Foto: Buddy Berlin / Literary Estate of Lucia Berlin)

Ahora que el boom Lucia Berlin ha explotado, no viene mal recordar el tiempo -no tan lejano- en el que fue ignorada. Lucia publicó su obra, seis libros de relatos, prácticamente entre los años 60 y 80, en pequeñas editoriales. Siempre olvidada por el gran público, a pesar de haber ganado en 1991 el American Book Award. Como por ‘justicia poética’, ahora es una autora revelación -después de muerta- y es comparada con el mismísimo Raymond Carver. El enigma de Lucia Berlin se desvela leyéndola. Ella se descubre a sí misma al ritmo que marca la propia vida. Descúbrela tú, no vas a querer dejar de leerla.

 

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