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Madrid en tempo de 'swing'

Clara Felis

Foto: Bob Sands BIg Band
Bob Sands BIg Band

Suenan los primeros acordes de Sh-Boom, la mítica canción doo-woop que el conjunto vocal The Chords grabó en 1954. Varias parejas comienzan a bailar y deslizan sus pies al compás de la música. Sh-boom sh-boom Ya-da-da Da-da-da reza el estribillo. Juan coge a su compañera. Gira sobre ella y vuelve a la posición inicial. Ambos avanzan hacia adelante al mismo ritmo. Entrecruzan brazos y piernas en el más estricto orden. Rítmico y estético. Efecto swing: Deslizarse sobre la pista sin que el eje central (leader) pierda la noción y la coordinación sobre el follower (el integrante que sigue los pasos del leader).

Juan José Pacheco (Juanjo en las distancias cortas) decide parar la música. Se coloca en el centro de la pista y vuelve a dar instrucciones sobre el movimiento que debe adoptar tanto el líder como el otro miembro de la pareja. Tras las nuevas indicaciones se retira y vuelve a reproducir la canción. “Uno, dos y vuelta. ¿Lo tenéis claro? No os agobiéis bailando. Vamos otra vez. Intentad haced todas las figuras”. Todos retornan a su sitio inicial y vuelven a comenzar desde el principio. Juanjo observa a sus alumnos con detenimiento. Lo lleva haciendo desde hace diez años en Blanco y Negro Studio, la primera academia que surgió en Madrid dedicada a los sonidos norteamericanos. Allí tienen cabida el swing, el lindy hop, el Rock & Roll o el blues.

Implantar el sistema noruego

Reconoce que cuando fundó el centro Madrid era un desierto. Muy poca gente de la ciudad conocía el swing y casi ningún espacio facilitaba las cosas para poder practicarlo. Vacío absoluto. Mutismo total. “Hasta hace cinco años aquí en Madrid no había nada de nada. ¡No había ni siquiera salas para poder hacer fiestas! Por aquel entonces pocos espacios te dejaban organizar nada porque la gente de baile en general no somos productivos. Por ejemplo, en la sala Beethoven Blues Band las primeras veces no nos dejaban bailar. No era normal ver a gente bailando mientras todos se tomaban sus copas. Lo que hacíamos era bailar en los pasillos del baño y a final conseguíamos que nos invitaran dentro”, recuerda con cierto impacto Juanjo cuando se da cuenta de cómo ha cambiado la situación en estos últimos años. Ahora cada jueves puede impartir sus lecciones y organizar una sesión swing en la sala Ya’sta de Madrid. Algo impensable hace casi treinta años.

Fue a finales de los 90 cuando decidió emprender su aventura escandinava. Llegó hasta Noruega para recibir nociones de swing en pleno revival del género. Tras el estudio y práctica de todas las técnicas y movimientos posibles, regresó para ver si también en su ciudad podía implantar aquella “forma de vida”, como define él mismo. Fue cuestión de tiempo lograrlo.

Una descripción del baile que también comparte Juan, uno de los bailarines aventajados de su grupo. A sus 25 años, este joven estudiante de informática no sólo tiene agilidad con la tecnología, sino también con la danza. Su afición por el swing vino principalmente por la música, uno de los motivos principales que le llevó hasta el escenario. Frankie Manning tuvo la culpa. Quería ser como él. Moverse como hacía él con Norma Miller, la reina del swing, en Savoy Ballroom. El lugar de Harlem (Nueva York) donde nació y se desarrolló un nuevo estilo de danza llamado Lindy Hop.

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Pablo y Julia de Big South en acción. | Foto via Big South.

Aquel baile de finales de los años 20 en el que se mezclaban los movimientos del estilo charlestón con otros de nueva creación como los aéreos. Acrobacias que inventó Manning para tocar el cielo. “He visto muchos vídeos suyos y lo tengo como referencia pero no lo imito, creo que cada uno tenemos que tener un estilo propio. Todo este baile exige improvisación se trata de entenderse con el otro porque es como si fuera otro idioma”.

Un lenguaje musical que ha ganado cada vez más adeptos, especialmente entre la población joven. Hasta cuatro generaciones coinciden en la pista cuando se organizan este tipo de eventos, como sucedió este jueves en Madrid Swing & Vintage Party, la fiesta de estética vintage que tuvo lugar anoche dentro de las Noches del Botánico. En ella, los aficionados al swing y a los sonidos de los años 30,40 y 50 pudieron recrearse en aquella época a través del piano y la banda de Scott Bradlee. También por medio de la ambientación propia de la época. Viaje a través del tiempo. Back to the past.

Mantener el espíritu intacto

Ahí se encuentra la magia de este baile, que reunifica las notas antiguas y modernas de esta música a través de las distintas voces que la defienden. Relato histórico en ocho tiempos protegido por sus expertos según las normas iniciales del mismo. No hay que caer en la moda. Tampoco en el show business. Lo que tenemos que vigilar es que no desaparezca la esencia. A veces sí tengo miedo de que haya una cierta masificación, porque eso puede llevar a que se pierda el espíritu comunitario”, señala Claire de Broche, vicepresidenta de la asociación Mad For Swing de Madrid.

 

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Lourdes Ibiricu, presidenta de Mad For Swing (derecha) y Claire de Broche (izquierda), vicepresidenta. | Foto: Clara Felis.

Claire señala que durante este último año la asociación ha contado con 100 miembros más (en total son 315), lo que les ha permitido desarrollar nuevas vías de comunicación y desarrollo. “Nos unificamos en 2012 para que todos aquellos que quisieran hacer actividades relacionadas con el swing tuvieran cobertura. De hecho, todas las actividades de swing programadas en Madrid están en nuestro calendario. Apoyo institucional no hay, todo nos cuesta sangre, sudor y lágrimas. Si tuviéramos apoyo de un organismo público tendríamos un permiso para bailar todos los viernes en Madrid Río o nos dejarían locales públicos para utilizarlos gratis, y a veces, nos lo ponen extremadamente difícil”, remarca con tono reivindicativo Lourdes Ibiricu, presidenta de Mad For Swing.

Complejidad burocrática que sufrieron también para celebrar el Madrid Lindy Exchange, el evento de mayor asistencia que organiza Mad For Swing y que llegó a congregar a más de 1.000 visitantes al día durante el pasado mes de junio. “Teníamos a 450 personas que venían a Madrid para bailar y hasta el viernes por la tarde no les pudimos decir dónde tenían que acudir el sábado a las doce de la mañana. El Ayuntamiento nos mandó los permisos el último día. De los cuatro sitios que pedimos, recibimos tres autorizaciones a las seis de la tarde del día anterior. Pero vamos, lo hacen con todos”.

Tampoco son fáciles los trámites que exigen las salas de Madrid, cuyo precio por alquilar sus espacios es a veces inasumible. “Las salas en Madrid son muy caras. Faunia por ejemplo nos pedía 18.000 euros por una sola noche. Lo que también pasa es que hay muy pocos empresarios a los que les interesemos. No producimos, esa es la palabra. Los bailarines bailamos, pero no bebemos.”

Ante el monopolio del sector, su asociación pide mayor existencia de edificios civiles para poder desarrollar su actividad. Petición que han formalizado por medio de una propuesta que han presentado ante el Ayuntamiento de Madrid. Su idea es crear una pista de baile al aire libre en Conde Duque, iniciativa que se ha incluido dentro de los Presupuestos Participativos 2017. Que se lleve a cabo o no se decidirá el próximo 13 de julio, cuando el consistorio haga públicos los proyectos ganadores. “De momento la primera fase que es la de apoyos ya está superada. Ahora se tiene que hacer la valoración técnica, y eso es lo difícil, porque necesitas muchos votos, pero puede que salga”, señala con ilusión Lourdes.

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Gente bailando al ritmo de Madrid Swing | Foto: Clara Felis

La arquitectura del baile

Reclamo que apoya Pablo Sánchez, profesor de swing y fundador de la escuela Big South. Hace cinco años que decidió dejar de lado su anterior vida y crear junto a su pareja, Julia, esta academia de baile. Ella, arquitecta de formación y él, profesional de las Bellas Artes levantaron este centro en plena crisis y actualmente cuentan con 280 alumnos. “Empezamos con esto porque a los dos nos gustaba bailar.  Para nosotros el swing es un baile para la vida humana, por eso insistimos en la improvisación, porque hemos perdido la desinhibición, la expresión corporal. Estamos muy alejados del cuerpo y queremos que la gente se deje llevar”.

“El hecho de bailar, de estar juntos y disfrutar de la actividad pasa en el swing de una manera muy certera. Esa es la esencia del ser humano”.

Él, que en su momento también fue alumno de Blanco y Negro, recalca que el desafío actual es que exista el mismo número de salas que de academias. “Lo que queremos es que haya una mayor proclamación sobre el swing en Madrid. Deberían abrirse más salas,  pero es muy difícil porque la normativa es muy estricta y el precio del suelo es desorbitado. El problema es que los promotores culturales de esto somos los propios bailarines, y claro, hacer una actividad que no es la del bailarín o la del profesor te quita tiempo”.

Para él este baile debe alejarse de cualquier idea egocentrista, ya que esto puede ser peligroso para la supervivencia del verdadero swing. “El hecho de bailar, de estar juntos y disfrutar de la actividad pasa en el swing de una manera muy certera. Esa es la esencia del ser humano”.

Parte de esa sustancia radica en la música en directo tocada en numerosas ocasiones por las big bands, conjuntos musicales que también han vivido un importante repunte durante estos últimos años.

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Bob Sands, director de Bob Sands Big Band | Imagen cortesía Bob Sands Big Band.

Bob Sands, saxofonista de jazz y director de la Bob Sands Big Band, ha participado en numerosos eventos y conciertos de swing y es un habitual del Café Berlín. Entre su repertorio nunca falla Duke Ellington, Count Basie o Slide Hampton. Tres de sus referentes principales, aunque su lista se amplíe hasta el infinito. Abandonó su Manhattan natal para recorrer Europa de manera temporal, aunque su espíritu nómada desapareciera en Madrid, ciudad en la que decidió asentarse hace ya 25 años. “Yo quería vivir un año en París, que es muy típico entre los músicos de jazz.  Antes de decidirme, visité a un amigo de Barcelona y otro de aquí… En un principio iban a ser seis meses”, recuerda entre risas y nostalgia.

Con motivo de su 34 cumpleaños decidió crear una Big Band, para así disfrutar de la música que le gustaba. El experimento dio sus frutos y los 17 miembros que participaron durante aquella jornada siguen hoy dentro del grupo. “Mi idea no era tener una Big Band permanente, pero todo el mundo quería seguir y fue entonces cuando empezamos a ensayar cada semana en la Escuela Creativa, donde yo era profesor. Ahora ensayamos en un sitio que se llama El Molino”.

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La banda en acción. | Foto via Bob Sands Big Band Website.

“La música que tenemos hoy en día sería diferente sin Miles Davis, ni Duke Ellington. Miles decía que un día al año todos los músicos deberían dejar sus instrumentos al lado y dar las gracias a Duke Ellington”.

Este músico ha compartido escenario con algunas de las eminencias del jazz, como Lionel Hampton, Dizzy Gillespie o Gerry Mulligan. También aquí ha tocado con músicos de la talla de Perico Sambeat, Jorge Pardo o Chano Domínguez. Oportunidades que le sirvieron para seguir perfeccionando en su estilo jazzístico. “Esta música se aprende con la oreja, tocando por encima de los discos. El jazz es un idioma, con su gramática y sus registros. Es un lenguaje y muchos a la vez. El jazz es lo más variado que hay. Más que el rock, más que el pop y más que el funk”, define con énfasis.

Desde que comenzó a tocar hasta ahora confiesa que ha ido alejándose del vanguardismo. Ha vuelto al jazz y al swing más clásico, según él porque allí se encuentra el origen de todo. “La música que tenemos hoy en día sería diferente sin Miles Davis, ni Duke Ellington. Miles decía que un día al año todos los músicos deberían dejar sus instrumentos al lado y dar las gracias a Duke Ellington”. Aunque reconoce que el registro más complicado es el swing y el virtuosismo que tenían sus grandes maestros.

“En mi vida musical intento tener swing, es decir, sacar los solos y tener ese soniquete. Para lograrlo la única manera de aprenderlo es tocar como los que tocan swing y esa es una de las cosas más difíciles de hacer en el mundo. Me encanta el repertorio de Count Basie. De hecho, cuando hemos tocado piezas para bailarines en una sala llena de gente bailando y vestida de época nos hemos divertido mucho. Es una manera sana de pasarlo bien”.

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El jardín de cactus más grande de Europa está en Madrid

Rodrigo Isasi Arce

Foto: ImagenSubliminal (Miguel de Guzman+Rocio Romero)

Si tu pasión son los cactus y te encuentras en Madrid, estás de suerte. Cerca del municipio de San Sebastián de los Reyes se encuentra Desert City, el jardín de cactus más grande de Europa, con 5.000 metros cuadrados de jardines botánicos experimentales y más de 400 especies xerofíticas. Desert City es un vivero biotecnológico especializado en Xeropaisajismo que se dedica al cultivo, exposición, investigación y divulgación de cactus y otras plantas xerofíticas, muchas de ellas autóctonas de la misma Comunidad de Madrid. Se puede visitar gratuitamente.

Todo surgió gracias a la ideóloga del proyecto, Mercedes García, licenciada en Farmacia y en Ingeniería Agronómica, y con más de 30 años de experiencia en el cultivo de cactus. “Desert CITY es mi sueño, mi pasión. Siempre quise poner en marcha un proyecto como este, crear una nueva estética de jardines basada en el mundo de las plantas xerofíticas. Crear un nuevo concepto de modelar el paisaje con plantas que necesitan poco consumo de agua, un uso responsable de la misma, tan importante para la sostenibilidad del planeta”.

Desde la organización, sus responsables aseguran que investigan, desarrollan y promueven un paisajismo sostenible utilizando plantas y técnicas de cultivo respetuosas con el medio ambiente. “Nuestra vocación más profunda es ensalzar lo que más nos gusta en este mundo: los cactus, y para ello proponemos diversidad de formas de disfrutarlos, ya sea paseando por nuestro recinto o poniéndolos en nuestro jardín”. El complejo cuenta con un jardín botánico, un vivero, un restaurante, una tienda y un área de oficinas. El lugar puede albergar presentaciones, convenciones, talleres y exposiciones, y destaca por contar con elementos prefabricados y modulares que ahorran energía, mediante cristales fotovoltaicos, recuperación de aguas o energía geotérmica. El edificio ha sido diseñado por García Germán Arquitectos.

Jardín Botánico

Se trata de un jardín exclusivo que aúna los elementos estéticos de los paisajes naturales de las zonas áridas y semiáridas del planeta como los cactus con plantas autóctonas de clima mediterráneo (lavanda, romero, etc.) que sorprenden por su frescor y densa vegetación. “Un verdadero placer para todos los sentidos”. El jardín se divide en cuatro áreas:

Arizona: Es el escenario del jardín, el patio de Desert City y centro de atención de las miradas del público. En Arizona se pueden encontrar reunidos cactus de diversas formas, colores y texturas. Un conjunto de tres colinas dominan este espacio, que está atravesado por el gran “Cañón del Colorado”, integrado entre las terrazas de piedra y la vegetación xerófita existente a ambos lados del camino. El efecto de cañón nos sumerge en una experiencia única que centra nuestra atención en los elementos presentes e impide la distracción con otros estímulos.

Oasis: “el bosque de palmeras, los pájaros anidando en sus copas y el agua resbalando por las piedras nos transportan hacia un viaje de deleite y relajación”. El llamado “rincón de los olores” desprende por el ambiente sus intensos aromas a melisa, menta y hierba luisa. Como telón de fondo, se puede ver el xeropaisaje de Arizona. Los colores pardos de la tierra y los amarillos de las espinescencias, contrastan con los verdes vivos de la rivera del estanque produciéndose un curioso maridaje vegetal.

Tabernas: este curioso espacio de paisajismo minimalista rompe con la estética orgánica del resto del jardín. La lámina de agua de líneas ortogonales limita el espacio del jardín y crea un vínculo de transición entre los dos conceptos de diseño. Los reflejos de las plantas en la lámina permiten observar los efectos fugitivos de la luz al amanecer. “El misticismo de la proporción áurea acompaña al caminante a lo largo del paseo y le añaden simbología a este espacio de bienvenida”.

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Una parte del jardín botánico de Desert City | Foto: ImagenSubliminal (Miguel de Guzman+Rocio Romero)

Toscana: este conjunto es una reinterpretación del jardín señorial italiano. En él se pueden observar especies típicas como el olivo, el granado, el mirto, el taray o la lavanda entremezcladas con otras de origen mejicano como las yucas, los sotoles, las opuntias o los agaves, así como muchas otras especies de variados orígenes. Este espacio se caracteriza por la abundancia y diversidad de floraciones, los fuertes aromas y por una singular belleza que produce el mestizaje de especies xerófitas de diferentes entornos. “Como cobertura utilizamos una gravilla pálida que se complementa con los verdes oscuros del mediterráneo”.

Guajira: localizado bajo la pasarela que atraviesa el jardín, este entorno cuenta con diversidad de especies cactáceas, xerófitas del mediterráneo y plantas de la jardinería clásica. “En la penumbra de la pasarela se erigen unas singulares esculturas con forma de hitos alpinos: los amores encontrados”. A su lado se desarrollan especies adaptadas a la sombra, creando un espacio de intimidad que invita al reposo y la contemplación. Visto desde la calle de acceso, las masas de palmeras acotan las puertas ficticias permitiendo adivinar el espacio central de cactus de Arizona e invitando a su descubrimiento.

Vivero

Desert City dispone de un gran vivero donde expone, cultiva y vende más de 400 especies de plantas xerofíticas. No solo cactus sino también suculentas y otras especies, incluso muchas autóctonas de la región mediterránea.

La exposición se complementa con carteles informativos de las plantas originarias de distintas regiones: Norteamérica, Sudamérica, África y Oceanía. Los profesionales que trabajan allí también asesoran a los clientes en el cultivo de los cactus y los productos más adecuados para su tratamiento.

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En el vivero se pueden encontrar más de 400 especies de plantas xerofíticas | Foto: ImagenSubliminal (Miguel de Guzman+Rocio Romero)

Xeropaisajismo

Además del vivero y del jardín botánico, Desert City también se dedica al paisajismo, concretamente al xeropaisajismo, que consiste en “aunar el arte y la técnica de utilizar en nuestro entorno especies vegetales que necesitan poca agua, recreando la misma naturaleza, aportando texturas y relieve”. La intención es crear entornos bellos que no solo sean autosuficientes en cuanto a su mantenimiento, sino también más eficientes económicamente hablando.

“En Desert City desarrollamos proyectos de escalas y temáticas diversas. Nuestro espectro abarca desde jardines en viviendas unifamiliares hasta paisajismo para grandes corporaciones, pasando por ajardinamiento en hoteles, parques empresariales y centros comerciales, urbanizaciones o espacios de superficie reducida como terrazas o áticos”.

Puedes encontrar Desert City en:

Autovía A1, km. 25 (Vía de servicio dirección Madrid) 28708 San Sebastián de los Reyes, Madrid.

HORARIOS:

De Lunes a Viernes: 10:00 a 20:30 horas

Fines de semana y festivos:  10:00 a 21:30 horas

Cerrado: los días 24, 25 y 31 de Diciembre y 1 y 6 de Enero.

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Una cena en Dans le noir?, el restaurante que inventó comer a oscuras

Lidia Ramírez

Foto: The Objective

Nada más llegar tuve que depositar todos mis aparatos electrónicos así como cualquier complemento que pudiese iluminarse en la oscuridad en unas taquillas. Después, Maité Sutto, directora del restaurante y por unas horas mi camarera-guía, me introdujo al interior del salón-comedor completamente a oscuras. Pasamos tres cortinas negras antes de adentrarnos en la más suma oscuridad.

Lo primero que hice fue quitarme mis gafas de seis dioptrías en cada ojo, poca falta me hacían. “Aquí lo único importante es disfrutar de la experiencia y saborear los alimentos sin prejuicio alguno”, comentaba Maité con un marcado acento francés, mientras me conducía hacia nuestra mesa.

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Más de 1,5 millones de personas ya han vivido la experiencia en el mundo. | Foto: Dans le noir?

Dans le noir?, que significa ‘en la oscuridad’, se encuentra situado en la Plaza del Biombo, nº5, a tan sólo 400 metros de la céntrica Plaza Mayor de Madrid, y se trata del primer restaurante en el que se come completamente a oscuras. Una experiencia sensorial que despierta los sentidos y desafía la percepción del gusto, el olfato y las texturas. “Nueve de cada diez personas son incapaces de distinguir el vino blanco del tinto o el rosado”, apunta Maité, perfeccionista hasta en el más mínimo detalle.

El grupo del mismo nombre, que lleva 13 años de éxito internacional con presencia en ciudades como Londres, Nantes, París, San Petersburgo o Barcelona, trabaja con un modelo de integración en el que emplea al 50% de su plantilla a personas con diversidad funcional. En concreto, Dans le noir? Madrid cuenta con camareros invidentes o con deficiencias visuales y posee un convenio de colaboración con la ONCE que les ayuda a encontrar los camareros-guías idóneos para esta experiencia. “Son los ojos de nuestros clientes durante la experiencia”, me cuenta Maité mientras degusto lo que creo que es un pincho de aceitunas y anchoas, y un zumo de alguna fruta con un ligero toque amargo. Todo esto acompañado de un vino ¿tinto?

Una cena en Dans le Noir?, el restaurante que inventó comer a oscuras
Dans le noir cuando está iluminado. | Foto vía Facebook.

El chef y el menú

Para la apertura de este peculiar restaurante, han confiado la confección de su carta al chef Manu Núñez, propietario del restaurante Arume, de Barcelona, y ex participante del popular concurso de televisión Top Chef.

“Dentro de mi trayectoria profesional este proyecto supone un desafío exigente pero bonito”, asegura Manu, quien ha preparado varios menús con una combinación sutil entre la cocina tradicional española e internacional, con algunas incursiones o influencias de la gastronomía francesa, sin olvidar Galicia, por supuesto, cuna del prestigioso chef. “Creo que puedo aportar una identidad personal fuerte en lo conceptual y un juego de sabores y matices potentes en los gustativo. Me planteo el reto con ganas de no dejar indiferente y de que ese sienta una Galicia viajera en el paladar”.

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La confección de la carta ha recaído en manos del chef gallego, Manu Núñez. | Foto: Dans le Noir?

Así, los comensales podrán elegir entres tres menús sorpresa, ya que el cliente no sabrá lo que ha comido hasta el final de la experiencia. El menú sencillo, de 37,90 €, incluye primer plato y segundo plato, o segundo plato y postre; el menú completo, de 42,90€, contiene primer plato, segundo plato, postre; y el menú degustación, por 64,90€, incluye copa de cava, entrante, primer plato, segundo plato, postre y tres copas de vino.

Sabores verdaderos y naturales procedentes de productos frescos que ofrecen a los comensales un viaje iniciático a través de los sentidos, especialmente el gusto, el olfato y el tacto, ¡pero también el oído! Y es que en Dans le noir? los clientes no se sientan en mesas individuales, sino que comparten la experiencia con el resto de asistentes. “La oscuridad erradica la timidez y fomenta la convivencia”, asegura Maité Sutto.

Una experiencia sensorial y humana única. ¡Todo un reto para esta época!

Por cierto, lo que comí en la hora de entrevista que estuve con Maité nada tenía que ver con lo que yo pensaba que estaba degustando. Ni era tinto, ni anchoas, ni ninguna fruta amarga. ¡Mi sentido gustativo aún tiene mucho trabajo por delante!

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Playa liberada

José María Albert de Paco

El pasado domingo día 23 de julio, no bien dio las doce el campanario de Calella de Palafrugell, los poco más de cien bañistas que, provistos de silbatos y a pie derecho, se concentraban en la playa del Canadell, dieron inicio a lo que parecía una protesta.

Renuente a aceptar que a los pijos (también) les sobran los motivos, fui por una octavilla (fantaseé con la posibilidad, lo admito, de unas octavillas en blanco hueso satinado, a lo American Psycho). Según decía el panfleto, un funcionario obviamente anodino, en un remoto despacho ministerial, había proyectado una reordenación del área destinada al baño que, en la práctica, vetaba la zambullida desde una roca llamada la Trona, en lo que para los veraneantes supone todo un rito de paso.

¡Qué sabrán en Madrid de nuestras necesidades!, clamaban los amotinados. O acaso he de decir clamábamos, pues al punto me convertí en un simpatizante de tan noble causa; qué digo simpatizante: ¡un activista! En mi flamante militancia influyeron mis hijas, dignas usuarias del peñasco por más que el tronismo que de verdad las moviliza sea el de Tele 5. Sea como sea, me encandilaba la idea de manifestarme cada domingo a la hora del vermut hasta doblarle las rodillas al Estado. Incluso me veía acampando una noche en la playa, cantando en torno a una hoguera ‘Nos ocupamos del mar’, de Alberto Pérez, mi brazo rodeando a alguna milf de La Bonanova persuadida de la necesidad de plantar cara al poder. ‘Y tenemos dividida la tarea / ella cuida de las olas, yo vigilo la marea…’  De ahí que hoy, la noticia de que la Capitanía Marítima de Palamós había aceptado la petición de desplazar el canal de paso de las embarcaciones para dejar La Trona a los bañistas, me haya sumido en el desconsuelo. Yo, que tan felices me las prometía, ni siquiera he tenido ocasión de estrenar mi silbato.

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Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas

Ana Laya

Foto: Noches del Botánico

Rubén Blades no hará más giras de salsa. El cantante que acaba de cumplir 69 años (el 16 de julio) y quien ha destacado en el mundo entero tanto por la maestría de su música y de sus letras provocadoras y poéticas, como por su compromiso y activismo político, sobre todo en su natal Panamá y en Latinoamérica en general, anuncia que Caminando, adiós y gracias, será su última gira, y se despide de España en los escenarios de Vitoria, Madrid, Barcelona y Canarias.

El concierto en Madrid, en el marco de las Noches del Botánico, junto a la Big Band de 16 miembros encabezada por Roberto Delgado con quienes grabó su último disco, fueron dos horas y media enérgicas de música y baile, como era de esperar, pero también de anécdotas, recuerdos y homenajes.

Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas 3
Con Coque Malla y Jorge Drexler. | Foto: Noches del Botánico.

“Nacimos de muchas madres, pero aquí solo hay hermanos… “

Comienza la noche y la promesa de despedirse como se debe, todos bailando, todos felices. Cuatro canciones (Las calles, Pablo Pueblo, La canción del cazanguero y Arayué) y cuatro anécdotas más tarde, el público confirmaba que Rubén Blades no venía solo a cantar, venía a conversar con los más de 3.000 amigos presentes, a “echar cuentos”, a confesar motivos, nostalgias, dudas y esperanzas.

Ojos de perro azul fue el quinto tema de la noche, adaptado de un cuento de García Márquez que en la época fue recibido con malas críticas: “Me pegaron los salseros porque no era salsero, y los intelectuales porque había destruido los cuentos cortos de García Marquez”. “Yo no quería hacer adaptaciones de los cuentos cortos de Gabo”, sigue Blades, “yo quería interpretarlos, y eso fue lo que a él le interesó, y por eso el disco nos gustó a los dos y por eso esas eran las únicas dos copias que se vendieron.”

Lleno total y dos horas y media de música y anécdotas para la despedida de Rubén Blades en Madrid 6
Rubén le dedica este tema a Venezuela. | Foto: The Objective.

Entramos en calor, la gente que está de pie ha dejado ya de moverse tan tímidamente y le va soltando más la rienda a las caderas, cuando para empezar el quinto tema Blades dice: “A Venezuela”, comienza Prohibido olvidar y el Botánico complutense estalla.

“Prohibido esperar respuestas. Prohibida la voluntad. Prohibidas las discusiones. Prohibida la realidad. Prohibida la libre prensa y prohibido el opinar. Prohibieron la inteligencia con un decreto especial. Si tú no usas la cabeza, otro por ti la va a usar. ¡Prohibido olvidar!” La vigencia y la universalidad de la letra es emocionante y triste. Pero hey, ¡a secarse las lágrimas que la fiesta sigue!

Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas 7
Cae la noche en el Botánico complutense. | Foto: Noches del Botánico.

Cuentas del almaApóyate en mi alma un bolero de Santos Colón y Juan Pachanga, el segundo tema que grabó con las estrellas de Fania, precedieron al clásico de 1981 Ligia Elena, canción que Blades dedica a las víctimas del racismo. A la cándida niña de la sociedad le sigue una adaptación del vals del poeta peruano César Miró “que en español se titula Todos vuelven, y en inglés se titula… Todos vuelven.”

El poeta de la salsa ha decidido pasearse por toda América Latina rindiendo homenaje a sus artistas e intelectuales, desde Ray Barreto y Tito Puente a los dos Carlos, Fuentes y Monsiváis. Y ahora llega el turno, cómo no, del gran Héctor Lavoe. “La muerte comienza solo por el olvido, así que mientras recordemos a Héctor, Héctor sigue vivo”. Vamos cantante comienza. La versión de Blades es sublime y los metales de la banda se lucen.

“Como en una novela de Kafka…”

Entre las muchas cosas que probablemente los asistentes desconocían era la influencia de Mack the Knife de Bobby Darin en la creación de Pedro Navaja. Blades, tan didáctico como casual nos abre la puerta una vez más a su proceso. ‘La ópera de los vagabundos’ y ‘La ópera de los 3 centavos’, cuenta, le ayudaron a crear a Pedro y el arreglo de Darin le dio su estructura progresiva. Acto seguido la big band se lanza a interpretar su versión de Mack the Knife, a la que seguiría un Pedro Navaja épico que mezcló nuevos arreglos con ese sonido emblemático de los 70 -casi se podía distinguir a la aguja rayando el vinilo- y hasta un toque de Michael Jackson (minuto 5’20” en el vídeo).

Despuéd de Pedro Navaja probablemente todo el mundo podría haberse ido a casa feliz, con la seguridad de haber visto uno de los mejores conciertos de salsa de su vida, pero la noche estaba lejos de acabarse y siguieron clásicos como Plástico, Buscando América, Sin tu cariño y Maestra vida, esa obra maestra que escribió cuando tenía apenas 32 años y que como dijo, ahora a los 69, la canta y la siente distinta.

La ecléctica y espectacular selección de esta especial noche en la que se entrelazaron música e historias, terminaría con Patria, un regalo de todos los panameños “para todo Madrid y todos los que están aquí”. Dos horas y media más tarde nadie está cansado, nadie quiere dejar de bailar. Ojalá fueran así todas las despedidas. Quedan tres fechas y tres escenarios para ver a Rubén Blades, hoy 19 en Barcelona, el 21 en Santa Cruz de Tenerife y el 22 en Las Palmas de Gran Canaria. Si aún no se deciden recuerden que aunque todo es pasajero -y tal vez esta despedida también lo sea-  estas son dos horas y media que definitivamente valen la pena.

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