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Madrid es un festín italiano

Víctor de la Serna

Foto: Alessandro Garofalo
Reuters

Al madrileño de hace medio siglo ya le apetecía una buena ‘pastasciutta’, pero tuvo que contentarse durante muchos años con una versión digamos que ‘internacional’ de la cocina italiana, con una escasísima disponibilidad de productos de allá y una idea muy limitada de lo que suponía la gastronomía de Italia: invariablemente, se servían saltimbocca alla romana, ossobuco y esa gran especialidad italo-madrileña, los escalopines ‘al burro-limone’ de los que se nutrió toda una generación de consumidores de aquí.

Los aficionados veteranos recordamos algunos nombres de lo que en el tardofranquismo pasaba por cocina italiana: la Osteria Piamontesa, Serenella -la primera pizzería de Madrid, justo detrás del edificio de Telefónica- y sobre todo Alduccio. Este nombre, curiosamente, subsiste hoy en la calle de Concha Espina, pero no tiene nada que ver el restaurante que hoy ocupa el local con el primigenio Alduccio, donde el entusiasta Aldo, el dueño, hacía apuestas millonarias y legendarias con el propietario del vecino bar La Flor de Valdepeñas cada vez que el Real Madrid se enfrentaba a un equipo italiano…

Una palabra más sobre Alduccio: seguimos añorando aquella mesa de ‘antipasti’ fríos, variadisimos, donde los clientes se servían a sí mismos, que nos recordaba a las de las buenas ‘trattorie’ romanas, y que ya no hemos vuelto a ver en esta ciudad.

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Spaghetti carbonara en Don Giovanni

Durante muchos años la oferta italiana fue así, semi-italiana, con algunas cadenas, como la de Vips, que no aportaban más autenticidad.

Algunos mantienen que la situación sigue igual, y hay que corregirles pronto. En los tres últimos lustros la situación ha cambiado radicalmente, y a mejor, por una sencilla razón: ahora llegan aquí buenos cocineros profesionales italianos, a los que les gustan mucho Madrid y el género que pueden encontrar en sus mercados, y aunque sigamos sin tener una grandísima mesa moderna italiana -tampoco en Italia son muchas…- se puede decir que Madrid se ha convertido en una de las ciudades europeas, fuera de la ‘bota’ itálica, con mejor oferta de aquella cocina.

Eso sí, eviten las cadenas dedicadas a la pizza, cuya autenticidad es nula. Una de ellas, con italianísimo nombre, tiene su sede en Polonia…

La nómina de los buenos podría iniciarse con Marco Di Tullio, excelente profesional contratado hace muchos años en Italia para un restaurante madrileño de mucho lujo que duró poco, pero él no se fue: se buscó su propio y modesto local, colgó la enseña de Casa Marco (Gaztambide, 6. Tel. 91 543 20 69) y desde 2003 está sirviendo platos a la vez populares y finos como los ñoquis a la sorrentina con tomate, albahaca y queso.

Más mediático, y ya con un decenio abierto, es el Don Giovanni (Paseo de la Reina Cristina, 23. Tel. 91 434 83 38) de Andrea Tumbarello, economista enamorado de la cocina que se profesionalizó tras llegar a Madrid en pos de una guapa española y no ha parado de crecer en cocina y dimensiones (ya tiene sucursal en la Costa del Sol). Andrea es siciliano, y se nota en los lomos de anchoa pequeña sobre rodaja de tomate, pero también ofrece una ‘costoletta’ a la milanesa como pocas en Milán.

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Burrata pugliese en AvÁnvera

Por cierto, que también venía de fuera de la cocina profesional Luigi Bertaccini, buen amigo de Andrea, cuando se decidió a ponerse tras los fogones de AvÁnvera (Zurbano, 85. Tel. 91 825 66 88) y empezar a ofrecer su suculenta pizza con ‘porchetta’, ese sabroso matambre de cerdo italiano. Por cierto que esta zona (Ríos Rosas e inmediaciones) es conocida como la Little Italy madrileña porque la Scuola Italiana y el Consulado General de Italia han atraído a ella muchos negocios transalpinos.

Otro siciliano es el inefable y menudo Alfredo Gelso, cuyo recorrido madrileño ha sido bastante accidentado, pero que ahora en su propio y minúsculo local, con el único apoyo de su mujer, Daniela, parece haber encontrado su nicho definitivo. Es la Trattoria da Alfredo (Españoleto, 4. Tel. 91 083 36 65), donde cada día la oferta cambia y puede incluir una pasta fresca de trigo duro con pollo de corral, alcaparras y aceitunas, o un pulpo con lentejas.

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El tipo de cocina es italiano y español y de todos lados, pero con el horno como elemento de anclaje. | Foto via La Premiata Forneria Ballaró.

Para completar la nómina siciliana, no se puede olvidar a Angelo Marino, patrón de varios restaurantes en Madrid a lo largo de los años, y cuya Premiata Forneria Ballarò (Santa Engracia, 92. Tel. 91 593 91 33) es uno de los templos locales de la pizza genuina, hecha en un horno de leña inhabitual aquí (por la reglamentación municipal). Prueben la de calabaza, provola ahumada y panceta. O la de jamón de San Daniele, mozzarella de búfala e higos.

Tenemos también una apreciable presencia sarda, y además -casualidades madrileñas- con dos casas situadas muy cerca la una de la otra: Da Giuseppina (Trafalgar, 17. Tel. 91 445 85 39) y la Trattoria Limbara (Olid, 6. Tel. 91 011 71 03) . En el primero, Ignazio Deias, otro histórico de los restaurantes italianos de Madrid, también tiene su pequeña y atractiva sección de ultramarinos finos de allá; en el segundo, el joven Renzo Sanna ofrece cosas de Cerdeña como los ‘culurgiones’, especie de ravioles, con rellenos varios.

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Gnocchi della nonna en Gioia

También han llegado cocineros más septentrionales, claro. Gioia (San Bartolomé, 23. Tel. 91 521 55 47) se ha convertido en local de culto en Chueca bajo el impulso de la pareja piamontesa formada por Davide y Daniela Bonato: es el lugar indicado para probar el mejor ‘vitello tonnato’, como en Turín, o los ‘tagliolini’ hechos a mano con trufa blanca, yema y queso Cacio Nerone.

En cuanto a Matteo De Filippo, parmesano de pro, fue cocinero de la Embajada de Italia en España antes de lanzarse a elaborar pastas artesanas y vender productos italianos en el Mercado de la Paz (Ayala, 28, tel. 91 230 68 16), donde en un puestecito discreto, bajo la enseña de Cucina Matteo, también da de comer admirablemente bien.

Señalemos finalmente dos pequeños templos de la cocina popular y, sobre todo, de las más genuinas pizzas -oblongas, no redondas. por cierto-, que son los locales regentados por Stefano Carta y por su padre, Alberto, expertísimo ‘pizzaiolo’ que ejerció con éxito durante muchos años en el lago de Como: Fina Catalina (Castelló, 1. Tel. 91 110 97 67) y la Trattoria Manzoni (Bretón de los Herreros, 13.Tel. 91 441 58 52).

Y, para concluir, la mejor prueba de los inmensos avances en la disponibilidad de productos italianos en España se halla en las encomiables cartas de vinos de allí, desde los nobles barolos norteños hasta los sorprendentes sicilianos de uva nerello mascalese, que todos estos establecimientos ofrecen. Porque los cocineros y mesoneros italianos mantienen un orgullo por su propia cultura del vino que ya quisiéramos ver más a menudo entre nuestros paisanos.

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Cadenas de comida no tan rápida

Cecilia de la Serna

El concepto de cadena de restaurantes y de comida rápida han ido íntimamente relacionados desde hace décadas. Cuando Burger King se estableció en 1975 en la madrileña Plaza de los Cubos, España no imaginaba que asistiríamos a la expansión de un modo de vida más rápido pero menos saludable. Desde entonces, muchas son las cadenas de restauración que han llenado las calles de la capital infundiendo una filosofía de vida más rápida, una forma de comer menos sana, imponiendo en parte un modelo alejado de la típica dieta mediterránea. En los últimos años hemos asistido a un boom destacable: la slow food, que busca dar respuesta a la comida rápida desde la calidad gastronómica y la salud nutricional. En Madrid, muchos son los que se han atrevido a abrir franquicias de locales que ofrecen buena comida a buenos precios.

Éstas son las cadenas de comida no tan rápida de la capital que merecen mención:

Cocina española en cadena

El barril, más de 20 establecimientos de cocina tradicional

Los restaurantes El Barril son unos establecimientos especializados en cocina de mercado de corte tradicional español. El Grupo Oter está detrás de esta cadena desde 1972, y cuenta con 24 restaurantes, todos ellos repartidos por Madrid. Esta cadena de restauración ofrece una amplia variedad de locales. Sus restaurantes van desde marisquerías clásicas o modernas, arrocerías, restaurantes de cocina asturiana, andaluza, mediterránea e incluso (alguna) italiana.

El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)
El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)

Cualquiera de sus restaurantes es perfecto para grandes eventos, de empresa o en familia, para una comida de amigos o para tomar algo rápido después del trabajo. La calidad de sus platos e ingredientes, y la variedad de sus establecimientos, hacen de ésta una cadena de restaurantes fiable en el plano gastronómico. Cuando nadie había hablado aún de slow food, El Barril ya lo practicaba en medio Madrid.

José Luis, un clásico en cadena indispensable

Cuando José Luis Ruiz Solaguren abrió su primer restaurante en la calle Serrano allá por 1957, no podía imaginar que crearía un verdadero imperio de la gastronomía tradicional patria. Según reza su biografía, “José Luis ha sido un ascenso continuo fruto de la tenacidad y un compromiso total con su profesión, con su familia, con sus compañeros de trabajo y, por supuesto, con el cliente”. Y eso se demuestra con más de medio siglo de historia.

El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)
El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)

Actualmente,  podemos degustar sus pinchos en casi una decena de establecimientos. Indispensable es su pincho de tortilla, célebre por lo poco cuajada que está y por lo deliciosa que es siempre. José Luis es un clásico que en Madrid pocos desconocen, que nunca falla, y que no podía faltar en esta lista de cadenas de comida no tan rápida.

La Máquina (de llenar barrigas)

La cocina del Grupo La Máquina es, según éste mismo, “un homenaje a la sencillez dada la grandiosidad del producto”. Esta cadena de restauración cuenta con hasta 11 establecimientos repartidos por Madrid y alrededores, ofreciendo platos tradicionales -a veces atreviéndose a reinventarlos- e ingredientes de primera calidad traídos desde las principales lonjas españolas.

El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)
El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)

Abundan los pescados y mariscos, pero también ofrecen carnes, pinchos y tapas. La Máquina es también otro clásico -algo menos ‘viejo’- y otro seguro a la hora de degustar buena cocina tradicional española en un montón de locales.

Asiáticos que inundan deliciosamente nuestras calles

Sushita Café, sushi y bastante más

Sushita Café se ha convertido en poco más de un año en un referente de la cocina asiática fresca y saludable. Es slow food con precios asequibles, una fórmula que le ha valido el éxito y la expansión. Su oferta gastronómica es sushi y mucho más: fusión de cocina típicamente asiática y tradicionalmente mediterránea, como los usuzukuri de toro con pan tumaca y jamón ibérico, o con platos latinoamericanos como su ceviche de lubina. La variedad copa su carta, y los ingredientes son siempre de primera calidad.

Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)
Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)

Hasta el momento cuenta con tres locales: uno en Alberto Aguilera, otro en el Centro Comercial Parquesur y -su última incorporación- uno en la calle Miguel Ángel. También cuentan con take away en sus tres establecimientos.

Maki, japonés a precios regalados

Comer buena comida japonesa a precios asequibles es posible. Maki abrió su primer restaurante en 2011 y pronto se convirtió en una cadena de restaurantes japoneses propios que ofrece calidad a un precio apto para cualquier bolsillo. En su carta ofrecen menús muy informales, como los Bento boxes, a través de los cuales el comensal puede configurar su menú a través de nigiris, makis, sashimis, varias brochetas, arroces y fideos y otros platos asiáticos… y todo por un precio muy muy asequible (oscila entre los 7,99 euros y los 9,99 euros).

Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)
Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)

Los siete establecimientos de Maki están repartidos por todo el centro de Madrid, y alguno en las afueras. Son siempre una buena opción también para el take away y el pedido online.

Tuk Tuk, asian street food

La comida callejera está de moda en la capital, y Tuk Tuk tiene gran culpa de ello -sin menospreciar a maestros en la cuestión como David Muñoz-. Los orígenes de Tuk Tuk se remontan a las aventuras del empresario británico Ricardo Alexander en las calles del continente asiático. Los sabores que allí encontró, especialmente a pie de calle, le inspiraron para crear este concepto: comida como la que puedes probar en las aceras de las grandes ciudades asiáticas directamente importada a Madrid.

Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)
Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)

La cocina que ofrecen en Tuk Tuk es principalmente tailandesa, pero también está muy presente de resto del sudeste asiático. Actualmente, cuenta con cuatro locales repartidos por la geografía madrileña. Los precios son asequibles para cualquier bolsillo, una opción perfecta para sorprender en una cita.

Hamburguesas para no perderse

Alfredo’s Barbacoa, el decano de la hamburguesa en Madrid

En Madrid hay muchas hamburguesas, el fenómeno de hecho va en aumento. Pero la que nunca falla, la clásica, la que deleita a los amantes de la hamburguesa desde mucho antes de que se pusiera de moda es la de Alfredo. Alfredo’s Barbacoa abrió sus puertas por primera vez en el local de Lagasca allá por 1981, de la mano de Alfredo, un neoyorquino que tiene mucho de madrileño. Al poco tiempo, en el 86, abrieron el de Juan Hurtado por la sencilla razón de que necesitaban más espacio -el éxito era inigualable-. ¿La clave de ese éxito? Dar buenas hamburguesas -y otros tantos platos típicos de la cocina norteamericana- y responder al concepto de autenticidad como nadie. Transportarte a cualquiera de los 50 estados yankees entre sus paredes y sus platos es una experiencia irrepetible.

Alfredo's lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo's Barbacoa)
Alfredo’s lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo’s Barbacoa)

Si vas a Alfredo’s no esperes cocina fusión, ni grandes inventos gastronómicos. Es lo que es y siendo lo que es no necesita más. Las mejores materias primas y una forma tradicional de hacer las cosas son una fórmula de éxito asegurado -sus locales siguen llenándose hasta los topes más de 30 años después-. También tienen take away. Además de los dos establecimientos mencionados, hay otro Alfredo’s en la calle Conde de Aranda. Opciones no te faltan.

Goiko Grill, fusión vasco-venezolana

Goiko Grill no lleva tantos años ofreciendo hamburguesas en la capital, pero ya ha conseguido conquistar muchos corazones madrileños. Goiko nace en casa de los Goicoechea, una familia venezolana de origen vasco. Este conjunto de factores define muy bien la filosofía detrás de Goiko Grill, que en definitiva no hace una hamburguesa igual que la otra. En poco más de dos años ya cuentan con 9 locales repartidos por la capital. ¿Su secreto? Cocinar con cariño -no deja de ser una empresa familiar-, a buenos precios, y con una gran variedad de productos innovadores.

Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)
Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)

Además de la cadena de restaurantes Goiko Grill, puedes visitar su versión informal: Goikito. Allí mantienen la misma calidad y recetas pero con una versión algo más rápida: es directamente un take away. También podrás pedir las hamburguesas de Goiko Grill a domicilio.

New York Burger, el rincón neoyorquino de Madrid

Desde el 2009, Madrid también tiene el honor de degustar los platos de New York Burger. Tienen fundamentalmente hamburguesas, pero también ofrecen otros clásicos como las costillas de cerdo, los fingers -de pollo y de mozzarella- y otros muchos entrantes típicamente americanos.

That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)
That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)

Cuentan con cuatro locales: uno en General Yagüe, otro en Recoletos, otro en Castellana y otro en Miguel Ángel. La altísima calidad en un entorno neyoroquino les definen. Por supuesto, cuentan también con sus respectivos take away y delivery.

Sandwiches y más

Viena Capellanes, las meriendas de siempre

Durante los años sesenta, los de Viena Capellanes empezaron a hacer sándwiches. Ya eran una tahona, por lo que sólo tenían que poner cosas entre pan y pan. Y les quedó delicioso. Viena Capellanes es sin duda un gran clásico de las meriendas madrileñas. Ellos mismos definen en su página web que son un concepto distinto del actual fast food: comida rápida de calidad.

Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)
Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)

Destaca también su pastelería con los productos estacionales más típicos de Madrid: Roscón de Reyes, Rosquillas del Santo, Buñuelos de Viento, Coronas de la Almudena, torrijas… ¿Se te hace la boca agua? Puedes visitar alguno de sus cinco establecimientos. Es como viajar en el tiempo, pero con un mejor sabor de boca. También ofrecen un servicio de catering que puede sacarte de más de un apuro.

Magasand: incredible sandwiches, impossible magazines

Sólo a los de Magasand se les puede ocurrir tal cosa: unir sándwiches y revistas. Desde 2008 ofrecen comida sana y productos ecológicos, y todo a precios asequibles. Es el must definitivo para los amantes de los buenos sándwiches en Madrid. En su web aclaran que “Magasand no son franquicias, es un negocio familiar y el concepto ha sido elaborado por nosotros desde cero”. Es alta cocina rápida, pero sobre todo deliciosa comida sana.

Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)
Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)

Aparte de sándwiches, ofrecen desayunos, cremas, ensaladas, pizzas, tostas, piadinas, perritos calientes… Cuentan por ahora con tres locales: en el Retiro, en las Salesas y en Delicias. Y si además te quedas con ganas de una buena lectura, en Magasand puedes leer las mejores revistas especializadas en moda, diseño, arte y arquitectura.

Do Eat! (and eat well)

En Do Eat! están especializados en ensaladas, cremas, platos del día, sandwiches, zumos, repostería casera, y desayunos. Quieren hacer de la comida ligera algo delicioso a degustar.

En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)
En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)

Cuentan con ocho locales repartidos por Madrid, y tienen el honor de dar de comer en el mismísimo Google Campus de la capital. Como en Magasand, ofrecen un entorno agradable en el que pasar el rato comiendo o bebiendo un delicioso smoothie, y cuentan también con su propio servicio de catering. Comer rápido y bien también es posible.

Madrid es una de las capitales mundiales más vibrantes gastronómicamente hablando. Entre los Burger King y los estrellas Michelin hay cientos de opciones, muchas de ellas son cadenas de restauración que quieren aportar un extra de calidad en sus creaciones. Ésta no es la lista definitiva, porque ya se sabe: en Madrid casi todos los días abre un restaurante que -quién sabe- puede ser el germen de la próxima cadena de comida no tan rápida.

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Jane Austen a destiempo

Romhy Cubas

Foto: Wikimedia
Wikimedia Commons

En el segundo centenario de su nacimiento la infalible estela de Jane Austen sigue residiendo en sus libros y anti/heroínas. A la fecha no se sabe con exactitud cuál era su apariencia física. El único retrato disponible fue elaborado en acuarela por su hermana Cassandra en una obra que no mereció ni siquiera la aprobación de su sobrina, y que repite junto con otros bosquejos los únicos rastros usuales de los que se hace eco su imagen: alta y esbelta, apariencia saludable y expresiva, complexión clara, mejillas redondas, nariz pequeña, ojos brillante color avellana, cabello marrón y ondulado.  

En una descripción física o una reproducción de su figura es absurdo percibir la “liberación cultural” que desencadenó -especialmente de manera póstuma- la autora de Orgullo y Prejuicio, Emma y Sentido y Sensibilidad. La elección de palabras no se aproxima a la realidad intimista con la cual Austen resumió en sus ficciones, clases, géneros y fórmulas de comportamiento ancladas a la época. Pero hay otra elección de palabras que sí puede dar una explicación aproximada al porqué Austen perdura en la selección literaria de lectores que se aferran a sus romances en generaciones tan distantes.

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Retrato de Jane Austen pintando por Ozias Humphry en 1788 | Imagen: Pinterest

Franco Moretti, fundador del Laboratorio Literario de Stanford –el cual aplica el análisis de data a estudios sobre literatura y ficción– revela cómo la elección y el proceso de las palabras utilizadas por la escritora son capaces de moldear una especie de supervivencia literaria. Esto explicaría por qué Austen resiste con tanta insistencia -doscientos años después de su muerte- en el colectivo lector precisamente cuando el elemento “revolucionario” que se recreaba en la época ya no representa una primicia.

La obra de Austen es naturalista, un arte que no improvisa con situaciones forzadas e improbables sino que presenta al lector un facsímil de la naturaleza común. El extenso de un escenario que no se esfuerza en salir hacia otros universos dentro de otros universos.

El laboratorio de Standford reunió y estudió un set de 125 novelas inglesas de ficción narrativa publicadas entre 1710 y 1920. Utilizando una técnica llamada análisis de componentes principales delinearon cada trabajo en una tabla bidimensional basada en el vocabulario de cada libro.

El estudio concluyó que las novelas de Jane Austen perfiladas junto con otras 125 obras británicas, tienen un vocabulario centrado en elementos y situaciones mucho más abstractas que físicas, y cotidianas que melodramáticas.

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Gráfico de estudio sobre Jane Austen del Laboratorio Literario de Standford | Imagen: The New York Times

En la dimensión horizontal las palabras hacia la izquierda tienden a ser más abstractas y relacionadas con estados mentales o relaciones sociales: conocimiento, afecto, conducta, dependencia, deseo, esfuerzo, favor, gratitud, indulgencia, mérito, ocasión, prevaleció, recibió, resentimiento, resolución, sufrimiento y virtud. En cambio las palabras que se ubican más hacia la derecha se conectan con el mundo físico y los sentidos: azul, cercano, oscuro, borde, vacío, dedos, hierba, caliente, afuera, redondo, hombro, lentamente, de pie, arriba, ver y blanco.

Austen usa comparativamente palabras que se refieren a las mujeres – “ella”, “señorita” – y a las relaciones familiares como “hermana”. Se destaca un factor en el uso pronunciado de palabras como “mucho”, el cual el estudio relacionó con un rasgo crucial de su escritura, la ironía. La escritora también empleaba con frecuencia palabra como “poder” y “deber”, las cuales indican probabilidad, capacidad, permiso y obligación. Esto refleja “el desafío al que se enfrentan los personajes de Austen, especialmente sus heroínas, al ver las cosas como realmente son”, explica el Laboratorio de Standford.

Las palabras distintivas de Austen, sus grupos y construcciones gramaticales son un esfuerzo para comprenderse a sí misma a través de sus personajes. La naturaleza humana que omite elementos fanáticos como médula de sus novelas creó un elemento crítico de retrato social determinante para su fama. Su narrativa podría ser un cliché de chismes, gente rica, dinero, vestidos y bodas de sociedad., sin embargo, es precisamente la ironía y sátira con la que se aproxima a estos lugares tan arraigados en la época que Austen logra crear una potente conexión entre sus personajes y el mundo real.

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Escena de la adaptación cinematográfica del libro de Jane Austen Orgullo y Prejuicio | Imagen: IMDB

Los textos de Austen también juegan con los roles de género tradicionales. En sus historias no suceden demasiadas cosas, estas son simplemente un ejemplo de la limitación que sufren sus propios protagonistas ante una mirada feminista que apenas germinaba semillas en la época. Irreverente y audaz, su escritura obliga a ver más allá del absurdo y el chisme del señor Knightley o el señor Collins, Fanny Price o Mary Crawford, Elizabeth Bennet o Lydia Bennet. Más allá de las historias de amor y los finales felices.  Lo de Austen es entender cómo los lugares comunes se hallan en un realismo social que sus lectores detectaron desde un principio como una posibilidad de escapar sin ignorancia.

Escribir sin sacrificar  

La autora británica vivió en un momento en que la lectura de novelas se había convertido en una de las principales formas de entretenimiento para las clases medias. Sin embargo, el status de la novela no era precisamente elevado. Austen escribe en 1816:

“No podía sentarme seriamente a escribir un romance bajo ningún otro motivo que el de salvar mi vida, y si fuera indispensable para mí mantenerme así y nunca relajarme para reírme de mí misma y de otras personas, estoy segura de que me ahorcarían antes de que hubiese terminado el primer capítulo. No. Debo mantener mi propio estilo y continuar con mi propio camino, y aunque pudiera no volver a tener éxito en él, estoy convencida de que fracasaría totalmente en cualquier otro.”  (1 de abril de 1816 a James Stanier Clarke).

Austen usó la ficción para describir tramas que no eran más que las propias experiencias de sus lectores. Al hacerlo fue capaz de introducir morales cercanas al rango de las relaciones humanas ordinarias con un realismo que comprendió las limitaciones que tenían las mujeres a principios del siglo XIX, especialmente la dependencia marital al intentar establecerse social y  económicamente. Pero esencialmente Austen explota el poder de las palabras y los rumores. Son sus diálogos y conversaciones los que se desenvuelven con fluidez como piezas totalmente ajenas a las de la gran mayoría de los escritores con los que convivió y a los que precedió.

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¿A quiénes olvidaron los Globos de Oro?

Nerea Dolara

Foto: The Big Sick
Lionsgate

Se anunciaron las nominaciones (sólo hablamos de cine) y muchos de los favoritos del Óscar han quedado fuera. ¿Qué pasó?

Con la llegada de las nominaciones a los Globos de Oro de 2018 ya está encaminado el obsesivo momento en que estaremos viendo y leyendo referencias sobre las mismas películas y actores/actrices hasta la llegada del Óscar. En el anuncio de los premios que otorga la prensa extranjera -un grupo de menos de 100 que nadie conoce con seguridad- hubo algunas sorpresas pero los sospechosos siguen siendo los habituales… o lo serán hasta principios del año que viene cuando compitan por el Óscar.

Primero las sorpresas: Greta Gerwig no fue nominada en la categoría de dirección. Lady Bird, su debut detrás de la cámara que ha roto récords de críticas positivas según Rotten Tomatoes, es casi una apuesta segura cuando se habla de las postulaciones de la Academia. Y no sólo se trata de que su película sea excelente, sino de que es mujer y en un tiempo en que los escándalos de acoso sexual pululan en Hollywood es muy probable que la Academia, que sólo ha premiado a una mujer en Dirección (Kathryn Bigelow) y ha nominado sólo a cuatro en toda su historia, quiera no sólo reconocer el talento de Gerwig sino quedar bien con sus miembros fingiendo haber avanzado en sus retrógrados métodos.

Otro ausente en la categoría es Luca Guadagnino (Call Me By Your Name) cuya historia de amor homosexual no sólo tiene enamorada a la crítica sino a los premios que ya se han otorgado en esta temporada. Y para sorpresa general tampoco se nominó a Paul Thomas Anderson que estrena Phantom Thread, la que será la última película de Daniel Day-Lewis.

¿A quiénes olvidaron los Globos de Oro? 1
Fotograma Call Me By Your Name | Imagen: IMDB

¿Quiénes entraron?

Steven Spielberg por The Post; Christopher Nolan por Dunkirk; Martin McDonagh por Three Billboards Outside of Ebing, Missouri; Guillermo Del Toro por The Shape of Water y Ridley Scott por All the Money in the World.

Si alguien se pregunta qué película es esa de Scott que no recuerdan es porque aún no se ha estrenado, de hecho sólo la han visto los miembros de la prensa extranjera que deciden los Globos de Oro… ni siquiera la han visto los demás periodistas de la fuente o miembros de la Academia. Pero para dar una referencia (no necesariamente buena) esta es la película en que se decidió reemplazar por completo a Kevin Spacey, tras sus escándalos de acoso sexual, por Christopher Plummer sin cambiar la fecha de estreno.

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Fotograma de The Shape Of Water | Imagen: IMDB

Del Toro, por su lado, puede estar muy orgulloso porque The Shape Of Water, que ya se ganó mucho aprecio en los premios otorgados por la crítica en varias ciudades americanas y que tiene ya el León de Oro de Venecia, es la más nominada en los Globos de Oro, con siete candidaturas.

Otros que no vieron reconocido su trabajo, y que casi de seguro competirán por un Óscar, son Jordan Peele por Get Out (a quien también excluyeron en la carrera por Mejor Director) y James Ivory por Call Me By Your Name, en las categorías de Guión Original y Adaptado, respectivamente. Aaron Sorkin, por Molly’s Game, de seguro se llevó uno de sus espacios porque los demás competidores están previstos como posibles competidores por el Óscar.

Y The Big Sick, esa gran comedia que enamoró a audiencias y críticos, no recibió nada, ni una mención ni un recuerdo. La rom-com se estrenó hace, tal vez, demasiado pero era de esperar que por lo menos recibiera una nominación a Mejor Guión o a Mejor Comedia (los Globos separan los nominados por género). Pero nada.

¿A quiénes olvidaron los Globos de Oro? 3
Fotograma de Big Sick | Imagen: IMDB

Estas omisiones podrían considerarse sólo temas de gusto, pero también podrían mirarse como una resistencia de los Globos de Oro a renovarse o apostar por nuevos talentos. Este grupo es conocido por arriesgarse cuando se trata de televisión (Gina Rodríguez por Jane The Virgin, Rachel Bloom por Crazy Ex-Girlfriend, Mozart in the Jungle y este año la excelente The Marvelous Mrs. Maisel) pero en cine es también conocido por ser conservador y tener sus favoritos (Emma Stone está nominada, por ejemplo… y Sorkin igual). Y al parecer nada ha cambiado. Esperemos que en la Academia, que ha hecho un esfuerzo en los últimos dos años por diversificar a sus miembros, las cosas se remuevan un poco.

Lo demás es más o menos estándar: Saoirse Ronan (Lady Bird) y Meryl Streep (The Post) tienen nominaciones -y grandes posibilidades en el Óscar-; Laurie Metcalf (Lady Bird) sigue siendo la favorita en la categoría de Actriz Secundaria; Gary Oldman (The Darkest Hour) tiene un fuerte competidor en Daniel Day-Lewis (The Phantom Thread) para Mejor Actor; y Willem Dafoe (The Florida Project) probablemente triunfe como Actor Secundario.  

Comienza la carrera y ya no ha marcha atrás. Es tiempo de hacerse a la idea de que durante meses estas películas estarán en los cines, los periódicos, la televisión y los medios online. Y es hora de verlas (las que se pueda) para juzgar si la prensa extranjera (y luego la Academia) realmente sabe lo que está haciendo.

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Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 2
Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 1
Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

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