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Madrid no está en la carrera por 'la City'

Redacción TO

Foto: Daniel Ochoa de Olza
AP

Frankfurt, París, Dublín o Amsterdam son las ciudades que suenan con fuerza para quedarse con las empresas que decidan, más pronto que tarde, ‘exiliarse’ del Reino Unido después de la aprobación del Brexit. Pero en las previsiones del think-tank europeo Bruegel no aparece la capital de España, a pesar de que la oportunidad, financieramente hablando, se antoja prometedora. Se estima que unos 30.000 empleados del sector bancario u otros servicios profesionales se instalarán en otra ciudad europea, con sus respectivas empresas.

Las ciudades candidatas tienen sectores financieros potentes y “albergan instituciones monetarias internacionales”, como es el caso de Alemania con el Banco Central Europeo. Además, se destaca el inmenso potencial de crecimiento, sobre todo de Francia y Alemania. “La mudanza parcial de las firmas financieras tendrá un gran impacto en esas ciudades y en sus infraestructuras”. Estos expertos económicos sitúan el sistema bancario español en un segundo plano.

Londres está a la cabeza del mercado financiero global por muchas razones. Tiene unas regulaciones del negocio ‘blandas’, lo que hace que las barreras sean también muy pocas, además, todos en la City se comunican en inglés, un factor que también cuenta. Por supuesto, es rica en cultura, museos, restaurantes, escuelas y otros servicios que atraen a los hombres de negocios del extranjero. Toda esta combinación de factores ha hecho que Londres sea considerada como la mejor ciudad del mundo para los negocios. Ahora, sus ‘competidoras’ se están frotando las manos a la espera de recibir un volumen de beneficio importante del ya llamado por algunos como ‘Brexodus’.

París

La capital francesa tiene más grandes bancos, grandes compañías y más escuelas internacionales que, por ejemplo, su competidora alemana. Antes del referéndum en Reino Unido, el por entonces ministro de Economía francés, Emmanuel Macron, afirmó que le “extendería la alfombra roja” a las compañías financieras que necesitaran o quisieran trasladarse después del Brexit. Además, la generación de beneficios económicos procedente de la llegada de compañías europeas a París podría servir como argumento para frenar el ascenso de la ultraderecha francesa en las elecciones de esta primavera. Sin embargo, hay algunas claves que no favorecen la candidatura de la ciudad parisina: fuertes regulaciones e impuestos para las grandes compañías y las empresas financieras, que ascienden a un 33,3% aunque se reducirán a un 28% en 2020. Además, buena parte de la población francesa no domina el inglés, un factor que podría jugar en su contra. De cualquier manera, compañías como HSBC, el gran banco británico, ya ha dicho que espera generar alrededor de mil puestos de trabajo en París, ciudad en la que ya tiene una filial.

¿Dónde está Madrid en el 'Bréxodo' de la City?
La torre Eiffel, uno de los grandes atractivos turísticos de París. | Foto: Lucas Dolega / EFE

Frankfurt

Esta ciudad es la capital financiera de Alemania, y alberga una de sus grandes bazas: ser la sede del Banco Central Europeo. Hubertus Väth, de Frankfurt Main Finance, un organismo que promueve la ciudad como un centro financiero, aseguró en el Financial Times que mientras el Brexit es malo para todos, Frankfurt podría beneficiarse de ello. “El Brexit sería malo para Gran Bretaña, para Alemania y para la UE”, dijo Vath. “Pero si sucede, entonces Frankfurt está bien situada para beneficiarse”.

¿Dónde está Madrid en el 'Bréxodo' de la City? 1
Frankfurt es el centro financiero de Alemania. | Foto: Messe Frankfurt / EFE

Amsterdam

Bonita arquitectura, buenos colegios, y que casi toda su población habla inglés, serían algunas de las ventajas que podrían encontrarse los trabajadores que llegasen a Amsterdam procedentes de Londres. Sin embargo, a pesar de tener un centro neurálgico comercial importante, su capacidad no se puede comparar con la de sus grandes competidoras: París o Frankfurt. Además, el límite de los bonos que pueden obtener los banqueros, limitados a un 20% de sus salarios, podría desanimar al sector. Según cita The Economist, el ministro de Finanzas ya ha asegurado que dependiendo de las condiciones, algunos podrían estar exentos de esta limitación.

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La belleza de Amsterdam, uno de sus puntos fuertes. | Foto: Francois Lenoir / Reuters

Dublín

Sus bajas tasas impositivas hacen de Dublín un destino muy atractivo para las empresas de la City . De hecho, la capital irlandesa alberga a grandes empresas americanas como Facebook, LinkedIn o Google. El Gobierno irlandés ya ha contactado con algunos bancos y otras compañías que quieran trasladarse allí, según el Irish Times. Sin embargo, las conexiones de transporte en la isla, de la que solo se puede salir en avión, pueden ser un hándicap que juegue en contra de su ‘candidatura’.

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Dublín ya alberga a grandes compañías americanas. | Foto: Helen O’Neill / AP


Luxemburgo

Algunas publicaciones como The Independent también incluyen Luxemburgo en las quinielas. Es la segunda ciudad europea que aparece en el Índice de Centros Financieros Globales. Está en el puesto 14, mientras que Londres ocupa el primer lugar. Un número cada vez mayor de empresas multinacionales están basando su sede europea en Luxemburgo. Es pequeño, con fuertes conexiones de transporte con el resto de Europa y una alta calidad de vida. La compañía de gestión de activos Columbia Threadneedle aseguró que había comenzado el proceso de expansión de su base en Luxemburgo.

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La ciudad de Luxemburgo también suena con fuerza en la carrera. | Foto: Paul Ames / AP

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Tener pene

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: Erol Ahmed
Unsplash

Para esa mitad aproximada de la población que dispone de uno, tener pene puede parecer algo más o menos trivial. En realidad no lo es. Tener pene es importante. O, mejor dicho, no tenerlo lo es. Cuando empecé a relacionarme con politólogos e intelectuales en seguida noté algo extraño: era como si no existiera. Los corros siempre se cerraban ante mis narices, casi nadie prestaba atención si me atrevía a decir algo y con frecuencia no llegaba a terminar mi excurso porque alguien me interrumpía antes.

Era una situación desconcertante por nueva. Nunca me había pasado en un aula, donde uno sabe que se sienta entre semejantes y donde la brillantez de las ideas y la cuantía de los conocimientos las examina un evaluador externo al grupo: un profesor.

Al principio achaqué estas reticencias a mi edad. Era un poco más joven que la mayoría de ellos, así que pensé que quizá se tratara de eso. Y, claro que tenía que ver, pero pronto noté que había otros chavales a los que se integraba y se dispensaba el trato considerado que a mí me negaban. Aquel entorno era muy masculino, pero imagino que muchas mujeres habrán vivido experiencias similares en ámbitos distintos.

Yo decía algo y nadie se dignaba mirarme. Un rato después, algún tenedor de pene repetía el mismo argumento y era recibido con asentimiento y celebración. Así asumí que mi problema era no tener pene. La otra opción era aceptar que era más tonta que el resto, y yo, que me tengo por una persona segura, alguna vez dudé de mí, y me avergoncé de mis opiniones y pensé que quizá no estuviera a la altura.

Escribir se convirtió en la única forma de poder expresarme sin interrupciones, sin sonrisas paternalistas ni gestos de desdén. Después, claro, mis artículos no se leían como los de ellos y mucho menos se compartían. Todavía es así. Cuando eres mujer es duro labrarte un espacio propio. Tienes que ganarte el respeto de todos: de los desconocidos, de los amigos y hasta de tu novio. Aprendí que, a veces, para obtener la bendición de los cercanos tienes que conquistar primero el favor de los extraños. También, que es más fácil conseguir el aplauso de los próceres que de quienes creen competir contigo. Pero sería injusto generalizar y no admitir que me he cruzado con hombres estupendos que me han tratado como a una igual y que hoy me son muy queridos.

Como soy muy cabezota, no dejé de escribir. Me dije: “Te va a costar un poco más que a ellos, pero, al final, llegarás tan lejos como te propongas”. Sigo convencida de ello. No me malinterpreten: no creo en esas frases de autoayuda barata que lo conminan a uno a perseguir sus sueños, como si la intención forjara el éxito. Pero creo tener algún talento, aunque publicarlo sea probablemente pretencioso y poco femenino. No escribo esto buscando explotar el victimismo con el que tontea algún feminismo. No soy débil. Me gustan las personas fuertes. Me gustan las mujeres fuertes.

Una vez, cuando era pequeña, una mujer (una amiga de mi familia, además) me preguntó, casi retóricamente, si yo quería ser un chico. Supongo que lo decía porque me pasaba el día saltando, trepando, corriendo, jugando al fútbol. No me gustaban las muñecas ni esos vestidos incómodos. Me identificaba con personajes como Peter Pan, Tintín, Basil, aquel ratón émulo de Sherlock Holmes, o Arturo, en la película que Disney dedicó al mago Merlín. Me aburrían los cuentos de princesas, pobres muchachas pasivas a la espera de un señor guapo, y me daban miedo las brujas. Nunca respondí a aquella pregunta, “¿A que te gustaría ser un chico?”, porque me quedé sin palabras. El mensaje era aterrador: todo lo que me hacía feliz era impropio de una chica. Estaba íntimamente escandalizada y furiosa, aunque fui incapaz de manifestar escándalo o furia.

La contestaré hoy, cuando han pasado más de veinte años y tengo, por fin, algún público que me lea: no quiero ser un chico. No queremos ser hombres. Solo queremos ser iguales.

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La retirada melancólica

Ricardo Dudda

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Es difícil ser optimista con el problema del independentismo catalán. El procés puede durar eternamente porque es un fenómeno retórico, eufemístico, una sucesión de escenificaciones. Pero sus efectos en la sociedad catalana son reales y se perciben. Aunque las sociedades son muy volubles y nada es nunca irreversible, el esfuerzo de unir a las dos Cataluñas será enorme; el esfuerzo del independentismo para reconducir el entusiasmo hacia cauces menos rupturistas también.

Es posible que, del mismo modo que desde 2012 hasta hoy el independentismo ha crecido radicalmente, podrá retroceder. Pero tardarán en desaparecer el victimismo, el resentimiento y el rencor, la cultura del agravio, el uso de la memoria, siempre selectiva, la política como un acto expresivo, épico y “divertido”, más allá de la transacción y la negociación. Vivimos una época en la que cada generación necesita un momento épico fundacional, una Transición a nuestra medida. Como escribía un difunto tuitero, cada nueva generación piensa que el colectivismo (y puede sustituirse con cualquier otro ideal político) falló porque no lo lideraron ellos.

El procés vive jornadas históricas casi cada semana; acostumbrados a esto, los independentistas, y quizá no solo ellos, exigirán algo más que bienestar o reconocimiento. Quizá exijan entretenimiento, emoción, pasión. Durante años, millones ciudadanos catalanes han depositado mucho capital emocional en el procés. El processisme le ha devuelto eufemismos, hipérboles, momentos históricos, pero es posible que su impresionante capacidad para renovarse llegue a su fin. Difícilmente habrá un momento de responsabilidad colectiva de las élites, y dudo que llegue el momento de la rendición de cuentas. El procés intentará sobrevivir. La sociedad civil se decepcionará. Y, cuando esto ocurra, quizá lo mejor sea una lenta y melancólica retirada.

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Vídeo | 11 Preguntas Random con: Natalia Laforucade

Redacción TO

Conversamos con la cantante mexicana Natalia Lafourcade, quien en 11 preguntas nos desvela cosas que no sabías que querías saber de ella. Lee la entrevista completa aquí.

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Hacia dónde va el procés

Aurora Nacarino-Brabo

El su columna de hoy Aurora Nacarino-Brabo habla de la situación de la coalición independentista en un momento en el que parece que desescalar la tensión parece difícil.

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