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Manchester by the Sea: la simplicidad en los detalles

Rohmy Cubas

Hay películas que no necesitan de bailes perfectamente cronometrados o de asomos controversiales para crear y hacer la diferencia; a veces, en la simpleza y lo ordinario se percibe mejor los detalles. La languidez de la rutina o la reincidencia de una emoción pueden revelarse con más ímpetu –con las interpretaciones adecuadas- que una producción con un presupuesto de 70 millones de dólares. El director y guionista Kenneth Lonergan -quien ya ha sido nominado al Óscar por su guión para “Puedes contar conmigo” en el 2000- demostró esta realidad con su más reciente película, Manchester by the Sea. El drama familiar con seis nominaciones a la Academia en categorías como las de Mejor Director, Mejor Película y Mejor Actor Principal, va revelando sin prisa una historia que se aferra al sentimiento más difícil de respirar: la tristeza.

El guión de Lonergan llevaba desde el 2014 en la lista negra de Hollywood, así le apodan a los mejores guiones sin producir del año, y la película, que  inicialmente iba a ser dirigida y protagonizada por Matt Damon ya le consiguió a Casey Affleck un Globo de Oro como Mejor Actor de Drama. Precisamente la semilla de Manchester by the Sea la plantó el actor de “El indomable Will Hunting”, Matt Damon, cuando convenció al director y guionista para que escribiese una película a partir de una idea que se le ocurrió una noche junto al actor John Krasinski.

Matt Damon y John Krasinski vinieron a mi apartamento con una idea sobre una película de un hombre originario de Manchester by the Sea -en Massachusetts- que deja la ciudad a causa de una tragedia familiar. John –Krasinski- iba a actuar en ella, pero no pudo por otros compromisos, entonces era el turno de Matt. La idea siempre fue que Matt dirigiera, hasta que terminé el guión y me preguntó si yo lo quería hacer en su lugar. Luego llegó Casey Affleck, a quien en realidad solo queríamos si resultaba que Matt no podía actuar”, recuerda el director.

Lonergan es de los directores que prefiere trabajar con los mismos actores en todos sus proyectos. “No soy una persona arriesgada, me gusta sentirme realmente seguro de que los actores van a estar increíbles en su trabajo”, sostiene.

La sencillez y modestia de la historia se calculó a través del duelo de un hombre que intenta seguir adelante con un pasado a cuestas que pesa como el plomo. Lee Chandler –interpretado por Casey Affleck- es el encargado de limpieza de un bloque de edificios en donde mantiene una rutina solitaria y repetitiva. Cuando su hermano Joe muere –Kyle Chandler- Lee regresa a un pequeño pueblo en el cuál sobrevivió en pretérito para hacerse cargo de su sobrino Patrick (Lucas Hedges), quien se halla bajo su custodia tras el fallecimiento de su padre.  De esta manera el tejido de la historia transcurre entre la complejidad de las emociones humanas y las infinitas formas que existen de llorar y enfrentar la muerte.

La relación entre tío y sobrino fluye con los días de duelo por el hermano de Lee entre arreglos para el funeral, papeleos y memorias nubladas. Entre el invierno de Boston y las olas de Manchester los flashbacks de su pasado se presentan sin aviso ni orden para mezclarse con el presente y dejar ver la razón de su angustia; el director afirma que incluso intentó hacer la película sin estos recursos pero le resultó totalmente aburrida y sosa. Aunque a todas luces suena -y es- una historia sombría y difícil de digerir,  el film también brilla con la habilidad del guión para idear sonrisas y huellas ligeras entre la tragedia.

La cúspide de Casey Affleck

Foto via Lionsgate.
Foto via Lionsgate.

Este papel de Casey Affleck, el del inadaptado solitario que socializa justo lo necesario pero le cuesta entender las reglas del juego, es repetido en el actor; sin embargo, Affleck logra una representación melancólica pero sin dramatismos en un personaje que se define por un rompecabezas de recuerdos que van encajando hasta asemejarse a la foto de la caja. Gracias a esto la película se aleja de elementos extravagantes y caprichosos para enfocarse en un texto guiado por un invierno constante, y por la pasividad de la banda sonora de Lesley Barber.

“Es una parte muy difícil tener que transmitir la gran cantidad de vida interior que posee una persona sin tener la oportunidad para hablarlo. Tenía que ser palpable en su comportamiento, en sus maneras con la gente y en los muy, muy pocos momentos en los que se quiebra. Eso fue difícil”, admite el actor en una entrevista realizada el pasado noviembre por la web estadounidense Deadline.

Michelle Williams, nominada a Mejor Actriz de Reparto por Manchester (tren escorts Manchester), también participa con una interpretación que aunque puede contarse por escenas es igual de intimista y perceptiva que la de su protagonista. En este sentido la estructura del guión es bastante ingeniosa, la cronología no es lineal pero tampoco confusa.

Affleck mantiene que el film no se grabó en orden y que el elenco tuvo que “saltar de un lugar a otro. Era importante que tuviera en mente los antes y los después para que hubiera un verdadero cambio entre las escenas; es también uno de los objetivos de la película: asistir a los cambios que se suceden en sus vidas como si fueran estaciones del clima”.

Entre caras conocidas

De derecha a izquierda: Kyle Chandler, Kenneth Lonergan, Lucas Hedges, Casey Affleck | Foto: vía Deadline Mark Man.
De derecha a izquierda: Kyle Chandler, Kenneth Lonergan, Lucas Hedges, Casey Affleck | Foto: vía Deadline Mark Man.

La relación de Affleck con Lonergan se remonta a la producción londinense de la obra de Lonergan This is our youth, en 2002. Affleck recuerda para Deadline que en su primera lectura del guión de Manchester by the Sea no lograba entender porqué, pero este funcionaba a la perfección.

“Es un poco como un acto de magia; como esa especie de truco de mano por el cual eres absorbido. Seguir la historia y escuchar a estos personajes no hablar de lo que realmente está pasando en sus vidas, comunicando solo sobre las cosas que están justo en frente de ellos; se combina este perfecto trecho de vida con una asombrosa verosimilitud y, de repente, te das cuenta de que has sido llevado hacia una experiencia mucho más profunda y significativa… las emociones realmente me cayeron encima”, sostiene el actor sobre el proceso de su interpretación.

La manera intimista y personal en la que escribe Lonergan también es alabada por Affleck, quien resalta la empatía y la destreza que este posee para conectarse con los personajes. “Todos sus personajes están escritos como una persona completa, nada se queda en una caricatura o en un estereotipo”.

“Sé que la escritura de Kenny es tan buena que deja mucho que descubrir en la película. No es algo que se pueda ver claramente a primera vista. Tienes que leerlo –el guión- una y otra vez, y esperar que cuando estés en el set, grabando, llegues a ese sentimiento de que lo que está pasando es más fuerte que las palabras”.

En Manchester by the Sea se exponen las raíces de una personalidad en sucesivos flashbacks que cuentan una situación tan traumática como universal, mientras se intenta averiguar cómo un hombre transita con ella. De eso se trata el pavimento de melancolías y atardeceres sobre el que se presentan los personajes, su reacción ante el mundo y los lugares que han recorrido para llegar hasta allí.

Cortos imprescindibles que ver en Vimeo

Redaccion The Objective

Foto: Stephane Mahe
Reuters

Logran el máximo impacto en el mínimo de tiempo, sintetizan lo complejo eliminando toda impureza innecesaria y ofrecen la droga que es el cine en una poderosa píldora de efecto inmediato. Así son los buenos cortos, e internet está plagado de ellos.

Para disfrutar del buen cine no hace falta pagar, salir de casa, ni siquiera disponer de tiempo. La cantidad y calidad de cortometrajes disponibles online aumenta cada segundo, y aunque en su gran mayoría continúan siendo invisibles para el público amante de los blockbusters, también son el indispensable caldo de cultivo que ve emerger a grandes directores de cine independiente.

A pesar de lo limitado de sus presupuestos, un sistema de distribución en salas que roza lo inexistente y la creencia generalizada de que sean un género menor, los cortometrajes demuestran una buena dosis de pasión, talento e intensidad audiovisual pueden llegar a suponer una oferta irrechazable.  Para demostrarlo, aquí una lista de cortometrajes disponibles en Vimeo que no dejan indiferente a nadie.

La Huida | Víctor Carrey

Seleccionado en más de 200 festivales y con 80 galardones en su poder, La Huída expone con agilidad diferentes puntos de vista sobre una misma narración en poco más de 10 minutos. Un corto imprescindible de la filmografía patria.

Pipas | Manuela Burló Moreno

Comedia española en estado puro. Ganador de los premios al mejor Guión y a la mejor dirección en la XI Edición del Notodofilmfest y nominado a los premios Goya 2014, Pipas ha pasado de ser un sencillo corto a convertirse en todo un clásico.

Odessa | Cidney Hue

Antes de embarcarse en un viaje de 135 años al lejano planeta Odessa, la astronauta de la misión pasa su última noche en Nueva York.  Bajo la emocionante anticipación del descubrimiento, la nostalgia de un mundo a punro de dejarse atrás.

‘Bla Bla Bla’ | Alexis Morante

“Compartir coche es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar” y si no que se lo digan a cualquier persona que haya compartido trayecto en BlaBlaCar.  El que fue uno de los cortometrajes nominados a los Premios Goya 2017, logra condensar en 3 minutos y medio buenas dosis de humor, crítica, drama y suspense.

Mother | Morgan Jouquand

Las imágenes más espectaculares de la Tierra  en apenas unos minutos. Placer visual a borbotones.

La Ruta Natural | Álex Pastor

Ganador del Festival de Sundance hace ya una década, un cortometraje plagado de significativos detalles y narrativa magistral, previo a la incursión de Álex Pastor en el largo.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí

Nerea Dolara

Inteligencia Artificial, calentamiento global, Estados totalitarios, esos son rasgos de futuros humanos que no parecen tan lejanos. Pero el cine y la televisión no sólo se imaginan distopías viables, también las hay imposibles.

Imaginar futuros catastróficos es un ejercicio muy común en la ficción. Una especie de fábula y una oportunidad de dejar a la imaginación volar libre (la mayoría de las veces de forma sádica) y crear un mundo que no se conoce aún. La oferta es amplia y diversa y, en un momento que parece bañado por señales de malos tiempos por venir (intolerancia, prejuicios, populismos, terrorismo, calentamiento global),  (a modo de quienes guardan mochilas de supervivencia o tienen planes para una epidemia zombie) y los que son muy poco viables.

(Advertencia de Spoilers)

Firefly (2002-2003). Poco viable.

Esta serie de Joss Whedon, que sólo duró una temporada y que se ha convertido en un producto de culto, se desarrolla en el año 2517 y asume un futuro en que, sí, hay viajes espaciales y muchos planetas “terrificados” (en los que han reproducido las condiciones de la Tierra) y un gran gobierno controlador, La Alianza, pero la realidad del día a día del grupo que vuela en una nave destartalada comandada por Malcolm Reynolds (Nathan Fillion) es el de un western espacial. Y sí, puede que todo lo demás sea viable, pero que el futuro se convierta en el Viejo Oeste espacial es poco probable -a menos que se asuma como un “juego”, sí, hablo de ti Westworld-, aunque muy entretenido.

Nunca me dejes ir (2010). Viable.

Basada en una novela de Kazuo Ishiguro, esta excelente película -que pasó muy desapercibida sin merecerlo- se desarrolla en un futuro cercano, aunque al principio no sea obvio. Si no se sabe nada de la historia es mejor evitar tener más información, parte del horror proviene de la revelación de lo que este futuro significa para los protagonistas y para nosotros como humanos. Kathy, Tommy y Ruth crecen huérfanos en una escuela algo sospechosa que resulta ser el lugar en que cuidan y educan a los clones de seres humanos con recursos e intención de vivir eternamente y que utilizarán, antes de que lleguen a sus treinta años, como donantes de órganos vitales… hasta que mueran en una de las cirugías. Los problemas morales y éticos no se toman en cuenta, tampoco el hecho de que estos clones sienten y piensan. La naturalidad con que se desarrolla la historia es lo que más hiela la sangre.

La carretera (2009). Viable

Esta adaptación de la novela de Cormac McCarthy en que un padre y un niño intentan sobrevivir en un mundo arrasado por un desastre -que parece nuclear- y en el que el canibalismo, la violencia y la deshumanización son la norma no parece muy alejado de lo que podría pasar si un gran desastre acabase con los recursos y el hambre y el miedo se apoderaran de la rutina. Al final se trata, como todos los escenarios que parecen posibles, de imaginar el desarrollo de la naturaleza humana en las peores condiciones… y según los ejemplos que tenemos a mano (aunque haya excepciones de bondad y solidaridad) las probabilidades no son buenas.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí 3
Fotograma de “Idiocracy”

Idiocracy (2006). Por favor no.

Hace unos años pensar que el mundo de esta película, en que un tipo mediocre es congelado y aparece en el futuro sólo para descubrir que el mundo se ha convertido en lo peor de la televisión basura y la publicidad engañosa -ah y que la contaminación es rampante y todo el mundo es idiota-, era viable parecía un mal chiste… una exageración ante, sí, el aumento de reality shows, productos que se inventan necesidades y una cultura que enaltece más a Kim Kardashian que a Cervantes. Ahora, con la llegada del mundo “post-hechos” no parece tan gracioso.

Bladerunner (1982). Viable.

En este futuro, 2019, el mundo está ultra contaminado, gobernado por las leyes salvajes del mercado, los animales están casi extintos en su totalidad y los replicantes, modelos de androides humanoides, son utilizados como mano de obra esclavizada fuera de la Tierra… los que se rebelan y viven en el planeta son cazados y asesinados.

Logan’s Run (1976). No viable.

A ver en este futuro la alegoría va de la obsesión con la juventud en nuestra cultura y el miedo a la sobrepoblación -miedo con base- pero la solución que ofrece este futuro parece demasiado exagerada… incluso en una lista en que el canibalismo y la inteligencia artificial asesina parecen posibles. En este mundo una vez que llegas a los 30 tus opciones son renacer o morir de forma brutal… o, como deja claro el nombre, correr a ver si escapas de la policía y logras vivir unos años más. ¿Le tenías miedo a los 30 años? Ya tienes la solución, sólo piensa en Logan y compañía, te relajará.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí 1
Fotograma de “Black Mirror”

Black Mirror (2011-). Viable

Cada episodio es diferente en esta traumática serie británica, pero en la mayoría de los casos el futuro cercano, y terrorífico, que exhiben es tan posible que las pesadillas son una consecuencia casi indeleble. Ya sea un mundo en que chips implantados en el cerebro para hacer re-play de todo lo que hemos visto en el día o uno en que todo se define por el ránking que tengas en una red social o uno en el que un dibujo animado se postula como presidente… el futuro que presenta Black Mirror es horrible, pero nunca parece muy lejano.

The Purge (2013). No viable.

En esta franquicia cinematográfica se resume en esta premisa: en este futuro hay un día al año, el día de la purga, en que es legal matar, violar y torturar a quien sea. La gente, armada con lo que se encuentre, sale a las calles a desatar sus peores instintos… si eres pobre estás peor -nada de rejas en tu casa y ya ni hablemos si tienes la poca fortuna de vivir en la calle- y si eres rico no estás salvado, pero pagas protección. No parece un gran horizonte al que aspirar y a nivel de posibilidad está en los porcentajes bajos…a qué gobierno se le ocurriría dejar a la gente armarse y matarse un día al año (conste, la duda no proviene de que un gobierno tenga la sensatez de no hacer esto, sino de que tenga la previsión de que gente armada y suelta no tiende a dejarse controlar).

Ex-Machina (2015). Viable

Esta película indie no es Terminator, pero propone la misma premisa… sólo que con mucha menos acción y mucha más discusión moral y filosófica. En un lugar remoto un científico ha creado la que cree es la primera expresión de verdadera Inteligencia Artificial. Para comprobarlo llama a uno de sus empleados, que, encerrado en ese espacio sin ventanas y aislado, debe interactuar con la robot diariamente y evaluar si tiene conciencia. No es difícil imaginar que las cosas no terminan bien y que los humanos no están retratados de la mejor manera.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí
Fotograma de “Wall-E”

Wall-E (2008). No viable

Siempre se espera que no llegue a esto, pero en el mundo de Wall-E la Tierra ha tenido que ser abandonada – la basura se quedó con todo el espacio y el aire es irrespirable – y los humanos recorren el espacio en una gran nave crucero, subidos a sillas móviles y pegados a pantallas: sin interactuar, sin moverse, sin saber lo que es una planta o la vida como se conoce en el presente. ¿Exagerado? Sí. Viable, por favor esperemos que no.

Cuando el destino nos alcance (1973). Por dios no.

Vale, ninguno de los futuros presentados en la lista es deseable, eso es claro. Pero en este nada, y es nada, es deseable… y eso antes de conocer la revelación final. La economía del mundo ha colapsado, la contaminación es rampante, los recursos naturales casi han desaparecido y hay sobrepoblación… ah y la alimentación que provee el Estado a quienes tienen la “suerte” de recibirla es en forma de barras energética elaboradas con “plancton” o, como se descubre luego, con gente. Sí, es un muy mal futuro en el que existir.

(Fuera de la lista están las distopías más clásicas como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y otras narraciones míticas que han establecido muchas de las características de las historias posteriores).

Las 7 mejores cabeceras de serie de la historia

Redacción TO

Foto: Adam Arkapaw
HBO

Aunque puede que muchas personas pasen por alto estas cabeceras, consumidos por la impaciencia, hambrientos de más episodios, algunas de ellas son obras maestras en sí mismas. La mayor parte de la selección corresponde a series de la última década, salvo por una honrosa excepción. Y aunque otras grandes cabeceras han quedado fuera, esta es sin duda una muestra representativa de la deslumbrante creatividad de las series televisivas norteamericanas, con las productoras Netflix y HBO a la cabeza.

A continuación, la lista:

True Detective (Temporada 1):

La serie de un macabro crimen por resolver es absorbente desde los títulos de crédito. Esta superposición de capas con vistas a escenas de vicio y paisajes de Lousiana sugiere un clima oscuro que luego se reafirma en este guión extraordinario de Nic Pizzolatto. La melodía de Far from any road, de The Handsome Family, hace el resto.

Stranger Things:

Los sintetizadores del opening consiguen ponernos los pelos de punta. Las aventuras de estos niños de Hawking, que habitan el pueblo remoto de Hawkins (y, según parece, otros territorios más hostiles), cohabitan a la perfección con la música de Survive, pero también con canciones que trasladan a otra época: Jefferson Airplane, The Clash, Echo & Bunnymen, Joy Division…

BoJack Horseman:

Esta no será probablemente una elección justa; se trata de la única serie de animación de la lista. Pero BoJack Horseman tiene un espíritu que la hace especial, con esa nostalgia de actor deprimido y venido a menos que se recluye en el alcohol y las drogas y las fiestas salvajes en una mansión que preside una colina de Hollywoo (así, sin la D). La música es obra de Patrick Carney. Ajá, el batería de los Black Keys.

Los Soprano:

El recorrido de Tony Soprano, puro en mano, hasta las calles de Nueva Jersey, bordeando la grandilocuente Nueva York, como diciendo ‘Estas son mis calles, aquí mando yo’. Una serie que marcó a una época y a una generación y que imprime su esencia en esta cabecera, donde resulta imposible no reconocer la canción Woke up this morning, de Alabama 3.

“…and mama always said
you’d be the chosen one”.

Mad Men:

Apenas supera el medio minuto y parece revelar un final anticipado, con Don Draper, el protagonista, descendiendo a los infiernos o, simplemente, lanzándose por la ventana. En cualquier caso, es una de las cabeceras más evocadoras que se haya visto y la canción A beautiful mine, de RJD2, acompaña en la travesía.

Vinyl:

El polvo del vinilo y la cocaína y los escenarios locos del rock and roll de los setenta visitados desde las entrañas en esta serie que no llegó muy lejos a pesar de tanta creatividad desbordante. Mick Jagger, Martin Scorsese, Terence Winter y Rich Cohe apostaron bien fuerte por ella, pero no fue suficiente. La canción Sugar Daddy, de Sturgill Simpson, es la dignísima antesala de lo que está por venir.

Breaking Bad:

Si algo puede decirse de esta cabecera es que va al grano, sin florituras. Es ingeniosa y creativa, un viaje breve por la tabla periódica que reúne la vida y muerte de esta serie que ha convertido la Química (y la metanfetamina) en temas casi ordinarios. La música, aunque simple, se instala en tu cabeza y no te abandona y, tras el episodio final, se convierte en algo más que una sintonía. La compuso, por cierto, Dave Porter.

Al fin una buena razón para frecuentar librerías

Joaquín Jesús Sánchez

Foto: CHARLES PLATIAU
Reuters

A una librería no hay que ir (¡contra todo pronóstico!) a comprar libros. No, al menos, desde que el progreso nos permite comprar cualquier cosa en pijama y babuchas. Es cierto que el librero te recomienda buenos libros, pero, ¿no hay algoritmos de publicidad mucho más documentados (y con mucho más empeño)? La única diferencia es eso que se llama «el toque humano». Y no exageres: todavía existen los culturales y la crítica; y algún amigo lector tendrás, digo yo.

Por eso, a las librerías no hay que ir a comprar libros: hay que ir a husmear. Verás: la gente que sigue comprando libros, ahora que se puede tener la biblioteca de Alejandría en una pantallita, establece unas relaciones curiosísimas con estos objetos. ¡Objetos! Un libro no es un texto: un libro es una cosa. Por eso importa el gramaje del papel, el tipo de impresión, el modo en que está encuadernado, la tipografía y la portada. ¡Qué divertido es verlos escoger! Los tocan, los abren, los comparan. Preguntan alguna cosa al librero. Los vuelven a mirar. Hay una multitud de gestos a los que hay que estar atento: cómo se pasan las yemas por el papel, cómo se arquean los dedos al abrir las páginas, cómo se entornan los ojos al examinar las tapas. ¡Estás siendo testigo de un momento privadísimo! Y completamente a salvo, haciendo como que estás a otra cosa; como en esas películas de espías de sombrero y gabardina, que se refugian detrás de un periódico (qué grandes eran esos periódicos, ¿no?).

Y si la librería no es la sucursal de una cadena, ¡qué gran felicidad! ¡También se puede diseccionar al librero! ¿Qué extraña sucesión de apetencias le habrá hecho tener esos libros y no otros? ¿Y ese orden? Si el orden de una biblioteca pretende ser científico, el de una librería no sólo eso, ¡también mercadotécnico! Repasar los estantes es como oír una confesión o jugar al psicoanalista (¿hay entre estas cosas alguna diferencia?). Si se busca con atención, en algún momento aparece el ejemplar a la moda, desentonando: ah, ¡el deseo de vender!¡Los vicios del mundo! Qué gran consuelo encontrar la bajeza ajena.

Es difícil curiosear en las bibliotecas ajenas, salvo que uno pertenezca a una experimentada estirpe de atracadores nocturnos. Mayorga, el dramaturgo, me hablaba hace unas semanas de un supuesto coleccionista que no enseña su colección, porque el que la viese accedería a algo íntimo, como un retrato; porque el coleccionista, para acrecentarla, habría cometido, en algún momento, hechos vergonzosos. Pero tú, frecuentador de librerías, puedes disfrutar del momento inicial, de los detalles de la adquisición de una nueva pieza: de los titubeos, del entusiasmo o de la resignación. ¡Ni todos los Amazones del mundo pueden procurar eso! Así que ve a hacer de mirón y no te preocupes con moralinas: ¿cree que los otros no te observan?

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