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Margaret Atwood: la centinela de la ficción especulativa y la narrativa distópica

Romhy Cubas

Foto: Alexandre Meneghini
Reuters

“No sabe qué es peor, un pasado irrecuperable

o un presente que lo destruirá si lo observa con demasiada atención.

Luego está el futuro. Puro vértigo.”

Oryx y Crake de M. Atwood

Los movimientos imaginarios que se arman con las aprensiones del presente visualizan un futuro desproporcionado y fuera de control que puede generar adicción. Margaret Atwood subsiste bajo ese halo desde que comenzó a escribir a los 16 años aunque no siempre quiso ser escritora –en algún momento quiso ser audiovisualista y biólogo-. El primer cuento que escribió tenía como protagonista a una hormiga: “debía tener siete años. No era nada del otro mundo. Al principio era un rollo. Pero hacia el final se ponía interesante. Tenía una durísima batalla con otro bicho”, afirma Atwood durante una entrevista para El Cultural en diciembre del año pasado.

La escritora canadiense es la tesis de una mujer prolífica y decidida del siglo XXI. Desde temprano se unió al activismo por los derechos de la igualdad de las mujeres, y su dinamismo literario y político la enlistan como una de las 100 personas más influyentes de la revista Time este año –de hecho fue la única escritora del conteo-. Es autora de más de 40 libros que abarcan novelas, poemarios, ensayos y cuentos para niños, y se considera más una “adivinadora educada” que una profeta -como la calificó la escritora del New Yorker Rebecca Mead-. No concibe la posibilidad de los universos sobre los que escribe sin el tiempo presente. Por ello su narrativa se ubica principalmente en el subgénero de la ficción especulativa -donde no todo es posible, no hay dragones, ni Guerras de las Galaxias- pero su existencia está en gran parte condicionada por la vigencia de todos esos progresos y medios en desarrollo actuales.

“Usualmente me preguntan sobre cómo es ser una escritora mujer o una escritora canadiense, pero nunca me han preguntado cómo es ser una escritora que también hace canoa y remo, que teje o que incluso cultiva jardines”. Esta es una declaración que muestra nimiamente el pensamiento de Atwood, quien escribe  para la antología de 1998 Women Writers at Work: The Paris Review Interviews (Mujeres escritoras en el trabajo: Entrevistas del Paris Review) “soy feminista, y Dios sabe que soy leal a mi sexo. Los escritores varones pueden sufrir tensiones en cuanto a la dedicación única de su arte por razones de clase o raza o nacionalidad, pero hasta ahora no es probable que a ningún escritor masculino se le pida sentarse en un panel para abordar los problemas especiales de su género. Tampoco se espera que un escritor apoye a otro simplemente porque este resulta ser un hombre”.

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Retrato de Elisabeth Moss y Margaret Atwood para la revista Time en New York | Imagen: Ruven Afanador

Con esta reflexión y desde sus primeras novelas las exactitudes inquietantes sobre “avances” futuros como la carne criada en laboratorios, la regulación farmacéutica de la atracción sexual, el sexo robótico para pederastas, la retransmisión en directo de ejecuciones o la alteración genética en animales y personas, la escritora se expresa en un gran rango de tendencias fundamentadas en la sociedad actual. Sus ficciones son tan extravagantes que se puede pasar de largo una objetividad tajante y documentada. Sobre El cuento de la criada, por ejemplo, la escritora ha aclarado que en el libro no sucede nada que no haya sucedido antes en otra época o lugar.

Sus novelas son una especie de prototipos; historias y contextos escritos inclusive antes de que fueran politizados y mediatizadas en el mundo real. Su relación con el futuro es complicada. La ambivalencia que surge constantemente entre la monogamia y la realidad del deseo humano, el sexo y el poder, una tribu genéticamente modificada, apocalipsis ecológicos, genocidios o dictaduras patriarcales, se afincan en porvenires sombríos y macabros que, sin embargo, son resistidos por sus personajes gracias al recuerdo de un pasado atado al positivismo y la esperanza.

En cuanto a las aprensiones y las pretensiones personales de la escritora, una entrevista en el diario británico The Guardian revela que su mayor miedo es una “demencia larga y persistente, seguida por la muerte por asfixia con una espina de pescado”. Su memoria más temprana es la cavar en lodo con una cuchara en 1942. A los 78 años su más preciada posesión son sus lentes, y si pudiera tener un súper poder sería volar con una capa. Su palabra favorita es “and” (y) –y también– por ser “tan esperanzadora”. Si pudiera regresar en el tiempo volvería al Titanic para los primeros días de su embarcación y el apocalipsis al que más le teme es el del fin de los océanos porque “si los océanos desaparecen, también lo haremos nosotros”.

Atwood ha recibido premios como el Booker, el Governor General y el Príncipe de Asturias de las Letras, pero en estos días su apellido pasa de boca en boca y de medio en medio gracias a la última adaptación televisiva de su novela de 1985, El Cuento de la criada –libro con el cual recibió premios como el Arthur C. Clark o el Los Angeles Prize-. El Cuento de la criada es efectivamente una especie de ficción maestra y especulativa en donde la sexualidad de la mujer es llevada a tribunas arriesgadas; no obstante, esta es un breve abreboca para entender la obra de la canadiense.

Esos múltiples extremos sociales sobre la escenificación de la mujer en un futuro atado a una enorme distopia de consecuencias absurdas -en las que el mundo pierde el control de todos los elementos evolutivos de los que alardea en el presente- dan para armar una lista con los otros libros de Atwood. Igual de fascinantes e inquietantes.

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Collage de la trilogía de Margaret Atwood

La trilogía de Oryx y Crake

Publicada en el 2003, Oryx y Crake revela un mundo en donde los avances médicos y tecnológicos caminan hacia un proyecto de manipulación genética que se sale de control. Rodeado de bestias híbridas y artificiales como los hombres-cerdos, los lobos-perros, las ratas-serpientes y un grupo de seres con semblante de humanos llamados Crakers, un hombre apodado Snowman es al parecer el único sobreviviente de una pandemia programada que acabó con la vida como era conocida en la Tierra. A través de este el relato revela como Crake, un brillante estudiante de ciencias, crea un avanzado programa de ingeniería genética-apocalíptica para el “bien común” de la humanidad. Atwood ahonda en una crítica satírica sobre las grandes compañías multinacionales, el monopolio de las empresas, la estratificación de las clases y los animales transgénicos (como los “cerdones”, cerdos híbridos criados para concebir órganos humanos que puedan ser trasplantados).

Esta es una trilogía que continúa con The Year of the Flood (2009) –El año del diluvio-  en donde una secta eco-religiosa llamada los Jardineros de Dios sobreviven a la misma catástrofe medioambiental de Oryx y Crake. Los jardineros están vinculados a un colectivo llamado MaddAddam, el nombre del último libro de la trilogía publicado en el 2013 a través de la historia de Toby, una de las protagonistas del libro anterior que trata de explicar el origen de los niños de Crake y la catástrofe biológica que une a todos los sobrevivientes.

La mujer comestible 

Fue la primera novela de Atwood y narra la historia de Marian MacAlpin, una joven universitaria que comienza a cuestionarse su vida gracias a una boda inmediata, la aparición de un extraño sujeto con el que comienza a llevar una relación y la gradual pérdida del apetito por cualquier tipo de alimento. La novela se enfoca en la transformación de una joven a punto de alcanzar el “sueño” de una mujer de su edad según la sociedad, pero la desintegración de su ego y su comportamiento inexplicable ante la comida retuercen una historia que bien podría ser sobre una joven que se casa y vive feliz para siempre. Con el tino habitual, Atwood cuestiona la imagen de la mujer y abarca -no sin cierta sátira- el juicio de los desórdenes alimenticios.

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“Nada se acaba” de Margaret Atwood | Imagen: Editorial Lumen

Nada se acaba

Finalista del Governor General’s Award en el mismo año, aborda  la descomposición del matrimonio y la identidad del amor por medio de Elizabeth y Nate. Estos dos paradigmas humanos viven en un cataclismo conyugal hasta que el suicidio del último amante de Elisabeth y la relación entre Nate y Lesje, una paleontóloga que solo se siente cómoda entre fósiles de dinosaurios, crean un triángulo amoroso. El relato es en esencia sobre la identidad del amor y las relaciones, sobre la monogamia y el deseo natural de las personas y sobre  una serie de personajes prototipos que ahínca en la crítica de Atwood como la madre progresista, la tía convertida en madrastra, la esposa convertida en amante.

Alias Grace

Ganadora del Giller Prize y finalista del Governor General’s Award esta relata la historia de Grace Marks, quien en la vida real y con 16 años se hizo famosa en Canadá por el asesinato de su jefe Thomas Kinnear y la amante de este 1843. James McDermott, verdadero autor del crimen, fue condenado a muerte; pero a Marks se le conmutó la pena capital por cadena perpetua. Dieciséis años más tarde el médico estadounidense Simon Jordan intenta resolver la verdadera historia tras los violentos sucesos de aquellos años.

Aunque es una de las pocas historias escritas por la canadiense basada totalmente en la vida real, la interpretación de Grace escrita por Atwood se vuelve única para retratar el perfil de una adolescente que enfrenta el sistema judicial en el siglo XIX.

Grace Marks se convirtió en una de las mujeres más enigmáticas de Canadá es la época por su supuesto papel en el doble asesinato. Fue exonerada después de 30 años de cárcel. Netflix y la cadena canadiense CBC ya tienen programada una adaptación de Alias Grace en formato de miniserie.

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“Por último, el corazón” de Margaret Atwood | Imagen: Salamandra Editorial

Por último, el corazón

Un matrimonio sin recursos sobrevive en su carro en un mundo de bancarrota financiera en donde la clase trabajadora se funda en un apocalipsis económico. En este espacio temporal el único sistema sostenible es el penitenciario. “Antes, el sentido de las cárceles era el castigo; luego fue la rehabilitación y la penitencia, y más tarde, tener encerrados dentro a los delincuente peligrosos. Después, durante unas cuantas décadas se usaron para controlar a la multitud. Se enjaulaba a los jóvenes agresivos y marginados para tenerlos lejos de las calles. Y luego, cuando se empezaron a gestionar como negocio privado, su sentido fue el margen de beneficio de los proveedores de comida prefabricada para las prisiones, los guardias contratados y todo eso”.

El Proyecto Positrón intenta cambiar esta situación. La solución: que la población haga turnos para vivir dentro de la prisión cada cierto tiempo, garantizando así la estabilidad del sistema.

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Margaret Atwood a los 28 años en la Universidad de Harvard 1967 | Imagen: FlareMagazine

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Continúa leyendo: 'El vendido' de Paul Beatty: una sátira que explora las desigualdades y el racismo americano

'El vendido' de Paul Beatty: una sátira que explora las desigualdades y el racismo americano

Redacción TO

Foto: Malpaso
Malpaso

“Tal vez cueste creerlo viniendo de un negro, pero lo cierto es que nunca he robado nada. Nunca he hecho trampas, ni en la declaración de la renta ni a las cartas”. Con esta frase comienza El vendido de Paul Beatty, con la que el escritor se convirtió en el primer norteamericano en ganar un Booker Prize en 2016.

¿Por qué El vendido es una novela ganadora de un premio? Quizá porque Beatty ha sido impulsado por su ingenio afroamericano para publicar -en la era Obama- una sátira sobre el racismo, con un protagonista que no revela su nombre -su nombre es Me, “yo” en castellano- y lidia con personajes que hablan un patois entre el pop y la filosofía.

'El vendido' de Paul Beatty: una sátira que explora las desigualdades y el racismo americano 1
Portada de ‘El vendido’. | Imagen cortesía de Malpaso.

La novela editada en castellano por Malpaso, no solo narra los tópicos y lugares comunes de una raza que está predispuesta por su defensa, sino que también reflexiona desde supuestos que los blancos no reconocen, acerca de lo que es necesario hacer para poder vivir siendo una minoría en un país de doscientos millones de habitantes.

No es un lloriqueo, Beatty se habla desde el humor sin llegar a caer en los establecidos y conocidos tópicos de negros para que los blancos lo entienda. Beatty escribe un libro para los negros que los blancos quieran hojear, leer e intentar empatizar.

El vendido ya está en las librerías, sin embargo, aquí dejamos sus primeras páginas para hojear y lanzarse en un texto desde grandes alturas.

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Continúa leyendo: La biblioteca del futuro, 100 manuscritos retenidos en un bosque de Noruega

La biblioteca del futuro, 100 manuscritos retenidos en un bosque de Noruega

Romhy Cubas

Foto: SUZANNE PLUNKETT
Reuters

Si hay algo que ha perdurado a través de los siglos a pesar de la presencia ineludible de la tecnología son los libros. Desde que Gutenberg hizo posible la reproducción masiva y física de historias, la literatura perdura en el formato físico a pesar de alternativas útiles como podcast, e-books o audiolibros. De igual forma, la biblioteca continúa siendo el lugar predilecto para resguardar relatos que sobreviven al tiempo y a sus creadores; ese lugar alternativo físico y funcional que podría reemplazarla no ha sido creado, todavía.

Al norte de la ciudad de Oslo -en Noruega- existe un bosque con mil árboles cultivados única y específicamente para un fin,  imprimir cien libros dentro de cien años. El futuro de este bosque es reproducir ficciones para una biblioteca construida a partir de la expectativa. Desde el 2014 su archivo añade anualmente un libro del cual solo se revela el autor y el título,  Margaret Atwood –El cuento de la criada-, David Mitchell –Cloud Atlas– y el escritor islandés Sjón han sido los primeros escritores en contribuir pero todavía hay 96 autores más que añadir a una lista de libros que probablemente nunca podremos leer.

Con la convicción de este proyecto se ratifica el rol de la biblioteca como una especie de guardián del tiempo, una cápsula que resguarda cien manuscritos inéditos que solo se revelarán en el año 2114, es decir, si quieres leer estos libros tendrás que esperar 36.500 días y confiar en que alguien descubra la fórmula para vivir, sino eternamente, varias décadas más de lo acostumbrado.

Este proyecto fue creado por la artista escocesa Katie Paterson, quien ha creado con la biblioteca del futuro una antología literaria difícil de igualar. La idea es que tanto el bosque, como los árboles y las palabras crezcan en un círculo de materia orgánica que en cien años se convertirá en papel. Además está la suposición esperanzadora que tanto los libros como las personas le sobrevivirán al siglo que viene.  

“Simplemente estaba dibujando anillos de árboles y tuve una especie de visión. Anillos de árboles, papel, libros, futuro, árboles, bosques, escritores… Imaginé plantar un bosque que originara un libro con el tiempo”, ha explicado la artista en una entrevista con la CBC radio.

La librería del futuro, 100 manuscritos retenidos en un bosque de Noruega
La artista escocesa Katie Paterson en un bosque de Oslo-Noruega | Fotografía de: Giorgia Polizzi

Para Paterson el bosque es la obra de arte principal, luego viene lo demás. Los árboles fueron plantados por un grupo de voluntarios que tuvieron que talar árboles ya existentes para abrirle espacio a los nuevos. Sin embargo, estos fueron utilizados para construir un cuarto silente que será parte de la nueva biblioteca de Oslo programada para abrir puertas en el 2018. Está será el hogar de esos manuscritos secretos escritos a través de los años.

Así como es improbable que podamos leer estos libros es improbable que la artista de 37 años viva para ver su proyecto culminado, por lo que Paterson ha creado una especie de testamento para el mantenimiento del bosque hasta que llegue el momento de revelar los textos. Cada uno de estos movimientos reitera su fe en la perpetuidad de las palabras reproducidas en papel.

“A medida que las cosas se vuelven más y más digitales e intangibles uno se pregunta si el libro físico e impreso en papel continuará existiendo. Con suerte existirá, pero si no es así estos libros serán casi como una antigüedad futura”, reflexiona.

Una vez la colección esté terminada se imprimirán tres mil copias de todos los libros que la conforman. Además, mil certificados que otorgan el derecho a una edición completa en el 2114 están disponibles al público para su adquisición, inclusive el rey y la reina de Noruega recibirán uno.   

Los autores y el tiempo

La escritora Margaret Atwood, la primera autora en colaborar con un libro para la biblioteca –este se titula Scribbler Moon – recalca que es imposible saber quien la leerá.

“Estamos lidiando con la morfología del lenguaje en el tiempo. Cuáles palabras usadas en el presente serán diferentes, arcaicas, obsoletas. Cuáles palabras se integrarán al lenguaje. ¿Qué tipo de equipos se necesitarán para descifrarlas? ¿El mundo seguirá existiendo?”, se pregunta la autora por excelencia de los futuros distópicos.

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Margaret Atwood y Katie Paterson en Oslo | Imagen vía: Paterson Studios

Algo parecido se pregunta el escritor David Mitchell, cuyo manuscrito se titula –From Me Flows What You Call Time –Desde mi ser fluye lo que tú llamas tiempo- inspirado en una pieza musical del compositor japonés Toru Takemitsu.  

“Esperemos que haya gente alrededor dentro de cien años. Esta es una pequeña ventana de esperanza en una temporada con demasiados ciclos depresivos (…) Todo nos dice que estamos condenados pero la biblioteca es candidata para posibles futuros alternativos en donde habrán árboles, libros, lectores y civilización”, aclara.

Los autores de estos libros serán de tantas nacionalidades como países existen, y la invitación es a contribuir con todo tipo de formatos independientemente del idioma y extensión del manuscrito.

El criterio de selección de Katie Paterson se basó en la extensa contribución de los autores a la literatura y la poesía, además de la habilidad que poseen sus trabajos para capturar la imaginación tanto de esta como de las futuras generaciones. Además de la biblioteca construida con el propio bosque, una impresora será ubicada dentro del establecimiento para asegurar que aquellos a cargo en el 2114 tengan la posibilidad de imprimir los libros en papel.

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El escritor David Mitchell y Katie Paterson durante la ceremonia de entrega de su manuscrito en Oslo | Imagen vía: CBC Radio

Los trabajos de Paterson son universales y eco-amigables, la artista ha intentado documentar la ubicación de estrellas muertas con la ayuda de astrónomos y astrofísicos, ha traducido la Sonata de Medianoche de Beethoven a código morse en señales de radio rebotadas hacia la luna y ha contratado a una empresa de iluminación para crear una bombilla halógena que reproduce exactamente las cualidades de la luz de la luna. También ha reproducido el sonido de un glaciar derritiéndose en vivo a través de un teléfono celular,  entre algunos increíbles y cósmicos proyectos que reflejan la conciencia poética de la artista.

Coordenadas

(59°59’10.8″N 10°41’48.7″E)

Si quieres llegar a este bosque en Noruega debes ir al norte de Oslo. Aquí crecen árboles noruegos, abedules y pinos protegidos por la ciudad contra la amenaza de la expansión urbana. Con la orientación de los guardaparques de la Agencia de Medio Ambiente Urbano que han estado atendiendo esta tierra por más de cien años, Katie Paterson plantó este bosque que se encuentra a 30 minutos de la estación de Frognerseteren.

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Bosque en Oslo de la biblioteca del futuro | Imagen vía: futurelibrary.org

La sala silente construida con estos árboles estará situada en el último piso de la biblioteca junto con la colección especial de libros y archivos. Se ubicará en dirección al bosque de manera que este se pueda vislumbrar en el horizonte. Los nombres de los autores y los títulos de sus obras estarán en exhibición, pero ninguno de los manuscritos estará disponible para la lectura hasta su publicación dentro de un siglo.

Cada primavera marca la entrega de un manuscrito en una ceremonia gratuita y abierta al público, simbolizando un ritual que se espera mantener por décadas. El día implica una caminata hacia el bosque, donde el autor de la temporada da una lectura, y una conferencia de preguntas y respuestas en la biblioteca Deichmanske de Oslo.

La resonancia de este proyecto artístico gravita en la naturaleza, al igual que la vida de las generaciones presentes y futuras.

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La obligación de muchas jóvenes en Japón: ser actriz porno

Redacción TO

Foto: Bobby Yip
Reuters/Archivo

Ser una mujer joven, tener alrededor de 20 años, ir caminando por las calles de Tokio y recibir una oferta para se modelo; un trabajo con el que podrás obtener dinero y glamour. Puede que no sea difícil aceptar esta oferta soñando con la idea de un futuro prometedor. Así comienza el calvario de muchas jóvenes japonesas que se ven forzadas a participar en películas porno. La industria va en aumento mientras la legislación japonesa no termina de arrancar para proteger a sus ciudadanas.

“El explorador de talentos tenía una tarjeta de visita apropiada y hablaba muy respetuosamente, así que pensé que era alguien en quien podía confiar”, afirma una de las víctimas en un reportaje que publica el diario británico The Guardian.

Esta joven, citada como Kurumin Aroma, firmó un contrato con una compañía de entretenimiento en el que se le requería que se quitara la ropa en una sesión de fotos. “Esa fue la primera vez que escuché hablar de desnudos”, asegura. “Lloré, pero me sentí bajo mucha presión para decir que sí, así que estuve de acuerdo”.

Esta es la antesala de lo que serán las apariciones en películas porno, una industria muy rentable que genera en Japón alrededor de 5.000 millones de dólares al año, a través de ventas y cuotas de suscripción. Se estima que se producen 20.000 vídeos cada año.

La obligación de muchas jóvenes en Japón: ser actriz porno
Un negocio que cada vez es más rentable en Japón. | Foto: Wally Santana / AP Photo

Según han denunciado numerosas organizaciones pro Derechos Humanos en Japón, cuando las jóvenes se dan cuenta de que los contratos que han firmado van más allá del simple modelaje son amenazadas con las consecuencias económicas y personales que podría acarrear la ruptura de dicho contrato. En última estancia las amenazan con contarle todo a sus padres, así que las jóvenes se ven acorraladas.

“No era lo que esperaban o no querían aparecer en películas porno, pero de alguna manera se metieron en una situación de la que no consiguen salir”, afirma en ABC Aiki Segawa, una de las trabajadoras de Lighthouse, organización sin ánimo de lucro que trabaja en Japón contra el tráfico de personas y contra la explotación y violencia sexual. “Creo que cualquiera puede convertirse en una víctima y esa es la realidad que estamos viendo”, ha asegurado.


“Algunas incluso fueron violadas en grupo”

Este tipo de problemática entre las jóvenes japonesas ha ido aumentando en los últimos años. Según datos de Lighthouse, en 2016, 148 mujeres buscaron ayuda por ser víctimas sexuales. En 2015 se registraron 83 casos y el año anterior, 29. En las denuncias, las jóvenes relataban que se veían obligadas a participar en películas porno, pero algunas de ellas también han denunciado que las forzaban a mantener relaciones sexuales sin protección e incluso que fueron violadas en grupo.

Esta asociación sin ánimo de lucro urge al Gobierno japonés a aprobar leyes contra la trata de personas porque a día de hoy esta legislación no existe. Confían en que el país nipón pueda legislar esta problemática como tarde en 2020.

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Muchas de estas jóvenes son obligadas a tener sexo sin protección. | Foto: Bobby Yip / Reuters Archivo

Desde la organización Human Rights Now afirman que “lo increíble es que las empresas productoras de este tipo de películas pueden actuar con impunidad”. Kazuko Ito, abogado y secretario general de la organización, asegura en The Guardian que “no hay ninguna ley que prohíba que las mujeres entren en las películas porno y tampoco hay supervisión gubernamental de la industria. Esto no es sólo una cuestión legal, sino una violación de los derechos humanos”, afirma.

Se espera que las autoridades niponas comiencen a trabajar para resolver este vacío legal. Así, el año pasado, el Gobierno lanzó su primera encuesta sobre el reclutamiento de mujeres jóvenes vulnerables en la industria y encontró que 200 de las 20.000 encuestadas habían firmado contratos para ser ‘modelos’, y más de 50 fueron obligadas, posteriormente, a posar desnudas o tener relaciones sexuales delante de la cámara.

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Seis razones por las que tienes que ver The Handmaid's Tale

Nerea Dolara

Foto: Hulu
Hulu

La serie basada en el libro de Margaret Atwood es vigente, hermosa y terrible. Indispensable.

Hace unos meses el libro original que Margaret Atwood publicó en 1985 subió al primer lugar de ventas en Amazon. La presidencia de Donald Trump, acompañada por su desdén hacia las mujeres y la amenaza que supone, aunado al anuncio de una nueva serie fueron la anticipación a este fenómeno. The Handmaid’s Tale, en su versión para televisión, se estrenó hace un par de semanas cuando se emitieron tres episodios -los demás se estrenarán semanalmente los días miércoles- y el resultado es en partes iguales un fenómeno cautivador y terrorífico.

The Handmaid’s Tale es la historia de un país autoritario y machista, Gilead (antes Estados Unidos), centrado en un futuro cercano. Las mujeres fértiles han sido calificadas como propiedades del Estado debido a la baja tasa de natalidad de la población, haciendo uso de sus vientres y de sus cuerpos en una sociedad centrada en el control y el poder masculino. Offred, la protagonista, es una de las mujeres que tienen como cometido reproducirse. ¿Cómo? Son asignadas al hogar de uno de los comandantes que forman parte de la élite del poder y son ritualmente violadas con el propósito de la reproducción.

En un tiempo en que ver nuevas series es casi un lastre -ya tenemos tantas en rotación que agregar más implica no tener vida- hay algunos estrenos que valen la pena sin discusión alguna. The Handmaid’s Tale cumple con ese requisito. Vigente, hermosa, imaginativa y terrible, esta historia es de visión obligatoria. ¿Quieren razones?

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Una de las escenas del primer episodio de “The Handmaid’s Tale” | Imagen vía Hulu

Razón 1: El mundo de Gilead y su vigencia

Esta razón es más masoquista que de disfrute. Gilead es un horrible lugar en que las mujeres son propiedad y tienen roles asignados a la fuerza. El origen de este mundo es difuso, pero tiene mucho que ver con el terrorismo -y la pérdida de libertades con la excusa de la seguridad- y con la disminución de la fertilidad (¿alguien recuerda Children of Men?) producto de excesos de radiación. E

l mundo en que residía Offred antes de Gilead era muy similar al nuestro y los avances de los autoritarios no fueron inmediatos, sino discretos. Hasta que de repente ya nada era igual y protestar ya no era una opción. En un presente en que el feminismo se ha subido a la palestra pública y es atacado por todos los flancos, más cuando el propio presidente de Estados Unidos comenta sonriente sus abusos y sus prejuicios contra las mujeres y lo convierte en un discurso admisible; en un tiempo en que las muertes y agresiones de mujeres aún generan comentarios sobre su ropa o sus acciones para provocar a sus agresores; en un momento en que existen activistas por los derechos del hombre que defienden la inferioridad de la mujer, en un presente en que las mujeres son atacadas en Internet con amenazas de violación y muerte por expresar opiniones feministas, y muchos otros factores más… en este tiempo una historia como The Handmaid’s Tale es una buena advertencia y un documento de rebelión.

Razón 2: La adaptación

Para los que se hayan leído el libro The Handmaid’s Tale resultará una adaptación fiel y correcta. Sin embargo, el libro es una historia narrativa con poca acción o trama – en el libro la pieza central son los monólogos internos de Offred, la protagonista- y en su transformación a serie incluye más desarrollo y una interesante ampliación del mundo que es Gilead. La serie tiene prevista más temporadas, por lo que es fácil predecir que la trama del libro culminará con estos primeros episodios y que luego la historia comenzará a explorar a sus personajes y a su universo libremente (un ejemplo reciente de esto es The Leftovers cuyas segunda y tercera temporada ya no tienen nada que ver con la novela en que se basa la primera).

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Elisabeth Moss interpreta a Offred en la narración distópica de Hulu | Imagen vía Hulu

Razón 3: El voice over

Sí, toda persona que sepa algo de guión dirá que el voice over es el truco más antiguo que existe para soltar información al espectador, que es un recurso flojo y que muy pocas veces funciona. Todo eso es cierto, como también lo es que The Handmaid’s Tale es de las pocas excepciones de la regla. El monólogo interno de Offred, que la mayoría del tiempo debe permanecer callada o soltando frases manidas de contenido religioso, muestra a una mujer dispuesta a luchar, iracunda pero también asustada y en duelo. Es una ventana a la complejidad de estas mujeres que viven fingiendo una sumisión y una devoción que no existen. Es una liberación, una rebelión, en un mundo absolutamente controlado. Es el recurso perfecto para hacer contrapartida a la deprimente acción del día a día en Gilead y dar profundidad al personaje.

Razón 4: Elisabeth Moss

Como Peggy Olson se robó, en muchas ocasiones, el protagonismo en Mad Men. Esta actriz es la reina indie de la televisión de 2017. Reconocida ampliamente por su talento, siempre interesada en trabajar en proyectos de calidad, y protagonista de dos series que darán de qué hablar este año –The Handmaid’s Tale y Top of the Lake – Moss brilla como Offred. Su rostro, en muchas ocasiones en close up, destila los más mínimos pensamientos, miedos y sentimientos de su personaje. Es tal su compromiso con el papel y con la historia que Moss memorizó todos los monólogos de su personaje y en las escenas en que actúa en silencio para que se incluyan luego los monólogos, se repetía a sí misma los parlamentos enteros para que la imagen y el sonido cuadraran perfectamente.

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Samira Wiley | Imagen via HULU.

Razón 5: Todos los demás miembros del reparto

Si se puede hablar de una agradable sorpresa en The Handmaid’s Tale esa es Alexis Bledel. Conocida por interpretar a Rory en Gilmore Girls, Bledel siempre ha sido objeto de chistes sobre su mala actuación. Pues Bledel puede mandar al demonio a todo el que alguna vez se haya burlado de su talento. Como Ofglen, Bledel es vulnerable y determinada, arriesgada y sumisa, dura y sensible. Su rostro, esos conocidos y enormes ojos azules, alguna arruga prematura que muestra los signos del sufrimiento de su personaje, es un océano de expresión, delicado, agresivo, sutil, impresionante. Con su actuación – prestar especial atención al tercer episodio en que su personaje no emite una sola palabra y se roba el protagonismo y genera una de las imágenes más dolorosas que veremos en televisión en 2017, una imagen que no se olvida – Bledel ha redimido su carrera y se ha ganado decenas de artículos donde la alaban.

Samira Wiley – Poussey en Orange is the New Black – interpreta a la mejor amiga de Offred en los tiempos previos a Gilead. No es novedoso que Wiley sea capaz de emitir fortaleza y ternura a partes iguales, para todos los que han visto OITNB Poussey es uno de esos personajes memorables.

Otra interpretación excelente es la de Yvonne Strahowski. Como la esposa del comandante, el personaje de Strahowski está en una terrible posición. Mucho más libre que las otras mujeres de Gilead – por ser una esposa – sigue teniendo que vivir la presencia de Offred en su casa como un regalo sexual a su marido. Su rostro y su postura muestran, de manera compleja y silente, su repulsión y, a la vez, satisfacción por el maltrato de Offred. En este reparto nadie está demás o no alcanza el nivel esperado.

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Las handmaids no están autorizadas a caminar solas. | Imagen via HULU.

Razón 6: El look general de la serie

The Handmaid’s Tale es visualmente hermosa. El terror y el abuso se desarrollan en espacios idílicos y los personajes llevan indumentaria discreta y recatada, pero poderosa. Las handmaids, por ejemplo, llevan vestidos rojo sangre y gorros infinitamente blancos. Resaltan al pasar en pares por las calles y cuando se mueven en grupo. Son especiales, odiadas y necesitadas, y su ropa marca ambas cosas, al igual que marca su rol como las creadoras de vida con las únicas prendas de un color llamativo. Las marthas -encargadas de las labores del hogar- llevan ropa gris y las esposas vestidos verde opaco.

La cámara aprovecha los colores, las distinciones, y juega con ellos con resultados muchas veces sublimes. La cámara se aleja y se convierte en el observador ojo de “dios”, que observa desde lo alto y, a la vez, se acerca tanto a los rostros de Offred y Ofglen que es casi como si quisiese leer lo que están pensando. Es íntima pero también omnipresente.

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