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Matthias Behnke: "Nadie podrá decir que no sabía lo que ocurría en Siria"

Marta Ruiz-Castillo

Cuando nos ofrecieron a través del Instituto Aspen una entrevista con el Coordinador para Siria de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH), nos pareció una estupenda oportunidad para conocer de primera mano el drama que se vive en Siria. Vinculado a diferentes agencias de Naciones Unidas desde hace “17 ó 18 años”, Matthias Behnke ha trabajado antes en otros conflictos como Darfur o Bosnia, y desde hace dos está volcado en la defensa de los derechos humanos en Siria, informando sobre lo que ocurre en este país con el objetivo final de que los estados miembros del Consejo de Seguridad acuerden una salida a una guerra que dura ya demasiado tiempo. Comprometido con labores humanitarias, con la sociedad civil, con la defensa de la libertad, admite cierta frustración pero enseguida sonríe y dice que es optimista y que confía en una solución. Admira el trabajo que desde Siria realizan organizaciones civiles que luchan a diario por la defensa de los derechos humanos y destaca también el trabajo de los médicos sirios que, a pesar de las dificultades, se juegan la vida para salvar las de otras personas. “Eso sí que es admirable”, comenta como si su trabajo no lo fuera.

¿Qué ha cambiado desde que llegó a Siria hace dos años hasta ahora?
La situación ya estaba mal cuando llegué. Creo que uno de los principales cambios ocurridos hace un año ha sido la activa participación militar de Rusia en la guerra y la intensidad de las hostilidades. Pero tanto antes de mi llegada como ahora, lo peor es la situación de la población civil.

¿La oficina que usted coordina trabaja desde Siria?
Al equipo que yo dirijo, que es un organismo independiente, no nos está permitida la entrada en Siria. Trabajamos desde países vecinos como Turquía, Líbano o Jordania y mantenemos una intensa red de contactos dentro de Siria con ONGs y personas defensoras de derechos humanos, además de otras fuentes que nos dan una impresión muy detallada sobre lo que está pasando. Nosotros solicitamos al Gobierno de Siria acceso al país de forma regular pero, hasta el momento, no nos lo han concedido.

Otro momento de la entrevista con Matthias Behnke.
Matthias Behnke lleva dos años documentando las violaciones de derechos humanos en Siria. (Foto: Ana Laya / The Objective)

¿Cómo puede entonces defender los derechos humanos en Siria?
Hacemos varias cosas. Por un lado, documentamos la situación sobre lo que está pasando y realizamos un análisis minucioso. Elaboramos un informe mensual que enviamos a la Secretaría General de Naciones Unidas para información del Consejo de Seguridad, de modo que nadie puede decir que no sabía lo que estaba pasando en Siria porque cada mes hay un informe en poder del secretario general en el que se explica lo que está ocurriendo, y esa es una de las cosas que nosotros hacemos. Además, trabajamos con otros organismos de derechos humanos con presencia en Siria para la aplicación de sus programas. En tercer lugar, trabajamos en el ámbito político para que se respeten los derechos humanos en ese contexto político. Y, por último, estamos muy comprometidos con la sociedad civil siria que es bastante joven y que, antes de la guerra, ya tenía importantes problemas de respeto de los derechos humanos; en el país hay activistas en torno a organizaciones que no han salido a la luz hasta el momento de la actual crisis y tienen mucho interés por aprender y, gran parte de ellos están realmente comprometidos con la causa. Nosotros, tratamos de ayudarles tanto en el aspecto técnico como en la construcción de su capacidad respecto al futuro papel que van a desempeñar en el país después del conflicto. Creemos que la sociedad civil tiene que construir una nueva Siria en la que se respeten los derechos humanos.

“Cada mes entregamos un informe a la Secretaría General y al Consejo de Seguridad en el que se explica qué está ocurriendo en Siria”

¿Qué salida tiene Siria? Quiero decir, si el fin del conflicto pasa por la comunidad internacional, no parece estar funcionando por el momento.
Para ser sincero, no lo sé. No sé cuál es la solución en este momento. Pero la imagen global desde el punto de vista político está bloqueada, el Consejo de Seguridad no ha sido capaz de lograr un acuerdo sobre cómo resolverlo; Rusia y Estados Unidos siguen sin aproximar posiciones y está claro que la solución política es esencial para alcanzar la paz. Nosotros tenemos la sensación de que la cuestión de los derechos humanos tiene que formar parte de esa solución, debe ser clave, no sólo porque tiene que ver con las leyes internacionales sino también por una cuestión puramente pragmática. Los derechos humanos son parte de la legislación, pero desde el punto de vista práctico, de su aplicación, son fundamentales porque garantizan la existencia de todo el mundo, porque dan voz a cualquier persona. Por eso creemos que cualquier solución satisfactoria pasa, en particular en un país como Siria, por el compromiso con los derechos humanos. En Siria hay una larga tradición de diversidad y pluralismo y por eso digo que la construcción de la estabilidad en el país tiene que hacerse desde ese compromiso y respeto a los derechos de los ciudadanos.

“Cualquier solución satisfactoria tiene que pasar por el compromiso de todas las partes con los derechos humanos”

¿El presidente sirio Bashar al-Assad es un problema o es parte de la solución?
Esa una pregunta política y no hago política.

Me refiero en cuanto a la defensa de los derechos humanos y esa idea de que la solución a la actual situación en el país debe pasar por el respeto a esos mismos derechos humanos.
Sin duda, pero no personalizamos en nadie. Lo que nosotros estamos documentando es un elevado número de violaciones de los derechos humanos por parte del Gobierno sirio, numerosos casos que hemos trasladado al Consejo de Seguridad, y lo que nosotros decimos es que en esta guerra se ha producido una masiva violación de las leyes internacionales, una masiva violación de los derechos humanos, que está afectando a miles y miles de inocentes. Lo que decimos es que Siria debe respetar los derechos humanos pero también debe trabajar por aceptar el pasado. Una vez que esto acabe debería haber un proceso en el que los sirios aborden la cuestión de lo que ha pasado en términos de establecer la verdad, identificar a los responsables, decidir quién debe responder ante lo ocurrido y, por supuesto, esto incluye el ámbito de la justicia, cómo debe aplicarse la justicia. Esto, en nuestra opinión, es algo que Siria debe debatir y definir, por supuesto siempre teniendo en cuenta la legislación internacional, lo que significa que no se pueden plantear amnistiar a quienes han cometido crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y masivas violaciones de los derechos humanos. Todo esto debe ser discutido a un nivel muy general con la participación desde Naciones Unidas hasta los tribunales internacionales. Está claro que hay que revisar cuestiones vitales sobre el verdadero poder del Consejo de Seguridad en la defensa de los derechos civiles.

“Estamos documentando un gran número de violaciones de los derechos humanos por parte del Gobierno sirio que hemos trasladado al Consejo de Seguridad, una masiva violación de las leyes internacionales que está afectando a miles y miles de inocentes”

Un barrio de la sitiada ciudad de Alepo derruido por las bombas. (Foto: Abdalrhman Ismail / Reuters)
Un barrio de la sitiada ciudad de Alepo derruido por las bombas. (Foto: Abdalrhman Ismail / Reuters)

Da la sensación de que hay una cierta dificultad desde el punto de vista de la comunidad internacional. Por ejemplo, el Consejo de Seguridad del que habla, o la propia ONU, ¿qué capacidad de maniobra tienen para lograr el fin de conflictos como el de Siria? 
Tienes razón en cuanto a la parálisis del órgano político del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Está teniendo un tremendo impacto en cuanto a la situación sobre el terreno del trabajo que nosotros hacemos. Nosotros, como agencias de la ONU sólo podemos hacer lo que nos permiten hacer. Creo que lo escandaloso es justificarlo. Si uno mira la realidad de lo que está pasando en el país, creo que no hay precedente desde la segunda guerra mundial en cuanto a la magnitud de la tragedia. Tienes un país donde la mitad de su población se ha visto desplazada, trece millones de personas necesitan ayuda humanitaria, cinco millones de refugiados han abandonado el país, seis millones de personas o más dentro del país se ha visto forzada a abandonar su hogar; ciudades enteras están destruidas, otras asediadas, bombardeos constantes sobre instalaciones civiles, tenemos constancia de prácticas bárbaras…uno se siente indignado al pensar que no se está haciendo nada para parar todo esto. Sí, es cierto.

“Si uno mira la realidad de lo que está pasando en el país, creo que no hay precedente desde la Segunda Guerra Mundial en cuanto a la magnitud de la tragedia.”

¿Imagino que debe de ser frustrante para la oficina que usted coordina?
Sí, lo es. Mucho. Eso no quiere decir que debamos dejar de seguir trabajando y lo que hacemos es continuar del modo que podemos, que es presentando un informe mensual al Consejo de Seguridad sobre la realidad de lo que está ocurriendo en Siria. Les decimos a los Estados miembros lo que hay, hacemos recomendaciones sobre lo que tiene que hacerse pero las decisiones tienen que tomarse en ese ámbito y en esto nosotros no podemos participar.

El conflicto ha provocado cinco millones de refugiados sólo de ciudadanos sirios. Además, el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio y no parece que los Estados tengan prisa por acabar con esto. Sólo las ONGs se ocupan de estas gentes. ¿Qué hacemos con toda esta gente? 
Tengo que decir, en primer lugar, que hay algunos países que han hecho muchísimo por acoger refugiados. Estoy hablando de Turquía, donde hay 2,7 millones de refugiados registrados, lo que significa que uno de cada cuatro personas es refugiada; Jordania ha acogido a 700.000 refugiados. Los países vecinos de Siria han hecho mucho en este aspecto. Si comparamos estas cifras con lo que ha hecho Europa, está claro que la UE puede perfectamente asumir a los refugiados. Es verdad que Siria no es el único país del que proceden, que vienen a Europa desde muy distintos países pero los datos de 2016 de refugiados e inmigrantes de todo el mundo que se dirigen a Europa hablan de entre un millón y un millón y medio. Para la la Unión Europea es perfectamente asumible. Lo otro que quería señalar y que tiene que ver con los derechos humanos es ¿por qué viene toda esta gente? Vienen porque tienen problemas en sus países, porque se violan los derechos humanos, porque hay conflictos y, en esto vuelvo a lo de antes, si queremos una mundo estable debemos invertir en derechos humanos en estos países. No puedes esperar que la gente se quede en un país donde no hay prosperidad, no hay justicia, no hay protección de los derechos humanos. Así que hay que trabajar por la estabilidad y el respeto de esos derechos.

Un grupo de desplazados sirios recibe comida de organizaciones civiles del país. (Foto: Khalil Ashawi / Reuters)
Un grupo de desplazados sirios recibe comida de organizaciones civiles del país. (Foto: Khalil Ashawi / Reuters)

¿Y por qué no se hace?
No soy la persona adecuada para responder (se ríe).

Lo pregunto de otra manera. Todos estamos de acuerdo en que la solución de esta crisis pasa por resolver los problemas, primero en los países de donde se está yendo la gente…
Puede que esta crisis sea la que cambie nuestro enfoque. Quizá tengamos la oportunidad de mirar un poco más a largo plazo, de pensar de una manera más global; puede que esto cambie nuestra forma de ver las cosas, nuestros objetivos. Al menos yo así lo espero. Que todo sea para lograr una sociedad mejor.

“Espero que esta crisis sirva para cambiar el enfoque y una oportunidad para que el futuro sea mejor que el presente.”

¿Así que es usted optimista?
Me gustaría. Como he dicho antes, es terriblemente frustrante ver que no se avanza y que se piensa sólo en lo más inmediato, en el corto plazo en vez de en términos más amplios, que sería lo lógico; pero hay más gente que también piensa en esos términos más amplios y creo que tenemos que ser optimistas. Tenemos que dar la oportunidad para que el futuro sea mejor que el presente.

¿Cree que la opinión pública tiene algún peso sobre las decisiones políticas?
Sí, pero no hay una única opinión pública; creo que hay diferentes opiniones públicas y diferentes perspectivas. También creo que la opinión pública está manipulada, en ciertos lugares hay más manipulación que en otros. Me refiero a que la gente tiene miedo a lo desconocido y no parece que vean a los refugiados como seres humanos, así que considero que hay mucho que hacer para que la situación se comprenda. Debe de haber algo más sofisticado, no vale una respuesta única, y esa sofisticación pasa por una explicación por parte de políticos y de los expertos sobre la realidad. Si no hay suficiente información, si no hay pensamiento crítico, puntos de vista diferentes, es fácil la manipulación.

Y sin embargo, tengo la impresión de que la sociedad va por delante de los políticos en cuanto a la exigencia de soluciones, es mayoritariamente solidaria. Hablo de ONGs, de voluntarios, principalmente.
Estoy de acuerdo, por eso digo que la opinión pública no es sólo una. Hay varias.

Para concluir, ¿cuál es el mayor logro de la oficina que coordina desde que llegó a ella? ¿Qué destacaría de su acción hasta el momento?
Tres cosas. Primero, creo que Naciones Unidas ha sido, desde el secretario general para abajo, muy claro y ejemplar en sus mensajes. En segundo lugar, en cuanto a los derechos humanos, Naciones Unidas ha sido constantemente informada sobre la guerra, y los Estados miembros saben lo que pasa en Siria a través del trabajo muy profesional que hacemos, así que nadie puede decir que no sabía nada, nadie puede decir, como ocurrió en otras crisis, que no estaba informado porque ese ha sido uno de nuestro trabajo. Y la tercera cosa que me gustaría destacar es cómo hay una parte de la sociedad civil en Siria que está jugando un papel importante para el futuro del país. Para nosotros es un auténtico placer trabajar con muchas de estas organizaciones que están realizando una labor impresionante dentro de Siria. Hemos tenido ocasión de tratar directamente, por ejemplo, con médicos sirios que hemos logrado que viajen a Ginebra para mantener encuentros con las administraciones, con los medios de comunicación, y que expliquen el trabajo que hacen y la situación en la que lo realizan. Uno de ellos me contó ‘cuando un hospital es alcanzado por las bombas en Afganistán el mundo entero se vuelve loco, se echa las manos a la cabeza, y en Siria eso ocurre cada día, donde la mayor parte de las instalaciones sanitarias están prácticamente destruidas o han desaparecido por las bombas’ y ellos, los médicos, siguen intentando hacer su trabajo en unas condiciones imposibles. Es admirable.

¿Y el mayor fracaso?
No hemos sido capaces de que los Estados miembros hayan alcanzado un acuerdo político a pesar de los informes sobre la situación en el país. Yo no hago más que preguntarme y preguntar a mi equipo ¿qué más podemos hacer? ¿cómo podemos tener más impacto? pero nosotros no tenemos poder político, así que sólo nos queda seguir con lo que hacemos y preguntarme cada día ¿qué podemos hacer más que no hayamos hecho?. Lo que está claro es que seguimos intentándolo pero la frustración respecto a la falta de soluciones creo que la compartimos con todos los colegas en Naciones Unidas. Es una labor que, si no la hacemos nosotros, no la haría nadie y lo que buscamos es ver cómo podemos comunicar la realidad de lo que está ocurriendo en el ámbito de la política, que es donde se toman decisiones, y ahí es donde nos preguntamos qué más podemos hacer para que se acuerde una solución.

Matthias Behnke no oculta su indignación con la falta de decisión política. (Foto: Ana Laya / The Objective)
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Melchor Miralles

Foto: Youtube (CC)

Ha ingresado en prisión, como era de esperar, Rodrigo Lanza, ese canalla que se ha convertido en un homicida tras ejercer de mártir antisistema. Nieto de un almirante de Pinochet muy vinculado al dictador chileno, Lanza, de 33 años, dejó hace tiempo tetrapléjico a un policía autonómico catalán en el desalojo de una vivienda “okupada”, y fue condenado por ello a 5 años por el Supremo. El caso fue sonado y la investigación policial fue calamitosa, y dio pie al famoso documental Ciutat Morta, en el que participó activamente Lanza. Cuando fue encarcelado recibió el entusiasta apoyo de Pablo Iglesias, Ada Colau y otros líderes populistas, que ayudaron a convertirle en un icono de la extrema izquierda. Pero Lanza se ve que lo tenía claro. Ahora vuelve a la cárcel. Tras salir de la prisión por este caso, se instaló en Zaragoza, donde era muy conocido por su liderazgo radical antisistema. Lanza, apodado “El Rodri”, vaya usted a saber por qué, está acusado de la muerte a golpes de Víctor Laínez, que murió tras ser atacado el pasado viernes en un bar zaragozano por un grupo de radicales de extrema izquierda tan solo por llevar puestos unos tirantes CON los colores de la bandera de España.

Sorprenden las precauciones de Pablo Iglesias y otros líderes de la extrema izquierda al valorar el asesinato de Laínez. Iglesias dijo que “condenamos cualquier tipo de violencia”, que es una forma de no mojarse, de dejar a la libre interpretación de cada uno que quizá en función de quién sea la víctima y quién el verdugo Iglesias y otros ponen sordina a la condena del acto, lo cual me parece insólito y repugnante. Por no hablar de las bazofias que, como siempre, se han leído sobre el caso en las redes sociales. Es terrible que alguien pueda apalear hasta la muerte a otro ser humano por el color de los tirantes que lleva, por cualquier motivo ideológico. Resulta más contradictorio aún, y creo que debe llevar a una reflexión profunda de buena parte de la izquierda española, que pueda llegarse a ese límite el odio a quien piensa de modo diferente a uno. La violencia es inaceptable, se vista del traje que se vista, la ejerza quien la ejerza y sea quien sea la víctima.

Quienes han visto a Lanza como un héroe digno de elogio debieran censurar sin matices su comportamiento, y reflexionar sobre cómo es posible que haya legado a este límite. Porque es de esperar que jamás vuelva a suceder nada parecido, con nadie. Y algunos alimentan comportamientos violentos con su discurso político extremista. El único responsable del asesinato de Láinez es el autor material del mismo, pero cuando se le echa leña al fuego se sabe lo que sucede. Y hay demasiados que han echado leña a este fuego en muchos lugares de España. Ojala no vuelva a repetirse

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Teoría del soberano

Gregorio Luri

Foto: Francisco Seco
AP Foto

“Es soberano”, decía Carl Schmitt, “quien te está afeitando con una navaja de afeitar”. Si no decía esto, decía algo parecido.

Cansado del “proceso”, quiero hablar de barberos, comenzando por el del rey Midas, que un día descubrió un secreto íntimo de su señor y como no podía contener su poder expansivo en su corazón, hizo una agujero en la tierra, lo susurró y allí lo dejó enterrado. Él no tuvo culpa de que crecieran en aquel lugar unas cañas indiscretas, que pregonaban lo que sabían, como las hojas de la prensa, cada vez que el viento las mecía.

Añoro aquellas barberías de antes que eran un santuario de la masculinidad desacomplejada: el humo del tabaco, la brocha de afeitar de tejón, la navaja, que se afilaba en piedra y se suavizaba en el asentador de cuero, la bacía (o celada de caballero andante), los calendarios con obviedades ilustradas, el after shave, “Floïd”, por supuesto, que distribuía en exclusiva para toda España el empresario catalán Joan B. Cendrós, uno de los fundadores de Òmnium Cultural y del Institud d’Estudis Catalans. La barbería era un lugar al que no se les ocurrió entrar a las mujeres hasta que un barbero holandés afincado en Mallorca, llamado Bob Van den Hoek, puso un letrero prohibiéndoles la entrada. Pero esta es otra historia.

El Floïd escocía. Mucho. En los primeros afeitados a hurtadillas, en los que te dejabas media cara en la cuchilla, resistir su ensañamiento en cada herida era la prueba de fuego de un ritual de paso. En el borde del lavabo un celtas elevaba su hilillo de humo como un sahumerio. “Smoke gets in your eyes”, claro.

¡Qué ambigua -¿verdad?- la añoranza del Floïd!

No sé si conocen ustedes la historia de aquel emperador chino al que todo se le torcía. Primero vinieron las sequías, a las que sucedió el hambre y las epidemias. En palacio se susurraba que en el pasado, en situaciones excepcionales se sacrificaba al emperador, porque sólo su sangre podía modificar el destino de su pueblo. Pero aquel emperador era demasiado débil. Comenzó a escasear el vino en su mesa y sus propias mujeres lo miraban con ojos de verdugo. Cuando se agotaron las despensas de palacio, ordenó a su barbero que un día, sin previo aviso, lo degollara. El barbero, asintió en silencio, empuñó la navaja y comenzó a afilarla como hacía cada mañana. El emperador, muy pálido, con la respiración entrecortada, cerró los ojos. Cuando sintió el frío contacto del filo en la papada, comenzó a sudar. Pero aquel día no ocurrió nada… ni el siguiente… Llegaron mensajeros con pésimas noticias sobre la situación en las fronteras. El emperador dormía intranquilo y se despertaba pensando en el barbero. Dos astrólogos se arrancaron los ojos. El filo de la navaja y su sudor eran cada vez más fríos. Los soldados desertaban en masa. Una noche el emperador se fue a dormir con la noticia de que algunas de sus concubinas se habían cortado las venas. Tuvo sueños extraños. Con los primeros rayos del alba, tomó la decisión definitiva. Mandó llamar al jefe de la guardia y le ordenó escuetamente: “¡Que ejecuten a mi barbero!”.

Este es el sueño del derrotado: ejecutar a la realidad, la soberana inapelable.

Escrito en Cataluña el 13 de diciembre del 2017, día de Santa Lucía, patrona de los ciegos.

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Mujer, periodista y directiva: cuando el techo de cristal llega a las redacciones

Lidia Ramírez

Foto: RRSS

La limitación velada del ascenso laboral de las mujeres en el interior de las empresas en este país es una realidad evidente.  La igualdad de género y, concretamente en el oficio de periodista, es una mentira. Una farsa. Así lo refleja el nuevo informe presentado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) titulado ‘Informe Anual de la Profesión Periodística 2017’, que este año hace ahínco en las mujeres periodistas y los profesionales autónomos. 

Si se consideran los puestos con carácter directivo en las redacciones, el porcentaje de hombres duplica al de mujeres. Así las cifras muestran que, del total de directivos contratados, las mujeres redactores jefas en los medios impresos suponen un 4,3% frente al 5,6% de los hombres; las directoras de programas son el 1,7% frente al 4% de hombres; y las directoras de webs el 0,9% frente al 2,4% de hombres directivos, por ejemplo.

“De 80 periódicos sólo 8 tenían una periodista al frente”

De esta forma, la lista de los diarios impresos que se agrupaban el año pasado en la Asociación De Editores De Diarios Españoles muestra que de 80 periódicos sólo 8 tenían una periodista al frente, y sólo en 3 el responsable de la gerencia era una mujer. Situación bastante parecida muestran también los organigramas de las televisiones y las radios: de unos 84 directivos de primer nivel, en compañías como Atresmedia, Mediaset, RTVE, Movistar TV, Cadena SER y Cope, sólo 13 son mujeres.

En palabras del periodista Luis Palacio, que ha dirigido el estudio, el “factor de discriminación hacia las mujeres” en las redacciones es evidente.

Por el contrario, en el ámbito de la comunicación empresarial e institucional la situación cambia radicalmente, puesto que de las personas con nivel de dirección el 52% son mujeres y el 48%, hombres.

Mujer, periodista y directiva: cuando el techo de cristal llega a las redacciones 1
Victoria Prego, presidenta APM, Luis Palacios, director del Informe y Nemesio Rodríguez, vicepresidente de la APM, durante la presentación del Informe Anual de la Profesión Periodística 2017. | Foto: Fernando Villar/EFE

Así, como consecuencia de que haya más mujeres que hombres en los tramos salariales más bajos (por debajo de los 1.500 euros) y menos en los más altos  (por encima de los 2.000 euros), por regla general, las mujeres cobran menos que los hombres. En este sentido, el Informe muestra como hay un 14,7% de las mujeres frente a un 6,3% de los hombres que cobran entre 600 y 1.000 euros; entre 1.000 y 1.500 el porcentaje es de 25,4% (hombres) frente al 18,7% (mujeres); y las diferencias aún son mayores cuando las cifras se disparan a ingresos medios de entre 2.000 y 3.000, donde sólo un 12% de las mujeres tienen este sueldo, frente al 19% de los hombres periodistas; situación aún más sesgada es cuando cuando hablamos de sueldos entre 3.000 y 4.000 (11,1% hombres – 1,3% mujeres).

Además, analizando las cifras oficiales de paro registrado de periodistas según el Servicio Público de Empleo (SPEE), se constata que el 64% de los parados registrados son mujeres, frente al 34% de hombres. Según Palacio esto, en parte, se debe a que las tituladas en periodismo representan en torno a dos tercios del total, por un tercio de sus compañeros varones; el 65% de mujeres por el 36% de hombres, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECYD), en unas circunstancias en las que “hay muchos más periodistas que los que el mercado puede absorber”, señala durante la presentación del informe Victoria Prego, presidenta de la APM.

En relación a posibles casos de “machismo” o “acoso” a las mujeres en las redacciones, la Asociación ha dicho que no han recibido ninguna petición de amparo sobre este tema.

 Periodistas y comunicadores autónomos: una situación incómoda

Otro de los asuntos en los que se centra el Informe es en la situación de los periodistas autónomos de nuestro país. Una situación que aunque va disminuyendo –2015: 862; 2016: 661; 2017: 648– aún representan  la cuarta parte de los periodista que trabajan informando (25%) o haciendo comunicación empresarial o institucional (27,1%), la mayoría “forzados por las circunstancias (79%) y no por elección propia (21%)”, precisa Luis Palacio, quien destaca la figura del ‘falso autónomo’ que representa en torno al 18% de los autónomos que trabajan en periodismo, según las encuestas realizadas para este informe.

En cuanto a los medios en los que trabaja este sector de profesionales, la mayoría lo hacen en nativos digitales (37 %), seguidos de los que lo hacen para revistas en papel (31,5 %), colaboradores de digitales de medios convencionales (20,4 %) y prensa diaria en papel (19,1 %). Y por lo que se refiere a las retribuciones, si en 2016 los porcentajes que cobraban por encima de los 100 euros por reportaje, entrevista o artículo de opinión eran los más altos; en 2017, el mayor porcentaje por reportaje los reciben quienes cobran entre 50 y 100 euros, mientras que la mayor parte de las colaboraciones en forma de entrevista o de artículos de opinión se pagan a menos de 50 euros.

Aún así, y pese a los datos negativos del Informe, Prego ha recalcado como dato positivo que “hay un poco menos de paro”: 7.137 personas, frente a las 7.890 de 2016.

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