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Los mercadillos, un viaje a otra época

Christian Rubio

Los mercadillos son adictivos. Basta visitar uno para quedar atrapado en su magnetismo, ese don tan especial y difícil de encontrar hoy día. Porque estamos acostumbrados a la rutina, a los paseos por los mismos sitios de siempre, con las mismas tiendas de siempre, con el mismo ambiente. Pero los mercadillos tienen ese aura de exclusividad que los convierte en lugares atípicos, cada uno de ellos con su propio encanto, personal e intransferible.

En los pequeños puestos que dan forma a estos apasionantes rincones se respira carisma, el sello característico de sus tenderos. A veces, los productos que ofrecen a los visitantes tienen el poder de transportar al pasado en auténticos viajes a través del tiempo y la nostalgia. Ropa, bisutería, orfebrería, libros, música, muebles, vajilla, telas y artilugios de otra época inundan los tenderetes para deleite del público, que recorre fascinado los pasillos en busca de esa reliquia inesperada.

Marta conoce exactamente la sensación que provocan estos mercadillos. En los huecos de su agenda se agolpan los nombres de sus favoritos, aunque bien podría decirse que son todos los que se celebran en Madrid. En fechas señaladas, algunos de los espacios más emblemáticos de la capital se convierten en el escenario perfecto para su afición. Estos son sus cinco must-see que nunca se pierde.

Nómada Market

El Nómada Market lo visitan en cada edición más de 15.000 personas. (Foto: Nómada Market)
El Nómada Market lo visitan en cada edición más de 15.000 personas. (Foto: Nómada Market)

Esta feria de diseño independiente ha evolucionado hasta ser una de las más importantes, no sólo en Madrid, sino también a nivel nacional. Empezó en el año 2005 con el objetivo de dar visibilidad a diseñadores emergentes, y hoy se define a sí misma como “un laboratorio de ideas donde los expositores pueden entrar en contacto con otros creadores, tiendas, prensa especializada y compradores que buscan calidad y originalidad”.

“Los puestos de alimentación se entrelazan con las marcas más originales del momento. Ropa, joyería, decoración, talleres y hasta un photocall convierten a este mercado en uno de los más llamativos y concurridos de la ciudad”, apunta Marta. ¿Dónde? En el Mercado de la Cebada, en el castizo barrio de La Latina.

Lost&Found Market

Lost&Found Market, el lugar donde encontrar maravillas de otras personas y otras épocas. (Foto: Lost&Found Market)
Lost&Found Market, el lugar donde verás maravillas de otras personas y otras épocas. (Foto: Lost&Found Market)

El Centro Cultural Conde Duque acoge cuatro domingos al año este mercadillo vintage con artículos de segunda mano. En él no falta el trueque ni la música en vivo. El ambiente es espectacular y ofrece la posibilidad de disfrutar dentro del recinto de un día completo, porque también hay food trucks. Tesoros, comida y música. ¿Alguien da más?

Marta incluso ha saboreado la experiencia desde ambos lados, el del visitante y el tendero. Y es que “cualquiera puede montar su propio puesto y vender o intercambiar aquello que le sobre por casa. Se puede encontrar prácticamente cualquier cosa: ropa, gafas, vinilos, cómics, libros, muebles… Y todo a precios asequibles y fomentando una manera responsable y sostenible de comprar”, señala.

Mercado Central de Diseño

En el Mercado Central de Diseño conocerás en persona a los creadores de los productos. (Foto: Mercado Central de Diseño)
En el Mercado Central de Diseño conocerás en persona a los creadores de los productos. (Foto: Mercado Central de Diseño)

Como su nombre indica, este espacio reúne en cada edición a los 160 mejores diseñadores y creativos independientes de España. Innovación y minimalismo son sus dos principales rasgos distintivos, que se aúnan para sorprender al público con productos de gran calidad que marcan -o a buen seguro marcarán- tendencia. Abre sus puertas periódicamente en el Matadero de Legazpi.

“Cuenta con artículos de fabricación artesanal muy cuidada. Eso sí, prepara el bolsillo, pues los precios van acorde al alto nivel de sus productos. Aunque no encontrarás nada tan original y exclusivo”, añade Marta.

Adelita Market

Adelita Market fomenta el uso racional de los productos para evitar caer en el consumismo. (Foto: Adelita Market)
Adelita Market fomenta el uso racional de los productos para evitar caer en el consumismo. (Foto: Adelita Market)

El tercer sábado de cada mes, la célebre Plaza del Dos de Mayo se viste de gala para dar la bienvenida a este mercadillo, nacido como iniciativa popular contra el consumismo excesivo. Por 55 euros tendrás a tu disposición un hueco en el recinto si lo que quieres es vender. Si vas a la caza de alguna ganga, da por hecho que la encontrarás.

Adelita Market es otra de esas citas a las que Marta, siempre que tiene ocasión, se apunta para estar detrás del mostrador: “Su filosofía se basa en la reutilización de productos y reducción de residuos, y es el lugar ideal para deshacerse de todo lo que ya no utilizamos”. ¿Hay algo más placentero que hacer feliz a alguien con las cosas que ya no necesitas?

Mercado de Motores

A ritmo de jazz, el Mercado de Motores se presenta como uno de los mercadillos más completos de Madrid. (Foto: Mercado de Motores)
A ritmo de jazz, el Mercado de Motores se presenta como uno de los mercadillos más completos de Madrid. (Foto: Mercado de Motores)

El jazz flota en el ambiente. Preciosos trenes antiguos observan en silencio a la muchedumbre. En las terrazas reina el buen rollo. Un enclave único en el Museo del Ferrocarril (Paseo de las Delicias, 61) donde vivir el verdadero espíritu de estos mercados. Aquí se pueden adquirir desde alimentos elaborados artesanalmente hasta extravagantes objetos que no verás en otro sitio. Tacha en el calendario el segundo fin de semana de cada mes.

A Marta se le ve el plumero cuando habla del Mercado de Motores. Se nota que es uno de sus preferidos: “Fuera de la estación nos encontramos con un mercadillo de segunda mano más vintage. Además hay food trucks, agradables terrazas donde tomar el sol… no le falta nada, es fantástico”.

Pues sí, los mercadillos son altamente adictivos. Se nota en las caras de los visitantes, en ese brillo especial de sus miradas encandiladas. Los grandes almacenes también mueven a las masas, pero no las conquista. Éste es el fervor que despierta el pequeño comercio. Las tiendas de barrio. Las de toda la vida.

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Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Pierre perdió a toda su familia y ahora está solo en Madrid, arrastra una mirada triste y su pelo es rubio en un tono intenso. “La vida es complicada”, dice, bajando la mirada. “Estoy aquí como refugiado político”. Tiene 27 años y salió de Camerún siendo muy joven; apenas 22 años y no tuvo más remedio que dejar atrás su vida en África. Después de un largo camino llegó en 2015 a España, vivió 10 meses en un centro de Ceuta hasta que le concedieron el asilo. Pierre se fue de Camerún acosado por ser homosexual.

“En mi país hay mucha tradición, no se acepta”, dice Pierre, en un castellano todavía pobre. “En África no tienes libertad si eres homosexual, transexual o lesbiana. Allí existe la mutilación genital. En África es complicado. En África matan por eso”. Pierre cuenta que su padre lo rechazó, que tiene un hermano en Francia con quien no se habla, que su madre fue la única que lo protegió. “Pero mi madre está muerta”, dice. “Yo estaba aquí cuando murió”.

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado 2
Pierre, refugiado camerunés, en el restaurante L’Artisan. | Foto: J.R./The Objective

Y aunque no pudo terminar la escuela, siempre se interesó por la cocina; ahora estudia en una escuela gastronómica en Alonso Cano y vive como puede en Madrid, en un piso compartido que le dispuso un amigo dominicano. Cuenta que le interesa la comida francesa, la americana, que va conociendo la española. “Hago cocido”, dice. Ahora participa en una iniciativa, Refugee Food Festival, que nació de la sinergia de la ONG Food Sweet Food y de Acnur, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pierre estará este fin de semana cocinando en el restaurante L’Artisan, en la calle Ventura de la Vega.

España solo ha acogido a 744 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió en Bruselas

En esta campaña, puesta en marcha el año pasado en París y extendida en esta ocasión a ciudades como Madrid, Florencia o Ámsterdam, varios cocineros –todos ellos refugiados- comparten su cultura a través de la cocina en una serie de restaurantes que se prestan como voluntarios. El resultado en Madrid es nueve restaurantes que dan empleo a ocho refugiados de cuatro nacionalidades durante una semana –en días alternos-, ofreciéndoles la oportunidad de compartir sus inquietudes culinarias con sus comensales.

Refugee Food Festival, que termina su segunda edición este domingo, es una ocasión para dar visibilidad a los desplazados. Hay historias trágicas detrás de cada uno de ellos; esta iniciativa nos empuja a esforzarnos por comprenderlos, por escucharlos. España es el país que más donativos privados aporta a Acnur. Sin embargo, es el mismo país que incumple los acuerdos de acogida de refugiados pactados en Bruselas: se comprometió a acoger a 17.000 personas y solo han llegado 744.

Refugee Food Festival: olvidando entre fogones la tragedia de ser refugiado
Mariana, ofreciendo uno de sus postres. | Foto: J.R./The Objective

Mariana también tuvo que abandonar Ucrania con su marido y con su hijo. Tiene 24 años y estudió Económicas en la universidad de su ciudad, Ternópil, a 200 kilómetros de Polonia. Llegó hace un año y medio y su gran barrera, confiesa, es el idioma. “Quiero vivir en España, quiero trabajar en la repostería”, dice Mariana, que prepara postres en el restaurante Keyaan’s (Blasco de Garay, 10). “Me gusta muchísimo la gente de aquí”. Mariana huye de un país en guerra, con todas sus consecuencias, y sigue en contacto con su madre, a la que escribe por WhatsApp. “España nos ha ayudado muchísimo”, dice, agradecida. “En un futuro me gustaría abrir una pequeña pastelería”. Mariana no piensa en regresar a Ucrania.

Tampoco lo hace Pierre, que remueve una tila que no ha probado. “No puedo volver a Camerún, no tengo familia allí”, dice, muy serio. “Yo sueño con estar en España, con tener mi propio negocio: un restaurante con comida de cuatro continentes –África, América, Asia, Europa-. Y ya está”.

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'La llamada', el éxito divino que cumple cuatro años sobre los escenarios

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

La Corredera Baja es una calle madrileña larga y estrecha con bares a un lado y otro, unas cuantas tiendas, un salón de belleza, y entre medias el Teatro Lara. No queda lejos de la Gran Vía, que asombra en las primeras horas de la noche, donde están las luces de la ciudad y los teatros que son inmensos. Con todo, siempre hay pequeñas joyas en estos rincones casi escondidos como el Teatro Lara.

La llamada celebra esta noche su cuarto aniversario, cuatro años manteniéndose en los teatros, con una crítica magnífica, con un éxito de audiencia enorme; han desfilado por estas butacas más de 150.000 personas. Este musical, coescrito y codirigido por Javier Calvo y Javier Ambrossi –los Javis, como les llaman en el equipo-, tiene como escenario un campamento religioso de verano. Allí, dos adolescentes pasan un fin de semana de encierro extraño después de ser castigadas por haberse escapado para salir de fiesta. Es en la primera noche cuando Dios, un hombre blanco de mediana edad y con el pelo cano, interpretado por Richard Collins Moore, se presenta ante una de ellas, en vigilia, para cantarle canciones de Whitney Houston. Ella, claro, se muestra sorprendida, busca una explicación, y toda la obra se sucede en ese territorio de permanente búsqueda.

'La llamada', el éxito divino que cumple cuatro años sobre los escenarios 1
Angy Fernández y Susana Abaitua son las protagonistas de La llamada. | Foto: Jorge Raya/The Objective

Cuando comenzaron los representaciones de La llamada, las  actrices principales eran Macarena García y Anna Castillo. Ahora, después de que Macarena y Anna se embarcaran en otros proyectos, son Susana Abaitua y Angy Fernández quienes adoptan los roles de las dos adolescentes encerradas en ese laberinto de descubrimiento y madurez que son los últimos años de adolescencia.

Es un reto incorporarse a una obra cuando todo funciona, cuando mover cada pieza supone un riesgo. En este caso, sin embargo, ha funcionado. “Todo es muy rápido en el teatro cuando haces una sustitución”, dice Susana, calmada. “Te aprendes el texto, haces tres ensayos y ya tienes que hacer la función. Es complicado; yo soy muy perfeccionista y lanzarme con tan pocos ensayos… Pero fue bien, ayudó que la había visto muchas veces”.

La recaudación de la noche irá destinada a la Asociación Chrysallis, que atiende a familias con menores transexuales

Susana lleva un año y medio en el papel de María Casado, su primer trabajo en un musicalEs joven, a sus 26 años presume orgullosa de sus comienzos, cuando decidió abrirse camino en la interpretación. “Mi primera obra fue con 17 años y hacía el papel de una prostituta serbobosnia”, recuerda, riendo. Casi 10 años después, ha encontrado en La llamada una obra que le entusiasma, donde trabaja con libertad, donde el equipo ha creado un ambiente familiar que se respira entre camerinos, en los minutos previos y durante el montaje del escenario. “Nunca había hecho tanto tiempo una función”, dice Susana. “Pero La llamada tiene algo especial. Cuando comienza la función, la conozco tanto, la he hecho tantas veces, que es un gusto, no pienso, solo estoy en el momento. No estoy pensando en si se me olvida el texto, no estoy pensando en cosas así. Hay algo de libertad mental, y eso sirve como terapia. Te hace dejar de pensar en tus problemas, vives la vida de María Casado y no la de Susana. Son dos horas de meditación”.

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El escenario, durante un ensayo previo a la actuación. | Foto: Jorge Raya/The Objective

Angy, de 26 años, mira con complicidad a Susana. Entró en sustitución de Anna Castillo, justo para el día del segundo aniversario, y desde entonces sigue en el reparto. Su trayectoria ha pasado por el cine, por la televisión, por el teatro, y tiene una experiencia más amplia en los musicales. “Es lo que más he hecho”, explica. “Cuando empecé en los musicales tenía 19 años o 20”. Tanto es así que su nombre ha aparecido en las marquesinas de la Gran Vía por Los 40, el musical y Hoy no me puedo levantar.

Aunque la obra solo se representa de jueves a domingo, esta noche, martes 2 de mayo, hace una excepción por su aniversario, y los productores han anunciado que la recaudación se destinará a la Asociación Chrysallis, que atiende a familias con menores transexuales. El guión es sorprendente, tiene giros, un humor cercano, unos personajes reconocibles. “Son de verdad, naturales, como en la calle”, concluye Angy. “Aquí no hay nada pretencioso. Somos dos amigas normales y cualquiera que esté en la butaca se puede sentir identificado”. Quizá de esta fórmula radique su éxito; han pasado cuatro años, tan rápido, y no se vislumbra un final.

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'Drink and learn', los idiomas se aprenden en los bares

Jorge Raya Pons

“Esto empezó en el bar de un amigo en Malasaña”, dice Gabriel Pazos, al teléfono. Gabriel es el cofundador de una start up llamada Milingual que implanta un modelo de aprendizaje de idiomas fundamentado en lo social. Junto a su hermano Andrés ideó un proyecto donde las clases se trasladaban a los bares y las cafeterías y donde los profesores, más que en la teoría, se apoyaban en la conversación espontánea y casi coloquial para que los alumnos mejoraran su idioma. Todo organizado desde la web, a golpe de click. “El primer día vinieron unos 20 alumnos y 3 ó 4 profesores”, continúa. Hoy en día, solo en Madrid, existe una comunidad de casi 10.000 personas y 300 profesores. Han pasado más de tres años desde aquel primer encuentro.

La historia de Gabriel comenzó en una profesión y desde una vocación bien alejada de los idiomas. Porque Gabriel no es filólogo, ni profesor de idiomas; el joven empresario comenzó en la ingeniería y a ello dedicó sus primeros 10 años en el mundo laboral. “Yo soy ingeniero”, explica. “Antes de Milingual era director de proyectos en una empresa del sector energético nuclear. Nada que ver”. Luego ríe. El trabajo fundamental de su equipo consistía en construir zonas de control en centrales nucleares en China. “El típico puesto de control donde trabaja Homer Simpson”, bromea. De algún modo aquello dejó de entusiasmarle. Así que después de estudiar un máster de dirección de proyectos, que compaginaba con su empleo, se decidió a dar el paso.

Aprender idiomas es más ágil entre vinos
Andrés y Gabriel Pazos, fundadores de la start up. | Fuente: Milingual

Dejó su trabajo, se convenció a sí mismo y a su hermano y se lanzaron hacia una ilusión que ahora comienza a dar resultados. Preguntado sobre qué le llevó a decidirse finalmente, responde divertido: “La crisis de los 30”. Con todo, Gabriel insiste en que no fue una decisión en caliente, temperamental. “Me di cuenta de que si quería cumplir esta ambición debía implicarme totalmente”, añade. “Fue una decisión difícil, pero meditada. No fue de un día para otro”.

“Nuestra idea es que el alumno pueda aprender un idioma mientras hace actividades divertidas”

Aquella primera prueba en el bar de Malasaña, dice, le convenció de que este es un proyecto que promete éxito, que implica a la gente y ayuda a perfeccionar el idioma. Y este es un matiz importante; las clases son orales y se exige, de entrada, un nivel mínimo. Esto significa que trabajan en paralelo con las academias o las escuelas de idiomas, no enfrentados. “Nosotros tenemos claro desde el principio que no estamos inventando el nuevo método de aprendizaje, tenemos claro cuál es nuestro nicho”, reconoce Gabriel. “Nosotros nos posicionamos como un complemento que, conforme la persona va avanzando con el idioma, ese complemento se convierte más en lo que necesitas, que es mantener vivo el idioma. Por eso no somos competidores de los cursos online ni de las escuelas de idiomas; somos la parte social del idioma”.

Aprender idiomas es más ágil entre vinos 1
Un evento celebrado en Conde Duque, Madrid. | Fuente: Milingual

Este atributo les ha conducido a que algunas instituciones, como la Escuela Oficial de Idiomas o el Instituto Francés, se hayan interesado por ellos. De hecho, aunque en un inicio las clases se realizaban solamente en cafeterías y bares, ahora se han abierto a otro tipo de experiencias. Con el Instituto Francés, explica, organizan proyecciones y debates sobre las películas a las que asisten con la única condición de que desaparezca el castellano; solo se permite hablar francés. “Muchas veces viene hasta el director a presentarlo”, cuenta. “Lo que hacemos es hablar sobre la película, escuchar al director, por supuesto en francés, y el profesor ejerce un poco de moderador. Hay un interés muy grande en la película, pero sobre todo en el idioma”.

Gabriel Pazos, que comenzó su empresa con 10.000 euros, asume que la proyección de Milingual es global, que no se limita a España. Acaba de crear su primera comunidad en Manchester y Liverpool. “Hemos superado la barrera de las 500 personas”, dice, orgulloso. Los hermanos aspiran a expandirse poco a poco a otros países. Gabriel considera que su principal ventaja competitiva reside en sus precios, que son económicos, sobre diez euros por hora, y que la flexibilidad para el alumno es absoluta, pues gestiona desde internet el grupo al que se incorpora y la hora y el día que mejor se adapta a su jornada. “La ambición del equipo es estar a nivel mundial, que si te vas de vacaciones o por unas semanas a Roma, por ejemplo, puedas mejorar tu italiano al tiempo que conoces gente y conoces la ciudad. Esa es la vocación”, resume. A fin de cuentas, su idea consiste “en que el alumno pueda aprender un idioma mientras hace actividades divertidas”.

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¿Cada cuánto deberías lavar las toallas de tu baño?

Redacción TO

Foto: David Cohen
Unsplash

Las toallas sucias tienen todo tipo de microbios y es imposible mantenerse plenamente aislado de ellos. Con todo, limpiando las toallas con frecuencia puedes combatirlos y evitar, así, el riesgo de sufrir infecciones. Porque, nada más lejos de la realidad, las toallas son un nido de bacterias y cada vez que te secas con ellas estás trasladándolas a tu cuerpo.

Aun así, se hace complicado vivir con tranquilidad sabiendo que las toallas son un hábitat perfecto para los gérmenes por estar húmedas, ser absorbentes y permanecer en lugares cálidos, por no mencionar que no suelen recibir la luz del sol. Podríamos decir incluso que el baño no es el lugar más adecuado para una toalla, pero es para el que está destinado. Charles Gerba, microbiólogo de la Universidad de Arizona, asegura que en ellas conviven bacterias que pueden acarrearnos infecciones y enfermedades.

De acuerdo con uno de sus últimos estudios, el 90% de las toallas examinadas presentaban bacterias coliformes, que suelen encontrarse en grandes cantidades en las heces humanas y animales. Asimismo, el 14% tenían la conocida bacteria E. Coli. Gerba reconoce a Newsweek que, cuando no nos lavamos las manos a conciencia y luego las pasamos por la toalla, dejamos bacterias que son peligrosas para nuestro organismo. “Después de dos días, secarse la cara con la toalla de mano supone recibir más E.coli que metiendo la cabeza en el inodoro”, dice el experto en la revista Neewsweek.

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Foto: Jason Briscoe/Unsplash

Emily Martin, profesora asociada de Epidemiología en la Universidad de Michigan, resta importancia a las apreciaciones de Gerba. “Nuestros cuerpos están adaptados para ser capaces de vivir en un entorno rodeado de microbios”, explica. Con todo, el riesgo de contagio de enfermedades a través de las toallas es real.

Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine desveló que el brote de SARM –Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, una cepa bacteriana que se ha hecho resistente a muchos antibióticos– que afectó a todo un equipo de fútbol americano de Los Ángeles en 2003 se pudo deber a que compartían toallas en los vestuarios.

Así, la solución pasaría por lavar las toallas con mayor frecuencia y en condiciones más severas. Gerba sostiene que lo deseable sería lavar las toallas cada dos días, más si cabe si están al alcance de niños pequeños. Además, sería necesario lavarlas en agua caliente y con detergentes de oxígeno activo para minimizar riesgos. Otra especialista, la directora de microbiología en el Presbyterian de Nueva York, sostiene que mientras se sequen bien y se utilicen con higiene, basta con lavar las toallas una vez por semana.

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