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Mi gran amigo robot

Christian Rubio

Uno de los mayores temores del ser humano es sentirse solo. Rodeado de personas, pero vacío. Y sobre todo en esos largos trayectos al volante de su coche, con el asfalto extendiéndose hacia el horizonte y el mundo girando alrededor. La música no siempre funciona, algunas canciones están demasiado trilladas. La radio falla más que una escopeta de feria. “Qué aburrimiento, cómo me gustaría hablar con alguien”, cruza un relámpago de pensamiento.

Toyota es consciente de esta terrible sensación de amargura que aflige a los conductores solitarios y ha decidido ponerle fin. Se puso manos a la obra en sus laboratorios, un par de tornillos por aquí, unas cuantas piezas por allá, un chip con un poco de inteligencia artificial y listo. El resultado: Kirobo mini, el robot especializado en hacernos compañía.

El entrañable Kirobo tiene conversación para dar y tomar desde el posavasos del coche.
El entrañable Kirobo tiene conversación para dar y tomar desde el posavasos del coche. (Foto: Shuji Kajiyama / AP)

Genética de un robot

El pequeño Kirobo tiene un cuerpo de apenas 10 centímetros y 180 gramos, ideal para encajar en cualquier parte. Incluso en el posavasos del coche, que es el lugar para el que se pensó. Está programado para parpadear y hablar con voz aguda. Una cámara y un micrófono hacen las veces de sus ojos y oídos, con los que es capaz de analizar un amplio abanico de expresiones y gestos del conductor. Si estamos enfadados, Kirobo mini lo sabrá y buscará tranquilizarnos. Si estamos contentos, Kirobo mini se unirá a nuestra felicidad. Pura ternura.

Y es que en el fondo, esta diminuta mascota robótica “es como un bebé”, dicen sus creadores. En sus genes se pueden encontrar vestigios de otras criaturas como el Furby, que conquistó -y lo sigue haciendo- millones de corazones en todo el mundo a finales de los años 90. Por entonces la inteligencia artificial no estaba tan desarrollada como en la actualidad, y el cariñoso Furby no destacaba precisamente por mantener apasionantes diálogos. Eso sí, su principal virtud era que iba aprendiendo con el paso del tiempo el idioma con el que le hablara su dueño.

Los hermanos Kirobo fueron programados para hacernos la vida más fácil. El mayor incluso ha viajado al espacio. (Foto: Shizuo Kambayashi / AP)
Los hermanos Kirobo fueron programados para hacernos la vida más fácil. El mayor incluso ha viajado al espacio. (Foto: Shizuo Kambayashi / AP)

Kirobo mini debe su apariencia a su hermano mayor, Kirobo (a secas). Él fue, ni más ni menos, el primer robot humanoide que viajó al espacio. Todo un astronauta cibernético a bordo de una nave japonesa con destino a la Estación Espacial Internacional, haciéndole compañía a otro astronauta de carne y hueso, Koichi Wakata. Por supuesto, Toyota también andaba detrás del proyecto. Antes de despegar, Kirobo dijo ante los medios: “Un pequeño paso para mí, un gran paso para los robots”.

El menor de los Kirobo, el que nos atañe, tiene su propia memoria para recordar conversaciones que haya mantenido y puede actualizarse gracias a una aplicación que le transfiere datos a través de Bluetooth. Así es capaz de conocer las preferencias del usuario o información sobre los dispositivos que utiliza. Es espontáneo e incluso guasón. Una pena que su batería solo dure dos horas, porque a buen seguro sería un fantástico interlocutor en largas divagaciones filosóficas.

Este diminuto robot es tan natural que incluso presume de porte ante los medios. (Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters)
Este diminuto robot es tan natural que incluso presume de porte ante los medios. (Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters)

Hecho por y para japoneses

Kirobo mini se venderá únicamente en Japón -dónde si no-. Y es que el país asiático tiene problemas demográficos importantes, con una población envejecida y sin suficiente personal cualificado para atender a los mayores. Los robots se han convertido en auténticos compañeros vitales, ya no solo en los vehículos, sino también en los hogares y en las oficinas.

Respecto al ámbito laboral, la producción de robots industriales en Japón es la segunda más alta de todo el mundo, detrás de Corea del Sur. Hay unas 315 máquinas por cada 10.000 empleados. En las casas pueden verse muchos de ellos conectados a electrodomésticos o encima de los muebles, como si fueran un objeto decorativo más, dispuestos a facilitar las vidas de sus dueños.

Toyota tiene previsto sacar Kirobo mini al mercado nipón el próximo año. Su precio rondará los 350 euros. Se podrá comprar en España, por supuesto, pero por desgracia llegaría importado hablando en japonés. Quienes no conozcamos el idioma, de momento deberemos conformarnos con sus tiernas y anaranjadas miradas. Al menos hasta que aprenda a decir con esa vocecita: “¿Cómo estás colega?

Lo que Trump (y algún otro) aprendió de Nixon

Antonio García Maldonado

El presidente Trump es pionero en Estados Unidos en la impudicia con la que exhibe su ignorancia y sus “ideas” retrógradas. A su lado, los villanos políticos que hemos tenido los progresistas hasta hace pocos años –Reagan, Thatcher, Bush hijo– parecen émulos de Olof Palme o Willy Brandt. Trump ha conseguido que los que creemos que el Estado tiene un papel esencial recordemos con melancolía a quien dijo aquello de que “el Gobierno es el problema, no la solución”. Sin embargo, el asunto de la Russian-Connection no muestra una práctica nueva, aunque se trate mediáticamente como tal en muchos casos.

Escandalizarse por las estrategias diplomáticas –más o menos explícitas– con la que todos los países intentan influir en otros de acuerdo a sus intereses estratégicos es más una muestra de ignorancia histórica que de sagacidad analítica. Putin tiene sus hackers y falsos diplomáticos como Kissinger tuvo a los suyos azuzando a lo más retrógrado del estamento militar de América Latina en la década de 1970. El Plan Cóndor no influyó sobre el resultado de unas elecciones; directamente acabó con ellas e instauró dictaduras represivas durante algunos lustros.

Pero no sólo no es nueva desde Estados Unidos; tampoco lo es en Estados Unidos. Trump parece aquí un alumno aventajado de uno de los políticos más turbios de la historia reciente, Richard Nixon. El candidato republicano, que en 1968 aspiraba a suceder a Lyndon Johnson (que no se presentaba a la reelección) tuvo noticia de que el Gobierno ultimaba un acuerdo de paz con Vietnam del Norte. Dirty Dick y sus asesores pensaron que aquello podría acabar con su campaña y enviaron emisarios a Vietnam para convencer a los dirigentes del país con el que estaban en guerra para que no firmaran aquel pacto. Que él les daría más una vez llegara a la Casa Blanca. Los vietnamitas se retiraron de un acuerdo que estaba hecho, para ira de Johnson, a quien los servicios de contrainteligencia habían avisado de los manejos de Nixon, que ganaría las elecciones. La grabación de la llamada de Johnson a Nixon en la que el primero acusa y el segundo se indigna por la acusación es un monumento sonoro al cinismo político.

Y hay otro caso reciente, que si no ha tenido más repercusión interna y externa es por el bien tan preciado que se busca salvaguardar: la paz en Colombia tras el acuerdo con la guerrilla más antigua de América Latina, las FARC. En las elecciones presidenciales en las que el presidente Santos consiguió la reelección, en 2014, la inteligencia colombiana tuvo conocimiento de que nada menos que el candidato del uribismo, Óscar Iván Zuluaga, había mantenido una reunión con un hacker a su servicio, quien estaba comprando información confidencial a funcionarios de inteligencia y militares corruptos, y que además había intervenido los correos de los negociadores gubernamentales en La Habana. El vídeo en el que el hacker le explica al candidato las ilegalidades que hace, ante la tranquilidad de éste, está disponible en Youtube. La idea nixoniana era boicotear el proceso. Curiosamente, la contrainteligencia colombiana utilizó a un español para desenmascarar toda esta estrategia uribista. Los implicados, aunque no el candidato Zuluaga, están en la cárcel. Una idea de patriotismo compartida con Nixon y Trump.

PS: ayer se cumplieron 26 años del intento de asesinato del presidente Reagan que le perforó el pulmón y a punto estuvo de acabar con su vida. Había llegado a la presidencia unos meses antes. El régimen de Jomeini no liberó a los 66 rehenes americanos que habían sido secuestrados en Irán hasta que Carter abandonó el Despacho Oval, con intención de humillarlo. Reagan, en cambio, envió días después a Carter a Alemania para que recibiera a los rehenes, porque había sido él quien había hecho la gestión y padecido el desgaste. Le cedió la medalla. Un republicano y un demócrata. Voilà le patriotisme.

Susana es susuna: todos a una

Gonzalo Gragera

De las Juventudes Socialistas del barrio del Tardón, en Triana, a los pasillos del ayuntamiento de Sevilla. Primeros años del nuevo siglo; cambio de milenio, mudanza en las bases del futuro socialismo andaluz, tan parecido, paradoja viene, al de la eclosión de los años ochenta. Por aquel entonces, Susana Díaz contaba veinticuatro años y un aval de nombres de poder en la selva de lo local y de lo regional, en esa micropolítica que sirve de ensayo, de preparación, de entrenamiento: terreno de juego en donde todo se reduce, en donde las posibilidades de crecer disminuyen, aunque ese pequeño espacio propicie mejores vistas al político joven con ganas de conocer el cómo funciona las redes internas un partido. Menor escala, sí, pero mayor cercanía, que traducido al verbo de las aspiraciones partidistas significa tenerlo todo más a mano, más próximo, más manejable, laboratorio de experiencias que llegarán una vez se cumpla la prometedora carrera política. En cuanto Madrid llame a la puerta.

Susana Díaz supo jugar sus cartas, y aprender de ellas, en esos años de juventud partidista. Juventud en la que consolidó cualidades que la han acompañado durante su trayectoria socialista. Dotes que ella misma demuestra, aunque de manera sibilina, en esta pugna por el poder del PSOE: capacidad para anular a los enemigos, y aquí la clave, sin que se note. En silencio. Tomando alianzas mediáticas –esa medalla de Andalucía a Antonio Caño, director de El País– y financieras –su amistad con Antonio Pulido, en La Caixa-; perpetrando la emboscada mediante las bases, la militancia; desgastando, de puro desconcierto y cansancio, las propuestas de sus rivales, que son López y Sánchez, sí, pero que fueron Pepe Griñán y Manolo Chaves. Recordemos la cita que el primero le apunta al segundo en cuanto se entera de que Díaz comentó en una rueda de prensa que ambos deberían dejar sus ocupaciones políticas debido al caso ERE: “Pepe, Susana nos ha matado”. Si así trató a sus mentores, ¿cómo lo hará con sus rivales?

Dicen que la cámara vieja del PSOE apoya a Díaz, y es cierto, aunque de motivos no vayan sobrados. Es un apoyo más de identidad que de convicción; más de “mal menor” que de confianza, incluso de caballo ganador, de me arrimo a quien me garantiza posición y puesto. La mayoría de los argumentos que se oyen tienen por contenido la abstracción de los ideales –sentido de Estado es uno de los más citados- o las vaguedades del discurso de aplauso mitinero, el carisma, que es la palabra de los que no tienen nada que decir. Así sucede en Andalucía, en donde todo es propaganda de la tele pública y abrazos a señores mayores en las residencias, a pesar de la reducción del dinero público a la sanidad. Mayor recorte de España. Pero Díaz controla la opinión, el gesto, la cúpula y el noticiero. Los cuatro puntos cardinales del político que apunta al cosmos nacional desde la autonomía, ese instrumento del que se benefició para alcanzar lo que de verdad ha ambicionado estos últimos cinco años, que no es la presidencia de Andalucía, sino de España. Susana es susuna: todos a una.

Anna al desnudo

Jesús Nieto Jurado

Foto: Manu Fernandez
AP Photo

Anna Gabriel, apellido arcangélico aunque le duela. Activista de oficio, de beneficio. Diputada en la que reside la soberanía autonómica -“a todo se llega degenerando”, que decía “el Guerra”- . Gabriel es de las que cardan la lana, la fama, y los huevos que se lanzan contra la sede del colonialismo español -léase constitucionalismo-. Ella ya nos anunció, como en una plegaria de Nueva Biblia, eso de que se adoptase un bebé mancomunado, amén de otras adecuaciones de la praxis a la teórica, que ella es activista y barretina; todo al mismo tiempo. Ella es la reducción del abertzalismo catalán a la disciplina férrera de un flequillo y dos pendientes. El mensaje, siempre, en la camiseta, pegado al corazón y a los pezones; allá donde dicen que habita Dios, el misterio o lo Sagrado. Pero lo vistoso de Gabriel, su aportación a la Historia, es esa vestimenta que oculta cuanto ignora o desprecia. Vista así, de rápida mirada, no sé qué aire se da de hermana resabiada del convento. Pero el ‘cuperismo’ es ese puchero de la eclosión de la Barceloneta, cuando por Cataluña hay implosión y la Barceloneta es una delegación de Magaluf.

Anna Gabriel ha entrado en nuestra vida como una primavera, como una brisa batasuna en la Historia canguelona del Principado y hasta de ‘Els Països Catalans’. Su última travesura fue tildar de facha -el miércoles- a Coscubiela por no reirle las gracias a los ‘cuperos’ en lo del asalto a la sede del PP catalán. Llamar facha sale barato, y el pobre Coscubiela no “halló cosa” (Quevedo) donde esconderse.

Anna Gabriel es el cambio; fuera de ella, el heteropatriarcado y Castilla. Avanti el Popolo…

Así es cómo Netflix quiere luchar contra la piratería

Redacción TO

Foto: Paul Sakuma
AP

Netflix, el servicio de streaming por excelencia, es en sí una alternativa a la piratería. Su modelo de negocio se ha expandido por todo el mundo en los últimos años, y los competidores han ido aflorando. La influencia de su servicio ha servido para que los usuarios dejaran de lado las prácticas fraudulentas que supone la piratería. Esto solo ha ayudado a paliar el problema, ya que el uso de servicios como Netflix o HBO, por citar a uno de sus más inmediatos competidores, para muchos se ha convertido en su primera opción a la hora de ver contenido audiovisual online, pero usando la piratería como un complemento para poder visualizar otros contenidos más concretos que no puedan encontrar en el portal de pago. A pesar de que no se haya eliminado esta práctica tan extendida, sí se ha minimizado. De hecho, Reed Hastings, CEO de Netflix, defendió en la pasada edición del Mobile World Congress en Barcelona que “en los países donde hemos lanzado nuestro servicio, creemos que hay menos tentación de realizar acciones de piratería, menos deseo”.

A Netflix nunca le ha importado demasiado la piratería, ya que nació como gestor de contenidos. No obstante, ahora que se ha convertido en una de las grandes productoras de series y películas a escala global, parece que ya le empieza a afectar esta problemática.

Así es cómo Netflix quiere luchar contra la piratería 1
Ahora que a Netflix le están pirateando los contenidos, se esfuerza por enfrentar este problema. | Foto: Netflix

Una de las medidas que ha implementado Netflix recientemente es la creación del Global Copyright Protection Group, con lo que que se adhiere a otros muchos estudios de Hollywood en la lucha activa contra la piratería.

Por otro lado, Netflix siempre ha monitoreado las herramientas que permiten el consumo pirata de contenidos online para estudiar su catálogo. Así lo desveló Kelly Merryman, vicepresidente de la división de adquisición de contenidos de la compañía, asegurando que analizan qué series son las que mejor funcionan en descargas en las redes BitTorrent y otras plataformas ilegales para determinar las nuevas series a adquirir para incluir en su catálogo. Ahora, la compañía usa esas mismas redes fraudulentas que tantas veces ha utilizado como base de sus adquisiciones para eliminar contenido. A la petición de retirada de enlaces Torrent a contenidos originales de Netflix, se suma la prevención de la fuga de nuevos títulos producidos.

1.700 millones de euros ‘robados’ sólo en España

En países como España la piratería supone un verdadero drama para los autores y creadores. El 87% de los contenidos digitales consumidos en 2015 fueron ilegales, lo cual causó un lucro cesante a todo el sector de casi 1.700 millones de euros. Las plataformas de streaming legales como Netflix pueden ayudar a parar la hemorragia, pero sólo los usuarios podemos asegurarnos de que el paciente no muera.

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