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Miedo a los petardos: ¿Qué puedes hacer para ayudar a tu perro?

Carola Melguizo

Foto: Unsplash
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Cuando algo divertido molesta a otro, automáticamente deja de ser divertido. Siempre y cuando la relación con el otro esté basada en la consideración y el respeto. Por desgracia, este no siempre es el caso y hay quien piensa que su derecho a divertirse es más importante que el bienestar del otro, especialmente si el otro es un animal. Así de injusto y así de cruel es el ser humano. La Nochevieja es un claro ejemplo. A pesar de las múltiples campañas que se hacen cada año, siempre hay quien se olvida de lo mal que lo pasan los perros con los petardos.

Fin de año se convierte así en una pesadilla para muchas familias. Cada animal reacciona de una forma diferente, que puede ir desde una leve intranquilidad hasta un auténtico ataque de pánico con consecuencias irreversibles. Sin embargo, los signos que podemos observar con más frecuencia son: Temblores, jadeos, taquicardia y una necesidad incontrolable de esconderse o escapar. Este último punto es particularmente importante, ya que hace que el animal se encuentre en peligro no sólo durante el tiempo que dura el ruido en sí, sino durante todo el tiempo que le tome calmarse.

Hay mucha gente trabajando para informar y concientizar sobre este tema. Por ejemplo, el actor Dani Rovira, fiel defensor de los derechos de los animales, compartió hace unos días en Instagram la reacción de su perro Buyo al sonido de los petardos durante un paseo. “Cuando llegué a casa se puso a temblar, a jadear, hiperventilar e incluso vomitó.” Explica el actor en el post y sugiere: “Probad a jugar al pilla pilla, a las estampas, a leer un libro o a cualquier cosa que no haga daño.” La foto tiene ya más de 43 mil likes y en los comentarios se pueden leer experiencias parecidas a las de Buyo.

¿Qué podemos hacer para ayudarlos?

La pirotecnia no debería ser nunca una fuente de diversión. El riesgo, tanto para humanos como para animales, es demasiado alto. Desafortunadamente, sabemos que este año no será una excepción y que muchos animales despedirán el año con importantes niveles de estrés. Para ayudarlos, es importante mantener la calma, no dejarlos solos, permitir que se escondan en un lugar seguro y prestar especial atención a puertas y ventanas, que deben permanecer cerradas en todo momento. Si los consejos básicos de los expertos no funcionan en el caso de tu perro o si no son suficientes para su nivel de ansiedad, calma. Hay algunas opciones:

ThunderShirt

Camiseta anti-ansiedad que ejerce una presión suave y constante sobre el torso del perro y consigue un efecto calmante. Está disponible en siete tamaños diferentes y no tiene ningún tipo de contraindicación, por lo que puede combinarse con otras terapias en caso de ser necesarias.

Flores de Bach

Una fórmula personalizada según el carácter y el estado emocional del perro, puede ayudarlo a gestionar mejor el miedo y la angustia causada por el sonido de los petardos. Lo ideal es que un terapeuta floral experto en animales haga una valoración del perro y recete la fórmula que necesita.

Adaptil

Un producto de laboratorios Ceva que libera una copia idéntica de la feromona del apaciguamiento canino, que es la secretada por la perra tras el parto para tranquilizar a sus cachorros. También está disponible en comprimidos, en collar y en spray.

Multiva Calming

Un multivitamínico antiestrés de la marca española Vetnova, que contiene una combinación de elementos naturales que actúan de forma sinérgica y ayudan a aliviar el estrés relacionados con problemas de conducta. Está creado con la tecnología Chews, que facilita su administración ya que el perro las toma de forma voluntaria.

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Flores de Bach, 38 esencias que pueden ayudar a tu perro

Carola Melguizo

Foto: elianaalbasetti
elianaalbasetti

La terapia con flores de Bach se basa en un sistema de esencias naturales, treinta y ocho, para ser exactos, que se utiliza para tratar diversas afecciones emocionales. Para Edward Bach, médico e investigador inglés y descubridor del sistema, la enfermedad es el resultado de un desequilibrio emocional que se produce en el campo energético del ser vivo, que al prolongarse en el tiempo, tiene repercusiones en el plano físico. Por lo tanto, al restaurar el equilibrio emocional, se resuelve la enfermedad física.

Se trata de una terapia natural complementaria que actúa por energía vibracional. “Las flores absorben energía del sol a través del aire y de la tierra y cuando se introducen en agua, los principios energéticos específicos de cada flor se transmiten a ella. Al ingerirse esa disolución, sus propiedades energéticas se distribuyen por el sistema nervioso, llegando a los órganos enfermos, es decir, afectados por un desequilibrio emocional, armonizándolos.” Explica Esther García Pérez, Directora del Herbolario para animales Sol de Invierno. No extraña, por tanto, que animales y plantas puedan también beneficiarse del uso de las flores de Bach. De hecho, en el caso concreto de los animales, Esther asegura que las esencias florales “suelen tener un efecto muy rápido.”  

Flores de Bach, 38 esencias que pueden ayudar a tu perro 1
Las flores de Bach para evitan los mareos durante los viajes con tu mascota | Imagen vía PetTribe/Flickr

Aunque parece obvio, es importante recordar que ante cualquier problema con nuestro perro lo primero que hay que hacer es acudir a un especialista. En este caso, un veterinario o un etólogo, según corresponda. Una vez que tenemos un diagnóstico firme y hemos comenzado el tratamiento, podemos recurrir a las flores de Bach como terapia complementaria. En este sentido, Esther aconseja: “Lo más efectivo es que un especialista teste la mezcla floral más adecuada para cada animal en concreto, al igual que se realiza en consultas para humanos.” Y agrega: En la consulta se analizan los comportamientos y dolencias del animal de forma directa y también a través del testimonio de su cuidador.”  

Sin embargo, también es cierto que para tratar algunos de los problemas más habituales, se pueden usar mezclas con las flores más efectivas para esos casos, sin necesidad de personalizar el preparado. Por ejemplo, para evitar los mareos durante los viajes, Esther recomienda “la mezcla de Scleranthus con el conocido Rescue Remedy.” Y añade: “Para asegurar su efectividad, hay que administrar a nuestro animal la mezcla floral al menos una semana antes de salir de viaje. La dosis general recomendada es de dos gotas, como mínimo, cuatro veces al día. Durante el viaje, se puede aumentar la frecuencia y una vez llegados al destino, hay que continuar dándole las flores para que se adapte mejor al hogar temporal.”

La terapia de las emociones

Noelia Pascual Pascual, Directora fundadora de Objetivo Emoción y terapeuta emocional con flores de Bach, las define como: Reguladores emocionales. Y explica que “un perro, como ser vivo que es, experimentará emociones a lo largo de su vida que será muy necesario trabajar para que no deriven en problemas de conducta. O si ya lo han hecho, será necesario equilibrar dichas emociones para eliminar la conducta.” Afortunadamente, las flores de Bach pueden usarse en todas las etapas de la vida del perro “desde que nace hasta el momento en que nos dice adiós.”

Flores de Bach, 38 esencias que pueden ayudar a tu perro
Dulces sueños, cero ansiedad para tu perro con la terapia de flores de Bach | Imagen vía Adam Lavine/Flickr

Por ejemplo, pueden resultar muy útil para tratar: Ansiedad, miedos, hiper apego, cambios de casa, pérdida de un compañero, ladridos excesivos, traumas o actitudes compulsivas. Y como apunta Noelia, “un montón de situaciones que nos pueden surgir a lo largo de nuestra vida junto a ellos.” Recordando en todo momento que se trata de una terapia complementaria y que, por supuesto, “bajo ningún concepto se debe dejar nunca un tratamiento recetado por un facultativo.”  

La terapia con flores de Bach tiene cada vez más adeptos y menos detractores. Muchos son los beneficios que se le atribuyen, mientras que en el peor de los casos lo máximo que puede pasar es que no funcionen. Las flores de Bach, como apunta Noelia, “trabajan de una manera energética, equilibrando emociones que se han visto alteradas por diferentes sucesos, potenciando en el organismo la auto curación y devolviendonos al equilibrio natural con el que todos nacemos.” Se trata de “una terapia natural, sencilla y sin riesgos, que cualquiera puede utilizar en su casa, no provoca efectos secundarios, no tiene contraindicaciones y se puede usar junto a cualquier otra terapia.”

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El vínculo entre un perro y su humano se parece mucho al que existe entre un bebé y su madre

Carola Melguizo

Foto: MARIANA BAZO
Reuters

Todo aquel que ha tenido la suerte de convivir con un perro sabe lo fuerte que puede llegar a ser la conexión con el animal. El amor que sentimos por ellos es tan fuerte y tan profundo que puede incluso compararse con el de una madre y su hijo. Para quien no lo haya experimentado puede parecer exagerado o incluso imposible, pero no se trata de una leyenda urbana. Hay estudios científicos que lo respaldan. La clave está, como casi siempre, en la hormonas porque al final el amor eso eso, cuestión de química.

Estudios realizados por científicos del departamento de Ciencia Animal y Biotecnología de la Universidad Azabu, en Sagamihara, Japón, demuestran que la oxitocina, conocida popularmente como la hormona del amor, es la responsable de que la conexión que se establece entre un perro y su humano sea tan fuerte como la que se crea a nivel biológico entre padres e hijos. Simplificando mucho, el simple contacto visual es suficiente para crear ese amor. Bonito ¿No? El estudio fue publicado hace un tiempo por la revista Science, de la Asociación Estadounidense para el Avance de las Ciencias (AAAS).

Cuando una madre mira a su bebé a los ojos, los niveles de oxitocina del bebé aumentan, lo que hace que el bebé vuelva a mirar a los ojos de su madre y que esta a su vez libere más oxitocina, desencadenando una retroalimentación positiva que, según estudios, crea un fuerte vínculo emocional entre la madre y el niño, lo que contribuye a la supervivencia de la especie. Los investigadores del equipo japonés liderado por Takefumi Kikusui querían averiguar si ocurría lo mismo con los perros. Para ello, llevaron a cabo varios experimentos con 30 perros, 15 hembras y 15 machos, de diferentes razas y edades, y sus dueños, 24 mujeres y 6 hombres.

El vínculo entre un perro y su humano se parece mucho al que existe entre un bebé y su madre 1
Un perro y su instructora en la exposición de perros de Kennel Club de Westminster | Imagen de Mike Segar para Reuters

En uno de los estudios, se recogieron muestras de orina tanto de perros como de humanos y luego se pidió a los propietarios que interactuaran con su animal en una habitación durante 30 minutos. En este tiempo, los propietarios, en su mayoría, se mostraron afectuosos, acariciaron a sus animales y hablaron con ellos. También se miraron a los ojos, algunos durante un par de minutos, otros durante unos segundos. Luego, se les repitieron las pruebas de orina y se analizaron los resultados. Los niveles de oxitocina de ambas especies aumentaron tras el contacto visual prolongado. Cuanto más contacto visual, mayor aumento en los niveles de la hormona en el cerebro. En las parejas que estuvieron más tiempo viéndose a los ojos, los perros, tanto nachos como hembras, tuvieron un aumento de 130% en los niveles de oxitocina. En el caso de los humanos, el aumento fue del 300%, también en ambos sexos. En las parejas que no se vieron mucho a los ojos, no hubo aumento de oxitocina.

El mismo experimento se realizó con lobos domesticados. Pero, a pesar de tener una buena relación con sus humanos, los lobos, a diferencia de los perros, no buscaron el contacto visual y sus niveles de oxitocina no aumentaron. Como explica Kikusui: “Los lobos que tienen una relación muy estrecha con sus criadores no pueden estimular la oxitocina en ellos, posiblemente debido a la falta de contacto visual. El uso de este contacto visual hacia el dueño es diferente entre los perros y los lobos, y esta es la razón por la que los lobos no tienen este tipo de vínculo con los humanos.”

La segunda fase consistió en recoger muestras de orina antes y después de la interacción, pero esta vez con una diferencia importante: Los investigadores rociaron oxitocina en el hocico de algunos perros antes de que interactuaran con los humanos. Las hembras que recibieron la oxitocina pasaron un 150% más de tiempo mirando a los ojos de sus dueños, quienes a su vez tuvieron un aumento de 300% en sus niveles de oxitocina. No se observó, en cambio, ningún efecto en perros machos o en perros que fueron rociados con un aerosol que contenía una solución salina y no oxitocina. Científicos sugieren que el aerosol nasal puede haber afectado sólo a las hembras porque la oxitocina desempeña un papel más importante en la reproducción femenina, siendo clave durante el parto y la lactancia.

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Una mujer se encarga de un perro en un centro de evacuación para mascotas. | Imagen de Kim Kyung-Hoon para Reuters

Las conclusiones del estudio son claras: “El mismo mecanismo de conexión, basado en el aumento de la oxitocina al mirarse, que fortalece los lazos emocionales entre las madres y sus hijos, ayuda a regular también el vínculo entre los perros y sus dueños.” Esto explica también por qué los perros se han familiarizado con gestos humanos que resultan mucho más difíciles de aprender para otros animales. Es alucinante lo que se puede conseguir con una “simple mirada”, que en realidad, como ha quedado demostrado, de simple no tiene nada. En cualquier caso, más allá de la oxitocina, este domingo 07 de mayo se celebra en España el Día de la Madre así que ¡felicidades a todas aquellas mujeres que se sienten madres, independientemente de la especie! Disfrutad de vuestro día y gracias por hacer del mundo un lugar mejor.

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San Antón, protector de los animales

Carola Melguizo

Foto: Carola Melguizo
The Objective

Hoy, 17 de enero, se celebra la fiesta de San Antón, protector de los animales. Y como cada año, a pesar del frío, creyentes de toda España llevarán a sus mascotas a la iglesia para que reciban la bendición del Santo. Una celebración de origen religioso que cuenta con un amplio programa de actividades entre las que destacan campañas sociales que buscan fomentar la adopción y la tenencia responsable.

Para la mayoría, las mascotas son un miembro más de la familia. Pero por desgracia, hay animales que viven una realidad que nada tiene que ver con el amor y la estabilidad de un hogar, por lo que el lado solidario de la fiesta es, sin duda, una auténtica necesidad. Según los ‘Estudios de Abandono y Adopción’ publicados por la Fundación Affinity, más de 100.000 perros son abandonados en España cada año. Una cifra escandalosa que demuestra que todavía queda mucho camino por recorrer para encontrar soluciones a la problemática del abandono de animales de compañía. Promover la adopción responsable es un primer paso.

Madrid vive San Antón

Aunque  hay semejanzas, cada ciudad tiene su propia forma de celebración. En el caso de Madrid, la bendición de animales se lleva a cabo a las puertas de la iglesia de San Antón, situada en la calle Hortaleza, número 63. Su párroco, el padre Ángel García, presidente de la Fundación Mensajeros de la Paz, bendecirá junto a otros sacerdotes a todos los animales que se acerquen al templo entre las 10 y las 20 horas. Tradicionalmente, la mayoría de las mascotas asistentes son perros, pero también se pueden ver gatos, tortugas, conejos e incluso peces, porque San Antón, dicen, no hace ningún tipo de distinciones.

“El señor bendiga este animal y San Antón lo proteja de todos los males del cuerpo.”

Como parte de la celebración, a las 17 horas tendrán lugar las vueltas de San Antón, que es como se conoce a la procesión que sale de esta iglesia y recorre las calles de San Mateo, Fuencarral, Hernán Cortés y Hortaleza. Una tradición que suele contar con la presencia de animales de trabajo como los halcones de la Guardia Civil, los perros guías de la ONCE, los caballos de la policía, etc. Durante todo el día se celebrará una misa cada hora, pero las misas solemnes serán a las 12 y a de las 19 horas, y estarán oficiadas por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid.

“Los animales domésticos tienen una creciente presencia en la ciudad y contribuyen al bienestar y la felicidad de las personas que los adoptan y se benefician de su compañía. Son seres vivos y estamos obligados a facilitarles una existencia digna. Porque no son juguetes que se puedan abandonar.”

Durante todo el día, se venderán también en la puerta de la iglesia los panecillos de San Antón. Hay quien dice que hay que guardar uno para el año siguiente con una moneda debajo para que no falte el dinero. Como actividad complementaria, en los centros culturales municipales se podrá ver durante todo el mes de enero la exposición ‘La mejor opción es la adopción’, que recuerda que los animales no son juguetes y promueve la adopción responsable. Dos de los pilares fundamentales de la celebración de San Antón este año. En palabras de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid: “Los animales domésticos tienen una creciente presencia en la ciudad y contribuyen al bienestar y la felicidad de las personas que los adoptan y se benefician de su compañía. Son seres vivos y estamos obligados a facilitarles una existencia digna. Porque no son juguetes que se puedan abandonar.”

Hoy se pone fin a cinco días de celebración en honor a San Antón en los que los animales son los auténticos protagonistas. El Ayuntamiento de Madrid, la iglesia de San Antón y los comerciantes de la zona de Chueca unen fuerzas para promover la tenencia responsable y garantizar la calidad de vida de los animales de la ciudad.

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La ‘salvaje’ historia de Lawrence Anthony, El hombre que susurraba a los elefantes

Beatriz García

Cuando el conservacionista sudafricano Lawrence Anthony salvó de la muerte a un clan de elefantes problemáticos jamás imaginó que acabarían convirtiéndose en su familia.

En África está la partida de nacimiento del mundo. He estado dos veces en la sabana y, pese a lo guiri que pueda resultar un safari, siempre tengo la sensación de regresar a casa. Pienso con las tripas y no con la mente, viviendo en el momento como los animales. Y no hay nada más importante que eso, que la vida salvaje, o el sol sumergiéndose en las aguas del río Zambeze que, según los nativos, encarna el espíritu de un dios serpiente. Conforme te acercas a las cataratas Victoria, en Zambia, oyes el rumor del humo que truena, tal cual las bautizaron los makololo, y te haces una idea de lo que debió sentir Livingstone cuando las vio por primera vez, y por qué su corazón fue enterrado en África. Porque siempre estuvo allí. En un continente donde se vive y se muere, pero, sobre todo, se es. Por eso, el conservacionista Lawrence Anthony escribió en ‘El hombre que susurraba a los elefantes’ (ed. Capitán Swing): “Así es África, el continente imperfecto, hermoso, magnífico, fascinante, místico, único, capaz de cambiar nuestras vidas… Con su carisma y su seductor encanto, y su sabiduría ancestral tan a menudo salpicada de inconmensurables espasmos de sangre”.

La ‘salvaje’ historia de Lawrence Anthony, El hombre que susurraba a los elefantes 1

La vida de este sudafricano, que abandonó su trabajo en una inmobiliaria para fundar una reserva natural en Zuzulandia, en las antiguas tierras de caza del legendario rey Shaka, fundador de la nación zulú, cambió radicalmente el día en que un grupo de elefantes salvajes llegó a Thula Thula. Cinco hooligans gigantes con una única obsesión: escapar de la reserva natural derribando con sus embestidas la valla electrificada.
Los zulúes, que no habían visto un elefante en su vida (ni siquiera en la época post-apartheid) y consideraban las reservas una excusa de los blancos para robarles la tierra, veían en esos paquidermos furiosos una amenaza; los furtivos, una mina de oro, y para Anthony eran el majestuoso símbolo de África. Por eso se comprometió a protegerlos, llegando a forjar una estrecha relación con su brillante matriarca, Nana, que pasó de desear matarlo a acariciarle con la trompa húmeda como a un miembro más de la manada.

“Comprendí que la esencia de la comunicación animal, se trate de nuestro perro o de un elefante salvaje, no es tanto lo que nos comunican, sino el reconocimiento de la comunicación” – Lawrence Anthony

Los elefantes son afectuosos entre ellos, tienen una dignidad y sentido de la familia difícil de encontrar en otras especies, sin ir más lejos, el hombre. Cuando los solteros abandonan la manada para perseguir a las jóvenes hembras, reciben las enseñanzas de un elefante adulto al que acompañan a las zonas pantanosas al envejecer para que se alimente de plantas más blandas y le protegen de hienas, cocodrilos y otros depredadores. Las madres cuidan a sus crías con la propia vida, hasta extremos realmente emocionantes. Cuenta Lawrence Anthony en ‘El hombre que susurraba a los elefantes’ que en una ocasión una hembra de la manada dio a luz a un pequeño elefante enfermo que ni siquiera podía caminar, Thula. La hembra se quedó junto a su hija rodeada de su familia y cuando los demás desaparecieron entre las arboledas,  el conservacionista y su equipo lograron distraerla para llevarse a Thula y darle los cuidados necesarios. Luego los elefantes volvieron a por ella, iban a casa de ese susurrador en quien la matriarca tanto confiaban para ver a la cría. Finalmente, Thula falleció. Lawrence Anthony la devolvió a las tierras de Thula Thula y lloró con el clan.

La ‘salvaje’ historia de Lawrence Anthony, El hombre que susurraba a los elefantes 5
Lawrence junto a su mujer François y la pequeña elefanta Thula. Foto de Earth Organisation.

Que le aceptasen como uno más no fue nada sencillo. Antes de ganarse el respeto de Nana, la jefa del clan, y que Mnumzane, ese pequeño marginado que luego se convertiría en macho alfa, prefiriese su compañía a la de la manada, tuvo que dejar que la sabana entrase en él.
“Poco antes del anochecer me desplacé hasta la borma, aparqué a cierta distancia y me acerqué sigilosamente. Nana estaba a cubierto con toda su familia detrás, observando cada uno de mis movimientos y transpirando resentimiento por todos los poros. No me cupo la menor duda de que intentaría volver a escapar. Y entonces, sin más, se me ocurrió una solución. Decidí allí mismo que viviría con la manada”, relata. Y así estuvo conviviendo con ellos, día y noche, estrechando la distancia ‘de lucha o defensa’, rogándoles que no se fugasen. Hablando con ellos.

El lenguaje de los elefantes

Los elefantes pueden comunicarse con los vecinos que están a muchos kilómetros. Los infrasonidos que emiten desde sus estómagos están en la misma frecuencia de onda que el de esos otros prehistóricos espectros marinos, las ballenas. Sus vibraciones, dice Lawrence Anthony, palpitan por todo el planeta “creando canales que cubren toda su hábitat, como nosotros cuando hacemos una llamada a larga distancia”. Y con la ayuda de sus enormes orejas y sus patas reciben de vuelta los impulsos de una forma tan mágica que incluso parece que nos presientan.
“Una semana fui a Durban y a la vuelta me sorprendió encontrarme con los siete elefantes delante de casa, esperándome como un comité de bienvenida. Me dije que era pura coincidencia. Pero volvió a pasar cuando volví del siguiente viaje, y del siguiente. Pronto se hizo evidente que de algún modo sabían exactamente cuándo me ausentaba y cuándo volvía”, cuenta el conservacionista. Y añade: “Comprendí que la esencia de la comunicación animal, se trate de nuestro perro o de un elefante salvaje, no es tanto lo que nos comunican, sino el reconocimiento de la comunicación”.

En muchas ocasiones evitó la furiosa embestida de los elefantes a gritos: “¡Para, para! ¡Soy yo, soy yo!”, cuando se acercaban al hotelito ecológico de la reserva para beberse el agua de la piscina, dando un susto de muerte a los huéspedes. O les acariciaba la trompa para calmarlos ante la atónita mirada de los guardas. E incluso llegaría a intuir su presencia y a sentirse vacío cuando estaban lejos. Otras veces, sería Nana y su familia quienes salvarían la situación, guiando a su primo humano y el resto del equipo a un lugar seguro durante un incendio, o regañando a uno de los suyos por volcar un Land Rover lleno de turistas y pretender aplastarlos. “Los únicos muros entre elefantes y hombres los erigimos nosotros”, concluye Anthony.

En 2012, pocas semanas después de su muerte, una treintena de elefantes aparecieron en su casa de Thula Thula para despedirse.

No obstante, a veces estos muros son necesarios, al menos para que los animales sigan con vida. Thula Thula tuvo que enfrentar numerosos ataques de cazadores furtivos armados con rifles, y algunos de ellos eran verdaderos profesionales venidos de otras regiones: cuernos de rinocerontes serrados, nialas desgarrados y buitres decapitados cuyas cabezas eran empleadas como amuleto para ganar la lotería en las aldeas. Negociar con los adivinos y con los jefes zulúes para que ayudasen a preservar la fauna fue como domar a un elefante salvaje, necesitó paciencia y fue inevitable poner la vida en riesgo. En un continente en el que política y magia están tan imbricados que casi son la misma cosa, en una tierra en donde todavía arden brujos y se dice que cabalgan en las noches sobre babuinos, donde la gente evita ciertos caminos porque un espíritu malvado vive en una roca, Lawrence Anthony acabó convirtiéndose en una leyenda: El empecinado y excéntrico preservador de la sabana que trajo de vuelta a los elefantes a la región y logró que los clanes se hermanasen para proteger el futuro de sus tierras. Aunque su apodo, ‘El hombre que susurraba a los elefantes’ le vino años después, cuando su amor a la naturaleza le llevó a Afganistán, donde se dedicó a salvar animales del zoológico de Bagdad, arrasado por la guerra.

La ‘salvaje’ historia de Lawrence Anthony, El hombre que susurraba a los elefantes 4
El equipo de Thula Thula bajo un precioso cielo de la sabana. Foto de Suki Dhandra.

A su vuelta a la reserva, Lawrence Anthony jamás volvió a entrometerse en la manada; decidió que las nuevas generaciones del clan crecerían solas, libres y salvajes y solo sus abuelas, Nana y Frankie, lo recordarían. Porque tenían memoria de elefante, y dignidad de elefante, y agradecimiento, y unas semanas después de que el conservacionista falleciera, una treintena de paquidermos apareció en la casa de Thula Thula, con sus trompas caídas, para despedirse de él.

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