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Miguel Poveda emociona en el Coliseum con su canto a la libertad

Lidia Ramírez

Foto: Lidia Ramirez
The Objective

Con un impoluto traje negro y camisa blanca con zapatos de brillantes lentejuelas, preludio de lo que iba a convertirse en una noche mágica, el cantaor Miguel Poveda subía al escenario entre aplausos y gritos de “libertad”. No se trataba de un concierto cualquiera. Era un canto a la diversidad, a la paz, al amor en defensa del colectivo LGTBI. Un grito desgarrado, de esos que tocan el alma y acarician el corazón, por el libre albedrío. La noche del jueves, el Teatro Coliseum de Madrid, se convirtió en un lugar para la reivindicación con el ‘quejío’ más profundo de Miguel Poveda que reunió a decenas de personas para “celebrar la fiesta de la libertad”, porque como manifestó nada más pisar el escenario “aún hay mucha intolerancia y personas que necesitan ser reeducadas”.

Y entre un juego de luces y acompañado por el reconocido instrumentista Álvaro Gandul al piano de cola, con ‘Para la libertad’ comenzaba el catalán más andaluz uno de sus conciertos más esperados del año enmarcado dentro del I Festival de Flamenco LGTB. Una actuación, que como ya nos adelantó el artista en una entrevista, es un anticipo a un nuevo disco que verá la luz el año que viene cuando cumple 30 años sobre los escenarios.

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Miguel Poveda junto a Álvaro Gandul al piano de cola. | Foto: Lidia Ramírez / The Objective

Con su bonita y elegante voz, el peso específico del concierto recayó sobre una parte más flamenca y otra con poesía y copla. Y entre canción y canción y cante a la libertad sexual, también hubo lugar para la reivindicación y la defensa de la reproducción asistida por gestación subrogada. Padre reciente de un niño mediante esta técnica, sobre las tablas, el cantaor lo quiso dejar bien claro: “mi hijo no es una mercancía, no voy a permitir que crezca en una sociedad que dice esas barbaridades. Ser padre está dentro de mi lógica y ayudaré a todas esas personas que no puedan tener hijos de forma natural”.

Con esta declaración de intenciones llegaba uno de los momentos cumbres del espectáculo, cuando el flamenco se arrancó con ‘Guerra a la guerra por la guerra’, poema de Rafael Alberti, enmarcado dentro de su último disco ‘Sonetos y poemas para la libertad’, y con la cual quiso denunciar todo tipo de violencia.

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El 30 de junio y el 1 de julio Miguel Poveda volverá a actuar en el Coliseum de Madrid. | Foto: Lidia Ramírez / The Objective

Bandera de libertad, muy presente estuvo Federico García Lorca, por el que el artista siempre ha demostrado un gran respeto y admiración y de quien dice: “ochenta años después nadie ha conseguido callarlo”. Así, con una oda del poeta granadino que Poveda interpretaba por primera vez sobre el escenario, el Teatro Coliseum se emocionaba al son de su agradable y pasional voz.

De esta forma, tras todo un homenaje al prosista, el punto más flamenco llegaba en la última parte del concierto con varias coplas, como ‘Queriendo a ciegas’ o ‘El  último minuto’, con las que el catalán mostró el ‘quejío’ y la ‘jondura’ de un buen flamenco.

El broche de oro acaecía con una especial interpretación de una de las míticas canciones de Camarón de la Isla cuando se cumplen 25 años de su muerte. Porque como dice el bueno de Poveda: “allá donde coincidan el Dios gitano y Lorca, eso sí que será Leyenda”.

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Miguel Poveda: "El flamenco siempre me ha tratado muy bien siendo homosexual, catalán y payo"

Lidia Ramírez

Foto: Lidia Ramirez
The Objective

Sin tapujos. Sin prejuicios. De frente. Así se muestra el cantaor Miguel Poveda, quien protagoniza este año la esencia del Festival World Pride Experience, organizado por la empresa Marta, Cariño!, coincidiendo con la celebración del Orgullo Gay Mundial. La iniciativa tendrá como buque insignia el flamenco de este catalán, “comprometido” con mostrar su música “con libertad, sin prejuicios y sin miedos”. “El flamenco, a pesar de que la gente pueda pensar que es una música conservadora, se abre al mundo en todos los aspectos, y que esté en este festival supone un paso hacia delante para nosotros”, cuenta Poveda en una charla con The Objective tras la presentación del Festival, que se celebra entre el 22 de junio y el 2 de julio donde no sólo flamenco, sino también gastronomía, teatro y cine se unirán para luchar por la igualdad.

En el olvido quedan ya aquellos años cuando comenzaba su carrera en los que la condición sexual “era algo más complicada”. “Tontos siempre ha habido”, señala entre risas. Miguel, de espíritu sensible y cariñoso, prefiere destacar ese “80% de la gente” que le ha tratado bien “siendo homosexual, catalán y payo”. E insiste: “el flamenco no es homófobo; por suerte, ha ido creciendo al igual que la sociedad y se puede convivir con naturalidad siendo homosexual y flamenco“. Sin embargo, no se olvida de todos esos artistas que sí fueron reprimidos e incluso tuvieron que huir u ocultar su condición sexual. “Por ellos también alzo la voz como mejor sé, yo he tenido suerte de crecer y vivir en una sociedad avanzada, otros no”.

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Presentación del Festival World Pride Experience en los teatros Luchana. | Foto: Lidia Ramírez / The Objective

Miguel, un cantante de flamenco sin raza que nació en Barcelona y que lleva ya casi 30 años desafiando a las leyes naturales sobre los escenarios, lo tiene claro: “Es una labor social que las personas públicas y conocidas salgamos del armario”, y aclara: “no lo hago porque le importe a alguien, alzo la voz para concienciar, aún hay muchos prejuicios”.

Del 29 de junio al 1 de julio, Poveda pondrá el broche de oro a la programación del Festival, que este año acoge en el teatro Coliseum el I Festival de Flamenco LGTB, y que contará con la actuación de artistas de la talla de Rocío Molina y Rosario La Tremendita, que abrirán el ciclo el 27 de junio, y de Rojas y Rodríguez, que actuarán el 28 de junio en un espectáculo en el que 13 músicos y bailarines fusionarán el flamenco con la cultura hip hop.

Con una parte más flamenca y otra con poesía y copla acompañadas de un piano de cola, el flamenco nos adelanta que estas tres actuaciones serán un anticipo a un nuevo disco que verá la luz el año que viene, cuando cumple 30 años sobre los escenarios. El álbum contará con dos discos: por un lado, una recopilación de aquellas canciones que escuchaba de pequeño, donde volverá a recrear hits de, por ejemplo, Bambino y Los Chichos; y por otro, un poemario donde rendirá homenaje al poeta granaino Federico García Lorca, “por el amor que le tengo a él desde pequeño”, declara.  De esta forma, para Poveda, estas tres actuaciones serán “un ensayo” de todo ese material que está preparando; pero para sus seguidores, un anticipo a un nuevo éxito que, seguro, dejará muy buen sabor de boca.

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7 poemas cantados para recordar a Federico García Lorca

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Fundación García Lorca

La madrugada del 18 de agosto de 1936, uno de los grandes poetas y escritores españoles de la generación del 27, Federico García Lorca, era fusilado en algún lugar entre las localidades de Víznar y Alfacar, en Granada, y enterrado en una fosa común. Su cuerpo sigue sin aparecer a día de hoy. El irlandés Ian Gibson, uno de los mayores especialistas en la vida de Lorca, contaba en su biografía que oficialmente, Federico García Lorca murió por “ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual”. No muchos lo saben, pero su nombre real era Federico del Sagrado Corazón de Jesús, así lo bautizaron sus padres, era licenciado en derecho y, si bien nunca militó en ningún partido, desde muy joven fue un firme defensor de las clases bajas.

Desde The Objective, te ofrecemos siete poemas para recordar a este gran poeta granadino que han sido cantados por grandes referentes del panorama musical español.

Canción del jinete

El cantautor valenciano Paco Ibañez, reconocido activista de izquierdas, puso música a este poema de Lorca. Ibañez, de 82 años de edad, Ha dedicado casi íntegramente su trayectoria artística a musicalizar poemas de autores españoles e hispanoamericanos, tanto clásicos como contemporáneos. Entre sus canciones se pueden encontrar versos de Rafael Alberti, Antonio Machado, León Felipe, Gloria Fuertes, Miguel Hernández, Luís de Góngogra, Blas de Otero y Federico García Lorca, entre otros.

En 1983 el ministro de Cultura del Gobierno de Miterrand le otorgó la medalla del Orden de las Artes y las Letras, pero nunca la aceptó. “Un artista tiene que ser libre en las ideas que pretende defender. A la primera concesión pierdes parte de tu libertad. La única autoridad que reconozco es la del público y el mejor premio son los aplausos que se lleva uno a casa”.

En la luna negra

de los bandoleros,

cantan las espuelas.

Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

Romance del amargo

Uno de los grandes referentes del flamenco español, el gaditano José Monje Cruz, más conocido como Camarón o Camarón de la Isla, puso voz a este poema. El 2 de julio de 2017, se cumplieron 25 años de su muerte. La canción forma parte de la leyenda del tiempo, el décimo álbum del cantaor y considerado una de las obras más importantes de la historia del flamenco.

El veinticinco de junio

le dijeron al amargo,

ya puedes cortar si quieres

las adelfas de tu patio…

Los cuatro muleros

Si bien no es un poema propio de García Lorca, si no que es una composición tradicional de origen popular y autoría desconocida, el poeta granadino, en 1931, años antes de la Guerra Civil española,  lo grabó junto a Encarnación López ‘La Argentinita’, acompañándola al piano, para su álbum Colección de Canciones Populares Españolas. Dicen que ‘La Argentinita’ estaba muy vinculada a artistas y escritores de la Generación del 27, participando en sus veladas donde mezclaban lírica, música y coreografía.

De los cuatro muleros

que van al campo,

el de la mula torda,

moreno y alto.

De los cuatro muleros

que van al agua,

el de la mula torda,

me roba el alma…

Gacela del amor desesperado

El compositor y cantautor leonés Amancio Prada, cuya carrera se dio a conocer en los años 70 en París, donde estudió sociología, canta este poema de Lorca.

La noche no quiere venir

para que tú no vengas

ni yo pueda ir.

Pero yo iré

aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tú vendrás

con la lengua quemada por la lluvia de sal…

No me encontraron

Dicen que Lorca vaticinó su muerte en este poema. El poeta granadino, asesinado en la madrugada del 18 de agosto de 1936 por militares golpistas, parece hablar del crimen en los versos escritos durante su estancia en la Universidad de Columbia. El poema fue escrito hacia 1930, cuando todavía nadie podía imaginar que España se vería inmersa en una Guerra Civil (1936-1939). Junto a Lorca, fueron fusiladas otras tres personas, los banderilleros Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas; y el maestro de Pulianas Dióscoro Galindo Monge.

El cantaor catalán Miguel Poveda pone voz a este poema.

Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,

abrieron los toneles y los armarios,

destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro

Ya no me encontraron…

Romance sonámbulo

Esta es una rumba que se basa en un poema de Federico García Lorca, cantada y tocada por los madrileños Ketama, un grupo musical gitano español de flamenco-fusión formado a principios de la década de los 80, acompañados de José Manuel Ortega Heredia, de nombre artístico Manzanita, un cantante también madrileño que se caracterizó por su voz rota y una especial habilidad tocando la guitarra.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas le están mirando

y ella no puede mirarlas…

La leyenda del tiempo

El granadino Enrique Morente fue considerado uno de los grandes renovadores del flamenco. Entre los círculos que frecuentaba muchos le conocían como ‘el granaíno’ y esta, es una de las canciones que pertenecen a su álbum ‘Lorca’, de 1998, dedicado al poeta.

Nadie puede abrir semillas

en el corazón del sueño.

El sueño va sobre el tiempo

flotando como un velero.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

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6 destinos geográficos definitivos para el pasaporte de 6 célebres escritores

Romhy Cubas

Foto: Julio Ubiña vía Ayuntamiento de Pamplona

Qué sería de García Márquez sin ese anclaje sentimental hacia Cuba y sus personajes, o de García Lorca sin aquella reveladora visita a la ciudad de Nueva York. Qué sería de los Fitzgerald sin las noches de jazz en París o de Capote sin sus veranos en la Costa Brava.

La geografía es definitiva para el carácter de una persona, la tierra y la patria se pegan a sus sombras y evitarla se hace contradictorio, pero además del paisaje que establece la nacionalidad también existen otros paisajes -breves o prolongados- los cuales se revelan decisivos durante su estancia. Si hay una profesión que expresa mejor que ninguna el apego y desamor que viene con las raíces natales es la del escritor; es inevitable que las aceras y maneras de las ciudades que este pisa no se reflejen en sus historias y personajes.

Algunos prefieren dejarle a la imaginación lo que el cuerpo no llega a percibir, pero otros peregrinan por el mundo buscando las respuestas que en casa no lograron encontrar. Los pasaportes de estos seis escritores fueron sellados muchas veces –algunos más que otros- pero todos hicieron algún viaje: por trabajo, por placer o por necesidad, que marcó el centro de sus relatos, reincidiendo en sus obras casi inconscientemente.

Las carreteras y geografías de estos destinos plantaron las semillas para algunos de los clásicos literarios más evocados de los últimos siglos.

6 destinos geográficos definitivos para el pasaporte de 6 célebres escritores 1
Pasaporte de la escritora británica Virginia Woolf expedido en 1923 | Imagen vía: Open Culture

Virginia Woolf en Alemania

Originaria de Kensington, Londres, Virginia Woolf no fue una exploradora particularmente entusiasta en el campo geográfico; la escritora prefería plasmar sus ideas en tinta y papel, sin tomar largas carreteras o ferris hacia otros continentes. Sus preferencias de viajes se aferraban a su misma ciudad, primaveras con amigos y familiares en exclusivas casas de campo en donde el bohemio grupo literario de Bloomsbury pintaba, escribía e intercambiaba posturas, o caminatas a través del rió en la casa de Charleston, Sussex, de su hermana Vanessa Woolf.

La autora estuvo en Irlanda, Suiza, Francia e Italia, pero de sus viajes el más recordado y tal vez angustioso fue en 1935 cuando Virginia y su esposo Leonard Woolf, de camino a visitar Italia y Francia, atravesaron una Alemania que cantaba ideologías nazis bajo las alas de Hitler. Por las raíces judías de Leonard la oficina de extranjería en Inglaterra le advirtió a la pareja de los inconvenientes que podrían surgir en el camino, pero la dupla partió de todas formas junto a su mascota Mitzi, dejando como una especie de garantía de seguridad una carta del Príncipe Bismarck, quien trabajaba en la embajada de Alemania en Londres.

En Viajes con Virginia Woolf de Jan Morris el atajo de estos tres días es relatado con los mismos diarios de la poeta, quien escribía en la carretera:

“Sentada en el sol afuera de los controles alemanes. Un carro con una esvástica en la parte trasera de la ventana acaba de pasar a través de la barrera hacia Alemania. L (Leonard) está en la aduana… ¿Debería acercarme a ver lo que sucede? (…) Junto a los rines sentados en la ventana. Somos perseguidos al cruzar el río por Hitler (o Goering) mientras pasamos a través de filas de niños con banderas rojas. Le gritan a Mitzi. Levanto mi mano. Las personas se reúnen bajo el sol –con movimientos forzados como deportistas de colegio-. Las pancartas que se expanden en la calle dicen “El judío es nuestro enemigo” “Aquí no hay lugar para los judíos”. Así que silbamos con ellos hasta que salimos del campo de visión de aquella dócil e histérica multitud. Nuestra sumisión se convierte gradualmente en rabia. Nervios quebrados”

Leonard, en su autobiografía, recuerda el mismo incidente reconociendo que de no ser por su perra Mitzi los controles alemanes no hubieran sido tan amables. “Nadie que tuviera en sus hombros a una pequeña dulzura como aquella podía ser judío”, escribió.

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Pasaportes del escritor irlandés James Joyce y su familia, Nora Joyce y George Joyce | Imagen vía: Open Culture

James Joyce en Suiza

Suiza fue el refugio del escritor irlandés James Joyce y su familia durante ambas guerras mundiales, también fue el lugar en donde falleció en 1941 luego ser operado de una úlcera intestinal, tenía 59 años. Zürich es una ciudad clave para sus obras, aquí además de pasar por numerosas direcciones y apartamentos –más de cuatro- el autor escribió una fracción importante de Ulises, su obra más elogiada.

Joyce tuvo una relación complicada con su tierra natal, la guerra y el catolicismo lacerante en aquella época en el país aumentaron dicha rivalidad. Aunque su obra más conocida se inspira –literalmente- en una “odisea” geográfica, probablemente debido a la guerra, sus viajes fueron más por urgencia que por placer.

Su primer viaje a Suiza fue de corta duración, al no conseguir empleo se mudó con su pareja Norah Joyce hacia Trieste, entonces parte del imperio austrohúngaro. Al estallar la Primera Guerra Mundial Joyce es declarado persona non grata en Trieste y huye junto a su familia de regreso a Zürich. Fritz Senn, uno de los académicos con mayor conocimiento del escritor, explica que aunque este nunca fue muy sociable “con el tiempo Zürich comenzó a gustarle…le gustaban los ríos y prefería estar allí donde se juntan”, señala.

Joyce pasaba las tardes en el restaurante Pfauen, cerca del museo de arte y en el famoso Café Odeón. En la Kronenhalle, situada en la Rämistrasse cenaba con conocidos. En la Biblioteca Central de Zúrich pedía libros prestados sobre Homero y la Odisea y durante sus visitas a la ciudad, antes de establecerse con su familia, se hospedó en hoteles de lujo como el Gotthard y el Carlton Elite, situados en la Bahnhofstrasse.

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Fotos de pasaporte de Scott, Zelda y Frances Fitzgerald | Imagen vía: Open Culture

Los Fitzgerald en París

Francis Scott Fitzgerald y Zelda Fitzgerald fueron una pareja de escritores cuya pasión por el arte y lo bohemio se asentó en Europa con la llamada “generación perdida”, específicamente en París, Francia. El autor de El Gran Gatsby vacacionaba en lujosos hoteles y bares de la ciudad y frecuentaba los bares de jazz más famosos y ruidosos que podía encontrar. Su corta vida fue agitada, entre Nueva York, Francia, Suiza, Norteamérica y algunos intermedios los hoteles fueron su principal hogar, además de inspiración ante futuros relatos.

La pareja norteamericana encontró su mayor ala artística en sus viajes a la ciudad de los croissants y los cafés. En un principio se alojaban en lujosos hoteles como El Saint James Albany, en París, de donde fueron expulsados por “mal comportamiento” y el Hôtel du Cap-Eden-Roc en Antibes, en donde pasaron un verano de 1925 junto a su hija, frecuentando amistades como las de Picasso y Cole Porter.

De sus viajes, el que hicieron hacia la Villa St. Louis, una casa rentada frente al mar en donde Fitzgerald escribió El Gran Gatsby es de los más recordados. Desde esta terraza se podía ver el océano y el parpadeo de la luz del faro al otro extremo de la isla, el parecido con algunas de las escenas más emblemáticas de Gatsby, en donde a menudo el faro se interpone entre este y su amor imposible, Daisy, no es casualidad.

En la comuna de Juan-Les-Pins de la ciudad de Antibes hoy todavía se pueden ver las villas detrás de lujosos Yates, aquí los Fitzgerald vivieron por dos años entre ostentosas mansiones greco romanas y esencias de verano. Scott la recuerda como una de sus épocas más felices; sin embargo fue aquí en donde comenzó el colapso mental de Zelda que la llevaría a ser institucionalizada en América. En su libro Suave es la noche con la perfecta descripción del Hôtel du Cap-Eden-Roc se evidencia la influencia de aquellos años en la isla en donde el jazz a todo volumen no pudo evitar el colapso de su matrimonio.

La familia Fitzgerald dejó las Antibes luego de 1927 para nunca más regresar.

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Pasaporte del escritor Truman Capote | Imagen vía: Open Culture

 

Truman Capote en la Costa Brava de España

El retiro de Capote en la Costa Brava para escribir A Sangre Fría es conocido con poco detalle más allá de la gran atención que suponía la historia de los asesinatos, pero las playas de España significaron algo más en la vida de Capote que un espacio de verano. La influencia de sus paisajes se pueden leer en su relato Un viaje por España, en el cual resalta ese clima cálido y reflexivo que le permitió desenredar aquellos miles de folios recopilados en su calidad de reportero.

Además de pasar 18 meses en Palamós durante los veranos de 1960, 1961 y 1962 y acabar su novela más aclamada, fue aquí en donde se enteró de la muerte de su amiga, la “adorable criatura”, Marilyn Monroe. Cuentan que cuando Capote supo del suicidio compró una botella de ginebra y regresó al hotel Trias repitiendo desolado por la calles “¡Mi amiga ha muerto! ¡Mi amiga ha muerto!”.

Sus tres temporadas en la Costa Brava las pasó encerrado y en pijama, de hecho su compañía más constante fueron sus mascotas: un bulldog, un caniche ciego y una gata siamesa. Luego de vivir inmerso en la alta sociedad de Nueva York, el 26 de abril de 1960 llegó a la Costa, según relata Màrius Carol en su novela El hombre de los pijamas de seda, con 4.000 folios de apuntes sobre el caso. “Viajó en barco desde Nueva York, llegó a Le Havre y cruzó toda Francia en coche: llevaba 25 maletas”.

Primero se hospedó en una casa de la playa de La Catifa, de allí pasó a otra situada en el Comtat Sant Jordi, junto a Playa de Aro, y finalmente se instaló el último año en una imponente finca en Cala Senià. Capote comía zarzuela de pescado y recibía pocos invitados. De no ser por su compañero sentimental, Jack, el escritor hubiera comprado aquella casa de Palamós en la que se alojó en el verano del 62; sin embargo, la pareja partió a los Alpes suizos y esa fue la última vez que Palamós supo de Capote.

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Pasaporte del escritor estadounidense Ernest Hemingway emitido en 1957 | Imagen vía: Open Culture

Ernest Hemingway en Cuba

Hemingway fue un “mochilero” innato, a diferencia de otros escritores la guerra no le impidió viajar por el mundo, fue de hecho gracias a esta que partió como corresponsal en 1937 y conoció España durante la guerra civil, experiencia que luego retrataría en “Por quién doblan las campanas”. Nativo de Illinois en Estados Unidos, el autor de El viejo y el mar pasó por París, Pamplona, Madrid, varias ciudades de África, Venecia, Londres y Normandía. Aunque el mediterráneo sirvió como tremenda autoridad en sus obras, fue especialmente Cuba, La Habana y Fidel Castro los que sellaron su pasaporte durante veintidós años en los cuales vivió en la isla con su tercera esposa Martha Gellhorn.

En Cuba vivió en una finca –La Finca Vigía- en las Colinas de La Habana. Fue aquí donde escribió “El viejo y el mar” y en donde recibió la noticia de que había ganado el Premio Nobel de Literatura en 1954. “Este premio pertenece a Cuba, porque mi trabajo fue concebido y creado en Cuba”, recalcó el autor.

Su primer viaje a la isla fue en la década de los 20; sin embargo, se encontraría volviendo a sus mares hasta poco antes de su fallecimiento en 1961 en Idaho, Estados Unidos.

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Pasaporte del poeta español Gabriel García Lorca expedido en Granada en junio de 1929 Lorca | Imagen vía: Open Culture

Federico García Lorca en Nueva York

Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos. (Fragmento de poema Nueva York)

García Lorca nació y murió en España, pero no sería nadie sin Nueva York. Muestra de esto el apodo que él mismo utilizó para describir su viaje, el de un “poeta” en la ciudad. El autor de Romancero Gitano encontró en aquella urbe cosmopolita de los años veinte, muy diferente de la represiva España de la que procedía, un lugar en donde su homosexualidad no era cuestionada. Aquí frecuentó bares y amantes, y por primera vez sintió que había un lugar en el mundo para sus gustos y preferencias –artísticas y sexuales–.

En Nueva York pasó noches en vela escribiendo poesía, y de estas nace Poeta en Nueva York, hoy en día una de las obras centrales de la lírica contemporánea. En esta exhausta descripción poética de la ciudad en español revela las trabas sociales y de clases no solo del inmigrante en América sino del norteamericano, recordando además la llamada crisis del crack del 29, conocida como la más catastrófica caída del mercado de valores en la Bolsa en Estados Unidos.

Aunque su estancia fue corta, entre 1929 y 1930, en las aceras y barrios de Nueva York conoció una voz que no había encontrado en otros paisajes, recreando una de sus épocas más productivas como escritor y poeta.

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Néstor Villamor

Foto: Ana Laya
The Objective

Con el sector librero español desangrándose (aunque ahora remonta, la crisis cercenó unos 2.400 puntos de venta, según datos comparados del INE y de CEGAL), la creatividad es materia troncal para la nueva hornada de vendedores de literatura. Así, estos han transformado sus negocios en empresas con amplitud de miras que no solo venden novelas, sino arte, alta cocina y hasta bolas chinas. Sin salir de Madrid, son varias las librerías híbridas. Por ejemplo, las siguientes.

Lorca y el sexo

En la balda superior de la estantería sur de A different life, dos superventas de Stieg Larsson coronan la estancia. Medio metro más abajo, las Cartas a Nelson Algren de Simone de Beauvoir se apoyan lascivamente sobre un ensayo de Foucault, atentamente observado a su vez por un poemario de García Lorca. Esta colección, fundamentalmente de literatura LGTB, está convenientemente custodiada por un nutrido ejército de consoladores, dilatadores anales, bolas chinas y demás enseres pensados para el uso y disfrute (sobre todo disfrute) de las artes amatorias. Lo que podría parecer mezclar el culo con las témporas, literalmente, es para Manuel Pérez, trabajador de esta combinación de librería y sex shop, una “idea obligada” ya que “la gente ha dejado de consumir libros”.
En… Pelayo, 30 (Chueca)
El librero recomienda… El viaje de Marcos, de Óscar Hernández (Egales)

Literatura a fuego lento

Recetarios. Ensayo gastronómico. Ficción narrativa en la que la cocina juega un papel central. A punto, una librería con “alrededor de unas 3.500 referencias” según su copropietaria Sara Cucala, marida este menú con talleres de cocina y eventos gastronómicos. “Tenemos un espacio dedicado al mundo de la docencia y de catas de vino y destilados”, presume Cucala, que define A punto como “una experiencia 360º”, porque las actividades culinarias no se limitan a la enseñanza. Para el Día del Libro, por ejemplo, han invitado a Pomi Ramírez, autor de El chef canino: Cocina para perros, a que haga un showcooking que posteriormente degustarán los canes de todo el que quiera apuntarse.
En… Hortaleza, 64 (Chueca)

La librera recomienda… Dalí: Les dîners de Gala (Taschen)

Hemingway amaba el Rioja

Y después del postre se puede ir uno a rematar la jornada a Tipos Infames, un híbrido ente librería y tienda de vinos. Un lugar para mezclar literatura y bebercio en el que no mirarán mal a nadie por catar un Chianti mientras devora una novela de Robert Walser o por devorar un Chardonnay mientras cata un poema de William Blake. “Cuando uno lee un gran libro, si lo acompaña de un buen vino, el resultado entre ambos será mejor que la suma de los dos”, receta uno de sus socios, Gonzalo Queipo, que explica que la razón de ser de Tipos Infames es “convertir el tiempo de ir a la librería en un momento de ocio”.
En… San Joaquín, 3 (Malasaña)

El librero recomienda… Kanada, de Juan Gómez Bárcena (Sexto piso)

Rock de fondo

Música y literatura. Vinilos nuevos y de segunda mano se funden en Bajo el Volcán con literatura “de calidad”, “sin best sellers“, resume el propietario, Fernando Velasco. El librero aunó los que define como sus dos mayores intereses para crear un espacio en el que el jazz convive con el ensayo y Thomas Pynchon mira de cerca a Led Zeppelin.
En… Ave María, 42 (Lavapiés)

El librero recomienda… Nog, de Rudolph Wurlitzer (Underwood)

Póngame un consolador y el último de Stieg Larsson 1
Librería Bajo el volcán. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Playa o montaña

Madrid tiene muchas librerías con cafetería, pero solo una como La ciudad invisible, en la que se mezclan la cultura literaria y la turística. “Vendemos únicamente literatura de viajes” y, entre otras actividades, “estamos abiertos a cualquiera que quiera dar una charla relacionada con ese mundo”, cuenta el copropietario Alfonso González, que también desliza un consejo para futuros libreros: “Tienes que ofrecer algo diferente si no quieres que lo grandes te coman”.
En… Costanilla de los ángeles, 5 (Palacio)

El librero recomienda… Las ciudades invisibles, de Italo Calvino (Siruela)

Amor al arte

Las dos plantas de local de Swinton and Grant sirven a un propósito doble: la de arriba es una librería-cafetería, la de abajo es una galería de arte. “Somos una librería especializada en arte, novela gráfica y cómic”, explica Sergio Bang, copropietario del negocio. Y la galería también tiene personalidad propia: “Tenemos dos líneas”, detalla Bang: “Una dedicada a artistas que utilizan la inspiración urbana y otra dedicada a artistas que tienen un trabajo más político y social”. Siempre hay una exposición de ambas corrientes en sendas salas. Ahora mismo, cuelgan de las paredes del sótano de Swinton and Grant obras del japonés Naoki Fuku y del barcelonés Spogo.
En… Miguel Servet, 21 (Lavapiés)

El librero recomienda… Disparen al humorista, de Darío Adanti (Astiberri)

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