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Mini viajes: qué visitar cuando solo tenemos un día

María Hernández

Viajar es un hobby al que a muchos de nosotros nos encantaría dedicar mucho más tiempo del que realmente tenemos disponible. Organizar un viaje puede resultar realmente complicado: encontrar transporte, alojamiento… pero, sobre todo, lo difícil es encontrar una fecha que nos cuadre a todos. Otras veces el problema es el dinero, porque en las fechas que tenemos libres todo es carísimo, o porque los vuelos baratos son un martes y no un viernes como queremos.
A veces, conseguir escaparnos un par de días parece casi imposible, por lo que acabamos desistiendo y planeando algo completamente diferente. Sin embargo, también está la opción de hacer un mini viaje, una escapadita de un día que nos quite ese mono de viajar y que a la vez nos permita visitar lugares a los que no dedicaríamos un viaje largo. Porque hay numerosas ciudades en Europa y en España que, a pesar de ser de las más conocidas o incluso bastante grandes, se pueden visitar en apenas un día.

Unas horas en la Alemania más internacional

La capital financiera de Alemania, Frankfurt, es un ejemplo de ello. Una ciudad de tamaño medio que acoge las sedes de numerosos bancos y empresas internacionales, pero que combina este skyline de altas y modernas torres con un casco antiguo que nos traslada a la Alemania más tradicional.
Frankfurt es una opción ideal para uno de estos mini viajes, pues su aeropuerto es el tercero más grande de Europa y los vuelos son constantes y baratos. Además, se encuentra a tan sólo cuatro paradas en metro del centro de la ciudad, por lo que no se pierde más tiempo del estrictamente necesario en traslados. Esta ciudad es también una buena opción como pequeña parada de un recorrido por los lugares más conocidos del país.

El skyline de Frankfurt visto desde la torre del Banco Central Europeo  (Foto: Kai Pfaffenbach/REUTERS).
El skyline de Frankfurt visto desde la torre del Banco Central Europeo (Foto: Kai Pfaffenbach/REUTERS).

Un paseo por el río Meno puede ser una buena manera de empezar el día. El Museumsufer (la orilla de los museos) concentra una gran cantidad de galerías entre los que se encuentran algunos como el Museo Alemán del Cine y el Museo Städel de Bellas Artes. Además, mientras disfrutamos del paseo por esta rivera, llegamos casi sin darnos cuenta al centro de la ciudad.
Sin alejarnos del río, la primera parada puede ser el Puente de Hierro, o “puente de los candados”: Frankfurt no podía ser menos que Roma y también tiene su puente de los enamorados. A la altura de este puente, a escasos dos minutos, está el Römer, el antiguo ayuntamiento de la ciudad. Durante la Segunda Guerra Mundial este edificio fue destruido parcialmente, afectando también a las casas de alrededor, pero posteriormente fue reconstruido y ahora constituye uno de las mayores atracciones turísticas de la ciudad. Durante el mes de diciembre, la plaza de Römerberg se convierte en un mercadillo navideño con puestos de comida, artesanía y alguno que otro de entretenimiento para los más pequeños. Este mercadillo puede ser la parada ideal para disfrutar de la comida tradicional alemana sin perder mucho tiempo.
Para seguir la ruta, en la avenida Zeil, “la Quinta Avenida de Alemania”, tienen sus escaparates numerosas marcas y restaurantes, así que podemos aprovechar para tomarnos un buen café y descansar del paseo. Pero sin parar mucho, porque aún nos queda disfrutar de las vistas que ofrece la Main Tower (Torre del Meno) desde sus casi 200 metros de altura.
Y por último, si tienes la suerte de poder disfrutar de una noche en esta ciudad, el barrio de Sachsenhausen ofrece bares y pubs con una mezcla de estilos para tomar una copa o probar el Apfelwein, una especie de sidra alemana muy popular.

Un alto en las costas del Mar Báltico

A pesar de ser la capital del país, Helsinki no suele ser un destino favorito. Finlandia es un lugar que asociamos con auroras boreales y la casa de Papá Noel, dejando el sur un poco abandonado. Sin embargo, Helsinki es un lugar al que se llega fácilmente desde otras ciudades como Estocolmo, o Tallín, o incluso en un crucero por el norte de Europa. Así que, si por casualidad te encuentras en alguna de estas situaciones, aprovecha para pasar por esta capital tan diferente.
En pleno centro de la ciudad se encuentra la catedral luterana, que fue construida en honor al Gran Duque Nicolás I, Zar de Rusia. Un magnífico edificio blanco de cúpulas verdes, añadidas posteriormente para crear una similitud con las catedrales rusas, que se ha convertido en un símbolo de la ciudad.

Catedral luterana de Helsinki, símbolo de la ciudad. (Foto: Yves Herman / Reuters).
Catedral luterana de Helsinki, símbolo de la ciudad. (Foto: Yves Herman / Reuters).

Desde la plaza de la Catedral, junto a la que se encuentran los edificios de la Universidad, podemos andar hacia el puerto. En invierno, un mar congelado dará lugar a las vistas más nórdicas, pero en verano el puerto se llena de vida con numerosos puestos de productos artesanales donde probar un buen plato de salmón fresco.
Siguiendo el paseo por el puerto llegamos hasta la catedral ortodoxa de Helsinki, conocida popularmente como “la iglesia roja” por su color característico. También con una clara influencia rusa, es otro de los monumentos que no te puedes perder en la ciudad.
Para comer, si eres de los que no puedes irte de un sitio sin probar su comida tradicional, en un restaurante como el Konstan Molja, un buffet tradicional finés, podrás comer desde el típico plato de salmón hasta un guiso de reno.
Y puestos a probar cosas tradicionales, ¿por qué no también los dulces? El Café Regatta es el lugar ideal para pasar la sobremesa: una cabaña de madera situada a orillas del lago, probablemente congelado, en la que puedes elegir si tomarte un café al calor de su interior o con una agradable fogata en el exterior. Aquí, es obligado pedir korvapuusti, un rollo de canela como no lo hay en otro sitio.
Para terminar, si aún queda tiempo para darnos un paseo, el centro de Helsinki ofrece el ambiente más exclusivo, pero también hay numerosos lugares donde comprar algún que otro recuerdo de esta parada por el norte.

Taormina, la joya de Sicilia

Dejando atrás el Norte y el frío que a él asociamos, una muy buena opción para un día de turismo es Taormina, una pequeña ciudad en la costa este de la isla italiana de Sicilia.
Las costas de Sicilia son ideales para los meses calurosos, aunque si queremos evitar el exceso de turistas, quizá la primavera es una mejor opción.
Para llegar hasta aquí es necesario utilizar el transporte público, pues el centro de la ciudad es peatonal y aparcar el coche puede resultar misión imposible, incluso en el parking que hay a la entrada de Taormina.
La mayor atracción de esta bonita ciudad es el Teatro Antico, romano, que aún hoy se utiliza. Pero lo mejor para aprovechar un día en Taormina es pasear por sus estrechas calles empedradas, con sus balcones vestidos de flores, y disfrutar de la animada vida que hay en ellas. Un paseo por sus antiguas construcciones, repletas de tiendas y puestos con productos típicos del lugar, nos llevará hasta la catedral de Taormina, Il Duomo de San Nicolo, la Villa Comunale con sus jardines, o el palacio de los Duques de San Stefano.

Las calles estrechas y empedradas de Taormina ofrecen un agradable paseo (Foto: gnuckx /Flickr).
Las calles estrechas y empedradas de Taormina ofrecen un agradable paseo (Foto: gnuckx /Flickr).

Y no sólo es bonita la ciudad, sino también lo son las vistas que nos ofrece. Desde el mirador de la Piazza 9 Aprile, numerosos turistas se deleitan con la imagen del Etna y de las preciosas playas que se encuentran a los pies de la montaña.
Para terminar, si no nos hemos entretenido mucho entre las compras y el café, una visita a la Isola Bella, debajo de Taormina, puede ser una buena manera de terminar el día. Un baño en sus aguas cristalinas o un simple paseo por la orilla de la playa para guardar en nuestra memoria las imágenes de su espectacular paisaje.

Un poco más cerca de casa

No todos los viajes tienen que ser tan lejos de casa. En España también hay ciudades que merecen nuestra visita, aunque solo tengamos un día para dedicarles. Alicante es una de ellas.
Aunque es conocida como destino de veraneo para turistas de toda Europa (aunque a veces parezca que solo hay ingleses y alemanes), Alicante no solo es playa.
Quizá uno de los lugares más recomendados para visitar en esta ciudad del sureste español es el Castillo de Santa Bárbara, ubicado en la cumbre del monte Benacantil, a 166 metros de altitud. Desde aquí podemos disfrutar de unas excepcionales vistas del casco antiguo de la ciudad.

El puerto de Alicante, con el Castillo de Santa Bárbara al fondo, ofrece unas bonitas vistas. (Foto: Jesús Alenda/ Flickr).
El puerto de Alicante, con el Castillo de Santa Bárbara al fondo, ofrece unas bonitas vistas. (Foto: Jesús Alenda/ Flickr).

A las faldas de este castillo está el Barrio de Santa Cruz, uno de los más tradicionales y típicos de la ciudad. Sus coloridas y originales casas, distribuidas en pequeñas callejuelas, nos transmiten la sensación de encontrarnos en un pueblo de los de antaño, de aquellos con encanto. Siguiendo la ruta llegamos al casco antiguo, donde podemos visitar lugares emblemáticos como el Ayuntamiento, reconstruido en el siglo XVIII, la concatedral de San Nicolás, la Plaza del Mar o el Convento de las Monjas de la Sangre.
Y aunque Alicante no sólo sea playa, también es una parte importante y bonita de la ciudad. Así que también es muy buena idea darse un paseo o un baño en la Playa de San Juan, el Cabo de la Huerta o la Playa del Postiguet, si no nos queremos alejar del centro de la ciudad.
Antes de terminar el día, la explanada de España, un lugar de los más emblemáticos de Alicante, nos ofrece la posibilidad de descansar en un ambiente relajado construido por su numerosa oferta gastronómica y artesanal.
Por último, podemos redondear la noche con una copa en la zona del casco antiguo conocida como “El Barrio”, donde se concentran una gran cantidad de terrazas, bares y clubs nocturnos.

No se pueden narrar en unas pocas páginas la gran cantidad de lugares espectaculares que podemos visitar en unas pocas horas, pero esta pequeña muestra nos da una idea de cómo aprovechar esos días sueltos que tenemos entre viaje y viaje o, simplemente, esos viajes express, esos mini viajes, que nos permiten alejarnos de la rutina durante un día.

Desatinos de Bruselas

Valenti Puig

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters

La aberrante escenificación de la troika de la Comisión Europea aterrizando en Grecia, en plena convulsión económica para revisar las cuentas, es uno de esos errores de cálculo que el europeísmo oficialista perpetra demasiado a menudo. Si las normas –como es el caso- la capacitan para revisar las contabilidades nacionales en razón de riesgo o préstamo, la Comisión tiene el derecho y el deber de hacerlo pero, ¿no había otro modo que enviar a tres tecnócratas vestidos de negro y con samsonite? Tal vez eso generaba más aversión al proceso de integración entre la ciudadanía afectada por la crisis y, todo sea dicho, arruinada por la gestión del gobierno griego, un clásico en el incumplimiento de las normas comunitarias.

Un desatino más reciente ha sido la felicitación de Jean-Claude Juncker a Macron por su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El rol de Juncker consiste en felicitar a quien acabe siendo elegido definitivamente en la segunda vuelta. Si como hipótesis improbable imaginamos la llegada de Marine Le Pen al Elíseo, ¿cómo saludarle cuando has manifestado ostensiblemente y de modo institucional tu preferencia por Macron? Incluso con esta salvedad, un desatino similar es llamar antieuropeos a quienes han votado por Le Pen. En otra circunstancia, la consumación del Brexit dejaría Gran Bretaña fuera de las instituciones europeas pero no significa que los euroescépticos no sean ciudadanos de Europa.

Esta decantación de Bruselas es tan asombrosa como cuando, dados los postulados derechistas de Haider en Austria, se dijo de modo reiterado que eso requería expulsar a los austríacos de la Unión Europea. No era así. En realidad, Haider sigue en Austria y Austria sigue en la Unión Europea. Si Le Pen llegase al Elíseo el efecto sería catastrófico entre otras cosas por su negación del euro, pero no le corresponde a Juncker felicitar a Macron y sus votantes antes de saber los resultados del ballottage. Es más: esos parabienes pueden favorecer a Le Pen porque a casi nadie le gusta que desde Bruselas le digan cómo votar.  Todo eso corresponde a un europeísmo institucionalizado que no está a la altura de los tiempos, a diferencia de cuando -hace ahora sesenta años- Schumann impulsó el Tratado de Roma dando paso a un proceso de integración europeo que hoy tiene desencantados a sectores de la ciudadanía europea. Gran parte de la crisis europea corresponde ciertamente a la aparatosa distanciación entre la clase política –especialmente el microcosmos de Bruselas- y los que todos los días intentan sobrevivir pisando la calle y con el sueldo devaluado.

Flatulencia política

Daniel Capó

Foto: Ballesteros
EFE/Archivo

Leo en la Wikipedia que las ventosidades se componen en su mayor parte de nitrógeno, hidrógeno, dióxido de carbono, metano y oxígeno, y que su característico mal olor se debe a una proporción muy reducida de ese conjunto de gases –inferior al 1 %–, formada por distintos compuestos del azufre y del ácido butírico. Diríamos que las flatulencias no matan, pero sí incomodan e importunan, e incluso, en raras ocasiones, pueden ser el síntoma de alguna afección más grave. Como metáfora –Dante hablaba del culo como trompeta– sirve para ilustrar el estado político de nuestro país mejor que otras ocurrencias de brocha gorda con las que topamos a menudo. Me temo que, sin un barniz de humor, el uso de la escatología conduce a alguna que otra modalidad de mesianismo mal entendido.

Los continuos casos de corrupción que nos asedian desde hace años –el último, el que afecta al PP madrileño con la operación Lezo– vendrían a ser algo parecido a una digestión difícil. Y su pestilencia invita a creer que nos hallamos ante una especie de enfermedad terminal del sistema para la que no hay solución viable. Así, los profetas del apocalipsis definen España como un Estado fracasado y hablan de la corrupción endémica de los partidos y de la necesidad de superar el “régimen del 78”. Sin embargo –y a las pruebas me remito–, también cabe hacer la lectura contraria: las instituciones funcionan, la economía se recupera, hay debate parlamentario, los partidos buscan lentamente  adaptar y modernizar sus discursos y, por supuesto, se consolida el relevo generacional. En realidad, y a pesar del potente hedor de los gases de la corrupción, la historia de éxito de la España democrática –con todas sus imperfecciones– no es, ni mucho menos, desdeñable.

El lado desconocido de Amancio Ortega

Redacción TO

Foto: Iago Lopez
AP

Amancio Ortega es el segundo hombre más rico del mundo. Pero el dato es susceptible de cambiar en cualquier momento, porque la lista de millonarios que históricamente elaboraba solo de forma anual la revista Forbes se ha convertido ahora en una moderna clasificación en tiempo real y, como ya titulaba la propia publicación hace unos meses, “lo que fácil viene, fácil se va. Amancio Ortega y Bill Gates se turnan la posición de hombre más rico del mundo”. Porque el pasado septiembre, ambos intercambiaron el título en al menos cuatro ocasiones. Un mano a mano que hizo que durante las horas que duraron los dos sorpassos de Inditex, el gallego se convirtiera en la persona más acaudalada del planeta.

La mediática economía del padre de Zara contrasta con una vida discreta en La Coruña, donde vive con su segunda esposa, Flora Pérez Marcote. No concede entrevistas. No se ha escondido nunca pero tampoco se ha expuesto más de lo esctrictamente necesario. Así, nunca ha publicitado personalmente su lado filantrópico, plasmado en la fundación que lleva su nombre, cuyo objeto social es favorecer “el desarrollo de las personas”, según la propia web de la entidad.

Este reto se concreta en el trabajo en cuatro áreas: Cultura educativa (“Impulsando el cambio con el uso de nuevos instrumentos educativos y favoreciendo el acceso al conocimiento”), Infancia y juventud (“Situando a los estudiantes en el núcleo del proceso del aprendizaje potenciando sus habilidades”), Apoyo social (“Contribuyendo a encaminar las iniciativas de instituciones dedicadas a los sectores menos favorecidos”) y Sociedad/Personas (“Mejorando la calidad de vida de los beneficiarios, y facilitando soluciones, desde la igualdad de oportunidades”). O lo que es lo mismo: dar cantidades millonarias a la Seguridad Social.

Lucha contra el cáncer

Fue lo que hizo el pasado 29 de marzo, cuando anunció la donación de 320 millones de euros a la sanidad pública “para la adquisición de 290 equipos de última generación” para luchar contra el cáncer. El programa se había iniciado en Galicia y Andalucía y se extendió el mes pasado al resto de las Comunidades Autónomas.

Y la salud no es el único tema en el que trabaja la fundación del multimillonario. Cada año concede 80 becas a estudiantes gallegos y otras 420 a alumnos del resto de España para estudiar 1º de Bachillerato en Estados Unidos y Canadá. Los requisitos son estudiar 4º de ES0, tener una media igual o superior a 7 y una nota mínima de 8 en inglés en 3º de ESO, y no haber estudiado un curso en el extranjero previamente.

Las redes sociales resuenan cada vez que la Fundación Amancio Ortega anuncia una nueva donación. Por un lado, hay quienes aplauden al empresario por actuar como un filántropo y destinar millones de euros a causas sociales. Por otro, nunca faltan los críticos que opinan que se trata de una fachada para tapar las supuestas irregularidades fiscales del grupo que dirige.

La loción de censura de Pablo Iglesias

Gorka Maneiro

A pesar de todo el ruido mediático que acompaña cada representación teatral de Pablo Iglesias, esta vez le ha vuelto a salir el tiro por la culata. Algunas de sus decisiones son tan torpes, que he llegado a pensar que el actual líder supremo de la formación morada tiene como firme propósito perjudicar gravemente a Podemos, desprestigiarlo y que, con el pasar del tiempo, termine perdiendo su fuerza inicial y toda la credibilidad de la que gozaba. A veces ocurre: a veces los líderes, rodeados de una cohorte de palmeros y libres de todo aquel que ose llevarle la contraria, toman decisiones incomprensibles que solo entienden o los muy despistados o los de su propia secta.

Ya sabemos que en política todo es discutible y que hay o puede haber distintas fórmulas para desplegar una determinada estrategia comunicativa y lograr un objetivo político. Y ya sabemos también que el marketing y la propaganda son consustanciales a la actividad política… salvo que uno pretenda lograr el apoyo ciudadano y cambiar el país a base de proposición no de ley registrada en el parlamento que corresponda. Pero es que resulta que, en este caso, y en algunos otros bastantes casos anteriores, Pablo Iglesias vuelve a errar en aquello en lo que más ha destacado: la propaganda para llamar la atención de los medios y de los ciudadanos… y salir fortalecido. Y en lugar de salir fortalecido como consecuencia de una jugada que ponga en un brete al gobierno de turno o a sus rivales políticos, sale profundamente tocado. Porque se está equivocando en las formas… y en el fondo.

En el caso de la moción de censura presentada por Pablo Iglesias, se condensan todos los atributos del líder carismático venido a menos: obviando por completo a parte de los diputados de su propio grupo, presenta ante la opinión pública una supuesta moción de censura contra Rajoy y su gobierno sin disponer de candidato alternativo que haya sido pactado con aquellos a los que necesita para sacarla adelante, sin mayoría absoluta y sin programa de gobierno que sustente la iniciativa. De tanto querer salir en los medios para, seguramente, tapar sus problemas internos y el último ridículo protagonizado por Irene Montero, se olvida que si sales a los medios sin contenido y solo con continente (o ni eso), es decir, desnudo políticamente, el ridículo puede ser de órdago… por mucho que goces del trato condescendiente de muchos de ellos.

Una moción de censura es una cosa seria pero es que una cosa seria lo es la propia actividad política, hoy convertida en un instrumento para el postureo y el espectáculo circense por muchos de nuestros representantes políticos. Hoy Pablo Iglesias y Podemos vienen a convertirse en uno de los actores principales que la desprestigian… en lugar de regenerarla con todos sus 71 diputados presentes en el Congreso de los Diputados, nada menos. Quién los tuviera. Y, consecuencia de su efectista pero ineficaz acción política y propagandística, en lugar de fortalecer una posible alternativa al Gobierno de Rajoy… lo que logra es fortalecer al propio gobierno. Y lo hace justo ahora en el que se acumulan las razones de todo tipo para sustituirlo. Por cierto, la moción de censura contra Mariano Rajoy y el PP se presentó hace un año… y Pablo Iglesias y Podemos votaron en contra.

La alternativa a un gobierno conservador o conservador-liberal cuando llegue no son laslociones de censura, los selfies o los tuits más o menos ingeniosos pero en el fondo inofensivos sino una propuesta política progresista que sepa emplear, claro que sí, las nuevas formas de comunicación política, sea cercana a los ciudadanos y despliegue un amplio abanico de propuestas políticas progresistas en las instituciones.

Antes o después, esa alternativa llegará.

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