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Mordazas digitales

Christian Rubio

Con frecuencia se escuchan comentarios del estilo “Internet lo sabe todo”. Y es que la inabarcable red de redes es un pozo sin fondo de información, datos, titulares y opiniones que circulan sin descanso de un lado a otro del planeta de forma instantánea. Que nos parezcan útiles en su conjunto ya es otro cantar.

Pero no es necesaria ninguna tesis a estas alturas sobre lo que ha significado la aparición de Internet en nuestras vidas. Porque hay una oleada de voces, cada día más poderosas, que se preguntan hasta qué punto su libertad de expresión está siendo controlada en el universo digital. El clamor de la inquietud apunta principalmente a las que quizá sean las creaciones más fértiles de la web: las redes sociales.

Breve historia de un fenómeno de masas

Perfilar la trayectoria de las redes sociales no es una tarea fácil, ya que son muchos los sitios web que reclaman el honor de haber sido la primera comunidad global de internautas. Si nos ceñimos a las fechas, debemos señalar el año 1994 como un punto de inflexión en la comunicación digital: nace GeoCities, la primera página web con características similares a lo que hoy conocemos como red social. La idea era que los usuarios creaban sus propias páginas y las alojaban en diferentes barrios según su contenido.

Facebook nació en 2004 y actualmente cuenta con 1.700 millones de usuarios. (Foto: Carlos Barria / Reuters)
Facebook nació en 2004 y actualmente cuenta con 1.700 millones de usuarios. (Foto: Carlos Barria / Reuters)

En la siguiente década aparecerían más nombres como TheGlobe (1995), SixDegrees (1997), Friendster (2002) y MySpace (2003). Todos ellos forman parte del Salón de la Fama de los social media. Aunque en 2004 llegó la que se convertiría en la auténtica reina de este mundillo, Facebook, que actualmente cuenta con cerca de 1.700 millones de usuarios registrados. En sus orígenes se limitaba a ser una plataforma para que los estudiantes universitarios de Harvard estuvieran en contacto, pero rápidamente se transformó en un gigante indomable.

Censura en la red: ¿truco o trato?

Las diferentes legislaciones a nivel internacional fueron un quebradero de cabeza para Facebook, que a lo largo de los años ha ido limando su política de funcionamiento. En su hervidero de publicaciones, los desnudos se han convertido en el principal foco de controversia. Hace poco conocimos el caso de la fotografía de la ‘niña de Napalm’, publicada en primera página por el periódico más grande de Noruega, Aftenposten. En ella aparece una niña desnuda que huía de un bombardeo durante la guerra de Vietnam. El fotógrafo ganó el premio Pulitzer, pero su obra fue censurada en la red social. Después de una lluvia de críticas, Facebook rectificó su postura.

El año pasado ocurrió otro episodio también bastante curioso. Un fotógrafo alemán publicó una fotografía en la que aparecía él sentado en primer plano con un cartel en el que podía leerse “No compres en las tiendas de los extranjeros” y detrás una mujer con los pechos al descubierto. Facebook no dudó ni un momento y la eliminó de su base de datos al considerarlo contenido pornográfico. “La frase racista, como estaba previsto, no molesta a nadie en Facebook”, se lamentó el autor de la imagen.

Existe una barrera electrónica y un equipo humano que filtra nuestras publicaciones. (Foto: Pawel Kopczynski / Reuters)
Existe una barrera electrónica y un equipo humano que filtra nuestras publicaciones. (Foto: Pawel Kopczynski / Reuters)

Hablamos con Sergio de los Santos, director de laboratorio de la empresa de seguridad digital Eleven Paths. “Existe un ejército de operarios en las empresas de este tipo que se dedican a filtrar manualmente todo lo que se le puede escapar a los algoritmos, para bien y para mal. Ellos también se pueden equivocar y aplicar un criterio equivocado o controvertido”, comenta. Una medida que se une a la “primera barrera electrónica, completamente automática, que detecta imágenes pornográficas, desnudos y palabras ofensivas”.

Sobre este tema nació el famoso movimiento #FreeTheNipple, que buscaba eliminar, o al menos mitigar, la fobia exacerbada de Facebook a los desnudos. Consiguió el importante logro de hacer que la compañía modificara sus normas comunitarias, permitiendo “fotos de mujeres amamantando o que muestren los pechos con cicatrices por una mastectomía”. Sin embargo, sigue eliminando aquellas que “muestren los genitales o las nalgas en su totalidad y de una forma directa”.

Igualmente, las reglas del juego han cambiado en otro campo de la libertad de expresión. El cierre del medio digital Gawker pone en entredicho el abuso de poder que las redes sociales ejercen sobre la prensa. Y es que un accionista de Facebook logró llevar al medio a la bancarrota después de que publicara cierta información “incómoda” sobre su peculiar modus vivendi. Es tal la sumisión de los periodistas a las tecnológicas de Silicon Valley que incluso aplauden dócilmente en las ruedas de prensa que allí se celebran.

Crónica de una mordaza anunciada

Ruido, tanto ruido, como diría Sabina, es el que provocan las normas de uso de las redes sociales. Pero Facebook no es un caso aislado. En Twitter permiten ciertos tipos de contenido explícito en los tweets que estén marcados como “contenido multimedia sensible”, aunque eliminarán aquellos con “material pornográfico o que muestren violencia excesiva”. Instagram, que pertenece a la red de Zuckerberg, comparte muchas similitudes con ella y prohíbe la exhibición de pechos femeninos donde se vea el pezón. Tumblr presume de ser la ‘oveja negra’ en todo este meollo y acepta en sus publicaciones cualquier contenido (“Vive y deja vivir”, proclama).

Las redes sociales tienen sus propias normas de conducta. (Foto: Jon Nazca / Reuters)
Las redes sociales tienen sus propias normas de conducta. (Foto: Jon Nazca / Reuters)

“El límite está donde la red social quiera ponerlo. Si realmente nos detuviésemos a leer los términos de uso, nos bloquearía y no usaríamos nada, quedaríamos aislados. También es cierto que no muchas redes abusan en exceso de ese poder, al menos públicamente”, asegura Sergio de los Santos. Otras plataformas como Youtube dejan la censura en manos de sus propios usuarios. Si un amplio número de espectadores denuncia uno de sus vídeos, éste será susceptible de ser eliminado por un “equipo cualificado y multilingüe”.

El ¿futuro? de las redes sociales

Algunos expertos mantienen la teoría de que las redes sociales se dirigen inexorablemente hacia lo impersonal y anónimo. Los internautas tienden a limitar sus publicaciones y compartirlas sólo con quienes ellos quieran. Lejos quedaría por tanto aquella preferencia por destacar e impresionar a una gran cantidad de gente. Los blogs y la difusión global han ido dejando paso al intercambio anónimo y los pequeños grupos de mensajería.

“Las redes sociales seguirán actuando de forma conservadora hasta que un escándalo, desliz o pataleta lo suficientemente llamativa les obligue a rectificar. Entonces se reconciliarán con sus usuarios. Y así hasta que algo ocurra…”, vaticina Sergio de los Santos. Y lo que está ocurriendo es que los usuarios piden a gritos protección para su intimidad y libertad de expresión. Hasta dónde decidan adaptarse las redes sociales es imposible de saber con certeza. Y aunque parezca lo contrario, Internet no lo sabe todo.

Continúa leyendo: Las 'apps' de mensajería son ya el principal canal de comunicación de adultos y adolescentes

Las 'apps' de mensajería son ya el principal canal de comunicación de adultos y adolescentes

Redacción TO

Foto: Saulo Mohana
Unsplash

El 3 de diciembre se cumplen 25 años del primer mensaje de texto SMS de la historia. Desde entonces, todo se ha revolucionado. Los smartphones, esos pequeños ordenadores que llevamos encima, son los principales culpables. Han cambiado la forma en la que nos comunicamos y relacionamos. Tanto es así que las aplicaciones de mensajería, como WhatsApp, Telegram o Facebook Messenger, son ya nuestro principal canal de comunicación, tanto en adolescentes como en adultos.

Así lo desvela el estudio global El arte de la comunicación: mensajes que importan, realizado por la consultora Greenberg y encargado por el propio Facebook, que recopila las formas de comunicarse de 10.000 personas en 2017. Los participantes en esta encuesta online procedían de Estados Unidos, Canadá, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Corea del Sur, Brasil y Australia.

La principal conclusión que se desprende de este estudio es que las apps de mensajería se han convertido en una parte central de nuestra vida cotidiana: el 80% de los adultos (de 19 a 64 años) y el 91% de los adolescentes (de 13 a 18 años) envían mensajes todos los días. En una comparativa de los últimos años se muestra que también hemos aumentado el nivel de comunicación: en dos años ha crecido un 67% el uso de las apps de mensajería, un 48% el de redes sociales, un 47% la utilización del correo electrónico y el de vídeochat, y un 38% la comunicación cara a cara. Además, el informe asegura que cuantos más canales de comunicaciones utilizan los encuestados, más satisfacción social experimentan, puesto que creen que tienen conversación más auténticas.

Las 'apps' de mensajería son ya el principal canal de comunicación de adultos y adolescentes
El 80% de los adultos (de 19 a 64 años) y el 91% de los adolescentes (entre 13 y 18 años) en todo el mundo reciben mensajes todos los días. | Gráfico: Messenger/Greenberg

Es más, este informe asegura que “cuanto más variadas son las opciones de comunicación, más frecuentes se vuelven las conversaciones”. Con este dato pretenden desmontar algunos de los mitos que se han generado tras la irrupción de las aplicaciones de mensajería y de las redes sociales, como el de que “cuanto más nos retraemos en nuestros teléfonos, menos conectados estamos con los otros”.

Las 'apps' de mensajería son ya el principal canal de comunicación de adultos y adolescentes 3
El estudio contrapone mitos que se han creado sobre la comunicación con los datos que ha recabado. | Gráfico: Messenger/Greenberg

Otro mito que busca refutar es sobre los emojis. Habitualmente se piensa que los “emojis han degradado la comunicación y han hecho más difícil relacionarse a las generaciones mayores”. Sin embargo, este estudio apunta: “Incluso gente mayor de 55 años dice que se expresa mejor a través de imágenes que de palabras”. El informe de Facebook Messenger asegura así que los emojis y los GIF no tienen edad: el 77% de las personas mayores de 55 años usa emojis para comunicarse, mientras que más de la mitad (53%) usa GIF.

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Porcentajes de población que utilizan GIFs y emojis. | Gráfico: Messenger/Greenberg

Conversaciones paralelas

Otro aspecto que toca el estudio es lo que se denominan las conversaciones paralelas (sidebar conversations es el término original), es decir, aquellas que tenemos en el mundo virtual mientras estamos teniendo otras en el físico. Cada vez que estás en una cena, en una reunión con amigos o viendo una película en familia y te pones a hablar por WhatsApp, estás teniendo una conversación paralela. Los millenials, por encima de los adolescentes, son el grupo de edad que más conversaciones paralelas tiene. Aunque siguen estando muy mal vistas, el 62% de los encuestados asegura que les hace sentirse más cerca de sus amigos.

Así, es una realidad que cada vez nos comunicamos más por mensajes y redes sociales. Pero, ¿provoca eso que nos comuniquemos menos en persona? ¿Están acabando los smartphones con las conversaciones cara a cara?

“En todo el mundo, aquellos que envían más mensajes son los que más interactúan en persona”, apunta el informe de Messenger. De acuerdo con este informe, las personas que envían más mensajes tienen un 52 por ciento más de probabilidades de hablar cara a cara más, en comparación con las que no los envían. Además, las conversaciones cara a cara están aumentando en todo el mundo.

Las 'apps' de mensajería son ya el principal canal de comunicación de adultos y adolescentes 2
Porcentaje por países en los que han aumentado las conversaciones cara a cara. | Gráfico: Messenger/Greenberg

Continúa leyendo: La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales

La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales

Bea Guillén Torres

Foto: Unsplash
Unsplash

Conoces a alguien. Supón que te gusta y que le gustas, y que, además, decidís mantener relaciones sexuales. Pero no solo eso, sino que os parece una idea sensata y de sentido común utilizar una aplicación de móvil para sellar vuestro consentimiento. Para garantizar que los dos estáis completamente de acuerdo en el encuentro sexual que vais a mantener y, así, os podéis evitar desagradables sorpresas en el futuro como que uno de los dos denuncie al otro por agresión sexual. ¿Razonable, eh? O eso es lo que ha debido pensar José Luis Sariego, creador de la aplicación iSex y antiguo abogado de Francesco Arcuri, el exmarido de Juana Rivas condenado por maltrato, que tiene el firme objetivo de facilitar el “enviar, recibir, almacenar y exportar el consentimiento mutuo antes de una relación sexual”. Tal y como detalla en Google Play —la app no está disponible para iOS—.

Pero, ¿qué es lo que facilita iSex, en realidad? Demostrar que hay gente, como Sariego, que no ha entendido absolutamente nada sobre lo qué es el consentimiento ni sobre lo qué son las agresiones sexuales.

La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales
Fases de la aplicación iSex.

La app de iSex funciona de la siguiente manera. Tú te registras con el nombre que quieras, por supuesto no tiene que ser real porque no hay ninguna clase de verificación ni está asociado a ninguna red social. Así que ese supuesto consentimiento podrá estar a nombre de B B B o de Perico el de los palotes.

Después, el consentimiento se puede firmar de varias maneras. Enviando un formulario de consentimiento, en el que introduces el nombre de la persona a la que quieras enviárselo. Por supuesto aquí el nombre también puede ser absolutamente falso. También escribes su email, para que le llegue y se lo quede ahí bien guardado. O, incluso más fácil y rápido, conectándolo por Bluetooth. Las dos personas se conectan a la app, se dan el consentimiento (que aparecerá firmado con el nombre inicial que cada uno ha escrito —que, recordemos, puede ser falso—) y, hala, pues ya estaría. Todo arreglado.

A ver, señor Sariego, no.

En ningún caso el consentimiento sexual se puede encajar en el marco de una transacción mercantil, porque en un encuentro sexual tú no estás comprando ni vendiendo nada. Tampoco estás adquiriendo nada que te pertenezca ni te dé derecho a nada. El deseo de un encuentro sexual no es algo inamovible, rígido e inflexible, sino que puede estar en un momento y al momento siguiente no estar. Por lo que firmar un consentimiento en un momento no significa absolutamente nada, porque puede no haberlo al momento siguiente.

Volvamos a la situación inicial. Conoces a alguien. Supón que te gusta y que le gustas, y que, además, decidís mantener relaciones sexuales. Pero no solo eso, sino que os parece una idea sensata y de sentido común utilizar una aplicación de móvil para sellar vuestro consentimiento. Pero, después, uno de vosotros, después de firmar y mandar este consentimiento, decide que no. Que ya no le apetece mantener relaciones sexuales. ¿Qué valor tiene ese consentimiento firmado? El mismo que antes, ninguno.

Así, todo lo que es esta aplicación es un burdo y vulgar intento de deslegitimar a las víctimas de agresiones sexuales y de violaciones. Ignorando el trauma y tratando de magnificar la leyenda negra de las denuncias falsas, que son manifiestamente mínimas. En una de sus últimas memorias, la institución del Fiscal General del Estado hablaba de un “escasísimo porcentaje” de denuncias falsas: desde 2009 hasta 2012, solo un 0,005% de las denuncias sobre violencia contra las mujeres se saldaron con una condena para la mujer por acusaciones falsas. Además, la app muestra un absoluto desconocimiento sobre una realidad como son las violaciones en pareja.

Solo esperamos que esta aplicación sirva para recordarle al señor Sariego y a los otros que no lo han comprendido todavía: que no es no, que no es no si no se dice que sí y que no es no aunque en algún momento haya sido sí.

Continúa leyendo: WhatsApp te da 7 minutos para borrar los mensajes que envías

WhatsApp te da 7 minutos para borrar los mensajes que envías

Redacción TO

Foto: DADO RUVIC
Reuters

A todos nos ha pasado: nos hemos arrepentido de enviar un mensaje o nos equivocamos de grupo. Ahora WhatsApp se lo ha pensado mejor y te da siete minutos para eliminar los textos que envías.

La red social lo ha hecho oficial en su blog. Reseña que la opción es útil “si envías un mensaje por error al grupo equivocado o si el mensaje que has enviado tiene algún error”.

Los que elimines serán reemplazados por la frase: “Este mensaje fue eliminado”. De igual forma, si ves “este mensaje fue eliminado” en un chat, quiere decir que el remitente ha eliminado el que te ha enviado.

Solo puedes eliminar mensajes dentro de los siete minutos siguientes a haberlos enviado. Una vez que se ha cumplido este plazo, no habrá forma de borrarlos (como funcionaba hasta el momento).

Los pasos para ello son. Primero debes abrir el WhatsApp y dirigierte al chat que contiene el mensaje que deseas eliminar. Luego, debes mantener el dedo presionado sobre el mensaje hasta que aparezca la opción “eliminar”. Luego pulsa “eliminar para todos”.

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La red informa que para llevar adelante el procedimiento, tanto tú como el destinatario, deberán estar utilizando la versión más reciente de WhatsApp para Android, iPhone o Windows Phone.

“Si tú o el destinatario no están utilizando la última versión disponible de WhatsApp para Android, iPhone o Windows Phone, esta función no será compatible”, advierte.

También ahora WhatsApp te da la opción de borrar textos para ti sin que sean eliminados para los destinatarios.

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La risa unilateral de Cataluña

Andrea Daza

Foto: Andrea Daza
The Objective

La semana clave del independentismo catalán, vista desde la única lectura posible: el absurdo. En manos del Parlament de Cataluña y del Senado español quedan dos decisiones atadas e irreconciliables: la ruptura unilateral de Cataluña o la intervención total de la autonomía, por parte del gobierno central. Esta semana, en Barcelona, la vida siguió hasta que el artículo 155 decida lo contrario. El humor se alza como “enanos en hombros de gigantes”, para ver más y más lejos. No sabemos si los politólogos también, pero los guionistas, seguro, necesitaron binoculares. 

El miércoles, a las 7 de la noche, el autocar sale puntual para trasladar al público hacia Sant Just Desvern, donde verán en vivo, el último episodio de Està passant, el informativo satírico que sirve de antesala al telenoticias de la televisión pública catalana.

– Yo he venido hoy y he tenido un día, que mejor ni te explico, ¡eh! —dice Chiqui.

Ella trabaja en el Departament d’Interior, en una comisaría. “No tengo ganas de nada”. Pero aquí está, sentada junto a su madre, Rosa María, de 79 años de edad, que cada noche, desde el 13 de septiembre, se parte con la nueva apuesta de Minoria Absoluta, la productora más grande de carcajadas catalanas: “Esto es como una despedida. Con lo que dicen que en teoría pueden hacer”.

Es decir, poner en práctica desde Madrid —Senado mediante— el artículo 155 y tomar el control de al menos tres de los elementos más distintivos de la institucionalidad catalana: Economía (control de las finanzas), Interior (control de los Mossos d’Esquadra) y Presidencia (control del control de Cataluña). Y así, volver a la legalidad, la convivencia, la recuperación económica —bla, bla—  y celebrar elecciones en situación de normalidad —¿alguien lo recuerda?—, según dijo el presidente del gobierno central, en su monólogo del 21 de septiembre.

– Lo que dicen en las noticias —dice Chiqui— que atacarán Mossos y TV3 y Catalunya Ràdio.

Porque el 155 representa también la toma de control de Madrid de los medios públicos de Cataluña, para garantizar “una información veraz objetiva y equilibrada” —bla—, que ya no estaría en manos de periodistas, productores y guionistas, sino de gestores. Sea lo que sea que eso signifique.

– Entonces, pienso yo, que nunca en la vida he venido a TV3 y justo he venido hoy, que está todo este tema así. Y yo, como soy un poco de señales, y hay todo este mal rollo… uf.

Ni decirle que esto no es TV3, que TV3 queda en Sant Joan Despí. No hay huevos, Chiqui.

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Toni Soler y la señora Rosa María en el programa Està passant | Imagen vía Andrea Daza/The Objective

El resumen es que los catalanes no saben en qué tipo de país amanecerán el fin de semana —uno real, uno autonómico, uno latinoamericano. ¿Habrá independencia? ¿La hubo ya y no nos dimos cuenta? El conflicto político Rajoy versus Puigdemont, Barcelona versus Madrid, Cataluña no es España —o sí, después de todo— ha probado ser un guión inacabable, con giros inesperados cada semana —aún mejor los sábados que los domingos— con mucho nudo y ningún desenlace, poniendo a prueba la convivencia de los protagonistas y, sobre todo, de los actores secundarios:

–  Mira, yo no era independentista. Pero ahora ya me es igual. No insultaré a nadie, ni pondré comentarios despectivos en el Facebook de ninguna persona. Ahora, si tú pones: “Cada vez que te veo, Albiol, yo vomito”, pondré un Me gusta.

Una vez en el plató, ya todos sentados —menos una desobediente— Toni Soler, uno de los artífices de Minoria, con su producto estrella, el Polònia, que lleva más de una década parodiando la política catalana y española, se queda mirando fijamente a la matriarca del público:

– Y usted, señora, ¿no piensa sentarse durante todo el programa?

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El plató de Està passant | Imagen vía: Andrea Daza/The Objective

Rosa María no puede con la emoción. Ni con la cámara de TV3 que no le deja ver bien al trío calavera: Soler, Jair Dominguez —músico, guionista, escritor, llamado a declarar en 2012 por un juez de la Audiencia Nacional ante un presunto delito contra la Corona (desestimado, va)— y Óscar Andreu —introvertido, escritor, mil personajes del programa radial La Competència—,  que siempre encontrará la forma de decir al aire la palabra esbojarrat —se pronuncia ‘esboyarrat’, cosa de locos— y, más tarde, Elisenda Carod, periodista, pelirroja, entrevistadora de falsos directos o de directos directos, que despierta a los oyentes de RAC105 desde el programa Fricandó Matiner.

Pero el equipo es bastante más grande e incluye genias como Dolors Boatella —en Twitter ya se geolocaliza “fuera del marco constitucional”— o Enzo Vizcaíno —ex guionista de Crackovia, dibujante y comediante de stand-up. En fin. Que de regreso en el autocar, Paula Torramilans, becaria de producción desde hace dos meses, le contaba a Nacho —hijo de Rosa María, hermano de Chiqui— que hace días que el programa se produce en incertidumbre. Es lo que hay en Cataluña.

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Este jueves, por ejemplo, no hubo —programa, porque incertidumbre siempre hay en el conflicto de país o del país dentro del país— y el viernes tampoco habrá —porque recopilan lo mejor de la semana. Así, el miércoles se fueron a dormir sin saber si habría o no 155 que les interviniera el sentido del humor el lunes. Lo único cierto —eso sí, segurísimo— es que el martes hay partido. Y por tanto, tampoco hay programa. En Cataluña, Panenka se queda pendejo.

O-río-o me reviento

A principios de semana, luego del saque de banda de Rajoy, con el 155 a cuestas, las risas nerviosas secuestraron el seny —la famosa e impronunciable cordura catalana— para instalar esta sensación tan francesa de je ne sais quoi: ni cuándo, ni cómo, ni dónde estalla todo por los aires y entran los tanques por la Diagonal. El lunes, mientras tanto, como para hacer tiempo, un centenar de personas entraron en un bar de la calle Balmes —El Medi— para ver qué daba de sí la crisis política actual.

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Lunes de micro abierto en El Medi | Imagen vía JA Ribas – Estudio de fotografía Barcelona

Charlie Pee y Albert Floyd llevan años organizando estas noches especiales en la muy instalada tradición del stand-up comedy barcelonés. Este lunes, era la tercera vez que Modgi, guionista de la revista El Jueves, subía al escenario. Y acaso por eso, se aventuró con material nuevo. Arrancó con un bloque provocador sobre la dimensión desconocida del correctivismo político, para venir a decir que, si lo que te gusta hacer es realmente provocador, no lo llevas escrito en una camiseta.

Ejemplos: “Es fácil ver a un adulto de clase media con una camiseta que dice Fuck The Police, pero nunca verás a un calvo con bigote con una camiseta que diga ‘Follar niños’. Porque nadie es tan honesto expresando el lado más oscuro de su personalidad”. De seguidas, nos pidió imaginarnos con una camiseta que confesara nuestro secreto más jodido. Ejemplos: “Jamás pude despedirme del abuelo antes de morir”. “Atropellé al perro de mi vecino y fingí que ya estaba muerto cuando lo encontré”. Hagamos una pausa, pensemos, bebamos. Una camisa que diga: “Yo apoyé la aplicación del artículo 155”. No hay huevos, Chiqui.

El martes, el escritor Sergi Pàmies salía del escaparate —así se llama su columna en La Vanguardia— para decir que el 155, “anunciado con una chusquera anticonstitucional”, paraliza. Del todo. “Y aún hay quien especula sobre la dificultad técnica de intervenir los medios públicos”, escribió, “como si no supieran que los van a cerrar y se quedarán tan anchos. Mirar TV3 y escuchar Catalunya Ràdio como si fuera la última vez provoca un macabro vértigo cuando intentamos imaginar un país sin estos referentes criminalizados por quienes confunden la discrepancia con sus contenidos con el delirio represor”. Pero ya está. Ahora viene el vacío, porque ni DUI —o sí—, ni 155 —que también. O quién sabe y se termina aplicando la receta letal: DUI + 155 = 666.

El guionista Joan Tharrats ya se imaginaba el momento en que un gestor le ordenase poner a Bertín Osborne en lugar del El Senyor Pla, el malo del Super3 de TV3, donde él escribe: “Ni en la dictadura de Franco recuerdo un momento similar”. Y eso que no es tan viejo. Casi adolescente fue guionista de la revista El Papus, aquella que en 1977 unos apostólicos anticomunistas decidieron estallar, antes de que él llegara a la redacción: “La bomba, por horas, casi me pilla”. Con el portero, en cambio, no tuvo compasión. Y no. Con Franco no se reía mejor.

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Modgi, guionista de El Jueves | Imagen vía: JARibas – Estudio de fotografía Barcelona

“No estamos en situación de guerra”, dijo el miércoles el director de TV3, profesor Vicent Sanchis, en un auditorio lleno de estudiantes en la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna. “No confundamos sus deseos con la realidad”, insistía. Una realidad esquiva, donde el Parlament lleva al límite la legalidad y la Constitución se empieza a leer con pavorosa literalidad. Así son las crisis democráticas en la postmodernidad o como quiera que se diga esta época en el futuro. Con Franco, al menos sabías cuál era el sistema y quién, el censor.

Por eso, la risa funciona como válvula de escape. Oye, que Peter Berger dijo que “la risa puede abrir el acceso a la verdad”, pero joder, no sabíamos que la verdad se podía quedar sin conexión de datos. Ríete tú del camarote de los hermanos Marx cuando puedes desternillarte con la Guardia Civil apertrechada en un crucero de los Looney Tunes: “Imaginar a unos tíos cachas y engorilados, que vienen con el objetivo de intimidarte”, dice Mogdi, “embutidos en los camarotes diminutos de un barco con un Piolín gigante, es casi una provocación para que te rías”.

Y, además, tenemos a los medios, todos tan serios, ofreciendo información tan confusa. Mogdi piensa de inmediato en el tratamiento que del procés, hacen los medios de la “España es una y no 51”: “En las tertulias políticas nos comparan con los nazis a diario. Debemos ser los nazis más pringados de la historia, ya que en lugar de invadir Polonia dejamos que nos suspendan la autonomía y que manden a la Policía a zurrarnos”. Catalunya, über alles. “De hecho, según algunos medios unionistas, Puigdemont, Junqueras, Anna Gabriel y Trapero son igual que Hitler. Así que somos mucho peores que los nazis, porque ellos sólo tenían a un Hitler y nosotros tenemos a cuatro”. Mejor reír para no llorar.

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Vicent Sanchis, director de TV3. | Imagen vía: Andrea Daza/The Objective

A los estudiantes, Vicent Sanchis, les dijo que, en el fondo, lo que había era una intención de escarmiento, de dibujar líneas de funcionamiento y eliminar el punto de origen. Como quien dice, cerrar la fábrica de sistema fordista que produce y produce independentismo en Cataluña. ¿Cómo se hace para intervenir un medio de comunicación con más de 2 mil trabajadores? Si no lo sabe él, que dijo no saberlo, menos lo saben en Madrid. Pero la realidad es que desde mediados de septiembre el gobierno central asumió el control financiero de la Generalitat, incluso antes de que tuviera lugar el referéndum que nunca debió tener lugar y que, sin lugar a dudas, tuvo lugar el 1º de octubre. Pero la realidad es que con intervención financiera y sin presupuestos aprobados, Televisión de Catalunya, sí que se vería en serios problemas: “Estamos pidiendo créditos personales”, le soltó Sanchis a Marçal Sintes, cuando le preguntó sobre el tema. Hay que responder medio en broma, medio en serio, si el objetivo es sobrevivir enteros la semana.

Otro ejemplo, de la cosecha de Modgi: “Ahora, el Gobierno central controlará la televisión pública catalana porque, según ellos, manipula la información. Sin embargo, el Consejo de Informativos (es decir, los trabajadores) de la televisión pública española, controlada por ese mismo Gobierno, está pidiendo la dimisión de su cúpula directiva porque consideran que la cobertura que se está realizando sobre el procés es sesgada, manipulada y carente de pluralidad. Desde aquí la paradoja parece tan absurda que reírse es la única opción legal que te queda para evitar que te estalle el cerebro”. La risa como derecho constitucional.

Entre la cautela y la broma infinita

Este jueves, Ana Polo, reportera, guionista, voz de La Segona Hora, programa de RAC1, principal emisora privada de Cataluña, sólo estuvo media hora en antena. Como casi todos los espacios de humor, ellos también cedieron ante los informativos. Como casi también cedió Puigdemont, ante las presiones de su propio partido, y como casi toda la tensión de la semana pareció ceder, ante un anuncio de elecciones autonómicas anticipadas, que debía frenar el 155; pero que, en realidad, terminó cediendo antes las presiones de fuerzas parlamentarias, hasta acelerar una intervención que en la madrugada parecía inminente. La noche es oscura y alberga horrores. “¡¿De verdad no lo tenían planificado?!”, dice Polo —celebérrima por no haber ligado en Cuba—  en las profundidades de Las Cuevas de Los Rajahs, un bar del gótico donde hasta hace poco podías asfixiarte bailando salsa —cuando se llamaba Las Cuevas de Sorte, también celebérrimas en Venezuela— y ahora, oh, fortuna, puedes asfixiarte escuchando jazz y stand-up comedy.

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María Rovira, mejor conocida como Oye Sherman en Las Cuevas de Los Rajahs | Imagen vía Andrea Daza/The Objective

Polo vino a hacerle barra a su colega, María Rovira, “ministra de propaganda digital” —bio de Twitter. No confundir, como le pasó a Anna Gabriel de la CUP, con la regidora del partido de izquierda radical, María Rovira, también de la CUP. Que de esto va parte del monólogo de María Rovira —mejor conocida como Oye Sherman que como María Rovira. Vaya, que en el fondo, todos los problemas de Cataluña pasan por un problema de identidad: “Me parece que hay cosas de las que casi no se están hablando por culpa del procés”, dice Sherman. “Se está hablando poco de mí” —y seguramente más de la regidora de la CUP— “estoy siendo eclipsada por esta vorágine”. Y como Cataluña debe parir centenares de Marías Roviras, Sherman concluye que “es muy fácil ser yo. Soy la Pepe García catalana”. Y por ahí se va.

Pero en las tardes, como Polo, Rovira se pone delante del micrófono de Catalunya Ràdio, en el programa Estat de Gràcia, hoy también cedido para los espacios de información. Pero como todos, ella tampoco desconectó y estuvo todo el tiempo pendiente de lo que se decía en el Parlament. Y tampoco encontró una concreción sobre lo que estaba pasando, ni sobre el significado de lo que se estaba decidiendo: “Y por tanto, es siempre un escenario de incertidumbre”, dice. “Nosotros nos preparamos. Hace poco hicimos un manifiesto en relación con la aplicación del 155. Y, a partir de ahora, es verlo venir”. Sin saber si será tan terrible, si será tan estricto, si será tan patético. “Todo se mueve en un escenario muy abstracto. El 155 es esta cosa que tiene nombre, pero no tiene forma. Ni aplicación concreta. Veremos qué pasa. No creo que ni los mismos dirigentes sepan, exactamente, cómo se materializará este 155 porque todo va en función de cómo responda el gobierno catalán y cómo lo que haga el gobierno central. Todo es muy reactivo”.

¿Cuándo se pone seria la cosa? Mogdi —también presente en Las Cuevas de Los Rajahs —asegura, con mayúsculas, que YA lo está: “Al menos, jamás se había visto tan seria como hasta ahora. Las cargas policiales del 1 de octubre marcaron un antes y un después. Cataluña no ha realizado la desconexión institucional del Estado español, pero ver cómo la Policía de tu propio Estado utiliza la fuerza de forma desproporcionada contra ti, sólo porque estás votando, hizo que muchos catalanes desconectaran mentalmente de España”. En ese sentido, Sherman es enfática: “No vivimos en una dictadura, porque los medios todavía se expresan, pero sí que en el peor de los casos vemos que una posible censura se nos viene encima”. Este es el aire que se respira: “Un poco entre la cautela y la broma”.

Y como todo parece un mal chiste, la gente se vuelca en el refugio siempre generoso del humor: “La lectura que hago es que la situación actual ha politizado mucho más a los ciudadanos. Todos estamos consumiendo mucha más información de lo que es habitual y no estamos preparados para ello, es apabullante”. Para el guionista, no hay mejor mecanismo que el humor para dar salida a toda esa sobreinformación en forma de juicio de valor: “Te ríes, tomas aire y sigues adelante. En ese sentido, la comedia es un instrumento mucho mejor que otros para procesar los datos, porque evita que te encierres en una trinchera ideológica o que acabes con un gorro de papel de aluminio en la cabeza”. ¿Cómo acabará esta historia? “La respuesta la tengo clarísima: no tengo ni puta idea”.

Un colofón para sea lo que sea que esté pasando

El miércoles, a las 8:15 de la noche, Toni Soler se pone puntual delante de la cámara y dice:

Bona nit. Està passant. És un quart de nou… estamos en directo en TV3. No todo en la vida ha de ser 155 o DUI. También hay Gürtel… la fiscal anticorrupción ha dicho que está aclaparadoramente acreditada la caja B del PP y considera que ha quedado probado que Luis Bárcenas era el famoso “Luis el cabrón” de las conversas. El que no está muy claro quién es, es el misterioso M. Rajoy que sale en los papeles de Bárcenas. ¿Quién debe ser? (…) Pero hablemos de otro tipo de gente que le gusta poner la mano en cajas, concretamente en urnas. Uno de los guardias civiles que se ha instalado en los bungalows de un cámping en La Escala (entra imagen). ¡Bonitos, eh! Ya los hemos tenido en barcos, en hoteles. Ahora en campings. La verdad es que no saben dónde ponerlos. De hecho, había un Guardia Civil que no ha encontrado sitio y le hemos alquilado una parcela en nuestro plató (la cámara muestra la tienda de campaña). Pero, lo hemos acogido. Volem acollir. (…) Y otro dato, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart (los líderes de la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural) todavía están en prisión. Y hace una semana y dos días. Està passant.

La risa unilateral de Cataluña 8
Sketch de la Guardia Civil | Gif vía Andrea Daza/The Objective

Antes de entrar, Rosa María, la matriarca, le preguntaba a Chiqui qué sería de la vida de Jordi Pujol.

– Ese está libre, mami. Muy mayor para la cárcel.

– Pues ya lo podrían cambiar por los Jordis, que ése vale por dos.

Sabiendo que el jueves no hay programa y que el viernes emiten un resumen, el trío calavera de Està passant, deja grabada una presentación coral: “Bona nit”, comienzan los tenores:

“Hoy les ofrecemos los mejores momentos de la semana. Después de unos días intensos, ya podemos decir que somos”, y Toni Soler dice, “una república”; y Òscar Andreu dice, “una colonia española”; y Jair Domínguez dice: “un país devastado por una invasión alienígena”.

Vuelve el coro: “Como todos saben, a estas horas, el president Carles Puigdemont ha proclamado”, y Toni Soler dice, “la independencia”; y Òscar Andreu dice: “Está detenido”; y Jair Domínguez dice: “En realidad era un extraterrestre reptiliano”; y todos dicen, “como muchos ya habían avanzado”. Pero hay más: “Por su parte, el presidente español Mariano Rajoy, ha dejado claro que aplicará la constitución”. Y Toni Soler dice: “Que aplicará la constitución”; y Òscar Andreu dice “que aplicará la constitución”; y Jair Domínguez añade: “Y se pondrá papel de plata en la cabeza para que lo puedan detener tranquilamente… que tampoco hay mucho para leer, porque todos sabemos…”, y Toni Soler lo interrumpe:

– Calla, calla ya, ya está. Calla ya, que ha quedado claro que esto está grabado y no sabemos qué ha pasado hoy.

– Umjú —añade Òscar Andreu.

“Los dejamos con los mejores momentos de la semana” (Soler), los peores momentos de la semana (Andreu), “los mejores aliens de la semana” (Domínguez).

Y la regidora pide al público que aplauda, mientras entran los créditos, mientras Chiqui, Rosa María y Nacho, y el resto de los que estamos ahí, todavía libres, nos fundimos en una risa redentora.

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