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Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: RUBEN SPRICH
Reuters

Como ya relatamos en este espacio, las mujeres lo han tenido realmente difícil para obtener el reconocimiento del mundo del Arte, tan machista o más que otros sectores de la sociedad. Si bien las artistas han logrado ir haciéndose un hueco en las últimas décadas, aún nos preguntamos si es necesario que una mujer esté desnuda (en un cuadro) para entrar en un museo. Antes de que llegaran las Guerrilla Girls y otros movimientos más recientes como el de Girls in museums, muchas mujeres desafiaron a sus contemporáneos y a la Historia del Arte de la forma más consecuente: creando. Muchas de ellas quedaron relegadas a ser “la mujer de” o “la musa de”, obviando el valor de su trabajo.

Aprovechando la iniciativa #5WomenArtists, a través de la cual varios museos y entidades artísticas retan al público a nombrar a cinco mujeres artistas con motivo del Día Internacional de la Mujer, podemos observar que no todo el mundo es capaz de hacer tal selección. Por ello vamos más allá y presentamos siete nombres femeninos -algunos más célebres que otros- que desafiaron a la Historia desde diferentes disciplinas, desde la pintura a la escultura, pasando por la ilustración.

1. Frida Kahlo (1907-1954)

El nombre de Frida Kahlo es, seguramente, el que más suene al común de los mortales. Su vida estuvo marcada por el infortunio de contraer una poliomielitis de niña, y después por un grave accidente que sufrió durante su juventud, accidente que la mantuvo postrada en cama durante largos periodos. No obstante, nada de aquello la separó de su capacidad creativa e inspiradora. La pintora mexicana combinó en su obra, de carácter muy personal, los estilos surrealista, naïf y folclórico.

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Perro Itzcuintli conmigo, una de las obras más emblemáticas de Frida Kahlo. | Foto: Stefano Rellandini / Reuters

Su vida personal se ha estudiado con lupa, casi con cierto voyeurismo. Su matrimonio con Diego Rivera marcó ciertamente la obra de Frida Kahlo, y su bisexualidad sigue planeando por su vida y obra. Sin embargo, el arte de Frida Kahlo va mucho más allá de su vivencias personales. Aunque su trabajo fue admirado en vida por varios artistas contemporáneos a su época, no fue hasta después de su muerte cuando sus piezas lograron una mayor trascendencia. La mexicana ha extendido su figura de artista hasta convertirse en icono del siglo XX.

2. Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Sería muy difícil comprender el Arte Contemporáneo del siglo XX sin la influencia de Georgia O’Keeffe, que fue la gran pionera en el campo de las artes visuales. Sus obras más conocidas son las pinturas de flores a gran escala, como Black Iris, y sus series de cuadros, como Jack-in-a-Pulpit.

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Black Iris, de Georgia O’Keeffe. | Foto: Alfred Stieglitz Collection, 1969

Como detrás de cada gran mujer hay un gran hombre, la obra de O’Keeffe no se entendería sin la presencia del fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz, que con buen ojo supo ver en ella una de las máximas representantes del Arte Moderno. A diferencia de Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe sí que conoció en vida las mieles del éxito. De hecho, en sus últimos días pudo recibir numerosos galardones y asistir a importantes exposiciones y retrospectivas en su honor.

3. Louise Bourgeois (1911-2010)

La influencia de Louise Bourgeois en el Arte Contemporáneo a nivel global es innegable. Su obra trasciende las fronteras y los estilos artísticos: toca movimientos como el Surrealismo, el Posminimalismo y el Expresionismo Abstracto. Sus famosas esculturas de araña -un homenaje a su madre tejedora- son hoy un emblema del Arte.

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La escultura Maman, de Louise Bourgeois, expuesta en el Museo Picasso de Málaga. | Foto: Jon Nazca / Reuters

Una de estas esculturas llegó a subastarse por 10,7 millones de dólares, convirtiéndose en una de las artistas féminas más cotizadas del mercado. Reconocida como la precursora del Arte Confesional, cuatro de sus trabajos están catalogados como sugestivos de la figura humana, expresando temas como la traición, la ansiedad y la soledad. Sus trabajos eran puramente autobiográficos y estaban inspirados en su trauma de la infancia causado por el descubrimiento del affaire entre su padre y su niñera.

4. Yayoi Kusama (1929)

Yayoi Kusama es probablemente una de las artistas vivas más influyentes del mundo del Arte, llevando la voz cantante en el avant-garde. Tras estudiar Nihonga (pinturas de estilo japonés) en su país natal, se interesó por los movimientos occidentales, lo que la llevó a mudarse a Nueva York. Al principio se adhirió al Expresionismo Abstracto, para más tarde pasarse al Arte Pop. Sus obras está basadas en el arte conceptual y están fuertemente influenciadas por el feminismo. Además se ha adentrado en otras disciplinas artísticas como la literatura.

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Infinity Mirrored Room, por Yayoi Kusama. | Foto: Caren Firouz / Reuters

Las obras de Yayoi Kusama se encuentran entre las más cotizadas a escala mundial. En 2008, la casa de apuestas Christie’s vendió una obra de la artista japonesa por 5,1 millones de dólares, un récord para una mujer artista viva. Por otro lado, se han expuesto grandes retrospectivas de su obra en lugares de relevancia como el MoMA de Nueva York, el Museo Whitney de Arte Estadounidense y la Tate Modern de Londres.

5. Camille Claudel (1864-1943)

La historia de Camille Claudel está tintada de locura, una locura muy lúcida. Su visión artística era genial, muy adelantada para su época (empezó a esculpir a muy temprana edad, en la segunda mitad del siglo XIX). Como en la gran mayoría de casos de artistas féminas, se habla de Camille Claudel como la musa de su compañero –en este caso Auguste Rodin-, con el que mantuvo una relación amorosa durante unos años. Sin embargo, su obra cobra importancia por sí misma. Durante casi una década, Rodin y Camille trabajaron codo con codo, influyéndose e inspirándose el uno a la otra, y creando algunos de sus mejores trabajos: Fugit Amor, en el caso de Rodin; Sakountala, en el de Camille.

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Sakountala, de Camille Claudel. | Foto: Sotheby’s

Tras su ruptura con el famoso escultor galo, Claudel no se quedó sin inspiración, sino todo lo contrario. A pesar de entrar en una espiral de locura tras este proceso traumático, entre 1899 y 1905 surgieron algunas de sus mejores obras, como El Vals, El Pensamiento, La Ola o El Abandono. Su influencia en la escultura del siglo XX es innegable, aunque su nombre no resuene tanto como el del que fue su compañero.

6. Berthe Morisot (1841-1895)

Berthe Morisot es otra artista francesa, en este caso figura relevante del Impresionismo, cuyo enlace sentimental suele citarse. En su caso, se trata de Eugène Manet, hermano de Édouard Manet. La figura de Berthe Morisot, junto a las de otras maestras del Impresionismo, quedó ensombrecida por el conjunto del movimiento, mayoritariamente masculino.

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Pastora desnuda tumbada, una pintura de Berthe Morisot. | Foto: Museo Thyssen

Siguiendo la estela de otras grandes artistas de su tiempo, como Mary Cassatt o Marie Bracquemond, Berthe Morisot llenó sus lienzos de escenas cotidianas con gran dulzura y delicadeza. Tras su desaparición, sus cuadros siguen teniendo un lugar destacado en el mundo del Arte, de hecho sus pinturas pueden alcanzar cifras de más de 4 millones de dólares en el mercado actual.

7. Beatrix Potter (1866-1943)

Beatrix Potter creció en el seno de una familia acomodada en la Inglaterra Victoriana. Aunque siempre ha sido más reconocida por sus obras literarias -especialmente infantiles-, su incursión en el mundo de la ilustración -una disciplina artística que a menudo queda relegada a un segundo plano- no es en absoluto desdeñable. Potter logró unir su talento con el dibujo a su extraordinaria capacidad de observación de la naturaleza y de contar historias. Como resultado nació Peter Rabbit, un personaje de cuentos ya legendario.

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Peter Rabbit, el personaje más célebre de Beatrix Potter | Foto: Frederick Warne & Co.

En 1902 publica su primer cuento ilustrado y tal fue su éxito que durante la siguiente década no dejó de publicar nuevas historias. Tras el fallecimiento de su marido, Beatrix compró la granja Top Hill en Escocia, de donde saca la inspiración necesaria para seguir creando sus historias, escritas e ilustradas.

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El arte de ignorar a las mujeres

Cecilia de la Serna

Foto: DAVID GRAY
Reuters

Cuando se habla del papel de la mujer en diferentes sectores de la sociedad, casi siempre sale perdiendo. Pero lo que una nunca imagina es que en un sector tan progresista y vanguardista como el del Arte, las mujeres se encuentran tan ignoradas o más que en otros tantos. La reciente inauguración de la primera retrospectiva dedicada a una mujer en el Museo del Prado en sus casi 200 años de historia ha traído a la primera línea informativa una circunstancia que muchos llevan décadas denunciando: las mujeres no tienen sitio en los museos si no es para posar desnudas.

El enigma de Clara Peeters

El Museo del Prado es una de las mayores pinacotecas del mundo, contiene una de las colecciones de arte europeo más importantes del viejo continente, y es incuestionablemente la casa de la mayor compilación de arte español de la historia. Sin embargo, esta maravilla que habita el Paseo del Prado madrileño tiene una tarea muy pendiente: rendirle el tributo merecido a las artistas féminas. Entre sus paredes se conservan obras de más de 5.000 artistas hombres frente a tan sólo 41 mujeres a las que habría que sumar otras 12 contemporáneas, de las que atesora unas 70 obras. Únicamente siete están actualmente expuestas. En este desolador contexto, no es de extrañar que el Prado haya esperado casi 200 años para rendirle un homenaje a una mujer. Y esa mujer es Clara Peeters, cuyo nombre ya quedará impregnado en la centenaria historia del Museo del Prado.

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Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

Clara Peeters (1594 – 1657) fue una pintora barroca flamenca, pionera en la pintura de bodegones, y hasta hace poco era un nombre desconocido para el gran público, al menos en España. Su trabajo fue olvidado durante siglos, tal vez por el mero hecho de ser mujer. Peeters pintaba bodegones porque no podía pintar casi otra cosa. En la época, las pocas mujeres que querían hacer del arte su forma de vida debían conformarse con esto ya que no les estaba permitido el dibujo anatómico, considerado indecoroso porque implicaba el estudio a partir del desnudo de cuerpos masculinos. Hoy tan sólo se conservan y conocen 39 obras de sus obras, y cuatro pertenecen al Museo del Prado. Con esas cuatro obras, el Prado se convierte de facto en la pinacoteca con más cuadros en posesión de la artista flamenca, circunstancia que originó esta retrospectiva realizada en colaboración con el Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Peeters merece esta retrospectiva porque no sólo pintó en un tiempo donde por hacerlo se cernía sobre sí un estigma, sino que a su manera estuvo a la vanguardia. Avanzada a su tiempo, fue una precursora a la hora de dotar de forma y significado a sus suntuosas naturalezas muertas. Fue la primera artista, por ejemplo, que pintó peces en los bodegones.

Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)
Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

El enigma de Clara Peeters se consolida en los autorretratos que dejó, prácticamente escondidos, en algunos de sus cuadros. Concretamente, ocho son los autorretratos que dejó dibujados de forma casi imperceptible, a través de los cuales tal vez reivindicaba su condición de mujer artista, aunque tal vez simplemente se divertía viéndose reflejada. Sea como fuere, gracias a esta mujer, a su arte y a su vida -a pesar de que no sepamos demasiado de su biografía-, el mayor museo de España ha dejado un poquito de lado dos siglos de flagrante sexismo.

La exposición El arte de Clara Peeters está disponible en el Museo del Prado hasta el 19 de febrero de 2017.

Guerrilla Girls, tres décadas en las trincheras

Hay una máxima en la que todas las mujeres artistas, pertenecientes a cualquier época, coinciden: están ignoradas –si no menospreciadas o vilipendiadas. Si hay un colectivo que puede dar fe de ello son las Guerrilla Girls. Bajo la premisa de que que el mundo del arte fuera machista siglos atrás, pase, pero que no hay justificación para que lo siga siendo hoy día, las Guerrilla Girls han luchado durante los últimos 30 años para erradicar el sexismo en galerías y museos. Se trata de un grupo de artistas y activistas feministas que ha apoyado con datos cada una de sus reivindicaciones.

Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)
Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)

A mediados de los ochenta, el MOMA de Nueva York presentaba An International Survey of Painting and Sculpture, una ‘mega exposición’ de arte contemporáneo integrada en teoría por los 200 “artistas más importantes del momento” y con la presencia de tan sólo 13 mujeres. El desequilibrio era tan notable que despertó la ira de un grupo de artistas anónimas neoyorquinas que decidieron pasar a la acción bajo el nombre de Guerrilla Girls. Ese fue el germen de todo un movimiento sociocultural que ha atravesado barreras hasta convertirse en un icono del arte. A esa primera protesta le siguieron muchas, a través de las cuales estas mujeres, ataviadas con máscaras de primates y que se presentaban bajo el nombre de Frida Kahlo, Eva Hesse o Lee Krasner, denunciaban la desigualdad de género: gracias a datos y estadísticas, lograron evidenciar que en el arte no había lugar ni para mujeres ni para negros.

“El arte no puede ser reducido a un pequeño número de artistas que han ganado un concurso de popularidad entre los grandes comerciantes, curadores y coleccionistas. A menos que los museos exhiban el arte de manera tan diversa como las culturas que dicen representar, no estarán mostrando la Historia del Arte sino que sólo estarán preservando la historia de la riqueza y el poder”

 Guerrilla Girls

Más allá de Estados Unidos, las Guerrilla Girls decidieron emprender acciones allende. Enviaron cuestionarios a 383 museos o espacios de exposición de arte moderno y contemporáneo de Europa con el fin de calibrar la proporción de género, raza, religión, orientación sexual y etnia de los artistas que formaban parte de sus colecciones permanentes y sus exposiciones temporales. De los 383 cuestionados, 282 no emitieron respuesta alguna. En ese sondeo, las activistas feministas concluyeron que los museos o galerías europeos contenían una media del 22 por ciento de arte producido por mujeres. Desde que comenzaron su particular guerrilla, estas artistas anónimas han logrado colarse de manera oficial –gracias en particular a sus originales carteles- en lugares de notable prestigio como la Tate Modern o la Whitechapel Gallery londinenses.

¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum? (Foto: Guerrilla Girls)
¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met. Museum? (Foto: Guerrilla Girls)

Hoy en día, las Guerrilla Girls ya no existen en su formato original. En su lugar, actualmente coexisten tres grupos que se autoproclaman sus sucesoras, y siguen haciendo una labor feminista en torno al mundo del arte.

La exposición de las Guerrilla Girls -las originales- ¿Es peor en Europa? puede verse en la Whitechapel Gallery de Londres hasta el 5 de marzo del 2017.

Revolución desde la institución

Tan sólo uno de cada cuatro grandes museos ha estado comandado por una mujer, y las que alcanzan los puestos directivos de pequeños o medianos centros de arte ganan un 78% menos que los hombres que ejercen exactamente las mismas funciones. Por eso, cuando una llega a lo más alto, es tan noticiable como fundamental. La revolución al mando de las grandes galerías de arte contemporáneo ha sucedido este mismo año, con la llegada de la británica Frances Morris, que se ha “echado a las espaldas” todo un emblema como es la Tate Modern de Londres. Morris tenía en su haber un currículum consolidado antes de comenzar su labor en la dirección de la Tate: su papel en la pinacoteca -en la que ha trabajado desde 1987- fue clave en el desarrollo del alcance internacional del museo, así como en el impulso de la presencia de mujeres artistas. Estuvo detrás, por ejemplo, de grandes exposiciones como la retrospectiva dedicada a Louise Bourgeois en 2007 o la exposición de Agnes Martin en 2015.

Pero el trabajo de Morris ha ido más allá de la pura reivindicación feminista  -que ha confirmado en sus primeros meses en el cargo-, ya que ha llegado a revolucionar el concepto mismo de exposición de arte. Morris es la responsable de la ruptura del orden cronológico en la colección artística, algo que más tarde se imitó en todas partes. Su objetivo ha sido siempre contextualizar las obras más allá del tiempo y el espacio en que fueron concebidas, una idea totalmente rompedora. Por lo que, Morris es, en sí misma, toda una precursora en su campo.

Los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados

El ejemplo de Frances Morris sirve para ilustrar que hay algo que está cambiando. Si la Tate Modern pone al mando a una mujer que habla sin pudor de mujeres y trabaja sin reparos con arte producido por artistas féminas, es que los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados. Las grandes instituciones del arte, entre las que incuestionablemente se encuentran esta pinacoteca londinense y el museo madrileño que hoy expone su primera retrospectiva femenina, deben tomar ahora las riendas de una revolución ya imparable.

Nuevas formas de reivindicación

El arte siempre va más allá de grandes museos, porque el arte vive en la gente que lo disfruta, que lo comparte. Internet juega hoy un papel predominante en las nuevas formas artísticas, y también en la reivindicación que centra este artículo.

El espectador en el arte tiene mayoritariamente nombre de mujer

La iniciativa pionera en activismo feminista del arte en Internet es la cuenta en Instagram @Girlsinmuseums, creada hace poco más de un año, que tiene ya más de 11.000 seguidores y 12.000 fotografías etiquetadas por usuarios de la red. A través de este canal, las italianas Camilla Crescini y Francesca Malagoli logran mostrar al mundo la asistencia masiva de mujeres a museos y galerías. De esta forma, buscan evidenciar que la demanda femenina, una demanda que está siendo desatendida por parte del mundo del arte, tiene un impacto mayúsculo. Su iniciativa genera conversación y debate en torno a la brecha de género en el contexto cultural. Según datos de Crescini, el 87% del contenido difundido en redes sociales durante las visitas a los museos lo publican mujeres, frente al 13% de los hombres. Al fin y al cabo, el arte –y la cultura en general- es un diálogo entre el artista y el espectador, una conversación constante en la que ambos participan, y lo que queda demostrado gracias a @Girlsinmuseums es que el espectador tiene mayoritariamente nombre de mujer.

Hay grandes nombres de la pintura, la escultura o la fotografía que no pasan desapercibidos. Louise Bourgeois, Frida Kahlo, Yoko Ono, Cindy Sherman, Marina Abramovic o Annie Leibovitz compiten en fama, prestigio y caché en el mercado con sus colegas masculinos, pero no es suficiente. Desde las instituciones deben trabajar para recordar nombres olvidados, como el de Clara Peeters, y en la calle la implicación de las mujeres que aman -amamos- el Arte debe ser mayor para recordar que el arte de ignorar a las mujeres es cosa del pasado.

Continúa leyendo: ARCO, una aberración imprescindible

ARCO, una aberración imprescindible

Clara Paolini

Foto: Cecilia de la Serna

La feria ARCO, el ineludible “día de la marmota” del arte contemporáneo, vuelve a situar a Madrid como centro de gravedad del contexto artístico español y de paso, de la opinología.

Con 36 años a sus espaldas, el evento capta un interés ecléctico, provocando que galeristas, artistas, críticos, comisarios y coleccionistas se arremolinen en los pasillos del IFEMA entremezclándose con periodistas y público general en un escenario que presenta la compra-venta de arte como telón de fondo.

A pesar de que año tras año, lamentablemente, la atención acaba centrándose en las estratosféricas cifras de las obras más caras o siempre surja la improductiva discusión sobre si lo expuesto merece o no el calificativo de arte, ARCO es una herramienta inmejorable para medir el pulso al entramado del mercado y dilucidar diferentes contextos artísticos, suponiendo además uno de los raros, pero tan necesarios, momentos en el que el arte se torna protagonista en la conversación.

'Ambiente de Estereo Realidad 4' del artista Jose Carlos Martinat en el espacio de la Galería Revolver. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)
‘Ambiente de Estereo Realidad 4’ del artista Jose Carlos Martinat en el espacio de la Galería Revolver. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

ARCO no es una bienal, tampoco un compendio de exposiciones, ni mucho menos es un museo; es una feria comercial y para disfrutarla, hay que entenderla como tal. Decía Óscar Alonso Molina hace unos días que “la feria como el peor contexto para disfrutar de las obras es un tópico y una paradoja con la que hemos aprendido a convivir”; pero no conviene olvidar que aunque ARCO no sea el lugar idóneo donde disfrutar de un encuentro íntimo y conmovedor con el arte, sí ejerce una función relevante para su supervivencia y diagnóstico.

¿Por qué ARCO es una cita imprescindible?, ¿qué supone para un artista exponer en sus pasillos?, ¿qué importancia tiene para las galerías?, ¿qué piensan de ARCO los coleccionistas extranjeros? En una gran feria como esta, ¿hay espacio para la belleza y la crítica? Descubriendo las numerosas incógnitas que sugiere el mercado del arte contemporáneo, nos embarcamos en la búsqueda de posibles respuestas.

¿Qué significado tiene ARCO para los artistas?

La feria lo transforma todo porque el contexto natural del arte se supone que son los museos, las galerías… pero la feria es una especie de aberración que con el paso de los años, se ha convertido en una aberración imprescindible”, opina Marco Antonio Castillo Valdés, uno de los dos artistas que conforman en la actualidad el colectivo cubano Los Carpinteros.

Han pasado ya 10 años desde que Los Carpinteros visitaran ARCO por primera vez, logrando el Primer Premio de la Popularidad entregado la feria allá por 1997, el cual contribuyó al despegue de una carrera hoy más que consolidada y aunque mucho ha llovido desde entonces, cierta esencia parece inmutable.

Dentro de la sección Proyectos Especiales y de la mano de la galería suiza Peter Kilchmann, Los Carpinteros presentan la obra Domo hexagonal, una atractiva y casi monumental estructura de madera que acoge en su interior a los visitantes, invitándoles a llenar cada uno de los espacios con propuestas propias. Partiendo de la idea de las cárceles panópticas convertidas en uso civil “la pieza no pretende ser una obra egocéntrica, sino una escultura que ofrece un servicio”.

'Domo Hexagonal' del colectivo de artistas cubanos Los Carpinteros. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)
‘Domo Hexagonal’ del colectivo de artistas cubanos Los Carpinteros. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

Consciente del contexto ferial en el que se ubica, durante la entrevista en exclusiva para The Objective, el artista declara que “todo el arte contemporáneo, por muy conceptual que sea, por muy radical que sea, ha tenido que adaptarse a estas condiciones”, refiriéndose a la imprescindible anomalía de la exhibición en el contexto ferial.

Aunque para algunos artistas vender su obra sea necesario para subsistir y continuar su trayectoria, no todos asisten a la feria bajo la presión del mercado, e incluso algunos como Daniel G. Andújar hacen dudar sobre la verdadera necesidad de una feria para el éxito de su trayectoria.

El artista, que ha sido seleccionado para la próxima Documenta de Kassel y de cuyos trabajos hemos podido disfrutar en instituciones del calibre del Museo Reina Sofía, asegura que para él no es tan importante vender o no vender y señalando al collage de fotografías propias y tomadas de internet que conforman su instalación en Casa sin Fin,l comenta que “a veces parece un sinsentido que esto lo vaya a comprar alguien”.

Bajo el abrigo de las instituciones culturales españolas, que a pesar de los varapalos el artista sigue considerando fuertes e indispensables, la trayectoria de Daniel G. Andújar resulta una rara avis que a pesar de la paradojas, se desenvuelve en ARCO con naturalidad: “No entendería que mi trabajo está dentro de un mercado porque de hecho hasta hace relativamente poco no vendía obra ni tenía galería. Ahora tengo más de 50 años y empiezo a contar con en esa parte ínfima del mercado que además tiene una preocupación por preservar trabajos que en principio yo no había creado para que pervivieran. Luchar contra eso es complejo”.

'Obras' de Daniel G. Andújar en la galería Casa Sin Fin. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)
‘Obras’ de Daniel G. Andújar en la galería Casa Sin Fin. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

En busca de savia joven, hablamos con la prometedora artista alicantina Rosana Antolí, que junto a Fito Conesa atrae el flujo de visitantes hacia la galería valenciana Espai Tactel. Ambos artistas, ganadores de la Generaciones de la Casa Encendida de este año, parecen encontrarse en el momento de despegue de su trayectoria, por lo que una feria como ARCO supone un necesario escalón ascendente que sobrepasar.

En la que es su primera vez exponiendo en la feria, Rosana Antolí asegura que “no hay expectativas, hay ilusión y mucha emoción porque es la feria referente en el país. Vienes aquí de excursión cuando estás en la universidad, llevas trabajando muchos años y de repente acabas viniendo aquí y reconocen el trabajo”.

Con 35 años, la artista da la impresión de entender el para otros invisible mecanismo del mercado del arte sin perder por ello ni un ápice de su esencia como artista: “Soy bastante consciente del contexto en el que se expone cada vez mi trabajo. No es lo mismo cuando planteo un trabajo para un museo o para Generaciones de La Casa Encendida que cuando lo planteo para la galería. Obviamente es una feria pero siempre tiene que haber un componente en el que disfrutes, en el que arriesgues y en el que juegues con ambas cosas; con la emoción y con el saber que estás en una feria de arte (…)  Para mí estar en ARCO era un escalón necesario para la carrera conforme como quiero llevarla y continuarla”.

Rosana Antolí presentando su obra 'Cosmos Dancing Caos', una escultura viva que danza a ritmo biolólogico en Espai Tactel.
Rosana Antolí presentando su obra ‘Cosmos Dancing Caos’, una escultura viva que danza a ritmo biolólogico en Espai Tactel. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

En contraposición a los anteriores, la feria ARCO también sirve como mercado de valores para artistas consagrados “de hoy de siempre”, ofreciendo variaciones en el tipo de cambio que se aplica a la moneda en la que se han convertido sus piezas. Desde Ai Weiwei, Louis Bourgeois o David Hockney (expuesto en la Galerie Lelong coincidiendo con su retrospectiva en la Tate), hasta las sobrecomentadas, en términos económicos, obras maestras como El triunfo de Nautilus, de Salvador Dalí o la escultura The red base de Alexander Calder.

¿Qué opina una de las mayores coleccionistas de arte del mundo sobre ARCO’17?

Durante ARCO y más tarde en una entrevista en privado, disfrutamos de un encuentro privilegiado: una charla con la filántropa, empresaria y coleccionista de largo recorrido Ella Fontanals- Cisneros, quien a través de su reputada Fundación CIFO (Fontanals – Cisneros) demuestra año tras años un ojo infalible para el arte haciéndose con las obras más deseadas del mercado.

De origen cubano, venezolana de adopción y residente en Miami en la actualidad, la coleccionista evita nombrar a sus artistas favoritos “porque son como una gran familia que se complementan” y destaca la importancia de ARCO para Latinoamérica “debido a que es la feria que trae más galerías latinoamericanas y facilita el acceso a las mismas para los coleccionistas europeos”.

Frente a la espectacular obra Sphere Jaune de Julio Le Parc, artista del que Ella Fontanals-Cisneros ha demostrado ser fiel seguidora, la reputada coleccionista habla sin tapujos sobre el mercado del arte en España, opinando respecto al 21% del IVA en cultura que “es imprescindible que las organizaciones y sobre todo que las galerías, hagan un lobby al Gobierno español para cambiar la situación“.

La coleccionista deja traslucir su pasión por el arte con cada palabra, y a pesar de las distancias, entiende a la perfección las necesidades urgentes del contexto español:  “Yo creo que el arte enriquece a un país por lo que es necesario liberar y facilitar, poniendo menos trabas para que crezca el número de coleccionistas y facilitando que la gente pueda adquirir arte. Sobre todo respecto a la donación de obras a las instituciones, si hubiera más apertura y esto contribuyera a desgravar impuestos, las instituciones tendrían más oportunidades de recibir valiosas donaciones”.

Con una mayor presencia de coleccionistas latinoamericanos que españoles, las palabras de Ella Fontanals-Cisneros resuenan en la percepción generalizada: sin coleccionistas latinoamericanos como ella, como Eduardo Hochschild o Eduardo Constantini, la salud de ARCO no sería la misma.

'A Brain Tree' del artista Een breinboom en la galería Jan Fabre.
‘A Brain Tree’ del artista Een breinboom en la galería Jan Fabre. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

¿Cómo viven ARCO  las galerías?

No todas las galerías pueden llegar a ARCO, y para las que lo hacen, se trata de una inversión no exenta de riesgo. A este respecto, la galería Espacio Valverde, dirigido por Asela Pérez y Jacobo Fitz-James Stuart, ha conseguido ganarse el respeto tanto de la crítica como el de sus veteranos compañeros de profesión, hecho que fácilmente comprobable por las numerosas alabanzas vertidas por otros asistentes durante los minutos de nuestra charla.

Además del espacio reservado a la artista Elena Alonso, para esta edición de ARCO, Espacio Valverde vuelve a presentar un proyecto que va más allá del supermercado artístico: Casa Leibniz ofrece un acogedor espacio para el pensamiento, organizando conversaciones entre escritores y artistas alrededor de una mesa de estilo jacobino que perteneció a la bisabuela del galerista (de la Casa de Alba).

Transmitiendo una sensación similar a la entusiasta artista Rosana Antolí, Jacobo explica su parecer sobre la feria: “Hemos ido a ferias, tenemos experiencia, pero ARCO, al ser la feria nacional a la que has ido desde niño, te hace una ilusión enorme. Es como un rito de paso, como en una tribu en la que tenías que meter la mano en un hoyo lleno de hormigas caníbales para ser mayor de edad. Algo así, pero sin hormigas caníbales”, explica entre sonrisas el galerista.

Fitz-James Stuart confiesa que su sueño “es que los artistas a los que representa puedan vivir de su trabajo y de paso, que nosotros también” e identifica los obstáculos que entorpecen el camino a tal meta: “El problema de aquí es que tenemos un 0,7% del mercado mundial. Londres tiene un 22%... pero eso también hace que tengamos unos artistas buenísimos porque hay poca tontería”, dice sin victimismos un galerista que sigue apostando en su espacio por proyectos y artistas con una carga intelectual en las antípodas del arte como espectáculo.

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Jacobo Fitz-James Stuart, co-director de Espacio Valverde. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

Espacio Valverde demuestra que, a parte de las galerías consolidadas, cuyas ventas parecen aseguradas de antemano, en ARCO también caben propuestas intermedias e incluso alternativas; un hecho también ejemplificado por Drop City, ganadores del Premio Opening para galeristas emergentes.

Lejos de ser una galería comercial al uso, Drop City se basa en un modelo colaborativo y multisede, con una fructífera red de producción y exhibición en la que los artistas son también los galeristas y comisarios, como es el caso de Nadia Hebson y Eleanor Wright con las que charlamos. Para ellas, en su primera visita a ARCO y tras la emoción de ver galardonado su trabajo, las ferias suponen un terreno por el que tenían curiosidad y no menos preguntas, un contexto que es imposible criticar o alabar desde la objetividad y consideran indispensable mantener la integridad: “Donde vivimos algunos de nosotros, como es mi caso en Newcastle, hay una escena artística muy activa pero no está conectada con la escena comercial. Sin embargo, los artistas necesitan vender obras y eso es lo que la feria ofrece, esa es la oportunidad, pero ¿cómo hacerlo de la forma más interesante posible, sin que vea comprometida, sin que sea solo un acto mercantilista?  Para eso la integridad es esencial”.

Con una mirada realista y no carente de distancia respecto al resto de galerías comerciales de las que se ve rodeada Drop City en la feria, Eleanor Wright nos recuerda una olvidadiza verdad esencial: “Aquí hay muchos tipos de arte y muchos tipos de conversaciones, no puedes entrar en conversación con todos, pero pienso que es necesario que cada uno busque su sitio y seguir hacer un trabajo que nos estimule intelectualmente”.

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‘Three man laughing at one’ de Juan Muñoz. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

En el polo opuesto a las propuestas de estas jóvenes galerías, encontramos a las gigantes españolas de siempre ofreciendo un paseo sin sorpresas con cuadros de Tàpies o esculturas de Juan Muñoz. Aunque con ligeras mutaciones, son la parte fija del “día de la marmota”, a las que este año se les unen las 12 galerías de Argentina, país invitado de este año entre cuyas propuestas se echan en falta espacios más allá de la capital y el sosiego.

¿Hay espacio para la crítica, el debate y la política en ARCO?

Aunque hace apenas unas semanas fuera el mismísimo MoMA de Nueva York el que liderara la protesta contra la política de inmigración de Trump, resulta sorprendente que en ARCO no encontramos rastro del polémico nuevo presidente estadounidense.

El escaso arte crítico sí hace mención, sin embargo, a temáticas y discursos derivados del concepto de frontera y al drama de los refugiados con obras de Uriburu o el otrora controvertido Eugenio Merino, quien ha instalado en la galería ADN la obra Rescue passports, una colección de pasaportes de los países con mayor número de refugiados envueltos en mantas térmicas.

Por otra parte, entre la poesía, la geopolítica y el arte, destaca la presencia del artista Babi Badalov en el espacio de la galería parisina Jérôme Poggi. El artista de Arzebayán del que podemos disfrutar en el MUSAC hasta junio, ofrece en ARCO una pequeña muestra de su exploración en las fronteras del lenguaje.

Parte instalación del artista Babi Badalov en la galería Jérôme Poggi.
Parte instalación del artista Babi Badalov en la galería Jérôme Poggi. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

Artistas consolidados a pocos metros de talentos emergentes, arte político y crítico cerca de obras centradas en la poética y la estética, obras polémicas, anodinas, conceptuales, figurativas, que permanecerán o que serán olvidadas… año tras año, como un familiar lejano al que solo vemos una vez al año, vemos ARCO igual pero diferente.

Los pasillos de ARCO ofrecen un restringido y condensado mapamundi artístico, tejido con infinitos hilos de discursos, ideas, épocas, lugares, relevancias y formas de entender el arte, y el espacio entre lo intelectual y lo comercial no siempre es cómodo ni fácil, por lo que ante la apabullante amalgama que surge de la intersección, lo mejor es que el espectador se convierta en buscador de tesoros utilizando la única brújula verdaderamente válida para el arte: los intereses, las afinidades, los gustos y deseos de cada cual.

Señoras y señores, disparen sus opiniones.

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Ai Weiwei, activismo y arte como una Catedral

Clara Paolini

Cuando el arte toma la palabra, el ansia de libertad consigue transformar la censura en denuncia y el cautiverio en activismo. La mentira que afirma “lo que no te mata te hace más fuerte” puede convertirse en verdad si se deposita en arte; quien ha sido amordazado gritará luego más fuerte, y quien estuvo encadenado podrá hacer de la expresión artística pura agitación.

Durante más de cuatro décadas, el artista chino Ai Weiwei (Pekín, 1957) ha dedicado su vida y su obra a la materiaización del pensamiento crítico, a la lucha por los derechos humanos y a la denuncia de la corrupción y las injusticias impuestas desde la economía y la política. Si bien éstas son causas legítimas por las que merece la pena luchar en cualquier parte del mundo, es en su China natal donde voces como la suya, resultan imprescindibles.

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Las reflexiones de Ai Weiwei en la Catedral de Cuenca. (Foto: Clara Paolini / The Objective)

Un sistema político alejado de parámetros democráticos, falta de libertad de prensa, la persecución de quienes alzan la voz a favor del cambio, y en definitiva, la constante violación de los Derechos Humanos, hacen de China una potencia mundial que se mueve en arenas movedizas, consiguiendo atrapar en su organizado régimen a la población más numerosa del planeta. En el país asiático, situado en la cúspide del orden económico, no hay libertad, y son personas como Ai Weiwei, capaces de trasmitir su malestar al mundo entero, las que proporcionan un necesario altavoz para hacer llegar la realidad, ya no sólo a la comunidad internacional, sino a cualquier persona a pie de calle que a título individual se detenga a escuchar, a observar y a reflexionar.

“La estupidez puede ganar momentáneamente, pero nunca prevalecerá, porque está en la naturaleza humana buscar la libertad. Los gobernantes pueden demorar la libertad, pero no pueden detenerla”, Ai Weiwei

La obra de Ai Weiwei es una representación fehaciente de la falta de derechos en el país asiático, y mediante la pintura, escultura, instalaciones, vídeos, internet e incluso mediante su propia vida, arte y activismo se entrelazan creando una sólida y constante estructura artística de denuncia.

Investigó el caso del derrumbe de escuelas en Sichuan tras el terremoto de 2008, poniendo nombre a los 5.196 estudiantes fallecidos por culpa de la corrupción que llevó a la deficiente construcción de los edificios, documentó desapariciones y junto con la firma de arquitectos Herzog & de Meuron construyó un simbólico “Nido de Pájaro”para la celebración de los Juegos Olímpicos.

Su obra señala con el dedo, sin perder un ápice de valor estético, ofrece información y aproximaciones críticas, invita a la reflexión y la lucha por el cambio. Es por eso que Ai Weiwei es peligroso, y el gobierno Chino lo sabe.

Por este motivo, el 3 de abril de 2011 Ai Weiwei, uno de los artistas más representativos del arte contemporáneo a nivel internacional, fue detenido en el aeropuerto de la capital china. Como excusa, las autoridades dijeron que sus motivos para viajar eran confusos, lo que permitió al régimen encarcelarlo durante 81 días sin cargos oficiales.

“En una sociedad que restringe las libertades individuales y viola los Derechos Humanos, cualquier cosa que se llame a sí misma creativa o independiente es una mentira. Es imposible que una sociedad totalitaria cree algo con pasión e imaginación”, Ai Weiwei

La obra S.A.C.R.E.D rememora y denuncia esa experiencia. Se trata de la pieza central de La Poética de la Libertad, una exposición contenida en el inusual espacio de la Catedral de Cuenca. Insertada en la programación del cuarto centenario del Quijote, la exposición es parte de un itinerario que llena de contemporaneidad los luminosos interiores de esta obra arquitectónica de estilo gótico.

Dividida en tres exposiciones, el recorrido incluye obras del informalismo español, una pieza de Florencio Galindo en homenaje a Cervantes y su libertad,  y tras pasar por los pasillos cubiertos de frases y vídeos del artista chino, desemboca en el claustro, donde nos asomamos a su instalación.

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Los barrotes y alambradas de una cárcel luminosa dando la bienvenida a La Poética de la Libertad. (Foto: Clara Paolini / The Objective)

En las páginas del Quijote leemos: “…siendo la libertad la cosa más amada, no sólo de la gente de la razón, más aún de los animales que carecen de ella. (…) Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida“. El recorrido sugiere un paralelismo entre la obra de Ai Weiwei y la de Miguel de Cervantes, dos hombres que, aunque separados en el tiempo, vivieron el cautiverio por luchar por la libertad no sólo de sus ideas, sino también para denunciar la falta de ella en el mundo, y tanto el aperitivo de Galindo como el postre de los informalistas complementan (aunque “con pinzas”) la gran obra central del artista chino.

Al llegar al claustro, cajas oscuras engañan al ojo. No, no se trata de una exposición minimalista. Basta acercarse y espiar el interior a través de algunos de los pequeños huecos para ver que están llenas de vida, de desazón, de claustrofobia e intimidad interrumpida.

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Invitación a “espiar” el interior de la celda. (Foto: Clara Paolini / The Objective)

Dentro, encontramos al propio Ai Weiwei en la celda, acompañado de forma perenne por dos guardias mientras le interrogan, mientras come, defeca, se ducha… Los dos guardianes vestidos de uniforme, firmes y estáticos, acompañan al artista en su cautiverio, ejerciendo una presencia que por continua, hace aún más acuciante la falta de libertad impuesta por la propia celda, reproducida una y otra vez en todas las escenas con las ligeras variaciones que supone la actividad del artista en cada una de ellas.

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El encierro. (Foto: Clara Paolini / The Objective)

Las escenas se titulan Cena, Acusadores, Limpieza, Ritual, Entropía y Duda que, en idioma inglés, construyen el acrónimo que le da título. Una libertad sagrada, aunque pausada por los puntos impuestos de la censura que en su conjunto en forma de acrónimo encapsula escenas, recupera, al fin, el significado de la palabra ligada a la expresión al ser compatida.

Más allá de su valor como pieza de arte político, biográfico y conceptual, son muchas las razones por las que observar esta obra en el contexto de la Catedral de Cuenca ofrece al espectador una experiencia cercana a la perplejidad, siendo la más obvia quizá, la extrañeza visual de ver mezclados los espectaculares dorados, las vidrieras y la majestuosidad de la arquitectura gótica en contraposición con los materiales contemporáneos de la instalación, con el hoy y ahora de aquí y allí.

Sin embargo, es justamente esa aparente contraposición la que queda en la mente al salir a la luz del día. Quizá lo sagrado no está ya en la divinidad cristiana por la que se erigió la Catedral. Quizá lo sagrado, que tantas veces colocamos en otro lugar, en realidad no exista. Quizá lo sagrado sea, a fin de cuentas, la libertad humana.

Digno de veneración y respeto; irrenunciable; un lugar que, por privilegio, podía servir de refugio a los perseguidos por la justicia. Tras las acepciones relativas al culto divino, estas tres definiciones aparecen en la RAE bajo la palabra “sagrado”. Un término tan bello como manido que, como la libertad, quizá deberíamos volver a comprender en toda su magnitud para recuperar su sentido, escogiendo para la contemporaneidad la acepción adecuada.

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No te la pierdas, en la Catedral de Cuenca, exposición extendida hasta el 11 de diciembre. (Foto cedida por La Poética de la libertad)

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El Expresionismo Abstracto aterriza a lo grande en Bilbao

Cecilia de la Serna

Foto: Museo Guggenheim de Bilbao
Museo Guggenheim de Bilbao

Pollock, Rothko, De Kooning, Smith, Still, Kline, Motherwell. Son “apellidos propios”, grandes estandartes, del Expresionismo Abstracto. Este movimiento, uno de los más revalorizados en las últimas décadas de cara a los coleccionistas, tiene su origen en el Nueva York de la década de 1940 y mantiene el honor de estar considerado el primer movimiento genuinamente estadounidense dentro del arte abstracto. Cuando hablamos de “movimiento” generalmente lo entendemos como un todo. No obstante, el del Expresionismo Abstracto es uno de los movimientos menos unificados de la Historia del Arte, y es que en realidad este fue un fenómeno complejo, variable e individualista, difícil de encuadrar en un solo marco. De hecho, lo único que une realmente a este grupo de artistas, que nunca formaron una unidad articulada, es que supuso la ruptura con las convenciones de las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX, como el Cubismo o el Surrealismo.

El Guggenheim de Bilbao recoge el testigo de la Royal Academy de Londres y presenta una extensa exposición con más de 130 obras

Medio siglo hemos tenido que esperar en el Viejo Continente para presenciar de nuevo una gran retrospectiva del Expresionismo Abstracto. El Museo Guggenheim de Bilbao tiene el privilegio de recoger ahora el testigo de la Royal Academy de Londres, y presenta una extensa exposición con más de 130 pinturas, esculturas y fotografías procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo.

Jackson Pollock. Mural, 1943. (Foto: The Pollock-Krasner Foundation)
Jackson Pollock. Mural, 1943. (Foto: The Pollock-Krasner Foundation)

Esta retrospectiva -aunque más bien deberíamos denominarla ‘perspectiva’-, ha arrasado en la Royal Academy de Londres durante todo el otoño. Entre las 130 obras que ahora llegan a orillas de la ría de Bilbao encontramos algunas de los más conocidos maestros de la abstracción, como Jackson Pollock, Mark Rothko, Robert Motherwell o Willem De Kooning. Sin embargo, la originalidad y las joyas ocultas de esta muestra residen en la variedad de obras expuestas, especialmente de artistas que no alcanzaron tanta fama, como Arshile Gorky, Hans Hofmann, William Baziotes, Gerome Kamrowski, Clyfford Still, David Smith, Franz Kline, Barnett Newman, Ad Reinhardt…

Mark Rothko. Banda amarilla (Yellow Band), 1956. (Foto: Sheldon Museum of Art)
Mark Rothko. Banda amarilla (Yellow Band), 1956. (Foto: Sheldon Museum of Art)

Lo que pocos conocen es que el arte de todos estos maestros fue utilizado por la CIA como propaganda cultural anti soviética en plena Guerra Fría -en ese marco se dio la última gran exposición de Expresionismo Abstracto en Europa-. Después de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad se debatía entre la decepción de conocer la peor parte de sí misma y la reconstrucción de su propia identidad. Entonces llegaron estos artistas norteamericanos, que destacaban el arte como producto de la libertad y la democracia frente al comunismo soviético. Ahora, en la era en la que los valores norteamericanos están cuestionados por la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, parece que Pollock, Rothko y compañía vuelven a estar más de actualidad que nunca.

La exposición Expresionismo Abstracto puede verse en el Museo Guggenheim de Bilbao del 3 de febrero al 4 de junio de 2017.

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