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Mujeres y niñas, víctimas de una pandemia mundial….

Marta Ruiz-Castillo

…. la violencia machista

Mariana, Silvia, Mirella, Isabel, Lucinda, María, Lisa, Ascensión, Ana, Paqui, Soraya, Victoria, Silvia, Tatiana, María del Carmen, Cristina, Yolanda, Rosario, Marina, Lucía, Jana, Aránzazu, Teresa, Karla, Alexandra, Carmen, Benita, Arantza, Juene, Flori, Ada Graciela, Estefanía, Jaqueline, Celia y Juana, son sólo algunas de las mujeres que este 25 de noviembre no podrán participar en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres que se conmemora en todo el mundo. Ninguna está ya para expresar su repulsa contra esta lacra, esta pandemia de la que han sido víctimas este año 2016 en España. Todas han sido asesinadas por hombres que decidieron que tenían el derecho a decidir por ellas.

Campaña de Naciones Unidas 

“La violencia contra las mujeres y niñas es una violación de los derechos humanos, una pandemia de salud pública y un serio obstáculo para el desarrollo sostenible. Supone importantes costes para familias, comunidades y economías. El mundo no puede permitirse pagar este precio”, ha dicho Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas, en su mensaje de este 25 de noviembre.

Transparente. La imagen que Naciones Unidas ha utilizado para este 25 de noviembre, titulada Lágrimas silenciosas. (Foto: Belinda Mason / ONU)
‘Transparente. Lágrimas silenciosas’. La imagen que Naciones Unidas ha utilizado para este 25 de noviembre. (Foto: Belinda Mason / ONU)

Efectivamente, no podemos permitírnoslo y sin embargo, cada día son muchas las mujeres y niñas que son asesinadas, violadas, abusadas, maltratadas en todos los países del mundo.  Por eso desde Naciones Unidas se invita a todos los gobiernos, a los políticos, a las administraciones y al conjunto de los ciudadanos a tener presente que:

– La violencia contra las mujeres es una violación de los derechos humanos

– La violencia contra las mujeres es una consecuencia de la discriminación contra las mujeres, de hecho y de derecho, y una forma de mantener la desigualdad entre hombres y mujeres.

-La violencia contra las mujeres afecta e impide el progreso en muchas áreas, incluida la erradicación de la pobreza, la lucha contra el VIH/SIDA, la paz y la seguridad.

-La violencia contra las mujeres y niñas no es inevitable. La prevención es posible y esencial.

-La violencia contra las mujeres sigue siendo una pandemia global.

Uno de los mayores desafíos para prevenir y acabar con la violencia contra las mujeres y niñas en el mundo es la significativa falta de financiación, denuncia la ONU. Como resultado, hay una importante carencia de recursos para prevenir y acabar con la violencia contra mujeres y niñas. “Es necesario que los recursos se dediquen para lograr un cambio real en las vidas de mujeres y niñas”.

Pinta tu mundo de naranja

La campaña ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres de la Secretaría General de las Naciones Unidas, administrada por ONU Mujeres, ha proclamado el 25 de cada mes como “Día Naranja”: un día para actuar a favor de generar conciencia y prevenir la violencia contra mujeres y niñas. Iniciado y dirigido por la Red Mundial de Jóvenes ÚNETE, el Día Naranja hace un llamamiento a activistas, gobiernos y socios de la ONU para movilizar a la población y poner de relieve las cuestiones relacionadas con prevenir y poner fin a la violencia contra mujeres y niñas, no sólo una vez al año, el 25 de noviembre, sino cada día.

La campaña UNiTE de la Secretaría General de Naciones UNidas anima a vestir el planeta de naranja. (Foto: unwomen.org)
La campaña UNiTE de la Secretaría General de Naciones UNidas anima a vestir el planeta de naranja. (Foto: unwomen.org)

Las escalofriantes cifras en España

En nuestro país, en lo que va de 2016 han sido asesinadas 40 mujeres, aunque hay 4 casos que están pendientes de investigación y no se han incluido oficialmente como crímenes machistas, según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Las medidas legales, como afirman las organizaciones de mujeres, los partidos políticos y el propio Gobierno a través de entidades como el Instituto de la Mujer, han mejorado en los últimos años con órdenes de alejamiento, detenciones de los agresores, endurecimiento de las penas de cárcel, juicios rápidos.

En cuanto a la coordinación y la personalización en la atención a las víctimas, a partir de la puesta en marcha de la primera Estrategia Nacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer en 2013, los datos reflejan una mejora de estos aspectos, según ha asegurado esta semana la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, quien ha destacado el hecho de que “el teléfono de atención a las víctimas 016 ha vuelto a batir un récord, con 65.787 llamadas de enero a septiembre de este año”. Además, han aumentado los contratos bonificados para mujeres víctimas de violencia.

Queda mucho por hacer y siguen fallando las medidas de alejamiento, en parte, reconocen los expertos porque muchas mujeres bajan la guardia y acaban volviendo con sus maltratadores, pero también por la ausencia de inversiones que permitan un mayor control de los denunciados. El caso más reciente es el de Juana, que fue asesinada el 17 de noviembre por su ex marido en la localidad leonesa de La Virgen del Camino. El matrimonio estaba separado y sobre el marido pesaba una orden de alejamiento, pero ella decidió “por humanidad” volver a vivir con él para cuidarle de un cáncer en estado avanzado. Él, que no tuvo ninguna humanidad, la mató y después se suicidó.

Campaña contra la violencia doméstica y el teléfono 016 con motivo del Día contra la Violencia contra las Mujeres, en Oviedo. (Foto: Eloy Alonso / Reuters)
Campaña contra la violencia doméstica y el teléfono 016 con motivo del Día contra la Violencia contra las Mujeres, en Oviedo. (Foto: Eloy Alonso / Reuters)

El caso de Juana no es una excepción, como tampoco lo es que muchas víctimas no hayan denunciado antes malos tratos, amenazas y acaben siendo portada de los telediarios cuando sus maridos, ex maridos, novios, ex novios han acabado con sus vidas. En este sentido, autoridades, expertos, organizaciones, fuerzas de seguridad coinciden en la “importancia y necesidad” de denunciar”. 

Para ello, es fundamental la prevención y la educación. “Concienciar a la sociedad para que no viva como normales comportamientos machistas”, decía el otro día la ministra, partidaria de cambiar la cultura de la desigualdad entre mujeres y hombres. Dos días antes del asesinato de Juana, el Congreso de los Diputados dio un paso muy importante al aprobar por unanimidad una iniciativa propuesta por PP y PSOE, a la que se sumaron los demás grupos de lograr un Pacto de Estado contra la violencia machista.

Un pacto que proteja a las mujeres, a las niñas y a los hijos de víctimas de malos tratos. Un pacto que condene los comportamientos machistas desde la escuela. Un pacto que aparte de la sociedad a los maltratadores, a los asesinos. Porque las cifras son escalofriantes: Año 2007: 71 mujeres asesinadas; Año 2008: 84 mujeres asesinadas; Año 2009: 68 mujeres asesinadas; Año 2010: 85 mujeres asesinadas; Año 2011: 67 mujeres asesinadas; Año 2012: 57 mujeres asesinadas; Año 2013: 57 mujeres asesinadas; Año 2014: 59 mujeres asesinadas; Año 2015: 64 mujeres asesinadas; Año 2016: 40 mujeres asesinadas.

Asignatura pendiente en todo el mundo

La violencia contra mujeres y niñas se produce en España, sí, pero también en el resto de los países, con situaciones inimaginables en las que muchas veces las víctimas son niñas, objeto de todo tipo de violencia psicológica y física. 

El caso más reciente de brutalidad contra las mujeres que dio la vuelta al mundo es el de Lucía. Tenía sólo 16 años cuando varios hombres la drogaron, la violaron y la empalaron. Murió a las puertas de un centro hospitalario de Mar del Plata el 8 de octubre. La descripción del horror sufrido por esta joven a manos de sus asesinos violadores sacó a las calles de Buenos Aires y de otras ciudades argentinas a miles de personas bajo una persistente lluvia para protestar, para gritar “Ni Una Menos”, para exigir “Basta Ya” de abusar de las mujeres. Una denunciar que traspasó las fronteras. En otras muchas ciudades de numerosos países, sobre todo de Latinoamérica, el caso de Lucía se convirtió en algo personal para millones de personas de países donde el respeto a las mujeres y niñas brilla por su ausencia. Vestidas de negro, como símbolo contra la violencia machista, contra el terrorismo hacia las mujeres, pretendían remover las conciencias de políticos y gobiernos de medio mundo a los que exigen medidas urgentes y efectivas para que no haya más Lucías en ninguna parte del planeta.

Movilización en Buenos Aires contra el brutal asesinato de Lucía, de 16 años, en bajo el lema 'Ni Una Menos', el pasado octubre. (Foto: Marcos Brindicci / Reuters)
Movilización en Buenos Aires contra el brutal asesinato de Lucía, de 16 años, en bajo el lema ‘Ni Una Menos’, el pasado octubre. (Foto: Marcos Brindicci / Reuters)

Si Latinoamérica se movilizó entonces contra el arraigado machismo y violencia que sufren a diario mujeres y niñas con abusos, violaciones y maltrato físico y psicológico, en otras partes  la mujer, sencillamente, ni siquiera puede salir a la calle a manifestarse, ni siquiera puede salir a la calle si no es tapada desde la cabeza a los pies, ni siquiera puede ir junto a un hombre – siempre unos pasos detrás -, ni siquiera puede votar, ni siquiera puede estudiar. Pero sí puede ser violada, torturada, lapidada y vejada con la impunidad que dan unas leyes medievales hechas por y para los hombres. Las niñas, en algunos países, son vendidas, son intercambiadas a temprana edad por sus padres que las entregan a cambio de cuantiosas dotes a hombres mayores, convirtiéndolas en objetos sexuales enmascarados tras una boda. Esta es la realidad de millones de personas estigmatizadas por haber nacido mujer.

Así que, sin duda, queda mucho por hacer y en este 25 de noviembre, las ciudades de medio mundo se movilizan contra esta lacra, edificios emblemáticos lucen con pancartas y colores simbólicos a favor de la igualdad y del respeto a los derechos de las mujeres y niñas. Como ha dicho Ban Ki-moon, “hoy vamos a pintar de naranja el mundo, como símbolo de un futuro brillante para mujeres y niñas. Con inversiones podemos mantener encendidas estas luces,  defender los derechos humanos y eliminar la violencia contra las mujeres y niñas para siempre”.

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La “literatura comprometida” que navega en la lucha por los derechos humanos

Romhy Cubas

Foto: Wikimedia Commons
Wikipedia Commons

La literatura como elemento de denuncia social, especialmente como detonante  en la querella de los derechos humanos se introduce en la civilización desde que existen las xenofobias y exclusiones individuales. No es solo una aproximación de injusticias y éticas torcidas, es más bien una manera natural de drenar eso que descartamos en diferentes épocas y continentes por ser “diferente” y enfrentarse al automatismo general de un Estado.

Ya en siglo XIX el británico Charles Dickens y el francés Víctor Hugo se estrenaban sin saberlo en esta literatura que exponía crudamente las injusticias y sufrimientos más latentes pero a la vez más ignorados de una sociedad.  Dickens se explaya en los albores de la Revolución Francesa como contexto para narrar una época de profundos cambios estructurales, pero también para establecer ese conflicto de clases entre ricos y pobres que supo plasmar con tanto tino en uno de sus cuentos más famosos, Historia de dos ciudades.

La “literatura comprometida” que navega en la lucha por los derechos humanos 5
Portada de Historia de dos ciudades de Charles Dickens | Imagen: Alianza Editorial

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.».

Víctor Hugo por su parte plantea un argumento a favor de los oprimidos y especialmente en contra de la pena de muerte, Les Misérables (1862)  una obra esencialmente política pero que penetra en los estereotipos sociales y expone un submundo entre clases que muchos prefirieron ignorar para entonces; esta permanece como una de las acciones contra la corrupción y depravación más importantes de la literatura. Émile Zola también publicó novelas sociales y de protesta como Germinal (1885) contra la desigualdad social. Gustave Flaubert con Madame Bovary (1857) o Mark Twain con Huckleberry Finn (1885) son otros de los escritores que se afincaron en el concepto de Sartre de “literatura comprometida” para denunciar aquellos lugares incómodos de los que no se hablaba en público.

La “literatura comprometida” que navega en la lucha por los derechos humanos 1
Portada de Los miserables de Víctor Hugo | Imagen: Austral / Grupo Planeta

Ejemplos tempranos pero básicos en una literatura que ha evolucionado no precisamente a la par de la tecnología o el movimiento de las ciudades, sino que se mantiene y se alimenta de esas mismas desigualdades que siglos después continúan creando pequeños núcleos de exclusión.  Contiendas milenarias vigentes todavía en acciones sutiles. En 1955 los autobuses en Estados Unidos todavía señalizaban con una línea el lugar donde se debían sentar las personas de color. No fue hasta 1931 que España reconoció el derecho al voto de las mujeres y en el siglo  XXI todavía hay países que no reconocen la unión legal de personas del mismo sexo.  

El mundo progresa, pero las desigualdades también, no son solo los movimientos cívicos más reconocidos como la abolición de la esclavitud, el reconocimiento de la comunidad LGBT, o el movimiento sufragista femenino. En materia de derechos humanos los crímenes de guerra se siguen sumando a la lista de destrucciones masivas entre comunidades: el exilio de los Rohinyá, el desplazamiento de miles de inmigrantes en el Medio Oriente, África y el Mediterráneo, el rastro de la guerra civil sudanesa o la libanesa.

Aquí entra la estimulación de la literatura de denuncia que motiva específicamente a la acción, una escuela que cree en el enorme poder de la “disciplina” para el cambio social y artístico.  El intelectual francés Jean Paul Sartre la denominó “Literatura Comprometida”, una invitación a los escritores a reflexionar sobre su contemporaneidad y a establecer narrativas que planteen alternativas a la realidad dentro de un terreno ficticio.  

Escritoras y filósofas como Simone de Beauvoir, Elfriede Jelinek y Naomi Wolf, alzaron la voz mediante textos irreverentes que rompían con las “moralidades” de la época. Simone de Beauvoir por ejemplo llama a la acción colectiva, la acción que responde a su tiempo y a su contexto histórico en la búsqueda del progreso humano.

Como teórico de la literatura comprometida, Sartre se pregunta para quién y por quien se escribe, el compromiso como arte o como colectivo:

“Un joven imbécil escribe: «Si usted quiere comprometerse, ¿a qué espera para inscribirse en el Partido Comunista?» Un gran escritor, que se comprometió muchas veces y rompió sus compromisos todavía con más frecuencia, pero que lo ha olvidado, me dice: «Los peores artistas son los más comprometidos: ahí tiene a los pintores soviéticos». Un viejo crítico se lamenta dulcemente: «Quiere usted asesinar a la literatura; el desprecio de las Bellas Letras se exhibe con insolencia en su revista». Un pobre de espíritu me llama intelectualoide, lo que es sin duda para él el peor de los insultos; un autor que se arrastró penosamente de una guerra a otra y cuyo nombre despierta a veces lánguidos recuerdos entre los viejos, me reprocha que no me preocupe de la inmortalidad: sabe, a Dios gracias, de mucha gente bien que pone en ella su mayor esperanza. A los ojos de un buen foliculario norteamericano, mi laguna está en que no he leído nunca a Bergson ni a Freud; en cuanto a Flaubert, que no se comprometió, parece que me obsede como un remordimiento. Los maliciosos guiñan el ojo: «¿Y la poesía? ¿Y la pintura? ¿Y la música? ¿También quiere usted comprometerlas?» Y los espíritus marciales preguntan: «¿De qué se trata? ¿De literatura comprometida? Pues bien, es el antiguo realismo socialista, a no ser que estemos ante una renovación del populismo, mucho más agresivo”.

Entre las grandes obras de literatura y novela de denuncia social se encuentran no solo los clásicos de Dickens como Casa desolada o Historia de dos ciudades, sino esa confesión necesaria de James Baldwin con  El cuarto de Giovanni, así como Los demonios o el Crimen y Castigo de Dostoievski, Las uvas de la ira de John Steinbeck, La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe  e inclusive las utopías de Orwell se aferran a una par.

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Protesta de mujeres en New Jersey 1968 | Imagen: Pinterest

Al final, como explica la autora del Prisionero de Teherán, Marina Nemat: “La literatura le permite a la víctima convertirse en sobreviviente y hacer frente al pasado para garantizar un futuro mejor. Es la literatura la que transmite la experiencia humana, llega a nuestros corazones y nos hace sentir el dolor de aquellos que han sido tratados injustamente. Sin literatura y narrativa, perderíamos nuestra identidad como seres humanos y nos disolveríamos en la oscuridad del tiempo y nuestros errores repetidos nos llevarían de una devastación prevenible a la siguiente“.

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'A better man', el documental donde una víctima de maltrato entrevista a su verdugo

Redacción TO

Foto: A BETTER MAN

Hay heridas que nunca cicatrizan, a pesar de los años. Attiya Khan es una víctima de la violencia machista y ha convencido a quien fue su verdugo hace 22 años –le abandonó con 18– para que responda ante las cámaras a por qué lo hizo y si vive arrepentido. A better man es, en palabras de su autora, “un documental que puede cambiar la conversación sobre la violencia contra las mujeres”.

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Por qué Islandia es la supercampeona en igualdad de género

Magnea Marinósdóttir y Rósa Erlingsdóttir

Foto: Ross Hughes
Unsplash

El Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial no tiene dudas: Islandia es, por noveno año consecutivo, el mejor país para la igualdad de género. Varios factores son determinantes, como la acción colectiva y la solidaridad de los activistas pro los derechos humanos de las mujeres, la voluntad política y las herramientas como la legislación, el presupuesto y los cupos femeninos.

Nos proponemos comprender mejor por qué un país tan pequeño Islandia ocupa el primer lugar en igualdad de género en el mundo.

Una isla abierta al progreso

Islandia, a pesar de ser una isla, no está aislada del progreso hacia la igualdad de género. Al igual que en el resto del mundo, este progreso gradual puede atribuirse en primer lugar a la solidaridad de los defensores de los derechos humanos de las mujeres que desafían y protestan contra el monopolio del poder en manos de los hombres y el poder de los hombres sobre las mujeres.

En segundo lugar, su éxito se puede atribuir a que las mujeres asumen el poder y crean alternativas a las “verdades” dominantes masculinas y hacen visibles las realidades invisibles de las mujeres, sobre todo las prácticas discriminatorias, incluidos el acoso y el abuso sexuales. Por último, el progreso de Islandia se puede atribuir a que las mujeres y los hombres comparten el poder como responsables de la toma de decisiones, y cada vez hay más hombres que apoyan las concesiones mutuas que requiere la igualdad de género.

En la cultura islandesa existe el concepto de “mujeres fuertes”

Como tal, el caso islandés no es nada excepcional. Ha recibido la influencia de las corrientes culturales, políticas, religiosas, sociales, académicas y económicas que han llegado a sus costas, y de las que se han desarrollado y creado dentro del país. En su cultura existe el concepto de “mujeres fuertes”. A pesar de ser mítico, tiene sus raíces en la realidad, ya que las mujeres han disfrutado de ciertas libertades, y tenían autoridad cultural y religiosa durante el período de la Comunidad Islandesa, la que persistió a lo largo del tiempo. Desde un punto de vista religioso, la diversidad fue adoptada en la sociedad pagana “premoderna”. Había dioses y diosas, así como mujeres y hombres que servían como autoridades culturales y religiosas. Las mujeres eran sacerdotisas y oráculos, poetas y maestras de runas, comerciantes y médicas, que disfrutaban de respeto en la sociedad.

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“Mujeres fuertes”, un concepto muy islandés. | Foto: Bob Strong / Reuters

Una lucha histórica

Esta diversidad religiosa terminó con el advenimiento del cristianismo en el año 1000 cuando los diferentes Dioses y Diosas fueron reemplazados por un Dios monolítico. Al mismo tiempo, las mujeres ya no eran lo suficientemente buenas para representar públicamente a Dios y, a pesar de tener un estatus relativamente igualitario, las mujeres no tenían derecho a votar ni a estar representadas en el parlamento islandés, el más antiguo del mundo, establecido en el año 930.

Posteriormente, las mujeres comenzaron a luchar por el derecho a ser “suficientemente buenas”. En parte tuvieron éxito en 1914 y 1915 cuando a las mujeres se les otorgó el derecho legal de ser sacerdotisas protestantes, y el derecho de votar y de presentarse como candidatas políticas, respectivamente. Sin embargo, había una gran brecha entre el progresivo desarrollo de leyes basado en los derechos y las normas culturales predominantes y la realidad social, que mantenía a los hombres en un lugar de poder disfrutando de su “ventaja competitiva” y continuaba conteniendo a las mujeres.

Esta situación permaneció hasta que un grupo importante de mujeres instruidas penetró en las fortalezas que rodeaban los palacios del conocimiento y las universidades, y el feminismo se convirtió en un movimiento de masas en las décadas de 1960 y 1970 uniendo a las mujeres en su lucha por la igualdad de derechos e influencia política. Durante estas décadas, las mujeres comenzaron a tomar el poder para definir y redefinir el mundo en el que vivimos e incluso inventar nuevas “verdades” sobre dónde estaban paradas. El feminismo incluso comenzó a infiltrarse en la teología, ya que la primera mujer que se convirtió en sacerdotisa en Islandia en 1974, o 974 años después de que Islandia se convirtiera al cristianismo y 60 años después de que se legalizara que las mujeres sirvieran como sacerdotisas, se refirió a Dios como Ella. 38 años después, en 2012, se invistió a la primera mujer obispo de Islandia. Había llevado un siglo.

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Agnes M. Sigurðardóttir (centro) se convirtió en 2012 en la primera mujer obispo en la historia de Islandia. | Foto: Iglesia de Islandia

En el frente político, la solidaridad de las mujeres mediante la organización política ha sido fundamental para promover la igualdad de género en Islandia. Durante el período de 1915 a 1983, solo entre el 2% y el 5% de los miembros del Parlamento eran mujeres.

También es importante señalar que las primeras mujeres islandesas elegidas para un gobierno municipal en 1908 y para el parlamento en 1922 estaban representadas por listas de mujeres, no por los partidos políticos tradicionales. Cuando este experimento político se repitió varias décadas más tarde con el establecimiento de la Alianza de Mujeres en 1982, produjo importantes cambios y un gran avance en la participación de las mujeres en la política. La plataforma política de la Alianza de Mujeres, que contaba con el apoyo de mujeres constituyentes, consistía en “demandas de las mujeres”, como guarderías para niños, que les permitiera a las mujeres participar en el mercado laboral en pie de igualdad con los hombres.

Posteriormente, en 1983, por primera vez en la historia de Islandia, hubo un fuerte aumento en la cantidad de mujeres en el parlamento que pasó de cinco a 15 miembros de un total de 60 en una sola elección. Un científico político islandés, el Dr. Auður Styrkársdóttir, ha comparado las oleadas de concesiones democráticas a las mujeres con desastres naturales, como terremotos o erupciones volcánicas. A diferencia del aumento constante de la representación de las mujeres en los otros países nórdicos, el dominio masculino en Islandia solo se vio interrumpido por la acción colectiva y la solidaridad de las mujeres.

La Alianza de Mujeres dejó de existir en 1999 después de trabajar incesantemente desde dentro del parlamento, influyendo en el debate político y en las agendas políticas de los partidos políticos tradicionales. Poco a poco, los “asuntos de la mujer” fueron incorporados en las agendas políticas de otros partidos y las mujeres en esos partidos comenzaron a desempeñar un papel más importante que antes, cuando se consideraban solo la guinda del pastel, una flor decorativa dentro de los partidos políticos y las listas de candidatos dominados por hombres.

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Jóhanna Sigurðardóttir, primera ministra de Islandia entre 2009 y 2013, se convirtió en la primera jefa de gobierno reconocida como LGTB del mundo. | Foto: Ints Kalnins / Reuters

Durante el siglo transcurrido desde que las mujeres obtuvieron el derecho a voto en las elecciones nacionales ha habido un aumento en la cantidad de mujeres que se postulan como candidatas. La misma proporción de ambos sexos todavía no es suficiente si el objetivo es alcanzar la igualdad de género en la representación política. Para alcanzar ese objetivo, las mujeres deben estar en una posición alta o más alta en la lista de candidatos para tener las mismas oportunidades de ser elegidas. Una de las historias de éxito en Islandia es que, entre los partidos políticos establecidos desde hace mucho tiempo, solo uno no aplica algún tipo de normas de cupos de género, como un “sistema de cremallera” cuando seleccionan hombres y mujeres en sus listas de candidatos.

Desde 2016, las mujeres conforman el 48% de los representantes electos en el parlamento. También es un gran logro en esta larga lucha que la cantidad de mujeres en el gabinete, en los últimos años, haya comenzado a reflejar la participación de las mujeres en el parlamento. El poder ejecutivo se considera el nivel más alto en la política. Y después de más de 100 años, casi se ha llegado a la igualdad política de ambos géneros.

Empoderamiento político y económico para no estar a merced de nadie

En conclusión, la situación de la mujer en Islandia fue, históricamente, relativamente igual a la de los hombres, aunque la igualdad jurídica no estuvo asegurada hasta 1976. Pero las mujeres se vuelven vulnerables si no tienen o están excluidas del poder verdadero por un sistema que no protege por ley ni de facto los derechos de las mujeres frente a los hombres en los casos de conflicto. Esto se aplica en particular a situaciones de violencia contra mujeres y niñas perpetradas por miembros de la familia o desconocidos dentro o fuera de sus hogares.

La vida de una mujer en un sistema que no protege sus derechos humanos y su seguridad es como la ruleta rusa: las mujeres están a merced de “sus amos”, hombres buenos o malos, porque el sistema protege los intereses de los perpetradores (potenciales) de violencia. En un sistema así, algunas mujeres tienen suerte, mientras que otras sacan o les entregan el palito más corto.

En consecuencia, históricamente y aún hoy, la lucha de los defensores de los derechos humanos de las mujeres no se trata de hombres buenos o malos en sí misma. En cambio, se trata del uso y abuso del poder y la autoridad, a saber, la conversión de un sistema donde prevalece una cultura de impunidad sobre una cultura de responsabilidad por la violencia contra las mujeres (y los hombres). La lucha tiene como objetivo cambiar el sistema, las normativas y regulaciones legales que gobiernan nuestras vidas, que ha sido moldeado por personas con y en el poder. Esta es también la razón por la que las mujeres necesitan tener el mismo poder y ser parte del poder. Tan simple como eso.

El empoderamiento político y económico sistémico de las mujeres fue de la mano con la “invasión” de mujeres feministas en la esfera académica

El empoderamiento político y económico sistémico de las mujeres fue de la mano con la “invasión” de mujeres feministas en la esfera académica en la cuna del conocimiento en los años sesenta y setenta, lo que resultó en el surgimiento de una nueva realidad de la que antes no se hablaba o no podía verse. El término “acoso sexual” es un ejemplo. Este se acuñó en la década de 1960, y su significado deriva de la experiencia de las víctimas hasta el momento impotentes y sin voz, las supervivientes, que pudieron hacerse oír usando esta nueva terminología feminista. La legislación que prohíbe el acoso sexual se introdujo en Islandia y en otros países predominantemente occidentales en ese momento. Pero la cultura generalizada del poder y el privilegio masculino resultó en que los depredadores sexuales siguieran protegidos a pesar de la prohibición legal, tanto por los hombres como las mujeres que estaban implicados en sus crímenes, ya que silenciaban a las víctimas, o las nombraban, culpaban y avergonzaban.

Justo antes de que salieran a la luz los alegatos contra Harvey Weinstein en los Estados Unidos, el gobierno de Islandia había colapsado después de que a seis agresores sexuales se les restableció su ‘posición social elevada’ bajo la legislación del siglo XIX utilizando la terminología “restauración del honor”. La información sobre los casos, originalmente retenidos y luego liberados, constituyó un abuso de confianza en la mente de uno de los socios más pequeños de la coalición, lo que resultó en la disolución del gobierno. En septiembre, la cláusula respectiva en la ley fue derogada.

En general, es impresionante ver cómo las redes sociales están creando una ola de protestas en la que las mujeres hablan, dicen “yo también”, y le hacen saber al mundo que ya han tenido suficiente. Esto sucede tanto en Islandia como en otros lugares. El elemento “es normal que esto suceda” de los “casos de restauración del honor” movilizó a las víctimas, sus padres, las feministas y el público en general en una fuerte protesta representada por el hashtag #höfumhátt, que significa “¡hagámonos escuchar!”

Desafíos por cumplir

¿Qué otros desafíos quedan? En Islandia, como en los otros países nórdicos, el estado de bienestar apoya la igualdad de género al otorgar licencia por paternidad tanto al padre como a la madre, lo que resulta en que ambos comparten no solo más poder sino también la responsabilidad de llevar adelante el hogar y la familia.

Las ideas sobre la masculinidad están cambiando entre los jóvenes, lo que probablemente contribuirá a la eliminación de la segregación de género en el mercado laboral en el futuro cercano. Aún así, hay desafíos que quedan por resolver, en particular la realidad con roles masculinos y femeninos en la que vivimos, donde se asumen ciertas cosas sobre los individuos o los grupos en función de su sexo. Tales suposiciones y nociones basadas en el género continúan causando problemas; por ejemplo, la forma en que las ocupaciones predominantemente femeninas, como la enfermería, se valoran menos que las ocupaciones de los hombres, como la construcción. Existe una brecha salarial de género para un trabajo de igual valor a pesar de la existencia de la ley sobre la igualdad salarial de 1961. Las mujeres islandesas han protestado haciendo huelgas generales desde 1975.

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Islandia será el primer país del mundo en hacer que los empleadores demuestren que ofrecen un salario igualitario independientemente de su sexo, etnia, sexualidad o nacionalidad. | Foto: Frank Augstein / AP

Ahora, más de 40 años después, las mujeres cuentan con el apoyo de la voluntad política, como se evidencia en la implementación de la ley sobre la certificación de igualdad salarial. Esta legislación se basa en una herramienta llamada Equal Pay Standard que tiene como objetivo eliminar la brecha salarial entre los géneros. La norma se aplicará a todas las empresas e instituciones con 25 puestos de trabajo de tiempo completo. La implementación de la norma facultará y permitirá a los empleadores incorporar un sistema de gestión de igualdad salarial de acuerdo con el principio de igual remuneración por igual tarea y trabajo de igual valor. De este modo, cumplirán con la ley de igualdad de los hombres y las mujeres, y con las exigencias de los tratados internacionales, como los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo, la Plataforma de Acción de Pekín y la Convención para Eliminar Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer o CETFDCM (también conocida por sus siglas en inglés, CEDAW).

La intención del gobierno de implementar el Estándar de Igualdad Salarial a través de una legislación que fue ampliamente debatida en Islandia, al igual que todas las demás medidas legislativas sobre el tema. A su vez, ha llevado al debate sobre la igualdad de género a la política en general y a la formulación de políticas, lejos de los márgenes donde a menudo reside.

Se cree que el Estándar de Igualdad Salarial será el instrumento que elimine la brecha salarial entre géneros. ¿Cuál es el secreto? Predicar con el ejemplo.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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'Me niego a', la campaña viral de Intermón Oxfam que condena la violencia contra la mujer

Redacción TO

Me niego a que me digan cómo me tengo que vestir. Me niego a que me discriminen por el hecho de ser mujer. Me niego a que las mujeres sientan miedo cuando van solas por la calle. Me niego a cobrar menos por el mismo trabajo. Me niego a pensar que una mujer es inferior a un hombre. Me niego a seguir soportando violencias machistas. Con motivo del Día contra las Violencias Machistas, que se conmemora el 25 de noviembre, la ONG Intermón Oxfam ha lanzado una nueva campaña para condenar todos los tipos de violencia y discriminación que sufre la mujer. ‘Me niego a’ se ha convertido ya en una condena viral.

La campaña llega en un momento de explosión en la conciencia social y colectiva de la necesidad de acabar con la pandemia machista, una lacra que ya se ha cobrado la vida de 44 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en España este año. Por si acaso hacía falta explicar la urgencia de este movimiento, Intermón Oxfam acompaña la campaña con cifras. En el mundo, siete de cada 10 mujeres sufren violencias machistas en algún momento de su vida. El 23% de las niñas de América Latina son víctimas del matrimonio infantil. En el mundo, cada 10 minutos un hombre comete un feminicidio y asesina a su pareja o expareja. Cada ocho horas, una mujer sufre una violación en nuestro país.

Desde la página web creada para la campaña, Oxfam Intermón lanza una serie de preguntas para que la comunidad internauta evalúe su grado de rechazo a los variados machismos que acechan a las mujeres.

La campaña se desarrollará en redes sociales bajo el hashtag #MeNiegoA hasta el 10 de diciembre y cuenta ya con el apoyo de más de 40 personalidades como Leticia Dolera, Moderna de Pueblo, Soledad Giménez, Carmen Ruiz, Jesús Olmedo o Jan Cornet. En sus primeras horas en funcionamiento en Twitter ya se ha convertido en Trending Topic donde numerosos periodistas, actrices y actores, cantantes, asociaciones feministas y muchísimos ciudadanos se han unido a esta campaña.

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