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Noticias falsas: desinformación y sesgos cognitivos en la era de las redes sociales

Ariana Basciani

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

Siempre han existido las noticias falsas. Fake News fue seleccionada en 2017 como la palabra del año según el diccionario Collins y posverdad por la Real Academia Española a finales de 2016. Sin embargo, siempre hemos sabido de estos conceptos desde otras palabras como ‘rumor’ o ‘mentira’. Pensar que la posverdad y las noticias falsas son algo nuevo es completamente errado. En el siglo XX, el falso incidente del Golfo de Tonkin y la famosa transmisión radial de Orson Welles en la que anunciaba una invasión marciana eran noticias falsas, ejemplos claros de que los hechos se puede manipular pasándolos por el cariz de lo real. Cuántas más habrá antes o después.

Nuestros sesgos cognitivos vs. la malicia política

Creemos en las fake news, tanto como en Tinder para conseguir pareja. Nos mentimos y en muchos casos no aceptamos la realidad sesgos cognitivos. Allí radica el problema, en las primeras impresiones y en nuestras propias creencias. Según diversos estudios, el hecho contrastado, ese fact checking al que se remite el periodismo americano, convence menos que los mensajes emocionales. En ocasiones ignoramos ciertas informaciones porque no estamos de acuerdo con ellas o simplemente porque la verdad no siempre importa.

Para ejemplo un botón: Sean Spicer, el primer secretario de prensa de la Casa Blanca con Donald Trump al poder, dijo a los periodistas, en una de sus primeras alocuciones, que la multitud en la ceremonia de la toma de posesión de Trump fue “la más grande de la historia”. Esta declaración quedó bajo escrutinio en todo el mundo, cuando las fotografías del evento de Trump y las de Barack Obama en 2009 se colocaron una al lado de otra.

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El secretario de prensa Sean Spicer hace una declaración mientras la pantalla de televisión muestra una imagen de la toma de posesión del presidente Donald Trump | Imagen: REUTERS / Carlos Barria

Nuestra predisposición aunada a la creciente distribución de noticias por medios sociales han generado un tsunami informativo. Casi al finalizar la campaña presidencial de Trump vs. Hilary Clinton, publicaciones creadas para monetizar atraían a millones de usuarios en Facebook, Twitter y YouTube y estimulaban a compartir mentiras provocadoras. Entre las publicaciones se podían encontrar titulares falsos que afirmaban que la candidata demócrata Hillary Clinton vendió armas al Estado islámico, que el Papa Francisco había apoyado al candidato republicano Donald Trump, y al mismo tiempo, a Hilary Clinton.

El problema de las noticias falsas en el caso Clinton – Trump tiene que ver en gran medida con cómo están diseñadas las plataformas sociales como Facebook o buscadores como Google, donde no existió un filtro para censurar a estos post falsos fue mínimo o no fue abordado a tiempo para prevenir una manipulación en el resultado de la elección.

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Puppets posando imitando el debate entre Hilary Clinton y Donald Trump en septiembre de 2016. | Imagen: REUTERS / Carlo Allegri

Si bien el problema con las plataformas sociales está claro, las soluciones no lo están tanto. Incluso si los algoritmos de la inteligencia artificial de hoy en día fueran lo suficientemente buenos como para filtrar mentiras flagrantes con un 100% de precisión, las falsedades seguirían estando en el ojo del espectador.

¿Cómo lograr que las plataformas marquen una línea de la libertad de expresión constitucionalmente protegida en la mayoría de los países democráticos y decidan, al mismo tiempo, qué es y qué no es aceptable? Como afirma Ethan Zuckerman, periodista y director del Centro de medios cívicos del MIT, no pueden ni les conviene a las redes sociales.

“Facebook recopila información sobre cada interacción de una persona con su plataforma además de tantas otras acciones en línea, por lo que Facebook sabe mucho sobre a qué aspectos determinados presta atención. El público dice estar interesado ​​en una amplia gama de noticias de diferentes preferencias políticas, pero Facebook sabe que lo que realmente quiere son artículos que muestren su enojo e indignación y confirmen los prejuicios políticos”, señala Zuckerman en The Atlantic.

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Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, durante la conferencia anual con los desarrolladores de la plataforma | Imagen: REUTERS / Stephen Lam

¿Cómo las noticias falsas pueden transgredir democracias?

Ciertamente la campaña presidencial americana fue el pistoletazo de salida para hablar de noticias falsas, no solo a los norteamericanos les afectaba, también se visibilizaba el problema en el resto del mundo.

En al menos 17 países, las noticias falsas jugaron un papel importante en determinar los resultados de las últimas elecciones, según el informe del organismo de control de la democracia, Freedom House.

En una Kenia profundamente dividida, los informes falsos etiquetados con los logos de CNN y BBC se extendieron por Facebook y WhatsApp antes de la reelección del presidente Uhuru Kenyatta. En Venezuela, las noticias falsas y los rumores están a la orden del día y el poder de Nicolás Maduro ayudó al gobierno al difundir imágenes falsas y mentiras sobre las manifestaciones celebradas en 2017.  Y si regresamos a este lado del charco, Facebook suspendió 30,000 cuentas falsas solo 10 días antes de las elecciones presidenciales francesas.

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Gráfico vía FreeHouse

Y esto sucede solo en los países que celebraron elecciones. Según Freedom House, las noticias falsas se difundieron en 30 de los 65 países examinados en su informe que examinaba el estatus de las democracias entre junio de 2016 y mayo de 2017.

España no es la excepción

En España, en las últimos treinta años, el fotógrafo Joan Fontcuberta ha jugado con el tema de las noticias falsas y los fake en sus proyectos artísticos, sin embargo, “nadie se había fijado” en el poder político del engaño hasta la elección de Donald Trump.

En España las noticias para desacreditar a los partidos políticos están a la orden del día. La página Cerebrother.es inventó la noticia de Rivera y la mili nini con presunto humor, sin embargo, este artículo fue el que generó más impacto sobre ‘la marca’ Albert Rivera en Facebook durante el 2016 impulsando 269.000 interacciones, según datos recopilados por los periodistas Kiko Llaneras y Jordi Pérez.

Lo mismo ha sucedido en los últimos meses desde el referéndum catalán. Miles de noticias e imágenes falsas se colaron a favor o en contra del procés el primero de octubre de 2017, lo que creó un clima que solo favorecía la división política. En las redes sociales de Maldito Bulo, se podía constatar cómo fotografías compartidas en redes sociales con miles de impactos eran simplemente eso, una mentira.

¿Qué podemos hacer en el océano de las noticias falsas?

Si nuestros sesgos cognitivos nos juegan la contraria y las redes sociales nos invaden con desinformación, ¿qué podemos hacer?

Nadie tiene la solución. No se trata de ser condescendientes, pero todos jugamos un papel crucial en el ecosistema informativo, quizás necesitamos un poco de escepticismo emocional, como explica Craig Silverman, editor de BuzzFeed. No es cuestión de hacer un proceso de alfabetización sino de defendernos instintivamente frente a esas informaciones. Así como el cerebro tarda en entender que nos hemos saciados con la comida, con la información pasa igual. Cada vez que aceptamos pasivamente información sin verificarla dos veces o compartimos una publicación, imagen o video antes de que los hayamos verificado, enrarecemos el mapa informativo y generamos caos. Nuestro deber ético es no aumentar el ruido y la confusión informativa.

El ecosistema ahora está tan contaminado que debemos responsabilizarnos por verificar de forma independiente lo que vemos en línea. Entonces si te sientes increíblemente enojado con un contenido o te sientes presumido porque tu punto de vista ha sido reafirmado, echa otro vistazo y busca la noticia en otro medio que la reafirma o pone en duda.

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Una lectorad e La Vanguardia en una cafetería en Barcelona | Imagen: REUTERS / Jon Nazca

Algunas herramientas para combatir el caos informativo

 El pensamiento crítico es una habilidad clave en la alfabetización mediática e informativa, así que antes de compartir, retuitear o citar, piensa y sé un poco escéptico.

Más allá del escepticismo hay varias plataformas que te pueden ayudar a verificar una información. Maldito Bulo desde España ofrece una extensión para buscadores que te informa si se está navegando por una web de noticias falsas. De igual forma, Gobo puede salvarte del filtro burbuja de las redes sociales al permitirte controlar las censuras que las mismas plataformas hacen en tu muro. Con Gobo también puedes configurar los filtros para incluir noticias y puntos de vista diferentes a los de tu órbita habitual.

Por su parte FactCheck.org nos invita a realizar varios pasos para ayudar al equilibrio del ecosistema informativo:

  • Estudia la fuente, investiga: el sitio web, el objetivo y la información de contacto.
  • Lee más allá: un titular impactante puede querer captar tu atención. ¿cuál es la historia completa?
  • ¿Es una broma? Si es muy extravagante puede ser una sátira. Analiza el sitio web y el autor.
  • ¿Quién es el autor? realiza una búsqueda rápida sobre el autor y verifica su fiabilidad.
  • Comprueba la fecha de publicación: publicar viejas noticias no significa que sean relevantes para hechos actuales.
  • Ten en cuenta tu propio sesgo: recuerda que tus creencias podrían alterar tu opinión.
  • Fuentes adicionales: Haz clic en los enlaces de la publicación y comprueba que realmente haya datos que avalen la información.
  • Pregunta a un experto: consulta a un especialista o haz una búsqueda en un sitio web de verificación.

No propagarás falso rumor; no te concertarás con el impío para ser testigo falso.

Éxodo 23:1

Pensamos en rumores, en noticias falsas, en engaños y están allí desde el inicio de la humanidad, solo que ahora los vemos más claros. ¿Qué haremos con ello?

Continúa leyendo: El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón

El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón

Ana Laya

Puede que no hayas oído hablar del filtro burbuja, pero definitivamente tu visión del mundo está siendo configurada por él. A finales de 2009, específicamente el 4 de diciembre, comenzó la era de la personalización, un pequeño paso para un algoritmo de Google, un gran paso para la lenta pero segura edificación de un sinfín de universos paralelos, de realidades alternativas.

Sí, todo esto empezó hace más tiempo de lo que (muchos) pensamos y no, esta no ha sido la causa del Brexit, ni de Trump, pero sí de la sorpresa que le ha causado a una gran parte de la población.

¿Por qué? Eli Pariser, activista liberal y co-fundador de Upworthy y Avaaz, lo explica en su libro El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos (Editorial Taurus, 2017) y en la conferencia a la que ha sido invitado por la Fundación Telefónica y el Instituto Aspen como parte del ciclo Tech & Society. “Aquello que una vez fue un medio anónimo donde todo el mundo podía ser quien quisiera, ahora es una herramienta para recopilar y analizar nuestros datos personales.”

Es justo lo contrario a la famosa viñeta de The New York Times; en Internet ahora todo el mundo no solo sabe que eres un perro, si no que también conocen tu sexo, tu grupo etario, desde dónde te conectas, en qué dispositivo, a través de qué buscador, e incluso mediante micrófono, giroscopio y GPS si sueles buscar vuelos a destinos exóticos mientras caminas al atardecer del trabajo a tu casa… ¿o jamás te preguntaste por qué todos los banners que se te atravesaban en tus lecturas vespertinas eran de aerolíneas?

El filtro, como lo describe Pariser, empezó con Google en 2009, pero los algoritmos de los grandes gigantes de las redes han ido replicando la fórmula, una fórmula centrada en obtener beneficios económicos a través de la publicidad, en lugar de informar de manera equilibrada, contrastada, ética… o al menos lineal; por eso ahora los timelines de Facebook y Twitter dejaron de ser “líneas de tiempo” para pasar a mostrar los posts no en orden de aparición sino en orden de “relevancia” y por eso también Instagram dejó de ser “insta”.

Esto se convierte en un problema grave cuando dejamos de hablar de posts de gatos haciendo cosas o de #windowswithaview, sino de noticias. Tal como le gusta alardear a Mark Zuckerberg, puede que Facebook sea la mayor fuente de noticias del planeta, “al menos en lo que respecta a ciertas definiciones de lo que es una ‘noticia'”, alerta Pariser. De hecho los investigadores del Pew Research advirtieron ya en 2015 que Facebook es la fuente primordial de información política entre millennials estadounidensenses, seguidos de cerca por los GenX, un fragmento nada despreciable de la población votante.

El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón
Portada de El Filtro Burbuja, de Eli Pariser. Traducido por Mercedes Vaquero. Editado por Taurus. (2017)

“En una era en la que el intercambio de información es la base de la experiencia compartida, la burbuja de filtros actúa como una fuerza centrífuga que nos separa.”

Si bien se puede argumentar que antes de Internet y de sus algoritmos siempre hemos consumido medios de comunicación afines a nuestros intereses y aficiones, hay dos aspectos en los que el filtro burbuja es radicalmente diferente: en primer lugar, tú y tus filtros están solos. Tú eres la única persona dentro de tu burbuja. “En una era en la que el intercambio de información es la base de la experiencia compartida, la burbuja de filtros actúa como una fuerza centrífuga que nos separa.” Segundo: la burbuja de filtros es invisible. El individuo que activamente toma la decisión de comprar el Daily Mail o sintonizar FOX News sabe exactamente cuál es el punto de vista o la línea editorial de esos medios; en cambio, como señala Pariser, las intenciones de Google o Facebook al mostrarte lo que decide mostrarte (o no) son, cuando menos, opacas y para la mayoría están ocultas en la falacia de la neutralidad y la abundancia.

La cita con la que abre Pariser su libro es de Zuckerberg que dice lo siguiente: “saber que una ardilla se muere delante de tu casa en este momento puede ser más relevante para tus intereses que el hecho de que la gente se muera en África. “Esa afirmación, además de ser muy amarga de digerir, puede que sea válida para un mundo en el que las personas son meros consumidores y no ciudadanos. “Es una virtud cívica estar abierto a aquello que parece encontrarse fuera de tus intereses (…) en un mundo complejo, casi todo te afecta”, afirma en el libro Clive Thompson, periodista especializado en tecnología. Mientras el crítico cultural Lee Spiegel lo expresa de otro modo: “los clientes siempre tienen la razón, pero la gente no.”

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Eli Pariser en la rueda de prensa ofrecida en la Fundación Telefónica.

¿Atrapados sin salida?

Usando la misma metáfora que utiliza Pariser en su libro, el genio está fuera de la botella y es prácticamente imposible hacer que vuelva. La publicidad es la fuerza que guía la manera en la que los algoritmos son construidos y ya existe un mercado de miles de millones de euros que se basa en la recolección de data personal a través de cookies y en su venta, en cuestión de microsegundos, al mejor postor. Google, por ejemplo, promete no difundir tus datos personales, sí, pero otras páginas y apps bastante populares no lo garantizan en ninguno de esos Términos y Condiciones que aceptamos sin leer. La fórmula funciona y en opinión de Sheryl Sandberg, la jefa de operaciones de Facebook, el hecho de que una página no esté personalizada para un usuario en particular parecerá raro.

Pero tranquilo, que si has llegado hasta este punto en el artículo, significa que estás genuinamente interesado y que por lo menos ahora te estarás planteando activamente romper esa burbuja invisible. Y básicamente ahí está todo el truco. Pariser afirma que si bien el filtro burbuja sigue bastante vigente, desde la primera edición de su libro el contexto ha cambiado y ahora la gente está más familiarizada con los procesos que ocurren detrás de cámara en las redes sociales y los ingenieros que trabajan en estas grandes plataformas también son más conscientes de la responsabilidad que tienen en sus manos.

El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón 2
Captura de pantalla de Escape Your Bubble.

Entre esos ingenieros ingeniosos y los activistas de Internet hay ya algunos que se han dedicado a construir maneras de romper la burbuja, por ejemplo la página Escape Your Bubble, que te propone ayudarte a entender mejor ciertos fenómenos o el pensamiento de cierto grupo con el que no estás familiarizado.

“Tenemos que aceptar y entender más a nuestros compatriotas”, dicen en su manifiesto. Después de todo no parece casualidad que a los filtros burbuja lo acompañe el ‘thin-skinnedness’ (el síndrome de la piel delgada) gracias al cual el debate abierto y el intercambio de ideas sea algo cada vez menos frecuente en las redes, y en su lugar la respuesta ante opiniones contrarias suele ser el insulto, el trolleo y el ataque personal.

Ahora bien, si ya no confías en la inteligencia (o estupidez) artificial para hacer el trabajo de ir explotando todas estas burbujas invisibles que te permiten ver solo un fragmento del mundo, te toca a ti activamente hacerlo. Eli Pariser con su libro te facilita un alfiler. ¡Buena suerte!

 

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Continúa leyendo: Así es como Facebook quiere parar las noticias falsas

Así es como Facebook quiere parar las noticias falsas

Cecilia de la Serna

Foto: Thibault Camus
AP Photo

En los últimos y convulsos meses de la actualidad internacional, con grandes eventos como el referéndum del Brexit en el Reino Unido y las elecciones presidenciales que en Estados Unidos enfrentaron a Donald Trump y a Hillary Clinton, una fórmula de ‘prensa ficticia’ ha aparecido inesperadamente: las fake news o noticias falsas. El periodismo de calidad, veraz, objetivo y con fuentes contrastadas ha sido un pilar fundamental en los grandes momentos clave de la Historia de los últimos dos siglos. Un pilar que ahora se tambalea. Internet ha abierto, sin duda, el conocimiento a escala global, democratizando así el acceso a la información en todo el mundo. Esa democratización, en su vertiente negativa, también ha facilitado la propagación de noticias falsas que pueden llegar a penetrar en la opinión pública.

Facebook ha tenido gran parte de culpa en un asunto que se ha tornado en preocupante para el correcto desarrollo de las democracias modernas. La gran mayoría de estas noticias falsas se han compartido a través de la red social de Mark Zuckerberg, lo cual le ha valido una auténtica avalancha de críticas. Tal ha sido el revuelo que se ha levantado, que Facebook ha tenido que ponerse manos a la obra e idear una forma de parar estas noticias falsas, cuya influencia se cree importante en, por ejemplo, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Según anunció Facebook a finales del pasado año, su intención era colaborar con “organizaciones externas de verificación de hechos” para identificar historias falsas y advertir así a los usuarios en el momento en el que van a publicar o compartir enlaces a estos hechos ficticios. En el proceso intervienen varios entes externos, como pueden ser medios de referencia o agencias de noticias, que pueden poner en duda la veracidad de lo que se está publicando. En un primer momento, Facebook decidió implementar un procedimiento que consistía en mostrar mensajes debajo de los posts que llevaran a un link sospechoso de contar una historia falsa, de tal manera que el usuario recibiría estas advertencias al revisar su feed. Lo que está probando ahora la red social de Menlo Park es un mensaje similar, pero que es mostrado únicamente al usuario que está intentando publicar ese enlace.

Así es como Facebook quiere parar las noticias falsas
Facebook intenta disuadir a sus usuarios de compartir noticias falsas. | Foto vía Quartz

De esta forma, lo que hace Facebook es tratar de advertir y concienciar al usuario en cuestión sobre la problemática que causa la propagación de noticias falsas. En una segunda advertencia, Facebook reitera su aviso de sospecha sobre el link, e incluso ofrece la posibilidad de consultar las fuentes que indican que se trata de una historia errónea. El usuario sigue teniendo la potestad de publicar el enlace, pero siempre rebasando ambos filtros.

Una herramienta exclusivamente estadounidense

Por el momento, esta herramienta de disuasión en la publicación de fake news sólo está disponible en Estados Unidos. Se trata de una medida más en el empeño de Mark Zuckerberg y su equipo de poner fin al problema de la desinformación en la red.  No obstante, este empeño podría no ser suficiente, ya que no son pocos los activistas y los profesionales de la información que siguen denunciando que estas medidas se quedan cortas en la lucha contra las noticias falsas. En un momento crucial, con los hechos alternativos y la manipulación deliberada por parte de no pocos entes en el marco de la información global, los referentes mediáticos de calidad se hacen imprescindibles. La búsqueda de fuentes fiables ya no es tarea tan sólo del periodista, sino también del lector.

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#NeverAgain: el movimiento de los jóvenes de Parkland para acabar con las armas

Anna Carolina Maier

Foto: JOE SKIPPER
Reuters

Hay muchas formas de llevar un duelo. Algunos prefieren mantenerse en silencio sin salir de casa pero, definitivamente, este no es el mecanismo que prefieren los estudiantes del instituto Marjory Stoneman Douglas que sobrevivieron al tiroteo del 14 de febrero en el que fueron asesinadas 17 personas.

Por el contrario, tan solo cuatro días después de la matanza, los jóvenes iniciaron el movimiento #NeverAgain (Nuncá más). El objetivo es que se hagan “verificaciones más estrictas de antecedentes para los compradores de armas”. También han organizado una protesta, denominada Marcha por Nuestras Vidas, para el 24 de marzo en Washington en la que exigirán un mayor control de armas en Estados Unidos.

Cameron Kasky pertenece al club de teatro de la escuela. Comenzó a publicar en Facebook algunos mensajes desde el coche después de que él y su hermano fueran recogidos por su padre tras sobrevivir al tiroteo. “Estoy a salvo”, publicó dos horas después de la masacre. Durante la tarde de ese oscuro día de San Valentín, la frustración de Kasky fue creciendo.

“No puedo dormir. Pensando en tantas cosas. Estoy tan enfadado que ya no estoy asustado ni nervioso… Estoy enfadado”, escribió. “Solo quiero que la gente entienda lo que sucedió y que no hacer nada no conducirá a nada. ¿Quién hubiera pensado que ese concepto era tan difícil de entender?”, se preguntó.

Estas publicaciones dieron lugar a una invitación por parte de la cadena CNN para que el chico escribiese un artículo de opinión que luego dio lugar a entrevistas televisadas, relata The New Yorker. Poco antes había sido entrevistado por el periodista, también de la CNN, Anderson Cooper.

La noche del jueves, tras la vigilia por los fallecidos, Kasky invitó a algunos amigos a su casa para tratar de iniciar un movimiento. “Manténganse alerta. #NeverAgain (Nunca más)”, puso en sus redes.

Kasky confesó que, al comienzo, había criticado al Partido Republicano, pero él y sus amigos habían decidido que el movimiento no debería ser partidista. Consideró que la mayoría de la gente, sin importar las ideologías, estaría de acuerdo en que las masacres escolares deben terminar.

De hecho, en una publicación en Facebook se disculpó y manifestó: “El objetivo de este movimiento es unir al país y a los que nos apoyan en todo el mundo para hacer algo sobre la violencia armada. Todavía apoyo mis declaraciones sobre Rick Scott y Marco Rubio, pero por el momento, no se trata de eso. Esto es sobre dos cosas: sanar el dolor de la pérdida y recordar a aquellos que hemos perdido, promoviendo el control de armas. Los maestros no necesitan armas. Esa no es la forma de combatir este problema”.

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El grupo se quedó despierto toda la noche creando cuentas para redes sociales y concretando el mensaje clave que querían transmitir, “porque lo importante aquí no era hablar de sangre derramada”, dijo Kasky. Fue entonces cuando surgió la idea concreta de solicitar a los políticos que creen una norma que exija una verificación de antecedentes más exhaustiva para aquellas personas que quieran adquirir armas.

Alfonso Calderón, un español nacido en Alcobendas (Madrid), estuvo con Kasky esa noche creando la organización. “Nikolas Cruz, el tirador de mi escuela, fue denunciado a la policía treinta y nueve veces”, contó a The New Yorker.

Antes de la medianoche del 15 de febrero #NeverAgain lanzó su página de Facebook. “Gracias a todos los que han apoyado a nuestra comunidad y, por favor, recuerden mantener en sus mentes el recuerdo de las personas queridas que hemos perdido”, escribió entonces Kasky.

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Además de Kasky y de Calderón, Jaclyn Corin -presidenta del curso de primero de bachillerato de Marjory Stoneman Douglas- se despertó la mañana después del ataque ante la confirmación de que su amigo desaparecido, Joaquín Oliver, un joven venezolano de 17 años, estaba entre los muertos.

La hermanastra de Oliver, Andre Ghersi, había compartido horas antes una foto del chico y pedía pistas sobre su paradero. “No hemos oído nada de él. Por favor compartan esta foto y contacténme si tienen cualquier información”. Sin embargo, en la madrugada del jueves la madre de Joaquín confirmó a Univision Noticias que Oliver había fallecido. Llevaba viviendo en Estados Unidos 15 años.

Por esto, Jaclyn Corin comenzó a publicar -al igual que Kasky- su frustración en redes sociales. “Póngase en contacto con sus representantes locales y estatales, ya que debemos tener leyes sobre armas más estrictas de inmediato”, escribió en Instagram.

Please pray for my school, and the students and teachers that were injured or killed in this horrific event. Never would I have EVER thought this would happen in Parkland, my home, for it has long been labeled the safest neighborhood in all of Florida before today. This is NOT something ANYONE should go have to go through or worry about, and I would not wish for any human to endure the petrifying experience that my classmates and I did today. This traumatic event will stay with me for the rest of my life – seeing Marjory Stoneman Douglas on the same list as places like Virginia Tech, Columbine, and Sandy Hook is unbelievable. I am so grateful for the people who comforted and protected me today, along with the law enforcements that reacted so quickly to this emergency. PLEASE contact your local and state representatives, as we must have stricter gun laws IMMEDIATELY. We NEED to work together to bring change to this country so that something like this NEVER happens again. #MSDStrong #ProudToBeAnEagle

Una publicación compartida de Jaclyn Corin (@jackiecorin) el

La joven es hoy una de las líderes que organizó el viaje de más de un centenar de estudiantes a Tallahassee, para pedir al gobernador de Florida y a los legisladores que pongan freno a las armas.

Llegaron este miércoles, tras más de siete horas de trayecto. Amanecieron con una apretada agenda de 70 reuniones planificadas a contrarreloj, según Univisión. Corin ha confesado a varios medios que antes de esta situación no había sido políticamente activa. “Es tan personal ahora. Me sentiría horrible si no hiciera nada al respecto”, señaló. Corin y Kasky han unido fuerzas bajo el mismo movimiento Never Again.

Lo mismo ha hecho Emma González, una chica de padres cubanos, que se ha convertido en uno de los rostros más visibles de esta valiente generación. Salvó su vida al esconderse en un armario del centro y dio un conmovedor discurso en un un mitin en Ft. Lauderdale en contra de las armas que se volvió viral.

“Ciertamente no entendemos por qué es más complicado hacer planes con amigos los fines de semana que comprar un arma automática o semiautomática en Florida”, dijo entonces Emma. También afirmó: “Seremos los niños sobre los que se leerá en los libros de historia. No porque vayamos a ser otra estadística sobre tiroteos masivos en colegios de Estados Unidos, sino porque, tal como dijo David (Hogg), vamos a ser el último”. David Hogg, que lleva adelante el periódico escolar del instituto de Parkland, fue otro de los primeros en presentarse en la televisión para exigir a los legisladores estatales y federales leyes más duras sobre las armas de fuego.

Volviendo a Alfonso Calderón, impulsor de #NeverAgain, le contó a un periodista de The New Yorker que una vez se encontró, junto a un amigo, con Nikolas Cruz en un Walmart. Esto fue después de que Cruz fuese expulsado del instituto donde atentó. Los dos amigos se pararon y escucharon mientras este alardeaba de una escopeta que acababa de comprar. Ese momento pesa sobre Calderón. Insiste en que debió haberlo contado a alguien más pero sus compañeros aseguran que ninguno fue escuchado por las autoridades. El primer paso del movimiento Never Again fue creer en una idea que el resto de Estados Unidos pudiese considerar imposible: que el de Marjory Stoneman Douglas High realmente podría ser el último tiroteo escolar en Estados Unidos. El impulso de hacer del dolor acción podría convertir a esta idea en una realidad.

Entre otros “héroes” se encuentra Anthony Borges. No ha podido unirse al movimiento porque se encuentra convaleciente. El jóven de 15 años y de origen venezolano que junto a una profesora que murió en el acto, logró cerrar la puerta de su aula para evitar que Nicolás Cruz, de 19 años, atentara contra sus 20 compañeros. Recibió cinco balazos y ahora se recupera en un hospital de Broward.

Sus padres tuvieron que apelar a la ayuda económica para pagar los gastos clínicos. La página GoFundMe inició una campaña que en cinco días superó el objetivo de 500.000 dólares.

Uno de sus amigos, Carlos Rodríguez, contó a ABC News que la acción rápida de Borges salvó su vida. “Ninguno de nosotros sabía qué hacer. Él tomó la iniciativa para salvar a sus otros compañeros”, dijo Rodríguez.

Su padre, Royer Borges, señaló en una entrevista en el programa ‘Un nuevo día’ de Telemundo, que una de las balas le afectó un pulmón y el hígado, aunque aseguró que ya Anthony está fuera de peligro. “Es mi héroe. Solo pido a la gente que recen por él”, dijo.

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Tiroteos en los colegios de EEUU: un trágico fenómeno cada vez más habitual

Jorge Raya Pons

Foto: Wilfredo Lee
AP

En las siete primeras semanas de 2018, Estados Unidos ha registrado oficialmente ocho tiroteos con víctimas en escuelas, aunque la asociación Everytown for Gun Safety, que trabaja por una regulación severa de la venta de armas, aumenta esta cifra a 18. El último asalto se ha producido en Parkland, Florida, con 17 muertos y otras 14 personas hospitalizadas. El autor, arrestado, se llama Nikolas Cruz, tiene 19 años y es un antiguo alumno de este instituto.

Han pasado solo tres semanas desde que tuvo lugar la anterior tragedia en un centro educativo. Sucedió en un instituto de Kentucky y el asesino fue un estudiante de 15 años. Su ráfaga de disparos causó la muerte de dos personas y dejó otros 18 heridos. El resto de asaltos o incidentes con armas han tenido una magnitud estadística menor, pero significativa. Por ejemplo, el 1 de febrero, en Los Ángeles, dos alumnos resultaron heridos –uno en la cabeza y otro en el brazo– después de que se disparara accidentalmente el arma que uno de sus compañeros tenía guardada en la mochila.

El debate regresa a Estados Unidos, una vez más, tras la matanza de Florida. El congresista Bill Nelson, del Partido Demócrata, lamentó con angustia el atentado e hizo un llamamiento a sus colegas para encontrar soluciones, tal y como recoge The Guardian: “¿Estamos esperando a que estos tiroteos se conviertan en algo rutinario?”. El presidente estadounidense, Donald Trump, también compartió su dolor a través de Twitter: “Mis oraciones y condolencias con las familias de las víctimas del terrible tiroteo de Florida. Ningún niño, profesor u otra persona cualquiera debe sentirse inseguro en la escuela americana”.

Sin embargo, más allá de los gestos y declaraciones y a pesar de los numerosos casos registrados en los últimos años, el Congreso no ha endurecido en absoluto las restricciones del comercio de armas en el país. Ni siquiera lo hizo tras la conmoción que causó el asesinato en masa de Adam Lanza en la escuela de primaria de Sandy Hook, en Connecticut, en 2012. Lanza, de 20 años, ejecutó a 20 niños de preescolar –entre cinco y siete años– y a seis profesores. Tampoco lo hizo tras la famosa tragedia de Columbine, en 1999, cuando dos adolescentes mataron a 13 personas en este instituto de Colorado. Las imágenes recogidas por las cámaras de seguridad recorrieron el mundo.

En el quinto aniversario de la masacre de Sandy Hook, que se recordó el pasado mes de diciembre, el Partido Republicano, que controla tanto el Congreso como el Senado, se negó a aprobar nuevas leyes relativas al control de armas. Más bien lo contrario: trabaja para que las leves restricciones que prevalecen sean, si cabe, más débiles. La Asociación Nacional del Rifle, que mostró un gran apoyo a la candidatura de Donald Trump, presiona a los republicanos para que esto se produzca. En Florida, uno de los estados más permisivos, ni siquiera existe un registro de armas.

La perturbadora cifra de tiroteos en colegios de Estados Unidos en 2018 despierta las alarmas 1
Un rincón de tributo a las víctimas de Sandy Hook en 2012, que tenían entre cinco y siete años. | Foto: David Goldman/AP

El negocio de las armas

Todos estos acontecimientos están teniendo una repercusión emocional innegable, pero también económica. El volumen de negocio de las compañías de seguridad únicamente en el sector educativo se elevó hasta los 2.680 millones de dólares en 2017, de acuerdo con el proveedor de información y datos financieros IHS Markit. El temor ha provocado que muchos padres norteamericanos equipen a sus hijos con materiales como chalecos antibalas y las diferentes administraciones estatales han aumentado la presencia policial en zonas colindantes con los centros. Esta iniciativa costó 45 millones de dólares en 2013, en respuesta a la masacre de Adam Lanza.

Un informe de Everytown for Gun Safety apunta a que, entre 2013 y 2015, murieron en las escuelas estadounidenses 59 personas. Otras 124 resultaron heridas.

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