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Noviembre en Madrid: ¿qué en dónde?

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Madrid no para nunca y mucho menos en otoño (¿veroño?) cuando de hecho la vida cultural de la ciudad más bien parece crecer exponencialmente. Acá nuestras apuestas para este caluroso noviembre.

¡Nos vemos!

Música

De la Puríssima en el Café Berlín


De-La-Purissima-Cafe-BerlinEl maravilloso conjunto formado por la actriz y cantante Julia de Castro, el contrabajista y compositor Miguel Rodrigáñez, el batería Gonzalo Maestre y el pianista Jorge Verase se presenta este día de los muertos en el nuevo Café Berlín. Quienes -como nosotros- pudieron disfrutar de esta maravilla de proyecto en Las Vistillas cerrando el último San Isidro, sin duda querrán experimentar esta fusión de cuplé y jazz en un ambiente más íntimo. Sin duda, y como siempre, estos chicos prometen inspiración, buena música y mucha poesía carnal.


Festival Internacional de Jazz de Madrid


Festival-Jazz-Madrid2Madrid tiene una deliciosa cita cada otoño desde hace tres años con el jazz.

Este año el calendario musical luce apretado. Como lo cuentan en su web “los aficionados podrán disfrutar a diario, y durante 5 semanas, de más de 6 horas de jazz ininterrumpido, que luego se verían ampliadas con las propuestas nocturnas de todos los clubes de la Asociación La Noche en Vivo y su programa “Jazz con Sabor a Club”. El centro neurálgico del Festival volverá a ser Conde Duque. Pero mejor consultar la programación completa en la web de JAZZMADRID16.


El Niño de Elche.


Nino-de-Elche-Madrid

El Niño de Elche, un cantaor ciertamente atípico, cierra la gira de su último trabajo Voces del Extremo en Madrid. Este ha sido sin duda uno de los discos destacados del 2015, apareciendo en muchas de las listas del año más influyentes (Mejor Disco del Año para El Pais y para Rockdelux, Mejor Concierto del Año y Mejor Canción para Rockdelux), en los primeros puestos de las listas de Mondo Sonoro, El Periódico, Babelia, Notodo… y recibiendo el primer Premio Ruido, que otorga la Asociación de Periodistas Musicales.

Literatura

Festival Eñe


Festival-EneLos días 4 y 5 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que se convertirá de nuevo en un punto de encuentro para escritores, editores, periodistas y apasionados de la literatura. Este año dirige el Festival la escritora Marta Sanz. El programa de este año incluye talleres, charlas, mesas redondas, triálogos (amo esa palabra) e invitados como Vicente Molina Foix, Laura Freixas, Sergio del Molino, Helena Pimenta, Cristina Fallarás, Daniel Innerarity, Remedios Zafra, Paula Bonet y Christina Rosenvinge, entre muchos otros. La programación completa aquí.

Cine

Ciclo de Cine Africano


Ciclo-Cine-AfricanoLa Casa Encendida organiza, del 3 al 11 de noviembre, un Ciclo de cine africano, que aspira a divulgar y promover la reflexión sobre el continente africano. Tras cada proyección, se celebrará un coloquio con ponentes conocedores de la realidad retratada en las películas. En la programación se incluye la película franco-mauritana Timbuktu dirigida por Abderrahmane Sissako que fue nominada tanto a los Oscar como a la Palma de Oro del Festival de Cannes.

Me llamo Haití, bienvenidos


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En la Nave-Teatro se emitirá el documental Me llamo Haití, bienvenidos realizado por niños y niñas de Jacmel (Haití) durante cinco años tras asistir a unos Talleres Audiovisuales impartidos por la Asociación Audiovisual Educar desde la infancia. Además habrá un concierto de la cantante hispano haitiana Kati Dadá y un debate sobre la película. Más info en la página de Madrid Activa.

Exposiciones

El arte de Clara Peeters


Clara-Peteers-PradoLa recién estrenada individual de Clara Peeters en el Prado ha dado ya mucho de qué hablar sobre todo por ser esta enigmática pintora flamenca la primera mujer a la que el Museo del Prado dedica una exhibición individual. Esta exposición supone “el estudio más actualizado hasta la fecha sobre su vida y su obra situando a Clara Peeters en el contexto cultural y artístico de Amberes y poniendo también el foco de atención en la situación de las mujeres artistas a principios de la Europa Moderna, cuando los prejuicios generalizados les cerraban muchos caminos.”

Festival Graf Madrid 2016


Graf-Madrid-2016El Festival GRAF Madrid es un espacio que acoge a editoriales e iniciativas independientes alrededor del cómic independiente, no solo viñetas sino también a todo lo que suponga adentrarse en el lenguaje del dibujo, el grafismo y las artes visuales en definitiva. El programa incluye charlas, stands y talleres. Entre los participantes destacan Santiago García (Premio Nacional de Cómic 2015), la artista de vanguardia Amanda Baeza, el guionista y cineasta Alberto González Vázquez, el diletante Alejo Alberdi, la autora del cartel de esta edición Conxita Herrero. Más info en la web.

Robert Doisneau: La belleza de lo cotidiano


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Si aún no la han visitado la belleza de lo cotidiano retratada por la cámara de Robert Doisneau aún los espera en la Fundación Canal de Madrid. Por cómo está pensada esta muestra, las fotografías más célebres del autor terminan pasando desapercibidas para el ojo del visitante que queda perplejo por la belleza y la verdad del resto de momentos captados con tanta delicadeza por la cámara de Robert Doisneau, por lo que es fácil dejarse llevar por sus instantáneas más desconocidas, como es el caso de la citada serie Palm Springs 60.

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El último animal mitológico

José Antonio Montano

Foto: Juan Pablo Aparicio Vaquero
Flickr bajo Licencia Creative Commons

He buscado el mail que les escribí a los amigos cuando murió mi padre, con la emoción de entonces: “Venimos de enterrar a mi padre. Murió ayer sábado, 9 de agosto. Ha estado diez días en el hospital, aunque en los tres últimos ya sabíamos que el final era inminente. Estos tres días los ha pasado sedado, dormido y sin sufrimiento alguno. Durante los anteriores, aunque también estaba sedado, guardó un resto de conciencia, que le hacía sensible a las caricias, los besos y las palabras. A veces ponía una mirada como de melancolía infantil, como si fuese a cometer la travesura de morirse, cuando sin duda hubiera preferido quedarse. A veces sonreía. Una enfermera, al mirarlo una tarde, me dijo: ‘Tiene cara de ser muy bueno, muy noble’. Y noté cómo mi padre, con los ojos cerrados, puso una expresión de profunda satisfacción; una sonrisa ética. Ayer, cuando lo amortajaron en la cama del hospital, envuelto solo con la sábana, tenía un rostro sereno y limpio, de paz”.

Fue en 2014. Yo estaba convencido de que el párrafo terminaba con la frase: “Parecía un senador romano”. Ahora me doy cuenta de que no la escribí, aunque la pensé; y he seguido recordándola todo este tiempo. Había buscado el mail por ella. El domingo fui a ver el monólogo de Javier Gomá ‘Inconsolable’, en su última representación en el teatro María Guerrero de Madrid. El verano pasado leí el texto cuando se publicó en ‘El Mundo’; hoy forma parte del libro ‘La imagen de tu vida’ (Galaxia Gutenberg). El hijo –así comparece, sin nombre– dice en el momento culminante que su padre muerto parecía un patricio romano. Por este parecido, que fue mi parecido, en la obra se habla de la piedad filial. ‘Inconsolable’ es un profundo ejercicio de piedad filial. El efecto más compacto de la recreación del duelo del hijo –con las angustias y reflexiones que salen al paso acerca de la muerte, la fugacidad de la vida, el fin de la infancia, las sombras de la edad, la culpa por el comportamiento– es el de la restitución, en estos tiempos, de la figura del padre. Para Gomá, la conmoción que produce su muerte se debe a que el padre no es solo una persona: es “el último animal mitológico”.

La duda trágica de si se ha sido un buen hijo solo puede apaciguarse con la vida que viene: con la vida que le queda al que queda. Mediante la acción ejemplar que honre al padre muerto y transmita la posibilidad de una vida “digna y bella” a los hijos, y al prójimo. Gomá formula su imperativo así: “Vive de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta”. La emoción de ‘Inconsolable’ está en que muestra con intensidad y brillantez ese desgarro: la obra es la escenificación de la injusticia de la muerte del suyo. Y del mío.

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Las hermanas Brontë: una familia de escritoras sin anillo de compromiso

Rohmy Cubas

Poco tuvo de romántica la época victoriana del siglo XIX, especialmente sus restricciones de género ya habituales para las involucradas. Las mujeres que desembocaron de la corriente del romanticismo tendrían que esperar más de un siglo para votar legalmente; mientras tanto la libertad vocacional de elegir quién o qué querrían ser en la vida seguía arcaicamente atada a la posición social y el estatus matrimonial.

Durante estos años Oscar Wilde y Dostoievski marcaron la novela histórica, Víctor Hugo y Balzac se sumergieron en el realismo de época y decenas de autores e historias trascendentales se cultivaron para la posteridad; sin embargo, como en la mayoría de las disciplinas en ese entonces, hubo un punto común y homogéneo que le daba visibilidad casi únicamente a las plumas masculinas, ignorando por ende el potencial de mujeres escritoras que buscaban algo más en la vida que un anillo de compromiso.

Fue durante este siglo de falso romanticismo que tres mujeres decidieron ganarse la vida escribiendo profesionalmente bajo los seudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell. Las novelas en cuestión han sobrevivido como imprescindibles en la literatura universal, los títulos: Cumbres Borrascosas, Jane Eyre y Agnes Grey. Sus autoras fueron Emily, Charlotte y Anne Brontë -tres hermanas originarias de Yorkshire en el Reino Unido- y junto a escritoras como Mary Shelley, Jane Austen o Simone De Beauvoir su perseverancia colocó las primeras plumas femeninas en un mundo en donde las expectativas de un mujer terminaban donde lo hacía el altar.

Libro Brönte
Libros miniatura escritos por los Brontë en su infancia expuestos en la Houghton Library | Foto vía: Harvard Gazette

Una familia literaria

Un 30 de julio de 1818 nacía Emily Brontë, la autora de Cumbres Borrascosas, una de las obras más estudiadas en la literatura y de lectura obligatoria en algunos colegios, además de referente para cientos de escritoras que hallaron en el empuje de Emily un lugar para contar sus historias. No obstante, Emily Brontë no habría publicado Cumbres Borrascosas sin la insistencia de sus hermanas, escritoras por convicción, al igual que la primera.
Tal vez por la distancia temporal o por simple omisión es frecuente oír sus nombres por separado, influyendo en las suposiciones de que el apellido en común es solo casualidad, pero al repasar su historia es evidente que Currer, Ellis y Acton Bell fueron el ensamblaje de tres hermanas convencidas de que solo bajo el alias de un hombre serían tomadas en serio por los críticos de la época.

Huérfana de madre y con un padre de origen irlandés dedicado al clérigo, la familia Brontë fue tan artística como enfermiza. De las cinco hermanas originales las dos mayores murieron de tuberculosis -María y Elizabeth-, reduciendo el árbol familiar a un padre estricto pero anómalamente liberal en cuanto a las restricciones intelectuales, tres hermanas inusuales y solitarias, y un hermano con las mismas aspiraciones literarias –en su caso fracasadas- que murió de un delirium tremens sumido en la bebida.
A pesar de esa tendencia temprana a la fatalidad, la familia Brontë compartió desde la infancia la pasión por las historias y las palabras, fantaseando y creando mundos imaginarios con nombres como Angria, Gondal y Gaaldine. Inclusive los delicados y mínimos libros escritos a mano por Charlotte y Branwell Brontë en su niñez se conservan en un museo en donde se pueden ver los tomos de 2,5 por 5 cm saturados de poemas, mapas, historias, dibujos y canciones que cuentan la historia de esos mundos ficticios elaborados con minucia por los hermanos.

Museo Brönte
Museo de las hermanas Brontë en Yorkshire Reino Unido | Foto vía: TripAdvisor UK

Sobrevivir o escribir

Con el paso de los años su biografía se asentó en las tradiciones de la época. Las hermanas asistieron al colegio y eventualmente terminaron su educación en casa, y en su temprana adultez todas ejercieron como institutrices con el propósito de ganarse la vida.
Sus experiencias fueron exitosamente monetizadas pero no gracias al oficio que ellas esperaban. Los meses que pasó Emily enseñando en un internado de mujeres, la experiencia de Charlotte y Anne como institutrices, y el breve periodo en el extranjero donde Charlotte y Emily viajaron a Bruselas para estudiar francés inspiraron sus primeras novelas. El enamoramiento de Charlotte hacia Constantin Heger -esposo de la directora del colegio en Bruselas- llevó a la creación de Jane Eyre, una carta autobiográfica de amor y despecho.

Anne, Charlotte y Emily tomaron asimismo sus tribunas familiares –como los amoríos y el alcoholismo de su hermano, o sus desengaños tempranos en deteriorados y solitarios internados- además de su precario conocimiento del mundo, para armar sus primeras y únicas novelas.
Aunque hoy en día se les presenta y confunde por separado, en vida no solo convivieron bajo el mismo techo sino que publicaron en conjunto y prácticamente escribieron sobre la misma mesa; no por eso eran una masa uniforme, pero probablemente no prevalecería la una sin la otra.

En 1846, las hermanas Brontë publicaron un libro de poemas financiado por ellas mismas titulado Poems bajo los pseudónimos de Currer, Ellis and Acton Bell. La tirada de 1000 ejemplares solamente vendió dos ejemplares el año de su publicación y 39 en total. Fue este “fiasco” lo que las impulsó a seguir escribiendo, esta vez novelas, y a enviar sus manuscritos a las casas editoriales. Tan solo un año después del poemario anónimo –en 1847- Jane Eyre y Agnes Grey fueron publicadas, La inquilina de Wildfell Hall y Cumbres Borrascosas le siguieron en 1848. Otros títulos se agregarían a la lista de no ser por sus prematuras muertes.

La brevedad de las Brontë

Puede que la generación Brontë no haya vivido lo suficiente como para llenar una estantería de obras e historias, pero los textos que dejaron marcaron un punto de inflexión en la literatura de la época, por su narrativa y estructura, por sus señalamientos y críticas, por una osadía inusual para hablar sobre la mujer sin insistir en los ultimátum sobre anillos de compromiso.
Cada una aportó una visión femenina y precisa en su brevedad. Hoy en día, gracias a estudiosos y libros dedicados al análisis de sus vidas como Las Brontë ilustradas de Haworth de Brian Wilks, Los diarios secretos de Charlotte Brontë de Syrie James o El mito Brontë de Lucasta Miller se cree que la inteligencia de Emily junto a sus delicados estados de ánimo y su predilección por el aislamiento serían en realidad señales de Asperger.

De Anne se habla de su dulzura y quietud, aunque no por ello sus opiniones eran menos punzantes, y así lo demuestra cuando escribe en privado:
“Me satisface el hecho de que si un libro es bueno, lo es sin importar el sexo del autor. Todas las novelas están o deberían estar escritas para que tanto hombres como mujeres las lean, no puedo concebir cómo un hombre puede permitirse escribir cualquier cosa que resulte en desgracia para una mujer, o porqué una mujer podría ser censurada por correr el mismo riesgo”
Charlotte fue tal vez la más perseverante de las hermanas, y la única que se casó – le propusieron matrimonio cuatro veces-. La primera novela que envió a una editorial fue El profesor, junto a Agnes Grey y Cumbres borrascosas, sin embargo esta fue rechazada y se publicó finalmente luego de su muerte. Con los años que logró sobrevivirle a sus hermanas publicó dos novelas más, Shirley en 1849 y Villete en 1853.

POemas
Poemas de las hermanas Brontë escrito bajo los seudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell | Foto vía Librería de la Universidad de Chicago (Chicago University)

Crítica y legado

Las Brontë compartieron su pasión por la poesía y la lectura, escribiendo versos y relatos fantásticos en su niñez, evolucionando en su adultez hacia obras que impactaron en su tiempo y no siempre fueron recibidas de forma conciliadora por la crítica. El Profesor fue rechazado por lo menos nueve veces y de Cumbres Borrascosas se censuró su dureza e “inusual” estructura.
En su aislamiento lograron construir realidades más auténticas que las que se callaban sus contemporáneos. Su aparente desdén por las tradiciones como el matrimonio y su interés por materias usualmente retiradas ante la curiosidad de las niñas en aquella época como la geografía, la estadística y la historia hicieron de sus fugaces pasos una especie de hermandad literaria.
A pesar de sus muertes prematuras todas vivieron para ver sus obras publicadas bajo sus verdaderos nombres.

Emily Brontë murió el 19 de diciembre de 1848  a los 30 años, Anne le siguió  el 28 de mayo de 1849 con 29 años y Charlotte cerró el ciclo creativo de las hermanas Brontë el 31 de marzo de 1855 a los 38 años. Todas fallecieron de tuberculosis.
Su casa en Haworth fue transformada en un museo dedicado a su vida y obra, cada año miles de personas de todo el mundo visitan la antigua morada.

Continua leyendo: Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

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Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

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Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

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El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

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Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

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El jardín prohibido

José María Albert de Paco

Foto: Francois Mori
AP Photo, File

“Saquen su rosario de nuestros ovarios, saquen su doctrina de nuestra vagina. / Ni amo ni Estado ni partido ni marido.” Tal es el estribillo de ‘Mi cuerpo es mío’, del dúo cubano Kruda Cubensi, cuyas componentes, Odaymara y Olivia, militan en el feminismo negro (lo he buscado y no es ninguna perversión recreativa), el veganismo y la cultura ‘queer’. ‘Mi cuerpo es mío’ es la primera de las 200 canciones del playlist ‘no sexista’ que ha elaborado el Instituto Vasco de la Mujer para que suene en los bares y txoznas de los pueblos durante las fiestas patronales. Entre los hits del Beldur Barik Playlist, que así se llama el bando, figuran también ‘Antipatriarca’ (Ana Tijoux), ‘Ella’ (Bebe), Jodida pero contenta (Buika); Mi barba (también de Kruda Cubensi), ‘I’m not your toy’ (La Roux) y ‘Machirulo escóndete’ (Tongo). Esta última (una cumbia arrebatadora) dice así: “Llámame loca del coño, no me puedes detener. / Feminazi me han parido, machirulo escóndete”.

El Beldur Barik es una sugerencia, no una imposición. Se trata de que las txoznas pinchen de vez en cuando alguna de esas canciones para, de ese modo, promover “comportamientos basados en el respeto y la igualdad ” y “prevenir agresiones machistas”. Una propuesta asertiva que, por descontado, no pretende impedir que las cuadrillas disfruten del repertorio habitual por estas fechas: el ‘Sarri Sarri’ de Kortatu, que celebra la fuga de dos etarras de la cárcel de Martutene, el ‘Jimmy Jazz’ del mismo grupo (“puso veinte kilos de goma 3 / mandó a tomar por culo todo un cuartel”), ‘Aprieta el gatillo’ de Cicatriz, ‘Txibato’ de Kojón Prieto (“A los chivatos y a todos sus jefes, en un paquete mandaba yo a volar. / Chivato, los días que te quedan son una cuenta atrás”), ‘El último txakurra’ de Lendakaris Muertos (“Antes te echábamos un cóctel molotov / y ahora te echamos de menos”). Un playlist un pelín terrorista, de acuerdo, pero del que no se puede decir que incite a violar a la vecina, como en cambio sí hacen Bisbal, Fonsi o El Puma.

(Pero no nos pongamos dramáticos. Según consta en la wiki, Odaymara y Olivia, nuestras queer-black-feminist-vegan, huyeron de Cuba en 2006 y, a través de la frontera mexicana -y amparadas por la ley de pies secos y pies mojados-, se plantaron en Estados Unidos. Aún más tortuosa que su travesía fue la razón que les llevó a ella: “La decisión del grupo de abandonar Cuba vino motivada por su deseo de luchar por la justicia social en otras partes del mundo, sobre todo en lo que respecta a la denuncia de la marginación de las lesbianas latinas y caribeñas”.)

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