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Nueve musicales que los Oscar decidieron no encumbrar

Néstor Villamor

La La Land parte como favorita para llevarse el Oscar a la Mejor Película en la próxima edición de los premios. No solo viene con el Globo de Oro y el Bafta en esta misma categoría bajo el brazo, sino que en los Oscar acumula 14 nominaciones, un máximo histórico solo igualado por Eva al desnudo (1950) y Titanic (1997). Ambas ganaron, en su momento, el mayor galardón de la Academia y, si La La Land repite la hazaña, el largometraje de Damien Chazelle será el undécimo musical en lograr la estatuilla. Se uniría así a La melodía de Broadway (1929), El gran Ziegfeld (1936), Siguiendo mi camino (1944), Un americano en París (1951), Gigi (1958), West Side story (1961), My fair lady (1964), Sonrisas y lágrimas (1965), Oliver (1968) y Chicago (2002). La lista incluye títulos potentes, pero deja de lado algunos de los mayores clásicos del género, que sin embargo han pasado la prueba del tiempo. Por ejemplo, estos:

El mago de Oz (1939) – Ganadora: Lo que el viento se llevó

Entre Lo que el viento se llevó está el Oscar a la Mejor Película. Dejó, así, sin estatuilla a El mago de Oz, la aventura de una niña con coletas en un hipercolorido mundo de fantasía. Sin embargo, un estudio de 2005 la distinguió como la película estadounidense más influyente jamás rodada. No solo eso: la Asociacón Estadounidense de la Industria Fonográfica situó ‘Over the rainbow’ como la mejor canción del siglo XX. Incluso sonó en el funeral de Marilyn Monroe, muy admiradora de la balada del filme.

Cita en San Luis (1944) – Ganadora: Siguiendo mi camino

Judy Garland, musa del musical del Hollywood clásico, estaba harta de interpretar el mismo papel de adolescente cuando le ofrecieron protagonizar Cita en San Luis, según varias biografías de la actriz, y casi dio carpetazo al proyecto. Hoy, la explosión de technicolor ideada por Vincente Minnelli está considerada una de las cumbres del género. “Sigue siendo, para muchos de nosotros, el más grandioso de los musicales estadounidenses”, alabó la revista Time en 2005, al incluirla en su lista de mejores películas desde 1923.

Cantado bajo la lluvia (1952) – Ganadora: El mayor espectáculo de la Tierra

El reciente fallecimiento de Debbie Reynolds habría sido mucho menos mediático si no hubiese participado, siendo todavía adolescente, en este musical coprotagonizado y codirigido por Gene Kelly, uno de los nombres más asociados al género. La película, una comedia sobre la transición de Hollywood del cine mudo al sonoro, está considerada hoy por el Instituto Fílmico Estadounidense como el mejor musical de todos los tiempos.

Ha nacido una estrella (1954) – Ganadora: La ley del silencio

El musical de George Cukor, la historia del éxito de una actriz unida al declive profesional de su novio, es una versión de una cinta anterior de 1937 y que tuvo un segundo remake en 1976 protagonizado por Barbra Streisand. Pero es la de 1954 la que el Instituto Fílmico Estadounidense considera la mejor, al otorgarle el séptimo puesto en su lista de mejores musicales de la historia. Y la influencia de la película sigue vigente: ya está anunciado un tercer remake para 2018, protagonizado por Bradley Cooper y Lady Gaga.

Mary Poppins (1964) – Ganadora: My fair lady

My fair lady se llevó el Oscar a la Mejor Película en 1965, pero el premio a la Mejor Actriz fue para Julie Andrews por Mary Poppins. La británica se quitó así la espina de que la rechazaran para el papel de Eliza Doolittle, un rol que ella había popularizado en Broadway pero que Audrey Hepburn encarnó en la gran pantalla. Además de la niñera más famosa del cine, Mary Poppins es uno de los mayores logros de Walt Disney: de todas las películas que él produjo, esta fue la única nominada al mayor premio de la Academia.

Cabaret (1972) – Ganadora: El padrino

Teniendo en cuenta que es hija de Judy Garland y Vincente Minnelli, no sorprende que Liza, cuyo papel en Cabaret le valió un Oscar, haya resultado ser un gigante del género musical. Polémica en su momento por tratar, aunque de forma velada, temas como la homosexualidad y el aborto, la cinta fue nombrada por The Guardian como el mejor musical de la historia y tiene el récord de ser el filme con más premios Oscar –ocho– sin llevarse el de Mejor Película. Claro que competía con El padrino.

All that jazz (1979) – Ganadora: Kramer contra Kramer

Kramer contra Kramer se llevó en 1980 el Oscar a la mejor película. All that jazz, un musical sobre un director que prepara un musical, tuvo que conformarse con la nominación. Eso sí, el filme de Bob Fosse se llevó la Palma de Oro en Cannes y sigue siendo uno de los títulos más fuertes del género. Prueba de ello es que el director y guionista de cine Paul Schrader (American gigolo, Taxi driver) la incluyó en su canon de 60 mejores películas de la historia, donde figura en 29ª posición. Es el musical mejor situado de la lista.

La bella y la bestia (1991) – Ganadora: El silencio de los corderos

Si bien no se llevó el Oscar a la Mejor Película (ojo, jugaba contra El silencio de los corderos), La bella y la bestia consiguió un logro notable: ser la primera película de animación nominada en esta categoría. Además, es la cinta con más candidaturas a la Mejor Canción –tres, un récord que hoy comparte con El rey león, Dreamgirls y Encantada–. Finalmente se lo llevó por ‘Beauty and the beast’.

Whiplash (2014) – Ganadora: Birdman

No cumple al 100% las reglas del género, pero la música tiene un papel muy significativo en la segunda película de Damien Chazelle. El proyecto nació de un cortometraje que el director presentó en Sundance para aplauso de la crítica. Visto el éxito, decidió reciclarlo en largometraje. El resultado fue similar. Con Whiplash, Chazelle se quedó a las puertas del Oscar a la Mejor Película. Este domingo tiene una segunda oportunidad con La La Land.

El Festival de Cine de Cans da la bienvenida al 'agroglamour'

Marta Ruiz-Castillo

Entre el 24 y el 27 de mayo, la pequeña localidad gallega de Cans “enciende” sus focos, despliega la “alfombra roja” y pone a disposición de los invitados y visitantes los chimpines (tractores pequeños), el ‘vehículo oficial’ del festival de cine más ‘agroglamouroso‘ de todos.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 1
Los chimpines se convierten en el ‘vehículo oficial’ durante el festival | Foto: Festival de Cans
Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 3
Procesión de chimpines | Foto: Festival de Cans

El director de cine Montxo Armendáriz, la conmemoración del 15 aniversario del hundimiento del Prestige y la banda musical Corizonas, son los protagonistas de esta XIV edición en la que durante cuatro días se proyectan largometrajescortos de ficción, de animación, documentales, y se celebran concursos de videoclips o webseries. Coloquios, encuentros, pasacalles, además de otras disciplinas como la gastronomía, las artes plásticas y la literatura completan el festival. “La creación gallega más emergente pasa por Cans, que se convierte en la gran plataforma de visibilidad de los nuevos creadores”, aseguran sus responsables.

Cans no pretende emular a su primo, el Festival de Cannes que se celebra por estas fechas en la Costa Azul francesa, pero lo que empezó como una broma hace 14 años se ha convertido ya en todo un referente del séptimo arte dentro y fuera de Galicia.

Cans (perros, en gallego) es una pequeña aldea rural con 450 habitantes perteneciente a la parroquia del Ayuntamiento de O Porriño, en la provincia de Pontevedra. Situada en la comarca del Valle de la Louriña, está enclavada entre los montes Castelo y de A Risca. “Probablemente no es el mejor festival del mundo, pero sí el más diferente”, aseguran con razón sus creadores.

Este festival de cine ya consagrado comenzó como una broma entre amigos por la similitud fonética con la localidad francesa de Cannes. “¿Por qué no celebrar nuestro propio Cans?”, se preguntaron. Dicho y hecho, el festival ha ido creciendo hasta convertirse en una cita ineludible para los amantes del cine gallego con repercusión en todo el país. Un sábado por la tarde de 2004 se congregaron 500 personas en Cans; el año pasado, 13 años después, más de 13.000 espectadores asistieron a los cuatro días que dura este evento, en el que cine y música se reparten el protagonismo a partes iguales.

Las salas de proyección de los cortometrajes son galpones, bajos o bodegas de las casas de la aldea que durante el festival deja a un lado las labores agrícolas para recibir a miles de personas gracias, sobre todo, a la activa participación y colaboración de sus habitantes. Para los conciertos y las demás actividades se utilizan gallineros, fincas o camiones.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 5
Un bajo de una casa convertido en sala de proyecciones | Foto: Festival de Cans
El Festival de Cans da la bienvenida a una nueva edición llena de 'agroglamour'
El ‘Jaliñeiro-Unplugged’, un gallinero convertido en escenario para conciertos | Foto: Festival de Cans

No hay un sólo rincón de Cans que permanezca ajeno durante estos días a este acontecimiento sin igual y todo el pueblo participa en mayor o menor medida abriendo sus casas, bajos, bodegas, fincas, o prestando sus chimpines. La carretera central se corta al tráfico y pasa a ser el ‘Cans Voulevard’, mientras que el Parque del Río pasa a llamarse Minicans, dedicado a los niños.

El Cubierto de Chelo, el de Pato, el Bajo de Carlos o el de Alfonso, el de Carreira o el de Bugarín, la Casa de Pedreiro o la de Mari, el Galpón de Alicia…se convierten en salas de proyección con pantallas construidas en la propia aldea por los carpinteros Silvino y Juan Maceira. Y para el ‘patio de butacas‘, nada mejor que la hierba empacada o tablas a modo de asientos, además de sillas de plástico.

Torreiro de las Estrellas

Este espacio situado al lado de la iglesia rinde tributo a las estrellas del cine español que han pasado por el festival y es el lugar donde se realiza la entrega de premios. Al igual que el paseo de las estrellas de Hollywood, cada una de las losas de piedra con el dibujo de una estrella corresponde a un homenajeado, entre los que ya se encuentran actores como José Sacristán Luis Tosar, directores de cine como Isabel Coixet Fernando León de Aranoa, las actrices Emma Suárez, María PujalteMabel Ribera, entre otros destacados artistas y realizadores. En medio de la estrella hay dos agujeros donde las personalidades dejan plasmadas sus “pezuñas”.

Perro de Piedra

El símbolo del festival de Cans es un perro y su escultura en piedra, de más de tres metros de altura y colocada encima de una peña, está situada en la rotonda de entrada de la aldea por la N-120, visible desde la carretera. Visita obligada durante los días del festival, cada vez son más las personas que paran en la aldea durante el resto del año para hacerse una foto.

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El Can de Pedra, símbolo del festival, es de visita obligada durante todo el año | Foto: Festival de Cans

Muro de los chimpines

Desde el 2015, el Muro de los Chimpines se convirtió en un espacio de homenaje a todos los vecinos que han sido agasajados con el Chimpín de Plata ‘Premio Pepe Puime’, el galardón que el festival concede a aquellos que destacan por su trabajo a favor del evento. Se ubica, además, en una de las rutas principales de los chimpines. Allí están ya los nombres de Alicia, Divina, Juan Maceira el carpintero o el más famoso conductor de chimpines ya fallecido Pepe Puime, que da nombre al galardón.

Costa Azul

Cada año, los vecinos del barrio de la Pedreira decoran la cuesta que sube al Cubierto de Chelo con las noticias y fotos más relevantes de los últimos años del festival. Así es como, frente al glamour y la sofisticación del Festival de Cannes en la Costa Azul francesa, el de Cans tiene su propia y peculiar Costa Azul: una alfombra de ese color que recorre una parte de la aldea.

El festival porriñés ofrece “altas dosis de autenticidad y diversión en medio de los campos”. Es lo que los organizadores llaman “agroglamour” y así es como “nació la Costa Azul, la de Cans, aunque no tenga mar”. Chelo, Constante, Paula y toda la familia trabajan para dejar impecable este espacio.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos
El festival tiene su particular Costa Azul | Foto: Festival de Cans

Sección oficial a concurso 

Por primera vez, se han presentado a esta XIV edición el mismo número de obras realizadas por mujeres y hombres. En la sección de largometrajes, las Also Sisters, que ya participaron con anterioridad como cortometrajistas, estrenan su primer largo, ‘A historia dun satélite’, que será la que abrirá el festival.

Este año, Cans conmemora la tragedia del Prestige y para ello contará con el estreno absoluto de un especial documental titulado ‘Mar de fondo’, del actor y director de cine Dani Guzmán, que viajó hasta Galicia para filmarlo en el 2002. Estreno mundial también será el nuevo videoclip de Terbutalina, ‘Ninguén che quere’, avance de lo que será su nuevo disco ‘Sonido Esteiro’.

En las secciones habituales y específicas de esta edición, destaca el Coloquio en la Leira con el cineasta Montxo Armendáriz. 

Durante los cuatro días del festival hay previstas más de 25 actuaciones musicales entre las que se incluyen la de Corizonas, la superbanda que resultó de la fusión de Los Coronas y Arizona Baby.

Cans rinde homenaje en esta edición al actor Miguel de Lira, que recibirá el Premio Pedigree y colocará su estrella en el Torreiro. Y los Chimpíns de Plata ‘Premio Puime’ se entregarán a Jorge Coira y el vecino Feliciano Bernárdez Xano.

Uno de los momentos más emotivos previstos es la proyección de un corto documental creado, grabado, producido y editado por los vecinos de la aldea, a cargo de Juanma Lodo, en el que se rinde homenaje a la emigración en general y a los retornados de Venezuela en particular, fenómeno esencial para entender parte de la historia reciente de Galicia.

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El premio más preciado es el Can de Pedra | Foto: Festival de Cans

Más del 80% del programa del Festival de Cans es de acceso libre y gratuito hasta completar aforo. Cans “es una mezcla nada fácil de definir pero ante todo es una experiencia maravillosa que hay que vivir”, aseguran sus organizadores.

Roger Moore y los actores de nuestra vida

Roberto Herrscher

Uno no elige a su agente 007. Es el que le toca a su generación. La generación de mi padre creció con el James Bond del elegante y desacomplejado Sean Connery. La de mi hijo, con el complejo, traumatizado, posmoderno Daniel Craig.

A mí me tocó Roger Moore, quien murió ayer a los 89 años. Curiosamente, Moore fue el único de los Bonds que alcanzó la cifra de 007 películas. Aunque seguramente no figurará como primero en el ranking  de los fanáticos del personaje creado por Ian Fleming, para mi generación, la que se introdujo en el cine y en las preguntas sobre quiénes éramos y quiénes queríamos ser en la década de 1970, Sir Roger fue el agente secreto que se ajustaba a nuestras necesidades de espejo. En él veíamos reflejada la masculinidad, la seguridad, la ironía que nos marcaría de por vida, para bien y para mal.

Roger Moore era el hombre que yo aspiraba a ser, desde la primera serie que le vi, Dos tipos audaces con el ambiguo, algo amanerado Tony Curtis. Moore era el hombre de sonrisa ladeada que las mujeres buscaban. Ellas lo perseguían, él se dejaba querer. Sólo debía sonreír. Y no lo perjudicaba para nada ese gusto horrendo para vestir y peinarse, que siempre vincularé con ese aire de fiesta pobre y pretenciosa de finales de los setenta. Esas corbatas anchas, esos trajes lustrosos, esos zapatos abrillantados. El mal gusto era parte integrante de ese ser macho sin esforzarse, la marca de El Santo, su segundo gran papel.

En sus películas de Bond, como Vive y deja morir, La espía que me amó y Moonraker, llevó hasta las cotas más altas su tercera gran virtud: la ironía. Roger Moore parecía burlarse de sus jefes, de sus enemigos, de la muerte, de la Corona, del amor y del odio. Pero lo hacía sin que se notara, levantando la ceja, como levemente hastiado de sus propios sentimientos.

Era suficientemente joven como para encandilar a las mujeres y aterrar a los malos y lo bastante viejo como para haber pasado por todo y saberse el libro de la vida de memoria. Con dominar esa ironía, que por supuesto nunca conseguiré, soñaba yo y sospecho que muchos de mis compañeros de generación.

Descansa en paz, Roger Moore. No fuiste el gran actor shakespereano que tal vez soñaste ser cuando te metiste a actor. Pero toda una generación de hombres en busca de una seguridad que se escapaba ante la revolución imparable de las mujeres te agradeceremos siempre que nos dieras esperanza. Fuiste nuestro James Bond. Tu sonrisa de aprobación nos acompañará desde allí donde estés.

Vuelve lo raro con Twin Peaks

Nerea Dolara

Foto: Showtime
Showtime

La serie estrenó los dos primeros episodios de su tercera temporada 26 años después de que fuese cancelada. ¿Cumple con las expectativas?

Vivimos en un tiempo en que una escena que representa a la diosa del amor devorando con su vagina a un hombre o a Dios siendo interrogado por sus acciones o a alguien dando a luz un espectro negro asesino o la aparición sin explicación de una nave espacial en medio de un enfrentamiento policial aparecen en las series que vemos así como así, sin mucha más parafernalia; e incluso en este mundo, 26 años después de que Twin Peaks se estrenará en los noventa y con la televisión explotando los pozos de la creatividad que el cine parece haber abandonado, la serie mantiene aún la capacidad de confundir, sorprender y básicamente hacer que todos los espectadores terminen sus dos nuevos episodios como representaciones humanas de un enorme signo de interrogación o con la corta pero procedente pregunta ¿qué!

The Return son dos horas de televisión que poco o nada tienen que ver con nada. ¿Cómo es eso? David Lynch y Mark Frost, quienes originalmente crearon y escribieron las dos primeras temporadas de la serie, vuelven a sus andadas y se sumergen de lleno y sin advertencia en lo surreal, lo extraño y lo incómodo. Muy al estilo de sus primeras dos temporadas, estos episodios son tan particulares que es difícil encontrar referencias o conexiones con otras creaciones.

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Kyle MacLachlan vuelve a interpretar al mítico Dale Cooper | Imagen vía Showtime

¿Y no es ese exactamente el terreno de Twin Peaks? Sí, lo es y la serie produce la sensación de haber vuelto y a la vez una extraña sensación de lejanía. La rareza abunda y en muchos casos se queda sin explicación, las dos horas son intensas y bizarras. Un ejemplo, SPOILER ALERT -aunque es sólo una pequeña revelación-, hay un árbol hablante que es realmente un brazo perdido encarnado en el árbol. Sí, exacto.

La nueva temporada de la serie tendrá 18 episodios y promete, en el mundo en que estrenos de televisión suceden todas las semanas, la competencia es feroz y mentes brillantes están detrás de los mejores productos, gobernar el espacio noticioso durante toda su emisión. Lynch y Frost se encargaron de reunir -toda una hazaña- a 30 miembros del viejo reparto y aunque todos no hacen acto de presencia en las dos primeras horas, ya habrá tiempo de ver a los particulares habitantes de este pueblo. También se unen a la serie nuevas caras, mucha gente famosa que añora trabajar con alguien como Lynch y en un producto cultural de culto como es esta serie, que se irán viendo en el transcurso de la historia.

En los nuevos episodios Twin Peaks recupera hilos narrativos previos pero también introduce lo más parecido a una nueva trama -hay mucha escena suelta en que se visita a viejos personajes pero que no parecen agregar a la narración- con el nuevo personaje llamado Bill Hastings (Matthew Lillard), un director de escuela en Dakota del Sur acusado de asesinar a la bibliotecaria Ruth Davenport. Es obvio que el caso no es tan simple, nada lo es en Twin Peaks.

16 episodios restan para volver a recorrer este insólito mundo al que Laura Palmer prometió volver cuando le dijo a Cooper que lo vería en 25 años. La atención es intensa y las expectativas altas y estos dos primeros episodios dejan claro que, por lo menos, aburrida no será. Pero después de todo ¿quién puede pensar que Lynch puede ser aburrido?

Cannes y Netflix: un enfrentamiento inesperado


Cecilia de la Serna

Foto: ALBERTO PIZZOLI
AFP

No hay edición del Festival de Cannes que se precie sin una buena polémica inicial. En la 70 edición, la controversia no ha envuelto a una celebridad, como suele ser costumbre, sino a un concepto: la nueva forma de consumir contenidos audiovisuales. Por primera vez en la historia del festival, dos películas candidatas a la Palma de Oro son originales del servicio de streaming por excelencia, Netflix. Se trata de Okja, de Bong Joon-Ho y de The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach.

Este dato podría ser esperanzador: el festival cinematográfico más prestigioso del mundo se rinde a una realidad sociocultural como es el visionado de películas a través de dispositivos electrónicos. No obstante, el importante lobby de exhibidores y distribuidores galos ha logrado que esa esperanza quede en papel mojado. El Festival de Cannes ya ha anunciado una modificación de su normativa que prohíbe, a partir de la próxima edición, la inclusión en su programación de cintas que no vayan a recibir estreno comercial en salas tradicionales.

Netflix, fiel a su filosofía

El gigante del streaming está dispuesto a pasar por el aro, pero a medias. Netflix no se ha opuesto a que esas dos películas se estrenen en las salas francesas, no obstante sí que ha puesto una condición: que las cintas se estrenen simultáneamente en cines y en Netflix. La compañía siempre ha cumplido con la premisa de ofrecer sus contenidos originales directamente en su plataforma, una premisa que está directamente relacionada con su filosofía empresarial.

Esta condición de la compañía de Reed Hastings ha contado, como era de esperar, con el rechazo de los exhibidores galos. Además, la propuesta de Netflix es, a día de hoy, irrealizable por la propia legislación francesa, que estipula que un film que es estrenado en las salas debe esperar 36 meses para estar en un catálogo de una plataforma digital. Toda esta controversia podría afectar directamente a los usuarios franceses, que podrían llegar a verse perjudicados en el caso de que no pudieran acceder a estos contenidos hasta tres años después, mientras que en el resto del mundo sí podrían hacerlo. Netflix no permitiría algo así.

Opiniones encontradas

Este enfrentamiento entre exhibidores, distribuidores, el propio Festival de Cannes y la compañía norteamericana ha generado todo tipo de opiniones y declaraciones. En el seno del jurado del festival, presidido por el español Pedro Almodóvar, caben todos los criterios y pareceres.

Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial del festival

El propio Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial de este festival, el más prestigioso del mundo. “Estas plataformas digitales, estas nuevas formas, no deberían sustituir a otras existentes como las salas de cine. Bajo ninguna circunstancia deben cambiar los hábitos de los espectadores. La única solución que se me ocurre es que acepten y obedezcan las reglas que ya son adoptadas y respetadas por todas las cadenas existentes”, declaró en la rueda de prensa de presentación de Cannes, a lo que añadió que “no concibo dar la Palma de Oro o cualquier otro premio a un film que no pueda ver en una pantalla grande”.

Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / Reuters
Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / AFP

El actor estadounidense Will Smith, que también forma parte del jurado de la presente edición en Cannes, se posiciona en el lado contrario de la controversia. Según Smith, ambas formas de ver cine son compatibles. “Tengo en casa a jóvenes de 16, 18 y 24 años. Van al cine un par de veces a la semana y ven Netflix… No sé en otros hogares, pero en mi casa Netflix no ha tenido absolutamente ningún efecto en los que van a ver al cine”, aseguró el actor. “En mi casa, Netflix no ha sido nada más que un absoluto beneficio porque pueden ver películas que no habrían visto de otro modo”, añadió.

Aprender a aceptar las nuevas formas de consumo

Como las lenguas no las crean y transforman las Academias, sino la gente que las habla, los hábitos de consumo no los imponen las industrias, sino la sociedad. Lo que no parece haber entendido Cannes es que la fuerte crisis de la industria cinematográfica tiene mucho que ver con los hábitos de consumo. En la pasada década, la piratería le comió el pastel a la industria, que en muchos países -por ejemplo, y especialmente, en España- no se supo combatir. Lo que han traído plataformas como Netflix, pero también HBO u otras cuantas, es una solución a un grave problema.

La piratería -que sigue siendo una cuestión a combatir- descendió en 2016 en España por primera vez en diez años, según un informe del Observatorio de la Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales. Ese año, Netflix entró en territorio español, y las coincidencias no existen. El lobby de distribuidores y exhibidores en Francia quiere mantener una hegemonía ya imposible, y sus esfuerzos por vetar creaciones alternativas a las más tradicionales -precisamente en la tradición se han basado para presentar sus quejas- serían más efectivos si se trasladaran a acercar de nuevo el buen cine a la sociedad.

Los Oscar ya entregan estatuillas a películas made in Netflix u otras plataformas, el terreno de las series ya es dominio de HBO y de la compañía de Reed Hastings. Este fenómeno es imparable. Quien no lo quiera ver está ciego, y las medidas inesperadas por decreto, como la ejecutada por el Festival de Cannes, no evitarán lo que los consumidores ya han dictado.

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