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Nueve musicales que los Oscar decidieron no encumbrar

Néstor Villamor

La La Land parte como favorita para llevarse el Oscar a la Mejor Película en la próxima edición de los premios. No solo viene con el Globo de Oro y el Bafta en esta misma categoría bajo el brazo, sino que en los Oscar acumula 14 nominaciones, un máximo histórico solo igualado por Eva al desnudo (1950) y Titanic (1997). Ambas ganaron, en su momento, el mayor galardón de la Academia y, si La La Land repite la hazaña, el largometraje de Damien Chazelle será el undécimo musical en lograr la estatuilla. Se uniría así a La melodía de Broadway (1929), El gran Ziegfeld (1936), Siguiendo mi camino (1944), Un americano en París (1951), Gigi (1958), West Side story (1961), My fair lady (1964), Sonrisas y lágrimas (1965), Oliver (1968) y Chicago (2002). La lista incluye títulos potentes, pero deja de lado algunos de los mayores clásicos del género, que sin embargo han pasado la prueba del tiempo. Por ejemplo, estos:

El mago de Oz (1939) – Ganadora: Lo que el viento se llevó

Entre Lo que el viento se llevó está el Oscar a la Mejor Película. Dejó, así, sin estatuilla a El mago de Oz, la aventura de una niña con coletas en un hipercolorido mundo de fantasía. Sin embargo, un estudio de 2005 la distinguió como la película estadounidense más influyente jamás rodada. No solo eso: la Asociacón Estadounidense de la Industria Fonográfica situó ‘Over the rainbow’ como la mejor canción del siglo XX. Incluso sonó en el funeral de Marilyn Monroe, muy admiradora de la balada del filme.

Cita en San Luis (1944) – Ganadora: Siguiendo mi camino

Judy Garland, musa del musical del Hollywood clásico, estaba harta de interpretar el mismo papel de adolescente cuando le ofrecieron protagonizar Cita en San Luis, según varias biografías de la actriz, y casi dio carpetazo al proyecto. Hoy, la explosión de technicolor ideada por Vincente Minnelli está considerada una de las cumbres del género. “Sigue siendo, para muchos de nosotros, el más grandioso de los musicales estadounidenses”, alabó la revista Time en 2005, al incluirla en su lista de mejores películas desde 1923.

Cantado bajo la lluvia (1952) – Ganadora: El mayor espectáculo de la Tierra

El reciente fallecimiento de Debbie Reynolds habría sido mucho menos mediático si no hubiese participado, siendo todavía adolescente, en este musical coprotagonizado y codirigido por Gene Kelly, uno de los nombres más asociados al género. La película, una comedia sobre la transición de Hollywood del cine mudo al sonoro, está considerada hoy por el Instituto Fílmico Estadounidense como el mejor musical de todos los tiempos.

Ha nacido una estrella (1954) – Ganadora: La ley del silencio

El musical de George Cukor, la historia del éxito de una actriz unida al declive profesional de su novio, es una versión de una cinta anterior de 1937 y que tuvo un segundo remake en 1976 protagonizado por Barbra Streisand. Pero es la de 1954 la que el Instituto Fílmico Estadounidense considera la mejor, al otorgarle el séptimo puesto en su lista de mejores musicales de la historia. Y la influencia de la película sigue vigente: ya está anunciado un tercer remake para 2018, protagonizado por Bradley Cooper y Lady Gaga.

Mary Poppins (1964) – Ganadora: My fair lady

My fair lady se llevó el Oscar a la Mejor Película en 1965, pero el premio a la Mejor Actriz fue para Julie Andrews por Mary Poppins. La británica se quitó así la espina de que la rechazaran para el papel de Eliza Doolittle, un rol que ella había popularizado en Broadway pero que Audrey Hepburn encarnó en la gran pantalla. Además de la niñera más famosa del cine, Mary Poppins es uno de los mayores logros de Walt Disney: de todas las películas que él produjo, esta fue la única nominada al mayor premio de la Academia.

Cabaret (1972) – Ganadora: El padrino

Teniendo en cuenta que es hija de Judy Garland y Vincente Minnelli, no sorprende que Liza, cuyo papel en Cabaret le valió un Oscar, haya resultado ser un gigante del género musical. Polémica en su momento por tratar, aunque de forma velada, temas como la homosexualidad y el aborto, la cinta fue nombrada por The Guardian como el mejor musical de la historia y tiene el récord de ser el filme con más premios Oscar –ocho– sin llevarse el de Mejor Película. Claro que competía con El padrino.

All that jazz (1979) – Ganadora: Kramer contra Kramer

Kramer contra Kramer se llevó en 1980 el Oscar a la mejor película. All that jazz, un musical sobre un director que prepara un musical, tuvo que conformarse con la nominación. Eso sí, el filme de Bob Fosse se llevó la Palma de Oro en Cannes y sigue siendo uno de los títulos más fuertes del género. Prueba de ello es que el director y guionista de cine Paul Schrader (American gigolo, Taxi driver) la incluyó en su canon de 60 mejores películas de la historia, donde figura en 29ª posición. Es el musical mejor situado de la lista.

La bella y la bestia (1991) – Ganadora: El silencio de los corderos

Si bien no se llevó el Oscar a la Mejor Película (ojo, jugaba contra El silencio de los corderos), La bella y la bestia consiguió un logro notable: ser la primera película de animación nominada en esta categoría. Además, es la cinta con más candidaturas a la Mejor Canción –tres, un récord que hoy comparte con El rey león, Dreamgirls y Encantada–. Finalmente se lo llevó por ‘Beauty and the beast’.

Whiplash (2014) – Ganadora: Birdman

No cumple al 100% las reglas del género, pero la música tiene un papel muy significativo en la segunda película de Damien Chazelle. El proyecto nació de un cortometraje que el director presentó en Sundance para aplauso de la crítica. Visto el éxito, decidió reciclarlo en largometraje. El resultado fue similar. Con Whiplash, Chazelle se quedó a las puertas del Oscar a la Mejor Película. Este domingo tiene una segunda oportunidad con La La Land.

Cortos imprescindibles que ver en Vimeo

Redaccion The Objective

Foto: Stephane Mahe
Reuters

Logran el máximo impacto en el mínimo de tiempo, sintetizan lo complejo eliminando toda impureza innecesaria y ofrecen la droga que es el cine en una poderosa píldora de efecto inmediato. Así son los buenos cortos, e internet está plagado de ellos.

Para disfrutar del buen cine no hace falta pagar, salir de casa, ni siquiera disponer de tiempo. La cantidad y calidad de cortometrajes disponibles online aumenta cada segundo, y aunque en su gran mayoría continúan siendo invisibles para el público amante de los blockbusters, también son el indispensable caldo de cultivo que ve emerger a grandes directores de cine independiente.

A pesar de lo limitado de sus presupuestos, un sistema de distribución en salas que roza lo inexistente y la creencia generalizada de que sean un género menor, los cortometrajes demuestran una buena dosis de pasión, talento e intensidad audiovisual pueden llegar a suponer una oferta irrechazable.  Para demostrarlo, aquí una lista de cortometrajes disponibles en Vimeo que no dejan indiferente a nadie.

La Huida | Víctor Carrey

Seleccionado en más de 200 festivales y con 80 galardones en su poder, La Huída expone con agilidad diferentes puntos de vista sobre una misma narración en poco más de 10 minutos. Un corto imprescindible de la filmografía patria.

Pipas | Manuela Burló Moreno

Comedia española en estado puro. Ganador de los premios al mejor Guión y a la mejor dirección en la XI Edición del Notodofilmfest y nominado a los premios Goya 2014, Pipas ha pasado de ser un sencillo corto a convertirse en todo un clásico.

Odessa | Cidney Hue

Antes de embarcarse en un viaje de 135 años al lejano planeta Odessa, la astronauta de la misión pasa su última noche en Nueva York.  Bajo la emocionante anticipación del descubrimiento, la nostalgia de un mundo a punro de dejarse atrás.

‘Bla Bla Bla’ | Alexis Morante

“Compartir coche es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar” y si no que se lo digan a cualquier persona que haya compartido trayecto en BlaBlaCar.  El que fue uno de los cortometrajes nominados a los Premios Goya 2017, logra condensar en 3 minutos y medio buenas dosis de humor, crítica, drama y suspense.

Mother | Morgan Jouquand

Las imágenes más espectaculares de la Tierra  en apenas unos minutos. Placer visual a borbotones.

La Ruta Natural | Álex Pastor

Ganador del Festival de Sundance hace ya una década, un cortometraje plagado de significativos detalles y narrativa magistral, previo a la incursión de Álex Pastor en el largo.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí

Nerea Dolara

Inteligencia Artificial, calentamiento global, Estados totalitarios, esos son rasgos de futuros humanos que no parecen tan lejanos. Pero el cine y la televisión no sólo se imaginan distopías viables, también las hay imposibles.

Imaginar futuros catastróficos es un ejercicio muy común en la ficción. Una especie de fábula y una oportunidad de dejar a la imaginación volar libre (la mayoría de las veces de forma sádica) y crear un mundo que no se conoce aún. La oferta es amplia y diversa y, en un momento que parece bañado por señales de malos tiempos por venir (intolerancia, prejuicios, populismos, terrorismo, calentamiento global),  (a modo de quienes guardan mochilas de supervivencia o tienen planes para una epidemia zombie) y los que son muy poco viables.

(Advertencia de Spoilers)

Firefly (2002-2003). Poco viable.

Esta serie de Joss Whedon, que sólo duró una temporada y que se ha convertido en un producto de culto, se desarrolla en el año 2517 y asume un futuro en que, sí, hay viajes espaciales y muchos planetas “terrificados” (en los que han reproducido las condiciones de la Tierra) y un gran gobierno controlador, La Alianza, pero la realidad del día a día del grupo que vuela en una nave destartalada comandada por Malcolm Reynolds (Nathan Fillion) es el de un western espacial. Y sí, puede que todo lo demás sea viable, pero que el futuro se convierta en el Viejo Oeste espacial es poco probable -a menos que se asuma como un “juego”, sí, hablo de ti Westworld-, aunque muy entretenido.

Nunca me dejes ir (2010). Viable.

Basada en una novela de Kazuo Ishiguro, esta excelente película -que pasó muy desapercibida sin merecerlo- se desarrolla en un futuro cercano, aunque al principio no sea obvio. Si no se sabe nada de la historia es mejor evitar tener más información, parte del horror proviene de la revelación de lo que este futuro significa para los protagonistas y para nosotros como humanos. Kathy, Tommy y Ruth crecen huérfanos en una escuela algo sospechosa que resulta ser el lugar en que cuidan y educan a los clones de seres humanos con recursos e intención de vivir eternamente y que utilizarán, antes de que lleguen a sus treinta años, como donantes de órganos vitales… hasta que mueran en una de las cirugías. Los problemas morales y éticos no se toman en cuenta, tampoco el hecho de que estos clones sienten y piensan. La naturalidad con que se desarrolla la historia es lo que más hiela la sangre.

La carretera (2009). Viable

Esta adaptación de la novela de Cormac McCarthy en que un padre y un niño intentan sobrevivir en un mundo arrasado por un desastre -que parece nuclear- y en el que el canibalismo, la violencia y la deshumanización son la norma no parece muy alejado de lo que podría pasar si un gran desastre acabase con los recursos y el hambre y el miedo se apoderaran de la rutina. Al final se trata, como todos los escenarios que parecen posibles, de imaginar el desarrollo de la naturaleza humana en las peores condiciones… y según los ejemplos que tenemos a mano (aunque haya excepciones de bondad y solidaridad) las probabilidades no son buenas.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí 3
Fotograma de “Idiocracy”

Idiocracy (2006). Por favor no.

Hace unos años pensar que el mundo de esta película, en que un tipo mediocre es congelado y aparece en el futuro sólo para descubrir que el mundo se ha convertido en lo peor de la televisión basura y la publicidad engañosa -ah y que la contaminación es rampante y todo el mundo es idiota-, era viable parecía un mal chiste… una exageración ante, sí, el aumento de reality shows, productos que se inventan necesidades y una cultura que enaltece más a Kim Kardashian que a Cervantes. Ahora, con la llegada del mundo “post-hechos” no parece tan gracioso.

Bladerunner (1982). Viable.

En este futuro, 2019, el mundo está ultra contaminado, gobernado por las leyes salvajes del mercado, los animales están casi extintos en su totalidad y los replicantes, modelos de androides humanoides, son utilizados como mano de obra esclavizada fuera de la Tierra… los que se rebelan y viven en el planeta son cazados y asesinados.

Logan’s Run (1976). No viable.

A ver en este futuro la alegoría va de la obsesión con la juventud en nuestra cultura y el miedo a la sobrepoblación -miedo con base- pero la solución que ofrece este futuro parece demasiado exagerada… incluso en una lista en que el canibalismo y la inteligencia artificial asesina parecen posibles. En este mundo una vez que llegas a los 30 tus opciones son renacer o morir de forma brutal… o, como deja claro el nombre, correr a ver si escapas de la policía y logras vivir unos años más. ¿Le tenías miedo a los 30 años? Ya tienes la solución, sólo piensa en Logan y compañía, te relajará.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí 1
Fotograma de “Black Mirror”

Black Mirror (2011-). Viable

Cada episodio es diferente en esta traumática serie británica, pero en la mayoría de los casos el futuro cercano, y terrorífico, que exhiben es tan posible que las pesadillas son una consecuencia casi indeleble. Ya sea un mundo en que chips implantados en el cerebro para hacer re-play de todo lo que hemos visto en el día o uno en que todo se define por el ránking que tengas en una red social o uno en el que un dibujo animado se postula como presidente… el futuro que presenta Black Mirror es horrible, pero nunca parece muy lejano.

The Purge (2013). No viable.

En esta franquicia cinematográfica se resume en esta premisa: en este futuro hay un día al año, el día de la purga, en que es legal matar, violar y torturar a quien sea. La gente, armada con lo que se encuentre, sale a las calles a desatar sus peores instintos… si eres pobre estás peor -nada de rejas en tu casa y ya ni hablemos si tienes la poca fortuna de vivir en la calle- y si eres rico no estás salvado, pero pagas protección. No parece un gran horizonte al que aspirar y a nivel de posibilidad está en los porcentajes bajos…a qué gobierno se le ocurriría dejar a la gente armarse y matarse un día al año (conste, la duda no proviene de que un gobierno tenga la sensatez de no hacer esto, sino de que tenga la previsión de que gente armada y suelta no tiende a dejarse controlar).

Ex-Machina (2015). Viable

Esta película indie no es Terminator, pero propone la misma premisa… sólo que con mucha menos acción y mucha más discusión moral y filosófica. En un lugar remoto un científico ha creado la que cree es la primera expresión de verdadera Inteligencia Artificial. Para comprobarlo llama a uno de sus empleados, que, encerrado en ese espacio sin ventanas y aislado, debe interactuar con la robot diariamente y evaluar si tiene conciencia. No es difícil imaginar que las cosas no terminan bien y que los humanos no están retratados de la mejor manera.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí
Fotograma de “Wall-E”

Wall-E (2008). No viable

Siempre se espera que no llegue a esto, pero en el mundo de Wall-E la Tierra ha tenido que ser abandonada – la basura se quedó con todo el espacio y el aire es irrespirable – y los humanos recorren el espacio en una gran nave crucero, subidos a sillas móviles y pegados a pantallas: sin interactuar, sin moverse, sin saber lo que es una planta o la vida como se conoce en el presente. ¿Exagerado? Sí. Viable, por favor esperemos que no.

Cuando el destino nos alcance (1973). Por dios no.

Vale, ninguno de los futuros presentados en la lista es deseable, eso es claro. Pero en este nada, y es nada, es deseable… y eso antes de conocer la revelación final. La economía del mundo ha colapsado, la contaminación es rampante, los recursos naturales casi han desaparecido y hay sobrepoblación… ah y la alimentación que provee el Estado a quienes tienen la “suerte” de recibirla es en forma de barras energética elaboradas con “plancton” o, como se descubre luego, con gente. Sí, es un muy mal futuro en el que existir.

(Fuera de la lista están las distopías más clásicas como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y otras narraciones míticas que han establecido muchas de las características de las historias posteriores).

Las 7 mejores cabeceras de serie de la historia

Redacción TO

Foto: Adam Arkapaw
HBO

Aunque puede que muchas personas pasen por alto estas cabeceras, consumidos por la impaciencia, hambrientos de más episodios, algunas de ellas son obras maestras en sí mismas. La mayor parte de la selección corresponde a series de la última década, salvo por una honrosa excepción. Y aunque otras grandes cabeceras han quedado fuera, esta es sin duda una muestra representativa de la deslumbrante creatividad de las series televisivas norteamericanas, con las productoras Netflix y HBO a la cabeza.

A continuación, la lista:

True Detective (Temporada 1):

La serie de un macabro crimen por resolver es absorbente desde los títulos de crédito. Esta superposición de capas con vistas a escenas de vicio y paisajes de Lousiana sugiere un clima oscuro que luego se reafirma en este guión extraordinario de Nic Pizzolatto. La melodía de Far from any road, de The Handsome Family, hace el resto.

Stranger Things:

Los sintetizadores del opening consiguen ponernos los pelos de punta. Las aventuras de estos niños de Hawking, que habitan el pueblo remoto de Hawkins (y, según parece, otros territorios más hostiles), cohabitan a la perfección con la música de Survive, pero también con canciones que trasladan a otra época: Jefferson Airplane, The Clash, Echo & Bunnymen, Joy Division…

BoJack Horseman:

Esta no será probablemente una elección justa; se trata de la única serie de animación de la lista. Pero BoJack Horseman tiene un espíritu que la hace especial, con esa nostalgia de actor deprimido y venido a menos que se recluye en el alcohol y las drogas y las fiestas salvajes en una mansión que preside una colina de Hollywoo (así, sin la D). La música es obra de Patrick Carney. Ajá, el batería de los Black Keys.

Los Soprano:

El recorrido de Tony Soprano, puro en mano, hasta las calles de Nueva Jersey, bordeando la grandilocuente Nueva York, como diciendo ‘Estas son mis calles, aquí mando yo’. Una serie que marcó a una época y a una generación y que imprime su esencia en esta cabecera, donde resulta imposible no reconocer la canción Woke up this morning, de Alabama 3.

“…and mama always said
you’d be the chosen one”.

Mad Men:

Apenas supera el medio minuto y parece revelar un final anticipado, con Don Draper, el protagonista, descendiendo a los infiernos o, simplemente, lanzándose por la ventana. En cualquier caso, es una de las cabeceras más evocadoras que se haya visto y la canción A beautiful mine, de RJD2, acompaña en la travesía.

Vinyl:

El polvo del vinilo y la cocaína y los escenarios locos del rock and roll de los setenta visitados desde las entrañas en esta serie que no llegó muy lejos a pesar de tanta creatividad desbordante. Mick Jagger, Martin Scorsese, Terence Winter y Rich Cohe apostaron bien fuerte por ella, pero no fue suficiente. La canción Sugar Daddy, de Sturgill Simpson, es la dignísima antesala de lo que está por venir.

Breaking Bad:

Si algo puede decirse de esta cabecera es que va al grano, sin florituras. Es ingeniosa y creativa, un viaje breve por la tabla periódica que reúne la vida y muerte de esta serie que ha convertido la Química (y la metanfetamina) en temas casi ordinarios. La música, aunque simple, se instala en tu cabeza y no te abandona y, tras el episodio final, se convierte en algo más que una sintonía. La compuso, por cierto, Dave Porter.

Avi Mograbi, el documentalista sin fórmula

Nerea Dolara

Foto: Avi Mograbi (Fotograma de Z32)

Este cineasta israelí visita Madrid como invitado del festival 3XDoc que presenta cinco de sus documentales en la Filmoteca de la capital hasta el 7 de abril.

Avi Mograbi (Israel, 1956) no busca las historias que sus documentales cuentan. El cineasta se las encuentra y decide contarlas. ¿Cómo? Quien haya visto alguno de sus documentales sabe que siempre es de formas inesperadas, y quien no tiene oportunidad de hacerlo durante el 3XDoc, festival organizado por la Asociación de Cine Documental de Madrid, Docma, en la Filmoteca de Madrid hasta el 7 de abril. Mograbi es un creador particular y su foco tiende a estar sobre el tema del Oriente Medio. Y aunque los temas que trata son duros, el director siempre logra encontrar algún tipo de humor (puede ser muy negro) en su interpretación. ¿Un ejemplo? En Z32 un soldado israelí relata su relación con un asesinato de policías palestinos y su testimonio es interrumpido por momentos por Mograbi cantando en su casa, acompañado de músicos, a modo de extraño coro griego.

Mograbi, que inicialmente estudió Filosofía y Arte, es un hombre alto e imponente, muy claro en sus opiniones y sin muchas explicaciones que dar sobre su proceso. Encuentra lo que quiere contar y sencillamente se inventa una forma de contarlo sin darle muchas vueltas, o eso dice. “Siempre he estado en contacto con el cine. Mi padre tenía un cine en Tel Aviv. Siempre quise ser cineasta pero a mi padre no le parecía una buena idea, así que estudié Filosofía y luego Arte y por un tiempo pensé que sería un artista pero terminé siendo cineasta”.

Mograbi no pensó originalmente que sería documentalista, se imaginó que haría películas de ficción muy artísticas, pero la realidad terminó por seducirlo. “No todo en la vida se trata de publicidad. Una historia me captura y la sigo, no es como que miro una selección de temas y elijo de allí. No es como la carta de un restaurante. Estoy interesado en cierto tipo de historias y cuando encuentro una hay un punto en que decido contarla. No tengo un plan de cómo lidiar con el mundo o lo que quiero contar”.

” Es muy normal que el documental que piensas y el que luego haces no se parezcan.”

En los documentales de Mograbi su presencia se puede dar por hecho, parte de su narración le incluye y a sus reflexiones sobre el tema que trate. En cada película, explica, el proceso es muy diferente, lo mismo que el tiempo de investigación. Con Z32, por ejemplo, estuvo dos años en contacto con el soldado israelí que le contó su historia e incluso le dio una cámara para que el chico se filmase en casa –lo que terminó por generar una de las partes más interesantes de la película, porque el soldado decidió grabarse conversando con su novia sobre lo ocurrido- y al tiempo tuvo que desarrollar un plan para grabar este testimonial sin mostrar el rostro del protagonista, o de su novia, pero a la vez dejando ver sus expresiones faciales (optó por máscaras en tres dimensiones puestas sobre el rostro de los personajes). “No hay una fórmula, muchas veces se te ocurre un concepto para la película y durante el proceso te das cuenta de que no funciona y tienes que cambiar todo el enfoque. Es muy normal que el documental que piensas y el que luego haces no se parezcan. Cuando comienzas puedes descubrir que la realidad con la que lidias es diferente a lo que pensabas y te ajustas o tu historia cambia y se adapta a la realidad que te encuentras. Por eso es interesante hacer filmes que tocan la realidad, porque cambian constantemente”.

Avi Mograbi, el documentalista sin fórmula 2
Fotograma de Aout via 3XDoc.

El director, que incluye entre sus influencias a directores como Chantal Ackerman o Robert Kramer y a músicos como John Coltrane y Jimi Hendrix, nunca se ha planteado otras formas expresivas para contar las historias que le interesan, en parte, explica, se debe a que sus películas son muy receptivas a todo tipo de expresiones. “Mis películas incluyen mucha ficción, música, actúo. Mi enfoque es suficientemente amplio para incluir lo que quiera, no me pongo normas”.

Para Mograbi, en este momento de “hechos alternativos” y noticias falsas, al documentalista no debería exigírsele objetividad, pero sí cree que como personas todos deberían tener un compromiso con la integridad de la verdad. “No sé el rol de los documentales en este momento histórico y es problemático pensar quién podría decidir ese rol. Los documentales no pueden restaurar la verdad. Cuando alguien hace una película basada en una historia real eso no significa que la historia completa está plasmada. Entre la realidad y el público está la cabeza y la mente del cineasta y el cineasta toma decisiones sobre cómo debe contarse la historia. Igual que nosotros en nuestras vidas, cuando contamos lo que nos ha pasado. No es necesariamente cómo que pasó. Y pasa igual con las noticias, alguien decide qué contarte  y cómo contártelo. Eso no significa que no tengamos un compromiso con la verdad y una responsabilidad, claro que la tenemos. Nuestra integridad como personas que cuentan historias es importante, el problema es que no hay una corte para esto. Si usas hechos de forma distorsionada no hay una corte a la que podamos llevarte y restaurar la verdad. Políticos populistas como Trump no respetan la integridad de la verdad. ¿Cómo se lidia con eso? No sé. Pero no es el rol de los documentales corregir eso y no creo además que sea posible. Lo último que queremos es que los cineastas se sientan obligados a apegarse a los hechos de forma anticuada, y que dejen de lado su creatividad e imaginación”.

En 3XDoc se podrán ver cinco documentales de Mograbi en la Filmoteca de Madrid hasta el 7 de abril: Z32, Happy Birthday Mr. Mograbi, Avenge but One of my Two Eyes, Once I Entered a Garden y How I Learned to Overcome my Fear and Love Arik Sharon. También se muestra el primer largometraje de Ahmad Natche, cineasta español-palestino, que relata la vida en un pueblo palestino con no actores y mucha poesía.

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