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Nueve musicales que los Oscar decidieron no encumbrar

Néstor Villamor

La La Land parte como favorita para llevarse el Oscar a la Mejor Película en la próxima edición de los premios. No solo viene con el Globo de Oro y el Bafta en esta misma categoría bajo el brazo, sino que en los Oscar acumula 14 nominaciones, un máximo histórico solo igualado por Eva al desnudo (1950) y Titanic (1997). Ambas ganaron, en su momento, el mayor galardón de la Academia y, si La La Land repite la hazaña, el largometraje de Damien Chazelle será el undécimo musical en lograr la estatuilla. Se uniría así a La melodía de Broadway (1929), El gran Ziegfeld (1936), Siguiendo mi camino (1944), Un americano en París (1951), Gigi (1958), West Side story (1961), My fair lady (1964), Sonrisas y lágrimas (1965), Oliver (1968) y Chicago (2002). La lista incluye títulos potentes, pero deja de lado algunos de los mayores clásicos del género, que sin embargo han pasado la prueba del tiempo. Por ejemplo, estos:

El mago de Oz (1939) – Ganadora: Lo que el viento se llevó

Entre Lo que el viento se llevó está el Oscar a la Mejor Película. Dejó, así, sin estatuilla a El mago de Oz, la aventura de una niña con coletas en un hipercolorido mundo de fantasía. Sin embargo, un estudio de 2005 la distinguió como la película estadounidense más influyente jamás rodada. No solo eso: la Asociacón Estadounidense de la Industria Fonográfica situó ‘Over the rainbow’ como la mejor canción del siglo XX. Incluso sonó en el funeral de Marilyn Monroe, muy admiradora de la balada del filme.

Cita en San Luis (1944) – Ganadora: Siguiendo mi camino

Judy Garland, musa del musical del Hollywood clásico, estaba harta de interpretar el mismo papel de adolescente cuando le ofrecieron protagonizar Cita en San Luis, según varias biografías de la actriz, y casi dio carpetazo al proyecto. Hoy, la explosión de technicolor ideada por Vincente Minnelli está considerada una de las cumbres del género. “Sigue siendo, para muchos de nosotros, el más grandioso de los musicales estadounidenses”, alabó la revista Time en 2005, al incluirla en su lista de mejores películas desde 1923.

Cantado bajo la lluvia (1952) – Ganadora: El mayor espectáculo de la Tierra

El reciente fallecimiento de Debbie Reynolds habría sido mucho menos mediático si no hubiese participado, siendo todavía adolescente, en este musical coprotagonizado y codirigido por Gene Kelly, uno de los nombres más asociados al género. La película, una comedia sobre la transición de Hollywood del cine mudo al sonoro, está considerada hoy por el Instituto Fílmico Estadounidense como el mejor musical de todos los tiempos.

Ha nacido una estrella (1954) – Ganadora: La ley del silencio

El musical de George Cukor, la historia del éxito de una actriz unida al declive profesional de su novio, es una versión de una cinta anterior de 1937 y que tuvo un segundo remake en 1976 protagonizado por Barbra Streisand. Pero es la de 1954 la que el Instituto Fílmico Estadounidense considera la mejor, al otorgarle el séptimo puesto en su lista de mejores musicales de la historia. Y la influencia de la película sigue vigente: ya está anunciado un tercer remake para 2018, protagonizado por Bradley Cooper y Lady Gaga.

Mary Poppins (1964) – Ganadora: My fair lady

My fair lady se llevó el Oscar a la Mejor Película en 1965, pero el premio a la Mejor Actriz fue para Julie Andrews por Mary Poppins. La británica se quitó así la espina de que la rechazaran para el papel de Eliza Doolittle, un rol que ella había popularizado en Broadway pero que Audrey Hepburn encarnó en la gran pantalla. Además de la niñera más famosa del cine, Mary Poppins es uno de los mayores logros de Walt Disney: de todas las películas que él produjo, esta fue la única nominada al mayor premio de la Academia.

Cabaret (1972) – Ganadora: El padrino

Teniendo en cuenta que es hija de Judy Garland y Vincente Minnelli, no sorprende que Liza, cuyo papel en Cabaret le valió un Oscar, haya resultado ser un gigante del género musical. Polémica en su momento por tratar, aunque de forma velada, temas como la homosexualidad y el aborto, la cinta fue nombrada por The Guardian como el mejor musical de la historia y tiene el récord de ser el filme con más premios Oscar –ocho– sin llevarse el de Mejor Película. Claro que competía con El padrino.

All that jazz (1979) – Ganadora: Kramer contra Kramer

Kramer contra Kramer se llevó en 1980 el Oscar a la mejor película. All that jazz, un musical sobre un director que prepara un musical, tuvo que conformarse con la nominación. Eso sí, el filme de Bob Fosse se llevó la Palma de Oro en Cannes y sigue siendo uno de los títulos más fuertes del género. Prueba de ello es que el director y guionista de cine Paul Schrader (American gigolo, Taxi driver) la incluyó en su canon de 60 mejores películas de la historia, donde figura en 29ª posición. Es el musical mejor situado de la lista.

La bella y la bestia (1991) – Ganadora: El silencio de los corderos

Si bien no se llevó el Oscar a la Mejor Película (ojo, jugaba contra El silencio de los corderos), La bella y la bestia consiguió un logro notable: ser la primera película de animación nominada en esta categoría. Además, es la cinta con más candidaturas a la Mejor Canción –tres, un récord que hoy comparte con El rey león, Dreamgirls y Encantada–. Finalmente se lo llevó por ‘Beauty and the beast’.

Whiplash (2014) – Ganadora: Birdman

No cumple al 100% las reglas del género, pero la música tiene un papel muy significativo en la segunda película de Damien Chazelle. El proyecto nació de un cortometraje que el director presentó en Sundance para aplauso de la crítica. Visto el éxito, decidió reciclarlo en largometraje. El resultado fue similar. Con Whiplash, Chazelle se quedó a las puertas del Oscar a la Mejor Película. Este domingo tiene una segunda oportunidad con La La Land.

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Insultos, inteligencia y sátira política o la genialidad de Armando Iannucci

Nerea Dolara

Foto: IMDB

Es el creador de Veep y el guionista y director de La muerte de Stalin, estrenada el año pasado en Reino Unido y que llegará a las pantallas españolas el 9 de marzo. Este escocés es la voz más respetada en la sátira política y con razón, su escritura es tenaz, brillante e hilarante.

Sátira política, de esa que se encuentra poco estos días -inteligente y muy graciosa- y que ha terminado por convertirse en triste espejo de la realidad del poder, eso es lo que define el trabajo de Armando Ianucci. Este guionista y director de origen escocés no tiene piedad ante los egos inflados, los comportamientos infantiles y las conspiraciones rastreras de quienes ocupan espacios de poder y es por ello que sus películas y series no son solo hilarantes, sino muy honestas.

Iannucci lleva mucho tiempo siendo un ídolo de la sátira política en el Reino Unido, pero su dominio se expandió a Estados Unidos y el mundo cuando estrenó Veep, una comedia producida por HBO sobre la vicepresidenta de EEUU, Selina Meyers (interpretada genialmente por Julia Louis-Dreyfus), su ambición y su patética idiotez. Veep, que Iannucci lideró desde 2011 hasta 2015 -dejó la serie por cansancio pero en buenos términos, aún la sigue y admira el trabajo de los guionistas que se quedaron a bordo-, ha sido un éxito como pocos: durante su tiempo al aire se ha ganado el Emmy a Mejor Serie de Comedia durante tres años consecutivos y le he ganado a Louis-Dreyfus el Emmy a Mejor Actriz durante cada año que la serie se ha emitido, sin interrupción.

Insultos, inteligencia y sátira política o la genialidad de Armando Iannucci 1
Julia Louis-Dreyfus en Veep | Imagen: IMDB

Pero Ianucci comenzó en su Reino Unido natal como un estudiante de literatura inglesa en Oxford que en su adolescencia había considerado ser cura, que leía transcripciones de los debates del parlamento y que tenía por padre a un inmigrante italiano que publicaba un periódico anti-fascista y había peleado con los partisanos en la Segunda Guerra Mundial. Durante su posgrado, centrado en los estudios de los escritos de John Milton, Iannucci abandonó sus estudios para dedicarse a escribir humor y fue contratado rápidamente en BBC Radio como guionista del programa satírico On The Hour, un noticiero absurdo de ficción que tenía como protagonista al mítico personaje Alan Partridge, interpretado por Steve Coogan y que se convertiría en uno de sus roles más reconocidos.

El programa, que tuvo éxito, se mudó a la televisión con el nombre The Day Today y Partridge apareció en una serie de producciones en que también estaba Iannucci como escritor.

Todo iba bien. Iannucci tenía una carrera estable e incluso presentaba sus propios shows -la serie The Armando Iannucci Show es un gran ejemplo, en ella se discutían en sketchs de humor absurdo temas filosóficos y existenciales- pero a principios de los 2000, cuando Tony Blair comenzó su ascenso al poder, Iannucci estaba dando vueltas a una idea: una sátira sobre el primer ministro. Iannucci es laborista, pero eso no le impedía ser crítico, menos cuando Blair apoyó la Guerra de Irak. Así nació The Thick of It, una corta serie de cuatro episodios emitida en la BBC (porque hay países que respetan sus emisoras estatales y no las convierten en espacios de propaganda o protección gubernamental) sobre un primer ministro incompetente y su equipo de trabajo (sobresalía el jefe de comunicación, interpretado por Peter Capaldi, a quien Iannucci conoció en la infancia, ya que asistían al mismo colegio).

El ritmo, ese que luego se convertiría en marca del estilo de Iannucci, era rápido, agresivo y con diálogos llenos de groserías. Y el resultado fue un éxito impresionante. Esto fue en 2005. En 2009, tras un proyecto fallido de llevar The Thick of It a una adaptación americana, se estrenó In The Loop, versión cinematográfica de The Thick Of It que incluía muchos de los personajes originales, incluido Malcom, el escocés jefe de comunicación que no para de maldecir interpretado por Peter Capaldi. La película recibió una nominación al Óscar por guión adaptado.

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Escena de In the loop, dirigida por Iannucci | Imagen: IMDB

Tras la película, Iannucci tenía una ventaja comparativa con respecto a otros que quisieran que una cadena les produjera una idea, más si se toma en cuenta que en los tiempos de The Thick of It, el guionista ya había tenido reuniones con HBO para hacer una serie sobre una compañía online. Iannucci explica en The New Yorker cómo llegó a la idea de Veep: “Se trataba de decidir dónde se desarrollaría. No quería que fuese en la oficina del presidente, se sentía muy amplio. Podía ser un congresista, pero se sentía pequeño. ¿Un miembro del gabinete? No duran mucho tiempo. ¿Una embajada? Y luego pensé en el vicepresidente. La dinámica del trabajo es que estás muy cerca pero estás excluido (…) sabes que la gente te tiene poco respeto y habla de ti detrás de tus espaldas, pero no pueden hacerlo mirándote a la cara, porque podrías ser la persona más poderosa del mundo cualquier día. Así que todo el mundo tiene que ser cuidadoso al hablar contigo, aunque tu sabes que fuera de allí, en todas las fiestas y restaurantes, tu eres el objeto de los chistes”.

Veep se estrenó con un amor inmediato de la crítica y mucho amor de los espectadores. El tono y el ritmo eran salvajes y sarcásticos, como en sus previos trabajos, y la serie comenzó su camino al éxito… que aún mantiene hoy.

Iannucci, sin embargo, harto tras cuatro años de dedicar todo su tiempo a la serie y de pasar tanto tiempo en Baltimore filmando, llegó a un acuerdo para dejar el show en 2015 y dedicarse a otras cosas. Entre ellas esta su nueva película, estrenada en 2017, llamada La muerte de Stalin. Otra sátira política, esta se centra en los días inmediatamente previos y posteriores a la muerte de Stalin y las maquinaciones que se dieron entre sus colaboradores más cercanos ante el vacío de poder. Aunque parezca descabellado, la película tiene muchas situaciones absurdas, aunque también hay espacio para el drama, la mayor parte de lo que cuenta pasó realmente.

Iannucci está trabajando también en adaptar un clásico literario para la BBC, el David Copperfield de Charles Dickens, con Dev Patel como parte del reparto, y en una serie de comedia y ciencia-ficción para HBO que tentativamente se llama Avenue 5. No teman, queda Iannucci para rato.  

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¿Cómo estuvo Sundance 2018?

Nerea Dolara

Foto: IMDB
IMDB

¿Qué películas queremos ver? Sundance 2018 cerró su edición en Park City con una amplia oferta de estrenos indies que valen la pena.

A finales de enero las calles de Park City, Utah volvieron a ser las mismas. Unos días antes una multitud de actores, directores, guionistas, productores y distribuidores asistían al Festival de Cine de Sundance, el mayor mercado y proyector de cine independiente desde hace décadas. ¿Por qué es importante Sundance? Un ejemplo, en 2017 The Big Sick y Call Me By Your Name consiguieron allí su distribución y antes de ellas se estrenaron allí películas como Whiplash, Blood Simple, Winter’s Bone, Reservoir Dogs, Memento o Cuatro bodas y un funeral (por nombrar unas pocas). En Sundance se abre de nuevo la carrera por los premios, ya de 2019. Es un barómetro del cine indie y también de su mercado… porque en el festival no sólo se ven películas, también se compran.

Hablemos primero de las películas que probablemente tengan peso en 2018, aunque este año haya sido más discreto que sus predecesores inmediatos. Está Bodied, por ejemplo, producida por Eminem, que relata la historia de un rapero blanco que intenta triunfar en ese mundo musical; o Blaze, de Ethan Hawke, en que él mismo interpreta al músico Blaze Foley en un relato lleno de saltos temporales, actuaciones musicales y buenas interpretaciones; o The Tale, que le ganó a su protagonista, Laura Dern, admiración general de la crítica; o Ophelia, una nueva narración de Hamlet, desde el punto de vista de su amada, que tiene a Daisy Ridley (Star Wars) en el rol principal; o Wildlife, la ópera prima de Paul Dano que ya está generando rumor de Óscar para su protagonista, Carey Mulligan; o Tully, la nueva aventura de humor negro de Diablo Cody, que tiene a Charlize Theron como una madre harta de sus hijos y de la maternidad.

¿Cómo estuvo Sundance 2018?
Ofelia | Imagen: IMDB

También están las películas de cuatro directoras, que se llevaron los galardones de dirección en pleno: The Kindergarten Teacher de Sara Colangelo, On Her Shoulders de Alexandria Bombach, And Breathe Normally de Ísold Uggadóttir y Shirkers de Sandi Tan.

Pero es posible que la película más importante del festival, no sólo porque el público la adoró y la crítica la veneró, sea Hereditary. El terror lleva algunos años haciendo de las suyas peleando por ser un género al que se le reconozca su valor, no sólo como parte del panteón de la cultura pop, sino como una obra de arte como cualquier otra buena película. Ya antes de Hereditary los festivales han recibido con brazos abiertos, y celebrado ampliamente, cintas como The Witch, It Follows, Babadook o Get Out, y este nuevo estreno ha tenido la misma suerte. La película, protagonizada por Toni Collete, relata la historia de una madre en duelo que es atormentada en su propia casa por presencias sobrenaturales. Tras su estreno Internet se llenó de artículos que la llamaban: la película que mató de miedo al público de Sundance.

Otro elemento a tomar en cuenta de esta edición de Sundance, además de las películas que se estrenaron, es qué sucedió con su mercado de distribución. Los dos últimos años, por ejemplo, Amazon y Netflix gastaron decenas de millones adquiriendo películas como The Big Sick, Manchester by the Sea, Mudbound, este año no fue igual. De hecho los dos servicios de streaming, que también son estudios, dejaron el festival con las manos vacías por primera vez.

Según Business Insider ambas compañías estarían pensando en reducir sus costos en compra de derechos de estrenos indies. Netflix, por su parte, porque ha entendido que a sus suscriptores no les importa si la película es un estreno exclusivo o si llega a su servicio semanas después. Y Amazon porque ya cerró su presupuesto para 2018.

También puede especularse que ambas empresas llevan varios años gastando millones en distribución y producción, pero aún no parecen ganar ese mismo dinero con los estrenos. De hecho, el plan, según Bussiness Insider, es producir proyectos propios con grandes estrellas, alla Bright con Will Smith en Netflix.

Lo cierto es que Sundance dejó, como siempre, un amplio cartel de películas que recorrerán cines y televisiones durante los próximos años y que de seguro, tendrá presencia en los premios del próximo año. Esto es así, cuando aún no se ha entregado el Oscar 2018, ya se piensa en el de 2019. Pero no todo son premios. Sundance es el hogar del indie, y como tal este año estrenó joyas que esperamos (escuchen distribuidores) lleguen a las salas, tan llenas de superhéroes que ofrecen pocos espacios para otro tipo de cine.

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La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies

Romhy Cubas

Foto: Fox Searchlight Pictures

En 1941 durante una exclusiva cena de la industria cinematográfica ofrecida por Orson Welles, el director sudamericano Gabriel Figueroa compartió la historia de una criatura anfibia mitad humana que emergía del río Amazonas una vez al año para raptar a una mujer y desaparecer sin rastro. En 1954 una de las personalidades presentes en aquella cena, William Allan, produjo La criatura del lago negro, un precedente elemental para la humanización de los monstruos y criaturas fantásticas en la pantalla grande.

Más de seis décadas después, el cineasta mexicano Guillermo del Toro ha logrado recuperar la esencia de una historia que se ancló en su imaginario desde que la vio a los siete años de edad. La forma del agua, la última película del director reconocido internacionalmente por el hermoso debut que fue El laberinto del fauno, es un etéreo homenaje al cine fantástico, los monstruos, la filmografía de los 60 y sobre todo un honorable final para La criatura del lago negro que raptó a Julie Adams a finales de los años 50.

Con trece nominaciones a la estatuilla de Oro de los Oscar este año y otras 150 nominaciones a premios y festivales alrededor del mundo, entre lo que se encuentran el recibimiento del León de Oro del Festival de Venecia y el Globo de Oro como mejor director, la película protagonizada por Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon y Octavia Spencer se enuncia como una carta de amor al cine. En ella el clima cultural, los derechos civiles y las dinámicas de poder recuerdan que en la “gran América” siempre han existido escenarios en donde la segregación busca establecerse como el denominador común de una sociedad.

Situada en los años 60 en Baltimore, previo al asesinato de John F. Kennedy, La forma del agua narra un romance único entre la conserje de una central de investigación del gobierno, Elisa -muda de nacimiento y con unas cicatrices extrañas en el cuello que evocan a las branquias de los anfibios-, y una criatura encerrada en las facilidades del lugar que es torturada en el nombre de la ciencia y la seguridad nacional.

Las referencias hacia La criatura del lago negro son evidentes, pero el film no se trata de un remake sino de una celebración al cine y la filmografía antigua, un homenaje a influencias cinematográficas como The Red Shoes ,The Harder They Come e inclusive la estética de  Andy Warhol.  Y es que para Del Toro el anfibio que sostiene a una aterrorizada Julie Adams en el póster de 1954 es una de los diseños más hermosos que ha visto. Desde que lo descubrió el esquema de un romance en donde la pareja de especies comparte helados y paseos en bicicleta ha sido clave para uno de sus proyectos más ambiciosos.  

La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies
Tras cámaras de La forma del agua | Foto: Kerry Hayes/Fox Searchlight Pictures

La forma del agua relata una historia de amor con tintes de fábula en donde la transformación no es necesaria para la comprensión de dos individuos. La película hace justicia a uno de los temas más comunes de los filmes del director, que no solo se expresa mediante monstruos y criaturas sino mediante la idea de que en este mundo solo nos tenemos los unos a los otros.

Doug Jones, quien ha aparecido en varias películas de Del Todo como Mimic, Crimson Peak y Hellboy, en donde también interpreta a un hombre anfibio, es el cuerpo y movimiento detrás  de la noble criatura de La forma del agua.  Junto con la ayuda de la escritora Vanessa Taylor y el escultor Mike Hill, -quien ya ha diseñado un Frankenstein de tamaño real para la colección privada de horror de Del Toro- el alma del anfibio tomó vuelo con una simple instrucción del director: “Quiero que canalices dos cosas: el Silver Surfer [héroe de Marvel Comics], con su fuerza heroica y su sensualidad discreta, y a un matador. Cuando los observas, tienen mucha confianza y lideran con las caderas y la pelvis”, le indicó el director al actor según The Hollywood Reporter.

Por otro lado el, apego de Del Toro por su último proyecto, que originalmente iba a ser filmado en blanco y negro, lo llevó a desembolsar $200,000 de sus propios fondos para presentar a Fox Searchlight un guión que según el director los hizo llorar a todos al final de la primera propuesta.

La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies 1
Escena de La forma del agua | Foto: Fox Searchlight Pictures

Más que criaturas y monstruos

La humanización de los monstruos, que siempre han fascinado al director, y el romance silente entre dos especies distintas es de hecho una persiana para contextualizar polémicas pasadas que siguen teniendo vigencia hoy en día como: la discriminación racial, la intolerancia y un particular complejo de hombre blanco, poderoso y privilegiado.

“Lo configuré en 1962 específicamente, porque cuando la gente dice: ‘Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grandioso’, están soñando con esa era”, explica Del Toro a la revista estadounidense Deadline. “Es una época donde los autos tenían aletas de chorro, las cocinas eran automáticas. Todo era genial si eras blanco, anglosajón y protestante, pero si eras otra cosa, estabas jodido. No ha cambiado tanto”.

Esta elección tanto -personal como política- de escenarios y geografías temporales hacen que la película se conjugue en reversa a los roles desempeñados en filmes de época. “Quería convertir en malo al personaje con un buen traje y una mandíbula cuadrada (que suele ser el tipo bueno en las películas de ciencia ficción de los años 50)”, agrega Del Toro.

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Escena de La forma del agua con Sally Hawkins y Doug Jones | Foto: Fox Searchlights Pictures

Palabras innecesarias y miles de tonos verdes

Sally Hawkins hace que las palabras sean innecesarias con una actuación sutil y serena que se conjuga con todos los colores de la película. La actriz también contribuyó con el guión de su personaje; Del Toro se inspiró en una historia escrita por esta sobre una mujer que desconoce que es una sirena. El detalle de los rasguños con forma de branquias en el cuello de su personaje fue tomado de dicha historia.

El silencio de la película es sustituido con un soundtrack y una musicalización que riman con los pasos y el mutismo de sus personajes. La cinematografía etérea de Dan Laustsen se aferra a miles de tonos verdes para crear la atmósfera de ensueño de un cuento de hadas para adultos. Esa paleta infinita crea un juego de tonos que pasan por la aguamarina, los ásperos verdes oxidados de edificios antiguos e institucionales, el brillo de neón de una gelatina hasta el verde cerceta metálica de un nuevo Cadillac.

Por otro lado, no solo la crítica coincide en que La forma del agua es una de las mejores piezas de Del Toro desde El laberinto del fauno, el propio director reconoce un particular orgullo por la película.

“Para mí no se vuelve más personal que con La forma del agua. Estoy orgulloso de ella. Es la película favorita que he realizado“, dijo Del Toro a Collider. “Me encanta. Lo llamo ‘un cuento de hadas para tiempos difíciles’ porque es una pomada contra el mundo, donde nos levantamos todas las mañanas con peores noticias”.

La fidelidad de Guillermo Del Toro por los monstruos crea un homenaje moderno y un cuento de hadas gestado décadas atrás que por fin encuentra su final perfecto.

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12 parejas literarias que entendieron (o no) lo que es el amor

Romhy Cubas

Foto: JASON LEE
Reuters

Del recuerdo de que “ningún hombre es una isla” se puede cocinar una olla narrativa de amor y desamor. El sentimiento romántico puede ser incluso inverosímil cuando se intenta comprender desde barreras del pasado en donde los casamientos obligados o la exclusividad de clases, razas y matices de piel al unir a dos personas se consideraban escenarios rutinarios. En teoría aquellas tradiciones están prácticamente descontinuadas en el siglo XXI, en la práctica todo es siempre un poco más escabroso y burocrático. No obstante, el amor sigue siendo complicado, accidentado pero sobre todo necesario; lo decía el existencialista Jean Paul Sartre: “Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado”.

La novela que no habla de amor aún no ha sido escrita, y en la gran mayoría de los libros la primera aproximación es la de esa inevitable compatibilidad entre mente y cuerpo. Paris, Tokio, Praga, Estocolmo o Bogotá, no existen barreras geográficas para relatar romances de época, distopías de cortejo u pasiones autobiográficas.

Es evidente que Romeo y Julieta o Hamlet y Ofelia tienen una casilla honoraria en la inevitable lista del romanticismo en la literatura, pero los siglos han escrito mucho más que dioses y dramaturgos enamorados en su paleta de novelas. Por eso en esta lista los clásicos se enfrentan a los contemporáneos para demostrar que cuando se trata de amor y desamor, el paso del tiempo se mide en la espera de compañía más que en “pasiones”. Confirmado con la claridad del poeta por Jorge Luis Borges: “Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”.

12 parejas literarias que entendieron o no lo que es el amor
Portada Anna Karénina | Imagen: Debolsillo / Penguin Clásicos

Anna Karenina y Vronsky en Anna Karenina de León Tolstoi

Lo de Vronsky y  Anna Karenina es destino y capricho y en este clásico consumado se crea una de las primeras protagonistas femeninas en rebelión.

En la Moscú de la alta sociedad las apariencias tienen un alto precio y el divorcio es impensable. Anna Karenina y Vronsky son esa pareja emocionante que se subleva a una sociedad atrapada en chismes y convenciones superficiales. Es además una carta abierta, romántica y escandalosa contra la aristocracia rusa de la época.

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Portada de la edición aniversario | Imagen: Alfaguara

La Maga y Horacio Oliveira en Rayuela de Julio Cortázar

En Rayuela el amor se decide en pequeños instantes y contracciones, discusiones frívolas y paseos bajo la lluvia.  El amor de Oliveira y La Maga puede ser tan romántico como bochornoso, todo depende del orden en que leas la anti novela de Cortázar. No obstante, Paris siempre será propenso a los idilios y entre las orillas del río Sena y los puentes de la ciudad del amor caminan una uruguaya etérea y un argentino melancólico que se encuentran entre librerías, poetas, conversaciones de bar y habitaciones sombrías.

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Portada Tokyo Blues | Imagen: Tusquets Editores

Toru y Naoko en Tokio Blues Norwegian Wood de Haruki Murakami

En Tokio hay un eco de nostalgia y soledad que se formula en plena adolescencia. Los protagonistas de Tokio Blues: Toru y Naoko, son dos jóvenes que se adentran en una relación de compañía y dependencia luego de un suicidio inesperado. Este podría ser el verdadero romance del siglo XXI: distanciamientos, sanatorios, sexualidad o la pérdida de esta, y una canción de Los Beatles. El ritmo lo marcan los recuerdos y distancias entre dos con el pasar de los años.

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Portada de Lo que el viento se llevó | Imagen: Zeta Bolsillo

Scarlett O’Hara y Rhett Butler en Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell

Narrada en el contexto de la Guerra de Secesión en EEUU y sus consecuencias, este clásico acude al mejor estilo dramático y sentimental de los romances de época para contar un extenso cortejo entre Scarlett, la hija de un hacendado adinerado, y Red Butler, un original seductor que se niega a combatir en la guerra. Este es uno de esos romances extensos e insistentes en donde el capricho de sus protagonistas y las circunstancias del destino lo hacen todo mucho más calamitoso y solemne. Scarlett y Rhett son el núcleo de esas parejas perfectas en sus desigualdades cuyo romance es tan intenso como sus temperamentos.

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Portada de Orgullo y Prejuicio | Imagen: DeBolsillo / Penguin Clásicos

Elizabeth Bennet y Mr. Darcy en Orgullo y Prejuicio de Jane Austen

La terquedad también puede hacer al romanticismo. Aquí no hacen falta erotismo en exceso ni descripciones gráficas para sentirse al borde de un precipicio con la indecisión de Elizabeth y Mr Darcy. Basta con los afilados e inteligentes diálogos entre ambos y la incertidumbre de un destino juntos para caer a los pies de la pareja más orgullosa de la literatura.

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Portada de La mecánica del corazón de Mathiass Malzieu | Imagen: Resevoir Books

Jack y Madeleine en La mecánica del corazón de Mathiass Malzieu

En La mecánica del corazón Jack es un niño que nace el día más frío que ha tenido la Tierra, por lo que su corazón congelado es reemplazado por un reloj de madera. La fragilidad de su condición hace que deba evitar a toda costa emociones fuertes e intensas como enamorarse. Y sin embargo, Jack se enamora de una pequeña cantante andaluza llamada Miss Acacia que pone a prueba el funcionamiento de su corazón.

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Imagen: Standaard Boekhandel

Jimmy y Oryk en Oryx y Crake de Margaret Atwood

Esta es la primera parte de una trilogía distópica narrada por Margaret Atwood en donde la manipulación genética y sus consecuencias son el argumento principal. Pero inclusive cuando existen criaturas mutantes y hombres-cerdos el amor se aferra a la supervivencia del más fuerte. Jimmy es el último hombre en la Tierra y los recuerdos de su interés hacia Oryx, maestra de un grupo de niños con aspecto de humanos pero elaborados por mutación genética, son una de las pocas cosas que lo ayudan a seguir adelante.

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Portada de Hermosos y Malditos de Francis Scott Fitzgerald | Imagen: DeBolsillo

Anthony y Gloria en Hermosos y malditos de Scott Fitzgerald

Aunque Daisy y Jay Gatsby son por excelencia una de las parejas más dramáticas y románticas de la literatura, Fitzgerald ha creado parejas incluso más calamitosas y similares a su propia vida. En este caso el retrato ácido de la sociedad americana y de la época del Jazz lo interpretan Anthony y Gloria, una pareja decadente y acelerada, muy similar a la relación del propio Fitzgerald con su esposa Zelda Fitzgerald. En Hermosos y malditos el matrimonio, la rebeldía y los vicios de una sociedad reflejan el amor y desamor de una pareja inquieta y soñadora.

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La insoportable levedad del ser | Imagen: Tusquets Editores

Tomás, Sabina y Teresa en La insoportable levedad del ser de Milan Kundera

Aunque más un monologo filosófico que una historia de amor, en la novela de Kundera las dudas existenciales de un hombre se vierten en sus parejas y amores rutinarios. Los amantes e infidelidades se exponen para atajar reflexiones certeras sobre la convivencia mutua y los vínculos pasionales que hacen de una pareja algo más que dos cuerpos en una cama.

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Portada El Amor en los tiempos del cólera | Imagen: Literatura Random House

Florentino Ariza y Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez

Esperar a alguien durante cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días parece extremo, pero eso es lo que hace Florentino Ariza desde que en su adolescencia conoce al amor de su vida. Por diferencias sociales de la época el tiempo de estar juntos se alarga durante décadas. Este es uno de esos amores de generaciones y descendencias en donde el romance se afinca con la experiencia de los años.

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Imagen: Penguin Books

Giovanni y Davis en El cuarto de Giovanni  de James Baldwin

Un clásico de la literatura homosexual. Giovanni y Davis se establecen como una pareja en búsqueda de una identidad y un espacio donde ser libres. La historia situada en la bohemia Paris relata la llegada del norteamericano Davis a la ciudad y sus experiencias con el barman italiano Giovanni, quien se enamora perdidamente de él y con quien comienza una relación en donde la libertad y la moral se interponen en la convivencia diaria.

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Imagen vía Editorial Destino.

Lisbeth Salander y Michael Blomkvist en Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson 

Michael y Lisbeth como pareja podrían ser otro de los nuevos clásicos del siglo XXI. Ya no se trata de clases sociales ni de escándalos matrimoniales, sino de entender la soledad y la individualidad de una persona con el pasado montado a sus espaldas. No es la historia común de amor y romance, pero es una de esas parejas que trascienden entre las páginas cada vez que se rescatan mutuamente.  

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A la lista es fácil añadirle clásicos de las hermanas Brontë como el dúo de Cathy y Heathcliff en Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, o Jane Eyre y Mr. Rochester en Jane Eyre de Charlotte Brontë, así como parejas mas pícaras y controversiales como la de Ricardo Somocurcio y Lily en Travesuras de una niña mala de Mario Vargas Llosa o si nos ponemos menos pudorosos Humbert Humbert y Lolita en Lolita de Vladimir Nabokov, e incluso Lady Chatterley y Oliver Mellos en El amante de Lady Chatterley de D. H Lawrence. Pero por ahora nos quedamos con estas doce parejas que nadan entre clásicos y contemporáneos para recordar la universalidad del amor.

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