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Ocho pabellones que explican el storytelling de La Bienal de Venecia

Ariana Basciani

Foto: Ariana Basciani
The Objective

La Bienal de Venecia se inauguró el pasado sábado 14 de mayo con la premisa de generar debate entre sus asistentes. A pesar de que se afirma que es la bienal menos política, debido al fichaje de la comisaria francesa Christine Macel, muchos pabellones han representado problemáticas actuales en sus espacios, desde la ruptura de las ideologías políticas, pasando por la crisis de los refugiados hasta la figura crítica de los medios de comunicación.

Entre los pabellones nacionales que se pueden recorrer de L’Arsenale al Giardini podemos observar desde guiños muy sutiles hasta grandes declaraciones sobre temas espinosos. La Bienal de Venecia no solo se centra en la identidad nacional o en las ya muy comentadas formas de representación, este año el arte se revela como impulso transformador basándose en los acontecimientos actuales y entendiéndose desde lo humano. Dentro de las diferentes exhibiciones, el aire innovador viene dado por el storytelling utilizado por los artistas, muchos de ellos volviendo a poner en la palestra al medio, el periódico y los recursos noticiosos, respaldando la importancia del periodismo como forma de contar historias.

El storytelling de la Bienale

De los centenares de propuestas de los pabellones nacionales, nos quedamos con los de temática espinosa, desde obras interactivas que se confrontan con la crisis de los refugiados hasta grandes esculturas al aire libre que se convierten en trending topic de Instagram.  A partir del paseo por la feria veneciana realizamos una selección de pabellones que profundiza en el debate desde lo metafórico, el lenguaje, la identidad y las problemáticas contemporáneas. Ocho pabellones que con su narrativa transgersora nos revelan el retrato de mundo actual desde La Bienal de Venecia.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 1
“Newsreel 63”, pabellón de Eslovenia. | Imagen: Pabellón de Eslovenia

Eslovenia

Casi al final de L’Arsenale se sitúa el pabellón esloveno en donde se exhibe la magnífica película original de Nika Autor, Newsreel 63, donde ahora los refugiados viajan, no en los coches del tren, sino entre ellos. La obra de Nika Autor hace suyo el tema de los refugiados a través de un guiño al formato de los noticieros, una nueva forma de no-ficción guerrillera comprometida con el cambio social e inspirada en los noticieros de los años sesenta y setenta en Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Según The Guardian, Nika Autor es la nueva John Grierson del mundo del arte.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 2
“La vida en los pliegues” de Carlos Amorales. | Imagen: Pabellón de México

México

Muy cerca del pabellón esloveno, Carlos Amorales representa al pabellón mexicano. En él, Amorales afianzaba su obra en la que plantea nuevos alfabetos y en consecuencia, nuevos lenguajes con una pieza titulada La vida en los pliegues, donde se enfrenta la historia de la migración y los linchamientos con el nacionalismo de los Estados. Un obra entre arte figurativo, abstracción y performance, con un guiño a la prensa escrita al contar historias de distintos linchamientos mexicanos en un tabloide explicativo que se encuentra al iniciar la ruta de la exposición.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 4
El pabellón australiano desde afuera | Imagen: Pabellón de Australia

Australia

El pabellón australiano es muy vistoso en el Giardini, no solo por el edificio que acoge su exposición sino por la cantidad de gente que desea entrar en él. Australia a través de Tracey Moffatt ha creado My Horizon, unos foto-dramas que han transformado y activado el espacio con narrativas conmovedoras, que representan los viajes humanos como desesperados, los refugiados y su paso fronterizo a la pertenencia, Moffatt relata estos síntomas como preocupaciones globales independientes de un momento o lugar en particular.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 6
“El Fausto” de Anne Imhof | Imagen: Nadine Fraczkowski / Pabellón de Alemania

Alemania

Siguiendo el recorrido del Giardini llegamos a Alemania, que presenta la inquietante obra de Durma -El Fausto- de Anne Imhof, que se desarrolla como performance durante varias horas, ofreciendo una figuración siniestra y brutal sobre temas de la realidad actual. El cuerpo es el primordial sustento de la obra que parte entre arte, ópera, ballet y protesta, con los tonos del Fausto de Goethe fijado en black metal. Durante los días previos a la apertura al público, este fue el pabellón que más personas atrajo y un día antes de la apertura al público general ganó el mayor galardón de la Bienal de Venecia, el León de Oro.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 5
Una visitante lee el periódico “The Little Review” | Imagen: Pabellón de Polonia

Polonia

Por su parte, Little Review es el proyecto de la artista estadounidense Sharon Lockhart para el pabellón de Polonia. La fuente de inspiración para la norteamericana fue un periódico creado enteramente por niños y jóvenes en Varsovia antes de la guerra. Little Review, homónimo del periódico original, explora la dimensión social de la creación artística, haciendo notar la necesidad de escuchar la voz de los más jóvenes. Dentro del impoluto pabellón polaco la artista norteamericana juega con la multidisciplinariedad y el periódico físico tiene un rol fundamental en sus fotografías y en su relación con el espacio físico.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 7
Geta Brătescu – “Apparitions” | Imagen: Pabellón de Rumania

Rumania

Entrando al Giardini el pabellón de Rumania, exhibe a Geta Brătescu con Apparitions. Esta artista de 91 años, luego de décadas de trayectoria, se lleva el merecido homenaje de encargarse del pabellón rumano. Lleno de bocetos hechos en tinta cáustica, autorretratos de una invención extraordinaria que celebran a una mujer, dibujada con los ojos vendados, demostrando la condición femenina desde dentro hacia afuera. El feminismo limpio, mostrando a la mujer a través del yo más primitivo.

Ocho pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia
Vista del laberinto y de las visuales en el “Laboratory of Dilemmas” de en George Drivas | Imagen: Pabellón de Grecia

Grecia

Al igual que muchos otros pabellones en el Giardini, Grecia presenta una obra con referentes nacionales para tratar un tema global. Laboratory of  Dilemmas de George Drivas presenta una instalación de vídeo narrativo basada en la obra teatral de Esquilo, Iketides -Las Suplicantes- que plantea el dilema entre salvar al extranjero o mantener la seguridad del nativo. Dirigiéndose a los problemas sociopolíticos globales de la actualidad, el trabajo trata la angustia, la perplejidad y la confusión de individuos y grupos sociales cuando se les pide que aborden dilemas similares. La historia nos transporta a una Creta moderna, en la cual un laberinto de luces negras y blancas, visuales y sonidos, confunde la ruta del visitante.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 3
Las 1500 máscaras en “Werken” | Imagen: Pabellón de Chile

Chile

Para cerrar esta pequeña guía tenemos al pabellón de Chile, una muestra muy completa, ya que su obra no se vale del ‘exotismo’ de lo latinoamericano en Europa, sino que propone el poder de lo individual para la resistencia colectiva. El pabellón de Chile presenta Werken, obra de Bernardo Oyazún, que se compone de un círculo con 1500 máscaras típicas del pueblo mapuche –kollong– y alrededor de ellas, en las paredes de la sala, unos letreros de led que dejan correr en bucle los 6906 apellidos de esta población indígena  que existen en la actualidad. Oyazún, más que un homenaje quiere representar al pueblo mapuche como símbolo de resistencia dentro de la memoria histórica chilena y al kollong como figura para el diálogo con el otro.

La Bienal de Venecia continúa hasta el mes de noviembre donde no solo se celebra el arte en los diferentes puntos de la ciudad italiana, también se podrá conversar y asistir a conferencias con artistas, curadores y comisarios vinculados a la fiesta del arte europeo, como el nombre de esta edición indica: ¡Viva Arte Viva!

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Continúa leyendo: Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Anna Maria Iglesia

Foto: Alberto Gamazo

Silvia Cruz LaPeña es una periodista de raza. Fiel y honesta con sus principios. Especialista en flamenco, Cruz LaPeña no es una mera reseñista: sus artículos y reportajes son textos, a veces incómodos, en los que ella analiza y descubre el mundo del flamenco, construyendo un relato que no se acomoda a los tópicos. Crónica Jonda (Libros del K.O) es también un relato incómodo, es también un relato que desmonta tópicos, un relato aparentemente autobiográfico a través del cual Cruz LaPeña destripa el presente social, político y, también, emocional. El presente de Crónica Jonda es el resultado de un pasado que no ha acaba de morir, que está ahí y cuyos frutos recogemos ahora.

Crónica Jonda comienza con la muerte de Paco de Lucía, que, a través de las palabras de Miguel Mora, se convierte en símbolo de un tiempo que se acaba.

Sí, y por esto está muy marcado el hecho de que yo me entero de la muerte de Paco de Lucía cuando estoy terminado el epílogo de la biografía de Camarón. Es un gesto casi epifánico: termino el epílogo y, por tanto, en cierta manera vuelvo a enterrar al gitano, que era Camarón, y me entero que se ha muerto el payo, Paco de Lucía. Y, sí, cuando Miguel Mora habla de la España aniquilada, yo la veo representada.

El gitano y el payo, el norte y el sur, lo exterior y lo interior… ¿tu libro es un juego de dualidades imposibles de separar?

Sí, está todo imbricado, porque la realidad es así. Este libro es un viaje, que yo empiezo cabreada, pero no puedo decirte en qué página dejo de estarlo, porque todo está mezclado, los opuestos se tocan y se confunden. En el fondo del libro está la idea de un todo, algo caótico, un todo donde es imposible determinar dónde empieza la otra. Es un libro que empiezo a escribir cuando todo parece haberse desquebrajado, cuando estaba naciendo con mucha fuerza Podemos y nos preguntábamos qué iba a pasar; ahora, seguimos, en parte, igual, no sabemos qué va a pasar, ni con Podemos ni con ningún otro partido. Por esto, cito a Faulkner.

Narras un tiempo que agoniza…

Sí, un tiempo que, además, se estira y no se acaba. Hablo de un tiempo que tiene mucho que ver con el flamenco, con esa voluntad de querer conservar el pasado, de no dejar que llegue lo nuevo. Por esto digo que, para no ser la música de España, el flamenco se le parece mucho. Como el flamenco, también el tiempo que estamos viviendo ahora es un tiempo suspendido, no sabemos qué va a pasar y, personalmente, tengo la sensación de que cada día empieza todo de nuevo.

No sólo dices que el flamenco se parece mucho a España, sino que es machista como España. ¿El flamenco es la lente desde donde miras tu entorno?

Sí, en cierto modo y, de hecho, en este libro el flamenco no es una excusa, como algunos me han dicho, sino que es la clave de lectura de muchas cosas y, al mismo tiempo, es mi abrigo, porque es el flamenco es el lugar donde me refugio. El flamenco es un microcosmos y en él veo conductas que, luego, veo también en otros ambientes, entre los periodistas, los carniceros o los taxistas.

El flamenco y, sobre todo, el mundo flamenco está muy connotado, pero, desde fuera, ¿lo miramos y lo juzgamos con demasiados prejuicios?

Hay muchos prejuicios en relación al flamenco, unos prejuicios que vienen de hace tiempo. Es cierto que el franquismo se apropió del flamenco y se lo usó como forma de propaganda de la cultura española, pero no fue el único arte a ser usado. Esto, sin embargo, ha hecho que, todavía hoy, haya quien conserva la idea de que el flamenco mantiene unos lazos con el franquismo cuando no es así.

Además, el flamenco es considerado como “lo español”, en un momento donde “lo español”, sobre todo en lugar como Cataluña, cuesta mucho de aceptar. Y, por último, para empeorar las cosas, se le tacha de machista y, en parte, es cierto, pero el flamenco no es más machista que la sociedad en el que está inmerso, es decir, la sociedad española.

Lo que quisiera es poner un punto y final a estas asociaciones, porque de flamenco he visto mucho y lo he visto en países como Francia e Inglaterra. Por tanto, ¿el flamenco es “lo español”? Sí, pero no. Lo que sucede es que falla el relato y creo que, en gran medida, de esto es responsable el propio mundo flamenco y, también, aquellos que lo narramos. Creo que tendríamos que hacer el esfuerzo de hablar de flamenco sin hablar de lunares, sin caer en los tópicos.

¿En qué sentido se ha explicado o se explica mal el flamenco?

El relato que se ha hecho hasta ahora del flamenco es la del tío guapo, alto, moreno y con pinta de torero y la mujer guapa, espectacular, con vestido de lunares. Se cuenta que, en el mundo flamenco, él manda y ella renuncia a todo y, en parte, es cierto, solo que, como te decía antes, el machismo del flamenco no es otra cosa que el reflejo del machismo de la sociedad en que se enclava.

El flamenco es mucho más, solo que todavía es un mundo muy circunscrito; ten en cuenta que muchos conservatorios no admiten los estudios de flamenco porque piensan que es cosa de cuatro gitanos que bailan en su casa. Esto hace que se desconozca el flamenco más allá de los tópicos, más allá del “lerele” y de los topos. Por esto, hablo del relato y de nuestra responsabilidad, porque es cierto que, sobre todo los medios no especializados, todavía te piden que si escribes de flamenco les hables de lunares, de sangre y de pasión, pero es precisamente esto lo que tenemos que evitar, porque el flamenco de hoy no es esto o no es solo esto. Hay espectáculos de flamenco muy fríos, donde no hay ni sangre ni pasión. O, por ejemplo, ver bailar a Rocío Molina es asistir a una clase magistral de danza contemporánea y de flamencos. Es una mujer que no utiliza ni lunares ni peinetas, pero es flamenco.

¿Ha habido clasismo en la percepción del flamenco?

Sí y no. Por una parte, no en cuanto, casi desde sus inicios el flamenco ha vivido gracias al apoyo de la gente adinerada; de hecho, muchos artistas flamencos han vivido de bailar a señoritos y a gente adinerada. Además, lo curioso es que, actualmente, muchas veces quien rechaza el flamenco es gente que, por cultura o por contexto, está muy cerca de él; sin embargo, hoy muchos lo rechazan por ser algo popular, algo folklorico…e, incluso, algunos no rechazan por no ser un arte elevado, si bien no hay que olvidar que hoy en día el flamenco está en todos los teatros del mundo.

Por otra parte, sí, hay clasismo: el rechazo al flamenco tiene mucho de clasismo y de racismo, que, paradójicamente, no solo viene del mundo payo.  En el mundo gitano también hay racismo, el de los gitanos y, lo que es más curioso, el de los gitanistas hacia los payos. Los gitanistas, que muchas veces no son gitanos, son unos puristas, son aquellos que dicen que el flamenco solo puede ser puro y que todo lo demás no es flamenco.

Ahora que hablas de los gitanistas, pienso en tu análisis de la música de Miguel Poveda, cuyo flamenco se ha “modificado” en cuanto él ha cedido, en parte, al gusto, tentado por las ventas o el gran público. ¿Poveda, como tantos otros, representa un flamenco adulterado, ese flamenco que nos llega y que consume la gran mayoría?

Yo diría edulcorada. Me voy a remitir, además porque enlaza con la cuestión del clasismo, a lo que dice Luis Cabrera, del Taller de Músics: el flamenco gusta si no te araña. No gusta el flamenco duro. Y lo que yo digo de Poveda es algo que se ve mucho en programas como La Voz u Operación Triunfo: se flamenquea mucho, se hace mucho “lerele” y mucho “olé”, pero eso no es hacer flamenco, por mucho que quien lo haga esté relacionado familiar o culturalmente con el flamenco.

Hay muchos que piensan que Malú es flamenca o que Rosario Flores hace flamenco, cuando no lo ha hecho en su vida. Y, sin llegar a este punto, Miguel Poveda, que sí que canta flamenco, aunque en sus espectáculos hay de todo, hace un flamenco edulcorado o, como yo digo, flamenco de amplio espectro. Muchos de mis compañeros de profesión, me dirían que este flamenco de amplio espectro no es flamenco.

Un relato desde el flamenco 1
El flamenco es mucho más que lunares y trajes de sevillana | Foto de Alberto Gamazo

¿Me comprarías la etiqueta: “flamenco para quien no entiende de flamenco”?

Mis compañeros gitanistas te comprarían… y yo también

Otro de los temas del libro es la inmigración, principalmente la de Andalucía hacia Barcelona y te muestras muy crítica hacia la política catalana, hacia ese discurso político que llegó a consolidar el concepto de “charnego”.

Sí, ante todo, porque reniego completamente del concepto de “charnego”. Yo no eliminaría esta palabra, pero que la diga quién la inventó. Este nombre, completamente despectivo, no nos lo hemos inventado quienes supuestamente somos charnegos, por esto, no lo asumo, porque no hay nada de negativo en el hecho de que una abuela mía fuera andaluza, otra murciana, mi madre de Barcelona y mi padre de Córdoba. Y, sí, en el libro hago una crítica feroz a esa sociedad que conocí y la hago, también, porque me hace mucha gracia cuando se habla hoy de los catalanes a los que no se escucha o a esos catalanes que estamos un poco callados. ¿Nos han escuchado alguna vez? Por esto cuento la celebración que se hizo en Barcelona en 2013 por los cien años del nacimiento de Carmen Amaya. A nadie le importó que se celebrara el nacimiento de Amaya teniendo mal los datos, sin prestar atención a los estudios que decían que ella había nacido en 1918. ¿Te imaginas que hubiera pasado si quienes organizan la celebración de 1714 se equivocaran y dijeran 1715? Pues, esto. No se trata de forma distinta a unos que a otros y luego decir que somos todos parte de un mismo pueblo. Recuerdo perfectamente cuando en la rueda de prensa previa al homenaje de Amaya, Mascarell decía que el pueblo romaní era parte del pueblo catalán, cosa que es cierta, pero entonces ¿por qué no se la trata igual?

En el libro cuentas, además, como un concejal te dice que prefiere antes “a los africanos que a los andaluces porque son ‘más propensos a hablar catalán’”.

Me hicieron este comentario como me han hecho muchos otros. Y, lo peor, te lo hacen sin preguntarse quién eres tú, sin plantearse que, a lo mejor, con sus palabras te están ofendiendo o están ofendiendo a tus padres.

¿Tuviste que asumir tu historia y tus orígenes o siempre fueron connaturales a ti?

No, no tengo la sensación de haber tenido que asumir mis orígenes, pero sí es cierto que, durante la presentación en Madrid, Cristina Fallarás decía que el libro es la narración de la construcción de una identidad. Seguramente, en el libro me digo algunas cosas que nunca me había dicho y ciertamente no es casual que mi interés por el flamenco se haya reafirmado en estos últimos años ni que mi libro salga en estos días y hable de flamenco. Aunque no quieras, ahora mismo, te obligan a preguntarte sobre tu identidad. Yo, que nunca me he preocupado de esto, me siento obligada no sólo a preguntarme sobre mi identidad, sino también a interrogarme sobre mi origen. Sin embargo, para mí nunca fue un problema: cuando volví a Barcelona, vivía en Nous Barris y nunca sentí la necesidad de preguntarme de dónde era. A lo mejor era una excepción, pero lo cierto es que nunca me preocupó este asunto.

Tú, además, narras la experiencia de una migración a la inversa: cuando tienes 8 años, dejas Barcelona y vas vivir a Andalucía. ¿Cómo era tu mirada, la de una niña que, si bien de origen Andaluz, deja Barcelona y se va a vivir a Andalucía?

Era una mirada repelente, porque era la mirada de quien viene de Barcelona y llega al sur. Era una mirada donde había rechazo, que, sin embargo, también encontré en Andalucía, aunque por distintos motivos. El rechazo que encontré era debido a que allí están muy hartos de que, desde Barcelona, se les mire con cierta superioridad, una superioridad que yo llevaba incorporada. Y, ahora, lamento haber salido corriendo de allí con 18 años, deseando ir a Barcelona, que para mí significaba un lugar con amplitud de miras y cosmopolita, paradójico si pensamos en lo que estamos viviendo hoy.

Evidentemente, con los años he vuelto a Andalucía, pero ya no he vuelto a vivir allí; de ahí que, en el libro, exprese mi arrepentimiento por esa actitud repelente que tuve y, solo ahora, me doy cuenta de que en todos los años que viví ahí, no llegué a conocer, de verdad, Andalucía por mi estrechez de miras.

En el fondo, Crónica Jonda es un gran canto a Andalucía.

Y a Barcelona.

Sólo que Barcelona sale peor parada.

No, el libro es un gran canto a Barcelona, solo que vivo en Barcelona. Si me hubiera ido, seguramente mi mirada se hubiera dulcificado. Yo no tengo una mirada romántica de Andalucía, pero ya no es tan severa como la que tenía antes, porque vivo a mil kilómetros y porque cuando voy es solo para estar unos días. Sin embargo, Barcelona es mi ciudad elegida, es la ciudad que amo, de ahí el cabreo que tengo. Siempre te enfadas con quien más quieres y yo estoy casada con Barcelona.

Por último, quería preguntarte sobre el periodismo, del que también hablas.

Yo todo lo que te pueda decir del periodista suena a corporativista, aunque no lo sea para nada, pues soy muy crítica con quien no lo hace bien y conmigo misma cuando me equivoco. Me parece vital que se haga periodismo y que se haga bien. Aunque no tengamos un código deontológico muy claro, me parece esencial hacer periodismo con sensatez y respetando algunos principios.

Te muestras muy crítica con los “periodistas” amateurs.

Yo soy muy crítica con el amateurismo, es cierto, con ese “periodismo” que se ejerce gratis. Yo también me abrí un blog para escribir sobre mis cosas, pero el periodismo es otra cosa. ¿Qué quieres hacer periodismo? Muy bien, pero juega con nuestras reglas: cobra por trabajar. ¿Te metes a hacer periodismo sin cobrar para ligarte a la cantaora o el productor? Entonces, lo que haces no es periodismo, porque el objetivo del periodismo es otro.

Puedes ser amateur, pero no nos quites el pan, no reemplaces el papel del periodismo. Nos quejamos de que se hace mal periodismo, pero es que la mitad de la gente que lo ejerce no es periodista, y no me refiero a tener o no el título universitario, y la mitad de la otra mitad ha sucumbido a determinadas cosas: cobrar poco, titular mal en busca de click, evitar ser molesto.

Continúa leyendo: Art Data: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte

Art Data: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte

Ariana Basciani

Foto: Joan Fontcuberta

Internet nos ha convertido en artistas y creadores de contenidos, no hay exclusión, todos contribuimos. Ya sea que estemos actualizando nuestro Instagram o haciendo un vídeo con nuestros móviles, la tecnología nos ha dado nuevos caminos para la creatividad. Pero ¿qué sucede cuando un artista se adentra y se encarga de transformar millones de datos y hacer que las estadísticas conozcan el arte?

Al desdibujar las fronteras entre el arte y la información, el Art Data (o arte de los datos) rompe el mito del artista romántico y ofrece una propuesta artística novedosa ante los comentarios críticos de la era digital. Muchos artistas en la contemporaneidad utilizan como material artístico datos brutos producidos diariamente, buscando soportes innovadores para la exhibición y transformándolos en obras de arte.

 (Ejemplos de visualización de datos: así se escuchaban los The Beatles después de su lanzamiento en Spotify en diciembre de 2015)

El objetivo del Art Data es crear formas estéticas, obras artísticas de naturaleza digital a partir de la información generada dentro de Internet, ese llamado Big Data. La premisa es simple: cualquier información virtual producida en nuestro entorno puede ser transformada en imágenes, objetos o sonidos. El Art Data también presenta vínculos entre los algoritmos establecidos en nuestra cotidianidad –Google, Facebook, Spotify, etc- y la creación de nuevas formas artísticas.

A pesar de la vanguardia tecnológica, el arte y las tecnologías de la información siguen siendo percibidos como dos mundos en conflicto, sin embargo, una nueva generación de artistas considera el uso de la tecnología y el arte en otros términos. El Art Data crea una nueva interpretación del mundo cada vez más matemática y racional, recordándonos que somos el nuevo hombre: el homo tecnologicus. Para las nuevas generaciones de artistas, esta visión tecnocientífica sólo toca la superficie de otro mundo mucho más complejo, secreto y maravilloso, un mundo que también habla en voz alta, un mundo de datos e información.

Data Art: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte 3
Ejemplos de visualización de datos en medios de comunicación | Imagen vía Bloomberg

Del Big Data a la gráfica: el primer paso del Art Data

La visualización y traducción de datos se ha convertido en una disciplina fundamental a medida que más empresas y organismos públicos se han visto obligados a vender lo que ahora es poderoso: la información en forma de cero y unos.
A partir de formas visualmente divertidas para la clasificación de datos, en la actualidad podemos ver como periódicos como el New York Times o Bloomberg han apostado por la visualización de datos, desde los más complejos a los más sencillos. La visualización de datos es un hecho, no solo para entender datos complejos sino para profundizar en las formas de storytelling: desde empresas como Spotify que explican qué sucede con sus escuchas hasta fundaciones educativas que explican la crisis de refugiados.

Dentro del mundo del arte, el primer paso se resume en cómo ver los datos. Entre los pioneros de esta disciplina, encontramos a la artista minimalista Kynaston McShine, quien en su exposición Information (NY, 1970) propuso la primera definición de Art Data en el catálogo de exposiciones del MoMA: “Cada vez son más los artistas que usan el correo, los telegramas, las máquinas de télex, etc., para la transmisión de sus obras (fotografías, películas, documentos) o la información sobre su actividad”.

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TreeViz para Macintosh creado por Ben Shneiderman | Imagen vía Universidad De Maryland

A McShine lo secunda el teórico Edward Tufte, responsable de la creación de Sparkline –el formato gráfico conciso desarrollado para insertar en texto y que todos conocemos gracias a las noticias financieras y a Excel- y Ben Shneiderman, el precursor de otro gráfico de gran importancia en la actualidad: el treemap, inventado en 1990.

Aterrizando en el Art Data. De la denuncia al espacio íntimo

Antes de la creación de formas extremadamente complejas de Art Data, existieron obras como las del artista Mark Napier. En Black and White, el artista norteamericano creó una corriente de información capturada por Carnivore, un programa de software bastante controvertido desarrollado por el FBI en el año 2000. Black & White leía la “forma” de los textos: la topografía cambiante del código binario era impulsado por el movimiento de senderos blancos y negros en la pantalla. En el proceso, un mundo binario era representado como una nube de diferentes tonos de gris.

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2060 Poster de Matt Willey

Siguiendo la breve historia del Art Data y gracias a la complejidad de la visualización de datos en áreas como las finanzas o la estadística, el artista británico Matt Willey creó At This Rate y 2060 Poster, proyectos que denuncian el impacto de la economía y las actividades humanas en el medio ambiente, específicamente en los bosques y selvas tropicales con cifras que pueden alarmar a cualquier espectador: “cada mes perdemos un área 102 veces el tamaño de Barcelona. At This Rate fue producida específicamente para crear conciencia sobre la destrucción de la selva amazónica y recolectar dinero para la ONG Rainforest Action Network.

Otro proyecto que ratifica la importancia en la unión de tecnologías de diseño 3D, captación de datos y 3D-Print, es la obra Nefertiti Hack de los artistas alemanes Nora Al-Badri y Jan Nikolai Nelles, quienes a partir del escaneo clandestino de la cabeza de Nefertiti en el Neues Museum Berlin, plantean la noción de pertenencia y posesión de objetos de otras culturas en las instituciones europeas. “Con la fuga de datos como parte de esta contra narrativa queremos activar el artefacto, inspirar una reevaluación crítica de las condiciones actuales y superar la noción colonial de posesión en Alemania”, afirman los artistas en la web del proyecto quienes se estarán presentado en el Festival The Influencers en Barcelona el próximo mes de octubre.

Data Art: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte 1
Diagrama Love will tear us apart again de Peter Crnokrak

De la denuncia pasamos a una instancia más íntima, que nos habla de gustos y de las emociones que pueden surgir del pop y el rock and roll. El proyecto de Peter Crnokrak, Love will tear us apart again, es un diagrama del impacto emocional del hit de Joy Division Love Will Tear Us Apart donde se estudian 85 covers de la canción de la famosa banda inglesa.  El mapa gráfico creado por Crnokrak es rico en datos en los que se representan varias variables: el tiempo transcurrido desde la grabación original, el artista de grabación, el nombre, fecha de la publicación y la discográfica.

No solo la música genera mapas de datos, nuestros pasos también pueden crean proyecciones cartográficas. La artista digital Laurie Fricks decidió crear una app para que cualquier persona que quisiera pudiese hacer mapas artísticos con sus datos de geolocalización. FRICKbits usa los datos de localización del usuario para dibujar sus patrones de movimiento, como por ejemplo a dónde viaja en la ciudad o las rutas que realiza para ir del trabajo a la casa. Según Fricks los datos de ubicación son los más fáciles de procesar, además que son repetitivos porque tendemos a ir a los mismos lugares una y otra vez. “El patrón de los movimientos en una ciudad son hermosos y, sin embargo, son ignorados a menudo, simplemente por no pensar en ellos. La repetición de los patrones de viaje y los movimientos callejeros pueden transformarse en un retrato de datos abstractos de los usuarios” afirma Fricks en un comunicado de prensa. Quizás a lo que Fricks apunta con este proyecto es a la creación de una huella digital de nuestros viajes físicos.

Ejemplos de Art Data hispanoamericano

Entre Latinoamérica y España existe un puñado de artistas que expresan sus cuestionamientos sobre la intimidad y los espacios a través de la visualización de los datos.

Data Art: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte 2
Googlegrama del Prestige, por Joan Fontcuberta

El premiado Joan Fontcuberta desde 2005 ha trabajado en la serie Googlegramas. En el proyecto el artista español reutiliza imágenes que se encuentran disponibles en Internet a través de un programa gratuito de fotomosaico asociado al motor de búsqueda Google. La obra final es una serie de fotomontajes que están compuestos por 10 mil imágenes disponibles en Internet, a partir de la búsqueda de una serie palabras claves relacionadas con la figura que quería construir, desde un beso hasta el hundimiento de Prestige.

Del otro lado del charco, la artista venezolana Ana Mosquera ha creado Paisajes Invisibles. Esta obra parte del análisis de los datos de la app de citas Grindr y descubre espacios invisibles dentro de la ciudad; paisajes imaginarios o lugares creados a partir del deseo y la sexualidad. Paisajes Invisibles fue presentado durante la semana del arte contemporáneo en Antofagasta, Chile, y el resultado visual de este análisis de datos fueron seis diagramas radiales que están vinculados a internet por medio de una aplicación gratuita de realidad aumentada que permite visualizar usuarios activos de Grindr.

Volviendo a los datos musicales encontramos a Santiago Gil, analista de Spotify, quien creó con los datos de la plataforma musical un diagrama de densidad titulado Gossypionimbus. Este diagrama se logró hacer con una matriz donde se trazaban el número de oyentes mensuales de los artistas de cada género y se comparaba con la cantidad de personas que se habían inscrito a Spotify Premium durante un periodo de tiempo determinado.

Data Art: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte
Mapa del viento, diseñado por Fernanda Viegas y Martin Wattenberg. Imagen vía: Hint.fm

En otro orden de influencia y representación artística, la brasileña Fernanda Viégas desde 1998 utiliza Internet para sus proyectos artísticos y ha sido considerada como una de las mujeres más influyentes de la tecnología según la revista Fast Company. Junto a Martin Wattenberg actualmente lideran el grupo de investigación de visualización Big Picture de Google y hace unos años trabajaron juntos el Laboratorio de Comunicación Visual de IBM. En su tiempo libre crean proyectos paralelos de índole artística como el mapa animado del viento. Este mapa de animación en vivo toma información pública de la base de datos de pronósticos digitales del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos recreando cómo los vientos se mueven por el mapa norteamericano en un proyecto de animación eterna. Como obra de arte viva que refleja el mundo real, su sentido emocional cambia de día a día. En los días de viento tranquilo, la obra puede ser una meditación relajante sobre el medio ambiente, sin embargo durante los huracanes -Irma puede ser un buen espectáculo- la estética puede llegar a ser una visión del caos.

La visualización de datos va más allá de los expertos en marketing que desean vender su próximo máster sobre Big Data. Existen miles de ejemplos en el mundo del arte que han pasado por exposiciones desde Buenos Aires a Barcelona. El reto en la actualidad es encontrar la unión del mundo del arte con la tecnología, mezclando la humanística y la ciencia para afrontar los nuevos retos de la representación, no solo a nivel artístico, sino educativo o informativo. Es deber aceptar la realidad en un mundo de datos que está entramado por generaciones antiguas, early adopters y niños que crecieron con un iPad en mano y que están generando información real, nada efímera, minuto a minuto.

Continúa leyendo: Shinobu Hashimoto: “Cuando somos humildes nuestra obra vive más”

Shinobu Hashimoto: “Cuando somos humildes nuestra obra vive más”

Beatriz García

Foto: Stefania Vara
The Objective

El ceramista japonés ha participado en la tercera edición de Japanese Days, unas jornadas de cerámica japonesa que se celebran anualmente en la localidad barcelonesa de Santa María de Palautordera.

El ceramista japonés Shinobu Hashimoto es misterioso, poco hablador, cuesta arrancarle una sonrisa y su cabello largo y sus tatuajes le confieren aspecto de tipo duro. Y sin embargo, su interior es delicado, amoroso, elegante, esencialmente humilde, preocupado por servir a los otros y embellecer, como él mismo dice, sus vidas. Ha conseguido imprimirle a su cerámica un estilo tan propio que basta con mirarla para ver al hombre y también al artista, aunque él insista en que no lo es. “Yo no hago obras de arte, sino objetos para que los utilice la gente. En Occidente vosotros empleáis el término ‘artista’ de un modo muy amplio, pero yo soy yakimono ya, un artesano de la cerámica, igual que los carpinteros o los mecánicos. Somos gente de oficio, no artistas”.

Shinobu ha visitado Barcelona para participar en Japanese Days, unas jornadas de cerámica japonesa que se celebran en Santa María de Palautordera y a las que acuden anualmente grandes artistas japoneses para compartir el secreto de la elaboración de sus piezas. “En Japón cada prefectura tiene un estilo de cerámica. Puedes encontrar porcelanas muy finas, de influencia china, y otras más sobrias y toscas, más coreanas, y luego está el propio sello del artista. Los japoneses son especialistas en técnicas muy concretas y siguen utilizando hornos de leña donde las piezas tardan seis días en cocerse. Pero la cerámica de Shinobu Hashimoto es diferente; tiene un estilo muy personal, moderno, casi europeo”, cuenta la ceramista Penélope Vallejo, organizadora de Japanese Days.

“Cada persona tiene algo único, si te dedicas a mirar lo que hacen los demás todas las obras se acaban pareciendo”

El secreto de la originalidad de este ceramista es sencillo, a Hashimoto no le interesa lo que hagan otros, para sacar su esencia evita “contaminarse” de las ideas ajenas. Sólo así consigue que su interior se exprese libre. “Soy autodidacta. Hace catorce años descubrí la cerámica en un taller de un día, me gustó, tomé un curso introductorio de pocos meses para conocer el funcionamiento del torno y poco más. Desde entonces he aprendido solo y afirmo que cada persona tiene algo único; si te dedicas a mirar lo que hacen los demás todas las obras se acaban pareciendo. Lo más importante es lo que sale de dentro”.

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Para Hashimoto lo principal no son sus obras, sino embellecer la vida de la gente. | Imagen de Stefanía Vara

No se propone crear teteras perfectas ni imperfectas, ni se pregunta a priori sobre la belleza de sus platos y tazas, ni si debería crear algo novedoso. “No tengo tiempo para eso, si pienso en que debería hacer algo nuevo me desvío de mi propósito. Sigo una línea para mis piezas y cuando sienta que quiero hacer algo nuevo, lo haré. Hasta entonces, espero que llegue ese momento…”, explica.

Las heridas que nos definen

Mientras que en Occidente y por influencia de los ideales griegos belleza es sinónimo de perfección, en Oriente, y especialmente en Japón, lo bello es imperfecto, fugaz y fluye constantemente al igual que la naturaleza. Los jardines zen, el ikebana, la ceremonia del te, los haikus y el kintsugi (la reparación de cerámica agrietada) son artes japoneses basados en la estética wabi-sabi, la belleza que esconden las cicatrices.

Uno de los rasgos más particulares de las piezas de Shinobu Hashimoto es un delicado cuarteado de la superficie. Cuando tornea a veces deja las huellas de sus dedos en la cerámica, hace “huecos” en las piezas que expresan, dice, la inmadurez de corazón. “Si vemos a una modelo perfecta no nos transmite nada y tampoco nos atrevemos a acercarnos, pero si tropieza ya es otra cosa… Estos huecos son espacios en medio de lo bello que dan vida a las obras, pequeñas heridas que las convierten en humanas”.

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El rasgos más característico de su cerámica es el cuarteado de la superficie. Imagen vía Stefanía Vara.

Para Penélope Vallejo, la cerámica es una forma de meditación activa. Ella no se limita a tornear, habla con los materiales, les “sugiere” que se abran o se cierren. Un arte del Aquí y Ahora. “Es una disciplina muy técnica, debes conocer cómo se comportan los materiales porque cuando estás en el torno te riges por las leyes de la física y eres un poco geólogo también. Las rocas y minerales con los que trabajas están en la corteza terrestre, cuando horneas una pieza, en el fondo, se está haciendo una fusión igual que la lava de los volcanes. Y a poco que investigas y conoces a ceramistas de la otra punta del mundo, te das cuenta de que aquello que nos une es mucho mayor que lo que nos separa. Hay muchas coincidencias en la técnica, aunque en Japón, por ejemplo, se tornee al revés”.

“Mis obras acaban cuando la gente las utiliza, se diluyen en el momento en que hacen disfrutar a otros”

En Occidente existe un gran debate sobre si la cerámica es un arte o una artesanía y, según la ceramista, las luchas de etiquetas todavía continúan aunque algo esté cambiando. “En los países orientales la cerámica se considera una de las grandes artes, pero aquí seguimos viéndola como una cosa utilitaria. Ha existido siempre una lucha de etiquetas entre alfareros y ceramistas, que se consideran más refinados, pero hay cada vez más escuelas, cursos y artistas conocidos”, afirma Penélope.

A Shinobu le sorprende que la mayoría de las asistentes al taller que ha impartido en Japanese Days fueran mujeres. “¿No suelen venir hombres? En Japón la mayoría son hombres”, pregunta. “Aquí es más bien al contrario”, le contesta Penélope. A sus cursos en Santa María de Palautordera acuden ceramistas desde países como Israel, Estados Unidos, Francia o Grecia, convirtiendo esta ciudad a los pies del Montseny en un hervidero de arte y artistas internacionales que no tiene nada que envidiar a la siempre hiperactiva Barcelona.

Shinobu Hashimoto: “Cuando somos humildes nuestra obra vive más”
En Oriente la cerámica se considera una de las grandes artes y la imperfección de las piezas las hace humanas. Imagen vía Stefania Vara.

El arte de los finales útiles

Antes de empezar a trabajar, Shinobu tiene ya una imagen mental de lo que quiere conseguir. Lo siguiente es ir restando, pensar en los materiales que utilizará para llegar a su objetivo, cómo se comportarán y cuáles son los pasos “hacia atrás” que deberá seguir, desde el final imaginado al origen y no al contrario. Y entonces, ¿cuándo considera que la obra está acabada? “Cuando la gente la utiliza. Si se sirve comida o bebida en ella la pieza queda difuminada, se diluye en el momento en que está haciendo disfrutar a quien la usa”, concluye.

Ceramistas como Shinobu Hashimoto tienen mucho que enseñarnos a los países occidentales, donde cuesta encontrar a alguien que no se llame a sí mismo artista, incluso artista de la vida. Si el ego son los árboles que no dejan ver el camino, la voluntad de crear un arte que conmueva, que tienda puentes entre lo particular y lo universal y despierte emociones dormidas es tanto servir a uno mismo como a los otros. Por eso, dice el japonés, “cuando somos humildes nuestra obra vive más. Todo debe tener un sentido…” Y añade: ¿Imaginas a un entrevistador que hable más que sus entrevistados?”. No sé si lo dijo por mí o a modo de ejemplo, de todas formas me aplicaré el cuento. A todos nos gusta pensar que lo que hacemos sirve para algo.

El segundo ceramista en visitar Japanese Days será Akira Satake, quien impartirá un taller en octubre titulado ‘Encontrar la belleza en la imperfección’.

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Actuaciones para perros amantes del arte

Carola Melguizo

Foto: Diriye Amey
Flickr

“El arte es una mentira que nos acerca a la verdad”, decía Picasso. Y no hay más verdad que la que transmite un animal. Siempre honesto, siempre presente y libre de prejuicios. No por casualidad muchos artistas han encontrado en los animales su principal fuente de inspiración. Hay infinidad de obras con perros y gatos como protagonistas. Sin embargo, pensar en ellos como público no tenía mucho sentido. Hasta ahora.

Krõõt Juurak (Estonia) y Alex Bailey (UK) son los artistas que dan vida a Performances for Pets, un proyecto artístico para mascotas, representado por Galerie International, que nació en Viena en 2014 y que desde entonces no ha parado de viajar por Europa. Sus actuaciones son privadas y personalizadas y tienen como principal objetivo ofrecer entretenimiento teatral a las mascotas. Así de simple y así de complejo.

Los animales han sido fuente de entretenimiento para los humanos, probablemente, desde que el mundo es mundo. Sin ir más lejos, en Youtube hay vídeos protagonizados por gatos que tienen más de 70.000.000 de visualizaciones. Sí, más de setenta millones. Por ejemplo: Surprised Kitty. Esto, sumado a la idea de que “cada mascota es, en cierto sentido, un performer para los humanos” sirvió de inspiración para Juurak y Bailey.

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Imagen vía Flickr/Pete

En la página web del proyecto los artistas lo explican así: “Queríamos invertir los roles y ofrecer a los animales la posición del espectador. Cuando se trata de actuar y de ser interesantes, las mascotas son superiores a nosotros de muchas maneras. Cuando una mascota sale al escenario, por ejemplo, captura de inmediato la atención de todos. Así que la inspiración para el proyecto fue realmente un “y si” invertimos los roles por un momento.” El resultado se resume en más de tres años de actuaciones para perros y gatos en ciudades como Zúrich, Bruselas, Berlín, Tallin, Viena y Barcelona.

“Las mascotas contemporáneas ya no tienen una función práctica en el hogar. Los gatos no necesitan cazar ratones, los perros ya no necesitan vigilar la casa. Las mascotas han actualizado su trabajo a lo que llamamos trabajo inmaterial o afectivo. En pocas palabras, las mascotas se las arreglan para ganarse la vida siendo ellos mismos en lugar de producir algo. Y eso nos parece muy contemporáneo.” Reflexiona el dúo creativo en el portal oficial de Performances for Pets. En este sentido, el proyecto aborda el hecho de que el entretenimiento proporcionado por las mascotas que trabajan desde casa, a menudo no se reconoce como trabajo real y que ya era hora de devolverles el favor.

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Perro viendo un proyecto artístico para mascotas | Imagen vía: Matthew McCullough / Flickr

¿Cómo se desarrolla cada performance?

Detrás de cada actuación hay un trabajo importante de investigación para conocer al animal y a su humano. Con preguntas sobre el carácter y los gustos de la mascota, los artistas personalizan al máximo el performance, así que cada representación es única. El escenario, por su parte, es siempre el hábitat natural de la mascota, que puede ser su casa o un lugar que visite con frecuencia en el que se encuentre realmente cómoda y relajada. La actuación en sí tiene una duración aproximada de 15 a 20 minutos para los perros y de 20 a 30 minutos para los gatos.

Es importante destacar que aunque las actuaciones están pensadas para entretener a las mascotas, los humanos del entorno más cercano del animal también son bienvenidos. Al estar emocionalmente conectados con sus mascotas, disfrutan en la medida en la que las ven disfrutar a ellas.

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