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Oprah Winfrey es homenajeada en los Golden Globes y su discurso rompe Internet

Ana Laya

Foto: HANDOUT
Reuters

Oprah Winfrey ha recibido en los Golden Globes el premio Cecil B. DeMille, el galardón que entrega la Asociación de Prensa Extranjera a la trayectoria, premio en los últimos años han recibido Meryl Streep, Denzel Washington, Morgan Freeman y Jodie Foster. Oprah ha sido la primera mujer negra en recibir este galardón. Su muy esperado discurso no defraudó ni a los asistentes ni a todos los espectadores que se volcaron a internet a expresar su apoyo (y algunos a pedir que se lanzara a presidente en 2020). Pero mejor que hablar del discurso de Oprah es escucharlo o leerlo.

Aquí la transcripción completa:

¡Ah! Gracias. Gracias a todos. Okay. Okay. Gracias, Reese.

En 1964 yo era una niña pequeña sentada en el suelo de linóleo de la casa de mi madre en Milkwaukee mientras miraba a Anne Bancroft presentar el Oscar a Mejor Actor en los 36 Premios de la Academia. Ella abrió el sobre y dijo 5 palabras que literalmente hicieron historia: “El ganador es Sidney Poitier”. Al escenario subió el hombre más elegante que hubiese visto. Recuerdo que su corbata era blanca, y por supuesto su piel era negra. Yo nunca había visto a un hombre negro ser celebrado de esa manera. Y he intentado muchas muchas veces explicar lo que un momento como ese significa para una niña pequeña -una niña mirando, desde los asientos baratos, mientras mi madre entraba a la casa absolutamente agotada por limpiar casas. Todo lo que puedo hacer es citar la explicación de Sidney en su performance “Lillies of the Field”: “Amén, amén. Amén, amén.” En 1982, Sidney recibió el premio Cecil B. DeMille (premio a la trayectoria) aquí en los Golden Globes, y no se me escapa que en este momento debe haber niñas pequeñas viendo cómo me convierto en la primera mujer negra en recibir ese mismo premio.

Es un honor y un privilegio compartir esta noche con todas ellas, y también con todos los increíbles hombres y mujeres que me han inspirado, retado, sostenido y que han hecho mi viaje hasta este escenario, posible. Dennis Swanson, quien me dio una oportunidad en “A.M. Chicago”; Quincy Jones, quien me vio en ese show y le dijo a Steven Spielberg, “sí, esa es Sophia en “El color púrpura”; Gayle, quien ha sido la definición de amistad; y Stedman, quien ha sido mi roca —solo por nombrar a algunos. Quiero agradecer también a la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, porque todos sabemos que la prensa está bajo constante ataque estos días.

Pero también sabemos que es la insaciable dedicación a desvelar la verdad absoluta la que nos impide mirar a otro lado cuando se trata de corrupción e injusticia. De tiranos y víctimas, de secretos y mentiras. Quiero decir que aprecio la prensa más que nunca, mientras tratamos de navegar estos tiempos complejos. Lo que me trae a esto: lo único que tengo claro es que hablar con la verdad es la herramienta más poderosa que tenemos todos. Y estoy especialmente orgullosa e me siento inspirada por todas esas mujeres que se han sentido lo suficientemente fuertes y empoderadas para romper el silencio y compartir sus historias personales. Cada uno de nosotros en esta sala somos celebrados por las historias que contamos. Este año nos hemos convertido en la historia. Pero no solo una historia que afecta a la industria del entretenimiento. Esta es una historia que trasciende culturas, geografías, razas, religiones, políticas o lugares de trabajo.

Por eso quiero aprovechar esta noche para expresar mi gratitud a todas esas mujeres que durante años han soportado abusos y asaltos, porque ellas —como mi madre— tenían hijos que alimentar y cuentas que pagar y sueños que perseguir. Esas son las mujeres cuyos nombres nunca conoceremos. Ellas son trabajadoras domésticas, granjeras; trabajan en fábricas y en restaurantes, están en la academia y en ingeniería y en medicina y en las ciencias; ellas son parte del mundo de la tecnología y los negocios; son nuestras atletas en las Olimpiadas y nuestras soldados en el ejército.

Y ellas son alguien más: Recy Taylor, un nombre que conozco y que creo que vosotros deberíais conocer también. En 1944, Recy Taylor era una joven esposa y madre. Ella caminaba a su casa luego del servicio eclesiástico al que asistió en Abbeville, Alabama, cuando fue raptada por seis hombres blancos armados, violada y abandonada con los ojos vendados a un lado del camino, el camino de vuelta de la iglesia. Ellos la amenazaron de muerte si decía lo que había pasado, pero su historia fue reportada a la N.A.A.C.P. (National Association for the Advancement of Colored People) donde una joven trabajadora llamada Rosa Parks se convirtió en la principal investigadora del caso y juntas buscaron justicia. Pero la justicia no era una opción en la era de Jim Crow. Los hombres que intentaron destruirla nunca fueron procesados. Recy Taylor murió hace apenas 10 días, a poco tiempo de su cumpleaños número 98. Ella vivió, como muchos hemos vivido, en una cultura rota por hombres brutalmente poderosos. Y por mucho tiempo las mujeres no han sido escuchadas ni les ha creído si se atrevían a hablar con la verdad ante el poder de esos hombres. Pero su tiempo se acabó. ¡Su tiempo se acabó! ¡Su tiempo se acabó!

Y espero que Recy Taylor haya muerto sabiendo que su verdad — como la verdad de tantas otras mujeres que fueron atormentadas durante esos años, y que aún ahora lo son— ha prosperado. Estaba en alguna parte del corazón de Rosa Park cuando casi 11 años más tarde decidió quedarse sentada en aquel autobús en Montgomery. Y está aquí en cada mujer que decide decir “yo también” (MeToo). Y en cada hombre — cada hombre — que decide escuchar. En mi carrera, hay algo que siempre he intentado hacer por todos los medios, así sea en televisión o en el cine, y es decir algo acerca del verdadero comportamiento de hombres y mujeres: contar cómo experimentamos vergüenza, cómo amamos, cómo nos enfadamos, cómo fallamos, cómo reintentamos, perseveramos y cómo nos superamos. Y siempre he entrevistado y retratado a personas que han logrado superar algunas de las cosas más terribles que la vida puede arrojarnos, y una característica que todos ellos parecen compartir es la capacidad infinita de mantener la esperanza en una mañana brillante, incluso en nuestras noches más oscuras.

¡Por eso quiero que todas las niñas que están mirando ahora sepan que un nuevo día está en el horizonte! Y que cuando ese día finalmente amanezca, será porque un montón de mujeres magníficas, muchas de las cuales están aquí ahora en esta sala, y muchos hombres fenomenales, han peleado duro para convertirse en los líderes que nos hagan avanzar a ese tiempo en el que nadie nunca más tenga que decir ‘Me too’ de nuevo. Gracias.

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Las 7 frases más memorables de Martin Luther King

Redacción TO

La histórica lucha de Martin Luther King por la igualdad y contra la segregación racial dejó algunos de los discursos y frases más memorables en la historia de la lucha por los derechos humanos. Hasta su muerte en 1968, cuando fue asesinado por un francotirador, el activista luchó sin descanso y, sobre todo, de manera pacífica, por la igualdad entre blancos y negros, por un futuro en el que no existiera la discriminación racial.

Estas son algunas de las frases más recordadas del activista:

1. “Yo tengo un sueño”

“Yo tengo un sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por su carácter. Yo tengo un sueño…” Sin duda, la frase más recordada del activista es la que salió de su discurso I have a dream (yo tengo un sueño), palabras que más de 50 años después siguen teniendo la misma fuerza que en los años 60.

El 28 de agosto de 1963, Martin Luther King, que entonces tenía 34 años, dio un discurso al que acudieron alrededor de 200.000 personas sin saber que estaban asistiendo al que se convertiría en uno de los mayores actos a favor de la igualdad de la historia.

2. “Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán finalmente la palabra en realidad”

Martin Luther King se convirtió, en 1964, en el hombre más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. En un emotivo y esperanzador discurso, Martin Luther King habló de un futuro en el que todavía había lugar para la igualdad y la justicia.

“Creo que incluso entre las balas de mortero de hoy y las gimientes balas, todavía hay esperanza para un mañana más brillante”, dijo Martin Luther King. “Creo que la justicia herida, postrada en las sangrientas calles de nuestras naciones, puede ser levantada de este polvo de vergüenza para reinar entre los hijos de los hombres. Tengo la audacia de creer que los pueblos de todo el mundo pueden tener tres comidas al día para sus cuerpos, educación y cultura para sus mentes, y dignidad, igualdad y libertad para sus espíritus”.

 3. “Puede que haya un conflicto entre los religiosos de ‘mente suave’ y los científicos ‘de mente dura’, pero no entre la ciencia y la religión”

Martin Luther King no solo fue un activista defensor de los derechos humanos y la igualdad, sino que también era un religioso que desde 1954 fue el pastor de la Iglesia Baptista de la Avenida Dexter en Montgomery, Alabama.

Las 7 frases más memorables de Martin Luther King para recordar al activista 2
Martin Luther King, durante una entrevista tras abandonar la cárcel en 1965. | Foto: AP

En su libro La fuerza de Amar, el religioso recoge una serie de sermones sobre diferentes temas, entre los que se encontraba la relación entre la religión y la ciencia. “La ciencia investiga, la religión interpreta. La ciencia le da al hombre conocimiento, que es energía; la religión da al hombre sabiduría, que es control”.

4. “Incluso si supiera que el mundo se romperá en pedazos mañana, todavía plantaría mi árbol de manzanas”

Los discursos de Martin Luther King se caracterizaban por su fe en el futuro, su esperanza de que todo puede mejorar y lo hará. Esta frase es un claro ejemplo de esa esperanza, de su incansable lucha por la igualdad aun cuando se veía casi imposible lograrla.

5. “La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión, es la presencia de justicia”

Esta fue la respuesta de Martin Luther King cuando fue acusado de perturbar la paz tras el boicot de autobuses de Montgomery, un movimiento social en protesta por la segregación racial en el transporte público de esta ciudad.

Las 7 frases más memorables de Martin Luther King para recordar al activista
Martin Luther King fue uno de los primeros en subir a un autobús tras el final del boicot a los autobuses de Montgomery. | Foto: AP

El movimiento empezó en diciembre de 1955 tras el arresto de Rosa Parks, una mujer negra que se resistió a ceder su asiento a una persona blanca. Finalizó un año más tarde, cuando las leyes de segregación racial en los autobuses fueron declaradas inconstitucionales.

6. “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia y la estupidez consciente”

En La fuerza de amar, otro de los temas principales es la educación y la necesidad de que esta sea la base para evitar la discriminación y lograr finalmente la igualdad. El activista estaba convencido de que la mejor manera de acabar con la segregación racial era la educación, algo que, más de medio siglo después, sigue totalmente vigente.

7. “Si la vida es el precio que debo pagar para que mis hermanos y hermanas sean libres de una permanente muerte del espíritu, entonces nada puede inspirarme más”

El 5 de junio de 1964, el activista fue amenazado de muerte y su respuesta fue muy clara: estaba dispuesto a seguir luchando, aun cuando su vida estaba en juego, si eso servía para conseguir la igualdad entre negros y blancos.

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Tonya Harding: la infalible anti heroína americana

Romhy Cubas

Foto: IMDB
IMDB

“El escándalo, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales, sino contra el principio de realidad.”  Mario Vargas Llosa

Los retratos de la patinadora de hielo Tonya Harding son menos rígidos de lo que se podría esperar de una de las personas más odiadas y veneradas de América. Con 1,54 metros de altura y una sonrisa que brillaba más en el hielo que en tierra firme, la estadounidense originaria de Portland, Oregón, es la prueba viviente de esa civilización  del espectáculo de la que habla Mario Vargas Llosa.

El más reciente biopic de la deportista olímpica que le mereció el Globo de Oro como mejor actriz de reparto a Alisson Janney: I, Tonya, es un perfecto ejemplo de cómo el gusto del público puede determinar el valor de un productor “cultural”. Vargas Llosa trazó un libro entero sobre este fenómeno, y recordando solo algunas de sus frases pertinentes en este caso podríamos citar eso de que  “cuando el gusto del gran público determina el valor de un producto cultural, es inevitable que, en muchísimos casos, escritores, pensadores y artistas mediocres o nulos, pero vistosos y pirotécnicos, diestros en la publicidad y la autopromoción o que halagan con destreza los peores instintos del público, alcancen altísimas cotas de popularidad” 

La historia no es tan compleja como puede parecer cuando se busca darle sentido entre las montañas de información y registros mediáticos. Tonya Harding, hija de LaVona Golden comenzó a patinar a los 3 años de edad con la fallecida Sylvia Harpolscheimer como su principal instructora. A pesar de una infancia marcada por abusos físicos y mentales de parte de su madre y de una complicada situación económica que la hizo el centro de burla de sus compañeras de práctica,  por, entre otras cosas, coser sus propios atuendos, Tonya continuó con el patinaje durante toda su niñez y juventud logrando levantarse dos veces como campeona olímpica y dos veces como campeona en el Skate América.

La cúspide de su carrera la alcanza al lograr ser la segunda mujer —y la primera mujer estadounidense— en completar un salto triple axel con una combinación de loop doble en competición, una de las maniobras más difíciles en el deporte del patinaje y que le mereció una puntuación técnica perfecta. En el Campeonato Mundial de 1991 al volver a completar el triple axel se convierte en la primera mujer americana en realizarlo en un evento internacional.

A pesar de batir récords Harding nunca fue capaz de realizar con éxito otro triple axel en una competencia posterior a 1991, y desde aquella cumbre su carrera se inmovilizó en cuartos lugares, denuncias y dramas familiares.

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Poster promocional de la película de I, Tonya | Imagen: AustinFilm

El verdadero interés en Tonya Harding y el motivo de la nueva película protagonizada por Margot Robbie y dirigida por el australiano Craig Gillespie no es precisamente el talento tal vez incomprendido de una joven que se negaba a seguir convenciones y vestir o actuar como las demás. Tampoco es el logro más alto de su carrera, ese que la convirtió en la primera mujer estadounidense en lograr un complicado y técnico salto de patinaje a la edad de 21 años. En I, Tonya aunque las actuaciones son estelares y la producción no escatima en vestuario y fotografía, la superficie sigue siendo sobre publicidad, autopromoción y escándalos americanos.

El ángulo de I, Tonya se enfoca en el género del falso documental o mockumentary para narrar el incidente más notorio de su carrera. En 1994 su competidora ante el Campeonato Nacional, Nancy Kerrigan, fue atacada mientras salía de una sesión de prácticas. Kerrigan recibió un fuerte golpe en el muslo por un desconocido que utilizó un bastón de telescopio para herirla unas pulgadas por encima de la rodilla. Aunque el golpe le impidió participar en las nacionales Kerrigan fue seleccionada para los Juegos Olímpicos de Invierno de ese mismo año junto a Tonya, quien obtuvo el 8vo lugar en los resultados de la competencia mientras que Kerrigan recibió la medalla de plata.

La extraña coincidencia temporal del accidente reveló poco después que el marido de Tonya para ese entonces Jeff Gillooly, interpretado por Sebastian Stan –con quien contrajo matrimonio a los 19 años- había conspirado con Shawn Eckhardt –amigo y supuesto guardaespaldas– y Shane Stant para atacar a la principal contrincante de Tonya y así abrirle paso a esta en el campeonato.

El frenesí mediático fue fulminante. Tonya se convirtió en uno de los personajes más perseguidos y buscados por el público americano,  una de esas villanas deportivas de los años 90 cuya exacerbación mediática tuvo magnitudes similares a las de  O.J Simpson en su momento. La retransmisión del programa corto de los Juegos Olímpicos sigue siendo una de las más vistas en la historia de Estados Unidos.

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Portada original del Daily News el 7 de Enero de 1994 que retrata a Nancy Kerrigan momentos despues de ser golpeada por un “desconocido” en la rodilla | Imagen: Daily News

Más tarde ese mismo año, los cargos del ataque contra Kerrigan y el desconocimiento del tamaño de su participación en el ataque llevaron la Asociación de  Patinaje Artístico de EE. UU a vetarla de por vida de sus eventos, declarándola persona non grata en el círculo profesional y vetándola prácticamente de la vida que hasta ahora había logrado construir entre abusos familiares y sistemáticos de organismos deportivos.  

La historia es agua en el charco, todo los implicados incluyendo a Harding cumplieron algún tipo de castigo o condena por un crimen con múltiples actores y verdades inconclusas. Gillooly, Stant, Eckhardt y el conductor del coche en el cual se dieron a la fuga luego de golpear a Kerrigan cumplieron tiempo en prisión mientras que Harding recibió tres años de libertad condicional, 500 horas de servicio comunitario y una multa de $ 160.000 luego de declararse culpable de conspirar para obstaculizar el enjuiciamiento de los atacantes.

De aquí en adelante Harding se convirtió en un nombre más por el cual susurrar en las calles. Otra figura “pop” americana por la cual dividirse en dos bandos y restregarse en el fango.

Y aunque su carrera en el patinaje artístico culminó entonces, no así su carrera deportiva. Después del escándalo, las denuncias y el veto deportivo, Harding participó en programas de boxeo de celebridades y en distintas peleas en la rama del boxeo femenino, para así seguir recalcando una palabra que resuena con constancia en su vida y en la película: la violencia. “Era lo que yo sabía” afirma el personaje de Harding.

La cadena de televisión estadounidense ABC revivió recientemente ese escándalo deportivo que involucró a Harding en un especial llamado Truth and Lies: The Tonya Harding Story, en donde esta repite el papel que usualmente juega en las entrevistas tras su condena afirmando que nunca nadie le quiso creer y que “siempre fue la mala persona de la historia”. Sin embargo, en el mismo especial implica que tenía conocimientos previos sobre el plan de su ex esposo sosteniendo que sospechaba que algo estaba tramando.

Es difícil medir desde este lado, sobre todo para quienes no vivieron el escándalo en aquel espacio temporal, el alcance de los titulares en donde Kerrigan tirada en el suelo llorando y con una mano sobre su rodilla gritaba “porqué yo?” a todo pulmón.  La película de Craig Gillespie no se aferra a ese alcance sino que introduce la historia mediante una serie de entrevistas basadas en grabaciones reales que se pasean por la vida de los individuos más allegados a la patinadora. Incluyendo un esposo obsesionado que según declaraciones la maltrataba físicamente y una madre extravagante que habla con un loro en el hombro y lleva demasiado lejos aquello del amor duro.  

El estilo de burla de la película puede interferir un poco con la seriedad del asunto y con las verdades particulares de cada quien que nadie estuvo demasiado interesado en conocer ya que la esencia de Tonya siempre fue el escándalo y no el talento. La actriz Margot Robbie puede llegar a hacer que el público sienta empatía con la tragicomedia de I, Tonya, pero también produce sentimientos encontrados al intentar tomar en serio una de las escenas más recordadas y dramáticas del deporte del patinaje sobre hielo.

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Alisson Janney como LaVona en I, Tonya | Imagen: IMDB

En cuanto a la veracidad de los hechos

Las verdadera Tonya Harding sirvió como consultora del film.  El vigor físico y la violencia de la película no se tomaron a la ligera a pesar de lo que se puede proyectar en pantalla. El equipo pensó en ese retrato particular cuidadosamente para no llevarlo demasiado lejos ni cruzar una línea roja, sin embargo el leitmotiv es claro: “La violencia es todo lo que he conocido”.

La película no se basa específicamente en hechos reales, sino en varias versiones de los mismos eventos. Las de los tabloides y las personas involucradas. Y aunque se ubica principalmente en el lado de la historia de Tonya Harding el guionista Steve Rogers también basó su guión en la perspectiva de su ex marido Jeff Gillooly, principalmente a partir de entrevistas separadas que realizó con Harding y Gillooly. Historias que apenas coincidían según afirmó el guionista a LA Times. “Incluso los detalles de su primera cita no se alinearon”, recuerda.

Pero hay otros detalles que si han sido comprobados, como el hecho de que la madre de Tonya abusaba de ella físicamente mientras bebía todo el día. O aquel momento icónico en el que LaVona se presentó a una entrevista con un abrigo de piel y un pájaro real posado en su hombro.

El personaje de Alisson Janney es uno de los más importantes de la narración,  sin embargo gran parte de su esencia es ficción debido a que ni la actriz ni los realizadores de la película fueron capaces de localizar a la madre de Tonya. “No pudimos encontrarla en ninguna parte, así que usamos imágenes existentes y descubrí a través de Tonya cómo era su madre”, explica Janney quien solo tuvo una entrevista en video para basar su actuación. “No sabíamos en ese momento si estaba viva o muerta, así que fue más o menos la experiencia de Tonya con su madre y su licencia artística”, le comentó la actriz a Deadline.

I, Tonya no es sobre Tonya Harding, la primera mujer americana en realizar un salto triple axel a nivel internacional, o sobre su talento y aptitudes deportivas, I, Tonya es principalmente sobre América y el techo artificial del éxito al que muchos se aferran inclusive después de estrellarse. Es sobre esa civilización del espectáculo que crea sus propios productos culturales desde el escándalo y los grandes incidentes.

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Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine

Néstor Villamor

Foto: RRSS
RRSS

Oprah Winfrey triunfó. No solo se llevó uno de los mayores galardones de la industria del cine, el premio Cecil B. DeMille a toda una carrera, sino que, en la pasada edición de los Globos de Oro, dio uno de los discursos más memorables que se recuerdan en estos premios. Desde la forma en la que recordó cómo le impactó ver en directo a Sidney Poitier convertirse en el primer actor de color en ganar un premio Oscar a la reinvindicación de la lucha contra el machismo. Sus palabras no solo hicieron estallar (de alegría) a internet, sino que hasta movieron mercados bursátiles y crearon hordas de tuiteros clamando por que la presentadora se postule como candidata a la presidencia de su país. Pero, aunque memorable, no es la primera vez que un discurso de una estrella de cine llega cargado de reivindicaciones políticas o sociales y provoca reacciones intensas entre el público.

Ocurrió el año pasado cuando Meryl Streep recibió el mismo premio que esta vez se ha llevado Winfrey. Con la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones, Estados Unidos estaba a punto de estrenar presidente en el momento de la gala. Y la actriz más respetada de Hollywood (y, por extensión, del mundo) quiso aprovechar la ocasión para hablar de la actuación que más le había llamado la atención de todo el año. “Ha habido una actuación este año que ha dejado aturdida. Ha hundido sus garras en mi corazón. No porque fuera buena: no tenía nada de bueno. Pero fue efectiva e hizo su trabajo. Hizo a su público objetivo reír y enseñar los dientes. Fue ese momento en el que la persona llamada a ocupar el asiento más respetado de nuestro país imitó a un periodista con discapacidad, alguien a quien superaba en privilegios, poder y capacidad de devolver un golpe. De algún modo me rompió el corazón cuando lo vi”.

La reacción no se hizo esperar. A Streep le llovieron los aplausos. Quien no se quedó contento fue Donald Trump, que publicó un tuit en el que decía: “Meryl Streep, una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood, no me conoce pero me atacó anoche en los Globos de Oro”. En un tuit siguiente la llamaba “lacaya de Hillary [Clinton] que perdió a lo grande”.

Pero la calma que mostró en su discurso la ganadora de tres Oscar contrasta con el entusiasmo que había exhibido solo dos años antes en la ceremonia de los Oscar, en la que aplaudió con vehemencia el discurso de Patricia Arquette, ganadora del galardón a la mejor actriz de reparto. “A cada mujer que ha dado a luz, a cada pagadora de impuestos y ciudadana de esta nación. Hemos luchado por la igualdad de derechos de todos los demás. Es momento de que tengamos igualdad de sueldos de una vez por todas e igualdad de derechos para las mujeres en los Estados Unidos de América”.

Antibelicismo

Donald Trump no fue el primer presidente vapuleado en el discurso de una personalidad del mundo del cine. Le ocurrió a George Bush, hijo, cuando, en 2003, el director Michael Moore ganó el Oscar al mejor documental y decidió no callarse su opinión sobre la Guerra de Irak. “Nos gusta la no ficción pero vivimos en tiempos ficticios. Vivimos en un tiempo en el que tenemos resultados electorales ficticios que eligen a un presidente ficticio. Vivimos en un tiempo en el que tenemos a un hombre enviándonos a la guerra por razones ficticias”. Moore no solo no se topó con la acogida que sí recibieron Winfrey, Streep y Arquette, sino que recibió abucheos de los asistentes.

A quien no abucheó el público fue a Halle Berry cuando en 2002 se convirtió en la primera mujer afroamericana en recibir un Oscar a la mejor actriz. “Este momento es mucho más grande que yo”, dijo al recibir su galardón. “Este momento es para Dorothy Dandridge, Lena Horne, Diahann Carroll. Es para las mujeres que hay a mi lado, Jada Pinkett, Angela Basset, Vivica Fox. Y es para cada mujer de color sin nombre y sin cara que ahora tiene una oportunidad porque esta puerta se ha abierto esta noche”.

Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine
Al recibir su premio de la Academia, Hale Berry mencionó en su discurso a Dorothy Dandridge, la primera mujer afroamericana en ser nominada al Oscar a la mejor actriz. | Foto: Raw / AP

Y otra puerta se abrió cuando Lena Waithe se convirtió en la primera mujer afroamericana en lograr el Emmy al mejor guion de una serie cómica por Master of None. Después de, en primer lugar, dar las gracias a Dios, dio un discurso que ocupó la atención de la prensa al día siguiente: “A mi familia LGBQTIA [lesbianas, gays, bisexuales, queer -un término paraguas que hace referencia a todas las minorías sexuales-, transexuales, intersexuales y asexuales]. Os veo a todos y cada uno de vosotros. Las cosas que nos hacen diferentes son superpoderes. Cada día, cuando salgáis por la puerta, poneos vuestra capa imaginaria y conquistad el mundo porque el mundo no sería tan bonito como es si vosotros no estuvierais en él”.

También sobre el colectivo LGTB se pronunció Sean Penn cuando, en 2009, ganó su segundo Oscar por interpretar al icónico activista gay Harvey Milk. “Creo que es buen momento para que aquellos que votaron para prohibir el matrimonio gay se sienten y reflexionen y anticipen su gran vergüenza y la vergüenza a ojos de sus nietos si continúan con esos apoyos. Tenemos que tener igualdad de derechos para todo el mundo”.

Quien puso un tinte político a una gala de los Oscar sin hacer alusión a nadie fue Leonardo DiCaprio. Cuando en 2016 se llevó el premio al mejor actor no habló de presidentes, ni de mujeres. Ni de afroamericanos, ni de lesbianas. Ni falta que le hizo: habló del planeta. “El renacido iba sobre la relación del hombre con el mundo natural. Un mundo que colectivamente sentimos en 2015 como el año más caluroso desde que hay datos. Nuestra producción tuvo que mudarse a la punta Sur de este planeta solo para poder encontrar nieve. El cambio climático es real, está ocurriendo ahora mismo, es la amenaza más urgente a la que se enfrenta nuestra especie”. Mientras DiCaprio hablaba, Kate Winslet, en su asiento, estaba al borde de las lágrimas.

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Catherine Deneuve y otras 99 mujeres francesas protestan contra #MeToo

Redacción TO

Foto: Stephane Mahe
Reuters

“Caza de brujas”, “puritanismo”, “estalinismo”. Un centenar de mujeres francesas, entre ellas la actriz Catherine Deneuve, han estallado contra el movimiento #MeToo. En una tribuna publicada este martes en el diario galo Le Monde, titulada “Defendemos una libertad para molestar, indispensable para la libertad sexual”, cien actrices, cineastas, psiquiatras, artistas, intelectuales… del país han criticado la ola de protestas surgida a raíz del escándalo de abusos sexuales en Hollywood. “La violación es un crimen. Pero el ligue insistente o desafortunado no es un delito, ni la galantería es una agresión machista”, comienza el incendiario artículo. El texto ha provocado el despunte del hashtag #BalanceTonPorc, la versión francesa de #MeToo.

“Como resultado del caso Weinstein, ha habido una conciencia legítima de la violencia sexual contra las mujeres, particularmente en el lugar de trabajo, donde algunos hombres abusan de su poder. Era necesaria”, consideran las firmantes. “Pero esta liberación de la palabra se convierte en lo contrario: se nos ordena hablar como es debido y callarnos lo que moleste, y quienes se niegan a plegarse ante esas órdenes son vistas como traidoras y cómplices“.

“Como mujeres, no nos reconocemos en ese feminismo que, más allá de los abusos de poder, toma el rostro del odio contra los hombres y la sexualidad. Pensamos que la libertad de decir no a una proposición sexual va de la mano de la libertad de importunar, sin encerrarse en el papel de víctimas”, abogan las firmantes. “Defendemos la libertad de importunar, indispensable a la libertad sexual. Estamos suficientemente advertidas para admitir que la pulsión sexual es ofensiva y salvaje por naturaleza. Pero no confundimos el ligue desagradable o desafortunado con la agresión sexual”.

Entre las firmantes del texto se encuentran voces que ya se habían manifestado en contra de #MeToo, como la filósofa Peggy Sastre, autora del libro La dominación masculina no existe. “Esa fiebre solo sirve, en realidad, a los enemigos de la libertad sexual, a los extremistas religiosos, a los reaccionarios más peligrosos, arrastrándonos a una ola ‘purificadora’ que parece no tener límite”, critican. Y cargan también contra la censura de determinadas obras de arte. “Aquí se censura un desnudo de Egon Schiele, allí se prohíbe un cuadro de Balthus, con el pretexto que es una ‘apología’ de la pedofilia… confundiendo a un hombre y su obra, se pide la prohibición de una retrospectiva de Romand Polanski. Una universitaria se atreve a criticar la película Blow Up de Michelangelo Antonioni tratándola de misógina e inaceptable. Con esos criterios podrían censurarse obras de John Ford o Nicolas Poussin”, protestan.

Críticas a las críticas a las críticas

Pero las mujeres que critican a las que critican los abusos sexuales también han recibido su varapalo. “Cada vez que se avanza hacia la igualdad, aunque sea medio milímetro, hay almas buenas que nos advierten inmediatamente de que podríamos caer en el exceso“, afirman estas mujeres firmantes de un texto publicado en el sitio Francetvinfo. “En Francia, cada día, centenares de miles de mujeres son víctimas de acoso. Decenas de miles, de agresiones sexuales. Y centenares, de violaciones”, recuerdan una treintena de mujeres, entre ellas la militante Caroline de Haas y varias periodistas, citadas por AFP. Asimiso, la columnista de opinión Van Badham ha publicado en el diario británico The Guardian un texto titulado “Catherine Deneuve, déjame explicar por qué #MeToo no se parece en nada a una caza de brujas”, en el que responde al artículo de Le Monde.

Y en las redes sociales, diversas personalidades han afeado su postura a Catherine Deneuve y sus compañeras.

“Catherine Deneuve y otras mujeres francesas le cuentan al mundo cómo su misoginia interiorizada les ha hecho una lobotomía hasta el punto de no retorno”, critica la actriz y directora italiana Asia Argento.

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