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Pablo Casado advierte a los independentistas de que podrían terminar como Lluís Companys

Redacción TO

Foto: Angel Diaz
EFE

El vicesecretario de comunicaciones del Partido Popular, Pablo Casado, ha afirmado en referencia a los independentistas catalanes que “la historia no hay que repetirla, esperemos que mañana no se declare nada, porque a lo mejor el que lo declare acaba como el que lo declaró hace 83 años”.

El portavoz del partido de Gobierno de Mariano Rajoy ha suscitado así una viva polémica en el país al advertir que el presidente catalán podría “terminar” como su predecesor que proclamó un Estado catalán, fue detenido en 1934 y posteriormente, fusilado bajo el franquismo.

El 6 de octubre de 1934, el presidente catalán Lluís Companys, de la izquierda republicana, proclamó un efímero “Estado catalán de la república federal de España” durante pocas horas. Este lunes durante una rueda de prensa, una periodista le ha preguntado ha Casado que si con su frase se refería a la detención o a la ejecución de Companys.

“Lo que a ellos les parece una fecha épica que es la declaración de independencia, tuvo una contestación”, ha afirmado Casado, subrayando: “yo no soy un historiador ni soy tampoco futurólogo”. “Me tomo una licencia de hacer una referencia a lo que se ha cumplido el viernes (el aniversario de la declaración de independencia por Companys) que ellos recordaban mucho, pensando que iban a hacerlo coincidir con su declaracion”, ha agregado.

Detenido y condenado a 30 años de prisión, Companys fue amnistiado en febrero de 1936 tras la victoria del Frente Popular, y volvió a ser presidente de Cataluña hasta el final de la Guerra Civil española (1936-1939).

Refugiado en Francia, Companys fue arrestado por la Gestapo alemana en 1940 y fue fusilado en Barcelona por militares de Franco. El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, comparecerá el martes ante el parlamento catalán y se espera que pueda hacer una declaración unilateral de independencia. La declaración de Casado provocó de inmediato conmoción en Cataluña, donde la televisión pública la difundía como la frase del día.

Se ha convertido en uno de los temas más discutidos en la red social mundial Twitter, donde el debate se viralizó rápidamente. Poco después, Casado ha respondido en Twitter.

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Una multitud de Sanlúcar humilla a un hombre que pide diálogo en Cataluña con una pancarta blanca

Redacción TO

El sábado por la mañana, miles de personas se concentraron vestidos de blanco y con pancartas blancas frente a las puertas de sus Ayuntamientos para pedir diálogo en Cataluña bajo el lema de Parlem, Hablemos. El objetivo de esta concentración ciudadana pacífica era frenar la escalada de tensión entre el Gobierno central y el catalán y pedir que Mariano Rajoy y Carles Puigdemont se sentaran a hablar para solucionar la situación. Y así se hizo en numerosas ciudades españolas, sin sobresaltos. Excepto en Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz. Allí solo acudió un hombre a la concentración ciudadana. Vestido de blanco,  comenzó a escribir en su pancarta blanca el lema de la manifestación: #Parlem, #Hablemos.

Los problemas comenzaron cuando el señor trató de levantar su cartel y uno de sus vecinos se acercó por detrás para arrancárselo de las manos. En una escena de vergüenza, la muchedumbre comenzó a aplaudir y a insultar al manifestante pacífico. En un alarde de voluntad, el hombre vuelve a coger otro cartel y se dispone, de nuevo, a escribir con rotulador negro el lema de diálogo. La escena de acoso se vuelve a repetir un par de veces hasta que finalmente logran quitarle todas las pancartas.

La indignante situación ha generado una ola de apoyo al manifestante y de críticas hacia el resto de vecinos. Numerosas personalidades y líderes políticos han salido en defensa del hombre, algunos de ellos han comparado la escena con el bullying de los colegios:

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El pueblo más independentista de Cataluña tolera (de momento) disidentes

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

En el pueblo más independentista de Cataluña se puede vivir sin hablar catalán y ceceando. Es el caso de Antonio, un jubilado que nació hace 74 años en Sevilla y lleva casi medio siglo en Arenys de Munt. El municipio, situado a 50 kilómetros de Barcelona, ha acaparado titulares desde que en 2009 varios vecinos sacasen adelante la primera consulta popular sobre la independencia. Ganó el sí. En las últimas elecciones autonómicas, las del 2015, el 62% de los votos fue a parar a Junts pel Sí. El segundo partido más votado fue la CUP. De los 8.500 habitantes que tiene la localidad, sólo un millar votó a partidos contrarios al referéndum anunciado para este domingo. Antonio resume todos esos datos en una sola frase: “Este es el pueblo más malo de toda Cataluña”.

Cabe preguntarse si Antonio se ha planteado una mudanza. Contesta que no, que mientras le dejen en paz –“como hasta ahora”– no tiene pensado moverse. Tampoco cree que el próximo domingo, bautizado en toda España como el 1-O, vaya a darse ningún referéndum. Pero en el hipotético caso de que se celebre, él insiste: mientras nadie le pida explicaciones todo en orden. “Y si se quejan pues que me paguen lo que cuesta mi casa y me voy”, aclara. No parece preocupado.

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Plaça de Arenys de Munt | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Sus declaraciones sorprenden a quien ha llegado hasta Arenys de Munt esperando encontrarse una suerte de reducto abertzale a la catalana. Sin embargo, no muy lejos del banco en el que toma el sol Antonio hay un bazar chino que vende banderas de España. La mujer que se sienta en la caja no quiere contestar preguntas, pero la clientela –que se expresa en catalán– no parece tener ningún reparo con el souvenir.

Frente al bazar oriental, cruzando la carretera que parte el municipio en dos, se encuentra un bar llamado ZiamClub. Es bastante popular en el pueblo gracias a un generoso menú del día que sale por 10 euros todo incluido. El almuerzo discurre plácidamente –y en catalán– hasta que un comensal sentado consigo mismo decide poner una canción a todo volumen en su teléfono: “No vais a votar, referéndum ilegal; no vais a votar, os van a calentar”. Las mesas de alrededor callan y miran de reojo, pero nadie dice nada. Cuando termina la canción el comensal, un hombre en la cincuentena, se saca un puro del bolsillo y pide fuego al camarero. Saliendo del ZiamClub, en una casa en obras, se observa una pintada castigada por el paso del tiempo: “No a la independencia”. Nadie la ha tachado.

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Los “Sí” del independentismo están por muchas partes de Cataluña, Arenys de Munt no es la excepción | Imagen vía Borja Bauzá / The Objective

La mayor concentración de bares en Arenys de Munt se da, como es lógico, en su arteria principal: la Rambla de Sant Martí. A seis días de la fecha del referéndum, y coincidiendo con la cita del alcalde, Joan Rabasseda (ERC), en la Fiscalía de Mataró por su apoyo al Govern de la Generalitat, muchos parroquianos optan por discutir las victorias del Barça y del Espanyol en la última jornada de Liga.

En un tiempo en el que el periodismo tiende a magnificar anécdotas, conviene no llevarse a engaño: pese a todo lo anterior, y como demuestran los últimos comicios, Arenys de Munt es un pueblo independentista. Los periódicos que más se venden, y con diferencia, en los dos kioscos de la localidad son El Punt Avui, el Ara y las ediciones en catalán de La Vanguardia y El Periódico. La calle principal está plagada de esteladas, pancartas a favor de la independencia y carteles que animan a votar “para ser libres”. En el ayuntamiento lucen las banderas catalana y europea; en el mástil central, donde debería ondear la española, no hay nada.

Un vecino que prefiere no ser citado explica que lo que se vive estos días en Arenys de Munt y, por extensión, en toda Cataluña es la calma que precede a una gran tormenta. En su opinión, la chispa puede saltar en cualquier lado. “Fíjate en cómo empezó la Primavera Árabe, con un tendero quemándose en Túnez porque no le devolvían su carro ambulante”, dice.

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Lo que se vive estos días en Arenys de Munt es la calma que precede a una gran tormenta.| Imagen vía Borja Bauzá / The Objective

Es posible que de momento la convivencia entre vecinos se mantenga porque todos, los partidarios del referéndum y los que se oponen a él, están convencidos de que lo deseado es lo que va a suceder. Esperan que la realidad golpee al adversario y luego ya veremos. Muchas personas en el pueblo parecen pensar de esta manera. Cuando pregunto a Teresa, encargada de una tienda de ropa en la misma Rambla de Sant Martí, qué cree que sucederá el domingo me devuelve una sonrisa radiante: “Que votaremos”. No percibo el menor atisbo de duda.

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Los puntos más polémicos de las leyes de ruptura de Cataluña

Néstor Villamor

Foto: Manu Fernandez
AP

En dos sesiones marcadas por la tensión, el Parlament de Cataluña ha aprobado esta semana la Ley del Referéndum y la Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República. Con estos textos, la cámara catalana pretende establecer un marco jurídico con el que celebrar un referéndum de autodeterminación el 1 de octubre e independizarse del resto de España en caso de que se celebre y gane el sí.

El primer texto se ha aprobado con 72 votos a favor (Junts Pel Sí y la CUP), ninguno en contra y 11 abstenciones. El segundo, con 71 votos a favor (Junts Pel Sí y la CUP), 10 en contra (Catalunya Sí Que Es Pot) y ninguna abstención. En ambos casos, los diputados del PP, Partido Socialista y Ciudadanos abandonaron el hemiciclo antes de las votaciones como protesta por la forma de tramitar las leyes. El Tribunal Constitucional ya ha suspendido la primera ley y el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, ha presentado sendas querellas contra el Gobierno de Puigdemont y la Mesa del Parlament al considerar que han cometido “desobediencia, prevaricación y malversación de caudales públicos, al menos“. Mientras, el Ejecutivo central ha calificado el proceso de “atropello a la democracia”. Estos son los puntos más polémicos de las leyes.

Ley del Referéndum

Una ley suprema

El documento “establece un régimen jurídico excepcional” que sitúa a la Ley del Referéndum por encima del Estatut de Autonomía de Cataluña, de la Constitución Española y de cualquier otra normativa vigente actualmente en todo el territorio español. La ley “prevalece jerárquicamente sobre todas aquellas normas con las que pueda entrar en conflicto” (artículo 3.2) y “las normas del derecho local, autonómico y estatal vigentes en Cataluña en el momento de aprobación de esta ley se continúan aplicando en todo aquello que no la contravenga” (disposición final primera).

Protección para los que organicen el referéndum

La ley prevé la protección jurídica para todos aquellos que participen en la organización del referéndum. Según la norma, “todas aquellas autoridades, personas físicas y jurídicas que participen, ya sea directamente, ya sea indirectamente, en la preparación, celebración y/o implementación del resultado del referéndum quedan amparadas por esta ley” (artículo 3.3). Es decir, pretende invalidar las querellas del fiscal general del Estado.

Vinculante y sin participación mínima

“El resultado del referéndum tendrá carácter vinculante” (artículo 4.3), es decir, no será una consulta para conocer la opinión de los ciudadanos, como el 9N, sino que su resultado tendrá consecuencias jurídicas. Si en el recuento de las papeletas, que contendrán la pregunta “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?” (artículo 4.2), el número de votos válidos afirmativos supera al de los negativos, “el resultado implica la independencia de Cataluña” (artículo 4.4). La ley no establece en ningún momento una participación mínima.

Proclamación de la república por mayoría simple

Para modificar el Estatut hace falta que estén a favor dos tercios del Parlament de Cataluña. Sin embargo, para proclamar la ruptura con España, la creación de una república independiente y la apertura de un proceso constituyente, la ley no establece tal condición. “El Parlament de Cataluña, dentro de los dos días siguientes a la proclamación de los resultados por parte de la Sindicatura electoral, celebrará una sesión ordinaria para efectuar la declaración formal de la independencia de Cataluña, sus efectos y acordar el inicio del proceso constituyente” (artículo 4.4). La ley no menciona el número mínimo de diputados que debe haber en el hemiciclo en ese momento.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, firma la Ley del Referéndum. | Foto: Albert Gea
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, firma la Ley del Referéndum. | Foto: Albert Gea / Reuters

Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República

Misma consideración de soberanía en Cataluña que en España

Una de las críticas de los partidos independentistas a la Constitución Española es que impide que ningún territorio pueda independizarse del resto, ya que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” (artículo 1.2). Sin embargo, la Ley de Transitoriedad establece la misma condición, pero aplicada a Cataluña: “La soberanía nacional reside en el pueblo de Cataluña, del que emanan todos los poderes del Estado” (artículo 2). Es decir, si Arán, una comarca leridana con idioma propio -el aranés- y con aspiraciones independentistas también propias, quisiera independizarse del resto de Cataluña, la Ley de Transitoriedad se lo impediría. El territorio mantendría “la condición política, jurídica y lingüística que le reconocen las normas vigentes en el momento de la entrada en vigor de esta Ley, incluida la organización institucional propia” (artículo 5).

Doble nacionalidad

Los catalanes no perderían su condición de españoles. “La atribución de la nacionalidad catalana no exige la renuncia de la nacionalidad española ni de cualquier otra” (artículo 9.1).

Por encima de otras leyes y tribunales

Al igual que lo que ocurre con la Ley del Referéndum, la Ley de Transitoriedad se reconoce a sí misma por encima de las demás. “Las normas locales, autonómicas y estatales vigentes en Cataluña en el momento de la entrada en vigor de esta Ley seguirán aplicándose en todo aquello que no contravenga la presente Ley y el derecho catalán aprobado con posterioridad” (artículo 10.1). Pero además la ley prevé también la invalidación de las resoluciones con las que el Tribunal Constitucional español pueda invalidarla. El texto sirve “para regular la recuperación de la validez y la eficacia de las normas anteriores a la sucesión de ordenamientos jurídicos anulados o suspendidos por motivos competenciales por el Tribunal Constitucional y por el resto de tribunales”.

Amnistía para los implicados en la independencia

La Ley de Transitoriedad protege judicialmente no solo a los organizadores del referéndum del 1 de octubre, sino a todos los encausados por el proceso independentista. “Los juzgados y tribunales sobreseen o anulan los procesos penales contra investigados o condenados por conductas que buscasen un pronunciamiento democrático sobre la independencia de Cataluña o la creación de un nuevo Estado de manera democrática y no violenta” (79.4). Esto implica, entre otras medidas, la amnistía para el expresidente Artur Mas, actualmente inhabilitado por la justicia española por la consulta del 9N.

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Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Anna Maria Iglesia

Foto: DANIEL AGUILAR
Reuters

El legado de Leonora Carrington, artista surrealista británica, no solo está compuesto por una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX, sino también por textos de indudable interés, entre ellos uno de los más importantes es Memorias de Abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora publica Alpha Decay con prólogo de Elena Poniatowska.

“¡No admito su fuerza, el poder de ninguno de ustedes, sobre mí. Quiero ser libre para obrar y pensar; odio y rechazo sus fuerzas hipnóticas!”, se rebeló de pronto Leonora Carrington al doctor Luis Morales, bajo cuya supervisión médica estaba recluida en el sanatorio mental de Santander. Pocos meses antes, Max Ernst, había sido detenido por la República de Vichy. De origen judío y vinculado a la resistencia, Ernst fue detenido en su casa de Saint Martin d’Ardèche, donde vivía con una jovencísima Leonora, una joven inglesa llamada a ser una de las pintoras más relevantes del surrealismo. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, lo cambió todo: Ernst terminó detenido en el campo de concentración de Les Milles,  en la República de Vichy, y Leonora encerrada en una clínica psiquiátrica en Santander.

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Los gritos de Leonora, reclamando su libertad, retumbaban en la clínica santanderina el agosto de 1940. Tan solo unas semanas antes, la pintora había sido obligada por su padre a un internamiento forzoso en la clínica del Dr. Morales, un psiquiatra de ideología nazi que, por entonces, regentaba una de las clínicas psiquiátricas con más prestigio entre la burguesía europea. El Dr. Morales era considerado una excelencia por llevar a cabo “milagrosas” y experimentales curaciones sobre sus pacientes, curaciones que se basaban principalmente en un choque convulsivo químico con cardiazol. A pesar de que el Dr. Morales la cogiera del brazo, afirmando, sin titubear, “aquí soy yo el amo”, aquellos gritos de Carrington anunciaban el final de su encierro. Ella estaba en aquella clínica por orden de su padre, un tradicional hombre de la burguesía inglesa que nunca había aprobado la conducta de su “rebelde” hija, y bajo el control permanente del Dr. Morales, ocupado, más que preocupado, en quitarle las ideas delirantes que la joven padecía desde la detención de Ernst.

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La posada del Caballo del Alba (1936-1937), autorretrato de Leonora Carrington | Imagen vía: Wikimedia Commons

“Cuando los alemanes invadieron Francia, temiendo por su propia seguridad, Leonora decidió escapar a España, con la intención de obtener un visado para el pasaporte de Max, que ella guardaba consigo”, cuenta Victoria Combalía en Amazonas con pincel. Por entonces, Carrington “ya comenzaba a ser presa de alucinaciones que le desencadenarían ataques de locura”, unos ataques que la acompañarían a lo largo de su huida de Francia, desde Andorra, pasando por la Seu d’Urgell y Barcelona, hasta Madrid, donde llegó acompañada por Catherine Yarrow y Michel Lucas.

La locura de Carrington era resultado de lo vivido, ¿cómo sino podría reaccionar alguien a quien, en palabras de Elena Poniatowska “de pronto los gendarmes se presentan y se llevan a su amor alegando razones de religión o de raza o de ideología”. La violencia, sin embargo, no abandonó a Leonora: no sólo llegaba a una España que acaba de salir de la Guerra Civil, una España cruel, dice Poniatowska, un país que “con su guardia civil intentó destruir su mundo imaginario y afectivo”, sino que nada más llegar sería víctima de una banda de requetés, que la raptaron y la violaron.

“Se levantaron algunos de aquellos hombres y me metieron a empujones en un coche. Más tarde estaba ante una casa de balcones adornados con barandillas de hierro forjado, al estilo español. Me llevaron a una habitación decorada con elementos chinos, me arrojaron sobre una cama, y después de arrancarme las ropas me violaron el uno después del otro”, recordaría tiempo después en Memorias de abajo. A partir de entonces, Carrington ya no pudo más, los delirios se incrementaron como si delirar fuera la única manera de huir de aquella vida hostil a la que parecía estar condenada.

“En sus raptos de locura, Leonora asumía el comportamiento de varios animales: rugía como una hiena, relinchaba como un caballo, ladraba como un perro…” cuenta Combalía. Fue entonces cuando el padre de Leonora entró en escena y obligó su internamiento: “Mi primer despertar a la conciencia fue doloroso: me creí víctima de un accidente de automóvil; el lugar me sugería un hospital, y estaba siendo vigilada por una enfermera de aspecto repulsivo y que parecía una enorme botella de Lysol. Me sentía dolorida, y descubrí que tenía las manos y los pies atados con correas de cuero. Después me enteré de que había entrado en el establecimiento luchando como una tigresa, que la tarde de mi llegada, don Mariano, el médico director del sanatorio, había intentado convencerme para que comiera y que yo le había arañado”.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista
Leonora Carrington | Imagen vía Alpha Decay

Así recuerda Leonora Carrington su llegada a la clínica psiquiátrica en Memorias de abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora la editorial Alpha Decay publica en una nueva edición con prólogo de Elena Poniatowska. Como cuenta Poniatowska, autora del libro Leonora, en la vejez, la pintora apenas hablaba de Max Ernst, pero sí de su estancia en la clínica: “De su niñez, Leonora habló con felicidad; del Cardiazol en la clínica del doctor Mariano Morales en Santander, en cambio, con verdadera angustia”. De hecho, añade la escritora mexicana, “con el terror impreso en sus ojos, volvía a caer en el agujero negro: ‘Me impidieron cualquier movimiento, me amarraron, me inyectaron…’”. Si bien para Bretón el libro de Leonora fue un texto imprescindible para sus estudios en torno a la locura y los delirios, no debe olvidarse que Memorias de abajo es, ante todo, un libro sobre la reclusión y el abandono.

Carrington no sólo se siente atrapada en esa clínica, no sólo siente que aquellos tratamientos, hoy absolutamente superados, no hacían otra cosa que hundirla más en su locura, sino que se sentía abandonada, sobre todo por un padre que parecía estar haciéndole pagar el precio de la libertad disfrutada años atrás en París. Como relataba hace algunos meses en The Guardian su sobrina Joanna Morhead, Carrington –Prim, así la llamaban- era considerada la “niña salvaje” de la familia: “Nunca escuché ni una sola buena palabra hacia ella”, recuerda Morhead, para quien fue todo un descubrimiento saber que su tía era un nombre imprescindible dentro de la historia de la pintura. “Durante décadas, ella fue relativamente desconocida: el convencional mundo artístico pasó por encima de ella y los comerciantes la ignoraron. Cuando entró en los ochenta años, sin embargo, encontró, con lentitud, pero con firmeza, la fama”, afirma Morhead y sigue: “Su trabajo fue redescubierto por los historiadores; las mujeres surrealistas fueron ‘recuperadas’ y conocidas por sus talentos individuales antes que por su papel de musas. Al inicio del siglo XXI, ella se convirtió en una especie de tesoro nacional para su país de adopción”, México.

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Cocodrilo de Leonora Carrington, en Ciudad de México. | Imagen vía Carlos Valenzuela/Wikicommons

Carrington llegó a México en 1942, tras un año en Estados Unidos. A finales de 1940, gracias a la intermediación de un primo suyo, salió de la clínica de Santander, aunque su padre ya había decidido su destino: “Su familia ha decidido enviarla a Sudáfrica, a un sanatorio donde será muy feliz porque es delicioso”, le dijeron nada más llegar a Madrid, primera etapa de un viaje que Leonora no estaba dispuesta a realizar. Acompañada por Frau Asegurado, encargada de su cuidado y vigilancia, fue embarcada a Lisboa, teóricamente la segunda parada antes que Sudáfrica. Sin embargo, Leonora, consciente de que “no había que luchar con esa clase de gente, sino pensar más deprisa que ellos”, no dudó en escapar en cuanto tuvo la posibilidad y esconderse en la Embajada de México, habiendo conocido al diplomático mexicano, Renato Leduc, pocos días antes en Madrid: “El embajador se portó maravillosamente conmigo, después. Tuve que entrar a verle, y dijo: ‘Está usted en territorio mexicano. Ni siquiera los ingleses pueden tocarla’. No sé cuándo apareció Renato. Al final, dijo: ‘Vamos a casarnos. Sé que es horrible para los dos, porque no creo en esa clase de cosas, pero…’”.

Fue así como Leonora pudo escapar. ¿Fue un matrimonio concertado aquello que le concedió la libertad? Ella nunca lo negó. Si bien el matrimonio con Renato durara tan solo un año, su amistad perduró hasta el final y él nunca dejó de visitarla en su casa de Chihuahua. En México, Leonora retomó su carrera como pintora que la guerra había interrumpido y aquellas alucinaciones cabalísticas y astrológicas sufridas durante su estancia en Santander terminaron plasmando un mundo interior, del cual sus pinturas fueron reflejo: “su pintura desvela la vertiente mística de la vida cotidiana. Sus escenas recuerdan los cuentos de hadas y los relatos infantiles irlandeses y celtas que le contaban de niña, repletos de druidas y magos que conocen una dimensión superior de la realidad. Personajes como la diosa Danu o la figura del caballo como símbolo de la búsqueda de renovación abundan en sus lienzos, así como gatos, cisnes, serpientes y alusiones a la cábala y a la alquimia”, apunta Victoria Combalía.

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El mundo mágico de los mayas de Leonora Carrington en el Museo Nacional de Antropología de México | Imagen vía Loppear / Wikimedia Commons

Leonora Carrington murió en 2011 en México. Tenía 91 años. Nunca quiso volver a Europa para vivir, aunque sus viajes a Inglaterra y Francia fueron constantes. Tras de sí, no sólo deja textos de indudable interés, sino una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX. “Su trabajo evoca de muchas cosas y su enormemente complejo”, comenta Matthew Gale de la Tate Modern, “su producción no fue masiva porque su técnica es muy meticulosa y su trabajo muy detallista”.  

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