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Pedro Sandoval y Juan Gerstl: una conversación de arte, color y alma

Clara Paolini

Pedro Sandoval y Juan Gerstl quieren sacar el arte a la calle. Están trazando un plan y la entrevista no interrumpe la animada charla entre los artistas venezolanos: “Una gran estructura en el espacio público con la que la gente pueda interactuar”. Su energética bienvenida recuerda que la Historia del Arte está pasando ahora mismo si entre contemporáneos anda el juego. Tratándose de ellos idear significa crear, querer es poder y el trecho de la idea al hecho parece ínfimo.

Han pasado apenas unos días desde la inauguración de “Pasión por el color. Conversaciones con el alma”, una vibrante exposición con la que Pedro Sandoval ha cubierto con espectaculares cuadros de gran formato las paredes de la Casa de Vacas del Retiro. Juan Gerstl ha colaborado en la misma aportando una atractiva pieza que ya emula la interacción y el juego que imaginan para próximos proyectos. Sin apenas un respiro, la mirada ya está puesta en el futuro “porque una vez está montada la muestra, ya se piensa en siguientes pasos, impaciente”, dice Sandoval.
Pedro Sandoval y Juan Gerstl, una conversaciones del color al alma 1

Entre sus obras, sin embargo, el artista viaja a un pasado reciente a través de referentes. Entre los títulos, El sueño impensable del Bosco, la serie Malévich como pretexto y la omnipresente impronta de Jesús Rafael Soto, mentor y padrino al que honra en diferentes obras. Sandoval relata el germen de Homenaje al cuadrito azul, contando que durante más de 30 años convivió, precisamente, con un pequeño cuadrito azul pintado por Soto, que el propio artista le regaló en 1979. Dicho cuadro está expuesto hoy en el Museo de Arte Moderno Jesús Soto de Ciudad Bolívar, Venezuela, pero de la obligada donación surgió la nueva obra que ahora Sandoval muestra en el luminoso espacio del parque madrileño.

Es de la acumulación de infinitas técnicas, inspiradoras fuentes y una indeleble pasión creadora de reposada técnica de donde surge la magia presente en la muestra. Los colores y las texturas se acumulan, se superponen y se mezclan resultando más sencillo dejarse llevar por el placer visual que por la tentación de colgar cualquier etiqueta limitadora “porque los artistas formamos parte de corrientes y los movimientos artísticos son importantes, pero también evolucionamos con libertad”, explica Sandoval.

Pedro Sandoval, una conversación del color al alma

Una señora comenta lo mucho que le gusta la muestra desconociendo que son los propios artistas los que están en la sala mientras su nieto entra y sale de Puerta hacia los Universos, la escultura y dado infinito con aspecto de origami valorada en cerca de 400.000 euros que ha sido donada ciudad de Madrid. “Es lo bonito. Los niños son los mejores críticos y los más sinceros porque si algo no les gusta, te lo dicen sin pensárselo dos veces”, observa Gertsl.

Pedro Sandoval nació en Ciudad Bolívar en 1966 pero Madrid ha sido su ciudad de adopción los últimos 18 años y apartando la mirada del color para posarla en su Venezuela natal surgen oscuros relatos: “Fui hace 10 años por última vez, y creo que nunca más volveré a Venezuela. Estuve secuestrado durante dos meses; por eso vivo aquí. Cada vez que llamas han matado a alguien, ha pasado alguna desgracia y no merece la pena volver”.

Pedro Sandoval y Juan Gerstl, una conversaciones del color al alma 2

La narración en primera persona contrasta con la alegría que inspiran tanto él como sus cuadros, pero Sandoval no tarda en dirigir la percepción hacia terrenos más amables: “Los artistas tenemos la suerte de hablar en nuestro propio lenguaje y en ese aspecto la nacionalidad no importa. Los artistas no tenemos nacionalidad y somos ciudadanos del mundo”.

Artista desde la cuna y ganador del premio “Young Master of the World” en Osaka con tan sólo 6 años, ganador de la Medalla de Oro Lorenzo el Magnífico a la Mejor Obra en la X Edición Florence Biennale 2015 y presente en grandes colecciones de arte como las de Alberto II de Mónaco, el archiduque de Austria o el barón Thyssen, Sandoval no cree en la suerte ni en la arbitrariedad en el contexto creativo: “Los artistas que no triunfan es porque no sirven. Si de verdad eres un buen artista comprometido con tu arte, éste se valora. No hay excusas”, asegura.

Tanto Gerstl como Sandoval están de acuerdo que su trabajo no se limita a imaginar, sino a poner en marcha el mecanismo del arte, y tanto es así que en “Pasión por el color” fueron ellos mismos los que idearon la disposición, la iluminación y la selección de las piezas. “Después de tanto años soy muy celoso con mi trabajo y en ocasiones prefiero comisariar yo mismo la exposición. A veces sí entras en un espacio conceptual en un Museo, pero la idea en esta ocasión era mostrar una gran cantidad de trabajos para todos, para los que en principio sí está interesada en el arte pero también para aquellos que van de paseo al Retiro y de pronto se sorprenden atraídos por el color”.

Pedro Sandoval y Juan Gerstl, una conversaciones del color al alma 3

Huyendo de cualquier posible encorsetamiento, al artista tampoco le convence la gestión de las galerías en este momento de su carrera. Cuando era joven, trabajó con el mítico Leo Castelli y en la actualidad algunas de sus obra ocupan la cartera de la multinacional Gagosian, pero Sandoval opina que “Hoy en día las galerías queman a los artistas en busca del beneficio rápido cuando en realidad tendrían que darles toda la libertad. Llegan a estancar a los artistas”.

Antes, durante y, presumo, después de nuestro encuentro, los artistas hablan de materiales, bromean, conversan con los visitantes y reciben llamadas que “son también gran parte del trabajo de esta profesión aparte del estudio”, pero por encima de todo, viven impulsados por una máxima que Pedro Sandoval declara con aplomo: “Es nuestro deber trabajar por la calidad y sentir ese compromiso sin andarnos con tonterías. Los artistas tenemos una gran responsabilidad”.

La sólida galaxia de Juan Gerstl

Clara Paolini

¿Puede la geometría encapsular paisajes de la memoria?, ¿cómo hacer de un poema una realidad palpable y duradera?, ¿es posible traducir piezas de la autobiografía a un lenguaje tan estético como universal?

Preguntas en la intersección entre el pensamiento y la técnica sobrevuelan la obra de Juan Gerstl (Caracas, 1985), acompañando tanto al visitante como al artista en un itinerario compartido.

Bajo el título Poesía Geométrica – El Viaje, la Galería Kreisler alberga hasta el 19 de febrero la primera gran exposición en solitario de este artista venezolano afincado en Madrid; una muestra donde materiales conocidos por su resistencia contrastan con lo etéreo de los mundos interiores.

La exposición expresa con orden y solidez minimalista un agitado diario de viaje: Desde los amables azules y tonos terrosos de paradisíacas playas caribeñas al verde de los pinos, el metal de las piedras y el blanco glaciar de los Alpes.

“Utilizo la geometría para representar diferentes lugares y momentos de mi vida”

Pixelando la realidad en paletas cromáticas, las piezas invitan al visitante a recorrer los espacios propuestos por el artista invitando a que cada uno imponga su propia (y libre) decodificación. 

Juan Gerstl junto a su obra_ De la selva al mar
Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl)

Entre otras curiosas anécdotas sobre su biografía artística y vital, Juan Gerstl relata que viviendo en Venezuela, empezó a aficionarse a los vuelos en parapente, y desde el cielo, mientras observaba las cordilleras montañosas de Caracas, soñaba con el Mont Blanc. De esta encrucijada biográfica nace una de las instalaciones presentes en la muestra, con cada una de las dos cordilleras, la venezolana y la de los Alpes, a cada lado de la “moneda” del destino.

En otra de sus piezas, “De la selva al mar” el espectador se ve inmerso en un recorrido de 9 metros a través de paisajes descompuestos en variedades tonales que, como cápsulas de aire de otras tierras, sumergen al participante en la exploración de sus propios recuerdos, deseos y nostalgias.

(Foto: Rodolfo Gerstl)
(Foto: Rodolfo Gerstl)

Con la llegada a España del artista, aparece el vino tinto y los colores de las encinas de los bosques de Castilla, y en otra esquina del recuerdo, una mesa con el azul patentado por Yves Klein como superficie, que se utiliza como “molde” y materia prima para la creación de la estructura a los pies de la galaxia que se presume tanto personal como universal.

La galaxia es infinita, las ideas son infinitas. Tenemos que utilizar ese gran tesoro que son nuestras ideas, nuestra mente”

La poesía geométrica de Juan Gertsl no describe una sola  experiencia del mundo, sino que es un mundo propio recogido en el ámbar de la perfección técnica, y desde la retina a la mente, propone un nuevo borde para lo real en el espectador atento.

Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)
Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)

La indagación en el lenguaje de la poesía se torna aquí una exploración sensorial, donde sus límites, contornos y profundidades invitan a dejarse llevar por la corriente de las formas, a la deriva de nosotros mismos, despreocupados de certidumbres y certezas. 

Dos de mis principales prioridades son perdurar en el tiempo y no ser egoísta

De forma tan clara y precisa como su obra, el artista expresa el impulso de su proceso creativo: “Dos de mis principales prioridades son perdurar en el tiempo y no ser egoísta. La primera, perdurar en el tiempo, queda patente en la utilización de materiales duraderos como el aluminio bidón, que se utiliza para revestimiento de fachadas de edificios. Es un material al que no afectan los cambios de temperatura, un material de vanguardia que no se dilata y donde la permanencia de las tintas es más duradera, así como la utilización de otros materiales como el metracrilato o el plexiglás. Son materiales tan resistentes que se acercan más a la fabricación de embarcaciones o maquinaria que las artes gráficas. La segunda, no ser egoísta, significa que la obra tiene que hablarte a ti, que yo no tenga que explicar demasiado para que puedas disfrutarla”, ofrece Gerstl a modo de invitación.

(Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)
(Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)

Con una renovada visión del arte cinético, pero fiel a la originalidad y vanguardia de su propia esencia,  Juan Gerstl ofrece una solución purificada para la belleza. La verdad, el orden, la sencillez y la armonía, también están presentes en la sala como acompañantes de las narrativas ocultas, invitando al viajero a proponer diálogos entre la galaxia de Juan y la de cada uno como espectador. 

Como final del viaje, en la última obra presente en la muestra, lo terrenal pierde presencia en favor del universo dorado plagado de estrellas que encabeza estas líneas. Poesía palpable, que volcada como tesoro al exterior, pareciera conseguir vencer el sentimiento que una vez expresó Camus: “Ante aquella noche cargada de signos y de estrellas me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo”.

Magnetismo, técnica, estética y profundidad contra la indiferencia de un mundo que merece la pena observar. Sin duda, el viaje continúa.


Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Pierre perdió a toda su familia y ahora está solo en Madrid, arrastra una mirada triste y su pelo es rubio en un tono intenso. “La vida es complicada”, dice, bajando la mirada. “Estoy aquí como refugiado político”. Tiene 27 años y salió de Camerún siendo muy joven; apenas 22 años y no tuvo más remedio que dejar atrás su vida en África. Después de un largo camino llegó en 2015 a España, vivió 10 meses en un centro de Ceuta hasta que le concedieron el asilo. Pierre se fue de Camerún acosado por ser homosexual.

“En mi país hay mucha tradición, no se acepta”, dice Pierre, en un castellano todavía pobre. “En África no tienes libertad si eres homosexual, transexual o lesbiana. Allí existe la mutilación genital. En África es complicado. En África matan por eso”. Pierre cuenta que su padre lo rechazó, que tiene un hermano en Francia con quien no se habla, que su madre fue la única que lo protegió. “Pero mi madre está muerta”, dice. “Yo estaba aquí cuando murió”.

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado 2
Pierre, refugiado camerunés, en el restaurante L’Artisan. | Foto: J.R./The Objective

Y aunque no pudo terminar la escuela, siempre se interesó por la cocina; ahora estudia en una escuela gastronómica en Alonso Cano y vive como puede en Madrid, en un piso compartido que le dispuso un amigo dominicano. Cuenta que le interesa la comida francesa, la americana, que va conociendo la española. “Hago cocido”, dice. Ahora participa en una iniciativa, Refugee Food Festival, que nació de la sinergia de la ONG Food Sweet Food y de Acnur, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pierre estará este fin de semana cocinando en el restaurante L’Artisan, en la calle Ventura de la Vega.

España solo ha acogido a 744 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió en Bruselas

En esta campaña, puesta en marcha el año pasado en París y extendida en esta ocasión a ciudades como Madrid, Florencia o Ámsterdam, varios cocineros –todos ellos refugiados- comparten su cultura a través de la cocina en una serie de restaurantes que se prestan como voluntarios. El resultado en Madrid es nueve restaurantes que dan empleo a ocho refugiados de cuatro nacionalidades durante una semana –en días alternos-, ofreciéndoles la oportunidad de compartir sus inquietudes culinarias con sus comensales.

Refugee Food Festival, que termina su segunda edición este domingo, es una ocasión para dar visibilidad a los desplazados. Hay historias trágicas detrás de cada uno de ellos; esta iniciativa nos empuja a esforzarnos por comprenderlos, por escucharlos. España es el país que más donativos privados aporta a Acnur. Sin embargo, es el mismo país que incumple los acuerdos de acogida de refugiados pactados en Bruselas: se comprometió a acoger a 17.000 personas y solo han llegado 744.

Refugee Food Festival: olvidando entre fogones la tragedia de ser refugiado
Mariana, ofreciendo uno de sus postres. | Foto: J.R./The Objective

Mariana también tuvo que abandonar Ucrania con su marido y con su hijo. Tiene 24 años y estudió Económicas en la universidad de su ciudad, Ternópil, a 200 kilómetros de Polonia. Llegó hace un año y medio y su gran barrera, confiesa, es el idioma. “Quiero vivir en España, quiero trabajar en la repostería”, dice Mariana, que prepara postres en el restaurante Keyaan’s (Blasco de Garay, 10). “Me gusta muchísimo la gente de aquí”. Mariana huye de un país en guerra, con todas sus consecuencias, y sigue en contacto con su madre, a la que escribe por WhatsApp. “España nos ha ayudado muchísimo”, dice, agradecida. “En un futuro me gustaría abrir una pequeña pastelería”. Mariana no piensa en regresar a Ucrania.

Tampoco lo hace Pierre, que remueve una tila que no ha probado. “No puedo volver a Camerún, no tengo familia allí”, dice, muy serio. “Yo sueño con estar en España, con tener mi propio negocio: un restaurante con comida de cuatro continentes –África, América, Asia, Europa-. Y ya está”.

Algunas verdades desagradables

Andrés Cañizález

Foto: Cristian Hernandez
EFE

En estos días atroces que vive Venezuela, cuando logro desconectarme de la mecánica nacional, he vuelto sobre las páginas de un texto clásico de la historia del siglo XX. Se trata de “La República española y la guerra civil (1931-1939)” del estadounidense Gabriel Jackson, que ni más ni menos permite entender, literalmente desde su incubación, cómo se fueron dando los pasos hasta llegar a la guerra civil, cuyas heridas aún no están curadas del todo en la España del siglo XXI.

No trazaré acá un paralelismo entre aquello y lo que vivimos en Venezuela, aunque no tengo dudas de que sería un terreno de interesante indagación. En realidad, Jackson me ha permitido dar con algo que desde hace varias semanas me viene dando vueltas en la cabeza. Se trata de las verdades incómodas, aquellas que nadie quiere oír, pese a que pocos segundos antes en una reunión social o familiar alguien te dice ¿Y cómo ves la vaina?

Jackson lo sintetiza de esta forma: “las pasiones políticas impidieron a la mayoría de los observadores reconocer las verdades desagradables con respecto al bando con el cual simpatizaban”. En no pocas ocasiones he manifestado públicamente mi voto de confianza a la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En mi rol de periodista e intelectual público intento que el apoyo a la MUD no me empañe la visión y el análisis del momento tan dramático y definitorio que vivimos.

Esta adhesión pública, sin que medie un interés económico o un vínculo partidista, no la hago sólo ahora cuando día por medio tenemos a algún diputado opositor herido o vejado por estar al frente de las manifestaciones de calle. Lo expresé sin ambages en noviembre-diciembre del año pasado, cuando la vocería opositora pasaba por una hora oscura tras el fracasado diálogo con el gobierno y lo que fue, en el imaginario popular, el enfriamiento de la calle.

Sobre esto último hay mucha tela para cortar, pues si se revisan las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social en realidad la calle tiene bastante tiempo sin estar lo que se dice fría, aún pese a la represión y la criminalización de la protesta popular, ésta última ampliamente denunciada por Provea.

Primera verdad. No hay ninguna señal de un resquebrajamiento serio al interior de las Fuerzas Armadas, al menos al momento en que escribo estas líneas. Hay malestar en mandos medios y cansancio en los uniformados que deben salir a la calle, pero el duopolio represivo de alto mando de la FAN y gobierno de Nicolás Maduro se mantiene amalgamado. Sin una ruptura en esta alianza no habrá cambio. La represión de la protesta, junto a las muertes a cuentagotas que se vienen registrando, hay que decirlo, se pueden mantener por largo tiempo.

Segunda verdad. Un escenario de cambio no nos conducirá necesariamente a la democracia. Como demócrata que soy y venezolano que vive en Venezuela sin plan B de emigrar, deseo profundamente que cualquier posibilidad de cambio desemboque en la restauración democrática, bajo los principios trazados en la Constitución de 1999. Ese es, sin duda, mi deseo más profundo.

Pero existe un claro riesgo (y la constituyente empujada por Maduro le pone fecha a ese escenario) de que pasemos no a más democracia sino a más dictadura. La represión puede subir de tono, se eliminen instancias judiciales independientes y sencillamente se militariza todo aquello que tenga que ver con la protesta política (ya hay bastante señales de que se puede ir en esa dirección). El punto culminante de tener más dictadura podría ser la salida de Maduro del poder y su reemplazo por alguna junta militar que asuma bajo la lógica de que “hay que poner orden”.

Tercera verdad. La caída de la dictadura no se resolverá en cuestión de horas con la huida del tirano. En el imaginario venezolano pesa mucho la visión idílica de que una vez que Pérez Jiménez huyó hubo en el país un florecimiento democrático inmediato, en 1958.

El madurismo, como degeneración autocrática del chavismo, combina no sólo la condición de una dictadura convencional (represión, censura, control de las instituciones) sino que hay dos elementos que a veces soslayamos. Por un lado, la condición de narcotraficantes que han adquirido muchos de quienes son figuras oficiales, junto al poder tras bambalinas que tiene la dictadura cubana en Venezuela, asunto que se ha acrecentado tras la muerte de Hugo Chávez y la asunción de Nicolás Maduro.

Cuarta verdad. Tarde o temprano llegaremos a una mesa de negociación. El enquistamiento del chavismo en la estructura del Estado y la adhesión sin reticencias del sector militar (que además se encarga del trabajo represivo) no se acabará solamente con la renuncia de Maduro (en caso de que éste renuncie por voluntad propia o forzado por los militares).

Algunas verdades desagradables 1
Las autoridades venezolanas reprimen con violencia las protestas de la oposición. | Foto: Ivan Alvarado / Reuters

Lo último que se ha discutido, de un grupo de países “amigos”, con naciones que sean colocadas a partes iguales por el gobierno y la oposición, podría ser una vía concreta no de dialogar (el tiempo del diálogo creo yo se acabó el 1 de diciembre de 2016) sino de negociar. Si usted le da crédito a lo que he dicho en las líneas anteriores entenderá que hay mucho que negociar.

Ni la crisis económica (aún agudizándose como se prevé) ni una agenda permanente de protestas en la calle (con la intensidad que viene sucediendo) generarán –por sí solas- el anhelado cambio democrático.

Ni será rápido, ni será fácil. Esa es la quinta verdad. Un buen amigo me considera un pesimista, cuando le comparto esta visión. Trato de mirar la realidad sin que los cristales de mis anteojos estén empañados por lo que deseo para mis hijos (que vivan en un país libre y próspero). No estoy diciendo que estamos condenados como sociedad, sólo que debemos afrontar este momento definitorio para la vida nacional mirando no sólo las posibilidades, sino también los riesgos.

Se trata de mantenerse, en esta hora de crisis, con convicciones firmes y resiliencia en la actuación cotidiana, tanto social como individualmente.

7 destinos rurales para huir de la ciudad

Redacción TO

Foto: DAMIR SAGOLJ
Reuters

Contaminación, aglomeraciones, tráfico, estrés. La rapidez de las ciudades no se va de vacaciones, pero sus habitantes sí pueden. Irse al pueblo es una opción socorrida: ver a la familia y los amigos de toda la vida, rememorar la infancia y, sobre todo, tener alojamiento gratis son solo tres de los atractivos que ofrece esta opción. Pero ¿qué pueden hacer aquellos que han nacido en ciudad y no tienen pueblo al que ir? No entrar en pánico es el primer paso. El segundo, tomar buena nota de los siete destinos propuestos a continuación.

O Cebreiro, Lugo

7 destinos rurales para escapar de la ciudad
Las características pallozas de O Cebreiro. | Imagen: santiagoturismo.com

Estamos en el año 2017 después de Jesucristo. Toda Galicia está ocupada por los turistas… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles gallegos resiste todavía y siempre al invasor. Se trata de O Cebreiro, en el municipio de Pedrafita do Cebreiro, y todavía conserva tesoros arquitectónicos prerromanos, sus pallozas, herencia celta de esta localidad que, al no tener costa, no tiene tanto volumen de turistas. El grueso de los visitantes lo forman las personas que realizan el Camino de Santiago, ya que esta localidad forma parte de la ruta de Roncesvalles. La ausencia de playas, eso sí, queda compensada con las vistas a la Sierra del Courel.

Luarca, Asturias

7 destinos rurales para huir de la ciudad
Vista del puerto marítimo de Luarca. | Foto: turismoasturias.es

Atravesada por el río Negro, Luarca ofrece, como localidad asturiana que es, mar, campo y montaña en el mismo paquete. Luarca forma parte del municipio de Valdés, que cuenta con una de las playas más vistosas de toda la costa cantábrica, la de Barayo. El arenal forma, junto a las dunas y acantilados que lo rodean, la Reserva Natural Parcial de Barayo. Además, Luarca tiene el privilegio de ser la localidad que vio nacer a dos de los españoles más célebres del siglo XX: el ganador del Nobel de Medicina Severo Ochoa y el doble ganador del premio Oscar Gil Parrondo.

Foz de Arbayún, Navarra

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Vista aérea del cañón. | Foto: Wikimedia Commons

Este cañón de unos seis kilómetros de longitud llega a los 400 metros de profundidad y a la completa verticalidad. Un paraje de vértigo taladrado durante siglos por el río Salazar, supone uno de los paisajes más explosivos y singulares de toda la península Ibérica. Esta Reserva Natural navarra tiene, además, uno de los ecosistemas de aves más ricos y diversos de España. Desde los característicos buitres leonados hasta las águilas reales pasando por los quebrantahuesos.

Puerto Lápice, Ciudad Real

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Plaza de la Constitución de Puerto Lápice. | Foto: Ciudad-real.es

“Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino [a don Quijote] fue la de Puerto Lápice”, dejó escrito Miguel de Cervantes en el segundo capítulo de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El autor no vuelve a referirse a la localidad en ningún otro pasaje de la novela, así que el lector se queda con el misterio de saber qué ocurrió en Puerto Lápice, pero este pueblo forma parte de la ruta del Quijote. Con una plaza de la Constitución típicamente castellana y unos molinos de inconfundible sabor manchego, Puerto Lápice es uno de los destinos rurales más interesantes de Castilla-La Mancha.

Alcántara, Cáceres

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Puente romano de Alcántara. | Foto: Efe

Con un puente romano de la época del emperador Trajano que atraviesa el río Tajo en impecable estado de conservación, este municipio extremeño limita al oeste con Portugal, lo cual permite que el viajante se pueda dar una escapada (dentro de la escapada) para aprovechar y conocer tierras lusas. Además de la construcción que ha dado nombre al pueblo (‘Alcántara’ viene de ‘Al Qantarat’, que en árabe significa ‘El puente’), la localidad extremeña es famosa también por el Conventual de San Benito. En uno de sus elementos más reconocibles, la galería porticada de Carlos V, se celebra anualmente el Festival de Teatro Clásico de Alcántara.

Culla, Castellón

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Paisaje fluvial de Culla. | Foto: Turismodecastellon.com

Recorrer sus callejuelas rodeadas de pequeños edificios de piedra típicamente castellonenses, hacer senderismo por sus prados bañados por los ríos Monleón y Mollinel, hacer una excursión por las cuevas del parque minero del Maestrat… Este pueblo medieval del interior de la Comunidad Valenciana ofrece naturaleza, tradición y descanso sin el bullicio turístico de otras localidades de la autonomía, como Denia o Peñíscola.

Zuheros, Córdoba

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Castillo medieval de Zuheros. | Foto: Zuheros.es

Con su castillo medieval de origen incierto y su famosa Cueva de los muerciélagos, declarada Bien de Interés Cultural en 1985, Zuheros es uno de los destinos andaluces todavía por descubrir para el resto de España. Sin el ajetreo ni el bullicio de los pueblos de la costa andaluza pero con una arquitectura inequívocamente sureña, Zuheros se levanta sobre uno de los mayores tesoros montañosos de España: la Cordillera Subbética.

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