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Periodismo silenciado a balazos: el peligro de informar sobre el narcotráfico en México

Jorge Raya Pons

Foto: FERNANDO BRITO
AFP PHOTO

“A Miroslava la mataron por lengua larga”, escribió en un tuit el periodista mexicano Javier Valdez el pasado 25 de marzo. “Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno”. Javier Valdez ha sido el sexto periodista asesinado desde que comenzó el año.

Miroslava Breach era una de las reporteras más aguerridas de México y en sus crónicas para diversos medios, como La Jornada o El Norte de Chihuahua, se desprendía una mirada crítica sobre la situación del país, tomado por el poder del narco, que quita y pone candidatos electorales, que decide quién merece vivir y quién merece morir, que oprime a la población y condena al silencio.

En los últimos tiempos, escribió varios reportajes que la pusieron en el punto de mira de las mafias locales de la droga. En uno de ellos, que se puede leer en la versión digital de La Jornada, arrancaba: “Centenares de familias desplazadas de las comunidades y pueblos serranos de Chihuahua han perdido sus casas, ganado y tierras, a manos de narcotraficantes que con amenazas de muerte les impiden regresar”. Breach describió cómo detrás de las extorsiones y los asaltos existía la voluntad de sembrar amapola y obtener goma de opio, ingrediente fundamental para la producción de heroína. Era agosto de 2016.

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Un cartel reivindicativo por la memoria de Miroslava Breach, periodista asesinada. | Foto: Carlos Jasso/Reuters

A comienzos de abril, firmó una noticia en la que denunciaba la posible existencia de fosas clandestinas en la localidad de Madera, dentro del mismo estado. Apenas tres semanas después, el 25 de marzo, un grupo de asaltantes acribilló a Miroslava cuando se disponía a llevar a su hijo al colegio. El chico, que sobrevivió, lo vio todo desde el asiento del acompañante.

Javier Valdez, que publicó en diciembre un gran libro sobre la complicidad entre algunos periodistas y los jefes del narcotráfico, llamado Narcoperiodismo, admiraba profundamente a su colega asesinada y en una entrevista reciente la definió como “una profesional íntegra”, añadiendo que “le tocó cubrir la peor etapa de la Guerra contra el Narco en Chihuahua y siempre estuvo al pie del cañón haciendo su trabajo”.

Desde diciembre de 2012, han asesinado a 106 periodista en México, según la organización Artículo 19

En fechas recientes, una reportera de El País le preguntó a Valdez cómo veía la actual situación del cartel de Sinaloa después de la detención de Dámaso López, sucesor del Chapo Guzmán, conocido como el Licenciado. Valdez, en un acto inusual de cautela, se disculpó por no emitir respuesta.

“Agradezco tu interés, pero por razones de seguridad no puedo dar declaraciones. Se puso cabrona la situación”, dijo, en un gesto premonitorio. Tanto es así que dos semanas después de aquellas palabras fue él quien sufrió la violencia del narco; Valdez fue asesinado este lunes a plena luz del día en Culiacán, capital de Sinaloa. Los verdugos dejaron visible su cadáver en medio de la carretera.

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El periodista Javier Valdez, en la presentación de uno de sus libros en noviembre de 2016. | Foto: Héctor Guerrero/AFP Photo

Con su muerte, ya son seis los periodistas asesinados en México en lo que va de año. Desde diciembre de 2012, momento en que Enrique Peña Nieto fue investido presidente, han sido asesinados 106 periodistas, de acuerdo con la organización independiente Artículo 19, que añade que el 99,75% de estos casos continúa sin resolverse. Asimismo, la cifras oficiales que aporta la Fiscalía para la Atención de Delitos Cometido contra la Libertad de Expresión (FEADLE) determinan que se han registrado 798 denuncias por agresiones contra periodistas desde julio de 2010 hasta diciembre de 2016. De las casi 800 denuncias, 47 lo fueron por asesinato y solo tres terminaron con una sentencia condenatoria.

Valdez ha sido la última víctima de 2017, después de Cecilio Pineda Brito, Maximino Rodríguez, Filberto Álvarez, Ricardo Monlui y la propia Miroslava Breach. En una presentación de su último libro, dijo que ser periodista es “como formar parte de una lista negra: “Ellos van a decidir, aunque tú tengas blindaje y escoltas, el día en que te van a matar”. Este reportero de 50 años dedicó su vida a señalar las injusticias del narcotráfico, del poder y la influencia del dinero manchado de sangre, y tuvo siempre presente los riesgos de ejercer una labor como la suya, tan esencial como peligrosa. Por eso, en aquel tuit del 25 de marzo en que honró la memoria de su amiga Miroslava, agregó una frase concisa y directa que encierra un mensaje combativo: “No al silencio”.

Asesinado en México el periodista Javier Valdez, admirado cronista del narcotráfico

Foto: HECTOR GUERRERO
AFP

El periodista y escritor mexicano Javier Valdez fue asesinado hoy a tiros en Culiacán, capital del noroccidental estado de Sinaloa, según han confirmado fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública estatal.

Valdez, quien en 2011 obtuvo el Premio Libertad de Prensa del Comité para la Protección de Periodistas y el Maria Moors Cabot con el equipo del semanario Ríodoce, fue interceptado y atacado a tiros desde un vehículo en momentos en que caminaba por la calle.

Con casi 30 años de periodismo a sus espaldas, Javier Valdez, se dedicó a cubrir e investigar temas relacionados con el narcotráfico en Sinaloa, bastión del cártel de Sinaloa, del poderoso y sangunario capo Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Ser periodista es como formar parte de una lista negra. Ellos van a decidir, aunque tú tengas blindaje y escoltas, el día en que te van a matar”, comentó este periodista en una de las presentaciones de su último libro, “Narcoperiodismo, la prensa en medio del crimen y la denuncia”.

Cuando la violencia se disparó a raíz de la militarización de la guerra contra las drogas, Valdez fundó junto a dos colegas la revista Ríodoce, donde escribía la columna Malayerba. Su publicación se abrió espacio en una región donde la autocensura por amenazas obstaculiza la libertad de expresión y logró establecerse como una referencia para explicar lo que ocurría.

Nacido hace 50 años en Culiacán, la capital de Sinaloa, Valdez se ganó el reconocimiento como maestro de periodistas en su región gracias a sus coberturas y a su extensa lista de libros. Entre ellos destacan “Miss Narco“, que cuenta cómo sobreviven las mujeres en la cultura del narcotráfico, y “Los Huérfanos del Narco“, con desgarradores testimonios de niños que vieron morir a sus padres.

Escritor nocturno y de carácter fuerte, tenía un aferrado sentido del compromiso con el periodismo, al que consideraba ante todo “una labor social“. “Está cabrón y cada vez se pone peor, pero alguien tiene que hacer la chamba (el trabajo)”, comentaba hace poco en una conversación sobre la cotidianidad periodística.

En octubre de 2011, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) le otorgó el Premio Internacional de la Libertad de Prensa “por su valiente cobertura del narco y ponerle nombre y rostro a las víctimas”.

Ese mismo año también recibió junto a sus compañeros de Ríodoce el María Moors Cabot, que concede la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. “Mientras mejor haces periodismo y más te apasionas, te quedas más solo. Algún contacto tuyo, alguien que veía con simpatía tu trabajo, luego se verá perjudicado por un texto y se retira”, aseguró Valdez en una entrevista con el diario La Jornada, medio para el cual también trabajaba, cuando presentó su último libro.

Valdez se caracterizó por mantener siempre el buen humor, a pesar de estar sometido a coberturas de gran presión, y brindó permanentemente colaboración a sus colegas, recordaron sus compañeros este lunes.

No es no, ¿Pedro, sí?

Lea Vélez

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Pedro Sánchez perdió las elecciones porque parecía de mentira y ha ganado las del PSOE porque sus emociones, salidas de su encuentro fervoroso con las bases, son verdad.

Durante las campañas de las últimas elecciones muchos no creyeron su discurso. No era todo culpa suya, igual que anteriores victorias electorales no han sido todo mérito de los ganadores. Las circunstancias de una España dilapidada, la fragmentación con la llegada de los populismos, no ayudaban. El peso de la corrupción, el desencanto, la incertidumbre catalana, la escasa claridad de las consignas, que dejaban puertas abiertas a cualquier cosa, ¿Independencia para Cataluña? ¿Referéndum? ¿Reforma constitucional? ¿Reinventar la democracia? Eran cuestiones muy gordas y nada respondidas. El votante se quedó en su casa o votando a lo malo conocido.

No sé cuántos millones de votos le costó al PSOE tener un líder que pareciera perfecto sin concretar en nada, que aparentase ser respuesta para todos -militantes de base y barones, pobres y ricos, ejecutivos de hidroeléctrica y parados de Sabadell- sin un discurso personal, con el que apelar a la empatía. Nadie se creyó a Pedro, ni siquiera él mismo creyó en sí mismo, y pasada la debacle, trató de encontrar contenido en su barricada a Rajoy.

Ya sabemos lo que pasó. Su “no es no” le costó el puesto, porque ese “no” fue enroque y callejón. Irónicamente, no le costó la cabeza. Los barones se equivocaron en su arrogancia, y como ese boxeador ruso que le da una buena paliza a Rocky Balboa, le dieron alas y contenido. Tras la pelea perdida en el ring de Ferraz, de la que salió humillado por la puerta del garaje, nuestro Rocky hispano encontró, como Stallone, mensaje y motivación. Su deambular por España, baños de multitudes, palmadas de militantes apasionados, le construyeron por dentro. Su vuelta, su salto al ring y total su convencimiento de que ganaría por KO, solo podían acabar en cinematográfico triunfo. Presentí que ganaría en el momento en que dio su primer mitin porque, de pronto, el hombre vacío se había llenado de verdad.

A las bases les gusta, les chifla, su no es no. Otra cosa es que le guste al resto de los españoles y que su “no es no”, llegue a ser un “Pedro es sí”, pero ojo, Rocky tuvo seis secuelas.

Morir la vida en México

Melchor Miralles

Esta semana ha vuelto a suceder. Otro periodista asesinado en Mexico. Esta semana ha sido Javier Valdez, fundador del semanario Ríodoce, especialista en la investigación y denuncia de las actividades de los narcos y sus conexiones con las autoridades federales y locales en Sinaloa. Me impactó especialmente, porque de nuevo asesinan a un colega con el que teníamos contacto en Sinfiltros.com para un reportaje. México es uno de los países más peligrosos del planeta para ejercer el periodismo. En los dos últimos meses han acabado con la vida de seis. Y sale ahora el presidente Peña Nieto, haciéndose el compungido, a decir que su Gobierno “destinará los recursos necesarios para brindar la protección que requieren los periodistas y los defensores de los derechos humanos”. Si no fuera dramático parecería una broma.

México no es un Estado fallido, es un Estado corrompido hasta el tuétano, y Peña Nieto, como sus antecesores, tiene una enorme responsabilidad, política y moral. Los narcos lo pueden todo y allí la vida no vale nada, el bandidaje hace y deshace a su antojo. No son solo los periodistas. Es cualquiera, pero hoy hablo de los colegas, porque matándoles, matan a todos los mejicanos. Por eso lo hacen. A los narcos no les parece suficiente aún la impunidad de que disfrutan. Quieren más. Y desde el Gobierno, buenas palabras y complicidad a raudales, y los ciudadanos tatuados por el salvajismo de los asesinos, y en la miseria.

Peña Nieto, a la vista de cómo va a dejar el país cuando termine su mandato, lo mejor que puede hacer es irse, cuanto antes. Cuando usted, lector, termine estas líneas, en México habrán asesinado ya a más de uno. Sólo nos enteramos aquí de los casos más relevantes. Allí lo padecen cada día, en silencio. Viven con el miedo pegado a la espalda. Y eso no es vivir, es morir la vida

Los mejores 'memes' del zasca de Rajoy a Espinar

Redacción TO

Foto: ERIC VIDAL
Reuters

Mariano Rajoy y Ramón Espinar, portavoz de Unidos Podemos en el Senado, se han enzarzado esta tarde en la Cámara Alta y, según los jueces de internet, el peor parado ha sido el más joven, que no ha visto venir el zasca dialéctico del presidente. Aunque no le ha faltado apoyo en forma de tuits.

En el debate ha habido gritos, aplausos y recriminaciones constantes, pero la contienda verbal ha terminado por acaparar todas las miradas. Espinar ha comenzado acusando al presidente del Gobierno de “usar en beneficio propio algunas instituciones del Estado”, como la fiscalía, para controlar los casos de corrupción, y le ha invitado a irse “a su casa”

Rajoy, ni corto ni perezoso, ha devuelto la acusación recordándole, primero, la condena de su padre por el caso de las tarjetas black y, segundo, su famosa polémica con la Coca-cola, que se remonta a cuando vieron a Espinar con botellas de este refresco después de llamar a su boicot por los despidos en las plantas de producción madrileña. Con este golpe directo ha nacido el hashtag , y la imaginación de los tuiteros se ha disparado.

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